Viernes, 23 Enero 2009 11:51

La juventud ante el deber de la crítica y el cambio

Escrito por Christian Robayo
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Se acerca la fecha para la realización del Segundo Congreso del Polo (febrero 26-27 y 28). Su preparación, aunque sin la intensidad necesaria, avanza. La realización del evento del Polo de Rosa y ahora la de los jóvenes  y las jóvenes (febrero 7-8) así lo constatan.

La convocatoria, que concita el diálogo y la reflexión política entre las juventudes, es de suma trayectoria. Colombia es un país joven por excelencia. No menos del 70 por ciento de su población actual está en el rango menor de 30 años. Es decir, gozamos de un potencial humano inmenso, que demanda un partido que, si de verdad quiera sintonizarse con el país, debe poner en marcha políticas frescas, imaginativas, novedosas, abiertas, plurales.

Componente o base fundamental de las cuales deben ser la acción y la reflexión cultural. Más aún, en Colombia, donde los vientos de sindicación, persecución y estigmatización por disentir ganan espacios legales y audiencia entre sectores medios y altos de la población nacional.

Confrontar y superar la realidad de negación

Cada una de las políticas centrales en boga en el país perjudica o beneficia a los jóvenes y las jóvenes. Tanto las avaladas en materia educativa, laboral, de salud, cultural, deportiva y militar, como cualquier otra. Por ello, es deber del partido particularizar su reflexión en cada uno de estos tópicos, de suerte que atrás quede la generalidad. El país que tenemos lo gozan o lo sufren en mayor proporción los jóvenes y las jóvenes. El que vendrá también.

Así lo denota la crítica realidad nacional. El episodio de los falsos positivos es una de sus evidencias: quienes allí cayeron fueron jóvenes. Pero también el tema del reclutamiento forzado por parte del Ejército Nacional o de la insurgencia. Asimismo, la constante del desempleo, de la falta de cupos escolares o universitarios, o la negación del derecho a un pedazo de tierra para poder trabajar y garantizar la tranquilidad para constituir una familia. De igual manera, el señalamiento que se padece en los municipios pequeños y hasta en los barrios periféricos de las grandes ciudades, por la forma como se viste o por la manera como se corta el pelo. Políticas, algunas de ellas, derivación de la tal ‘seguridad democrática’.

Por ello, hay que precisar las problemáticas. Denunciar, neutralizar, cambiar la realidad del país. Y quienes tienen en mayor grado esa responsabilidad son los propios jóvenes. Nadie reemplaza a nadie. Nadie debe delegar su responsabilidad, y ninguna organización política puede suplantar los movimientos sociales. Con espacios de acción y deliberación dentro del PDA que hagan sentir a las nuevas generaciones que el Partido son ellos y ellas, se deben estimular su constante participación y su decisión de hacer del Polo un partido, en verdad, de las mayorías.

Un congreso de jóvenes de un partido alternativo debe presentar a todo el país un mensaje tan fresco y cautivador que se constituya en un referente nacional para el conjunto de congéneres, naciendo de ello un intenso movimiento juvenil, el cual debe hallar, al mismo tiempo, los mecanismos de articulación con el proceso de cambio que vive en los actuales momentos el Continente.

La tarea es ardua y duradera. Las jóvenes y los jóvenes, que representan a amplios sectores estudiantiles, culturales, académicos, comunicativos, investigativos, étnicos, comunitarios y políticos en este encuentro, han de dar pasos gigantescos en la práctica política y cimentar auténticos procedimientos de decisión colectiva; lo contrario es caer en la misma dinámica impuesta por el oficialismo y la tradición clientelista.

En primera instancia, hay que actuar desde lo que tenemos en cada espacio o experiencia. Hay que retomar, en segunda instancia, la legislación existente para hacerla realidad pero sin maniatarnos a ella, a riesgo de perecer institucionalizados. Es dentro de ello que debemos tener en cuenta que la Constitución Nacional, en el inciso 2 del artículo 45, precisa:

“El Estado y la sociedad garantizan la participación activa de los y las jóvenes en los organismos públicos y privados que tengan a cargo la protección, educación y progreso de la juventud”1.

Palabras. Simples palabras. La realidad las destruye, pues ni siquiera la más elemental participación, como la concretada en un consejo estudiantil o similar, se puede hacer realidad sin persecución o señalamientos; incluso, sin riesgo para la propia vida.

Por ello, asumir las riendas de un presente mejor es darle paso a la construcción política desde la diferencia, desde la soberanía, la autonomía y la unidad. Repensar el papel de los liderazgos representativos, de los caudillajes. Es inaplazable afianzar y hacer la minga entre todos, como proponen los compañeros indígenas: son senderos articuladores de una propuesta real de transformación. Como plataforma de discusión y accionar, los temas deben ser desde los derechos humanos:
•    Derechos civiles y políticos: derecho a la vida, libertad y seguridad, a la participación y organización, a la equidad y la no discriminación.
•    Derechos económicos, sociales y culturales: derecho a la educación y tecnología, derecho al trabajo, a la salud, a las expresiones artísticas, culturales, turísticas y del patrimonio, a la recreación y al deporte.
• Derechos colectivos: derecho al ambiente sano y al hábitat digno.
•    Deberes: Participar, cuestionar, proponer, hacer la revolución.

Para que estas reivindicaciones y estos deberes se materialicen, es indispensable retomar los espacios locales, articular sistemas de acción desde las comunidades, romper la continuidad de intereses particulares, potenciar mecanismos conjuntos con otras expresiones del movimiento social, caminar y cultivar palmo a palmo el territorio nacional con la semilla de una propuesta alternativa de poder. Adicionalmente, el PDA como partido tiene que liderar agendas estructurales y romper el cerco mediático, modificar algunos vicios politiqueros, construir desde la calle, la comuna, la vereda, la maloca; y articular los territorios y las herramientas necesarias para una sociedad equitativa y justa.

No olvidar, en este camino, que los estatutos del PDA dicen: “El Polo Democrático Alternativo es un partido democrático, civilista, pluralista, multicultural y pluriétnico, expresión de la unidad y convergencia de la izquierda democrática, comprometido con la defensa de la vida, la biodiversidad, la soberanía nacional, la unidad latinoamericana y del Caribe, la paz, la democracia política y económica, el bienestar y la felicidad de las colombianas y los colombianos”2.

Bueno, las bases teóricas son excepcionales. Se cuenta con acumulado histórico importantísimo. Las condiciones para un nuevo amanecer hay que llevarlas a la acción y atizarlas para que en Colombia se viva la democracia real.

Buen viento para el Congreso de los jóvenes y las jóvenes.

1    Política pública de juventud 2006-2016, Alcaldía Mayor de Bogotá, D.C, p. 19, año 2006.
2    Estatutos e ideario de unidad. Serie de documentos del Polo, p. 13, año 2007.


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