Un 8M sin fronteras: Chile, Turquía o Reino Unido se suman a la huelga feminista

Cada vez son menos países los que dudan a la hora de definir su plan de actuación para el Día Internacional de la Mujer. A ellas ya no les basta con manifestarse, con salir a clamar a favor de sus derechos y en contra de los abusos, de la violencia en todos los ámbitos y de los feminicidios. Quieren hacer ver que el mundo se para si no están ellas ocupando sus puestos habituales, y este 8 de marzo va a ser testigo de esta motivación: la lista de países que se suman a las huelgas feministas de carácter general no ha hecho más que aumentar desde las movilizaciones de 2018.

Al grito de “Ni una menos, vivas nos queremos”, las mujeres de Argentina rompieron en 2017 con el miedo a oficializar un paro general, algo a lo que solo se había atrevido Polonia el año anterior e Islandia 40 años atrás. Trasladaron su lema a los países vecinos y consiguieron internacionalizarlo, animando al resto del mundo a sumarse a la convocatoria. En esa ocasión, las interrupciones fueron de una o dos horas en la mayoría de sitios. En 2018, las españolas pasaron del paro simbólico del año anterior a una huelga con respaldo sindical de 24 horas en la que se fijaron los ojos del mundo. De hecho, la movilización aquí ha servido de inspiración para otros países, que se han sumado con demandas muy explícitas y manifestaciones convocadas en alrededor de 170 territorios.


Hay algunos, como Chile, que llevan organizando la huelga desde que culminó el 8M del año pasado. “Desde marzo de 2018, haciendo balance de la marcha, iniciamos el camino para hacer huelga feminista en el territorio”, afirma Alondra Carrillo, portavoz de la Coordinadora Feminista 8M del país sudamericano. Con más de 50 encuentros y 1.300 mujeres de todo el país participando en el comité, han conseguido sacar adelante un paro de carácter nacional, además de todas las movilizaciones que tienen preparadas para inundar las calles de morado. A él están llamadas por los sindicatos nacionales todas las trabajadoras de la salud primaria y los profesores.


“El año pasado teníamos la sensación de estar haciendo algo por primera vez, pero este año llegamos a este momento con mucha historia en el cuerpo, mucha actividad que durante todo el año le ha dotado de contenido a lo que va a ser esta huelga”, comenta Carrillo. “A la segunda fila no vamos a volver más”.


De esa posición quieren salir en Turquía, donde también se estrenan con la convocatoria de una huelga general. El 5 de enero se decidió en Estambul que las mujeres turcas y kurdas seguirían el ejemplo de sus compañeras de países latinoamericanos y europeos, principalmente. Bajo el lema “Women are strong together” (Las mujeres son fuertes estando juntas), 165 organizaciones feministas y LGTBI reunieron en esa jornada a alrededor de un millar de mujeres. “Queremos ser parte de la rebelión y apuntamos a paralizar la vida aunque sea durante un día”, asevera Seda Can, de Asambleas de Mujeres Socialistas (SKM) de Turquía.


Las feministas turcas apuntan al presidente Erdogan y su gobierno. “El Estado trata de instaurar forzosamente a las mujeres en el rol tradicional de ser madre, obediente y sometida. Bajo el régimen del AKP [partido que lidera Erdogan] la violencia hegemónica masculina en todas sus formas ha aumentado de forma extrema. No es coincidencia”. Es un país que, según Can, tiene muchas razones por las que defender la libertad de los derechos de sus mujeres, y por eso llaman a parar “no solo en las áreas de producción sino en todos los ámbitos de la vida”.


¿Sin apoyo sindical? Paran igual


“We strike”. Nosotras paramos. Con tal contundencia presenta Reino Unido su posición para este 8M. Avalan el paro 36 organizaciones presentes en el país, como la Cuarta Ola Feminista, la Asamblea de Mujeres Kurdas y la Marcha de Mujeres de Londres. “El 8 de marzo hablaremos, resistiremos, atacaremos y nos negaremos a trabajar (…), estaremos en huelga por el trabajo que hacemos, sin importar si nos pagan o no”, aseguran en la página de Women’s Strike. En 2018, la convocatoria no tuvo un impacto laboral notable, pero las manifestaciones fueron multitudinarias. Es por eso que han depositado toda su confianza en que este viernes sean muchas más personas las que decidan ausentarse de su puesto de trabajo.


Otra de las sorpresas de este año es la movilización masiva que han convocado las mujeres de Alemania. Probablemente, sea uno de los países europeos con más actividades emergentes para este 8M y es tal la lucha que han propiciado contra los sindicatos para que estos avalen el paro que han terminado por declarar la jornada como día festivo para poder acudir a las manifestaciones.


En otros sitios, si la huelga no es una realidad no es precisamente por falta de ganas o de medios. En Irlanda, la Asamblea 8M de Dublín se constituyó a partir de las concentraciones de 2018 y de las mujeres extranjeras (especialmente latinoamericanas movidas por el Ni Una Menos) que residen en el país. Pese a que en el país no hay una “acción feminista organizada”, se ha contagiado del movimiento. “El 8M sencillamente sucede y si se es feminista, hay que estar”, dice Ana Rosa, integrante de la Asamblea.
“El derecho a la huelga no tiene el estatus de derecho constitucional como sucede en España. En la legislación laboral se reconocen algunas protecciones para trabajadores sindicados, pero la mayoría de las que vamos a parar el 8M hemos cambiado turnos o cogido días libres para poder ‘hacer huelga'”, explica. Han conseguido programar una mesa informativa para la víspera de ese paro simulado y varias lecturas de manifiestos y ‘acampada feministas’ para el propio 8. Aun así, asegura que sienten que “todavía hay mucho camino por recorrer en Irlanda”.


En Austria, el movimiento sufragista de la década de los 70 ha tenido que enfrentarse a los sindicatos para transmitirles su deseo de sumarse a la convocatoria de huelga internacional. Estos no han cedido, pero no por ello han desistido de organizar movilizaciones entre las mujeres más conservadoras. Otra ola algo más joven, bautizada con el lema “Take Back The Streets” (Recuperar las calles), tiene preparada una manifestación a favor de las mujeres racializadas. Con tambores, vestidos originarios y coreografías con esa temática, visibilizarán en las calles a las mujeres que residen en el país europeo y sufren la discriminación.


Ni feminicidios ni “niñas madres”


“Es aberrante lo que está sucediendo en Argentina”. Ada Rico, presidenta de una de las organizaciones feministas más conocidas de ese país, La Casa del Encuentro, se refiere a los últimos casos de menores embarazadas que han salido a la luz. En la provincia noroeste de Tucumán se negaron a practicar un aborto a una niña de 11 años, que tuvo por cesárea a un bebé tras ser violada. Este caso se suma al de otra menor de 12 años, a la que le hicieron una cesárea en la semana 24 de gestación. Son hechos que han desatado el agravio entre las ya enfurecidas feministas argentinas: “Todo el movimiento activista está con el reclamo de estas niñas”.


Por ellas y contra el concepto de “niñas madres” que se viene denunciando en el país, marcharán este 8M. El derecho a decidir, una vez más, aparece implícito en el discurso feminista, que casi consigue despenalizar el aborto más allá de los casos excepcionales que contempla la legislación actual. “Uno de los temas principales va a seguir siendo el aborto, más allá de que nos vamos a manifestar por los feminicidios y todo tipo de violencia sexual”, dice Rico. El año pasado, el país arrojaba una proporción devastadora: una mujer asesinada cada 30 horas.


En Australia, el foco está puesto en el ámbito laboral, desde donde opinan que se tienen todas las herramientas para empoderar a la mujer. “Desde ahí se puede pelear”, dice Flavia Guardia, componente del movimiento Ni Una Menos en Melbourne. Ha movilizado a la comunidad latina de esa urbe y a mujeres nativas que sufren agresiones sexuales en el trabajo para unirse al grito global. “En Australia hay muchas leyes que se llegan a aplicar, pero si no las conoces, pasan por arriba de ti” en el trabajo, dice. “Se pelea por el sueldo igualitario y respetar a sus aborígenes, reivindicar la lucha y que ellos son los dueños de la tierra”.


India lleva protestando semanas en una reunión inusual y cambiante: la Mahila Suraksha Padyatra (Marcha por la Seguridad de las Mujeres). Swati Maliwal, la presidenta de la Comisión de Mujeres de Delhi, se encuentra a la cabeza de una marcha de 13 días a pie para conocer a mujeres de todos los rincones de la capital india, atendiendo a sus problemas y reclamos, y que culminará el 8 de marzo en una manifestación multitudinaria.


Un 8M silenciado


No obstante, no en todo el mundo se escuchará el grito feminista. En Nicaragua, ha sido literalmente silenciado. El pasado 25 de noviembre, las mujeres que salieron para manifestarse en el Día Internacional contra la Violencia de Género fueron duramente reprimidas. El Gobierno de Daniel Ortega ha contenido todas las movilizaciones y este 8M goza precisamente de ese tono agitador de demanda que el presidente quiere abolir a toda costa. Las compañeras turcas, por su parte, también sufrieron una represión similar el pasado 25N, según recuerda Seda Can.


Queda pocos días para que el mundo vuelva a retumbar con las batucadas feministas y para que las calles se llenen con mujeres que han dejado su casa y su silla vacía o sus puestos libres en el trabajo. El 8M volverá una vez más a demostrar que la huelga feminista ya tiene un empuje internacional.

Por Naiara Bellio
7 marzo 2019 

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Una cita de J. R. Tolkien: "Incluso la persona más pequeña puede cambiar el curso del futuro" en la marcha de mujeres sobre Washington de 2017

Destacadas feministas de todo el mundo se unen en un manifiesto para convocar encuentros y asambleas transnacionales

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Por tercer año consecutivo, la nueva ola feminista transnacional convoca a un día de movilización global para el 8 de marzo: huelgas “legales” en el trabajo asalariado –como las cinco millones de huelguistas del 8M de 2018 en España– y miles más el mismo año en Argentina e Italia; huelgas “salvajes” de las mujeres sin derechos laborales ni protección social; huelgas del cuidado y del trabajo no remunerado; huelgas estudiantiles, pero también boicots, marchas, y bloqueo de calles. Por tercer año consecutivo, mujeres y personas queer en todo el planeta se movilizan contra los feminicidios y contra todas las formas de violencia de género, por la autodeterminación de los cuerpos y por el acceso al aborto seguro y gratuito, por iguales salarios para iguales trabajos, por sexualidades libres, pero también contra los muros y las fronteras, el encarcelamiento en masa, el racismo, la islamofobia y el antisemitismo, el despojo de las comunidades indígenas y la destrucción de los ecosistemas y el cambio climático. Por tercer año consecutivo, el movimiento feminista nos da esperanza y una visión de un futuro mejor en un mundo que se desmorona. El nuevo movimiento feminista transnacional es impulsado desde el Sur, no solo en un sentido geográfico sino en un sentido político, y se nutre de cada territorio en conflicto. Esta es la razón por la cual es anticolonial, antiracista y anticapitalista.


Vivimos un momento de crisis general. Esta crisis no es solo económica; es también política y ecológica. Lo que nos jugamos en esta crisis es nuestro futuro y nuestras vidas. Las fuerzas políticas reaccionarias están creciendo y se presentan a sí mismas como la solución de la crisis. Desde Estados Unidos a Argentina, de Brasil a India, Italia y Polonia, los gobiernos de extrema derecha y los partidos políticos construyen muros y vallas en las fronteras, atacan libertades y derechos LGBTQ+, niegan a las mujeres autonomía sobre sus cuerpos y promueven la cultura de la violación, todo en nombre de un retorno a los “valores tradicionales” y con la promesa de proteger los intereses de las familias de los sectores dominantes. Su respuesta a la crisis neoliberal no es abordar la raíz de sus causas, sino apuntar contra las más oprimidas y explotadas de entre nosotras.


La nueva ola feminista es la primera línea de defensa frente al ascenso de la extrema derecha. Hoy, las mujeres están liderando la resistencia a los gobiernos reaccionarios en varios países.


En septiembre de 2018, el movimiento “Ele Não” reunió a millones de mujeres que se levantaron contra la candidatura de Jair Bolsonaro, quien se ha convertido en todo el mundo en el símbolo de los planes de la ultra derecha para la humanidad y en el catalizador de las fuerzas reaccionarias en América Latina. Las protestas se dieron en más de trescientas ciudades de Brasil y en todo el mundo. Hoy Bolsonaro está librando una guerra contra los pobres, mujeres, personas LGBTQ+ y las comunidades negras. Ha promulgado una reforma de la seguridad social draconiana y relajado las leyes de control de armas. Los feminicidios están disparándose en un país que ya en 2018 tuvo uno de los índices más altos del mundo, y donde el 70% de las mujeres asesinadas eran negras. En 2019 ya se han producido 126 feminicidios. El movimiento feminista en Brasil está respondiendo a estos ataques y se prepara para movilizar el 8M y el 14M, en el aniversario del asesinato político de Marielle Franco, mientras circula la información de los fuertes lazos entre los hijos de Bolsonaro y uno de los integrantes de la milicia responsable del asesinato.


De modo similar, “Non Una di Meno” en Italia es hoy el único movimiento organizado confrontando con las políticas misóginas y antimigrantes del gobierno derechista de la Liga y Cinco Estrellas. En Argentina, es también el movimiento feminista el que lidera la resistencia contra las políticas neoliberales del Gobierno de Macri. Y en Chile, el movimiento feminista está peleando contra la criminalización de las luchas indígenas y el sexismo sistemático de un sistema educativo carísimo.


El movimiento feminista está también redescubriendo el significado de la solidaridad internacional y la iniciativa transnacional. En los últimos meses, el movimiento feminista argentino usó el evocativo nombre de “Internacional Feminista” para referirse a las prácticas de solidaridad internacional reinventadas por la nueva ola feminista, y en varios países, como Italia, el movimiento está discutiendo la necesidad de encuentros transnacionales para coordinarse mejor, compartir miradas, análisis y experiencias.


Frente a una crisis global de dimensiones históricas, las mujeres y las personas LGBTQ+ nos estamos levantando con el reto de articular una respuesta global. Después del próximo 8 de marzo, ha llegado el momento de que el movimiento vaya un paso más allá y pase a convocar encuentros y asambleas transnacionales: para convertirnos en el freno de emergencia capaz de parar el tren capitalista que corre desbocado, conduciendo a la humanidad y al planeta en que vivimos hacia la barbarie.

Firmas: Justa Montero / Monica Benicio / Kavita Krishnan / Y 20 FIRMAS MÁS

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Psicoanálisis, feminismo y posfeminismo

La autora expone una posición crítica frente al debate feminismo-posfeminismo y sus implicancias en el momento actual. Y propone construir modelos de subjetividades que pongan en foco la vulnerabilidad y la mutua dependencia de los seres humanos.

En el contexto de los avances propuestos por diversos movimientos respecto a lo que hemos llamado las condiciones de vida de las mujeres –que se manifiestan en particular en las condiciones de su sexualidad, de la maternidad, del trabajo, de la salud, de la legislación, y otras, descriptas como de subordinación, opresivas, discriminatorias– en el marco de una sociedad patriarcal, el feminismo ha ocupado un lugar preponderante. En las últimas décadas ha puesto de relieve la capacidad de análisis y de debate de tales condiciones, y ha propuesto alternativas y resoluciones para que éstas cambien. Quienes venimos del campo del psicoanálisis no hemos quedado ajenas a estos debates. En realidad, hace ya tiempo que tanto en Argentina como en otros países americanos y europeos hemos acusado el impacto de las teorías y prácticas feministas en nuestros modos de teorizar y de operar en la clínica con pacientes. Hemos puesto en discusión clásicos supuestos psicoanalíticos acerca de la sexualidad –femenina y masculina–, del ejercicio de la maternidad –y de las paternidades–, del trabajo de las mujeres –y de los varones que habían sido considerados proveedores económicos de la familia como garantes de su posición como esposos y padres–, todo ello en un marco de discusiones, de críticas y de incertidumbre acerca de la pertinencia de la inclusión de estos conceptos al interior del psicoanálisis. Hemos padecido descalificaciones de variada índole, siendo una de las más frecuentes aquella que señalaba que nuestras propuestas eran “extraterritoriales” en relación con el psicoanálisis. Parecía entonces que el campo del psicoanálisis debía encerrarse dentro de rígidas y claras fronteras que delimitaban su campo de pensamiento y de acción, en tanto quienes procurábamos articular nuestros conocimientos psicoanalíticos con otras disciplinas provenientes de las ciencias sociales o humanas, éramos consideradas como “extraanalíticas”, “un poco sociólogas o politólogas”. No faltaron las personas e instituciones psicoanalíticas que, cual gendarmes de fronteras, nos alejaban, levantando muros para que no contamináramos su campo de especialización. 

Afortunadamente esto ha cambiado en las últimas décadas, y las teorías de género –herederas de aquellas teorías y prácticas feministas anteriores– no sólo se incorporaron al campo académico sino que también están siendo cada vez más bienvenidas en las instituciones psicoanalíticas y en la formación de psicoanalistas. Cada vez más se levantan voces, se publican libros y artículos, se difunden investigaciones, en los cuales la articulación de los conocimientos psicoanalíticos con aquellos provenientes de otras disciplinas es considerada como un modo singular de fertilización para la creación de nuevas hipótesis explicativas del malestar de quienes nos consultan. Antiguos malos entendidos respecto de los significados y alcances de las hipótesis feministas se han dilucidado, dando lugar a contextos muy variados de producción de conocimientos, en los cuales “feminismo” ya no es una mala palabra sino un motivo de curiosidad y de ampliación de los modos de comprensión acerca de la construcción de la subjetividad femenina, masculina, y de todos aquellos sujetos que desean ubicarse en alguna posición de género.


Sin embargo, así como se han logrado estos avances en las últimas décadas, también se han producido torsiones y extravíos en relación con ciertos conceptos feministas, que merecen una lectura no complaciente de algunas ideas clave, que nos llevarían a denunciar la construcción de nuevas formas de androcentrismo reforzadoras de un patriarcado que nunca desapareció, difícil de develar bajo sus modernos disfraces. En esta línea se encuentra el criterio clásico del feminismo acerca de la necesidad de empoderamiento del género femenino, un género que ha padecido a lo largo de siglos de patriarcado condiciones de descalificación, discriminación y exclusión en la vida pública, en tanto fue glorificada su presencia al interior de las familias, “en el reino del amor”, como madres, esposas, amas de casa. El fundamento de estas condiciones estuvo en la división sexual del trabajo, según el cual los hombres adquirían bienes materiales –dinero, poder, prestigio, autoridad, que garantizaban su masculinidad– en tanto las mujeres producían bienes subjetivos –amorosidad, generosidad, intimidad en los vínculos familiares, en particular en los vínculos materno-filiales– que refrendaban su feminidad. Según este modelo de subjetivación, el género masculino se afirmaba sobre el ideal de autonomía y autosuficiencia, en tanto el género femenino cultivaba los rasgos que implicaban variados modos de dependencia (emocional, económica y otros). Bajo estas circunstancias, un feminismo de corte igualitarista proponía que el empoderamiento de las mujeres habría de realizarse asemejándose a las condiciones masculinas de habitar el ámbito público, en tanto una corriente feminista diferencialista aseguraba que son las cualidades “esencialmente femeninas” las que consistían en reales fuentes de poder de las mujeres, por ejemplo, su sensualidad, su generosidad amorosa, su disposición para la intimidad y los cuidados. El modelo igualitarista así planteado implicaba que la igualación debía realizarse siguiendo un estereotipo masculino tradicional, con sus particulares ideales y valores, mientras que el modelo diferencialista desconocía las relaciones de poder entre los géneros, puesto que la femineidad clásica otorgaba a las mujeres influencia pero no poder. Según estos criterios, el género femenino adquiriría habilidad para incidir afectivamente en los modos de sentir y pensar de los otros, pero sin contar con los recursos suficientes para decidir sobre lo que los otros pueden hacer, recursos que se encuentran en el ámbito público (por ejemplo, económicos, legales, etc.).


Esto ha llevado a debates significativos en torno al criterio de autonomía, un criterio que, desde una perspectiva androcéntrica basada sobre el ideal de autosuficiencia, ha formado parte de los modos de subjetivación masculinos, desconsiderando la experiencia de las mujeres fundada más en la interdependencia que en la autonomía. Las tensiones se producen entre los criterios de dependencia-interdependencia-autonomía, y no sólo entre dependencia-independencia-autonomía. La problematización de la categoría de análisis autonomía encuentra uno de sus máximos exponentes cuando se la utiliza para analizar la cuestión de los cuerpos de las mujeres, de su disponibilidad y de los escenarios en donde se produce esta disponibilidad. En la actualidad, uno de los escenarios más debatido es el del trabajo del cuidado de las personas dependientes, habitualmente los niños, los enfermos, los ancianos. El otro escenario que ha cobrado vigencia es acerca del comercio sexual, en referencia a aquellas mujeres que encuentran que la disponibilidad de su capital erótico ha de ser utilizada como mercancía para obtener beneficios económicos, ya sea a través del matrimonio o bien de la prostitución. En ambos casos, se tensan al máximo las relaciones de poder entre los géneros, dado que el recurso de las mujeres de “poner el cuerpo” seguiría siendo su principal dispositivo de poder.


Según la clásica división sexual del trabajo, el trabajo de cuidado de las mujeres queda naturalizado –ya sea que se realice en forma gratuita, debido a las condiciones de disponibilidad amorosa supuesta como rasgo estereotipado para el género femenino– o bien que se realice en forma pagada, bajo la forma de servicios que prestan típicamente las mujeres. Las consideraciones actuales acerca del trabajo de cuidado reconocen que no se trata solamente de atender a las necesidades de las personas dependientes, sino en reconocer la vulnerabilidad que nos constituye como sujetos. El eufemismo de caracterizar este trabajo de las mujeres como “trabajo reproductivo” oculta el verdadero sentido del hecho de que se les atribuya la responsabilidad de amar y de cuidar, para el beneficio de aquellos que gozan de privilegios que los excluyen de esta forma de trabajo.


Por otra parte, encontramos un achatamiento de los vínculos intersubjetivos para lograr autonomía mediante la independencia económica –según el clásico modelo masculino–, por ejemplo, en la utilización propiciada por algunas autoras que se denominan feministas, del capital erótico de las mujeres. Uno de los aspectos sobre los cuales existe un amplio debate en la actualidad se refiere a la utilización de los cuerpos femeninos como recurso de capital erótico, como si fuera un bien de consumo más, que ha de ser explotado para aumentar los recursos de independencia económica de las mujeres. Se trataría de un bien de consumo puesto al servicio de la obtención de recursos materiales económicos, como si fuera un producto más a consumir. En relación a los cuerpos de las mujeres tratados como capital erótico, una socióloga británica (Hakim, 2015) realiza algunos deslizamientos conceptuales según los cuales los cuerpos femeninos quedan equiparados como bienes tanto para el ejercicio de la prostitución, como para el así llamado “mercado matrimonial”. En ambos casos, la propuesta es invertir en ellos mediante cirugías, maquillajes, vestimenta y otros recursos para su embellecimiento, de modo que puedan rendir ganancias mediante el ejercicio de la prostitución, o bien, según lo plantea la autora, para lograr en el “mercado matrimonial” un marido adinerado que esté dispuesto a pagar para obtener los beneficios del disfrute erótico de esos cuerpos femeninos. Como se puede observar, se produce de este modo una equiparación lógico-simbólica según la cual el rasgo dominante es la mercantilización de los cuerpos de las mujeres. Sin embargo, nuestra formación como psicoanalistas, y nuestra práctica en el consultorio, nos enseñan que los cuerpos no son una mercancía más, ya que su erogeneidad forma parte de la subjetivación temprana de todos los sujetos. Nuestros cuerpos se constituyen como cuerpos erógenos desde el momento mismo del nacimiento, y, a medida que nos vamos construyendo como sujetos, vamos inscribiendo en él nuestra experiencia intersubjetiva, social, cultural, y nuestros contactos con el mundo en términos de fantasías y de realidades, que nos llevan a percibir nuestros cuerpos con erogeneidades diversas. Se trata de modos de erogenización que no podrían reducir nuestros cuerpos a meros instrumentos de intercambio comercial sin que esto deje profundas marcas en nuestra subjetividad. La construcción y desarrollo de las zonas erógenas constituye uno de los factores determinantes de la subjetividad humana, de modo que en la utilización del cuerpo como mercancía se incluyen requisitos tales como ciertos rasgos de belleza, la sensualidad, el sex appeal, para sostener la mirada deseante masculina. El logro de estos atributos debería ser incorporado al trabajo clínico que como psicoanalistas hacemos con las mujeres, desde una perspectiva que incluya el criterio de la subordinación de género a la mirada androcéntrica. De lo contrario, si sostenemos el supuesto de naturalidad acerca de los requisitos de belleza y de cuerpos como capital erótico del género femenino –y de este supuesto patriarcal podemos ser portadoras tanto mujeres como varones–, estaríamos contribuyendo al sostén, desde nuestro trabajo como psicoanalistas, de un patriarcado que sería contradictorio con las propuestas teóricas que lo critican y que aspiran a derrotarlo. ¿Cómo encarar la tensión que se produce en nuestros consultorios cuando problematizamos la naturalización de que las mujeres dispongamos de nuestros cuerpos al servicio de otros, ya sea bajo la premisa de que lo hacemos “por amor” –como cuando se apela al criterio del amor romántico– o por dinero– en la apelación a la así llamada “autonomía” de las mujeres con sus cuerpos? Entiendo que esto es parte de nuestros debates como psicoanalistas, y aunque podríamos operar con una ceguera de género que nos distraiga de este tipo de problemáticas y que resulte complaciente con los requerimientos patriarcales, no seríamos coherentes con aquella revolución silenciosa que emprendimos esperanzadas hace ya varias décadas, y que ahora tenemos la oportunidad histórica de desplegar, tanto en las calles como también en nuestros consultorios psicoanalíticos.


Cabe preguntarse si junto con la conciencia pública actual acerca de la necesidad de denunciar y condenar los abusos y violaciones sobre los cuerpos de las mujeres, ¿no deberíamos interrogarnos también sobre el modo en que estas conductas han sido incorporadas de tal modo por las propias mujeres, que ellas mismas toman sus cuerpos como objetos,

reciclándolos y poniéndoles precio? Se trataría de una reflexión que también correspondería hacerla al interior de nuestro trabajo como psicoanalistas. No es sólo una cuestión acerca de los vínculos de intimidad, ni sólo del patriarcado, sino también de una asociación entre el patriarcado y formas del capitalismo que pone precio caro/barato a lo que considera un capital posible para comprar/vender. El resultado son nuevas formas de violencia contra las mujeres, internalizadas por las propias mujeres como algo “natural”, construidas como deseos propios. Se tensionan al máximo los valores que responden a los vínculos intersubjetivos de confiar en el prójimo, la reciprocidad, la solidaridad y aquellos valores del consumo en que se afirman.


El análisis de la construcción del repertorio deseante de las mujeres, desde la perspectiva del género, nos permitió comprender mejor los actuales debates sobre el aborto en Argentina. La incorporación al debate sobre las relaciones de poder llevadas al análisis de los criterios posfeministas sobre el capital erótico de las mujeres puede conducirnos a nuevos criterios sobre la construcción de los deseos en las mujeres, si le aplicamos el prisma de género. Podríamos así ampliar la comprensión del modo en que construimos nuestros deseos en el contexto de las normas patriarcales, en la glorificación del “éxito” individual, realizando una investidura libidinal sobre la relación costo-beneficio de lo que se considera un capital y la acumulación de bienes, transformando los bienes subjetivos en objetivos. Se sacrifican así aquellos bienes subjetivos, tales como la construcción de nuestros cuerpos erógenos, reciclándolos bajo la forma de instrumentos al servicio de una modalidad patriarcal denominada “capital erótico” por estas nuevas elucubraciones posfeministas. De este modo se consolida una alianza entre el patriarcado tradicional con un ejercicio neoliberal de distribución en las relaciones de poder: el control de los cuerpos de las mujeres –ahora internalizado desde la propia subjetividad de un amplio grupo dentro del colectivo de mujeres– como recurso estratégico para mantener una ilusoria igualdad en las relaciones de poder entre los géneros


En este nuevo debate feminismo-posfeminismo se niega la vulnerabilidad y dependencia mutua de los sujetos, tras la ficción de la autonomía y la autosuficiencia presentada por la fachada del individuo liberal de la modernidad, y su reciclaje bajo la forma neoliberal del actual período posmoderno del “self made man”. Se trata de una política de construcción de subjetividades que pretende asemejar toda experiencia de vida al ideal del hombre de sectores medios urbanos enriquecidos gracias a la explotación y expropiación de los bienes materiales y subjetivos de otros sujetos, ya sea en términos de superioridad de género, de clase, de raza y de todos aquellos aspectos que nos diferencian, pero en los cuales la clave de interpretación de las diferencias se realiza en términos de relaciones jerárquicas y de poder. El debate crítico se refiere a la noción liberal de autonomía, que no permite reconocer la vulnerabilidad y la necesariedad de interdependencia humana, tal como lo plantea Judith Butler (2006).


Es necesario construir modelos de subjetividades que pongan en foco la vulnerabilidad y la mutua dependencia de los seres humanos, modelos que dispongan de la solidaridad como la principal estrategia para el desarrollo de una sociedad basada en vínculos justos y libres, para todos los géneros. Mientras tanto, podremos sostener al posfeminismo el día que nuestra sociedad sea pospatriarcal.


Por Mabel Burin, Doctora en Psicología, directora del Programa de Estudios de Género y Subjetividad en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales-UCES, Buenos Aires.


Referencias


Hakim, C. (2012): Capital erótico: el poder de fascinar a los demás. Barcelona. Debate.
Butler, J. (2006): Deshacer el género. Paidos, Barcelona

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La ultraderecha mundial pasa al ataque

El pasado martes 5 de febrero, el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, afirmó que “la amenaza más grande que en este momento tiene la humanidad” es la ley de género, la enseñanza de género y la “ideología de género”, que calificó de “imposición dictatorial”, “liberticida” y “de corte estalinista”. Una vez más, la expresión “ideología de género” servía para cargar contra el movimiento feminista, como viene haciendo Vox desde su irrupción en la política española.

Pero no se trata de un fenómeno español: en Colombia, las iglesias evangélicas llamaron desde los púlpitos a votar “no” en el plebiscito sobre los Acuerdos de Paz entre el Estado y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), en octubre de 2016, argumentando que tales acuerdos estaban teñidos de “ideología de género”. Y Jair Bolsonaro, en su discurso de toma de posesión de la presidencia de Brasil el 1 de enero, fue tajante: “Prometo combatir la ideología de género conservando nuestros valores”.


No es una novedad que la derecha y la Iglesia unan sus fuerzas para sabotear los avances de las mujeres en la conquista de sus derechos; la dictadura franquista es buena muestra de ello. Más reciente, pero tampoco novedosa, es la expresión “ideología de género” que el Papa Benedicto XVI definió como “el objetivo de liberar al ser humano de su biología”. Hace veinte años, Monseñor Óscar Alzamora Revoredo, obispo auxiliar en Lima, escribía que detrás del uso de la palabra género “se esconde también una ideología que busca hacer salir el pensamiento de los seres humanos de esta estructura bipolar” que los divide en hombres y mujeres, y calificaba de “revolucionario” este planteamiento.


Pero es en los últimos años, al calor de la fuerza de un movimiento feminista que se ha mostrado imparable a escala internacional, cuando ha cobrado relevancia la expresión “ideología de género”. Así explica este fenómeno la politóloga argentina Verónica Gago, una de las impulsoras del movimiento ‘Ni Una Menos‘ en Argentina: “Ideología de género es un concepto impulsado por la Iglesia católica que pretende organizar una contrainsurgencia sobre la fuerza y la potencia del feminismo”.


Hablar de contrainsurgencia implica la invención y demonización de un enemigo interno: en este caso, las feministas, supuestamente enemigas de los hombres, la familia y la religión Con Donald Trump al frente de Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil, Vox avanzando en España y partidos neofascistas –si asumimos que nos sirve esa categoría; el historiador Federico Finchelstein preferiría hablar de “populismo de derechas”–, ya existen pocas dudas de que la ultraderecha avanza en todo el mundo, y parece evidente también de que las feministas, junto a los y las migrantes, están en el centro de su diana. Esa estrategia global convive con variantes locales: en Francia, Marie Le Pen arremete contra la migración al tiempo que se autoproclama feminista y agita el miedo a que “la crisis migratoria acabe con los derechos de la mujer”.


En cualquier caso, lo habitual es que el antifeminismo conviva con la xenofobia y la defensa de los “valores tradicionales”. Vox pide la expulsión de los migrantes con la misma visceralidad que la supresión de la ley de violencia de género, al tiempo que dice apostar “por los valores, la familia y la vida”; Trump exhibe su misoginia junto a un ardiente discurso antimigratorio; en el Congreso brasileño, los diputados evangélicos se aliaron con los ruralistas –vinculados a los intereses de los terratenientes– y con quienes apoyan las armas, en la llamada “bancada BBB”: Buey, Biblia y Bala. Y, en Ecuador, el presidente Lenin Moreno aprovechó el femicidio de una mujer embarazada cometido por un migrante venezolano para agitar la xenofobia: “Les hemos abierto las puertas, pero no vamos a sacrificar la seguridad de nadie”, afirmó. En la misma operación, criminalizaba a la comunidad venezolana al tiempo que negaba la violencia machista entre sus congéneres.


Mujeres en defensa de los territorios


“La derecha está leyendo la potencia del feminismo en temas estratégicos, mientras las izquierdas tradicionales siguen infantilizando nuestra capacidad política. Incluso a nosotras nos cuesta dimensionar la potencia de ese internacionalismo de nuevo cuño que está surgiendo”, sostiene Verónica Gago. Pero, ¿por qué el feminismo se ha convertido en el principal enemigo a combatir de las derechas de todo el mundo? La politóloga lo resume en dos palabras: masividad y radicalidad.


“El movimiento feminista ha logrado ser masivo y radical al mismo tiempo, y eso lo convierte en una amenaza para los poderosos, porque pone en jaque las relaciones de obediencia en todos los ámbitos de la vida colectiva y el sistema político no está a salvo”. El feminismo ha logrado desbordar la temática de género: se ha incardinado, y esto es muy visible en América Latina, en el núcleo mismo de las luchas indigenistas y anticapitalistas, y “en la capacidad de modificar relaciones concretas en los sindicatos, las escuelas, la familia, la pareja o la fábrica”.


Así, “el feminismo fue saliendo del ‘gueto’ de la cuestión de género; y lo hizo no desde una posición de exterioridad, sino que se convierte en una dimensión interna de cada una de las luchas para radicalizarlas desde adentro, a la vez que produce planos de coordinación entre una conflictividad social en aumento”, añade Gago.


Esta capacidad para radicalizar las luchas se percibe en la efervescencia de los feminismos comunitarios e indígenas, y se encarna en el protagonismo femenino en las luchas contra proyectos extractivos como la megaminería, las grandes hidroeléctricas o los monocultivos.


Como ha señalado la antropóloga Rita Segato, el asesinato de la hondureña Berta Cáceres, como el de tantas mujeres latinoamericanas en defensa de sus territorios, fue un femicidio, pues aunque a los hombres se los mata también por resistir al avance de la frontera extractiva, en el caso de las mujeres se pretende eliminar “un estilo de hacer política, una politicidad propia de las mujeres” que, entre otras, es capaz de conectar la conquista de los territorios que habitan estas comunidades con la violencia contra los cuerpos de las mujeres.
Así lo expresó la añorada Berta Cáceres: “Si las mujeres no hablan de sus cuerpos entre sí, si no reconocen sus derechos al placer y a no sufrir violencia, no podrán entender que la militarización es una práctica de invasión territorial que se vincula con la violencia contra las mujeres, al utilizar las violaciones sexuales como arma de guerra”.


Esto sucede en los territorios que defienden las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, pero también en las ciudades: el pasado septiembre, en Buenos Aires secuestraron y torturaron a una maestra en cuyo vientre escribieron con un punzón: “Ollas no”. Su crimen había sido organizar ollas [asambleas] populares en los barrios y, con ello, sacar el trabajo reproductivo de su confinamiento doméstico y “visibilizar que son las mujeres las que se están haciendo cargo de la crisis de reproducción social que genera el neoliberalismo”, argumenta Gago.


La violencia machista se combina así con su dimensión clasista, racista y colonial, a semejanza de lo que ocurre en Europa, donde, en las elecciones andaluzas, un vídeo promocional de Vox, con Santiago Abascal y sus hombres a caballo, agitaba el símbolo de la Reconquista que finalizó en Granada el mismo año que los conquistadores españoles llegaron a América. “Lo que antes se negaba hoy aparece con exhibicionismo”, apunta Gago, y abre así el feminismo a “preguntas que van al núcleo de la crítica anticapitalista y descolonial, que deja de ser meramente ideológica para ser concreta”, como concretas son las escenas de violencia patriarcal, racista y colonial que se viven en los territorios rurales y urbanos.
En un momento de ascenso de la ultraderecha, esa nueva hegemonía se traduce en los discursos de los políticos y diarios de derechas. A primeros de febrero, Pablo Casado utilizó el pago de las pensiones para justificar su intención de derogar la ley que facilita el aborto en España: “Hay que tener más niños, no abortarlos”, afirmó, con un argumento propio de El cuento de la criada.


El 1 de febrero, el diario argentino La Nación publicó un polémico editorial titulado Niñas madres con mayúsculas, en el que ensalza el supuesto espíritu maternal de niñas embarazadas con 12 o 13 años. Pocos días antes, en la provincia de Jujuy, moría el bebé de una niña de 12 años que fue violada y a la que se le impidió abortar. Antes de la muerte del bebé, el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, había anunciado que una familia “importante” tenía intención de adoptar al bebé; llevaba así a la memoria de muchos argentinos las reminiscencias del robo de bebés que fue masivo durante la dictadura militar de 1976-83.


Pero, ¿por qué esta deriva neofascista? “Creo que el neoliberalismo no logra estabilizar unos modos de obediencia, no logra que se toleren los niveles de violencia que requiere la actual fase de acumulación del capital; y las derechas han leído la capacidad de desestabilización del mundo que tiene el movimiento feminista; por eso el fascismo, en los gobiernos y como micropolítica, promete una forma de estabilización para el neoliberalismo”, sostiene Gago. La italiana Silvia Federici, que en Calibán y la bruja explicó la relación entre la caza de brujas y la acumulación originaria en los orígenes del capitalismo, lleva tiempo alertando de que hoy vivimos una nueva caza de brujas, más aguda allá donde la lucha de clases es más acentuada.


Fue siempre así: las mujeres desobedientes, antes llamadas brujas, hoy feminazis, tuvieron y tienen la capacidad de desestabilizar el sistema. En este contexto, concluye Gago, “la pregunta que debemos hacernos es qué significa cuidar esa fuerza del movimiento”. Y es ahí que se abre todo un campo de experimentación, que abarca desde las alianzas estratégicas hasta las tácticas de autodefensa, pasando por la alerta ante las distintas formas de cooptación del movimiento, como las que despliega el mercado en su propuesta de un feminismo compatible con el capitalismo.

27 febrero, 2019

Publicado enSociedad
Miércoles, 25 Diciembre 2019 06:50

Hidroituango, el trasfondo del fracaso

Hidroituango,  el trasfondo del fracaso
 Publicamos una selección de los artículos más leídos durante el 2019. Fueron seleccionados de los periódicos desdeabajo ediciones 253-264 y Le Monde diplomatique, edición Colombia ediciones 185-196.

 

La imagen es dantesca: piedra sobre piedra, hasta donde la vista alcanza a capturar el entorno, y sobre las piedras, centenas de peces muertos; al fondo, el horizonte de algo que en otra época fue un bosque, y algunos pocos pobladores del lugar que con sus miradas lúgubres en su interior seguramente lloran la desolación de su presente y su futuro.

 

Si la imagen no estuviera acompañada de pie de foto, sería imposible pensar que allí, desde siglos atrás, un inmenso caudal de agua fue labrando un cañón entre montañas, en procura de un lugar para depositar esa belleza hídrica que llamamos río Cauca, Bredunco le denominaban unos pueblos indígenas y Lili otros, los cuales acudieron a él en procura de alimento, refresco y una vía para transportarse.

 

Esta infinidad de agua es en realidad mucho más que eso: es un flujo de vida, un canal de gestación y reproducción de variedad de especies, las mismas que surgen allí o alrededor de él, creando y reproduciendo un ciclo de vida que facilita la conservación de la misma, pues la existencia es un ciclo virtuoso en el cual participan de manera interrelacionada todas las especies: las acuáticas, las terrestres, los árboles y los arbustos, los plantas, los insectos, los anfibios.

 

Por estos días este caudal de líquido vital fluye en menor cantidad e, incluso, por cerca de una semana cesó en su trasegar inmemorable, contenido por una faraónica obra ideada por la especie animal que ha terminado por imponer su huella por doquier, sin miramiento sobre las demás, animales y vegetales, de gran tamaño o de mínima presencia, arrasando a su paso todo y cambiando con ello el ciclo de la vida misma, hasta desatar un gigantesco desastre ambiental que ha dado en llamar cambio climático, el mismo que dice querer detener, para ser consecuente con lo cual, poco o muy poco, realiza.

 

Inconsecuencia que tiene raíz. El ser humano cree ciegamente que la suya es la especie ‘esencial’ –antropocentrismo– y que la naturaleza es un objeto para satisfacer sus deseos y propósitos más racionales, así como los más irracionales, ofuscado por una incansable visión y una meta de desarrollo o crecimiento que hasta ahora nadie sabe exactamente en qué consiste y hasta dónde pudiera llegar. Sin embargo, ahora sabemos que ese carácter insaciable es la causa del vertiginoso avance hacia su propia autodestrucción, sin que su especie como conjunto se percate de los desastres que esa percepción de la vida le ha significado a la propia vida.

 

Es una visión sobre la vida misma impuesta por siglos, con mayor aceleramiento durante los últimos tres, y que en el caso que nos ocupa la imponen los dueños del capital, con beneplácito estatal, a pesar de los reclamos de las comunidades que habitan en el entorno, en este caso de Hidroituango. Silencio, oídos sordos, las Empresas Públicas de Medellín no escuchan los conceptos de ingenieros de varias especialidades, y con persistente proyección desarrollista y cálculos de dividendos económicos por recoger en años por venir, empecinadas en que “todo será mejor una vez realizada la obra”, prosiguen con su empeño hasta causar el desastre que tiene en vilo a 150 mil pobladores de sus áreas más cercanas, y otros miles asentados en otras más distantes, así como en tránsito de muerte, desplazamiento o afectación diversas a una infinidad de integrantes de otras especies allí multiplicadas desde tiempos inmemorables.

 

Es un desastre del cual se habla sin adentrarse en toda su magnitud, inmediata y mediata. Por ejemplo, el agua volverá a irrigar el cauce labrado durante siglos por el río Cauca, pero nunca sabremos con exactitud la magnitud del daño causado sobre un territorio sobre el cual los organismos gubernamentales permitieron que la obra avanzara sin los controles ni las seguridades de rigor. Ahora se sabe que:

 

Para despejar el área requerida por la represa fue necesario tumbar más de 4.000 hectáreas de bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más amenazados del país, del cual sólo queda hoy un 8 por ciento de la extensión que tenía (nueve millones de hectáreas en los años 80). ¿Qué implica esto para el ciclo vital en este territorio y en sus alrededores, toda vez que el tiempo de evaporación de humedad, así como de lluvias, sufrirá transformaciones en el mediano y el largo plazo? ¿De qué manera incide la deforestación causada en el cambio climático? ¿Qué consecuencias tiene para el ciclo de lluvias arrasar con la capa vegetal que cubría la superficie de esta cuenca?

 

Dicen los estudios técnicos que, por efecto de lo construido y del llenado de embalses, es muy factible la eutrofización del agua (proceso de alteración de un cuerpo hídrico, a causa de una excesiva acumulación de nutrientes que se manifiestan mediante cambios en la flora y la fauna, y en la composición química del agua) y la deforestación que implica. Si así fuera en el futuro de esta cuenca, ¿qué consecuencias tiene ello para la vida que allí existe y se reproduce? ¿Cambia la composición química de los suelos? Y, nuevamente, si así fuera, ¿qué consecuencia tiene para la vida en general de quienes se nutren de tales suelos y de tal agua?

 

En el bosque allí existente viven y se reproducen en su diversidad 2.600 especies de plantas (83 endémicas), 230 especies de aves (33 endémicas) y 60 especies de mamíferos (tres endémicas). ¿Cuántas de ellas ya no se verán más?

 

La fauna que habita, vive y se reproduce en esas aguas desecadas, como peces, con infinidad de muertes por ausencia de oxígeno en su hábitat natural, y otra multitud estresada en su afán por sobrevivir o al ser capturada para llevarla a otros espacios, ¿qué será de ella? ¿Cómo será su vida/reproducción en esta parte del río? ¿Será igual que antes?

 

Hay unas especies de las que poco se habla, como los insectos, algunos de ellos polinizadores, es decir, ‘estafetas’ de la vida. Al afectarse el entorno de su hábitat, ¿qué sucederá con ellos? ¿Se conservarán? ¿o el impacto de lo allí destruido también los perjudicará hasta verse menguada de manera significativa la vida de plantas y vegetales en general, así como de reptiles y aves que encuentran en ellos parte de su alimento?

 

Ante lo que allí ocurre, ¿qué será de los miles de trabajadores del campo, barequeros y pescadores, ahora desplazados e impedidos para su labor, que garantizaban su diario sustento de lo ofertado por esta agua, así como por el conjunto de la cuenca? Como se puede deducir, estamos ante la prolongación de una visión sobre la vida y la naturaleza cuestionada por buena parte del conjunto humano global por haber llevado a la propia humanidad hasta el límite de sus posibilidades, visión reinante y potenciada por el capitalismo, cuyos defensores, con gestos de felicidad en sus rostros, señalan año tras año cómo se multiplican sus arcas a pesar del vaciamiento de la vida misma. Precisamente impuesta por el capital, la separación entre naturaleza y seres humanos, y el dominio de éstos sobre la primera, son la causa del desastre extendido sobre el conjunto de la naturaleza y que impacta de manera severa a la propia vida. A partir de todo esto podemos concluir que pensar y actuar de manera diferente o contraria a la naturaleza, es decir, a la vida, lo único que produce son desastres. Y aquí estamos, producto de esa visión, frente a uno de ellos.

 

Así es porque los potentados que se afincan en los Estados, y aferrados aún a esa concepción del desarrollo y el crecimiento sin límite, están convencidos de que habitamos un espacio vacío, el cual puede ser objeto de todas nuestras venturas, cuando lo que tenemos en la naturaleza es precisamente la vida, la cual, al ser incomprendida, nuestra especie traduce en muerte.

 

Así ha sucedido en Hidroituango, proyecto que en pleno siglo XXI va en contra de las bondades y las potencialidades de nuestro ser natural, la bella biodiversidad que habitamos y en la cual radica el mayor aporte que hacemos a la humanidad toda. Enceguecidos por el espejismo del ‘desarrollo’ y el ‘crecimiento’, los agentes del capital no ven lo que tienen ante sí, y destruyen lo sustancial, todo en aras de acumular el fetiche que, en vez de sangre, les circula por sus mentes y sus venas. Destruyen precisamente las bondades que como territorio tenemos para enfrentar en mejor forma el futuro: la diversidad genética acá palpitante y en ella el agua misma.

 

¿Es posible ponerle un límite a esta concepción utilitarista de la vida y asimismo a una de sus expresiones más recientes, Hidroituango? Para poner ese necesario tatequieto, a la sociedad le corresponde afrontar un debate que debiera ser indetenible, diseñando el modelo de vida que requerimos y exigimos como parte de la humanidad. No proceder, permanecer pasivos y mudos, es permitir que la muerte prolongue su dominio entre nosotros.

 

Publicado enColombia
Jueves, 28 Febrero 2019 17:02

Hidroituango, el trasfondo del fracaso

Hidroituango,  el trasfondo del fracaso

La imagen es dantesca: piedra sobre piedra, hasta donde la vista alcanza a capturar el entorno, y sobre las piedras, centenas de peces muertos; al fondo, el horizonte de algo que en otra época fue un bosque, y algunos pocos pobladores del lugar que con sus miradas lúgubres en su interior seguramente lloran la desolación de su presente y su futuro.

 

Si la imagen no estuviera acompañada de pie de foto, sería imposible pensar que allí, desde siglos atrás, un inmenso caudal de agua fue labrando un cañón entre montañas, en procura de un lugar para depositar esa belleza hídrica que llamamos río Cauca, Bredunco le denominaban unos pueblos indígenas y Lili otros, los cuales acudieron a él en procura de alimento, refresco y una vía para transportarse.

 

Esta infinidad de agua es en realidad mucho más que eso: es un flujo de vida, un canal de gestación y reproducción de variedad de especies, las mismas que surgen allí o alrededor de él, creando y reproduciendo un ciclo de vida que facilita la conservación de la misma, pues la existencia es un ciclo virtuoso en el cual participan de manera interrelacionada todas las especies: las acuáticas, las terrestres, los árboles y los arbustos, los plantas, los insectos, los anfibios.

 

Por estos días este caudal de líquido vital fluye en menor cantidad e, incluso, por cerca de una semana cesó en su trasegar inmemorable, contenido por una faraónica obra ideada por la especie animal que ha terminado por imponer su huella por doquier, sin miramiento sobre las demás, animales y vegetales, de gran tamaño o de mínima presencia, arrasando a su paso todo y cambiando con ello el ciclo de la vida misma, hasta desatar un gigantesco desastre ambiental que ha dado en llamar cambio climático, el mismo que dice querer detener, para ser consecuente con lo cual, poco o muy poco, realiza.

 

Inconsecuencia que tiene raíz. El ser humano cree ciegamente que la suya es la especie ‘esencial’ –antropocentrismo– y que la naturaleza es un objeto para satisfacer sus deseos y propósitos más racionales, así como los más irracionales, ofuscado por una incansable visión y una meta de desarrollo o crecimiento que hasta ahora nadie sabe exactamente en qué consiste y hasta dónde pudiera llegar. Sin embargo, ahora sabemos que ese carácter insaciable es la causa del vertiginoso avance hacia su propia autodestrucción, sin que su especie como conjunto se percate de los desastres que esa percepción de la vida le ha significado a la propia vida.

 

Es una visión sobre la vida misma impuesta por siglos, con mayor aceleramiento durante los últimos tres, y que en el caso que nos ocupa la imponen los dueños del capital, con beneplácito estatal, a pesar de los reclamos de las comunidades que habitan en el entorno, en este caso de Hidroituango. Silencio, oídos sordos, las Empresas Públicas de Medellín no escuchan los conceptos de ingenieros de varias especialidades, y con persistente proyección desarrollista y cálculos de dividendos económicos por recoger en años por venir, empecinadas en que “todo será mejor una vez realizada la obra”, prosiguen con su empeño hasta causar el desastre que tiene en vilo a 150 mil pobladores de sus áreas más cercanas, y otros miles asentados en otras más distantes, así como en tránsito de muerte, desplazamiento o afectación diversas a una infinidad de integrantes de otras especies allí multiplicadas desde tiempos inmemorables.

 

Es un desastre del cual se habla sin adentrarse en toda su magnitud, inmediata y mediata. Por ejemplo, el agua volverá a irrigar el cauce labrado durante siglos por el río Cauca, pero nunca sabremos con exactitud la magnitud del daño causado sobre un territorio sobre el cual los organismos gubernamentales permitieron que la obra avanzara sin los controles ni las seguridades de rigor. Ahora se sabe que:

 

Para despejar el área requerida por la represa fue necesario tumbar más de 4.000 hectáreas de bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más amenazados del país, del cual sólo queda hoy un 8 por ciento de la extensión que tenía (nueve millones de hectáreas en los años 80). ¿Qué implica esto para el ciclo vital en este territorio y en sus alrededores, toda vez que el tiempo de evaporación de humedad, así como de lluvias, sufrirá transformaciones en el mediano y el largo plazo? ¿De qué manera incide la deforestación causada en el cambio climático? ¿Qué consecuencias tiene para el ciclo de lluvias arrasar con la capa vegetal que cubría la superficie de esta cuenca?

 

Dicen los estudios técnicos que, por efecto de lo construido y del llenado de embalses, es muy factible la eutrofización del agua (proceso de alteración de un cuerpo hídrico, a causa de una excesiva acumulación de nutrientes que se manifiestan mediante cambios en la flora y la fauna, y en la composición química del agua) y la deforestación que implica. Si así fuera en el futuro de esta cuenca, ¿qué consecuencias tiene ello para la vida que allí existe y se reproduce? ¿Cambia la composición química de los suelos? Y, nuevamente, si así fuera, ¿qué consecuencia tiene para la vida en general de quienes se nutren de tales suelos y de tal agua?

 

En el bosque allí existente viven y se reproducen en su diversidad 2.600 especies de plantas (83 endémicas), 230 especies de aves (33 endémicas) y 60 especies de mamíferos (tres endémicas). ¿Cuántas de ellas ya no se verán más?

 

La fauna que habita, vive y se reproduce en esas aguas desecadas, como peces, con infinidad de muertes por ausencia de oxígeno en su hábitat natural, y otra multitud estresada en su afán por sobrevivir o al ser capturada para llevarla a otros espacios, ¿qué será de ella? ¿Cómo será su vida/reproducción en esta parte del río? ¿Será igual que antes?

 

Hay unas especies de las que poco se habla, como los insectos, algunos de ellos polinizadores, es decir, ‘estafetas’ de la vida. Al afectarse el entorno de su hábitat, ¿qué sucederá con ellos? ¿Se conservarán? ¿o el impacto de lo allí destruido también los perjudicará hasta verse menguada de manera significativa la vida de plantas y vegetales en general, así como de reptiles y aves que encuentran en ellos parte de su alimento?

 

Ante lo que allí ocurre, ¿qué será de los miles de trabajadores del campo, barequeros y pescadores, ahora desplazados e impedidos para su labor, que garantizaban su diario sustento de lo ofertado por esta agua, así como por el conjunto de la cuenca? Como se puede deducir, estamos ante la prolongación de una visión sobre la vida y la naturaleza cuestionada por buena parte del conjunto humano global por haber llevado a la propia humanidad hasta el límite de sus posibilidades, visión reinante y potenciada por el capitalismo, cuyos defensores, con gestos de felicidad en sus rostros, señalan año tras año cómo se multiplican sus arcas a pesar del vaciamiento de la vida misma. Precisamente impuesta por el capital, la separación entre naturaleza y seres humanos, y el dominio de éstos sobre la primera, son la causa del desastre extendido sobre el conjunto de la naturaleza y que impacta de manera severa a la propia vida. A partir de todo esto podemos concluir que pensar y actuar de manera diferente o contraria a la naturaleza, es decir, a la vida, lo único que produce son desastres. Y aquí estamos, producto de esa visión, frente a uno de ellos.

 

Así es porque los potentados que se afincan en los Estados, y aferrados aún a esa concepción del desarrollo y el crecimiento sin límite, están convencidos de que habitamos un espacio vacío, el cual puede ser objeto de todas nuestras venturas, cuando lo que tenemos en la naturaleza es precisamente la vida, la cual, al ser incomprendida, nuestra especie traduce en muerte.

 

Así ha sucedido en Hidroituango, proyecto que en pleno siglo XXI va en contra de las bondades y las potencialidades de nuestro ser natural, la bella biodiversidad que habitamos y en la cual radica el mayor aporte que hacemos a la humanidad toda. Enceguecidos por el espejismo del ‘desarrollo’ y el ‘crecimiento’, los agentes del capital no ven lo que tienen ante sí, y destruyen lo sustancial, todo en aras de acumular el fetiche que, en vez de sangre, les circula por sus mentes y sus venas. Destruyen precisamente las bondades que como territorio tenemos para enfrentar en mejor forma el futuro: la diversidad genética acá palpitante y en ella el agua misma.

 

¿Es posible ponerle un límite a esta concepción utilitarista de la vida y asimismo a una de sus expresiones más recientes, Hidroituango? Para poner ese necesario tatequieto, a la sociedad le corresponde afrontar un debate que debiera ser indetenible, diseñando el modelo de vida que requerimos y exigimos como parte de la humanidad. No proceder, permanecer pasivos y mudos, es permitir que la muerte prolongue su dominio entre nosotros.

 

Publicado enEdición Nº254
La creciente rebelión popular frente al neoliberalismo: Amazon en Nueva York

Hace unos días apareció en la portada de los mayores rotativos a los dos lados del Atlántico Norte una noticia que cayó como una bomba; veamos lo que ha ocurrido y la noticia que generó. Durante varios meses, una de las principales empresas tecnológicas del mundo, Amazon (dirigida por el hombre más rico del mundo), había anunciado que abriría una nueva sede en el distrito de Queens, en la ciudad de Nueva York, prometiendo generar nada menos que 25.000 nuevos puestos de trabajo. Queens es el distrito más pobre de la ciudad (que es mucho más extensa que su distrito más rico, Manhattan, que es en general la parte de Nueva York más visitada y prácticamente la única conocida por la gran mayoría de turistas que visitan esta ciudad). La inversión de Amazon en Queens iba a renovar, cambiar y modernizar significativamente aquella parte de la mayor urbe de EEUU. El establishment político neoyorquino, incluyendo el gobernador del Estado de Nueva York, el Sr. Cuomo (que a nivel popular había pasado a conocerse, en lugar de Andrew Cuomo, como Amazon Cuomo, del Partido Demócrata) así como el nuevo alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, dirigente del ala progresista del Partido Demócrata, había ofrecido todo tipo de incentivos, incluidos incentivos fiscales (equivalente a un subsidio de más de 3 mil millones de dólares), para atraer a Amazon y que viniera a establecerse a Queens, creando empleo y reavivando aquella parte de la ciudad. Las encuestas señalaban que, aun cuando casi la mitad de los encuestados en la ciudad de Nueva York consideraban el subsidio público excesivo, estaban de acuerdo con el plan que había diseñado y promovido el Partido Demócrata de aquel Estado y de la ciudad para atraer a Amazon.


Invito al lector a pensar qué ocurriría si, en una ciudad como Barcelona, Madrid, Bilbao, Sevilla o cualquier otra gran ciudad de España, el establishment político de dicha ciudad hubiera visto la oportunidad de atraer a Amazon a su urbe con la posibilidad de crear empleo (la frase que se utiliza más comúnmente para apoyar tales inversiones). Es más que probable que, al menos hasta hace poco, los establishments políticos y mediáticos (y sobre todo aquellos de orientación liberal) estuvieran movilizándose por tierra, mar y aire para conseguirlo. Parecería lógico, razonable y deseable que así ocurriera.


Amazon, sin embargo, se retiró. ¿Por qué?


Ahora bien, hace solo unos días, el 14 de febrero, la noticia bomba en primera página de los mayores rotativos a los dos lados del Atlántico Norte fue que Amazon anunciaba que no iba a establecer la sede ni en Queens, ni en ninguna otra parte de Nueva York, debido a la oposición que había encontrado entre la población y los representantes políticos del distrito más directamente afectado por el establecimiento de la sede de Amazon.


En realidad, hubo una gran oposición entre amplios sectores de Queens y sus representantes políticos. Y la razón es fácil de entender. La gente que actualmente vive en Queens no se habría beneficiado. Al contrario, le habría perjudicado. Así pues, los vecinos no compartieron la euforia del establishment político-mediático, debido a varias causas. Una es que Amazon es una empresa tecnológica, de las más conocidas por su resistencia y agresividad contra la sindicalización de sus trabajadores y empleados. Tal empresa es el prototipo de empresa neoliberal, citada como modelo por los economistas neoliberales. En las negociaciones con los sindicatos Amazon no solo mostró su fuerte oposición a que sus empleados se sindicalizaran (indicando que preferían tener una relación individual y personal con sus empleados), sino que insistió en que se opondría a que los sindicatos intentaran acceder a sus trabajadores, así como a que hubiera elecciones para que los empleados pudieran votar tener un sindicato, y anunció además que tomaría represalias contra sus empleados que intentaran hacerlo. Es más, al analizar otras dimensiones características de Amazon, se ve que es una empresa que está muy en contra de pagar impuestos y utiliza su gran influencia política y mediática para promover una cultura anti-impuestos (desde el de rentas personales al impuesto de sociedades), empobreciendo las arcas de la autoridad pública del barrio, distrito o Estado, como ha ocurrido en la ciudad de Seattle, donde tiene la otra sede. Por otra parte, los empleados mejor pagados de tal empresa no proceden, por lo general, del barrio o distrito donde se encuentra la sede, una zona que se gentrificaría rápidamente, lo que acabaría por expulsar a sus actuales vecinos de donde han vivido siempre. En realidad, con el anuncio de que Amazon se establecería en aquel distrito, los precios de la propiedad y del alquiler subieron espectacularmente, lo cual habría implicado un cambio profundo en las características sociales, de comercio y de política fiscal de la zona, todas ellas desfavorables a los ya residentes en él. La “renovación” y “modernización” del distrito se habrían hecho a costa de la “expulsión de la población que ahora vivía en él”. Esta situación está sucediendo ya en todas las principales ciudades a los dos lados del Atlántico Norte.
La gentrificación de los barrios obreros


Lo que es nuevo es que la población se está rebelando contra el establishment político republicano y demócrata neoliberal, que se siente amenazado por un movimiento al que demonizan denominándolo “populista” y que se está extendiendo no solo en Queens y en Nueva York, sino también a lo largo de EEUU y también de Europa. Entre sus dirigentes está la nueva congresista Alexandria Ocasio-Cortez, que representa a una parte de Queens y el Bronx en el Congreso de EEUU. Este movimiento utiliza el eslogan “sí se puede cambiar la situación”, semejante al “sí se puede” del 15-M en España. En su Twitter, Alexandria Ocasio-Cortez subrayó que “en contra de lo que ellos quieren que te creas, todo es posible”. Y en el día en el que Amazon se retiró afirmó que “hoy es el día en el que un grupo de personas normales y corrientes, gente común, ciudadanos de Nueva York y sus distritos y barrios, han derrotado la avaricia sin límites de la corporación Amazon, la explotación de sus trabajadores y el poder del hombre más rico del mundo”. Su oposición amplia y contundente (los vecinos del distrito tomaron las salas de la cámara del parlamento neoyorkino durante las sesiones en las que se discutía el caso Amazon) al establishment político-mediático le ha generado una gran simpatía popular, facilitada por la enorme arrogancia mostrada por Amazon en sus relaciones con los políticos locales de la zona, a los cuales ni siquiera quiso ver, asumiendo que serían los primeros en acogerlos cuando en realidad fueron los que más se les opusieron. Nadie tomó en serio a los vecinos del distrito hasta que se movilizaron. Uno de sus pósteres denunciaba el contraste entre, por un lado, los planes que Amazon, con la ayuda del gobierno de la ciudad, estaba desarrollando para construir pistas de aterrizaje para los helicópteros de los ejecutivos de esta empresa, –y el deterioro tan acentuado del metro de Queens, por el otro.


Algo parecido ha estado ocurriendo en las grandes ciudades de España. En Barcelona, Ada Colau y el movimiento vecinal que lideró ganaron las elecciones municipales –en contra de todas las predicciones oficiales- como resultado del enfado popular frente a los intereses financieros que estaban destruyendo los barrios populares, haciendo imposible el acceso a la vivienda por parte de la población común. Ello explica la enorme hostilidad de los medios y de las derechas (y algunas izquierdas confusas) hacia su mandato. En este sentido, es importante señalar que en la cobertura de la retirada de Amazon de Nueva York la gran mayoría de los rotativos españoles que han informado sobre ello han presentado la versión de los hechos dada por Amazon y el establishment político-mediático de la ciudad de Nueva York. En ninguna parte se ha presentado la versión de lo ocurrido por parte de las clases populares. Un ejemplo más del enorme sesgo a favor del statu quo, con falta de vocación crítica, de la cultura mediática hegemónica en España (incluyendo Catalunya). Así de claro.

febrero 25, 2019

Publicado enSociedad
La OIT, cien años después, trata de definir qué es el trabajo

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) inauguró las festividades que marcarán su centenario a lo largo de este año 2019 y dio a conocer las bases del informe que con el objetivo de medir los desafíos que se avecinan encomendó hace dos años a una Comisión de expertos independientes sobre el futuro del trabajo.

Lo que sorprende del trabajo comenzado es que en la ausencia del mundo real de la informalidad, la fragmentación del empleo y el trabajo no pagado directamente, el informe naufraga con recomendaciones con un mundo que ya no existe, todo resumido en un fondo de emergencia ambiental


Inicios y presente


Tal vez sea un hecho poco conocido, que la organización del trabajo nació en Versalles. De hecho, la Conferencia de Paz estableció una Comisión sobre el derecho internacional del trabajo y le ordenó que desarrollara la Constitución de una organización internacional permanente. El contexto era por entonces importante para dar una respuesta creíble a la "cuestión del trabajo", aunque el objetivo apenas velado estaba dirigido en particular para contener el riesgo de la internacionalización de la revolución comunista de 1917 que parecía instalarse en Alemania.


Un siglo después, el contexto es totalmente diferente. Con el fin de medir los desafíos que se avecinan, la OIT encomendó a una Comisión de expertos independientes hace dos años que pensara en el futuro del trabajo.


Copresidida por el mandatario de Sudáfrica Ciryl Ramaphosa y el primer ministro de Suecia Stefan Löfven, la Comisión propone una visión de un programa centrado en las personas, basado en la inversión en las capacidades de los individuos, las instituciones laborales y en el trabajo decente y sostenible. Entre las diez recomendaciones se encuentran:


• Una garantía universal de empleo que proteja los derechos fundamentales de los trabajadores garantice un salario que permita un nivel de vida digno, horas de trabajo limitadas y lugares de trabajo seguros y saludables.


• Una protección social garantizada desde el nacimiento hasta la vejez que atienda las necesidades de las personas a lo largo de su ciclo de vida.


• Un derecho universal al aprendizaje permanente que permita que las personas se formen, adquieran nuevas competencias y mejoren sus cualificaciones.


• Una gestión del cambio tecnológico que favorezca el trabajo decente, incluso a través de un sistema de gobernanza internacional de las plataformas digitales de trabajo.
• Mayores inversiones en las economías rurales, verdes y del cuidado.


• Una agenda transformadora y mensurable a favor de la igualdad de género.


• La reestructuración de los incentivos a las empresas a fin de estimular las inversiones a largo plazo.


Este informe es el resultado de un examen realizado a lo largo de 15 meses por los 27 miembros de la Comisión Mundial, constituida por destacadas personalidades del mundo empresarial, laboral y académico, grupos de reflexión y organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. 

 

La contracara del informe


Aquellos que esperaban una visión ambiciosa se decepcionarán. El genio de cada experto parece haber disminuido, por no decir silenciado, en este trabajo grupal, ya que el punto de partida y el estado de la realidad están ausentes del informe. Como resultado, el texto flota en la ambigüedad de las buenas intenciones y se hace evidencia misma la falta de cemento en el hormigón del trabajo humano a comienzos del siglo XXI.


Si bien la definición de trabajo adoptada por la OIT abarca toda actividad relacionada con la producción de bienes, servicios individuales y colectivos, el texto de la Comisión sólo se ha centrado en el trabajo remunerado. Deja por fuera dos universos socioeconómicos importantes: por un lado, trabajo remunerado en otros contextos como salarios (independiente e informalidad) y el trabajo que tiene lugar sin (plena) remuneración directa – como el trabajo doméstico.


Recordemos que el trabajo doméstico tan importante en volumen como el trabajo remunerado,– según la OIT, estimaba a 67 millones de personas – es otro aspecto en que la Comisión no aborda realmente, excepto cuando habla del mundo rural en los países en desarrollo. Este silencio tal vez sea menos sorprendente porque esta actividad escapa a toda estadística seria de trabajo, de la misma forma que es ignorada por las estadísticas de producción.


Las estadísticas de la OIT demuestran que, a nivel mundial, la ganancia salarial es menos de la mitad del trabajo remunerado. Si corresponde al 85% de los "puestos de trabajo" (en sentido estadístico) en los países de ingresos altos, la proporción recae en el 25% en los países menos adelantados, donde el servicio público es el principal proveedor de este tipo de trabajo.


El resto es responsabilidad de los trabajadores autónomos y de los miembros de la familia. Incluso si la Comisión pide la ampliación del diálogo social, el aprendizaje permanente, la cobertura universal de la seguridad social, las condiciones de trabajo decente y la garantía de un salario digno para todos, es una brecha abismal en el contexto actual de la locura capitalista.


El 82% de la riqueza mundial generada durante 2018, fue a parar a manos de 26 multimillonarios, el 1% más rico de la población mundial, mientras que el 50% más pobre – 3.700 millones de seres humanos- no se benefició lo más mínimo de dicho crecimiento, según el reciente Informe de Oxfam.


En realidad, el informe de los expertos propone la ampliación al mundo de un modelo que se está agotando en la mayoría de los países como resultado de la "uberización" y la fragmentación del trabajo.


Aunque esté plenamente comprendida en la definición de la labor adoptada por la propia OIT, la Comisión del centenario de la OIT no agota (y lejos está de hacerlo) el problema del futuro del trabajo. Destaca además que la inteligencia artificial, la automatización y la robótica darán lugar a una pérdida de empleos, en la medida que las competencias se volverán obsoletas.


Sin embargo, muchos son los que piensan que estos mismos avances tecnológicos, junto a la ecologización de las economías, también crearán millones de empleos, si se aprovechan las nuevas oportunidades.


Este tipo de diálogo social “puede contribuir a que la globalización nos beneficie a todos”, declaró el primer ministro sueco y copresidente de la Comisión Mundial, Stefan Löfven. “El mundo del trabajo experimenta grandes cambios que crean numerosas oportunidades para más y mejores empleos. Pero los gobiernos, los sindicatos y los empleadores necesitan trabajar juntos a fin de hacer que las economías y los mercados laborales sean más inclusivos”, añadió.


Todo este tufillo de las festividades del centenario de la OIT tiene mucho sabor a la conciliación de clases, cuesta aun admitir, sin tratarnos de trasnochados, que la lucha de clases es un fenómeno que se refiere al eterno conflicto entre las dos clases sociales existentes, entre los que producen y los que no producen, entre los que sin trabajar se adueñan de la producción y excluyen a los que trabajan.


Es la lucha entre explotadores y explotados; entre esos 26 multimillonarios, que destacan los informes, entre ese 1% más rico de la población mundial, que abarca la misma riqueza de 3.700 millones de seres humanos.


La lucha de clases, es decir, la lucha entre el trabajo y el capital no es en absoluto un concepto que pertenece al pasado. En un mundo de creciente desigualdad, es una realidad más pertinente que nunca.


Con la victoria del neoliberalismo, los gobiernos han dejado de actuar como mediadores entre el capital y el trabajo con el objetivo de mitigar la desigualdad. Por lo tanto, los sindicatos que todavía sólo se basan en la idea de asociación, a menudo son incapaces de librar luchas ofensivas. En el mejor de los casos, luchan por mantener el statu quo y, aun así, la mayoría de las veces no tienen éxito.


Por ello se genera un sentimiento, cuasi una necesidad urgente de que se escuchen otras voces en 2019 y puedan proporcionar a la organización con sede en Ginebra otros análisis y otras hipótesis de trabajo con el fin de enfrentar el mundo real de la informalidad, la fragmentación del empleo y el trabajo no pagado directamente, todo en un fondo de emergencia ambiental. Inteligencia Artificial si, robotización sí, …pero aquello de la justicia social, ¿dónde queda?

 

Por Eduardo Camín,  Periodista uruguayo, miembro de la Asociación de Corresponsales de prensa de la ONU. en Ginebra. Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la
Rebelión
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 De izquierda a derecha, Alex Caputo-Pearl, Austin Beutner y Eric Garcetti anuncian el acuerdo. Richard Vogel AP

El alcalde de la segunda ciudad más poblada de EE UU se presenta como facilitador de un pacto "histórico" que pone la presión en el sistema de financiación estatal de las escuelas públicas


La mayor huelga que ha visto Los Ángeles en tres décadas terminará previsiblemente este miércoles después de que el sindicato de profesores y la autoridad escolar de la ciudad anunciaran un acuerdo provisional para solucionar el conflicto. El acuerdo fue anunciado este martes por la mañana después de una última jornada de negociación que duró 21 horas y acabó pasadas las seis de la madrugada. Termina así una huelga que ha dejado sin clase a medio millón de alumnos durante seis días lectivos.


La huelga de los profesores, en defensa de la educación pública, se venía gestando desde hacía meses y se hizo efectiva el pasado lunes. El segundo distrito escolar más grande de Estados Unidos tiene un alumnado en su mayoría latino y con pocos recursos, y aun así los profesores lograron que solo el 30% de los alumnos fueran a clase el primer día. El apoyo a los profesores fue creciendo durante la semana pasada y la huelga fue presentada como un símbolo de la defensa de la educación pública en general, más allá de las reivindicaciones salariales. El distrito escolar calculó que las pérdidas fueron de 125 millones de dólares en los primeros cuatro días.


“Hemos visto a toda la ciudad salir a apoyar la educación pública”, dijo este martes por la mañana el alcalde, Eric Garcetti, al anunciar el acuerdo, que calificó de “histórico”. La ciudad estadounidense, la segunda más poblada del país, no había visto una huelga indefinida de profesores desde hacía 30 años. “Es momento de empezar un nuevo día en la educación pública de Los Ángeles”.


Garcetti se erigió el pasado sábado en mediador entre el sindicato de profesores (UTLA, que representa a 34.000 profesores) y la autoridad escolar de la ciudad (Lausd, independiente del poder político y con 900 colegios públicos). Limpió su agenda y citó a las partes en su propio despacho, donde se han llevado a cabo las negociaciones durante todo el fin de semana. El acuerdo, presentado por los firmantes como una apuesta por la educación pública sin precedentes recientes que se puede tomar como ejemplo para el resto del país, es un importante capital político para Garcetti, en un momento en que está valorando presentarse a presidente de Estados Unidos.


Los protagonistas del acuerdo dieron pocos detalles del mismo. A lo largo de la tarde iba a ser distribuido entre las asambleas de profesores para que lo ratificaran en votación. Los profesores obtienen un 6% de aumento salarial. Pero el líder del sindicato UTLA, Alex Caputo-Pearl, destacó que el punto más relevante es eliminar una provisión que permitía al distrito escolar saltarse los límites en el número de alumnos por clase. Las clases en Los Ángeles se sitúan fácilmente alrededor de los 35 alumnos. Según Caputo-Pearl, el acuerdo hará que en los próximos tres años esa cifra baje hasta 7 u 8 alumnos por clase, una de las principales demandas.


Austin Beutner, comisionado del distrito escolar, insistió en que el problema no es la defensa de la educación pública sino el presupuesto. “Siempre hemos estado de acuerdo en los objetivos, el problema es como pagarlo”. Las escuelas públicas de California se financian principalmente con presupuestos estatales que reparte Sacramento. Los Ángeles recibe 16.000 dólares por alumno al año, mientras la ciudad de Nueva York (el distrito escolar más grande del país) recibe 20.000, aseguró Beutner.


La macrohuelga indefinida iba más allá de los detalles. Se trataba de encontrar un compromiso para aumentar en general y de forma sostenida la inversión en educación pública. California tenía hace 40 años las mejores escuelas públicas del país. Existe el consenso en que la revolución antiimpuestos de finales de los años 70 destruyó el sistema impositivo y eso afectó gravemente a los colegios, que hoy están entre los últimos de Estados Unidos. Las partes agradecieron al nuevo gobernador de California, Gavin Newsom, su disposición a liberar nuevos recursos para educación y se comprometieron a aportar futuras medidas que permitan más inversión. “No podemos resolver 40 años de fala de inversión en unos pocos días”, dijo Beutner.

 

Por PABLO XIMÉNEZ DE SANDOVAL
Los Ángeles 23 ENE 2019 - 02:45 COT

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“Nadie debería dar por sentada la sexualidad”

En lo que va del siglo, de todos los nominados al Oscar por personajes gay ninguno tenía esa elección sexual. La discusión abunda en matices, pero hay una coincidencia general en que Hollywood debería empezar a prestar más atención a las minorías.

 

Desde el comienzo del nuevo siglo, no menos de 25 actores y actrices han sido nominados al Oscar por interpretar roles Lgbtt. Entre ellos, Jake Gyllenhaal y Heath Ledger por su romance entre cowboys de Secreto en la montaña (2005); Charlize Theron por Monster (2003), la biopic de Aileen Wurnos; Sean Penn por el drama político Milk (2008); Benedict Cumberbatch como el programador de computadoras Alan Turing en El código enigma (2014), y Timothée Chalamet por Llámame por tu nombre, el drama dirigido por Luca Guadagnino en 2017. De esos 25 intérpretes, ni uno solo era gay.

En los últimos tiempos, el debate sobre si eso importa o no viene ganando presión en los medios. Cuando Jack Whitehall fue elegido para el elenco de Jungle Cruise, la primera película de la productora Disney con un personaje “abiertamente gay”, en las noticias y análisis pudo leerse una celebración y una crítica a partes iguales. Mientras tanto, actrices como Rachel Weisz –quien el año pasado interpretó dos papeles queer de manera excelente, en Disobedience y La favorita– están afrontando un escrutinio mucho mayor al que hubieran soportado una década atrás. De todas maneras, es un debate que no tiene una respuesta clara. Darren Criss, quien ganó hace pocos días el Globo de Oro por su personaje de Andrew Cunanan en The Assassination of Gianni Versace: American Crime Story, recientemente prometió no aceptar más roles de ese tenor en el futuro, por miedo a ser “otro pibe hetero tomando el personaje de un hombre gay”. Pero Ben Whishaw no está de acuerdo con esa visión. “Realmente creo que los actores pueden encarnar y retratar cualquier cosa”, dijo el actor británico, que es gay. “No deberíamos estar definidos por lo que somos”.


Es un argumento que a través del tiempo ha sido utilizado una y otra vez. “Yo considero que mi tarea no es contar la historia que viví”, le dijo Weisz hace poco a Gay Star News. “Cuando interpreto a Blanche DuBois en el teatro no soy una alcohólica. ¡Y no estoy interesada en acostarme con pibes adolescentes! Para mí, el arte de la narración consiste en convertirme en una persona que no soy.” Cate Blanchett, que interpretó a la protagonista en Carol, la hermosa película de Todd Haynes que sitúa en los años cincuenta un romance lésbico, coincide con ese punto de vista. “Pelearé hasta la muerte por el derecho a suspender la incredulidad e interpretar personajes más allá de mi experiencia”, señaló.


De todos modos esa perspectiva, a pesar de ser válida, pierde de vista algunos matices. Por un lado, ser queer implica una identidad de una manera que difícilmente sea aplicable a ser alcohólico o gustar de acostarse con adolescentes. No se trata de una experiencia que alguien puede haber tenido o no, sino una faceta esencial de la identidad; no hay ningún esfuerzo de investigación que pueda verdaderamente encapsular eso. A veces se espera que la creación de un personaje gay espeje de algún modo la experiencia de quien lo interprete. Hace poco, en declaraciones a la revista Vice, Peppermint –la primera mujer trans que se encargó de un personaje principal en un musical de Broadway, Head Over Heels– señaló que “realmente pienso que, idealmente, cualquiera debería poder interpretar el personaje perfecto para sí. Pero en este momento, las personas gay, trans y queer necesitan participar a la hora de contar sus propias historias. Hollywood tiene un terrible historial en eso de crear películas y hacer dinero explotando las experiencias de gente marginalizada, sin siquiera dejarlos tener alguna influencia en el proceso creativo. La mayor parte del tiempo, Hollywood produce estas historias sobre personas de las minorías queer y trans y lo hace mal: hay material ofensivo, historias trágicas, personajes unidimensionales y estereotipados, con muy poca profundidad”.


Lo que es peor, los intérpretes abiertamente Lgbtt no siempre tienen las mismas oportunidades que sus pares heterosexuales. Cuando la semana pasada Emma Stone gritó “¡Lo siento!” en los Globos de Oro, por interpretar a un personaje en parte asiático en Aloha (2015), no se trataba solo de un reconocimiento de que se había metido en una identidad que no tenía –y que nunca tendrá– nada que ver con ella, sino también de que había tomado una oportunidad que podría haber aprovechado alguien más adecuado. Alguien que, a causa de su identidad, muy difícilmente podría asumir alguno de los muchos otros roles que están al alcance de Stone. Muchos actores y actrices Lgbtt enfrentan el mismo prejuicio que limita sus posibilidades, son ignorados para roles queer y señalados como inadecuados para los personajes hetero. “Honestamente, no le recomendaría a ningún actor que salga del armario, si realmente se preocupa por su carrera”, dijo Rupert Everett, quien está seguro de que sus oportunidades de trabajo se marchitaron luego de que declarara públicamente su identidad gay, en 2009.


Un estudio reciente descubrió que más de la mitad de intérpretes Lgbtt han escuchado comentarios anti gay en el set de filmación, mientras que casi la mitad de los gay y lesbianas entrevistadas creen que los productores y ejecutivos de los estudios cinematográficos los consideran más difíciles de “vender”. También les cuesta conseguir agente que los represente. En otra entrevista de Vice, el actor Giovanni Bienne –representante del Comité de Igualdad Lgbtt– recordó haber ido a castings de personajes hetero y que le recomendaran “mantenerlo” durante la charla posterior. “Sean Penn no hizo audiciones para Milk”, señaló Bienne, “pero si lo hubiera hecho, después de impactar al equipo de casting nadie le hubiera dicho que se ‘mantuviera gay’ luego de la prueba”.


Pero la idea de que los actores y actrices queer deberían quedarse bien guardados en el armario es por lo menos problemática. “Seas hetero o gay, la gente no debería saber nada de tu sexualidad”, dijo 2015 Matt Damon, quien está casado con una mujer. Es claro que hay un doble estándar. Cuando Ellen Page firmó contrato para interpretar a Stacie Andree –una mujer gay que pelea por el derecho a recibir la pensión de su pareja moribunda– en Freeheld (2015), estaba, en sus propias palabras, “muy, muy dentro del armario”. Pero a medida que se acercaba el momento de la filmación, se dijo a sí misma: “No hay manera de que no seas una persona gay activa si hacés esta película”. Así, en 2014 aprovechó un discurso una campaña por los Derechos Humanos para declararse públicamente gay. “Se trata de salir a la luz, interpretar a un personaje gay, e interpretar a un personaje que me resulta tan inspirador”, le dijo Page a la revista Time. “Fue una experiencia asombrosa”. Desde entonces ha interpretado personajes hetero en películas como Tallulah (2016), pero también abrazó su rol como alguien capaz de abrir caminos en una industria que aún tiene poca representación para voces como la de ella. “Honestamente, si tuviera que tomar personajes gay por el resto de mi carrera, estaría encantada”, dijo.


En todo el debate, ¿dónde encaja la cuestión de la fluidez sexual? ¿Y qué pasa con los actores y actrices que aún no están listos para discutir su propia identidad? En una entrevista del año pasado sobre The Miseducation of Cameron Post, un drama psicológico sobre la conversión gay, la actriz Chloe Grace Moretz se mostró disconforme cuando se le mencionó un artículo en la que se la citaba como alguien hetero interpretando un rol gay. “Bueno, creo que lo importante es no dar por sentada la sexualidad de nadie”, dijo. “Quiero decir, no asumas nada”. Pocos meses después fue fotografiada besándose con la modelo Kate Harrison en las calles de Malibú. Para Desiree Akhavan, quien dirigió a Moretz en Cameron Post y protagoniza la brillante serie The Bisexual (ver aparte), lo más importante es que “hay una mano queer en el volante”. “Si seleccionan a alguien hetero y tienen un montón de gente queer en el equipo y le da dignidad al personaje, creo que está bien”, dijo.


No hay una solución fácil ni recetas mágicas para la cuestión. Lo que queda abundantemente claro es que las voces queer necesitan ser escuchadas. Y no solo cuando hablan a través de la boca del mundo hetero.

Por Alexandra Pollard
* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para PáginaI12.

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