Jueves, 22 Abril 2010 17:16

El futuro de Suramérica y la Amazonia

Escrito por Alirio Duque
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“La Amazonia no puede calificarse nada más que como un desatino cósmico, la más grande exageración cometida por el Universo desde la Creación, el big-bang y el Diluvio de los días de Noé. No está hecha a medida del hombre y, quizás por ello, se nos antoja satánica”.
Javier Reverte, El río de la desolación

La majestuosidad del Amazonas se registra en diarios de campo, poemas, canciones, historias de vida, documentales, fotos… pero no ha sido explorada ni explotada por completo. Por eso, navegantes y aventureros la catalogan como infernal sin profundizar en el conocimiento milenario de los pueblos originarios. Son cerca de 390 en toda la cuenca, con diversidad de lenguas y tradiciones en una extensión de 10'268.471 kilómetros cuadrados, en nueve países de Sur América. El miedo a lo desconocido.

Las selvas amazónicas han vivido muchas bonanzas extractivitas que buscan impulsar el ‘desarrollo' occidental. Ahí está el etnocidio de la bonanza cauchera, causado por la Casa Arana en Perú, la tala de árboles maderables como el palo Brasil, que bautizó a la gran potencia del sur. Las misiones franciscanas y dominicas en la vertiente de la cordillera oriental colombiana, que buscaban ‘civilizar' al indio salvaje a cualquier precio. La aparición del Instituto Lingüístico de Verano (ILV) con la instalación de su centro de investigaciones en Limón Cocha, en el parque Yasuní, la reserva de biodiversidad más grande del planeta con un millón de hectáreas entre Perú y Ecuador.

Qué decir de la bonanza de la cocaína en Colombia, que aceleró la violencia heredada de la contrarreforma agraria del 50, despojo de tierras en la región andina que incitó a colonizar la selva. La exploración de esta inmensa estepa verde no para desde hace más de un siglo. Incluso, en 1914, el ex presidente de Estados Unidos Teodoro Roosevelt realizó una expedición de la mano de la National Geographic Society en las selvas del Mato Grosso brasileño (http://www.clubdeexploradores.org/ceRoosevelt.htm).

La Amazonia es considerada la segunda región en importancia geoestratégica después de Oriente Medio. Con unos 22 millones de habitantes, 17 de ellos en Brasil, alberga el 25 por ciento de especies vegetales y animales conocidas; produce el 20 por ciento del oxígeno del planeta, y su red fluvial cubre 14.000 kilómetros, sin contar las pequeñas embarcaciones que utilizan hasta 55.000 kilómetros (Javier Reverte, pág. 36). Es de baja densidad poblacional y una riqueza incalculable en recursos naturales, lo que la hace apetecible para los intereses transnacionales.

Por eso, este gran tesoro natural está en los planes de la Iniciativa para la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), equivalente del Plan Puebla Panamá para Sur América, cuyo fin es crear una infraestructura multisectorial para expandir los mercados mediante la extracción de recursos naturales, energéticos, mineros y de biodiversidad.

Este megaproyecto, lanzado por el entonces presidente del Banco Mundial Enrique Iglesias en Brasilia (2000), es hoja de ruta para las políticas de integración económica en Suramérica y tiene a Brasil como impulsor para ampliar su mercado al Pacífico con la exportación de piezas electrónicas para el Asia y la importación de fósforo blanco del Perú para los cultivos de soja transgénica de Mato Grosso y Mato Grosso del Sur. Es de anotar que Manaus, a orillas de un mar dulce, es pionera en la industria de piezas electrónicas por la cantidad de agua requerida para la fabricación de chips y microchips.

De acuerdo con Igor Ojeda y Hugo Brasilinio el IIRSA “prevé la ejecución de 507 grandes obras en 20 años, con una inversión total estimada de 70 mil millones de dólares. De éstos, según Paulina, 21,2 mil millones de dólares ya están siendo invertidos en 145 proyectos” (http://www.cadtm.org/IIRSA-Las-venas-cada-vez-mas).


Centro de biotecnología del Amazonas

Costo total de la obra en 2007: US$38'500.000 de dólares. Área total: 12.000 m2.

24 laboratorios de investigación, una central de producción de extractos, una planta piloto de procesos industriales, una incubadora de empresas de base tecnológica, un bioterio (toxicología y farmacología), un museo, áreas de apoyo al emprendedor y gestión de la innovación.

Los impactos ambientales y socioculturales aún no han sido estimados. Pero la Fundación Salvemos la Selva de América, con sede en Estados Unidos, documentó la existencia de 35 corporaciones transnacionales del petróleo y el gas que operan en 180 bloques en la Amazonia Occidental (Bolivia, Perú, Ecuador, occidente de Brasil y Colombia). Estas explotaciones coinciden con las zonas de mayor biodiversidad del mundo, donde habitan pueblos libres o en aislamiento voluntario (Suramérica: la Amazonia Occidental y sus pueblos indígenas, Argenpress, 4 de noviembre).
Más recientes son las noticias sobre las minas de coltán en la Orinoquia, frontera colombo-venezolana. Este mineral de alta tecnología, que ha dejado más de tres millones de víctimas por la voracidad de las mafias transnacionales en el Congo, ahora brota de las selvas suramericanas y se suma a las tensas relaciones bilaterales por el control de los recursos estratégicos. http://www.semana.com/noticias-nacion/guerra-coltan/131652.aspx.

En resumen, el panorama regional suramericano está por cambiar y su disputa será la Amazonia. Estamos en una nueva ola de colonización y explotación del capitalismo, en el cual hay países del socialismo del siglo XXI, pero, como anotan voces disidentes, este modelo es sólo neokeynesiano, que también requiere explotar intensivamente sus recursos naturales y su biodiversidad para alcanzar el umbral del ‘desarrollo' propuesto un caduco modelo desarrollista, (http://www.inredh.org/index.php?option=com_content&view=article&id=181:un-caduco-modelo-desarrollista&catid=29:boletines&Itemid=29.)

La soberanía, en entredicho

El panorama es desalentador. La intervención norteamericana en Colombia, con la disculpa de lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, ahora concentra 10 bases para la utilización de sus tropas. Sin contar cuatro bases aeronavales que instalará en Panamá, dos en cada océano (Panamá anuncia que Estados Unidos quiere cuatro bases ‘aeronavales'. ALAI 04/11/2009).

Así, el ajedrez político se mueve. Con el golpe militar en Honduras, la elección de Sebastián Piñera en Chile, viejo amigo de Pinochet, y la Consolidación de Política de Seguridad Democrática en Colombia, Estados Unidos busca recobrar el control de su patio trasero. Pero no hay que desconocer a Brasil como potencia que se disputa su hegemonía con Estados Unidos, y por ello su impulso al IIRSA, lo que puede agudizar el conflicto regional, no sólo con Venezuela, como se pregona en los medios. Todos estos intereses de explotación de los recursos naturales en Suramérica y otras megarregiones obedece al modelo de desarrollo extractivista que no hemos superado y que continuamos aplicando, pese a sus resultados, como es el cambio climático.

Sin embargo, las voces de protesta y las alternativas a este modelo de desarrollo caduco se escuchan justo desde las comunidades indígenas, bajo su cosmovisión andino-amazónica del “buen vivir”, Sumak kawsay en quechua.

Estos movimientos sociales, con sus reivindicaciones y conocimientos milenarios, se oponen como David a Goliat, dándonos una luz de esperanza. Sus legados cobran más fuerza en Ecuador y Bolivia, cuyo ideario fue plasmado en sus nuevas Constituciones. Pero también retumban con la lucha de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) por la defensa de su territorio, concedidos en un 70 por ciento a compañías petroleras, mineras y madereras por el gobierno de Alan García.

Por todo lo anterior, recogemos apartes del preámbulo de la Constitución Política del Estado Boliviano para cerrar este artículo con un mensaje de esperanza:
“En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra Amazonia, nuestro Chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros diferentes, y comprendimos desde entonces la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas. Así conformamos nuestros pueblos, y jamás comprendimos el racismo hasta que lo sufrimos desde los funestos tiempos de la Colonia.

El pueblo boliviano, de composición plural, desde la profundidad de la historia, inspirado en las luchas del pasado, en la sublevación indígena anticolonial, en la independencia, en las luchas populares de liberación, en las marchas indígenas, sociales y sindicales, en las guerras del agua y de octubre, en las luchas por la tierra y territorio, y con la memoria de nuestros mártires, construimos un nuevo Estado.

Un Estado basado en el respeto e igualdad entre todos, con principios de soberanía, dignidad, complementariedad, solidaridad, armonía y equidad en la distribución y redistribución del producto social, donde predomine la búsqueda del vivir bien; con respeto a la pluralidad económica, social, jurídica, política y cultural de los habitantes de esta tierra; en convivencia colectiva con acceso al agua, trabajo, educación, salud y vivienda para todos”.
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