Las grandes empresas de alimentación se suben al carro de la comida de origen vegetal

¿Conseguirán las grandes empresas alimentarias que se lanzan a la carne y los lácteos alternativos convertir el sector de la alimentación sana en un paraíso de la comida chatarra? Está por verse, pero sus intenciones van sin duda en esa dirección.

El mercado de los alimentos de origen vegetal estaba valorado en 29 mil 400 millones de dólares en 2020.  Bloomberg publicó un informe donde proyecta que esta cifra podría alcanzar los 162 mil millones de dólares a finales de esta década, es decir, un crecimiento de más de cinco veces en sólo diez años. A principios de 2020, al estallar la crisis de Covid-19, las ventas de carne de origen vegetal en Estados Unidos  casi se triplicaron de la noche a la mañana, alegando la preocupación de la gente que consume carne por la relación entre la ganadería industrial y los brotes de enfermedades zoonóticas. La razón que se aduce para este espectacular crecimiento es que la gente está deseosa de orientarse hacia alimentos más sanos y producidos de forma sustentable. Sobre todo, la gente quiere menos carne y productos lácteos, que se consideran relacionados con el cáncer, la crueldad hacia los animales, el cambio climático y otros muchos problemas.

Hasta hace poco, el mercado de la alimentación vegana solía estar dominado por los cereales integrales, los productos de soja, las legumbres y otros alimentos naturales ricos en proteínas. Luego, una serie de empresas de innovación, como  Impossible Foods, y  Beyond Meat se lanzaron a ofrecer al mundo «hamburguesas imposibles» y otras alternativas a la carne de origen vegetal o celular.

Pero al ver el enorme potencial de beneficios, también entraron en escena inversionistas con mucho dinero, la agroindustria y las grandes empresas alimentarias transnacionales. Con un mercado de alimentos de origen vegetal que crece  lo doble de rápido que las ventas de alimentos en general, nadie quiere quedarse atrás.

Por ejemplo, Unilever ha lanzado su marca de carne vegetal » Vegetarian butcher». La empresa  pretende aumentar sus ventas de sustitutos de carne de origen vegetal hasta los mil millones de dólares anuales en los próximos cinco años, es decir, 20 veces más de lo que vendían en 2020. En 2020,  Danone anunció la creación de una nueva Unidad de Aceleración de Productos Vegetales para cumplir con sus ambiciones de aumentar las ventas de productos vegetales a nivel mundial, de 2 mil 100 millones de dólares en 2019 a 5 mil 400 millones de dólares en 2025. Ambas empresas quieren ir más allá de las personas que consumen comida vegana y alcanzar el potencial de mercado mucho mayor de la gente flexitariana, es decir, las personas que simplemente quieren consumir menos carne y lácteos.

Otros grandes nombres se están subiendo al carro.  Smithfield Foods, el mayor productor de carne de cerdo del mundo, lanzó su primera gama de alimentos proteicos de origen vegetal bajo la marca «Pure Farmland».  Tyson Foods, uno de los mayores productores de carne de ave, vacuno y cerdo del mundo, presentó su gama de productos vegetales en 2019 bajo la marca «Raised & Rooted».  Kellogg, conocida sobre todo por los cereales para el desayuno, tiene una marca de carne sin carne llamada «Morning Star Farms» y se perfila ahora como una de las iniciales empresas de alimentos de origen vegetal. Nestlé, que nunca se queda atrás, la mayor empresa alimentaria del mundo, reveló que  aumentará su gama de productos vegetales, especialmente en la categoría de platos preparados.

Por supuesto, los Smithfields y los Unilevers del mundo no centran sus ventas en nada fresco o saludable. Su foco son los alimentos ultraprocesados. Al subirse al carro de la «no carne», pretenden estar ofreciendo opciones más saludables.

¿Pero pueden hacerlo? Una mirada de cerca a la «hamburguesa imposible» basada en plantas sugiere que es sólo otro producto alimenticio ultraprocesado. Antes, la mayoría de las hamburguesas veganas se hacían con alubias negras, soja, setas o cereales. La «hamburguesa imposible» está hecha de concentrado de proteína de soja, aceite de coco, aceite de girasol, proteína de patata, metilcelulosa, extracto de levadura, sal, gomas y agua y aditivos, entre ellos vitamina B12, zinc, vitamina B6, tiamina (B1), niacina y hemo a base de soja (es decir, sangre falsa). Los nuggets de origen vegetal de Tyson Foods  contienen más de dos docenas de ingredientes diferentes, muchos de los cuales tal vez nunca han oído hablar.  Un video muestra a un empleado de Cargill explicando la desconcertante cantidad de ingredientes que llevan sus «albóndigas sin carne».

Además, a las grandes empresas alimentarias les encanta presentar su incursión en el mercado de los alimentos de origen vegetal como un avance de su negocio hacia una alternativa sustentable a la carne. Unilever llega a pedir a sus clientes que «se unan a nuestra revolución alimentaria para liberar a todos los animales de la cadena alimentaria». Pero está claro que quieren seguir ganando dinero en ambos mercados. Nadie lo dijo tan claramente como  el director de Tyson Foods: «Para nosotros, se trata de «y», no de «o». Seguimos firmemente comprometidos con nuestro creciente negocio de carne tradicional y esperamos ser líderes del mercado de la proteína alternativa, que está experimentando un crecimiento de dos dígitos, y que algún día podría ser un negocio de mil millones de dólares para nuestra empresa». Muchas de las compañías también afirman que sus actividades alimentarias basadas en plantas son buenas para el clima, pero esto es difícil de comprobar, ya que  pocas de ellas son transparentes sobre sus emisiones.

¿Conseguirán las grandes empresas alimentarias que se lanzan a la carne y los lácteos alternativos convertir el sector de la alimentación sana en un paraíso de la comida chatarra? Está por verse, pero sus intenciones van sin duda en esa dirección.

12 marzo 2022

Publicado originalmente en GRAIN

Publicado enSociedad
Lunes, 07 Marzo 2022 05:48

El fenómeno de la nueva derecha

El fenómeno de la nueva derecha

El historiador Enzo Traverso analiza las particularidades del posfascismo

Las distancias entre Trump y Marine Le Pen, entre Bolsonaro y el partido Vox español. Y la línea histórica que los une. Qué es el posfascismo y cómo se ubica en la era de la globalización y el neoliberalismo.

Hablar con Enzo Traverso no es difícil, por varias razones. Es la clase de pensador que lo hace en voz alta y nunca de forma excluyente. No monologa, dialoga. Tras décadas de trabajar como docente, su pensamiento es claro y didáctico, siempre a la altura del oyente. Tiene otra virtud menor, pero importante: habla un castellano perfecto. Algo que se niega a aceptar y, por lo tanto, a contar los orígenes de tan asombrosa pericia.

En plena eclosión de derechas de distinto pelaje en el mundo entero, la editorial Siglo XXI reedita con gran sentido de la oportunidad Las nuevas caras de la derecha, que tres años atrás conoció una primera edición. Provisto de un nuevo prefacio, en el que el autor se pregunta por los cambios que el coronavirus puede traer a nivel social y cultural, en Las nuevas caras de la derecha, tal como el título indica, Traverso establece distancias entre Trump y Marine Le Pen, y entre Bolsonaro y el partido Vox español. Pero traza a la vez la línea histórica, remontándose hasta el surgimiento del fascismo clásico y estableciendo una diferencia que considera esencial: la que va del neofascismo de tiempos de posguerra, todavía ligado de forma estrecha a aquél, al posfascismo, que es el que impera actualmente y una de cuyas ambiciones es ver diluidos todos los lazos con aquellos movimientos fundacionales de un siglo atrás.

-En su libro hace una diferenciación entre los neofascismos y los posfascismos, términos que en ocasiones se confunden.

--Los neofascistas son herederos del fascismo clásico y se reclaman herederos de esta tradición. No intentan esconder nada. Estos neofascismos existen en casi todas partes del mundo. Pero son movimientos minoritarios, no son el corazón de esta nueva ola de derecha radical, de extrema derecha, que atravesamos actualmente, y que es un fenómeno global, que encontramos representado tanto por los seguidores de Trump que intentaron tomar el Capitolio como por líderes políticos, como Mateo Salvini en Italia, Víctor Orban en Hungría o por Narendra Modi en la India.

--En Argentina tenemos uno nuevo, Javier Milei, una especie de clon de Trump.

--El fenómeno se extiende. Es una ola muy significativa de nuevas fuerzas, que no tienen problema en definirse como de derecha radical, pero que no tienen ese lazo genético con el fascismo clásico. No admiten su herencia con respecto a esa ideología, e incluso pueden llegar a reaccionar airadamente si se los trata de tales. Es un fenómeno nuevo, que es necesario identificar y eventualmente diferenciar. De ahí la idea de posfascismo, un conjunto de tendencias en buena medida sucesoras del fascismo clásico, pero no exactamente una continuidad directa. Ojo que la necesidad de diferenciar no implica establecer jerarquías, como si el posfascismo fuera menos peligroso que el neofascismo. No. Sólo se trata de comprender las diferencias, para poder identificarlos con claridad.

--¿Esto “nuevo” no es en verdad una simple argucia política por parte de algunos políticos neofascistas, que en determinado comprendieron que para ganar votantes había que aggiornarse?

--En algunos casos hay seguramente un cálculo político, consistente en una operación de maquillaje. Pero no creo que esa sea la explicación, y el ejemplo del Frente Nacional en Francia es significativo. Yo creo que Marine Le Pen rompió con su padre Jacques, que reivindicaba el régimen de Vichy o la guerra colonial de Argelia, porque era contemporáneo a ellos y los sentía como propios. Pero su hija pertenece a otra generación, tiene otra distancia con respecto a eso. De esa distancia deriva otro planteamiento ideológico y político, y no creo que eso pueda explicarse simplemente en términos de cálculo político. Creo que hay una transición que es real. Repito, no para subrayar que Marine Le Pen es mejor o más aceptable que su padre, sino para señalar que es algo diferente, representa un movimiento político nuevo, y ese fenómeno es la derecha radical. Otra cosa: Jacques Le Pen era antidemocrático, y su hija se define como republicana.

--Bueno, si es por eso acá tenemos cada “republicano”...

--Lo que quiero decir es que estas nuevas derechas radicales no quieren destruir las instituciones democráticas. Quieren conquistar el poder desde adentro del sistema, para cambiarlo después, pero sin la dimensión subversiva que caracterizaba a los fascismos clásicos. De todos modos, recordemos que tanto Hitler como Mussolini no llegaron al poder por golpes militares, sino sobre la base de mecanismos institucionales preestablecidos. En este punto hay algo muy importante para destacar: estos posfascismos son un fenómeno de transición. No son lo mismo que el fascismo, pero tampoco es que no compartan con el fascismo determinados valores. Eventualmente, esas diferencias podrían diluirse.

--¿Cuáles son esas continuidades históricas? ¿Una es el racismo?

--El fascismo se sostiene sobre un elemento esencial, constitutivo. La idea de crear una nación homogénea en el sentido político, ideológico, pero sobre todo sobre bases étnicas y raciales. Esa idea implica necesariamente la búsqueda de un chivo expiatorio. Para definir la comunidad nacional de esa manera hay que establecer un enemigo, que amenaza su existencia. Lo que varía, del fascismo clásico al posfascismo, es la identidad del chivo expiatorio. El fascismo clásico tenía dos enemigos: el judío y el comunismo, que eventualmente se fusionaban en uno: el judeo-comunismo, todo un fantasma fascista. Lo mismo los anarquistas, los sindicatos, etc.

--¿Cuáles son los chivos expiatorios del posfascismo?

--El lugar que antes ocupaba el antisemitismo ahora pasa a ser ocupado por el odio al expatriado, el refugiado, el musulmán. Del antisemitismo se pasa a la islamofobia. El terrorista musulmán, la invasión islámica, una incompatibilidad general entre la civilización judeocristiana y la musulmana.

--Hay un tema en apariencia paradójico, que es que las ultraderechas parecerían carecer de un plan económico propio, por lo cual terminan asumiendo el del neoliberalismo.

--La utraderecha contemporánea es una constelación política e ideológica, y el tema económico no es igual en todos los casos. Tomemos el caso de Bolsonaro. Su relación con el neoliberalismo es evidente, y su relación con el fascismo también, en tanto reivindica la dictadura militar brasileña, y en lo cultural está en contra de todos los movimientos de inclusión, las políticas de género, etc. Lo mismo sucede con Vox en España, que practica una política de acomodamiento político: reivindica el franquismo pero también el neoliberalismo, cuando la política económica franquista se parecía más a la de Mussolini.

--¿Y qué pasa en el resto de Europa?

--Si hablamos del Frente Nacional en Francia, de las movidas posfascistas en Italia o Alemania, yo sería un poco más reservado en cuanto a su relación con el neoliberalismo. Es más, creo que uno de los elementos que más explican la popularización del posfascismo es su oposición al neoliberalismo. Tal como lo desarrolla Pablo Stefanoni en la libro ¿La rebelión se volvió de derecha? (Siglo XXI, 2021), los movimientos de la derecha radical están siendo capaces de representar, de hegemonizar, de canalizar una revuelta, un malestar y tal vez una resistencia al neoliberalismo.

--¿Y Trump?

--Algo muy semejante. Trump pudo ganar los votos de capas populares muy duramente golpeadas por el neoliberalismo, como los de los operarios que asistieron al cierre de sus fábricas o los pobladores del Rust Belt del Oeste Medio. Por supuesto que las alternativas que todos estos movimientos proponen es una alternativa regresiva, reaccionaria, no es una superadora del neoliberalismo. El neoliberalismo es la globalización, ellos quieren volver a las soberanías nacionales. El neoliberalismo es el imperio del cosmopolitismo cultural; ellos quieren volver a las raíces culturales, las identidades nacionales tradicionales. El neoliberalismo es el mercado, y los posfacistas quieren volver a políticas económicas proteccionistas. Esa es también la política de Trump en Estados Unidos.

--Estuvimos hablando de derechas de todos los pelajes. ¿Qué pasa con la izquierda?

--Esa es una de las claves que explican el ascenso de la derecha radical: la derrota de la izquierda, o la incapacidad de la izquierda para ofrecer una alterativa creíble al neoliberalismo. Éste es un diagnóstico histórico. Con la caída del Muro, el comunismo desapareció y falleció, y la socialdemocracia se transformó en un componente más de la sociedad liberal. Hoy la socialdemocracia es un componente del capitalismo. Si se piensa en un político socialdemócrata, el primero que viene a la cabeza es Tony Blair. O Bill Clinton.

--¿Qué futuro tiene esta neoderecha?

--Es un tema que está por verse. Las capas dominantes, las élites económicas, financieras, no eligieron a los políticos de extrema derecha como sus representantes. Para nada. Los representantes del neoliberalismo son la Unión Europea, la Comisión Europea, Angela Merkel en Alemania y ahora su sucesor socialdemócrata, Draghi en Italia (que fue un banquero, viene del Banco Central Europeo), Macron (otro banquero), etcétera, etcétera. En Estados Unidos Donald Trump jamás fue el candidato de Wall Street. La candidata fue Hillary Clinton primero, Joe Biden ahora. Las élites económicas se acomodan a lo que sea, a cualquier régimen político. Siempre que ese régimen defienda sus propios intereses, claro.

--Ahora sí estamos hablando del verdadero poder, ¿no?

--Claro. Antes hablamos del racismo de la ultraderecha. Pero hay otro racismo, más solapado, que es el del neoliberalismo. ¿Cómo se manifiesta ese racismo? Mediante una división del trabajo a nivel global, en la cual hay multinacionales desterritorializadas que producen provechos gigantescos, explotando la mano de obra, la fuerza de trabajo de los países del sur. Ése es el racismo del neoliberalismo. Pero si te vas a California, a una factoría de Amazon o a las centrales de Apple, Microsoft o la megacorporación que sea, vas a encontrar pakistaníes, indios, africanos, latinoamericano, europeos de países pobres. Para las multinacionales, que sean blancos, negros, asiáticos, heterosexuales u homosexuales, no es un problema. El problema es para los ultraderechistas, que con suerte podrían llegar a construir alguna clase de poder cultural o ideológico. Pero para los que mandan en serio, para nada.

--¿Qué poder tienen estas nuevas derechas, tan ruidosas, frente al poder multinacional del capitalismo?

--Si algún partido de derecha radical llegara al gobierno, se vería obligado a aceptar un compromiso con el neoliberalismo. Y allí, ¿cuánto quedaría de su discurso presuntamente subversivo? Es difícil que el grupo ultraderechista Alternativa para Alemania llegue al gobierno, pero suponte que lo logren. Matteo Salvini llegó al cargo de primer ministro en Italia. Marine Le Pen podría ser presidente en Francia. Orban lo es en Hungría. Vox está muy lejos de serlo. Modi lo es en la Idia. ¿Qué van a hacer? ¿Van a establecer un régimen de autarquía económica, van a romper con la Unión Europea? ¿Van a abolir el euro, volver al franco y a la lira? Si hasta Alemania y Rusia dependen mutuamente del gas que Rusia le manda a Alemania, como quedó claro en estos días con el conflicto desatado por la guerra con Ucrania.

Lo que sucedería, si algunos de esos partidos llegan al poder, es que van a establecer políticas mucho más autoritarias, xenófobas o racistas (no hay duda de eso). Pero el neoliberalismo tiene una fuerza tan grande, que es más que todo. El neoliberalismo se acomoda a Xi Jinping, a Bolsonaro, a la socialdemocracia europea, a lo que sea. El neoliberalismo se ha mostrado capaz de asimilar todo, y no hay nada que demuestre que en el futuro pueda dejar de hacerlo. El capitalismo se acomoda a todo, eso es lo que la historia enseña.

--Para seguir conjeturando, ¿qué pasaría en Europa si Le Pen, Salvini, Orban y por qué no el mercurial Boris Johnson fueran jefes de estado en forma simultánea? ¿Podría constituirse un bloque político?

--Habría una Unión Europea de signo distinto de la que hay ahora. No respetuosa de los modos de convivencia de la democracia liberal, sino animada por una voluntad de poder de carácter derechista. La democracia liberal es el sistema hegemónico en la Europa actual, hasta ahora nadie propuso otro sistema. Pero si se produce un “emblocamiento” como el que menciona, y si a eso le sumamos un eventual regreso de Trump, ¿seguirá siendo ésa la base de la convivencia política entre las naciones? ¿O puede producirse un completo cambio de paradigma?

--Pasemos otra vez del otro lado. ¿Qué hace la izquierda frente a este crecimiento? ¿Tiene fuerza y decisión política, posee lo que Nietzche llamaba “voluntad de poder? ¿O atraviesa una fase de debilidad, que lleva ya largas décadas?

--En la última década aparecieron fenómenos de resistencia importantes. Syriza, que tomó el gobierno en Grecia e intentó rebelarse frente al FMI, con las consecuencias conocidas. Los comienzos de Podemos en España. Corbin en Gran Bretaña. América Latina surgió en un momento como el territorio que podía desafiar al neoliberalismo Todos movimientos de resistencia. Y eso para mencionar sólo las manifestaciones más institucionales, de política partidista, sin tomar en cuenta la salida a la calle de grandes masas. Argentina en la crisis de 2001, las rebeliones de Wall Street en 2008, el #MeToo en el mundo entero, el Black Lives Matters, las oposiciones masivas a las reuniones del G-10, la salida a la calle de los estudiantes chilenos en 2011 y los brasileños en 2015, ustedes aquí y Colombia más recientemente, en defensa de la escuela pública.

--La masa crítica está. Lo que falta es unificar los reclamos..

--¡Ah! Esa es la cuestión. ¿Estamos todos en favor de lo mismo? El Black Lives Matters, sin duda. El #MeToo y el feminismo sin duda. La defensa ambiental, sin duda. ¿Y de ahí en más, qué? ¿Un capitalismo social, al estilo nórdico si se quiere, un capitalismo con un mayor peso del Estado? ¿O queremos avanzar hacia el socialismo? ¿Cómo se plantea ese avance, quién lo plantea? ¿Boric? Tal vez, pero todavía ni asumió. ¡Y todavía no hemos hablado de los otros dos poderes, Rusia y China, que están empezando a mostrar los dientes!

--Lo dejamos para la próxima.


¿Por qué Enzo Traverso?

Uno de los más destacados historiadores de las ideas del siglo XX, tras graduarse en la Universidad de Génova, el italiano Enzo Traverso actualmente enseña en la Cornell University de Ithaca, en Estados Unidos. Entre sus libros se destacan La historia desgarrada. Ensayo sobre Auschwitz y los intelectuales, El totalitarsimo, La historia como campo de batalla. Interpretar las violencias del siglo XX. Trotskista en su juventud, Traverso abordó en forma más reciente la historia y el papel de los intelectuales, tanto en Melancolía de izquierda como en ¿Qué fue de los intelectuales? (ambos editados por Siglo XXI). En ambos textos, de amplia difusión, Traverso sostiene que el capitalismo no es el único sistema político posible, replanteándose la posibilidad, e incluso la necesidad, de un regreso de la izquierda.

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DocinhoLelê, Memorial da América Latina, https://www.flickr.com/photos/loloelele/45298988691/

Pese a la diversidad social, económica, cultural, política, étnica y geográfica, hay entre los países elementos históricos y estructurales comunes en la antigua y nueva América Latina y Caribe (ALC). Se describen en el presente artículo los cambios ocurridos en el actual siglo, y su comparación con Colombia, así como los impactos sinérgicos de la cuádruple crisis que actualmente la afectan: pandémica, económica, política y social.

En su más reciente informe social sobre América Latina y el Caribe (ALC) 2021, la Cepal deja en claro que la pandemia y la recesión económica acentuaron las iniquidades en la región: de los 658,2 millones de personas que la habitan 200 millones fueron arrinconadas a la pobreza, y quienes no tienen recursos ni siquiera para alimentarse (indigentes o pobreza extrema) sumaron 72 millones de personas. Los mayores incrementos de la pobreza tuvieron lugar en Argentina, Colombia y Perú. Un fenómeno potenciado por la pandemia por covid-19 y por el cual se acentuaron las iniquidades en todos sus territorios. En Colombia, a pesar de la alta recuperación de la economía en 2021, la pobreza, el desempleo y la concentración del ingreso y la riqueza superó la tendencia observada en el promedio de países de la región.

Además, debido a la pobreza y vulnerabilidad de las clases trabajadoras unido a la precariedad, burocratización e ineficiencia que caracteriza las instituciones públicas y privadas del sector salud, ALC presenta el mayor número de defunciones informadas por covid-19 en el mundo (1.562.845 hasta el 31 de diciembre de 2021). Estas representan el 28,8 por ciento del total de defunciones por covid-19 informadas en el mundo, pese a que la población de la región apenas asciende al 8,4 por ciento del registro total mundial. Al finalizar 2021, Colombia sumaba 129.942 muertes a causa de la pandemia, esto es, 8,4 por ciento de los fallecimientos ocurridos en ALC, cifra superior a su participación en el total de la población regional: 7,8 por ciento.

Una crisis, también soportada y reflejada en el incremento del desempleo y la caída de ingresos de las clases trabajadoras que según la OIT alcanzó a más de 30 millones de personas. Las mujeres y los jóvenes son los sectores sociales más afectados.

Según los análisis de la Cepal, en el 2021 la tendencia fue hacía la recuperación económica, de puestos de trabajo y de los otros indicadores negativos dejados por la crisis en curso. Es así como en el citado año el crecimiento económico del PIB fue del 6,2 por ciento en el promedio de países de ALC y de 10,6 en Colombia. No obstante, este no ha sido suficiente por sí solo para mitigar los efectos sociolaborales catastróficos de la pandemia y la recesión económica, que son profundos y desiguales, y se encuentran estrechamente vinculados con los problemas estructurales de concentración del ingreso, riqueza y poder, pobreza, exclusión, desempleo, informalidad, vulnerabilidad, violencia y corrupción sistémica.


Estructura histórica

En ALC hay un sello en su continuidad histórica: el conflicto social. El comienzo del siglo XXI fue un momento de inflexión en esa constante que ha permitido, de manera cíclica, periodos progresistas y democráticos de variados signos. No obstante, la búsqueda de la región por alcanzar el doble objetivo de instituciones políticas efectivas, democráticas, equitativas e inclusivas, por un lado, y crecimiento económico sostenido y desarrollo, por el otro, todavía se encuentra en los terrenos de la batalla y la utopía.

El extractivismo es, además, otro de los principales rasgos de las economías y culturas de la región, que también ha determinado el lugar en el mundo de nuestras economías y sociedades. En paralelo, desde la Colonia se instaló un patrón de estratificación social basado en la Hacienda y la minería, y sustentado en la extracción de recursos naturales y minero-energéticos que aún moldea las relaciones sociales. Las élites latinoamericanas, al moldear de este modo el territorio y la cultura, finalmente crearon el sello de su propia identidad: una ética rentista-excluyente y un consumo imitativo y suntuario.

En ALC, según Daron Acemoglu y James Robinson, las instituciones políticas y económicas extractivas de los invasores europeos han perdurado, condenando a la región a la pobreza, la desigualdad y la exclusión. Las instituciones económicas y políticas “extractivas” están diseñadas para sacar ingresos y riqueza de un subconjunto de la sociedad para beneficiar a las clases dominantes1.

Los dos modelos que han alternado el poder a lo largo del siglo XXI en la región, el neoliberalismo y el neodesarrollismo (también llamado progresismo), han perdido legitimidad al no lograr un desarrollo sostenible, justo, inclusivo y democrático; la crisis multidimensional que enfrenta este conjunto de países unidos por padecimientos e historias similares ha conducido a una tercera: crisis de legitimidad política e institucional producto del fracaso de ambos modelos. El neoliberalismo exacerbó la desigualdad (que no fue reparada aunque sí aliviada por el neodesarrollimo) y, por su parte, este último modelo exacerbó el estatismo y, por tanto, la corrupción, porque las expresiones de intereses se desviaron del mercado al Estado. Pero también con los gobiernos neoliberales, la desregulación y las privatizaciones que auparon fueron la fuente de múltiples procesos de corrupción y concentración fraudulenta de la riqueza.

Los aludidos modelos dominantes en los 22 años transcurridos del siglo XXI no fueron expresiones de proyectos de país consensuados democráticamente, sí políticas de Estado que articularon intereses empresariales nacionales o multinacionales en función de dos caminos de integración en la globalización, algo que fue común a los dos modelos2.


Historia y demografía

La historia de ALC desde los procesos independentistas a inicios del siglo XIX hasta la actualidad ha oscilado entre la esperanza y la desesperación, el progreso y la reacción, la paz y la guerra, la desconexión y la integración, centralismo y federalismo, la ilustración y el oscurantismo, los anhelos de democracia y el autoritarismo, la estabilidad y el desorden, la justicia y la exclusión, la dictadura y la libertad, el humanismo y la barbarie, la tradición y la lucha por la modernización. De manera sintética, cronistas de ALC indican que es más fructífero ver esta historia como una competencia y enfrentamiento entre modernizadores y reaccionarios, entre demócratas y autoritarios, entre los privilegiados y los excluidos3.


En esa disputa oscilante, durante los últimos setenta años ALC y sus pueblos han experimentado dos cambios disruptivos, esto es, que producen un cambio profundo en el desarrollo social, económico, político y cultural para propiciar una renovación radical. De una parte, desde mediados del siglo XX, la región pasó de una predominancia rural a ser principalmente urbana, gradualmente fue aumentando el nivel educativo de la población, la economía se industrializó y los servicios públicos se expandieron, en paralelo se fue consolidando la nueva clase media. De otra, en el transcurso del siglo XXI, ALC se ha incorporado plenamente en el proceso de globalización que domina tanto la economía y los flujos financieros como la cultura, la política, la información y el consumo tecnológico.

Durante el período 1950-2021, la población latinoamericana y caribeña se multiplicó por 3,9 veces y la de Colombia por 4,5. En consecuencia los habitantes de la región aumentaron en millones de 168,8 a 658,2; en Colombia el total de personas creció de 11,3 millones a 51,1. Por tanto, la participación demográfica de la población colombiana en el total regional aumentó de 6,7 por ciento a 7,8 en el lapso de 72 años (gráfico 1). Los períodos más álgidos de violencia reflejados en el aumento de la tasa de homicidios es causa de las caídas en la participación poblacional de Colombia en el total de ALC.

 

 

Avances, giros, regresiones, que recuerdan que la que habitamos es una región periférica en la jerarquía del sistema económico-financiero internacional. La dinámica de largo plazo es dependiente y está imbricada en los ciclos globales. El crecimiento promedio del PIB, durante el período 1940-2021, marca un 3,6 por ciento en el conjunto de países de ALC; el de Colombia alcanzó el 4,0 por ciento.

A nivel mundial, durante el período analizado, la economía capitalista mundial presenta tres fluctuaciones cíclicas de largo plazo: la primera se inicia en los años 1940 y va hasta de la década de los setenta; la segunda, desde los años 1980 hasta mediados de la década de los noventa y la tercera entre 1999 y 2022. El sistema productivo y financiero se encuentra en la fase descendente del ciclo. La pandemia planetaria ocasionada por el nuevo coronavirus y el freno a la actividad económica profundizaron la tendencia recesiva que ocasionó una significativa caída del PIB en 2020: la economía regional y la colombiana cayeron en 6,8 por ciento. En 2021 se registró el rebote de las economías: el PIB de ALC creció en 6,2 por ciento y el de Colombia en 10,6 (gráfico 2).

 

 

En efecto, de acuerdo con los análisis de la Cepal4, la pandemia por covid-19 trajo aparejada una contracción económica que afectó a todos los países de la región. La caída de la actividad impactó en forma negativa en los hogares, entre otros factores, al disminuir tanto el empleo como los ingresos laborales. Según el balance de las economías de ALC, 2021, la contracción alcanzó el 7,6 por ciento del PIB por habitante para el promedio regional en 2020, con una alta heterogeneidad entre los países. En seis (Paraguay, Nicaragua, Guatemala, Haití, Brasil y Costa Rica), la caída fue inferior al 5 por ciento del PIB per cápita, en tanto que, en otros seis (Bolivia, Honduras, Argentina, Cuba, Perú y Panamá), el PIB per cápita cayó entre un 10 y un 20. En los restantes siete países, la caída del PIB per cápita se situó entre el 5 y el 10 por ciento. En Colombia la caída fue de 8,7 por ciento.

En 2020, la pandemia aun en curso provocó una crisis sin precedentes en el mercado laboral, reflejado en notorias caídas de la ocupación y la participación laboral, que se tradujeron en aumentos históricos de la desocupación, lo que afectó en mayor medida a las mujeres, los jóvenes y los trabajadores del sector informal y de bajos ingresos (Cepal, 2021a). Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2021), ese año se habría perdido el equivalente a más de 30 millones de empleos debido a la desocupación, a la salida de las personas de la fuerza de trabajo o a la reducción de horas trabajadas, y ALC fue una de las regiones más afectadas. La contundente salida de las mujeres del mercado de trabajo representa un retroceso de 18 años en los niveles de su participación en la fuerza laboral. La contracción generalizada del empleo y la salida de las personas de la fuerza de trabajo impactaron con mayor intensidad en las ocupaciones informales que en las formales; en ALC el 60 por ciento de los empleos son informales.

En los últimos setenta años, la tasa de desempleo en ALC registra dos fases: durante las décadas de 1950-1960, la desocupación es relativamente baja, manteniéndose en el rango del 2 al 8 por ciento; a partir del año 1965 la exclusión laboral se dispara superando los dos dígitos, alcanzando elevados picos durante las recesiones y crisis económicas recurrentes desde la década de 1970. La conjunción entre recesión económica y crisis de la salubridad pública desnudó la fragilidad del mercado laboral y de las economías de ALC. En 2020 la tasa de desempleo alcanzó la cifra de 10,5 por ciento en el promedio regional y de 16,1 en Colombia.

Una realidad que no escapó a los ojos de la Misión de Empleo en Colombia, en funciones desde julio de 2020 con el fin de encontrar una ruta que le permita crear un plan estratégico al gobierno nacional para mejorar las condiciones laborales existentes en el país. El economista mexicano Santiago Levy, jefe de la misma afirmó el pasado 11 de enero al presentar las conclusiones del estudio que “El mercado laboral colombiano está muy mal. Tiene una protección social ineficiente, un empleo precario para las personas y ofrece pocas oportunidades para que estas mejoren sus condiciones laborales, lo cual, a su vez, castiga el crecimiento económico y la productividad, por lo cual no es de extrañar que Colombia presente las tasas de crecimiento de desempleo más altas de Latinoamérica” (gráfico 3).

 

 

En resumen, la recuperación económica y el crecimiento del empleo –particularmente el formal– observado en 2021 serán insuficientes para generar oportunidades laborales para quienes perdieron su empleo o abandonaron la fuerza de trabajo durante la pandemia.

De acuerdo con la Cepal, esta situación, sumada a los altos niveles de incertidumbre, pone de manifiesto que el impacto de la pandemia en el mercado de trabajo dista mucho de haber terminado. Por tanto, los seguros de desempleo, que solo se encuentran presentes en una minoría de los países de la región, y las políticas de capacitación, intermediación laboral y fomento del emprendimiento serán clave para sostener los ingresos de los desocupados y facilitar el retorno al mercado laboral de las personas que se encuentran fuera de la fuerza de trabajo o están desocupadas. La articulación con las políticas de cuidado y de retorno al sistema educativo también apoyará este proceso de reinserción laboral, especialmente en el caso de las mujeres. Más allá de la Cepal, y como parte de una opción para mejorar la redistribución de los ingresos de ALC producidos por su fuerza de trabajo, la implementación de una Renta Básica Universal está al orden del día.


La pandemia y la recesión económica acentuaron las iniquidades en ALC. En Colombia la concentración del ingreso y la riqueza superó la tendencia observada en el promedio de países de la región (gráfico 4). De acuerdo con la Cepal, en 2020, la desigualdad en la distribución del ingreso aumentó en la mayoría de los países de la región. La caída de los ingresos laborales del trabajo asalariado en los quintiles más pobres fue el factor que más incidió en el alza de la desigualdad.

Los ingresos por trabajo independiente se redujeron menos que los ingresos por salarios en los quintiles más pobres, suavizando las pérdidas en el ingreso laboral de estos grupos. Las transferencias de ingreso y, dentro de estas, las implementadas por los gobiernos para atender los efectos de la pandemia, tuvieron un papel muy importante a la hora de evitar un mayor aumento de la desigualdad. En paralelo, el patrimonio de los superricos en la región se incrementó entre 2019 y 2021.

Una realidad facilitada por las políticas de Estado. Como es conocido, el Estado siempre ha sido el núcleo estructurante de las sociedades latinoamericanas, cualquiera que haya sido su autonomía o dependencia con respecto a los grupos económicos, nacionales y extranjeros, y a los agentes sociales movilizados a partir de proyectos de control de los recursos públicos y de las capacidades de intervención del Estado. En este marco, la crisis está revalorizando aún más el papel de tal estructura en al menos tres grandes aspectos: i) su papel activo para limitar la contracción y relanzar la actividad económica; ii) el Estado ha sido llamado por las circunstancias extremas a fungir como garante último del ingreso de las personas; los Estados de la región han ampliado y diversificado las transferencias y los apoyos dirigidos a los sectores afectados, muchas veces rebasando la cobertura de los programas sociales previos e incorporando a sectores medios y de la economía informal con el objetivo de mitigar la caída en el bienestar de la población y el aumento de la pobreza; iii) la pandemia reinstaló en el debate la necesidad de que el Estado garantice servicios sociales públicos universales, contribuyendo sustantivamente a una mayor resiliencia de las sociedades como condición para un desarrollo sostenible y con derechos.

Sin embargo, no se sabe si es peor el remedio que la enfermedad. Durante el siglo XXI el factor perturbador del Estado y la sociedad es la corrupción sistémica del Estado en ALC. Esta caracteriza es común a todos los regímenes políticos y destruye el vínculo de confianza entre ciudadanos y Estado, el fundamento psicológico y cultural en que se basa la legitimidad de la democracia. Además, la corrupción sistémica es consustancial a la expansión de las economías criminales en contubernio con la lumpen oligarquía que controla el poder y las entidades públicas.

Según los estudios de la Cepal, el año 2020 se caracterizó, además, por un aumento generalizado de la pobreza extrema y la pobreza en la región. La primera de ellas alcanzó niveles similares o mayores a los registrados en 2008. Por su parte, la cantidad de personas en situación de pobreza superó los 200 millones por primera vez en más de diez años. El deterioro en estos indicadores se produce como consecuencia de una pronunciada caída de los ingresos laborales, que fue parcialmente compensada por las transferencias de ingresos recibidas por los hogares, sin las cuales las cifras de pobreza habrían alcanzado niveles aún más altos. Los mayores incrementos de la pobreza tuvieron lugar en Argentina, Colombia y Perú, donde alcanzaron o excedieron los 7 puntos porcentuales.

En 2018, la pobreza por ingreso y los niveles de indigencia alcanzaron su valor más bajo en ALC: 29,8 y 10,4 por ciento, respectivamente. En Colombia estas cifras de pobreza e indigencia fueron de 34,7 y 8,2 por ciento. En 2020 el nivel de pobreza por bajos ingresos alcanzó la cifra de 33 por ciento en la región y la población que no tiene recursos ni siquiera para alimentarse (indigencia) llegó a 13,1 por ciento. Colombia sobresale negativamente en cuanto: i) en 2021, los niveles de pobreza (44%) e indigencia (15,9%) están por encima del promedio de ALC; ii) el deterioro en estos dos indicadores ha sido más profundo y acelerado; iii) la recuperación económica en 2021 benefició a los ricos y la pobreza sigue incrementándose (gráfico 5).

 

 

Se sabe, por lógica y experiencia histórica que la disminución de la desigualdad y la pobreza será sólida y sostenible sólo si se asienta en la dignidad y calidad del trabajo a que puedan acceder unas y otros, y en niveles óptimos y universales de bienestar social. Además, se requiere dar solución a los retrasos históricos en materia de reformas estructurales como las reestructuraciones agrarias que permitan romper con las economías sustentadas en grandes latifundios improductivos y la mentalidad colonial. En ALC, antiguos actores de las clases trabajadoras y el surgimiento de nuevos movimientos sociales e identidades durante el siglo XXI han resignificado los derechos humanos, la democracia radical, la dignidad humana y la ética en la sociedad y en la política. La región sobrevive en medio de la dialéctica entre quienes desean participar en la construcción de soluciones, principalmente locales, y aquellos que se hunden en la desesperanza aprendida (condición de un ser humano que ha “aprendido” a comportarse pasivamente) y la hiperindividualización.

En las últimas tres décadas ALC ha forjado un amplio consenso a favor de la democracia participativa, la estabilidad macroeconómica, la innovación, la ciencia y la tecnología, el desarrollo sostenible, la apertura económica justa, solidaria y cooperativa, en un marco de garantía de derechos e inclusión social (la importancia de eliminar la pobreza y reducir la desigualdad) que le den garantía y contenido real a la dignidad humana. Los países y sociedades que se han desviado de este consenso han fracasado en diversos grados y avivado el crónico conflicto social5.

1 Acemoglu, Daron y Robinson, James. (2013). Por qué fracasan los países. Editorial Planeta Colombiana S. A. Colombia, p. 501.
2 Castells, Manuel y Calderón, Fernando. (2019). La Nueva América Latina. Fondo de Cultura Económica, México, p. 267.
3 Red, Michael. (2018). El continente olvidado. Una historia de la nueva América Latina. Editorial Planeta Colombiana S. A. Colombia, pp. 59-60.
4 CEPAL NNUU. (2022). Panorama Social de América Latina 2021. Impreso en Naciones Unidas, Santiago de Chile.
5 Red, Michael, op. cit., p. 430.
* Economista y filósofo. Integrante de los comités editorial de los periódicos desdeabajo y Le Monde diplomatique, edición Colombia.

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Viernes, 04 Marzo 2022 05:45

La dictadura de los medios

La dictadura de los medios

Las principales plataformas mundiales, como las redes sociales se han autoproclamado jueces de la verdad mundial.¿Por qué cuatro o cinco poderosos CEOs de mega empresas se autoproclaman guardianes de la verdad?

Habrá que repetirlo hasta el infinito: que consideremos que la OTAN es la primera responsable del conflicto en Ucrania no significa que apoyemos ni a Putin ni a ninguna guerra.

Tampoco apoyamos la dictadura mediática mundial y sus lágrimas de cocodrilo.

Es parte de una estrategia en la que hasta la gente más honesta cae: si estás contra el imperialismo de la OTAN estás a favor de la guerra de Putin. O no menciones nuestro imperialismo porque están muriendo inocentes en Ucrania. Pues, al imperialismo siemrpe hay que recordarlo, porque es tímido y no quiere que se lo mencionen, porque, aunque no absoluto, es el principal marco político e ideológico del mundo, y mucho más hay que mencionarlo ahora porque posa de defensor altruista de las víctimas ucranianas, siendo que es un directo protagonista en esta tragedia.

En consecuencia, el efecto fútbol funciona a la perfección. Y ésta no es solo una metáfora: la vieja mafia de la FIFA ha suspendido a la selección ruisa de futbol del mundial de Catar de este año, un mundial donde los Derechos Humanos brillan por su ausencia. La FIFA pudo realizar copas mundiales en dictaduras fascistas, como la de Argentina en 1978 o en la Italia fascista de 1934, manipulada en favor del régimen de Mussolini (Il Duce también intervino en Francia 1938). Tres casos que terminaron con la obtención del máximo trofeo, donde no solo los futbolistas fueron víctimas sino que esos eventos sirvieron de legitimación moral a la barbarie. La FIFA también supo mantener la “neutralidad deportiva” durante masacres más recientes. Las grandes cadenas deportivas de televisión nunca habían transmitido con el banner “No a la guerra” hasta ahora. Pero entre mafiosos se defienden.

En la misma línea de pseudo neutralidad ideológica, las principales plataformas mundiales, como las redes sociales (desde siempre pero cada vez de forma más evidente) se han autoproclamado jueces de la verdad mundial y etiquetan a todas las noticias de medios como Russia TV con la advertencia “esta noticia procede de un medio afiliado al gobierno de Rusia”. Incluso, gobiernos bananeros han censurado este canal de noticias, a pesar de que nunca nadie se atrevió a hacer algo similar con CNN y Fox News cuando hicieron posible la desinformación que terminó con la masacre de un millón de personas en Irak y medio continente en un caos sangriento que aún persiste.

Por no ir a la clásica censura de visibilidad y posicionamiento mediático de los buscadores de Internet que mantienen un oligopolio casi absoluto, todos manipulados desde San Francisco.

Nuestra posición en este tema no ha cambiado ahora. Cuando hace unos años Twitter canceló la cuenta de Donald Trump, aunque la considerábamos un resumidero de basura, nos opusimos a eso. La libertad de expresión (en esteroides para los dueños del dinero y limitada por la vulnerabilidad laboral de los de abajo) significa que también quienes piensan radicalmente diferente a nosotros tengan el derecho a decirlo. Son los pueblos quienes deberán madurar y educarse para aprender a digerir la información y, sobre todo, aprender a organizarse para no dejar siempre la mayoría de los medios más poderosos, los creadores de miedo y de opinión, a los dueños del capital. ¿Por qué cuatro o cinco poderosos CEOs de mega empresas, elegidos por nadie aparte de su minúsculo concilio de cardenales, se autoproclaman guardianes de la verdad?

Por supuesto que en todos los demás casos no etiquetan ni mencionan las afiliaciones de los medios occidentales con los gobiernos alineados. Grandes cadenas creadoras de opinión, como Fox News o CNN, responsables de apoyar guerras masivas y ocular sus crímenes de lesa humanidad, no son más independientes por ser privadas, sino todo lo contrario: sus imperios no dependen de los lectores sino de sus millonarios anunciantes y los poderosos intereses de su micro clase social. Sus noticias deberían ser precedidas con la advertencia: “este medio está afiliado o responde a los intereses especiales de lobbies, corporaciones y transnacionales”.

En gran medida, los canales que no ocultan su afiliación a un gobierno, a un sindicato o a una ideología son más honestos que aquellos con una proyección internacional y una influencia devastadora que posan de independientes y de campeones de objetividad informativa.

Es más, la objetividad mediática no existe y la neutralidad es mera cobardía, cuando no cinismo. Lo que existe y debería apreciarse es la honestidad, reconocer de una buena vez a qué visión del mundo apoyamos y si esa visión depende de nuestros intereses personales, de clase, o a algo más amplio llamado humanidad.

Por Jorge Majfud | 04/03/2022

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Nota sobre la supresión general de las redes sociales

Atravesadas por la lógica de mercado, organizadas en “macrogranjas de la información”, las redes destruyen las condiciones generales de atención, en favor de una mímesis estupidizadora

 

En 1940, en pleno conflicto mundial, la filósofa francesa Simone Weil escribe su conocida Nota sobre la supresión general de los partidos políticos. Los partidos, su dinámica y su cultura, están en el origen de la debacle de las democracias europeas, el ascenso del fascismo y la Segunda Guerra Mundial. ¿En qué sentido? Son responsables de destruir la “capacidad de prestar atención”.

Simone Weil dedicó toda su obra a pensar la atención como base material de la libertad humana. La atención, según Weil, es la capacidad de escuchar algo que se nos presenta y de responderle. Para ello, en primer lugar, hay que suspender los propios prejuicios, poner entre paréntesis el propio saber. De otro modo estaríamos aplicando simplemente al fenómeno en cuestión nuestras ideas previas. El primer trabajo de la atención es por tanto “negativo”: poner en duda, suspender nuestros automatismos, abrirnos a algo singular y desconocido.  

En segundo lugar, lo que se nos presenta nos requiere una cierta respuesta: nos interpela, hay que elaborar algo al respecto, pensamiento y/o acción. En lugar de forzar la realidad, de encajarla en nuestros moldes previos, nos disponemos a escucharla y crear algo nuevo a partir de su contacto. Leer, por ejemplo, es un ejercicio de atención: meditar un texto y expresar las reflexiones que se nos ocurren. No hay pensamiento sin atención. Pensar es ir más allá de lo que sabemos, internarnos en territorio desconocido e inventar ahí un surco propio. 

Pensar, según Weil, es una actividad siempre individual, singular, de cada uno. Delegar el pensamiento equivale a dimitir de lo más propio: somos pensados por otros, en lugar de pensar el mundo por nosotros mismos. Pero cada uno no es un átomo aislado, sino que puede reunirse con otros para deliberar y decidir sobre las cuestiones de la vida en sociedad. Es el contenido más alto de la política, cuando esta no es simple dominación. La posibilidad de elaborar y expresar un juicio público sobre los problemas de la vida en común. A través de una asamblea de personas singulares, de una configuración de “únicos”. 

La dinámica infernal de los partidos destruye las condiciones de atención. Por tres motivos al menos. En primer lugar, son máquinas de fabricar “pasión colectiva”. Esta, para Simone Weil, es pasión de unanimidad. Todos iguales, un “nosotros” sin diferencias, sin singularidades, sin únicos. En segundo lugar, los partidos someten a presión a todos y cada uno de sus miembros. El ideal del partido es siempre la homogeneidad y el precio a pagar por la disidencia es la exclusión. Lo vemos a diario, no sólo en los viejos partidos, sino también en aquellos que supuestamente venían a “renovar la política”. Por último, los partidos no están interesados en primer lugar en el bien o la utilidad pública, sino ante todo en su propio crecimiento, en el aumento de su propio poder, a costa de lo que sea.  

En definitiva, hemos puesto al mando de las cosas comunes a máquinas absolutamente privadas. Es una de las mayores irracionalidades de nuestra época que se cree sin embargo tan racional.  

“Tomar partido” es todo lo contrario a prestar atención. No se escucha profundamente algo que se presenta –un problema, un acontecimiento, un fenómeno nuevo–, sino que se toma posición a favor o en contra, dependiendo de si favorece o perjudica a nuestro partido. ¿Ha visto alguien dudar a un político alguna vez? No se responde creativamente a lo que llega, inventando modos de reflexión y acción, sino que se instrumentalizan las cuestiones en el propio beneficio, se “gestionan” los problemas. La discusión entre partidos es un simple intercambio de propaganda, lo que hoy se llama, eufemísticamente, “batalla cultural”. Los hechizados por la cultura de partido no meditan nunca movidos por el deseo de verdad, por las ganas de hacerse una idea propia sobre algo, sino que se “alinean” unos contra otros en un tablero de ajedrez.  

Los partidos no inventan esta dinámica de tribunal y excomuniones, explica Weil, sino que la retoman de la Iglesia. Son “pequeñas iglesias profanas” que sustituyen la complejidad del mundo por la aceptación incondicional de un pack de verdades: la ideología. En lugar de pensar cada cuestión, la ideología nos ofrece una posición para todas los temas de la vida. En el fondo, cada partido querría todo el poder, son potencialmente totalitarios y sólo se logra un cierto equilibrio entre ellos porque –al menos en la democracia representativa– hay varios.  

Los partidos son mecanismos objetivos de estupidización subjetiva. Su lógica y su cultura política ha intoxicado todos los ámbitos de la vida. En lugar de aprender a prestar atención, a dudar y pensar por nosotros mismos, nos educan a “tomar posición”: tener una opinión para todo, estar de acuerdo o en contra, polemizar como ejercicio de poder. ¿No es esta exactamente la dinámica actual de la discusión política en las redes sociales? Veamos.  

En primer lugar, las redes sociales son máquinas de fabricar pasión colectiva, o de unanimidad. Es lo que llamamos “viralidad”: la imitación, la copia, la réplica, el meme que se contagia sin el tiempo de silencio que requiere escuchar y crear. En segundo lugar, las redes ejercen presión uniformizadora sobre todos y cada uno de sus perfiles a través del chantaje del “reconocimiento”. Si no gustas, quedas relegado y borrado. Hay que complacer a quien te sigue dándole lo que quiere, placer o escándalo, da lo mismo. Cuantos más followers, más reflejo de conformismo. Por último, la finalidad de cada nodo de la red no es la verdad, sino el aumento del poder, de influencia, de visibilidad.  

La opinión sustituye al pensamiento. La posición a priori a la invención de una respuesta. El tribunal permanente a la discusión democrática. ¿Ha visto alguien alguna vez dudar a un opinador? Atravesadas por la lógica de mercado, organizadas en “macrogranjas de la información” (Twitter, Facebook), las redes sociales destruyen hoy las condiciones generales de atención, en favor de una mímesis estupidizadora. Sus algoritmos son mecanismos objetivos de embrutecimiento subjetivo.  

Simone Weil llega, a través del razonamiento más sereno, a la solución más radical: hay que suprimir los partidos políticos y erradicar su cultura. Lo más radical es lo más sensato. La supresión de los partidos supondría su disolución en un “medio fluido” donde sea posible pensar cada uno y pensar cada vez. Es decir, ante cada cuestión, las personas singulares deberían poder asociarse y disociarse en el juego natural y cambiante de las distintas afinidades y perspectivas, sin llegar a cristalizar en corrientes, tendencias o capillas que piensen por nosotros, por anticipado.  

Pero la supresión de los partidos implica sobre todo un cambio radical de cultura política e intelectual. Una reforma radical de las costumbres y el entendimiento, desde ya. Dejar de imitar al adversario desde una ideología supuestamente mejor –propaganda de izquierdas contra propaganda de derechas, viralidad buena contra viralidad mala, ganar la batalla cultural–, sino pensar y actuar de otra manera, aquí y ahora. Sacar el debate político del juego de espejos, confiar en la igualdad de las inteligencias, sentir horror ante toda manipulación, reapropiarnos de la capacidad de prestar atención y empezar a construir sus condiciones materiales. Los mecanismos y las condiciones objetivas que favorezcan la inteligencia subjetiva, de todos y cada uno.   

Por Amador Fernández-Savater 19/02/2022

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Amador Fernández-Savater imparte un taller online sobre la potencia de la lectura como herramienta de emancipación.

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El giro a la izquierda también debe ser educativo

En una reunión de organizaciones promercado vinculadas a Red Atlas, efectuada en diciembre pasado, Mario Vargas Llosa declaró: “en estos días, podemos estar perdiendo América Latina. La realidad es que la extrema izquierda avanza de una manera sistemática y que todo el continente […] está de alguna manera amenazado”. Días después, con la derrota de la derecha en los comicios chilenos, su temor parecía convertirse en realidad. Y es que tal escenario, aunado al “ boom progresista” en México, Bolivia, Argentina, Perú y Honduras, parecía indicar un giro a la izquierda en la región. Esto ha alimentado una interpretación "electoralista" en sectores progresistas de México y otros países, quienes entienden el cambio social más como producto de la ocupación de cargos directivos en el gobierno y la activación de maquinarias electorales, que como efecto de un nuevo sentido común fundado en valores democráticos e igualitarios, el cual podría encontrar en el sistema educativo un enclave de crecimiento.

De la historia podemos aprender que el éxito de un proyecto de transformación –o conservación– social, está íntimamente ligado a la consolidación de un proyecto educativo específico, formal o no, y que la educación en tanto hecho social no es un espacio libre de conflictos donde todas las perspectivas pueden coexistir de manera plena (una lectura que, por cierto, beneficia a menudo a sectores dominantes). Dada la condición conflictiva del sector, un proyecto educativo progresista debe contemplar un nivel programático y otro estratégico para su realización. El programa puede fundarse en los valores mencionados, pero consolidarse en la conformación de propuestas viables de política pública. En el nivel estratégico, resulta importante saber con quiénes se disputa y cómo se puede avanzar.

Estrategia es un elemento ausente en el programa educativo de algunos sectores de progresismo latinoamericano. Y esto es así porque, a diferencia de Vargas Llosa y compañía, no se han dado a la tarea de identificar grupos y tendencias a las que hay que combatir en el plano de las ideas. Por eso no ha resultado extraño oír a lopezobradoristas, kirchneristas, correístas o partidarios de Lula, apropiarse irreflexivamente de narrativas educativas originadas en el lado de quienes supuestamente combaten. Debido a cierta falta de estrategia –porque falta de interés sería mucho peor– el progresismo regional ha terminado por perpetuar el proyecto educativo de las derechas, al legitimar y profundizar lineamientos clave sobre educación.

Resulta claro que cualquier iniciativa de cambio requiere abrir al menos dos frentes de discusión, que se refieren a dos tendencias ideológico-políticas que, aunque con su especificidad, llegan a tener puntos de encuentro relevantes: la ultraderecha y la tendencia gerencial. Ambas han logrado "materializarse" en actores específicos que se organizan en alianzas internacionales y que han logrado intervenir positivamente en los debates o la toma de decisiones relativas a la educación pública de una forma abierta.

Rastrear a la ultraderecha no resulta complicado. Su programa educativo conlleva una narrativa abierta de privatización exógena, control docente y anulación de contenidos curriculares "izquierdistas". Su expresión orgánica también es evidente. Basta con echar un ojo a la tan acudida Carta de Madrid, impulsada por el partido español Vox y recién firmada por un conjunto de legisladores panistas. Entre quienes la han suscrito encontramos nombres como Carlos Leal, quien en calidad de diputado local en Nuevo León impulsó el PIN parental, una propuesta que con cierto éxito, buscaba profundizar el control sobre el cuerpo docente, atentaba contra la diversidad y cuestionaba la condición laica de la educación pública, o Javier Milei, diputado argentino vinculado a Red Atlas, para quien la educación pública es un "centro de adoctrinamiento marxista" que hay que combatir mediante la implementación de vouchers educativos, propuesta en su momento impulsada vehementemente por Milton Friedman.

La tendencia gerencial se expresa sobre todo en organizaciones civiles y redes de dichas organizaciones que, vinculándose con actores políticos relevantes, han logrado tomar parte en procesos de gobernanza educativa. Al echar mano de una "dictadura de los expertos" han logrado imponer una aproximación de mercado a nociones como calidad, competencia, rendición de cuentas o autonomía escolar, presentadas como "neutrales y científicas". Históricamente su desarrollo resulta complejo, aunque vinculado con el despliegue de actividades de think tanks estadunidenses financiados por agencias estatales y corporaciones multinacionales, y creados por académicos cercanos a la Fundación Ford. Estos actores buscaban reformar la educación para "renovar" la fuerza de trabajo regional ante la aceleración de la mundialización del capital. El elemento que unifica su programa es la Teoría del capital humano, donde han hallado una explicación al "por qué" de la educación (apuntalar la acumulación de capital y el crecimiento) y al "cómo" (reformas convenientes que, cambiando el funcionamiento de las escuelas, vayan en esa dirección).

Más allá de vaivenes electorales, plantear un "giro a la izquierda" requiere una ruptura clara y responsable con la "herencia neoliberal" en el ámbito de la cultura, en especial en el sistema educativo. Y ello no será por decreto, sino por la ejecución estratégica de un programa congruente… parece que, en el caso mexicano, esa oportunidad se ha perdido.

Por Mauro Jarquín Ramírez, politólogo. Autor de La pedagogía del capital. Empresarios, nueva derecha y reforma educativa en México

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Sábado, 12 Febrero 2022 06:07

Neomacartismo a la vista

El senador norteamericano Joseph McCarthy.

 

Hace años, en 2015, el Senado de Florida aprobó el porte de armas en las universidades públicas del Estado. A pesar de que casi la mitad de los estudiantes se encuentra bajo medicación y no pocos sufren de desequilibrios psicológicos, acentuados por la cultura y la natural crisis de la edad, los sabios ancianos del senado consideraron que, si cada uno anda armado, todos se van a sentir más seguros. Por aquello de “la tierra de los libres y el hogar de los bravos”, que no se animan a viajar al exterior porque no pueden dormir sin un arma bajo la almohada. Tal vez, por eso mismo, en cada generación, cientos de miles son enviados con equipamiento y alta tecnología militar a “esos países de mierda”.

En 2021, el mismo Senado aprobó el proyecto de ley que requiere que estudiantes y profesores informen sobre alguna tendencia ideológica de sus profesores. Contradiciendo una ley anterior que prohíbe a alguien grabar a otra persona sin su consentimiento, la nueva ley permite (alienta) la grabación de las clases de los profesores para que puedan ser denunciados (no en público sino ante las autoridades) por alguna “tendencia ideológica” (bias). Claro, ideología de los otros, no la de nosotros en el poder. Ya no es suficiente con que los directorios que gobiernan las universidades no sean electos por estudiantes y profesores; no es suficiente que (como lo denunciara “el presidente comunista” Eisenhower) las grandes corporaciones dirijan gran parte de las investigaciones con “donaciones generosas” que los rectores mendigan cada día para construir bonitos edificios y pagar “aumentos salariales” que ni siquiera cubren la inflación.

¿Más? Este año, 2022, políticos republicanos de Miami (entre ellos, un exalcalde cubano y una representante cubana de Nueva York) han propuesto crear una policía ideológica, al mejor estilo de la KGB, para detectar y perseguir a aquellos sospechosos de ser “comunistas”: “un nuevo cargo en el Departamento de Estado [para] combatir el comunismo y el autoritarismo... [Un] enviado Especial para Combatir el Ascenso Mundial del Socialismo Autoritario y el Comunismo se inspiraría en un cargo similar a nivel de embajador del Departamento de Estado que se creó en 2004 para combatir el antisemitismo mundial”.

Les faltó agregar que el proyecto se inspira en el macartismo y en las persecuciones ideológicas del FBI desde los años 50: perseguir a personajes como Chaplin, Malcolm X, Martin Luther King, Frank Teruggi, Noam Chomsky, John Lennon y tantos otros.

El exalcalde de Miami aclaró a la prensa: “Es hora de que Estados Unidos reafirme su compromiso de combatir el comunismo y el autoritarismo en todo el mundo. Como líder del mundo libre debemos seguir defendiendo los valores universales de la libertad, la democracia y la paz”. De verdad, no es joda.

¿Más? Recientemente, se ha elevado el proyecto de ley por el cual quedaría prohibido que en las escuelas que se hable de gente con orientación sexual rara, como gays y lesbianas. El proyecto de ley es conocido como “No digas gay” y prohibiría cualquier mención a la existencia de “ellos”, por lo cual Walt Whitman, Oscar Wilde y Tennessee Williams pasarían a ser sospechosos en cualquier curso de literatura. Alan Turing quedará prohibido en cualquier curso de informática. Libritos donde se mata en masa, sí. Princesas que despiertan por el beso del príncipe salvador, sí. Golpearse el pecho porque somos una cultura que defiende la diversidad y la libertad, sí. Reconocer que existe gente diferente y puede tener los mismos derechos que nosotros “los normales”, no. La única diferencia entre esta gente y los Talibán en Afganistán es que de este lado todavía hay resistencia: nosotros y los peligrosos comunistas lesbianos.

Ahora ¿qué hay de nuevo? El 19 de abril de 1950, el NewYork Times informaba sobre el dogma del senador Joseph McCarthy: “en los últimos años, la perversión sexual ha infiltrado nuestro gobierno y es tan peligrosa como el comunismo”. McCarthy había convencido al célebre director del FBI, Edgar Hoover, de perseguir a todos los homosexuales y lesbianas, considerados “una amenaza para la seguridad nacional”. El 29 de abril de 1953, el presidente Eisenhower firmó un decreto prohibiendo a todos los homosexuales la posibilidad de trabajar para el gobierno.

Hoover contrató a un hombre de confianza de McCarthy, Roy Cohn, para despedir a todos los homosexuales del gobierno y de cualquier otro tipo de trabajo o, directamente, enviarlos a la cárcel por sus delitos contra la moral. Cohn era homosexual, conocido de Hoover, asistente de McCarthy y más tarde abogado del empresario inmobiliario Donald Trump, cuando éste fue acusado de racismo en 1971 y luego en 1978 por impedir que los negros alquilen en sus edificios. Roger Stone, estratega de la campaña presidencial de Trump en 2015, conoció a Cohen trabajando para la campaña de Ronald Reagan. Según Stone, “Cohn no era homosexual. Sólo le gustaba rodearse de gente rubia y tener relaciones sexuales con hombres. Los gays son débiles, afeminados. Él estaba más interesado en el poder”. Hoover, el director del FBI por décadas, también era homosexual. Su pareja, Clyde Tolson, lo acompañó, en secreto, hasta su muerte. Pero bajo ese poder, miles perdieron sus trabajos por no ser suficientemente heterosexuales, ya que, según ellos, los gays y las lesbianas, como los negros, profesaban la ideología comunista de la igualdad.

Aun hoy, las pruebas de ciudadanía en Estados Unidos continúan incluyendo la pregunta “¿Ha pertenecido usted alguna vez al partido comunista?” Ni una palabra sobre el partido Nazi, el Ku Klux Klan o fascistas similares. Igual el nuevo proyecto de ley de Miami.

Ahora, ¿cómo evitar mirar a la realidad? Recientemente, varios profesores perdieron su trabajo al citar documentos históricos que incluían la palabra “negro”, pese a que lo hacían para denunciar la violencia racial a lo largo de la historia. Incluso, investigadores serios han evitado (just in case) transcribir esa palabra completa en sus libros y optaron por “N***”. No importa si hasta hace poco Martin Luther King, James Baldwin y Malcolm X la usaban en cada discurso.

¿Más? En Tennessee se acaba de prohibir el libro de historietas Maus, de Spiegelman, debido a que incluye algunas malas palabras y el dibujo de una mujer desnuda. El libro es un clásico en su género sobre las memorias del padre del autor, un sobreviviente de Auschwitz. El mismo puritanismo que en 1921 censuró la versión original en inglés del Ulises de Joyce.

¿Más? En varios Estados se ha legislado para prohibir la revisión de la historia oficial, prohibiendo el estudio de lo que se conoce como “Teoría crítica de la raza”. Esto incluye La frontera salvaje. Los conservadores adoran llamar “teoría” a toda teoría que les cae mal, como la Teoría de la Evolución. La Teoría de la creación en sietedías no sería una teoría, sino un hecho.

La estrategia es clara: si no se habla de eso, it, eso no existe. Como consecuencia, eso se perpetúa, como en tiempos de la esclavitud, por la misma voluntad de las víctimas. Está claro que el poder siempre va a odiar a “los intelectuales”. Sus discursos, como los de la oligarquía latinoamericana, fueron escritos por la CIA en los 50. Entre estas ideas simples, una fue resumida por el presidente Nixon: “Nunca estaré de acuerdo con la política de restarle poder a los militares en América Latina. Ellos son centros de poder sujetos a nuestra influencia. Los otros, los intelectuales, no”.

Como siempre, toda esta basura llegará a América latina de una forma u otra. Al fin y al cabo, no dejan de ser colonias orgullosas de su libertad.

12 de febrero de 2022

Por Jorge Majfud, escritor uruguayo-estadounidense. Su último libro es La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina.

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Qué significa el video que muestra a una estudiante golpeando 35 veces en la nuca a otra ante la pasividad general

La sociedad de los cobardes espectadores

El pasado 2 de febrero, en medio de una clase, una estudiante de un secundario de Clark County School en Nevada se aproximó por detrás de otra estudiante y comenzó a golpearla en la cabeza. No fueron dos ni tres golpes sino 35. La víctima apenas atinó a protegerse con la cara en su escritorio y las manos en su nuca. La agresora sólo se retiró cuando se sintió exhausta. En el video realizado por uno de sus compañeros, se puede ver que los otros estudiantes permanecen sentados y en actitud de absoluta obediencia social.

¿Por qué nadie interviene para proteger a una víctima, como la del video? ¿Acaso no hemos visto, de formas más indirectas, la misma escena en diferentes contextos, en diferentes países, con diferentes agresores, violadores, y diferentes víctimas? Es más, no con poca frecuencia el agresor recoge más solidaridad que la misma víctima.

La respuesta es simple: vivimos en sociedades de cobardes espectadores y de adulones oportunistas.

Con frecuencia recibo amenazas por decir lo que pienso y por publicar lo que encuentro en mis investigaciones sobre los poderes que gobiernan este país y el resto del mundo, casi siempre en las sombras. Entiendo que todas son amenazas de los vasallos del poder, de lo que Malcolm X llamaba “los negros de la casa”, los enemigos de “los negros del campo”, sus hermanos más pobres y en la misma condición de esclavitud. También recibo no menos consejos de quienes me quieren bien, amigos, colegas y familiares, tratando de disuadirme para que no me arriesgue tanto. “Tienes una familia; debes cuidarte”.

Pero ¿cómo sostener el vómito ante tanta cobardía de la sociedad del consumo, la sociedad de los cobardes espectadores, de los alcahuetes y escuderos que caminan detrás de sus amos esperando que caigan esas migajas que los conviertan en los nuevos opresores de sus propios hermanos?

El video que muestra una estudiante golpeando sin cesar a una compañera de clase hasta dejarla noqueada, ante la pasividad de sus compañeros, sobre todo de aquellos que, como los varones, tienen algún recurso físico para detener esa aberración, es solo una muestra y configura una metáfora de la sociedad actual.

La pandemia cultural es global y los epicentros (como casi todo lo referido a fenómenos culturales) son siempre los centros del poder global, los llamados “países desarrollados”.

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El envejecimiento de Facebook: el declive de la que fue la gran red social

Facebook, la que fuera la gran red social que cambió la dinámica de internet, perdió usuarios activos por primera vez desde 2004 al pasar de 1.930 millones de usuarios activos a 1.929 millones, lo que ha sido tomado como el inicio del declive de la empresa fundada por Mark Zuckerberg.

En 18 años esta plataforma pasó de ser un proyecto escolar con un puñado de estudiantes de Harvard a una empresa con más de 68.000 empleados, más de 2.810 millones de usuarios promedio mensuales en todas sus plataformas disponibles en 112 idiomas, en las que la gente lo mismo puede compartir sus fotos de vacaciones familia y amigos, opiniones políticas y culturales y hasta vender sus productos u ofrecer sus servicios.

A pesar de su trascendencia y de que aún se mantiene como una de las 10 empresas más importantes en el ramo tecnológico con un valor de 599.000 millones de dólares, según la CNBC, la pérdida de usuarios activos y la arriesgada apuesta por el Metaverso han puesto en duda la continuación del cara libro.

La desconfianza se reflejó en los mercados donde las acciones de Meta —el conglomerado que reúne a Facebook, Instagram y WhatsApp— se desplomaron casi 26% y representaron una pérdida del valor bursátil de la compañía por 230.000 millones de dólares.

Aunado a ello, y tal como lo reconoció Zuckerberg al presentar los resultados financieros de Meta del último trimestre del 2021, Facebook enfrenta a redes sociales como TikTok, la cual se ha posicionado como una de las favoritas de la generación Z (personas que nacieron entre 1996 y 2005) y como la aplicación más descargada de 2021.

Sin embargo, contrario a lo que podría pensarse, Facebook está lejos de estar en crisis, sus ingresos anuales totales crecieron un 37% en el 2021 hasta alcanzar los 117.929 millones de dólares, de los cuales, el 97% fueron por ingresos publicitarios.

Para el catedrático de la UNAM Rubén Vázquez, la pérdida de usuarios activos es un "rasponcito" para Meta, pues se esperaba que la compañía tuviera ciertas pérdidas por la fuerte inversión que realizó a finales de 2021 para el Laboratorio de Realidad Virtual, encargado de la creación del Metaverso, y a la cual se destinaron más de 10.000 millones de dólares.

"Facebook vive de pequeños negocios, de pymes, es decir, de la farmacia de la esquina, del restaurante del barrio, de la neni que andan ofreciendo sus mercancías, y que no necesariamente representan a esos grandes capitales (...). La empresa no está en crisis", agregó.

El especialista considera que la pérdida de usuarios es una consecuencia directa del envejecimiento de la red social y sus primeros usuarios (los llamados millennials tardíos), pero también se deriva de los escándalos por manejo de datos que ha enfrentado en los últimos años.

Para el filósofo de la UNAM Ernesto Priani, especialista en humanidades digitales, ello se suma el desengaño que vivieron sus usuarios al darse cuenta no sólo de los límites de la plataforma, sino de la forma en la que maneja lo datos personales.

"Al principio pensábamos que las [redes sociales] nos deshumanizaban y después nos dimos cuenta que no, que no deshumanizan, pero los peligros eran otros. El peligro era que nos espiaban, que íbamos dejando un rastro social que podía tener consecuencias para nuestra vida laboral porque las opiniones pueden afectar tu vida social", señala.

Envejecer con una red social

Lo que empezó como otra forma de entretenimiento en internet terminó por inmiscuirse en la cotidianidad de la sociedad lo que ha influido en la forma en la que nos comunicamos, en la que creemos que hacemos política, pero sobre todo, en la forma en la que entendemos nuestras emociones y recuerdos.

"Una de las maravillas por las cuales Facebook crece como crece es que se infiltra en nuestras vidas de la forma más cotidiana posible porque lo que facilita es comunicar nuestro día a día, nuestras emociones, los acontecimientos más nimios hasta los más importantes del ciclo vital", considera Ernesto Priani.

Para Darío Vázquez, el desencanto de las nuevas generaciones por Facebook se debe a una cuestión de privacidad: no quieren estar en la misma red social que sus familiares. Al mismo tiempo, son jóvenes que ya no buscan "esta exposición sociodigital como parte de su crecimiento y de la definición de sus pertenencias sociales"

De acuerdo con Statista, el 47,4% de los usuarios de TikTok en EEUU tienen entre 10 y 29 años, mientras que en Facebook este grupo sólo representa menos del 20% de sus usuarios.

Mientras que la tendencia en TikTok es realizar contenido divertido o educativo de una forma más fresca y juvenil, Facebook se relega al contenido familiar y más formal.

"El problema que nos hemos ido dando cuenta con el tiempo es que, por ejemplo, tú pudiste haber creado un perfil de Facebook a los 12 años y ahora tienes 22, lo que no quieres es que la gente vea cómo eras a los 12. A los 12 eras un niño, a los 22 ya eres un adulto", menciona Priani.

La primera gran prueba de Facebook ocurrió en 2018 cuando se reveló que la plataforma había vendido datos personales de más de 50 millones de usuarios a Cambridge Analytica, una consultora política que usó la información en favor de Donald Trump cuando se postuló para presidente de EEUU, en 2016.

El escándalo llevó a Zuckerberg al Congreso de Estados Unidos e impulsó una demanda mundial para regular los servicios de la plataforma y las redes sociales, la cual volvió a ser discutida cuando la exempleada de Facebook Frances Haugen reveló cómo la empresa lucra con la salud mental de los más jóvenes y prioriza sus ganancias ante la seguridad, en 2021.

"Lo que no sabíamos es que ese tipo de memoria que alimentamos con nuestra información sirve para crear perfiles, lo descubrimos de buena y mala manera; sirven para manipular a nivel político o a nivel más comercial con anuncios dirigidos a ciertos perfiles. No sólo dejamos registro de la memoria, sino que también dejamos un perfil", expone Priani.

Los escándalos de Facebook también mostraron que, a pesar del optimismo que generó la participación política en redes sociales, la actividad digital en sí misma no representa una acción política concreta, lo que deriva en otro desengaño para los usuarios.

"Al principio éramos muy ingenuos y pensábamos —además potenciados por las propias redes sociales, como empresa— que esta idea de que la Primavera Árabe fue disparada por las redes sociales. Hoy sabemos que no es cierto, que sí cambió el modo de acción política, pero que la actividad en redes sociales no necesariamente tiene repercusiones políticas significativas si no están amarradas a una acción política en el mundo real", opina Ernesto Priani.

La apuesta de Mark Zuckerberg

Para Rubén Vázquez, Zuckerberg apuesta todo al Metaverso, y a pesar de la enorme inversión con la que se desarrolla el proyecto (5 veces más que lo destinado a Oculus VR y 10 más de lo que costó adquirir Instagram), falta mucha claridad en el proyecto.

"De ser cierto todo lo que hemos escuchado y leído sobre el Metaverso, va a revolucionar de una manera enorme la forma en la que navegamos en internet, y sobre todo en el contexto de la pandemia que nos obligó a una digitalización forzada", comenta.

El Metaverso, que proyecta contar con 1.000 millones de usuarios en 2024, a través de la tecnología de inmersión crear un "mundo paralelo" en el que se pueda jugar y trabajar sólo con las gafas de realidad virtual, casi como una realidad alternativa

En contraste con Darío Vázquez, Priani considera que el Metaverso será un "proyecto fallido" que no logrará su objetivo y lo compara con la tecnología 3D que se implementó en el cine, por lo que descartó que la humanidad esté dando el primer paso hacia una vida 100% virtual, aun con la experiencia de digitalización que se vivió con la pandemia de COVID-19.

"El Metaverso podrá tener sentido para jóvenes con un perfil de videojugadores, que les gusta estar conectado utilizando cierto tipo de software (…). Creo que está demasiado focalizado y que va a ser difícil que se involucre a mucha gente en algo que implica ponerse cosas", afirmó el académico.

Ambos especialistas consultados por Sputnik coinciden en que las redes sociales se irán concentrando en nichos especializados con usuarios que comparten intereses, como lo es ya Twitter o incluso plataformas de live streaming como Twitch, de moda entre la comunidad gamer.

"El hecho de que exista el Metaverso va a detonar la creación de una economía digitalizada —no digital, completamente digitalizada—, es decir, que tú vas a comprar objetos digitales, esto necesariamente tendría que aplicar una regulación que vaya más allá de cualquier Estado-Nación y que sea un conglomerado de naciones tipo la ONU que se encargue de aplicarla", considera Rubén Vázquez.

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Jueves, 10 Febrero 2022 05:46

Hacia un mapa de las subjetividades

Hacia un mapa de las subjetividades

Geo-semiótica con los pies en la tierra

Tenemos los continentes tapizados con iglesias; todo tipo de misticismos y supercherías nos inundan el paisaje y avanza el creacionismo en no pocos territorios académicos y científicos. Mancias, cartomancias, adivinaciones y esoterismos; brujos, hechiceros y curanderos. Proliferan las idolatrías, las consejas y las adivinaciones astrológicas; lecturas del café, de la palma de la mano y de los sueños. Por si fuese poco la burguesía pontifica supremacismos a destajo, explica la miseria y el hambre con argumentos “genéticos”; afirma la existencia de la suerte y de los “méritos” como su ontología de clase mientras reitera sus valores y gustos basados en la belleza mágica de la propiedad privada. Emboscadas fetichistas que cosifican a las personas, como mercancías, para transustanciar a las mercancías cierta personalidad y magia seductora. La realidad acosada.

Espiritismos, individualismos, chauvinismos, futbolísmo, beisbolismo… patrioterismos. Oráculos, oraciones, pensamiento y pesimismo metafísico. Todo ello combinado con series de Disney, Netflix y mafias mediáticas de cabotaje… películas, literatura, radio, prensa… y hombres araña, súper héroes y heroínas, golpes de suerte, revelaciones místicas, películas de terror, marcianos invasores y misiones siderales o cronológicas. Monoteísmos o politeísmos de ida y vuelta el un imaginario colectivo infestado de irrealidad. Todo, o casi todo, disfrazado de entretenimiento. Fanatismos multifuncionales.

Necesitamos un “mapa de las subjetividades” capaz de rastrear desde sus bases económicas hasta sus ramificaciones más sutiles, todo el arsenal ideológico burgués que se despliega continentalmente. Quién paga a las iglesias y qué hacen con los diezmos de los fieles; de dónde sacan sus finanzas las fundaciones, organizaciones, centros o movimientos para el escapismo de las realidades. Quiénes son y dónde operan, de sur a norte de norte a sur. Qué volúmenes financieros se desplazan anualmente y cuáles son los resultados.

Predominan las escuelas básicas, de grado y posgrado, saturadas de conservadurismo y mercantilismo. Las mentalidades científicas están intoxicadas de adoración al imperio a sus sueldos y a sus becas. No pocos se forman en escuelas públicas para arrojarse a los brazos de las iniciativas privadas y de los empresarios y las marcas que tienen éxito monopolio y glamour colonial. Suelen ser personeros respetuosos de las tradiciones de la patria, la familia, la religión y del estado burgués. Repiten irracionalmente el arsenal completo de los estereotipos ideológicos y económicos del capitalismo. Creen que los pobres lo son por flojos.

Necesitamos graficar, explicar, analizar y transformar el paisaje de la dominación imperial sobre las subjetividades de nuestros pueblos. Es extremadamente peligroso ignorar las artimañas y las emboscadas del enemigo, transitadas semióticamente para derrotarnos sin disparar una sola bala. El sueño uterino del pacifismo burgués.

Destaca la sistemática, y diversificada, tozudez de convencernos con las magnificencias de la economía de mercado, la libre empresa y el individualismo exitoso. El consumismo y la acumulación como militancias del ser. Nada está al margen de ser usado para convencernos y vencernos, enseñarnos a ser felices con eso, demostrarnos que ellos siempre han tenido la razón, que debemos aplaudirles y reconocer su mundo (qué nos excluye) como nuestra mejor herencia y que eso debemos trasladarlo a nuestros hijos como el más preciado legado para la posteridad.

No queremos un “mapa” desarrollado con la lógica del turismo mercantilizado que muestra las zonas de interés morboso para el placer de los amos. Nuestro mapa debería ser una expedición dialéctica al epicentro de todas las contradicciones del capitalismo colonial y a las entrañas de las luchas con nombres y apellidos. Se trata de un mapa distinto que, mientras expone la realidad descarnada de la dominación ideológica y la subordinación de subjetividades, explica quiénes y cómo están dando las batallas. Eso es especialmente necesario para combatir todo mesianismo y todo oportunismo que se atreve a decirle a otros cómo deben luchar, qué deben pensar y luego exhibirse como gurús autoproclamados.

Nuestro mapa ha de ser un instrumento para la transformación o será más de lo mismo: nada. No será un mapa plañidero, erudito en el show de la dominación transnacional burguesa. No serán una “guía Michelin” del dolor y la perversidad imperial. Debe ser instrumento educador y base material para precisar el escenario concreto de la batalla semiótica, de la disputa por el sentido. Y deberá contener fases de consenso producto del escrutinio sistemático hombro a hombro con los protagonistas de la geo-semiótica actual. No una enciclopedia de la subjetividad enajenada, no un “guines record” de la esclavitud simbólica, no un víacrusis para la mea culpa pequeño burguesa. Necesitamos un instrumento de combate contra la enajenación y el colonialismo mental que nos ahoga.

Eso necesita más que buenas voluntades o intuiciones ingeniosas. Eso necesita ser y hacerse política de Estado; necesita ciencia y conciencia, derechos, leyes y reglamentos. Acción semiótica directa y debate productivo abierto permanentemente. Necesitamos un mapa con la verdad de nuestros pensamientos y sentimientos. De los saberes y las ignorancias más duras y costosas para nuestros pueblos. Un sinceramiento del atraso intelectual y del abuso oligarca que comercia con eso. No es suficiente denunciar las intenciones hegemónicas para amaestrar conciencias, hay que verificar hasta donde se han infiltrado en los espacios rurales, los urbanos y sus combinaciones. Detectar hasta dónde llega la mano que mece la cuna de la enajenación.

Casi todos los frentes de lucha que tienen que batallar contra la dictadura económica del capitalismo, enfrentan también la rémora infernal del aparato ideológico burgués que intoxica, de mil maneras, las cabezas y las energías de los pueblos. Todo ese aparato ideológico hegemónico tiene como premisas eliminar la capacidad organizativa de los pueblos y su dirección política para transformar al mundo. Todo apunta contra la consciencia de la clase trabajadora y todo un arsenal de guerra simbólica esté dispuesto para mantenernos entretenidos mientras nos saquean las riquezas naturales, la riqueza del trabajo y la fuerza de nuestra conciencia crítica. Eso se verifica palmo a palmo, hora tras hora. Ellos dominan los medios y los modos; dominan la velocidad y la ubicuidad. Nosotros no contemplaremos quietos la barbarie simbólica.

Por Fernando Buen Abad Domínguez | 10/02/2022

Dr. Fernando Buen Abad Domínguez. Director del Instituto de Cultura y Comunicación y Centro Sean MacBride. Universidad Nacional de Lanús. Miembro de la Red en Defensa de la Humanidad Miembro de la Internacional Progresista. Rector Internacional de la UICOM. Miembro de REDS (Red de Estudios para el Desarrollo Social)

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