Miércoles, 21 Noviembre 2007 19:00

2008, retos y esfuerzos del movimiento social

Escrito por Equipo desde abajo
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El primer signo de estos cambios se sitúo en 2002, y provino desde los indígenas del Cauca, conservándose en acciones ininterrumpidas que han liderado hasta el presente. Su Congreso itinerante, la campaña por la Libertad de la Madre Tierra, la campaña contra el TLC, y el Congreso de los pueblos, brindaron señales inequívocas de que algo novedoso empezaba a germinar desde los más marginados de Colombia.

 

La simpatía con que la población en general vio estas acciones sintetizó, sin duda alguna, su disposición a superar la indiferencia tan generalizada en los años 90. Decollan en sus acciones la parcial superación del indigenismo, aunque hay que enfatizar en la frágil relación con el movimiento campesino del cual lo distancian viejas disputas de tierras, y lecturas sobre cómo liderar las campañas en marcha.

 

El segundo signo provino del movimiento sindical, abierto a la población en su conjunto a través de la Gran Coalición Democrática. La capacidad de articulación que logró este espacio le otorgó un inmenso prestigio, reafirmado por la vinculación a la misma de diversos partidos políticos y la posibilidad, desaprovechada, de transformarse (una vez derrotado el gobierno Uribe en el referendo) en un eje articulador y de poder en todo el país. Sobre el tapete, y como posibilidad de recuperar su prestigio, se colocan en su agenda temas como el intercambio humanitario, la negociación política, la campaña electoral de 2010, pero también y en su cotidianidad, la definición de procesos para dar un viraje en la forma, los propósitos y el qué hacer de los sindicatos frente a la sociedad en su conjunto y en particular con respecto al mundo del trabajo.

 

Promisorio es el tercer signo, originado en el movimiento ambientalista. Su decisión de lanzar la campaña “El agua derecho fundamental”, como bien público y común, ha dispuesto su resistencia más allá del conservacionismo o de las luchas particulares por el cuidado de cuencas, lagunas, bosques y otros. La convocatoria es a todo el país, generando un eje articulador que interpela y tiene que ver con todos.

 

La acción y reflexión política que se deriva desde este propósito es inmensa. Como no sucedía desde hacía muchas décadas, el tema de lo público se coloca en el centro de la agenda. La demanda de mínimo vital para todas las familias, y la imposibilidad de privatizar este bien común, atacan en todo su centro al corazón del neoliberalismo.

 

En efecto, la solidaridad contra el individualismo; la resistencia activa contra la pasividad; lo común contra lo privado; el Estado como un asunto cotidiano y de todos contra la privatización efectiva del mismo por el capital, son algunos de los aspectos que están tras la campaña por el agua, animada en estos momentos por el referendo para elevarla a derecho fundamental. (Ver págs. 12 – 13).

 

El magisterio no se ha quedado atrás. Desde él proviene otro signo alentador. Aunque no logra superar la dinámica de gremio, se acerca cada vez más a una agenda nacional que lo reencuentre, como propósito fundamental, con la defensa de la educación pública. Su decisión por realizar un referendo contra la reforma a las transferencias, desnuda el Estado sometido a los mandatos de las institucionales multilaterales, y por lo tanto, llega al tema de la soberanía. Quedan pendientes reformas de sus prácticas que le permitan relacionarse en la cotidianidad con la comunidad educativa, retomando el magisterio como una profesión comunitaria por excelencia, donde el docente ejerce como maestro pero también como vecino y compañero, y donde el sindicato se abre en asambleas periódicas a la comunidad en general.

 

La protesta como fiesta provino de los jóvenes, que en oleada solidaria pararon contra la reforma a las transferencias y en defensa de la educación pública. La multiplicidad de formas de protesta, la novedad de sus acciones para bloquear el transporte público o mantener ocupados sus centros de estudio, el interés por la política –como cosa pública por excelencia–, la diversidad de expresiones culturales, indican que algo en verdad novedoso se acumula en la sociedad colombiana. La disposición de Fecode a potenciar esas formas organizativas, sin romper su autonomía, confirman que se está superando, en forma definitiva, la época de la centralización por la centralización y el afán por controlar toda expresión de lo social.

 

El tema de la soberanía nacional, la necesidad de una integración regional y mundial con autonomía, el cuestionamiento del sentido otorgado hasta ahora a lo que se conoce como desarrollo, integró en los últimos cuatro años, en la lucha contra el TLC con los Estados Unidos, un signo de lo social que mantiene toda su vitalidad, y que por las presiones de los grupos de poder que controlan el Estado se acerca a momentos definitivos. Tal vez por su especialidad, o tal vez por la manera como se ha liderado la campaña, la misma no logra despertar todo el sentimiento y la disponibilidad nacional que tendría que haber concitado.

 

El interés de muchas de estas experiencias sociales por reunirse en una expresión política, sin perder su autonomía, es, por último, el signo inequívoco de que se rompe una época e inicia otra. Si bien la discusión política aún no logra el tinte que debe ganar, en el Polo se demanda la misma como mecanismo para precisar con toda claridad el papel de los movimientos sociales dentro de ese nuevo partido alternativo, a la par de estructurar un pensamiento que garantice una comprensión del territorio donde se lucha, uniendo pasado, presente y futuro, a la par que uniéndose en sus búsquedas con los movimientos sociales de los países vecinos.

 

La cualidad de esta nueva experiencia, donde se unen sin reparo lo social y lo político, lo inmediato y lo mediato, es que se abre, con toda fuerza, la mirada del y hacia el Estado como un aspecto que no se puede dejar para un después incierto. La decisión es asumirlo desde ya, comprendiéndolo, sabiéndolo copar y dirigir, con la convicción que no se puede separar de la gente, en tanto el temido Leviatán es la misma gente.

 

Estas agendas, que han aportado en los últimos cinco años para la paulatina e inconclusa renovación de los movimientos sociales en Colombia, se mantienen vigentes. Darle cohesión y relacionarlos sin romper sus particularidades, es la garantía para que el neoliberalismo afronte en el país una etapa de repliegue, la cual deberá dar lugar a la reconstrucción teórica y cotidiana de lo público, esta vez centrada en la capacidad administrativa y de dirección de los movimientos sociales y políticos alternativos.

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