Sábado, 23 Octubre 2010 08:54

Los microbios, ¿son amigos o enemigos?

Escrito por Marcela Abreu, Diego rodríguez, Héctor Arenas, Zabrina Molina y Magdalena Barón
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Los microbios, ¿son amigos o enemigos?


En medicina, a la inflamación se le denomina con la terminación -itis. Aunque el proceso es el mismo (aumento de la circulación sanguínea), la manifestación es distinta según la zona afectada.

Si se inflama la piel tenemos la dermatitis: erupciones infantiles (sarampión, rubeóla, varicela, etc.), acné, abscesos, flemones, eczema, psoriasis, caspa.

La piel se continúa con otra membrana que recubre todas las cavidades y tiene la capacidad de producir moco, por lo que se le llama mucosa. Cuando se inflama, aumentará la producción de moco.
  • Si es la cavidad respiratoria: sinusitis, rinitis (da estornudo), faringitis, amigdalitis, laringitis, (da ronquera), traqueítis, bronquitis (da tos), neumonía.
  • Si es la cavidad bucal: gingivitis, estomatitis, glositis.
  • Si afecta a cavidades de ojo y oído: conjuntivitis, otitis.
  • Si afecta al túnel digestivo: esofagitis, gastritis, colitis, duodenitis, enteritis, gastroenteritis, apendicitis.
  • Si afecta la cavidad genito-urinaria: cistitis, vaginitis, endometritis, anexitis, bartolinitis, orquitis, prostatitis.
  • Inflamaciones de otros tejidos o vísceras: miositis, artritis, osteomielitis, hepatitis, nefritis, pancreatitis, miocarditis, meningitis, encefalitis, tiroiditis.

La inflamación es la reacción defensiva más importante de nuestro organismo. Si nos clavamos una astilla, desencadenamos una reacción inflamatoria para expulsar ese cuerpo extraño. Producimos inflamaciones para luchar contra animales parásitos como son los piojos, la sarna o las lombrices intestinales.

Algunas de estas inflamaciones presentan unos seres vivos microscópicos, llamados microbios, o unas partículas más pequeñas, que ni siquiera se pueden considerar seres vivos, llamadas virus. A esto se le llama infección: un intento de invasión microbiana. La inflamación es la lucha del cuerpo por evitar esta invasión, y los –antibióticos– recetados, tóxicos para envenenar a los microbios. El catarro, la gripe, el sarampión, la hepatitis, la polio y el sida, se consideran causados por ataques de virus. Los antibióticos no sirven para matar los virus.

La mayoría de los microbios son reconocidos por la ciencia como benefactores. Se dicen que son (necrófagos): que se alimentan de materia muerta. Son los encargados de transformar a los animales y a las plantas muertas en abono para la tierra. Llevamos microbios beneficiosos en nuestra flora intestinal. Hay personas llamadas portadoras que presentan microbios supuestamente causantes de una enfermedad, pero que están sanas. Así pues se suele aceptar que el microbio no es suficiente para enfermar, sino que necesita además pillarnos con las defensas bajas.

Según la teoría aquí expuesta, el objetivo de la inflamación es la desintoxicación y los microbios no invaden el cuerpo, sino que se alimentan de los desechos y células muertas que se están expulsando.

¿Infección o desintoxicación? (Dos teorías enfrentadas)

Los humanos elaboramos teorías intentando dar explicación a la compleja realidad en que vivimos.

Según la teoría de la desintoxicación, los microbios y los virus, más que la causa de la enfermedad, serían una consecuencia más del Maltrato = Agotamiento = Intoxicación = Desintoxicación.

Un ejemplo muy gráfico es la muerte del militante vasco Joseba Arregui. Tras permanecer nueve días detenido en los calabozos de la policía, murió en el hospital penitenciario. Los informes médicos y las autopsias realizadas posteriormente revelaron que el cuerpo de Arregui presentaba multitud de hematomas, quemaduras en las plantas de los pies y hemorragias en los ojos, aunque la causa oficial de la muerte fue una bronconeumonía causada por un virus. El virus, ¿causa o consecuencia?

La teoría de la infección la elaboró el químico Luis Pasteur (1822-1895). Ya en su época hubo científicos que la discutieron, entre ellos su profesor Bechamp y su amigo el famoso médico Claude Bernard. Se dice que Pasteur al final de su vida llegó a declarar que “Bernard tenía razón: el microbio no es nada, el terreno lo es todo”. Desde entonces fue perdiendo peso la idea de que la enfermedad era producida por una suma de factores y el mundo médico se acostumbró a buscar un microbio causal a cada enfermedad, a la vez que se desarrollaba la próspera industria del antibiótico y la vacuna. Posteriormente ha habido otros científicos que se han atrevido a discutir el dogma pasteuriano, entre ellos Wilhem Reich.

La teoría de la infección tiene consecuencias dañinas: el microbio hace de chivo expiatorio, se oculta aquello que en realidad nos enferma y nos hace dependientes de científicos, médicos y fabricantes de fármacos.

La teoría de la desintoxicación tiene buenas consecuencias: nos lleva a luchar para que ningún ser humano ni el resto de la naturaleza sean maltratados. Nos anima a aprender a vivir mejor.

En la actualidad, la medicina enseguida se apresura a echar la culpa de los malestares a virus y microbios, cuando, en la era de la contaminación química y radioactiva, es más lógico pensar en la intoxicación. La “neumonía tóxica” de 1982 en España, fue considerada al comienzo una infección por micoplasma y tratada con antibióticos (un tóxico) cuando en realidad era una intoxicación por aceite de colza. Epidemias que afectaron a focas y se achacaron a virus, resultaron ser consecuencia de la contaminación marina. Un caso de meningitis que afectó a niñas de una escuela, resultó ser consecuencia del vapor tóxico del barnizado de los pupitres. Meningitis producidas por supuestos virus de quirófano, resultaron ser consecuencia de la sustancia anestésica en malas condiciones. Cuando supuestas infecciones son tratadas con antibióticos y no se curan, se suele decir que las bacterias se han hecho “resistentes”, cuando en realidad resulta que la causa no es la infección, sino una intoxicación, que se agrava con el consumo de antibióticos (tóxico que intoxica y debilita más y enferma).

Cuando Einstein formuló la Teoría de la Relatividad del tiempo, no dijo que había descubierto “la pura verdad”. Simplemente que había elaborado una teoría que explicaba mejor la compleja realidad que la Teoría de la Gravitación universal de Newton. Quizás los humanos un día elaboremos una teoría que explique mejor la enfermedad que la actual. Mientras tanto, por si acaso, cuando oigas hablar de infecciones y contagios, piensa también en la posibilidad de una intoxicación a través del aire, la ingestión o la piel.

Lo agudo y lo crónico

Si se mantiene el maltrato (aquello que nos agota e intoxica), y además añadimos tratamientos que cansan e intoxican más (medicamentos, plantas medicinales y otros remedios), puede ocurrir que:
  • El cuerpo se cure a pesar del intento de cortar sus síntomas.
  • El síntoma se desplace a otra parte  del cuerpo, o que se complique con nuevos síntomas (“salir de una enfermedad para entrar en otra”).
  • El mal desaparezca y vuelva a aparecer al tiempo (“una recaída”). El cuerpo se recupera de la represión y vuelve a desencadenar la desintoxicación necesaria.
  • El malestar se cronifique y persista debilitado.

Lo agudo reprimido, cronifica

Lo agudo (malestar intenso, curativo y pasajero), si se reprime, corre el riesgo de cronificarse (malestar débil y persistente).

Si los tóxicos permanecen dentro mucho tiempo van estropeando los tejidos:
  • Ulcerándolos
  • Degenerándolos (perdiendo sus cualidades originales). Se denominan con la terminación –osis: arterioesclerosis (endurecimiento de la pared arterial, artrosis (desgaste de la articulación), osteoporosis (descalcificación ósea), esclerosis múltiple (endurecimiento del sistema nervioso).
  • Dando un crecimiento exagerado: tumoraciones –oma: carcinoma de mama, fibroma de útero, sarcoma, epitelioma.

Lo agudo cura lo crónico

Cuando la medicina no es capaz de curar una enfermedad, le coloca la etiqueta de incurable. Existen casos incurables que recuperan la salud. Estas curaciones no tienen nada de milagrosas. Los médicos no podían curar porque no suprimían las causas, añadían tratamientos agresivos y cortaban cualquier crisis aguda curativa. Suprimiendo las auténticas causas y revitalizando a la enferma, pueden llegar a curarse o al menos a tener una mejoría notable. En estos casos, los médicos, en lugar de aprender de su equivocación, prefieren afirmar que se trataba de un error de diagnóstico.

El cuerpo puede intentar curar algo crónico con una crisis aguda. Una gripe puede curar un reuma o una bronquitis crónica. Se han visto recuperaciones de cáncer a través de una fiebre elevada (por ello uno de los tratamientos que se investiga para la curación del cáncer, es provocar fiebres artificialmente). Un flemón, un sarpullido en la piel, un cólico biliar o renal pueden dar paso a una gran mejoría.


Regenerar lo local, crear comunidad, trascender el mercado, reconstruir los tiempos


Frente a la explosión del desorden que implica la expansión de un capitalismo global cada vez más financiarizado, se hace imperativo impulsar la reconstitución de los mecanismos que engendran vida y permiten hacerle frente a la creciente entropía que nos embarga; máxime ante la inviabilidad de un crecimiento –y consiguiente urbanización– sin límite, inscrito en el ADN del capitalismo, en un ecosistema finito como es la biosfera.

De hecho, ya se desbordan los límites planetarios en muchos terrenos. La lucha, pues, contra los procesos de urbanización salvaje, contra el estallido metropolitano y por la defensa de un mundo rural vivo, en consonancia con el entorno ecológico, son componentes fundamentales de tal reconstitución.

Es preciso preservar y rehacer lo local, la vida comunitaria, los tiempos particulares, la idea de futuro, las singularidades de los diversos paisajes, así como defender los lugares contra la tiranía del espacio de flujos, pues la gente vive en lugares y el poder hoy día domina principalmente mediante flujos. Por supuesto, con medios coercitivos de todo tipo cuando es preciso, necesidad que hoy se dispara exponencialmente para enfrentar el desorden que comporta el propio despliegue del nuevo capitalismo global. Esto permitirá reconstruir las identidades quebradas y carentes de sentido que promueven las segundas y terceras pieles artificiales que se sobreimponen sobre el planeta, cuyo funcionamiento responde cada vez más a la lógica del beneficio, el dinero, el poder y la destrucción. Ello hace parte de la necesidad de afirmar el valor de la vida, aquí y ahora. Una vida con sentido, justa, solidaria con los demás y en equilibrio con el medio.

El mando del capital impregna actualmente todo, y no es posible ponerlo en cuestión sin transformar de arriba abajo el sistema de valores imperante, nuestras formas de vida, las estructuras productivas, las formas urbanas, los modelos territoriales; en definitiva, el poder del dinero.

Ramón Fernández Durán
(Miembro de Ecologistas en Acción)
Traficantes de Sueños

Recetas


ReverdeSer

“Es de vital importancia que el ser humano comprenda que con retornar a los valores simples y fundamentales de la vida, cualquiera puede curarse y mantenerse sano”.

Pan árabe

Ingredientes:
  •     4 Tazas de harina de trigo integral
  •     2 Tazas de agua tibia
  •     3 Cucharadas pequeñas de sal
  •     1 Cucharada de levadura seca o 3ml de levadura en pasta

Se mezclan las harinas en un recipiente, se agrega la sal. Se disuelve la levadura en el agua tibia. Luego se agrega el agua con la levadura a las harinas y se amasa por 15 min. Se deja descansar por 4 horas. Luego se amasa nuevamente y se divide en 16 pedazos, cada pedazo se estira con el rodillo en círculos como haciendo arepas. Luego uno a uno, se pasan por un sartén a fuego bajo y tapado, por lado y lado hasta que están secos. Después se colocan sobre el fuego en una rejilla para asar, hasta que el pan se infla y dora.
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