Las causas internas de la inevitable caída de EEUU

Siempre se supo que los grandes imperios derrapan por razones culturales y políticas internas, mucho antes de ser atacados por fuerzas exteriores que terminan sepultando su dominación. Así sucedió en la historia y así está sucediendo ahora con la decadencia de EEUU.

Dos artículos recientes avalan esta afirmación. El analista de Asia Times, Spengler (seudónimo de David Goldman) titula su columna "La corrupción imperial de las élites estadounidenses se compara con la Guerra del Opio". La profesora de psicología en la Universidad Estatal de San Diego, Jean Twenge, tituló su análisis en The Atlantic, ya en 2017, "¿Los teléfonos inteligentes han destruido una generación?".

Según la profesora, en su país los adolescentes "están al borde de una crisis de salud mental", no tienen opción de una vida sin iPads o iPhones y pasan la mayor parte del día solos en sus habitaciones pegados a los teléfonos.

Está investigando las diferencias generacionales durante 25 años y llega a conclusiones dramáticas. En comparación con los llamados Millenials, Twenge dice: "Las experiencias que tienen todos los días son radicalmente diferentes a las de la generación que llegó a la mayoría de edad unos años antes que ellos".

La generación posterior a la crisis de 2008 es la primera que fue formada por los teléfonos inteligentes. "La llegada del teléfono inteligente ha cambiado radicalmente todos los aspectos de la vida de los adolescentes, desde la naturaleza de sus interacciones sociales hasta su salud mental".

Aunque encuentra aspectos positivos, cree que psicológicamente son más vulnerables ya que "las tasas de depresión y suicidio en adolescentes se han disparado desde 2011". Agrega que el auge del teléfono inteligente y las redes sociales ha provocado "un terremoto de una magnitud que no habíamos visto en mucho tiempo", y que "están teniendo efectos profundos en sus vidas y los están haciendo muy infelices".

Duermen menos, socializan poco, son más susceptibles a las enfermedades, al aumento de peso y la presión arterial alta, y sobre todo tienen escaso o nulo compromiso. Es evidente que una sociedad anclada en estos comportamientos tiene poco futuro, por lo cual China decidió desatar una "guerra contra los videojuegos", imponiendo serias restricciones a los menores ya que los considera "el opio de la mente".

En la misma dirección, Spengler sostiene que "China se encuentra hoy con respecto a los Estados Unidos como lo estaban los Estados Unidos y Alemania con respecto a Gran Bretaña a fines del siglo XIX".

Recuerda que fue Inglaterra quien descubrió la bombilla eléctrica, pero que no pudo comercializarla por "la corrupción del imperio". "Los mejores y más brillantes de Gran Bretaña se dedicaron al servicio colonial, y amasaron fortunas con la venta de textiles británicos a la India, opio indio a China y té y sedas chinas a Occidente".

Mientras estadounidenses y alemanes construyeron fábricas a principios del siglo XX, los británicos se dedicaron a ganar fortunas con métodos que define como "corruptos", razón del declive de la isla.

Algo similar está sucediendo ahora, cuando la riqueza de EEUU se concentra en una ínfima minoría y generaciones enteras de jóvenes "se alimentan de una cultura de hedonismo despreocupado que valora la autoexpresión individual como una cuestión de dogma religioso al tiempo que impone una conformidad viciosa".

Según Spengler, Internet no es una burbuja y tiende a crecer casi ilimitadamente, pero la compara con el consumo de opio en los siglos XIX y XX, una droga social. "Lo que cautiva a los verdaderos creyentes de Internet es la descarga ilimitada de entretenimiento barato y lascivo: pornografía, música popular, chismes, coqueteos, juegos de rol de fantasía y, por supuesto, compras".

El problema es que Internet es la gran impulsora de los mercados globales, mientras destruye la cohesión social y genera una falsa impresión de crecimiento económico: mientras las economías están paralizadas las bolsas siguen cotizando al alza.

Las imágenes de estas descripciones nos remiten, casi naturalmente, a la decadencia del imperio romano, que al verse carcomido por dentro fue presa fácil de las invasiones "bárbaras".

A mi modo de ver, una de las razones de fondo de la decadencia de EEUU como potencia imperial, es la crisis interna: sanitaria, de confianza en las instituciones, en particular de los jóvenes de color hacia la policía, y la difusión de una cultura tan individualista que sólo piensa en la inmediatez.

Un trabajo sobre el flujo de jóvenes hacia el Ejército concluye: "El 71% de los jóvenes estadounidenses entre 17 y 24 años no son elegibles para servir en el ejército, es decir, 24 millones de los 34 millones de personas de ese grupo de edad". Esto hace que la seguridad nacional esté en cuestión.

Las causas principales de esta situación son, según el informe de almirantes y generales retirados, "la educación inadecuada, la criminalidad y la obesidad". En detalle, del total de jóvenes que no pueden servir en las fuerzas armadas, el 32% es por razones de salud, el 27% por escasas aptitudes físicas, el 25% por no haber finalizado la secundaria y el 10% por presentar una historia criminal.

Parece evidente que una sociedad que ya presentaba estos rasgos hace ya varios años, ahora se ve doblemente acuciada por la brutal insensibilidad de las elites y por la enorme difusión de redes sociales y videojuegos que hacen que una parte creciente de los jóvenes prefieran no salir de casa para sobrevivir como sonámbulos frente a la pantalla.

Todo esto sucede justo cuando China está en camino de sobrepasar a EEUU en los rubros decisivos, desde la computación cuántica y la inteligencia artificial hasta la capacidad militar que, no olvidarlo, depende más de la entereza de los seres humanos que de las máquinas.

No puede sorprender, por lo tanto, que los sucesivos gobernantes que ocupan la Casa Blanca, pero sobre todo el Deep State, estén al borde de la histeria cuando se trata de planificar un futuro que, saben, no será el de sus sueños.

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Foto: "Duoyishu Terraces" de Ryan Tian

Ver el mundo desde arriba es una experiencia metamórfica. Un árbol sin hojas se convierte en una telaraña, un circo se transforma en una caja de dulces, mientras que un campo de cosecha se simplifica en cortes de lino y oro.

Rara vez tenemos la oportunidad de cambiar nuestra perspectiva, pero en el nuevo libro Above the World, destacados fotógrafos aéreos nos invitan a hacer precisamente eso. Las imágenes espectaculares, todas tomadas con cámaras de drones DJI, son una deliciosa fiesta de color, textura y una belleza natural excepcional.

Capturar tanto lo abstracto como lo fáctico es otro atractivo para los fanáticos de los drones. “Lo que encuentro realmente divertido es comparar tomas aéreas de objetos hechos por el hombre con objetos naturales”, dice el fotógrafo y camarógrafo Michael Shainblum, un especialista en time-lapse.

Te dejamos las mejores fotografías capturadas en dron y elegidas por Above the World 2021.

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Jueves, 21 Octubre 2021 05:11

El cuasifascismo podría triunfar en EEUU

Vista de los asaltantes al Capitolio, en Washington, en enero de 2021. REUTERS/Shannon Stapleton

Existe una percepción bastante generalizada en España, incluso en algunos círculos del PSOE gobernante, de que el peligro del renacimiento de la ultraderecha a nivel mundial se está exagerando por parte de algunas voces de izquierda, pues creen que en realidad estas fuerzas de ultraderecha (con mucha semejanza con las ultraderechas de antaño), están siendo derrotadas y van de capa caída. Así vemos como la que fue vicepresidenta Primera del primer gobierno de coalición de izquierdas, la señora Carmen Calvo, afirmó en un momento del debate en el programa El Ágora de la hora 2 de la SER, como prueba de tal percepción de la realidad, que el presidente Trump había sido derrotado en las últimas elecciones en EEUU, insinuando que su futuro era uno de descenso en lugar de recuperación y ascenso.

El trumpismo no está desapareciendo; antes al contrario, está creciendo

Creo conocer bien EEUU y me temo que la señora Calvo está equivocada. Es posible e incluso probable que el Partido Republicano, hoy controlado en su totalidad por Trump, recupere el control del Congreso y del Senado en 2022 y que gane las elecciones presidenciales del 2024. Las razones de esta percepción son múltiples, y las he ido elaborando en varios artículos, ya publicados en este rotativo.

Uno es el enorme desprestigio del establishment político-mediático liberal, identificado con el Partido Demócrata, que desde los años setenta con el presidente Carter y continuando con los presidentes Clinton y Obama, ha estado aplicando políticas liberales (iniciadas por Carter y expandidas por Reagan y los presidentes republicanos Bush, padre e hijo), que han beneficiado sistemáticamente las rentas del capital sobre las rentas del trabajo (como consecuencia de estas políticas liberales, los directivos de las 350 empresas más importantes de los EEUU, que ganaban en el año 1978, el inicio del período liberal, 1,7 millones de dólares al año, 33 veces más que el salario promedio del trabajador 51.200 dólares, pasaron a ganar, en el año 2019,  21,3 millones, 365 veces más que los últimos, 58.200 dólares). El abandono de las políticas redistributivas del Partido Demócrata, iniciadas por el presidente Roosevelt con el New Deal, fueron  sustituidas por el Partido Demócrata con políticas de identidad, favoreciendo la integración de los sectores discriminados, como las minorías negras y latinas (sobre todo la negra) y las mujeres dentro de la estructura de poder, medidas que, por muy loables que tales intervenciones fueran, beneficiaron a grupos minoritarios (de clase media alta, profesionales con educación superior), que pasaron a integrarse en las direcciones de las instituciones predominantemente públicas (y muy en particular, en los aparatos federales) sin que ello implicara un mayor beneficio de la gran mayoría de las minorías y de las mujeres pertenecientes a las clases populares. El hecho de que el presidente Obama fuera negro tuvo una enorme importancia simbólica, pero sus políticas liberales no beneficiaron a las clases populares, a las cuales pertenecían la gran mayoría de las minorías y también de las mujeres.

De ahí la gran capacidad de movilización de Trump en 2006, en un momento en que la clase trabajadora (la mayoría blanca) y otros sectores vulnerables dentro de las clases populares estaban sufriendo las consecuencias de las políticas neoliberales de liberalización económica, lideradas por los gobiernos del Partido Demócrata anteriores. Trump se presentó como la voz del antiestablishment liberal y globalizador frente al Partido Demócrata (supuesta causa de todos sus males) que lideraba un gobierno federal, al que se le presentaba cautivado por minorías y mujeres universitarias de clase media alta. Su mensaje, caracterizado por un nacionalismo extremo, retrógrado, añorando un pasado idealizado, de carácter imperial, basado en una superioridad racial, machista y cultural, defendiendo la civilización cristiana,  (convirtiendo al "Estado y a la Ley en instrumentos para asegurarse que se siga la voluntad de Dios en la sociedad" como  subrayó la juez Amy Coney Barrett, nombrada miembro del Tribunal Supremo en EEUU por el presidente Trump), así como a la "patria-nación" frente a sus enemigos (que incluye a todo aquel que no comulgue con su credo) fue muy movilizador.  El lector español recordará esta ideología como dominante durante la dictadura fascista en España.

La recuperación del New Deal como respuesta del Partido Demócrata al Trumpismo

La concienciación de este problema, y el coste que le ha significado al Partido Demócrata estar identificado con el liberalismo globalizador, explica que la dirección del gobierno Biden esté respondiendo a marchas forzadas con la recuperación del New Deal. El mayor obstáculo no es que no tenga el apoyo popular para hacer tales reformas, (que sí lo tiene), sino que no tiene los números en el Congreso que le permitan aprobar tal ambicioso proyecto (ver V. Navarro El fin del neoliberalismo y la búsqueda de alternativas, publicado el 14 octubre 2021 en Público). Necesitan 50 votos en el Senado y el Partido Demócrata solo tiene 48 votos que apoyen el New Deal de Biden, puesto que dos demócratas no lo están apoyando y son representantes (y portavoces) de intereses económicos que quedarían afectados por la aprobación de tales propuestas y que se oponen al New Deal: uno es el senador Joe Menchin, del Partido Demócrata del Estado de Virginia, financiado por la industria del carbón, y la otra senadora del Estado de Arizona, también del Partido Demócrata, Krysten Sinema, financiada por la industria farmacéutica que se opone a la regulación de precios de las medicinas, propuesta que hace Biden en su  New Deal.

¿Es EEUU una democracia?

Sí, pero muy limitada. Vayamos por partes. En primer lugar, el presidente de EEUU no es elegido directamente por la población. En realidad, en todas las elecciones desde el año 2000, los candidatos del Partido Demócrata a la presidencia de Estados Unidos han obtenido más votos que los candidatos republicanos (excepto Bush, hijo) y sin embargo los presidentes han sido, la mayoría, republicanos (durante el período 2000-2020, la mayoría de los votos fueron al candidato demócrata, excepto Bush, y sin embargo, los republicanos gobernaron más años, 12, que los demócratas, 8). Y ello se debe al hecho de que quien elige al presidente de EEUU es el Colegio Electoral, que sistemáticamente favorece a los estados rurales sobre los industriales y urbanos.

Lo mismo ocurre en cuanto a la composición del Senado, cámara enormemente poderosa, pues aprueba el presupuesto del estado federal, los nombramientos propuestos por el presidente, e incluso los miembros de la Corte Suprema. Cada estado tiene el mismo número de senadores: dos. California, estado en general demócrata, tiene cuarenta millones de habitantes, y tiene el mismo número de senadores, dos, que Wyoming, con medio millón de habitantes predominantemente en zonas rurales y predominantemente republicanos. Y, aquí también, sistemáticamente los demócratas consiguen más votos que los republicanos en las elecciones al Senado, y es más que probable que ello ocurra en el año 2022. Uno de los analistas electorales con mayor credibilidad, David Shore (New York Times, 10 de octubre de 2021) dice que en 2022 los demócratas podrían ganar, consiguiendo más del 51% del voto del Senado y, en cambio, conseguir solo 43 senadores, convirtiéndose en irrelevantes.

¿Quién tendrá mayor capacidad de movilización?

En este escenario, el futuro podría ser muy preocupante, pues, la única alternativa es que el Partido Demócrata consiguiera una gran movilización capaz de neutralizar la enorme desventaja que el sistema electoral supone para tal partido. Y aun cuando ello se consiguió en 2020, no es seguro que se consiga en 2022, pues es poco probable que las propuestas New Deal sean aprobadas por tal partido, contribuyendo con ello al desencanto popular.  Es importante subrayar que el desencanto es muy notable y muy en particular entre la clase trabajadora, incluyendo la negra, la latina y todas las clases populares sin educación secundaria, lo cual puede contribuir a una gran desmovilización de las clases populares, de lo cual, Trump se beneficiaría. La pérdida de control del Senado y del Congreso en el 2022 por parte de los demócratas, la victoria de las presidenciales por parte de los republicanos liderados por Trump, significaría un cambio de enormes consecuencias internacionales, además de nacionales, que debieran ser motivo de reflexión y reacción por parte de las fuerzas progresistas a nivel mundial. De la misma manera que el fascismo y el nazismo fueron resultado de la Gran Depresión, causada por las políticas liberales aplicadas en aquel entonces, sus herederos actuales han sido consecuencia de la crisis económica provocada por el liberalismo económico, iniciado en los años 70 y 80, que ha afectado muy negativamente el bienestar y calidad de vida de las clases populares, que la pandemia mundial ha puesto en evidencia.

octubre 21, 2021

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Imagen de una mujer con las gafas de realidad virtual Oculus Quest 2. — Oculus

El anuncio de la multinacional de Mark Zuckerberg de invertir en Europa para establecer lo que él llama "metaverso" parece un intento de mantener su extraordinario poder sobre los usuarios, mientras vive la peor crisis de reputación tras las últimas revelaciones sobre su modo de actuar irresponsable. Pero ¿qué demonios es un 'metaverso'?

 

Facebook acaba de anunciar que quiere contratar a 10.000 personas de Europa para construir su "metaverso". Se trata de una apuesta de la compañía de Mark Zuckerberg por intentar retener los miles de millones de usuarios mediante una realidad virtual inmersiva llamada de esa forma. Pero al mismo tiempo que anuncia esta inversión (en capital humano altamente cualificado) en el Viejo Continente pide la "colaboración y cooperación de empresas, desarrolladores, creadores y responsables políticos".

La palabra "metaverso" proviene de la ciencia ficción. Neal Stephenson, en su novela 'Snow Crash' (1992), llamaba "metaverso" a un mundo en el que los seres humanos interactuaban entre sí con un alter ego (o "avatar") en un espacio virtual y colectivo, que emula la realidad pero sin sus limitaciones físicas.

El término, tan ficticio que ni siquiera lo recoge la RAE, evoca un mundo generado por una máquina y en el que los participantes, mediante una experiencia inversiva, pueden comunicarse, construir, derruir, comprar, vender, pelearse, matarse, volar… todo de manera virtual; uno interactúa en ese mundo a través de un icono que le representa.

Algunos de los más populares videojuegos online masivos, como Fornite —Epic Games, su desarrollador, busca montar su "metaverso" de mundos virtuales interconectados, como aseguró recientemente su director ejecutivo Tim Sweeney— o World of Warcraft, se asemejan al concepto al tratarse de 'mundos abiertos' que el usuario puede modificar y en el que hay comunicación entre ellos. Second Life, un "metaverso" desarrollado por Linden Lab y lanzado en 2003 como una comunidad virtual aún sigue vivo.

La cuestión es que ahora, con tecnologías y conexiones a internet más potentes, la apuesta es integrar la realidad virtual y la realidad aumentada para hacer una red social lo más "real" —y adictiva— posible.

El futuro de Facebook

El gigante de las redes sociales pasa por una profunda crisis de reputación, especialmente tras las revelaciones de Frances Haugen en las que se infería que Facebook antepone los beneficios económicos al bienestar de los usuarios, algo que el propio Zuckerberg se apresuró a desmentir.

Sin embargo, el declive de un modelo que exige un crecimiento sostenido, unido al 'envejecimiento' de los usuarios (los más jóvenes parece que 'pasan' de Facebook y abrazan TikTok) y a posibles movimientos antimonopolio tanto en EEUU como en Europa, obligan al gigante a mover ficha. De hecho, lleva casi una década rumiando sobre el concepto de red social/realidad virtual, y desde hace pocos meses la idea ha tomado un nuevo impulso.

La compra en 2014 de Oculus VR, el fabricante de un sistema de inmersión en realidad virtual —con unas aparatosas gafas parecidas a las de los esquiadores—, ya indicaba el interés de la compañía por invertir en desarrollar una plataforma potente de realidad virtual que fuese, como ya se dijo hace ocho años, "la plataforma más social que haya existido". Sin ir más lejos, el pasado mes de agosto presentó Horizon Workrooms, un sistema de videoconferencia múltiple virtual que funciona con las gafas Oculus Quest 2.

Ahora, en un comunicado firmado por Nick Clegg, responsable de asuntos globales, y Javier Oliván, director mundial de productos, Facebook busca contratar miles de especialistas de alta cualificación en Europa. Es todo un guiño al Viejo Continente, especialmente ahora que las inminentes regulaciones sobre plataformas digitales y Mercado Único Digital van a tener una especial vigilancia sobre asuntos como la competencia y los monopolios y tendrán una repercusión similar a la que tiene el Reglamento general de Protección de Datos (RGPD).

Facebook remarca en la mencionada nota el "importante papel" del continente "en la configuración de las nuevas reglas de Internet" y asegura que "ninguna empresa será la única propietaria y gestora del metaverso". "Al igual que ocurre en Internet", añade la nota, "su principal característica será la apertura y la interoperabilidad", para lo que afirma que será necesaria la "colaboración y cooperación de empresas, desarrolladores, creadores y responsables políticos".

La compañía propone su gigantesca base de usuarios (2.900 millones de usuarios activos mensuales) con sus relaciones establecidas para liderar este "metaverso", que pretende llegar a todos los dispositivos e integrar divisiones de la compañía enfocadas en productos para comunidades, creadores, comercio y realidad virtual.

Problemas a la vista

Uno de los principales problemas a los que se puede enfrentar la red social es su falta de credibilidad, especialmente entre los responsables políticos informados. "En las nuevas regulaciones debería quedar claro que no se puede permitir que integre el "metaverso" en algo tan adictivo como Facebook", sostiene el abogado especializado Carlos Sánchez Almeida, director jurídico de la Plataforma en Defensa de la Libertad de Expresión (PDLI), "de la misma manera que no se permitió a Microsoft integrar por defecto su navegador Explorer dentro del sistema operativo Windows".

"Facebook está constantemente buscando mecanismos con los que seguir ganando ingentes cantidades de dinero a través de la publicidad, y este es uno de ellos", afirma Manuela Battaglini, experta en ética en sistemas autónomos e inteligentes y directora de Transparent Internet. En declaraciones a Público, Battaglini cree que este movimiento "responde a la cultura de una empresa que tiene por único objetivo ganar dinero y tiene totalmente apartado cuidar el bien común".

"¿Cómo sabemos cuál es su cultura?", se pregunta la experta, y responde: "Observando su producto: vulnera la privacidad de las personas, manipula a través de sus anuncios, perfila a los ciudadanos por su ideología política, pone en grave peligro las democracias del mundo".

Almeida pone el foco en que este "metaverso" propuesto por Facebook "es una experiencia inversiva en una red social ya de por sí adictiva, de modo que puedes estar plantando un paraíso artificial a un niño que quizá no distinga la realidad de la ficción". "De hecho ya pasa en metaversos o mundo abiertos como en World of Warcraft", recuerda.

Otros análisis sobre esta iniciativa, como en Hipertextual, alertan del riesgo de una inmersión en un mundo de consumo y entretenimiento impulsado por el jefe máximo de Facebook, en donde "el sol es de marca registrada" y estemos aún más vigilados.

Por cierto, el propio Stephenson, además de acuñar el nombre "metaverso", "predijo también una infección vírica en ese mundo virtual que podía llegar a matar en la vida real", evoca Almeida medio en broma, aunque ya en serio alerta de que "no se debería permitir que un monopolio como Facebook entre en el terreno de los metaversos".

 

19/10/2021 07:46

Pablo Romero//twitter.com/@pabloromero">@@pabloromero

Martes, 19 Octubre 2021 05:56

América Latina, retrato en negro

América Latina, retrato en negro

"Fui guerrillero en Bolivia y en Nicaragua. Luché con las armas en la mano porque era lo que había que hacer. No quedaba otra alternativa", decía Luis Sepúlveda.

Meses antes de fallecer la causa del coronavirus, el chileno Luis Sepúlveda recordaba sus años de combate: "Fui guerrillero en Bolivia y en Nicaragua. Luché con las armas en la mano porque era lo que había que hacer. No quedaba otra alternativa". Hablaba así durante la grabación de Latin Noir, documental de Andreas Apostolidis que explica la explosión de la novela negra en América Latina en la década de los 70, coincidiendo con la extensión de las dictaduras militares que entonces asolaron el continente.

Como paso previo a su carrera literaria, Sepúlveda ingresaba en 1979 en la Brigada Internacional Simón Bolívar y tomaba parte en la Revolución Sandinista. Mientras tanto, otros compañeros de generación, con el mexicano Paco Ignacio Taibo II a la cabeza, ya estaban sumergidos en las viciosas aguas de ese latin noir publicando historias de detectives. Querían contar aquella América Latina tan convulsa desde lo policial, pero sin intrigas de cuarto cerrado ni misterios de salón, atentos a la premonición nerviosa de sus países. Todos compartirían, andando el tiempo, la poética de Dashiell Hammett, represaliado en la noche del macartismo y piedra inaugural del género: la policía está corrupta y el Estado mata antes de preguntar. Con Pinochet en Chile o Videla en la Argentina, no se trataba de una ficción.

Pasaron cuarenta y cinco años desde que Taibo publicó Días de combate, primera entrega de la serie Belascoarán Shayne. Pero esa región que abarca más de veinte millones de kilómetros cuadrados de superficie, veinte países y unos seiscientos cincuenta millones de habitantes, sigue siendo un territorio interpretable desde un género nacido entre México y la Argentina como un observador privilegiado del rostro multiforme de la violencia, el narcotráfico o la corrupción. Si aquellos autores se empeñaron en llevar a su arroyo la fórmula del noir hammettiano con un análisis en primera línea de la realidad social de su tiempo, no hay duda de que lo consiguieron. Examinaron las raíces menos visibles del delito y le dieron la razón al Balzac que advertía la sombra de un crimen detrás de toda gran fortuna. Así y todo, el devenir social y político de sus países, en la actualidad, con las calles en tensión y la economía herida por la pandemia, insiste en mirarse en el espejo de un thriller en constante actividad. El retrato en negro no muda de color.

América Latina continúa siendo una de las regiones del mundo más violentas para las mujeres. En México, las estimaciones señalan unas 10 asesinadas y 26 desaparecidas al día, datos que las fuentes oficiales de 2020 traducen en 3.752 asesinatos. Lejos de esos números, pero no por eso menos estremecedores, el observatorio Mumalá cifra en 320 los casos de muertes violentas de mujeres durante el pasado año en Argentina. Desde ese escenario de terror escribe Dolores Reyes, autora de Cometierra (Sigilo) y feminista vinculada a los movimientos sociales. "Nací en 1978, en medio de las desapariciones provocadas por la dictadura. Y crecí con esa realidad muy presente, una herida a la que luego se sumaron los feminicidios". Reyes se refiere al drama que alentó su novela, un viaje entre lo criminal y el realismo mágico con ecos de Juan Rulfo. Una vidente del conurbano de Buenos Aires, en ausencia de pesquisas oficiales, come tierra para seguir la pista de mujeres desaparecidas. "Contar una historia que cuestione los orígenes de la violencia, la desigualdad o el funcionamiento de la justicia provoca que, sea o no tu intención, acabes pisando el territorio de la novela negra", explica la escritora.

Reyes se implicó a fondo en la lucha por la legalización del aborto en el país, que llegaría en diciembre de 2020, en plena pandemia, tras arrastrar las movilizaciones sociales más importantes de su historia reciente. Argentina se unía así a Uruguay, Cuba o Ciudad de México, cuyas legislaciones reconocen el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, ejemplos bien diferentes a los de Nicaragua, Honduras o El Salvador, con leyes prohibicionistas. En esos pañuelazos participó también Claudia Piñeiro, con una larga trayectoria narrativa y habitual en las marchas, que acaban de celebrar su sexto aniversario. El aborto y la moral religiosa, pasados por el tamiz del policial, conforman el núcleo de Catedrales (Alfaguara), novela con la que la autora de origen gallego ganó el premio Hammett de la Semana Negra de Gijón. Presentada con el habitual pulso narrativo de la casa, recupera la investigación de la muerte de una joven de clase media cuyo cuerpo aparece desguazado en un predio al sur de Buenos Aires. El peso de la familia atraviesa sus páginas. Y, al igual que Cometierra, vuelve a la cuestión de las mujeres sin voz, escondidas bajo el silencio impuesto por el patriarcado. Reyes, que celebra la conexión con Piñeiro, advierte: "No podemos bajar la guardia. Vendrán oleadas conservadoras que pretenderán disciplinar de nuevo nuestros cuerpos. Pero ahí estaremos otra vez las mujeres». Cada dos horas y media, América Latina registra un feminicidio.

Los mexicanos acudieron a votar en junio pasado tras una campaña que dejó una cosecha roja de noventa políticos asesinados y cientos de agresiones contra cargos públicos. Los resultados dibujaron una frontera interna en la capital del país: los barrios del este votaron en bloque por Morena, el partido del presidente López Obrador, y los del oeste, por la coalición de los grandes partidos tradicionales. Sobre el mapa, en las redes se bromeó con esa especie de muro redivivo de Berlín, línea divisoria que separa las zonas más acomodadas de aquellas con escasos ingresos o directamente pobres. No se trata de una casualidad. Abriendo el foco, América Latina es la región más desigual del mundo y la pandemia empeoró las diferencias. A principios de 2020 se contaban 76 ciudadanos con un patrimonio superior a los mil millones de dólares. Ahora, a pesar de la crisis, a mediados de este 2021, superan ya el centenar. Mientras unos pocos se enriquecen, el PIB se contrajo un 7,7% en la zona por efecto del coronavirus. La pobreza afecta a uno de cada tres habitantes, dicen los datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

El mexicano Iván Farías, que acaba de publicar en España Un plan perfecto (Real Noir), señala la fecha de inicio del imparable ascenso de la desigualdad en su país: "Aquí comienza a agravarse desde que en 1994 entra en vigor el tratado de libre comercio con los EUA y Canadá, que supone que muchas empresas mexicanas terminen en manos de multinacionales». En apenas cinco años, la pobreza creció hasta el 28%, mientras empresarios como Carlos lim, quizás la persona más rica del mundo, se beneficiaban de la desregulación del mercado de trabajo. Ese paño de fondo está presente en la cáustica amoralidad de su novela, poblada de personajes consumidos por la avaricia que buscan aumentar sus posesiones materiales al precio que sea. No obstante, el protagonista es un ladrón con un código moral que evita el empleo de la violencia. "No solo del narco vive la novela negra en México", apuntan en la editora. Pero al otro lado de su presencia habitual en la ficción −en Netflix ya se puede ver Somos, basada en la masacre de Allende, perpetrada hace una década por Los Zetas−, los cárteles se nutren cada día de los elevados niveles de pobreza en el país.

Por el camino, su samaritanismo de Instagram deja alguna estampa disparatada: la hija del Chapo Guzmán, en los peores días de la pandemia, se dedicó a repartir cajas de alimentos con la imagen impresa de su padre. Farías mira más allá del río Bravo, desbordado cada año con millares de migrantes centroamericanos, para explicar la cronificación de una trama sin fin: "La violencia y las diferencias económicas son compartidas con los Estados Unidos, sólo que ellos tienen mejor prensa. Pero es suficiente con leer a Dennis Lehane, a George Pelecanos o a Richard Price. Ahí está la cantidad de gente que vive sin techo o en los coches, los millones de armas, los lugares donde no existe el Estado. Mientras sigan siendo un país neoliberal y corrupto, los mexicanos seguiremos arrastrados por eso».

En Chile, las protestas de finales de 2019, iniciadas con las manifestaciones de estudiantes, descontentos por el aumento de los precios del transporte público, acabaron con la convocatoria de un plebiscito para cambiar la constitución de Pinochet. Una esperanza en marcha, pero a cambio de muertos, orturados y alta tensión social. La indignación se trasladó a Colombia, donde una dura reforma fiscal agitó los ánimos a finales de abril. El presidente Iván Duque ordenó el despliegue de cuatro mil miembros del ejército en Cali para frenar el incendio en las calles. Una partitura semejante a lo que vimos en Chile cuando Sebastián Piñera declaró al país "en guerra" y echó mano de diez mil uniformados para encarar el conflicto. Argumentos todos de este siglo, pero no muy distintos a los que incorporó a sus obras a vieja guardia del latin noir. El último punto de giro podemos buscarlo en Nicaragua: Daniel Ortega deteniendo políticos de la oposición, incluidos antiguos guerrilleros que liberaron el país de la dictadura en 1979, ante el miedo a perder las próximas presidenciales de noviembre.

El contexto parecería propicio para una novela de Leonardo Sciascia o Jean-Patrick Manchette, líder espiritual del neo-polar francés de los 70. Pero, en opinión del guatemalteco Francisco Alejandro Méndez Castañeda, para un análisis eficaz no hace falta que la conciencia sea la única musa del escritor. El reflejo de un escenario tan turbio habla por sí mismo. "Nada mejor que la novela criminal para describir las consecuencias de la crisis capitalista y el auge de los populismos, pero no es estrictamente necesario que los investigadores sean, pongamos por caso, de inspiración marxista. Es suficiente con presentar una pesquisa que siempre nos acabará trasladando a un sistema corrupto".

Coinciden entre las últimas novedades que llegan del otro lado del charco Y líbranos del mal (Seix Barral), del peruano Santiago Roncagliolo, o Perro muerto (Alrevés), del chileno Boris Quercia. Méndez Castañeda, premio nacional de literatura en Guatemala, viene de editar en México Si dios me quita la vida, nueva entrega del comisario Pérez Chanán, aún inédito en España. Señala un trazo distintivo del policial latinoamericano respecto al de estas latitudes: "Diría que el cinismo, el humor negro, la manera en que abordamos la muerte. La realidad de nuestros países es tan irracional que hasta se puede arrancar una carcajada de los interrogatorios más salvajes de la policía. Pensemos en Agosto, del brasileño Rubem Fonseca, o en algunas novelas del cubano Leonardo Padura». Antes bien, la revisión de algunos datos en frío, al otro lado de la literatura, no provoca risa. En Venezuela, líder de la región en homicidios, fallecieron cerca de doce mil personas el año pasado por muerte violenta. La paradoja es que los números descendieron a la mitad respecto a 2018. Una explicación la encontramos en la depresión económica. La delincuencia también emigra.

El recurso al lawfare −empleo de la justicia para la persecución política− está a la orden del día en la región, abundante en thrillers jurídicos. En Brasil, millones de ciudadanos votaron en 2018 a Bolsonaro pensando que Lula de la Silva era un delincuente. Una campaña por tierra, mar y aire lo llevó a la cárcel y lo inhabilitó para presentarse a unos comicios que lo daban ganador. Los tribunales han anulado la condena, reconociendo que no fue juzgado con imparcialidad. En Bolivia, una ofensiva jurídica similar acabó con Evo Morales, en el exilio desde finales del 2019, hasta que un año después el país recuperó la democracia con la victoria de Luis Arce. Hoy las comedias trumpistas amenazan la democracia en Perú.

El resultado de las recientes elecciones mostraron que el maestro rural Pedro Castillo ganó por una margen de unos 44.000 votos, pero Keiko Fujimori se empeñó en no aceptar la derrota argumentando, siempre sin pruebas, que existió fraude. Sigue impulsando un movimiento en el tablero que tiene traza de intento de golpe de estado, con el objetivo de deslegitimar la victoria de su rival y propiciar una intervención del ejército. La última reaparición de un personaje tan siniestro como Vladimiro Montesinos, exasesor presidencial, haciendo llamadas telefónicas desde la cárcel para alterar los resultados, confirma una nueva pata en la estrategia desestabilizadora.

Cesar Alcázar, editor del sello Safra Vermelha y organizador del festival Puerto Alegre Noir, el mayor evento literario del género en el Brasil, describe la contaminación que está dejando el discurso bolsonarista en la esfera pública: "Su llegada provocó un retroceso abismal en el debate político. Ahora ya no hay ideas ni propuestas, solo triunfan las provocaciones y las reyertas en las redes sociales, las noticias falsas, las constantes teorías de la conspiración". Fue allí, en Puerto Alegre, donde el prefeito −a autoridad municipal− llegó a aparecer en un vídeo pidiéndoles a los vecinos que dieran su vida para salvar la economía. "Se respira un fuerte rechazo contra los intelectuales, mucha hostilidad contra los trabajadores de la cultura.

Hay un continuo negación de la ciencia», apunta Alcázar. Pero a mediados de junio, centenares de brasileños asistieron a las numerosas manifestaciones que tuvieron lugar en varios estados para exigir la renuncia del presidente, acusándolo de dar prioridad a la Copa América frente a la tragedia humanitaria que siguió a la pésima gestión de la pandemia. Las marchas se desarrollaron en cuatrocientas ciudades, el doble que en las movilizaciones celebradas en mayo. Y aunque se prefiere no cantar victoria, comienzan a viralizarse con más intensidad las causas del sector progresista. Durante las protestas, los análisis indicaron que Bolsonaro perdió el combate en las redes ante el impulso de Lula, vencedor en contenido positivo y capacidad de movilización. En 2021 no habrá Puerto Alegre Noir, pero Alcázar espera recuperarlo el año que viene. No recomiendan la lectura de Entierre a sus muertos (Companhia de las Letras), de Ana Paula Maia, para tener un retrato perfecto de la actual atmósfera del país. Y pronuncia una palabra que no se apaga nunca: "Esperanza". A pesar de que el retrato de este viaje insista en el negro.

19/10/2021 07:47

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María Ressa, Justo después de ganar el premio Nobel de la Paz 2021. Mark R. Cristino. EPA/EFE

La célebre periodista filipina, azote del régimen de Rodrigo Duterte —el llamado 'Trump asiático'—, brinda una lección de humildad en una larga entrevista en la que sostiene que ser periodista hoy requiere mucho valor y mucha empatía.

La co-ganadora del Premio Nobel de la Paz de 2021—la única mujer en esta edición— tiene una voz clara y amable. Maria Ressa (Manila, 1963), abrumada por la repercusión de su premio, busca un hueco en su imposible agenda para hablar sobre la importancia de un periodismo libre y valiente. Para ella, "el trabajo de ser periodista, de decir la verdad al poder, de exigir responsabilidades, se ha vuelto no sólo más difícil, sino mucho más peligroso".

El Nobel es el último de una interminable lista de galardones internacionales para esta periodista, de aspecto frágil y sonrisa generosa, que estudió biología molecular en la Universidad de Princeton en los años 80. Su incansable labor de denuncia de las violaciones de derechos humanos, tanto en Filipinas como en gran parte de Asia, la ha convertido en el azote del Gobierno de Rodrigo Duterte (el llamado 'Trump filipino'), un régimen cuasi dictatorial en el que cualquiera puede ser acusado de terrorismo si protesta contra el Gobierno bajo el paraguas de la sangrienta 'guerra contra las drogas'.

La periodista tiene abiertos seis procesos judiciales contra ella simplemente por hacer su trabajo — "mi libertad está en juego", afirma tranquila, "podría ir a la cárcel el resto de mi vida"— y, de momento, no puede salir de su país, cuyo Gobierno ha sido acusado por crímenes de lesa humanidad ante la corte penal internacional de La Haya; la ONU tiene comprobados al menos 248 asesinatos de defensores de derechos humanos, juristas, sindicalistas y periodistas.

En una larga conversación con Público a través de videollamada, Ressa habla en primer lugar de las redes sociales como un instrumento de dominación y represión por la cantidad de datos a los que los gobiernos pueden acceder, y por su poder para distribuir información sesgada basada en sus propios algoritmos. También por el ciberacoso —que ella misma sufre— que termina degenerando en violencia física.

Además, son un campo abonado para la desinformación; para una periodista como Ressa, para quien los hechos son sagrados, no hay otra formula contra la desinformación que seguir haciendo periodismo. En uno de sus libros más conocidos, 'From Bin Laden to Facebook' (2012), hace una década Ressa ya relacionaba el auge del terrorismo internacional con la difusión (intoxicación) de los mensajes a través de las redes sociales.

También cuenta por qué tuvo que fundar su propio medio, Rappler, un bastión de independencia informativa frente a los grandes poderes económicos y políticos. El propio Duterte ha llegado a calificar a ese influyente medio de "sucursal de noticias falsas". Convertida en un símbolo de libertad de expresión y defensa de los débiles frente a las atrocidades de los gobiernos y las multinacionales, ella se ve a sí misma, por encima de todo, como una periodista más.

¿Qué significa para usted haber ganado el Nobel de la Paz?

Creo que es un reconocimiento apropiado para el tiempo en que vivimos. La última vez que un periodista ganó esto fue hace 85, 86 años, y languideció en un campo de concentración nazi. Creo que hay una señal. Hay algo que está mal. Hoy en día, el trabajo de ser periodista, de decir la verdad al poder, de exigir responsabilidades, se ha vuelto no sólo más difícil, sino mucho más peligroso. Yo misma podría ir a la cárcel por el resto de mi vida. Cuando era una joven periodista, jamás pensé que llegaría a esto.

Llevo haciendo periodismo 35 años, y es impactante mirar hacia atrás y recordar lo que por lo que hemos tenido que pasar en los últimos cinco años. Pero es que la cita de Nietzsche siempre es verdad: lo que no te mata te hace más fuerte. Creo que eso es lo que exigen estos tiempos. Y por eso creo que el Nobel es una inyección tremenda de energía y adrenalina para los periodistas filipinos.

También para los periodistas en todo el mundo, ¿no?

Sí, claro. Para mí, el mayor cambio que hemos experimentado en nuestra labor como periodistas ha sido cómo la tecnología quitó a las organizaciones de noticias el poder de distribución, cómo arrebató el poder de los medios de proteger la esfera pública y abdicó de toda responsabilidad. Todo lo que podemos hacer como periodistas es seguir haciendo nuestro trabajo, pero estamos compitiendo en un campo de juego desigual, donde los algoritmos de distribución están en realidad sesgados contra los hechos.

Además, existe ese tipo de manipulación insidiosa de las emociones de las personas que reciben las noticias, lo que hace que sea significativamente más difícil tener un discurso público. De hecho, se hace imposible.

En 35 años de periodismo siempre frente a los poderosos, ¿qué precio ha tenido que pagar por ello?

[Se rie] ¡Ya tengo canas! En realidad no me hago ese tipo de preguntas porque es difícil de responder, porque la única alternativa es perder las ganas de hacer tu trabajo. Sin embargo, mientras la administración de Duterte me ataca, yo sé por qué hago lo que hago. De hecho, yo he escrito las normas y manuales de ética de algunas organizaciones de noticias. Sabía dónde me metía y conocía la misión. Creamos Rappler precisamente para ser independientes de cualquier tipo de presión comercial o política.

Los cuatro cofundadores habíamos trabajado antes en grandes grupos de noticias y nos dimos cuenta de que si no tienes independencia económica, no tienes poder. Cada organización de noticias debe encontrar un modelo de negocio sostenible. Y esto me lleva a otro argumento: creo que las organizaciones de noticias deberían estar dirigidas por periodistas, buenos periodistas que sepan de negocios o que sepan cómo construir modelos de negocio alternativos. Porque entonces ya sabes las líneas que no puedes cruzar.

Otra cosa que hace de Rappler diferente es que fue creado por gente mayor, veterana; yo dirigía la mayor organización de noticias de Filipinas. Y aunque yo sabía que la tecnología estaba poniendo todo patas arriba, es complicado darle la vuelta a un Titanic, a un medio tradicional. Sin ánimo de ofender a mis antiguos empleadores [se ríe], tienen un problema bien gordo.

Como usted sabrá quizá mejor que nadie, estamos rodeados de noticias falsas y desinformación. ¿Existe la posibilidad de que ganemos esa guerra informativa?

Por supuesto que sí. Por eso, de las 24 horas que tiene un día, intento cómo hacer para poder invertir un 20% de mi tiempo en algo que me reporte el 80% de los resultados. En Rappler tenemos tres pilares fundamentales: tecnología, periodismo y comunidad.

Me preocupa que las plataformas tecnológicas en las que estamos todos nos estén entrenando a todos también. Me refiero a la muerte de la democracia por miles de pequeños ataques. Los algoritmos de las plataformas están sacando nuestro peor yo, y lo está haciendo por dinero, para obtener beneficios. En este sentido, cuando vi a la última denunciante de Facebook, Francis Hogan, cómo explicaba [las manipulaciones de esta red social] en el Senado de EEUU la semana pasada, me reafirmé en que merece la pena sobrepasar este virus de mentiras que se ha desatado en nuestro ecosistema de información.

La distribución algorítmica actual nos está cambiando como personas a peor. Nos está dividiendo. Y esas grietas están siendo explotadas por el juego de poder geopolítico. Así que estamos siendo insidiosamente manipulados.

Por eso considero la tecnología como algo vital: en 2022 tendremos elecciones presidenciales, y hay que tener en cuenta que en Filipinas, Facebook es sinónimo de internet [hay 47 millones de cuentas activas, casi la mitad de la población del país]. Y esta es la razón por la que he estado trabajando la mayor parte de los últimos dos años con grupos internacionales como Real Facebook Oversight Board y Forum on Information and Democracy. He copresidido un grupo de trabajo para proponer doce soluciones sistémicas lo que llamamos la infodemia y 250 tácticas. Ya no estamos en el momento de hablar del tema, sino de actuar: tiene que haber una regulación.

También es importante para mí trabajar con las plataformas para mostrarles el impacto de las decisiones algorítmicas que están haciendo: apelo a su propio interés cuando les muestro que el dinero que ganan no puede ser a costa de destruir una democracia o de enviarme a mí a la cárcel. Porque este es otro punto muy importante: las plataformas sociales han creado un entorno que permite a las autoridades silenciar a los periodistas de una forma más eficaz.

Los medios sociales son como un fertilizante para campos de exterminio. Y por eso estamos construyendo nuestra propia tecnología. Al fin y al cabo, la democracia no es nada si no existen razonamientos basado en hechos y pruebas: las discusiones, los debates políticos, tienen que tener eso. Y esos insultos de jardín de infancia que fomentan las plataformas de medios sociales nos lleva al sinsentido. Me pone mala.

De modo que es necesario cambiar los algoritmos, porque a través de ellos ganan dinero a costa de nuestra democracia y de nuestra gente. Puedes hacerlo tú mismo. Y las plataformas pueden hacerlo. Después de las elecciones presidenciales de Estados Unidos sabemos que pueden fomentar y dar más visibilidad a las noticias basadas en hechos. Pueden hacerlo. Ganan menos dinero, pero protegen al público.

¿Qué más se puede hacer?

Tenemos que ayudar a las organizaciones de noticias independientes a sobrevivir a este periodo. El modelo de negocio del periodismo está muerto: la publicidad se ha marchado hacia las mismas plataformas que están matando los hechos. Por esta razón dije sí a copresidir el Fondo Internacional para los Medios de Interés Público (IFPIM) junto con el ex director general de The New York Times Mark Thompson.

¡Yo ya estaba haciendo esto antes de que mi mundo se pusiera patas arriba con el Premio Nobel! Ojalá logremos recaudar 1.000 millones de dólares al año para organizaciones de noticias en las que los periodistas corren enormes riesgos por decir la verdad sobre el poder.

Y, por último, es imprescindible para los medios generar comunidad. Nosotros exponemos información independiente y denunciamos la insidiosa manipulación que se hace a nuestro pueblo. En 2011, cuando aún no había salido Rappler, ya estábamos construyendo comunidad.

Antes, tras pasar tantos años con la CNN, ya me había dado cuenta de que era una mera observadora; entraba y salía rápidamente de muchos de los países que cubría. Pero es que yo quería construir algo. Creo que una democracia se compone esencialmente de la sociedad civil, de las ONG, de los ciudadanos que se preocupan, que conocen los hechos y presionan para actuar. Así que esa fue la razón por la que lanzamos Rappler, también creo que esto funciona en una dinámica global.

La labor fundamental es presionar en EEUU, porque las plataformas de redes sociales más extendidas son de allí. Nosotros tenemos elecciones en Filipinas en 2022. ¡Por favor, hagan algo desde ya!

Usted ha investigado el poder de las redes sociales y su libro 'From Bin Laden To Facebook' lo dice casi todo con el título. ¿Qué es más peligroso, enfrentarse a los poderosos cara a cara o enfrentarse a las multinacionales que se están lucrando con estos mensajes de odio?

Creo que ambas cosas son difíciles de diferentes maneras. Una lo sabe cuando dices la verdad al poder, cuando exiges respuestas. A partir de ahí te encuentras con un problema de seguridad: en Rappler hemos tenido que aumentarla ya seis veces desde 2016. La violencia online se convierte en violencia en el mundo real. Fue parte de lo que que vimos, por ejemplo, en la 'convocatoria' para llevar a cabo el atentado de Christchurch (Nueva Zelanda). Hemos podido verlo desde el 11-S. Así que tenido que aumentar la seguridad; mi libertad está en riesgo. Encima, ahora mismo no puedo viajar fuera de Filipinas. Es una locura.

Hay días en los que me digo ¿qué estoy haciendo? ¿Por qué estoy haciendo esto? Y luego me siento y me tomo una copa con los amigos y simplemente dices: "Bueno, es lo que hay". Yo soy quien soy. Creo que llegamos maduros a un momento difícil para el periodismo, pero es un buen momento porque determinaremos en qué se convertirá.

Parece que es un precio extra que ha pagado…

Siempre digo que parece que estamos corriendo una carrera de relevos, cada generación pasa el testigo a la siguiente. Y resulta que me he convertido en una nueva líder en mi país, en un momento en el que me han pasado el testigo. Y siento que en lugar de correr por una pista lisa ésta está llena de clavos. Pero tienes que seguir para poder pasar el testigo a la siguiente persona.

Y después de todo lo que le están haciendo por defender la libertad de expresión y la verdad, los hechos, frente a la propaganda y las presiones, con todo un régimen en contra… ¿cómo lo hace para seguir?

Me lo han preguntado varias veces antes y he estado pensando en que creo que lo primero está en tu mente, en cómo defines lo que tienes que hacer. Y estuve meditando sobre el tema especialmente cuando me preguntaron en Filipinas por qué el gobierno tardó tanto en felicitarme [Maria Ressa es la primera mujer filipina en recibir un Nobel; el Gobierno de su país tardó cuatro días en felicitarla], algo tan simple que para mí es duro.

Estoy pensando que lo difícil es no definirme como periodista; una no se define en oposición a una persona o a un gobierno. Cuentas las historias, cuentas los hechos, y cuando violan tus derechos pues también lo cuentas. Pero, en general, ha habido violaciones sistemáticas de la Constitución [filipina], puedo probarlo y lo cuento. Al final no siento que lo que me está pasando sea algo personal, sino que resulta que soy el símbolo al que querían golpear. Sí, es cierto. Así que es extraño, recibo tanto lo mejor como lo peor.

La razón por la que el Comité del Nobel premia ahora a los periodistas es por los cambios en el mundo y lo peligroso que es para el oficio. Y la razón por la que nos eligieron a Dmitri [Muratov, director de Novaja Gazeta y defensor de las libertades en Rusia] y a mí es porque somos un símbolo de todos los periodistas que, como nosotros, simplemente hacemos nuestro trabajo. Por eso yo no me defino como una oposición frente a nada, yo defino la misión y ésta se ha vuelto más difícil. Tengo mis valores que me hacen mantener la línea de acción porque sé que si no lo hiciera, no sería yo. Así es como he construido mi identidad: soy periodista.

¿Cómo se construye un personaje como Rodrigo Duterte? O como como Teddy Lux Jr. [el controvertido ministro filipino de Exteriores] y ese tipo de gente similar a Donald Trump ¿Cuáles son los hechos que has visto para que un hombre así se convierta en presidente?

Pienso en Trump y Duterte y me sale la imagen un hombre machista, como mínimo sexista o, peor, misógino. Tienen un ego tal que toman el poder de forma muy paternalista. No se preocupan por cumplir con las leyes sino que se preocupan porque tú cumplas sus leyes. En este caso es muy sencillo verlo: Duterte siempre ha estado en el poder. Su familia y él mismo han gobernado la ciudad de Davao [la tercera ciudad más poblada de Filipinas] desde 1988.

Es casi como un clan político, muy feudal. Es un sistema feudalista impulsado por la propaganda. Y esa es parte de la razón por la que se comporta de esta manera. Gobernó la ciudad de Davao a través de la televisión y la radio; cada semana tenía un programa de radio y televisión, en donde abordaba los problemas más o menos la forma en que está tratando de hacerlo ahora, pero en todo el país. Lo que pasa es que se ha dado cuenta de que una nación de 110 millones de personas es mucho más compleja que una ciudad de un millón de habitantes.

Así, por ejemplo, una de las prácticas que se ha llevado de Davao a Manila es el concepto de 'sustitución'. La semana pasada tuvo lugar la presentación de las candidaturas para las presidenciales de 2022. Antes de Duterte, era cuando se formaban las agrupaciones y comenzaba la campaña informal. Ahora, se aprovecha de una laguna legal para poder cambiar candidatos hasta el 15 de noviembre.

Se basan en un tecnicismos legales y explotan las grietas del sistema, como cuando Duterte fulminó a la presidenta del Tribunal Supremo porque no le gustaba: la amenazó y se deshizo de ella, de la misma manera que yo me estoy enfrentando con él. ¡A mí me han condenado por cibercalumnia por una historia que se publicó antes de que existiera la ley que supuestamente violé!

Las plataformas sociales permitieron su ascenso, el mensaje de que él y su partido político nos salvarían. Los medios de comunicación social fueron fundamentales para su victoria. Y los medios de comunicación social —Facebook, especialmente— facilitaban datos de 'engadgement' a Duterte, la compañía incluso mandó a Filipinas a Katie Harbath, la entonces responsable mundial de políticas públicas de la red socal. Y líderes como él, que proclaman "ellos contra nosotros", utilizan las redes sociales para propagar la violencia y el miedo.

A ello hay que sumar una desilusión general con la clase política, con las élites. Lo estamos viendo en todo el mundo. Durante la pandemia, la tendencia global es que los ricos son más ricos y los pobres, más pobres. Y esto, en lugar de desencadenar una crisis hacia un cambio, parece un goteo de malas noticias que llegan demasiado lentamente. Todo lo anterior unido creo que forma la tormenta perfecta para el surgimiento de estos líderes, hombres fuertes, al igual que en 1938, 1939... Es decir, son elegidos democráticamente y luego, una vez que están en el poder, lo aumentan y lo acaparan desde dentro. Yo o veo así.

Y todo esto pasa delante de nuestras narices

Y tú vives en un país que también está yendo hacia allá, ¿verdad? [se ríe]

Hace un rato, gracias a un tuit de una compañera de profesión, me enteré que en esta edición de los Nobel sólo hay una mujer premiada —usted—, los demás son hombres; de hecho, hay más hombres llamados David (cuatro) que mujeres. Quizá sin entrar en tópicos, y siendo una mujer poderosa a influyente, ¿cree adecuado hacer un llamamiento mundial para evitar este tipo de desigualdades?

Lo único que puedo señalar es que las mujeres reciben, al menos, diez veces más ataques que los hombres en Filipinas, porque éste es un ecosistema que podemos mapear. Y hemos hecho algunos estudios de género que muestran eso. Y aunque estos datos tienen ya unos años, hace poco más del 70% de los empleadores, si tienen que elegir entre un hombre y una mujer con la misma calificación, elegirá al hombre. Creo que ha de darse un cambio cultural. Supongo que como el cambio climático, como la diversidad de género, como la lucha de la comunidad LGTBI.

Creo que gracias a la tecnología hemos dado dos pasos adelante, pero como las plataformas de los medios sociales también permiten todo tipo de misoginia y sexismo, es como si todo el mundo sacase de sí mismo también su peor yo. Inevitablemente pienso en las minorías, las personas que no tienen una voz más fuerte, se vuelven aún más vulnerables. O asiáticos. Me alegra tanto que saques este tema, porque tú eres un hombre blanco europeo.

Para finalizar, quisiera pedirle un consejo a los lectores, especialmente a jóvenes que quieren contar una historia y que quieren hacer periodismo. ¿Cuál es la regla número uno para usted?

Creo que voy a dar dos. Una es lo que busco en un periodista para contratarle. El otro viene de cuando soy yo quien hace el reportaje.

La primera es cada vez más importante, quizá, sobre todo a medida que me hago mayor. El rasgo necesario para un buen periodista es el valor. Eso es increíblemente importante. Pero no para ir a dar puñetazos: de hecho, yo no ejerzo ese tipo de periodismo. de hecho, no creo que el periodismo tenga que ver con el “te pillé” tanto como con tratar de ponerse en los zapatos de la otra persona, y en el proceso obtendrás mucho más.

Y aquí está el segundo consejo. Cuando eres tú el que hace la información, se trata de llegar al núcleo de la persona con la que estás hablando. Cuando era más joven, solía pensar que cada persona es un tesoro, y todo lo que tienes que hacer es mirar bien. Afortunadamente, sigo pensando así.

Porque a una le puede gustar o disgustar una persona, pero debe descubrir su núcleo: eso es lo que busco. Me atrae la gente que es abierta, pero al mismo tiempo una persona no es abierta puede contener en su núcleo un diamante o una perla, lo que sea que estés buscando. Eso se llama empatía.

Madrid

15/10/2021 21:29

Pablo Romero//twitter.com/@pabloromero">@@pabloromero

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Sábado, 16 Octubre 2021 06:03

El hombre que se autorreplicó en robot

El hombre que se autorreplicó en robot

El ingeniero Hiroshi Ishiguro --director del Laboratorio de Inteligencia Artificial en Universidad de Osaka-- se autorreplicó como robot en 2006: Geminoid HI-1 fue su clon con piel de silicona y esqueleto de metal. Lo coronó con su propia cabellera luego de raparse al ras. Ya había experimentado con su hija Risa de 5 años, quien al verse duplicada con realismo pasmoso, no pudo honrar su nombre: gritó de espanto y huyó. Su entrada al arte de replicar fue en asociación con OrientIndustry, fabricante de muñecas sexuales de primerísima calidad (algunas simulan niñas). Allí aprendió la técnica plástica y luego la mecanizó.

El segundo gemelo de Ishiguro fue más avanzado en gestualidad y habla. HI-2 viste de negro como su amo y es más realista que una escultura de Miguel Ángel: se distinguen hasta las cutículas. Sus gestos reflejan melancolía, enojo, escepticismo e introspección con movimientos de boca, cejas, pómulos, frente, brazos, manos y cabeza. Está siempre sentado y no es mucho más que una marioneta parpadeante a control remoto con un ventrílocuo oculto: las palabras le son transmitidas sintetizadas y salen por un parlante bajo un florero. A HI-2 lo hizo más joven que a su hermano mayor: el científico se había retocado el rostro en un quirófano. “Mi anterior geminoide se veía más viejo que yo”, declaró.

El robotista japonés es un pop-star que gira por el mundo dando conferencias algo circenses. Se presenta junto a su alter ego y actúa como si fuesen dos en uno: “el robot es una extensión de mi cuerpo y estamos mentalmente conectados por Internet”. Si la invitación llega de una ciudad que no le interesa, despacha al geminoide y lo teleopera. De lo contrario, se van de viaje los dos. El cuerpo va en una caja en la bodega y la cabeza en su bolso de mano. Al pasar por rayos X la policía aeroportuaria abre el bolso en shock y ve dos cabezas geminianas que se miran cómplices entre sí.

El sueño de Ishiguro es un geminoide suyo dando clase en la universidad y otro trabajando en su laboratorio: los operaría con su Smartphone desde las aguas humeantes de un onsen.

Pido una cita telefónica y la secretaria Makiko me dice que en  determinada fecha y hora Ishiguro me escuchará manejando por la ruta. Llega el día y me atiende en su inglés bacheado y osco: no parece viajar sino acomodar papeles con frenesí, a juzgar por los ruidos. Le pregunto si bromea al decir que humanos y robots “somos lo mismo”. Me explica serio --en frases cortas como dictums-- que siente que sus robots y él son la misma persona. Agrega que llegará el día en que los humanos se enamorarán de androides y estos podrán imitar el enamoramiento: "nuestro próximo paso será representar emoción y deseo”. Ya muchos japoneses aman a personajes de anime y hay empresas que les venden “certificados de casamiento” (es el fenómeno del waifuismo).

Le expongo al entrevistado el planteo de la antropóloga Jennyfer Robertson, quien investigó la relación de los japoneses con los robots y ve un nexo con la religión ancestral, el shintoísmo animista. En el imaginario nipón perduraría la idea de que las cosas contienen una entidad viviente: en una montaña, un árbol o una espada habitan esos “camis”. No es extraño entonces que un objeto que se nos parece mucho y habla, se mueve y mira a los ojos reconociendo una presencia humana, sea percibido como soporte de un alma que ofrece compañía. Me responde con desgano --como si fuese obvio-- que está muy de acuerdo: “creemos que todo tiene un alma y los robots de alguna manera también”. Donde un japonés ve un espíritu “común y corriente”, nos aterrorizamos ante un fantasma. “Los robots son nuestros amigos”, subraya el hombre criado con superhéroes como Astroboy, mientras Occidente era marcado por la autonomía destructiva de HAL 9000 en 2001 Odisea del espacio y Terminator.

Ishiguro explica el objetivo de su trabajo y me descoloca: “descubrir si los humanos pueden llegar a percibir una presencia frente a un autómata, igual que ante otro humano; yo estudio a las personas a través de los robots”. La palabra sonzai-kan --traducible como “presencia”-- es similar a la idea occidental de “aura” que sugería estar ante dios a través de un icono bizantino.

Para rematar la charla, la voz grave casi robótica se confiesa: “sueño hacer un robot irreconocible como tal y totalmente autónomo; quiero cambiar el mundo con las tecnologías. Esto no me genera temor; los robots son parte de la humanidad y sirven para mejorar la vida. Necesitamos la tecnología para ser humanos: no somos monos... si tenemos tasa decreciente de natalidad, ¿por qué no hacer robots?”. Al ser programados, no tendrían libre albedrío y no habría que temer: “si me preguntan en un sentido ético qué es más peligroso, sin dudas son los humanos”.

Ishiguro registra resultados de la interacción con robots. Ha notado miradas lascivas hacia robots femeninos y temor de parte de sus alumnos, quienes al estar horas frente a la réplica de Risa sentían que los seguía con la mirada: debió ponerla contra la pared. El caso extremo fue un joven que en la noche, pensando que nadie lo veía, hablaba a la niña y le tocaba música con una flauta. Su hipótesis es que las personas tendríamos una tendencia instintiva a proyectar en los robots nuestra humanidad. Su experimento más radical fue Telenoid, un bebé blanco y fantasmal que es puro torso y cabeza --sin piernas ni manos-- con hiperrealismo facial casi humano. Lo testeó en ancianos con alto nivel de autismo y depresión: varios comenzaron a acariciarlo, hablarle y reírse como ante un niño.

La última y más perfecta creación del genio de anteojos hexagonales fue Erica, una hermosa y menuda japonesa de flequillo y pelo de propaganda, una recepcionista devenida en presentadora de noticias y actriz de cine. Emite gráciles modos de geisha, simula respirar y es más inteligente que sus predecesores: tiene funciones autónomas que no requieren teleoperación. Hace trabajo esclavo sin quejarse en un canal online de TV y según Ishiguro, esta ninfa congelada en la flor de sus 23 años es una Androidol U. El experimento implica determinar si un robot puede convertirse en una idol japonesa admirada por millones.

El excéntrico Ishiguro declaró que pronto los robots serán tan buenos compañeros sexuales como profesores de inglés. Los Adonis y Venus mecanizades esculpidos por pupilos de Ishiguro correrán con ventaja frente a los de carne y hueso. El magistral gigoló robot en Inteligencia Artificial de Steven Spielberg prefiguró esa industria. Para empujar la evolución cyborg, este narciso oriental que se admira en su reflejo de silicona va por el mundo desperdigando sueños replicantes obsesionado por dotar de personalidad a sus creaciones. Nadie sabe hasta dónde llegará, pero es muy difícil que le alcance la vida para cristalizar su meta de superar el test de Turing: confundir a un autómata con un humano. Las computadoras aún no profetizan el futuro, pero ese día tiene ya su fecha prefijada.

16 de octubre de 2021

Julián Varsavsky es autor del libro Japón desde una cápsula: robótica, virtualidad y sexualidad (Adriana Hidalgo Editora).  

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Logo de Facebook en una pantalla rota. — Dado Ruvic / Reuters

Los gigantes de internet constituyen las empresas más valiosas del mundo desde hace años, y sus prácticas claramente contrarias a la competencia las hacen crecer más y más. Tanto en EEUU como en Europa buscan aplicar pronto nuevas reglas antimonopolio en el mercado digital para frenarlas e, incluso, trocearlas. La clave está en considerar los datos, y no el precio, como la remuneración real de estas plataformas.

 

La penúltima consecuencia de lo frágil que puede ser la última y brillante capa de internet, las redes sociales, la hemos visto esta semana con Facebook. Un fallo en un protocolo invisibilizó todo el universo de plataformas de la compañía, es decir, la propia red social, Instagram, WhatsApp, Oculus y demás. Con 2.300 millones de usuarios, —más de 3.500 millones si agregamos los perfiles de todas esas redes sociales— para medio planeta la caída de Facebook significó casi la caída de internet mismo. ¿Cómo se puede evitar éste y otros problemas derivados del gigantesco tamaño de esta multinacional?

Recientemente, un informe sobre economía digital de la Agencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) constataba que el alcance global que han logrado las grandes compañías de internet se basa, fundamentalmente, en el creciente acceso privilegiado a los datos. Estas compañías son Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet (Google), Facebook, Tencent y Alibaba, que acaparan un inmenso poder financiero, tecnológico y de mercado.

Tanto desde EEUU como desde Europa los poderes públicos se están dando cuenta de la dificultad de aplicar las normas antimonopolio a estos mastodontes empresariales, dado que no se pueden aplicar las normas del siglo XX a la realidad (digital) del sigo XXI. "Clarísimamente estas empresas han crecido tanto porque la normativa anticompetencia no ha funcionado, está pensada para evitar la concentración de empresas en perjuicio del precio", sostiene la abogada especializada en tecnología y privacidad Paloma Llaneza, que añade: "Como los servicios digitales son generalmente gratis, pues no parece que exista tal perjuicio".

En una conversación con Público, Llaneza, autora de 'Datanomics' (2019), insiste en que el problema principal para poder enfrentarse al gran poder de esas plataformas es que "se salen del esquema clásico de la competencia". De hecho, a uno y otro lado del Atlántico, los esfuerzos políticos y jurídicos se están encaminando hacia ahí, es decir, hacia una nueva definición de "competencia".

"Las normativas de competencia ya han obligado a grandes empresas a trocearse en el pasado", recuerda esta experta, tal fue el caso de AT&T en 1982, cuando fue forzada a vender varias subsidiarias. En este caso la escala es mucho mayor, porque hablamos de las compañías más grandes del mundo. La valoración por capital bursátil catapulta a Apple al primer lugar (de momento) con 2,03 billones de dólares (el PBI de Italia), seguida de Microsoft, y a continuación, Aramco (una petrolera saudí), Amazon, Alphabet (matriz de Google), Tencent, Facebook, Tesla y Alibaba.

Tradicionalmente, las normas sobre competencia en los mercados están pensados para evitar que dos o más actores lleguen a acuerdos en perjuicio del consumidor; es decir, una práctica que tratan de evitar es que se acuerden los precios de un bien (por ejemplo, la gasolina) entre las distribuidoras, de modo que es posible legalmente demostrar que esas prácticas existen (si existen) y los reguladores pueden actuar contra dichas prácticas.

Lo que sucede en las compañías digitales es que no suelen cobrar al consumidor final: proporcionan productos muy buenos, de alta calidad, fáciles de usar y rápidos, sin cobrar directamente. Nadie paga dinero por tener una cuenta en Facebook o Instagram. No hay un precio determinado, son 'gratis'.

Además, no sólo no acuerdan entre ellas nada sino que son competidoras, en el sentido tradicional del término. O bien, directamente, se compran entre ellas, como pasó en su día con Facebook cuando adquirió Instagram y WhatsApp. Compiten por un supuesto liderazgo en la innovación tecnológica.

Llaneza insiste en poner el foco en uno de los principales pasos para tratar de controlar a las multinacionales tecnológicas: la privacidad y la protección de datos. El Reglamento General de Protección de Datos europeo (RGPD), de aplicación directa desde mayo de 2018, describe cuál es el negocio de estas plataformas: la recopilación y el uso masivo de datos y metadatos. Y, de pronto, desde los reguladores de la competencia se dieron cuenta de que las normas existentes hasta ahora ya no eran eficaces para estos negocios.

Es decir, lo que la protección de los datos personales puso encima de la mesa fue el hecho de que la remuneración que obtienen las plataformas y redes sociales no tiene que ser dinero, sino los datos.

Ahogar a la competencia

Además, se llegó a la conclusión de que "la competitividad tiene que ver más con el hecho de que esta gigantes ahoguen a cualquier potencial competidor, bien imitándolos o bien directamente comprándolos a golpe de talonario", apunta Llaneza, que añade: "De esta manera no dejan espacio para otros incumbentes en el mercado, no hay apenas alternativas; y esas alternativas no se basan ya en el precio sino en una privacidad más reforzada", apunta.

"En EEUU hay una comisión en el Congreso que lleva más de un año investigando y ya ha llegado a la conclusión (PDF) de que, para controlar estas entidades, hay que trocearlas", señala la experta, que recuerda que si una de esas compañías estadounidense termina desmembrada, lo estará en todos los mercados el mundo. No estamos hablando de algo nuevo, sino de un movimiento que comienza a darse desde 2016 por parte de activistas que exigen que estas entidades se ajusten a una competencia justa.

Esta forma de abordar el problema del monopolio de estas plataformas tiene uno de sus claves en un 'paper' de Lina M. Khan, titulado "La paradoja antimonopolio de Amazon" (PDF) en el que se expone de forma muy clara cómo esa compañía se ha situado en el centro del comercio mundial escapando al escrutinio de los reguladores antimonopolio, y describe el modelo de ésta y otras plataformas: hacen que lo gratis (o un precio claramente predador) se vuelva racional, mientras asfixian a cualquier posible competidor.

Llaneza destaca que las normas comunitarias en la UE  "ya van a ir por ahí". Existen en concreto dos reglamentos europeos en marcha, uno sobre plataformas digitales y otro sobre mercados, que apuntan directamente a ese problema: el sistema de competencia actual no sirve para contrarrestar el poder de las tecnológicas, luego lo que hay que hacer es cambiar el sistema de competencia para ajustarlo a las nuevas necesidades del mercado.

La utopía que no fue

La utopía de internet, de una red descentralizada, democrática, libre y autogestionada, resuena en las cabezas de la generación que protagonizó la primera digitalización de las telecomunicaciones. Durante los años noventa, antes de la obsesión por la 'monetización', la red de redes era un espacio colaborativo, sin más normas que la llamada 'netiqueta' y en donde no importaba la comodidad, sino la libertad.

Pero desde hace años no hay espacio para la nostalgia. Desde que en 2007 el iPhone de Apple mostró el camino para llevar internet a los móviles a base de aplicaciones bien delimitadas y cercadas, la idea de una red de redes abierta resulta de alguna manera ingenua porque realmente nunca fue así. Por si fuera poco, las últimas revelaciones sobre cómo funciona por dentro el universo Facebook y el conocimiento efectivo que tiene de su "toxicidad" para los ciudadanos, gracias al testimonio de Frances Haugen, aumentan aún más el interés público de pedir explicaciones y cierto control a la empresa.

En una conversación telefónica, el informático Marcelino Madrigal plantea a Público una cuestión meramente práctica. "¿Hay alternativas a estos servicios? Pues claro que las hay, lo que pasa es que la gente quiere algo que use todo el mundo, por lo que la ventaja la tiene el primero que llega y da el campanazo", resume.

"Recordemos qué sucedió con el Messenger de Microsoft, si hubiese evolucionado el servicio sería ahora mismo el rey de la mensajería", apunta Madrigal, que recuerda que el auge de las redes sociales y de los gigantes de la red "parece fruto de una serie de catastróficas desdichas, estamos en un escenario fruto de decisiones equivocadas una tras otra: hay que recordar, por ejemplo, que el ascenso de WhatsApp fue, sencillamente, el precio disparatado de los mensajes SMS, de modo que nos la colaron por el bolsillo".

A pesar de que existen alternativas a casi todos los servicios que prestan estas grandes compañías, su tamaño y sus prácticas claramente anticompetitivas nos están conduciendo a escenarios inquietantes, como la aparente desconexión global de esta semana. "La dependencia que tenemos con los proveedores de servicios y plataformas es tan evidente que salta a la vista cuando sucede un evento como el que ha pasado con Facebook", razona este experto que, siempre alerta, apunta: "Cada uno debería valorar la información que maneja".

Casi nadie fuera de Facebook sabe lo que pasa dentro

Los gigantes de internet no sólo pueden ser perniciosos para el mercado sino, sobre todo, para las personas. Frances Haugen, la exempleada de Facebook que ha sacado a la luz las prácticas de la compañía, denunció en el Senado de EEUU que casi nadie de fuera de la firma sabe lo que pasa dentro de ella, donde se "engaña repetidamente" al público sobre los efectos nocivos de sus plataformas. Haugen explicó ante el subcomité de Protección al Consumidor, Seguridad de Productos y de Datos de dicha Cámara que el tiempo que estuvo trabajando en la empresa se dio cuenta de una "verdad devastadora": La compañía oculta información al público y a los Gobiernos, informa EFE. "Los documentos que he proporcionado al Congreso prueban que Facebook ha engañado al público de forma repetida sobre lo que su propia investigación revela acerca de la seguridad de los niños, la eficacia de su inteligencia artificial y su papel para expandir mensajes divisorios y extremistas", dijo.

Haugen compareció ante el subcomité de la Cámara Alta después de las filtraciones que ella misma hizo en los últimos días al diario The Wall Street Journal. La informante reveló su identidad en una entrevista emitida el domingo con el programa 60 minutos del canal de televisión CBS. La exempleada afirmó que ha decidido testificar ante el Congreso porque cree que los productos de Facebook dañan a los menores, fomentan la división y debilitan la democracia. “Los líderes de la compañía saben cómo hacer que Facebook e Instagram (propiedad de Facebook) sean más seguros, pero no harán los cambios necesarios porque anteponen sus beneficios astronómicos a la gente", denunció.

madrid

05/10/2021 21:58

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Ideas estéticas y literarias de Carlos Marx

Es sabido: dos de los autores más citados por Carlos Marx en todos sus escritos son Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare. Menos difundido, pero igualmente conocido, es que manejaba casi todas las lenguas europeas, que releía con fruición a los clásicos griegos (una vez por año leía a Esquilo en su original griego), y que recitaba de memoria para su familia y amigos largos pasajes de La divina comedia, así como versos de Heine y de Goethe. Fuera del alemán, sus preferidos eran el poeta escocés Robert Burns, Walter Scott y Honorato de Balzac, y alguna vez se propuso que, terminadas sus obras económicas, escribiría un trabajo crítico sobre La comedia humana. Cuenta su hija menor, Eleanor: “A mí, y a mis hermanas antes, me leyó todo Homero, todo los Nibelungen Lied, Gudrun, Don Quijote, Las mil y una noches, etc. Shakespeare era la Biblia de nuestra casa, siempre en boca de alguien y en manos de todos. Cuando cumplí seis años me sabía de memoria todas las escenas de Shakespeare”.

Estos eran, entre otros muy calificados, sus gustos personales, explicables por su inteligencia, su formación, su época. A ellos se sumaron opiniones, ya en un plano teórico, que los convalidaron, e inclinaron el fiel de la balanza hacia el clasicismo, la representación de la realidad en la obra de arte, el espejo correspondiente. No era difícil (ni necesario) deducir del conjunto una estética marxista, pero así se hizo. Omitiendo, olvidando, desviando algún concepto contradictorio. Tal, entre otros, el enigma que recorre su obra y que él jamás pudo resolver (ni otros marxistas): “La dificultad no es la de comprender que el arte griego y la epopeya están vinculados a ciertas formas del desarrollo social, sino que ellos nos procuran todavía un placer estético y que, desde muchos ángulos, representan para nosotros una norma, hasta un modelo inaccesible” (Grundisse, 1857: los planos o borradores de lo que iba a ser El Capital).

Por gustos también personales, por pereza mental, por escasa formación de buena parte de sus seguidores, se consagró sin más el realismo y la representación veraz de lo real como doctrina oficial, refrendados por ciertas páginas de Vladimir Ilich Lenin sobre León Tolstoi y por otras de teóricos estimados, como Gueorgui Plejánov, con su exploración del “equivalente social” en arte y en literatura. Para culminar viendo en la obra, aspectos múltiples de la vida económica y social expresados en un particular lenguaje. No se exploró, más bien se desechó, para hacerlo, la relación que podía existir entre esa estética que se desarrollaba como marxista, basada en un comportamiento humano específico, y las teorías y el pensamiento, no sólo estéticos, de Carlos Marx.

Sin embargo las ideas centrales de Marx que están en sus primeros textos de juventud (Manuscritos, de 1844), que recorren de modo permanente toda su obra, y que fundarían una nueva estética, son su concepción del hombre como trabajador y transformador de la realidad en medio del conjunto de la sociedad y sujeto a las relaciones que ella impone, exteriorizando, objetivando, manifestando en esa producción su propio ser, su situación de creación y, a la vez, de enajenación. Son esa concepción del hombre, de la historia y de la sociedad las que fundarían y constituirían los principios de una estética. Es ya en los Manuscritos donde para él el arte --como todo trabajo-- manifiesta la necesidad del hombre de objetivarse y, con ello, las de sus fuerzas primordiales, creadoras.

Esto abre la posibilidad de ver en el arte, dentro del todo de su concepción que muchos teóricos llaman “práctico productiva”, su carácter de actividad práctica y creadora. “El arte se presenta en esta concepción --explica Adolfo Sánchez Vázquez-- como una forma de actividad práctica, de la producción de objetos, y, en este sentido, se elaciona con el trabajo en cuanto que éste --como libre juego de las fuerzas espirituales y físicas del hombre-- pone de manifiesto cierto contenido estético. Se relaciona asimismo con el trabajo en cuanto producción de un nuevo objeto en el que se proyectan o expresan fuerzas esenciales humanas, y se pone de manifiesto un principio creador. La relación con el trabajo se manifiesta, en tercer lugar, en cuanto que, gracias a él, el hombre ha perfeccionado su capacidad de dominar la materia para imprimirle la forma adecuada a una función o necesidad humana, y ha podido elevarse así --sobre la base de la división social del trabajo-- a una actividad específica --el arte-- destinada a satisfacer la necesidad estética de imprimir a una materia la forma adecuada para expresar cierto contenido espiritual. El arte ha surgido, pues, sobre la base del trabajo humano y del desarrollo del principio estético o creador que ya se daba en él”.

¿Hasta qué punto es comprensible que de estas ideas naciera una estética del realismo como la que surgió? ¿Una estética cuyo fundamento era la teoría del reflejo, que vinculaba directamente un estilo de creación con los intereses de clase; en fin, que consagraba en arte (una actividad creadora) un método de creación o un estilo entre los muchos posibles, como la única expresión artística de izquierda? ¿O, para decirlo en términos más cercanos al marxismo, por qué designar e indicar una praxis artística determinada, convertida en la única posible para expresar los “contenidos” anticapitalistas y revolucionarios?

Como era natural que ocurriera en los países socialistas, y obviamente en los otros, esta concepción del arte como reflejo o representación verídica de la realidad tuvo más consecuencias en el plano teórico que en la práctica artística misma, la que siguió los caminos que la propia historia del arte iba encontrando cualesquiera fuesen las normas que la doctrina quisiera imponerle. Además, se hacía evidente que, considerados a la luz del pensamiento marxista el arte y la literatura, como actividades libres y creadoras, la estética no podía ser estrecha, uniforme, coercitiva. Afortunadamente, por encima y en contra de tales posiciones (estar en contra de estas ideas, numerosas veces costaba la vida) se alzaron creadores de talla (Maiakovsky, Picasso, Bertold Brecht y muchos otros, así como en América latina Juan Rulfo, José Lezama Lima, Juan Carlos Onetti, nuestro Julio Cortázar) y no era gente a la que podía silenciarse.

La práctica artística se impuso sobre las teorías y enseñó, en su propio hacer, los principios de la libertad creadora y la esencia del arte de la creación: “...no se copia jamás la naturaleza --sostuvo Pablo Picasso--, no se la imita tampoco, se permite que unos objetos imaginados revistan apariencias reales. No se trata de partir de la pintura para llegar a la naturaleza: es de la naturaleza a la pintura que hay que ir. Hay pintores que transforman el sol en una mancha amarilla, pero hay otros que, gracias a su arte y a su inteligencia, transforman una mancha amarilla en sol”.

 

4 de octubre de 2021

Por Mario Goloboff, escritor y docente universitario.

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El Pentágono fue el guionista secreto de 800 películas de Hollywood

El Pentágono ha estado trabajando secretamente entre bastidores en unas 800 películas de Hollywood, según documentos recientemente desclasificados. La lista fue compilada por el sitio web de investigación FOIA.

Tom Secker y Matthew Alford expusieron cuán extensos son en realidad los programas del Pentágono y la CIA para asociarse con Hollywood, sobre la base de unas

4 000 páginas de documentos desclasificados obtenidos a través del Acta de Libertad de Información.

El informe señaló en su momento que: “Estos documentos demuestran por primera vez que el gobierno de los EE.UU. ha trabajado tras bambalinas en más de 800 películas importantes y más de 1 000 títulos de televisión”.

Revisando la lista en constante expansión, el observador promedio de películas podría sorprender a las películas que realmente están incluidas, hay otras más predecibles como Black Hawk Down, Zero Dark Thirty y Lone Survivor.

Pero completamente inesperados que aparentemente necesitaban el toque propagandístico del complejo industrial militar como Ernest Saves Christmas, Karate Kid 2, El silencio de los corderos, Twister, las películas de Iron Man y más recientemente, Pitch Perfect 3.

Cuando un escritor o productor de Hollywood se acerca al Pentágono y solicita acceso a recursos militares para ayudar a hacer su película, debe enviar su guion a las oficinas de enlace de entretenimiento para que lo investiguen.

En última instancia, el hombre con la última palabra es Phil Strub, jefe de enlace del Hollywood del Departamento de Defensa (DOD), que ha estado a la cabeza de este departamento anteriormente semi secreto que data de 1989.
Si hay personajes, acciones o diálogos que el Departamento de Defensa no aprueba, entonces el realizador tiene que hacer cambios para adaptarse a las demandas de los militares.

Si se niegan, el Pentágono empaca sus juguetes y se va a casa. Para obtener una cooperación total, los productores tienen que firmar contratos, llamados Acuerdos de Asistencia de Producción, que los encierran en el uso de una versión del guión aprobada por militares.

Meses atrás, Strub fue perfilado de nuevo en un informe llamado “Elisting an Audience: How Hollywood Peddles Propaganda”, que lo citó tratando de hacer retroceder la creciente exposición de los medios durante el año pasado.

“¡No estamos tratando de lavarle el cerebro a la gente! “Estamos dispuestos a presentar la visión más clara y verdadera”, dijo Strub.

El informe señaló acertadamente que aunque por lo general los estadounidenses se enorgullecen de vivir en una sociedad libre de la censura, al tiempo que se burlan de los ejemplos de propaganda en lugares como Rusia o China, el público estadounidense está sujeto a propaganda estatal más local de lo que cree:

Esfuerzo militar en Rusia, manifestaciones masivas en Corea del Norte, mensajes contundentes de China.

Nos enloquecemos cuando nos vemos en ultramar.

Pero no cuesta mucho esfuerzo ver que la propaganda estadounidense está en todas partes, también. No está hecho por el gobierno y no es tan descarado como su contraparte del exterior.

Pero está aquí y para ignorar que una parte del contenido es, en esencia, la propaganda, especialmente en estos días, mientras Trump abiertamente anhela los grandes desfiles del ejército, es un error.

“Hay todo tipo de formas de hacer un punto ideológico”, agregó Harris. A veces creo que no estamos en sintonía suficiente. No nos vemos lo suficientemente duros para la propaganda.

Y lo que es más, a diferencia de los sistemas autoritarios, en Occidente son los consumidores los que realmente están dispuestos, si acaso involuntariamente, como partícipes de la propaganda estatal.

El informe del esquema continúa:

Ciertamente, el contenido tiene agendas alternativas, sinceros, también. Pero es el gigante y amorfo mercado de consumidores el que lo ha convocado. Esa es la diferencia entre nuestra propaganda y la de todos los demás. En regímenes autocráticos, una entidad respaldada por el gobierno lo empuja hacia consumidores indiferentes o reacios.

En América, nosotros, los consumidores, lo demandamos alegremente.

A continuación se muestra una lista meramente parcial de películas en orden alfabético. Las mismas tuvieron la participación del Pentágono durante el guion o la fase de producción, de acuerdo con los documentos desclasificados del gobierno de EE.UU.

Sorprendentemente, la lista de 410 películas no es más que la mitad del número total. Por ejemplo, Zero Dark Thirty y algunos otros prominentes no están allí.

3 octubre 2021

(Tomado de Walter Goobar)

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