Miércoles, 26 Agosto 2009 20:17

Privatización de la ETB. Patrimonio público, eficiencia e inconsecuencias

Escrito por César Giraldo
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La posibilidad de que la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB) sea privatizada se abre espacio. Sucede en medio de la Alcaldía de un partido “que se opone a las privatizaciones”. ¿Permitirá la ciudadanía perder el bien más preciado que tiene?

El Alcalde de Bogotá está privatizando la ETB a pesar de que fue elegido por un partido adverso a las privatizaciones. La administración municipal señala que no se trata de una privatización sino de un socio estratégico, que máximo llegaría hasta la mitad menos una acción. El problema es que el famoso socio estratégico sería el operador de la ETB, de manera que se estaría apropiando del flujo financiero de la actividad. Es el caso de las concesiones de carreteras, en las que, a pesar de ser propiedad del Estado, quienes reciben los recursos son los privados, que recaudan los peajes. Esa es una forma de privatización.



La decisión de buscar socio estratégico para la empresa fue impulsada por Alcalde, ya que la capital colombiana ostenta el 88 por ciento de las acciones, las cuales están a título de quienes habitamos Bogotá. La recomendación del socio salió de un estudio contratado por la ETB al Banco Santander, entidad española que ha sido propietaria de parte del capital y cliente de uno de los dos candidatos a socio estratégico.

Leyendo el estudio, es evidente que sólo se hacen comparaciones con Telefónica y Telmex (que monopolizan en mercado en América Latina), y no se considera a entidades como EPM y Emcali. Estas últimas tienen el problema de que, por ser estatales, no pueden competir en forma ágil con las privadas, afirmación no escrita en el estudio pero utilizada en las discusiones sobre el tema. La manera como se presenta el estudio lleva a concluir que sólo es posible una alianza con uno de los dos monopolios mencionados.

El estudio del Banco Santander diagnostica que el problema de la ETB son las economías de escala, porque la empresa tiene dos millones de abonados contra 200 millones que tiene cada una de las grandes. Y concluye que el socio estratégico se requiere porque la ETB necesita recursos financieros. No hay relación lógica entre el diagnóstico (economías de escala) y la conclusión (necesidad de recursos financieros), máxime cuando durante ocho años la empresa bogotana ha sido calificada en los mercados financieros como triple A, tiene flujo de caja altamente positivo, y los pasivos pensionales están muy bien fondeados.

Estos resultados fueron confirmados en un estudio realizado por CESDE. La empresa tuvo utilidades brutas del orden de 600 mil millones de pesos en 2008, cifra subvaluada porque la empresa depreció los activos más rápido que la tasa histórica. Si se analiza la utilidad financiera real, para lo cual se utiliza el EBITDA*, se encuentra que ésta fue de 770 mil millones de pesos, correspondientes al 52 por ciento de los ingresos operacionales, como se aprecia en las Gráficas 1 y 2. Es decir, que, de cada dos pesos vendidos, uno corresponde a ganancia. Esto se tradujo en un aumento del patrimonio de la empresa, según la Gráfica 3.

Desde el punto de vista financiero, la empresa está muy bien y tiene acceso al crédito, no sólo por su sólida situación sino además porque en el mercado existe una rapiña de proveedores dispuestos a suministrar recursos a bajo costo en cualquier demanda de inversión. El problema, entonces, no es de financiamiento y acceso a tecnología. Ello resulta extraño porque los informes de la empresa, de control interno y de la Contraloría Distrital, siempre señalaron la buena salud financiera de la ETB, con excepción de finales del año pasado, cuando de un momento a otro se dijo que la empresa atravesaba por problemas financieros. Esta situación apareció sin antecedentes, sin advertencias previas de los organismos de control y sin que las cifras disponibles soportaran tal afirmación. Salta a la vista que el súbito cambio de la nueva administración en la presentación de las cifras financieras coincide con la decisión de buscar un socio estratégico.

El único argumento de fondo para buscar un socio estratégico, pero que no se atreven a escribirlo, es que la ETB, por ser de carácter público, está sujeta a una serie de controles que la amarran y no le permiten competir. Por ejemplo, que no pudo comprar cableras de televisión porque tales entidades tenían la práctica de subfacturar los abonados y los ingresos (así pagaban menos impuestos y regalías), y, por tanto, para adquirirlos, habría que pagar un precio superior al de libros, cosa posible para los privados pero no para una empresa estatal, que está sujeta a control político y administrativo. Como las decisiones estratégicas de la empresa deben ser expuestas públicamente ante el Concejo Distrital, el hecho se constituye en información privilegiada para la competencia.

Eso es cierto, y por allí hay que empezar la discusión, y no mediante rodeos basados en estudios y argumentos que producen más desconfianza en vez de darle certezas a la ciudadanía. La pregunta es: ¿Pueden los privados operar un servicio público sin control social? Los operadores privados nos están pasando programas ‘científicos’ de televisión que no hacen sino hablar bellezas del ejército de los Estados Unidos (los chicos buenos, porque los malos somos nosotros), pornografía después de las 10 de la noche y ricos que lloran (los pobres no aparecen, y cuando lo hacen son paisanitos folclóricos o maleantes repugnantes).

¿Y qué pasa con la calidad cuando el proveedor privado se vuelve monopolio? Para la muestra, hay que ver la mala calidad de los servicios en México, donde ejerce el monopolio uno de los posibles socios. ¿Será que frente a la inviabilidad de lo estatal estamos condenados a caer en las garras de uno de los dos monopolios que existen en Latinoamérica? Uno con sede en España y otro en el país del tequila y las rancheras.

Si el Polo quiere representar a un gobierno alternativo, no puede aceptar ese orden de cosas. De un lado, porque el alcalde de la principal ciudad del país puede poner sobre el tapete una alianza entre las principales empresas públicas del país en telecomunicaciones. ¿Quién más si no es él? Se trata de un tema de soberanía nacional. De otro lado, porque el control social y político no sólo es para lo estatal sino también para los privados porque estamos hablando de un servicio público. Ellos no pueden actuar con patente de corso, como si no tuvieran responsabilidades políticas, y esto es válido para Telmex y Telefónica, y para los Fondos Privados de Pensiones, las EPS, Codensa y todas las entidades privatizadas que manejan bienes públicos.

No se puede aceptar la asimetría de que las entidades estatales compitan con las manos amarradas y las privadas con la libertad absoluta del mercado. Si el argumento es que, ante las dificultades de gestionar entidades estatales, tenemos que entregarnos a los monopolios privados, estaríamos condenados a la fatalidad. Si el Polo y su alcalde no son capaces de asegurar eficientemente el manejo de una empresa pública, ello se explica por la carencia de un proyecto alternativo, y en ese campo tendrían razón los privatizadores. Ese es el problema.

*    Sigla inglesa de “Earnings Before Interest, Taxes, Depreciation and Amortization”: Ingresos (netos de costos) antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones.
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