Lunes, 30 Agosto 2021 15:42

El covid: muchos interrogantes

Escrito por Galeno Galilei
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El covid: muchos interrogantes

Tras un año y medio de crisis pandémica propiciada por el covid-19 son muchas las sombras, ocultamientos y contradicciones desprendidas por la misma. Por ejemplo, el éxito de la crisis sanitaria causada por el covid, no se hubiera alcanzado sin 3 columnas que sostienen el discurso único sobre la pandemia: 1. Los gobernantes que recortan las libertades individuales y siguen la receta del FMI; 2. Los medios de comunicación que mediante un bombardeo propagandístico feroz aterrorizan a la población, hoy con la cepa Delta, mañana con la Lambda y así sucesivamente , 3. La OMS, que a modo de Ministerio de Salud Mundial, aporta el sustento “científico” que justifica un discurso único, que elimina todo debate, todo testimonio de autoridades sanitarias o científicos de reconocimiento mundial que cuestionan, o contradigan la versión oficial.

Estamos ante el imperio del discurso único. Se acallan todas las voces disidentes. Todos los médicos que aparecen en la televisión, acompañan la versión del “Ministerio de la Verdad”, muchos de los cuales no declaran el conflicto de intereses con la industria farmacéutica. La narrativa oficial no se cuestiona. Las instituciones no abren ningún debate: no hay contraste, no se visibiliza la diversidad de opiniones que surgen en la comunidad médico-científica. La “policía del pensamiento” está presta a actuar, los chequeadores de la verdad castigan sin piedad a quien se atreva a cuestionar la versión oficial.

Para llegar a este punto, el recorrido ha sido largo: empezando por la creación y control, por parte de las industrias farmacéuticas de las más importantes revistas médicas del mundo, convertidas en fuente académico-científica para las facultades de medicina del orbe. Y continuando con el logro invaluable para los intereses farmacéuticos hegemónicos, con el control de la educación médica en Estados Unidos por parte de David Rockefeller y Carneagie a partir de 1917 cuando su empleado Abraham Flexner produce un informe mediante el cual recomienda cerrar facultades de medicina enfocadas en la terapéutica con plantas medicinales o medicinas homeopáticas. Todo ello, aunado a la financiación de instituciones educativas le permite a la naciente industria farmacéutica monopolizar la producción científica médica.

Después de la Segunda Guerra Mundial se crea la OMS, financiada hoy en día por la todopoderosa Industria Farmacéutica (léase: Blackrock, Vanguard, State Street, Fidelity), y por extensión su control, con lo cual consiguen cambiar la definición de pandemia y logran la pauta para su manejo, la que termina aceptada y obedecida por todos los países del mundo con excepción de Suecia y algunos pocos estados africanos. Recuérdese que desde 2009 para la la OMS se “ llama pandemia a la propagación mundial de una nueva enfermedad”, pero que para antes de esa fecha además de la propagación –mundial– tenía en cuenta que la mortalidad fuera grave.

Como expresión de su poder, en enero de 2020, a una velocidad increíble, publican en una revista de investigación científica el trabajo sobre RT-PCR de Drosten en Berlín, sin ser revisado por pares, y acogido en pocos días por la OMS para ser utilizado en todo el mundo como prueba de la existencia de la enfermedad covid-19. Todo ello pese a que Mullis, creador del RT-PCR, merecedor del premio Nobel por su descubrimiento, fue enfático al declarar que no es útil para diagnosticar infecciones, ya que es un dispositivo de investigación; vale decir que sin esta prueba tampoco hubiera sido posible generar la crisis sanitaria. (ver recuadro, “La manipulación con las PCR”).

Con tratamientos opuestos poco afortunados. Es así como desde el punto de vista terapéutico el mandato de la OMS recomienda negar el tratamiento médico en los primeros días de la enfermedad, con ello, con el paso de los días, consiguen que los mayores de 60 años, los obesos, los hipertensos y los diabéticos, agraven su condición clínica, momento en el cual deben ser hospitalizados, con resultados desgraciadamente poco exitosos.

Un proceder médico decidido sin las correspondientes pruebas empíricas. Increíblemente en las primeras semanas de la pandemia en ningún país se hacían autopsias, confiados en las pocas que hicieron los médicos en Wuhan. Tocó esperar hasta que los patólogos italianos efectuaron estudios postmortem, descubriendo la fisiopatología de la enfermedad: se trata de una patología sistémica caracterizada por la inflamación y la coagulación de la sangre en los vasos sanguíneos.

Con esta verificación a la mano distintos grupos clínicos fueron conformando protocolos de tratamiento precoz, para hacer en casa, evitando las complicaciones de la enfermedad y, en consecuencia, evitando la hospitalización del paciente. Tal es el caso del Dr. Peter McCullough cuyo trabajo de investigación fue publicado en Reviews in cardiovascular medicine el 1 de enero de 2021, revista de gran reconocimiento científico pero, que si hablaba de su trabajo por medio de un video ‘colgado’ en Youtube, por ejemplo, sería censurado. Su protocolo se basa en medicamentos posibles de conseguir en cualquier farmacia.

Todo un avance para atender de manera efectiva la crisis de salud pública suscitada, reducir los padecimientos de los pacientes y obtener mejores resultados. Esto para no hablar de alternativas como el Dióxido de cloro (CDS), cuyo uso fue aprobado exclusivamente en Bolivia gracias a la presión de organizaciones populares y sindicales. En el resto del mundo el Dióxido fue satanizado gracias a la labor de los fact check financiados por el Instituto Poynter de la Florida que cuenta con el apoyo de Google, la Open Society de Goerge Soros, la Fundación Bill y Melinda Gates, entre otros “filántropos”.

Transcurridos estos meses, y observada la forma como las más poderosas instituciones han conducido esta crisis, es posible aseverar que toda la estrategia conduce a un relato oficial en el que no hay tratamiento para la enfermedad y la única salida posible es mediante la vacunación compulsiva de la mayor parte de la humanidad.

Las mal llamadas vacunas (mal llamadas porque no cumplen la definición de producir inmunidad), fueron fabricadas en un tiempo récord, se saltaron la experimentación en animales, el periodo de observación de sus efectos fue de unos pocos meses, así que nadie sabe, con toda seguridad, los efectos secundarios a largo plazo. Es necesario recordar que estas se encuentran aún en la fase 3 de experimentación, la cual finaliza en octubre de 2022 para la de Pfyzer y para otras en marzo de 2023, por lo cual ninguna vacuna ha sido aprobada por ente alguno de control; solamente se autorizó el uso de emergencia.

Al ser así, lo evidente es que el establecimiento está ocultando a la población los efectos secundarios inmediatos que pueden producir las ahora llamadas vacunas, tales como, infartos, trombosis, enfermedades del sistema nervioso, entre otros. Para las instituciones sanitarias estos eventos son mera coincidencia temporal, descartando toda relación causa-efecto en este tipo de biológicos.

Un efecto que no es de menor cuantía. Se calcula, por ejemplo, que el número de muertes en Estados Unidos por causa de las vacunas, y hasta julio del 2021, está entre 11.000 y 45.000. Muertes minimizadas: cuatro décadas atrás, en 1976, ante las 27 muertes causadas por la vacuna contra la gripe porcina (H1N1) se detuvo la vacunación y el presidente Gerald Ford tuvo que aceptar la renuncia de algunos de sus colaboradores; claro que en esa época habían periodistas de la talla de Mike Wallace, quien en su programa “60 minutes” denunció el fraude de la vacuna.

Estamos, por tanto, ante un proceder médico que reluce por sus maniobras poco claras, pero también por sus vaivenes, palos de ciego y contradicciones. Tómese en cuenta, como evidencia de ello, que las anunciadas dos dosis de algunas de las difundidas vacunas ahora, ante las nuevas formas que va asumiendo el virus, han pasado a ser tres. Como el virus en tanto agente patógeno no cejará en su evolución, y en tanto las vacunas no lo sean a plenitud, es necesario preguntar: ¿cuántas nuevas dosis aplicarán?, ¿cada seis meses habrá una nueva pócima? ¿o será cada año? ¿Por cuántos años?

Una realidad también extendida a lo conocido como inmunidad de rebaño, propósito ante el cual los expertos también fallaron: al comienzo decían que se lograría inoculando al 70 por ciento de la población, porcentaje ahora incrementado al 90. Lo cierto es que mientras las vacunas permitan la infección o no interrumpan la transmisión del virus, es evidente que este propósito nunca será logrado.

Una pandemia, por tanto, con fundamento real pero propiciada, potenciada y manejada de tal manera que ha terminado por ser instrumento para favorecer ciertos intereses y someter a la población global. Un proceder y un logro imposible de alcanzar sin la docilidad de infinidad de gobiernos, sin la complacencia de las grandes cadenas de comunicación y sin la pasividad en que cayeron la mayoría de aquellas posiciones políticas autocalificadas como de izquierda y/o alternativas.


 La manipulación con las PCR

 

¿Dónde está el engaño de las PCR? De manera breve y simple:

El procedimiento

- Te cogen una muestra de moco de la nariz con un hisopo.
- En esa muestra hay ADN tuyo y, si estuviste en contacto con el virus, también habrá ADN del virus.
- Introducen todo en una máquina.
- La máquina le aplica a la muestra ciclos de frío-calor.
- Con esos ciclos van duplicando la cantidad de ADN vírico.
- Con 1 ciclo hacen dos copias. Con 2 ciclos hacen 4 copias. Con 3 ciclos hacen 8 copias. Y así sucesivamente.
- Cuando lleguen a los 35 ciclos tendrán (textualmente) 35.000 millones de copias de ADN del virus.
- Lo que están haciendo es buscar el virus aumentando la cantidad de ADN.
- En alguno de los ciclos lo van a encontrar.

El fraude

Hay 3 cosas que es importante entender, ya que ahí está la clave de todo el tinglado:
1. Si encuentran el virus con pocos ciclos (menos de 20) se supone que eres positivo y que tienes una buena cantidad de virus en el cuerpo (puedes enfermar y contagiar).
2. Si para encontrar el virus necesitan muchos ciclos (más de 30) se supone que eres positivo pero que no tienes capacidad infectiva (ni te vas a enterar que tienes el virus, ni vas a contagiar a nadie). Así lo recoge el propio Gobierno en sus documentos oficiales.
3. La PCR es una prueba que puede encontrar una aguja en un pajar. Estas ampliaciones se pueden seguir haciendo indefinidamente y a 60 ciclos (aproximadamente) todos seríamos positivos porque todos en algún momento estuvimos en contacto con el virus.

Resumiendo

- No es lo mismo ser positivo con 20 ciclos que serlo con 40.
- Ahí es donde está la trampa: los laboratorios están haciendo las PCR a 40 ciclos o más, es decir, eres positivo pero ni enfermas ni contagias.
- Si quieren crear una nueva ola suben los ciclos y todos positivos.
- ¿Que quieren crear una ola entre los jóvenes?, hacen un cribado masivo en esas edades y las PCR a 40 ciclos. Resultado: la inmensa mayoría positivos.
- Si nos quieren vender que las vacunas funcionan, bajan los ciclos de las PCR y disminuyen los positivos. Así de fácil.

Conclusión

- La PCR es una prueba que no está diseñada para lo que la están usando.
- Visto que está plagada de falsos positivos (algunos científicos hablan del 97 por ciento de falsos positivos) me parece importante negarse a realizarlas.
- Y, si no te queda más remedio que pasar por el aro, exigir que te digan a cuántos ciclos la están haciendo.

 

Nota 1: En este post se trata de desmontar la trampa de las PCR desde la “oficialidad”, solo razonando, por eso ya no voy a entrar en si se consiguió aislar el SarsCov2 ni en otros temas como la teoría del contagio.
Nota 2: Solo he tratado de dar unas pautas para que cada uno realice su propia investigación, así que científicos, médicos, biólogos y demás entendidos sabrán disculpar las incorrecciones.
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Información adicional

  • Autor:Galeno Galilei
  • Edición:283
  • Fecha:Periódico desdeabajo Nº283, agosto 20 - septiembre 20 de 2021
Visto 243 vecesModificado por última vez en Lunes, 30 Agosto 2021 15:43

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