Reza un grafiti: “No sólo de paz vive el hambre...”

El Nobel a Santos aplazó cambios de gabinete que estaban listos. En Colombia la paz arma lío, “preocupa, el discurso del Sí arranca con limitaciones de audiencia”, advirtió un artículo, en nuestra edición anterior. Visto en profundo, el resultado del plebiscito ya suma dos capítulos: en 2014, Santos también perdió la primera vuelta. Ahora repite, con desprestigio y crisis en el poder. A su vez, la izquierda deja desnuda, una grieta con la gente. Con distancia en la opinión, ¿desde 1991 o 2002?, el actor insurgente lleva a cuestas, un ancho margen de impopularidad. Y la abstención indica, el desprestigio de la politiquería, pero no significa un triunfo con eje organizable.

 

Cómo ...remendar el temporal retorcimiento/de un entorno popular, voto silvestre/permeable a la derecha
y su contagio.
Cómo ...nutrir afinidades que trastoquen el asueto/y liviano aumento de las bases,/sin acople ni grosor de mayorías auténticas.
(Turbulencia y víspera. O.R.R.)

 

Hace poco, en mayo de 2014, Óscar Iván Zuluaga venció al Presidente en la primera vuelta, de su reelección. Sin sacar aprendizajes ni acudir al [...] análisis más exacto, objetivamente comprobable, de la correlación de las clases y de las peculiaridades concretas de cada momento histórico*, la izquierda y el activismo salieron del paso. Con la idea fija, de que la reelección victoriosa de Santos, tuvo como artífices del momento definitivo: a la izquierda y “la paz con Mesa en La Habana”, a galope en el supuesto “tenemos pueblo, mayoría”. Convencido en esta hipótesis, el círculo cercano de Gustavo Petro hizo lobby para reclamar un ministerio. Y no faltaron espontáneos, como en las corridas. Más que con retardo, como por no dejar, Clara López, con soporte en la imagen del Polo, resultó Ministra del Trabajo. Ante el «No» del Plebiscito, flota una pregunta en el ambiente: En su consistencia y dinámica, ¿qué mejoró en la izquierda y sus partidos, desde aquel junio 2014? El resultado adverso al Sí, ¿es sólo una sorpresa secundaria o, hay debilitamientos?

 

En este marco, inconformes de Colombia votaron por el No, y también, inconformes dijeron Sí. Otros inconformes, anularon su voto o no respondieron al llamado institucional. Situación ésta del país, de la correlación política y su desventaja, en que ningún inconforme es superior a otro, aunque por ahora..., no existe un liderazgo suficiente, legítimo y con potencialidad para convocar a todos. Sin tomar el toro por los cachos, Iván Orozco –intelectual, activista y exfuncionario nacional de los derechos humanos– anticipaba en sus conversaciones, que las encuestas “ponían en ventaja al Si, para bajar la guardia de los activistas por la paz”. En verdad, estamos en ausencia de un sujeto social, con iniciativa de gobierno y de poder propio.

 

Plebiscito y crisis de desprestigio del poder

 

Timochenko dijo a Caracol el 12 de octubre: “fue hasta bueno que hubiera sucedido esto... ayuda a corregir la metodología y a presentar sencillo el objetivo de paz”.

 

De poco sirvió el carrerón final en la Mesa (Ver: “Acuerdo final Gobierno-Farc” con interrogantes, editorial de la edición anterior). Cuando los festejos de Nueva York, Cartagena y La Habana aún no apagaban luces, ante el atónito de muchos, hace años no ocurría en Colombia la coyuntura o momento buscado por la izquierda: una crisis de gobernabilidad con efectos en el prestigio del régimen y la cohesión del bloque de poder.

 

Momento que asomó en la tarde del domingo 2 de octubre, cuando el Presidente quedó grogui y habló al país, acompañado del equipo de negociadores con las Farc. Fue patente que decían cualquier cosa para calmar las aguas. Sabían que el triunfo del No, ponía en aumento una crisis de gobernabilidad. En efecto, las medidas por aplicar ante su proyectado triunfo, quedaron postergadas en lo económico, político, militar e internacional. Es el caso, de una reunión en Cartagena que Santos suspendió. Nada menos que con el Fiscal de Estados Unidos, un delegado del Departamento del Tesoro, otros cuatro fiscales de esa nacionalidad y, el Fiscal Martínez Neira, que tenía el propósito de detallar la forma de encausar a las Farc por lavado de activos..

 

Crisis de gobernabilidad con agrietamiento del régimen. Obvio, cuando la contraparte uribista ganó más espacio para atravesar palos al gobierno. Fácil ante la incertidumbre en el qué hacer y la mayor pérdida de la imagen oficial, por efecto de la alta abstención y el desconocimiento a la gestión del Gobierno en La Habana. Con ofensiva en el nuevo escenario, saltó el Centro Democrático con imagen de cogobernar con respecto al conflicto y actor de ‘diálogo nacional’. Asumió un tono conciliador ante el país y las mismas Farc. Una iniciativa de amnistía para la guerrillerada y un “no queremos la guerra...”. Proceder que despreviene a una parte del país, y que obligó a Santos a radicalizarse.

 

Así, el Gobierno anunció que el cese de fuegos iría sólo hasta el día 30. Su efecto fue el que buscó Santos: hacer creer que al fin de mes, las hostilidades prenderían de nuevo sus fogonazos y sollozos. Con esta jugada, el Centro Democrático queda de nuevo con el balón en su cancha: debe concretar sus negativas y reformas con los Acuerdos de La Habana. Y no solo esto. También tiene que favorecerlas en el Congreso, para que las negociaciones Gobierno-Farc no lleguen a romperse. Temor que aborda a la opinión pública y señalaría un culpable, ya no tanto en las Farc –cuña que Santos usa para apretar a su otrora jefe y aliado.

 

Situación y factores de crisis, percibidos con preocupación y puntualidad por parte de la comunidad internacional y su debate por valijas, y por la ONU –bajo presión de tiempo, 8 de noviembre, día de la elección en Estados Unidos– no ajeno al acomodo último, o, a la acción de mantener el Premio Nobel.

 

Rectificación necesaria por parte de la izquierda

 

...no sólo con angostas atarrayas y tarimas/de oradores con oficio/y cada grupo aparte,/granizo y goterones escarlatas/sin soldador de todos los fragmentos,/añade otro difícil. (Turbulencia...)

 

En este tire y afloje con efectos hacia 2018, irrumpen los jóvenes bajo un interrogante más de fondo, ¿palpita en la nueva generación la decisión de ir hasta donde sea necesario? De inmediato exigen que la paz no quede refundida y haya respeto al cese bilateral de fuegos. Queja en común, con los impulsores del Sí. ¿Y qué es necesario, desde un sentido de ruptura de la naturaleza oligárquica del régimen y su intento de legitimar otro peldaño de 20-30 años? Ahondar la crisis del propio régimen, es la respuesta.

 

Tomar iniciativa en procesar con emplazamientos locales y cabildos y plazas tricolores, la exigencia de demandas que vayan más allá de los propios Acuerdos –en su caso, quienes aúpan el No, demandan revisarlos–, como son: 1. congelar el paquete legislativo de la reforma tributaria, 2. defender un aumento del salario mínimo –equitativo con necesidades básicas–, 3. levantar la bandera de un “estatuto de oposición” con garantías para la autonomía de los movimientos sociales, atento a formas de corrupción y cooptación, y 4. poner en marcha acciones de alerta –informativas y de neutralización social– frente al riesgo latente de una contraofensiva de los poderes nacionales y sus afirmaciones regionales con instrumentos de derecha extrema. Un desafío que de conjunto –ante las incapacidades de la izquierda–, parece un tanto distante.

 

Infortunadamente, parece más predecible que los sectores oligárquicos, aun con la fractura del bloque de poder que cruza, se salgan con la suya, y conjuguen un acuerdo que les tranquilice las aguas.

 

Paz ingenua..., Paz tricolor..., paz blanca (política) de Mesas..., paz de militante..., etcétera., y la paz que busca Colombia, tiene adjetivos. En todo caso, hacen falta territorios con un ordenamiento nuevo, inclusión y tiempo; para avanzar de manera cierta, en una paz mayúscula, de creación colectiva e integración primera del mapa colombiano.

 

Con el Eln en Mesa, queda en la calle y en debate abierto, un itinerario de participación social para lograr una paz mayúscula, con ¡Otra democracia, Sí!

 

Cómo salir de esta ...larga defensiva y despego con el pueblo/que postergan/la inmediata alternativa.
(Turbulencia...)

 

* Cartas sobre táctica. V.I. Lenin. p. 5, primer párrafo. Editorial Progreso. 1972

 


 

Recuadro 1

 

 

 


 

Recuadro 2

 

 

 

Publicado enEdición Nº229
Sábado, 26 Septiembre 2015 13:07

Apariencias, manipulaciones y mucho más

Apariencias, manipulaciones y mucho más

La crisis que una vez más viven las relaciones entre Colombia y Venezuela desnuda el modelo informativo que practican varios medios nacionales, su incondicionalidad con el gobierno de turno, a la vez que la ausencia de una política social, económica y política integral en nuestro país, causa de la inmensa diáspora que tomó forma en los años 60 del siglo XX y aún no termina. Narcotráfico, paramilitarismo, multinacionales, además de ineficiencia y errores en la política oficial del país vecino también resaltan. ¿Quién le coloca el cascabel al gato?

 

No fue gota a gota, tampoco como un chorro. No, fue más intenso. Sus voces ensordecedoras llegaron por radio como una cascada. Unas veces, dando parlante a funcionarios como el alcalde de Cúcuta para decir: "El señor Maduro no puede actuar como un tirano, como un nuevo Hitler" (02-09-2015), y en otras para dejar de informar y los periodistas pasar a actuar como simples propagandistas, desinformadores, como simples creadores de opinión. Así dijo uno de ellos el pasado 28/08 a las 05:10:20 por igual onda y franja radial: "Maduro cada vez más demente, más dictador, más arbitrario...", "El gobierno de la banda de Maduro...", "[... ] queda la arbitrariedad de este tipo que nos ha tocado como Presidente, entre comillas, de Venezuela, que está en manos de militares, de Diosdado Cabello [...]".

 

Sin control público, ni responsabilidad profesional, el 27/08/5:02:36, vociferó: "[...] este espectáculo es verdaderamente ofensivo, degradante, eso ni en la época nazi, porque ese señor Maduro y su banda se parecen cada vez más a los nazis. Eso de revolucionario y bolivarianismo no tiene absolutamente nada, es un fachista, así de claro [...]". El día anterior ya había vomitado: 26/08/05-06, "[...] de los centenares de colombianos que están siendo bellacamente, de manera indigna, humillante, expulsados de Venezuela en las más lamentables condiciones, violando cualquier principio revolucionario, bolivariano es pura carreta de un régimen oprobioso, arbitrario, dictatorial que la emprendió, además Maduro contra los medios de comunicación en Colombia, como si nosotros fuéramos los responsables de la penosa situación que se vive y atraviesa ese hermano país; las peores épocas de toda la historia de Venezuela en manos de una dictadura que algunos quisieran que se trasladara a Colombia, pensando en candidaturas de ese mismo corte en el año 2018".

 

Así y mucho más, realzando, además, hasta la morbosidad las difíciles condiciones de vida de muchas de las personas que llegaban a Cúcuta desde la frontera del país vecino, trasmitieron las ondas radiales y las televisivas desde el pasado 19 de agosto, cuando por orden del gobierno que encabeza Nicolás Maduro fue cerrada la frontera que linda con la capital de Norte de Santander, mandato extendido luego al límite con La Guajira.

 

Mucha propaganda, poca o nula información veraz. Voces, gritos, que daban eco en lo fundamental, a las palabras y las acciones provenientes desde el alto gobierno, que sin perder la ocasión procedió a transformar la pobreza y las necesidades de quienes buscan mejor destino para los suyos más allá del territorio que los vio nacer, en un nacionalismo hirsuto que con el sedicente argumento de defender la dignidad de los compatriotas deportados, pretendía alardear de comprometido y eficiente.

 

Era (¿es?) sorprendente verlos hacer lo que nunca han realizado para calmar, suplir y superar las necesidades de los millones de connacionales robados, violados, y obligados por el paramilitarismo a salir de sus terruños, a lo largo y ancho del país durante las últimas tres décadas, para continuar llenando las ciudades con sus necesidades y afán de sobrevivir, como ya había sucedido en los años 50, 60 y 70 del siglo anterior, y como continuó siendo durante los primeros años del siglo que corre; realidad que aunque con menor intensidad, aún no culmina.

 

Propaganda y un poco de algo más. "Bienvenidos a Colombia", "Aquí tendrán lo que les negaron allá", con estas y otras expresiones el presidente Santos instaba al nacionalismo. Parecía en campaña electoral (¿lo está?), cargando niños, dando besos, colocando cara de compungido. Afán de evidenciar lo que no son y lo que no serán: solidarios, justos, buenos gobernantes.

 

Palabras y gestos que poco durarán pues no responden a una política oficial, a un plan político, económico y social de largo plazo para superar las desigualdades que resquebrajan el país o, como mínimo, una política constante para superar los graves indicadores de pobreza que caracterizan a toda la frontera entre Colombia y Venezuela, donde, como es el caso de La Guajira, no son extrañas ni pocas las muertes que ya no debieran ocurrir, como las ocasionadas por desnutrición o hambre. Políticas de pantalla, limitadas, que no dan cuenta del real costo de vida en el país, con subsidios temporales reducidos a $250.000 para arriendo, con mercados mínimos y con búsqueda de puestos de trabajo no calificados para los recién deportados o huidos del país vecino.

 

Lo que niegan

 

La orden expedida el 19 de agosto por el presidente Maduro para cerrar la frontera es uno de los coletazos de la grave crisis económica que azota a su país. Beneficiaria por años de un alud de dólares producto de los buenos precios de que gozaba el petróleo, y superada por esa bonanza que por manejos ineficientes terminó –a la par y como efecto de la guerra económica que sufren desde hace varios años– traducida en inflación, carestía y destrucción de buena parte de los logros sociales alcanzados por la Revolución Bolivariana, a la vez que polarizando la sociedad entre los sectores más populares –a quienes se han dirigido los beneficios de la redistribución de la renta– y una clase media y alta inconforme con los giros que va tomando su sociedad.

 

¿Por dónde se fugan los alimentos que cada día deben llegar a las mesas de los venezolanos? ¿Quiénes están acumulando los dólares que cada día se fugan del país? ¿Cómo hacer para reencausar la economía nacional y controlar la inflación? Estas y otras muchas preguntas deben haber sido sopesadas en los Consejos de Gobierno encabezados por Maduro, y las respuestas seguramente fueron diversas, pero una o varias de ellas apuntaron hacia los 2.219 kilómetros de frontera compartidos con Colombia.

 

El diagnóstico indica que por ella salen miles de toneladas cada mes, a tal punto, según Juan Carlos Tanus –vocero de la organización "Colombianos en Venezuela", que quienes lideran ese negocio de contrabando cuentan, ante el cierre de los pasos fronterizos, con mercancía para surtir por 9 meses sus expendios en Colombia, con particularidades como las de Cúcuta que, según el diagnóstico venezolano, se surte en un 80 por ciento de mercancías sacadas de manera ilegal desde la patria de Bolívar.

 

Negocio inmenso, a tal punto que el contrabando de gasolina alcanza a 1 millón 300 mil litros diarios (se calcula, según Tanus, que 17 millones de colombianos se surten de esta gasolina que llega, incluso, hasta Bogotá, además de otros muchos productos sacados de manera ilegal). Entre alimentos, electrodomésticos, drogas y otros, además del combustible, las cifras anuales del negocio del contrabando, con multinacionales, paramilitares, narcotraficantes y otros detrás del mismo, bordea los 12 mil millones de dólares, algo así como 4 puntos del PIB colombiano, con lo cual Venezuela termina asumiendo parte de la política pública y social que le correspondería implementar al gobierno de Santos en la frontera y otras partes de su país. Un inmenso costo para cualquier sociedad, y un inmenso yunque para cualquier proyecto político que quiera girar a favor de los empobrecidos la historia de su país.

 

El contrabando, aunque histórico entre ambos países, nunca había alcanzado la dimensión ni la estructura de que ahora goza, aupado tanto por los errores políticos, administrativos, financieros y la corrupción oficial que realzan como constante en Venezuela, como por la capacidad que tienen las multinacionales para ello, así como por la decisión de paramilitares y narcotraficantes de meterse en el negocio, lavando por su conducto grandes sumas de dinero e implementando, consciente o inconscientemente, las políticas internacionales destinadas a quebrar la Revolución Bolivariana.

 

Contrabando que ganó inmensas proporciones una vez el gobierno vecino tomó la decisión de cerrar el grifo a la fuga de dólares, al prohibir el envío de divisas hacia Colombia, las cuales estaban autorizadas hasta 1.500 dólares por persona mes. Si bien mucho trabajador surtía así a sus familias, la verdad es que la autorización servía para desangrar las divisas provenientes del petróleo y para engordar los bolsillos de los enemigos del proyecto bolivariano.

 

El gobierno colombiano, de manera oficial, también contribuye a esto. Así lo asegura Tanus cuando aclara que la Resolución externa Nº 8 del 5 de mayo de 2000 del Banco de la República, con la cual se reglamentaron las casas de cambio en Colombia, potencian el empobrecimiento del bolívar y consolidan el contrabando.

 

Con esta Resolución, por ejemplo, el Banco de la República de Colombia cotizaba para inicios de septiembre la moneda vecina en 252 pesos por bolívar, pero en la frontera "[...] las mafias criminales tienen la facultad de pagarlo a 4,8".

 

¿Qué permite este manejo de la moneda?

 

"Si yo vengo a Venezuela a comprar 1 kg de arroz y tengo que comprar el bolívar a 252, no me alcanza porque con (los) 2.700 pesos (con) que compro 1 kg de arroz en Colombia obtendría al cambiarlo en el Banco 11 bolívares. Si por el contrario, tomo esos 2.700 pesos, se los llevo a un cambista y me da 560 bolívares, compro 21 kilos de arroz en Venezuela", explicó Juan Carlos Tanus.

 

Entonces, según el mismo analista, "[...] si diariamente 11 mil vehículos cruzan la frontera, si cada uno lleva un kilo de arroz, serían 11 toneladas de arroz y multiplique cuántas veces va un carro hasta la frontera para llevar no sólo arroz sino también otros productos. En estudios que hemos hecho determinamos que 72 por ciento de los productos de contrabando desaparecen si desaparece la resolución número 8 del año 2000". Lo que permite explicar que el contrabando no perderá su dinamismo, ni dejará de afectar en la manera que lo hace a la economía venezolana, sino se elimina la Resolución Nº 8 del 2000, la que según puede deducirse, se transforma en el talón de Aquiles de la negociación que afrontan las cancillerías de ambos países, empantanada, todo parece indicar, porque el gobierno colombiano no acepta su responsabilidad en esta crisis, tomando los correctivos a que ello obliga. No es gratuito que en Cúcuta se estimen hasta en 700 las llamadas casas de cambio y que Carlos Eduardo Luna Romero, actual candidato de la coalición del partido de la U y el partido Liberal a la alcaldía de Cúcuta, haya sido presidente de la Asociación de profesionales del Cambio de Norte de Santander (Asocambios), y luego presidente de la Cámara de Comercio de Cúcuta, como tampoco puede considerarse una simple coincidencia que en algún momento fuera encargado de negocios de la embajada colombiana en Venezuela.

 

Estamos, por tanto, ante una parte de la realidad que llevó al gobierno vecino a romper en su aguante con la política fronteriza, desde donde se coordinaba el contrabando y el desangre de su economía, fortaleciendo con ello bandas paramilitares, las mismas que ya tenían control de territorios específicos adentro de la frontera, pero donde también se estaban instalando barrios de invasión, y donde los indocumentados crecían sin parar.

 

No está de más recordar que según el gobierno vecino la cifra de connacionales instalados allí ronda los 5 millones seiscientas mil personas, y que la migración de colombianos, a pesar de la crisis que afecta a Venezuela, no para. Cada año continúan asentándose allí más de cien mil colombianos. Para hacernos una imagen de lo que esto significa, recordemos que en la Unión Europea, sumados sus 28 Estados socios y sus poco más de 300 millones de pobladores, tales países están conmocionados y en disputa por ver quién acepta 20 mil, 30 mil, 50 mil emigrantes africanos, para legalizar en un año 200 mil: y Venezuela, un solo país, con algo más de 20 millones de pobladores, ve arribar a su territorio cifras similares de colombianos año tras año. Esta es la crisis que niega el gobierno de Santos.

 

Como puede deducirse, el tema no es minúsculo, ni puede reducirse a los mil y algo más de deportados hacia Colombia, ni a los otros diez mil o más que salieron por trochas pues, todo indica, que estos connacionales no habitaban aquel país con los registros o formalidades que exigen sus leyes (recuerden ustedes lo que le sucede a los cubanos, asiáticos y otros que cada mes capturan en nuestro país, en procura de llegar a los Estados Unidos). La crisis debería llevar a discutir entre quienes habitamos Colombia –para tomar medidas sobre el particular– ¿qué es lo que sucede en nuestro país para que tanto connacional tenga que buscar mejor vida en Venezuela (o en países como Estados Unidos, Canadá, México, Costa Rica, Ecuador, Perú, Argentina, Brasil, España, Francia, etcétera)? ¿Por qué no se implementan políticas redistributivas que quiebren la colosal concentración del ingreso que ratifican las investigaciones independientes y las mismas oficiales? ¿Por qué no domina entre nosotros un régimen de verdad democrático, que más allá del rito electoral, garantice igualdad, justicia y felicidad? ¿Qué está sucediendo en nuestro país para que sus migrantes ganen mala fama, como en Chile, por implementar modelos de control y expoliación social como el llamado "gota gota", y en países como Estados Unidos, España y otros ir llenando celdas como "mulas" o sicarios?

 

Dicen algunos que de toda crisis surge algo bueno, procuremos que ésta no sea la excepción.

 


 

Recuadro 1

 

La Resolución Nº 8 del 2000

 

La consideración de esta Resolución propuesta por la canciller venezolana Delcy Rodríguez, debe tener muy preocupada a (María Ángela) Holguín toda vez que se devela el nivel de complacencia que tiene el gobierno colombiano con el empobrecimiento del bolívar, y con su disposición para afectar al pueblo venezolano.

 

Recuadro 2

 

¿Cuál es el fondo del desabastecimiento en Venezuela, la baja producción o el contrabando?

 

Ejemplifica Juan Carlos Tanus: "Si usted tiene 30 millones de venezolanos, pero además tiene que atender a 17 millones de colombianos con gasolina usted tiene que producir para 47 millones igual pasa con los productos de la canasta básica que no solo es para los venezolanos también está abasteciendo a Colombia por lo menos un 60 por ciento de la población colombiana consume productos venezolanos. Usted cierra la frontera y la primera crisis es la gasolina y la segunda en unos ocho meses va a ser los productos se han surtido de tal forma que aguantarían un bloqueo de 9 meses".

Publicado enEdición Nº 217
Adjetivos que se profieren como balas: los medios de comunicación y el conflicto fronterizo con Venezuela

Luego de ser testigos durante una larga semana de la literal lluvia de adjetivos en que han sido convertidas las columnas de prensa de los diarios del país, no queda duda que, parafraseando un conocido adagio: "lo primero que muere en los conflictos fronterizos con Venezuela es cualquier asomo de sindéresis". Si bien, nuestros "opinadores" no son muy ahorrativos en el uso de calificativos, como tampoco son pródigos en el sustento de sus afirmaciones, esas características brotan exacerbadas, casi hasta la caricatura, cuando de referirse a los vecinos venezolanos es de lo que tratan.

Las disputas con Venezuela no son nuevas, como los medios masivos de comunicación lo quieren hacer creer a las nuevas generaciones. No las inventó Chávez y las heredó Maduro, con el interés de alterar nuestro "idílico" transcurrir, tal y como lo dejan deslizar la gran mayoría de columnistas. Basta repasar en nuestra no muy lejana historia para comprender que los hechos y las declaraciones oficiales en este último impasse parecen un juego de niños si hacemos comparaciones con lo que sucedió en agosto de 1987, cuando la corbeta de la Armada de Colombia A.R.C entró en aguas que los venezolanos consideran suyas y los gobiernos colombianos estiman en disputa. El presidente venezolano de la época, Jaime Lusinchi, que nada tuvo que ver con bolivarianismo alguno, y siempre militó en Acción Democrática, uno de los dos partidos tradicionales, ordenó la movilización de 100 mil soldados a la frontera, acción que también fue respondida por el presidente colombiano Virgilio Barco, con el envío de tropas y del Submarino ARC Tayrona en defensa de la corbeta. Ante la amenaza del bombardeo a las naves colombianas por parte de la fuerza aérea venezolana, el gobierno de Barco las retiró luego de la mediación de la OEA. Hoy, esa acción hubiera sido calificada, por no pocos, de cobardía y traición.

No es lo mismo dirán algunos, pues en aquella época de lo que se trataba era de unos cuantos kilómetros cuadrados de áreas marinas y ahora el punto está en la dignidad de nuestros compatriotas deportados. Pues bien, si eso es lo que ha encendido el ánimo de nuestros comunicadores, sería bueno preguntarnos cuántos de ellos han reaccionado con la misma virulencia frente a los múltiples casos de desplazamiento interno masivo que en la actualidad nos sitúa como uno de los primeros países en el vergonzoso ranking de las expulsiones internas −más de cuatro millones de personas según algunas estimaciones−. ¿No se han burlado acaso algunos individuos como José Obdulio Gaviria de la situación, aduciendo que en Colombia no ha habido desplazamiento interno sino migración voluntaria? ¿Realmente es la prensa oficial tan sensible a las migraciones forzadas como hoy lo auto-declara?

 

¿Son sólo disculpas?

 

Brillan por su ausencia los análisis respecto a los motivos que esgrime el gobierno venezolano para el cierre de la frontera. La divulgación de un video en el que un sujeto identificado como José Pérez Venta, asesino confeso de una de sus copartidarias, en el que declara que sus actividades de oposición tuvieron, entre otras, fuentes de financiación colombiana, fue descalificado, sin más, por nuestros comunicadores, como "un falso positivo de Maduro". Esos mismos periodistas, que cuando intentan mostrarse equilibrados, luego de adjetivar al presidente venezolano, para empatar, aluden a Uribe con algunos epítetos, no se preguntan, ni le preguntan a éste último si su relación con Lorent Saleh, militante de la oposición venezolana, extraditado desde Colombia, y a quien le encontraron fotografías en las que luce camuflado y exhibe armas largas, es en realidad un protegido suyo. Como tampoco la prensa ha hecho referencia a las declaraciones que dio el actual senador y expresidente, luego que Pérez Venta −subordinado de Saleh−, lo acusara de ser financiador de hechos violentos en Venezuela, y en las que afirmó: "maduro no me va a intimidar, y seguiré apoyando a la oposición", pues acá cabe el interrogante de si tal apoyo es lícito cuando esa oposición es armada. Pues, no parece coherente que la prensa colombiana sea radicalmente crítica de cualquier asistencia extranjera a la guerrilla colombiana y favorable al apoyo que un movimiento político del país (máxime si es dirigido por un expresidente de la república) da a la oposición armada de una nación vecina. Además, si sobre las verdaderas causas detonantes de la crisis, el argumento generalizado del periodismo colombiano es que el gobierno de Venezuela busca desviar la atención de su situación económica y política, en el caso de Uribe ¿de lo que se trata no es de distraer a la opinión acerca de la responsabilidad que le puede caber en las muertes de decenas de personas, cuyos cadáveres yacen en la Escombrera? Sobre este punto los comunicadores evitaron rezar y pecar para empatar.

Respecto al contrabando, un noticiero de televisión mostró un camión que logró atravesar la frontera hacía nuestro país, cargado de productos subsidiados en Venezuela. Las preguntas al conductor se dirigieron a resaltar que el vehículo no hubiera podido salir de la nación vecina sin el pago de sobornos a las autoridades, pero, los interrogantes de porque podía entrar a Colombia sin permisos de importación ni facturas fueron esquivados. Si la corrupción campea en los dos lados, eso obliga a reconocer que en realidad existe un problema bilateral que es lo que los comunicadores no pueden ver. Desde el mundo blindado de sus oficinas, pontifican como si el país fuera el Dorado de todas las virtudes.

 

La "indignación" de nuestros comunicadores

 

Al comienzo de la crisis, forzar un paralelo entre la situación de nuestra frontera con Venezuela y los trágicos sucesos de los migrantes en el Mediterráneo fue un recurso justificativo de la vehemencia. Sin embargo, el uso de los símiles hizo agua rápidamente pues obligaba a reconocer que en una analogía de ese tipo, el papel de nuestros compatriotas es equivalente al de libios, sirios, kurdos o gambianos, y el del gobierno venezolano al de Ángela Merkel o David Cameron. Este último, por ejemplo, impulsa una ley que autoriza la confiscación de los salarios de los migrantes indocumentados y penaliza con cárcel a quienes les den alojo. Pues bien, si lo que la prensa busca es descalificar a Maduro a través de comparaciones, debería caricaturizarle con leyendas como ¡no sea como Cameron! Paralelo imposible en la mente de nuestros periodistas convencionales, no sólo por prejuicios clasistas, que les impide colocar en un mismo plano a un miembro de la élite inglesa y un mandatario del llamado tercer mundo, sino porque los miembros de los grupos medios pseudo-intelectualizados siempre han tenido su corazón en el mundo anglosajón, que asocian con lo ideal.

Ante la imposibilidad de negar que Colombia es un expulsor inveterado de connacionales, y que cinco millones de compatriotas han tenido que migrar al vecino país, el recurso fue convertir ese hecho en acausal. Un columnista literato, luego de la consabida lluvia de adjetivos, trae a colación un personaje de una de sus novelas, una anciana migrante a Venezuela que dice: "no sé qué me trajo por aquí donde todo es igual a lo de allá, solo que distinto, porque una siente que es forastera", intentando demostrar con la cita que la huida a la nación vecina no obedece a la violencia o a la falta de oportunidades en Colombia, sino a impulsos inexplicables sin causas objetivas.

El colérico lenguaje que sigue inundando las columnas de los periódicos colombianos, ha sido justificado, en no pocas ocasiones, por la "ira e intenso dolor" que, dicen nuestros comunicadores, experimentaban en el momento de redactar sus escritos. Y entonces se vuelve más fácil entender por qué, en nuestra cotidianidad, la disputa entre por ejemplo un pasajero y un conductor de un vehículo público termina con la muerte de uno de los dos, luego que han discutido y alguno ha dudado de la "pureza" de la santa madre del otro, provocándole "ira e intenso dolor". Eufemismo que busca velar nuestra intolerancia y que está generalizándose en la redacción de los periódicos y los informes de la radio y la televisión.

 

La democracia que deseamos a nuestros vecinos

 

Juan Manuel Santos reconocía en alocución presidencial, que en la OEA el país había sido derrotado en su pretensión de darle estatus de multilateral a las disputas fronterizas entre Colombia y Venezuela, pero, que no iba a cejar en su empeño de involucrar a la comunidad de naciones en la disputa, exteriorizando esa característica tan marcada de nuestras élites de actuar como un menor de edad, altamente dependiente, que busca siempre que sean las potencias o los organismos multinacionales los que solucionen los problemas que les atañen. Los inefables procurador y fiscal, haciendo pose de rígidos jurisconsultos anuncian pomposamente demandas ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Penal Internacional, buscando un juicio a Nicolás Maduro por crímenes contra la humanidad, en un gesto que suena ridículo en el momento mismo en que el mundo muestra su conmoción por la foto del cadáver del niño migrante sirio Aylan Kurdi, tirado en una playa. Las comparaciones son odiosas, más cuando se trata de tragedias humanas, pero igualar las imágenes de nuestros compatriotas atravesando una quebrada vadeable con los ahogamientos masivos en el Mediterráneo, no cabe más que en la cabeza de nuestros dirigentes y ahora en la de los "guías de opinión".

Nuestros opinadores también han sido reiterativos en que nuestras disputas fronterizas tendrán fin cuando en Venezuela sea depuesto el "régimen chavista" y regrese la "democracia", pues bien, si repasaran el conato de enfrentamiento más grave que hemos tenido, y al que aludíamos al comienzo, encontrarían que Jaime Lusinchi, un "demócrata" según los cánones de nuestro periodismo, afrontaba en el momento del conflicto con Colombia, acusaciones de corrupción y abusos de poder, y que Blanca Ibáñez, secretaria privada de la presidencia, señalada de sostener una relación extra-marital con el presidente, era a su vez acusada de asignar contratos sin requisitos y promover ascensos en las fuerzas militares, ignorando los méritos. La Masacre de Yumare ejecutada por ese gobierno, en la que fueron asesinados, el 8 de mayo de 1986 −un año antes del impase con Colombia−, nueve dirigentes sociales que luego fueron presentados como guerrilleros dados de baja en combate, en una anticipación de los "falsos positivos" colombianos, ¿es uno de los hechos estimulantes que hace suspirar y luchar a Uribe por el regreso de la "democracia" a Venezuela? ¿También, son sucesos como ese, los que hacen repetir a nuestros comunicadores que no tendremos entendimiento con nuestros vecinos si no los gobierna Acción Democrática o el Partido Socialcristiano, más conocido como Copei?

Pongámonos serios, y si en realidad queremos "vengarnos" de los venezolanos construyamos un país que no obligue a nuestros connacionales a huir al exterior, y que por sus condiciones de paz, equidad y oportunidades haga que los cinco millones de colombianos que hoy residen en Venezuela, busquen desesperadamente regresar. Pero, para eso, una condición ineludible es que seamos capaces de mirarnos al espejo, que desarrollemos pensamiento crítico y reflexivo y que erradiquemos el negacionismo frente a nuestra realidad.

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Jueves, 03 Septiembre 2015 06:12

Maduro amplía la emergencia fronteriza

Maduro amplía la emergencia fronteriza

El mandatario venezolano, que ayer incorporó a cuatro municipios fronterizos al estado de excepción, dio luz verde a la revisión de viviendas, comercios y personas. Santos dijo que llevará el caso a La Haya.

 

En el marco de la crisis fronteriza con Colombia, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció ayer la ampliación del estado de excepción a toda la zona fronteriza del estado de Táchira. El mandatario hizo la advertencia desde China, donde se encuentra realizando una visita oficial, durante su programa transmitido desde el país asiático. Por su parte, el jefe de Estado colombiano, Juan Manuel Santos, advirtió que llevará ante la Corte Penal Internacional (CPI) las deportaciones masivas de compatriotas suyos desde el país vecino.


El presidente venezolano explicó que el decreto de expansión permite ampliar a otros cuatro municipios de Táchira el estado de excepción, y que también da luz verde a la revisión de viviendas, comercios y personas en la zona. De esta forma, la norma ahora también rige en los municipios de García de Heiva, Ayacucho, Lobatera y Panamericano. El decreto establece que las autoridades podrán ejecutar registros sin la necesidad de una orden judicial previa, aunque se aclara que en todo el procedimiento se respetará la dignidad de las personas. Con la ampliación de estas medidas ya son diez los municipios en estado de excepción en una zona intervenida, que abarca unos 160 kilómetros de frontera, completando así todo el territorio limítrofe de Táchira.


Maduro señaló que Colombia debe intervenir para prohibir el contrabando a Venezuela. "Colombia tiene que tomar medidas de autoridad, de gobierno para prohibir el ataque a la moneda venezolana que se hace en las ciudades fronterizas y en Bogotá", dijo. "El gobierno de Colombia se comprometió a corregir esto y eso lo quiero conversar personalmente con Santos". Insistió en que tomando medidas, el gobierno colombiano puede evitar el ingreso de grupos paramilitares hacia Venezuela y recordó que la crisis comenzó con un ataque el 19 de agosto que dejó tres soldados venezolanos heridos. "Llamé a Santos para que hagamos una reunión cara a cara pronto, en los próximos días voy a estar en Caracas, y busquemos en base a la verdad y al respeto, no a la promoción del odio que se promueve en Bogotá contra mí y contra Venezuela, una solución", indicó.


Por otro lado, el presidente del Parlamento venezolano, Diosdado Cabello, número dos del chavismo, anunció ayer la llegada del último contingente para completar los 3.000 soldados que se desplegarán en los municipios fronterizos del estado Táchira. También expresó que el gobierno evalúa extender el estado de excepción a algunas zonas de los estados de Zulia y Apure. "Anunciamos que donde sea necesario tomar las acciones que haya que tomar, el gobierno bolivariano lo va a hacer", dijo. El mandatario de la Asamblea sugirió, además, que se inicie un proceso de revisión de propiedades que han sido adquiridas en la frontera con Colombia, y aseguró que muchas de ellas pertenecían a venezolanos que fueron obligados a vender por parte de grupos irregulares. "Tenemos que verificar quienes adquirieron fincas, comercios e industrias, porque allí está metido el dinero del narcotráfico, contrabando, paramilitares y sicarios", afirmó. "Durante todos estos años fuimos víctimas de la violencia colombiana. Pero esta situación llegó al límite con el ataque a nuestros soldados", opinó Cabello.


En tanto, Santos dijo que su prioridad es defender los derechos humanos de los colombianos que viven en el país vecino. "Venezuela, como cualquier estado, tiene derecho a cerrar su frontera o expulsar personas por razones de seguridad, pero no de ninguna manera puede violar el derecho internacional". Por este motivo, agregó que el fiscal general de Colombia, Eduardo Montealegre, está considerando la posibilidad de presentar una denuncia ante la CPI. "Será contra miembros de la cúpula civil y militar del gobierno venezolano que podrían ser responsables por crímenes de lesa humanidad consagrados en el Estatuto de Roma", dijo el mandatario. "La Fiscalía General de la Nación considera que hay bases para probar que se configuró un posible ataque generalizado y sistemático contra la población civil colombiana", añadió.


Santos criticó que en el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) haya sido rechazada el martes la solicitud de su país de convocar una reunión de cancilleres de organismo para tratar la crisis. También se quejó sobre el hecho de que la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) haya postergado sin fecha el encuentro de jefes de diplomacia, inicialmente planeada para hoy. Agotadas esas dos instancias, y al margen de la denuncia que pueda llevarse ante la CPI, Santos explicó que Colombia acudirá por medio de su canciller, María Angela Holguín, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y se reunirá con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. "Colombia es una nación decente, democrática, respetuosa de los derechos humanos y de las instancias internacionales, que cree en el diálogo y la diplomacia y lo seguirá siendo".

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"Si Venezuela cierra la frontera, Colombia tiene productos venezolanos para nueve meses"

En una entrevista publicada el pasado 10 de julio por noticiasbarquisimeto, reveladora del fenómeno del lavado de dinero que se efectúa en Venezuela a través del contrabando hacia Colombia, como del saqueo que está sufriendo la economía bolivariana producto del accionar de mafias, que incluso llegan a determinar la dinámica cotidiana del Bolívar, Juan Carlos Tanus, representante de colombianos en Venezuela, se anticipa a la crisis que hoy viven estos dos países. Su lectura permite comprender lo que oculta o no quiere reconocer el gobierno colombiano, así como la imperiosa necesidad que tiene Venezuela de solucionar esta situación.

 

El representante de colombianos en Venezuela, Juan Carlos Tanus (JCT) estuvo como invitado en Somos Televisión, y allí converso con el Periodista José Israel González (JIG) sobre los temas del "bachaqueo", el contrabando de productos hacia Colombia y el manejo desde Cúcuta del llamado Dólar Today.

 

JIG. ¿Qué está pasando en Venezuela que se están llevando nuestros productos?
JCT. Bueno, la gran realidad es que hay una población en Colombia que consume los productos que llegan de contrabando del territorio venezolano. Grandes mafias logran tener una infraestructura económica, financiera y criminal en la frontera, y lógicamente articulan. Cerca de 3.500 personas se fortalecen día a día con el escenario del contrabando. Pero estos son trabajadores de 25 grandes mafias que operan en el corredor fronterizo. Hemos demostrado que no solamente los productos subsidiados son apetitosos para los contrabandistas, cualquier producto en Venezuela con la fijación empobrecida del Bolívar en la frontera va a ser llamativo. ¿Por qué? Porque resulta que mientras tenga la facultad un grupo de cambistas en Colombia de darle valor al bolívar, nunca se va acabar la posibilidad de tener los mismos pesos en Colombia

JIG: ¿Cómo funciona esto?
JCT. En Colombia la resolución ocho del año 2000, creó la figura de las casas de cambio, que son doce estructuras fortalecidas consolidadas en Colombia, que operan con una legislación establecida de la resolución ocho, pero además tienen el control de la superintendencia financiera, esta misma resolución creó los profesionales de la compra y venta de las divisas, llamados "cambistas", que se constituyen como empresas a partir de hacer un oficio y una declaración en la cámara de comercio, se inscriben y ya son inmediatos cambistas.

JIG. ¿Cómo hacen la conversión?
JCT. La resolución ocho le dio facultades para quienes intervengan en el proceso de la compra y venta del Bolívar, sean los que fijen el valor. Entonces, hay 5 grupos económicos mafiosos vinculados al paramilitarismo en Cúcuta, que determinan todos los días antes de las 4 de la tarde cuanto va a costar el día siguiente, ¿Cómo lo hacen? Sencillo, ponemos un ejemplo de 10 mil pesos, con 10 mil pesos en Colombia se pueden comprar hoy 2 kilos de arroz, con 10 mil pesos en Venezuela, cambiados con el Bolívar empobrecido, se puede comprar aquí hasta 60 kilos de arroz.

JIG. ¿Dónde lo compro?
JCT. En cualquier parte, compras en San Cristóbal, en Maracaibo.

JIG. ¿Con pesos o con Bolívares?
JCT. No, con bolívares.

JIG. 60 kilos de arroz, ¿Cuántos bolívares doy?

JCT. Seria 10 mil pesos colombianos entre 6.

JIG. ¿Dónde lo convierto?
JCT. En Cúcuta.

JIG.- ¿Quién me da los bolívares?
JCT. Los cambistas, que regularmente no saben de manera legal cuanto es el movimiento en bolívares, porque la legislación no les permite que se declare, no los obliga a declarar cuanto bolívar se mueve a diario.

JIG. ¿Esa persona que cambio 10 mil pesos a bolívares, va a Venezuela y compra el arroz?
JCT. Eso es correcto. Compra arroz, lo lleva a la frontera, luego lo pasa a Colombia, y va a vender 60 kilos de arroz a un promedio de 4.700 pesos. Ahí esta el gran negocio.

JIG. Pero si gaste 10.000 pesos.
JCT. Correcto, el gran secreto esta en tomar el pesos colombiano, convertir en bolívares pero con el cambio empobrecido del Bolívar, que se fija en la frontera, traer los bolívares acá, comprar cualquier producto. Mire los estudios indican que el 62% de los productos son venezolanos.

JIG. ¿Cuándo vendo, cobro en pesos?
JCT. Eso es correcto

JIG.- ¿Qué hago con ese peso?
JCT. Lo vuelvo a convertir.

JIG. Ahora bien ¿Qué tiene que ver eso con el bendito DolarToday?
JCT. Fíjese, hay dos cosas importantes que debemos tener en cuenta como referencia. La primera, DolarToday hizo un acuerdo los cambistas en Cúcuta, y a partir del año 2012 lo toman como referencia para la asignación de DolarToday,

JIG.- ¿DolarToday como hace para ponerse de acuerdo con estas mafias colombianas?
JCT. Simplemente revisan. En Colombia la tasa representativa del mercado, para efecto del dólar, la determina la superentendía financiera, esta semana tuvo un pico de 2.628, luego bajo a 2.550.

JIG. Entonces primero verifican como está el peso?
JCT. Primero ven cuánto vale un dólar en Colombia, que vale 2.500 pesos, esos 2.500 pesos lo dividen en cambio empobrecido del Bolívar que lo asigna una mafia, y ella le va a dar el resultado. Ustedes en sus casas lo pueden hacer, un dólar en Colombia vale 2.500 pesos, y eso lo dividen en 6 y es el valor empobrecido del Bolívar, eso le va a dar una tendencia en Dólar Today. Este acuerdo está enmarcado dentro de una acción de guerra, porque el movimiento del Bolívar hace parte de la dinámica que tiene la guerra económica que se ha sustentado en Colombia, que lógicamente tiene un enorme impacto, y que hoy la fijación de los productos y servicios en gran parte de la frontera y hacia el interior del país, son determinados por DolarToday y el Bolívar en Cúcuta.

JIG.- ¿Cómo paso yo esa mercancía para Colombia y cómo Colombia permite que ingrese?
JCT. Bueno, digamos, de aquí para allá tiene la complacencia de las estructuras que cuidan frontera, eso no se puede desconocer, GNB y algunos otros.

JIG. ¿Eso funciona igual para la gasolina?
JCT. Debe funcionar igual. Donde si estamos públicamente convencidos de la participación de los organismos es en Colombia, porque usted puede revisar en los videos, la policía reconoce que detiene, que los ve pasar, que convive con ellos, pero no los pueden detener, porque es parte de la economía del día a día.

JIG. Si eso llega a Colombia quiere decir que alguien de Venezuela lo dejo pasar...
JCT. Claro. Por una parte hay que tener en cuenta José Israel, que Cúcuta, Maicao y Arauca dejaron de recibir producto de las remesas. Cuando Venezuela corta las remesas con Colombia, Cúcuta dejó de recibir un millón quinientos mil dólares, mensuales. ¿Qué hicieron las estructuras mafiosas? Tomaron ese dinero, lo convirtieron en bolívares y lograron hacer una socialización del bachaqueo.

JIG. ¿Bienvenida clase social bachaquera?
JCT. La cultura en el norte santardeniana, la cultura Guajira, los pobladores de frontera, el tema del contrabando es una cotidianidad, porque es una forma de vida, es una forma de trabajo, siempre e incluso sociológicamente quienes lo realizan reconocen que no son contrabandistas, que ellos no violan ninguna normativa, ellos simplemente son comerciantes que compran barato, que utilizan algunos métodos, buenos, regulares, malos, para llevar el producto y venderlo.

JIG. Los guajiros hemos conocido toda la vida eso, pero no tenia influencia directa en la economía.
JCT. Por eso insistimos en la socialización. El contrabando y el bachaqueo se dan, a partir que se producen ingresos de las mafias, producto de las remesas. Esa acción del contrabando ya genera una estructura de orden social. Usted puede encontrar familias completas dedicadas a este proceso, hacen la cola, sacan el dinero, hacen la cola, luego lo llevan y se vende a un mayorista, hay un centro de acopio que dependiendo del tipo de producto moviliza el transporte para la frontera. Ahora esto es una modalidad de contrabando, pero también hay otra modalidad, que es las grandes transnacionales. Con 10 mil pesos en Colombia compro dos kilos de arroz, y aquí compro 60. Al llevarlo allá, cuanto no se me va a multiplicar, cuando al día siguiente traiga el resto del dinero. Hay que multiplicar 60 unidades con el valor de compra del producto en Colombia, eso va a dar muchísimo dinero, entonces con esos recursos lógicamente el circuito del contrabando va a ser multiplicador, porque genera una cantidad circulante, claro, enorme.

JIG. Por eso, ¿quién va a querer trabajar en una empresa con una economía informal así?
JCT. Por eso en Colombia el desempleo es altísimo.

JIG. ¿El desempleo formal?
JCT. En el departamento de la Guajira, que es cuando nosotros hablamos de la socialización del bachaqueo, el 57% de su población es pobre, muy pobre, y cuando sumamos todo lo que pasa por contrabando por la Guajira, se queda menos del 2% del contrabando porque, además, un kilo de arroz de contrabando si se lo fuesen a vender a la población con el 50% del valor del precio en Colombia, uno diría "puede ser", pero son 100 pesos por debajo del valor que se consigue el producto nacional o el importado legalmente por Colombia, significa que 25 grandes mafias colombianas se llevan los recursos para otros departamentos, o incluso van al exterior para incluirse en otro tipo de negocio.

JIG. ¿Están identificadas estas 25 mafias colombianas?
JCT. Sin señalar algunas aquí, hay proyecciones por departamentos, algunos grupos económicos vinculados, algunos factores políticos vinculados a ellos: en el caso del norte de Santander hay de a dos o tres.

JIG. ¿EL gobierno colombiano no hace nada?
JCT. El gobierno lógicamente no hace nada porque debe parecer ilógico, el Ministro del Interior y Justicia está ligado al desarrollo político del norte de Santander. Su hermano Andrés Cristo es Senador de la República. Parte de su electorado, parte de las finanzas que se recaudan para su actividad política proviene de la economía informal y, dígame, ¿de dónde se surte?, se nutre de la economía cucuteña. ¿Cómo conseguir entonces que los productos que van para una campaña se puedan bloquear con una ley antricontrabado o con una defensa de los grandes negocios?

JIG. Es decir, indirectamente financiamos campañas electorales en Colombia?
JCT. No solo campañas, hemos señalado con documentos en mano, que Venezuela mitiga los efectos que produce la ausencia de petróleo y políticas públicas en Colombia, y Venezuela sigue atendiendo el tema de la salud, de la educación, de la vivienda, de miles de colombianos que viven en este país, que le correspondería al gobierno colombiano. Las grandes mafias financian candidaturas. Ñuna Romero es el candidato del Partido Liberal a la alcaldía de Cúcuta, fue asesor económico y de negocios del embajador colombiano en Venezuela, Y hoy aspira a ser el alcalde de Cúcuta, pero además es el presidente de la Asociación de Cambistas, es el que preside a la estructura que empobrece a Venezuela.

JIG. ¿El poder político en Colombia ampara la mafia?
JCT. El circuito esta dado por una expresión política organizada, el proceso de los cambistas, el proceso de los comerciantes, el paramilitarismo y el narcotráfico, es un círculo.

JIG. ¿Ya desplazo ser bachaquero al tema del narcotráfico?
JCT. Aun no, porque resulta que la fortaleza del narcotráfico no es Venezuela, son los países, en caso concreto, Estados Unidos, y hay un proceso de lavado que llega a la frontera, y lógicamente el contrabando lo que hace es lavar el dinero del narcotráfico, es decir todavía no lo va reemplazar, pudiese hacerlo en ese sector fronterizo, pero el contrabando sigue facilitando el lavado de activos por esa parte.

JIG. ¿El dinero del bachaqueo, del contrabando sirve para lavar el dinero del narcotráfico?
JCT. Sí, claro, porque yo tomo un millón de dólares, lo convierto a Bolívar empobrecido, por la maquinaria de la frontera, ya yo no soy un narcotraficante, yo soy un contrabandista de la colombianidad, que es tener estatus, que en Colombia es ser un tipo inteligente, que burla la justicia, que tiene buenas relaciones políticas, que la vida es capaz de identificar. Todavía la oligarquía no ha dado instrucciones de que tienen activa esa profesión, mientras que el tema del narcotráfico sí. Son enemigos encontrados en el poder, es una realidad que vive hoy la frontera porque los gobiernos no han querido sacar la resolución ocho del año 2000. Pastrana negoció con el Bolívar la aplicación de esta resolución, un gran negocio, primero para mantener el control del Bolívar, porque que ocurriría: si un migrante que ahorra aquí 10 mil bolívares en tres meses, para enviar a Colombia se lo pagarán a como el Banco de la República lo paga hoy, el Banco de la República en Colombia paga 219 pesos por un Bolívar, eso es de manera oficial, y estos señores cambistas en la frontera le dan a ese migrante, óigase bien, 60 mil pesos por 10 mil bolívares, cuando el Banco le da dos millones ciento noventa mil, el valor del Bolívar en el Banco de la República son 219 pesos,

JIG. ¿Las transnacionales participan en el contrabando?
JCT. Claro, las que producen en Venezuela. Si usted revisa lo de aquel gran contrabando, si bien hemos señalado que a partir de la eliminación de las remesas con destino Colombia hay una socialización del bachaqueo que permanece, antes de eso las trasnacionales que producen en Venezuela tienen grandes movimientos al corredor fronterizo, no es el bachaqueo de 100 kilos, 80 kilos 40 kilos, son toneladas o gandolas completas que fue el de 22 toneladas de productos. Ponemos un ejemplo concreto de la Colgate-Palmolive: en Colombia se ha detectado producto de la Colgate-Palmolive que en el interior del producto dice elaborado estado Carabobo y la cajita de cartón dice en Jumbo-Cali departamento Valle del Cauca, dice que es hecha aquí, entonces qué ocurre por las toneladas, por lo que se ve en la frontera, y no sólo la frontera, mire, los cálculos que tenemos es que en Colombia un 60% de la población, óigase bien, consume algún producto de contrabando de origen venezolano; y le vamos a dar la siguiente información: en la costa norte colombiana –desde la Guajira hasta el departamento de Córdoba– está surtida por productos del contrabando, que si se cerrará la frontera hoy los contrabandistas tendrían, por lo menos, nueve meses para sostener el stock en este corredor, por eso nosotros creemos que el tema del bachaquero no es lo que le da la consistencia el contrabando, ya están las trasnacionales que producen en Venezuela detrás de ella.

JIG. ¿Qué tiene esa ley anti contrabando, y el problema que los bachaqueros en Colombia la protestan?
JCT. Bueno, los bachaqueros en Colombia que están en contra de la ley, son las grandes estructuras que han controlado el contrabando históricamente, porque también el presidente Santos y los autores de esta normativa, que es un sector que está enfrentado a Santos en la frontera, también pretenden con ello resolver una situación interna. Con ello aspiran a mejorar el nivel de empleo en la capital, aspiran a bajar dos puntos porcentuales el índice desempleo en Cúcuta, porque resulta que la ley anti contrabando pone, como tope, 12 mil 100 dólares para calificarlo de contrabajo. Si yo tengo una que llega a costar 12 mil ciento 1 dólar, se declara contrabando, pero si muevo unos 12 mil dólares no hay contrabando.

JIG. Es un tema de mayor interés del lado venezolano que del lado colombiano, y sin embargo no han podido?
JCT. No, incluso yo creería que no va a ser posible si no hay intervención del gobierno colombiano, y se llegue a un acuerdo entre Caracas y Bogotá para resolverlo; hay que eliminar la resolución 8 del año 2000; hay que ponerle un mayor control y no se puede determinar un techo de contrabando tan altísimo como el que acaba de aprobar la ley. Yo creo que aquí hay que trabajar un gran acuerdo entre los dos gobiernos para controlar la frontera. Ahora, esto no es fácil por todo lo que significa recibir entre 8 mil y 12 mil millones de dólares al año producto del contrabando en toda la frontera. Eso inhibe a cualquier Presidente.

Entrevista publicada el 10 de Julio de 2015 en www.noticiasbarquisimeto.com

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Venezuela pugna en el Consejo de Seguridad por el respeto a la soberanía: Rafael Ramírez

El embajador Rafael Ramírez, representante permanente de Venezuela ante la Organización de Naciones Unidas, ha encabezado este último año la presencia de la revolución bolivariana en el Consejo de Seguridad por primera vez en un cuarto de siglo, con la intención de cumplir con el objetivo del fallecido presidente Hugo Chávez de hacer valer la voz de los países en desarrollo, los países del sur en el organismo más poderoso de esta institución mundial.


En entrevista con La Jornada en sus oficinas de la misión de Venezuela ante la ONU, Ramírez recuerda que su país intentó ocupar un puesto en el Consejo de Seguridad en 2006, "pero fuimos boicoteados por manipulaciones de Estados Unidos sobre todo... pero ingresamos el año pasado con una votación histórica en la que obtuvimos unos 184 votos, lo que nos dio gran legitimidad en la Asamblea General y nos permite hablar de manera clara y transparente".


Siempre apegado a la defensa de la soberanía como posición fundamental de su país, Ramírez enumeró una serie de principios que guían su presencia en el Consejo de Seguridad; destaca la exigencia de que todas las decisiones del Consejo cumplan con la Carta de la ONU, ya que se han tomado decisiones intervencionistas que violan el derecho internacional. Da como ejemplo reciente el caso de Libia, donde el resultado de la intervención internacional es un país sacudido por la ingobernabilidad, que crea un terreno propicio para el terrorismo, como ha ocurrido en otros países del norte de África y Medio Oriente.


Ramírez enfatizó la necesidad de que el Consejo de Seguridad se ajuste al respeto de la soberanía de los países, ante decisiones de intervención que se pretenden tomar, como en el caso de Siria "donde algunos miembros del Consejo de Seguridad se arrogan el derecho de decidir si un gobierno establecido en un país es legítimo o no... decisión que le corresponde al pueblo sirio".


Venezuela también se opone a que el Consejo de Seguridad pretenda tutelar a ciertos países, como es el caso de muchos en África. Más de 50 por ciento de las decisiones del Consejo se refieren a África, informa, y nosotros hemos dicho que la causa raíz de esta situación tiene que ver con el pasado colonial y los lazos que mantienen las antiguas potencias coloniales sobre esos países que pretenden tutelar.


A la vez, Venezuela aboga por una reforma tanto del Consejo de Seguridad como de otras entidades dentro del sistema de la ONU, para superar lo que se considera una estructura ya caduca que se estableció hace 70 años –con cinco países miembros permanentes con derecho de veto y otros 10 rotatorios– y que ya no refleja la realidad geopolítica actual en el mundo.


Por otro lado, junto con Chile en el Consejo se promueve el ejemplo de América Latina en muchos rubros, por ejemplo, que es una zona de paz, sin armas de destrucción masiva y que siempre privilegia la resolución pacífica de conflictos. Agregó que por los cambios políticos de los últimos años, el sur latinoamericano es una zona progresista en muchos sentidos, consolidada en mecanismos multilaterales –Unasur, el Alba, PetroCaribe, un Mercosur ampliado–, que sirve de ejemplo de una región que con cooperación y respeto a la soberanía resuelve sus conflictos, sin injerencias, comparada con otras regiones del mundo.


Hablando de conflictos regionales, se le pregunta sobre el contexto en que estalla la actual disputa venezolana con Colombia (donde, después de que contrabandistas colombianos mataron a tres militares venezolanos, Caracas cerró parte de la frontera y expulsó a unas comunidades colombianas de esa zona), y Ramírez respondió que es importante recordar que después de la muerte de Chávez, el país experimentó una agudización del asedio a nuestro proceso de cambio bolivariano bajo la concepción de que, desaparecido nuestro líder fundamental, nuestra revolución tenía sus días contados.
En ese contexto se realizaron las elecciones nacionales donde triunfó Nicolás Maduro, pero sectores de oposición rehúsan reconocer los resultados e intensifican sus ataques. El asedio, agrega Ramírez, también se da por el lado económico; nuestro país ha sido sometido a lo que calificamos como una verdadera guerra económica. Señaló que la economía enfrenta serios retos, pero no sólo por la caída del precio del petróleo, o por cuestiones estructurales, sino por un ataque económico, incluida una deliberada manipulación sobre su moneda, ataques a sus reservas, entre otras cosas, con el objetivo de "desestabilizar a nuestro país.


En este ataque a nuestro país han participado elementos de la extrema derecha colombiana, sobre todo los vinculados al ex presidente Álvaro Uribe, que han tratado de incidir en nuestra política interna con el objetivo de ampliar y extender su influencia dentro de nuestro territorio, acusó.


Cuenta que aunque se mantienen relaciones cordiales y muy respetuosas con el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, dentro de Colombia hay fuertes sectores económicos enemigos de la revolución bolivariana, y fuertes actores vinculados al paramilitarismo que han buscado establecer zonas de influencia dentro de Venezuela.


Ante esto, argumentó Ramírez, en defensa de nuestra soberanía y de nuestra economía, el presidente Nicolás Maduro ha ordenado un conjunto de medidas para impedir que estos elementos al margen de la ley pasen de Colombia a Venezuela y atenten contra nuestra economía y estabilidad.


Agregó: está demostrado que esos elementos participan de manera directa en un masivo contrabando de nuestros productos con cálculos de que hasta 35 por ciento de la producción nacional de Venezuela se va hacia Colombia. Y es que existen dos modelos: nosotros tenemos uno que favorece a los sectores sociales más necesitados, y ahí en Colombia hay una economía de libre mercado, otro modelo completamente distinto. De manera tal que muchos sectores colombianos lucran e intentan aprovecharse de un conjunto de medidas diseñadas para el pueblo venezolano, al usar todo eso para un mercado negro.


Recuerda: nosotros abrigamos en nuestro territorio a cerca de 5 millones de colombianos y siempre los hemos acogido como hermanos. Somos un país profundamente bolivariano y para nosotros es una sola gran patria Colombia y Venezuela en el espíritu bolivariano. De hecho, cuando Chávez llegó al poder, regularizó a todos los inmigrantes colombianos y les otorgó todos los derechos venezolanos, porque sabíamos que muchos huían y huyen de la situación de violencia extendida de cinco décadas".

 

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