Domingo, 22 Febrero 2009 10:57

De la esperanza al ‘cuello de botella’ del canje y la paz

Escrito por Omar Roberto Rodríguez
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Tres aspectos resaltan en la disputa por el intercambio humanitario. La acción valiente de la senadora Piedad Córdoba a la cabeza de Colombianos y Colombianas por la Paz, el libro de Fidel La paz en Colombia y, tras largo tiempo, el ajuste con novedad de la guerrilla de capturar sólo a uniformados con mando. Terminó el sufrimiento en las selvas del país para seis colombianos. Confinados por allá, en contra de su voluntad, por largos meses o prolongados años. Su regreso a casa despertó hondos sentimientos de alegría en todos los colombianos. Aunque el Palacio de Nariño diga lo contrario, en varias de sus aristas el conflicto arrecia. Se vio cómo las liberaciones unilaterales de la guerrilla desnudan “acciones encubiertas”, ‘psicológicas’ y de desinformación que ejecuta el poder.

Es conocida mi oposición a cargar con los prisioneros de guerra, a aplicar políticas que los humillen o someterlos a las durísimas condiciones de la selva. De ese modo, nunca rendirían las armas, aunque el combate estuviera perdido. Tampoco estaba de acuerdo con la captura y retención de civiles ajenos a la guerra. Debo añadir que los prisioneros y rehenes les restan capacidad de maniobra a los combatientes.

La paz en Colombia, Fidel Castro Ruz, p. 265, párrafo tercero. Septiembre 16, 2008. Editora Política, La Habana.

 

No transmitan las declaraciones”, dicen en un comunicado los tres soldados y el policía ex prisioneros de las farc, dirigido a Radio Francia Internacional, para solicitar que no pasaran la entrevista que días atrás les habían realizado. Arguyen los uniformados que las opiniones concedidas a ese medio de comunicación fueron bajo la amenaza “de los narcoterroristas”. ¿Orden superior o sentimiento? Es un hecho no retomado en su gravedad por la opinión pública ni por los analistas.

 

Multitud de mensajes y testimonios de los actores en poder del grupo insurgente dejan ver que sus palabras o escritos son plasmados con total libertad, hasta el punto de que la guerrilla sobrelleva las consecuencias ante la opinión pública por las reacciones que aquéllas despiertan. Entre otros, este es uno de los sucesos posteriores a las liberaciones que ponen sobre la mesa comportamientos, expresiones, decires, manipulaciones, presiones, violaciones e intervención militar extranjera, que son abono, reflejo o prolongación del conflicto que en Remolino de luto compunge a Colombia.

 

¿La expresión de estos cautivos fue producto de la realidad que sobrellevaban? ¿O será cierto que los guerrilleros los presionaron al grabar? Es indudable que la presión, estando bajo poder de un grupo armado, es real. Tiene efecto psicológicos y físicos. El solo hecho de estar rodeado de armas suscita temor. Pero también es real que, tras varios meses como rehenes, y ante la inacción de los cuerpos armados a los cuales pertenecen, oficiales, soldados y policías deben experimentar sentimientos de tristeza, rabia, desmoralización, que pueden desprender ciertas palabras.

 

En clara manipulación y presión, condenable, deja mucho que desear que se firme un comunicado en que se siente la mano del oficial superior. En el comunicado en cuestión de los otrora prisioneros no salen del calificativo ni de los epítetos narcoguerrilla y terroristas…, que llevan a pensar: ¿Sus superiores presionaron a los ahora liberados para escribir de esa manera o les redactaron el comunicado? Como sea, es una manifestación real y cruda de la guerra.

 

“No hubo sobrevuelos”

 

Cuando el 3 de febrero el periodista Jorge Enrique Botero denunció los sobrevuelos de naves militares sobre el lugar acordado para las liberaciones, con premura, diversos funcionarios públicos salieron a ‘desmentir’ al comunicador: “Los sobrevuelos no existieron”. “Sí existieron sobrevuelos pero de naves comerciales”. “Hemos respetado todos los acuerdos para permitir las liberaciones”. “Los sobrevuelos se acordaron con el Comité Internacional de la Cruz Roja”. Mas, tras varios días, se corrió el velo.

 

Como en otras circunstancias parecidas, donde la decisión de “rescate militar” y las presiones oficiales y de guerra psicológica abortaron y retrasaron operaciones de liberación, se reconoció que todo lo dado a conocer por Jorge Enrique fue verdad. ¡Sí hubo sobrevuelos, sí eran naves militares, y el acuerdo con el Comité Internacional de la Cruz Roja era sólo para el vuelo de naves comerciales!

 

Se puede concluir entonces que desde el Alto Mando Militar se diseñó una operación de guerra –como todas– a varias bandas: a) capitalizable la operación de las farc para hacerles inteligencia sobre el terreno; b) provocar el aborto de la misma o someter a los guerrilleros a situaciones de desventaja sobre el terreno, situación aprovechable a partir de la inteligencia recibida; c) en caso del aborto y de una precisión de ataque mortífero, sindicar a la insurgencia y, por qué no, a Colombianos por la paz como los culpables de un descenlace trágico. Maniobra político-militar a la cual ha estado sometido el país durante estos años, y cuyos afectados siempre han sido los prisioneros y secuestrados. Como ya sucedió en el caso del gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria y el ex ministro de Defensa Gilberto Echeverry Mejía, el Presidente pudo haber calculado que al escuchar los aviones la guerrilla dispararía contra los retenidos.

 

Con este tamaño de las circunstancias que rodean las decisiones del actual gobierno, no es equivocado preguntar: ¿Volverán con vida a sus hogares las casi dos docenas de militares que aún están en poder de las farc?

 

Hay periodistas que son “permisivos cómplices del terrorismo”

 

Ese 3 de febrero se generó una gran polémica por las declaraciones de Botero al Canal Telesur y por la presencia de Hollman Morris en la zona de operaciones. Según el decir del Presidente, Botero incumplió una serie de acuerdos con el Gobierno. Adujo que “él no fue allá de garante sino de publicista del terrorismo” y “el periodista Morris ha incumplido sus deberes”. Más adelante, cerró con esta perla: “El señor Botero y el señor Morris se escudan en su condición de periodistas para ser permisivos cómplices del terrorismo […] Una cosa son aquellos amigos del terrorismo que fungen como periodistas, y otra cosa son los periodistas”. Así habló el Presidente aquel día en Villavicencio, en declaraciones para desinformar.

 

Unos días después se supo que el Gobierno autorizó que Botero llevara una cámara de video para elaborar una nota periodística. Para hacerlo, debía contar con ese aval, además del que brinda la otra parte, el CICR. Entonces, ¿de dónde proviene la descalificación oficial contra el periodista? En declaraciones a Telesur, el disgusto oficial se genera porque una persona, en este caso periodista, denuncia lo que allí sucedía. Desabriga ante los ojos del mundo al gobierno colombiano en su verdadero papel. El enfado se extiende a Morris por facilitar el teléfono por el cual se hizo la entrevista con Telesur. Hasta aquí, podemos decir, la actitud oficial. Pero es más grave la de otros periodistas.

 

Al día siguiente, en el programa 6 am.-9 am., Darío Arizmendi, su director, con olvido deliberado de su condición de periodista, en entrevista con el Ministro de Defensa expresa con reiteración su reparo a la actitud de los comunicadores puestos en la picota pública por el Gobierno. Arizmendi, sin atisbos de ética ni de solidaridad de cuerpo, pone banderillas: “Señor ministro, nosotros tuvimos la noticia de Telesur pero no la transmitimos, porque hay que saber qué se transmite”. Luego, como si perteneciera al Gobierno, enfatiza, palabras más, palabras menos: ‘Hay que saber ser periodistas’. Arizmendi, periodista que censura.

 

La reflexión de Fidel

 

Sólo dos libros había escrito antes. La historia me absolverá, recopilado luego en hojas escritas con tinta invisible de jugo de limón, para sacarlas de la cárcel, que contiene su discurso en defensa propia ante el tribunal del dictador Batista. Era el acusado por la responsabilidad en el asalto al Cuartel Moncada que abrió las puertas de la movilización popular contra el tirano y de la acumulación revolucionaria en Cuba. El otro, denuncia que La deuda externa es impagable en este continente de la América Nuestra.

 

Su reciente libro, con cita en el epígrafe de este artículo, La paz en Colombia, en la página 53 pone el dedo en la llaga acerca del conflicto: “En ningún otro país se desarrollaron en grado tan alto los vínculos típicos del imperialismo de Estados Unidos y el destino de una nación latinoamericana”. Y pone un segundo dedo cuando cita una respuesta del diálogo con un comandante guerrillero, realizado con conocimiento del gobierno colombiano: No estamos ni cansados de pelear ni derrotados, entonces el tratamiento es de otra manera: vamos a negociar. Y esa negociación sólo será posible si hay un movimiento de masas que imponga una salida democrática”. (La paz en Colombia…, p. 231, final del quinto párrafo; cursivas del autor de este artículo).

 

Tal vez, desde la noche misma de su presentación, sus páginas recorrieron camino para llegar a la Otra Colombia –esa sin pavimento–, y de allí a los campamentos de algún destacado jefe guerrillero que pudo leer:

 

Yo discrepaba con el jefe de las farc* por el ritmo que asignaba al proceso revolucionario de Colombia, su idea de guerra excesivamente prolongada. Su concepción de crear primero un ejército de más de 30.000 hombres, desde mi punto de vista, no era correcta ni financiable para el propósito de derrotar a las fuerzas adversarias de tierra en una guerra irregular (La Paz en Colombia…, p. 264).

 

Mi desacuerdo con la concepción de Marulanda se fundamenta en la experiencia vivida, no como teórico sino como político que enfrentó y debió resolver problemas muy parecidos como ciudadano y como guerrillero, sólo que los suyos fueron más complejos y difíciles (ibid., p. 1).

 

Hay un hecho que sin duda golpeó fuertemente el prestigio internacional de las farc-ep*: el asesinato de los tres indigenistas norteamericanos (ibid., p. 125, segundo párrafo).

 

En junio y julio de 1979, todas las vertientes unidas estaban enfrascadas en la difícil contienda. El levantamiento popular dio lugar a que en algunos departamentos como León, Masaya y otros se luchara heroicamente casa por casa contra las fuerzas armadas del régimen, a un alto costo de vidas sandinistas. Fue, a mi juicio, en ese instante, que la solidaridad internacional desempeñó un papel decisivo en el desenlace victorioso de 1979 (ibidem., p. 129, cuarto párrafo).

 

En este contexto y en medio de la crudeza de la guerra, cabe destacar que la libertad del diputado del Valle Sigifredo López, a todas luces, testimonio sobre la tragedia de sus 11 compañeros caídos, reivindica a la guerrilla que no lo asesinó de manera inmediata a las circunstancias del resto de los diputados. O le evitó el contagio de alguna enfermedad fatal. O sencillamente pudo mantener silencio hasta la nueva orden del Canje Humanitario.

 

·                    Denominación constante que hace desde abajo cuando se trata de las siglas de organizaciones guerrilleras, o ilegales y represivas.

 


“Trabajar por el intercambio humanitario”

Como una incontenible avalancha de agua cayeron las declaraciones de Alan Jara y Sigifredo López, en las cuales, en tranquilas ruedas de prensa, criticaron al Gobierno y las farc, insistiendo una y otra vez en la necesidad de avanzar hacia el intercambio, así como a una negociación de paz.

 

Con un poder presidencial y en un país que no aguanta críticas, fueron de tal fuerza estas declaraciones que, ante las mismas, el Presidente viajó a Villavicencio a ‘neutralizar’ al recien liberado, aunque sin éxito. Pero algunos periodistas y otros opinadores, que siempre tienen los micrófonos abiertos, llegaron a sugerir que el otrora secuestrado “sufría del Síndrome de Estocolmo”.

 

Por fortuna para todos los colombianos, el ex gobernador y el ex diputado tienen capacidad de crítica, y desnudan las contradicciones de una política de ‘seguridad’ que descansa todo su potencial en la guerra, alargando e impidiendo que ésta tenga solución.

 

Así, ante estas ruedas de prensa, y ante la gestión de Colombianos por la paz, y la persistencia de su cabeza visible, Piedad Córdoba, hay una nueva luz de esperanza, motivo de alegría: el intercambio es factible, es necesario y debe concretarse en los próximos meses.

 

La paz con la soga al cuello

 

El conflicto en Colombia no baja de intensidad. Desde hace un tiempo, los comunicados de la guerrilla evidencian que, frente a sus finanzas y el secuestro, las farc asumen una nueva acción.

 

Junto con la tradicional mención de acciones frente a los uniformados de las fuerzas armadas, varios frentes de los comandos conjuntos central, occidental “Iván Ríos”, del bloque oriental y del frente Antonio Nariño, de ramificación con Bogotá; dan cuenta de acciones contra empresas de mediano capital por su negativa a cumplir con el ‘impuesto de guerra’. Una actividad al parecer tendiente a reemplazar el secuestro, medida que, por supuesto, implica perjuicios materiales y morales para cientos de colombianos, pero que repone un debate sobre la real trascendencia y la magnitud del conflicto.

 

Por su parte, la combinación militar del ‘Comando Sur-Fuerzas Armadas-inteligencia israelí e inglesa-Comando Alfa-mercenarios profesionales y derivados-paramilitarismo narcotráfico en acción encubierta’ avanza en su dispositivo para forzar el repliegue de la guerrilla. Para reducirla a zonas distantes, con baja densidad de población. Es una campaña que en el prolongado tiempo y con la ayuda aérea y tecnológica consigue determinar con ‘acertada’ precisión los terrenos de retaguardia y desplazamiento de cada frente guerrillero. Como resultado, obtienen la reducción, la contención y un mayor alejamiento de las áreas de movilidad de cada frente.

 

Este cuadro de la situación militar no significa una victoria oficial, puesto que en el conflicto irregular una guerrilla con la ventaja geográfica y de relieve que tiene en Colombia puede rehacer su mando estratégico y conseguir ‘avanzadas especiales’ tras de las líneas del Ejército y su entorno.

 

Asimismo, su capital político parece inderrotable en América Latina. Núcleos guerrilleros y alzamientos sociales, en viraje o en derrota, se han proyectado para los triunfos presidenciales de corte antioligárquico en Venezuela, Brasil, Uruguay, Bolivia, Nicaragua, Ecuador y de disputa hoy en El Salvador. De avance institucional en Honduras.

¡La soberanía de la nación y la paz justa y pronta necesitan Gabinete!

 

Necesitan un “Gabinete de inclusión plena” –como raíz y fundamento para una propuesta de Pacto Patriótico–,  que en su deliberación y acción de gobierno constituye la más cercana y única mesa de negociación posible. Ya sea como (i) la ‘mesa’ exigida y abonada con lutos y sangre, o como la (ii) cacareada por la paz gratis o hasta por los enemigos de la paz que avisoró el doctor Otto Morales Benítez.

 

Gabinete sí, como única instancia posible dotada del suficiente poder nacional, económico y administrativo, y del sentimiento nacional por la paz, para decidir. Único lugar y modo para zanjar intereses contrapuestos. Para decidir las medidas de justicia social e infraestructura productiva y de construcción del capital nacional, en cada noche, en cada decreto y discusión, y día tras día, todos los días.

 

Un Gabinete que requiere resolver en las próximas semanas y meses:

 

  • La llave del liderazgo político y social
  • La “unidad nacional y patriótica por la paz” y
  • La directriz estratégica de “ser gobierno y ser poder”. Consigna central de orientación en cada agitación, panfleto, discurso, propaganda, organización, resistencia y movilización que apreste el campo nacional-popular y patriótico para fundar o denominar un referente nacional, de Gobierno, poder e identidad. Y de rebelión legítima– si Uribe, en otra Metamorfosis de su Excelencia,  enreda, aplaza o boicotea las elecciones con el expediente de la violencia y el terror.

 ¿Cómo dar a conocer el cometido de “unidad nacional”?

 En la dinámica de la política y en la coyuntura que se avecina, la suma integral de fuerzas y memorias que anida en nuestro pueblo tendrá un examen decisivo:

 

–La capacidad y la velocidad para avanzar y completar dos mapas con trayectos de unidad.

     1. Los adelantos en la Gran Coalición

     2. Los progresos del Pacto Patriótico

 

Ante los obstáculos existentes, el conjunto político y social debe resolver ¿por dónde es más pronto infringir la gobernabilidad, el poder beneficiario de la guerra y el orden burgués?

 

Cuál es la consigna de opinión

 

Ante el telón de fondo de un poder oligárquico, que cuenta con ventajas y variantes de conservación y con la palabra final en boca del Departamento de Estado para definir la reelección o el nombre de la sucesión, ojalá con el trazo de una línea que ponga del lado de allá sólo al uribismo, de inmediato el Polo debe proponer al doctor Carlos Gaviria que:

 

  1. En favor de la “unidad nacional para y por la paz justa”, se considere o postule ‘apenas’ con el carácter de Vicepresidente.
  2. Que con este perfil temporal, proponga a la doctora Piedad Córdoba, y los doctores Álvaro Leyva, Jorge Enrique Robledo, Luis Eduardo Garzón, Eduardo Cifuentes, Sergio Fajardo, Noemí Sanín y hasta Rodrigo Pardo, para que asuman la misma condición en sus aspiraciones y campañas. Que sea una pausa, hasta tanto un mecanismo de consulta defina al candidato único nacional y de la unidad entre uno de ellos.

 

Para la transición y la paz, el candidato a la Presidencia será al final quien represente la “unidad nacional”.

 


Piedad Córdoba

“Espero que el Gobierno reconsidere su posición…”

 

desde abajo. ¿Usted ve en el horizonte la posibilidad de una negociación política por una paz justa?

Piedad Córdoba: Con honestidad no veo muy cercano que el gobierno se la proponga. Veo posible pasos como el intercambio, como discutir el tema de los niños en el conflicto, el desminado, el tema del secuestro.

 

da. ¿Ve más cerca el acuerdo humanitario?

PC. Si, lo veo factible. Eso no quiere decir que sea fácil. En un momento en que el intercambio humanitario, por el cual no ha apostado absolutamente nadie, hoy está en la retina de la gente, y la gente dice: ‘no dejen a los demás allá metidos, hay que sacarlos’. Eso significa que también tienen que salir los presos políticos porque hay dos partes en este proceso. El intercambio va caminando…

 

da. Los sobrevuelos sobre el territorio de entrega de los prisionero y las mentiras con las  que el gobierno respondió son una constante del gobierno, o ¿usted nota algún cambio?

PC. Creo que nosotros fuimos capaces de pasar por encima de los obstáculos. Las farc cumplieron a pesar de que todo iba dirigido para que ellos se retiraran. Espero que el gobierno reconsidere su posición, cambie, porque ante la opinión pública mundial, todo lo que ocurrió los deja muy mal parados. Por fortuna una persona como yo, que tiene el hilo conductor de todo, tenía eso muy claro y no dio lugar a fomentar un traspiés sino a que avanzáramos.

 

da. ¿Qué hacer para que esa puerta no se cierre?

PC. Tener muy claro que hay mucha gente más preocupada por acabar y obstruir que por construir. Mucha gente cuya preocupación es si toma Old Park o Buchanan y cómo jode y cómo obstruye. Si uno tiene eso bien claro, de que no vamos a ceder a ninguna de esas presiones, esto tiene que caminar.

 

da. ¿Qué viene ahora para ‘Colombianos y Colombianas por la Paz’?

PC. El intercambio, de frente. Y la tarea de trabajar en las dos casas: con la del eln sobre la base de los acuerdos donde se quedó con el gobierno y con Venezuela; y con las farc delimitar el marco de cómo llevar adelante el intercambio. Cuáles van a ser los requerimientos. Cuál es la capacidad de flexibilizar posiciones. Trabajar en un comunicado a la opinión pública donde hagamos una especie de balance de lo que hicimos, estamos haciendo y un balance de la esperanza para este país.


Alan Jara

“Éramos 21 políticos secuestrados, salimos 8. Los otros ‘no saldrán’ nunca…”

da. Cuando usted salió, expresó reservas sobre la actuación del Presidente. ¿Cambiará él, ahora?

AJ. Cuando me indagaron sobre el aporte del Presidente con respecto a mi liberación, con la sinceridad que nos caracteriza en el Llano dije: “yo siento que no”. Eso no es una declaración en su contra ni frente a la posición que él posee. Es la visión que tengo desde allá, desde la selva. Como le dije a él, el único “inamovible” que yo conocí allá era el palo al cual me encadenaban todas las noches. Todos lo demás, como un homenaje a la vida, debe ser superable.

 

da. ¿Por qué, en su cautiverio, elaboró esa convicción de un intercambio humanitario indispensable?

AJ. Vistas y sentidas cada día las condiciones del área donde nos tenían, sabedores de la determinación y las instrucciones precisas de los jefes de las farc de no permitir que les quiten vivos a quienes ellos consideran sus prisioneros, no es de dudar que una acción de liberación no negociada conduce a una tragedia, Déjeme darle una cifra: éramos 21 políticos secuestrados, salimos 8, los otros ‘no saldrán’ nunca. Esa cifra muestra por qué la única vía que yo considero viable es el acuerdo humanitario. No hay otra salida.

 

da. Su liberación la semana pasada y la de otros prisioneros abrieron una ventana para ese intercambio ¿Cómo evitar su cierre?

AJ. Esa es nuestra tarea. El intercambio humanitario como primer peldaño permitiría generar confianza, que hoy está absolutamente rota. Por eso y para eso estábamos reunidos esta noche aquí con todo el grupo de “Colombianos y Colombianas por la Paz”. La ventana es muy pequeña y tiene además muchos cerrojos. Necesitamos una que no se cierre…

 

da. O quitarle la retranca…

AJ. La tarea de todos y cada uno de nosotros por la paz es evitar que esa negociación que está por los micrófonos –así jamás habrá acuerdos– podamos llevarla a una mesa. A una conversación donde se pueda superar ese famoso tema de los “inamovibles”. El espacio abierto debe ser exclusivamente humanitario, sin condiciones.

 

da. ¿Hasta dónde avanzaron hoy en “Colombianos y Colombianas por la paz”?

AJ. Se integró una comisión redactora de un borrador para construir una carta que busca conciliar opiniones. Para el país, la vía militar trae un costo demasiado alto.

 

da. Para aproximar la negociación política, ¿cuáles serían sus elementos básicos?

AJ. Ese paso es posterior. El punto hoy es traer a la libertad a esos colombianos que están allá.

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