Sábado, 18 Marzo 2006 19:00

La insoportable posibilidad de insistir en el error. Elecciones Perú 2006

Escrito por Jonathan Rupire - Víctor Segura
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A principio de los años 90s, cuando llegaba a su fin el tristemente celebre gobierno de Alan García, recordado en el Perú por una especial combinación de ineficiencia estadista y la agudización de la guerra interna; el escepticismo de los peruanos respecto a los partidos políticos y de sus propuestas para dirigir el país, después de la experiencia aprista, se extendió a la política en general. Aparecen en ese momento en la escena política peruana los llamados out siders, personajes que desde fuera de la escena política tradicional se presentan para participar en las contiendas electorales de manera  tan espontánea como improvisada.

 

Primero fue Ricardo Belmont, broadcaster,  animador y productor de televisión, quien postuló y ganó las elecciones para la alcaldía de Lima en 1987. Luego Alberto Fujimori, desconocido profesor universitario de ascendencia japonesa, que se presentó para las elecciones presidenciales y las ganó en segunda vuelta en 1990, contra el escritor - y no menos out sider - Mario Vargas Llosa, cuya propuesta era sin más ni menos la aplicación del modelo económico neoliberal, que tanto “desarrollo” había llevado al vecino del sur, Chile.

 

Alberto Fujimori es elegido por la mayoría de peruanos que se oponían a las políticas neoliberales que propugnaba (sinceramente) Mario Vargas Llosa, poco tiempo después y autogolpe de estado mediante, Fujimori inició en el país la implementación de aquellas  políticas neoliberales ofrecidas por el ex contendor. Desarrolló una serie de medidas para el “reajuste” económico, conocidas como “shock”. La improvisación del out sider empezaba a “pasar factura” a los peruanos que no salían del asombro por el diametral cambio de posición del “chinito buena gente”.

 

Diez años de fujimorismo, marcan un periodo oscuro en la historia del Perú. En el fondo una dictadura cívico-militar con ropaje de democracia y apoyada por los Estados Unidos. Oscuro también por el declive de la política en todas sus formas.

 

Cuando la mafia Fujimori-Montesinos pretendía continuar por un tercer periodo, aparece el primero de los llamados “vladivideos” en el cual se observaba como el ex agente de la CIA Vladimiro Montesinos, compraba al recién electo congresista, Alberto Kouri, del  partido Perú Posible de Alejandro Toledo,  éste es grabado recibiendo $ 15.000 de coima (mordida).

 

Este hecho propicia el surgimiento de un movimiento social diverso, constituido principalmente por jóvenes universitarios que se oponen a la reelección. La «marcha de los cuatro suyos» y el «movimiento por la democracia» ponen fin al gobierno de Fujimori, quien termina huyendo del país. Estas movilizaciones, y un renacer del sentido de la democracia y la participación en el Perú, abrigan, nuevamente, la esperanza de construir propuestas políticas acordes con las necesidades del país.

 

Luego, Alejandro Toledo es elegido presidente con el voto de los que no querían un nuevo gobierno de Alan García. El gobierno de Alejandro Toledo, continuó siendo expresión de las recomendaciones del FMI y del Banco Mundial. Para las mayorías, el gobierno de Toledo encarnaba la posibilidad de corregir los males de la dictadura. Una interesante contradicción con lo expuesto por Toledo en su campaña, cuando le pidió al ex dictador permitirle construir «el segundo piso» de la obra fujimorista.

 

Cinco años después y concluido “el segundo piso del neoliberalismo”, nuevamente aparece la sensación de una insistencia en el error. La desigualdad social, la exclusión y  la pobreza se incrementaron, la brecha social que separa a los ricos de los pobres aumentó ferozmente y la corrupción en la gestión del Estado permaneció. Como en el caso de Fujimori, algunos izquierdistas se subieron a la “combi” de Toledo, compartiendo optimismo y oportunismo, sin embargo las políticas antipopulares fueron las hegemónicas y nuevamente la desilusión y la frustración para las mayorías.

 

Después de Fujimori y Toledo -TLC incluido- ¿el Perú va hacia la “construcción” del «tercer piso del neoliberalismo» o está “esperando” una alternativa? El panorama electoral actual, más allá de los nombres de los candidatos no ha cambiado, la incertidumbre y la derecha continúan.

 

Banqueros, empresarios y Opus Dei, al fondo y a la derecha

 

Desde la derecha, la candidata de la alianza electoral Unidad Nacional encarna la posibilidad de ese tercer piso tan anhelado por los empresarios y banqueros que la rodean. Lourdes Flores Nano “Lulú”, del Partido Popular Cristiano (PPC), tiene como acompañantes en sus vicepresidencias al empresario Arturo Woodman Pollit, ex funcionario del gobierno fujimorista, vinculado al grupo económico más grande del país, y a Luis Carpio, ex rector de la Universidad Católica de Santa María de Arequipa.

 

Arturo Woodman, candidato a la primera vicepresidencia de la plancha de Lourdes Flores, es investigado por la fiscal Juana Meza Peña bajo la sospecha de ser cómplice del delito de colusión en el caso de la presunta concesión ilegal del puerto Matarani a la Empresa Santa Sofía Puertos, del Grupo Romero, representada por él mismo, mientras cumplía como funcionario público en la Comisión de Promoción de la Inversión Privada (COPRI) adscrita a la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) del gobierno de Alberto Fujimori.

 

En la propuesta de Unidad Nacional (UN) convergen desde los más conservadores detractores de la promoción de derechos sexuales y reproductivos hasta quienes consideran posible una amnistía para los miembros de las fuerzas armadas violadores de DDHH.

 

Jugadores para la muerte súbita, especialistas en «penales»

 

En tercer lugar en las encuestas, nuevamente, Alan García del Partido Aprista Peruano, quien comparte la formula presidencial con Lourdes Mendoza del Solar y el Almirante(r) Luis Giampietri, éste último junto al entonces presidente aprista, han sido denunciados por violaciones a los DDHH. En particular en el caso de “la matanza de los penales”; un motín en los penales de Santa Bárbara, Lurigancho y El Frontón, acabó con la muerte de 248 presos. Para Francisco Soberón, secretario ejecutivo de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH) “...En el caso del Apra, Giampietri y Alan García integran la “plancha presidencial de El Frontón”, un caso en el que ambos tienen responsabilidad. Lo que buscan es impunidad.” En este hecho también tuvo responsabilidad Agustín Mantilla, entonces ministro del interior del gobierno aprista, organizador de grupos paramilitares como el comando “Rodrigo Franco” y ahora preso por recibir coimas de Vladimiro Montesinos.

 

Entre otras cosas también se ha comprobado mediante fotografías la cercanía de Giampietri con Fujimori y con Vladimiro Montesinos, de lo cual ha dicho no arrepentirse.

 

Lourdes Mendoza del Solar es una conocida empresaria de las comunicaciones, en la actualidad es Teniente alcaldesa de la ciudad de Arequipa y pertenece a una familia que ha tenido vínculos muy cercanos a Fujimori y Montesinos.

 

Para Alan García en América Latina existen dos tipos de izquierda, “una izquierda democrática donde está él y otra izquierda castrista y militar, donde están Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales, y no sé si Ollanta Humala”. Para el experimentado candidato el bailar reggeaton se ha convertido en una de sus principales armas, bailando ha aumentado en las encuestas.

 

Hay madre mía y, ¿quién es éste?

 

Para estas elecciones quien se presenta como el nuevo out sider, es Ollanta Humala. Tan repentina es la participación del candidato nacionalista que no logró inscribir a su propio partido en la contienda electoral, participa con partido prestado, Unión Por el Perú, fundado por Javier Pérez de Cuellar, ex secretario general de las Naciones Unidas ONU. Lo acompañan en sus vice presidencias Gonzalo García Núñez y Carlos Torres Caro, el segundo en medio de denuncias que lo vinculan a Genaro Delgado Parker, el principal broadcaster peruano relacionado a la mafia fujimorista.

 

Ollanta Humala, militar retirado, ha sido denunciado por presuntas violaciones a los derechos humanos, en las formas de tortura y desaparición forzada de campesinos de la comunidad de Madre Mía, cuando era responsable de la Base contra subversiva de esa localidad ubicada en el valle amazónico del Alto Huallaga. Familiares de las víctimas dicen reconocer al candidato como el “Capitán Carlos”, responsable directo de la desaparición de los comuneros. Ollanta ha reconocido haber usado el alias, pero también asegura no haber cometido los crímenes que se le imputan. De una u otra manera al ex militar el pasado -y la historia- le juegan una mala pasada.

 

La Gran Transformación, nombre del plan de gobierno del candidato nacionalista, cuenta con 84 páginas y precisa en su tercer capítulo que todas las “actividades estratégicas” serán nacionalizadas. Los sectores estratégicos en el plan de Humala son los hidrocarburos, el gas, la electricidad, los servicios esenciales, el agua y saneamiento, el espacio aerocomercial y los puertos, ahora con una fuerte presencia de capital chileno. ¿Cuál será el devenir del comandante? Nadie lo sabe, oscila entre un Hugo Chávez o un Lucio Gutiérrez.

 

Hugo Blanco, histórico dirigente campesino, ha emplazado a Ollanta Humala a ser claro en su posicionamiento con respecto al tema de la amnistía para los militares involucrados en violaciones a los derechos humanos. “Puestos en una balanza los miles de indígenas muertos, frente a sus asesinos de la “familia militar”, él está con la “familia militar”. Si no es así, que declare públicamente que está contra la amnistía a los masacradores”

 

¿Y la izquierda qué?

 

Para estas elecciones, como es tradicional, la izquierda se presenta dividida en tres candidaturas que en su conjunto, según las últimas encuestas, no suman el 5 por ciento. El partido Descentralista, el Frente Amplio de Izquierda y el Partido Socialista Peruano La mayor novedad es la unidad entre el Partido Comunista Peruano y el Partido Comunista del Perú, divididos desde el cisma chino-soviético en 1964, en el Frente Amplio de Izquierda (sic).

 


Elecciones América Latina: entre la renovación y el cambio

 

Con sorpresa para los incrédulos y rabia para los defensores del “orden”, América Latina da signos de ruptura con el neoliberalismo. No es para menos. Quince años de privatizaciones y políticas de ajuste fiscal, que han concentrado la riqueza y multiplicado la pobreza en toda la región, han llenado de vitalidad a nuevos movimientos sociales, así como a expresiones política de izquierda.

La superación del neoliberalismo no es uniforme. Como veremos a continuación, los matices son de todos los tintes, y el camino por recorrer todavía es largo:

Venezuela

 

La primera sorpresa anti neoliberal en América Latina la dio el pueblo venezolano. En cabeza del excoronel Hugo Chávez se ha configurado una profunda ola no solo antineoliberal sino anticapitalista.

El proceso de cambio se inicio en diciembre de 1998, cuando Hugo Chávez llegó al gobierno. Con un modelo de transformación amparado en la propia legalidad instituida, en abril de 1999 ganó el referendo a favor de una Asamblea Constituyente que reformó en buena parte el régimen político del hermano país. Una vez concluida la Constituyente se enfrenta a los partidos tradicionales, y en nuevas elecciones -julio de 2000-, accede de nuevo al gobierno. En diciembre de 2006 se enfrentará a la oposición en intento por ser reelegido.

Su gobierno se inició orientado por una idea de capitalismo con rostro humano, pero su intensa experiencia, enfrentada a conspiraciones de distinto cariz, lo han llevado a comprender que el capitalismo nunca será humano. Hoy impulsa el socialismo bolivariano.

Con un fuerte apoyo en el ejército, imbuido de un hondo sentido latinoamericano; con un multiplicado fervor entre las masas urbanas que ven en esa experiencia su oportunidad para alcanzar la justicia y la dignidad, con una política internacional comprometida con el respeto a la autonomía, la solidaridad y la soberanía, la gran  debilidad de esta experiencia es la ausencia de un partido que logre enrutar, más allá del líder, la revolución.

 

Brasil

 

Con un gran aire de esperanza llegó Luiz Inacio Lula da Silva al gobierno en 2003, a nombre del Partido de los Trabajadores, un partido forjado en las luchas de los obreros y otros sectores sociales contra la dictadura, que por más de 20 años enlutó a los cariocas.

Su llegada al gobierno no fue fácil. Cuatro elecciones nacionales y numerosas locales, en las cuales accedieron a la dirección política de las principales ciudades y estados (departamentos), les permitió acumular las fuerzas requeridas para por fin, en 2002, propiciar una alianza con otros partidos de izquierda y algunos tradicionales, y así vencer el continuismo

Su ejercicio de gobierno no ha sido fácil. Amarrado por la coalición que lo llevó al gobierno, aún siguen en deuda las reformas que todos los movimientos sociales del continente esperaban se realizarían allí. Su política internacional se ha opuesto a los Estados Unidos en temas fundamentales, facilitando, por ejemplo, estabilidad al gobierno de Hugo Chávez, al negarse a las presiones de los Estados Unidos para aislarlo. De igual manera, facilitó la quiebra de las negociaciones pro ALCA. Las fuertes discordias al interior del partido en el Gobierno, el aplazmiento de las reformas y las denuncias de corrupción, han implicado la ruptura de éste, además de su distanciamiento del movimiento de los Trabajadores sin Tierra.

El próximo 2 de octubre hay elecciones en Brasil, y Lula se presenta como candidato a la reelección. ¿Un segundo período con esperanzas de romper con el neoliberalismo?

 

Uruguay

 

A la cabeza de su gobierno se encuentra Tabaré Ramón Vázquez, representante de la coalición Encuentro Popular – Frente Amplio (en el cual la principal fuerza es la otrora guerrilla urbana Tupamaros). La experiencia de los movimientos sociales y políticos de este país es muy parecida a la del Brasil: soportaron una dictadura de varios años, la cual diezmó sus cuadros, obligando a muchos de ellos al exilio por más de una década.

Tras la caída de la dictadura, las luchas sociales dieron cuenta de intentos de privatización de los servicios públicos, negándolos por amplias mayorías. Esta experiencia, unida a la administración política de sus principales ciudades, les permitió legitimar entre sus tres millones de habitantes, la necesidad y seguridad que les representaba otra forma de gobierno.

En octubre de 2004 vencieron a los partidos Blanco y Colorado, desapareciéndolos prácticamente de la escena. En marzo de 2005, Tabaré se hace cargo del Gobierno, vinculando al mismo a reconocidos líderes históricos de la lucha por el socialismo en aquel país.

Tras estos pocos meses de experiencia, hay bastantes dudas de hasta dónde llegará esta experiencia antineoliberal. Con su pequeña extensión, pocos habitantes y su anclaje entre Brasil y Argentina, Uruguay desarrolla una política internacional en pos de su autonomía y la protección de sus intereses. Aliado de Venezuela en temas como Telesur, hace parte del Mercosur.

 

Bolivia

 

Tras derrocar dos presidentes en los últimos años, expulsar de su país multinacionales del agua y poner en aprietos a las del Gas, el movimiento social indígena y campesino reunido en el Movimiento al Socialismo (MAS) llegó al gobierno en diciembre pasado, posesionándose en febrero de 2006.

De corte antineoliberal y anticapitalista, este movimiento recoge las más profundas e históricas aspiraciones del pueblo boliviano. Su promesa de gobierno colectivo, que de cuenta del régimen político imperante, se acaba de concretar con la aprobación de la constituyente que se llevará a cabo en el curso de este año. Temas como soberanía política y económica, integración latinoamericana, autonomías de los pueblos, tipo de gobierno y otros, están en la agenda.

La oposición de su presidente Evo Morales al Tratado de Libre Comercio y su llamado a constituir un Tratado Comercial de los Pueblos, lo acercará, sin duda alguna, a la propuesta venezolana de Alternativa Bolivariana de las Américas.

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