Lunes, 26 Abril 2021 16:52

Madre tierra, pachamama, gaya: eje y centro de la vida. La tierra, el gran laboratorio

Escrito por Marxia Suárez de C.
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Madre tierra, pachamama, gaya: eje y centro de la vida. La tierra, el gran laboratorio

La tierra es fundamental para la vida: animal, vegetal y humana. En el suelo las plantas absorben los minerales disueltos en la superficie y transforman la materia orgánica en nutrientes que el cuerpo humano necesita. Como un laboratorio de alta tecnología, en una perfecta ecuación de: tierra + agua + vegetales + animales, crea los oligoelementos, aquel grupo de elementos químicos que participan en muchos procesos de nuestro organismo como, por ejemplo, la digestión, la función respiratoria y muscular o, incluso, la neurovegetativa.

Los oligoelementos son minerales que intervienen en la composición de los organismos vivos en muy pequeñas cantidades, su formación depende de varios factores, la tierra y el agua entre ellos.


Todos los seres vivos estamos formados fundamentalmente de agua, que para el caso de los organismos vivos es el reactivo presente en muchos procesos, así como de minerales compuestos tales como sales, ácidos y bases. Los más abundantes entre ellos tienen fósforo y calcio y sirven en mayor proporción para la formación de huesos y dientes, minerales a los que se da normalmente preferencia como macro nutrientes.


Pero nuestra composición no es exclusiva, al examinar y analizar la sangre que contiene hemoglobina con núcleo del elemento hierro (da el color rojo), constatamos que es hermana de la sangre vegetal –la clorofila– con idéntica fórmula que la sangre pero con magnesio como núcleo (da el color verde), y que presenta los siguientes porcentajes (humanos) de elementos químicos, que componen los minerales: Oxígeno 62.81%, Carbono 19.37%, Hidrógeno 9.31%, Nitrógeno 5.14%, también Calcio 1.38%, Azufre 0.64%, Fósforo 0.63%, Sodio 0.26%, Potasio 0.22%, Cloro 0.18%, magnesio 0.04%, Hierro 0.005%.


Además existen cerca de treinta micro componentes minerales “oligoelementos” en el cuerpo, que tienen valor vital ya que intervienen en reacciones enzimáticas para la supervivencia. Considerados hasta hace poco tiempo como impurezas sin ningún interés, actualmente se conoce que su masa alcanza alrededor de tres kilos en el peso total de la persona, y también se reconoce y valora su comportamiento y utilidad específica. Se presenta un ejemplo con algunos datos de utilidad de los oligoelementos, en la tabla adjunta:

Complementar los requerimientos minerales del cuerpo humano no es difícil, porque se encuentran en cantidad y calidad en la naturaleza vegetal. Sin embargo su producción en laboratorio no siempre arroja el resultado necesario, así evidente en la producción de diversidad de comestibles, con sabores falsos y poco o nulo aporte para el proceso nutritivo humano, lo que al final los reduce a comida chatarra, como son conocidos hoy la infinidad de empacados que se consiguen con facilidad en cualquier tienda de barrio o almacén de cadena.


Distinto a lo pretendido y logrado en el laboratorio de las grandes empresas de este tipo de productos, en la naturaleza encontramos una riqueza mineral diferente. Por ejemplo: el trigo, al procesarlo como harina integral (incluido su germen) encontramos que contiene 63 partes de zinc, 0.2 de cobalto, 6.2 de cobre, 1,75 de cromo, 30 de hierro y 0.12 de magnesio.


Distinto sucede cuando la harina se refina, arrojando valores totalmente inferiores: 10.5 partes de zinc, 0.07 de cobalto, 0.63 de cobre, 0.23 de cromo, 9.1 de hierro y 0.021 de magnesio; con una disminución del 80% de estos nutrientes.


La “gran imaginación” de los humanos, ante este cambio y la reducción en composición y propiedad de los productos naturales es tratar de compensar vía laboratorio, a través de vitaminas, lo perdido por los productos naturales tras su manipulación industrial o en laboratorio.
Otro ejemplo. El azúcar morena de caña tiene 52 partes de calcio, 870 de cinc, 40 de cobalto, 44 de fósforo, 4 de hierro y 230 de potasio. Por su parte la azúcar refinada (blanca) considerada dañina, tiene: 5 partes de calcio, 20 de cinc, 1,0 de fósforo, 0.1 de hierro y 0.5 de potasio.


Más allá del procesamiento de minerales y vitaminas en laboratorio encontramos que en todo momento el cuerpo humano cuenta con oligoelementos (elementos traza), que sin jarabes o pastillas se integran a él; estos minerales están presentes en la humilde tierra de todo suelo, en cantidades variadas en minerales, piedras, arcilla, arena, que serán asimiladas por los vegetales y llegan a nuestro organismo una vez los consumimos.


Por todo ello, podemos decirlo de otra manera, es importante el análisis de la presencia de minerales en animales y personas para comprender el proceso perfecto del laboratorio de la vida, para cumplir sabiamente con la composición ideal físico-químico-biológica de la manutención de la existencia: en el crecer, vivir y madurar. Los mensajeros oportunos que logran entregar estos nutrientes al organismo son los vegetales, que procesan los minerales de su estructura inorgánica a orgánica, asimilable y útil para los seres vivos.


Como vemos, apenas se ha iniciado la comprensión de la interacción exacta entre energía y materia, que permite la fabricación de alimentos en las plantas verdes. La sustancia verde clorofila, convierte la energía lumínica en energía química. Previamente los minerales incorporados al vegetal son solubilizados y disueltos por el agua, lo que les hace asimilables tanto para el vegetal como para el animal.
Es un proceso admirable: la energía lumínica/radiante, se reparte en suelo y plantas. Estas fabrican alimentos de calidad, el ganado se alimenta de plantas y genera leche, carne, huevos… que es consumida por el ser humano gracias a lo cual existe.


Todo este maravilloso y científico proceso se cumple cronométricamente en la naturaleza, que tiene como base y sustento la madre tierra, que oscura y silenciosa yace en el terreno sin poner límites a su ofrenda de vida. Lamentablemente, también se agrede a su pureza y generosidad al ir alterando su composición, textura y apoyo, con fertilizantes químicos que limitan y modifican las siembras, de acuerdo al afán de producción y cambian la composición sabia y propia de la tierra.


Sin desconocer el potenciar que la ciencia ha logrado en diversidad de campos y su aporte a la conservación y mejoramiento de la vida misma, y en ella todo nuestro proceso alimenticio, es indispensable volver, como nuestros ancestros, a honrar la naturaleza en toda su magnificencia, manteniendo una vida digna entre nosotros y agradecida con la madre tierra que es la base del sustento de la vida.


Recuadro


La Tierra, nuestra casa común


Para todas las personas la Tierra, el planeta en que vivimos, es el más importante. Está en tercer lugar en el sistema solar, es el más pesado y denso de los planetas pequeños. Se encuentra a suficiente distancia del sol de modo que no le quema ni calcina, y sí brinda su calor para recibir energía, y así para poder vivir. Es por ello que podemos decir, que la Tierra es un trocito derivado del Sol, fragmento estelar de él.


Por su volumen, la Tierra retiene a la atmósfera a su alrededor, con el conjunto de gases que la forman y que tienen condiciones especiales para el desarrollo de la vida, que termina siendo una especie de escudo aéreo invisible, que nos nutre y protege contra toda clase de radiaciones.


En la vitalidad de la naturaleza encontramos la corteza terrestre, la parte sólida superficial del planeta; con amplios espacios visibles aptos para cultivos y otros usos. Su inadecuado uso, con agrotóxicos, por ejemplo, termina por eliminar o reducir su potencial, envenenando el cuerpo humano, una vez ingiere los vegetales allí sembrados, en vez de alimentar. Inadecuado uso que también es evidente cuando, por ejemplo, se explota para extraer los minerales que allí reposan, dejando al final tierra arrasada, infértil.


Como se recordará, el 72 por ciento de su superficie está cubierta de agua, con ríos, mares y océanos. La inadecuada apropiación de estas águas también atenta contra la vida. Aguas contaminadas, repletas de desechos químicos, como de basura en general, terminan por destruir la misma tierra, reducir el potencial vital que representa para la agricultura y, en general, para todo el ciclo vital.

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