Sábado, 10 Octubre 2020 05:43

Donald Trump, espejo del mundo

Donald Trump, espejo del mundo

Desde París.Donald Trump (foto) no es el mensajero retrogrado del pasado, ni un representante de la nostalgia de una potencia achicada, ni siquiera el sepulturero del presente, el héroe de los desesperados o el mercenario con la misión de preparar el futuro: Trump es el interruptor que nos hace ver el mundo tal y como es. Despiadado, grosero, colonizado aquí y allí por fascismos y xenofobias, un mundo en la plenitud de su desfiguración y de su ocaso ecológico, amordazado por los intereses y en manos de una tecno minoría tan hambrienta como insaciable. El trumpismo ha venido a certificar una verdad intensa: el mundo no nos pertenece más. ”Ya no es mágico el mundo”, escribió Borges en su poema "1964". Pero no ya porque nos han dejado, sino porque nos han ocupado. A cada segundo nos habita un ente que convierte nuestras vidas intimas en una inversión que luego es explotada por algoritmos. Saben lo que hacemos, lo que pensamos, lo que sentimos, lo que consumimos o lo que leemos para luego modelizar una propuesta, un deseo, una conducta o un flujo de opiniones. Las plataformas de las redes sociales son el lugar donde el sistema se reinventa, donde intercepta todo conato de resistencia política, lo manipula y reorienta el rumbo de la sociedad. Vivimos colonizados. No poseemos ni la libertad de escondernos o de pasear por un parque en total desconexión de la globalidad. El territorio digital nos colonizó. En vez de civilizarse, con los algoritmos y la tecnología el capitalismo resucitó el feudalismo y se volvió un predador más voraz. Accedió a lo que antes le estaba vedado: el eco que emite nuestra sombra y la huella inmaterial que deja.

Tampoco es nuestra la naturaleza. Extinción de las especies, calentamiento global, agotamiento de los recursos, urbanización, contaminación de los mares, expropiación de las tierras y los recursos de los pueblos originarios. Se han apoderado de todo hasta no dejar más que unas migajas secas sobre la mesa. Los incendios en el Amazonas no son más que el segmento visible de un desastre consumado hace mucho. Esas columnas de fuego y humo son la lengua de un comensal que devora sin vergüenza ni piedad el banquete que Occidente ya se engulló hace rato y a escondidas. Sus multinacionales han depredado los rincones del planeta, arrebatado las materias primas, invadido territorios y expulsado a sus habitantes. Donald Trump y Jair Bolsonaro le han facilitado al colonialismo devastador un escenario ideal para que una parte de Occidente recicle sus buenas intenciones con un espectáculo político que le sirve de decorado. Ahí están los títeres malos, aquí, en París o Bruselas, los buenos doctores del hospital-mundo. Montaje hipócrita que no resiste ni una brisa de verdad. ¿ La Unión Europea ?. Tanto o más tóxica que Trump o Bolsonaro. En 2018, la Unión Europea exportó 81.165 toneladas de pesticidas en cuya composición se encuentran productos que están prohibidos en Europa desde hace una década. Francia, cuyo presidente, Emmanuel Macron, se vistió de patrono contra el pirómano de Bolsonaro, es el país que exporta la mayor cantidad de substancias prohibidas (18 en total). En esas 81.165 toneladas hay un total de 41 pesticidas vedados en los suelos de la Unión Europea (informe de la ONG suiza Public Eye y Greenpeace). Una vueltita por Chiapas o Chubut nos muestra sin maquillaje el compromiso ecológico de Occidente. Asediados por las multinacionales extractivas, los habitantes de la localidad chiapaneca de Chicomuselo denuncian que “Los proyectos extractivos siguen en la mira de las empresas multinacionales, como la minería, el fracking e hidrocarburos, aun cuando padecemos una crisis climática a nivel mundial”. En diciembre de 2019, en Chubut, 40 organizaciones se levantaron contra los proyectos mineros de las empresas canadienses Pan American Silver (proyecto Navidad) y Yamana Gold (proyecto Suyai). Canadá es miembro del grupo de los 7 países más desarrollados (G7, 45 por ciento de la riqueza mundial) que, en agosto de 2019, en la localidad francesa de Biarritz, se reunió con los incendios del Amazonas como postre para promover su filosofía ecologista. Podríamos recorrer el planeta sumando nombres de multinacionales y pueblos expoliados.

Es tan sencillo pensar que esto vendría a ser como una película donde basta con vencer al malo en unas elecciones presidenciales para salvar el "Planeta Azul". Pero ese malo es la encarnación del sistema global, no una excepción. Trump no es el teórico en acción de una transfiguración radical del mundo. Donald Trump es la replica exacta, puntual, humana y descomunal de la realidad en la que vivimos. Por eso nos es intolerable: en cada Twitt nos está diciendo la verdad bajo cuyo consuelo hace mucho aceptamos vivir a cambio de un hipnotismo tecnológico que se apoderó de cada palmo de la vida humana. El racismo incandescente de Trump ya era un componente de la sociedad de los Estados Unidos, lo mismo que la violencia policial-racial y los supremacistas blancos violentos. La sociedad secreta de terroristas y supremacistas blancos conocida con las siglas KKK (Ku Klux Klan) se fundó en 1865 para oponerse, por todos los medios posibles (incendios, secuestros, asesinatos, atentados), a la vigencia de los derechos constitucionales de los afro-americanos adoptados mediante varias enmiendas a la Constitución luego de la Guerra de Cesión: la decimoquinta enmienda reconoce el derecho al voto a todos los ciudadanos, la decimocuarta otorga la nacionalidad a toda persona nacida en Estados Unidos y la decimotercera decretó la abolición de la esclavitud.

Donald Trump osó reinventar una realidad paralela a la verdad: esta pasó a ser un fake y su versión lo verdadero. Escribo bien “reinventar” porque el creador no es él, sino su maestro, el primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu. En los 90, Netanyahu escribía en internet: “si quieren saber la verdad lean mi página”. Hoy, esa realidad paralela del trumpismo quedó herida por la realidad de lo real. La elección de Donald Trump nos alcanzó como pajaritos que creían estar volando en un cielo armonioso y algo semejante le ocurrió a él, a Bolsonaro y al británico Boris Johnson: cerraron los ojos ante la pandemia, fueron Covidescépticos…hasta que el virus los contaminó a los tres. Donald Trump no nos hizo más daño del que ya estaba hecho: el trumpismo no es el accidente sino lo que viene luego, es decir, su materialización. Cuando un avión se estrella, los escombros desparramados no son el accidente. Este ya ocurrió antes. El mundo no nos pertenece más y hay que recuperarlo. Pero ya no se puede ni siquiera escribir “recuperarlo antes de que…”. No; ni siquiera hay un “antes” porque estamos en el después de lo que perdimos. Tampoco es como el tango y eso de “toda mi vida es el ayer”. El naranjo en flor debe volver a crecer sano gracias a la presión de la acción colectiva. ” Estamos infligidos por deseos que nos afligen”, dice la letra de una bella y lúcida canción del cantante Alain Souchon (Foule Sentimentale). ” Multitud sentimental, tenemos sed de un ideal”, canta Souchon. Quien tiene una sed sobrenatural de nuestro ideal es el mundo. Lejos de la música popular pero muy cerca de las necesidades del presente, la filósofa alemana Hannah Arendt dejó entre su espléndida obra una idea que nos interpela: el amor mundi, es decir, el amor aplicado a la vida, al mundo, el amor apoyado en la esencia humana, que es un ser de vínculos. El amor mundi como vida en acción política y no como contemplación o especulación. Acción con y por los otros. Acción colectiva de todas las causas en una sola: el mundo. El trumpismo es una desgarradura inhóspita de la que el mismo Trump no es el autor sino el revelador extremo. El amor mundi es un ideal urgente para un naranjo en flor en estado de agonía.

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Las claves del Premio Nobel de Literatura para Louise Glück

Es una de las poetas más destacadas de Estados Unidos, junto a Sharon Olds. Se ha subrayado su talento para mezclar los mitos griegos con el presente. Entre su extensa obra, los títulos publicados en español son El iris salvaje, Ararat, Averno, Las siete edades, Vita nova, Praderas y Una vida de pueblo.

 

 “Las cosas/ que no pueden moverse/ aprenden a mirar”. La poesía ilumina aquello que se oculta al oído de la mirada. La poeta Louise Glück, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2020, escucha los poemas con los ojos y puede mezclar tan naturalmente como si respirara los mitos del mundo griego con el presente. A la poeta estadounidense no le gustan los poemas demasiado acabados y que destilan certezas. Desde una intimidad que trasciende lo “confesional”, ha escrito poemas en los que las preguntas superan a las respuestas. Obsesionada con no repetirse, se ha medido con el desafío de escribir en “contra” del libro anterior, como si estuviera esperando la revelación en las cosas pequeñas de la vida, la epifanía imprevista ahí donde nadie esperaría nada.

El Nobel de Literatura a Glück (Nueva York, 1943) es una doble alegría porque es un premio a la poesía –no se premiaba a una poeta desde que lo ganó la polaca Wislawa Szymborska en 1996, aunque en 2016 fue galardonado Bob Dylan, un poeta que escribe grandes canciones— y a una de las poetas más destacadas de Estados Unidos, junto a Sharon Olds. Resulta difícil inscribirla en una corriente literaria, porque su estética es el resultado de la decantación de muchas influencias y lecturas, pero pertenece a la tradición de la poesía estadounidense que va de Emily Dickinson hasta Elizabeth Bishop o Hilda Doolite, pero también es heredera de Wallace Stevens, William Carlos Williams y W.H.Auden. La editorial española Pre-Textos es la principal responsable de la publicación de una parte importante de la obra de Glück en español. Entre los siete libros que ha editado se destacan El iris salvaje, Ararat, Averno (“una colección magistral, una interpretación visionaria del mito del descenso de Perséfone al infierno en el cautiverio de Hades, el dios de la muerte”, según la Academia Sueca), Las siete edades, Vita nova, Praderas y Una vida de pueblo. En 1993 ganó el Premio Pulitzer de poesía por El iris salvaje, también recibió el National Book Award en 2014.

Para Manuel Borrás, editor de Pre-Textos, el premio a Glück ha sido inesperado. “Tú publicas, apuestas por un autor, absolutamente nadie te hace caso y le tienen que dar un premio Nobel para que le paren la bola. Los premios son útiles cuando nos descubren a alguien tan bueno”. El editor español leyó a la poeta estadounidense por recomendación de un amigo neoyorquino y se enamoró perdidamente de su poesía. “Ha vendido 200 ejemplares en el último año. Aplaudimos autores de grandes grupos unánimemente pero son obras que olvidamos a los cuatro días. En la periferia estamos publicando libros importantes y es un disparate que no se tengan en cuenta”, agrega Borrás. Aunque se la ha definido como “una gran poeta de temas domésticos e intimistas”, a su editor en español le parece que, aunque hable de cosas muy domésticas, las trasciende: “hablando de su hermano, su padre o su marido habla de los nuestros, tiene esa capacidad de universalización que define a los poetas grandes”.

“La experiencia fundamental del escritor es la impotencia”, plantea Glück en uno de los ensayos deProofs & Theories. “Con esto no pretendo distinguir entre escribir y estar vivo: tan sólo corregir la fantasía de que el trabajo creativo es un registro continuo del triunfo de la voluntad, de que el escritor es alguien que tiene la buena suerte de hacer aquello que es capaz o desea hacer: imprimir, de forma segura y regular, su ser en una hoja de papel. Pero la escritura no es una decantación de la personalidad. Y la mayor parte de los escritores emplean buena parte de su tiempo en diversos tipos de tormento: queriendo escribir, siendo incapaces de hacerlo; queriendo escribir de un modo distinto, siendo incapaces de hacerlo. En el tiempo de una vida son muchos los años perdidos esperando la llegada de una sola idea. El único ejercicio real de voluntad es negativo: tenemos, hacia aquello que escribimos, derecho de veto”.

La voz de Glück alumbra desgarros de la existencia. “Todos podemos escribir sobre el sufrimiento/ con los ojos cerrados. Deberías mostrarle a la gente/ algo más de ti misma; mostrarles tu clandestina/ pasión por la carne roja”, dice en el final del poema “Mañana lluviosa”, incluido en Praderas. La poeta sufrió de adolescente anorexia nerviosa y se psicoanalizó durante un tiempo. “Cuando tenía unos veinte años y empezaba, por fin, a dominar en el psicoanálisis el abanico de síntomas que me habían controlado, cuando era capaz de realizar actos deslumbrantes como comer en presencia de otros seres humanos; cuando ya no necesitaba hacer las mismas tareas diariamente en el mismo orden; cuando ya no estaba totalmente retraída (que es el legado común de la vergüenza), me encontré de repente aterrorizada –recuerda Glück-. Se presentó una visión de desoladora normalidad. Estaba aterrada, específicamente, de que la normalidad —lo que sea que quisiera decir con esto— erradicara de alguna manera la necesidad o la capacidad de lo que incluso entonces llamaba ceremoniosamente mi trabajo (…) Y recuerdo muy claramente mi pánico y los términos en que acusé a mi analista, que había conspirado en todo esto: me iba a hacer tan feliz que no escribiría. También recuerdo su respuesta. Me miró directamente, un evento en sí mismo raro (y posiblemente la razón subyacente por la que recuerdo este intercambio). Su respuesta fue memorablemente sucinta. El mundo, me dijo, le proporcionará suficiente dolor”.

Los poemas de Glück son miniaturas autobiográficas “despojadas de la trampa de la cronología y el comentario”. La poeta estadounidense logra que la experiencia se cierna sobre los otros, desplegando la profundidad de una vieja herida: el deseo de liberarnos del sufrimiento, cuando lo que obtenemos es más dolor. Ella explora la tristeza y las fisuras de todo lo que está vivo porque sabe que la palabra funda y repara (cuando puede) el mundo.

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Imagen: AFP

Cómo tramita el sistema de salud la muerte y el duelo en pandemia

Con la crisis sanitaria, quedó excluido el devenir social y comunitario del tratamiento de la muerte. Los límites de los hospitales y el lugar de los cuidados paliativos.

 

Una doble bolsa la separaba del cuerpo de su marido. Entre lágrimas y acuclillada, pronunció que cuidaría de sus cinco hijos y prometió que serían todos buenas personas. Luego se detuvo un instante. Levantó la cabeza para alcanzar la mirada del encargado de la morgue, y sintiendo la impaciencia del hombre, volvió la mirada a la bolsa. Se levantó, y sin mirar a nadie en particular, dijo: “No puedo, no puedo abrir la bolsa. Discúlpenme. No tengo el coraje”. Comenzaba a sacarse el equipo de protección cuando el encargado de la morgue le indicó que lo hiciera afuera y lo descartara en el tacho de bolsa roja.

Una vez en el estacionamiento, su vecina, quien la acompañaba, insistió con la necesidad de ver el cuerpo: “Yo puedo hacerlo, no me impresiona”, dijo. Contaba en su vida ya muchas pérdidas y había pasado por esa situación antes. Por mi parte, pensaba que si tenía que volver y pedirle al encargado de la morgue que volviera a sacar el cuerpo para que lo reconociera la vecina me iba a mandar a la mierda. Les aseguré, tal y como me lo habían explicado, que el protocolo de reconocimiento del cuerpo sigue pautas muy estrictas y estaba garantizado por el hospital, que no teníamos dudas de que ese fuera el cuerpo. Sostenida por el mismo tono de voz, les dije que aquello era una despedida y que si veía o no al cuerpo de su marido no era el punto. Podía elegir no verlo. Aceptaron la explicación. ”Sé que era él, por el tamaño. Es que él era petiso, doctora”.

Las invité al jardín del hospital. Era un día de sol, y nos sentamos en uno de los bancos más alejados conservando cierta intimidad. Ella pudo decir del miedo a no saber con qué se iba a encontrar si abría la bolsa y el temor a quedar capturada por una imagen horrorosa. Miedo a que no fuera su marido, pero esta vez por la diferencia entre aquello que esperaba ver y lo que iba a encontrar. El recuerdo, la descomposición, la realidad, la imagen.

La diferencia entre un reconocimiento del cuerpo y una despedida es que mientras para el primero existen protocolos, para la segundo no.

“A veces, cuando una tiene a las personas con una no dice lo que siente, y entonces después las pierde y eso duele. Hay que decir. Yo pasé por muchas pérdidas, enterré a mi nieta de un año y medio, y ahora mi nuera está embarazada. La vida te da y te quita, es así. Duele y no se entiende. Pero es así cuando uno ama”.

Ella, atenta a las palabras de su vecina, llevó su mano al pecho.

--Gracias por permitirme decirle a mi marido eso que tenía acá. Ahora ya puede descansar.

La mujer del relato, como tantas otras personas, se despidió una tarde de su marido en la Unidad de Febriles del Hospital. Veinticinco días habían pasado desde entonces.

En el relato de los familiares en duelo advertimos el dolor y las dificultades que genera la imposibilidad de acompañar en los tratamientos, la falta de despedida y en muchos casos incluso la imposibilidad de reconocimiento del cuerpo. La incredulidad ante la muerte y la fantasía de errores que pudieran desmentirla son procesos característicos de la activación de mecanismos psíquicos de defensa frente a lo traumático de la pérdida. Estos escenarios se potencian por la imposibilidad de una participación sensible y activa de los familiares: imposibilidad de ver, decir, escuchar, asistir, tocar.

Cuidados Paliativos es una especialidad interdisciplinaria que produce su conocimiento en el acompañamiento de personas con enfermedades incurables, progresivas y amenazantes para la vida. Desde sus cimientos, esta especialidad entiende la muerte como un hecho de impacto fuertemente social y habla de “unidad de tratamiento”, lo que incluye al paciente y a su entorno significativo, reconociendo la importancia de dirigir las intervenciones en ambas direcciones.

Ver es fundamental para la inscripción de lo acontecido. Se sabe de la dificultad extrema en el duelo cuando, como es el caso de los desaparecidos, no hay un cuerpo efectiva y tangiblemente fallecido que soporte la idea de su muerte. De allí la importancia de los rituales funerarios. Pero en el funeral se compone además una elaboración social hecha de fragmentos, retazos y contrastes. Podríamos aventurar que la despedida de alguien depende de la construcción de un relato respecto de su existencia: ¿de qué existencia es este desenlace?

Para que ese relato exista, son necesarios testigos que puedan soportarlo. Es imprescindible que existan otros dispuestos a acompañar, escuchar, mirar, preguntar, conmoverse, afectarse y reírse. La participación sensible desborda la tarea de ver, tanto para los familiares como para los lazos comunitarios, incluidos allí los profesionales de la salud.

Esa mañana en el jardín del hospital improvisamos un funeral y compusimos una despedida.

Ante la multiplicación de los fallecimientos y contemplando tanto el impacto emocional como el enorme costo social de las dificultades en el proceso de duelo en los familiares se publicó recientemente un protocolo para posibilitar las visitas de familiares en situación crítica o ante la proximidad de la muerte. Pese a esto, no existe aún en todos los hospitales públicos la implementación sistematizada y de forma justa de esta tarea, teniendo por consecuencia transformar eso que podría ser un derecho, en el privilegio de algunos familiares que consiguen por insistencia, querella o empatía que les sea posibilitado, lo que para otros es inviable.

Quedan dudas respecto de la disponibilidad de equipos de protección suficientes y la posibilidad de llevar el protocolo adelante en salas donde los profesionales se encuentran desbordados de trabajo. Existe también en los profesionales de la salud la pregunta por los propios recursos de afrontamiento y la capacidad de brindar contención emocional ante la difícil tarea de ser testigos del dolor, ahora también el de los familiares.

Fueron muchas las transformaciones que produjo en la tarea asistencial la pandemia y la situación de aislamiento social, preventivo y obligatorio. Entre ellas, obligó a que el tratamiento de la muerte quedara prácticamente en forma exclusiva en manos del sistema de salud, recortando su devenir social y comunitario. Es esa participación la que hoy se reclama y se pone en el centro de escena, haciendo notar las consecuencias de su falta. Sin embargo, resulta necesario observar que el tránsito por esta situación extrema y excepcional pone en evidencia la actitud que caracteriza a nuestra época y cultura frente a la muerte, lo espinoso que resulta el tema y el tratamiento sintomático que en consecuencia hace de ella el sistema de salud. Habitamos un paradigma curativo y técnico, que tiende a colocar la lucha contra la enfermedad como su objetivo y a entender los límites que encuentra como fracaso. En este contexto la tarea de curar es privilegiada por encima de la de cuidar.

A la hora de poner en práctica los protocolos, se evidencia la insuficiente preparación de las instituciones hospitalarias y sus profesionales para afrontar la difícil tarea de asistir y acompañar en el proceso de morir. A su vez, en los programas de formación médica son escasas las referencias al entrenamiento en herramientas técnicas especialmente necesarias en casos de enfermedades limitantes para la vida: técnicas comunicacionales, estrategias de contención emocional, manejo de la empatía y compromiso personal, construcción de la alianza terapéutica y toma de decisiones difíciles.

Es habitual escuchar cómo el temor al desborde emocional y la percepción de falta de recursos para su contención por parte del personal sanitario deriva en actitudes de distanciamiento emocional y evitación. Philippe Ariès hace corresponder esta actitud con el tratamiento de la muerte que caracteriza nuestra época, en tanto que “si los médicos y las enfermeras retasan lo máximo posible el momento de avisar a la familia, y si jamás se deciden a alertar al propio enfermo, es por temor a verse comprometidos en una cadena de reacciones sentimentales que tanto a ellos como al enfermo o la familia, les harían perder el control de sí”.

En este tiempo se han reunido e implementado en muchos hospitales públicos equipos interdisciplinarios de cuidados integrales para la contención emocional y asistencia de pacientes y familiares; para ello, especialistas en Cuidados Paliativos hemos sido convocados por nuestra experiencia en la tarea. Desde ya, resultaría por demás beneficioso aumentar la disponibilidad de este recurso especializado, tanto durante la pandemia como más allá de ella, siendo que nos encontramos muy lejos de alcanzar el acceso a los cuidados paliativos a todo aquel que lo requiera, tal lo contemplado en la Ley de muerte digna sancionada en el año 2012. No obstante, podemos también reconocer en este escenario excepcional una invitación a repensar las representaciones que nos atraviesan culturalmente y en consecuencia a nuestro sistema de salud, para que estos saberes y prácticas de cuidado consigan instalarse como característica transversal de la tarea asistencial.

Ana Azrilevich es psicóloga especialista en Cuidados Paliativos.

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Juez ordena a Snowden entregar al gobierno estadunidense 4.2 millones de dólares que obtuvo por la venta de su libro

Juez ordena a Snowden entregar al gobierno estadunidense 4.2 millones de dólares que obtuvo por la venta de su libro

 

Un tribunal del estado de Virginia ordenó ayer al ex analista de la Agencia de Seguridad (NSA) Edward Snowden entregar al gobierno estadunidense los 4.2 millones de dólares que obtuvo por la venta de su libro Vigilancia Permanente.

El juez de distrito Liam O’Grady indicó, además, que Snowden debe entregar los beneficios obtenidos de los discursos y presentaciones realizadas con motivo de la publicación del libro, así como de cualquier adaptación que se realice.

El juez expuso que esto se debe a que Snowden estaba obligado a presentar el manuscrito al gobierno para una revisión del mismo, tal como indican los acuerdos firmados por él cuando trabajaba para la NSA.

En su veredicto, O’Grady señaló que Snowden “rompió sus obligaciones contractuales y fiduciarias con la CIA y la NSA al publicar el libro”, reportó la agencia de noticias Bloomberg.

El equipo legal de Snowden, por su parte, aseveró que la interpretación del gobierno de los acuerdos firmados por las partes es “demasiado amplia” y requeriría que “todos los antiguos altos cargos del gobierno tuvieran que presentar manuscritos relacionados con cualquier asunto de inteligencia durante el resto de sus vidas”.

Jueves 1º de octubre de 2020, 

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Viernes, 25 Septiembre 2020 05:24

Derribar estatuas

Derribar estatuas

“El riesgo de un destructor de estatuas es convertirse en una”, cita Carlos Monsiváis, al final de su ensayo De monumentos cívicos y sus espectadores, a Jean Cocteau.

Líneas arriba había escrito que uno de los primeros actos de liberación de un pueblo es la destrucción de monumentos a héroes y caudillos, que de ese modo dejaban de serlo.

A raíz de la oleada de derribos de monumentos, multiplicada luego del asesinato de George Floyd por la policía en Estados Unidos, aparecieron críticos de tales derribos, quienes se rasgan las vestiduras porque, dicen, las estatuas son parte del espacio público.

El episodio más reciente sucedió en Popayán, capital del Cauca, en el sur de Colombia. El 16 de septiembre un grupo de misak y nasa derribaron el monumento a Sebastián de Belalcázar, fundador de la ciudad y de Guayaquil, Quito y Cali. Recibió el título real de gobernador vitalicio de Popayán, además de otras condecoraciones.

Su estatua fue colocada en el Morro de Tulcán, un cerro de Popayán donde había una pirámide ceremonial construida por pueblos originarios que fue literalmente, decapitada para instalar la estatua ecuestre del conquistador, como demostró hace medio siglo el antropólogo colombiano Julio César Cubillos (https://bit.ly/3mKFYci).

Ante los lamentos de la oligarquía local, que fue la que en 1940 instaló el monumento sobre el sitio sagrado, el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) recordó a la población que en lo que va de este año "han sido asesinados 65 integrantes de las comunidades indígenas en el Cauca", algo que no a todos parece importarle. Saluda "el acto de valentía" del pueblo misak al "decolonizar el pensamiento y reconstruir nuestra propia historia" (https://bit.ly/3kF7KoL).

Recuerda que Belalcázar es sinónimo de "genocidio, racismo, esclavitud y discriminación a los pueblos indígenas" y que en vida fue uno de los mayores genocidas de los pueblos originarios de América Latina (https://bit.ly/3kF7KoL).

No tengo tan claro como Monsiváis si el derribo de monumentos anticipa la rebelión o si la acompaña. El año pasado en Chile, más de 30 figuras de militares y conquistadores fueron marcadas con graffities o les arrojaron pintura, desde Arica en el norte, hasta el sur mapuche. Recuerdo cómo los jóvenes se enardecían, en la Plaza de la Dignidad, ante la estatua del general Baquedano ("héroe" de la guerra del Pacífico contra Perú y Bolivia, según la historiografía de arriba) que fue pintada y tapada parcialmente con banderas mapuches.

A lo largo de Chile, y al calor de la revuelta popular que barrió el país desde octubre, rodaron esculturas de Colón, la estatua del colonizador y militar Francisco de Aguirre (en cuyo lugar colocaron la escultura de una mujer Diaguita) y el busto de Pedro de Valdivia, en Temuco, cuya cabeza fue colgada en la mano del guerrero mapuche Caupolicán.

El 12 de octubre de 1992, los zapatistas realizaron una gran marcha en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, y derribaron la estatua de Diego de Mazariegos, frente a la iglesia de Santo Domingo. "Si volvieron a levantarla no importa. Nunca podrán levantar de nuevo el miedo a lo que representaba", escribió en mayo de 2015 el subcomandante insurgente Galeano.

Menos de 15 meses después, se encendió el Ya Basta! de la insurrección zapatista. En este caso, la frase de Monsiváis es tan acertada como justa.

Pero quisiera detenerme en la cita de Cocteau, que trae el escritor mexicano. Una de las características más notables de la revolución zapatista es que nunca pretendió sustituir a los villanos derribados por personajes más nobles, en el mismo pedestal. No se trata de derribar a un conquistador genocida para colocar a un "hermano" libertador en su lugar. La cosa es mucho más profunda.

Las estatuas son una herencia colonial. Como los estados. Representan la cultura de la clase dominante. Los pueblos originarios tienen otra forma de representar sus cosmovisiones en la arquitectu-ra, como las pirámides, que enseñan también modos jerárquicos de ver el mundo. Tampoco se tratade sustituir estatuas coloniales por pirámides sacramentales.

En el lugar de los tiranos, los zapatistas construyen, crean, inventan mundos nuevos y diferentes, clínicas de salud, escuelas, espacios de vida para seguir viviendo. Las juntas de buen gobierno, por ejemplo, pertenecen a ese tipo de creaciones colectivas, donde el jefe es el pueblo, donde las mujeres y los varones que gobiernan obedecen al colectivo. Rotan para no petrificarse en el lugar de mando, porque no tienen vocación de monumentos, sino de servicio.

En estos momentos en que los de arriba están asesinando bases de apoyo zapatistas en el ejido de Tila, tzotziles en Aldama, nasas y misak en el Cauca, y pueblos negros, originarios, campesinos y de periferias urbanas en todo el continente, podemos reflexionar para qué resistimos y damos la vida: no para cambiar de caporales, sino para vivir en un mundo sin mandones.

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Jueves, 24 Septiembre 2020 05:38

Un maestro demasiado especial

Sylvain Hélaine, alias ‘Freaky Hoody’, un profesor cubierto de tatuajes, provoca debate en Francia

Por si no faltaran suficientes problemas serios en la escuela pública francesa, que debe lidiar a diario con los condicionantes de la pandemia de la Covid-19, un nuevo tema ha irrumpido en el debate educativo: ¿puede un maestro ir completamente cubierto de tatuajes, o una apariencia física tan extrema causa daño a los alumnos, sobre todo a los más jóvenes?

El caso de Sylvain Hélaine, alias Freaky Hoody , está dando que hablar después de que una madre denunciara en el diario Le Parisien que el docente “da miedo a los niños” y debería por tanto ser apartado, al menos, de las clases de parvulario y de primaria. Desde entonces, varias televisiones han entrevistado al personaje, quien sin duda da mucho juego visual en los platós.

Hélaine, que acaba de cumplir 35 años, lleva doce como maestro sustituto en el departamento de Essone, al sur de París. Cada mañana tiene el coche a punto para dirigirse a la escuela donde haya necesidad de un docente suplente. Hasta ahora sus alumnos tenían edades comprendidas entre los 2 y los 12 años.

Freaky Hoody es un fanático de los tatuajes, aunque él niega que esté enganchado a los dibujos corporales de un modo patológico. “No es adicción, es pasión”, matiza. Influyó la época que pasó en Londres en un programa de intercambio de profesorado. Se le pegó la gran afición de los británicos por los tatuajes. Hoy la tinta ocupa todo su cuerpo, incluido el cráneo, el cuello, la cara, la lengua, las orejas, el interior de las manos y los dedos.

Hélaine lleva un cómputo muy preciso de lo que ha invertido, en tiempo y en dinero, para conseguir una apariencia física tan original: 460 horas en los estudios de tatuaje y 57.000 euros. El proceso se prolongó durante tres años y no está dispuesto a detenerlo. Poco a poco va a cubrir todos los espacios que aún conserva de piel de color natural. “Seguramente acabaré todo negro a los 80 años”, predice.

Lo más exagerado es que Freaky Hoody ha llegado a inyectarse tinta de varios colores en la esclerótica –la membrana blanquecina de los ojos–, lo cual le da una mirada casi de ciencia ficción o de personaje de cómic. Estas inyecciones oculares se las han administrado en Suiza porque en Francia están prohibidas. Es una técnica invasiva muy peligrosa. El maestro reconoce que se corre el peligro de quedarse ciego, por lo que no recomienda en absoluto que se siga su ejemplo.

El tatuaje de la lengua también fue muy laborioso. Las inyecciones de tinta se la hincharon tres veces su volumen normal. El escozor le duró largos meses. No podía hablar y le dolía abrir la boca. Fue un suplicio que dio por bien empleado, incluso el riesgo de que la agresiva intervención degenere en un cáncer.

Hélaine asegura que, además de ser su pasión, el tatuado completo forma parte de un “proyecto artístico”. Así puede completar su sueldo de maestro con ingresos que obtiene posando en museos o con su participación en películas y vídeos.

El maestro sostiene que la inmensa mayoría de niños no ve problema con su aspecto físico y, tras la sorpresa inicial, que dura pocos minutos, lo aceptan con normalidad y la clase transcurre sin incidentes.

La ley francesa no prohíbe los tatuajes de los maestros, aunque sí la exhibición de signos religiosos como la cruz o un velo islámico las mujeres. El laicismo de las escuelas es un principio muy estricto que debe ser respetado.

En sus comparecencias televisivas, Hélaine, que se presenta con una camiseta sin mangas, pide que se le trate con tolerancia y se le juzgue por su capacidad didáctica y su rendimiento profesional, y no por su aspecto epidérmico.

En una entrevista con la cadena pública France 3, Freaky Hoody reconoció que, “el tatuaje es algo, en principio, muy egoísta”. “Lo encuentro cool –dijo–. Siempre lo hice para mí. Nunca intenté erigirme en un portavoz de la tolerancia sino que ha sido inevitable. Sufro una discriminación que esperaba sufrir. Quienes me tatuaron me lo advirtieron, que la mirada de la gente cambiaría cuando empezara a cubrirme las manos y la cara. Tuve dudas, pero la pasión fue más fuerte”. Según Hélaine, “el tatuaje es como el amor”, y se quiere estar con él a cualquier hora del día.

La controversia protagonizada por Freaky Hoody no es la única que sacude las escuelas francesas sobre la apariencia física. El ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, desató otro debate al criticar que los alumnos acudan en atuendo muy deportivo, o como si fueran a la playa o a la discoteca. Según el ministro, “la vestimenta no debe ser un factor ni de discriminación ni de estigmatización”, y advirtió sobre la hipersexualización de las chicas. “Es importante llegar a la escuela vestido correctamente –añadió–. Todos pueden comprender que se viene a la escuela vestido de un modo republicano”.

Ese “modo republicano” recomendado por el ministro es una fórmula ambigua y enigmática. La frase ha sido muy comentada y objeto de bromas. Blanquer no ha aclarado aún cuántos tatuajes admite su código de valores republicano.

Eusebio Val | París, Francia. Corresponsal

24/09/2020 01:31 | Actualizado a 24/09/2020 08:50

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"Lo impresionante de Black Lives Matter es que nos dio un hashtag que funciona como paraguas universal."

Dará una charla en el Festival de Cine Migrante

Historiador cultural afroamericano y activista de Black Lives Matter, Balagun admite "tensiones" dentro del movimiento antiracista, pero cree en la potencia del momento y habla de "un socialismo con alma".

 

 “Malcolm X dijo una vez que no podés ser capitalista sin ser racista. El racismo está enraizado en el sistema capitalista desde sus inicios. El trabajo que aportaron las personas negras en el nuevo mundo fue el motor del capitalismo: el algodón que levantábamos acá iba a las fábricas de Inglaterra para hacer ropa”, afirma Kazembe Balagun en entrevista con Página/12 desde Nueva York. Historiador cultural afroamericano, activista del movimiento Black Lives Matter y director de proyectos de la oficina de la Fundación Rosa Luxemburgo en su ciudad, está convencido de que los movimientos sociales, sobre todo los que surgen “desde abajo”, deben expresar una visión que desafíe al capitalismo y también al racismo. Y a sus 44 años, tras observar la lucha de “varias generaciones”, cree que Black Lives Matter, el movimiento surgido en 2013 tras el asesinato del adolescente Trayvon Martin en Estados Unidos, “es una fuerza global muy poderosa para construir democracia y solidaridad”.

Kazembe, cuyos estudios unen el arte, el cine y el jazz con el marxismo, los movimientos LGBT y la tradición radical negra, dialogará online y en vivo con el historiador argentino Ezequiel Gatto el próximo domingo a las 22:40 horas en el foco “I can’t breathe” (“No puedo respirar”) del Festival de Cine Migrante, y que lleva como nombre la fatídica frase que pronunciaron varias víctimas negras de la violencia policial en Estados Unidos mientras eran asfixiadas hasta morir. En el foco se podrán ver películas centradas en el racismo y la discriminación como la impactante y personal Did You Wonder Who Fired the Gun, la aclamada What You Gonna Do When The World’s On Fire,Generation Revolution o la argentina Pibe Chorro, de Andrea Testa.

-¿La lucha de clases es la mejor forma de unir a las personas detrás de un mismo objetivo, más allá del color de su piel?

-Absolutamente. Estamos conectados más allá de los límites raciales y de género y tenemos un enemigo común, que es la gente que saca provecho de nosotros. La lucha por la liberación negra nunca fue una lucha por la separación racial. Cuando digo “Black Lives Matter” (“Las vidas de las personas negras importan”), no estoy diciendo que las otras vidas no, sino que importan las vidas de las personas más oprimidas. Una vez que liberemos a la gente negra, podremos liberar a todas las personas. Los movimientos Black Lives Matter o Movement for Black Lives son parte de un movimiento más amplio por una democracia multirracial y económica.

-Hablás de crear “un socialismo con alma”. ¿A qué te referís?

-Como las personas negras siempre estuvimos excluidas de la sociedad, dependemos de lo que llamo formas de vida no mercantilizadas, es decir, redes que están por fuera del dinero, como la amistad, para sobrevivir. Mi idea de un socialismo con alma no está relacionada solo con lo económico, sino también con lo interpersonal. Está relacionado con ver a las personas como iguales, que todos tengan voz. Hablo de extender la familia. Yo estoy influido por la iglesia negra y la tradición del gospel, que dice que todos tenemos una voz. Todos pueden cantar. Cuando me encuentro con una persona negra la llamo familia, hermano o hermana, porque tenemos una experiencia común de racismo. Lo impresionante de Black Lives Matter es que nos dio un hashtag que funciona como paraguas universal. No significa que todos estemos haciendo lo mismo, pero me permite reconocer que alguien que opera bajo ese hashtag en Brasil, por ejemplo, está en una lucha similar a la mía.

-Hace poco un artículo en Los Angeles Times señalaba que muchos blancos consideran al movimiento cool y lo están cooptando.

-Creo que es cool pensar que es cool estar en contra del racismo (risas). Que las estrellas deportivas o de cine de este país respondan al movimiento es una muestra de cuán lejos llegó. Pero como en todo movimiento hay tensiones. Ahora tenés megamillonarios negros que quizá no están interesados en trabajar con la comunidad como en los ’60. Por otro lado, este es un momento muy desafiante para la identidad blanca. Por un lado tenés a Donald Trump y la ultraderecha, con una visión blanca y etnonacionalista. Y tenés personas blancas que quieren estar junto a sus hermanas y hermanos negros y crear otro mundo. En tiempos del comercio de esclavos había esclavistas blancos que se escapaban del barco y corrían hacia la selva africana al grito de: “¡Libérenme! ¡No quiero hacer más esto!". En un barco de esclavos, ellos también eran esclavos.

-¿Cuál es tu opinión sobre los nuevos requisitos de inclusión para aspirar al Oscar a la mejor película de la Academia de Hollywood?

-Muchos de los estereotipos acerca de las personas negras vinieron de Hollywood. Lo que pasa es que Hollywood finalmente entendió que necesita generar imágenes negras positivas. No sólo porque quiere hacer las cosas bien, sino porque entendieron el poder económico negro. Pero además de luchar por nuestra representación en Hollywood, hay que luchar por nuestros derechos económicos. Pasó en los ‘60. Harry Belafonte, Sidney Poitier y Diahann Carroll fueron a la Marcha de Washington con Martin Luther King. Eran activistas.

-¿Qué le decís a los que creen que esas reglas limitan la libertad creativa?

-Los artistas son importantes, pero trabajan dentro de un sistema, una industria que tiene estándares. La idea es romper con ese marco. Yo soy un radical. La verdad es que no quiero reformar Hollywood, quiero destruirlo. Prefiero una cultura cinematográfica de izquierda que no sólo contenga a las personas racialmente, sino también a las mujeres. ¿Por qué no puedo ver una película con una mujer de más de 60 años? Y que no sea una abuela, sino que sea bella y sexy. Hacer una película no debería depender del dinero. Deberías recibir ayuda del Gobierno. Nosotros no tenemos Ministerio de Cultura. Sólo tenemos Hollywood. Por otra parte, no olvidemos que la primera gran película de este país fue El nacimiento de una nación de D. W. Griffith. Y si pensás en la dinámica de poder del sistema de estudios es bastante parecida a la de una plantación esclavista. Tenés a los trabajadores y a un gran jefe, que es un hombre blanco, en la cima, tomando todas las decisiones, con a lo sumo una pequeña señora blanca corriendo detrás de él y obedeciendo órdenes (risas). Hay relación entre la lucha por la justicia racial y la justicia cultural.

-Hablás de crear una cultura negra radical. ¿Qué significa?

-La tradición negra es radicalmente inclusiva. No queremos que seas solo espectador, sino que participes. En la tradición negra eso se llama call and response (llamada y respuesta). Es como en la iglesia negra, cuando el sacerdote dice algo y la congregación responde “amén”. El Teatro Apollo de Harlem, por ejemplo, tiene algo muy hermoso. Cuando termina el show, el hall se llena de gente que queda hombro con hombro. Lleva tiempo salir. Entrás como individuo, pero salís como comunidad. 


Películas, charlas y debates online

Festival de Cine Migrante, en la era de la acción

En una 11° edición obligatoriamente a distancia, el encuentro de este año llega caracterizado por los episodios de violencia policial y el desamparo de quienes intentan atravesar fronteras.

Por Oscar Ranzani

La problemática migratoria se ha ido incrementando a la par de las asimetrías entre los países centrales y los periféricos. Los lectores recordarán que hace cuatro años el tema comenzó a “existir” en los medios a raíz del drama de los refugiados sirios que desnudó las discriminatorias políticas migratorias de Europa y que terminó de dejar claro para quienes todavía no lo sabían, o miraban para un costado, lo que implica el hambre en el mundo y la necesidad de encontrar un destino mejor. Pero esto no sucede sólo en Siria: se sabe de la desesperante situación de los centroamericanos que intentan traspasar las fronteras entre México y Estados Unidos y ni qué hablar de los africanos que huyen hacinados en pateras hacia el Viejo Continente. La Asociación Civil Cine Migrante viene dando cuenta de las distintas problemáticas al organizar cada año el Festival de Cine Migrante. Hasta el 29 de septiembre se llevará a cabo la 11º edición del Festival Internacional CineMigrante de manera online acorde a los tiempos de pandemia.

Este año, CineMigrante se une a CURRENTS.FM para contar con una plataforma de exhibición pensada para afrontar los desafíos del contexto actual. Con sus secciones centrales, retrospectivas, charlas y presentaciones, la muestra ofrecerá un espacio de proyección digital pensado para mantener vivo el espíritu de encuentro, que girará en torno a la interacción y el intercambio entre cineastas, invitados y el público para reflejar la práctica comunitaria del cine y fomentar la acción colectiva que es impronta del festival. Esta edición presenta una sección central con tres ejes: I can’t breathe-Fronteras/Necropolítica-Relatos que agujerean la trama. Se trata de un trabajo curatorial que despliega desde diferentes perspectivas la imposibilidad del encuentro con un otro, la consolidación de la necropolítica (modos de gestión de la vida y la muerte determinada ahora por raza y género) y el fortalecimiento del sistema de fronteras.

Uno de los films que presentará esta sección es Generation Revolution, producción inglesa de Cassie Quarless y Usayd Younis. Presentando las poderosas historias de una nueva generación de activistas black & brown de Londres, Generation Revolution explora los éxitos y desafíos inesperados que enfrentan estos jóvenes inspiradores. Motivados por el deseo de un futuro más igualitario, se embarcan en el camino gratificante pero difícil que debe ser pisado para la lucha hacia la liberación. El documental Letal, de las realizadoras brasileñas Natasha Neri y Lula Carvalho, muestra una sucesión de historias de vida de los jóvenes de las favelas de Río de Janeiro, a quienes la estigmatización social los convierte en “sujetos delincuentes”, dando así la legitimidad que la policía posee para asesinar, perseguir y hostigar.

La cineasta argentina Andrea Testa se sentía afectada por la construcción mediática que había sobre los jóvenes en situación de vulnerabilidad social y por cómo se alimentaban los prejuicios y los estereotipos del “pibe chorro”. Hace unos años, Testa se acercó, entonces, a dos amigas que militan en un partido político, pero fundamentalmente  porque son trabajadoras sociales. La idea era hacer un taller de video con un grupo de chicos del barrio 22 de Enero, de La Matanza. Así nació el documental Pibe chorro, que podrá verse en CineMigrante. El film no muestra a los jóvenes que son así catalogados. Más que detenerse en los pibes que delinquen, indaga en la mirada social que se construye. Sólo en algunas oportunidades se vale de recursos visuales como una TV en la que uno de ellos habla.

De la mexicana Tatiana Huezo se conocerá la ficción Tempestad, en la que dos mujeres realizan una travesía que hace sentir lo que significa el miedo en el ser humano. Tempestad muestra carreteras, paisajes, miradas; México del norte al sur, en un tiempo donde la violencia ha tomado el control de las vidas, los deseos y los sueños humanos. Those who feel when the fire is burning es un documental proveniente de los Países Bajos, dirigido por Morgan Knibbe, que enfoca en un grupo de refugiados que quieren entrar a Europa de forma ilegal. Van en bote durante una tormenta, cuando un anciano cae por la borda. Conducido por una fuerza misteriosa, y desesperado por encontrar a sus seres amados, su alma viaja sobre la realidad de los náufragos en Europa. El espíritu del anciano observa a personas siendo perseguidas como perros, a un trabajador ilegal, a una madre toxicómana y se desliza en los hacinados refugios de migrantes. Vagando por este limbo, el anciano cuestiona su existencia. Wiñaypacha, del peruano Oscar Catacora aborda la historia de Willka y Phaxsi, una pareja de ancianos de más de ochenta años que viven abandonados en un lugar remoto de los andes del Perú, a más de cinco mil metros de altura. Enfrentan la miseria y el inclemente paso del tiempo, rogando a sus dioses para que llegue su único hijo a rescatarlos.

Junto a las proyecciones, los/as directores/as presentarán sus films y habrá actividades especiales con destacados invitados internacionales. Este año se realizará una retrospectiva de la gran cineasta feminista Sara Maldoror, curada por su hija Annouchka de Andrade y por Chema González, Jefe de Actividades Culturales del Museo Reina Sofía. A partir del asesinato del ciudadano afroamericano George Floyd en manos de la policía, esta sección se hace cuerpo y eco del grito de ahogo que atraviesa hoy todos los territorios donde la persistencia de la colonialidad quiere disponer del aire, la vida y la existencia de miles de personas. Habrá películas que reflejan las imágenes de miles de jóvenes racializados que se unen bajo un mismo grito: “No podemos respirar”.

Entre las charlas se destaca “I can’t breathe. Un grito desde la perspectiva del movimiento Black Lives Matter”, que tomará la modalidad de un diálogo con Kazembe Balagún, activista de Black Lives Matter. También se ha previsto la mesa “Las vidas faveladas importan. Un grito de mujeres organizadas”, a través de un diálogo entre las directoras Natasha Neri y Andrea Testa, junto a las madres de menores asesinados por la policía de Río de Janeiro. El encuentro “Mujer de frontera. Defender el derecho a la vida no es delito” propone un diálogo con Helena Maleno (Marruecos/España); en tanto, “Gestión de la frontera, modo de gestión de la muerte” ofrecerá una charla con Sandro Mezzadra (Italia).

“Noches Extrañas/Strangers in the night” es la sección de cine de medianoche en donde los “cuerpos extraños” aparecen en escena; donde la alteridad se conforma como un hecho político, como potencia. Realizar esta sección viviendo la pandemia del coronavirus es para los organizadores una apuesta a recuperar la noche como acto político de desdibujamiento de los contornos corporales, de las fronteras de clase. Se propone como un lugar para volver a decir: Todo cuerpo es político. Algunos de los films que se podrán ver son Bixa Travesty, de Claudia Priscilla y Kiko Goifman; Brown girl begins, de Sharon Lewis, y Bruk out, de Cori McKenna.

* Para acceder a la programación es necesario generar un usuario en el sitio del festival.

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El artista plástico Grayson Perry presenta su último hallazgo creativo en la galería Victoria Miro.- REUTERS

Frente a los suculentos beneficios de las grandes corporaciones dedicadas al entretenimiento, nos topamos con toda una estirpe de autores en franco declive, aferrados a una vocación que apenas les proporciona sustento.

 

Ahora que el cuerpo (físico) ha dejado de ser del todo fiable para convertirse en un potencial agente patógeno. Ahora que las propiedades asépticas de ese otro cuerpo (virtual) que nos acuna a través de lo digital gana enteros y se hace, si cabe, más trascendente; la tecnología se antoja ubicua e ineludible. Quizá por ello (o a costa de ello) las grandes firmas tecnológicas van a salir envalentonadas de una crisis vírica cuyos efectos contagiosos no se ciñen a un cuerpo, ni siquiera a millones de ellos, sino que prevén zarandear también la economía de nuestro tiempo.

La industria cultural, por su parte, parece librarse de esa caída libre generalizada. Ya sea por su labor como surtidor de evasión en tiempos confinados, o por su eficiencia a la hora de construir universos simbólicos; lo cierto es que no tiene pinta de caer. Al contrario, la pandemia ha puesto de relieve el potencial de la industria cultural, quizá porque su materia prima se crece cuando más lo necesitamos. De hecho, no resulta descabellado asegurar que nunca como en el confinamiento se ha visto, escuchado y leído tanta creación.

Y entonces por qué malviven nuestros creadores. Por qué nuestros artistas se dan de bruces una y otra vez con una realidad que les empuja al pluriempleo y a la falta de derechos. Frente a los suculentos beneficios de las grandes corporaciones dedicadas al entretenimiento, nos topamos con toda una estirpe de autores en franco declive que, aferrados a una vocación que apenas les proporciona sustento, se siguen autodenominando músicos, pintores, guionistas o escritores. 

Las migajas del 'streaming'

La supuesta panacea de las plataformas de streaming, tan en boga durante el confinamiento, muestra su cara más perversa conforme se analizan sus cifras. Veamos, por ejemplo, las plataformas de música, un escaparate del que nadie quiere apearse, máxime si nos atenemos a que entre 2013 y 2018 el mercado digital en nuestro país ha pasado de generar el 40% al 71% de los ingresos de la industria de la música, según el anuario de la SGAE a partir de datos de Promusicae, convirtiéndose en "el elemento más importante de la economía vinculada a la música grabada".

En marzo, The Trichordist, un blog estadounidense especializado en derechos de los artistas, difundía unas tablas que evidenciaban el trato abusivo que las principales plataformas de música en streaming brindan a los creadores. Según estos datos, Spotify estaría pagando a sus autores del orden de 0,0031 euros por cada reproducción, lo que equivale a unas 312.000 reproducciones al mes para alcanzar estatus de mileurista. YouTube, por su parte, abundaría en la broma y para obtener esos mismos 1.000 euros, los tenedores de derechos tendrían que sobrepasar las 714.000 de reproducciones.

Según Pedro Buil, profesor colaborador de la UOC especialista en industria cultural, "todas estas plataformas han hecho resurgir a nivel macroeconómico a una industria que estaba herida de muerte, así lo indican las cifras que manejan, pero es inevitable preguntarse también a quién está beneficiando este buen momento". Sobra decir que a los músicos no.

La devaluación del autor

Como decimos, la gente sigue consumiendo cultura. No es una industria cuya materia prima haya quedado obsoleta, la gente sigue necesitando de cultura sobre todo cuando vienen mal dadas y se buscan otros mundos en este. La oferta no ha disminuido (más bien al contrario), lo que ha pasado es que se ha abaratado la producción hasta tal punto de que son muchos los autores que asumen los costes y tratan de monetizar parte de lo invertido subiendo sus creaciones a la red.

El ecosistema al que se enfrentan estas obras prioriza lo cuantitativo, lo que implica que tendrán que lidiar con una ingente cantidad de contenido. "Además, no hacen un pago directamente proporcional al peso que debería tener un artista determinado por el número de reproducciones, sino que las grandes compañías ejercen presión sobre Spotify para que sus artistas tengan mejores condiciones", incide Buil. Así las cosas, sin el apoyo (o mejor dicho; sin el lobby de una major) ya puedes tener talento... 

La aritmética aquí no tiene muchas vueltas. Si el precio de la mano de obra se devalúa, la oferta se multiplica y el reparto de los beneficios está en manos de unos pocos muy pocos, las migajas sobrantes conforman la dieta extrema de la gran mayoría de autores.

Una élite artística

Con la economía patas arriba y un escenario precovid que ya era el sálvase quien pueda, vivir de la cultura en nuestro país se ha convertido en algo cercano al privilegio. La actividad creativa, con su elevado grado de intermitencia y flexibilidad, implica vivir en una economía de guerra durante años. ¿Puede uno vivir de la vocación? La respuesta es sintomática, y nos habla de un modelo que privilegia a unos pocos, que serán los que finalmente produzcan la cultura que consumimos.

La radiografía más reciente de la AISGE (Artistas e Intérpretes Sociedad de Gestión), fechada en 2016, desvelaba que sólo el 8% de los actores y actrices de este país ganaba más de 12.000 euros al año, mientras que el resto no llegaba ni a mileurista. El sector del arte, por su parte, no es más halagüeño. Según un estudio de la Fundación Antonio de Nebrija, en 2017 solo el 15% de los artistas españoles podían permitirse el lujo de vivir de sus obras. ¿Quién sobrevive a algo así? Muy fácil; aquellos artistas cuyas rentas familiares o patrimoniales les permiten desempeñar sus labores creativas. 

MADRID

21/09/2020 22:14 ACTUALIZADO: 22/09/2020 09:37

JUAN LOSA

 @jotalosa

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Lunes, 21 Septiembre 2020 05:37

El desaparecido arte de no hacer nada

El desaparecido arte de no hacer nada

En 1982, tras una semana a bordo de la estación espacial Salyut 7, el cosmonauta ruso Valentin Lebedev, estaba volviéndose loco de aburrimiento. “Ha empezado la monótona rutina”, escribió en su diario. Corte a 2012. El video de gravedad cero del cosmonauta canadiense Chris Hadfield cantando Space Oddity, de David Bowie, en la Estación Espacial Internacional, fue visto más de 200 millones de veces. De tuitear imágenes de unas marismas desde el espacio exterior a tener una conversación con William Shatner, estrella de Star Trek, desde su cápsula Soyuz, no hubo un momento aburrido en la odisea del espacio de Hadfield. “Sólo la gente aburrida se aburre”, declaró, como es bien sabido.

Así que ¿por qué dos personas que experimentan lo mismo reaccionan de modo radicalmente distinto? ¿Por qué algunas personas pueden disfrutar de su propia compañía durante horas, mientras que otras se vuelven impacientes a los pocos minutos? Quizás para encontrar una respuesta a esas preguntas los investigadores de la Universidad de Bellas Artes de Hamburgo, Alemania, están llevando a cabo un ingenioso experimento: han ofrecido tres becas de 1.600 euros cada una para hacer humanamente lo menos posible. Cualquiera que esté en Alemania puede solicitarla antes del 15 de septiembre detallando su plan de “activa inactividad”.

El profesor Friedrich von Borries, que diseñó el proyecto, cree que la indolencia podría tener su lugar en la “transformación eco-social”. “Se trata de la espiral de éxito constante, de salirse de la rueda de hamster de la vida,” declaró. “Si queremos vivir en una sociedad que consuma menos energía y dispendie menos recursos, este no es el sistema correcto de valores. ¿No sería más agradable lograr prestigio social diciendo, ‘Tengo tiempo para soñar… ver a los amigos, tirarme a la bartola… Tengo tiempo para no hacer nada’?”

Pero, ¿qué significa exactamente ‘no hacer nada’? Porque siempre estás haciendo algo, aunque no estés haciendo nada. Doreen Dodgen-Magee, que escribió un libro titulado Deviced! Balancing Life and Technology in a Digital World, define no hacer nada como “un coche cuyo motor está encendido, pero que no va a ninguna parte”. Podría ser cualquier cosa, de soñar despierto, pasar simplemente el rato, echarse en cama despierto a dar largos paseos, mirar por la ventana, o silbar sólo para ti mismo, actividades típicamente asociadas con la pereza y el aburrimiento.

El doctor Varghese Punnoose, un psiquiatra de Kerala, cita investigaciones relativamente nuevas que explican el efecto de la ociosidad en el cerebro. Cuando se descubrió el electroencefalograma (EEG) en los años 20, un psiquiatra alemán llamado Hans Berger advirtió un tipo particular de onda cerebral llamada ritmo alfa en la parte occipital del cerebro cuando se dejaba vagar la mente. No se le concedió entonces demasiada importancia.

Posteriormente, cuando los investigadores de la Universidad de Washington llevaron a cabo un experimento recurriendo a fMRI para comprender qué parte del cerebro se estimulaba cuando se presta atención, descubrieron bastante accidentalmente, que el cerebro se mostraba sorprendemente ocupado cuando se encontraba en estado de descanso, o en lo que se conoce como Red Neuronal por Defecto [Default Mode Network – DMN]. De hecho, estaba entonces más metabólicamente activo. Tres cuartos de la energía total que utilizaba se usaban cuando estaba aparentemente ocioso o en DMN.

Este descubrimiento tiene un enorme significado, de acuerdo con Punnoose. “Al codificar, consolidar y procesar información, el cerebro se encuentra desperadamente necesitado de tiempo ocioso sin estímulación”, afirma. En su opinión, el tiempo ocioso ayuda a aclarar los pensamientos, aguzar las percepciones y calmar las emociones. Produce asimismo “pensamientos episódicos al azar” que son enormemente creativos.

La gente creativa de la India coincide en que algunas de sus mejores ideas han surgido cuando no estaban trabajando especialmente o buscando inspiración de modo activo. “Me puede haber pasado mientras daba un paseo por el parque o viendo una película”, afirma el exitoso autor Ravinder Singh. “Algún personaje de la película, en mi cabeza, podría haber reaccionado de modo diferente al descrito y eso me hará pensar. ¿Qué habría pasado si el político hubiera sido, en cambio, una estrella de Bollywood?”

El artista Riyas Komu cree que el experimento de los investigadores alemanes “lleva el espíritu justo del comportamiento y la libertad humanas”. “Creo que resulta notable que finalmente haya llegado el momento en el que la gente ha comprendido la mente humana”, declara. Cree que las rígidas rutinas y una estructura restrictiva de poder entorpecen la libertad de crear en una persona, que es un proceso intuitivo.

El experimento alemán se produce después de que el país pusiera a prueba las prestaciones de una Renta Básica Universal (RBU) concediendo a 120 personas 1.400 euros mensuales durante tres años “para monitorizar de qué modo cambian sus patrones de trabajo y su tiempo de ocio”. Varios países están jugando con el concepto de la RBU para ayudar a la gente a salir del apuro de la crisis económica desencadenada por la pandemia. La pregunta es: si se atienden tus problemas financieros y tienes más tiempo de ocio para hacer lo que quieres, ¿qué harás tú? Hoy, sin embargo, lo contrario de la ociosidad —el estar excesivamente ocupado —se ha convertido en símbolo de estatus, de acuerdo con los investigadores de las universidades de Columbia y Harvard. “Creemos que el cambio del ocio-como-estatus al hiperactivo-como-estatus puede estar vinculado al desarrollo de las economías intensivas en conocimiento”, han escrito los investigadores en la Harvard Business Review. De manera que a la gente que posee “características de capital humano”, como la competencia y la ambición, se las ve más demandadas. Así pues, si les dices a los demás que estás ocupado y trabajas todo el tiempo, podrían considerarte como alguien que está más solicitado.

Hay quienes creen, sin embargo, que el experimento alemán no funcionaría en la India. “Podría beneficiar a los alemanes, porque aquí está todo — el trabajo y el placer— simplificado”, dice Cyrus Broacha, una celebridad televisiva. “Ellos no están acostumbrados a sentarse y meditar sin hacer nada. No poseen el gen de la ociosidad. Nosotros los indios, sin embargo, nos sentimos condicionados, tradicionalmente, a no hacer nada. Como antiguo videopinchadiscos [VJ], sin fechas de entrega u objetivos, llevo practicando la ociosidad desde hace años”. El confinamiento, bromea, le ha facilitado el juego. “Ahora mi cuarto de baño es mi oficina. Tengo muchísimo tiempo para acicalarme y centrarme en la salud y la belleza”.

Por Anjuly Mathai 

corresponsal de salud y sociedad del semanario indio "The Week", donde escribe también una columna quincenal con el rótulo Love Actually.

Fuente:

The Week, 27 de septiembre de 2020

Traducción:

Lucas Antón

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El centenario de Mario Benedetti, poeta universal

El gran autor uruguayo nació el 14 de septiembre de 1920

Entre sus múltiples oficios de juventud, solo uno se convirtió en el fuego que condujo toda su carrera, el amor inquebrantable por la poesía. Hoy habrá un gran homenaje online del Instituto Cervantes y Editorial Alfaguara.

 

 

 “Un pesimista/ es sólo un optimista/ bien informado”. Este haiku, esa forma oriental que ha cautivado al mundo occidental, lo escribió un hombre extremadamente tímido y sencillo que estaba convencido de que “la poesía dice honduras que a veces la prosa calla”. Pocos poetas han sido tan saludablemente plagiados como él. Los jóvenes de varias generaciones se han enamorado con sus poemas y han leído y cantado “Te quiero” y “Por qué cantamos”, entre otros poemas. Mario Benedetti -que cumpliría 100 años este lunes 14 de septiembre-, el uruguayo más universal, fue uno de los escritores más prolíficos y populares de América Latina. Aunque frecuentó todos los géneros literarios -novela, cuento, ensayo, teatro y crónica-, la poesía era como el aire que respiraba. Tal vez sea el poeta más leído en nuestro idioma y quizá también el más cantado, gracias a Joan Manuel Serrat, Nacha Guevara y Daniel Viglietti, entre otros músicos.

En el centenario de Benedetti (1920-2009), uno de los homenajes principales será el organizado conjuntamente por el Instituto Cervantes y la editorial Alfaguara este lunes 14 a las 19 hora de España (14 hora Argentina), en los que participarán Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Benjamín Prado, Elvira Sastre, Pilar Reyes, Luis García Montero, Vanesa Martín, Chus Visor y Rozalén, entre otros. El acto, en el que se presentará Mario Benedetti. Antología poética, con selección y prólogo de Serrat, será transmitido en directo desde la página web del Instituto y por su canal de Youtube. En el prólogo de la antología Serrat comenta que conoció a Benedetti en Madrid, donde acordaron hacer un disco a cuatro manos. “Canción a canción, a caballo entre Madrid y Barcelona, lo fuimos preparando con poemas elegidos de mutuo acuerdo que Mario corrigió y adaptó a rimas y ritmos más tradicionales para ser cantados. Eran versos publicados con anterioridad, a excepción de la canción que le da título al disco El sur también existe, escrita especialmente para la ocasión”, aclara el cantautor español. El Grupo Planeta invita a los lectores a pegar en sus ventanas frases de Benedetti, sacarles una foto y subirlas a las redes sociales con el hashtag #BenedettienMiVentana.

Corazón coraza

Benedetti nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó, como Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farrugia. Después de la quiebra de la farmacia que tuvo su padre, los Benedetti se trasladaron a Montevideo cuando Mario tenía cuatro años. El niño que se entretenía de la mano de Emilio Salgari y Julio Verne comenzó sus estudios primarios en el Colegio Alemán de Montevideo, de donde fue retirado por su padre cuando se enteró que hacían el saludo nazi. Como sabía hablar el idioma de Goethe, participó de la película El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela, basada en poemas de Oliverio Girondo, Juan Gelman y el propio Benedetti, donde aparece recitando un poema propio en alemán: “Corazón coraza”.

A los catorce años empezó a trabajar vendiendo repuestos para automóviles; pero también se ganó la vida como vendedor, taquígrafo de una editorial, cadete, oficinista, gerente de una inmobiliaria y periodista, entre otros oficios que ejerció. En un banco de la plaza San Martín en Buenos Aires, adonde llegó en 1938 a los dieciocho años, leyó una antología de Baldomero Fernández Moreno y el chispazo fue fulminante: supo que quería escribir poesía. Benedetti, que se consideraba discípulo de Fernández Moreno, del peruano César Vallejo y del español Antonio Machado, fue integrante de la Generación del 45 uruguaya a la que pertenecieron Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti, entre otros. 

Al acercar el habla coloquial y de la vida diaria a la escritura, construyó una épica de lo cotidiano. Aunque la tirada era muy limitada, su primer éxito modesto fue Poemas de la oficina (1956); antes había publicado los poemarios La víspera indeleble (1945) y Sólo mientras tanto (1950) y los relatos de Esta mañana y otros cuentos (1949). En 1945 se integró al equipo del semanario Marcha, hasta 1974, cuando fue clausurado por la dictadura de Juan María Bordaberry. Sus viajes a Cuba fueron consolidando el despertar de su conciencia política. En 1968 creó y dirigió el Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas. Junto a miembros del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, fundó en 1971 el Movimiento de Independientes 26 de Marzo, una agrupación que pasó a formar parte del Frente Amplio desde sus orígenes.

“Sumiso por fuera, rebelde por dentro”

El exilio de Benedetti fue por etapas: primero se trasladó a Buenos Aires en 1973, pero la Triple A le “concedió” un plazo de 48 horas para que se fuera; entonces rumbeó hacia Perú. En Lima fue detenido y deportado. Estuvo en Cuba en 1976 y finalmente llegó a España, donde alternó su estadía entre Palma de Mallorca y Madrid hasta 1983. La versión cinematográfica de su novela La tregua (1960), la historia de ese hombre viudo que se enamora de una compañera de trabajo mucho más joven que él, dirigida por Sergio Renán, fue nominada al Oscar a la mejor película extranjera (1974); aunque finalmente lo ganó la película italiana Amarcord, escrita y dirigida por Federico Fellini. 

“Me llamaron mucho la atención sus Poemas de la oficina y pronto fui siguiendo todos sus libros”, cuenta Benjamín Prado a Página/12. “También leí bastante joven su novela La tregua, que tengo la impresión de que me gustaba a mí más que a él; le había cogido algo de manía por la versión cinematográfica, que detestaba. A mí la película tampoco me pareció tan mala”, recuerda Prado y dice que siempre le llamó la atención “la mezcla de enamorado y funcionario, ese hombre triste, sumiso por fuera y rebelde por dentro, capaz de escribir unos poemas de amor que no sé tampoco si se parecían mucho a él, que estuvo toda la vida enamorado de Luz, su mujer”. Prado veía a Benedetti casi todas las semanas cuando estaba en Madrid. “Lo íbamos a visitar con su editor y el mío, Chus Visor, tomábamos un par de cervezas y hablábamos de los dos temas que más le divertía: la poesía y el fútbol (era hincha de Nacional). Era una persona entrañable pero no cariñosa, poco expansivo, bastante tímido, pero de una generosidad grande y que siempre se alegraba de que un amigo lo visitara, eso sí, a la hora programada, porque era un maniático de la puntualidad", advierte Prado. "Cuando yo empecé otra vida y él había acabado la mitad de la suya, porque al morir su mujer ya no quiso volver al piso de Madrid, insistió muchísimo a Chus Visor en que fuera a su casa y cogiera todo lo que necesitase, para llenar un poco el piso vacío al que yo me había mudado. Aún sigo utilizando muchas de las cosas que fueron suyas y él me regaló”.

Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara, subraya que el paso del tiempo “no ha restado vitalidad” a la obra de uno de los poetas más leídos del castellano. “Los jóvenes que habitan nuestra lengua siguen pidiendo prestados sus versos para hablar de amor, convirtiéndolo en uno de los escritores más citados. Tampoco su narrativa ha caído en el olvido: La tregua sigue siendo un libro visitado por varias generaciones, y todos los años se reedita. La historia de Martin Santomé y Laura Avellaneda conmueve a miles de lectores a ambos lados del Atlántico. La razón de su vigencia, a mi juicio, es que su yo poético siempre tuvo que ver con la vida, con las urgencias esenciales de la existencia: el amor, la oficina, el compromiso político, la nostalgia del exilio, la soledad, expresadas en un lenguaje que buscaba atrapar el habla, lo coloquial, es decir, también la vida”, explica Reyes.

La sencillez de lo complejo

A los 28 años, la poeta Elvira Sastre pondera el hecho de que Benedetti es un poeta muy conocido en España: “Nos hablan de él desde que somos pequeños, aunque a lo mejor no tengamos sus libros en el Instituto”. La poeta, que ganó el premio Biblioteca Breve 2019 con su novela Días sin ti, revela que entre sus poemas preferidos están “Pausa”, “Amor de tarde”, “Corazón coraza” y “No te salves”. “Tiene un estilo de escritura que me apasiona y que consiste en hacer accesible y sencillo lo que es muy complejo, que era la manera en que escribía. Yo creo que lo leí cuando estaba descubriendo muchos poetas a la vez, pero es de los que se quedó y a los que vuelvo muy a menudo", reconoce Sastre. "Hace unos años leí Primavera con una esquina rota, y me encantó. Las novelas que tienen tanta poesía me encandilan, se me quedan grabadísimas. Aunque tengo muy leída la poesía de Benedetti, me queda todavía descubrirlo y leerlo en prosa”. Además de La tregua y Primavera con una esquina rota (1982), publicó las novelas Gracias por el fuego (1965), El cumpleaños de Juan Ángel (1971), La borra del café (1992) y Andamios (1996); y las colecciones de cuentos Montevideanos (1959), La muerte y otras sorpresas (1968) y Despistes y franquezas (1989), entre otros libros de relatos.

El poeta y director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, también empezó a leer a Benedetti por Poemas de la oficina y luego pasó a Inventario. “Lo conocí al principio de los años 80. Los jóvenes españoles que salíamos de la dictadura franquista estábamos intentando transformar la realidad, no sólo para votar cada cuatro años, sino para cambiar nuestra educación sentimental, nuestra manera de decir yo o decir te quiero. La poesía de Mario fue una buena compañera porque unía la historia y la intimidad, el compromiso y la soledad individual”. García Montero precisa que el escritor uruguayo optó por una tradición en la poesía, representada por Machado y Fernández Moreno. “Frente al prestigio de la poesía oscura o experimentalista, eligió la claridad. Los poetas partidarios de lo oscuro dicen a veces muchas tonterías camufladas en la espesura o no dicen nada. Se creen herederos de los dioses más que ciudadanos. La claridad deja al descubierto debilidades y fortalezas", plantea el director del Instituto Cervantes. 

"La poesía de Mario tiene muchas cosas que decir en un mundo como el de hoy, en el que las redes facilitan la convivencia de la intimidad y lo público. Podemos releer uno de sus primeros libros, Poemas de la oficina, y el último, Testigo de uno mismo, y advertir la importancia de la mirada que se autovigila y que respeta su soledad cuando se acerca a la vinculación con el nosotros. Mario creyó que el lenguaje poético no era una rareza, sino la versión personal del lenguaje de todos”, cierra García Montero. Los poemas de Benedetti son como grandes ojos abiertos a la vida.

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