Viernes, 20 Abril 2007 19:00

Trabajo sobre trabajo trabaja. Informe especial Primero de Mayo

Escrito por RAFAEL BALLÉN
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 El trabajo es determinante en todo el desarrollo individual del ser humano, así como en sus múltiples relaciones sociales. Lo fue hace miles de años y lo es hoy: no hay absolutamente nada de que disponga la humanidad que no sea producto del trabajo. Más allá de su piel, si aún no ha sido intervenida por el bisturí quirúrgico o plástico, todo lo que el ser humano usa para satisfacer sus múltiples necesidades tiene incorporada la fuerza, la inteligencia o la acción humanas.

 

Aunque Hesíodo formula algunas ideas sobre el gobierno de la ciudad, la finalidad del poeta griego en su obra Los trabajos y los días no es dar orientaciones políticas sino hacerle una exhortación a su hermano Perses para que éste se dedique al trabajo en vez de inventarse pleitos; y lo hace a propósito del disgusto que surgió entre ambos por la herencia que les había dejado su padre. En el poema, que tan solo consta de 828 versos, habla de la envidia que sienten los hombres, de la familia, pero esencialmente del trabajo, indicando las clases de oficios y el día más apropiado para cada actividad. Tal es el propósito central de su obra: darle una serie de consejos personales a su hermano para que trabaje, obtenga riqueza y haga más agradable su vida. “Oh, Perses –le dice–, tú esto pon en el ánimo tuyo y la justicia escucha y la violencia olvida del todo”.

 

El trabajo es la primera herramienta de la economía y, en consecuencia, también la primera fuente de riqueza de una persona o de un grupo social, y del bienestar de una sociedad. Si alguien siente ambición por la riqueza, si una persona se siente entusiasmada o incentivada por esa motivación, no tiene sino que trabajar, y en caso de que aún le quede tiempo debe seguir trabajando si su anhelo es llegar a acumular una gran fortuna. Ésta es la reflexión final sobre la riqueza, expresada, además, con toda la inspiración y la belleza del cantor, y con toda la fuerza y la convicción del campesino genuino, del labrador de Beocia. “Para ti, si la riqueza el corazón anhela en tu pecho, así obra: y trabajo sobre trabajo trabaja”.

 

Los trabajos y los días es un canto al trabajo y a los dos grandes bloques de oficios de la época de Hesíodo: la agricultura y el comercio marítimo. Y, con esta división del trabajo, a las muchas actividades y oficios y a las grandes enseñanzas de la vida. “Compra dos bueyes machos –dice Hesíodo–, de nueve años, porque su vigor no es gastado, estando en la flor de la edad: para trabajar, los mejores. Ellos no quebrarán el arado, con reñir en el surco, ni el trabajo dejarán inacabado allí mismo”1. Y sobre las azarosas actividades comerciales por vía marítima, enseña sabiamente: “En las cóncavas naves no pongas todos los bienes, mas deja la parte mayor y la menos embarca; porque terrible es encontrar la ruina en las olas del Ponto, y terrible si, un peso excesivo sobre el carro llevando, el eje quebraras y se destruyera la carga. Guarda la medida: la oportunidad es óptima en todo”2.

 

Toda esa realidad sociológica y los estudios adelantados por Hesíodo sobre la división del trabajo le sirvieron de apoyo a Platón en la fundación del Estado y en la asignación de funciones que cada uno de los artesanos debía realizar para satisfacer las múltiples necesidades de la sociedad de su época. Por eso, la división del trabajo es un hecho que palpita como tema esencial en la República, desde sus primeras páginas, en el libro I. “Cada una de las artes –dice Platón– es distinta a las otras y cada una tiene un poder distinto, y nos aporta un beneficio particular, como la medicina para la salud, el pilotaje la seguridad al navegar, y así las demás”3. En el libro II de la misma obra, Platón señala que mediante la división del trabajo “se producirán más cosas y mejor y más fácilmente si cada uno trabaja en el momento oportuno y acorde con sus aptitudes naturales liberado de las demás ocupaciones”4. Y agrega que la especialización en el trabajo exonera al labrador de fabricar su arado, su azada y las demás herramientas que conciernen a la agricultura, así como al constructor, al tejedor y al fabricante de calzado, a quienes les hacen falta muchas cosas para realizar sus obras5.

 

Veintidós siglos después de aquellas cavilacione sobre la división del trabajo, Adam Smith comienza con las mismas reflexiones su obra La riqueza de las naciones. Jamás la sociología laboral le hará al pensador escocés el reconocimiento que se merece por la agudeza con que analiza la división del trabajo, que es indispensable incorporar para fabricar las tijeras, que Smith describe en el siguiente párrafo: “¡Cuánta variedad de trabajo es necesaria para producir los instrumentos del más humilde de los obreros! Sin hablar de las máquinas, tan complicadas como el buque del marino, el molino del batanero o el telar del tejedor, consideremos tan solo la variedad de trabajos necesarios para fabricar esta máquina tan sencilla, las tijeras, con las cuales el pastor esquila sus corderos”6 .

 

Un siglo después que Smith hablara de las múltiples actividades que intervienen en la fabricación de las tijeras y veintitrés siglos después luego que Platón estudiara la división del trabajo en la organización de la sociedad y en la fundación del Estado, aparece un nuevo heredero en esta materia y en otra más: en la dialéctica. Se trata de Carlos Marx. La división del trabajo es para el pensador alemán uno de los modos de producción capitalista. “Así, por ejemplo –dice Marx–, un coche es el producto colectivo de los trabajadores de toda una serie de artesanos independientes: carreros, talabarteros, costureros, cerrajeros, latoneros, torneros, tapiceros, vidrieros, pintores, barnizadores, doradores, etcétera”7. Y añade el economista de Tréveris que “la manufactura de coches reúne en un taller todos estos oficios, y los entrelaza. Es evidente que no se puede dorar un coche antes de montarlo. Pero si se construyen muchos al mismo tiempo, una parte de los obreros puede dedicarse continuamente al dorado, mientras otros ejecutan una fase anterior del proceso de producción”8.

 

Esa división del trabajo, registrada por cuatro pensadores –Hesíodo, Platón, Smith y Marx– y que corresponde aproximadamente a dos mil seiscientos años de evolución social, ha continuado implacable hasta nuestros días, llegando a un poco más de 20.000 oficios en el momento de escribir esta nota9. Y ya no se habla de la división del trabajo en una misma fábrica, como lo notaba Marx hace unos ciento cincuenta años, ni de la división del trabajo estatal, ni siquiera de la división del trabajo en un mismo país sino de una nueva división del trabajo: la división internacional del trabajo. En efecto, en la fabricación de la materia prima –las partes– con que se elaboran los electrodomésticos –televisores, por ejemplo– intervienen trabajadores de más de cuarenta países10.

 

Evocar las cavilaciones de estos cuatro pensadores es oportuno por cuanto la Constitución de 1991 le ordenó al Congreso expedir el estatuto del trabajo. La norma constitucional (art. 53) dispuso además que la ley correspondiente tendría en cuenta por lo menos los siguientes principios fundamentales: igualdad de oportunidades para los trabajadores; remuneración mínima vital y móvil, proporcional a la cantidad y calidad del trabajo; estabilidad en el empleo; irrenunciabilidad a los beneficios mínimos establecidos en normas laborales; facultades para transigir y conciliar sobre derechos inciertos y discutibles; situación más favorable al trabajador en caso de duda en la aplicación e interpretación de las fuentes formales de derecho; primacía de la realidad sobre formalidades establecidas por los sujetos de las relaciones laborales; garantías a la seguridad social, la capacitación, el adiestramiento y el descanso necesario; protección especial a la mujer, a la maternidad y al trabajador menor de edad.

 

¡Quién lo creyera! Las declaraciones de la Constitución parecen un poema al trabajo, semejante al que escribió Hesíodo hace veintiocho siglos. Efectivamente, después de dieciséis años de promulgada la Carta fundamental, el Congreso ha incumplido su mandato. Así, pues, los trabajadores colombianos podrán este primero de mayo evocar el texto constitucional como un sueño lejano de los delegatarios del 91.

 

1        HESÍODO. Los trabajos y los días. Versos 436-440.

2        Ibíd., vv. 589-594.

3        PLATÓN. República, I, 346a.

4        PLATÓN. República, II, 370c.

5        PLATÓN. República, II, 370d.

6        SMITH, Adam. Investigación sobre el origen y las causas de la riqueza de las naciones. México, Fondo de Cultura Económica, 7a. ed., 1992, p. 21.

7        MARX, Carlos. El capital. México, Fondo de Cultura Económica, 3a. ed., 1964, t. I, p. 272.

8        Ibid.

9        GIDDENS, Anthony. Sociología. Madrid, Alianza, 1995, 526.

10      Ibíd., p. 527.

 

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