Jueves, 17 Abril 2008 19:00

Recreación, fútbol y espacio público. Bogotá, la ciudadanía tiene la palabra

Escrito por David Alba
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 La zona escogida para el posible estadio de fútbol, alterno al Campín, comprende un amplio terreno libre, no construido, de propiedad pública (Gobernación de Cundinamarca), donde actualmente pastan caballos de propiedad de la Policía Nacional, el cual colinda por el costado sur con la Calle 26, por el norte con el Parque Simón Bolívar, por el oriente con la Carrera 60 (Dirección General de la Policía, antigua Clínica de la Caja Nacional de Previsión y barrio la Esmeralda), y por el occidente con el barrio El Salitre Greco. Esta zona forma parte, junto con el Parque Simón Bolívar y las demás zonas verdes aledañas, de uno de los grandes pulmones de la ciudad, dotado además de importantes espacios culturales como la Biblioteca Virgilio Barco.

 

Ampliar y mejorar el espacio público

 

De acuerdo con los diseños originales, se prevé que esta zona verde se incorpore al Parque Simón Bolívar, y así debe ser. El parque, como se sabe, se ha convertido en un importante sector de esparcimiento para la ciudad, pero asimismo en una posibilidad –todavía no privatizada– para recrearse de manera activa o pasiva.

 

Todos los días, cientos, miles de personas lo visitan para descansar, trotar, montar en bicicleta o poner en práctica algún deporte. Pero, igualmente, el Parque se ha constituido en espacio privilegiado para desarrollar grandes actividades culturales, como rock al parque, jazz y otras muchas expresiones artísticas que organiza la ciudad, en ocasiones con participación de la empresa privada. Por momentos se siente que, dada la gran demanda por parte de la ciudadanía, el Simón Bolívar se quedó pequeño y es insuficiente para una ciudad de las dimensiones de Bogotá. Entonces, hay que ampliarlo, adecuarlo y distribuirlo de tal modo que ofrezca mejores condiciones a la gente.

 

El Parque, orgullo de la ciudad y del país, es una posibilidad para mejorar la precaria equidad que conoce la urbe. Mejores espacios públicos son una invitación a participar de las ofertas oficiales, y en esta forma reducir las tensiones que sobrelleva la capital; al mismo tiempo, una excelente opción para poner en marcha la convivencia, desarrollar procesos medioambientales participativos y profundizar en aleccionadores procesos educativos sobre el uso de los recursos públicos, despertando por esa vía una mejor disposición ciudadana en el campo tributario.

 

El fútbol es necesario, pero…

 

Para propios y extraños, es evidente que el estadio de fútbol con que cuenta la ciudad es también pequeño para el tamaño de Bogotá y para la creciente industria del deporte. Aun más cuando la metrópoli cuenta en la actualidad con sus dos equipos tradicionales, pero además exigen espacio el Chicó y otros equipos de primera y segunda categoría.

 

Pero quienes viven alrededor del Nemesio Camacho ya sufren y soportan con tensión los efectos de los partidos de fútbol, cada vez más masivos y cada vez con mayores congestiones de tránsito. Es claro, por esta experiencia, que un estadio de fútbol no puede quedar en medio de una zona residencial. Lo obvio es que se ubique en un sector donde su utilización no perjudique a quienes allí viven o desarrollan sus actividades.

 

Es por esto que consideramos que el estadio alterno de fútbol para Bogotá debe ser construido en su periferia, adjunto a las nuevas estaciones de transporte que se están diseñando, hacia el norte o hacia el sur. Y esto tiene sentido. Hasta allí llegaría el transporte público, además de disponerse en sus alrededores de las necesarias zonas de parqueaderos, alimentos y edificaciones coherentes con los usos y costumbres que se desarrollan a la par de este deporte.

 

Que decida la ciudadanía

 

Esta es la realidad y ésta la contradicción latente entre ciudad, espacio público, recreación, esparcimiento, equidad, deporte, cultura y comercio.

 

Una Alcaldía alternativa como la de Bogotá, cuyo Alcalde es miembro del PDA, debe afrontar un reto de este tamaño, partiendo siempre de hacer prevalecer el bien público general sobre los intereses particulares y privados. Y para ello debe contar con la opinión de los habitantes capitalinos.

 

Es su deber, por tanto, abrir el debate sobre los proyectos de gran calado que el burgomaestre ponga en marcha, y propiciar una suficiente información para que la gente tenga elementos de juicio, así como realizar foros públicos que permitan confrontar opiniones que conduzcan a un plebiscito. Así lo esperan los habitantes de la importante área del Distrito en la cual están localizados los predios en cuestión.

 

Es sencillo: “La ciudad es la gente” y no se puede gobernar de espaldas a ella, dejándose llevar por las presiones de quienes tienen en juego grandes intereses económicos.

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