Jueves, 19 Octubre 2006 19:00

Ante un triunfo histórico. La Izquierda Ecuador

Escrito por Nelson Nuñez Vergara
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 ¿Lograrán su propósito?

 

Con sorpresa (lo que es común en Ecuador), un candidato de proyección social y de izquierda rompe todos los cálculos y predicciones.Los comicios electorales son el punto de quiebre. De acuerdo a las encuestas de septiembre, los candidatos con mayor opción de triunfo son Rafael Correa (33%) y  León Roldós – socialdemócrata– (22%). De acuerdo a las normas electorales, puede ser declarado ganador quien obtenga más del 40% de los votos, y un 10% de diferencia de su rival más cercano, y Correa está muy cerca de lograr esa meta.

 

Nuevo liderazgo

 

Rafael Correa es un economista formado en las universidades de Lovaina – Bélgica e Illinois – EEUU, que representa una apuesta radical de izquierda con un discurso antisistema. No es un “outsider”, porque él y sus principales colaboradores han acompañado la lucha de los movimientos sociales. Correa fue Ministro de Economía, por pocas semanas, del gobierno de Alfredo Palacios y renunció por discrepancias con viabilidad del TLC y el manejo de la deuda externa.

 

Uno de los asesores claves del entorno de Correa es Alberto Acosta, un economista que es respetado en el medio académico y con sólidas relaciones con el movimiento social e indígena. Está también el Coronel retirado Jorge Brito, un especialista en inteligencia, doctrina y estrategias de guerra - que es la expresión de un sector nacionalista de las FFAA y que se alió con el movimiento indígena que sacó del poder al presidente Mahuad (2001). Fueron justamente éstas personalidades, quienes les insistieron a los dirigentes indígenas en aquella ocasión, que no respaldaran a Lucio Gutiérrez y son duros opositores, al igual que Correa, al gobierno de Bush y a la política norteamericana en la región. Correa fue explícito en señalar que, “Mi opinión personal es que Bush es una persona extremadamente limitada y recuerde que yo viví en Estados Unidos cuando Bush ganó la primera elección, incluso con trampa”.

   
Correa no presenta candidatos al Congreso Nacional, porque señala que su primera medida será convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, que inicie un proceso de cambio radical del sistema político ecuatoriano. Señala, además, que modificará el sistema de elecciones, para evitar que la “partidocracia” la capture. Apuesta a que se dé una representación directa de los sectores sociales urbanos e indígenas, que son su base social.

 

De la misma forma, reitera que no se firmará un TLC con los EEUU y no renovará el convenio para la permanencia de la base militar norteamericana en Manta. Es explícito en sus relaciones con los regímenes de izquierda en la región, en especial con Venezuela, con quien espera tener sólidos acuerdos políticos y comerciales. No es un estatista y ha dicho que incentivará la inversión productiva, y no la inversión especulativa que incluyen renegociar la deuda externa, e incluso la posibilidad de declarar la moratoria unilateral.

 

Su política petrolera radicalizará las medidas que tomó el estado ecuatoriano (Ley de Hidrocarburos, 2006), y que representa casi el 30% del presupuesto del Ecuador. Todos estos anuncios ha servido de pretexto para que el sector financiero internacional denuncie la supuesta inestabilidad política que se avecina en este país.


Líder sin partido, Correa es un candidato con una sólida reputación entre la población que luchó en la calles contra Gutiérrez, y que está muy descontenta con todos los partidos políticos ecuatorianos (incluyendo a Pachakutik). Y no es fácil de ser atacado, porque tiene una presencia mediática muy bien posicionada. Joven (43 años), profesional exitoso, vinculado desde la época de la universidad a los sectores más pobres, católico practicante, que provoca adhesiones en todos los sectores sociales y regiones.

 

No puede ser impugnado de militarista porque es civil, ni de extremista (sus medidas ahora son casi consensúales por lo menos de la boca para afuera, por los otros candidatos). Sus maneras y modos, son muy firmes, pero no agresivos y cada vez que lo atacan los políticos tradicionales él sigue subiendo en las encuestas. Unos dicen que es un Chávez con cuello y corbata – y modales-, o un Salvador Allende joven. Reafirma su opción de izquierda y se define como un socialista. Lo cierto es que la mayor duda que tiene el ciudadano de a pie, es que termine traicionando sus promesas como el resto de los políticos en el pasado. Reúne tras su candidatura a los movimientos sociales, a los llamados “forajidos”, a muchos cuadros intermedios e históricos indígenas, así como a los grupos de la llamada sociedad civil, de los intelectuales, y sectores de iglesia progresista.

 

¿Coletazo? 

  
Los resultados de estas elecciones pueden también profundizar la crisis del movimiento indígena, de la que no termina de salir, a pesar de las importantes movilizaciones que tuvieron en marzo de este año. Un creciente número de líderes y dirigentes indígenas no están de acuerdo con la candidatura de Luis Macas de la CONAIE, porque no entienden la razón por la que Pachakutik trató de dividir la votación de izquierda. Según las encuestas, Macas solo llegaría al 1%, lo que va a significar una grave derrota política de Pachakutik, y significaría un grave debilitamiento de su capacidad de negociación y presencia indígena en las instituciones del estado. Lo cierto es que la crisis de la CONAIE es mucho más profunda de lo que se conoce públicamente y la candidatura de Macas –según sus críticos– no fue una decisión colectiva de las bases, sino de intereses no indígenas.

 

A varias bandas


En el plano internacional, un gobierno de  Correa, afianzaría las relaciones con Cuba, Venezuela y Bolivia, y reforzaría el bloque latinoamericano de gobiernos de izquierdas. Para Alan García en Perú, puede implicar en el mediano plazo varios problemas. Si las políticas de Correa funcionan como la renegociación con las empresas petroleras y la implementación de una política no neoliberal, esto daría más fuerza a los movimientos opositores en Perú y podría poner en cuestión las políticas económicas que se está siguiendo. Con Colombia, la situación ya es tensa por la negativa de Ecuador de participar en el Plan Colombia, y las incursiones del los militares colombianos en suelo ecuatoriano para combatir a las farc, además de las decenas de miles de refugiados que huyen al Ecuador por el conflicto interno del vecino del norte.

   
El Departamento de Estado señaló hace unos meses que Ecuador está “bajo amplia observación” y presiona al gobierno para que se involucre en el conflicto colombiano. Sus analistas volvieron a fallar, respecto a quien sería el próximo gobierno. Pensaron que todo estaba resuelto, al negarse el partido indígena Pachacutik a una unidad amplia de la izquierda y lanzar a Luis Macas como  candidato propio. La pelea sería entre el socialdemócrata León Roldós y Cinthia Viteri por la derecha, que declararon por ejemplo, su apoyo a la permanencia de las tropas norteamericanas en Ecuador.

 

Ahora no saben como enfrentar lo que está sucediendo. Ya tenían muchos dolores de cabeza, por las políticas nacionalistas del estado (Ley de hidrocarburos, salida de la Oxy). Ahora además temen que el núcleo nacionalista de la FFAA se fortalezca, anulando la posibilidad de presionar a un gobierno de Correa, y que el “chavismo” se expanda peligrosamente entre los militares.


Así están las cosas en la tierra de Rumiñahui, de Dolores Cacuango, Fernando Daquilema  y de Eloy Alfaro.

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