Adriana Gómez, En balde, de la serie “Porvenir que se queda” (Cortesía de la autora)

El pasado mes de abril, justo un año y unos días después de la declaración oficial que cerraba el país por la llegada del covid-19, el Departamento Nacional de Estadística (Dane) informó que la crisis social potenciada por la pandemia aún vigente llevó a que solo el 70 por ciento de las familias cuente con las tres comidas diarias. Antes de la pandemia, el 90 por ciento de los hogares podía consumir desayuno, almuerzo y comida, así en muchos casos fueran precarios (1).

Según lo informado por el Dane, los hogares que accedían a tres comidas al día en 2020 eran 7,11 millones, mientras que en febrero de 2021 fueron solo 5,4 millones. Esto implica que 1,7 millones de familias no pudieron continuar con esa cantidad de raciones diarias, todo como resultado de la crisis económica ahondada por la pandemia.

El informe de la entidad precisa que el deterioro del 20 por ciento en el número de hogares que ahora no pueden paladear los tres ‘golpes’ cotidianos concuerda con los jefes de hogar que durante mucho tiempo reportaron que no tenían ingresos en medio de la pandemia. Esta es una fiel radiografía de la insuficiente e ineficaz política económica y social que el actual gobierno ha puesto en marcha bajo normas excepcionales.

Empobrecimiento

Es un fenómeno que engloba a la humanidad. Así se puede concluir del informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2021”, publicado el 12 de julio por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el que se afirma que, a lo largo del pasado año de pandemia, el hambre se disparó en términos absolutos y proporcionales, superando el crecimiento de la población (2).

Subraya además este estudio que el 9,9 por ciento de todas las personas sufrió desnutrición el año pasado, frente al 8,4 por ciento en 2019. De este modo, en 2020 se incrementó en 161 millones la cifra de quienes sufrieron hambre respecto al año anterior. Mirando en el mismo espejo, en este reporte se indica que el 30 por ciento de la población mundial, aproximadamente 2.300 millones de humanos, no accedió a una alimentación adecuada durante 2020, lo que suma a esta realidad un crecimiento de casi 320 millones de personas en solo un año. La escasez se concentra en Asia, África y América Latina.

Simultáneamente con lo informado por el organismo de Naciones Unidas, el Comité de Oxford de Ayuda contra el Hambre (Oxfam), organización no gubernamental, entregó un reporte sobre la misma problemática. Bajo el título “El virus del hambre se multiplica” (3), confirma que, luego de un año y medio de pandemia, once personas mueren por minuto en todo el mundo por causa de hambre extrema, una cifra muy superior a las siete muertes que genera la pandemia en el mismo lapso. En su estudio, identifica tres factores que potenciaron esta multiplicación: las guerras, las crisis que azotan al mundo –entre ellas y con particular impacto la económica potenciada por la pandemia– y los problemas climáticos.

Por efecto de esta realidad, el empobrecimiento golpea a nuevos conglomerados sociales y la inseguridad alimentaria llega a nuevas zonas, además de sentirse con más contundencia en aquellas que ya la padecían. Es una realidad que mantendrá su constante, ya que, lo confirma la FAO, el precio de los alimentos continúa al alza a lo largo de 2021 (4).

En paralelo, un informe del World Food Programme, de las Naciones Unidas (WFP), afirmó que “desde el inicio de la pandemia, el número de personas que viven en condiciones cercanas a la hambruna se han multiplicado por seis” (5). La coincidencia de los reportes es esta: la crisis de salud en el nivel global, despuntada por el covid-19, se ha transformado rápidamente en un agudo problema de hambre, asociado al empobrecimiento extremo al cual serán arrojadas al finalizar el 2021 otros 100 millones de personas fruto de las políticas económicas en boga; es decir, al finalizar el actual calendario malvivirán en tal situación 745 millones de seres humanos.

Es aquella una realidad a la cual también se llega como producto de que 2.700 millones de humanos no recibieron ayuda pública para enfrentar las consecuencias económicas derivadas del covid-19. Entre los grupos más directamente afectados se encuentran las mujeres, las poblaciones desplazadas y las personas que trabajan en el sector informal.

Como evidencia de la lucha de clases, connatural a la sociedad imperante, en medio del mar de pobreza y hambre descrito, la riqueza se concentra de manera tal que “[…] las diez personas más ricas del mundo (nueve de ellas hombres) incrementaron su riqueza en 413.000 millones de dólares el pasado año”, dice el informe de Oxfam, agregando que “esta cantidad bastaría para financiar hasta más de once veces la totalidad de las emergencias humanitarias de las Naciones Unidas para 2021”.

Por esto, enfatiza Oxfam en su documento, “a menos que los gobiernos actúen de forma urgente para abordar la inseguridad alimentaria y sus causas, lo peor está aún por llegar. Deben centrar sus recursos en financiar sus sistemas de protección social, así como programas que aborden las necesidades de las personas vulnerables y permitan salvar vidas de manera inmediata, en lugar de destinarlos a comprar armas, que perpetúan los conflictos y la violencia”. Agrega que, para poner fin a la crisis del hambre, los gobiernos “deben reconstruir la economía global de manera más justa y sostenible en el marco de la recuperación tras la pandemia”, así como “acabar con las desigualdades de fondo que amplían la brecha entre ricos y pobres”. Son palabras llenas de buena voluntad, pero el capitalismo no funciona así, como lo muestran sus siglos de existencia.

El citado documento concluye en la urgente necesidad, por parte de los gobiernos, de actuar inmediatamente para hacerle frente a la inseguridad alimentaria y sus causas, dado que la situación puede empeorar. Este es el estado de problemas en general en el mundo. Pero Colombia no queda aislada de este panorama sino todo lo contrario.

Parados sobre una mina

En verdad, acatar estas recomendaciones le permitiría a un país como Colombia reconocer el potencial que encierra su territorio, a partir de lo cual pudiera reordenar sus prioridades de todo orden, como dotarse de un proyecto de vida para los próximos cien años, que se podría denominar “Vida plena y democracia vital”, y que en primera instancia garantizaría la seguridad y la soberanía alimentaria para toda su población, a la par que permitiría avanzar hacia una cotidianidad menos azarosa para un gran segmento poblacional que hoy sobrevive al día. Igualmente, habría que pensar en un proyecto de salud preventiva, estimulado por una transformación cultural en hábitos y consumos, que redundaría en un bienestar generalizado.

Se trata de un potencial viraje esencial para construir un país para la totalidad de la población, pero con mirada de mundo, buscando en todo momento contribuir a una sociedad global sin padecimientos por hambre y temas asociados, así como para liderar proyectos de integración y cooperación regional y más allá, que rompan fronteras y barreras de diverso tipo, hoy interpuestas por burguesías que lo único que pretenden es proteger sus mercados naturales y sus ganancias.

Sería este un proceder con profundo sentido de humanidad, como especie que debe superar todo lo que la separa, por asuntos de credo, raza, economía y otros factores, para lo cual es fundamental contar con un referente de largo plazo, que para nuestro caso sería un proyecto sostenido en los cuatro elementos esenciales de la naturaleza: tierra, agua, fuego (energía) y aire, con los cuales precisamente está dotado a plenitud el país.

Como es reconocido universalmente, por estar situada en la franja ecuatorial, Colombia goza de sol durante los 365 días del año, lo que de por sí es ya una ventaja natural que le permitiría adelantar inmensos proyectos para producir energía lo más limpia posible, para surtir a su población en diversos planos, ventaja que la exime de tener que acometer con prioridad estratégica la producción de energía, por ejemplo, a partir de uranio y minerales similares.

Reconocido por su biodiversidad, el país también goza de variados pisos térmicos, siendo adicionalmente una potencia mundial en aguas dulces, gracias a los numerosos ríos, cuencas y páramos que recorren y vitalizan sus cordilleras y otras formaciones de su orografía. El país tiene una naturaleza diversa y un potencial hasta ahora despreciado por quienes han monopolizado para su beneficio el Estado y la administración de lo público. A lo largo de sus millones de hectáreas aptas para la agricultura, aquí se podría sembrar infinidad de especies vegetales: cereales, legumbres frutas, además de adecuar pastizales para la alimentación de todo tipo de animales de cría. Nuestra realidad hace que Colombia haga parte del grupo B-17: los 17 países megadiversos del mundo.

En el país, las siembras no dependen para su cosecha, como les ocurre a otros países, de temporadas o estaciones, de modo que siempre puede sembrar en sus variadas regiones geográficas, lo que constituye una ventaja sin par para garantizar el alimento de su población como también, de ser necesario, ofrecer y compartir con el mundo los frutos de nuestro paraíso, también posibles en forma de procesados, con valores agregados, lo que daría pie a una industria de mediano calado y en muchos planos. Como vemos, nuestra oferta interna es suficiente para que nadie padezca de hambre en su propio territorio y de grandes dimensiones en caso de demanda externa, lo que podría ampliarse a los llamados frutos exóticos para otras latitudes: todo un atractivo adicional.

Es esta orientación estratégica, potencial, un proyecto de país que podría acometer, en el campo de ciencia, agricultura, medicina e industria, la construcción de un gran proyecto en farmacia y salud a partir de la investigación de las bondades de infinidad de productos del campo, bien verduras, bien frutas, bien otras especies vegetales, como forma alternativa a la medicación química que hoy domina por doquier; un proyecto que traería bienestar al conjunto de la humanidad.

En este panorama están presentes algunos elementos como energía y tierra, ventajas reforzadas por su inmensa red fluvial, que permite la construcción de canales de riego donde sea necesario, permitiendo así que los sembrados no mueran por sequía ni por inundaciones, pero también facilitando el transporte de lo producido, así como garantizando la dotación de acueductos, uno de los esenciales servicios públicos para toda su población.

Esta es nuestra riqueza. Este es el oro, la plata, el níquel, el carbón o cualquier otro mineral que, con pretensiones de mercadeo, implique explotación y desajuste ambiental en gran escala. El factor fundamental por resolver y así hacerlo realidad es la tierra, el nudo gordiano que nadie ha podido desenredar a lo largo de la historia nacional y por el cual la violencia se hace omnipresente hasta hoy, como centro y sostén del poder económico y político en el país.

Deshacer este nudo demanda la implementación de la reforma agraria, redistribuyendo la tierra, algo que jamás se ha llevado a cabo en la historia nacional. Con la tierra en manos de cientos de miles de familias y no de unas pocas, estimulando su asociatividad, la cooperación y las redes solidarias, la potencialidad productiva del país crece por cientos, así como la diversidad de lo ofrecido y su cantidad. Todo sin necesidad de recurrir a monocultivos ni semillas transgénicas (y sí recuperando cientos de semillas nativas con las cuales constituir ‘bancos’ para protegerlas y multiplicarlas), concretando producción limpia, ajena a los agrotóxicos que han terminado por envenenar el territorio y agotarlo, y potenciando tantos padecimientos en quienes consumen los frutos brindados por las plantas sometidas a esas prácticas.

Una producción limpia debe estar relacionada con un proyecto cultural de gran calado, relacionado con la vida saludable y por cuya concreción se aporte a la reducción de muchas enfermedades asociadas a los químicos y hábitos alimentarios poco sanos. Son entonces la salud, la agricultura, los alimentos, la cultura, la memoria histórica, la economía, factores interrelacionados como un horizonte de equilibrio ambiental en el cual debe andar y estar atento cualquier conglomerado social.

Estamos ante un reto por concretar y para el cual hay que acudir a las mayorías, dejando a un lado las confrontaciones directas o indirectas entre segmentos de clase, para poder –desde una movilización de colores y acentos– hacer realidad que los medios de producción estén en manos de quienes los operan.

Un actuar así no puede estar alejado del proceso de estudio, investigación, asesoría y acompañamiento al trabajo de la tierra, sino ligado al conocimiento profundo de la naturaleza y sus ciclos en todos los niveles, en relación con la energía, el agua, el aire. Para ello es la indispensable la fundación de centros de conocimiento agrícola, así como de instituciones técnicas y universitarias con sede principal en cada una de nuestras regiones geográficas.

Un conocimiento profundo de la naturaleza como el que planteamos habría de llevar al país a un liderazgo global en la lucha contra el cambio climático, toda vez que cada uno de estos proyectos debe estar centrado y guiado por una ética de la vida, en profundo contacto con la naturaleza como parte del todo y no como objeto de la especie humana. Un proceder en el cual el país debe entrar, bajo el principio de una constante reforestación con especies nativas en todas sius regiones, buscando recuperar todo aquello que el desafuero del capital destruyó, como los bosques secos, por ejemplo, a la par de limpiar y minimizar al máximo posible la contaminación del aire, la tierra y de las fuentes de agua.

Así, deberán tomar vida unas instituciones (o reorientar algunas de las ya existentes) que cuenten con capacidad de investigar, producir y formar, por ejemplo, en la Amazonia y la región del Pacífico, con prioridad en farmacia. En la otra punta del país, La Guajira, con prioridad sobre energía solar y eólica; en el Cauca, concentrada en el agua y todas las especies que viven directamente en ella y de ella, y en la región andina, concentrada en todo lo que corresponda con la tierra como medio e insumo de trabajo y producción de diverso tipo.
Será la que prevemos una labor múltiple y capaz de vincular miles de científicos, con vocación no solo de explorar, conocer, interpretar, procesar, sino también de compartir cátedra, pero de la cual no podrán estar excluidos ni en segundo plano miles de personas no formadas en centros universitarios pero sí empoderadas en un acervo histórico que les permite saber y comprender los ciclos de la naturaleza e interpretar sus secretos. Son aquellos ciudadanos y ciudadanas que son reconocidos en sus comunidades y más allá como sabedores/as, médicos/as, curanderos/as, componedores/as, consejeros/as, rezanderos/as, ‘magos/as’, ‘sabios/as’…, allí incluidos indígenas, afrodescendientes aún arraigados en la tierra y campesinos de variada procedencia regional.

La pandemia ha producido inmenso dolor en amplios segmentos sociales, así como afectado la economía en todos los planos; pero también ha abierto grandes enseñanzas y retos, planteando un gran interrogante sobre el sistema social y productivo que la ha propiciado, fruto de su voraz modelo productivo, ajeno a la naturaleza. Esto indica que estamos también en tiempo de reorientación de prioridades, formas de producir, mercadear y consumir, tiempo de reencuentro con lo mejor de cada sociedad y cada territorio, tiempo de aprendizaje. Actuemos consecuentemente con ello.

 

1. https://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/04-27-2021-solo-el-70-de-los-hogares-puede-acceder-las-tres-comidas-diarias-0
2. https://www.ifad.org/es/web/knowledge/-/the-state-of-food-security-and-nutrition-in-the-world-2021
3. https://www.oxfam.org/es/informes/el-virus-del-hambre-se-multiplica-los-conflictos-la-covid-19-y-el-cambio-climatico-agravan
4. El precio de los alimentos registró en mayo la mayor subida de la última década, según la FAO. De acuerdo con el índice de precios de materias primas para agricultura que elabora mensualmente la entidad, el salto con respecto al mismo mes del año anterior fue del 39,7%, el mayor aumento interanual en más de diez años. Ese es el resultado de doce meses consecutivos de alza en el índice promedio, que en este mes de mayo tuvo, además, el mayor encarecimiento mensual de todo el período de diez años: 4,8% con respecto al mes de abril. “Alimento en el mundo: 40% más caros en un año”, www.pagina12.com.ar.
5. https://es.wfp.org/

 

 

 

Para suscripción:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=180&search=suscrip

Adriana Gómez, En balde, de la serie “Porvenir que se queda” (Cortesía de la autora)

El pasado mes de abril, justo un año y unos días después de la declaración oficial que cerraba el país por la llegada del covid-19, el Departamento Nacional de Estadística (Dane) informó que la crisis social potenciada por la pandemia aún vigente llevó a que solo el 70 por ciento de las familias cuente con las tres comidas diarias. Antes de la pandemia, el 90 por ciento de los hogares podía consumir desayuno, almuerzo y comida, así en muchos casos fueran precarios (1).

Según lo informado por el Dane, los hogares que accedían a tres comidas al día en 2020 eran 7,11 millones, mientras que en febrero de 2021 fueron solo 5,4 millones. Esto implica que 1,7 millones de familias no pudieron continuar con esa cantidad de raciones diarias, todo como resultado de la crisis económica ahondada por la pandemia.

El informe de la entidad precisa que el deterioro del 20 por ciento en el número de hogares que ahora no pueden paladear los tres ‘golpes’ cotidianos concuerda con los jefes de hogar que durante mucho tiempo reportaron que no tenían ingresos en medio de la pandemia. Esta es una fiel radiografía de la insuficiente e ineficaz política económica y social que el actual gobierno ha puesto en marcha bajo normas excepcionales.

Empobrecimiento

Es un fenómeno que engloba a la humanidad. Así se puede concluir del informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2021”, publicado el 12 de julio por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el que se afirma que, a lo largo del pasado año de pandemia, el hambre se disparó en términos absolutos y proporcionales, superando el crecimiento de la población (2).

Subraya además este estudio que el 9,9 por ciento de todas las personas sufrió desnutrición el año pasado, frente al 8,4 por ciento en 2019. De este modo, en 2020 se incrementó en 161 millones la cifra de quienes sufrieron hambre respecto al año anterior. Mirando en el mismo espejo, en este reporte se indica que el 30 por ciento de la población mundial, aproximadamente 2.300 millones de humanos, no accedió a una alimentación adecuada durante 2020, lo que suma a esta realidad un crecimiento de casi 320 millones de personas en solo un año. La escasez se concentra en Asia, África y América Latina.

Simultáneamente con lo informado por el organismo de Naciones Unidas, el Comité de Oxford de Ayuda contra el Hambre (Oxfam), organización no gubernamental, entregó un reporte sobre la misma problemática. Bajo el título “El virus del hambre se multiplica” (3), confirma que, luego de un año y medio de pandemia, once personas mueren por minuto en todo el mundo por causa de hambre extrema, una cifra muy superior a las siete muertes que genera la pandemia en el mismo lapso. En su estudio, identifica tres factores que potenciaron esta multiplicación: las guerras, las crisis que azotan al mundo –entre ellas y con particular impacto la económica potenciada por la pandemia– y los problemas climáticos.

Por efecto de esta realidad, el empobrecimiento golpea a nuevos conglomerados sociales y la inseguridad alimentaria llega a nuevas zonas, además de sentirse con más contundencia en aquellas que ya la padecían. Es una realidad que mantendrá su constante, ya que, lo confirma la FAO, el precio de los alimentos continúa al alza a lo largo de 2021 (4).

En paralelo, un informe del World Food Programme, de las Naciones Unidas (WFP), afirmó que “desde el inicio de la pandemia, el número de personas que viven en condiciones cercanas a la hambruna se han multiplicado por seis” (5). La coincidencia de los reportes es esta: la crisis de salud en el nivel global, despuntada por el covid-19, se ha transformado rápidamente en un agudo problema de hambre, asociado al empobrecimiento extremo al cual serán arrojadas al finalizar el 2021 otros 100 millones de personas fruto de las políticas económicas en boga; es decir, al finalizar el actual calendario malvivirán en tal situación 745 millones de seres humanos.

Es aquella una realidad a la cual también se llega como producto de que 2.700 millones de humanos no recibieron ayuda pública para enfrentar las consecuencias económicas derivadas del covid-19. Entre los grupos más directamente afectados se encuentran las mujeres, las poblaciones desplazadas y las personas que trabajan en el sector informal.

Como evidencia de la lucha de clases, connatural a la sociedad imperante, en medio del mar de pobreza y hambre descrito, la riqueza se concentra de manera tal que “[…] las diez personas más ricas del mundo (nueve de ellas hombres) incrementaron su riqueza en 413.000 millones de dólares el pasado año”, dice el informe de Oxfam, agregando que “esta cantidad bastaría para financiar hasta más de once veces la totalidad de las emergencias humanitarias de las Naciones Unidas para 2021”.

Por esto, enfatiza Oxfam en su documento, “a menos que los gobiernos actúen de forma urgente para abordar la inseguridad alimentaria y sus causas, lo peor está aún por llegar. Deben centrar sus recursos en financiar sus sistemas de protección social, así como programas que aborden las necesidades de las personas vulnerables y permitan salvar vidas de manera inmediata, en lugar de destinarlos a comprar armas, que perpetúan los conflictos y la violencia”. Agrega que, para poner fin a la crisis del hambre, los gobiernos “deben reconstruir la economía global de manera más justa y sostenible en el marco de la recuperación tras la pandemia”, así como “acabar con las desigualdades de fondo que amplían la brecha entre ricos y pobres”. Son palabras llenas de buena voluntad, pero el capitalismo no funciona así, como lo muestran sus siglos de existencia.

El citado documento concluye en la urgente necesidad, por parte de los gobiernos, de actuar inmediatamente para hacerle frente a la inseguridad alimentaria y sus causas, dado que la situación puede empeorar. Este es el estado de problemas en general en el mundo. Pero Colombia no queda aislada de este panorama sino todo lo contrario.

Parados sobre una mina

En verdad, acatar estas recomendaciones le permitiría a un país como Colombia reconocer el potencial que encierra su territorio, a partir de lo cual pudiera reordenar sus prioridades de todo orden, como dotarse de un proyecto de vida para los próximos cien años, que se podría denominar “Vida plena y democracia vital”, y que en primera instancia garantizaría la seguridad y la soberanía alimentaria para toda su población, a la par que permitiría avanzar hacia una cotidianidad menos azarosa para un gran segmento poblacional que hoy sobrevive al día. Igualmente, habría que pensar en un proyecto de salud preventiva, estimulado por una transformación cultural en hábitos y consumos, que redundaría en un bienestar generalizado.

Se trata de un potencial viraje esencial para construir un país para la totalidad de la población, pero con mirada de mundo, buscando en todo momento contribuir a una sociedad global sin padecimientos por hambre y temas asociados, así como para liderar proyectos de integración y cooperación regional y más allá, que rompan fronteras y barreras de diverso tipo, hoy interpuestas por burguesías que lo único que pretenden es proteger sus mercados naturales y sus ganancias.

Sería este un proceder con profundo sentido de humanidad, como especie que debe superar todo lo que la separa, por asuntos de credo, raza, economía y otros factores, para lo cual es fundamental contar con un referente de largo plazo, que para nuestro caso sería un proyecto sostenido en los cuatro elementos esenciales de la naturaleza: tierra, agua, fuego (energía) y aire, con los cuales precisamente está dotado a plenitud el país.

Como es reconocido universalmente, por estar situada en la franja ecuatorial, Colombia goza de sol durante los 365 días del año, lo que de por sí es ya una ventaja natural que le permitiría adelantar inmensos proyectos para producir energía lo más limpia posible, para surtir a su población en diversos planos, ventaja que la exime de tener que acometer con prioridad estratégica la producción de energía, por ejemplo, a partir de uranio y minerales similares.

Reconocido por su biodiversidad, el país también goza de variados pisos térmicos, siendo adicionalmente una potencia mundial en aguas dulces, gracias a los numerosos ríos, cuencas y páramos que recorren y vitalizan sus cordilleras y otras formaciones de su orografía. El país tiene una naturaleza diversa y un potencial hasta ahora despreciado por quienes han monopolizado para su beneficio el Estado y la administración de lo público. A lo largo de sus millones de hectáreas aptas para la agricultura, aquí se podría sembrar infinidad de especies vegetales: cereales, legumbres frutas, además de adecuar pastizales para la alimentación de todo tipo de animales de cría. Nuestra realidad hace que Colombia haga parte del grupo B-17: los 17 países megadiversos del mundo.

En el país, las siembras no dependen para su cosecha, como les ocurre a otros países, de temporadas o estaciones, de modo que siempre puede sembrar en sus variadas regiones geográficas, lo que constituye una ventaja sin par para garantizar el alimento de su población como también, de ser necesario, ofrecer y compartir con el mundo los frutos de nuestro paraíso, también posibles en forma de procesados, con valores agregados, lo que daría pie a una industria de mediano calado y en muchos planos. Como vemos, nuestra oferta interna es suficiente para que nadie padezca de hambre en su propio territorio y de grandes dimensiones en caso de demanda externa, lo que podría ampliarse a los llamados frutos exóticos para otras latitudes: todo un atractivo adicional.

Es esta orientación estratégica, potencial, un proyecto de país que podría acometer, en el campo de ciencia, agricultura, medicina e industria, la construcción de un gran proyecto en farmacia y salud a partir de la investigación de las bondades de infinidad de productos del campo, bien verduras, bien frutas, bien otras especies vegetales, como forma alternativa a la medicación química que hoy domina por doquier; un proyecto que traería bienestar al conjunto de la humanidad.

En este panorama están presentes algunos elementos como energía y tierra, ventajas reforzadas por su inmensa red fluvial, que permite la construcción de canales de riego donde sea necesario, permitiendo así que los sembrados no mueran por sequía ni por inundaciones, pero también facilitando el transporte de lo producido, así como garantizando la dotación de acueductos, uno de los esenciales servicios públicos para toda su población.

Esta es nuestra riqueza. Este es el oro, la plata, el níquel, el carbón o cualquier otro mineral que, con pretensiones de mercadeo, implique explotación y desajuste ambiental en gran escala. El factor fundamental por resolver y así hacerlo realidad es la tierra, el nudo gordiano que nadie ha podido desenredar a lo largo de la historia nacional y por el cual la violencia se hace omnipresente hasta hoy, como centro y sostén del poder económico y político en el país.

Deshacer este nudo demanda la implementación de la reforma agraria, redistribuyendo la tierra, algo que jamás se ha llevado a cabo en la historia nacional. Con la tierra en manos de cientos de miles de familias y no de unas pocas, estimulando su asociatividad, la cooperación y las redes solidarias, la potencialidad productiva del país crece por cientos, así como la diversidad de lo ofrecido y su cantidad. Todo sin necesidad de recurrir a monocultivos ni semillas transgénicas (y sí recuperando cientos de semillas nativas con las cuales constituir ‘bancos’ para protegerlas y multiplicarlas), concretando producción limpia, ajena a los agrotóxicos que han terminado por envenenar el territorio y agotarlo, y potenciando tantos padecimientos en quienes consumen los frutos brindados por las plantas sometidas a esas prácticas.

Una producción limpia debe estar relacionada con un proyecto cultural de gran calado, relacionado con la vida saludable y por cuya concreción se aporte a la reducción de muchas enfermedades asociadas a los químicos y hábitos alimentarios poco sanos. Son entonces la salud, la agricultura, los alimentos, la cultura, la memoria histórica, la economía, factores interrelacionados como un horizonte de equilibrio ambiental en el cual debe andar y estar atento cualquier conglomerado social.

Estamos ante un reto por concretar y para el cual hay que acudir a las mayorías, dejando a un lado las confrontaciones directas o indirectas entre segmentos de clase, para poder –desde una movilización de colores y acentos– hacer realidad que los medios de producción estén en manos de quienes los operan.

Un actuar así no puede estar alejado del proceso de estudio, investigación, asesoría y acompañamiento al trabajo de la tierra, sino ligado al conocimiento profundo de la naturaleza y sus ciclos en todos los niveles, en relación con la energía, el agua, el aire. Para ello es la indispensable la fundación de centros de conocimiento agrícola, así como de instituciones técnicas y universitarias con sede principal en cada una de nuestras regiones geográficas.

Un conocimiento profundo de la naturaleza como el que planteamos habría de llevar al país a un liderazgo global en la lucha contra el cambio climático, toda vez que cada uno de estos proyectos debe estar centrado y guiado por una ética de la vida, en profundo contacto con la naturaleza como parte del todo y no como objeto de la especie humana. Un proceder en el cual el país debe entrar, bajo el principio de una constante reforestación con especies nativas en todas sius regiones, buscando recuperar todo aquello que el desafuero del capital destruyó, como los bosques secos, por ejemplo, a la par de limpiar y minimizar al máximo posible la contaminación del aire, la tierra y de las fuentes de agua.

Así, deberán tomar vida unas instituciones (o reorientar algunas de las ya existentes) que cuenten con capacidad de investigar, producir y formar, por ejemplo, en la Amazonia y la región del Pacífico, con prioridad en farmacia. En la otra punta del país, La Guajira, con prioridad sobre energía solar y eólica; en el Cauca, concentrada en el agua y todas las especies que viven directamente en ella y de ella, y en la región andina, concentrada en todo lo que corresponda con la tierra como medio e insumo de trabajo y producción de diverso tipo.
Será la que prevemos una labor múltiple y capaz de vincular miles de científicos, con vocación no solo de explorar, conocer, interpretar, procesar, sino también de compartir cátedra, pero de la cual no podrán estar excluidos ni en segundo plano miles de personas no formadas en centros universitarios pero sí empoderadas en un acervo histórico que les permite saber y comprender los ciclos de la naturaleza e interpretar sus secretos. Son aquellos ciudadanos y ciudadanas que son reconocidos en sus comunidades y más allá como sabedores/as, médicos/as, curanderos/as, componedores/as, consejeros/as, rezanderos/as, ‘magos/as’, ‘sabios/as’…, allí incluidos indígenas, afrodescendientes aún arraigados en la tierra y campesinos de variada procedencia regional.

La pandemia ha producido inmenso dolor en amplios segmentos sociales, así como afectado la economía en todos los planos; pero también ha abierto grandes enseñanzas y retos, planteando un gran interrogante sobre el sistema social y productivo que la ha propiciado, fruto de su voraz modelo productivo, ajeno a la naturaleza. Esto indica que estamos también en tiempo de reorientación de prioridades, formas de producir, mercadear y consumir, tiempo de reencuentro con lo mejor de cada sociedad y cada territorio, tiempo de aprendizaje. Actuemos consecuentemente con ello.

 

1. https://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/04-27-2021-solo-el-70-de-los-hogares-puede-acceder-las-tres-comidas-diarias-0
2. https://www.ifad.org/es/web/knowledge/-/the-state-of-food-security-and-nutrition-in-the-world-2021
3. https://www.oxfam.org/es/informes/el-virus-del-hambre-se-multiplica-los-conflictos-la-covid-19-y-el-cambio-climatico-agravan
4. El precio de los alimentos registró en mayo la mayor subida de la última década, según la FAO. De acuerdo con el índice de precios de materias primas para agricultura que elabora mensualmente la entidad, el salto con respecto al mismo mes del año anterior fue del 39,7%, el mayor aumento interanual en más de diez años. Ese es el resultado de doce meses consecutivos de alza en el índice promedio, que en este mes de mayo tuvo, además, el mayor encarecimiento mensual de todo el período de diez años: 4,8% con respecto al mes de abril. “Alimento en el mundo: 40% más caros en un año”, www.pagina12.com.ar.
5. https://es.wfp.org/

Publicado enColombia
Venezuela: las primarias del PSUV y la descomposición de un partido de Gobierno

¿Qué reflejaron las recientes elecciones primarias del PSUV? Marcaron la tónica la baja participación, denuncias de irregularidades y hasta golpizas, pero sobre todo el uso de toda una maquinaria de Estado y los controles partidarios para llevar a cabo una interna a imagen y semejanza de la descomposición y el autoritarismo gubernamental.

 

El PSUV celebró el pasado fin de semana sus primarias abiertas para las elecciones municipales y regionales del próximo noviembre con una muy baja participación. Oficialmente se declara que participaron un 17,5%, pero se trata de datos que son cuestionados.

Pero la armonía de las que hablaron los jerarcas del partido de gobierno estuvo lejos de ser: golpes, pedradas, denuncias públicas de compra de votos, disputas y divisiones, además de denuncias de irregularidades, y no faltó hasta el apoyo de pranes desde la cárcel a ciertos candidatos de alto escalón.

Se da por descontado el uso de la maquinaria del Estado, eso no es novedad en estas como en otras elecciones internas del partido gubernamental. Delcy Rodríguez, se refiere al PSUV como el partido más grande de América Latina y Maduro contabiliza en ocho millones los “militantes” de la formación política. A pesar de todo el aparato estatal apenas votaron 3,5 millones de personas, según las cifras del partido, pese a que las urnas estuvieron abiertas hasta la noche para todos los inscritos en el registro electoral.

En la madrugada del lunes comenzaron a darse algunos resultados. En 15 de las 23 gobernaciones el chavismo ya tiene candidatos. En los otros ocho estados tendrán que evaluar, porque ninguno de los aspirantes logró el requisito de superar el 40% de los votos y tener 10 puntos de diferencia con el segundo. Cabello explicó que donde las diferencias son muy cerradas, el partido tomará la decisión de quién es candidato. Hasta el momento, los ocho estados que están en “revisión” son Aragua, Bolívar, Nueva Esparta, Sucre, Trujillo, Cojedes Monagas y Apure.

En tres estados salieron como candidatos los llamados “protectores”, nombre con el que se conoce a las autoridades que designaba a dedo Maduro en los estados y municipios donde el gobierno perdía las elecciones, como figuras paralelas a los gobernadores y alcaldes opositores, y dotadas por el Ejecutivo nacional de autoridad, infraestructura y recursos propios.

Para el municipio Libertador (sede del gobierno central) resultó electa la almiranta Carmen Meléndez, que ha ocupado cargos en el Ministerio del Despacho de la Presidencia, en Defensa, como Tesorera de la Nación y ahora como ministra de Interior. En el Estado Barinas, donde dos familiares de Chávez, se disputaban el puesto, finalmente resultó electo el hermano del fallecido Hugo Chávez, Argenis Chávez.

En un partido que se tilda de “democrático”, el que es electo no es sinónimo que va a la contienda electoral: “En el reglamento está que haber sido electo no significa ser el candidato. Aquí lo estratégico es la revolución y su permanencia en el tiempo”, declaró Diosdado Cabello. Y como no hay segunda vuelta, la decisión es a dedo. Con un baremo de un piso del 40% de votos y una diferencia del 10% del segundo más votado, tal candidato es imposible de garantizarse sino es con toda la maquinaria central del partido (y del Estado), es decir, una medida casi anticipada de quién será el ganador.

Son las “astucias” de un partido de gobierno para organizar elecciones internas donde ya se predefinen los ganadores. Ya mucho antes incluso de las primarias, el propio PSUV ya había bajado de la contienda a muchos precandidatos, siendo el caso más sonado el de Elías Jaua que, a pesar de haber contado con las postulaciones suficientes por los militantes de base del partido, desde arriba le dijeron “no te presentas”, y así muchos otros.

Las denuncias de irregularidades inundaron las redes, pero muchas se quedaban cortas frente a las de compra de votos por 20 dólares o a situaciones de golpizas, como la que sucedió en Barquisimeto, el propio domingo de las primarias, donde un grupo de choque, motorizados controlados por el movimiento Gayones de Barquisimeto arremetieron contra voceros y dirigentes populares de la comuna El Maizal.

Pero la expresión mayor de una situación poco vista se observó cuando pranes, presos de “La Pica” y miembros del "Tren de Oriente" respaldaron la candidatura de Yelitze Santaella en Monagas, vía la red social Twitter. Al momento de escribir este artículo no se sabe si Santaella rechazó tal apoyo. De no ser así, solo puede poner al desnudo los niveles de descomposición existente.

Si las últimas elecciones nacionales han sido cuestionadas con un diseño hecho a la medida del Gobierno con anulación de legalidad de partidos de oposición u otorgando reconocimiento a fracciones de partidos a conveniencias vía el Tribunal Supremo de Justicia, no se puede esperar menos cosas de una interna abierta del PSUV, donde es la maquinaria central del propio partido que tiene el control pleno. En toda esta situación no se dejaron de expresar el descontento de bases del chavismo que acudieron a las urnas.

Muchos otros no acudieron a las primarias aun reivindicándose chavistas, pero no partidarios de Maduro, ya sea que la apatía prime frente a una situación imperante de una crisis que se arrastra por años o porque algunos otros deciden, ya sea postularse o apoyar otras tarjetas electorales como la de la Alianza Popular Revolucionaria, donde el grueso de los grupos que lo componen continúan reivindicando la figura de Hugo Chávez.

Milton D'LeónCaracas @MiltonDLeon

Miércoles 11 de agosto

Publicado enPolítica
De Cuba y Estados Unidos, tiranías y dictaduras

En 1997 un amigo cubano me dijo “Fidel es un dictador, mas no un tirano”. Estábamos en una provincia de Mozambique donde él trabajaba como médico y yo como arquitecto. Esa tarde, en un patio de tierra roja africana, no comprendí su idea. Parecía contradictoria. Por alguna razón, nunca la olvidé hasta que, unos años después, revisando documentos desclasificados, pensé que Washington no era una dictadura, pero sí una tiranía.

La trampa de las palabras no estaba en la aparente contradicción de la frase de Javier sino en el habitual engaño que llevan los ideoléxicos, por ejemplo, cuando palabras como “democracia” o “dictadura” se usan como si fuesen la Luna y el Sol: dos cuerpos claramente diferenciados, pero no la única luna ni el único sol del Universo. De esa forma, una potencia hegemónica que dicta su voluntad fuera de fronteras y carece de igual representación para todos sus ciudadanos (sobre todo para quienes no son millonarios) como Estados Unidos, un régimen paramilitar como el colombiano, un neoliberalismo impuesto con sangre como el chileno, o un sistema como el noruego o el islandés se llaman por igual “democracias”. Por razones estratégicas, no se llama “capitalismo” a Haití o a Honduras, aunque sean más capitalistas que Estados Unidos. No quisiera volver a insistir en que no es el capitalismo, sino la hegemonía la que define el poder y la riqueza (material) de un país.

Theodore Roosevelt, entre muchos otros, lo puso de forma clara: “La democracia de este siglo no necesita más justificación que el simple hecho de que ha sido organizada para que la raza blanca se quede con las mejores tierras del Nuevo mundo”. Esa democracia se fue adaptando una y mil veces para servir a una minoría, ya no tan blanca pero sí económica y financieramente dominante. En las democracias formales, las clases dominantes no censuran como en una dictadura tradicional; se reduce a los críticos al silencio de los grandes medios o, cuando estos trascienden de alguna forma, se los demoniza como en tiempos de la Inquisición.

En las democracias formales, al uno por ciento le basta con convencer a la mitad más uno de los votantes para mantenerse en el poder político. Tarea nada difícil cuando, por ejemplo, se mete a Dios en el paquete de sus “valores y principios”. Pero la micro elite de arriba no depende de la mitad de abajo para mantenerse en el poder económico. Sólo cuando ese poder está en cuestionamiento, la democracia formal es reemplazada por dictaduras fascistas, como las apoyadas por Washington y las transnacionales a lo largo de una larga historia. Hasta mediados del siglo XIX, los esclavistas habían logrado convencer a una mayoría (incluyendo esclavos) que la esclavitud era el mejor régimen para expandir la libertad y la civilización. Cuando la democracia se hizo inevitable, la secuestraron con ideas similares: la riqueza de los ricos es la mejor forma de expandir el bienestar y la libertad de los trabajadores.

Aun así, esa idea vaga y contradictoria que llamamos “democracia” sigue siendo la mejor utopía y el mejor recurso de los de abajo. Pero que quede claro: ninguna, por chueca que sea, existe gracias a los poderosos de turno, sino a pesar de ellos. Lo mismo los derechos y las libertades individuales y colectivas; todas son producto de interminables (y demonizadas) luchas de los de abajo.

En Estados Unidos, los principios racistas y clasistas, banderas de la derrotada Confederación, se consolidaron fronteras adentro y se extendieron a América latina, donde impusieron decenas de dictaduras, siempre en complicidad con la eterna oligarquía criolla, generaciones antes de que apareciera la maravillosa excusa del comunismo.

Desde entonces, Washington y las megacorporaciones han sido los principales promotores del comunismo y de otras alternativas de izquierda en el continente. Uno de los primeros casos se remonta a los años 30 con las masacres de indios y campesinos en El Salvador, pero el pie en el acelerador ocurre luego de la Segunda Guerra, cuando el más importante aliado de Estados Unidos, la Unión Soviética, se convierte en el único opositor con poder y en posible inspiración para el Tercer Mundo contra la vieja tiranía anglosajona. Es, en este momento, cuando nace la CIA (1947) y, poco después crean, entre muchos otros y sin advertirlo, al Che Guevara.

Cuando la CIA y la UFCo lograron destruir “el régimen comunista de Jacobo Árbenz” en 1954, uno de los únicos indicios de democracia en la región, el joven médico Ernesto Guevara debió huir a México, donde se encontró con otros exiliados, los hermanos Raúl y Fidel Castro. Cuando la Revolución cubana triunfó en 1959, Guevara advirtió: “Cuba no será otra Guatemala”. Es decir, su independencia del imperio estadounidense no sería boicoteada con bombardeos mediáticos primero, movilizaciones inducidas y ataques militares después, como en Irán, como en Guatemala. Cuando cuatro meses después Fidel Castro visitó la Casa Blanca para confirmar las relaciones comerciales y diplomáticas con Washington, Nixon, Eisenhower y la CIA ya tenían otra invasión en mente. La costumbre de derrocar alternativas independentistas era tan larga y la arrogancia por una abrumadora fuerza militar y mediática tan ciega, que no pudieron prever ni una derrota vergonzosa y ni un trauma insuperable en Bahía Cochinos. El agente de la CIA encargado de las operaciones de Guatemala y Cuba, David Atlee Phillips escribió que el problema del fracaso fue que El Che y Castro habían aprendido de la historia y Washington no.

Pero el Che Guevara es descrito como un asesino por haber ordenado la ejecución sumaria de 200 criminales del régimen de Batista (la CIA informó que ni por lejos se aproximó al número de ejecutados por el régimen anterior) mientras que los terroristas cubanos como Posada Carriles, Orlando Bosch y tantos otros que se dedicaron a poner bombas en aviones, barcos, hoteles, en autos diplomáticos, como el de Orlando Letelier, y colaboraron con mafias genocidas como la Operación Cóndor, fueron protegidos por Washington. Las masacres de cientos de miles de víctimas en unas pocas décadas sólo en América Central por la gracia de Washington y la CIA fueron para llevar la paz, la democracia y la libertad a esas tierras. (Luego de Stalin, los asesinados por razones políticas en América Latina superaron con creces las víctimas de los países comunistas bajo la influencia de la Unión Soviética.)

La misma práctica, los mismos intereses, el mismo discurso de los esclavistas del siglo anterior con nuevos ideoléxicos. Desde la lógica de la historia, Fidel Castro y las decenas de Augusto Pinochet no son la misma cosa, aunque en el lenguaje simplificado se puedan etiquetar a los dos como dictadores. También Cuba y el Che son consecuencia directa del imperialismo de Washington, pero por razones opuestas.

Por esa razón, aunque según todos los estándares occidentales se puede decir que Cuba es una dictadura, es necesario recordar que Estados Unidos es la tiranía que la creó, una tiranía brutal que lleva por lo menos doscientos años. Cuba fue la primera gran derrota de esa arrogancia y, por alguna razón, ha sabido resistir 60 años.

¿Es necesaria una dictadura inversa para lograr vencer a la tiranía de dos siglos? La respuesta de la historia no nos gusta a nadie. Pero es clara. Aunque (o porque) somos demócratas radicales, no vamos a salir a tirar piedras sobre la isla estrangulada en nombre de la libertad. Jamás podríamos estar del lado de los mercenarios.

 Para más detalles, ver el último libro de Jorge Majfud, "La frontera Salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América latina".

19 de julio de 2021

Publicado enInternacional
Pío Uribe Palacio, sin título (Cortesía del autor)

La que en un momento parecía una protesta en demanda de justicia tributaria y económica, por circunstancias históricas y coyunturales quedó transformada en un potente grito juvenil y social que le hizo estallar al gobierno en su rostro la bomba de relojería con que experimentaba.


El eco del estallido arrojó a la distancia no solo el cuerpo de la pretendida reforma tributaria por medio de la cual aspiraban a recaudar una billonaria suma de pesos, sino que además su onda expansiva le dio en todo su ser al autor de la misma, quien, afectado por el descredito público, debió renunciar a su responsabilidad ministerial.


Pero la onda, reforzada en su velocidad y potencia por la continuada y multiplicada presencia sobre todo de jóvenes en las calles, fue mucho más allá y rebotó en varios espacios de la Casa de Nariño, motivando agrias inculpaciones por lo que estaba sucediendo, entre sus habitantes, los que convinieron en conceder otras de las demandas como mampara para evitar un golpe frontal con la misma.


Es así como el gobierno optó por reconocer –aunque aún sin llegar hasta su universalidad, con total gratuidad y sin estar mediadas por la demanda– el derecho a la educación superior y universitaria, así como deponer la reforma a la salud, sin que ello abriera en el país la necesidad de deponer la Ley 100 de 1993. Otras reformas necesarias quedaron sobre la mesa, entre ellas la del cuerpo policial y su misión, la estructura, armamento y funcionamiento del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), el mundo del trabajo y con él la implementación de un plan urgente de empleo que asegure trabajo estable y salarios dignos a no menos de dos millones de jóvenes que hoy lo demandan, así como la necesaria transformación de la política de seguridad y control social en vigor en el país, soporte del autoritarismo en el que apoyan su estabilidad quienes controlan el Estado desde tiempos inmemoriales. La Copa América, espectáculo y negocio del que esperaban servirse para reponer por unos días la maltrecha economía, también se fue a pique.


El estallido dejó por el piso, cuestionada, pero sin por ello quedar liquidada ni mucho menos, la política económica y social que ha caracterizado al régimen colombiano desde hace por lo menos cuatro décadas, un cuestionamiento que amerita la apertura de un certero, amplio e incluyente diálogo nacional (1) sobre estos y otros tópicos que involucre al conjunto de quienes habitan el país, y que concluya en un referendo sobre los principios que deben guiar la política económica y social por implementar.


La protesta transformada en estallido terminó por lijar la maltrecha pintura que mal tapa la deformada y formal democracia vigente en Colombia, elevando a la palestra la necesaria y reclamada desde tiempo atrás democracia directa, participativa y radical.


Todo ello impone un giro en el carácter de la democracia, obligado por la activa movilización y las exigencias de una multitud juvenil/popular que tanto en palabras como en acciones ha dejado en claro lo que no comparte del régimen económico, político y social, y lo que espera ver transformado para que la sociedad funcione con menos injusticias, menos desigualdad social y más inclusión.


En hechos, los manifestantes han hablado sobre la democracia a la que aspiran. Sin aspavientos, han instalado y dado forma a un diálogo directo entre las múltiples visiones y experiencias que concurren a los espacios que ocupan, de manera constante o por intervalos, en diversidad de ciudades. De ese diálogo emanan acciones, agendas y responsabilidades.


En algunos de esos espacios, como en Cali, en el territorio hoy conocido como Puerto Resistencia, jóvenes casi niños aseguran con orgullo que allí nadie manda, es decir, nadie se abroga la representación de todos, y que cuando hablan con otros ellos no actúan a nombre propio sino que representan. Además, cada decisión –por ejemplo, definir si conceden una entrevista o no– pasa por la opinión y la definición colectiva.


El fenómeno colectivo se da con un ribete sorprendente: aprenden a convivir. Lo que antes era imposible y para algunos suene intranscendente, que hinchas de equipos rivales de fútbol como el Deportivo Cali y el América, que se perseguían para agredirse incluso con lesiones graves que podían llegar hasta la muerte, producto de la utilización de armas blancas, decidan congelar su antagonismo para unir fuerzas y dirigirlas contra un enemigo común que cada día les dispara e intenta romper su control barrial. Ojalá aquella sea una decisión que, fruto de la convivencia y los afectos que la misma va generando, trascienda al día en que levanten la toma y el control de un territorio.


Allí se ha gestado un liderazgo social y comunitario a cargo de centenares de jóvenes que descubren sin proponérselo el significado profundo de ser miembro de una sociedad, los mismos que asisten en el salón callejero de sus barrios a un curso intensivo de política y organización social colectiva que los lleva a comunicarse entre pares, al punto de establecer, para el caso de Cali, una coordinación que agrupa 21 puntos de toma y bloqueo, que funciona para acordar cómo relacionarse y discutir demandas con la Alcaldía de la ciudad, así como la proyección nacional para otra posible negociación. De hecho, en pequeño son gobierno y son poder, algo que nunca habían imaginado, pues descreen de la política, repudian a quienes viven de ella y, por circunstancias sociales que padecen, no se sentían convocados a lo social, ya que en su mayoría no han podido cursar o finalizar el bachillerato, y mucho menos la universidad; padecen desempleo y perciben ingresos diarios por rebusque callejero, además de sufrir la exclusión por racismo quienes tienen piel negra.


Estamos, por tanto, ante una democracia realmente participativa donde todos tienen voz y donde casi siempre se decide por consenso; una democracia que no depende ni se reduce al evento electoral, espectáculo que no les pasa por la cabeza; democracia que puede calificarse con una característica relevante: es comunitaria. Pero también hablan a través de acciones directas. Es el caso de grupos de jóvenes que ahora –como también lo realizaron en las jornadas de protesta ocurridas en los años 2019 y 2020–, con sus ataques en medio de las movilizaciones denuncian y rechazan la privatización, las altas tarifas y el inadecuado servicio del mal llamado transporte público, expresión de rechazo a las privatizaciones de lo público que también concretan con la embestida contra los peajes, negociado del que saben que les toca pagarlo con lo poco que llega a sus bolsillos.


La inconformidad va mucho más allá y alcanza a expresarse en el rechazo al actuar cotidiano que marca el real carácter de la policía, de la cual están saturados. No es para menos, pues son recurrentes las denuncias por malos tratos y la persecución por estar reunidos en parques tomando un guaro o fumando marihuana, o simplemente por ser mal vistos por la forma como se visten. Síntesis de todo ello es el actuar de poder reforzado por la intimidación que produce quien porta un arma o por el significante de su uniforme. Igualmente, se presentan acciones contra los CAI, denunciando además que allí se ejercen malos tratos, cuando no inocultables violaciones a los derechos humanos.


Pero su opinión sobre el gobierno y sobre la empresa privada y los abusos que cometen también queda reflejada en el ataque a otros edificios que son objeto de su inconformidad y su furia: las oficinas públicas, con especial énfasis contra las edificaciones de las alcaldías municipales u oficinas dependientes de ellas; los bancos, en los cuales identifican a quienes más abusan de la sociedad explotando con altas tarifas su necesidad de vivienda, estudio o simplemente para solventar el consumo diario, así como las edificaciones que alojan a los medios de comunicación en los que ven a los incondicionales acólitos del poder.


En cada acción de estas resalta la impronta de su opinión sobre el país que no quieren, de lo cual se desprenden necesarias reformas por concretar. Los estudiosos podrían decir que es una pobre opinión, sin argumentación; pero una lectura atenta, más allá de la superficialidad de la pintada de paredes o carrocerías, de la ruptura de vidrios, de la pinchada de llantas, la quemada de buses, casetas de peajes, etcétera, permite escuchar las voces argumentadas que acusan al poder de gobernar pensando solo en los suyos, excluyendo a las mayorías, sin interés alguno por la vida de millones. Y eso es suficiente para identificar la real ruptura entre los de arriba y los de abajo, lectura suficiente para comprender que es urgente implementar políticas de todo orden que ayuden a recomponer tal realidad.


Estamos, por tanto, ante una ruptura con enseñanzas múltiples, también establecidas y desprendidas del muy reciente ataque contra bustos y monumentos que hacen memoria elogiosa de invasores y colonizadores, bajo cuyas armas perdieron la vida decenas de miles y otros muchos más vivieron en esclavitud y/o servidumbre, esculturas arrasadas de sitios sagrados para pueblos indígenas como los Misak pero también de otros territorios de vida. La acción se extiende a otros referentes del viejo orden –como expresidentes–, el mismo que aspiran a superar en beneficio de la totalidad social.


De modo que en este terreno asistimos asimismo a un cuestionamiento de la simbología urbana, por no dar cuenta del presente y de un necesario y renovado futuro, lo que indica que están llamando a superar siglos de negaciones para dar paso a un tiempo de inclusiones, lo que no se puede lograr sino materializando variedad de reformas, todas a la orden del día, y todas base y soporte de una democracia directa, participativa, radical, que solo se podrá hacer realidad abriendo las compuertas de la participación decisiva de las mayorías, así como redistribuyendo la riqueza nacional, proceder indispensable para reducir la grosera desigualdad social que escalona al país como el segundo en ese rango en nuestro continente.


Toda esta demanda de una democracia otra, para que sea efectiva y no formal, llega mediante las acciones y las voces de los descendientes de quienes con su esfuerzo diario dieron forma al país de regiones que aún hoy somos, a pesar de todo lo ejecutado por la oligarquía y desde el centro del país para uniformalizarlo: indígenas, síntesis de la diversidad que somos; negros libertos, voz y eco de libertad; campesinos y artesanos antiseñoriales, expresión de rebeldía, de desobediencia permanente, y los colonos, manifestación concreta de autonomía y deseo constante de mejor vida (2).


Cada uno de ellos legó al país partes fundantes de una democracia viva, integral, que nos llegan a través de sus descendientes, hoy alzados porque, como sus antecesores, también son excluidos, oprimidos, negados, perseguidos, criminalizados, desechados. Con sus obras, no con escritos, dejaron como herencia inmemorial que no podemos perder, que debemos retomar para superar este régimen político, económico y social que no permite que alcancemos la paz, soportes del nuevo por parir: la solidaridad o el siempre ofrecer, la reciprocidad o el siempre devolver, el no acumular o el siempre devolver, prácticas de los indígenas; la ayuda mutua, el trabajar y producir en comunidad, en libertad, característica de los negros libertos; la rebeldía, la dignidad, voz inconforme para increpar al poder, semblanza de campesinos y artesanos; la autonomía, la capacidad de autogobernarse con participación abierta y construir economía propia, constante de vida de los colonos.


Son estas unas prácticas presentes en el alzamiento juvenil/popular, pero también en todos los procesos por medio de los cuales desplazados y migrantes construyeron las ciudades que hoy tenemos, en su mayoría habitadas a través de infinidad de barrios levantados con el trabajo de muchos y en contra de la ‘planeación’ de los gobiernos locales, trazada a favor del capital inmobiliario.


Estamos ante las enseñanzas y los retos de los “no letreados”, que con su capacidad de resistir y de obrar han impedido que el país llegue al pozo, empuje para que millones tengan algo mínimo para sobrevivir. Sin sus enseñanzas y sin incluirlos como actores básicos del cuerpo social, no será posible abrir una nueva ventana para que el aire fresco de la democracia directa, participativa, radical –con asiento comunitario–, refresque el hedor que impregna al país, desprendido del cuerpo del viejo poder y su democracia formal, de apariencias y violentas exclusiones, viejo poder siempre moribundo pero sin encontrar todavía los sepultureros que cumplan con su misión histórica.

1. Mauricio, Torres, “Hacia un real, amplio y democrático diálogo nacional”, periódico Desde Abajo, edición mayo-junio, pp. 2-3. http://ow.ly/ALFL50EXHbS.
2. Fals Borda. Orlando, Socialismo raizal, Ediciones Desde Abajo, Colombia, 2007, pp. 22-28.

 

Para suscripción:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=180&search=suscrip

 

Pío Uribe Palacio, sin título (Cortesía del autor)

La que en un momento parecía una protesta en demanda de justicia tributaria y económica, por circunstancias históricas y coyunturales quedó transformada en un potente grito juvenil y social que le hizo estallar al gobierno en su rostro la bomba de relojería con que experimentaba.


El eco del estallido arrojó a la distancia no solo el cuerpo de la pretendida reforma tributaria por medio de la cual aspiraban a recaudar una billonaria suma de pesos, sino que además su onda expansiva le dio en todo su ser al autor de la misma, quien, afectado por el descredito público, debió renunciar a su responsabilidad ministerial.


Pero la onda, reforzada en su velocidad y potencia por la continuada y multiplicada presencia sobre todo de jóvenes en las calles, fue mucho más allá y rebotó en varios espacios de la Casa de Nariño, motivando agrias inculpaciones por lo que estaba sucediendo, entre sus habitantes, los que convinieron en conceder otras de las demandas como mampara para evitar un golpe frontal con la misma.


Es así como el gobierno optó por reconocer –aunque aún sin llegar hasta su universalidad, con total gratuidad y sin estar mediadas por la demanda– el derecho a la educación superior y universitaria, así como deponer la reforma a la salud, sin que ello abriera en el país la necesidad de deponer la Ley 100 de 1993. Otras reformas necesarias quedaron sobre la mesa, entre ellas la del cuerpo policial y su misión, la estructura, armamento y funcionamiento del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), el mundo del trabajo y con él la implementación de un plan urgente de empleo que asegure trabajo estable y salarios dignos a no menos de dos millones de jóvenes que hoy lo demandan, así como la necesaria transformación de la política de seguridad y control social en vigor en el país, soporte del autoritarismo en el que apoyan su estabilidad quienes controlan el Estado desde tiempos inmemoriales. La Copa América, espectáculo y negocio del que esperaban servirse para reponer por unos días la maltrecha economía, también se fue a pique.


El estallido dejó por el piso, cuestionada, pero sin por ello quedar liquidada ni mucho menos, la política económica y social que ha caracterizado al régimen colombiano desde hace por lo menos cuatro décadas, un cuestionamiento que amerita la apertura de un certero, amplio e incluyente diálogo nacional (1) sobre estos y otros tópicos que involucre al conjunto de quienes habitan el país, y que concluya en un referendo sobre los principios que deben guiar la política económica y social por implementar.


La protesta transformada en estallido terminó por lijar la maltrecha pintura que mal tapa la deformada y formal democracia vigente en Colombia, elevando a la palestra la necesaria y reclamada desde tiempo atrás democracia directa, participativa y radical.


Todo ello impone un giro en el carácter de la democracia, obligado por la activa movilización y las exigencias de una multitud juvenil/popular que tanto en palabras como en acciones ha dejado en claro lo que no comparte del régimen económico, político y social, y lo que espera ver transformado para que la sociedad funcione con menos injusticias, menos desigualdad social y más inclusión.


En hechos, los manifestantes han hablado sobre la democracia a la que aspiran. Sin aspavientos, han instalado y dado forma a un diálogo directo entre las múltiples visiones y experiencias que concurren a los espacios que ocupan, de manera constante o por intervalos, en diversidad de ciudades. De ese diálogo emanan acciones, agendas y responsabilidades.


En algunos de esos espacios, como en Cali, en el territorio hoy conocido como Puerto Resistencia, jóvenes casi niños aseguran con orgullo que allí nadie manda, es decir, nadie se abroga la representación de todos, y que cuando hablan con otros ellos no actúan a nombre propio sino que representan. Además, cada decisión –por ejemplo, definir si conceden una entrevista o no– pasa por la opinión y la definición colectiva.


El fenómeno colectivo se da con un ribete sorprendente: aprenden a convivir. Lo que antes era imposible y para algunos suene intranscendente, que hinchas de equipos rivales de fútbol como el Deportivo Cali y el América, que se perseguían para agredirse incluso con lesiones graves que podían llegar hasta la muerte, producto de la utilización de armas blancas, decidan congelar su antagonismo para unir fuerzas y dirigirlas contra un enemigo común que cada día les dispara e intenta romper su control barrial. Ojalá aquella sea una decisión que, fruto de la convivencia y los afectos que la misma va generando, trascienda al día en que levanten la toma y el control de un territorio.


Allí se ha gestado un liderazgo social y comunitario a cargo de centenares de jóvenes que descubren sin proponérselo el significado profundo de ser miembro de una sociedad, los mismos que asisten en el salón callejero de sus barrios a un curso intensivo de política y organización social colectiva que los lleva a comunicarse entre pares, al punto de establecer, para el caso de Cali, una coordinación que agrupa 21 puntos de toma y bloqueo, que funciona para acordar cómo relacionarse y discutir demandas con la Alcaldía de la ciudad, así como la proyección nacional para otra posible negociación. De hecho, en pequeño son gobierno y son poder, algo que nunca habían imaginado, pues descreen de la política, repudian a quienes viven de ella y, por circunstancias sociales que padecen, no se sentían convocados a lo social, ya que en su mayoría no han podido cursar o finalizar el bachillerato, y mucho menos la universidad; padecen desempleo y perciben ingresos diarios por rebusque callejero, además de sufrir la exclusión por racismo quienes tienen piel negra.


Estamos, por tanto, ante una democracia realmente participativa donde todos tienen voz y donde casi siempre se decide por consenso; una democracia que no depende ni se reduce al evento electoral, espectáculo que no les pasa por la cabeza; democracia que puede calificarse con una característica relevante: es comunitaria. Pero también hablan a través de acciones directas. Es el caso de grupos de jóvenes que ahora –como también lo realizaron en las jornadas de protesta ocurridas en los años 2019 y 2020–, con sus ataques en medio de las movilizaciones denuncian y rechazan la privatización, las altas tarifas y el inadecuado servicio del mal llamado transporte público, expresión de rechazo a las privatizaciones de lo público que también concretan con la embestida contra los peajes, negociado del que saben que les toca pagarlo con lo poco que llega a sus bolsillos.


La inconformidad va mucho más allá y alcanza a expresarse en el rechazo al actuar cotidiano que marca el real carácter de la policía, de la cual están saturados. No es para menos, pues son recurrentes las denuncias por malos tratos y la persecución por estar reunidos en parques tomando un guaro o fumando marihuana, o simplemente por ser mal vistos por la forma como se visten. Síntesis de todo ello es el actuar de poder reforzado por la intimidación que produce quien porta un arma o por el significante de su uniforme. Igualmente, se presentan acciones contra los CAI, denunciando además que allí se ejercen malos tratos, cuando no inocultables violaciones a los derechos humanos.


Pero su opinión sobre el gobierno y sobre la empresa privada y los abusos que cometen también queda reflejada en el ataque a otros edificios que son objeto de su inconformidad y su furia: las oficinas públicas, con especial énfasis contra las edificaciones de las alcaldías municipales u oficinas dependientes de ellas; los bancos, en los cuales identifican a quienes más abusan de la sociedad explotando con altas tarifas su necesidad de vivienda, estudio o simplemente para solventar el consumo diario, así como las edificaciones que alojan a los medios de comunicación en los que ven a los incondicionales acólitos del poder.


En cada acción de estas resalta la impronta de su opinión sobre el país que no quieren, de lo cual se desprenden necesarias reformas por concretar. Los estudiosos podrían decir que es una pobre opinión, sin argumentación; pero una lectura atenta, más allá de la superficialidad de la pintada de paredes o carrocerías, de la ruptura de vidrios, de la pinchada de llantas, la quemada de buses, casetas de peajes, etcétera, permite escuchar las voces argumentadas que acusan al poder de gobernar pensando solo en los suyos, excluyendo a las mayorías, sin interés alguno por la vida de millones. Y eso es suficiente para identificar la real ruptura entre los de arriba y los de abajo, lectura suficiente para comprender que es urgente implementar políticas de todo orden que ayuden a recomponer tal realidad.


Estamos, por tanto, ante una ruptura con enseñanzas múltiples, también establecidas y desprendidas del muy reciente ataque contra bustos y monumentos que hacen memoria elogiosa de invasores y colonizadores, bajo cuyas armas perdieron la vida decenas de miles y otros muchos más vivieron en esclavitud y/o servidumbre, esculturas arrasadas de sitios sagrados para pueblos indígenas como los Misak pero también de otros territorios de vida. La acción se extiende a otros referentes del viejo orden –como expresidentes–, el mismo que aspiran a superar en beneficio de la totalidad social.


De modo que en este terreno asistimos asimismo a un cuestionamiento de la simbología urbana, por no dar cuenta del presente y de un necesario y renovado futuro, lo que indica que están llamando a superar siglos de negaciones para dar paso a un tiempo de inclusiones, lo que no se puede lograr sino materializando variedad de reformas, todas a la orden del día, y todas base y soporte de una democracia directa, participativa, radical, que solo se podrá hacer realidad abriendo las compuertas de la participación decisiva de las mayorías, así como redistribuyendo la riqueza nacional, proceder indispensable para reducir la grosera desigualdad social que escalona al país como el segundo en ese rango en nuestro continente.


Toda esta demanda de una democracia otra, para que sea efectiva y no formal, llega mediante las acciones y las voces de los descendientes de quienes con su esfuerzo diario dieron forma al país de regiones que aún hoy somos, a pesar de todo lo ejecutado por la oligarquía y desde el centro del país para uniformalizarlo: indígenas, síntesis de la diversidad que somos; negros libertos, voz y eco de libertad; campesinos y artesanos antiseñoriales, expresión de rebeldía, de desobediencia permanente, y los colonos, manifestación concreta de autonomía y deseo constante de mejor vida (2).


Cada uno de ellos legó al país partes fundantes de una democracia viva, integral, que nos llegan a través de sus descendientes, hoy alzados porque, como sus antecesores, también son excluidos, oprimidos, negados, perseguidos, criminalizados, desechados. Con sus obras, no con escritos, dejaron como herencia inmemorial que no podemos perder, que debemos retomar para superar este régimen político, económico y social que no permite que alcancemos la paz, soportes del nuevo por parir: la solidaridad o el siempre ofrecer, la reciprocidad o el siempre devolver, el no acumular o el siempre devolver, prácticas de los indígenas; la ayuda mutua, el trabajar y producir en comunidad, en libertad, característica de los negros libertos; la rebeldía, la dignidad, voz inconforme para increpar al poder, semblanza de campesinos y artesanos; la autonomía, la capacidad de autogobernarse con participación abierta y construir economía propia, constante de vida de los colonos.


Son estas unas prácticas presentes en el alzamiento juvenil/popular, pero también en todos los procesos por medio de los cuales desplazados y migrantes construyeron las ciudades que hoy tenemos, en su mayoría habitadas a través de infinidad de barrios levantados con el trabajo de muchos y en contra de la ‘planeación’ de los gobiernos locales, trazada a favor del capital inmobiliario.


Estamos ante las enseñanzas y los retos de los “no letreados”, que con su capacidad de resistir y de obrar han impedido que el país llegue al pozo, empuje para que millones tengan algo mínimo para sobrevivir. Sin sus enseñanzas y sin incluirlos como actores básicos del cuerpo social, no será posible abrir una nueva ventana para que el aire fresco de la democracia directa, participativa, radical –con asiento comunitario–, refresque el hedor que impregna al país, desprendido del cuerpo del viejo poder y su democracia formal, de apariencias y violentas exclusiones, viejo poder siempre moribundo pero sin encontrar todavía los sepultureros que cumplan con su misión histórica.

1. Mauricio, Torres, “Hacia un real, amplio y democrático diálogo nacional”, periódico Desde Abajo, edición mayo-junio, pp. 2-3. http://ow.ly/ALFL50EXHbS.
2. Fals Borda. Orlando, Socialismo raizal, Ediciones Desde Abajo, Colombia, 2007, pp. 22-28.

 

Para suscripción:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=180&search=suscrip

 

Publicado enColombia
Alerta mundial por la detención de Cristiana Chamorro en Nicaragua

Organizaciones de DD.HH., la ONU, EE.UU. y la Unión Europea ven con preocupación la decisión de la fiscalía nicargüense

Chamorro había anunciado su candidatura hace unos días y según la encuestadora Cid Gallup era la opositora con mayor probabilidad de ganar en los comicios del próximo siete de enero.

 

Cristiana Chamorro Barrios amanceció este jueves con arresto domiciliario, incomunicada y con custodia policial, informaron allegados y familiares. Acusada por presunto lavado de dinero, Chamorro también quedó inhabilitada de participar en las elecciones de noviembre. Su detención fue recibida con preocupación por organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). También se manifestaron en contra de la detención las Naciones Unidas, la Unión Europea y Estados Unidos 

El director de Human Rights Watch para América Latina, José Miguel Vivanco, rechazó la medida del gobierno orteguista. “Es un golpe para cualquier esperanza de elecciones justas en Nicaragua, y una prueba crítica para determinar si la administración Biden puede ayudar a proteger los derechos humanos y la democracia en la región”, escribió Vivanco en su cuenta de Twitter.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) también criticó la detención de la candidata opositora. “CIDH expresa preocupación por medidas de inhabilitación política solicitadas por la Fiscalía para (Cristiana Chamorro) precandidata a presidenta”, escribieron en un tuit publicado por la comisión.

A su turno la dirección general de la Organización deNaciones Unidas (ONU) “Estamos muy al tanto de las recientes acciones legales tomadas contra Cristiana Chamorro. Estos acontecimientos crean el riesgo de empeorar la confianza en las próximas elecciones", señaló Stéphane Dujarric, portavoz de Antonio Guterres, secretario general de la organización.

Mientras tanto Peter Stano, portavoz dela cancillería de la Unión Europea, exigió la inmediata liberación de Chamorro. "Las acciones judiciales @chamorrocris son incompatibles con un proceso electoral creíble, transparente & abierto a la oposición y sus candidato," tuiteó. 

EE.UU. y la política centroamericana

En tanto, el canciller estadounidense, Antony Blinken, afirmó que Nicaragua va en la “dirección opuesta” a lo que consideran elecciones justas y libres. El secretario de Estado se encontraba en Costa Rica en el marco de negociaciones para abordar la migración centroamericana hacia EE.UU., rechazó la medida de la fiscalía de Nicaragua y aseguró que la situación del país centroamericano no sólo preocupa a Estados Unidos, sino que también al hemisferio en general.

“En la Organización de Estados Americanos (OEA) se llamó a Nicaragua a tomar los pasos necesarios para tener elecciones libres y justas, y en vez de hacer eso, en vez de cumplir con sus responsabilidades, incluidas las responsabilidades con las que se comprometieron al firmar la Carta Interamericana hace 20 años, se está moviendo en la dirección contraria", declaró el jefe de la diplomacia norteamericana.

Cristiana Chamorro quedó bajo arresto domiciliario este miércoles, pocos días después de que venciera el plazo establecido para mayo de 2021 por la Asamblea de la OEA, y que tenía como objetivo que el gobierno nicaragüense implemente reformas electorales que garanticen elecciones libres, justas y transparentes y que reestablezcan las garantías democráticas en el país.

Un tribunal de la capital Managua emitió una orden de allanamiento y detención en su contra por “gestión abusiva, falsedad ideológica en concurso real con el delito de lavado de dinero, bienes y activos, en perjuicio del Estado de Nicaragua y la sociedad nicaragüense". Desde el ministerio de Gobernación afirmaron que la Fundación Violeta Barrios de Chamorro -dedicada a la promoción de la libertad de prensa y de expresión- incumplió obligaciones con el Ente Regulador. “Del análisis de los Estados Financieros, período 2015-2019, se obtuvieron claros indicios de lavado de dinero”, detalló el ministerio. A principios de año, Chamorro Barrios anunció el cierre de la Fundación luego de que la Asamblea Legislativa aprobara la ley que ordenaba a las organizaciones que recibían dinero de la cooperación internacional a inscribirse como “agentes extranjeros”. "Estaríamos renunciando a nuestra ciudadanía nicaragüense", alegó Chamorro.

La opositora rechazó las acusaciones de la fiscalía y afirmó que se trataba de una farsa para evitar su participación en los comicios que se realizarán el siete de noviembre. Hace unos días, Chamorro había solicitado su inclusión a la Alianza Ciudadanos por la Libertad (CxL), desde donde se presentaría como precandidata presidencial. Según la encuestadora Cid Gallup, Cristiana Chamorro actualmente es la figura de la oposición con mayor probabilidad de ganar las elecciones de noviembre. Aunque Ortega todavía no confirmó su participación en los comicios de noviembre, sus adversarios creen que buscará un cuarto mandato consecutivo.

La familia Chamorro

Chamorro de 67 años, nació en el seno de una familia propietaria de medios de comunicación y con una amplia trayectoria política. Hija del reconocido periodista y exdirector del diario La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro, asesinado por la dictadura de Anastasio Somoza Debayle, meses antes del triunfo del Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN). La madre de Cristiana, Violeta Barrios de Chamorro, venció a Daniel Ortega en las elecciones de 1990 y fue presidenta de Nicaragua hasta 1997. Durante el gobierno de Violeta Barrios, su hija, Cristiana Chamorro se encargó de las tareas de comunicación y relaciones públicas del Ejecutivo y también estuvo al frente del diario La Prensa.

04 de junio de 2021

Publicado enInternacional
María Zambrano. Una mujer transparente

 Nacida en Vélez-Málaga el 22 de abril de 1904, hija de maestra y de maestro, no fue, como se suele decir con esa frase tópica, una adelantada a su tiempo. Fue sencillamente de su tiempo, al hilo de la riqueza de pensamiento de la II República. También fue de antes y será de después, una mujer ética y demócrata que estaba convencida de que lo que se vivió en aquellos años en su país y en el resto de Occidente “no fue una crisis sino una orfandad”.

En estos tiempos de crispaciones y violencias es bueno traer el recuerdo de una de las más destacadas personalidades de la intelectualidad española, y de su obra más ligada a su compromiso social y político Persona y democracia. En la introducción de esa obra, Rogelio Blanco, uno de los grandes conocedores de la pensadora y de sus textos, afirma: “María Zambrano es una defensora radical de la democracia, entendida como el hábitat más natural del ser humano y que responde a un alto desarrollo de la conciencia”.

Ella pedía detenerse y mirar para reflexionar, afirmando que el hombre es sujeto cuando se mira a sí mismo. Cuestionarse supone lo más humano del hombre, aunque lo primero del hombre es ser mirado. Hay una frase suya que me ha acompañado desde mi época de bachillerato y que he repetido por activa y por pasiva a mis estudiantes para motivar la reflexión como única manera de llegar al conocimiento: “la actitud de preguntar supone la aparición de la conciencia; de la conciencia, ese desgajamiento del alma (…)”.

Afirmaba que “el que ejerce el poder ha de librarse del fantasma de su sueño convertido en personaje […] porque se trata de desprenderse del poder al mismo tiempo que se ejerce, conservando íntegra la sustancia de la propia alma, de la propia persona […] que la persona sea la máxima realidad y no el personaje”. Y avisaba que “siempre que el hombre occidental ha creído en algo no ha podido evitar hundirlo en el infierno o soñarlo como un paraíso”.

Los sueños acompañaron a Zambrano a lo largo de su vida y están presentes en gran parte de su obra. Entre ellos, su ilusión de conseguir que “sentir y pensar fuesen la misma ‘cosa’, el mismo acto […]”. También estaba convencida de que el sentimiento y la razón eran igual de necesarias en la vida del ser humano; una vida que ha de verse a sí misma viéndose en otro, con otro. Entre sus sueños, creo que ocupaba un lugar destacado su deseo de que el ser humano entendiera que la democracia es la única forma política posible para salvarnos de la crisis y la orfandad en la que vivimos.

La dama peregrina, la filósofa errante, … Maneras diversas de nombrar y referirse a la pensadora y filósofa malagueña, todas acertadas, todas limitadas porque era todo eso y más. Si hay que elegir me quedaría con lo que decía de ella José Lezama Lima: “una mujer transparente”. José Luis Aranguren, sin embargo, la definía como una “hereje poética de la filosofía” porque sus palabras son, siempre, una fusión permanente entre la filosofía y la poesía; en definitiva, una muestra de aquella vida vivida entre la razón filosófica y la narración poética.

Para Francisco José Martín (Universidad de Siena) la obra de la filósofa es “un levantar puentes para ir al otro lado, para adentrarse en su espesura abriendo caminos, transitando entre sus dificultades y resistencias, buscando la luz en los claros de aquel bosque”. La discípula de Ortega y Gasset se alimenta desde su maestro, ni contra él ni en él, como señala el propio Martín, pero también de Unamuno y de Machado que le dan pie para su razón poética.

La poesía lo era todo para Zambrano: “todo en cuanto al conocimiento, todo en cuanto a la realización esencial del hombre. El poeta se basta con hacer poesía, para existir; es la forma más pura de realización de la esencia humana”. Ella quiso ser una caja de música, pero no una cualquiera sino la que le sonara a sí misma con sus propias notas “tendría que ser una caja de música inédita, de mi música, de la música, de la música que mis pasos, mis acciones…”

Premio príncipe de Asturias de Humanidades en 1981 y premio Cervantes en 1988; hoy su legado está recogido en la fundación que lleva su nombre y que ocupa el antiguo palacio de Beniel, el edificio civil más importante de su ciudad natal. María Zambrano falleció en Madrid el 6 de febrero de 1991 y sus restos reposan en el cementerio de Vélez-Málaga a la sombra de un limonero y recibiendo siempre la visita de sus amados gatos.

Iñaki Chaves

30Abril 2021

Publicado enCultura
Lunes, 29 Marzo 2021 05:11

Voto x voto

Manifestantes con carteles en honor a George Floyd y otras víctimas del racismo, ayer, frente al Centro de Gobierno del condado de Hennepin, en Minneapolis. Republicanos han introducido 253 proyectos de ley en 43 de los 50 estados de la unión, con el fin de suprimir el voto de ciertos sectores, sobre todo de los que en Estados Unidos se llaman de color.Foto Afp

Mientras Estados Unidos anuncia al mundo que ese país ha regresado como su autoproclamado campeón de la democracia, en su propia casa la mayor ofensiva política es promover medidas antidemocráticas diseñadas para suprimir el voto de millones de sus ciudadanos.

Los republicanos han introducido 253 proyectos de ley en 43 de los 50 estados de la unión, con el objetivo de suprimir el voto deciertos sectores, sobre todo de los que aquí se llaman de color, incluyendo los afroestadunidenses, los latinos y otras minorías, junto con el voto de los jóvenes y de los pobres que suelen favorecer a los demócratas.

Una de estas iniciativas ya prosperó en Georgia la semana pasada, justo el estado donde los demócratas ganaron el control del Senado federal, y donde Trump y sus aliados buscaron presionar a los encargados de la elección a revertir los resultados de los comicios presidenciales. La nueva ley, como las otras 249 pendientes, impone una serie de restricciones para obstaculizar el ejercicio del derecho al voto, incluyendo la eliminación de boletas enviadas por correo, reduciendo los horarios del voto, nuevos requisitos de identificación, y hasta hacer mas incómodo el proceso al prohibir que personas ofrezcan agua y alimento a los que están esperando en filas en una casilla.

El voto afroestadunidense, junto con el latino y de otras minorías, fue lo que llevó al triunfo demócrata en Georgia. La foto oficial de la promulgación en ley de la nueva medida mostraba al gobernador republicano Brian Kemp firmando la norma rodeado por seis hombres blancos. Estas iniciativas son impulsadas con la narrativa falsa de que ocurrió un magno fraude en la ultima elección, es decir, se presentan con el argumento de que son para proteger la integridad de las elecciones ante acusaciones de fraude electoral para el cual hay nula evidencia.

De hecho, promotores de estas leyes acusan que los inmigrantes indocumentados –algo que repitió Trump y otros durante los últimos cinco días como parte de su ataque contra mexicanos y otros latinoamericanos– son usados por los demócratas para perpetrar ese fraude. O sea, vinculan la crisis en la frontera inflada por los republicanos en su argumento para proteger el voto.

Líderes demócratas y de derechos civiles afirman que representa una amenaza existencial a este sistema, el ex presidente Jimmy Carter, quien se ha dedicado a ser observador electoral en más de 100 elecciones alrededor del mundo, denunció esta medida antidemocrática en su estado de Georgia y el propio presidente Biden lo declaró como algo antiestadunidense.

De hecho, para líderes de derechos civiles, esto es el ataque más ambicioso para revertir las conquistas de los movimientos de los 60. Más aún, esta ofensiva reaccionaria está vincu-lada con la promoción de políticas xenofóbicas y racistas que han nutrido la ola de crímenes de odio contra minorías, ofensiva que arrancó a nivel nacional con el ataque de Trump contra mexicanos en 2015.

Los republicanos y la derecha entienden que el futuro no les pertenece, y los cambios demográficos ya expresados por las nuevas generaciones implican el fin de su Estados Unidos. Para frenarlos aparentemente están dispuestos a sacrificar todos esos valores democráticos que dicen defender y desean exportar a otros países.

En respuesta, los demócratas y varios movimientos de derechos civiles, incluyendo algunas corrientes de Black Lives Matter y de algunas agrupaciones latinas, están luchando contra estas medidas y a la vez impulsando un proyecto de ley federal, que algunos califican como la iniciativa más importante para ampliar los derechos al voto desde los años 60. La protesta incluye medidas para el empadronamiento automático nacional de los que tienen derecho al voto, limitar la influencia de fondos privados en las contiendas, ampliar los horarios del voto, como también el uso de mecanismos como sufragio por correo.

Ésta es la noticia de hoy porque es la única que los historiadores registrarán de esta era: ¿los estadunidenses defendieron su democracia o cayeron en oligarquía?, escribe la historiadora Heather Cox Richardson.

Graham Nash. Vote https://youtu.be/CeR2ysos2PM

Publicado enInternacional
Elecciones en Ecuador: La herencia de Octubre

No puede comprenderse la coyuntura electoral del Ecuador de febrero de 2021 sin referirse a las movilizaciones de octubre de 2019. Fueron esas movilizaciones y esa enorme energía creada desde la resistencia popular la que se proyecta y transforma de forma trascendente al escenario electoral en los comicios del pasado 7 de febrero.

El escenario electoral siempre había estado trazado de forma previa por el sistema político. Sus actores, sus discursos, sus movimientos, formaban parte del simulacro de la representación política. Ahí, las empresas de encuestas, los consultores políticos, los medios de comunicación, creaban las condiciones que presentaban las elecciones como un espectáculo en el cual los primeros lugares prácticamente estaban definidos antes del ejercicio del voto. Los medios de comunicación y las empresas de consultoría política presentaban a las elecciones como ratificación de sus propios resultados, y la política así como las definiciones fundamentales que exigía la sociedad ante sus problemas más urgentes, se evacuaban del debate. Se convertían en show, en espectáculo.

Por eso, cuando se producen las elecciones ecuatorianas de 2021 las primeras sorprendidas con los resultados son las empresas encuestadoras que esta vez, para variar, no acertaron en lo más mínimo. En primer lugar, le hicieron creer al electorado que el candidato de la Revolución Ciudadana, e impuesto por el expresidente Rafael Correa, bordeaba el margen que le permitía acceder sin problemas a la presidencia al ganar en primera vuelta electoral. Los datos de las encuestas le otorgaban entre el 38 y el 45 por ciento de los votos válidos. Con esos datos, la segunda vuelta, según ellos, era innecesaria.

En segundo lugar, todas las encuestas situaban al candidato del movimiento indígena, Yaku Pérez, en un alejado tercer lugar y muy distante del segundo candidato de sus preferencias, el banquero de extrema derecha, Guillermo Lasso. En tercer lugar, ninguna empresa consultora vio venir la votación de la socialdemocracia, representada esta vez por el partido Izquierda Democrática y su candidato Xavier Hervas, un empresario aparentemente progresista.

Cuando finalmente se obtienen los resultados la sorpresa de estas empresas y del sistema político es mayúscula, porque jamás habían considerado la posibilidad que el candidato indígena Yaku Pérez pudiera alcanzar un porcentaje tan amplio que lo colocara a disputar el paso a la segunda vuelta, como tampoco que la votación de la Revolución Ciudadana seguía siendo la misma que aquella de las anteriores elecciones, el 32 por ciento, que si bien representa una tercera parte del electorado también da cuenta que durante estos años y a pesar de haber sufrido tanta persecución y asedio por parte del gobierno de Moreno, los electores no se dejaron seducir por el retorno de la revolución ciudadana.


Igual con el resultado logrado por la derecha. Si se suman sus votos, expresados en lo fundamental en los partidos políticos Creo y socialcristiano, su representación cae a su nivel más bajo de los últimos treinta años. Los datos oficiales dan cuenta que estos dos partidos de la derecha en conjunto tendrán una representación parlamentaria del 21 por ciento, lo que los convierte en minoría y les impide un rol dirimente en los nuevos debates políticos. Es un hecho inédito porque la derecha se queda por vez primera sin sucesores, sin estructuras, sin discurso.

Es un dato importante, porque sería la primera vez en la historia del país, y desde el retorno de la democracia política en 1979, que la sociedad puede discutir y aprobar leyes sin el chantaje y la hegemonía de la derecha política.

Si se suma la representación parlamentaria de la Revolución Ciudadana (35%), del movimiento indígena Pachakutik (20%) y de la Izquierda Democrática (18%), su votación alcanza a más de los dos tercios de la futura asamblea. El país, esta vez, votó a la izquierda en sus diferentes opciones. Eso abre la posibilidad, además, que por primera vez en la historia republicana del Ecuador, un indígena pueda convertirse en una de las autoridades más importantes de la función legislativa que, de acuerdo a la Constitución del Ecuador, es el primer poder del Estado.

La presencia de un indígena en posiciones dirimentes del primer poder del Estado significa que el movimiento indígena puede ser el que marque la pauta, el tiempo, los contenidos y el ritmo de la política del Ecuador en estos próximos cuatro años, independientemente de quien ocupe la Presidencia de la República. Si a eso se suma su fuerza organizativa y su capacidad de movilización nacional, se convierte, sin duda alguna, en el actor político más importante del país.

De otra parte, desde el año 2007 es la primera vez que el debate político retorna a la Asamblea Nacional que había sido convertida en una especie de oficina de trámites de la función ejecutiva sobre todo por la fuerza hegemónica que tuvo en su momento el expresidente Rafael Correa. Por ello, si bien es importante saber quien vaya de Presidente, en una definición que estará entre el banquero Lasso y el líder indígena Yaku Pérez, para acompañar en la papeleta al candidato de la Revolución Ciudadana, también es cierto que el próximo Presidente tendrá que aprender a negociar con la Legislatura, porque será ahí donde radique el locus del poder.

Es necesario insistir: estos cambios políticos se deben a la fuerza de octubre de 2019. En esa coyuntura la derecha política apostó por proteger a Lenín Moreno y su programa de ajuste con el FMI, y esa apuesta ahora les ha pasado la factura.

Lo que significa que el país, gracias a esa nueva correlación de fuerzas parlamentarias puede dar marcha atrás al programa de ajuste fiscal y las leyes que aprobó el gobierno de Lenín Moreno, en especial las leyes fiscales y monetarias que someten a la población a un duro programa de ajuste económico con masivos despidos públicos, intensos recortes de inversión pública, incrementos de impuestos, privatizaciones, desarticulación institucional del Estado, entre otras medidas.

También da cuenta esta coyuntura de que lo más fuerte del debate político, al excluir a la derecha, se producirá entre fuerzas que, de una manera u otra, se reclaman de izquierda. Esto significa que podrán aparecer en el debate temas fundamentales que obligarán a esas fuerzas políticas a tomar posición, por ejemplo, los temas del extractivismo, de los derechos de la población lgtiq+, el derecho al aborto, la reducción de la jornada laboral, la renta básica universal, la mitigación del calentamiento global, la ampliación de los derechos, los tratados de libre comercio, la anulación de las concesiones mineras, los impuestos para los más ricos, entre otros, y que forman parte de las nuevas inquietudes sociales en el mundo post-pandemia.

Son puntos que con la derecha como opción hegemónica dentro del sistema político, el país no tenía posibilidad alguna siquiera de proponerlos menos aún de discutirlos. Pero ahora son agendas que obligarán a que las nuevas fuerzas hegemónicas tengan que posicionarse lo que, evidentemente, cambiará las fronteras de la política. Ahora se autodenominan y se reclaman de izquierda, pero ya en el debate de estos temas claves, ese auto-posicionamiento puede convertirse en una trampa, un simulacro o una mentira.

En efecto, ¿seguirá la Revolución Ciudadana, en este nuevo contexto, con su vocación extractivista? ¿Apoyará el derecho al aborto? ¿Votarán a favor de la anulación de las concesiones mineras y la restricción de la frontera petrolera?

A su vez, la Izquierda Democrática, convertida ahora en actor fundamental de la política y vinculada a intereses empresariales aparentemente más progresistas ¿optará por la revisión de los tratados de libre comercio, por el incremento de los salarios y por la reducción de la jornada laboral? ¿Cómo votarán los asambleístas de la Izquierda Democrática ante la propuesta de elevar los impuestos a los empresarios, sobre todo los más ricos? ¿Cómo van a reaccionar ante la derogatoria de las leyes neoliberales de Lenín Moreno? ¿Van a estar de acuerdo en que el país continúe con la negociación con el FMI? Y el movimiento indígena ¿Con qué leyes va a llevar adelante su propuesta de Estado Plurinacional? ¿Cuál va a ser su posición ante la renegociación de la deuda externa, por ejemplo?

El nuevo debate político permitirá tamizar los contenidos políticos de los partidos progresistas y constatar su efectiva lealtad a su programa y su ideología. Pero una cosa es debatir estos temas con movimientos que se autoproclaman de izquierda y críticos al neoliberalismo, y otra es cuando la derecha monopoliza y hegemoniza el debate. Ahora la derecha puede ser ruido de fondo o bisagra en la coyuntura, pero ya no tiene capacidad hegemónica para incidir en el debate político. Han debido pasar más de tres décadas para que la sociedad pueda depurarse de ese pesado fardo de una derecha racista, rentista y corrupta.

Por tanto, puede afirmarse que estas elecciones han sido las más trascendentes y las más importantes del país, luego de aquellas que dieron origen a la Revolución Ciudadana en 2007, y demuestran que aquello que ocurrió en octubre de 2019 se parece bastante a lo que la filosofía política denomina “acontecimiento-verdad”.

 

 

Para suscripción:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

Publicado enEdición Nº276
Página 1 de 84