Miércoles, 26 Agosto 2009 20:07

Mapiripán, entre la memoria y la impunidad

Escrito por M.G. Magil
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Entre el 18 y el 20 de julio, se conmemoraron 12 años de la masacre de Mapiripán. Impunidad. Decenas de personas rompiendo el miedo y el silencio que los impulsores y protectores de la muerte quieren se imponga y se prolongue por siempre en nuestro país, encabezaron una caravana para que el olvido tenga fin y la justicia llegue.

En la Caravana de la Memoria, que viajó hasta el municipio de Mapiripán, ubicado entre los departamentos del Meta y el Guaviare, con base en los testimonios de quienes se atrevieron a hablar, percibimos que los habitantes del pueblo aún están traumatizados.

Afrontar, confrontar, aclarar y hacer justicia en este caso, no ha sido fácil, porque los autores intelectuales y quienes financiaron el operativo criminal siguen protegidos, y en la parte militar no se ha llegado hasta el momento a los altos mandos que desde Bogotá dieron las órdenes para la masacre, mientras a quienes facilitaron el operativo y los pertrechos para el mismo los sacaron del país, aduciendo que son testigos a los que deben protegerles sus vidas. Sin embargo, queda la duda sobre si realmente, cuando sea necesario que declaren, estén dispuestos a abrir la Caja de Pandora que tantos secretos de Estado oculta.

El tiempo pasa…

Transcurridos 12 años, la población de Mapiripán vive bajo el régimen del miedo y los paramilitares se pasean por sus destapadas calles con la ‘seguridad democrática’ que ofrece la fuerza pública, lo cual corrobora las palabras del mayor Hernán Orozco (oficial al mando del batallón Joaquín París por los días en que ocurre la masacre) cuando dijo: “Los paramilitares son para el militar como la amante que nunca se puede llevar a casa”. Sus razones tendrá este oficial al hacer tal afirmación, porque él estaba al mando del mencionado batallón, lugar al que llegaron los paramilitares vestidos de civil tres días antes de la masacre. Según testimonio de monseñor Correa Yepes, obispo por entonces del Guaviare, del batallón salieron con uniformes militares y armas; unos agarraron por una trocha hasta la inspección de Charras y otros por el río Guaviare, pasando por Barrancón, estratégica base de entrenamiento con fuerzas especiales de Estados Unidos.

Durante los últimos años y desde cuando ocurrió la masacre, a los campesinos de Mapiripán los obligan a vender al precio que quieran pagarles, luego de un constante hostigamiento, amenazas y fumigaciones a los cultivos que les proporcionan alimentos. Ya no se trata de fumigar plantaciones de coca sino de sacarlos de la región porque la requieren para megaproyectos como cultivo de palma africana y para completar el rendimiento de los biocombustibles. Ahora, en la zona encontraron importantes pozos petrolíferos, y por tanto el desplazamiento es requerido. De lo contrario, ya saben la suerte que les espera.

Con el antecedente de la masacre que motivó la Caravana de la Memoria, “para que no se olvide ni se repita”, se encuentra que los habitantes del municipio no han podido superar el miedo con el que han sobrevivido estos años, de tal manera que muy pocos se atrevieron a salir de sus casas y acompañar la Caravana. Dos días antes que ésta llegara, las Águilas Negras repartieron panfletos amenazantes en el casco urbano y en las fincas cercanas, advirtiendo que quien se atreviera a recibir la Caravana correría la misma suerte de sus vecinos 12 años atrás.

Es éste un pueblo donde no hay agua potable ni luz eléctrica. Hay un puesto de salud con un equipo de médicos, pero sin elementos ni medicamentos para curar a los enfermos, tal como lo denunció uno de los organizadores de la Caravana, y que pudieron comprobar los acompañantes internacionales que iban en ella, cuando, al querer ducharse en un colegio que les facilitaron para montar las tiendas de campaña, se encontraron con que no había agua. La mayoría de la población estaba asustada por lo que pudiera ocurrir; en medio del pánico que no desaparece del todo, y no hay derecho a la libre expresión.

Pero no sólo Mapiripán está amenazada: una situación similar se vive en Calamar, un pueblo a tres horas de distancia, al igual que otros pueblos de Meta y Guaviare, separados por un río que recibe el nombre de dos de sus afluentes, el Guayabero y el Ariari.

Germán Duarte, ex alcalde de Calamar exiliado en Brasil, viajó para sumarse a la Caravana. En el acto de inauguración de un monumento conmemorativo del maestro Castañeda, refiriéndose a lo que está ocurriendo, dijo: “Vengo de Brasil, andando cinco días para estar acá. La verdad, me siento contento de poder rendirles homenaje a las víctimas de Mapiripán, comparado con la noche cuando brillaron los machetes allá en el Vichada, como en la obra de Rómulo Gallegos, cuando la época del caucho y sometían la gente; porque esto tiene proyectos transnacionales que están interesados en sacar la gente masivamente, para apoderarse de estas tierras que tienen mucha riqueza. Ya vienen las petroleras, ya llegan los palmicultores con grandes extensiones, y ahí está el pueblo para esclavizarlo. Había que pagarle el precio de la tierra a lo mínimo y por eso vienen las masacres. Eso pasó cuando brillaron los machetes allá en el río Vichada. Creo yo, que habrá que caminar mucho, y por mucho que caminemos no vamos a andar más de 200 kilómetros. Y aquí volveremos, y estaremos pendientes, porque este es un símbolo de toda la resistencia del pueblo colombiano, y nosotros como habitantes de la selva que amamos para defender nuestro ecosistema, en compañía de los indígenas, de los colonos, de los ambientalistas, nosotros no podemos seguir dejando llevar cadáveres hacia el Delta Amacuro, donde desemboca el río Orinoco. Institucionalizar la venida y rendir homenaje y que ojalá el monumento del maestro Castañeda sea respetado, que haya conciencia en este pueblo, que los que tienen miedo despierten del letargo y que la paranoia desaparezca, y empiece a florecer la semilla que los mismos que han derramado sangre sembraron con su muerte. Son mártires que no van a olvidarse, y vamos a estar vigilantes. El Orinoco nace en los Andes, desemboca en el Caribe, y nosotros estamos aquí en el centro, donde se dividen la Amazonia y la Orinoquia, y clamamos justicia. Así como muchos van a los carnavales de grandes ciudades, vengamos aquí a presentar un resumen anual de lo que es la defensa de los derechos humanos, el medio ambiente y la defensa del derecho a la vida”.

Si algo logró la Caravana de la Memoria fue darles confianza a los habitantes que salieron de sus casas a saludar a los caminantes de la paz. Incluso algunos fueron más osados y llegaron hasta el polideportivo donde se realizó el acto cultural; marcharon con la Caravana hasta los lugares donde ocurrieron los hechos; a la inauguración del monumento y, aunque con temor, hablaron, rompieron el silencio los sobrevivientes y los familiares de las víctimas. La nota por destacar es la ausencia de las autoridades en cabeza de la alcaldesa, y de los grandes medios informativos que minimizaron la caravana humanitaria, venida desde distintos sitios de Colombia y el mundo.
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