Jueves, 22 Abril 2010 17:57

Orden y control en los escenarios deportivos. Jóvenes y barras bravas

Escrito por Jorge E. Escobar Hernandez
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Por muy actual y poderoso que sea en muchos países, el viejo fascismo ya no es el problema de nuestro tiempo. Se está instalando un neofascismo en comparación con el cual el antiguo quedará reducido a una forma folclórica. En lugar de ser una política y una economía de guerra, el neofascismo es una alianza mundial para la seguridad, para la administración de una “paz” no menos terrible, con una organización coordinada de todos los pequeños miedos, de todas las pequeñas angustias que hacen de nosotros unos microfascistas encargados de sofocar el menor gesto, la menor cosa o la menor palabra discordante en nuestras calles, en  nuestros barrios y hasta en nuestros cines.

“Dos regímenes de locos”, Gilles Deleuze


Deporte y sociedad


El deporte, en particular el fútbol, en su desarrollo histórico, se torna “espectáculo de masas” adonde los jóvenes asisten multitudinariamente, con un protagonismo que empieza a preocupar por la violencia y la agresividad que se expresa en las “barras bravas”1.

Las entidades deben emprender políticas y programas de prevención sin que hasta ahora la situación sea superada. Algunas ‘barras’ tienen una organización que les permite hasta tener página en internet2. Entonces, continúan los disturbios incluso con víctimas. ¿Por qué el deporte se manifiesta tan trágicamente? ¿Qué alternativas crear para que el espectáculo deportivo afirme la vida y no la muerte?

Es evidente “un malestar en la cultura”, en que el estar juntos no potencia la vida sino que la niega. Con ello también se señala que las pautas de comportamiento colectivo han cambiado en tal forma que exigen afinar las reglas de convivencia. En tal sentido, Adela Cortina propone una ética cívica que “reconoce que en la realización de las personas hay unos mínimos que compartimos y unos máximos de felicidad que ella no puede ofrecer. Hay unos mínimos de justicia que esa moral cívica exige (los derechos humanos, los valores de libertad, igualdad y solidaridad, la actitud dialógica) y unos máximos de felicidad en los que ella no se compromete porque las ofertas de felicidad son negocio de los distintos grupos”3.

Esta ética es un referente para construir estrategias que mejoren la convivencia en los escenarios públicos. Pero asimismo nuestra realidad nacional y regional exige profundizar en las causas de la exclusión y la negación del ‘otro’. Las interrelacionadas en cada situación deben ser estudiadas para crear alternativas ajustadas a nuestra realidad. Desde estas experiencias se puede contribuir a que la ética cívica permita afirmar la vida y expresar plenamente potencialidades.

“Es una tarea urgente, pues, la de ir tomando conciencia de cuáles son los mínimos que ya compartimos y desde los que podemos entendernos para construir codo a codo un mundo más humano, pero igualmente urgente es la tarea de continuar ofreciendo máximos, proyectos ideales de felicidad que son irrenunciables”4. Todo lo anterior señala que el tema de las ‘barras’ demanda un análisis más detenido y una comprensión cabal de su manifestaciones diversas, como lo señalan algunos estudios realizados en este campo5.

Respuesta del Estado


Para el Estado colombiano, la situación es más sencilla; se trata simplemente de aplicar las medidas necesarias para garantizar orden y control en los escenarios deportivos y el problema queda solucionado, como se deduce de la reciente Ley 1270, “por la cual se crea la Comisión Nacional para la Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol y se dictan otras disposiciones”. Aunque sea una ley dirigida a las ‘barras’, en la conformación de tal Comisión no se tiene en cuenta a sus representantes; está integrada sólo por funcionarios de entidades oficiales.

En cuanto a las funciones de la Comisión, resaltamos:
  • “Diseñar y promover los mecanismos necesarios para conformar y alimentar periódicamente un sistema de información que contenga los datos de aquellas personas que han cometido o provocado actos violentos, o que hayan alterado la convivencia dentro de los escenarios deportivos destinados a la práctica de fútbol o en su entorno”6.
  •  
  • “Diseñar y promover un sistema de registro que les permita a los clubes de fútbol profesional contar con información actualizada de los miembros de sus barras. En este registro deberá figurar, por lo menos, el nombre completo, la cédula de ciudadanía o tarjeta de identidad, y la profesión u ocupación de cada integrante, estos datos deberán ser confrontados con los documentos que sustenten la veracidad de dicha información. Al momento de la inscripción, el club entregará una credencial o carné numerado, individual e intransferible, que contenga los citados datos y una fotografía reciente, y que, en la medida de lo posible, dificulte su adulteración”7.
  •  
  • “Diseñar los protocolos que se deben cumplir para que los organizadores de este espectáculo y las autoridades competentes puedan tomar medidas sobre restricciones de acceso y exclusiones, temporales o definitivas, de aficionados”8.
  •  
  • “Elaborar de acuerdo a la categorización del espectáculo, protocolos para determinar los requisitos mínimos de seguridad, a fin de garantizar el normal desarrollo del evento deportivo. Entre las medidas deberá contemplarse la ubicación de las barras que pudieren enfrentarse violentamente, en sectores separados, claramente determinados, en los que se impida materialmente la circulación de una a otra zona”9.
  • “Recomendar un sistema marco de organización que asegure el acceso ordenado de los seguidores, en el que se evite el encuentro de los hinchas de los equipos contendientes”10.
  •  
  • La Policía tendrá una estructura especializada, distinta de los escuadrones antidisturbios, cuya función será “prevenir la aparición de hechos de violencia en los estadios de fútbol y en sus alrededores”11. Asimismo, en el artículo 11 se crean oficinas móviles de denuncias: “En las proximidades de los estadios de fútbol se establecerán por las autoridades competentes oficinas móviles de denuncia y equipos de recepción de detenidos, para facilitar la judicialización de quienes incurran en infracciones penales o contravencionales”. Sorprende un artículo que habla de “diagnosticar las causas de la violencia en el fútbol y proponer soluciones acordes con las expresiones del barrismo social”12, lo que ha debido hacerse antes, para que la ley no se basara en el orden, el control y la represión a los jóvenes, mirando los efectos y no las causas.


Comprender y dialogar con las expresiones juveniles


Al igual que los efectos generados por los programas dirigidos a intervenir las expresiones públicas de las ‘barras’, con la Ley 1270 tampoco se solucionará el problema, pues no se trata de reprimir más sino de atender las causas.

Las acciones juveniles son una respuesta a la violencia social ejercida sobre esta población al negárseles una vida digna y condenárseles a precarias condiciones propias de la pobreza, la miseria, la muerte13, la imposibilidad de acceder a la educación superior, etcétera. ¿Qué encuentran los jóvenes en la sociedad como modelo de identificación, cuando se nos dice que “entre 1982 y 2007 se ha establecido un registro provisional de 2.505 masacres con 14.660 víctimas”?14.

La estigmatización y el miedo ante los medios de comunicación que registran las noticias sobre las ‘barras’, con una discutible espectacularidad, no contribuyen a comprender mejor a las “‘barras’ y sus expresiones sino a generar “pánico público” ante los jóvenes.

Si tenemos en cuenta lo dicho por los barristas, se puede afirmar “que hay un enorme afán de protagonismo por parte de jóvenes que aprovechan el fútbol como una válvula de escape para desahogar su inconformismo con un sistema social al cual están sujetos, y al cual se interpela con las diferentes prácticas, comportamientos y juegos corporales que se establecen en la tribuna”15.

Las manifestaciones de los barristas también podemos entenderlas como “una potencialidad socio-cultural que puede llegar a darnos pistas acerca de la ciudad que habitamos y somos, de la diferencia que compartimos […] A fuerza de querer ver a toda costa una vida alienada, o una existencia perfecta y auténtica, se olvida a menudo, con la tenacidad que le es propia, que la cotidianidad se funda en una serie de libertades intersticiales y relativas, y una de esas libertades pretende practicarse en los estadios y quiere trasladarse a la ciudad”16.

En los escenarios definidos por las ‘barras’ “se configura una fracción de los nuevos imaginarios […] donde se tejen nuevas maneras de ser, de pensar, de sentir, de representar y de representarse, donde convergen esas nuevas resistencias culturales frente a los modos hegemónicos que diseñan políticas juveniles, y esas nuevas solidaridades que se van tejiendo para contraponerse a las prácticas de este universo neoliberal que habitamos”17.

1    Algunos de los casos que podemos referenciar son: Bogotá, febrero de 2004, Johan Francisco Dueñas, de 21 años, fue asesinado por unos 50 miembros de la barra Los del Sur, del Atlético Nacional, que lo persiguieron y lo apuñalaron. En mayo de 2005, Edison Garzón, barra del equipo Santa Fe, fue asesinado en el Estadio Nemesio Camacho “El Campín”. En julio de 2008, murió cerca del municipio de Soacha un hincha del América de Cali, luego que un grupo de aficionados de Santa Fe le diera 19 puñaladas. En el transcurso de este año se han presentado sucesos parecidos.
2    www.comandoazul.8m.com; www.baronrojosur.org; www.losdelsur.net.
3    Cortina, Adela. “La ética de la sociedad civil”. Editorial Grupo Anaya. Madrid, 1997.
4     ibíd. p. 149.
5     Salcedo, M., Rivera Ruiz, O. “Emoción, control e identidad: las barras de fútbol en Bogotá”. Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH). Bogotá, 2007; Pardey Becerrra, Harold; Galeano Yunda, Juan Paulo; Blanco Sánchez, Andrés Alberto. La ciudad de los fanáticos. Universidad del Valle. Facultad de Humanidades. Cali, 2001. Elías, Norbert. Dunning, Eric. Deporte y ocio en el proceso de la civilización. FCE. México, 1992.
6     Ley 1270 de 2009, artículo 3, numeral 3.
7     ibíd., numeral 4.
8     ibíd., numeral 6.
9     ibíd., numeral 12.
10     ibíd., numeral 18.
11     Ley 1270, artículo 9.
12     Ley 1270, artículo 3, numeral 20.
13     Los “falsos positivos” son muestra de ello, en especial para los jóvenes pertenecientes a sectores populares.
14     “Trujillo, una tragedia que no cesa”. Primer Informe de Memoria Histórica. Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación. Bogotá, 2008.
15     Pardey Becerra, op. cit, p. 127.
16     ibíd., p. 135.
17   ibíd., p. 140..
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