Viernes, 26 Marzo 2021 10:58

La pandemia rebeló lo mejor y lo peor de cada quien

Escrito por Carlos Eduardo Maldonado
Valora este artículo
(0 votos)
calvox&periche, “Converses a peu de calçada - 2ª Revolta Veïnal: Tallem autovies urbanes”, https://www.flickr.com/photos/calvox_periche/51010117907/in/photostream/calvox&periche, “Converses a peu de calçada - 2ª Revolta Veïnal: Tallem autovies urbanes”, https://www.flickr.com/photos/calvox_periche/51010117907/in/photostream/

Un año en términos de vida humana es mucho tiempo. Míreselo por donde se lo vea. Pero también, un año es un tiempo suficiente de aprendizaje. Es lo que sucede en los colegios y, guardadas proporciones, en la universidad. Esto es cierto, con tanta mayor razón, en el plano de la existencia.

Mil veces se ha dicho que en política no existen amistades, sólo aliados. Los aliados son relaciones de conveniencia, para provecho propio, y mientras las condiciones sean propicias. Luego, si es necesario o posible, cambian los aliados y las cosas continúan. Esto que es cierto en el plano personal lo es también en el plano de las relaciones internacionales. Desde luego que siempre existe la foto; pero las fotos, como el papel, todo lo aguanta. La verdad es que aquello que funda a la política es el egoísmo y el interés propio. Desde la Grecia antigua hasta hoy; y a fortiori en el marco de relaciones basadas en propiedad, patentes, dinero y poder.

Ya en el marco de la ciencia política, tanto como de las relaciones internacionales, es suficientemente reconocida la inutilidad –o, por decirlo de manera cauta, el valor meramente simbólico– de las Naciones Unidas y todos sus órganos y estamentos. Cantos a la bandera, sencillamente. Pues lo que impera es el poder del más fuerte, los mecanismos de presión y lobby, y los acuerdos, pactos y alianzas entre bloques internacionales.

La política, decía Aristóteles, es una de las soluciones a los problemas del mundo, pero la menos probable de todas. Las más verosímiles son las efectivas que remiten inmediatamente a intereses, poderes y dominios; punto.

En otro plano, como señala un proverbio antiguo, que recoge también Maquiavelo, si quieres conocer a un amigo dale un cargo o dale poder. Y entonces conoceremos a plenitud quién es quién. El poder saca lo más oculto de cada uno, con o sin la presencia del psicoanálisis.

En pocas palabras, en otros términos, es en las crisis como se conoce a cada quien: sus fortalezas, sus afectos, sus debilidades, en fin, sus realidades.

Pues bien, la pandemia del covid-19 puso al descubierto el mundo verdadero después de la Segunda Guerra Mundial, después de la Guerra Fría, en la crisis del capitalismo y del Estado de bienestar, en fin, en el marco del colapso de la Unión Soviética y el Muro de Berlín, y en la emergencia de China como gran potencia mundial. El año que ha transcurrido de crisis y vicisitudes permite aprender lecciones importantes.

 

Si la enfermedad es una guerra, la guerra la perdió E.U., y Europa

 

La pandemia originada por el Sars-Cov-2 fue, de un extremo a otro abordada en términos militares. Cordones sanitarios y medidas militares, belicistas y guerreristas se impusieron aquí y allá: confinamiento, toque de queda, ley seca, militarización, multas, prisión, manejo estratégico de la información como asuntos de seguridad nacional, verticalización de las decisiones y la información y otras medidas y acciones semejantes.

En unos países se castigó con severidad a quienes denunciaban contagios. En otros países se desinformó estratégicamente. Casi siempre se manipularon las cifras de contagio, recuperación y muerte. Las farmacéuticas hicieron su negocio, y numerosos manejos de vacunas y patentes se manejaron discrecionalmente. Cuando lo que estaba en entredicho era un asunto público y común: la vida, la salud y la información, que no pertenecen a nadie en particular y no son, en absoluto, un asunto privado, en ninguna acepción de la palabra.

La opinión mundial pudo ver cómo China construyó hospitales de alto nivel en cuestión de días, y algo semejante sucedió en Rusia, una empresa que jamás habría podido suceder ni aconteció en ningún país del “occidente democrático”. China se recuperó rápidamente y para los efectos fiscales y contables internacionales, fue el único país que creció en el 2020 y las previsiones para el 2021 no admiten ninguna duda. La guerra la ganó China; gústele a quien le guste.

Y los grandes derrotados fueron, en ese orden, E.U., Europa y Japón. Basta con ver las cifras de fallecimientos; militarmente hablando, las cifras de “bajas”. Los sistemas de salud –esto es, sin ambages–, los sistemas de vida de los países epígonos de la democracia, el bienestar y la libertad se revelaron como los más frágiles. Lo que la pandemia sacó a flote es que el gasto militar y de seguridad fue y sigue siendo el más importante, muy por encima del gasto social. La conclusión no admite dilaciones: el capitalismo no sabe de vida, sólo de economía. Por ello la falsa ecuación, y muy mal planteamiento acerca de la “renormalización” y la “nueva normalidad”.

En numerosos países, y Colombia es el mejor ejemplo al respecto, durante la pandemia se fortaleció más aún el gasto militar, de defensa y seguridad. Los gobiernos y los Estados temen a sus ciudadanos, y a la capacidad de organización de la acción colectiva y la protesta social. Ya antes de la crisis del covid-19 las crisis, sistémicas y sistemáticas, afloraban por doquier. La crisis silenció esa realidad e impuso, a través de la gran prensa, un manto de silencio. El panorama es ciertamente complicado y requeriría de análisis más minuciosos, que permitan enlazar a Chile con Cataluña, a París con Washington, a los campos colombianos con Europa oriental. Pues bien, todo parece indicar que los grandes “tomadores de decisión” (sic) le temen a los análisis detallados y con relaciones directas e indirectas.

Llagan las vacunas, pero el panorama es evidente. La guerra la perdió el así llamado “mundo libre”.

Y mientras tanto, en América Latina, Cuba emerge, una vez más, como la gran reserva de vida, salud y conocimiento para América Latina. A pesar del silencio impuesto y las triquiñuelas de algunos gobiernos, como el colombiano.


Las mil caras de las vacunas y la vacunación

 

La crisis profunda tomó a todos por sorpresa. Ni siquiera los grandes tanques y centros de pensamiento –el Foro de Davos, la corporación Rand, los muchos centros en Europa, los tanques de pensamiento estratégicamente elaborados, situados y relacionados entre sí– vieron llegar la crisis ni supieron a tiempo cómo salir de ella. Se impuso la improvisación, y con ella el desarrollo de las vacunas, como “la” panacea contra la pandemia.

Ciertamente que las condiciones de la sociedad de la información, la sociedad del conocimiento y la sociedad de redes permitió una colaboración y aprendizaje rápido en el proceso de desarrollo de las vacunas. Para enero de 2021 existían 246 de ellas desarrollas en el mundo, y once proyectos que no aparecen aun en lista.

No puede olvidarse, en absoluto, que el desarrollo de las vacunas y su implementación a través de voluntarios fue siempre una medida de emergencia. Ninguna de ellas ha cumplido la tercera fase que es la aplicación en poblaciones diferentes y la espera de diez años para estudiar las reacciones. Las crisis imponen medidas de emergencia y los costos, reales u ocasionales, son “efectos colaterales”. (¡Hermoso todo ese lenguaje!).

La pandemia de 1918 –la llamada “gripe española”– produjo 50 millones de muertes. La pandemia del covid-19 no llega a 3 millones, pero la verdaderamente gran afectada es la economía. Vale recordar que con la pandemia del covid-19 los ricos se hicieron más ricos, las clases medias se vieron ampliamente perjudicadas en el mundo entero y los pobres aumentaron. Basta con leer la prensa de diversos países (por ejemplo, The Guardian en Inglaterra, Het Nieuwsblad en Bélgica, Die Zeit, en Alemania o el Mercurio en Chile; los ejemplos pueden multiplicarse a voluntad en cada país, y con más de un medio).

Digámoslo sin ambages. Necesaria como puede ser, la vacuna no es la solución a la crisis de salud del mundo actual. En primer lugar, porque todo parece indicar que la verdadera razón de la crisis es el cambio climático y la crisis climática, no un pobre murciélago, ni las costumbres alimenticias en Wuhan o el descuido de un pasajero internacional, por ejemplo. La crisis ambiental de origen antropogénico es la verdadera causante de la pandemia de covid-19, algo que no se ha puesto suficientemente de manifiesto debido a que la crisis ambiental cuestiona, finalmente, el más sensible de todos los temas: la revisión crítica de la función de producción. Un tema que para nada aparece en el Foro Mundial de Davos o en escenarios semejantes.

Las vacunas habrían podido producirse más rápido si no existiera el sistema, perverso de patentes. ¿No es curioso que ningún país de América Latina, verosímilmente la gran reserva de la humanidad en varios sentidos, tenga la capacidad de desarrollar vacunas? Con la excepción de Cuba, como está dicho, todos los demás países de la región debieron comprar las vacunas: las rusas, o las chinas o las gringas o alemanas y las que se pudieran. Todo, mientras se implementa, por otra parte, el plan Covax: el Fondo de Acceso Global para las Vacunas covid-19; un fondo creado por los países ricos para beneficio de las economías más necesitadas alrededor del mundo.

Los planes de producción de vacuna, y las políticas de compra y distribución ponen de manifestó, sin la menor duda, el egoísmo como el rasgo dominante: a) de las relaciones entre los países y los gobiernos; b) de las relaciones entre los países ricos y los de desarrollo medio y bajo.

De esta suerte, el derecho internacional, la ética, los discursos sobre políticas de ayuda, todos los organismos de ayuda humanitaria, quedan al descubierto como inútiles y burocráticos. Frente a las transnacionales farmacéuticas y frente a las políticas de los gobiernos, organizaciones como Usaid, la Gtz, la Ace, y tantas otras quedan como lo que son: acciones de buena voluntad, pero inútiles e ineficientes. No existen los amigos en política: sólo intereses nacionales o personales, egoísmo y narcicismo. Un cuadro realista y dramático.


Aprendizajes para el futuro

 

Esta no será la última crisis a escala global. Ya se anuncian la resistencia bacteriana, la crisis y la catástrofe climática y, vaya uno a saber, la eventualidad de una serie de terremotos sucesivos de amplio impacto en el mundo, sin despreciar, incluso, la eventualidad de un meteorito que produzca una catástrofe global.

Pues bien, ante estos escenarios posibles ya sabemos lo que sucederá: es el “sálvese el que pueda” que significa literalmente: los que tengan los medios cuiden lo suyo, y los demás: adiós.

Pues bien, los pueblos, las naciones y los grupos sociales pueden anticipar que esta será la reacción, ante futuras crisis de gran calado de las élites nacionales (“los poderosos”) y los países ricos frente a los más pobres. Y entonces es posible anticipar desde ya acciones colaborativas de vida. Por ejemplo, solidaridad desde abajo, puesto que desde arriba nada vendrá. Preparación de planes de contingencia locales. Mucha solidaridad, amistad, camaradería, ayuda mutua y compasión desde abajo, en los niveles inmediatos, cubriendo las necesidades mientras, eventualmente, llegan ayudas exteriores. Así las cosas, la fuerza de la vida estriba en su sabiduría local, incluso con o apesar de la ignorancia global. Al fin y al cabo, la evolución siempre actúa a nivel local, no a nivel universal.

Exactamente en este espectro, un segundo aprendizaje es determinante: en situaciones de crisis quienes menos necesitan son los más fuertes. Pues bien, el sistema de libre mercado crea necesidades artificiales y todas se resumen en una palabra: consumo. Así, quienes menos necesiten consumir serán en condiciones de crisis los más fuertes. Este aprendizaje no es difícil y sí perjudica a los más ricos y favorece a los más débiles. De esta suerte, paradójicamente, los más fuertes son los más débiles cuando estos necesitan menos cosas superficiales, y saben más de amor solidaridad, ayuda mutua, cultivo de la tierra, cuidado de la salud, y mucho afecto y empatía.

En síntesis: la pandemia del covid-19 permitió poner a plena luz quiénes son nuestros amigos, y quiénes no. Algo que es posible enriquecer con mucha fenomenología. Las crisis sacan lo perverso de cada quien, pero también nos permiten reconocer nuestra propias fortalezas y capacidades y las bondades de quienes son verdaderamente los nuestros. Digámoslo sin ambages: los sistemas militares y de policía, los banqueros y financistas y muchos de los políticos no saben de vida, salud y solidaridad. Basta con una mirada al mundo. Las consecuencias se desprenden entonces sin dificultad.

 

Bibliografía

“Fenomenología de la pandemia”, en: Le Monde Diplomatique, edición Colombia Nº 207, febrero, pp. 8-9. https://www.vfa.de/de/englische-inhalte/vaccines-to-protect-against-covid-19

 

 

Para suscripción:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

Información adicional

  • Autor:Carlos Eduardo Maldonado
  • Edición:277
  • Fecha:Periódico desdeabajo Nº277, marzo 20 - abril 20 de 2021
Visto 641 vecesModificado por última vez en Miércoles, 31 Marzo 2021 21:08

1 comentario

  • Enlace al ComentarioMiguel Ángel MolinaDomingo, 28 Marzo 2021 05:07publicado por Miguel Ángel Molina

    Muchos aspectos señalados por el autor de éste artículo coinciden grandemente con el caso de El Salvador en Centroamerica

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.