Sábado, 11 Diciembre 2010 17:08

Movimientos sociales colombianos. De cara al 2011

Escrito por Equipo desde abajo
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Terminamos el calendario 2010 y nos enrutamos a otros 12 meses que, en términos de tiempo político, nada rompen pero sí agendan luchas y retos.

Al final de la primera década del siglo XXI se llega con señales prometedoras de lo que pudiera concretarse en los próximos años: la unidad y la potenciación política de los movimientos sociales colombianos.

Luego de años de máxima dispersión y de ofensiva oficial, diversas iniciativas de coordinación y de nuevas maneras de ver y asumir la política toman cuerpo. La instalación y la primera sesión del Congreso de los Pueblos, la concreción de la Marcha Patriótica y la realización del Encuentro Nacional de la Unidad Popular, de la Comosoc, así lo indican.

Aunque está distante la posibilidad de que las tres experiencias se encaminen por una misma vía, es de resaltar la realización de cada uno de estos procesos, con la expectativa que se despierta sobre sus activistas y sectores sociales en general.

Cada uno de estos transcurrires profundizará su dinámica, desarrollará sus preceptos, y sobre esa práctica –ojalá abierta a la crítica y la renovación– se crearán condiciones para discutir proyectos y articular agendas.

De parte del Congreso de los Pueblos, el reto inmediato es la realización de las sesiones regionales, temáticas y sectoriales. Es decir, darse base real, territorial, más allá de los miles que confluyeron a la jornada del 8-12 de octubre. De cada una de estas sesiones saldrán borradores de perspectivas de trabajo legislativo de carácter popular, lo cual deberá concretarse en comunidades específicas. Con el tiempo, se deberán consolidar nuevas formas de gobierno que den al traste con el actual modelo.

En ese camino, como reto inmediato, se debe abordar y precisar el método para superar las tensiones que van tomando cuerpo en su interior:

Prioridad: Construcción interna vs. Movilización.
Conducción: Elegir un mecanismo mínimo de dirección vs. Basismo.
Temáticas: Economía para la vida (Buen Vivir) vs. Socialismo.

De una acertada interpretación de esas opciones depende que el Congreso de los Pueblos no sea una nueva frustración, ya que se debe entender que, así no resulte lo más evidente, llegar a consensos sobre un mínimo es una de las tareas más difíciles pero absolutamente necesarias para que las diversas fuerzas que pugnan por una nueva sociedad puedan al fin comenzar a materializar sus sueños. Y para que ello sea posible, es necesario, entre otras cosas, dilucidar si este momento es el de la lucha directa en la calle o el de la consolidación interna del proceso, para que su fortalecimiento constituya garantía de una incidencia mayor en el futuro inmediato sobre el conjunto de la sociedad.

En igual forma, la flexibilidad de las organizaciones es condición necesaria para su éxito, pues de la rapidez y la precisión de sus respuestas dependen la contundencia y la efectividad de las acciones. En ese sentido, la vieja discusión sobre participación, democracia o centralismo no parece superada, y por eso se requiere decantar las ideas y definir si la democracia implica unanimidad absoluta en los grandes grupos, o si formas delegatarias o representativas implican renunciar a una democracia profunda.

¿Cuáles deben ser nuestras metas inmediatas? ¿Cuál el norte de un programa que nos guíe en el mediano y en el largo plazo? Son preguntas aparentemente superfluas para movimientos que llevan años de lucha, pero creemos que se deben repetir si deseamos contextualizar tales luchas en un mundo tan cambiante. El siglo XXI se inició con el derribamiento de las Torres Gemelas y el veloz agotamiento del consenso que de ese hecho derivó el mundo unipolar que pretendía extenderse en el tiempo. La arrolladora presencia de los países emergentes, con el BRIC a la cabeza, y la crisis de un modelo de acumulación que muestra griegas y notables signos de agotamiento, son hechos que nos deben llamar a la reflexión y nos obligan a re-preguntarnos por nuestras tareas.

¿La crisis del concepto de desarrollo y el nacimiento del Buen Vivir, como una de sus contrapartes, son contrarias a las reflexiones que décadas atrás nos hacíamos sobre el socialismo? En fin, existe un gran número de interrogantes por resolver si de verdad queremos dar pasos contundentes hacia adelante.

Cómo abordar el problema del poder. El Congreso de los Pueblos ante las elecciones, el proyecto nacional y la autonomía indígena.

Lo novedoso de este proceso, además de su visión de país, gobierno y poder, es la disposición de todos los que lo integran a no someter al otro, a construir con vocación colectiva, a enraizarse, a no imponer tiempos ni agendas.

Para tomar forma, en el 2011 cada una de las tres agendas relacionadas deberá lidiar con soltura varios riesgos mayores:

1. El persistente intento cooptador que proviene del Estado y que complementa la estrategia desplegada desde el gobierno de los ocho años por romper las expresiones sociales a partir de darle forma al paralelismo en su interior.
2. Las elecciones, que, como siempre, potencian debates internos en todas las organizaciones. Por error político, la posibilidad de participación electoral no se asume todavía como un aspecto más (colectivo) del quehacer político, y las individualidades terminan imponiendo sus intereses a los colectivos. Así, lo que pudiera ser un punto más de las agendas en desarrollo, se transforma en aspecto sustancial que divide, atomiza, concentra el poder en algunos, potencia clientelismo, dispersa, confunde a la comunidad, y, al final, cuando se asume como tarea central, poco deja a quienes lo abordan y las comunidades que les acompañan.
3. El afán por hacer de una jornada de lucha el centro de los procesos sociales. Este error, manifiesto en la consigna de paro cívico impulsada con insistencia por algunas organizaciones, puede llevar a distanciar procesos que apenas están tomando forma, pero también, al sobrevalorar las posibilidades de lo social, puede llevar a que diversos sectores sean criminalizados y/o aniquilados.
4. A la par de esta realidad, surge la pregunta sobre cómo afrontar la agenda legislativa del nuevo gobierno y las consecuencias que traerá para el país. Por ahora tenemos la aprobación de la reforma a la salud, su ley estatutaria, el primer empleo, la reforma fiscal, la criminalización de la juventud y la agenda misma en derechos humanos, que abre expectativas sin darle respuesta cabal a la inmensa deuda de los sectores dominantes con vastos sectores populares.

Vendrán en el 2011 la reforma de la Ley 30, la organización territorial y otro conjunto de iniciativas que obligarán a la movilización de muchos sectores, pero que de nuevo desnudan la dispersión de lo social. ¿Cómo asumir estas agendas? ¿Cómo lograr que la diversidad de lo social y lo político en Colombia confluyan hacia un memorando común?

En las preocupaciones de todas las formas organizadas ya están los temas de la intensificación de la explotación minera por todo el país, las consecuencias ambientales que la misma acarreará, la venta de tierras a otros países (a través de empresas de fachada), la soberanía alimentaria, la estabilidad laboral. En particular, sobre este aspecto preocupa que los sindicatos sigan enfocados en el empleo, y no en el desempleo y la llamada informalidad laboral. Se requieren propuestas para redistribuir el trabajo estable, sin que ello afecte los derechos de los ahora contratados, y difundirlas en campaña masiva y permanente, de modo que confronten la visión que sobre el particular tienen y defienden el Gobierno y los agentes privados.

Hay que abrir los sindicatos (societatos) a una acción social totalmente diferente de la dominante hasta hoy. Es urgente su extensión a los territorios, abriendo la afiliación –por sector– a todos los trabajadores –no vinculados– que lo deseen. Pero, además, hay que ampliar sus programas de lucha, incluyendo en los mismos las reivindicaciones más sentidas de las comunidades barriales. Desde esta perspectiva, hay que develar el manejo que se hace de las cifras del desempleo –supuestamente, cada vez menor– y la degradación de las condiciones laborales. Al mismo tiempo, en estos aspectos se debe llegar al problema del modelo de desarrollo, mostrando las opciones que sobre el particular tienen los sectores alternativos.

Como referente que no se puede abandonar, tenemos la campaña (referendo) por el derecho al agua como bien público y común.

Como se ve, son inmensos los retos que tienen los movimientos sociales en Colombia (lo relacionado es sólo una parte), y su magnitud abre las preguntas sobre lo fundamental, sobre lo ausente: ¿Cuál es el proyecto de país por liderar ante los colombianos? ¿Cuál la expresión social y política que pueda liderar como un todo –y evitar la dispersión– a los movimientos sociales?

En el 2011 continuará el esfuerzo por resolver estos interrogantes. Es tarea de todos aportar, con sentido de país, a su resolución.

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