Sábado, 26 Junio 2021 18:37

Viviendo en la primera línea*

Escrito por Felipe Martínez
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Viviendo en la primera línea*

“Aquí una vez llegó un carro rojo disparando, le pegaron a un amigo en la cabeza y lo dejaron muerto, nosotros fuimos a recoger el cuerpo y logramos que el carro se fuera a punta de rocazos, pero después volvieron disparando y ahí si nos tocó salir a correr. Vos no me lo vas a creer, pero… –en ese momento duda si contarlo o no– se bajaron, montaron el cuerpo y lavaron la calle para desaparecer la sangre”.

De este calibre son las terribles historias que escuchamos en nuestro corto viaje de tres días a la ciudad de Cali a finales de mayo. En medio de las barricadas artesanales que bloquean las principales avenidas de la ciudad, nos fuimos acercando a los jóvenes populares que hacen parte de la primera línea, y que, aunque no ocultan su recelo y desconfianza con quienes llegan a conocer su experiencia, pudimos conversar con ellos y ellas, y así entender un poco lo que implica la vida en la primera línea.

 

Fotografía Felipe Martínez

 

La juventud que dijo: ¡ya basta!

Seguramente ninguna organización de las que integra el Comité Nacional de Paro –CNP– se imaginó que su convocatoria a la parálisis y protesta nacional del 28 de Abril, alcanzaría eco y masiva sintonía entre cientos de jóvenes pobladores de las diversas barriadas populares que forman las ciudades colombianas, con especial repunte en Cali.

Seguramente que esos jóvenes nunca serían considerados como un actor político, mucho menos con capacidad para marcar la diferencia en la actualidad, pues como era evidente a simple vista no estaban organizados como lo manda la tradición política, y no integraban ninguna plataforma o movimiento social o político que pudiera mostrar algún potencial.

Seguramente estos habitantes de las barriadas, de las periferias urbanas, desclasados, desempleados, en rebusque permanente, integrantes en no pocas ocasiones de las llamadas pandillas, siempre fueron vistos y tachados como los “ñeros”, “viciosos”, “barristas”, “ladrones” que nunca construirían un escenario de resistencia popular. Pero la vida sorprende y alecciona. Hoy son esos sectores excluidos, despreciados, los miserables, los ninguneados que han vivido la vida en medio de la precariedad, en ambientes delincuenciales, que en las estadísticas se les nombra como “ninis”, quienes enfrentan con más furia a la Policía y a las fuerzas paramilitares que atacan continuamente la movilización social.

 

Fotografía: Felipe Martínez

 

Son ellos, quienes junto a otra multiplicidad de juventudes (estudiantes, trabajadores informales, profesionales sin oportunidades laborales, artistas, deportistas, activistas sociales, desempleados, entre otros) hoy toman la cabeza del levantamiento popular juvenil urbano, y bajo el nombre de primera línea, son quienes han puesto la mayoría de muertos y quienes insisten en mantener los bloqueos permanentes o puntos de resistencia en la ciudad de Cali.

Cuando escuchan la pregunta, ¿y cuándo levantarán el bloqueo? Responden sin duda alguna con sus rostros que no van a retirarse de los puntos, que allí es donde han construido una vida diferente, donde dijeron ¡ya basta! de tanta miseria y precariedad. En esa resistencia es donde podemos observar lo que hoy parece ser una frase cliché “son jóvenes que no tienen nada que perder”, pero que cuando son abordados en un diálogo entre iguales se comprueba de inmediato que es cierto, que en efecto están dispuestos a morir, de ser necesario, todo sea por y para conseguir una vida digna para todos y todas.

Paso del comercio o “Paso del aguante”

Caminando entre los distintos puntos de resistencia que animan la vida del norte de la ciudad llegamos al Paso del comercio hoy rebautizado “Paso del aguante”. Allí, como en el resto de puntos, la brutalidad policial, militar y paramilitar ha sido permanente. Los jóvenes que se atreven a mantenerse en el escenario han vivido un tratamiento de guerra nunca visto en las ciudades colombianas, ejemplo de lo cual fue la denuncia de la Red de Derechos Humanos Francisco Javier Ocampo Cepeda, quienes documentaron que el pasado 4 de junio se realizó un “operativo combinado entre la Policía nacional, Esmad, Goes y Ejército en contra de los manifestantes y la comunidad del sector, que dejó el lamentable resultado de 4 jóvenes asesinados por arma de fuego, más de 20 heridos, uno de gravedad, más de 15 jóvenes aprehendidos arbitrariamente, detenciones ampliamente ilegales por el uso desmedido de la fuerza, tratos crueles y degradantes a los que fueron sometidos, tres allanamientos arbitrarios, prensa agredida y amenazada, misiones médicas atacadas, desapariciones forzosas y hostigamiento permanente a la comunidad”.

 

Fotografía: Felipe Martínez

 

En este punto, sin pretenderlo, un joven encapuchado se nos acercó y comenzó a contarnos su historia en esta coyuntura, no hubo necesidad de hacerle muchas preguntas para que su palabra nos hiciera comprender lo que está pasando:

“Ponernos en pie de lucha para que nuestro gobierno nos escuchara se convirtió como en un pecado capital porque nos comenzaron a oprimir, a restringirnos nuestra opinión, a desaparecernos nuestros amigos, a matarlos delante de los ojos de muchas personas (madres, amigos, hermanos), tenemos personas que en este momento no figuran ni en las morgues de Cali, están apareciendo fosas comunes a las afueras de la ciudad. Todo esto ha llevado a que la rebeldía del pueblo y la ira nuestra surja cada día más.

A medida que el gobierno no escucha y hace caso omiso, la policía, las fuerzas que nosotros considerábamos que nos protegían de todo lo malo y perverso que podía suceder, se volvieron todo lo contrario, ahora no sabemos quién está de parte del pueblo, quién nos ayuda, quién nos brinda un apoyo.

Los puntos de misión médica que tenemos en las resistencias aquí en Cali (Paso del comercio, Sameco, Puerto Rellena, Juanchito, Calipso, y muchos otros más) son puntos de control ante un genocidio que estamos viviendo los jóvenes que solo buscamos un futuro. Y si esto se va a volver una masacre, no sé a quién pedirle ayuda, no nos quieren escuchar realmente y todos los días son una zozobra porque todos los días hay muertos y no sabemos a quién acudir”.

Siempre atento a lo que ocurre en la zona de su control, este joven de unos 25 años y que prefiere ser anónimo, continúa contándonos su indignación que estaba urgida de un oído atento. Ante la pregunta, ¿Cómo es vivir un día en la primera línea?, respondió con crudeza:

“Para muchos que prestamos el servicio militar y tenemos experiencia de guerra o de combate son 12 horas, casi 24 de pelea. Pasas días sin dormir, sin poder ir a tu casa, protegiendo a tus amigos, tratando de ayudar a la gente que lo necesita, resistiendo en los puntos de control que la policía quiere tomar a las malas. Vivir tras la primera línea de fuego es prácticamente combatir, como lo que tú ves en televisión, como la guerra en Palestina, la franja de Gaza, es lo mismo, pero a un nivel más bajo de violencia porque no se tienen los recursos para poder sostener un combate contra el Esmad, sino con productos artesanales y las mismas guevas que nosotros los jóvenes estamos poniendo frente a toda esta masacre que ellos prolongan. Aquí un minuto es una hora, un segundo es eterno, sinceramente mucha gente peligra, muchos dejamos de trabajar para que esto se organice y la primera línea cree una conciencia en todo el país”.

Cuando termina su respuesta, inmediatamente le preguntamos ¿Quiénes son los jóvenes que están en la primera línea? Se queda un momento en silencio, respira profundo y con contundencia responde:

“Mirá, son personas de estrato 1, 2 y máximo 3, personas que tenían un empleo, que vivían de un mínimo, personas que vivían de la calle, en los semáforos, que tenían que cumplir un horario, personas del común. No son delincuentes –resalta con firmeza–, de pronto los podrán llamar delincuentes y vándalos por acciones que ellos mismos toman debido a que la autoridad los ataca y atentan contra su vida, pero son personas como vos o como yo, que tenemos sueños, que tenemos derechos, también tenemos deberes, pero es que no sentimos que estemos en igualdad de muchas personas y pues todo tiene que ser parejo, una educación, salud, todo tiene que ser equilibrado, debe haber recursos para que los jóvenes salgamos adelante, este es un país que tiene como hacerlo, pero no quieren y no entiendo el por qué”.

 

Fotografía: Felipe Martínez

 

Puerto Madera

El punto de resistencia levantado en Puerto Madera también ha sido uno de los más golpeados y donde la ofensiva policial ha cometido los crímenes más atroces contra la juventud, solo basta recordar el denunciado por la comunidad centro de tortura en que se convirtió el almacén Éxito de Calipso, en donde muchos testimonios, llenos de miedo y terror, nos denunciaban en voz baja que allí descuartizaron jóvenes. Los barrios populares que componen este sector de Puerto Madera son San Pedro, Diamante, Julio Rincón y Calipso.

Allí, en medio de las barricadas llenas de vecinos y vecinas, ollas comunitarias y música, conocimos a Luclau, una mujer joven líder comunitaria, quien nada más viendo las marcas que carga en su cuerpo puede notarse la vida dura que ha sobrellevado. Es oriunda del barrio Julio Rincón, con respecto al cual nos dice fue tomando forma a partir de una lucha popular potenciada por Provivienda, una organización popular cuyo nombre resume su propósito sin tapujos, y “por eso la comunidad se ha hecho afín con la protesta y la ha apoyado”.

Luclau nos cuenta sobre lo difícil que ha sido vivir esta coyuntura, así como las cosas bonitas que se dan en medio de la resistencia de los jóvenes populares, o “los muchachos” (como denominan a lo largo y ancho de la ciudad a la primera línea), también habló de la unión vecinal en el punto de bloqueo:

“Mirá, una cosa que no se habla es que en los primeros días del paro aquí hubo siete muertos, pero el gobierno municipal solo habló de uno. Aquí la gente está con mucho miedo y nadie ha venido a hablar con nosotros, ni el gobierno municipal o nacional, mucho menos el Comité del Paro.

En el día a día la comunidad colabora todo el tiempo, se acerca mucha gente a brindar la alimentación, no recibimos nada preparado, todo se prepara directamente en una olla comunitaria y los jóvenes están enumerados para poder llevar un orden y saber quiénes faltan, porque por temas de seguridad no se puede estar gritando aquí por nombres.


Aquí hubo algo muy bonito y es que los mismos muchachos que tenían enfrentamientos entre pandillas hicieron una tregua de paz, eso nos tocó mucho y verlos ahora juntos es esperanzador.

Hay días que la comunidad sale y apoya, pero después de las 8 de la noche se vive una zozobra, hay gente que dice que es una “paz tensa”, un silencio que lo rompen las balas que vienen desde el sector del Éxito de Calipso, allí hay una concentración de policías que nadie nos ha dado una explicación de por qué el supermercado permite que ahí viva la Policía permanentemente”.

Luclau nos hace un recorrido por todo el punto y nos lleva a conversar con “los muchachos”. Fumando cigarrillo, sentada junto a otros jóvenes primera línea, encontramos a #34, una joven menudita que se anima a darnos su relato como mujer en este proceso de resistencia:

“En este momento estamos timbrados, asustados por lo que está pasando, porque aquí vienen las “personas de bien” a dispararnos, sabiendo que aquí no estamos haciendo nada malo, estamos en una protesta pacífica, aquí no hay ningún problema, no se te cobra peaje, a nadie se le cobra nada. Si la gente quiere dar dinero nosotros le decimos ‘más bien tráiganos una gaseosa, pero con dinero no’.

Nosotros estamos mirando que está pasando, nosotros no vamos a bajar la cabeza, esto no se va a acabar, vamos a seguir hasta que veamos un cambio. En este momento tenemos muchos desaparecidos en el Éxito y no nos han respondido por ninguno… desde antier no aparece una peladita que es una guerrera que todos la conocemos y le tenemos aprecio y se la llevaron para el Éxito y no aparece, nadie sabe de ella.

¿Ser mujer en la primera línea? Principalmente ha sido un reto. Cuando yo me encapucho parezco un niño, entonces me empiezan a gritar “mano no sé qué o socio por aquí”, pero entonces cuando ven que me quito la capucha porque estoy asfixiada cuando hay mucho gas y se dan cuenta que soy una mujer entonces todos quedan como asombrados y dicen ‘¡uy! ¿una mujer aquí en primera línea dando la lucha?’, eso es una cosa que no podría explicarte, al igual que lo que sientes cuando estás ahí en pleno combate y vas corriendo y puedes ayudar a salvarle la vida a alguien o no digamos salvarle, mejor alargarle la vida un poquito más.


Después te vas dando cuenta que ya no tenés conocidos, sino una familia, porque eso somos ahora, hermanos capuchos que nos cuidamos unos a otros y para eso es la primera línea, para no dejar morir a nadie. Ver que conozco tantas personas aquí que sé que en cualquier momento me van a servir de mucho apoyo y no me van a dejar morir, es un sentimiento muy bonito que llena también de tristeza a la vez, ¿no? Porque a veces también de la nada llegan personas llorándote y diciéndote ¡gracias! por haberlo cubierto en algo que es una guerra totalmente ilógica”.

El sol va bajando y la temperatura gana algo de fresco, los jóvenes conversan y se ríen a carcajadas, alguno ya nos tiene listo un casquillo de una bala que les dispararon la noche anterior para que le tomemos una foto. El cigarrillo se consume, #34 lo aspira profundo y soltando el humo culmina su relato de una manera completamente asombrosa:

“Yo soy madre, soy hija, soy hermana y estoy muy consciente que no le puedo dejar el país así a mi hijo, ni mucho menos el barrio donde va a crecer, donde se va a criar y a conocer mucha gente. A mí siempre me ha gustado mucho ayudar a las personas, siempre velo por el bienestar de las otras personas y después por el mío, entonces mientras mis compañeros y mi familia (que es este país) estén bien yo voy a estar bien”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 


Puente de las mil luchas

La diversidad de las primeras líneas es tal que en las barricadas es común encontrar también personas transgénero, homosexuales y lesbianas, allí nadie discrimina por orientación sexual. Así mismo, las mujeres en todo este ejercicio se han posicionado de una manera que todos los hombres con los que hablamos las admiran por su valentía para enfrentar la represión.

En el Puente de los mil días, hoy bautizado como “Puente de las mil luchas”, conocimos a La ratona, una mujer asombrosa, que con su voz fuerte y animada reflejaba el papel que las mujeres tienen en todos los puntos de resistencia. Luego de pasar sus esquemas de seguridad y verificar la existencia del periódico desdeabajo, sin problema accedió a darnos la entrevista:

“Bueno, este puente literalmente se llama ‘de los mil días’ ¿ya?, pero se le ha cambiado por el “Puente de las mil luchas” Este punto salió exactamente con el apoyo de casi todo lo que es Distrito. Esta parte del norte y del oriente que no se siente, que es la trabajadora, la que tiene que empezar totalmente desde abajo, la que le quitan lo poco y nada que tiene, la gente de acá tiene que rebuscársela porque no hay forma de un estudio, porque hasta los colegios públicos que existen por acá se vuelven privados. Entonces, de acá surge este punto, este lecho de todos esos pelados guerreros, esos chinos que tienen que volverse carpinteros sabiendo que quieren ser ingenieros, pero les toca, porque no hay opción, porque no hay estudio que les pueda dar esa garantía de poder explotar eso que tienen, ese conocimiento que pueden dar”.

Al preguntarle ¿Cómo es la cotidianidad de un día normal en la primera línea?, responde con sinceridad:

“Bueno, un día normal en la primera línea es levantarse desde las seis de la mañana, hora en la que normalmente llegamos al punto, y reunirnos todos y saber que siempre viene la policía a molestar en las mañanas, siempre, esa es la hora en que ellos quieren venir a quitar las barricadas, a pelear con uno, entonces siempre se presenta como ese va y ven. De ahí empezamos con la cocina, empieza el acto cultural, eventos para los niños, canto, dibujo y demás. Entonces, siempre empieza la mañana así; ya se hace la concentración completa, llegan más eventos y mientras tanto nosotros somos como la protección del evento, porque ha sucedido el caso de tener un evento en vivo aquí, con niños, familias y sin importar llegan civiles por esta vía a hostigar, a balear, entonces nos ha tocado a nosotros contener, tener la protección de todos los puntos mientras nos desplegamos, y pues poder formarnos así.

[…] aquí las noches son pesadas, muy pesadas, porque las condiciones del punto no son muy seguras, nos pueden atacar por muchos lados, entonces uno sabe que aquí tipo 5:30 a 6:00 de la tarde ya uno se va preparando, ya la moral le va subiendo, uno dice: ‘bueno ya se aproxima la hora y vamos a hacerle’”.

Mientras conversamos el ambiente aún no está pesado, como lo califican cuando se acerca o hay confrontación, quienes integran la primera línea descansan o cumplen de manera tranquila con sus funciones. Nosotros miramos sobre todo el entorno, y sentimos la tranquilidad, como vemos en los ojos de nuestra entrevistada la sinceridad con que nos narra sus vivencias, que son las de otros muchos. Y proseguimos:

¿Cómo ha sido su experiencia como mujer en esta primera línea?

“¡Uy!, cómo mujer en esta primera línea ha sido como complicado porque siempre una tiene esa confrontación con el hombre patán, con el hombre machista, de no, pues entonces déjame pasar y todo y pues armarse una de valor y así le peguen un bofetazo vamos a ver quién aguanta más. Entonces, siempre ha sido como ese carácter de mujer así guerrera y el de siempre salir como adelante, esa experiencia acá ha sido muy bacana porque una conoce muchas personalidades y muchos sueños, ¿sabes?, y eso lo motiva más.

La experiencia como mujer ha sido brava, aquí hay mamás, madres cabeza de hogar jóvenes que no han podido encontrar futuro. Entonces, es ver esa unión entre todos aquí, ha sido muy bonita, la experiencia ha sido hasta bacana porque literalmente uno conoce muchas personalidades y aquí hay muchos sueños, demasiados, detrás de esas barricadas, detrás de esos escudos, detrás de esos tapados, detrás de estas máscaras hay un millón de sueños y es bonito conocerlo y saber que todos los días una se para aquí por el sueño de uno y el de cada uno, eso es bacano, ha sido una experiencia muy chévere”.

Las horas pasan y al fondo de donde estamos situados realizando la entrevista algunos jóvenes van fortaleciendo las barricadas, agregando palos, varillas, piedras y todo lo que se encuentran; otros intentan tumbar un poste, suenan radios que informan lo que sucede en otras partes del puente; así mismo, como es viernes, la música empieza a sonar y muchos jóvenes comienzan a bailar salsa. En ese momento le preguntamos a La ratona sobre la coordinación entre puntos de resistencia:

“Bueno, la coordinación empezó desde que se vio dominado cada punto y se vio totalmente estable, que se sostenía, iba la gente, estaban parando y la cosa iba en serio, entonces comenzamos a tratar de contactarnos con las personas de primeras líneas, ya entre nosotros empezamos a hablar y pues consideramos que ya somos bastantes puntos y de ahí se escoge uno o dos voceros que vayan en representación a las reuniones de todos los puntos. Así empezamos, digámoslo así, a concordar qué vas hacer de evento, cómo están allá, mirá, los muchachos se perdieron, los cogieron y así. Nos mantenemos comunicados para llevarnos ayuda, para decirnos “no, pues mandá, mirá por donde aparecen o busquémoslos”, y así miramos cómo nos encontramos entre todos. Entonces, ha sido más que todo eso, una comunicación hasta para nuestra seguridad”.

El diálogo fue fluyendo y las preguntas también: ¿Cómo aprendieron a luchar y a aguantar toda la represión?

“Yo creo que… no sé, eso se fue aprendiendo cada día, a dar el aguante, a mirar que cada día habían más desaparecidos, más daño nos estaban haciendo, pero que de pronto podíamos, ahorita sí, este fue el momento, este fue el boom de la generación y dijimos pues vamos a hacerle. Literalmente aquí, mirá, fueron muchos instructivos la verdad, porque uno, como las demás personas, ve cómo nos podemos levantar lo que vamos necesitando: las personas que manejan los escudos, muchachos hagamos esto, miremos cómo es que se para, así se hacen los escudos. Aquí hay universitarios que conocen de muchas cositas que han estudiado, entonces dicen: no, así no, vení hagamos esto y esto va así. Entonces, ha sido como ese tipo de aguante, aquí realmente nos hemos ido construyendo poco a poco. Bajo conocimiento propio. Así. Literal”.

Para cerrar la entrevista, le preguntamos sobre el futuro que deseaba y esperaba, y ahí fue cuando nos percatamos que esta juventud tiene claro hacia dónde va caminando, y tiene esperanzas y disposición para lograr y vivir un futuro mejor:

“¿Qué espero que pase? –se asombra– ¡Uy!, yo quiero que, o bueno, esperaría que literalmente fuera una Colombia nueva, que en serio ya dejemos que soñar con ir al extranjero a cumplir un sueño y estudiar, sino que el sueño lo cumplamos aquí, que estudiemos aquí, que nos preparemos aquí, que no tengamos que separarnos de la familia simplemente porque aquí el país no da. Me gustaría que hasta del extranjero vinieran a estudiar aquí; que dijeran ‘allá en Colombia es donde tengo que estudiar porque me quiero volver profesional’, y no que nosotros tengamos que pensar en tener que salir, porque nos toca, porque el Estado nunca da garantías de nada. Yo soñaría demasiado, por lo menos que mi familia, que tengo en el extranjero, empezando por mis sobrinos y mi papá, volvieran y acá se pudiera hacer una vida totalmente estable. Eso me gustaría, que aquí se sintiera que esto es Colombia, que lo que quizás hablan mal allá de Colombia lo borremos con todo lo bueno que podemos dar, eso, que digan, Colombia, un país berraco, esos hijuemadres se pararon durísimo por lo suyo y vea ahorita lo que son”.

Asentimos con la cabeza a su respuesta, y sentimos que compartimos su sueño, que es el de todos y todas en este país: que algún día, ojalá más temprano que tarde, podamos gozar de una vida en felicidad, que podamos satisfacernos por vivir en dignidad, que si alguién tiene que migrar no lo haga por falta de empleo o por falta de un cupo en la universidad, que nadie tenga que dejar a los suyos para irse a rebuscar más allá del mar para levantar los pesos para la comida. Nos colocamos en pie, y le damos gracias por su franqueza, por permitirnos conocer algo de su vida, así solo sea los pasajes de los días más recientes. Y partimos en procura de ser recibidos en otro punto de bloqueo.


Imaginando otro país, luchando por conseguirlo

 

Lo que pudimos observar en las visitas a los diferentes puntos, es que cada uno tiene su dinámica, al tiempo que están coordinados. En los puntos a los que ingresamos vimos a jóvenes llenos de esperanza en medio de sus dificultades, aprendiendo de su intensa experiencia, y con ganas de dar mucho más.

Sus exigencias y demandas son muy diversas, y por lo general poco desarrolladas, debido, en lo fundamental al constante hostigamiento a que están sometidos, el mismo que no les permite concentrarse y generar sus propios espacios para construir sus agendas. Estos son jóvenes que inicialmente la pelearon por tumbar la reforma tributaria, pero de ahí se han ido generando otras exigencias y peticiones que con el paso de los días la sociedad en general, y la juventud en particular, comienzan a procesar y a desarrollar.

Las primeras líneas van tejiendo mecanismos de comunicación y discusión propios, al parecer empieza a surgir propuestas de articulación nacional, las cuales van por fuera de los movimientos sociales de izquierda y de escenarios políticos como el Comité Nacional del Paro.

Una realidad dura y aleccionadora. Aunque el CNP llegue a una negociación y declaren que el paro se terminó, estos jóvenes populares que están movilizados en las calles de Cali difícilmente abandonarán su lugar, ellos están exigiendo otros tipos de negociación, otro tipo de lugares para ser escuchados. Estamos ante el surgimiento de un nuevo actor político popular en el país; seguramente serán ellos y ellas quienes, dándole vida a otras formas de organizarse y luchar, tal vez sin las condicionantes del tiempo electoral o similares, continúen resistiendo en exigencia de un nuevo país. Llega un tiempo de inmensos retos y de intenso aprendizaje.

 

* Integrante del equipo desdeabajo y del colectivo Loma Sur. Este artículo contó con la colaboración de Sebastián Delgado, quien se encargó de transcribir parte de las entrevistas.

 

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Información adicional

  • Autor:Felipe Martínez
  • Edición:Edición especial Nº 280
  • Fecha:Periódico desdeabajo Nº280. Edición especial
Visto 205 vecesModificado por última vez en Lunes, 28 Junio 2021 16:25

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