Lunes, 01 Marzo 2021 17:16

Una vez más: La estrategia de la distracción

Escrito por Philip Potdevin*
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Listado de los nombres de los líderes sociales asesinados en 2020 en Colombia  https://cdn-prod.opendemocracy.net/media/images/PA-43582027-1.width-800.jpgListado de los nombres de los líderes sociales asesinados en 2020 en Colombia https://cdn-prod.opendemocracy.net/media/images/PA-43582027-1.width-800.jpg

La pandemia ha sido aprovechada para desviar la atención de la ciudadanía sobre los verdaderos problemas que aquejan al país.

 

A Noam Chomsky le atribuyen la famosa lista 10 Estrategias de manipulación a través de los medios. La primera de ellas es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es también necesaria para impedir al público ocuparse de los conocimientos importantes, en la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la informática. “Mantener la atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a la granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas’)”1.

El portal mexicano Buzos, lo dice de otra manera:

“Mientras la clase trabajadora no sepa distinguir sus intereses será víctima de manipulación y sometimiento. La teoría clásica establece que deberá pasar de ser “clase en sí” (cuando simplemente existe, objetivamente), para convertirse en “clase para sí”, al adquirir conciencia y comprender sus intereses, sabedora de lo que es, de lo que necesita ser y cómo lograrlo, y de quiénes son sus aliados y adversarios. Para evitarlo, la clase dominante busca impedir que los trabajadores piensen detenidamente en su situación y la comprendan; aleja su mente de la realidad y tiende cortinas de humo sobre los hechos, distrayendo la atención popular hacia asuntos baladíes, reales o artificiales, mediante los llamados distractores. Una acepción del verbo distraer (Real Academia) es: apartar la atención de alguien del objeto a que la aplicaba o a que debía aplicarla. María Moliner en su diccionario lo define como: apartar la atención de alguien de una cosa, un pensamiento, una preocupación, etc., haciendo que la fije en otra cosa; atraer la atención o el interés de alguien hacia cualquier cosa para que no se dé cuenta de otra”2.

 

Es así como durante los casi doce meses desde la declaración de emergencia nacional, la pandemia ha sido utilizada en el país (pero también en el mundo) para poner delante de los ojos de la ciudadanía un grueso velo –como en algunas representaciones teatrales posmodernas– y distraer la atención sobre problemas más graves que aquejan a la nación y que el gobierno ha demostrado su insolvencia de mando para resolver. La ciudadanía ha sido volcada a pensar en una estrategia de salvación personal, de autocuidado, de aislarse, de distanciarse, de vacunarse para distraerla de lo que el gobierno ha demostrado incapacidad de gestionar y gobernar.

A menos de 18 meses de terminar el periodo actual, los profundos problemas del país siguen sin ser atendidos. Lo que queda al desnudo es un gobierno débil, dubitativo, dócil ante las presiones de su partido y jefatura, e incapaz de enfrentar de manera decidida los asuntos que van más allá de lo inmediato y urgente.

Aquí se mencionan once asuntos que el actual gobierno no logra controlar ni resolver. La lista, por supuesto, no es exhaustiva.

Asesinato de líderes sociales

Los líderes sociales del país, en especial los que luchan por los valores democráticos, siguen siendo asesinados impunemente a la par que el gobierno minimiza la gravedad de los hechos. Estos líderes y lideresas representan la fuerza y la naturaleza de la democracia más allá de la institucionalidad, de los partidos y de las fachadas democráticas. Human Rights Watch (HTW), en referencia al gobierno del presidente Duque, ha publicado el informe Líderes desprotegidos y comunidades indefensas: asesinatos de defensores de derechos humanos en zonas remotas donde se afirma que el gobierno se ha limitado a condenar los asesinatos, dar discursos y anunciar iniciativas que en la práctica no funcionan adecuadamente, a lo que el gobierno responde que “no ahorra esfuerzos para frenar la violencia contra los líderes”3. Lo último no pasa de ser una afirmación que no encaja con la realidad. Colombia es un país que se declara democrático, sin embargo actividades como ejercer el liderazgo social y comunitario, defender los derechos humanos y ser vocero de las comunidades más desprotegidos equivalen a poner en riesgo la vida de estos líderes. Hay que aceptar que Colombia es una democracia fallida.

Ciudades controladas por bandas criminales

Tumaco, con más de doscientos mil habitantes y Buenaventura, con casi medio millón, son importantes ciudades y puertos de nuestra geografía –la segunda, es el portón de entrada para casi todo el comercio que viene de la cuenca del Pacífico; además, ubicada apenas a 115 kilómetros de Cali, tercera ciudad del país–, son la prueba de la incapacidad del gobierno para ejercer la soberanía, imponer el orden, garantizar la seguridad de los ciudadanos y certificar la paz democrática en su territorio. Las marchas ciudadanas y la protesta social de sus habitantes, víctimas de empresas criminales, son insuficientes para obligar al gobierno a que recupere el control y el orden de ciudades tomadas hace tiempo por organizaciones criminales, bandas y grupos armados que imponen su ley por encima del Estado.

Masacres indiscriminadas

Bajo el gobierno de Duque han reaparecido las masacres por toda la geografía nacional, en especial de jóvenes inermes e indefensos. El país se levanta cada día para enterarse de una o más masacres que afectan y entristecen a familias pobres y desprotegidas. El gobierno menosprecia los hechos y los califica como situaciones aisladas, usa eufemismos como “homicidios colectivos”, hace declaraciones desacertadas en boca del presidente y sus ministros y niega que estamos ante una grave práctica que el país consideraba superada. De nuevo surge, detrás de la estrategia de distracción, un gobierno impotente para asegurar y proteger la vida de los ciudadanos, además de su ineficacia de perseguir y castigar a los culpables.

Desprotección a la mujer

Los feminicidios se multiplican sin que se vea una acción concreta del gobierno para hacer valer la dignidad y la vida de la mujer. El país ve cómo sus mujeres son maltratadas, abusadas y asesinadas por el solo hecho de serlo, pero más allá de la descomposición social que esconde el hecho, la pregunta es ¿qué iniciativas tiene el gobierno –en el que existe una alta cuota de presencia femenina, desde la vicepresidenta hasta en la cabeza de varios ministerios e instituciones públicas–, para despertar una conciencia ciudadana de proteger la vida del 50 por ciento de la población del país?

Estancamiento de los acuerdos de paz

Desde cuando se votó por el No en el plebiscito por la paz, se sabía de la oposición que tendría cualquier intento de sacar adelante una paz estable y duradera en Colombia y el compromiso de no repetición. La llegada de Duque al gobierno fue un baldado de agua fría para los Acuerdos de Paz y los años transcurridos desde entonces han demostrado la actitud displicente y lejana frente a lo que es una ley del Estado colombiano. Hoy día se puede afirmar que, en la práctica, los Acuerdos de paz son prácticamente inoperantes y en muchos casos letra muerta. Los seis puntos del acuerdo (reforma rural integral, participación política, fin del conflicto, solución al problema de drogas ilícitas, víctimas e implementación, verificación y refrendación) están en la mayoría de los casos en un mínimo nivel de desarrollo.

Asesinato de excombatientes

En línea con lo anterior, el país ha visto cómo los excombatientes de las Farc que entregaron sus armas e intentan reintegrase a la vida civil están siendo asesinados, uno a uno, sin que esto cause alarma o un rechazo frontal del gobierno o, lo más importante, que cese este exterminio selectivo. Las autoridades explican estos asesinatos como hechos aislados, no conexos y niegan que haya una trama, como hubo en su momento contra la UP.

Congelamiento de los diálogos de paz con el ELN

Los acuerdos de paz con las Farc dejaron expuesta que la paz en Colombia estaba lejana mientras no se llegara a un acuerdo con todos los grupos alzados en armas, en especial con el Eln, una guerrilla casi tan antigua y beligerante como las Farc. El gobierno ha mostrado ningún interés por hacer avanzar estos diálogos, escudándose en las ocasionales acciones de guerra que sigue cometiendo esta guerrilla y en el amparo que el gobierno de Cuba brinda a sus dirigentes, un amparo concertado desde los primeros protocolos entre el gobierno anterior y ese grupo.

Ineficacia ante el Clan del Golfo y disidencias de las Farc

El narcotráfico sigue entronizado en el país, agazapado y aferrado a los tentáculos internacionales como los carteles de México y las mafias de distribución en Europa, Oriente y los Estados Unidos. Lo cierto es que en Colombia la ausencia de soberanía del Estado, desde el Urabá hasta el Amazonas se ha recrudecido, el gobierno aparece impotente frente a los grupos que de una manera u otra se lucran del narcotráfico; los despliegues militares son infructuosos frente a las bandas que imponen su ley en los territorios que controlan para usar como rutas de sus operaciones ilícitas.

Relaciones internacionales desacertadas

El actual manejo de las relaciones internacionales del país ha estado enmarcado por los intereses políticos del partido del presidente: alineación con el autoritarismo de Trump y distanciamiento con Venezuela, el principal o segundo socio económico durante muchos años. Tras el apresurado reconocimiento a Guaidó –hoy incluso la Unión Europea dio marcha atrás con esa salida en falso– el presidente Duque persiste en desconocer a Maduro como presidente de esa nación, ocasionando una gran crisis, no solo en la frontera y los millones de inmigrantes, sino también en las implicaciones de distanciarse de un vecino tan grande e importante. La salida en falso de Duque cuando afirmó hace dos años que los días de Maduro estaban contados, demuestra su inmadurez e incapacidad de manejar adecuadamente las relaciones internacionales. Por otra parte, continuar ignorando a Rusia y China como actores principales en la geopolítica internacional –y persistir en el histórico orbitar en torno a los Estados Unidos, una nación que hace muchos años va en declive– demuestra la falta de visión y perspectiva que tiene el gobierno actual.

Inseguridad ciudadana

El gobierno cree que la inseguridad de la ciudadana se resuelve aumentando el pie de fuerza en las ciudades; se sabe que el tema no se resuelve con más policías en las calles. Lo indiscutible es que la ciudadanía, cada vez que la encuestan, aduce que el principal anhelo es sentirse segura en sus casas; su temor es salir a las calles y movilizarse en el transporte público o privado. De nuevo el gobierno demuestra su incapacidad para garantizar la integridad de la vida y de los bienes de sus ciudadanos. Los índices de criminalidad, la aparición de nuevas modalidades, como por ejemplo, los asesinatos en el interior del transporte público siguen aumentando.

Excesos de fuerza por la Policía

El gobierno ha demostrado también su impotencia por controlar a los miembros de las instituciones que representan para los ciudadanos el orden y la seguridad. Los asesinatos cometidos por agentes de la policía y del Esmad contra ciudadanos y manifestantes en protestas sociales son un indicio más de cómo el gobierno es débil e impotente frente a sus propios organismos de seguridad. Cuando las mismas fuerzas del orden son las que se ensañan contra los ciudadanos, la democracia se debilita y hace agua, y los ciudadanos pierden la confianza en quien los deben proteger.
Conclusiones

Es evidente que el gobierno de Duque no pasa el examen. Aun antes de la pandemia ya todos los puntos anteriores habían quedado evidenciados; sin embargo, el último año ha servido paras que el gobierno intente desviar la atención de problemas que no logra enfrentar ni mucho menos resolver. El presidente se escuda en un programa diario de televisión que intenta pasar la imagen de alguien con todo en control, cuando en realidad lo que se ve es lo contrario. La pandemia ha sido un pretexto, una disculpa para desviar la atención de la ciudadanía sobre los verdaderos problemas que aquejan al país y que ponen en peligro, esos sí, su estabilidad. Y de contera, la pandemia, que es real e innegable, va dejando una estela de desempleo, de puestos de trabajo perdidos y difícilmente recuperables, de mayor desigualdad, de una afectación profunda en la salud mental de los ciudadanos. Sal sobre la herida.

 

1 Tomado de http://viva.org.co/cajavirtual/svc0324/articulo14.html
2 https://buzos.com.mx/index.php/nota/index/5307
3 Contorversia por informe de HRW sobre líderes sociales, en El Tiempo. 11 de febrero 2021, p. 1.4
* Escritor miembro del consejo de redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.

 

 

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Información adicional

  • Autor:Philip Potdevin*
  • Edición:276
  • Fecha:Periódico desdeabajo Nº276, febrero 20 - marzo 20 de 2021
Visto 501 vecesModificado por última vez en Miércoles, 31 Marzo 2021 20:55

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