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La pugna inter-imperialista entre los EEUU vs. China, entre la Unión Europea –sobre todo Alemania, Francia e Inglaterra– vs. Japón y Rusia, por lograr la vacuna y su aplicación está intensa, y resalta en escenarios diplomáticos, financieros (bolsas de valores), ciencia y tecnología (farmaceúticas), así como espionaje, además de la disputa por la importación y exportación de insumos sanitarios y medicamentos.

Esta disputa llevó a la investigación y desarrollo de 23 posibles vacunas en ensayos clínicos 1 y 2, y más de 100 en las primeras etapas. Y a fines de 2020 y comienzo de 2021 la aparición de las primeras vacunas: las de Pfizer-BioNtech, Astra-Zeneca. Moderna, Johnson & Johnson y la rusa Sputnik V.

En este escenario, encontramos a las empresas farmacéuticas más poderosas y que cotizan en las Bolsas:

Como es público, en este momento se están repartiendo y aplicando cuatro vacunas de EEUU: Moderna, Pfizer, Johnson & Johnson, y Novanax, y una Inglesa –la de Astra Zeneca–, es decir las principales en las Bolsas. La rusa Sputnik V no cotiza en los templos de la especulación financiera de Europa o de EEUU.

Hay otras empresas farmacéuticas que no figuran en estos templos de la especulación porque se retiraron o no han estado allí antes, como Claver y SinoVac, el Instituto Nacional de Epidemiología de China, la farmacéutica CureVac de Alemania, el Instituto ruso Nikolai Gamdeya, Medicago de Canadá, Maxivax de Biotecnología de Suiza, y el Instituto Finlai de vacunas de Cuba.

Una vez lograda la vacuna, el derecho de compra prioritario es para los países que han efectuado las grandes inversiones en los laboratorios principales. Así, el gobierno de los EEUU de Donald Trump invirtió: 1.600 millones de dólares para Novarax; Inovio es financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU y la Coalición para las Innovaciones en preparación para epidemias (Cepi), y ellas entregarían 2.000 millones de dosis de la vacuna. El gobierno de Trump depositó 1.950 millones de dólares para el trabajo conjunto de Pfizer y BioNtech (Alemania y EEUU), con una compra de 300 millones de dosis. También invirtió 1.200 millones de dólares para comprar las primeras 300 millones de dosis de la llamada vacuna de Oxford –del Instituto Jenner y Astra Zeneca de Inglaterra–, además de comprar los primeras 1.000 millones de dosis de Moderna e invertir en ello 500 millones de dólares.

Invirtió, además, 456 millones para las pruebas de la vacuna de Johnson & Johnson en Japón. En total, los EEUU invirtieron más de 7.000 millones de dólares para la vacuna, de ahí la insistencia de Trump de que tendrían vacuna para final de 2020.

Por su parte, el gobierno alemán en cabeza de Ángela Merkel invirtió 300 millones de euros para hacerse con la mayoría de las acciones de CureVac y de esa manera asegurar la vacuna, mientras que la francesa Sanofi-Pasteur producirá para la UE 300 millones de dosis de su vacuna, recibiendo para ello financiación de la Agencia Federal de Instituciones médicas de EEUU (Barda) por 226 millones de dólares; Japón está en la carrera, en acuerdo con Johnson y Johnson. Rusia está aplicando la Sputnik V. Canadá prepara una vacuna de nano-partículas lipídicas de ARNm de los laboratorios Precision NanoSystems, junto con la china CanSino.

Ante esta carrera, pugnas y colusiones de los imperialistas por la vacuna contra el covid–19, la OMS no se quedó atrás y en alianza con la Cepi y la Alianza para la vacunación (Gavi, fundada por Bill Gates), se propone disponer de 2.000 millones de dosis para finales del 2021, con un costo de 18.000 millones de dólares, y las que repartirá entre 183 países hasta ahora (80 países “autofinanciados”, 92 “financiados” y otros más precarios), acuerdo global conocido como Covax, que según los proponentes pretende que estos países cuenten con alternativas o refuerzos en caso de fallas en la aplicación de las otras vacunas, así como evitar que el acceso a las mismas se limite a los países más ricos.

Además, Gavi y la Cepi invirtieron 750 millones de dólares en un acuerdo con Oxford para enviar al resto del mundo, a final de año 2020 o inicios del 2021, 300 millones de dosis, si la vacuna funcionaba.
Por su parte, Brasil invirtió 280 millones de dólares para la vacuna de Oxford-Astra Zeneca, para garantizar millones de dosis y la tecnología para producirla en el país. Chile, por medio de la U. Católica, firmó un convenio con la farmacéutica china Sinovac-Biotech para aplicar la vacuna “coronavac” en la fase tres y, además, experimenta con su propia vacuna. Tanto Brasil, como Australia y China participaron en la Fase tres de la vacuna. Argentina llegó a un acuerdo con Pfizer-BioNtech para probar su vacuna, así como otro acuerdo con el Fondo ruso de Inversión Directa.

En otro escenario de esta misma disputa, encontramos el precio de la vacuna, pues se producirán algunas como las de la farmacéutica Moderna solo para países que tengan capacidad de pagar la suma de 70 dólares por dosis. La de Pfizer posiblemente cueste 20 dólares, y se dice que la de Oxford será masiva, a 5 dólares la unidad. Lo que se presume es que la vacuna no será gratuita pues su producción cuesta 65.000 millones de euros, capital que las farmacéuticas ni los Estados inversionistas están dispuestos a perder, así amplios sectores de los pueblos estén subvencionados.

¿Y Colombia, qué?

En agosto 2020 el gobierno dijo que era mejor esperar la vacuna que verdaderamente funcionará y apuntarse a ella, sin saberse por tanto si habría vacuna para final del 2020 pues proseguía la fase experimental, entonces para qué apurar.

Pero tal actitud no dejó tranquilo a muchos sectores, cuya presión lo obligó a comprar vacunas de varios laboratorios: Pfizer-BioNtech (5 millones de dosis), Astra-Zeneca/U de Oxford (5 millones de dosis); y Johnson & Johnson (9 millones de dosis), además de 10 millones de dosis del acuerdo Covax. Y dice que está en procura de adquirir lotes de otras tres vacunas. Pero no se sabe nada de cuándo llegarán, cómo fueron las negociaciones con las farmacéuticas, cuánto invirtió. Las cláusulas de confidencialidad con las farmacéuticas son muy peligrosas pues atentan con la soberanía del país.

Mientras ya se vacuna en Brasil, Argentina, Chile, México, Costa Rica, Venezuela, aquí se especula sobre su llegada; lo que se prevé es un gran negocio de los privados con la vacuna contra el covid–19.

Como puede apreciarse, estamos ante una pugna mundial y nacional por el acceso a la vacuna que frene la pandemia del covid–19 desde dos aspectos: pugna con dosa inter-imperialista por producir, almacenar, distribuir y administrar la vacuna y sacar el máximo provecho económico y político de esta maniobra; y la lucha para que la vacuna sea universal y no usada primero por los países ricos, y que los pobres se queden esperando; todo esto con despliegue de mecanismos de exclusión social, racistas, xenófobos, patriarcales para dar la vacuna a las clases dominantes y sus amigos. Sin embargo, los empresarios necesitan tener en buenas condiciones a la fuerza de trabajo, de ahí que tengan que dar la vacuna, así no les guste.

 

 

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Publicado enEdición Nº275
Martes, 26 Enero 2021 09:39

Negligencia asintomática

Día sin IVA, foto twitter, @luisa_lopera07.

Lo dice la sabiduría popular, “Tanto va el cántaro a la fuente hasta que al final se rompe”. Y así sucedió en Colombia y otros muchos países en medio de la pandemia propiciada por el covid-19 con la prioridad otorgada a la economía.

Es evidente. Desde mucho antes de navidad, con los llamados días sin IVA, con los recurrentes llamados para salir a consumir, para viajar y turistiar, pero con mayor evidencia durante los días previos a la navidad, y al inicio de la misma, con adelanto de la prima para los pocos cientos de miles que aún cuentan con ella y la insistencia para que no ahorraran sino, y por el contrario, “salieran a comprar ayudando así a recuperar al empresariado nacional”.

Las fotos lo dicen todo: los comercios concurridos por miles, los restaurantes copados según los estándares predefinidos, las playas visitadas por infinidad de gentes. ¿Y la salud? Primero el mercado, lo piensan, lo propician y aunque no lo dicen de manera abierta, es la prioridad. Según ellos todo se resuelve con “autocuidado y bioseguridad”.

Los resultados están a la vista: las estadísticas hospitalarias arrojan contagios en creciente, al igual que centenares de fallecidos. Sin embargo y pese a lo evidente de la realidad la justificación oficial de esta realidad, tanto de parte del gobierno nacional como del Distrital, en el caso de Bogotá, es que todo responde a la irresponsabilidad de quienes no guardan la distancia ni aseguran autocuidado, concurren a fiestas, no se colocan el tapabocas o se reunieron con sus familias con asistencia de un número mayor de personas al debido.

Podrán decir lo que quieran, pero la realidad es tozuda: su afán económico propició, y así lo seguirá haciendo, una constante de contagios y muertes, responsabilidad que ocultarán con simples palabras. Un afán económico acompañado de la inexistencia de una política social a la altura de las circunstancias y por la cual cientos de miles sin empleo y/o sin ingresos seguros (Colombia cerró el año 2019 con una tasa de informalidad del 47 por ciento según el Dane) están obligados a no quedarse confinados, así pasen por los medios de comunicación esos mensajes de mamá de quien se dice gobernante pero no logra superar una frustración no oculta.

La mediocridad de las EPS

En medio de estas circunstancias muchas personas aceptaron viajar, una de ellas fue Adriana Quevedo de 54 años, quien contrajo covid-19 durante el mes de diciembre, según ella debido a un viaje, no obstante, manifestó síntomas leves y puedo manejar sus situaciones desde casa. –“Tuve que enviar el resultado de mi prueba un día antes de regresar a trabajar y aún no he recibido respuesta”, explica Adriana quien venía teletrabajando desde hace meses y a pesar de no padecer síntomas fuertes recibió once días de incapacidad. 


La obtención de resultados para Adriana tardó una semana, tiempo durante el cual pudo contagiar a alguien, situación que deja muchas dudas en cuanto al manejo y prioridad por parte de las EPS en relación con el virus. “Es extraño que para el procedimiento de esta pandemia utilicen una grabación y no a un asesor en línea como sí sucede en otras terminales”, afirma Adriana con indignación. 

Siendo el covid-19 un virus con una tasa de contagio en Colombia del 1.2, a partir de las cifras del Ministerio de Salud y Protección Social, la identificación de una persona contagiada tras una semana de laboratorio es un hecho lamentable pues no aporta celeridad para prevenir contagios y menos para obtener un tratamiento a tiempo.

Voces

Néstor de 22 años de edad asegura que en su familia varios han padecido el virus, pero debido a que entre ellos algunos están bajo la condición de asintomáticos sus dinámicas familiares no cambiaron mucho. En un principio Néstor le reprochaba a su padre el hecho de no respetar a cabalidad la cuarentena ya que este, debido a su trabajo, debía estar constantemente desplazándose a plazas de mercado y tiendas –“Cuando mi papá se hizo la prueba salió positivo asintomático”, afirma Néstor, “Lo curioso del hecho –complementa– es que no se tiene certeza que haya contagiado a alguna persona durante el tiempo que estuvo como portador del virus”. 

Asegura que en su casa el uso de moringa resultó beneficioso, pues por cuestiones de trabajo sus rutinas no pueden cambiar drásticamente. La única integrante de su familia que tuvo que ser remitida a una UCI fue la hermana de su padre, Aura Rico. –“La experiencia que tuvimos con ella fue fatal, ya que la atención recibida por medio de la EPS fue deficiente, pues tras horas de espera luego de la valoración la remitieron a su domicilio por falta de camas”. 
De acuerdo con su testimonio, el estado de salud de su tía daba para ser internada en una UCI, no obstante lo mejor fue cuidarla en casa, ya que con los cuidados pertinentes en cuatro días Aura logró recuperarse de los síntomas más graves, –“A ella lo que la levantó fue la moringa y el reposo en casa, tal vez quedarse en una UCI la hubiera terminado enfermando más”, concluye.

Teniendo en cuenta estos testimonios, con respecto al covid-19, es claro que no hay una manera exacta de tratarlo y existen múltiples alternativas con resultados ampliamente heterogéneos, no obstante existen medidas para reducir tanto la probabilidad de contagio como aumentar la expectativa de recuperación total de la enfermedad.

Pese a ello, a la imaginación y capacidad de resistir de los sectores populares, desde siempre negados de muchos de sus derechos, una obligación tal vez no cumplida en Bogotá a plenitud por parte de la Secretaría Distrital de Salud es obligar a las EPS a cumplir con sus obligaciones, cerrando así un vector de multiplicación del virus.

Mientras esto se hace realidad, y se implementa una política social que haga sentir a millones parte activa y efectiva de la sociedad, pese a los confinamientos zonales ahora implementados los vendedores ambulantes, parte de los millones que viven al día,ven con preocupación lo que va a ser un año más de constante incertidumbre. Carlos Sanabria, que vende en un carrito arroz con leche y demás postres en la localidad de Teusaquillo, asegura que la alcaldía no cuenta con medidas suficientes para ofrecer ayudas a los trabajadores del sector informal.
 
–“Yo me puedo cambiar de sector sí, pero eso no garantiza que la gente me vaya a comprar”, asegura Carlos quien lleva más de cinco años rebuscándose en el sector del CAN en Bogotá y tiene a muchos de sus clientes ya asegurados allí. –“Yo tengo un carrito pa’ moverme, pero los que están en las esquinas ¿quién los reubica?”, plantea frustrado por la situación que atraviesan los trabajadores informales en Bogotá. 

Además, lo peor para el vendedor ambulante está por venir ya que la alcaldesa Claudia López anunció que desde finales del 2021 todo aquel que venda en la calle tendrá que pagar el derecho al uso del espacio público.

Derechos en el limbo

Con testimonios como el de Adriana, quien, a pesar de gozar de un empleo estable evidenció a través de su experiencia las inconsistencias de su EPS con respecto a la pandemia, o la experiencia de la familia de Néstor que ha bandeado los contagios por medios diferentes a los ofrecidos por el Estado, es posible aproximarnos a un sistema de salud con deficiencias en el manejo de la crisis, que terminan impactando en las fracciones más desfavorecidas de la población. 

La experiencia nos coloca ante el interrogante, ¿Reactivación económica? ¿Autocuidado? ¿Cómo lograr que esta frágil medida ciertamente actúe conteniendo el virus cuando el afán de los gobernantes es que la economía salga a flote?

Es claro que el discurso es, cuando menos, manipulador. Con un panorama nebuloso para los sectores más vulnerables de la economía, el autocuidado parece ser la doctrina oficial para individualizar la responsabilidad frente al covid-19, y zafarse de la obligación de quienes detentan el poder, o lo administran de diversa manera.

Pero, además, ¿cómo lograr que esto funcione cuando la fragilidad del sistema de salud ha quedado al desnudo, al tiempo que la inexistencia de una política de justicia social que ponga en marcha la redistribución de las rentas que reúnen gobierno central, departamental y municipales? Estamos, es una de las lecciones de la pandemia, ante gobiernos que no tienen como prioridad a las mayorías sino a sectores minoritarios de la sociedad, precisamente los empresarios, los banqueros, los industriales, y todos aquellos que se benefician de la prioridad brindada a la recuperación de la economía. Ellos y otros más que rondan a su alrededor. Estamos, es otra lección de la pandemia, ante el reto de cuestionar esta forma de gobernar y buscar el conducto para transformarla. Un reto que es colectivo, nunca individual, como quienes mal gobiernan pretenden contener la pandemia.

 

Fuentes
https://www.minsalud.gov.co/Paginas/En-Colombia-actualmente-tenemos-una-tasa-de-contagio-de-1.2-Minsalud.aspx
https://github.com/CSSEGISandData/COVID-19
https://www.semana.com/nacion/articulo/claudia-lopez-dice-que-vendedores-ambulantes-deberan-pagar-por-vender-en-la-calle/202004/ 
https://www.rcnradio.com/economia/colombia-cerro-el-2019-con-una-tasa-de-informalidad-del-47#:~:text=Vendedores%20informales%20en%20Bogot%C3%A1.&text=El%20Departamento%20Administrativo%20Nacional%20de,al%20desarrollar%20alguna%20actividad%20informal. 

 

 

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Publicado enEdición Nº275
El extraño caso de la posible curación de un linfoma de Hodgkin por la COVID-19

Se acaba de publicar en el British Journal of Haemathology el siguiente caso clínico: varón de 61 años con inflamación de los ganglios y pérdida de peso, recibía hemodiálisis por insuficiencia renal terminal después de un trasplante renal fallido.

Se le diagnostica un linfoma de Hodgkin clásico en estadio III (el linfoma afecta a áreas ganglionares localizadas a ambos lados del diafragma o por encima del diafragma y en el bazo).

Poco después del diagnóstico, ingresó con dificultad para respirar y se le diagnosticó neumonía por SARS-CoV-2 [COVID-19] positivo por PCR.
Después de once días, fue dado de alta para convalecer en su casa. No se administró corticosteroides ni inmunoquimioterapia.

Cuatro meses después, la inflamación de los ganglios se había reducido y una exploración PET reveló una remisión generalizada del linfoma.

Según los autores, la hipótesis es que la infección por SARS-CoV-2 desencadenó una respuesta inmunitaria antitumoral: las citocinas inflamatorias producidas en respuesta a la infección podrían haber activando células T específicas con antígenos tumorales y células asesinas naturales contra el tumor. El SARS-CoV-2 le había curado el linfoma.

¿Magia?

Por lo visto antes ya se había descrito algún caso similar en otro tipo de linfomas que habían remitido espontáneamente antes de tratamiento debido al efecto antitumoral de una neumonía infecciosa y de una colitis por Clostridium difficile.

En el fondo esto no es tan sorprendente. Los microorganismos no solo pueden causar cáncer, sino que también pueden ayudar a curarlo.

A finales del siglo XIX un médico de Nueva York llamado William B. Coley desarrolló un tratamiento contra el cáncer con un preparado de bacterias llamado las toxinas de Coley.

Este médico se dio cuenta de que los pacientes con cáncer que además sufrían una infección respondían mejor que los pacientes sin infección. Coley pensaba que la infección estimulaba el sistema inmune para luchar contra el cáncer y por eso desarrolló un cóctel de bacterias Streptococcus pyogenes y Serratia marcescens, que inyectaba directamente en el tumor.

Durante años en EE. UU. se trató a pacientes de algunos tipos de cáncer incurables con preparados de bacterias y toxinas, en muchos casos de forma exitosa.

Sin embargo, las críticas y sobre todo el éxito de los nuevos tratamientos de quimio y radioterapia hizo que las toxinas de Coley cayeran en el olvido.
No obstante, actualmente se ha comprobado que el principio básico del tratamiento de Coley era correcto y que algunos tipos de cáncer son sensibles a una estimulación del sistema inmune.

En el fondo todo está relacionado: los microbios, el sistema inmune, la respuesta inflamatoria y el cáncer, pero todavía no sabemos muy bien cómo.

En las últimas décadas se ha empleado el bacilo Calmette-Guerin, más conocido por sus siglas BCG, como tratamiento contra el cáncer de vejiga. El BCG es en realidad un extracto atenuado de la bacteria Mycobacterium bovis que se emplea como vacuna contra la tuberculosis.

El BCG estimula una respuesta inmune y causa la inflamación de la pared de la vejiga que acaba destruyendo las células de cáncer dentro de la vejiga, al menos en los primeros estadios del tumor.

En realidad en esto se basa la inmunoterapia, que está tan de moda actualmente. La intuición de Coley era correcta: estimular el sistema inmune puede ser efectivo para tratar el cáncer. Por eso a William B. Coley se le llama el padre de la inmunoterapia.

 

25 enero 2021

(Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido por BBC Mundo)

Sábado, 23 Enero 2021 06:45

La jaula 5.0

La jaula 5.0

Fue Max Weber en La ética del protestantismo y el espíritu del capitalismo (1905) quien señaló el dilema central que acabaría arrojando la racionalización de las sociedades industriales sobre las condiciones de vida. Tal y como sucedió, el cálculo (o la opción) racional convertiría al trabajador en un engranaje más de una maquinaria burocrática cuya única perspectiva de transformación sería pensar en un engranaje mayor y más complejo. Tiempo después, Talcott Parsons tradujo la noción que veía al ser humano siendo reducido a una pieza de los mecanismos de una maquinaria burocrática como una "jaula de hierro". Desde entonces, la metáfora quedó adscrita, no sin buenas razones, al puño de Weber.

Un siglo después, ya en el XXI, la tecnocracia habría de sustituir a la burocracia –dos formas de control y dominación radicalmente distintas– y el principio de la "jaula de hierro" se transformaría en una nueva maquinaria sin afuera ni límites predecibles. Por ahora la llamaremos la jaula 5.0.

La digitalización del mundo, si así se puede definir a la tendencia (ya irreversible) de la cibernetización de todas y cada una de las relaciones humanas –des-de la producción y el comercio hasta el aprendizaje y la sexualidad– ha traído consigo un proceso doble: ahora la antigua maquinaria de control burocrático ha devenido un auténtico organismo (casi como si fuera un ser vivo) de control tecnocrático y sus engranajes ya no son sólo los trabajadores, sino todos y cada uno de quienes se insertan en las redes. Los engranajes han sido sustituidos por los chips. Internet ha dejado de ser un medio para tener el mundo a la mano; ahora somos nosotros el medio a través del cual el organismo-red se expande.

Hace algunas semanas, un alto funcionario de América Móvil recaudó más de 50 opiniones de expertos para esbozar cómo se vería la sociedad después de la estampida a las redes provocada por el confinamiento y la reclusión inducidas por la pandemia del Covid-19. Dividió ese desolador paisaje en 20 aspectos. Enumero los más perturbadores.

  1. La situación actual, que es vista como un paréntesis de excepción pandémico, ya contiene los elementos esenciales de lo que será la "nueva normalidad". En otras palabras, la "nueva normalidad" se asemeja mucho a lo que estamos viviendo en estos momentos.
  1. El trabajo a distancia se impondrá cada vez más. Las formas híbridas de trabajo ( online y presencial) se reducirán drásticamente y, en muchos casos, desaparecerán por completo. El trabajo a distancia permite un control absoluto de los operadores (nuevo término que recibirán los trabajadores) y descarta las formas de solidaridad y resistencia entre ellos. Además aumenta exponencialmente los márgenes de utilidad y la eficacia productiva (léase: los niveles de explotación de las capacidades productivas de la gente).
  1. Los grandes edificios y corporaciones de oficinas que hoy significan a la prosperidad de una ciudad, quedarán reducidos a monumentos de la era burocrática industrial. Algunos serán preservados como atractivos turísticos. Toda esa labor será ya invisible, disipada y fragmentada en el subsuelo de las conexiones digitales.
  1. Los viajes y congresos de trabajo desaparecerán por completo. Las plataformas digitales producirán espacios virtuales y holográmicos para dar el efecto de presencias no virtuales. Y con ello, se hundirá toda la economía de la movilidad por razones de trabajo: rutas aéreas, hoteles, restaurantes, sitios de entretenimiento, etcétera.
  1. Las casas se adaptarán al trabajo diario. Se abrirá una nueva época en el diseño, construcción y adecuación de interiores. Éstas serán los engranajes centrales de la jaula 5.0. La vida en sociedad –llámese oficina, fábrica, universidad, ONG, cine, cantina, etcétera– se reducirá gradualmente. Lo que quedará es un mar de vidas moleculares. Las cenas con los amigos, la familia o eventos casuales sucederán de vez en cuando durante el mes.
  1. La productividad no dependerá de jefes ni de capataces. Sistemas digitales de autocontrol serán los encargados de vigilar y medir la eficiencia de cada actividad. Un orden jerárquico sin nombres ni rostros. No habrá protestas sociales, ya que no existirán los sujetos ni las instituciones que respondan a los sistemas de autocontrol.
  1. La fuerza laboral se reducirá dramáticamente. Se avecina una era de despidos sin precedente en la era moderna. Las jornadas de trabajo se ampliarán a las cifras donde se encontraban en el siglo XIX: 10 o 12 horas al día. Los sindicatos y los organismos de resistencia quedarán inutilizados por la molecularización de la vida.
  1. No habrá monedas ni billetes, ni dinero ni cajas y edificios bancarios. El dinero será estrictamente digital. Los bancos escaparán así a la condición que los obliga a mostrar sus activos en alguna forma dineraria o metálica. El seguimiento de los consumidores y sus vidas más íntimas será milímetrico.
  1. La educación nunca regresará a lo que era. Será sustituida por la enseñanza a distancia o, a veces, los sistemas híbridos. Desaparecerá el estudiantado como fuerza política, social e intelectual.

Desde esta perspectiva, el confinamiento actual representa tal vez el primer y más gigantesco experimento empresarial para transformar la docilidad y adaptabilidad social de la "jaula de hierro" a la nueva jaula 5.0

Publicado enSociedad
Un judío ultraortodoxo recibe la primera dosis de la vacuna contra el coronavirus, en el Arena Sports Hall de Jerusalén EFE/EPA/ABIR SULTAN/Archivo

Tras vacunar a más de dos millones de personas, las autoridades sanitarias del país admiten que la aplicación de una única dosis cuenta con una eficacia escasa e, incluso, menor que la estimada

 

El coordinador israelí para hacer frente a la pandemia del coronavirus, Nachman Ash, ha señalado que la aplicación de una única dosis de la vacuna de Pfizer y BioNTech podría ofrecer menos protección de la esperada inicialmente. El país, que ha reportado 10.051 nuevos contagios en las últimas 24 horas, ha seguido los pasos de Reino Unido, cuya estrategia pretende retrasar la aplicación de la segunda dosis con el objetivo principal de vacunar de forma masiva con una primera dosis, según publica The Guardian.

En declaraciones a la radio del Ejército de Israel, Ash ha admitido que la aplicación única de esta primera dosis resulta "menos efectiva de lo que creíamos", e, incluso, con un rendimiento inferior al estimado por Pfizer, que cifró la efectividad de este primer vial en un 52%.

Frente a ese bajo nivel de protección obtenido con una única dosis, aquellos que han cumplido el ciclo completo de vacunación (dos dosis en un período de 21 días, que puede prolongarse ligeramente) han experimentado un crecimiento notable del volumen de anticuerpos, según los datos publicados por el Centro Médico Sheba el lunes.

Tras vacunar a más de dos millones de ciudadanos israelíes, Sharon Alroy-Preis, jefe del servicio de salud pública del país, ha justificado el incremento de las cifras de infectados asegurando que los contagios entre vacunados se producen porque no han sido capaces de generar suficientes anticuerpos para hacer frente al coronavirus.

Israel, que hace unas semanas presentaba su estrategia como una de las más rápidas del mundo y excluye a los palestinos del proceso de vacunación, ha inyectado la primera dosis a 2.215.963 personas. Únicamente 479.818 han completado el ciclo de vacunación de dos dosis recomendado por los fabricantes del fármaco.

19 de enero de 2021 20:08h

@eldiarioes

Publicado enInternacional
Crisis ecológica, pandemias y tratados de comercio e inversión

A estas alturas de siglo, no hay duda alguna de que afrontamos una crisis ecológica sin precedentes. Otra cosa es que se quiera reconocer a pesar de las múltiples evidencias existentes, bien estudiadas por el mundo científico y suficientemente documentadas y difundidas por organismos internacionales de los que forman parte la mayor parte de los países del planeta. Algo realmente contradictorio cuando desde Naciones Unidas alertan del momento crucial en el que vivimos en los campos del clima, de la biodiversidad o de la extensión de las pandemias y los países responden con medidas tibias o insuficientes cuando no mirando para otro lado directamente cuando al frente de ellos se encuentran los negacionistas.

Es incontestable la grave crisis biológica en la que estamos inmersos con una extinción masiva de especies como no deja de recordarnos la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) de forma recurrente:  un millón       de especies de  animales y plantas, de los 8 existentes, están en peligro de extinción, entre las que cabe referirse a que más del 40% de las especies de anfibios, casi el 33% de los corales y más de un tercio de todos los mamíferos marinos están amenazados.

En este mismo sentido, el último informe de WWF de 2020 (Índice Planeta Vivo-IPV) constata una disminución media del 68% de las poblaciones estudiadas de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces entre 1970 y 2016, lo que supone un aumento del 8% con respecto al estudio anterior de 2018.

Por su parte el Convenio para la Diversidad Biológica (CDB) viene indicando reiteradamente que los tiempos se agotan y que el bajo cumplimiento (en algunos países nulo) de las Metas de Aichi nos conducirá a una senda sin retorno a menos que se modifiquen radicalmente las políticas económicas basadas en la explotación sin límites de la biosfera y en la continuación del uso de combustibles fósiles que agravan el cambio climático, dos de las causas principales de pérdida de biodiversidad, juntamente con la destrucción de hábitats de las especies, la contaminación ambiental y la introducción de especies exóticas invasoras.

Tanto el informe IPBES como el IPV y el CBD señalan como responsable de este desastre ambiental a las actividades humanas sin control en un contexto global de explotación insostenible de los recursos naturales.

En relación con el calentamiento global, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) también viene avisando desde su informe de 2018 (sobre los impactos del calentamiento global de 1,5ºC con respecto a los niveles preindustriales) de las serias consecuencias para las personas y sus medios de subsistencia que supondrá no alcanzar los objetivos de aumento de 1,5ºC del Acuerdo de París. Si en aquel informe se insistía en la necesidad de implementar las medidas para reducir drásticamente las emisiones de CO2 derivadas de la quema de combustibles fósiles, el informe de agosto de 2019 (Informe especial sobre el cambio climático, la desertificación, la degradación de las tierras, la gestión sostenible de las tierras, la seguridad alimentaria y los flujos de gases de efecto invernadero en los ecosistemas terrestres) habla ya de que esto no basta y que hay que trabajar en todos los sectores, como la producción de alimentos y la gestión de los suelos. En el de septiembre de ese mismo año (Informe especial sobre el océano y la criosfera) el IPCC nos advierte del peligro de un océano hoy más caliente, más ácido y menos productivo por sus inquietantes derivaciones en cuanto a recursos pesqueros y cambios en las dinámicas climáticas regionales y locales.

En relación con las pandemias, más allá de enfrentar una de sus manifestaciones actuales, la Covid19, es necesario señalar que, si bien no son algo nuevo como podemos verificar mediante un rápido repaso histórico, su incidencia se ha triplicado en los últimos 50 años, habiéndose producido al menos 10 de distinta envergadura, entre ellas algunas conocidas como el ébola, el SARS, la gripe aviar, el VIH o el MERS. Todas estas pandemias son de origen zoonótico, saltando de alguna especie hospedante al ser humano.  Los principales reservorios de patógenos susceptibles de convertirse en pandemias se encuentran en mamíferos y algunas aves, además de en el ganado, como cerdos, camellos y aves de corral. La pregunta es por qué ahora hay más incidencia que hace medio siglo y encontramos la respuesta en la propia especie humana que coloniza cada vez más territorio, desplazando especies o eliminándolas directamente, destruyendo hábitats y modificando sustancialmente la dinámica ecológica de los ecosistemas. El equilibrio en los ecosistemas regula la presencia de bacterias y virus que, en si mismos, no son responsables de las pandemias ya que estos organismos forman parte del entramado de la vida.

El informe "Prevenir la próxima pandemia: Zoonosis y cómo romper la cadena de transmisión" del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierte que "Es muy probable que los 7 siguientes factores de intervención humana estén fomentando la aparición de zoonosis: el incremento de la demanda de proteínas animales; la intensificación insostenible de la agricultura; el aumento del uso y la explotación de las especies silvestres; la utilización insostenible de los recursos naturales, acelerada por la urbanización, el cambio del uso del suelo y la industria extractiva; el aumento de los desplazamientos y el transporte; alteraciones en el suministro de alimentos, y el cambio climático".

El IPBES, que organizó en otoño un taller sobre sobre la relación entre la degradación de la naturaleza y el aumento del riesgo de pandemias, ve también que las actividades humanas son las que generan ese riesgo debido al impacto exponencial que está causando en el medioambiente el cambio climático y a la pérdida de biodiversidad.

Con esta información puede deducirse sin lugar a duda que tres grandes problemas que asolan a la humanidad tienen su origen en la propia humanidad. El declive de la biodiversidad, los efectos del cambio climático y los riesgos pandémicos no son fruto de ningún castigo divino como durante siglos se creía ante cualquier eventualidad que modificara lo que se consideraba la normalidad cotidiana. Afortunadamente, hoy día los avances científicos nos colocan ante el espejo de nuestra realidad para que, entendiendo lo que sucede, seamos dueños de nuestros destinos, pero incomprensiblemente no queremos mirar la imagen reflejada y seguimos actuando como si nada pasara. No hay mejor ejemplo que la reciente y presente pandemia del coronavirus, que debería haber abierto profundos debates sobre el momento complejo en el que vivimos, el modelo socioeconómico dominante o la crisis sanitaria y ambiental que puede convertirse en sistémica. Hacerse preguntas y cuestionar el sistema en el que vivimos parece un principio para buscar nuevas fórmulas que nos saquen del atolladero ambiental en el que vivimos. Como nos recuerda Delia Grace, del Instituto Internacional de Investigaciones Pecuarias (ILRI), "se están tratando los síntomas de esta enfermedad, pero no sus causas".

Pero ¿por qué, si están evaluadas las causas y las conocemos, por tanto, no aplicamos medidas -o solo las aplicamos parcialmente- que haga menos inquietante el futuro sombrío, ambiental y socialmente, que, según todos los indicios, se avecina? Tanto el CBD en su Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020, como el Acuerdo de París, nacido de la Conferencia sobre el Clima de París (COP21) de 2015, han establecido medidas en teoría consensuadas en sus respectivos encuentros sobre biodiversidad y clima. Pero el grado de ambición de los países firmantes no parece suficiente para arrostrar un problema que los científicos ven cada vez con mayor preocupación.

Así, el PNUMA, en un informe de finales de 2019, advertía de que solo reduciendo las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en un 7,6% cada año entre 2020 y 2030, el mundo alcanzaría el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5° C por encima de los niveles preindustriales establecido en el Acuerdo de París. Por su parte la Organización Meteorológica Mundial alertaba de que vamos hacia un calentamiento de 3 a 5 grados Celsius para fines de este siglo en lugar de 1,5 a 2 contemplados en el Acuerdo. Es vergonzoso que los países más ricos, los del G20, que representan en su conjunto el 78% de las emisiones globales, no hacen un esfuerzo colectivo en su reducción ya que solo cinco de ellos -entre ellos la UE- se han comprometido con un objetivo a largo plazo de cero emisiones.

En el quinto informe de la Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica (GBO5), el CBD señala que no se han logrado plenamente ninguna de las 20 Metas de Aichi, que eran las medidas previstas para el periodo 2011-2020. Aunque se han cumplido parcialmente algunos de estos objetivos, el resultado final de la década no permite grandes alegrías, porque su incumplimiento no solo afecta a la pérdida de biodiversidad silvestre sino también a campos tan esenciales para el bienestar de la población mundial como la seguridad alimentaria, la mejora de la nutrición o el suministro de agua limpia, todos ellos contemplados asimismo en los objetivos de desarrollo sostenible (ODS).

En esto momentos, una vez pasada esta última década, que se inició con una crisis económica y terminó con otra sanitaria, la comunidad científica internacional es escéptica con los parcos resultados conseguidos hasta ahora en materia de clima y biodiversidad, valorando que los compromisos de los países hasta ahora son insuficientes para frenar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

En un contexto de crisis sanitaria global, de consecuencias duras y aún no bien evaluadas, resulta decepcionante que en vez de abordar las causas de lo que se sucede y proponer alternativas que tengan en cuenta las distintas variables que intervienen en la ecuación de la vida, se propongan las mismas medidas para seguir adelante, sustentadas únicamente en un crecimiento económico que se ha convertido en una huida hacia adelante, sin garantías de salidas solidarias para las personas y de preservación mínima de las condiciones ambientales que las permitan.

En vez de esto y como ejemplo de estas medidas obsoletas, siempre pensadas además para favorecer únicamente a los grandes conglomerados empresariales y los fondos de inversión globales, se siguen aprobando tratados de comercio e inversión que inciden en los tres aspectos tratados en este artículo. Como muestra podemos citar el tratado UE-Mercosur, que ha tenido presencia mediática indirecta por los pavorosos incendios de la Amazonía en 2019, presentado como un acuerdo que favorecerá el intercambio comercial entre ambas regiones y posibilitará la mejora de sus economías y de su empleo. Pero las consecuencias de tal acuerdo serían en realidad tan inaceptables como desastrosas en los campos citados. La deforestación de los bosques ecuatoriales y tropicales, esenciales para la estabilización del clima, para aumentar la superficie para pastos para el ganado y para monocultivos de soja y maíz transgénicos para piensos, así como de caña de azúcar, también transgénica en algunos casos, para la producción de etanol, provocará degradación y contaminación del suelo y pérdida de biodiversidad acelerada y aumento de gases de efecto invernadero. El transporte de mercancías a uno y otro lado del Atlántico aumentará la emisión de CO2 en forma exponencial. Se seguirá usurpando los derechos territoriales y ambientales de las poblaciones indígenas. La seguridad alimentaria se verá afectada por la presencia tanto en productos ganaderos como agrícolas latinoamericanos de sustancias químicas prohibidas en la Unión Europea, dejando de lado uno de los principales principios europeos, el de precaución. Se verán mermados los derechos de los trabajadores y sus empleos en los países del Mercosur por la presión de los mercados solo preocupados por bajar los costes de producción. Los pequeños productores agrícolas y ganaderos de ambos lados del Atlántico verán reducidos sus márgenes de beneficio al no poder competir en igualdad de condiciones con la agroindustria, que es la principal receptora de las inversiones de estos acuerdos comerciales. Hay que señalar finalmente que este acuerdo no incluye entre sus "elementos esenciales", cuya violación supondría la suspensión del tratado entre ambas partes, ninguna cláusula ambiental, por lo que cada país puede intervenir en esta materia a su antojo. En suma, este tratado sitúa a Mercosur como proveedor de materias primas y productos agropecuarios mientras que la UE exporta bienes industriales y tecnológicos, singularmente coches, atacando el tejido industrial americano y el sector primario europeo del pequeño campesinado, comunidades rurales y comercio de proximidad asociado.

Hemos de tener en cuenta además que el sistema alimentario industrial contribuye poderosamente al agravamiento de la crisis climática, en el que el acuerdo UE-Mercosur no es un caso aislado. También están en marcha, entre otros, el de la UE con México con problemas similares y los futuros con Australia y Nueva Zelanda. En el horizonte el recién anunciado acuerdo entre China y la UE, aún por concretar, pero que se muestra como un éxito para los inversores. Esta afirmación, que es toda una declaración de principios, deja claro cuáles son los objetivos de este tratado, garantizar las mejores condiciones para estos grupos financieros globales sin importar las consecuencias ambientales y sociales que puedan generar sus actuaciones.

Como indicaba recientemente la campaña francesa contra los TCI, es "urgente salir de la lógica de este tipo de acuerdos, que apunta a producir siempre más, siempre más rápido, más barato y en cualquier lugar, con menos trabajo y menos limitaciones ambientales y que hace del dumping social, fiscal y ecológico una regla de oro, de la que solo las multinacionales obtienen beneficios".

Y, llegados a este punto, plantear alternativas. Alternativas que pasan por incluir la sílaba RE delante de unos cuantos sustantivos del que se han apropiado los causantes de este desastre ecológico. Es necesario recapacitar, es decir, volver, siguiendo a la RAE, a considerar con detenimiento algo. Volver a considerar si el modelo socioeconómico en el que se estructura hoy día la vida la garantiza. Es necesario revisar los fundamentos de un sistema basado en el despilfarro, en la negación ecológica y en la consideración del ser humano como una mercancía. Es fundamental reordenar nuestras prioridades, poniendo en primer lugar las personas y su bienestar por una parte y por otra el sistema ecológico en el que nos insertamos, sin el cual no es posible lograr lo anterior. Por ello, ante una globalización suicida, hemos de cambiar el esquema mental impuesto y resulta indispensable cambiar, reformular nuestras perspectivas personales y colectivas. Es necesario emprender una relocalización ecológica y solidaria, apoyándose en una firme solidaridad internacional que apoye los desarrollos de los sistemas alimentarios e industriales sostenibles de los países del sur global. No se trata de renunciar a los intercambios comerciales entre distintas regiones, se trata de establecer nuevos mecanismos económicos, sociales y ambientales basados en las necesidades de la población y en el equilibrio ecosistémico. No se trata de repatriar sin más las empresas nacionales, se trata de producir cerca, en condiciones sociales y ambientales óptimas, que satisfaga las necesidades sociales no superfluas, renunciando al consumo desaforado sin sentido. Ello supondría una reindustralización y rediversificación económica de muchas regiones hoy día abandonadas a su suerte, con un descenso notable de las emisiones globales debido a la reducción del transporte marítimo y aéreo, dos de los principales contaminantes. También llevaría a una reinterpretación de los modelos productivos en los que intervendrían todas las variables existentes en los procesos de uso y/o transformación de los recursos naturales entre los cuales se contarían la preservación de la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático. Se trataría también de reutilizar y recuperar objetos varios en desuso o retornar envases y contenedores en vez de quemarlos o verterlos en la tierra o el mar, reduciendo sustancialmente los residuos y la contaminación que suponen. Asimismo, iríamos a una revalorización de los sistemas alimentarios locales controlados por las comunidades rurales, a través del control de los recursos, de los circuitos cortos de comercialización y de la extensión de los mercados locales.

Ahora que estamos aún inmersos en una pandemia que se va a llevar por delante a cientos de miles de vidas humanas, puede que millones, una pandemia que sabemos que tiene mucho que ver con la crisis ecológica propiciada por el ser humana, es el momento de replantear o resetear el sistema, un sistema capitalista de producción y consumo insostenible y así, de esta forma, reafirmar nuestra convicción de que otro mundo es posible y nuestra apuesta por la vida.

Por Pablo Jiménez

18 enero, 2021

Publicado enMedio Ambiente
Lunes, 18 Enero 2021 05:46

Que te cure Lola

Aplicación de la vacuna contra la covid-19 en fase de prueba en Sudáfrica. AFP, SIPHIWE SIBEKO

El uso que el big pharma hace de los países pobres

Principales empresas del rubro se benefician de bajos costos para hacer experimentos en el Sur global. Pero una vez descubiertos los medicamentos, su acceso suele estar vedado para esas naciones.

Albert Bourla, director general de Pfizer, ha tenido palabras de elogio para «las casi 44 mil personas que de forma desinteresada levantaron la mano para participar en nuestras pruebas». «Cada uno de ustedes ha contribuido para que el mundo esté un paso más cerca de nuestro objetivo común de desarrollar una vacuna contra esta pandemia devastadora», escribió Bourla en una carta pública a los voluntarios que formaron parte de las investigaciones de la vacuna de Pfizer contra el covid-19 hechas en Argentina, Sudáfrica, Brasil, Alemania, Turquía y Estados Unidos. La misiva fue publicada el 9 de noviembre de 2020, el mismo día en que Pfizer anunció que su vacuna superaba el 90 por ciento de efectividad en la prevención de la enfermedad. Bourla atribuyó este logro a los voluntarios: «Ustedes son los verdaderos héroes. El mundo entero tiene con ustedes una tremenda deuda de gratitud».

Argentina, Sudáfrica, Brasil y Turquía tendrán que conformarse con estas muestras de gratitud de Pfizer, porque no recibirán, al menos no en el corto plazo, suficientes vacunas para vacunar a sus poblaciones. Mientras tanto, Estados Unidos y Alemania –junto con Canadá y el resto de la Unión Europea (UE)– se han asegurado suficientes dosis de varias vacunas contra el covid-19 como para inocular varias veces a sus poblaciones. Aunque Estados Unidos enfrenta problemas logísticos en su campaña de vacunación, se estima que eventualmente alcanzará un stock suficiente. Durante el verano boreal, encargó 100 millones de dosis de la vacuna de Pfizer a cambio de 1.950 millones de dólares. En los últimos días de diciembre, el Departamento de Salud y Servicios Humanos anunció un acuerdo para comprar 100 millones de dosis adicionales de vacunas de aquí a julio de 2021 y el gobierno tiene la posibilidad de adquirir 400 millones más de dosis. Washington compró además 200 millones de dosis de la vacuna de Moderna, que llegarían el segundo trimestre de 2021, y se reserva la opción de comprar hasta 300 millones de dosis extras. También firmó con Ology, Sanofi, Novavax y Johnson & Johnson para comprar dosis suplementarias, aunque estas vacunas se encuentren aún en las primeras etapas de su desarrollo.

CONEJILLOS DE INDIAS

Las empresas farmacéuticas y sus directivos ya cosechan grandes ganancias. El mismo día que envió su carta abierta, Bourla, cuyo patrimonio neto se estima en más de 26 millones de dólares, vendió más de 5 millones de dólares de sus acciones de Pfizer. La farmacéutica obtuvo en 2020 ganancias de al menos 975 millones de dólares debido a su vacuna y se espera que recaude 19.000 millones de dólares más en 2021, de acuerdo a estimaciones de Morgan Stanley. El margen de ganancia de Pfizer sobre la vacuna se estima entre un 60 y un 80 por ciento. Morgan Stanley también ha proyectado que en 2021, gracias a su vacuna, Moderna ganará como mínimo 10.000 millones de dólares.

Los 100.000 millones de dólares en ventas de vacunas contra el covid-19 que ha estimado la consultora Evercore ISI sin duda son parte de lo que atrajo a las empresas farmacéuticas al desarrollo de estos inmunizantes. Pero el cálculo es diferente para los participantes en las investigaciones. En los países en vías de desarrollo «encontrás personas que no tienen cobertura de salud, están desesperadas por atención médica y sólo les quedan disponibles las migajas de la investigación científica», dice Harriet Washington, experta en ética médica de la Universidad de Las Vegas.

Esa desesperación es sólo parte de la razón por la que las compañías farmacéuticas llevan a cabo la mayoría de sus pruebas en países pobres. Según Washington, la relativa falta de control y los menores costos operativos son razones adicionales por las que la industria farmacéutica se siente atraída por esos países. Los participantes en las investigaciones de la vacuna contra el covid-19 en Argentina, Brasil, Sudáfrica y Turquía «trabajan más barato que la gente en Estados Unidos o Alemania», afirma.

El problema ético que esto crea –la gente en los países en vías de desarrollo tiene menos acceso a los avances médicos, a pesar de que asume una parte desproporcionada de los riesgos que permiten su descubrimiento– es mucho más viejo que la pandemia de coronavirus. «Hay desigualdades inherentes que se repiten en cada epidemia», dice Washington. «Es un patrón constante; lo vas a encontrar cualquiera sea el caso en que te fijes».

Participen o no en investigaciones sobre medicamentos, los habitantes de los países con ingresos medios y bajos suelen carecer de acceso a avances médicos que pueden salvar vidas, pero cuyos precios están fuera de su alcance. Gilead, que tiene la patente del sofosbuvir, un medicamento clave contra la hepatitis C, ofrece una ilustración clara y trágica de lo mortal que puede ser esta dinámica. En Brasil, en junio de 2019, sólo una de cada siete personas que necesitaban este medicamento vital lo había recibido. En ese país, miles de personas han muerto por esta enfermedad curable, según la organización sin fines de lucro Make Medicines Affordable.

Aunque eventualmente muchos medicamentos terminan estando disponibles, para la gente de los países en vías de desarrollo el acceso a ellos suele retrasarse, como ha ocurrido con los medicamentos para el VIH, a los que todavía no pueden acceder unas 15 millones de personas infectadas en todo el mundo. En algunos países pobres estos medicamentos llegaron más de una década después de haber sido utilizados en los países ricos.

«Observamos retrasos en casi todas las intervenciones en el mundo entero, se trate de un nuevo medicamento o de un dispositivo médico», dice el doctor Krishna Udayakumar, director fundador del Centro de Innovación de Salud Global de la Universidad de Duke, y agrega: «Los productos que llegan a los mercados de los países de ingresos bajos y medios no producen tanto dinero». Como resultado, en gran parte del mundo, la posibilidad de contar con esas novedades vitales suele depender de la financiación de donantes, «que es siempre inferior a la que quisiéramos», sostiene Udayakumar.

Las consecuencias mortales del atraso en el acceso a la vacuna contra el covid-19 serán evidentes durante 2021. La cantidad de personas vacunadas en todo el mundo dependerá en parte del éxito de otras posibles vacunas candidatas y de la necesidad de administrarlas en una o dos dosis. Pero ya está claro que la mayoría de los países no tendrá dosis suficientes, mientras que los países ricos acaparan las reservas. Una iniciativa internacional tendiente a garantizar el reparto equitativo de las vacunas, denominada COVAX Advance Market Commitment, regida por la público-privada alianza de salud GAVI, busca proporcionar a los países participantes vacunas suficientes para inmunizar hasta el 20 por ciento de su población para finales de 2021. Pero, incluso en el mejor de los casos, este objetivo dejaría a la gran mayoría de la población sin vacunar. Y está «supeditado a la disponibilidad de fondos», como lo dice con claridad el sitio web del grupo (véase «Sálvese quien pague», Brecha, 18-XII-20).

Algunos activistas de la salud pública internacional han mostrado su frustración con respecto a GAVI. «El día uno, cuando se vacunó a la primera persona en Reino Unido, deberíamos haber visto el equivalente en un país en vías de desarrollo», afirma Kate Elder, asesora principal de políticas de vacunación de Médicos sin Fronteras. «Pero eso no pasó. Y no tenemos ningún dato concreto de cuándo llegarán las dosis necesarias para estos países». Elder señala que, a pesar del objetivo declarado de facilitar un acceso igualitario, el esfuerzo internacional para la distribución de vacunas se ve afectado por el desequilibrio mundial en materia de poder y de riqueza. «GAVI nunca denunciará el “nacionalismo de vacunas”, porque sus mayores donantes –como el Estado británico– son los miembros más poderosos de su junta directiva», sostiene.

El Banco Mundial aporta ayuda adicional para la entrega de vacunas, pero lo hace bajo la forma de préstamos que los países pobres tendrán luego que pagar. Debido a las demoras, es muy probable que mucha gente en países de bajos ingresos no reciba la vacuna antes de 2023 o 2024, lo que resultaría en un número desconocido de muertes.

UNA HISTORIA DE ÉXITO QUE NO CIERRA

«Estamos ante un apartheid mundial de vacunas», denuncia Zain Rizvi, investigador de derecho y política en la ONG Public Citizen, que predice que el retraso en la vacunación tendrá consecuencias «calamitosas». Public Citizen ha propuesto varias soluciones para que Estados Unidos amplíe el acceso a las vacunas, entre ellas la construcción de nuevas instalaciones de producción y el recurso a una oscura norma (sección 1498 del título 28 del Código de Estados Unidos, referida a casos de patentes y derechos de autor) que le permite al gobierno saltarse las patentes privadas en el caso de invenciones financiadas por el Estado. Mientras tanto, Kenia, India y Sudáfrica presentaron a la Organización Mundial del Comercio una medida que permitiría renunciar a ciertos derechos de propiedad intelectual sobre los productos relacionados con el coronavirus, incluidas las vacunas. La propuesta, apoyada por 99 países, aún no ha sido adoptada después de haber sido rechazada por Estados ricos como Estados Unidos, los miembros de la UE, Japón, Reino Unido y Australia (véase «Militar la patente» en este número).

Pero la quita de las patentes es sólo un primer paso para permitir el acceso mundial a las vacunas. «El know-how es, a corto plazo, un problema mucho más grande», señala James Love, que dirige el grupo sin fines de lucro Knowledge Ecology International. Love cita el caso de Moderna, el fabricante de vacunas financiado por el gobierno federal estadounidense, que ha prometido que no aplicará la patente de su vacuna. «Pero, aun así, no podés fabricarla si no sabés los detalles de cómo la hicieron», dice Love. «Hay que obligar a quienes tienen el know-how a compartirlo, porque estamos en una puta pandemia», insiste.

Mientras que el gobierno de Estados Unidos y las empresas que este ha financiado para fabricar vacunas ya reciben el crédito por poner fin a la pandemia, Love señala que algo no cierra en esa historia de éxito: los contribuyentes terminaron siendo obligados a pagar por acuerdos que limitaban el acceso mundial a las vacunas. «Hay quienes van a decir que esto es un tremendo éxito por la innovación lograda», piensa Love. «Pero la realidad es que el Estado tomó nuestro dinero, se lo dio a las empresas y redactó contratos desastrosos por los que terminamos con muy pocos derechos sobre inventos que nosotros mismos financiamos», se lamenta.

El problema podría haber sido evitado «si el gobierno hubiera incluido un intercambio obligatorio del know-how en cada uno de sus contratos, de manera tal que la transferencia de tecnología habría podido comenzar apenas esas vacunas estuvieran en la fase de pruebas», dice Love. «Pero no fue así. Y una de las consecuencias de esas concesiones es que terminamos condenando a los países en vías de desarrollo a acceder tarde a las vacunas», concluye.

Lo cierto es que la administración de Donald Trump ha sido particularmente generosa con la industria farmacéutica, ha eliminado de algunos de sus contratos las protecciones estándar en materia de acceso que favorecían a la población y ha bloqueado los esfuerzos internacionales para mancomunar recursos en la lucha contra la pandemia. «Joe Biden tiene el poder de cambiar esto», sostiene Rizvi. «Puede pensar más allá, compartir la receta de la vacuna y ayudar a aumentar la producción y la capacidad de fabricación para incrementar el aprovisionamiento rápidamente». Por su parte, Washington cree que también son solucionables los dilemas éticos planteados por la investigación sobre las vacunas contra el covid-19 en países que tal vez no accedan a ellas durante años. «Las desigualdades son fáciles de corregir –plantea–, sólo tenés que tratar a las personas de los países pobres de la misma manera en que tratás a las demás».

(Publicado originalmente en The Intercept, bajo el título World Faces Covid-19 «Vaccine Apartheid». Brecha traduce y publica con autorización.)

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La inmunidad de la población no se alcanzará este año, advierte la OMS

Ginebra. La inmunidad de rebaño no se alcanzará este año, a pesar de que en numerosos países se administran vacunas contra el Covid-19, advirtió la Organización Mundial de la Salud (OMS).

"No vamos a alcanzar ningún nivel de inmunidad de la población o inmunidad de rebaño en 2021", declaró Soumya Swaminathan, jefa de científicos de la OMS, en una rueda de prensa, al afirmar que tomará tiempo producir y administrar suficientes dosis para frenar la propagación del virus.

Además, insistió en la necesidad de mantener las medidas de higiene y de distanciamiento y el uso de mascarilla para atajar la epidemia de coronavirus.

La responsable alabó el "avance increíble" hecho por los científicos que participaron en el desarrollo de varias inmunizaciones seguras y eficaces contra el nuevo coronavirus en un año. Sin embargo, recalcó, desplegarla toma tiempo.

"Lleva tiempo aumentar la producción de dosis, no es sólo cuestión de millones, sino que aquí estamos hablando de mil millones" de dosis, señaló, al pedir a la población que sea "un poco paciente".

Swaminathan afirmó que en algún momento "las vacunas llegarán a todos los países. Pero, entretanto, no debemos olvidar que existen medidas que funcionan".

Las medidas de higiene y distanciamiento contra el virus deberían permanecer en vigor, "al menos, lo que queda de año", destacó.

El director de salud de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, Emanuele Capobianco, advirtió contra la "falsa sensación de seguridad" que podrían comportar el despliegue de los biológicos e instó a seguir adoptando las medidas de higiene y distanciamiento.

La compañía alemana BioNTech dio a conocer que podría producir millones de dosis de su vacuna, más lo que esperaba inicialmente este año, aumentando la previsión de producción de mil 300 millones a 2 mil millones.

Pero la compañía también advirtió que el Covid-19 "probablemente se convertirá en una enfermedad endémica", e indicó que los inmunológicos tendrán que luchar contra la aparición de nuevas variantes virales y una "respuesta inmunológica natural menguante".

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, agradeció a China autorizar la entrada de un equipo para indagar el origen del virus, días después de que el funcionario acusó a Pekín de intentar bloquear la investigación.

La nueva mutación de coronavirus descubierta la semana pasada en Japón, distinta a la de Reino Unido o la de Sudáfrica, por ahora no hace al Covid-19 más peligroso, tuiteó Adhanom Ghebreyesus.

El saldo global por la pandemia es de 90 millones 806 mil 606 contagios, 50 millones 215 mil 407 personas recuperadas y un millón 942 mil 713 muertes, de acuerdo con la Universidad Johns Hopkins.

Reino Unido se encuentra en un momento "peligroso" de la pandemia, afirmó el primer ministro Boris Johnson y agregó que hay escasez de oxígeno, al tiempo que se abrieron siete grandes centros de vacunación.

La distribución del biológico de Moderna comenzó ayer en la Unión Europea. Noruega e Islandia dieron incio a la inoculación.

El presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, de 72 años, dio positivo por coronavirus, no presenta síntomas y se aisló en el palacio presidencial.

Rusia anunció que 1.5 millones de personas en el mundo se inocularon con su vacuna Sputnik V y que ahora contempla desarrollar una versión light que sólo requeriría una inyección, aunque su eficacia sería menor, para aportar una solución temporal en algunos países.

El Parlamento de Irán instó a prohibir la importación de vacunas elaboradas en Occidente, al respaldar la decisión del líder supremo, el ayatola Alí Jamenei, quien prohibió hace unos días la adquisición de dosis producidas en Estados Unidos y Reino Unido.

Estados Unidos, que registra 22.5 millones de contagios y 375 mil decesos, intensifica su campaña de vacunación, comenzando el segundo mes de la iniciativa en estadios deportivos, canchas de beisbol, centros de convenciones y ferias.

Cuba llegó a 15 mil infectados, en medio de un rebrote que disparó los contagios en enero y obliga a comenzar cierres y limitaciones en varias provincias, incluyendo la capital.

Perú alertó que las unidades de cuidados intensivos están "colapsadas" a nivel nacional, en medio de un rebrote.

Mientras, en Argentina, el suero equino para el tratamiento de adultos enfermos del nuevo coronavirus ya está disponible para su uso en hospitales.

La nueva variante de coronavirus procedente de Reino Unido fue descubierta ahora en Ecuador.

América Latina y el Caribe registraron 530 mil 753 decesos y 16 millones 525 mil 174 contagios

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Lunes, 28 Diciembre 2020 06:50

Agamben y la epidemia como política

Agamben y la epidemia como política

Termina 2020, el año de la epidemia debida al virus corona, y el mundo parece encaminarse hacia un nuevo despotismo tecnológico sanitario. Azuzadas por los medios de difusión masiva hegemónicos, sumidas en una histeria colectiva producida de manera deliberada, sociedades enteras han aceptado sin chistar un sinfín de medidas coercitivas gubernamentales –algunas bajo punitivos toques de queda–, tales como confinamientos, cuarentenas, semáforos de colores, rastreo, "sanas distancias" en la interacción social, en empresas, comercios y oficinas públicas, y hasta cierres de escuelas y universidades.

Con el pretexto de la epidemia, los amos del universo han decidido transformar de arriba abajo los paradigmas del gobierno de los seres humanos y las cosas, para sustituirlos por nuevos dispositivos cuyo diseño apenas podemos vislumbrar, incluido un panóptico total digital.

Pascal Sacré, médico especializado en cuidados intensivos y reconocido analista de salud pública en Charleroi, Bélgica, se ha preguntado si existe la "intención" de utilizar la coartada de una pandemia para llevar a la humanidad hacia un escenario que de otro modo nunca habría aceptado. ¿Es esa hipótesis, que muchos se apresurarán a calificar de "teoría de la conspiración", la explicación de mayor validez frente a la ‘anormalidad’ del momento actual? Lo cierto es que nunca antes en la historia de la humanidad el miedo había sido usado como herramienta de poder por los gobernantes de manera tan inescrupulosa como en 2020. Quienes impulsan la agenda del Covid-19, y sacan provecho de ella, han elegido una enfermedad con el fin de eliminar toda resistencia mediante el azuzamiento del pánico.

Giorgio Agamben ha dicho que, agotado el terrorismo como causa de las medidas propias de un estado de excepción –de la más pura y simple suspensión de las garantías constitucionales en muchos lugares del orbe−, "la invención de una epidemia puede ofrecer el pretexto ideal para ampliarlas más allá de todos los límites". En un momento de "confusión babélica", Agamben habló de ‘invención’ en un ámbito político, sabedor, como Foucault, de que los gobiernos que se sirven del "paradigma de la seguridad" no funcionan necesariamente produciendo la situación de excepción, sino explotándola y dirigiéndola una vez que se ha producido.

En su más reciente libro, ¿En qué punto estamos? La epidemia como política (Quodlibet, julio 2020), el filósofo italiano llama "bioseguridad" al dispositivo de gobierno –se refiere a su país, pero también a las autoridades de otras democracias occidentales– que resulta de la conjunción de la nueva "religión de la salud" y el poder estatal con su estado de excepción, probablemente el más eficaz de la historia de la humanidad, ya que ni siquiera durante el nazi-fascismo (mecanismo que permitió la transformación de las democracias en Estados totalitarios) y las dos guerras mundiales se había llegado a este punto de restricción de la libertad.

“Si el dispositivo jurídico-político de la Gran Transformación (la estrategia global prevista por la plutocracia del foro de Davos, incluido Bill Gates y su emanación la Organización Mundial de la Salud) es el estado de excepción y el religioso es la ciencia, en el plano de las relaciones sociales –escribió Agamben− ha confiado su eficacia a la tecnología digital, que, como ya es evidente, hace un sistema con el ‘distanciamiento social’ que define la nueva estructura de las relaciones entre los hombres”. La nueva forma de relación social es "la conexión": quienes no estén conectados tienden a ser excluidos de cualquier relación y condenados a la marginalidad. Siempre que sea posible, los dispositivos digitales (las máquinas) sustituirán todo contacto –todo contagio− entre los seres humanos.

El distanciamiento social −nuevo eufemismo de confinamiento− será el nuevo principio de organización de la sociedad. Y paradójicamente, la masa, en la que según Canetti se basa el poder a través de la inversión del miedo a ser tocados por extraños, estará formada ahora por individuos que se mantienen a toda costa a distancia unos de otros; una masa, dice Agamben, "rarificada y basada en una prohibición, pero, precisamente por eso, particularmente compacta y pasiva".

A lo que se suman el control que se ejerce a través de las cámaras de video y ahora de los teléfonos celulares –la ‘celularización’ coercitiva de la totalidad de la población, incluido el rastreo de cada persona vía los consorcios multinacionales Google (Android), Apple y Microsoft−, que excede con creces cualquier forma de control ejercida bajo regímenes totalitarios como el fascismo y el nazismo. La epidemia y la tecnología inseparablemente entrelazadas. Y el papel de los medios de difusión masiva dominantes, que, según Agamben, llevaron a cabo una "gigantesca operación de falsificación de la verdad", propalando una especie de "terror sanitario" como instrumento para gobernar con eje en una "bioseguridad" basada en la salud. Lo que ha llevado a la paradoja de que el cese de toda relación social y toda actividad política se presenta como "la forma ejemplar de participación cívica".

Una estrategia global de los "reformadores sociales" de Davos, que no habría sido posible lograr sin la intervención decisiva de los Estados-nación, que son los únicos que pueden adoptar las medidas coercitivas que dicha estrategia necesita. Según su fórmula, un "distanciamiento social" –no ‘físico’ o ‘personal’− como dispositivo esencialmente político, que lleva a preguntarnos, con Agamben, ¿qué es una sociedad basada en la distancia? ¿Acaso una sociedad así puede seguir llamándose política?

No es posible saber cuánto más durará el estado de excepción del actual circo pandémico mundial; lo que sí es seguro es que se necesitarán nuevas formas de resistencia para enfrentar a la "reingeniería social" tecnocrática de las élites del poder plutocrático con su pregonada (Klaus Schwab dixit) "cuarta revolución industrial".

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Carteles que promueven el distanciamiento físico y el uso de mascarillas en las calles de Bogotá (Colombia). Foto: EFE/ Carlos Ortega

La informamción sobre la nueva variante es escasa pero la lección de 2020 es que hay que anticiparse y hacer que se cumplan las medidas de precaución en vez de esperar a que se desarrollen los acontecimientos

 

Una montaña rusa de emociones. Probablemente esa sea la mejor descripción de las últimas semanas en el Reino Unido, con el gobierno oscilando desde el permiso para las ‘burbujas’ en Navidad hasta la cancelación total de las fiestas, y el virus generando una nueva variante semanas después de la aprobación de una vacuna eficaz. Hay quien argumenta que los virus mutan todo el tiempo y que no hay nada de qué preocuparse con la última variante. Otros dicen que es motivo de pánico. La verdad debe de estar en algún punto entre los dos.

La información sobre la nueva variante es escasa pero la lección de 2020 es que hay que anticiparse y hacer que se cumplan las medidas de precaución en vez de esperar a que se desarrollen los acontecimientos. En primavera, el gobierno retrasó un confinamiento que habría reducido la tasa de mortalidad y Reino Unido aprendió, por las malas, que antes que esperar y observar habría sido mejor evitar el desastre en gestación. Como dijo la primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, cuando ves un tren que va hacia ti a toda velocidad, ¿esperas a ver si te atropella o reaccionas rápidamente para evitar el choque?

Tres aspectos que preocupan

A los científicos les preocupan específicamente tres aspectos de la nueva variante. El primero: ¿se extiende más rápidamente, dificultando así su erradicación? Según el Grupo Asesor sobre Amenazas de Virus Respiratorios Nuevos y Emergentes (Nervtag, en sus siglas en inglés), la variante de la COVID-19 que parece haber surgido en el sudeste de Inglaterra es hasta un 70% más contagiosa. También preocupa que esta variante pueda contagiarse con mayor facilidad entre los niños, aunque no hay pruebas contundentes sobre eso. Hasta ahora, los niños más pequeños no han contagiado en la misma medida que los niños mayores y los adultos. Si su capacidad de contagiar a otros aumenta con esta variante, habrá que tomar un nuevo montón de decisiones sobre cómo reabrir los colegios, de forma segura, en el año que comienza.

Pero el hecho de que el virus se propague más rápidamente no tiene por qué significar que sea peor para la salud. Tampoco hay pruebas de una mayor tasa de hospitalización entre los que dan positivo. Además, los científicos son optimistas sobre la eficacia de las vacunas desarrolladas con esta variante, ahora que muchas personas se están preguntando si la nueva mutación podría eludir nuestra reacción inmune o representar un problema para esas vacunas. También es probable que con la tecnología ya disponible para producir vacunas exitosas contra la COVID-19, los científicos puedan adaptarlas para ajustarlas a los cambios de la variante.

Pese al miedo y a las dudas generadas con esta nueva situación, todavía hay razones para el optimismo. Pocos habían imaginado que para finales de 2020 ya tendríamos al menos tres vacunas eficaces y seguras contra la COVID-19. La vacuna de Pfizer se administra desde hace casi un mes en el Reino Unido; la de Moderna ya está siendo utilizada en Estados Unidos; y la de AstraZeneca no está muy lejos. Ahora tenemos las pruebas PCR, las pruebas rápidas que dan resultados en minutos, y las pruebas de anticuerpos, además de algunos tratamientos que han hecho que las tasas de supervivencia sean hoy mucho mejores que hace unos meses.

Sabemos que las vacunas pueden hacer que las personas contagiadas de la COVID-19 no desarrollen síntomas graves pero aún no sabemos si también evitarán que las personas vacunadas contagien a otras. Tampoco sabemos cuánto tiempo durará la protección de las vacunas ni si los gobiernos deberán programar campañas anuales de vacunación para toda la población, como ocurre con la gripe. Para generar la inmunidad de manada habrá que vacunar a un porcentaje de entre el 80% y el 90% de la población, una tarea gigantesca incluso en tiempos normales.

La culpa de esta nueva variante

El problema principal es que se trata de un virus al que le gusta saltar de una especie a otra. Lo hizo en Dinamarca, pasando de los humanos a los visones y viceversa. Cuanto más circula el virus, más probable es la aparición de mutaciones y variantes, lo que dificulta su erradicación. En parte, la culpa de esta nueva variante la tienen los que se oponían a las medidas de confinamiento con el argumento de que dejar que el virus corriera libremente entre los jóvenes, protegiendo a los vulnerables, permitiría la creación de esa inmunidad de grupo. Lo que no tuvieron en cuenta es que eso también favorecería el surgimiento de variantes. A menos que lo erradiquemos, lo más probable es que el virus mute aún más, lo que podría provocar segundos contagios o hacer que nuestras vacunas actuales pierdan su eficacia.

Una estrategia proactiva

Ahora está más claro que nunca por qué necesitamos una estrategia proactiva para erradicar por completo a la COVID-19. En muchas ocasiones el gobierno se ha retrasado y ha dudado, reaccionando ante los brotes en vez de tratando de evitarlos. Mientras el Reino Unido duda si suspender o no los viajes internacionales, las prohibiciones de vuelos impuestas por otros países europeos demuestran que ellos sí están perfectamente dispuestos a actuar para controlar la propagación de esta variante.

Ya no basta con aplanar la curva o con tratar a la COVID-19 como una gripe anual. Limitarse a eso agotará nuestros servicios sanitarios y devastará nuestra economía y nuestra sociedad. El modelo de convivir con el virus y permitir que se extienda entre la población ha fracasado. Incluso Suecia, que en otro momento fue elogiada por algunos como un modelo para evitar medidas drásticas, se ha visto paralizada por los brotes, se ha quedado sin camas de hospital y ha pedido ayuda a sus vecinos escandinavos.

¿Qué implica entonces esto para todos nosotros? Mientras los científicos siguen recogiendo la información y asesorando a los gobiernos sobre la mejor manera de actuar, cada uno de nosotros debería centrarse en cómo evitar contagiarnos y transmitir el virus a los demás. Tenemos que aprender maneras de vivir con restricciones y de una forma sostenible para los oscuros meses de invierno que nos quedan por delante. Es muy simple: evitar los lugares cerrados, mal ventilados y abarrotados; no entrar en la casa de otras personas; mantener las distancias; reunirse al aire libre; usar protección facial en el transporte público y en las tiendas; y pasarse de precavidos.

No escuchen a quienes dicen que la COVID-19 no es gran cosa o sugieren soluciones fáciles y remedios milagrosos. Que las directrices del gobierno permitan un comportamiento irresponsable, o que la aplicación de la ley sea laxa, no quiere decir que ese comportamiento sea seguro. En ausencia de un liderazgo fuerte y eficaz, se nos ha dejado a cada uno en una posición de responsabilidad individual: cuídense a sí mismos, a sus seres queridos y a su comunidad, y recuerden que las personas mayores y vulnerables corren mayores riesgo de morir pero que los jóvenes también pueden enfermar gravemente. Este no es el momento de jugar a la ruleta rusa con su salud.

Por Devi Sridhar

24 de diciembre de 2020 22:48h

Publicado enSociedad