Domingo, 28 Noviembre 2021 12:50

Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca: Observaciones frente al POT y la Ley Orgánica

Escrito por Sergio Alexei Torres Bolívar
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Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca: Observaciones frente al POT y la Ley Orgánica

El derecho al territorio a escala regional es fundamental en estos momentos. Los planes y esquemas de ordenamiento territorial no dialogan entre ellos y no llegan a una escala más allá de la municipal. Además, el proyecto de Ley Orgánica de la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca que, si bien, es fundamental para impulsar una figura regional, genera muchas dudas e incertidumbres frente a la participación, decisión e incidencia de la ciudadanía y los entes territoriales.


Con el trasegar histórico las dinámicas de los territorios se transforman y propician, entre otros, inéditos intercambios económicos, sociales, culturales, aspectos que componen, consolidan y generan nuevas relaciones que dan identidad a un lugar.


Bajo esta premisa, es posible pensar que el territorio se entiende como un fenómeno multidimensional y multiescalar, así como las calles se relacionan con el barrio o con la ciudad para comprender un todo. Sucede, ahora, lo mismo con la ciudad: ya no basta con entenderla como una figura administrativa únicamente, incluso tampoco desde una mirada centrada solo en la zona urbana que desconoce lo rural; por el contrario, es necesario abordarla desde una lente abierta y comprenderla desde los desarrollos de sus relaciones con las dinámicas en escalas mayores, como las regionales, en las que, aparte de comprender el entorno urbano y rural de una ciudad como Bogotá, se generan relaciones con otros entes territoriales como los municipios, ciudades y hasta departamentos, estableciendo una dimensión espacial en la que se remarcan diversas dinámicas de configuración territorial.


Igualmente, la ciudad no debe entenderse como una figura únicamente administrativa, tampoco, desde una mirada centrada solo en la zona urbana que desconoce lo rural; por el contrario, debe comprenderse desde la manera como se desarrollan sus relaciones con las dinámicas en escalas mayores, como las regionales, en las que, aparte de entender el entorno urbano y rural de una ciudad como Bogotá, se generan relaciones con otros entes territoriales como los municipios, ciudades y hasta departamentos, estableciendo una dimensión espacial en la que se remarcan diversas dinámicas de configuración territorial.


Si comprendemos lo anterior desde la figura del Derecho al Territorio, superando la mirada del Derecho a la Ciudad, observamos cómo debe retribuirse, a quienes habitan la región, una serie de derechos de movilidad, goce, vivienda, servicios, equipamientos, ambientales, entre otros, para lo cual es preciso implementar un desarrollo colectivo a escala regional que garantice una buena calidad de vida a todos sus habitantes. Sin embargo, esta misma premisa empieza a ponerse en duda al observar los instrumentos del ordenamiento territorial de las diferentes entidades administrativas, ya que la mayoría no dialoga con las demás, lo que termina impactando el desarrollo sobre sus propias espacialidades, al no trabajar de manera conjunta las dinámicas comunes con los territorios vecinos.


Asociatividad regional


La una nueva figura administrativa regional denominada Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca, tuvo origen con el Acto Legislativo 02 de 2020, que modificaba la Constitución Nacional, creando una entidad de asociatividad regional de régimen especial a la que se podrán vincular los municipios, la gobernación de Cundinamarca y el Distrito Capital. Este acto legislativo, ordena al Congreso expedir una Ley reglamentaria de la figura aprobada, que se encuentra en trámite en la legislatura, y hasta el momento, ha sido aprobada en las comisiones primeras de cámara y senado, quedando pendiente la resolución en las sesiones de plenarias.


Desde la mirada de la ciudad de Bogotá, establecida en la Propuesta de Plan de Ordenamiento Territorial (POT), en este momento, también en debate en el Concejo de Bogotá, se evidencian ciertos proyectos e ideas de incidencia regional relacionados con los temas ambientales, de movilidad, servicios, vivienda, entre otros, de los cuales resaltan: las apuestas de Cables Aéreos y sistemas férreos regionales -Regiotram- que buscan conectar estas espacialidades, reducir los tiempos de desplazamiento y hacer más cómodo y efectivo el intercambio continuo de población de estos territorios, ya sea para temas laborales, académicos, de ocio, entre otros, considerado como un gran avance regional.


Igualmente,es positivo el espíritu normativo en torno al cuidado de la cuenca del río Bogotá, los bordes urbano-rurales, los cerros orientales y el páramo, como espacios naturales que se correlacionan, buscando preservar y cuidar la conectividad ecosistémica de territorios fundamentales en términos regionales, más aún, frente a las dificultades y desafíos de la crisis climática actual.


Un último aspecto destacable, teniendo en cuenta que quedan otros de la escala regional relacionados en el articulado que aquí no se van a tratar, es el tema de la vivienda, ya que,el proyecto de POT, busca densificar la ciudad, generando otro tipo de tratamientos que permitan una ciudad más compacta, evitando su expansión hacia la región.


Sin embargo, desde una mirada crítica y analítica sobre estas propuestas, es preciso señalar algunos aspectos sensibles: en primera instancia, retomando la denominada figura de Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca es evidente una total ausencia de la participación ciudadana en la construcción y trámite de la propuesta, no se ha promovido una consulta ciudadana para establecer si, realmente, los diferentes actores territoriales están o no de acuerdo con este proyecto de ley. En segundo lugar, la figura, como está concebida actualmente, tiene reparos ya que atenta contra la autonomía de los municipios, pues, si bien indica que los que deseen adherirse tendrán voz y voto, las decisiones siempre deben contar con la aprobación del distrito capital y del departamento de Cundinamarca, o de lo contrario no serían aprobadas; por lo que termina imponiendo las decisiones de dos entes y sometiendo a los demás asociados.


Por su parte, en la propuesta de POT encontramos algunas ambigüedades: si bien en su espíritu, la propuesta busca no afectar la estructura ecológica regional, se incluyen proyectos como Lagos de Torca o Reverdecer del Sur, sin nombrar otros de la escala de las Actuaciones Estratégicas, que terminan afectando la dinámica de la ciudad y desdeñando la idea de ciudad compacta. Por el contrario, dichos proyectos incitan a extender la ciudad, afectando los ecosistemas regionales y las relaciones con las entidades circundantes, pues, impactan los bordes, y generan una mayor presión para la urbanización en esos territorios, afectando su vocación de preservación ambiental.


Finalmente, es preciso abordar un aspecto determinante, relacionado con el crecimiento urbano, la conurbación y las sobrecargas en las dinámicas de intercambio en la región. Si bien, está relacionado con los mencionados proyectos de renovación urbana, al revisarlos desde la perspectiva de los municipios circunvecinos, aspectos como la movilidad y la proyección de la cantidad de viviendas, provocan diversos escenarios, entre los que se mezclan tanto el acceso a la segunda vivienda, como el aumento cada vez más considerable de la población, así como su desplazamiento hacia los municipios aledaños buscando mejores condiciones de costos para el acceso a la vivienda, teniendo en cuenta los crecientes precios en la ciudad. Esta dinámica termina provocando un crecimiento urbanístico desbordado en los municipios aledaños para cubrir la demanda de vivienda de la población que empiezan a recibir; situación que termina impactando sus territorios y afectando la vida cotidiana, no solo de cada uno de estos municipios, sino de la región en general.


Con todo esto, es importante decir que para, realmente, hacer efectivo un derecho al territorio, lo primero es promover un proceso departicipación real e incidente que incluya a todos los diferentes actores territoriales. Con esto, se aboga para que se considere, no solo al ciudadano de a pie, sino que también, implica construir procesos y escenarios horizontales, que incluyan las voces de los municipios y los diferentes entes territoriales afectados por la nueva ley orgánica, para entender, comprender e incluir sus posturas e intereses, para que, en la escala regional, todos los actores tengan el mismo nivel de poder y decisión.


También, es fundamental que los instrumentos de ordenamiento territorial dialoguen entre sí, que no deben circunscribirse a la figura invisible de unos límites territoriales, sino que cada uno de los territorios y actores entiendan que no se deben única y exclusivamente a su espacio administrativamente delimitado, sino que, además, deben responder a las dinámicas de todo tipo generadas en sus relaciones con los territorios vecinos. Por lo tanto, al establecer elementos comunes y de acuerdo en la escala regional, desde la adopción de figuras e instrumentos de planeación, se facilitará dialogar y acordar sobre todos los aspectos comunes físico-espaciales y territoriales de la región.


De momento, reconociendo la generalizada inquietud sobre la prevalencia de los intereses particulares sobre los generales, y sin entender la sordera y ceguera de la institucionalidad para disponerse a encontrar consensos; surge la pregunta, con esas condiciones ¿cómo se podría garantizar un derecho al territorio para la región?

 

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Información adicional

  • Autor:Sergio Alexei Torres Bolívar
  • Edición:286
  • Sección:Bogotá: derecho a la ciudad
  • Fecha:Periódico desdeabajo Nº286, noviembre 20 - diciembre 20 de 2021
Visto 589 vecesModificado por última vez en Domingo, 28 Noviembre 2021 15:04

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