Sábado, 23 Octubre 2010 09:05

Boaventura de Sousa Santos: “Las oligarquías siempre prometieron la democracia y nunca cumplieron…”

Escrito por Daniel Libreros y Juan Camilo Díaz
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Boaventura de Sousa Santos (Coimbra, Portugal, 15 de noviembre de 1940) doctor en Sociología del Derecho, catedrático universitario y director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra, activista y promotor del Foro Social Mundial. Defensor de la idea de que movimientos sociales y cívicos fuertes son esenciales para el control democrático de la sociedad.

En la primera semana de septiembre, este connotado intelectual, dictó una conferencia en Bogotá, a propósito de la publicación de su más reciente obra, “Reinventar el Estado”, ocasión que aprovechamos para conversar con él. A continuación el diálogo sostenido.

Desde Abajo (da): Colombia es una nación en la que el conflicto armado ha dejado como resultado 35 mil desaparecidos, miles de muertes selectivas de líderes sindicales, indígenas, campesinos, periodistas, miembros de partidos políticos, etcétera, además de cuatro millones de desplazados. ¿Por qué el tema del conflicto colombiano tiene en el contexto internacional tan escaso interés?
Boaventura Sousa de Santos (BSdS): Es una buena pregunta. Primero, porque Colombia es, por decirlo así, un anacronismo dentro del continente, en el sentido de que los procesos de lucha armada que hubo en el continente casi todos se superaron, y en Colombia el conflicto no se ha resuelto hasta ahora. Y eso le da un carácter excepcional a un país que, al contrario de los otros, y por encima de todas las razones que tú das, es un país que no pasó por una dictadura militar, tal como casi todos los otros países de América Latina que sí las sufrieron. Pasó, eso sí, durante mucho tiempo por estados de excepción, que, como sabemos, en los 80 y los 90 eran permanentes, una forma ‘normal’ de vida constitucional.

Por otro lado, Colombia de alguna manera se aisló del continente porque se transformó, sobre todo a partir de los 90 (después de un acto muy luminoso que fue la Constitución del 91), en satélite de los Estados Unidos, y con Uribe llegó al punto de convertirse en el Israel de América Latina, que ahora se confirma cuando Uribe es una de las personas de confianza del Primer Ministro de Israel para conformar la comisión que investiga el ataque a la flotilla de paz que viajaba a Palestina. Entonces, eso aisló bastante a Colombia, la misma que quiso aislarse, precisamente por darle prioridad a sus relaciones con los Estados Unidos. Y lo que quieren estos son lacayos o amigos serviles. Y los amigos serviles no tienen más posibilidades que hacer lo que dice el Imperio.

d.a. Esa sería una parte de la explicación. ¿Hay otras razones?
BSdS. Claro, hay más anacronismos, el paramilitarismo es uno de ellos. El paramilitarismo con todas sus conexiones (que no son totalmente conocidas pero sí sospechadas con fuertes pruebas) con el Estado, sus aparatos y el Ejército. El paramilitarismo se está exportando al continente y ya no es un fenómeno colombiano; lo vemos en Ecuador, Bolivia, Perú, Honduras, con otras formas en Brasil, pero también lo vemos en Chile. Colombia aparece identificada con el paramilitarismo y con algo que de algún modo destruye violentamente los procesos democráticos. Por eso Colombia queda como Estado excepcional.

d.a. Colombia aislada, y la mayor parte de países de la región avanzando en mecanismos de integración…
BSdS. Parece paradójico, pero así es. El paramilitarismo toma fuerza en una década, la misma que es la más interesante del continente, la primera del milenio, que empezó con el Foro Social Mundial y que continuó con la elección de gobiernos progresistas, algunos que venían desde años atrás, como Chávez, y otros que lograron llegar al poder en 2000 desde Lula, Rafael Correa, Evo Morales, Fernando Lugo de Paraguay (quien llegó en bus al primer FSM porque no tenía plata). Tuvimos una serie de gobiernos progresistas en el continente y eso creó una nueva lógica de internacionalización e integración internacional en la cual Colombia quedó por fuera; no entró en este proceso de integraciones muy fuerte que se da en América Latina.

En esta década se creó en el continente una lógica de insurgencia democrática fuerte, agresiva, y Colombia se quedó por fuera de este bloque. Al contrario, al final de estos 10 años aceptará las bases militares de los Estados Unidos. Esto y el golpe de Honduras me parece que son las primeras señales de que probablemente la segunda década no va a ser tan brillante en el continente como la primera. Y claro, la primera, probablemente, fue más brillante porque Estados Unidos estaba concentrado en Oriente Medio, pero ahora ellos están regresando y las señales están ahí, no son solamente las siete bases o el golpe de Honduras sino también lo que vi en Costa Rica, un país sin ejército pero donde helicópteros norteamericanos sobrevuelan todos los días, entran con sus barcos de guerra y aterrizan en el aeropuerto, o sea que hay todo un proceso de militarización por parte de la Cuarta Flota que nos dice que realmente algo está pasando.

Colombia se quedó por fuera de las organizaciones nuevas que aparecen en el continente, ha resistido a los intentos de crear la Unasur, de crear el Alba, de profundizar todas las formas de integración regional, etcétera, con un precio de aislamiento internacional que se profundizó mucho más con Uribe, que hizo que de alguna manera Colombia se constituyera como Estado paria dentro del continente.

Ocurrieron, además, cosas graves con los vecinos, como la agresión a Ecuador, que fue una cosa brutal que salta todas las normas internacionales. Frente a un presidente como Rafael Correa que decide no renovar la base de Manta, Colombia se quedó como Estado paria, y una persona como yo, que viene trabajando en Colombia desde los 90, siento mucha pena de un país con muchas organizaciones de la sociedad civil, con ideas, con propuestas, con grupos que trabajan nuevas formas de participación y gestión. Me sorprende que la comunidad internacional no reconozca esas formas dinámicas, esas iniciativas de la población colombiana que resisten a la violencia y la agresión diaria. Pero la violencia política no va a impedir que este país continúe, con gran fuerza, creando nuevas formas de organización.

da: ¿En su opinión, con Santos algo de esto va a cambiar?
BSdS: Con Santos, la vieja oligarquía está de nuevo en el poder y estas oligarquías son más clarividentes y no les gusta la estrategia de una figura menor como Uribe, y tienen una visión más estratégica y ven que ser un instrumento de los Estados Unidos no es bueno y este aislamiento los hace muy vulnerables; pueden tener la seguridad ciudadana que tienen los israelíes en su país, pero la realidad económica es otra. Es por esto que de alguna manera las primeras medidas del nuevo presidente giran en torno a normalizar las relaciones con Chávez, Rafael Correa y ahora Brasil.

El orden económico mundial ha cambiado porque los países periféricos se han unido y modifican todo. Los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) tienen poder y se han organizado en una forma muy interesante. Se reúnen en foros donde demuestran ser una fuerza que se debe tener en cuenta, y algunos de estos países, como China, muestran un crecimiento permanente como el de Brasil, que cambia las relaciones dentro del continente. Hay un cambio del orden económico internacional y entraremos en un nuevo multilateralismo.

da: ¿Y la crisis de las economías centrales?
BSdS: El Fondo Monetario Internacional (FMI) no intenta disciplinar a Estados Unidos pero sí lo hace con Europa, América Latina y el resto del mundo. En 1953, Alemania era incapaz de pagar sus deudas acumuladas en dos guerras y Estados Unidos le dio un perdón político y acordó una tasa de interés que Alemania podía pagar con su economía. Como estábamos en la guerra fría, el Imperio quería mostrar que Alemania capitalista era un milagro económico. Pero mide con otro rasero a los demás países; ahora, cuando Portugal, Irlanda, Grecia y España van a una crisis, se les exige cumplir con las fórmulas del FMI. Habla de reducir los subsidios para las poblaciones más vulnerables, pero le gusta el proteccionismo de los Estados que les dan dinero a los bancos; incluso se habla de crear una tasa Tobin para salvar los bancos o la Organización Mundial del Comercio, que es un juego fraudulento con unas reglas para los pobres y otras para los más ricos.

Hoy, el neoliberalismo ejerce una hegemonía económica pero no una hegemonía ideológica, vamos hacia una crisis más fuerte, y no se tiene el dinero para salvar bancos y empresas en otra crisis del capitalismo. Las inversiones son muy grandes y no vemos de dónde van a sacar más dinero para salvar otra crisis. En realidad, el capitalismo no debe tener miedo de sus adversarios sino de sí mismo. El capitalismo está llevando al planeta a una crisis muy grave; no se preocupa por la humanidad ni por la crisis climática o todo el sistema de vida de las personas. A los capitalistas no les interesa el futuro sino lo que está pasando aquí y ahora y nada más. El capitalista tiene un largo plazo de diez minutos. El capital está por encima del deterioro ambiental y las condiciones de vida de la gente. Hoy, la pregunta no es si el capitalismo logra sobrevivir sino si nosotros somos capaces de sobrevivir al capitalismo; necesitamos un proceso civilizatorio porque el capitalismo neoliberal es a la vez un fascismo social.

da: ¿Habla usted de cambios en el continente durante los últimos diez años?
BSdS: En algunos títulos de las Constituciones de Bolivia y Ecuador se reconocen factores ambientales como derechos. El tema de Ecuador es muy interesante: un país que toma la decisión de no explotar su petróleo a cambio de cuidar el ambiente y beneficiar el planeta. Hablamos de otro modelo de vida.

Ecuador es la primera potencia ambiental del mundo. Dejar bajo tierra su petróleo y buscar que los países más desarrollados les recompensen la mitad de los recursos que ganarían si los explotara es una nueva forma de ver la existencia. Alemania se comprometió con Ecuador a pagar 50 millones de dólares por año, durante 13 años, y ya están conversando con otros países. Estamos ante un modelo político nuevo con Chávez, Correa en Ecuador, Evo en Bolivia. Lo curioso es que sectores de la izquierda no entienden lo que pasa y no ven el cambio. Dicen: pero el modelo económico no cambia. No ven cómo ha cambiado el panorama político. Por ejemplo, en Costa Rica se da una resistencia a la firma del TLC con Estados Unidos, muy bien organizada, enfrentando toda la presión de los medios, cosa no vista antes allí. O en México, donde se movilizó el país contra el fraude, o la forma como se moviliza el continente contra el golpe en Honduras. Antes no se podía hacer esto porque Estados Unidos no lo permitía. Si se daba un golpe que favoreciera a Estados Unidos, no se discutía. Y es muy importante porque eso puede pasar con Venezuela, Bolivia o Ecuador. Se sienta un precedente para quienes quisieran desconocer estos gobiernos populares.

Las oligarquías siempre prometieron la democracia y nunca cumplieron, y ahora los sectores populares se toman la democracia. Por primera vez se tiene una radicalidad en la democracia, es decir, las clases populares se toman en serio la democracia y tenemos un obrero de presidente en Brasil y un indígena en Bolivia. Llegan por elecciones democráticas y crean democracias radicales en que los pueblos de América Latina miran el buen vivir y los derechos de la naturaleza. Todos los conceptos incorporados en las nuevas constituciones son intentos para modificar el modelo económico. Hemos ganado en lo local y en lo comunitario. Tenemos grandes redes de economía solidaria en varias partes del continente, y muchas cosas que a mi juicio son embriones de algo nuevo y muy interesante.

No hablamos hoy de revoluciones marxistas. A muchos sectores de la población en América Latina no les gusta la palabra socialismo porque las organizaciones socialistas los desconocieron, por ejemplo, a los indígenas siempre los excluyeron; si los tenían en cuenta, era en cuanto campesinos, pero no advertían que tenían otra cosmovisión. Carlos Mariátegui escribió un libro sobre la sociedad peruana que creció sin ver al indio, y desde Moscú lo reprendieron. Cien años después, tú ves el protagonismo del movimiento indígena en todo el continente.

da: También tenemos nuevos movimientos sociales.
BSdS: Los nuevos procesos de las organizaciones ambientales, de economía solidaria, de género, de jóvenes, indígenas, afrodescendientes, han traído cosas nuevas como esto del buen vivir. Sin embargo, tenemos dificultades para observar cómo se desarrollan estos movimientos. Por ejemplo, ¿cómo surgió la Guerra del Agua en Bolivia o la lucha contra el TLC, cosa que mueve a toda la sociedad en Costa Rica? No podemos ver cómo se construyen los procesos y sólo vemos los picos del movimiento y no entendemos cómo se originan estos movimientos. Pero además carecemos de una teoría que explique bien estos nuevos movimientos. Con la teoría que tenemos no estamos en condiciones de explicarlos y lo que ocurre con ellos. Esto les da una oportunidad a las ciencias sociales de encontrar otras ideas o visiones. La teoría política emancipatoria y crítica se ha creado en cinco países: Alemania, Francia, Inglaterra, Italia y Estados Unidos, y los movimientos más interesantes y renovadores de la práctica política y social vienen del Sur. Los nuevos movimientos hablan en quechua, en aimara, en hindú, en maya. Hablan de la Madre Tierra.

Estamos en un momento muy creativo en el cual estos nuevos movimientos han innovado la acción política, uniendo la acción directa con la acción legal. El Movimiento de los Sin Tierra (MST) ocupa tierras y a la vez utiliza los canales del Estado para avanzar en sus proyectos; manejan muy bien los dos modelos: la lucha dentro y fuera del Estado. Sin embargo, se cierne un gran peligro, como es la criminalización de la protesta popular. En varios países, esta criminalización busca detener la movilización. En Chile, más de 1.000 dirigentes mapuches están presos, y lo mismo ocurre en Perú y en Argentina. Este es un continente en movimiento y no podemos detenernos.
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