Miércoles, 21 Noviembre 2007 19:00

Las elecciones regionales 2007 y sus lecciones. En el 2010, ¿de Uribe II a Uribe III?

Escrito por Equipo desde abajo
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Parapolítica y control territorial

 

Como varios hechos ya indicaban, tras los comicios de octubre, diversas expresiones encarnadas de la parapolítica se mantienen e inclusive se multiplicaron. Crece su poder regional, ahora con presencia en cerca de 400 municipios intermedios. Las 83 alcaldías obtenidas por Alas Equipo Colombia (que tenía 68) y las 72 de Convergencia Ciudadana, que hasta ahora ostentaba 21, son el ejemplo de mayor crecimiento de sus fuerzas. La obtención de la gobernación de Antioquia con 836.529 votos (en cabeza de Alas Equipo Colombia), es el triunfo más aplastante que lograron. Estos logros, entre otros, confirman que el 75 por ciento de los puestos de elección popular que estaban en juego, han quedado en manos de la coalición uribista.

 

¿Y la propuesta política qué?

 

Un factor descolló en todas las campañas políticas de los diversos partidos y movimientos, así conserven sus diferencias: la ausencia de una propuesta tanto de paz como de ciudad y de campo (de acuerdo al lugar de la campaña) que vincule de manera activa a los habitantes de cada una de estos territorios, y que por su concreción garantice la solución y ruptura con el conflicto y con el modelo heredado.

 

A todas luces, las experiencias vividas en toda América Latina enseñan que no es suficiente con ganar las elecciones. Es fundamental su logro (aunque después también se puede aplicar) agitando, educando, organizando, con un proyecto político de reconstrucción nacional y económica de mediano plazo con medidas inmediatas que paguen la deuda social de soberanía, analfabetismo, nutrición, desempleo y tierra. Al no suceder así, ni el candidato permite o se somete a la verdadera veeduría ciudadana ni su sociedad o comunidad se siente con espacios para movilizarse y demandar consecuencia con los ofrecimientos de la campaña electoral.

 

Dado el vacío de propuesta política integral con la mira de poder y de gobierno, es tal la confusión, la falta de coherencia y la insensibilidad frente a una solución política, que en algunas ciudades se tejieron alianzas electorales entre partidos que se suponen y de hecho son opuestos. Ante esta exhibición del llamado pragmatismo, ¿cómo reflexionará el ciudadano común y corriente que aún está en espera del nacimiento y consolidación de una esperanza para su vida?

 

¿Quién dirige a quién?

 

Aún más, ¿qué pensará este ciudadano cuando se percata que los dirigentes políticos (en este caso alcaldes, gobernadores, concejales y otros) hacen sus campañas sin control alguno de las fuerzas políticas a las cuales dicen pertenecer?

 

Podrá decir el ciudadano desprevenido que así ha sucedido siempre. Y tiene razón. Lo inaudito es que igual comportamiento lo asuman aquellos que dicen pertenecer a un partido alternativo. Se presentan casos extremos como los de la Alianza Social Indígena, que limita su acción política a prodigar avales por doquier. La pregunta pertinente, por tanto, es: ¿cómo crear controles y métodos para superar el individualismo y el clientelismo, base de la tradicional política electoral colombiana?

 

Unidad de intereses mezquinos

 

Se reconoce por propios y extraños que la coalición uribista es una mezcla de intereses locales, nacionales e internacionales, económicos, políticos y militares, todavía sin la suficiente cohesión, o más bien, con una cohesión centrada en variados intereses de poder local, latifundio, y economías paralelas como el lavado de dinero, el narcotráfico y el contrabando. Como ya el piso político de Uribe II no es el mismo, las primeras muestras de su debilidad interna y de su posible fractura en algunos de sus factores de poder se evidenciaron antes de las elecciones y apenas concluyeron. Su motivo: el forcejeo por establecer cuál es y será el “varón electoral” que figurará como posible cabeza de continuidad para las elecciones del 2010. Y la “Casa Santos” está en el primer lugar de la fila. Mas la disputa, no logró aflorar en todo su tamaño.

 

Cuando apenas empezaban a moverse los intereses varios, el vocero del partido uribista, aprovechando una reunión de su fuerza, elevó plegaria para una nueva reelección. El Uribe III. De esta manera, las elecciones de octubre, mostraron que el partido conservador recuperado (1.900.000 votos), el de la U (1.700.000) y Cambio Radical (1.300.000), aunque son las tres fuerzas con mayor peso al interior de esa coalición, no fueron factor suficiente para posicionar, dentro de los mayores exponentes y defensores del establecimiento, a nuevos dirigentes para agosto del 2010 y su después.

 

Impedir la continuidad de la guerra

 

Cantada ya la campaña por la reelección, la cual pasará por una nueva reforma constitucional y por diversos manejos publicitarios y el despliegue de toda la fuerza y capacidad clientelista y del dispositivo paramilitar acumulada en el aparato de estado colombiano, recaerá en el PDA, el Partido Liberal, múltiples movimientos sociales y diversidad de pequeñas fuerzas regionales, toda la responsabilidad para impedir que la reelección se lleve a cabo. Para lograrlo no es suficiente una campaña electoral tradicional. Ese es sólo un aspecto.

 

Con el objetivo de la paz al fondo, es fundamental airear desde ahora:

-          el Intercambio Humanitario como puerta y posibilidad de una nueva negociación política,

-          concretar los referendos por el agua y contra la reducción de los dineros que llegan a los municipios vía transferencias,

-          apoyar al movimiento indígena en su campaña por la liberación de la Madre Tierra,

-          desplegar fuerzas contra la firma del Tlc con los Estados Unidos,

-          demandar toda la verdad en el caso de la confección del paramilitarismo y su expresión electoral: la parapolítica,

-          tejer relaciones de hermandad con los partidos en el gobierno, al igual que los propios gobiernos, de Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Venezuela, Chile, Uruguay, Brasil y Argentina, creando un espacio internacional por la integración del Sur y la solidaridad que rompa el manejo monopólico de los medios de comunicación en Colombia y por tanto, desplegar una campaña por la paz y el cambio, contra el neoliberalismo y el autoritarismo en Colombia.

 

Una campaña electoral propiamente dicha que debe arrancar desde el 2009, en consultas internas y agitación nacional con visitas a los municipios y comunas, que permita construir una relación con los ciudadanos que va más allá de la mirada y el discurso como simples electores.

 

Por ahora, los votos logrados por las fuerzas que pueden integrar una coalición por la esperanza muestran que el camino tiene seña pero está por hacerse.

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