Sábado, 28 Mayo 2022 06:29

China, ¿quo vadis?

Un hombre con equipo de protección habla por teléfono en la calle, frente al cartel del presidente chino Xi Jinping, en medio del bloqueo de Covid-19 en Shanghái, China, el 23 de mayo de 2022.

China se encuentra ante una encrucijada: aliviar los confinamientos y restricciones al movimiento laboral o encerrarse aún más.

China afronta el pulso que le está lanzando Estados Unidos en Asia con un acercamiento a Rusia que no acaba de cuajar, amenazas abiertas sobre Taiwán y escarceos estratégicos en la cuenca del Pacífico. Todo ello bajo la espada de Damocles de un inexorable declive económico derivado de las duras restricciones y confinamientos impuestos por la política Covid-Cero del presidente Xi Jinping.

La tensión entre Pekín y Washington se disparó esta semana después de que el presidente estadounidense, Joe Biden, asegurara en Japón que una eventual invasión china de Taiwán tendría una respuesta militar estadounidense. Las declaraciones de Biden el pasado lunes quizá respondieron a un exceso de entusiasmo ante una pregunta de la prensa, pero fueron entendidas en China como una amenaza que no gustó nada. Menos aún cuando los líderes del llamado grupo Quad, que agrupa a Estados Unidos, Japón, Australia e India, indicaron un día después en Tokio que no aceptarán la provocación de ningún país que trate de cambiar el actual equilibrio de fuerzas en Asia y el Pacífico.

Los primeros ministros de Australia, Anthony Albanese; Japón, Fumio Kishida, e India, Narendra Modi, junto con el propio Joe Biden, apostaron por una región Indo-Pacífica "abierta y libre de coacciones". Los miembros del grupo Quad mostraron su preocupación por los pasos que está dando China en Asia. "No podemos permitir que algo así ocurra en la región Indo-Pacífica", afirmó Kishida en referencia a la guerra de Ucrania y en alusión a Taiwán.

El jueves, el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, añadió más leña al fuego y anunció que la Administración Biden no solo pretende parar a Rusia en Ucrania sino contrarrestar la mayor amenaza de todas: China. Según dijo Blinken en un discurso en la Universidad George Washington, China es el único país con el poder tecnológico, económico y militar suficiente "para remodelar el orden internacional".

El mismo día en que el presidente estadounidense se comprometía a defender a Taiwán contra un eventual ataque chino, la Oficina de Asuntos Taiwaneses en el Consejo de Estado chino acusaba a Estados Unidos de "estar jugando con fuego" y de incrementar la tensión en el estrecho de Taiwán con su protección de la isla rebelde. La ira de Pekín se incrementó cuando unas filtraciones a la prensa occidental pusieron de manifiesto esta semana el espeluznante alcance de la represión china en la región noroccidental de Xinjiang contra la minoría uigur.

Los apercibimientos chinos, con aviones o barcos de guerra surcando los mares cercanos a Taiwán, son habituales. No lo son tanto los recientes pasos dados por Pekín en el Pacífico. A fines de marzo, China y las islas Salomón pergeñaron el marco de un tratado bilateral de cooperación que incluye visitas de la Armada china a ese archipiélago del Pacífico, el envío de policías para ayudar a mantener el orden y la posibilidad de que fuerzas de seguridad del gigante asiático recalen en esas islas para proteger a las empresas chinas y su personal.

Estos días, el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, hace una gira por varias pequeñas naciones del Pacífico con promesas de préstamos e inversiones en infraestructuras, a la par que niega que la intención de Pekín sea construir una base naval militar en alguna de estas islas. El presidente de los Estados Federados de Micronesia, David Panuelo, ya ha mostrado su preocupación ante esa estrategia china y ha advertido de que los planes de Pekín de expansión militar y económica en el Pacífico elevan el riesgo de conflicto con Estados Unidos y sus aliados.

Lo cierto es que la creciente actividad china en el Pacífico sigue los pasos de los propios avances de Estados Unidos en la región. En la visita de Biden a Japón, se anunció la creación del llamado Marco Económico del Indopacífico para la Prosperidad (IPEF), destinado a impulsar el comercio, la inversión, la promoción de las energías no contaminantes, la creación de nuevas infraestructuras, el impulso de normativas fiscales comunes y la lucha contra la corrupción.

Además de Estados Unidos y Japón, el IPEF está formado por Australia, Brunei, Corea del Sur, India, Indonesia, Malasia, Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam. Las economías de estos países representan el 40% del PIB del planeta, un auténtico desafío para el poder emergente de China y tan anunciado sorpasso a Estados Unidos como primera potencia económica del planeta. Los efectos colaterales de la guerra de Ucrania y la pandemia de la covid han retrasado tal adelantamiento.

El primer ministro chino, Li Keqiang, ha reconocido que los rebrotes del coronavirus han puesto contra las cuerdas a la economía de su país con mucha más saña que las primeras etapas de la pandemia en 2020. Según Li, será necesario impulsar nuevos planes de estabilidad y creación de empleo compatibles con las restricciones y los implacables confinamientos aplicados hasta ahora, que han hecho tambalearse el comercio, la producción industrial, el consumo, el suministro de bienes básicos y las exportaciones.

El confinamiento durante dos meses de los 26 millones de habitantes de Shanghai, la ciudad motor de China, ha provocado daños que podrían ser irreparables para la economía del gigante asiático, al menos durante los próximos años. De momento se desvanece el objetivo de crecimiento inicialmente previsto para este año en un 5,5%.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) reduce ese crecimiento hasta el 4,4 %. Otros analistas son más pesimistas, como los expertos de Bloomberg Economics, que estiman que apenas se pasará del 2%. Hay que tener en cuenta que llueve sobre mojado y que los daños causados por la pandemia de covid en China se han añadido al impacto que tuvo en este país la crisis inmobiliaria mundial, tras el colapso de Evergrande y el efecto dominó que la caída de esta corporación tuvo sobre el sector, que ocupaba casi el 30% del PIB chino.

Si se confirmaran tales pronósticos, la economía de Estados Unidos crecería este año por encima de la de China por primera vez desde 1976 y rozaría el 3%. La economía estadounidense no solo no ha sido maltratada por la pandemia como la de su rival asiático, sino que incluso la guerra de Ucrania ha abierto nuevos sectores de negocio, como la venta del gas licuado estadounidense a los países europeos dependientes de los hidrocarburos rusos, o el importante negocio de las armas entregadas a Ucrania para hacer frente a Rusia. Los países de la OTAN están "donando" parte de su arsenal a los ucranianos para que resistan a los rusos y lo están supliendo con nuevo material estadounidense que, en buena parte, han de pagar.

China se encuentra ante una encrucijada: aliviar los confinamientos y restricciones al movimiento laboral o encerrarse aún más. En Shanghai se está reduciendo la presión de la pandemia, pero en Pekín suenan las alarmas ante un crecimiento de los casos. En estos momentos no parece posible compensar el desplome del yuan con políticas monetarias adecuadas, mantener la tolerancia cero con la enfermedad y, al tiempo, apuntalar el crecimiento. En tal situación, el horizonte de la recesión no parece tan lejano, alentada por la creciente brecha de desigualdad económica y social. La bajada de la tasa de natalidad también ofrece un negro panorama para una población necesitada de mucha mano de obra activa que genere los ya amenazados fondos de las pensiones.

Una de las máximas del pensamiento clásico chino apuesta por la búsqueda de oportunidades en los tiempos de crisis. La guerra de Ucrania y la pugna económica y de sanciones entre Occidente y Rusia llevará al desabastecimiento de gas y petróleo rusos en Europa y al trasvase de esos hidrocarburos a las industrias y hogares chinos. Ese trasiego, que ya se está produciendo y a precios muy bajos, permitirá alimentar las reservas estratégicas del que hoy día es el primer importador de crudo del mundo. Para el próximo invierno la economía del país asiático se verá con menos dificultades energéticas que sus competidores europeos y, de una forma u otra, podría revertir esta ventaja en los precios y en la producción industrial y tecnológica.

El problema aparece a la hora de garantizar a corto y medio plazo ese transporte de gas y petróleos rusos hasta el territorio chino. También es una dificultad la caída que en la demanda interna de hidrocarburos ha tenido la política de confinamiento estricto por la covid. Pero el mayor de los hándicaps reside en la propia estabilidad de una Rusia sometida al desgaste de la guerra y en los riesgos que podría correr la Administración de Vladímir Putin si se prolonga el conflicto. El eventual cambio de Gobierno en Rusia como resultado del conflicto ucraniano preocupa mucho en Pekín, que no quisiera ver repetida en su vecino del norte la experiencia del acercamiento ucraniano a un Occidente que mira con mucha avidez al patio trasero de China en el Pacífico.

madrid

28/05/2022 08:43

Juan Antonio Sanz

Publicado enInternacional
Jueves, 26 Mayo 2022 05:52

Las redes sociales son de derecha

Las redes sociales son de derecha

Echemos una mirada a la lógica del desarrollo y crecimiento de las redes sociales. Su lógica es la lógica de los negocios, de los beneficios a casi cualquier precio.

En Crítica de la pasión pura (1998) y luego en artículos publicados en diarios, escribí, con entusiasmo, teorías varias sobre el maravilloso mundo de siglos anteriores que había vivido en África y sobre el casi tan interesante mundo por venir. Juventud, divino tesoro…

En Mozambique, en el Astillero Naval de Pemba, descubrí y colaboré (como joven arquitecto llegado de América, a quien cientos de amables obreros llamaban, equivocadamente, “maestro”) en la construcción de grandes barcos británicos y portugueses del siglo XIX. Por el astillero (los maravillosos árboles de umbila eran materia prima) y para apoyar un programa de escuelas técnicas en las ciudades más pobladas, solía viajar por largas horas al “mato” (Ibo, Quisanga, Montepuez, Mueda, Macimboa, Matemo), a las tribus alejadas del privilegio del hombre blanco del cual yo formaba parte. En el astillero, también tuve contacto con los boers racistas de Sud Africa, con el escritor británico estadounidense y antiapartheid Joseph Hanlon y con el hijo del héroe mozambicano Samora Machel y luego hijastro de Nelson Mandela, Ntuane Machel.

También con la primera computadora que toqué en mi vida. En Pemba no había internet ni televisión (el correo escrito a mano tardaba semanas en llegar a Uruguay, gracias al cual termine casándome con una ex compañera de arquitectura), pero las enciclopedias en discos ya nos sugerían lo que iba a ser el mundo en el siglo por venir. Desde entonces Windows no ha hecho ninguna innovación, aparte de molestas actualizaciones.

En ese nuevo mundo, pensaba, cada individuo, desde cualquier rincón, iba a poder acceder a las bibliotecas más importantes del mundo y la gente iba a poder decidir en referéndums, mensuales o semanales, qué hacer con cada proyecto, con cada propuesta para su país y para el mundo. No nos equivocamos con lo de las bibliotecas.

Es verdad que también publicamos sobre una sospecha oscura: la idea de una democracia radical, de un avance de la libertad como igual-libertad y no como la libertad-de-unos-para-esclavizar-a-otros, podía suspenderse a favor de su contrario: la progresión de una mentalidad tribal, nacionalista, como reacción natural.

Saltemos veinte años. Echemos una mirada, por ejemplo, a la lógica del desarrollo y crecimiento de las redes sociales, herencia del centenario progreso tecnológico de la Humanidad, secuestrada, una vez más, por los poderosos de turno. Su lógica es la lógica de los negocios, de los beneficios a casi cualquier precio.

¿Cómo se generan estos beneficios?

Capturando la atención, con frecuencia al extremo de la alienación del individuo que se convierte en un consumidor adicto que se cree libre.

¿Cómo se captura la atención del consumidor?

No por las grandes ideas sino a través de emociones simples y potentes.

¿Cuáles son esas emociones simples y potentes?

Según todos los estudios (desde Beihang en China hasta Harvard) las emociones negativas, como la ira, la rabia y el odio.

¿Qué producen esas emociones?

Explosiones virales. La viralidad de un acontecimiento indica el éxito de cualquier interacción en las redes sociales y es altamente estimada por los consumidores honorarios y por sus últimos beneficiarios, los inversores.

¿Para qué sirven los fenómenos virales?

Aumento de usuarios y secuestro de la atención del consumidor. Es decir, beneficios económicos. Pero el poder económico y el poder político tienen sexo todos los días.

¿Cuál es el efecto político?

En un mundo complejo y diverso, este efecto puede beneficiar a cualquier ideología, sea de derecha o de izquierda, pero la lógica del proceso y las estadísticas indican que la derecha es la primera beneficiaria.

¿Por qué?

Primero, porque todas las grandes redes sociales son productos de megaempresas. Toda empresa privada es una dictadura (en democracias y en dictaduras). Ni la “comunidad virtual” ni los consumidores ni los ciudadanos tienen voz ni voto en cómo se administran. Mucho menos en sus algoritmos y sus ganancias económicas. Todo gran negocio transpira su propia ideología. Su ideología, necesariamente, es conservadora, de derecha, desde el capitalismo más primitivo hasta el neoliberalismo, el libertarianismo y todos los fascismos procapitalsitas. De la misma forma que la izquierda se desarrolló en la cultura de los libros, la derecha reinó en medios más masivos como la radio (Alemania), la televisión (Estados Unidos) y, ahora, las redes sociales.

¿Segundo?

El hecho comprobado de que el odio y la ira reinan en estas plataformas, beneficia más a la extrema derecha que a la extrema izquierda.

¿No hay odio en la izquierda?

Sí, claro, como hay amor en la derecha. Pero aquí lo que importa es considerar el estado del clima general. Un grupo de izquierda, supongamos un grupo revolucionario que toma las armas, como los negros esclavos en Haití durante la revolución de 1804, puede usar el odio como instrumento de motivación y fuerza. Pero el odio no suele ser el fundamento ideológico de la izquierda cuyas principales banderas son la “igual libertad”, es decir, la reivindicación de grupos que se consideran oprimidos o marginados por el poder. El odio de la lucha de clases es una tradición de la derecha; el marxismo sólo lo hizo consciente. No es lo mismo luchar por la igualdad de derechos de negros, mujeres, gays o pobres que oponerse a esta lucha como reacción epidérmica ante la pérdida de privilegios de raza, de género, de clase social o de naciones hegemónicas, en nombre de la libertad, la patria, la civilización, el orden y el progreso. Eso es odio como fundamento, no como instrumento.

¿Hay diferencia entre diferentes odios?

El odio es uno solo, es una enfermedad, pero sus causas son múltiples. No es lo mismo el odio de los esclavos por sus amos, de los explotados por sus patrones, de los perseguidos por sus gobiernos, que el odio que irradia y contagia el poder abusivo. El esclavo odia a su amo por sus acciones y el amo odia a sus esclavos por lo que son (una raza inferior). De la misma forma que nadie con un mínimo de cultura podría confundir el machismo con el feminismo, de la misma forma no se puede confundir el patriotismo del revolucionario que lucha contra el colono y el patriotismo del colono que lucha por explotar al pueblo corrompido. En uno, el patriotismo es reivindicación y búsqueda de igualdad de derechos, de independencia, de igual libertad. En el otro es reivindicación de derechos especiales basados en su nacionalidad, en su raza, en su religión o en cualquier otra particularidad de su provincianismo intelectual.

¿Cuáles son las consecuencias de este negocio electrónico?

Las redes sociales expresan el deseo de guerra sin los riesgos de una guerra. Hasta que la guerra real se hace presente. Esta necesidad de confrontación, de canalización de las frustraciones a través de la retórica y un agresivo lenguaje corporal (el líder despeinado, orgullosamente obsceno, calculadamente ridículo para provocar más reacción negativa) es propia de la extrema derecha de las redes. Diferente, la derecha más formal del neoliberalismo prefería las etiquetas de la aristocracia. Una vez fracasadas todas sus políticas, planes económicos y promesas sociales, se recurre al circo de la extrema derecha, al lenguaje corporal antes que la serena disputa dialéctica. Se reemplaza la cultura de los libros, donde se educó la izquierda tradicional desde la Ilustración, a la cultura de las redes sociales de la derecha, donde la inmediatez, la reacción epidérmica reina y domina. La agresión, el enfado, la rabia como expresión del individualismo masivo (no del individuo) se vuelven incontrolables y, por si fuese poco, se vuelven efectivos en la lucha por colonizar los campos semánticos, la verdad y el poder político del momento.

Por Jorge Majfud | 26/05/2022

Publicado enCultura
Sábado, 21 Mayo 2022 05:52

Es el algoritmo, estúpido

Es el algoritmo, estúpido

Hoy se escucha hablar todo el tiempo de una palabra que antes era solamente campo de la matemática: el algoritmo. En muchas charlas de café un apasionado interlocutor nos explica que el algoritmo sabe todo de nosotros. Parecen querer decirnos: “es el algoritmo, estúpido”. Ya no podemos decir que no sabemos de qué se trata aunque no entendamos nada.

Y nos hacen una prueba, nos dicen que saquemos el celular y pidamos un auto en alguna aplicación, todos la misma, todos al mismo lugar, y veamos si el precio es el mismo. No es así, el algoritmo pone precios diferentes. El algoritmo se ha sofisticado, no depende solamente de la oferta, de la cantidad de autos disponibles en la zona sino que se ha especializado en la demanda: saben de ese lugar, cuánto dinero tenemos en nuestro bolsillo, cuánta desesperación en llegar. ¿Cómo logran saber cuestiones que quizás nosotros no tenemos tan claras? ¿Cuál es el costo de una sociedad sin intimidad?

El algoritmo está acostumbrado a manejar millones de datos, información diversa que interpreta y analiza pero más allá de sus cualidades de “Big Data”, la ventaja que realmente tiene es que lo queremos mucho, dependemos mucho de él, le confiamos todos nuestros secretos y cada vez más hacemos pasar por ahí nuestra vida. El algoritmo sabe de nosotros. Se graba en una “caja negra” todas nuestras búsquedas, todas las páginas en internet, los lugares donde estamos, y estaremos el fin de semana y en las vacaciones. Y nos hace ofrecimientos, tiene deferencia por nuestro nivel económico, por nuestras preferencias, por nuestros secretos pero se aprovecha de ellos para que no le digamos que no, siempre hay otros mirando en este momento nuestra oferta y nos amenaza con perder las oportunidades.

El algoritmo conoce al que pide el servicio como al que lo ofrece. Lo único que podemos hacer los seres humanos es, como a los padres que todo lo saben, hacerle trampa. Los trabajadores de autos en Washington en la entrada del aeropuerto apagan el celular al mismo tiempo para que se eleven los precios antes que llegue el horario de llegada de los aviones.

El algoritmo está en nuestro querido celular, muchos pensamos que el celular nos pertenece pero no hay nada menos personal. Allí se esconde un tipo de sociedad, que es del conocimiento, de un sistema de poder sostenido en una ¿ideología algorítmica neutral? Cada vez más el celular necesita pegotearse en tu carne, te pide un patrón, la huella del dedo, realiza tu reconocimiento facial y necesita sí o sí que ligues tu cuenta de gmail, a tu ubicación autenticada y a una tarjeta de crédito. Y con esto ya está, perdiste mucho más que la intimidad, saben no solamente lo que compraste sino lo que comprarás durante este mes. Van complejizando variables, identifican lo que buscás y lo diferencian de lo que deseás y en esa diferencia crean la ilusión de que la búsqueda de lo que deseás está en manos de tu emprendimiento, de tu voluntad.

Algunos se asustan y piden volver al tiempo prealgoritmo pero hoy pareciera tan posible extirparlo como vivir sin pulmones. Aunque su derrotero pareciera inalterable, es necesario abrir debates acerca de sus evidentes consecuencias. Una de las preguntas es si las tecnologías del algoritmo y del tiempo “real” podrán ser utilizadas para el bien común.

Una de las primeras limitaciones es conocida: estas tecnologías están controladas por dos grandes “megasupercorporaciones” que dominan las plataformas y determinan los senderos y sobre todo censuran los caminos alternativos. Mientras que el acceso al conocimiento esté limitado a pocas corporaciones, resultará complicado abrir el juego a nuevos participantes. Esas corporaciones tienen ideología y marcan a fuego la perspectiva de la humanidad sostenida en un horizonte totalitario y homogeneizador. Crean un tipo de subjetividad, una sociedad de supuestos emprendedores que nos hace sentir que de cada uno y cada una depende el éxito y el fracaso. Por convergencias y reiteraciones, sectorizando esos diferentes deseos, el algoritmo podría realizar la correlación entre la compra de un determinado shampú con las decisiones que tomaremos en las próximas elecciones.

Hasta comienzos del siglo XXI, a las corporaciones les importaba tu cerebro, cómo mantenerlo con vida dándole lo menos posible, les interesaba qué porcentaje de la torta se podían quedar sin crear una revuelta tal que creara un cambio en las reglas de juego, hoy con las redes en tiempo real, las corporaciones se animan a más porque pueden crear la idea de que la política es una idea pasada de moda y que todos los políticos son la misma cosa, ya sea de derecha o de izquierda y que finalmente, lo único que puede salvarte sos vos mismo, en el supremo esfuerzo de hacer lo que mejor puedas.

Una sociedad individualista que te muestra miles de ejemplos de personas que se han vuelto millonarias por el simple manejo del “simplemente hazlo”, ese hashtag de una conocida empresa de zapatillas que te dispara el cerebro a la estratosfera diciéndote que si no conseguís más, será porque no lo has deseado con la tenacidad del que logra lo que se propone. Ya no se trata de la lucha por una sociedad que te facilite un acceso a mayores niveles de igualdad y distribución de la riqueza sino de las limitaciones de la psicología de tu deseo.

Nos convertimos entonces en una sociedad de frustrados que miran con envidiosa penuria a algunos que logran lo que nosotros no. No hay que quedarse, hay que seguir. Los ejemplos sobran, en el medio de la metrópoli, la sociedad norteamericana toma antidepresivos como galletitas en el desayuno antes de salir a su vida laboral. Hoy se trata de mantenerse activo.

El algoritmo quiere conocer tus movimientos en el fondo de tu bolsillo y anticipar tus próximos movimientos. La del bolsillo es una metáfora anacrónica, porque nadie que tiene dinero lo lleva en el bolsillo, miran tus cuentas bancarias, tus movimientos por la ciudad, tus repeticiones de compras en el súper, tus miradas a páginas deseando algo, tus llamadas a otros a través de redes sociales y sobre todo miran el uso de tus aplicaciones. Te acercan el taxi que necesitas para llegar, la comida para la noche, la serie que seguramente estás esperando, la frase que tenés que decir para la ocasión, la aplicación que necesitás para no olvidarte las claves para entrar a las diferentes cuentas.

Pero todo esto tiene un costo. El “pequeño” costo que no dicen ni aún con letritas pequeñas en el fondo del “acepto término y condiciones”. Ese costo es daño colateral, además de la ideología que transmiten en su masividad y las anticipaciones de nuestras próximas jugadas, el daño es la construcción de subjetividades cada vez menos cuestionadoras de lo que la sociedad hace de nosotres.

21 de mayo de 2022

Martín Smud es psicoanalista y escritor.

Publicado enSociedad
Marcos Obregón: “La locura nos revela nuestra fragilidad. La dificultad que tenemos para aceptar la vulnerabilidad”

¿Qué hacemos con el sufrimiento en la sociedad del malestar? En ‘Contra el diagnóstico. Desmontando la enfermedad mental’, Marcos Obregón aborda esta cuestión central, alertando ante el diagnóstico como forma de atajar debates más profundos, convirtiendo el sufrimiento psíquico en una identidad.

 

Hablo con Marcos Obregón (1973, Barcelona), con motivo de la reciente publicación de Contra el diagnóstico. Desmontando la enfermedad mental (Editorial Rosamerón, 2022) en momentos en los que acaba de anunciarse su segunda edición. Marcos Obregón es licenciado en filología hispánica, ha trabajado como editor y durante los últimos años ha sido, entre otras muchas cosas, presidente de la asociación Sociocultural Radio Nikosia.

Actualmente, se encuentra cursando el posgrado de Salud Mental Colectiva de la URV. Después de conocernos en persona, gracias a ese lugar físico y emocional de dignidad colectiva y encuentro que es Nikosia, no nos queda otra opción que citarnos a distancia. Él en Galicia, yo en Barcelona, Skype de por medio, acordamos reunirnos para charlar durante unas horas sobre un libro que, sin embargo, responde a inquietudes imposibles de contener en estas páginas. ¿Ha alcanzado, por fin, el tabú de la llamada salud psíquica o mental la plaza pública, o se trata de una moda pasajera? Por el momento, no podemos responder con firmeza.

Contra el diagnóstico no es un libro de autoayuda, ni un manifiesto del desencanto. No hay condenas o salvaciones ante las que su autor responda buscando itinerarios simplistas. De principio a fin, se trata de un texto cuya voz es colectiva, a pesar de que su tono es el de un ser humano de carne y hueso. No permitir que el diagnóstico se convierta en una identidad, podría ser una de sus intenciones. Recobrar la dignidad que intenta arrebatar el mundo hegemónico de la psiquiatría, podría ser otro. Marcos reconoce que, en algunos momentos, el diagnóstico puede resultar en una tranquilidad momentánea, en un espejismo, pero la pregunta sobre qué es eso del sufrimiento psíquico no será resuelta. De hecho, el miedo a la llamada locura vertebra gran parte de la gestión del sufrimiento en el marco cultural en el que vivimos.

Hablas del diagnóstico en salud mental como una identidad que termina por patologizar la propia vida.
Me refiero a una vida atravesada por un diagnóstico que te señala. Una identidad enferma. ¿Cómo un diagnóstico puede convertirse en una identidad? La idea de desmontar la enfermedad mental, que es la otra parte del título del libro, no es tanto desmontar lo que ocurre, el síntoma del malestar marca que algo está pasando. No quiero negar eso. Pero el problema con la salud mental es que existe una dictadura basada en lo que debe ser un comportamiento normal. Pero ya sabes, qué es normal, y qué no es normal está dictado por una cultura particular. Y salirse de esa esfera cultural es peligroso, así que uno finge la normalidad. Eso es lo que hacemos, todos los días. La salud mental y el silencio están muy relacionadas. Todos los malestares están sancionados y los asociamos a la falta de productividad o a una verdad que nos incomoda. La locura nos está hablando del deseo sin filtro, que es explicado magníficamente por el psiquiatra Fernando Colina. Me alegro cuando un paciente comienza a mentirme, dice él, porque se da cuenta de que vivir sin ese filtro puede resultar en un gran sufrimiento. Vivimos con esa máscara constante para evitar el riesgo de ser excluidos.

¿Qué es, por ejemplo, un esquizofrénico? Un diagnóstico socialmente asociado al peligro, a la incomodidad. Pero nosotros queremos que las cosas están bien controladas. La locura te coloca en el lugar del otro. Inquieta. El diagnóstico te obliga a despejar la presunción de culpabilidad asociada a algo que se supone que te describe. Y digo que se supone porque no es así. Al mismo tiempo, el diagnóstico genera una imagen social. Por eso, no creo que haya tanto miedo a la locura en sí, sino a las consecuencias sociales de la llamada locura. ¿Qué hacemos como sociedad con la locura? La escondemos en psiquiátricos cuyo funcionamiento es en muchas ocasiones carcelario. Se dice que, por el bien de la persona diagnosticada, ocultamos su sufrimiento con pastillas. Escondemos el malestar. Repito, hay algo incómodo en la locura que nos dice qué tipo de sociedad somos. La locura nos revela nuestra fragilidad. La dificultad que tenemos para aceptar la vulnerabilidad.

Eso choca con una cultura que busca desesperadamente una idea de la perfección inmaculada. Y esa idea desemboca al final en descartar a quien sobra. El diagnóstico enmascara la realidad del miedo por medio de certezas intentando despejar la duda de qué es eso que nos pasa. Pero lo cierto es que a mi alrededor sigo viendo malestar. Mucha gente, para enfrentar ese malestar, lee autoayuda, busca un coach. El propio concepto de autoayuda rebela la perversión del individualismo feroz en el que vivimos, sometidos a mucha exigencia y con muy poco tiempo. Y no conectamos con esa fragilidad. ¿Cómo vamos a conectar con ella? Pues yo te digo, no cualquier vida es válida. Una vida sin sentido, anestesiada, no es válida. La vida tiene que valer la pena.

Si la llamada locura es un tabú cultural, ¿qué crees que da más miedo, el sufrimiento en sí, o el juicio social derivado?
Si tuviéramos una buena gestión del malestar, probablemente, el juicio no importaría demasiado. Por eso, para mí, es mucho más grave el juicio. Uno al malestar termina por habituarse. Pero hay que tener en cuenta que, querámoslo o no, somos vínculo. El libro es un grito de reconocimiento ante esa realidad. Porque lo que duele es no poder vincular ese malestar, o que quede, como si fuese una vergüenza, en el ámbito de la familia y que se convierta en algo enfermizo, en un secreto. Duele sentirse excluido y sentirse como alguien incómodo para los demás. Nadie se atreve a desnudarse porque teme quedar fuera, no formar parte, ser señalado. No obstante, en el libro he intentado no quedarme en el simple vómito personal, sino en explorar qué hay de humano y común en el sufrimiento psíquico, más allá de cómo nos hemos construido cada uno de nosotros, más allá de nuestras particularidades, sin pasar por encima de que cómo cada uno se construye también es importante.

Hay algunas ideas-fuerza que van fijándose a lo largo de la lectura de Contra el diagnóstico. Desmontando la enfermedad mental. Una de ellas es que quien se rompe lleva mucho tiempo resistiendo y luchando por encontrar las maneras de resistir. Quien se rompe es un superviviente. Nadie se rompe de repente ni en solitario. Es decir, quien se rompe es quien resiste y lo que se rompe es siempre colectivo.
Es así. Y fíjate, donde hay más reticencia a la hora de recibir el libro es en las familias. Eso es una gran contradicción. Una de las cuestiones fundamentales del texto tiene que ver con el impacto que el sufrimiento genera a tu alrededor, en los amigos, en las parejas, en las familias, en los conocidos. Eso que dices sobre la rotura es completamente cierto. Por eso hay que respetar el síntoma, que dice que te estás defendiendo con uñas y dientes, que te estás agarrando a la vida frente al derrumbe. El síntoma dice que quiero seguir vinculado con lo que está pasando. Hay algo muy profundo ahí, que debe ser cuidado, no silenciado. Cómo abordas todo esto nos da una imagen de la sociedad de la que formamos parte. Vamos a omitirlo, a taparlo. Si el suicidio, por ejemplo, es el fracaso del sistema de salud mental, ¿cómo puedes creer que, atando a una persona, quitándole toda la dignidad, hipermedicándola, vas a evitar algo? Pues en esas estamos.

¿Qué hacemos con el síntoma? Como decíamos antes, no hay reflexión, ni hay tiempo. ¿Sirve de algo atajar un malestar con someter a la persona a una pérdida total de dignidad? Con tal de que no moleste, de que no se vea el síntoma, que nos habla de nuestra humanidad, eso es lo que normalmente se hace. Pero esas señales son parte de nosotros, nos ayudan a poder canalizar muchas violencias del día a día. Yo, que me he visto obligado a parar, porque me han obligado, puedo asegurar que si hay tanto miedo a que la locura llegue, es porque esta sociedad no es la sociedad del bienestar, sino la sociedad del malestar. Una sociedad que nos atenaza con ese neoliberalismo salvaje, que constantemente nos amenaza con dejarnos fuera.

Y es precisamente en el seno de ese modelo social en el que cobra sentido la construcción de esa forma de psiquiatría, no como forma de saber colectivo, sino como forma de poder.
Efectivamente. No hay radiografías, ni hay nada que determine de forma científicamente objetiva ningún tipo de trastorno. Partamos de ahí. Así que, que un psiquiatra que no ve absolutamente nada más allá de lo que tú le puedas contar, tenga el poder de decidir sobre una vida, es terrible. Eres bipolar, te sacamos fuera, te damos una pensión. Con toda la perversión que ello conlleva. Si trabajas, te la quitamos. Que esas personas tengan tanto poder para decidir sobre algo que no ven es mucho más grave de lo que podemos imaginar. Me sabe mal decirlo, pero lo único que hace un buen psiquiatra es drogarte o encerrarte. ¿Qué tipo de medicina es esta?

Lo he dicho antes, no hay ninguna prueba que pueda demostrar que lo que dicen que existe, en términos de enfermedad mental, existe. Existe en tanto que síntomas. Te digo más, yo creo que hay médicos que están incómodos con ese poder. Imagínate decirle a alguien: vas a estar dos meses sin poder salir de un hospital. No hemos reflexionado lo suficiente sobre lo que significa un ingreso psiquiátrico. No se puede actuar a espaldas de la persona que sufre. Lo que nos recupera es la confianza. Tener fe conjunta, poder pensar que esa persona está ahí para apoyarme. La traición no ha funcionado, no funciona ni funcionará nunca. Además, será muy difícil recuperarse, ya que has comprobado en tus propias carnes que no te puedes sostener en otro, por lo que puedes acabar ahogado.

Quería preguntarte algo sobre el rol de la familia. Comentabas que las familias tienen un poco de miedo al título del libro. ¿Por qué? ¿Qué es lo que falla?
Las palabras, como decíamos, dan alivio y también exculpan. La idea del diagnóstico exculpa. Porque la culpa, que también va apareciendo de diferentes formas a lo largo de libro, responde a la idea profunda de que una rotura interior produce una sensación muy dura en el entorno. Una idea incluso intolerable. Lo que intentaba en el texto, en cambio, es expresar que no hay culpa en sentido estricto. La culpa no está en la familia, está en un modelo que va más allá de la familia. La familia, de hecho, está a menudo muy perdida. La cuestión es que cuando enfrentas una situación de sufrimiento agudo te ofrecen pocas salidas. En teoría, puedes estar con los mejores profesionales, pero lo que realmente vale es que te puedan ver más allá de ese diagnóstico. Esa idea de que una madre haya fallado, un hermano, es muy duro. Por eso es importante remarcar que, no es que hallamos fallado como familias, estamos fallando como sociedad cuando hay personas que no encuentran alternativa, ¿comprendes? Y si pretendes que, atando a esa persona, vas a evitar algo, algo muy grave está fallando. La pregunta es ¿dónde están los espacios habitables donde alguien pueda recomponerse?

Recomponer lo que se ha roto. En tu libro hay esperanza y vitalidad. Sostener y no salvar. Escuchar y no juzgar. Si lo que se rompe es colectivo, el enfrentar esa rotura debe serlo, más allá del ámbito familiar. Ahí están los vínculos, de nuevo.
Por eso no necesitamos héroes. Parece que son momentos de heroicidades. Eso es escapar de la propia responsabilidad. Te vamos a curar, te vamos a salvar. No hace falta que me salves, solo hace falta que veas a un ser humano frente a ti. Lo que nos salva, si tuviéramos que hablar de salvación, es estar ahí, juntos. Y es cierto que ese trabajo lo ha hecho fundamentalmente la familia, pero eso no es justo, porque dejas de existir, te conviertes en una extensión de los miedos de tu familia, de sus historias, y nada más. Eso no es sano. En muchos casos, en la mayoría de hecho, las familias están solas. Lo que necesitamos es menos épica y más inclinarse hacia el otro a través de los gestos. Qué es lo que pasa, por ejemplo, cuando llegas al hospital y te das cuenta de que el psiquiatra no te está viendo. No quiero que me salves, quiero que me des la mano, y que mi malestar sea abrazado, no escondido, no dormido ni rechazado. Creo que cualquier persona puede conectarse con eso perfectamente. Porque el mero hecho de existir y saberse finito produce angustia. 1

La locura nos habla de eso que se escapa de nuestro control, de eso que no acabamos de comprender. Y la forma en la que, como sociedad, la enfrentamos nos habla de nosotros, de quienes somos, y de un mundo que lamentablemente no acepta la diferencia. ¿Qué tipo de mundo estamos construyendo, especialmente aquí, en Occidente? Tenemos que seguir preguntándonos sobre ello. Porque creo que, sin aceptar idea de la complejidad, que es mucho más resbaladiza, aparecen los juicios sumarios. Y la verdad es que, en el fondo, no podemos explicarnos a nosotros mismos tan fácilmente. Hay que dejarnos llevar por la curiosidad. Eso también pasa por dejar de patologizar todo lo que se hace. Con o sin diagnóstico. Habitualmente, cuando te diagnostican, todo lo que haces ya es por terapia. Todo. Eso te roba el gozo, el deseo y la propia vida.

Para terminar, también insinúas que lo contrario a esconder el sufrimiento es todo menos morbosidad.
Eso es muy importante. Para mí, lo vital es cómo coser esa cicatriz que dejó la herida y asegurarse de que quede visible, porque me recuerda el camino que he hecho y lo que soy. No esconder, no avergonzarse. Porque eso es lo que me ha llevado a la soledad. Si tienes claro que eres frágil, que eres vulnerable, y que cuando estás sólo eres más débil, no olvidas que puedes volver a caerte. Y eso no es hurgar con morbo en el sufrimiento, sino abordarlo con dignidad. No sólo me refiero a la salud mental. Es algo que nos interpela a todos. Al final de todos los cambios está la muerte.

Muchas gracias, Marcos.
A ti.

20 may 2022

La burocracia china y la política cero COVID: entre la ineficiencia y la locura

A finales de este año, Xi Jinping planea conseguir un tercer mandato sin precedentes como líder del Partido Comunista Chino. Para conseguirlo, Xi debe demostrar su eficacia en dos ámbitos: que su política contra el COVID19 está funcionando y que la mayor economía de Asia es resistente.

Una vez más la autoridad del máximo dirigente chino se pone a prueba como nunca antes. Hasta ahora China había logrado escapar a la condena universal tras el brote de la pandemia de Covid-19 en Wuhan, a la vez que el descalabro que la extensión de la misma había generado en todo el mundo contrastaba con el relativo pequeño número oficial de muertos dado por Pekín, así como de la continuidad del crecimiento económico. Su política de cero COVID le permitió proclamar, ya en septiembre de 2020, su victoria en la batalla contra la pandemia. La misma hasta ahora gozaba de un gran consenso político y social. Tanto el gobierno como el pueblo sentían que su sistema tenía ventajas únicas sobre Occidente, lo que demostraba que China estaba en la cima y que las cosas iban mejor. Todo esto se derrumba ante el brote de la variante Omicron y sus derivados, mucho más contagiosos que los anteriores. El aumento sin precedentes del número de casos y muertes –o quizás su mayor visibilidad– fueron suficientes para que las ineficacias e irracionalidades del funcionamiento del poder chino queden repentinamente expuestas al mundo.

La ineficacia y el carácter dictatorial de la burocracia al desnudo

Los cierres sucesivos y draconianos que se están produciendo en China frente a la nueva oleada de COVID19 superan cualquier film distópico de no importa qué serie del último tiempo. Decenas de ciudades grandes o pequeñas están sometidas a confinamientos totales o parciales por el covid-19. Sin embargo, el punto crucial es Shanghái, la ciudad más grande y cosmopolita de China, con unos 26 millones de habitantes. Después de todo, Shanghai había sido la ciudad mejor gestionada de China durante los dos años de la pandemia, un modelo en el que las autoridades locales impusieron restricciones mínimas mientras se aseguraba de que los brotes estuvieran controlados. Esta megalópolis ya lleva la quinta semana de confinamiento duro como en los peores momentos de Hunan que sólo se ha aflojado ligeramente. Todos los indicadores apuntan a que Pekín va a sufrir el mismo destino.

Dos residentes describen la ciudad en el pico de la locura:

… a medida que los casos aumentaban hasta marzo, los residentes y los funcionarios se preocupaban. Un funcionario que dirige el departamento de salud mental de Shanghái salió en televisión para decir a los residentes que debían "reprimir el anhelo de libertad del alma", lo que provocó que los divertidos ciudadanos crearan memes que satirizaban un giro espiritual en la jerga oficial del partido. Diez días después, Shanghái declaró un cierre temporal y escalonado que rápidamente se convirtió en indefinido y global. Nuestro cierre rivalizó con dos de los más duros del país: Wuhan a principios de 2020 y Xi’an a finales de 2021.A los residentes sólo se les permitió salir de sus apartamentos para realizar pruebas de PCR. Pocos negocios podían funcionar. La gente luchaba por conseguir productos de primera necesidad, como suministros médicos, ayudas a los ancianos y alimentos. La mayoría de los restaurantes y supermercados ya no podían hacer entregas. Las autoridades locales se encargaron entonces de la distribución de alimentos, haciendo que los residentes dependieran de los paquetes de comida organizados por el gobierno. La gente no tardó en irritarse. Cuando empezaron a cantar y entonar cánticos en sus balcones, el gobierno envió un dron con un megáfono que repetía: "Por favor, repriman el anhelo de libertad del alma". La segunda vez no fue tan divertida. El impacto inmediato del cierre ha sido un aplanamiento social de la ciudad. Algunos hogares pudieron abastecerse de alimentos mejor que otros, pero la mayor parte de la ciudad –ricos y pobres, jóvenes y viejos, locales y extranjeros– está en el mismo barco: atrapada en casa con un acceso mínimo a la abundancia de Shanghai. Kathy Xu, una de las principales capitalistas de riesgo del país, pidió pan y leche en las redes sociales. Abundan las bromas sobre el hecho de que China haya alcanzado la "prosperidad común", la iniciativa emblemática presentada por Xi en 2021 para abordar la desigualdad, una década antes de lo previsto.

Este humor de encierro era una de las pocas formas de escapar a las medidas surrealistas en el terreno. Así, los funcionarios de Shanghái han instalado vallas metálicas para impedir que la gente salga de los edificios donde se ha registrado algún contagio. Hace unos días en Qianan, provincia de Hebei, en el norte de China, se ha ordenado a los residentes que entreguen las llaves de sus casas a las autoridades para garantizar que no salgan de ellas. Los residentes que se nieguen a cooperar verán sus puertas selladas desde el exterior y acordonadas con alambre de púa. Medidas que a su vez han creado un clima de terror, como en los peores momentos del régimen maoísta. Así, vídeos virales mostraban a agentes de policía golpeando o deteniendo a los que no cumplían, y a trabajadores sanitarios golpeando hasta la muerte a perros que habían sido abandonados por personas en cuarentena.

Sin embargo, a pesar de la creciente ira contra Xi y esta política, en su reunión del 5/5 el Comité Permanente del Partido ha dejado claro que ha decidido continuar con la política de "cero-Covid”; "La persistencia es la victoria", declaró la reunión. Dicho cónclave advirtió a los cuadros de no vacilar en la lucha: “La práctica ha demostrado que nuestra política de prevención y control está determinada por la naturaleza y el propósito del Partido, nuestras políticas de prevención y control pueden resistir la prueba de la historia, y nuestras medidas de prevención y control son científicas y eficaces. Hemos ganado la batalla para defender Wuhan, y seguramente podremos ganar la batalla para defender Shanghái”.

Detrás de estas medidas draconianas en la gestión de la crisis del COVID19, se revela una vez más la fragilidad del régimen chino. Es que debido a la infalibilidad del secretario general del PCCh ninguna crítica se puede hacer en relación a sus decisiones políticas de más en más controversiales y que hoy en día las masas chinas están pagando con un confinamiento dictatorial y escandaloso. Tiene razón la especialista Valérie Niquet, cuando afirma que:

Lejos del pragmatismo, el único factor que guió la toma de decisiones fue la imagen y el poder del Partido Comunista y de su líder Xi Jinping, que no podía ser cuestionado de ninguna manera; incluso a costa de un coste considerable, cuyo alcance probablemente aún no se conoce […] China compró la licencia de distribución de las vacunas de Pfizer, mientras se negaba a producirlas por nacionalismo tecnológico, para imponer mejor su control a Taiwán, que no puede abastecerse libremente. Según varios estudios, las vacunas chinas son mucho menos eficaces que las de ARN mensajero, pero Pekín no quiere atender a razones, en nombre de la supuesta superioridad de su sistema, como sostiene la propaganda oficial. Sobre todo, aunque imaginábamos que las campañas de vacunación estarían perfectamente organizadas, ahora sabemos que apenas más del 50 % de la población china estaría totalmente vacunada. Y que en esta proporción, las personas de mayor edad, las que no se desplazan, son las menos cubiertas.

Los fracasos de la máxima dirigencia del PCCh han llevado a la China a su impasse actual:

Y de hecho, debido a las malas decisiones tomadas en materia de vacunas, relevar esta política expondría a China a cientos de miles de infecciones, a decenas de miles de muertes, incluso si Omicron parece ser menos letal que las variantes anteriores. Todo el argumento de la superioridad del régimen se derrumbaría. Esto es tanto más cierto cuanto que el sistema sanitario también revela sus debilidades. Detrás de los hospitales modelo, de los que Shanghái está bien equipada, se reconoce que la cadena asistencial -incluso en la ciudad, y más aún en el campo- no podría absorber a los pacientes, con el riesgo de aumentar el número de muertes [1].

Todo esto confirma el análisis realizado al comienzo de la pandemia en China de que la burocracia ahoga la economía, la vida social y cultural y que luego el control del COVID parecía desmentir frente a la debacle en el resto del mundo, incluido los principales países imperialistas, en especial los Estados Unidos. Más grave aún para esta casta enriquecida y parasitaria, las decisiones de Xi Jinping más allá del alto costo que las poblaciones está pagando, pueden tener un alto costo político ya que no tocan a sectores despreciados o periféricos del consentimiento social como el campo, sino que afecta en gran medida a las bases centrales de apoyo del Partido, aquellos sectores sociales que han asumido el pacto implícito de aceptar la falta de libertades políticas a cambio de los beneficios de la sociedad de consumo.

Peligro a su rol de mejor fuente de aprovisionamiento del mundo

Estos errores de la política sanitaria no solo pueden romper el consenso con los sectores beneficiados por las reformas capitalistas, sino que ponen en cuestión el rol de China como mejor fuente de aprovisionamiento del mundo.

Así, personajes altamente influyentes que se han beneficiado de esta mundialización productiva y que no se caracterizaban por ser enemigos de Pekín, comienzan a tirar la campana de alarma. Este es el caso del aleman Jörg Wuttke, presidente de la Cámara de Comercio europea en China, y de la filial china de la química BASF. En una entrevista publicada el 28 de abril pasado en el diario suizo The Market, afirma que el crecimiento no será de 5,5 % en 2022 como se había previsto, sino que será del 4 %. Según él, a causa de la política de cero Covid, “China va en camino a perder la credibilidad como mejor fuente de aprovisionamiento del mundo”. Asimismo, señala que las políticas económicas y sanitarias llevadas adelante actualmente están erradas, pero que por la proximidad del 20 Congreso que será en el otoño, cualquier cuestionamiento es imposible. “China no sale de la encrucijada en que la ha metido el Presidente. Los líderes son prisioneros de su propia narrativa. Es trágico” [2].

Esto no significa que vaya a haber una huida de inversores extranjeros [3] pero las dudas e incertidumbres a largo plazo del rol de la China dentro de la cadena de suministros globales se acrecientan, al tiempo que las multinacionales allí presenten se vuelven más cautelosas. Estas, por un lado, están obteniendo grandes beneficios y siguen esperando crecer. El grueso de las empresas multinacionales ganó mucho dinero con sus operaciones en China en 2020 y 2021, cuando el crecimiento de China superó al de la mayoría de los países del mundo. Pero el cierre de Shanghái y el trastorno más amplio de las duras políticas de Covid de China están imponiendo grandes costes económicos en 2022, y las empresas están luchando para decidir cómo ajustar sus estrategias. Según informa el Financial Times, General Electric achacó a las "importantes limitaciones de la cadena de suministro" la menor producción de su negocio de motores para aviones comerciales y el menor crecimiento de los ingresos de su división de salud, en la que las paradas en algunas regiones de China también estaban afectando a la demanda [4]. El mismo diario informa que los ejecutivos de Apple advirtieron que el grupo podría sufrir una caída de hasta 8.000 millones de dólares en el trimestre actual debido a los vientos en contra que incluyen la escasez de la cadena de suministro y el cierre de fábricas en China, lo que subraya que los desafíos que plantea la pandemia están lejos de terminar para la empresa más valiosa del mundo. "Las restricciones de suministro causadas por las interrupciones relacionadas con el virus Covid y la escasez de silicio en toda la industria están afectando a nuestra capacidad para satisfacer la demanda de nuestros productos por parte de los clientes", declaró el jueves a los analistas el director financiero de Apple, Luca Maestri [5]. Por último, según también el Financial Times, los cierres por coronavirus en China están mermando los ingresos de las grandes cadenas minoristas mundiales, con cientos de millones de residentes confinados en sus hogares en el mayor mercado de consumo del mundo. Starbucks y Yum China, propietaria local de las marcas KFC y Pizza Hut, se encuentran entre los grupos multinacionales que advierten de la caída de las ventas a medida que la inamovible política de cero COVID del presidente Xi Jinping erosiona la confianza de los consumidores y asfixia las cadenas de suministro en China [6].

Las multinacionales también tienen preocupaciones a más largo plazo en torno a las crecientes tensiones geopolíticas. Las empresas estadounidenses con operaciones en China han sufrido un golpe tras otro desde que Donald Trump entró en la Casa Blanca. Los halcones de las administraciones de Trump y Biden, así como del Congreso, han presionado para desvincularse, utilizando instrumentos políticos que incluyen aranceles, restricciones a la exportación, sanciones de bloqueo, prohibiciones de importación y órdenes de desinversión con el fin de cortar los vínculos económicos entre los dos países. En su mayor parte, las multinacionales han resistido por la razón de que China sigue siendo un mercado lucrativo. Pero, así como las cuestiones sociales en el activismo de izquierda, en el clima enrarecido actual de los Estados Unidos no puede descartarse que los responsables políticos estadounidenses hayan creado un clima de vergüenza moral por hacer negocios en China, lo que podría producir mayores sanciones más adelante. Un Congreso más beligerante, podría crear un mecanismo de revisión de las inversiones salientes en los próximos años. Y parte de la incertidumbre estratégica que pesa sobre la globalización, los ejecutivos son más abiertos a pensar lo que se consideraba eventos de baja probabilidad. En particular, la invasión rusa de Ucrania está concentrando las mentes en lo que podría ocurrir si Pekín inicia un conflicto por Taiwán. Una repetición de las sanciones impuestas a Rusia significaría probablemente el fin de China como historia de crecimiento para las multinacionales.

¿El 2008 chino?

El que habla de la situación actual así no soy yo, sino uno de los ejecutivos más amigos de China hasta hace poco. El fundador y presidente de uno de los mayores grupos de inversión de capital riesgo de Asia ha criticado al gobierno chino por unas políticas que, según él, han provocado una "profunda crisis económica" comparable al crack financiero mundial. Weijian Shan, cuyo grupo PAG gestiona más de 50.000 millones de dólares, dijo que su fondo se había diversificado fuera de China y estaba siendo "extremadamente cuidadoso" con su cartera en el país. "Creemos que la economía china está en este momento en la peor forma de los últimos 30 años", dijo en un vídeo de una reunión visto por el Financial Times. "El sentimiento del mercado hacia las acciones chinas también está en el punto más bajo de los últimos 30 años. También creo que el descontento popular en China está en el punto más alto de los últimos 30 años". En el vídeo, Shan dijo que gran parte de la economía china, incluido su centro financiero, Shanghái, había sido "semiparalizada" por las "draconianas" políticas de cero-codificación y que el impacto en la economía sería "profundo". "Para nosotros, China se parece a Estados Unidos y Europa en 2008", añadió Shan [7].

Probablemente su juzgamiento sea exagerado, pero habla del cambio de opinión de ejecutivos de grandes empresas o fondos de inversión o analistas económicos, fanáticos y defensores a ultranza contra todos los anunciadores de catástrofes del modelo chino en todos estos años, e incluso décadas. Otro giro sorprendente es el de Stephen Roach, un antiguo presidente de Morgan Stanley Asia que ha ganado mucho dinero con China. En una entrevista concedida a SupChina, un medio de comunicación online especializado en China, este economista, al que se escucha tanto en Wall Street como en Pekín, afirmó que los principales problemas de China –la política del cero de Covid, la proximidad con Rusia, el desarrollo de la tecnología, etc.– se deben a "un proceso de toma de decisiones asombrosamente rígido, que, en primer lugar, es incapaz de reconocer sus errores y, en segundo lugar, no es lo suficientemente flexible como para adoptar una estrategia diferente". Para él, "incluso un partido único y un Estado autoritario necesitan tener debates y ser capaces de mirarse en el espejo" [8].

Y como un ejemplo de esa falta de pensamiento crítico mismo al interior del régimen burocrático, citaba que hoy en día debido al poder absoluto de Xi, no hay nadie que pudiera hacer un comentario como el que el ex primer ministro Wēn Jiābǎo hizo en marzo de 2007, en una rueda de prensa después de la Asamblea Popular Nacional, en la que dijo: "La economía china es fuerte en la superficie, pero bajo la superficie, es inestable, desequilibrada, descoordinada y, en última instancia, insostenible" [9]. En la misma entrevista sostiene que hay una clara sensación de que el déficit de crecimiento es significativo y probablemente duradero, cuestión que he analizada a propósito de la crisis del gigante inmobiliario Evergrande y el difícil pasaje del “crecimiento ficticio” al “crecimiento genuino” en China. También habla de la angustia del mercado laboral, que rara vez es captada por los datos oficiales de desempleo en China, que según sus palabras “… puede ser una indicación de que la cadena de suministro y las repercusiones del COVID es más grave de lo que nos han hecho creer”.

En el marco del difícil equilibrio en el plano internacional como hemos señalado a propósito de la guerra de Ucrania, donde se mueve entre la alianza con Rusia y la dependencia de Occidente, todos estos frentes de nubarrones internos pintan un panorama altamente complejo a pocos meses de una reunión decisiva para el futuro del secretario general del PCCh y de China. Su idea de apaciguar las aguas en este año para que esta reunión decisiva se pase bien está volando por los aires. China se encuentra, pues, en una situación en la que hay dificultades internas y externas. Esto crea una mezcla peligrosa para Xi y la consolidación de su salto bonapartista, que podría ser puesto en cuestión más que en el próximo Congreso del partido en la realidad económica, social y de la lucha de clases que se avecina. La burocracia del PCCH arriesga ser cada vez más disfuncional si las fortalezas del milagro chino dan paso a sus vulnerabilidades.

VER TODOS LOS ARTÍCULOS DE ESTA EDICIÓN

NOTAS AL PIE


[1] Valérie Niquet : “La République populaire de Chine s’est enfoncée dans une inefficacité dangereuse”, Le Monde, 27/4/2022.


[2] “Trois hommes d’affaires influents tirent la sonnette d’alarme: la Chine va mal”, Le Monde, 3/5/2022.


[3] La inversión estadounidense en China se mantuvo estable incluso durante lo peor de la guerra comercial del presidente Donald Trump, con una inversión extranjera directa de unos 14.000 millones de dólares al año en la década anterior a 2020, según Rhodium Group. Grandes fabricantes como Tesla y Apple han aumentado su presencia en el país, persiguiendo sus inigualables capacidades de producción, así como su creciente mercado. Los fabricantes de productos sanitarios y de consumo siguen viendo un aumento de la demanda entre la creciente clase media china, que puede permitirse productos de mayor calidad. Y empresas financieras como JP Morgan y BlackRock han obtenido licencias para operar en el país con empresas de su propiedad.


[4] “GE warns on outlook as China lockdowns worsen supply chain woes”, 26/4/2022.


[5] “Apple forecasts up to $8bn hit from supply chain problems”, 28/4/2022.


[6] “China lockdowns erode multinationals’ revenues”, 4/5/2022.


[7] “China in ‘deep crisis’, says Hong Kong private equity chief”, Financial Times, 28/4/2022.


[8] Ídem 3.


[9] “The China cushion has deflated - Q&A with Stephen Roach”, 29/4/2022.

Publicado enInternacional
Lunes, 02 Mayo 2022 05:32

Control, espionaje y ciberguerra

Fuentes: El Cohete a la Luna

Elon Musk exhibe la convergencia entre la geopolítica neoliberal y las corporaciones oligopólicas.

En la última semana, el Consejo de Administración de Twitter decidió vender la compañía al presidente de Tesla, Elon Musk, considerado uno de los hombres más acaudalados del mundo. Antes de la adquisición, el empresario nacido en Sudáfrica contaba con 86 millones de seguidores en esa red social. Dos días después de la compra, los benignos algoritmos le permitieron sumar 600.000 acólitos.

En 2013, Jeff Bezos, el magnate de Amazon, compró la mayoría accionaria del Washington Post después de que Rupert Murdoch hiciera lo propio con el Wall Street JournalLa concentración de medios y las plataformas se articulan de forma incremental con el mundo de la producción material, la lógica financiera y la minería de datos: la lógica neoliberal requiere –para sostener su hegemonía global– de mayores apoyos comunicacionales, capaces de darle legitimidad a un sistema que se resquebraja en términos geopolíticos y socioeconómicos.

El modelo de acumulación es cada vez más dependiente de su sustento simbólico: requiere justificación, censura, control y monetización de los intercambios en las plataformas. Las redes sociales y la utilización de internet son los territorios de donde se obtienen los insumos informacionales básicos sobre los que se implementarán las publicidades direccionalizadas, la manipulación cognitiva y la implantación de discursos pregnantes y funcionales a los intereses de las corporaciones.

Seis meses atrás, el gigante Microsoft, que maneja gran parte de los sistemas operativos a nivel planetario, difundió el Segundo Informe anual de defensa digital, en el que se acusa a Rusia, China, Irán y Vietnam de diferentes delitos cibernéticos y de promover la desinformación. Desde los parámetros de las corporaciones estadounidenses, todo lo que supone un rasgo de soberanía –o que promueve versiones alternativas de la realidad– es pasible de ser catalogado como infracción violatoria de los esquemas impuestos por quienes pretenden hegemonizarlos. Partiendo de este razonamiento, las reglas de las interacciones no pueden ser debatidas por los Estados-nación. Solo pueden ser asumidas como unívocas e indiscutibles. Ese es el núcleo del unilateralismo: las normas son exigidas como aceptación de la dominación global por fuera del Derecho Internacional.

Tanto Microsoft como Starlink, la empresa satelital de Musk, participan de forma abierta en la guerra en Ucrania. Ambos se transformaron en contratistas encargados de proveer infraestructura de datos y bases de geo-referencialidad para utilización exclusiva de la OTAN. En ambos casos ocupan un lugar importante en el relevamiento de drones y el registro del movimiento de tropas. En las últimas semanas, además, la empresa SpaceX, propiedad de Musk, fue denunciada por la Administración Espacial Nacional China por poner en riesgo la vida de los astronautas chinos alojados en la estación aeroespacial Tiangong, emplazada en 2021 a 400 kilómetros de la superficie terrestre.

Según los analistas aeroespaciales, los astronautas se vieron compelidos a maniobrar los módulos para evitar una colisión. Musk dispone de una constelación de satélites que le permitirán controlar el flujo de datos –imprescindibles para la inteligencia artificial– de la internet de alta velocidad, asociada a los protocolos futuros del 5G. Según el periódico chino Global Times, SpaceX “intentó [en complicidad con el Pentágono] poner a prueba la capacidad de China en el espacio”.

Algoritmos en disputa

Desde que la junta directiva de Twitter aceptó la oferta de Musk por 44.000 millones de dólares, se esfumaron millones de seguidores de políticos de izquierda de todo el mundo. En forma paralela, se incrementaron los guarismos de referentes de la derecha y la extrema derecha global, como Marjorie Taylor Greene, Ted Cruz y Boris Johnson. También, como por arte de prestidigitación, el ex líder laborista Jeremy Corbyn ha visto desaparecer miles de seguidores en dos jornadas. Al otro día de confirmarse la operación de compraventa, Musk difundió un tuit satírico sobre el sesgo de izquierda imperante en la red social recientemente adquirida. Además cuestionó la exclusión de Donald Trump de dicha plataforma, en enero de 2021, y la censura de una serie de investigaciones periodísticas del Washington Post sobre el vínculo del hijo del estadounidense, Hunter Biden.

Frente a las críticas provenientes de quienes consideran que Twitter será utilizado para monetizar la producción de las diferentes producciones de Tesla, su propietario subrayó: “Los ataques vienen rápidos y espesos, principalmente desde la izquierda, lo que no sorprende”. En 2019, luego del golpe en Bolivia contra Evo Morales, advirtió –frente a la nacionalización del litio impulsada por el MAS– que “nosotros daremos golpes donde queramos. Acostúmbrense”.

El mecanismo de la minería de datos, que es el insumo básico de la Inteligencia Artificial (soporte tanto para la producción como para la logística, la publicidad, la comercialización y el marketing), genera –al ser monopolizado por las corporaciones– (a) la concentración de la riqueza, (b) la manipulación de la subjetividad y (c) la exclusión de los desconectados. En este marco, las grandes plataformas digitales dejan de ser simples corporaciones productivas para transformarse en actores políticos globales, vectores de las transformaciones geopolíticas.

El sociólogo alemán Harald Welzer, investigador de la Universidad Witten-Herdecke, publicó en 2016 La dictadura inteligente. En ese texto describe los potenciales peligros de esta alianza entre Estados colonizantes y corporaciones, que articulan facetas industriales, financieras y digitales en un combo destinado a imponer un totalitarismo institucional y cultural.

La utilización de nuestros registros de navegación se produce sin autorización alguna. Los grandes jugadores de las plataformas los utilizan para enriquecerse a nuestra costa y para debilitar o eliminar a las lógicas nacionales soberanas que pretenden poner límites o regular esas exacciones. Toda interpretación de la realidad que sea opuesta al status-quo de este circuito es caratulada como anormal, anárquica, enemiga de la humanidad, vetusta o antidemocrática. La imposición del pensamiento único se instituye desde algoritmos y desde la repetición constante de un modelo presentado como indiscutible.

Frente a esa ofensiva normalizadora y totalizante solo queda el poder de la conciencia crítica y de la soberanía: Estados nacionales que se dan sus propias configuraciones virtuales –como el caso de Venezuela con VenApp, de Rusia con VK o de China con WeChat–, y que buscan incrementar su independencia sumando cableado óptico, servidores instalados en territorio propio y satélites.

Hace medio siglo la soberanía podía pensarse en términos de un territorio, el control aéreo y una plataforma marina. Hoy exige sumarle una cuarta dimensión: la del ciber-espacio. Es en dicho territorio donde hoy se juega gran parte de las disputas por la potestad política de una voluntad nacional autónoma que rige sus destinos de independencia, resistiendo los mandatos de las usinas ortopediazantes de la realidad colonizada. “Seamos libres –nos propuso José de San Martín–, que lo demás no importa nada”.

Por Jorge Elbaum | 02/05/2022

Publicado enSociedad
Sube la cifra de muertos por covid en Shanghái y Beijing comienza test masivos

Shanghái extrema las medidas de su confinamiento en medio de un repunte de la cifra de fallecidos mientras Beijing comenzó hoy a hacer test masivos y a cerrar urbanizaciones para evitar la propagación de covid en la capital china.

 

La metrópolis oriental anunció este lunes la muerte de otras 51 personas por covid, con lo que la ciudad suma un total de 138 fallecidos desde que decretó hace un mes un confinamiento masivo para atajar un abrupto aumento de casos.

El vicedirector de la comisión sanitaria de Shanghai, Zhao Dandan, enfatizó hoy en que la edad media de los decesos es de unos 81,1 años y que todos ellos tenían alguna enfermedad o patología previa a infectarse con el nuevo coronavirus.

Zhao avisó de que la situación epidémica sigue siendo "grave y compleja" en Shanghái y destacó que la cifra diaria de contagios sigue siendo "alta" después de que se anunciasen 2.472 nuevos positivos y 16.983 casos asintomáticos detectados el domingo.

El funcionario agregó que la ciudad hará otra ronda de test a sus 25 millones de residentes con el objetivo de frenar la curva de contagios "lo más rápido posible".

Entretanto, la última polémica en Shanghái la ha protagonizado el levantamiento de unas enormes vallas verdes -de unos dos metros de altura- en algunas urbanizaciones para impedir que los residentes salgan de sus casas.

Las redes sociales recogieron este fin de semana imágenes de personas confinadas que criticaban desde el balcón a los trabajadores que, enfundados en trajes blancos de protección, erigían estas cercas y protestaban ante la hipótesis de un incendio dado que no podrían salir de sus hogares de ninguna manera.

Algunas de estas vallas se levantaron en complejos residenciales en los que se han detectado positivos y la razón, según las autoridades municipales, es que algunas zonas deben activar un "confinamiento duro" y evitar a toda costa que la gente salga y así evitar nuevos contagios.

Pruebas masivas y confinamientos selectivos en Beijing

Entretanto, el resto del país continúa acumulando nuevos contagios, con casos de transmisión comunitaria en las provincias nororientales de Jilin (79) y Heilongjiang (26), en las surorientales Jiangxi y Zhejiang, ambas con 14, y la capital, Beijing, también con 14 positivos confirmados al margen de los asintomáticos.

Ahora, el número total de contagiados sintomáticos activos en la China continental asciende a 29.178 y la preocupación se ha extendido en Beijing, donde su mayor distrito, Chaoyang, que concentra desde embajadas a rascacielos de negocios, ha exigido a quienes vivan o trabajen en la zona que se sometan a tres pruebas de ácido nucleico durante esta semana.

En las calles del distrito se formaron hoy colas kilométricas para hacerse el test en las garitas designadas a tal efecto, y también se han cerrado ’de facto’ algunas urbanizaciones.

El miedo a que la capital china acabe de nuevo confinada o que llegue a los niveles de Shanghái ha provocado compras masivas en los supermercados -dejando algunos de ellos completamente vacíos- y consejos en las redes sociales sobre qué comprar en caso de cuarentena generalizada.

La ciudad también ha suspendido los grupos turísticos a partir de este lunes -a menos de una semana de cuatro días festivos por el puente del 1 de mayo- y exigido a las agencias de viajes que reembolsen el importe de los paquetes de viajes.

Pese a la alta transmisibilidad de la variante ómicron, China continúa aplicando su estricta política de "tolerancia cero" para atajar esta última oleada de casos, que está provocando cifras récord de contagios no vistas desde el inicio de la pandemia.

Con todo, los rebrotes están siendo muy diferentes al primer brote registrado en China en la ciudad de Wuhan, cuando la tasa de mortalidad sobrepasó el 5 por ciento, según explicó ayer en la televisión estatal el epidemiólogo chino Zhang Wenhong: "La tasa de mortalidad en Shanghái se mantiene en el 0,178 %", aseguró Zhang.

La prensa oficial reconoce que "China ha atestiguado un prominente incremento de rebrotes en todo el país", con más de 500.000 contagios desde marzo, pese a lo cual el país debe "insistir en la política de ’covid cero’ y garantizar la salud de la población en la mayor medida posible".

Según opina hoy el diario Global Times, "hay que actuar" y "ser lo más rápidos en la medida de lo posible" para impedir la propagación del virus, algo que, destaca el periódico, lograron ciudades como Cantón tras detectar sus primeros casos.

"Un confinamiento total solo se puede poner en marcha cuando la propagación está en una fase avanzada o si se detecta temprano pero no se controla de forma decidida. Debemos ser incisivos e identificar a tiempo las fuentes de infección para evitar repuntes", acota el rotativo.

China a las puertas de una crisis sanitaria y social

El Gobierno ahora enfrenta una situación inédita de contagios desde el inicio de la pandemia, con un creciente malestar social que se puede convertir en una bomba de tiempo. Recientemente salieron a la luz las brutales condiciones laborales de los trabajadores chinos bajo el confinamiento. Un caso emblemático es el de Tesla y Foxxcon.

Según un informe del China Labour Bulletin mientras que millones están confinados en sus edificios y departamentos "Los trabajadores industriales viven en sus fábricas para seguir produciendo, los repartidores de alimentos duermen en la calle y trabajan todo el día y el personal médico muere por exceso de trabajo".

El mismo informe señala que en Shanghái, los trabajadores de la salud fueron llamados en medio de la noche y que trabajaron largas horas con equipo de protección insuficiente y sin descansos, administrando pruebas de PCR a la población.

Para los repartidores de entrega de alimentos la situación no fue diferente, se han enfrentado a decisiones difíciles: o encerrarse en sus casa y no tener ingresos o dormir en las calles para continuar trabajando. Se ha informado que estos trabajadores duermen en tiendas de campaña, debajo de puentes y en estaciones de autobuses, especialmente porque otras formas de refugio.

En otra localidad al sureste del país, Shenzhen, uno de los centros industriales más importantes del país y que había sido confinado el mes pasado, los trabajadores industriales han sido encerrados en su lugar de trabajo, viviendo y durmiendo allí para que la producción no se detenga. Los informes señalan que duermen en los terrenos de la fábrica, ya sea en carpas o en camas improvisadas hechas con elementos que tienen a mano, como cajas de cartón, en las instalaciones del gigante Foxconn, conocido por ser el mayor ensamblador mundial de los iPhone.

En las redes sociales chinas circularon algunos videos denunciando la situación que se vive. Tanto de los que se encuentran confinados bajo estricta vigilancia y sometidos a las arbitrariedades del Gobierno, como de los trabajadores esenciales, cada vez más, que trabajan y viven en condiciones denigrantes.

El confinamiento masivo de las estrégicas megaciudades chinas está generando enormes problemas al Gobierno chino que le teme más a un cataclismo económico y social que a la pandemia de coronavirus.

Lunes 25 de abril

Publicado enInternacional
Domingo, 24 Abril 2022 05:55

Salvarse de milagro

Momento de oración en la iglesia evangélica «Jesús es nuestro salvador» en Antananarivo, Madagascar AFP, GIANLUIGI GUERCIA

El pentecostalismo como nueva religión de los pobres del mundo

Con su auge ligado al de la derecha global, millones acuden a sus iglesias en todo el planeta, donde se ofrece no solo orientación espiritual, sino también apoyo material.

El pastor sudafricano Alph Lukau alcanzó la infamia mundial en 2019, con un video viral en el que resucitaba de entre los muertos a un hombre que mostraba claras señales de vitalidad. Ese «milagro» de caricatura fue el clímax de una reñida competencia profética: varios predicadores sudafricanos venían incorporando prácticas cada vez más extremas en sus servicios religiosos, en los que capitalizaban el descontento y la frustración de una nueva generación de fieles.

El «profesor» Lesego Daniel venía afirmando desde hacía varios años que él tenía el don de convertir «la nafta en piña colada», y llegó a alentar a su congregación a beber gasolina como una especie de comunión habitual. Uno de sus protegidos, el pastor Lethebo Rabalago, fue apodado Prophet of Doom (‘profeta del apocalipsis’) por rociar a sus feligreses con insecticida de la marca Doom, para así expulsar los demonios en forma de sida que supuestamente habitaban en los fieles. Mientras tanto, el «profeta» Penuel Mnguni es conocido por caminar por encima de creyentes semidesnudos tendidos en el suelo, a quienes hace comer serpientes vivas mientras los libera del mal.

Es fácil pensar en la secta de Jim Jones y la masacre de Jonestown al leer sobre estos episodios. Pero estos pastores no pertenecen a alguna secta apocalíptica minoritaria. Son solo una expresión excepcionalmente moderna y extrema del cristianismo pentecostal, una fe que, al menos en lo que respecta a conversiones, es la religión mundial de crecimiento más rápido, con más de 600 millones de seguidores en la actualidad.

Lo que Mnguni ha denominado como su «iglesia del horror» podría parecer algo alejadísimo del cristianismo tal como mucha gente lo conoce, pero de eso se trata. Los predicadores jóvenes más salvajes, populares y ricos del sur de África no se caracterizan por hacer las cosas al pie de la letra, ni siquiera de la letra bíblica. Y sus congregaciones los aman por eso. El nuevo pentecostalismo es un gran fuck you a todas las instituciones que les han fallado. Es la nueva fe de los trabajadores pobres del mundo.

SALUD Y DINERO

De unos 2.000 millones de cristianos que habitan la Tierra, más de una cuarta parte son ahora pentecostales, una denominación que en 1980 reunía a solo el 6 por ciento de ellos. Se prevé que para 2050, 1.000 millones de personas, o uno de cada diez humanos, serán parte de esta fe. No está mal para una corriente iniciada en Los Ángeles en 1906 a impulso de un hijo de esclavos libertos, a la que durante mucho tiempo se consideró como la hija bastarda del cristianismo.

El pentecostalismo es una rama del cristianismo evangélico. Sus adherentes primero «nacen de nuevo», aceptan a Jesús como su señor y salvador, y luego son imbuidos por el Espíritu Santo, del que reciben dones que incluyen la capacidad de obrar milagros, profetizar y hablar en lenguas. Muchos pentecostales no adoptan esa etiqueta, pero su práctica carismática o guiada por el Espíritu Santo, aunque varía notablemente en todo el mundo, es inconfundible.

Desde sus inicios, el pentecostalismo ha atraído con fuerza a mujeres, inmigrantes, afroamericanos y pobres. Su surgimiento como la fe predilecta de los trabajadores pauperizados del mundo se debe, en gran parte, a su enfoque doctrinal de «salud y riqueza»: la promesa de experiencia directa e interacción personal con la presencia de Dios y sus milagros, que brinda éxito tanto en cuestión de mente, cuerpo y espíritu como de billetera.

He pasado los últimos dos años viajando por el mundo para comprender el notable auge de este movimiento. En Estados Unidos, se tiende a pensar en los evangélicos como personificados por el clásico votante blanco de Donald Trump, pero lo cierto es que el pentecostal promedio es una mujer joven del África subsahariana o de América Latina. A ella se unen los desertores de Corea del Norte que luchan por sobrevivir en Seúl, los gitanos británicos y europeos que durante mucho tiempo han sido los más marginados de sus sociedades, los pueblos indígenas que cargan con el trauma de las guerras sucias y las dictaduras en América Central. Poblaciones como estas, que vienen convirtiéndose en grandes números desde la década de 1980, nos dicen mucho sobre el mundo moderno.

La nueva ola de predicadores sudafricanos, con sus camisas coloridas y trajes elegantes, ha encontrado una audiencia ávida entre los millennials, quienes crecieron rodeados por el optimismo posterior a la caída del apartheid, solo para sufrir una terrible decepción. Se trata de una generación a la que se le prometió todo y que, en cambio, se encontró al llegar a la adultez con la sociedad más desigual del mundo (así lo indican los últimos reportes del Banco Mundial), con un 65 por ciento de desempleo juvenil, de acuerdo a cifras oficiales, más del 80 por ciento de la población sin seguro médico y un sistema educativo deficiente.

Los problemas de Sudáfrica pueden parecer extremos, pero en casi todos los rincones del mundo el patrón se repite. Particularmente en las grandes ciudades y sus alrededores, millones de personas recurren a las Iglesias pentecostales porque son los únicos lugares donde logran encontrar satisfacción a sus necesidades tanto espirituales como materiales.

A medida que este movimiento crece, las Iglesias se convierten en Estados dentro de los Estados, en los que los diezmos son efectivamente una forma de impuestos. A través de las Iglesias, las personas reciben atención médica, clínica y milagrosa, así como una red de cuidado para los niños y apoyo social. Cuando los Estados no brindan suficientes programas sociales ni un nivel de vida decente que pueda sostener a las comunidades, los trabajadores pobres buscan alternativas en otras instituciones, y a menudo las encuentran en el pentecostalismo.

PROSPERIDAD Y POPULISMO

La mayoría de las Iglesias pentecostales no practican la fe con los mismos métodos extremos que los jóvenes predicadores de Sudáfrica, pero algunas de sus prácticas no resultan menos extrañas para quienes están por fuera del movimiento. Para ver de primera mano la revolución que está ocurriendo en América Latina, basta ir a Brás, un barrio de clase trabajadora de San Pablo. En Brasil, los pentecostales pasaron de ser el 3 por ciento de la población en 1980 a constituir más del 30 por ciento en la actualidad, trastocando 500 años de dominio católico en tan solo unas pocas décadas.

Es lunes por la mañana y el sol aún lucha por pasar por encima del Templo de Salomón, el santuario de 55 metros de alto cuya construcción costó 300 millones de dólares dedicados al dios de la salud y la riqueza, y que funciona como sede de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD). En el servicio de las 7 de la mañana, un hombre frente a nosotros abre una enorme Biblia desgastada y le pone su billetera encima, la eleva por encima de su cabeza y se comunica con los cielos en lenguas.

Los feligreses de la IURD se han hecho famosos por regalar a la Iglesia, en momentos de éxtasis, incluso sus autos y en ocasiones hasta sus propias casas. El fundador de la Iglesia, Edir Macedo, quien ha hecho más que nadie por popularizar el pentecostalismo en Brasil, es hoy un magnate multimillonario, pero fue una vez un niño pobre de las favelas, uno de los siete que sobrevivieron la infancia de un total de 17 hermanos.

La gran innovación de Macedo fue abrir sus iglesias a primera hora de la mañana y a última hora de la noche, cuando quienes trabajan en las fábricas o como empleadas domésticas van y vienen de sus trabajos. En opinión de Macedo, un predicador pentecostal necesita seguidores, no formación. Durante años este líder religioso se dedicó a promover a personas comunes para que crearan bajo sus propios términos sus propias filiales de la Iglesia.

En las favelas y los pueblos pobres en las orillas del Amazonas, los pastores pentecostales se ven y se escuchan como la población local. Crecen pateando las mismas calles que sus fieles y a través de la Iglesia ascienden en la escala social a posiciones de mayor estatus, tal como aspiran a hacerlo sus vecinos. Oyen en esas calles hablar de la madre enferma de alguien y le dan una visita para consolarla. Actúan como mentores de su congregación, alentando a los feligreses a iniciar sus propios emprendimientos de venta ambulante y a escapar de patrones maltratadores. Si un marido mujeriego vuelve a sus andanzas o a la bebida, el pastor pasa a darle una charla para hacerlo entrar en razón.

Por supuesto, también presionan a su rebaño empobrecido para que dé en diezmo, como mínimo, el 10 por ciento de su dinero, pero ¿acaso no existimos en un sistema que iguala valorar algo con pagar por ello? En ese sentido, el evangelio de la prosperidad es la respuesta incómoda a un mundo que rinde culto al dinero todos los días, solo que generalmente lo hace sin ceremonia de por medio.

Además de eso, habría creciente evidencia de que el evangelio de la prosperidad, a su manera, cumple. En los últimos años se han publicado varias investigaciones académicas que afirman haber encontrado que las personas que provienen de la pobreza o de ciclos de violencia y adicción tienen mayores posibilidades de escapar de ese mundo si se unen a una Iglesia evangélica: la llamada profecía autocumplida de la gracia divina manifestada a través del bienestar material. Esta teología de la prosperidad no solo tiene éxito donde fracasan los Estados, sino que les ofrece a estos un incentivo para que fracasen, al brindarles a las poblaciones vulnerables la red de solidaridad que el Estado les niega.

El pentecostalismo de hoy tiene mucho en común con el giro político global hacia un populismo derechista que despotrica contra la globalización, el feminismo, la migración masiva y la ciencia. No es casualidad que la popularidad de esta fe coincida con un marcado cambio en la perspectiva política, social y económica alrededor del mundo. El pentecostalismo, de hecho, ha desempeñado un papel vital en el ascenso de un nuevo tipo de líderes de derecha dura, incluidos Donald Trump, Jair Bolsonaro, Viktor Orbán y Rodrigo Duterte. Pero este movimiento es, al mismo tiempo, más grande que la política. El avance de esta fe sigue los patrones de migración global de la clase trabajadora. Para muchas personas que se ven obligadas a mudarse a grandes ciudades, como Johannesburgo, San Pablo, Londres o Los Ángeles, la religión es su única forma de comunidad.

El pentecostalismo ofrece acceso directo al alimento espiritual, social y material en un universo que niega los tres a los pobres del mundo. Naturalmente, un número creciente de Iglesias pentecostales también atiende a las clases media y rica. Después de todo, la escala social siempre es resbalosa y cualquiera que la ascienda necesita de un milagro para mantenerse ahí arriba.

21 abril, 2022

(Publicado originalmente en Jacobin. Traducción y titulación de Brecha.)

*Elle Hardy es una periodista e investigadora australiana, autora de Beyond Belief: How Pentecostal Christianity Is Taking Over the World.

Publicado enSociedad
"Epidemia de sobredosis" de narcóticos sin precedente, alertan en EU

Washington. La Casa Blanca presentó y envió al Congreso su primera Estrategia Nacional de Control de Drogas en medio de lo que califica de una "epidemia" de sobredosis de narcóticos sin precedente, proclamando que representa un nuevo giro en la materia aunque es difícil detectar lo novedoso en su enfoque en reducción de consumo, tratamiento de adicción y cooperación internacional –con México y otros– en "combatir" el trasiego ilegal de enervantes.

La estrategia enfatiza el objetivo de superar la "epidemia de opiaceos", por la que se han registrado 105 mil 752 muertes –66 por ciento de éstas por opiaceos sintéticos incluyendo fentanilo– en los recientes 12 meses, un nivel sin precedente, y de 1999 a la fecha las sobredosis han causado el fallecimiento de casi un millón de estadunidenses.

Por lo tanto, declaró el presidente Joe Biden, la nueva política se enfocará "en los dos grandes impulsores de la invasión de opiaceos: la adicción no atendida y el narcotráfico". Agregó que "es hora de que tratemos la falta de control en el consumo de estupefacientes como cualquier otra enfermedad, y al mismo tiempo estamos irrumpiendo en las redes financieras de los narcotraficantes, sus cadenas de suministro, y las rutas de entrega, incluyendo en Internet".

La atención a la salud se enfoca en la prevención, tratamiento y “reducción de daños. A la vez, se intensifica el "combate a la producción doméstica de cultivo y producción de drogas sintéticas y su comercio".

Tal vez una novedad en esta estrategia inaugural de este gobierno es el reconocimiento explícito de que las políticas locales antinarcóticos han impactado más a comunidades minoritarias. Datos oficiales indican que los negros tienen cinco veces más probabilidad de ser encarcelados por delitos de droga que los blancos.

El documento afirma que "la mayoría de las drogas ilícitas consumidas en Estados Unidos son producidas en el extranjero por organizaciones criminales trasnacionales" (TCO, siglas en inglés), las cuales "amenazan la salud y seguridad de nuestras comunidades al exponer a nuestros ciudadanos a sustancias ilícitamente fabricadas". Más aún, dichas agrupaciones "representan una amenaza a la seguridad nacional" y "la mayor amenaza criminal a Estados Unidos", afirma la estrategia al abordar la dimensión internacional de la lucha antinarcóticos.

Por otro lado, la estrategia propone redoblar la cooperación internacional y abordar el asunto como "una responsabilidad compartida" (frase resucitada después de su entierro temporal durante el gobierno de Donald Trump). Enfatiza el esfuerzo dedicado a combatir a las redes y mecanismos financieros de las TCO como prioridad.

El perfil hacia la frontera sur

La estrategia nacional afirma que las organizaciones criminales de México suministran la mayoría de la cocaína (proveniente de Colombia), metanfetaminas, heroína, fentanilo ilícitamente fabricado (con químicos precursores provenientes de China) y mariguana.

"Los gobiernos de Estados Unidos y México han desarrollado un entendimiento común sobre el impacto económico adverso, en seguridad y en salud pública" de las TCO, afirma el documento en el que se agrega "los gobiernos estamos de acuerdo que reducir el suministro de drogas lícitas es una responsabilidad compartida".

Detalla algunos de los mecanismos de cooperación existentes, y sólo en una referencia muy general indica algunos conflictos: "A pesar de los desafíos resultado de la ley de seguridad nacional de México de 2020", los esfuerzos estadunidenses emplearán "nuestra asociación con oficiales de seguridad pública, analistas, químicos, investigadores, fiscales y personal militar mexicanos para identificar y desmantelar de manera segura los laboratorios clandestinos de droga y llevar ante la justicia a los responsables".

Buscará implementar un programa acordado para la erradicación de amapola así como también para abordar el tema de la seguridad en los puertos marítimos, entre otros rubros de cooperación binacional.

"Respetando la soberanía de México, impulsaremos esfuerzos más allá de iniciativas de construcción de capacidad con México para poner en práctica la responsabilidad compartida de nutrir el desarrollo regional igualitario", como también emplear el Marco Bicentenario a fin de "modernizar la alianza sobre seguridad" bilateral, tanto para combatir la producción y traslado de drogas, reducir la demanda en ambos países, así como para disminuir las armas ilícitas en la frontera común.

Sin embargo, casi todos estos elementos han sido parte de la estrategia antinarcóticos de Estados Unidos desde que proclamó la "guerra contra las drogas" hace medio siglo.

A pesar de los datos confirman que los problemas de adicción, sobredosis, oferta y demanda son cada vez peores, esta versión de la estrategia oficial no reconoce que estas tácticas de "reducción de consumo" doméstico y de interdicción e intervenciones internacionales –todo parte de un marco prohibicionista– han fracasado hasta ahora.

De hecho, las pretensiones en pro de desmantelar el modelo prohibicionista de la lucha antinarcóticos se extienden por todo el país –situación que no se menciona en el documento– y ahora son 18 estados y la capital federal de Washington que han legalizado la mariguana para usos recreativos, incluyendo Nueva Jersey, que ayer comenzó la venta legal de cannabis; en 37 estados es legal el uso medicinal de los derivados de la hierba. Sin embargo, el canabis sigue siendo calificado como una droga ilegal en el código penal federal.

El documento esta disponible en: https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2022/04/National-Drug-Control-2022Strategy.pdf.

Publicado enInternacional
Lunes, 18 Abril 2022 05:52

Twitter: un altavoz

Twitter: un altavoz

Hay un cierto contrasentido en la pretensión –sea real o no– de Elon Musk por comprar la empresa Twitter. Esta se define como "un servicio de micro-blogueo y redes sociales, en la que los usuarios envían e interactúan mediante mensajes conocidos como tuits".

Con esta transacción, Musk quisiera explícitamente tener su propia red social y ser el dueño único. Esto expresa una significativa contradicción de nuestro tiempo y destaca el papel creciente que tienen diversas formas de comunicación social.

¿Hasta dónde es compatible la noción de "red social" bajo la tutela de un hombre de negocios indudablemente audaz, como ha mostrado Musk y que es, igualmente, un especulador connotado, sofisticado y provocador?

Musk fundó Paypal (vendida posteriormente a e-Bay), SpaceX, Deep Mind Technologies, Tesla y The Boring Company. Forbes estima actualmente su fortuna en alrededor de 219 mil millones de dólares. El aumento de tal patrimonio ha sido vertiginoso en los dos años anteriores, pues en 2020 se estimó en 24.6 y en 2021 en 151 mil millones. Jeff Bezos, de Amazon, ha sido desplazado al segundo lugar y su riqueza se sitúa en 171 mil millones de dólares.

Musk ha usado la gran influencia que ha adquirido para sacar partido financiero provocando el alza del valor de las acciones de sus propias empresas. Recientemente lo hizo en Tesla, la compañía que produce autos eléctricos, y eso lo llevó a un serio conflicto con la Comisión de Bolsa y Valores, entidad reguladora del sector en Estados Unidos (SEC por sus siglas en inglés).

Lo hizo también en Twitter cuando, recientemente, compró acciones hasta por el equivalente a 9.2 por ciento del capital y cuya valuación, cuando anunció la intención de compra, pasó de 2.89 mil millones de dólares a 3.7 mil millones, un aumento de 27 por ciento. Tras esa adquisición inicial tuvo la oportunidad de ocupar un lugar en el consejo, la que rechazó y en un tercer acto hizo una oferta de 43 mil millones de dólares para comprar Twitter y ser el dueño único.

La empresa reaccionó aplicando una fórmula conocida como "poison pill", literalmente una píldora envenenada. Esta es una forma defensiva para prevenir que otra entidad se haga del control accionario o, de plano, la compre íntegramente. Además, Vanguard, el segundo mayor inversionista, aumentó su posición accionaria y desplazó a Musk.

La oferta del magnate por cada acción de Twitter fue de 54.20 dólares. Antes, en 2018, Musk hizo una oferta por las acciones de Tesla en el mercado de 420 dólares por cada una. Ese número se asocia con el ambiente de consumo de cannabis y la misma SEC declaró que Musk había escogido ese número por aquella referencia y para divertir a su novia. En todo caso, este hombre ejerce una suerte de fascinación entre sus seguidores sea por una u otra razón y son 81 millones los que tiene en Twitter.

Hay un par de cuestiones en la polémica abierta entre Musk y Twitter. Una tiene que ver con el argumento del primero de que con la compra que ofrece hacer se ampliará la libertad de expresión en dicha red a la que ha señalado por imponer la moderación en la comunicación entres sus usuarios. Musk quiere que cada usuario pueda escoger o diseñar su propio algoritmo para decidir qué mensajes recibir. Esto mismo había sido ya considerado por Jack Dorsey, el fundador de Twitter.

Otro asunto se refiere a la afirmación de Musk de que él podrá explotar mucho más ampliamente las oportunidades que ofrece ese negocio, en términos del número de usuarios y de los ingresos derivados de la publicidad.

Se ha dicho que Musk encuentra valiosa a Twitter porque ahí se puede decir lo que se quiera sin mayores consecuencias, lo que Trump llevó al límite hasta que fue excluido de la red. Twitter es, en efecto, una plataforma muy influyente, un medio muy eficaz para difundir los mensajes de políticos, empresarios, celebridades, periodistas y otros personajes.

Musk quiere influir en cómo funciona Twitter y cómo modera a sus usuarios en el ámbito del discurso público. Lo que pone en evidencia la relevancia acerca de quién controla una empresa con ese poder actual y potencial.

Al respecto puede destacarse la dicotomía entre intemperancia y moderación que se advierte cada vez más en las redes sociales. Otra cuestión remite al sentido y las consecuencias de dejar en manos de personas como Musk y en un momento como el actual, el control de una red como Twitter.

Recientemente Musk declaró que: "Tengo la fuerte intuición de que tener una plataforma pública en la que hay mucha confianza y que es ampliamente inclusiva será extremadamente importante para el futuro de la civilización. Y no me interesa el aspecto económico". Algo de megalomanía parece haber en lo dicho. Cada quien podrá pensar el sentido que tiene todo esto. Pero abrir este camino a la par de los que ya existen, llenos de piedras es, cuando menos, algo en lo que habrá que reflexionar.

Cuando pienso en asuntos de este tipo, como el que ahora se plantea en torno a la figura y los modos de Musk con Twitter, o bien, en los que existen alrededor de Facebook, Google y demás, no dejo de recordar a George Orwell.

Publicado enCultura
Página 1 de 37