Jueves, 17 Abril 2008 19:00

Respaldarlo con todas las fuerzas. Referendo por el agua

Escrito por Equipo desde abajo
Valora este artículo
(0 votos)

 

La iniciativa está liderada por un numeroso núcleo de organizaciones sociales ambientales, comunitarias, sindicales, indígenas, afrocolombianas, brindando a través de su accionar una enorme lección de empuje e interés público que debiera producirle envidia al Legislativo nacional, centrado en tramitar minucias mientras se atraganta ante la descomunal concentración de la riqueza que avalan, y se ahoga en el lodo de la corrupción y la guerra.

 

La propuesta en desarrollo tiene su historia: arrancó el 30 de abril de 2005 como la campaña “El agua: un bien público”, llevada a cabo por Ecofondo a través de las 12 unidades regionales en que se encuentra organizado. Allí realizó diagnósticos regionales, foros y talleres que motivaron y despertaron la participación regional sobre un tema de gran preocupación para las comunidades rurales y urbanas: el agua, su calidad, el acceso a la misma, el cuidado, la propiedad, etcétera.

 

Con la participación de 1.100 organizaciones, la campaña evidenció la necesidad de una iniciativa mayor: el referendo ahora en marcha. Pero para llegar a él se entregó el 6 de septiembre de 2006, en la Comisión V del Senado de la República, declaraciones sobre el particular firmadas por 44.475 personas.

 

La campaña se transformó, y de una propuesta de sensibilización y educación sobre un tema y un recurso público fundamentales, avanzó hacia una acción social y política para reformar la Constitución Nacional mediante Referendo. Para llegar a éste, el pasado 11 de enero de 2008 se entregaron a la Registraduría Nacional 242.977 mil firmas (superiores al 5 por ciento del censo electoral exigido por la Ley 134 de 1994).

 

Con este antecedente, la Registraduría confirmó el 13 de marzo la validez de la iniciativa. Tras diversos debates y talleres organizativos, realizados desde enero del 2008, los impulsores iniciaron el 14 de marzo la etapa definitiva para este Referendo, en la cual, y luego de seis meses, se deben recoger como mínimo 1.403.000 firmas de apoyo, pero que todas la experiencias nacionales e internacionales precisan que deben ser como mínimo 2.000.000 para soportar todas aquellas rúbricas que no sean aceptadas por la Registraduría.

 

Mayúsculo esfuerzo, mucho más si se tiene en cuenta que la propuesta en desarrollo no cuenta con recursos ilimitados –como las campañas estatales o apoyadas por el Gobierno o la empresa privada– ni con el apoyo de los grandes medios de comunicación ni con el favor de los funcionarios nacionales, regionales o locales que ayuden a movilizar sus comunidades en apoyo de esta agenda ambiental, social, política, económica, de verdadero interés público.

 

En estas circunstancias, sin duda que la lucha por el agua como recurso estratégico al cual puedan acceder todos –además de protegerse–, sin reparar en su capacidad económica, es la iniciativa de mayor calado abordada por el movimiento social colombiano desde hace muchos años. Tal vez de igual o mayor trascendencia que la lucha contra el referendo con el cual Álvaro Uribe quería asegurar, de una vez y para siempre, la agenda firmada con el Fondo Monetario Internacional.

 

Igual que aquella batalla, el Referendo en marcha es la confrontación entre el interés privado o de los grandes grupos económicos, y la prevalencia de los intereses públicos y colectivos. Es la pugna entre la agenda neoliberal que avanza privatizando todo aquello que produzca dinero –sin importar sus efectos sobre la mayoría– y la sociedad civil que sale a proteger lo poco que le queda.

 

Lo importante aquí, por demás, es que se trata de una agenda visionaria o futurista. Si bien en Colombia se privatizan sus aguas con diferentes técnicas o argucias (concesiones, administración de una parte del servicio, tarifas, mantenimiento de plantas, etcétera), cualquier despistado pudiera decir que el país cuenta con mucho líquido vital, pues es una de las reservas en esta materia en todo el mundo. Pero, además, ‘sólo’ el 20,37 por ciento de las empresas prestadoras del servicio de agua son privadas; un 43,01 estatales y el 36,61 comunitarias. Es decir, para ellos aún hay mucho por ganar.

 

Argumentos y argucias que pudieran precisar, además, que el país tiene agua por doquier, pero olvidan la dolorosa realidad de que un 15 por ciento de la población urbana no cuenta con acueducto público, proporción que en el campo se incrementa al 78 por ciento de sus habitantes. Sin olvidar algo que cada día excluye a más y más mujeres y hombres de todas las edades de un servicio óptimo o por lo menos aceptable: que las tarifas, producto de la privatización de los acueductos, crecieron durante los últimos cinco años del siglo XX, en las 18 principales ciudades del país, entre un 38 y un 226 por ciento.

 

No es un capricho, por tanto, que los impulsores del Referendo de marras se propongan que en la Reforma Constitucional quede establecido que “el agua es un bien común y público”. Y mucho menos que “el acceso al agua potable es un derecho humano fundamental. El Estado tiene la obligación de suministrar agua potable suficiente a todas las personas, sin discriminación alguna y con equidad de género. Se debe garantizar un mínimo vital gratuito”. Y todavía mucho menos aquella que precisa: “El servicio de acueducto y alcantarillado será prestado en forma directa e indelegable por el Estado o por comunidades organizadas”, sin olvidar las precisiones sobre los valores culturales que el agua tiene entre indígenas y afroco-lombianos, por lo cual se le debe respetar, proteger y garantizar.

 

Como se puede deducir, toda una agenda de interés nacional y que integra sin distingos de raza, cultura y poder económico a todos los que habitan en Colombia, recuperando para ellos el sentido público y estratégico de sus recursos naturales, en particular del agua.

 

Siendo así, les corresponde a todas las organizaciones sociales y políticas, más allá de las integradas en la actualidad a la iniciativa en marcha, aceptar y abordar la misma como tarea prioritaria para los suyos. Es necesario que todas esas organizaciones, poniéndose el reto y como aporte un tope de firmas, dispongan como mínimo de una semana de activismo voluntario para difundir el Referendo y recoger firmar.

 

Es necesario, además, que por todas las emisoras comunitarias, por todos los medios escritos comunitarios o populares, y por lo pocos canales de televisión comunitarios que existen se realicen programas educativos sobre el particular.

 

Y como cierre de la campaña, el 14 de agosto, un mes antes de terminarse, y como agenda final de la misma –para tensionar las fuerzas de todos los comprometidos– realizar un Festival Nacional del Agua. Que por veredas, corregimientos, municipios pequeños o grandes, y en los barrios de todas las ciudades capitales de los principales centros urbanos, se haga del referendo una fiesta que convide a compartir, administrar y defender lo público, como lo que es: un recurso natural de todos, que por su característica natural es finito.

 

Es el momento de lo fundamental. Hagamos del Referendo una oportunidad para que los colombianos nos reencontremos, asumiendo al país como una agenda estratégica y común.

Visto 1671 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.