Domingo, 22 Febrero 2009 10:33

Teoría crítica, la necesidad de volver a pensar

Escrito por Libardo Sarmiento Anzola
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En Colombia sobrevive, aunque precaria, la libertad de pensamiento… el problema es la ausencia de pensamiento. De los densos y dogmáticos debates teóricos de la izquierda, de mediados del siglo XX –sin mediación de la praxis como verificación última–, que conducían a infinitas fragmentaciones, se pasó en la nueva centuria a una izquierda pragmática, sin pensamiento y embelesada por conquistar el gobierno para administrar las crisis de régimen oligárquico.

Conformistas con la sociedad actual –mercantil, militarista, burocrática y mafiosa–, consideran que el fin último de la humanidad es la gratificación de las necesidades materiales y los impulsos sexuales, así como el entusiasmo vacío de las prácticas recreativas de masas. Pero este programa zoomórfico no funciona. Exclusión, opresión y explotación campean por doquier. El pan diario es la actitud fatalista ante la vida, el pensamiento colectivista y el fanatismo, las múltiples neurosis (depresión, violencia, vacío existencial), el consumo compulsivo, en fin, la deshumanización y la barbarie. Más que nunca, necesitamos ahora la crítica implacable del mundo actual, esto es, una teoría crítica sistémica, con raíz histórica y alimentada por la savia de la producción científica, las transformaciones culturales y las luchas sociales del último siglo. Esta teoría crítica se fundamenta en una antropología humanística, una filosofía de la praxis, un proyecto histórico y el florecimiento humano. El objetivo de una teoría sistémica es alcanzar la comprensión de la totalidad dinámica y creativa (ver gráfico).

1.- Antropología humanística

¿Qué es el ser humano y qué puede llegar a ser? Estas son las preguntas primeras y principales de una teoría crítica. La “naturaleza humana” corresponde a aquellos rasgos esenciales de la historia humana real que permiten entender tal historia como un proceso unitario dotado de “sentido, significado y dirección”, y una determinada tendencia evolutiva. Estos rasgos y esta dirección están dados por la conciencia, la universalidad, la praxis y la libertad del ser humano. La caracterización del ser humano como presencia natural, social, consciente, que ejecuta libremente una libre actividad de trabajo apunta a necesarios rasgos esenciales sobre los cuales se despliega la historia. En resumen, la visión del ser humano de la teoría crítica se fundamenta en la concepción de un ser natural, social, activo y que comparte la esencia de la especie: su potencial de universalidad, de libertad, de creatividad de conciencia crítica y espíritu histórico. Esta visión y estos fundamentos conforman la antropología humanística de la teoría crítica.

2. Filosofía de la praxis

La teoría crítica es una “filosofía de la praxis”. La praxis se refiere a la actividad libre, universal, creativa y autocreadora a través de la cual el hombre crea (hace, produce) y cambia (modela) su mundo humano e histórico, y también a sí mismo; a una actividad específica del ser humano mediante la cual se diferencia básicamente de todos los demás seres vivos. En consecuencia, la teoría crítica estriba en el principio de la unidad de la teoría y la praxis, más exactamente de la unidad de la “teoría crítica” y del “cambio revolucionario práctico”, concebidos ambos como acciones conectadas e inseparables. Por ello, la teoría crítica no es autosuficiente sino una teoría de la actividad social, de la acción histórica, más en concreto la teoría de la revolución de las clases trabajadoras y populares, y la crítica revolucionaria de la sociedad burguesa y el sistema mundo capitalista.
 
La filosofía de la praxis es la sistematización de una cosmovisión de la cual hacen parte los elementos básicos de toda filosofía –ontología, epistemología, lógica, ética, estética y crítica de la ideología– y descansa cognitivamente en el “materialismo dialéctico”, y su aplicación en el “materialismo histórico y cultural".

El materialismo dialéctico afirma que la realidad concreta es una unidad contradictoria, y que el conflicto de los contrarios hace que la realidad dé pasos hacia adelante en un proceso histórico de cambio progresivo y constante, tanto evolutivo como revolucionario, y que en sus cambios revolucionarios o discontinuos cree una auténtica novedad cualitativa. Las leyes fundamentales del materialismo dialéctico son: i) la ley de la transformación de la cantidad en cualidad: graduales cambios cuantitativos dan lugar a revolucionarios cambios cualitativos; ii) la ley de la unidad de los contrarios, que sostiene que la unidad de la realidad concreta es una unidad de contrarios o contradicciones; iii) la ley de la negación de la negación, que afirma que, en el encuentro entre los contrarios, un contrario anula al otro, que a la vez anula al primero (tesis, antítesis y síntesis).

El materialismo histórico y cultural se propone estudiar el proceso social en su totalidad. Desde este enfoque, las clases sociales surgen porque los hombres y las mujeres, bajo determinadas relaciones de producción, identifican sus intereses, necesidades y valores antagónicos, y son llevados a luchar, pensar y valorar en términos clasistas: de modo que el proceso de formación de clase consiste en hacerse a sí mismo, si bien bajo condiciones que vienen ‘dadas’. Las formaciones de clase surgen de la intersección de la determinación y la actividad propia: la clase trabajadora y popular se hace a sí misma, tanto como es hecha. Por tanto, “clase” y “conciencia de clase” son entidades articuladas dialécticamente. Las ideas y los valores están situados en un contexto material, y las necesidades y los intereses materiales están situados en un contexto de normas y expectativas; desde una perspectiva, es un modo de producción; desde otra, un modo de vida.

3. Socialismo, el proyecto histórico

La teoría crítica está articulada a un proyecto histórico, el socialismo democrático, como lugar que permite la realización de la emancipación humana. El principal criterio del desarrollo histórico es la medida en la cual se constituyen los presupuestos de un desarrollo irreprimido y rápido de las esenciales fuerzas humanas –capacidades, necesidades y potencialidades–, y del despliegue de la individualidad humana, libre y multilateral. La teoría crítica considera valores humanos –universales de sentido y significado que la conciencia individual y social logra captar, intuir y comprender; a la vez, valores que nacen exclusivamente del devenir histórico y sólo existen en él, pero que, de todos modos, son valores objetivos y universalmente válidos– los momentos de la evolución que expresan y promueven subjetiva y objetivamente ese despliegue y esa realización del “ser humano”. Los valores no son absolutos ni unilaterales; están siempre referidos a un sistema axiológico. Los valores que hacen parte de la axiología socialista son: emancipación, autogestión, democracia radical, autodeterminación, y existencia libertaria, igualitaria y solidaria.

La principal herramienta teórica de esta crítica es la economía política. El empleo del materialismo histórico, dialéctico y cultural permite demostrar la historicidad del “capital” (el capitalismo es sólo una etapa de la historia), y la contradicción de la teoría del valor permite forjar una teoría de la lucha de clases que en el capitalismo adquiere la forma de antagonismo entre trabajo-sectores populares y capital.

La crítica de la economía política permite demostrar que la búsqueda individual del propio beneficio, la propiedad privada y la explotación de la fuerza de trabajo y de la naturaleza, lejos de conducir a la racionalidad colectiva o al bien público, conduce a crisis periódicas, y, como los intentos de los capitalistas por superar esas crisis, llevan a un derrumbe final del capitalismo, o a su remplazo –o ambos casos– por el socialismo democrático, alcanzado mediante la lucha de clases La crítica de la economía política, además del empleo del materialismo histórico, dialéctico y cultural, se fundamenta en una axiología que considera la posibilidad de la existencia de una humanidad capaz de dignidad. De igual manera, esta crítica y esta axiología tienen una orientación eudomonista, esto es, la felicidad real y el florecimiento de los seres humanos. El florecimiento humano se fundamenta en el desarrollo de las esenciales fuerzas humanas (necesidades, capacidades y potencialidades); en síntesis, el fin último, constructivo y positivo de la teoría crítica es el desarrollo total, consciente, libre, creativo, plural, armónico e integral del ser humano.
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