Viernes, 20 Abril 2007 19:00

La patria bendita

Escrito por Héctor José Arenas A.
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La palabra del poeta está insuflada por el Valle del Cauca, por la prodigiosa geografía de la fraternidad entre las razas que siguen  desconocidas para  el norte imperial, insaciable y colérico. Palabra compañera de la alegría nacarada y la pena infinita de niños con miradas que preguntan ¿por qué esta miseria en el mismo paraíso? ¿Por qué este odio fratricida?  Palabra enraizada en la balsámica ternura de mujeres invencibles que guarda la semilla y la  memoria. Palabra fundante de la patria anhelada del decoro que emerge incontenible en el crisol de sangres y culturas.

 

Palabra de verdad, de alborada que fulgura en la crepuscular  penumbra de los turife-rarios y las mustias voces que han preferido la coima y el relumbrón a la vida. Palabra de amor a la sencillez de un pueblo que en la unidad resiste, y con la verdad, sin odio y sin venganza, firme se levanta.

 

 

A los millones de desplazados internos de Colombia

A los millones de desplazados

internos de Colombia

 

En mi país, los sueños por la paz

se estrellan contra las pesadillas de la vigilia.

Un deambular insomne de masas desplazadas

borradas de su lugar por la barbarie

–con la complicidad de leyes que regulan

el cíclico bienestar de victimarios–

busca un refugio donde escampar en la tormenta.

No hay lugar para la siembra de poemas

de sueños reales como flores de la vida

para el reposo y el futuro que se ahoga

en millones de seres sin raíces

despojados de toda esperanza.

Pero abundan gramáticos y juristas de pacotilla

que asesoran y legislan con lealtad y buena letra

las argucias del sátrapa y su corte.

La centenaria estirpe de manzanillos protectores

de los expropiadores de la tierra

nacidos de la desmemoria trazada como destino

acomplejados mestizos vestidos de castizos

con el oscuro discurso de una patria

sin bárbaros salvajes –que no lo eran como ellos,

pero fueros excluidos para siempre, desde el origen–

en la autista y cerril República criolla

que no merece tal nombre si la historia

injusta, como es, fuese contada.

Ellos se ufanan al proclamar la legendaria

historia democrática del vasto territorio

del cual no reconocieron nunca sus orígenes

su asombrosa diversidad geográfica y humana.

Tal suerte de olvido aún persiste

mientras el horror de la diáspora se dilata

se palpa se respira se amontona

en la contaminada atmósfera de las urbes

en recientes fértiles campos milenarios

en cárceles atestadas de inocentes

en largos desfiles de viudas con su prole

en fosas comunes donde arrojan

a los que nunca tuvieron voz

para que el futuro no se las otorgue.

En la memoria de miles de familias

tras las huellas extraviadas de alguno de sus miembros

desaparecido trastocado en NN.

Así se perfila el destino de nuestro pueblo

bajo un turbio horizonte teñido de sangre olvido y fuego

donde libertad y orden no son más

que groseros cinismos que adornan un escudo

custodiado por el auténtico bárbaro que mira

de rodillas al norte mientras reza

y ofrece al cielo y la divina providencia

la sagrada institución de la impunidad

de la rapiña del terror de la codicia

en esta patria bendecida tantas veces 

por los terribles designios del Imperio.

 

Mauricio Vidales

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