Jueves, 19 Octubre 2006 19:00

«La literatura será por siempre la salvación de los perseguidos». Remembranza del escritor Arturo Alape

Escrito por M.G. Magil
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En sus últimos meses de vida concentró las pocas fuerzas que le quedaban para culminar proyectos investigativos ya iniciados, porque sabía que la leucemia que lo aquejaba no le iba a dar tregua, más cuando la medicación que debía tomarse costaba la astronómica suma de 8 millones de pesos mensuales (60 pastillas, dos por día). Por más tutelas que presentara siempre encontraría las trabas más absurdas para que la EPS le facilitara tan costoso medicamento, que finalmente no funcionó, aunque le dio la posibilidad de volver a casa y pasar los últimos días con su familia y los libros. El escritor fue conciente de que estaba viviendo contrarreloj con la muerte.

 

Movilizado por el ejemplo de Cuba

 

A mediados de 1960, el pintor que era, toma la decisión de colgar los pinceles para dedicarse por completo a la agitación revolucionaria. Decisión inmediatista al pensar y creer que el sueño de una sociedad más justa se realizaría pronto, pues tenían el ejemplo de la revolución cubana. En América Latina los imposibles se hacían posibles, era un reto para los jóvenes en esos años, y como cuenta Alape en el discurso que leyó al ser distinguido con el Doctorado Honoris Causa de la Universidad del Valle en Literatura, tenía “la voz impositiva de la conciencia: Todo el tiempo debía involucrarse en la acción revolu- cionaria. Pintura y política, en ese crucial momento existencial se volvieron habitantes de territorios contrarios”.

Fueron años de gran actividad. En medio de los avatares y las inquietudes por participar activamente en la política y aportar desde su propia creación, asume el desafío de escribir, luego de haber conocido el compromiso armado en las montañas de Colombia, experiencia que luego revierte en el Diario de un guerrillero (1970) y un libro de relatos Las muertes de Tirofijo (1972). Su labor investigativa no sólo se quedó en los libros y las conferencias que dio en diversas organizaciones sociales y universidades, sino que también trascendió a las artes escénicas, asesorando en la investigación y el estudio de mesa a grupos como el Teatro La Candelaria. Durante el proceso de Guadalupe años sin cuenta. Quienes participamos en esta creación colectiva como actores-autores tuvimos la oportunidad de ver las dotes de Arturo Alape como actor al implicarse en las improvisaciones que preparaba el grupo. Luego cuando ya tuvimos estructurada la obra de teatro, el entusiasmo lo llevó a integrarse de lleno en la Comisión de Dramaturgia, que era la encargada de reunir y exponer al grupo las distintas propuestas escénicas surgidas de las improvisaciones.

 

Desentrañando la historia

 

El legado investigativo que nos deja Arturo Alape es bastante amplio, con libros tan esclarecedores de la historia nacional, como son por ejemplo El Bogotazo: memorias del olvido (1983) o La paz, la violencia: testigos de excepción (1985), en donde reúne las voces de cincuenta opiniones y testimonios de los más importantes jefes guerrilleros, comandantes del ejército, políticos y gobernantes, los estudiosos de la paz y la violencia, los gremios económicos; siendo un gran fresco que refleja las reflexiones de los protagonistas sobre una historia común que nos sigue afectando, y que el autor define como el “acuerdo de olvido y perdón histórico, especie de amnistía dada por mutuo interés entre los partidos liberal y conservador”. El género testimonial, Arturo Alape, lo había desarrollado antes en Un día de septiembre, en donde recoge el testimonio de lo ocurrido el día del paro cívico nacional de 1977; y más recientemente en Ciudad Bolívar: La hoguera de las ilusiones, que es una de las mejores crónicas que se han hecho sobre la realidad del desplazamiento en Colombia.

 

Si en estos libros el autor se compromete a profundizar en la realidad social del país, muy posiblemente no son los que lo llevan al exilio, pues al final de cuentas el establecimiento colombiano siempre ha sido cínico frente a la verdad histórica. Las amenazas contra Alape comienzan a darse a partir del momento en que escribe Las vidas de Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo (1989), una crónica biográfica del guerrillero más viejo del mundo y al que «han matado» muchas veces, sin embargo, él vuelve y aparece; incluso después de los diálogos en San Vicente del Caguán, una promocionada periodista salió con la noticia de que el jefe guerrillero tenía cáncer de próstata y que le quedaban pocos meses de vida, pero hasta el momento lo que se sabe del legendario Tirofijo es que sigue al frente del Secretariado de la organización armada que dirige desde hace varias décadas. Y es la vida de este campesino guerrillero lo que motiva a Arturo Alape a escribir Tirofijo: los sueños y las montañas (1994).

 

Pero es la labor investigativa lo que más enriquece y vuelve original la obra literaria de ficción de Arturo Alape, en un libro de cuentos como El cadáver de los hombres invisibles (1979), que son relatos recogidos en su experiencia guerrillera, y que se aprecia aun más con novelas como Noche de Pájaros (1984), en donde el autor “regresa con profunda inquietud de aquellos recuerdos, cuando el miedo hizo barro y florituras de pavor en los rostros de quienes vivieron la intensidad de un insomnio agonizante, perdidos en los albores de la madrugada”. En Julieta, el sueño de las mariposas (1994), vuelve la mirada a la niñez, la juventud y la madurez para reflexionar acerca de la relación amorosa en sus momentos de iniciación, el descubrimiento de la piel y de los cuerpos, los encuentros, el desamor y las eternas despedidas.

 

Una escritura diferente es Mirando al final del alba (1998), donde el autor se plantea cómo resolver la relación y contradicción de lo histórico–personal de la historia reciente, en la búsqueda de la historia real nacida de la ficción, y en el contexto narrativo incluye la realización de dos documentales simbólicos a través de analogías sobre la vida de dos dirigentes populares: la eterna y envolvente persecución a Quintín Lame y los sueños de realización humana contados día a día por Juan de la Cruz Varela.

 

En la novela Sangre ajena (2000), emerge como un fantasma despavorido de una realidad circundante que lo rodea en los últimos años, realidad con la cual convive por experiencia y a través de vidas ajenas, que según el propio Alape “asume el papel del escritor que se alimenta sin piedad para su escritura, de la carroña en los conflictos personales. La escritura se transforma en un amasijo creativo que en esencia, descifra esa masa de información humana que yace en la memoria y en los documentos escritos”.

 

Aparte del trabajo investigativo, la crónica periodística y la narrativa, Arturo Alape escribe dos libros de ensayo literario: Valoración múltiple sobre Tomás Carrasquilla (1990), Valoración múltiple sobre León de Greiff (1995).

 

De su generación, es tal vez el único escritor colombiano que asume la literatura como un compromiso, en cuanto a la realidad histórica y la tarea de desmarañar esa historia oficial amañada en donde los buenos no son tan buenos y los malos no son tan malos como los muestran. Éste es el gran aporte del escritor Arturo Alape, pues su obra es el reflejo de la historia contemporánea en Colombia, porque parte de la verdadera historia que ha sufrido y sufre nuestro pueblo durante más de seis décadas sombrías y la pesadilla de esta noche larga no ha acabado aún, y que Alape definió de manera categórica: la literatura será por siempre la salvación de los perseguidos.

Bogotá, octubre de 2006

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