Sábado, 18 Noviembre 2017 08:09

¿Eres libre?

¿Eres libre?

 

¿Eres libre? La pregunta puede detenerle el paso a cualquiera, así vaya con prisa. Después del alto, algunos despacharán la cuestión con rapidez. La libertad es algo subjetivo. Dirán. Depende... todo depende.

Otros responderán desde su edad, su clase social, su grupo racial; o bien desde la sociedad nacional, la familia, el trabajo, la pareja, la sociedad global... Como ciudadano cubano soy libre, o no; como mujer soy libre, o no...

Si queremos tocar la llaga, habrá que tener en cuenta que la cuestión de qué es la libertad precede a la posibilidad de evaluarla para nuestra propia vida y la de los otros.

Una forma usual de definir la libertad es esta: soy libre si otros no pueden interferir en mi vida. Si instituciones, grupos, el Estado, personas... pueden interferir de forma significativa en mi vida, en mis decisiones, en mis deseos, entonces no soy libre. Quien salde el asunto de ese modo, puede estar en desacuerdo con lo que sigue.

Defenderé un argumento diferente, de larga tradición: ser libre es no depender de otros para vivir.

No es libre el trabajador que, por miedo al despido, no puede intervenir en las condiciones de su trabajo; cuando el jefe / patrón lo estime, podría quedar desempleado, sin derecho a reclamo, sin indemnización, sin nada. No es libre quien, para reproducir materialmente su vida, depende de regulaciones arbitrarias o coyunturales del Estado o del mercado, que pueden desposeer sin más explicación, sin control público, sin resistencia social.

No es libre la mujer que, por no “trabajar en la calle”, depende del marido para vivir cada día. No importa que su compañero sea un “buen marido”, y que ella confíe en que él custodia los intereses de la familia. No importa que el “buen marido” le entregue su salario íntegro, porque ella lo administra como nadie. No importa que ella crea que por llevar-tan-bien-la-casa, tiene poder para negociar y decidir. No importa que, en efecto, él no intervenga en lo que ella compre o no compre, cambie o no cambie en su mundo privado.

El que provee, podría dejar de hacerlo cuando lo considerase. Lo que define a Martha –digamos que ese es su nombre– como una persona no libre, es que depende de su marido para reproducir materialmente su vida. Si la unión se disuelve, es probable que quede con nada para ella, y –en Cuba– con una pensión de 100 pesos para cada hijo de los dos que parió.

Tampoco es libre la que, sin saberlo, es víctima de lo que los doctos llaman violencia patrimonial. Esto es, la violación de los derechos de propiedad: la que es presionada a vender sus bienes; la que, siendo propietaria o teniendo derecho sobre alguna propiedad, resulta desposeída por la acción inconsulta del marido, el hijo o hija, u otra persona.

Mirada desde las mujeres, no es siempre clara la relación entre libertad y propiedad. El ideal de amor romántico donde toda reflexión sobre lo “material” es inapropiada, la necesaria “administración centralizada” de recursos escasos, la idea –equivocada– de que el bienestar de la familia es igual al bienestar de cada uno de sus miembros, son argumentos que obscurecen la importancia de la autonomía material.

Sin embargo, la mayor vulnerabilidad de las mujeres –expresada, por ejemplo, en nuestra sobrerrepresentación en las franjas de pobreza– tiene que ver con la desposesión. Esa desposesión, por lo dicho, define dependencias, ausencia de libertad.

Lo anterior no es novedad: está comprobado que la dependencia económica de la mujer es una de las bases más importantes de la opresión de género. Por el contrario, la autonomía material de las mujeres se relaciona con su bienestar, con su poder de negociación dentro y fuera del hogar, y con su posibilidad de construir y negociar poder en la sociedad. Tener recursos propios para reproducir la existencia –para no pedir permiso a otros para vivir– incide en la seguridad jurídica de las mujeres, en su posibilidad de transformar sus bienes en activos para producir y generar ingresos, y en su posibilidad para participar en el mercado.

El desconocimiento también coarta los derechos de propiedad de las mujeres y, por tanto, las condiciones de su libertad. Algunas piensan que, al casarse, los bienes que tenían pasan a la familia. Por tanto, no los reclaman en caso de separación o divorcio. Algunas de las que no tienen trabajo asalariado, consideran que su trabajo no es productivo y que, por ello, los activos del hogar solo pertenecen a sus esposos; creen que si la unión se disuelve no tienen derecho a reclamo o tienen solo el derecho que les otorga ser madres. Otras tienen dificultades para acceder a la justicia por falta de recursos sociales o materiales que sesgan –también en Cuba– este tipo de empeños.

El asunto ha tenido tratamiento internacional. Desde la Convención sobre la Eliminación de todas Formas de Discriminación contra la Mujer, ratificado como tratado internacional en 1981, se reconoció que para poner fin a esta discriminación se requiere reforzar sus derechos de propiedad y fortalecer su derecho a poseer, heredar y administrar propiedades a nombre propio.

En 1995 la Plataforma de Acción de la Conferencia de Beijing volvió sobre el asunto. Entre las recomendaciones específicas del Task Force de Naciones Unidas sobre la número Tres de las Metas de Desarrollo del Milenio, se encuentra una específicamente referida a los derechos de propiedad de las mujeres. Allí se señala la necesidad de recoger información sistemática sobre la distribución por sexo de la tenencia de bienes y sobre las diferentes formas de propiedad.

En Cuba no sabemos cómo se distribuyen los activos en el hogar atendiendo al sexo. No hay datos públicos desagregados por sexo sobre quiénes detentan la propiedad de las viviendas, sobre cómo se distribuyen los activos financieros (cuentas de ahorro), ni tenemos información específica sobre el aporte de las mujeres, por ejemplo, en los espacios rurales (ámbito que absorbe cerca del 20 por ciento del empleo total del país). Sin embargo, hay algunos indicios.

En el sector privado de la economía cubana –hoy el más dinámico– solo el 32 por ciento son mujeres. Una parte considerable de ellas, además, son trabajadoras contratadas –cuentapropistas que trabajan para “cuenta ajena”. Para emprender un negocio, se necesita de un capital que, al parecer, las mujeres manejamos menos. Si lo anterior demuestra alguna tesis, es esta: el mercado no es neutral al género. Parece que las mujeres somos menos independientes que los hombres para “emprender” negocios, como propietarias, en la Cuba actual.

Los análisis sobre propiedad y género han demostrado que, para acumular activos, la mayoría de las personas dependen de sus salarios o ingresos y de lo que puedan ahorrar a partir de ellos. El análisis cubano despierta una alerta al respecto: la población femenina económicamente activa es solo la mitad de las mujeres en edad laboral.

¿Qué quiere decir eso? En primera instancia, que casi la mitad de las mujeres en edad laboral no tienen un empleo formal y no están buscando empleo. Es probable que al menos una parte importante de ellas sean cuidadoras de niños, ancianos, o personas con necesidades especiales en el hogar, amas de casa, trabajadoras domésticas no remuneradas. No reciben ingresos estables. Son dependientes de otros. ¿Son libres?

Sabemos aún más. En los espacios rurales, menos mujeres que hombres acceden al trabajo remunerado en la agricultura. Menos mujeres que hombres tienen control de tierras, tecnologías e insumos en la práctica productiva. Menos mujeres que hombres ocupan espacios de poder. ¿Son libres?

Sabemos, también, que las normas cubanas aseguran igualdad para ambos cónyuges en situaciones de separación. Sin embargo, la práctica concreta de justicia genera desigualdades a desfavor de las mujeres en relación a asuntos patrimoniales, sobre todo, si no son madres. La fórmula para los procesos de Liquidación de Comunidad Matrimonial de Bienes promulga la división de estos a partes iguales, pero su aplicación concreta puede condicionar fallos injustos agravados por las dificultades en la aplicación de las sentencias.

En un escenario de cambios tan fundamentales como el que acontece en Cuba, incrementar el poder de negociación de la mujer dentro y fuera de sus casas, y pensar en las condiciones de posibilidad de su independencia material, no se puede dejar para luego.

Si aumenta la desigualdad, aumentará más para nosotras. Si aumenta la pobreza, seremos las más empobrecidas. Si el mercado es cada vez más central, tendremos más posibilidades de permanecer en los márgenes de este. Con todo, la promesa hecha por el actual presidente cubano de que en este camino “nadie quedará desamparado”, es más difícil de cumplir para las mujeres. Expandir las condiciones de nuestra libertad también lo es.

 

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Leonor Zabalata

 

Leonor Zalabata, líder indígena colombiana del pueblo Arhuaco, habla en esta entrevista sobre los pueblos indígenas y la lucha ecofeminista.

 

Cuando se cumplen 10 años de la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas, hablamos con Leonor Zalabata, líder indígena colombiana del pueblo Arhuaco [1].

Zalabata, reconocida por su trabajo por los derechos de los pueblos indígenas, cuenta con 35 años de experiencia; ha participado en la Comisión de Diversidad Biológica de Naciones Unidas, en la Red de Mujeres por la Biodiversidad y el grupo de trabajo de los pueblos indígenas de Naciones Unidas en Ginebra. En 2007 el Primer Ministro de Suecia le entregó el Premio Internacional de los Derechos Humanos Anna Lindhs.

Leonor Zabalata hace una reflexión sobre la búsqueda de una sociedad intercultural y justa que reconozca los derechos de todos los seres vivos como principio de vida. Una sociedad similar a esa democracia de la tierra [2] de la que habla también la líder india Vandana Shiva en la que se ve el mundo en sus interrelaciones y a través de la cual podemos cooperar para ser creadores de paz, sostenibilidad y justicia. Los pueblos indígenas poseen un sistema de pensamiento estrechamente ligado a la tierra, principio que los diferencia de la sociedad occidental mayoritaria.

En la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia, habitan los pueblos indígenas Kogui, Arhuaco, Wiwa y Kankuamo, representativos por su resistencia histórica. Fundamentan su cosmovisión en la existencia de la “Ley de Origen” mediante la cual se relacionan y reconocen el valor primordial que tiene la naturaleza para la vida. A través de los usos y costumbres orientados por dicha ley, estos pueblos han pervivido por mucho tiempo ante distintas adversidades. Una de ellas, el conflicto armado en Colombia en el que se han vulnerado sus derechos, desde los diferentes escenarios de violencia hasta por los procesos de explotación de la tierra [3]. En este escenario, el territorio-naturaleza y las mujeres indígenas han sido víctimas.

Estas últimas desde su posición de indígenas, pobres y mujeres vinculadas a situaciones de explotación económica y opresión cultural que se ven agravadas por su condición de género [4]. Desde las miradas ecofeministas, las mujeres y la naturaleza sufren violencias paralelas al ser explotadas por el sistema patriarcal capitalista que las considera inferiores y apropiables. Esta misma relación la vemos reflejada en el vínculo de los pueblos indígenas con sus territorios, quienes, afectados por el mismo sistema desarrollista, luchan por la conservación de la naturaleza como medio de vida y equilibrio universal.

 

Un elemento diferenciador de los pueblos indígenas es lo que ustedes reconocen como Ley de Origen. ¿Cómo se explica esta ley?

Las tradiciones de los pueblos indígenas han estado siempre arraigadas a la tierra, de ahí que la conservación de la naturaleza sea un tema de vida diaria. La Ley de Origen es un enfoque de vida, mediante él se establece una relación recíproca con la naturaleza, en esta medida todo tiene vida porque influye en los demás seres. Una ley donde todos los elementos de la naturaleza tienen sus padres y madres. Estos, según nuestra tradición existían antes de materializarse y hacerse tangible lo que hoy tenemos. Por tanto, la ley conduce nuestros usos y costumbres, recoge unos principios para relacionarnos y proyectarnos y se constituye como base para mantenernos dentro de la actualidad en reconocimiento de derechos sociales, políticos y económicos.

 

¿Cómo han pervivido haciendo uso de esta ley y por qué cree que los demás nos hemos distanciado esa visión?

La solución de muchas cuestiones la encontramos dentro de la ley de origen con componentes que ahora son nuevos. En los últimos siglos nos hemos relacionado sin desaparecer, avanzado a la luz de las tradiciones indígenas y esto nos da la capacidad de ser modernos. Relacionarnos de igual a igual, porque somos diferentes y la igualdad está en esto, en que todos valoremos la diferencia. Considero esta ley como elemento que nos permite respetar y relacionarnos con los otros. Así, la cuestión es que los indígenas no estamos ni por encima ni por debajo de la naturaleza, nosotros somos un ser creado para conservarla. Pero ahora ya no nos dejan convivir con ella, somos un obstáculo para el desarrollo y lo peor es que la sociedad mayoritaria no avanza, su vida es el carro, la beca y la tarjeta de crédito. Esto nos ha ocasionado graves impactos, por ello la lucha y la resistencia de los pueblos indígenas se mantiene. Si no, no seguiríamos aquí.

 

¿Por qué dice que las mujeres simbolizan a la madre tierra, y los hombres a los árboles, y la mujer es el sostén físico y cultural de los pueblos indígenas?

No hay tema de desigualdad sino de reconocimiento a una misión que cumplen tanto los árboles como la tierra misma, las mujeres al igual que los hombres. En nuestras tradiciones la tierra es la madre y es la que tiene la capacidad de producir la vida de todo lo que hay en ella pero esta no es posible si no hay una protección. ¿Qué haríamos si la tierra no tuviera vegetación? La madre nos da la vida pero los árboles permiten que se den otras cosas importantes, como el oxígeno. Para los pueblos indígenas no es gratuito existir hoy. Ha habido una resistencia de la gente que hace diariamente cultura. Una mujer indígena tradicional es la que realmente sostiene esa manera de ser y de pensar de los que viven en el territorio. Hay muchas actividades donde ellas son el pilar y aparte de criar los hijos hacen también otras labores, de artes, agrícolas, sociales incluso; en reuniones organizativas y de autogobierno y desde niñas porque se instruyen para ello. Las mujeres están ligadas a lo que no se abandona nunca, por ejemplo el tejido, permanentemente por dónde va caminando va tejiendo es parte de su vida. Pero es necesario que haya mujeres que nos dediquemos a ser líderes para incluir esa visión y sentir de la mujer indígena dentro de nuestros procesos y espacios políticos.

 

Desde su vida como colectividad ¿En que se basan los conceptos de identidad y territorio?

El pueblo Arhuaco ha sido pionero para avanzar en los sistemas de salud y educación. Asimismo hemos logrado que se retiren las misiones y que no haya proselitismo religioso en nuestros territorios. Hacemos esto porque estamos convencidos de que las tradiciones y prácticas han hecho posible que tengamos una identidad que se mantiene cuando ha sido transmitida y comprendida por nuestras generaciones. Hoy contamos con profesionales en muchas áreas que profundizan en el conocimiento de afuera y regresan otra vez con más fuerza a su cultura. Ya no dependemos exclusivamente de personas no indígenas y aunque nuestra identidad evoluciona, la relación con la espiritualidad y la naturaleza es el fuerte que nos permite relacionarnos como colectividad. Cada uno de los órganos que tenemos los humanos descansa en un punto de la tierra, no podemos mantener las fuerzas que necesitamos si perdemos el territorio o parte de él [5]. En un encuentro internacional, el escritor Eduardo Galeano me pidió que mencionara cuatro cosas fundamentales para la permanencia de los pueblos indígenas Estas son: el espíritu, el pensamiento desarrollado en nuestra filosofía, la forma de dirigir políticas y el territorio. Estas líneas están supremamente relacionadas y dependen entre sí, haciéndonos permanecer individuales en una identidad colectiva.

 

¿Por qué construir una sociedad ecológicamente sostenible, socialmente justa y políticamente participativa? ¿En qué grado pueden influir las mujeres?

La justicia no solamente se basa en unos derechos para los humanos, las plantas por ejemplo tienen sus derechos, entonces una sociedad justa es la que puede entender los derechos que tienen todos los demás. Es necesario comprender esa sencillez de los demás seres que nos rodean. Es un tema universal, tampoco podemos atribuir el desastre que tenemos de la naturaleza solamente a los hombres o creer que las mujeres solas podemos construir otro mundo. Lo que sí es necesario, como decía Gabriel García Márquez, es que las mujeres tomen las riendas, es vital probarlo pero al final el cambio depende de construir raíces. Hay que avanzar sin perder incluso los propios valores y formas para construir sociedades justas en donde la naturaleza sea un tema central en la vida de la gente. Los pueblos indígenas en el mundo somos como los pájaros: cambiamos de plumaje pero no de canto, de ahí que las culturas sean el pilar para la transformación de la humanidad y conservación de la naturaleza.

 

Notas

[1] Originariamente conocido como el Pueblo Ika, el término Arhuaco fue acuñado por los españoles para diferenciar el dominio con otras zonas de la región. El mismo se generalizó entre los indígenas que sobrevivieron a la conquista. ONIC, Pueblos Indígenas Colombianos.

[2] Shiva, V. Cambio del paradigma: la reconstrucción de una seguridad real en un tiempo de inseguridad. La democracia de la tierra.

[3] La Corte Constitucional de Colombia advirtió a través del Auto 004 de 2009 que al menos 35 grupos indígenas estaban en peligro de extinción a causa del conflicto armado y el desplazamiento.

[4] Hernández, T. y Murguialday, C. 1991. Mujeres Indígenas de Ayer y Hoy, Talasa, p. 90.

[5] En la misma entrevista, Leonor menciona la importancia de la biodiversidad ya que cada ser es fundamental para el equilibrio con la naturaleza. Más información: Mujeres Indígenas. Anuario Hojas de Warmi. 2012. Nº 17.

 

Fuente:https://www.ecologistasenaccion.org/article35191.html

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 

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Sábado, 11 Noviembre 2017 06:57

Un freno a la flexibilización

Un freno a la flexibilización

Ante centenas de banderas rojas, Douglas Izzo, titular de la CUT paulista, denunció: “Esta reforma laboral es una afrenta a la Constitución y al pueblo brasileño; no permitiremos que avance y, si avanza, vamos a parar Brasil”.

 

A la huelga general: la Central Unica de los Trabajadores (CUT) propuso esa medida de fuerza ayer durante el acto en San Pablo contra las reformas laboral, que entra en vigor este sábado, y la previsional que tiene estado parlamentario pero su aprobación parece incierta. La Plaza da Se, frente a la Catedral en el centro paulista , es un reducto histórico de la CUT y el Partido de los Trabajadores. Allí, ante centenas de banderas rojas Douglas Izzo , titular de la CUT paulista, denunció “esta reforma laboral que es una afronta a la Constitución y al pueblo brasileño, no permitiremos que avance y desde ya alertamos que si la reforma previsional avanza vamos a parar Brasil”.


Durante la concentración se votó y aprobó una convocatoria a un día de protesta nacional o una huelga general como la realizada en abril pasado, que fue al primera desde 1996. Claro que para una medida de fuerza de esa magnitud se requerirá del apoyo de las otras organizaciones gremiales empezando por la antipetista Fuerza Sindical, otrora aliada de Michel Temer con quien nunca rompió por completo.


Luego de la exitosa huelga de abril se realizó otra, en junio, pero esta vez con menos participación debido al boicot de Fuerza Sindical.


Otra causa que explica el bajo acatamiento del segundo paro nacional, el de junio, fue la represión policial de la manifestación realizada el 24 de mayo en Brasilia cuando Temer dio el primer paso elocuente hacia un régimen autoritario al movilizar a las Fuerzas Armadas para restablecer la “ley y el orden”.


En la CUT, la organización más poderosa, se nuclean unos tres mil sindicatos que representan a 24 millones de trabajadores. Esa organización responde por cerca del 35 por ciento de los asalariados formales, seguida por Fuerza Sindical con el 15, según datos de 2014.


Ayer hubo una convocatoria unitaria a los actos de protesta en San Pablo, Río de Janeiro, Brasilia, Belo Horizonte y otras capitales. La concentración de Fuerza Sindical, con sus característicos colores naranja, comenzó por la mañana en el popular barrio paulista Mooca, desde donde luego una parte de los manifestantes se dirigió hacia la Avenida Paulista donde confluyendo con las columnas de la CUT.


El dirigente metalúrgico Miguel Torres, de Fuerza Sindical, no descartó un paro general si se aprueban los cambios, drásticos, al sistema previsional mientras se intenta frenar en los tribunales la ley 13.467 considerada inconstitucional por parte de los jueces del Foro Laboral.


A través del nuevo régimen prácticamente se “demuele” la Consolidación de las Leyes Laborales sancionada en 1943 por el presidente Getulio Vargas y se restablecen relaciones de la época de la “esclavitud” planteó recientemente el senador y ex dirigente de la CUT Paulo Paim, en diálogo con PáginaI12.


A partir de hoy entran en vigor los contratos “intermitentes”, que equivalen a “trasladar al trabajador golondrina del campo, a los contratos de trabajo urbano” comparó del centro de estudios sindicales Dieese. Mediante ese tipo de vínculo el patrón decide por cuántos días contrata a su empleado, que será multada si falta, y figurará como un trabajador formal aunque su situación sea precaria y lo obligue al multiempleo. Y si el empleado falta pagará una multa.


Los empleadores podrán fragmentar las vacaciones en hasta tres veces eligiendo en que meses concederlas, las trabajadoras con hijos pequeños no tendrán derecho a amamantarlos en lugares limpios alejados de las máquinas, y fue eliminada la contribución sindical obligatoria. Y se consagra el principio de que “lo acordado en la empresa está por sobre lo legislado”, con lo cual se mina la capacidad de resistencia del trabajador su patrón.


El presidente nacional de la CUT, Vagner Freitas, planteó una estrategia de lucha política y gremial para hacer frente a un “gobierno golpista”. Freitas sostuvo que mientras se boicotea la aplicación de nueva ley laboral debe iniciarse una campaña de agitación contra la Previsión, que es un tema rechazado por ocho de cada diez brasileños. “Tenemos que continuar alertas, invadir las redes sociales de los diputados, y decir claramente que el que parlamentario que vota a favor del proyecto (jubilatorio) de Temer no va a tener el voto del trabajador” en las elecciones de octubre 2018.


La estrategia de la CUT es clara: por un lado movilizar y acumular fuerzas con miras a un paro ligando la baja popularidad del presidente, con el 3 % de apoyo, a los cambios en la jubilación que incluyen elevar a 65 años la edad mínima para hombres y mujeres. Y por otro respaldar la elección de Luiz Inácio Lula da Silva en 2018 y la formación de una bancada “popular” en el Parlamento a fin de derogar las reformas ( o contrarreformas) heredadas del gobierno de excepción.

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El Tribunal Constitucional de Bolivia prohíbe casarse a las personas transgénero

 

En el marco de la Ley de Identidad de Género, se reconoce el cambio de sexo, de nombre y de imagen, pero se ha declarado inconstitucional que las personas trans dispongan de derechos como el matrimonio.

 

El Tribunal Constitucional de Bolivia ha declarado inconstitucional parte de un artículo de la ley sobre la Identidad de Género, que permite al colectivo transexual contraer matrimonio tras cambiar datos en sus documentos oficiales.

El secretario general de ese órgano judicial, Álvaro Llanos, señaló a los medios que la sentencia emitida este jueves reconoce como constitucional el cambio de identidad de género, de nombre y de imagen de las personas, pero eso no conlleva que éstas dispongan de todos los derechos.

Precisó que la modificación de toda esa información en el carné de identidad no implica a las personas que lo hicieron tener "derechos como matrimonio, adopción o derechos políticos como la paridad de género".

Las uniones civiles entre un hombre o una mujer con una persona transgénero no puede producirse al amparo del parágrafo II del artículo 11 de la Ley de Identidad de Género, según el funcionario.

La sentencia declara inconstitucional la frase de ese parágrafo que dice que se permitirá a la persona con cambio de identidad "ejercer todos los derechos fundamentales, políticos, laborales, civiles, económicos y sociales".

Desde que fue promulgada la ley de Identidad de Género en mayo de 2016, decenas de personas modificaron su documentación y algunas llegaron a contraer matrimonio apelando a esa normativa.

En junio pasado, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) instruyó al Servicio de Registro Civil para reconocer el matrimonio civil de las personas transgénero y transexuales que cambiaron sus datos.

La demanda contra la norma fue presentada por un grupo de parlamentarios alegando que atentaba contra la familia tradicional.

El diputado Horacio Poppe, del Partido Demócrata Cristiano (PDC) e impulsor de la demanda, dijo que los matrimonios realizados al amparo de esa norma ahora deben ser anulados.

La norma también es rechazada por las iglesias católica y evangélica.

 

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Jueves, 26 Octubre 2017 06:43

Octubre: fulgor y caída

Octubre: fulgor y caída

A principios del siglo pasado el planeta no sólo se dividía en husos horarios, sino también en husos calendarios y por eso Octubre ocurrió en noviembre. Dicen –porque uno no estuvo allí– que una representación de obreros, campesinos, soldados, militantes de toda la vida e intelectuales tomó el mundo por asalto y tuvo la posibilidad de refundarlo todo, de rehacer la sociedad de arriba abajo y, un poder nada desdeñable, de poner nuevos nombres a las cosas. Dicen que tenían prisa: su circunstancia era desesperada, su éxito dependía de circunstancias externas, tomaban como inspiración a los jacobinos franceses y tenían la premonición de que, como éstos, su predominio no habría de durar mucho tiempo; por eso trabajaban sembrando ejemplos a futuro, ideando referencias para subversivos que aún no habían nacido.


Tal vez suene frívolo pero los mecanismos de la identificación no funcionan bien con los revolucionarios del XVIII: hay pelucas, trajes raros, tipografías difíciles y giros del idioma y una visión del mundo inaugural de la época moderna, que ya nos queda lejos. Con los de 1917, en cambio, ya se tiene en común la electricidad corriente, el teléfono, el cine, la aviación y una manera más próxima de pensar y decir las cosas, y en sus obsesiones están ya prefiguradas las nuestras; en buena medida, los grandes dilemas políticos, económicos y éticos –sobre todo éticos– que hubieron de resolver o en los cuales naufragaron, siguen siendo los de hoy; varias de sus discusiones siguen estando en carne viva, muchas de sus conquistas son apenas anhelo en nuestros días y por eso a uno le resultan entrañables.


Hace cien años, en un país en el que hasta entonces las mujeres estaban obligadas por ley a obedecer a sus maridos, carecían de derecho a heredar bienes y de la menor protección laboral, el gobierno revolucionario legalizó el divorcio y despenalizó el aborto, el adulterio y la homosexualidad e instauró la protección obligatoria para las trabajadoras que iban a ser madres. Hubo una coyuntura de la historia en la que se puso a debate todo –pero todo–, desde la industrialización masiva hasta el sicoanálisis, desde la abolición del Estado hasta la pertinencia de conservar el dinero como mecanismo de intercambio, desde la paz a costa de lo que fuera hasta la guerra preventiva. Hubo un régimen en el que la austeridad e incluso la pobreza de los altos mandos era la norma y no la excepción. Hubo hace un siglo una revolución que se vio cercada y acosada desde su arranque y que no encontró mejor solución para sobrevivir que fusilar a quienes podían destruirla, e incluso a quienes, sin exhibir comportamiento reaccionario alguno, habían nacido en cuna aristocrática. Y hubo un puñado de dirigentes que vivieron semejantes decisiones como tragedia y con remordimiento, incluso en un entorno mundial en el que la pena capital era moneda de uso corriente en todos los países.


Dicen –aunque uno no lo vio– que el comisario del pueblo para la Instrucción Pública ordenó enjuiciar a Dios por crímenes en contra de la humanidad y que, tras la sentencia, Lo mandó fusilar en la Plaza Roja el 17 de enero de 1918. Podría parecer una expresión de intolerancia primitiva, de no ser porque fue emprendida por un funcionario que al tiempo que impulsaba la alfabetización universal protegía las manifestaciones destacadas de la cultura zarista (el ballet clásico y los teatros imperiales, por ejemplo) de la furia de los más radicales, difundía la cultura proletaria, daba aliento a dramaturgos como Stanislavsky, promovía el futurismo, admiraba el impresionismo y era autor de una pieza teatral tan quijotesca que lleva por título El Quijote liberado. O sea que tal vez aquella travesura del deicidio deba entenderse en clave de performance (un auto desacramental) y de humorada. Y dicen que hubo conciertos en los que las sirenas de las fábricas fueron usadas como instrumentos en sinfonías monumentales para saludar el Día del Trabajo.


El aliento de la utopía duró unos pocos años. Pronto, demasiado pronto, el infortunio se impuso a la libertad, la contingencia triunfó sobre la necesidad y el poder del sueño fue desplazado por el sueño del poder. La mayoría de los militantes abnegados, honestos y lúcidos que se habían empeñado en demostrar que otro mundo era posible fueron asesinados por su propia criatura: un mundo otro, sí, pero que a pesar de los formidables empeños de la razón revolucionaria nació chorreando sangre y lodo por todos los poros. Cincuenta años más tarde, algunos seguían viendo en aquella gigantesca aglomeración de poder geoestratégico los rasgos de un Estado obrero y se maravillaban de cómo había sido capaz de convertir a la vieja Rusia (que en 1917 se encontraba hundida hasta las rodillas en el feudalismo) en una potencia atómica y espacial.


* * *


A principios de marzo de 1985, después de caminar unas cuadras que el frío volvía larguísimas por lo que entonces aún aparecía en los mapas como Prospekt Marx, desemboqué a bocajarro en la Plaza Roja, el peso histórico del sitio se me vino encima y me abrumó la conmoción. Empecé a sollozar como un idiota, pero de pronto sentí un dolor agudo en los lagrimales y en las mejillas: a pesar de su contenido salino las lágrimas se me habían congelado y más doloroso resultó arrancarme aquellos carámbanos.

Fue la única vez que visité el país de Octubre. Los cascarones de los soviets aún se esparcían por el desmesurado territorio y de pura chiripa me tocó presenciar el funeral del penúltimo secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética y el ascenso de Mijail Gorbachov a los máximos cargos del Estado. La primera de esas noticias se supo antes en el resto del mundo que en la propia URSS. Se dijo por ahí que la nomenklatura no quiso informar a la población para no arruinar los festejos del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, pero creo que no fue cierto. Cuando entré, como parte de un pequeño grupo de periodistas mexicanos, al atestado Salón de las Columnas en lo que era el Palacio de los Sindicatos, vi de sopetón el cuerpo de Konstantin Ustinovich Chernenko. Como era lógico, estaba acostado y colocado sobre una tarima un poco demasiado alta, de modo que sus fosas nasales por las que se asomaban muchos pelos me quedaban justo a la altura de los ojos. Eso, las suelas vírgenes de sus zapatos postreros y una marcha fúnebre interpretada en bucle y a un ritmo arrastradísimo por una orquesta como de 200 músicos es lo que se me quedó grabado de aquella ceremonia pomposa.

Recordé la pugna que se estableció en enero de 1924 entre Stalin y el resto de los bolcheviques por el estilo que habría de imprimirse al funeral de Lenin: ante la escandalizada decencia de los segundos, el primero impuso contra viento y marea un ritual fastuosísimo que culminó, para colmo, con la instauración del culto a un cuerpo disecado.


En esa única visita no observé, pues, casi ningún vestigio vivo de aquel Octubre que sucedió en noviembre, sino un régimen avejentado y un imperio cosmopolita y casi galáctico contenido en sí mismo. A pesar de los yerbajos de corrupción que empezaban a asomar entre las grietas ya visibles de la vetusta edificación se percibía, eso sí, la dignidad de una sociedad que conocía sin alardes su inestimable y doloroso protagonismo en la historia.


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Domingo, 24 Septiembre 2017 07:31

La democracia y "la calle"

La democracia y "la calle"

 

El jueves 21 en las ciudades grandes de Francia se realizaron manifestaciones contra la reforma reaccionaria del Código de Trabajo, y el lunes, la huelga de los camioneros, con bloqueo de las gasolineras y de las rutas, proseguirá la protesta.

Los trabajadores franceses retoman así la inmensa movilización de 2016 contra la reforma del Código Laboral del gobierno socialista anterior. En Argentina, por su parte, los estudiantes secundarios de Buenos Aires, apoyados por los maestros, ocupan desde hace semanas los colegios y hacen manifestaciones para anular la reaccionaria reforma de la Ley de Educación que quiere realizar el gobierno macrista de la ciudad. Los miembros del Conicet argentino ocupan además las instalaciones del Ministerio de Ciencia y Tecnología para luchar contra los recortes de fondos para la institución.

La respuesta es siempre la misma: la democracia no se hace en la calle, las leyes las hacen las instituciones parlamentarias. Eso dicen Macron y Macri y todos los gobernantes de este mundo capitalista algunos de los cuales admiten a regañadientes el derecho de huelga y el derecho a manifestar (aunque tratan de reglamentarlos-anularlos).

¿Realmente la sede de la democracia son los Parlamentos? Esa afirmación es doblemente falsa. En primer lugar, porque los Parlamentos y la capacidad de legislar nacieron de la calle con la Revolución Inglesa de 1688, se reafirmaron en la calle con la revolución en las colonias inglesas de América y la guerra de liberación nacional que condujo al nacimiento de Estados Unidos y se identificaron con la democracia con el triunfo de la Montaña en la Revolución Francesa en 1791-1792.

Dicho sea de paso, la burguesía no hizo ni dirigió la Revolución Francesa aunque en parte la preparó y después la canalizó y la expropió en su beneficio. La revolución la hizo el demos, o sea, el pueblo y la nación, organizados en París en los clubes y secciones y en la Comuna. En esa alianza entre sansculottes y burgueses medios y chicos (los grandes habían comprado títulos de nobleza o eran monárquicos), según los testimonios escritos, los trabajadores y artesanos se identificaban como nación y utilizaban la calificación de pueblo para los buergueses medios o pequeños y fue la nación en armas y no el pueblo quien hizo la revolución y defendió las fronteras contra los ejércitos de las monarquías.

En el siglo XIX la jornada laboral, incluso en las minas, era de 15 horas y basta con leer a Dickens para horrorizarse ante el trabajo femenino e infantil desde los cinco años y la terrible condición de las viviendas de los trabajadores y de su alimentación y hábitat en general. Aunque algunos filántropos preocupados por la mortalidad en los barrios obreros y por la degeneración física y poco rendimiento de los trabajadores propusieron leyes que protegían a éstos, la mayoría absoluta de las leyes laborales, sanitarias, educativas, ambientales y el mismo voto universal surgieron de la organización y de las luchas obreras y costaron sacrificios y muertes. Fue la calle quien reestableció el Parlamento y la Constitución en Italia al fusilar y colgar a Mussolini y a los jerarcas fascistas, y en Francia la Liberación fue fruto de los ejércitos que vencieron a Vichy y a los nazis pero también de los Maquis, los civiles armados, en su mayoría trabajadores del campo y de la ciudad y de su lucha contra las instituciones legales pero ilegítimas.

Las propuestas de leyes laborales deben ser discutidas y aprobadas (en Francia, China, Cuba o cualquier lugar del planeta) por los trabajadores en su lugar de trabajo reunidos en asamblea, y no sólo por gente elegida cada tantos años pero desligada, por su vida y sus privilegios, de quienes trabajan. Lo mismo vale para las leyes sanitarias en las que deben opinar vecinos, usuarios de servicios, ecologistas pero, sobre todo, el personal enseñante u hospitalario.

Mientras los representantes legales de la voluntad popular, elegidos por los partidos, no sean controlados por sus electores y revocables en todo momento, como en la Comuna de París en 1871, los trabajadores deberán legislar con sus huelgas y manifestaciones que nuevamente, oponen la nación a un pueblo multiclasista de meros electores ocasionales.

En la calle es necesario ganar las conciencias de quienes delegan o venden su voto, es fundamental elevar el grado de decisión y de moral de las víctimas de las leyes reaccionarias que refuerzan la dominación y la explotación capitalistas, es indispensable demostrar con propuestas que no es cierto que no haya una alternativa ni que existan inexorables leyes económicas que supuestamente obligan a adoptar medidas impopulares.

No existe una falta de alternativas: hay una dictadura en las empresas y no hay consulta previa a los trabajadores. En los servicios priva además el infame concepto de que ferrocarriles, hospitales, escuelas, agua, luz deben tener equilibrio presupuestario o dar ganancias, cuando son en realidad inversiones que hacen posible tener trabajadores sanos, más cultos y más productivos y deberían ser gratuitos.

Los Parlamentos nacieron de revoluciones e insurrecciones y no pueden sustituir la soberanía, que reside en el pueblo y no en quienes dicen ser los representantes de éste. La calle puede ser y será legisladora mientras quienes con su trabajo producen la riqueza de los países estén ajenos a una actividad legisladora que no los tiene en cuenta. Sobre todo allí donde los grandes patrones gobiernan, como en Francia o Argentina, donde impera un masivo fraude prelectoral o en las urnas mismas, como en México, o donde golpes de Estado parlamentarios burlan la votación popular, como en Brasil.

 

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Macron sella la reforma laboral pese a las protestas en la calle


Con su primer gran proyecto, el presidente francés envía una señal a Europa: Francia es reformable

 

Emmanuel Macron cae en los sondeos de popularidad y afronta un otoño de protestas, pero siempre podrá decir que cumple las promesas. El Consejo de Ministros aprobó este viernes el primer gran proyecto de su presidencia: una reforma laboral que flexibilizará la contratación y el despido. Aunque la reforma está pendiente de la aprobación definitiva en el Parlamento, Macron envió varias señales al estampar su firma. A los sindicatos: las protestas no frenarán sus planes. Al resto de franceses: el propósito de transformar Francia va en serio, mensaje similar al que envía a los socios europeos, y en particular a Alemania. Francia es reformable. Tras la reunión del Consejo de Ministros, Macron firmó las nuevas normas en el Elíseo, ante las cámaras de televisión, en una escenificación que algunos comentaristas consideraron "americana", al estilo de los presidentes estadounidenses firmando leyes en el Despacho Oval de la Casa Blanca. La liturgia presidencialista resaltaba el poder del jefe de Estado y el significado del momento. El presidente —elegido en mayo ante la candidata de la extrema derecha, Marine Le Pen— evita la maldición de otros presidentes, que o bien quisieron imponer reformas inesperadamente, sin haberlas propuesto en campaña electoral, o dieron marcha atrás cuando constataron su impopularidad.


Con la adopción de los cinco textos legislativos de la reforma —las llamadas ordenanzas—, Macron se apunta el primer triunfo de su joven presidencia. Y desafía de quienes aventuraban que, una vez en el poder, sería incapaz de aprobar una reforma ante la resistencia de los sindicatos y quizá de la calle. Lo ha logrado, entre otros motivos, gracias a unas rondas de consultas en verano con los actores sociales y a la habilidad para dividir a los sindicatos. También le ha ayudado la legitimidad que le otorga haber prometido la reforma en campaña, y contar con una mayoría cómoda y cohesionada en la Asamblea Nacional. "Creo en la democracia, y la democracia no está en la calle", dijo esta semana a la cadena CNN.


La reforma no es una revolución, pero sí un cambio en el código laboral hacia una mayor liberalización. Contempla, por ejemplo, baremos a las indemnazaciones por despidos improcedentes. Permite a las multinacionales instaladas en Francia invocar una situación de crisis local para despedir a trabajadores, aunque la empresa prospere en el resto del mundo. También autoriza que las negociaciones en las pequeñas empresas esquiven a los sindicatos, y fusiona las múltiples instancias de representación laboral en las empresas. Es un primer paso, casi más simbólico que efectivo a la hora de bajar desempleo crónico: la etapa inicial de una serie de reformas que incluyen la formación profesional, el seguro de desempleo o a la política impositiva, entre otros ámbitos, y que desembocarán, según Macron, en "una transformación inédita [del] modelo social".


El debate no ha terminado. El peculiar instrumento legislativo que eligió Macron —las ordenanzas— impone un calendario pautado. Las ordenanzas son textos legislativos que pueden adoptarse sin pasar por el complejo proceso de largos debates y enmiendas parlamentarios. Primero, el Gobierno debe pedir permiso al Parlamento para actuar por esta vía, cosa que ocurrió en agosto. Una vez firmado el texto, entra en vigor, pero de manera provisional. Hasta que el Parlamento lo ratifique no se convertirán en ley, y esto debe ocurrir en un plazo de tres meses. Algunos flecos todavía son susceptibles de modificarse, pero en su esencia la reforma avanza. Macron podrá decir que ha ganado la primera ronda de su batalla con la oposición y con la calle.


La oposición mide su fuerza


Una protesta de baja intensidad —insuficiente, como mínimo, para frenar los planes del presidente Emmanuel Macron— se está instalando en Francia. No han sido hasta ahora manifestaciones masivas, ni movimientos populares amplios que señalen un rechazo definitivo al nuevo presidente.


Pero evidencian un malestar que se refleja también en los sondeos: un 44% de franceses considera que Macron es un buen presidente, doce puntos menos que en junio, según un sondeo del instituto Odoxa publicado esta semana. Un 52% rechaza la reforma laboral, según otro sondeo de OpinionWay.


Los sindicatos ya han celebrado dos jornadas de huelga y protestas, el 12 y el 21 de septiembre. De las tres grandes organizaciones, la movilización sólo ha contado con el apoyo oficial de la CGT, aunque han participado miembros y grupos locales de los otros sindicatos. Según datos del Ministerio del Interior, en la primera protesta participaron 223.000 personas en todo Francia, y 132.000 en la segunda.


La manifestación más esperada es la de este sábado 23 de septiembre, organizada por La Francia Insumisa, el partido de izquierda alternativa de Jean-Luc Mélenchon. Mélenchon ha logrado erigirse en el principal opositor político a Macron. Un éxito de convocatoria —se comparará la cifra de asistentes con la de las manifestaciones sindicales— le servirá para afianzarse en este papel.


Las protestas están movilizando a otros sectores. El jueves hubo una huelga encubierta de agentes de la policía antidisturbios, la semana que viene protestarán los camioneros, y más tarde están previstas movilizaciones de funcionarios y jubilados.


El inconveniente de la manifestación de Mélenchon el sábado es que llega un día después de que el Gobierno francés haya aprobado la reforma laboral, probablemente demasiado tarde para frenarla. Pero las protestas miran más allá. No apuntan a esta reforma sino a las siguientes que están en la agenda gubernamental, y en realidad a la figura del presidente Macron.

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Lunes, 04 Septiembre 2017 07:28

Para una sociología de las emergencias

Para una sociología de las emergencias

Los seres humanos viven dentro y fuera de la historia. Esto es lo que los distingue de los animales no humanos. Hacemos historia en la medida en que resistimos a lo que la historia hace de nosotros. Vivimos lo que ya fue vivido (el pasado nunca pasa o desaparece) y lo que aún no ha sido vivido (el futuro es vivido como anticipación de lo que en realidad nunca será vivido por nosotros). Entre el presente y el futuro hay un hiato o un vacío sutil, que permite reinventar la vida, romper rutinas, dejarse sorprender por nuevas posibilidades, afirmar, con la convicción del poeta portugués José Régio, “no voy por ahí”. Lo que irrumpe es siempre una interrupción. La vida es la constante recreación de la vida. De otro modo, estaríamos condenados a la Rebelión en la granja de la que habla George Orwell, a vivir en el pantano de solo poder pensar lo que ya fue pensado. En este sentido, podemos afirmar que la forma de capitalismo que hoy domina, popularmente conocida como neoliberalismo, al inculcar con creciente agresividad que no hay alternativa al capitalismo y al modo de vida que impone, configura una propuesta necrodependiente, una economía de muerte, una sociedad de muerte, una política de muerte, una convivencia de muerte, un vicio de ver en la muerte ajena la prueba más convincente de que estamos vivos. Los daños que esta propuesta está causando son hoy evidentes. La imaginación y la creatividad que hacen posible la vida están siendo secuestradas por las fuerzas necrodependientes. A pesar de que todo lo que existe en la historia tiene un principio y un fin, resulta hoy difícil imaginar que el capitalismo, que tuvo un principio, tenga fin. Si tal dificultad se presenta como un obstáculo insalvable, habremos desistido de salir de la historia para hacer historia, habremos firmado los papeles para entrar en la granja de animales de Orwell.


La dificultad es superable, pero para ello es necesario des-pensar mucho de lo que hasta ahora ha sido pensado como cierto y perenne, sobre todo en el Norte global (Europa y América del Norte). El primer des-pensamiento consiste en aceptar que la comprensión del mundo es mucho más amplia y diversificada que la comprensión occidental del mundo. Entre los mejores teóricos del pensamiento eurocéntrico de la transición del siglo XIX al siglo XX, hubo siempre una gran curiosidad por el mundo extraeuropeo –de Schopenhauer a Carl Jung, de Max Weber a Durkheim– pero siempre estuvo orientada a comprender mejor la modernidad occidental y a mostrar su superioridad. No hubo nunca el propósito de apreciar y valorar en sus propios términos las concepciones del mundo y de la vida que se habían desarrollado fuera del alcance del mundo eurocéntrico, y que divergían de él. En total consonancia con el momento culminante del imperialismo europeo (la Conferencia de Berlín de 1884-85 fijó las bases del reparto colonial de África entre las potencias europeas), todo lo que no coincidía con la cosmovisión eurocéntrica dominante era considerado atrasado y peligroso y, según los casos, objeto de catequización, represión, asimilación. La fuerza de esta idea residió siempre en la idea de la fuerza de los cañones y del comercio desigual que la impusieron.


En el momento en que el mundo eurocéntrico da evidentes signos de agotamiento intelectual y político, se abre la oportunidad para apreciar la diversidad cultural, epistemológica y social del mundo y hacer de ella un campo de aprendizajes que hasta ahora ha sido bloqueado por el prejuicio colonial del Norte global: el prejuicio de, por ser más desarrollado, no tener nada que aprender con el Sur global.


El segundo des-pensamiento es que esa diversidad es infinita y no puede ser captada por ninguna teoría general, por ningún pensamiento único global capaz de abarcarla adecuadamente. Los saberes que circulan por el mundo son infinitos. La aplastante mayoría de la población mundial gestiona su vida cotidiana según preceptos y sabidurías que difieren del saber científico, que consideramos el único válido y riguroso. La ciencia moderna es tanto más preciosa cuanto más se disponga a dialogar con otros conocimientos. Su potencial es tanto mayor cuanto más consciente sea de sus límites. Del reconocimiento de esos límites y de la disponibilidad al diálogo emergen ecologías de saberes, constelaciones de conocimientos que se articulan y enriquecen mutuamente para, a partir de una mayor justicia cognitiva (justicia entre saberes), permitir que se reconozca la existencia y el valor de otros modos de concebir el mundo y la naturaleza y de organizar la vida que no se basan en la lógica capitalista, colonialista y patriarcal que ha sostenido el pensamiento eurocéntrico dominante. No hay justicia social global sin justicia cognitiva global. Solo así será posible crear la interrupción que permita imaginar y realizar nuevas posibilidades de vida colectiva, identificar alternativas reprimidas, desacreditadas, invisibilizadas, que, en su conjunto, representan un fatal desperdicio de experiencia.


De ahí surge el tercer des-pensamiento: no necesitamos alternativas, sino un pensamiento alternativo de alternativas. Ese pensamiento, en sí mismo internamente plural, buscar reconocer y valorizar experiencias que apuntan hacia formas de vida y de convivencia que, pese a ser poco familiares o apenas embrionarias, configuran soluciones para problemas que afligen cada vez más nuestra vida colectiva, como por ejemplo los problemas ambientales.


Tales experiencias constituyen emergencias y solo un pensamiento alternativo será capaz, a partir de ellas, de construir una sociología de las emergencias.


Consideremos el siguiente ejemplo: el 15 de marzo de este año, el Parlamento de Nueva Zelanda aprobó una ley que confiere personalidad jurídica y derechos humanos al río Whanganui (foto), considerado por los maoríes un río sagrado, un ser vivo que asumen como su antepasado. Tras 140 años de lucha, los maoríes consiguieron obtener la protección jurídica que buscaban: el río deja de ser un objeto de propiedad y de gestión para ser un sujeto de derechos con nombre propio, que debe ser protegido como tal. A los ojos de la concepción eurocéntrica de la naturaleza, basada en la filosofía de Descartes, esta solución jurídica es una aberración. Un río es un objeto natural y como tal no puede ser sujeto de derechos. Fue precisamente en estos términos que la oposición conservadora cuestionó al primer ministro neozelandés. Si un río no es un ser humano, no tiene cabeza, ni tronco, ni piernas, ¿cómo se le puede atribuir derechos humanos y personalidad jurídica? La respuesta del primer ministro fue dada en forma de contrapregunta. ¿Y una empresa, tiene cabeza, tiene tronco, tiene piernas? Si no los tiene, ¿cómo es tan fácil para nosotros atribuirle personalidad jurídica?


Lo que está ante nosotros es la emergencia del reconocimiento jurídico de una entidad a la que subyace una concepción de naturaleza diferente de la concepción cartesiana que la modernidad occidental naturalizó como la única concepción posible. Inicialmente, esta concepción estaba lejos de ser consensual. Basta recordar a Spinoza, su distinción entre natura naturata y natura naturans, y su teología basada en la idea Deus sive natura (Dios, o sea, la naturaleza). La concepción spinozista tiene afinidades de familia con la concepción de naturaleza de los pueblos indígenas, no sólo en Oceanía sino también en las Américas. Estos últimos consideran la naturaleza como Pachamama, Madre Tierra, y defienden que la naturaleza no nos pertenece: nosotros pertenecemos a la naturaleza.


La concepción spinosista fue suprimida porque solo la concepción cartesiana permitía concebir a la naturaleza como un recurso natural, transformarla en un objeto incondicionalmente disponible para la explotación de los humanos. Al final esta era una de las grandes razones, sino la mayor razón, de la expansión colonial, y la mejor justificación para la apropiación no negociada y violenta de las riquezas del Nuevo Mundo. Y para que la apropiación y la violencia fuesen plenas, los propios pueblos indígenas fueron considerados parte de la naturaleza. Fue necesaria una encíclica papal (Sublimis Deus, del Papa Paulo III en 1537) para garantizar que los indios tenían alma, una garantía menos generosa de lo que puede parecer, toda vez que se destinaba a justificar la evangelización (si los indios no tuviesen alma, ¿cómo pretender salvarlos?).
La novedad jurídica venida de Nueva Zelanda tiene precedentes. La Constitución Política de Ecuador de 2008 establece en su artículo 71 que la naturaleza, concebida como Madre Tierra, es un sujeto de derechos. Y una semana después de la promulgación de la ley neozelandesa, el Tribunal Supremo del Estado de Uttarakhand de la India decidió que los ríos Ganges y su afluente Yamuna son “entidades humanas vivas”. Llevadas a la práctica, estas decisiones están lejos de ser triviales. Significan, por ejemplo, que las empresas que contaminan un río cometen un ilícito criminal y la indemnización a que quedan obligadas será inmensamente superior a las que pagan hoy (cuando pagan). Ya en 1944 Karl Polanyi recordaba en su obra maestra, La gran transformación, que si las empresas capitalistas tuviesen que indemnizar adecuadamente todos los daños que causan a los seres humanos y a la naturaleza, dejarían de ser rentables.


Estas innovaciones jurídicas no surgen de concesiones generosas de las clases dominantes y las elites eurocéntricas. Son la culminación de procesos de lucha de larga duración, luchas de resistencia contra la explotación capitalista y colonial, impuesta como imperativo de modelos de desarrollo que, previsiblemente, solo benefician a los explotadores. Su carácter de emergencia reside en el hecho de ser gérmenes de otra relación entre humanos y naturaleza que puede ser potencialmente decisiva para resolver los graves problemas ambientales que afrontamos.


Son emergencias porque sirven no solamente a los intereses de los grupos sociales que las promueven, sino también a los intereses globales de la población mundial ante problemas como el calentamiento global y las dramáticas consecuencias que de ello derivan. Para darles a estas emergencias el crédito que merecen, no podemos apoyarnos en el pensamiento eurocéntrico hegemónico. Necesitamos un pensamiento alternativo de alternativas, al que vengo denominando epistemologías del Sur.
* Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

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Francia Vuelta de tuerca de Macron a la reforma laboral: menos indemnización por despido y más poder a las empresas

La norma otorga más flexibilidad a los empresarios para adaptar el horario laboral y el salario a las condiciones del mercado a partir de acuerdos alcanzados por una mayoría simple con los trabajadores

 


El Gobierno francés dijo el jueves que limitaría las indemnizaciones por despidos considerados improcedentes y otorgaría a las empresas más flexibilidad para adaptar la remuneración y las horas de trabajo a las condiciones del mercado, en una reforma laboral que el mayor sindicato de Francia calificó de decepcionante.


La reforma, la primera iniciativa de política importante del presidente Emmanuel Macron desde su elección en mayo, es también la primera gran prueba de sus planes para reformar la segunda economía de la zona euro.


Durante décadas, gobiernos de izquierda y derecha han tratado de reformar las estrictas normas laborales de Francia, pero siempre las han diluido ante las protestas callejeras.


La ministra de Trabajo, Muriel Penicaud, describió la reforma como "una transformación de las normas laborales a una escala sin precedentes".


El primer ministro, Edouard Philippe, la consideró necesaria para luchar contra el elevado nivel de desempleo de Francia. "La realidad es que para los ejecutivos, especialmente de las pequeñas empresas, y los inversores extranjeros, la actual ley laboral se considera un freno a la contratación y la inversión", dijo Philippe.


Los decretos otorgan a las empresas más poder para adaptar el horario laboral y el salario a las condiciones del mercado a partir de acuerdos alcanzados por una mayoría simple entre empresarios y trabajadores.


La indemnización por despido considerado improcedente por un tribunal laboral se fijaría en tres meses de salario por haber estado dos años en la compañía, ampliándose progresivamente la cantidad en función del tiempo contratado en la empresa, dijeron los sindicatos. En una concesión a los sindicatos, la indemnización normal por despido se incrementaría desde el 20% del salario por cada año en una compañía a un 25%.


Oposición de los sindicatos


El Gobierno, que ya cuenta con el respaldo parlamentario para la reforma, consultó con los sindicatos durante semanas mientras redactaba sus planes.


"Todos nuestros temores han sido confirmados", dijo Philippe Martinez, líder del sindicato CGT, después de que el gobierno presentara los decretos a sindicatos y empresarios. Dijo que el sindicato seguiría adelante con su plan para llevar a cabo una protesta el 12 de septiembre.


El mayor sindicato de Francia, el reformista CFDT, dijo que estaba decepcionado con lo que significaba una oportunidad perdida para mejorar las relaciones laborales, pero añadió que no llamaría a una huelga contra las reformas. "Esta reforma no ha estado a la altura de las circunstancias", dijo a periodistas el líder de la CFDT, Laurent Berger, pero añadió: "Tomar a las calles no es la única forma de acción para los sindicatos".


La reforma daría más flexibilidad a las pequeñas empresas en particular, permitiendo negociaciones directas en las compañías con menos de 50 trabajadores entre los empresarios y un representante del personal que no necesariamente tiene que estar sindicado.


El ámbito laboral es una prueba de la voluntad de Macron para impulsar unas reformas que han dividido a los votantes franceses, pero que están siendo seguidas de cerca por inversores y países como Alemania, que quieren ver cambios en la segunda mayor economía de la zona euro.


Como contrapartida, las indemnizaciones por despidos legales —es decir, no improcedentes— aumentan un 25%.


La reforma da margen a patrones y trabajadores para negociar acuerdos en el ámbito de las empresas en cuestiones como el tiempo de trabajo o la remuneración. La idea es descentralizar, acercar al terreno las negociaciones laborales, y permitir la adaptación a los vaivenes de la coyuntura.


Francia facilitará a los inversores extranjeros los despidos cuando estos pasen por dificultades económicas, una medida destinada a atraer a las empresas multinacionales. Hasta ahora las autoridades francesas debían tener en cuenta la situación de la empresa en todos los países donde operaba; ahora bastará con que las cosas le vayan mal en Francia.


Otras medida clave son la fusión en una sola las múltiples instancias en las que hoy están representados los trabajadores de una empresa, y la posibilidad de negociar en las empresas de menos de 50 trabajadores sin pasar por los sindicatos y esquivando los acuerdos sectoriales.


"Nuestro objetivo es simple: favorecer la creación de empleo aportando mucha más seguridad y visibilidad a los jefes de empresa en la decisión de contratar, y más garantías a los asalariados", dijo el primer ministro Édouard Philippe al presentar las propuestas. Para Pierre Gattaz, el jefe del Medef, la patronal francesa, el proyecto puede "hacer volver la confianza y hacer volver, a fin de cuentas, el empleo".


Con sus 3.334 páginas y sus cubiertas rojas, el Código Laboral, que desde 1910 integra las leyes que regulan el mundo del trabajo, es una especie de Biblia civil del modelo social francés. Cualquier modificación sustancial es arriesgada.


"Se han confirmado todos nuestros temores. Esto es el fin del contrato laboral", dijo Philippe Martinez, jefe del sindicato CGT.


Por separado, las propuestas son técnicas, y es discutible que la reforma en su conjunto vaya a ser el electrochoque neoliberal que denuncian algunos de sus críticos. Pero en su conjunto representa el inicio de un giro de Francia, uno de los países con leyes laborales más rígidas en el mundo desarrollado, hacia los principios de la llamada flexiseguridad, la combinación de flexibilidad para las empresas y seguridad para los trabajadores. La flexiseguridad aplicada en Escandinavia en los años noventa, la tercera vía de Tony Blair, o la Agenda 2010 de Gerhard Schröder en Alemania, están más cerca del modelo de Macron que las recetas Margaret Thatcher en el Reino Unido.
No se entiende el alcance de la reforma laboral sin tener en cuenta que es el primer capítulo de una serie de reformas, que incluirán el seguro de desempleo y la formación profesional.


Con una tasa de paro en Francia del 9,5% y un nivel de déficit que lleva una década vulnerando las normas europeas, Macron cree que es urgente poner en marcha las reformas para recobrar la credibilidad ante los socios de la UE, en particular Alemania.


Por ahora, la oposición a la reforma laboral de Macron parece menor a la que afrontó la última reforma, bajo el presidente de François Hollande. El 12 de septiembre la CGT participará en una "jornada de acción y huelga", y el 23 de septiembre será el partido de izquierda La Francia Insumisa, el que se manifestará. Su líder, Jean-Luc Mélenchon, califica la reforma de "golpe de estado social". Pero es llamativo que ni CFDT ni Fuerza Obrera —los principales sindicatos, junto a la CGT— vayan a sumarse a la protesta. No se antoja fácil movilizar a decenas de miles de personas y paralizar un país con cuestiones aparentemente técnicas como el baremo de las indemnizaciones o las instancias de representación laboral.


El 22 de septiembre las ordenanzas —el nombre que reciben estos textos, una vía exprés legislativa que elude el farragoso proceso de debates y enmiendas parlamentarias— se adoptarán en el Consejo de Ministros, y unos días después entrarán en vigor. Requerirán el voto posterior del Parlamento, donde Macron dispone de una mayoría cómoda, para convertirse en ley.

 


31/08/2017 16:36 Actualizado: 31/08/2017 17:00
Leigh Thomas y Ingrid Melander / REUTERS

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Por Leonardo Fernandes

 

Fabiana Braga tiene 22 años y está en la cárcel ilegalmente, por ser campesina, mujer y luchar por el derecho a la tierra. Creció en campamentos del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST, Brasil) y a los 18 años se fue a probar suerte a la ciudad. Allí se terminó de convencer que su lugar estaba en la vida campesina, con el MST en la lucha por la tierra y por la dignidad como joven, mujer y campesina. A los 20 años se integró con su compañero en el asentamiento Tomás Balduíno, en Quedas de Iguazú, Paraná, donde coordina el Colectivo de Mujeres y es parte del Colectivo de Juventud. El asentamiento está en tierras públicas recuperadas por el MST para la reforma agraria, pero que la maderera Araupel se había apropiado fraudulentamente, en connivencia con autoridades. En 2014, el MST consiguió que un tribunal otorgara el reconocimiento legal de que esas tierras debían ser destinadas para la reforma agraria, con lo que la empresa aumentó las agresiones. En abril 2016 una banda de pistoleros disparó contra miembros del asentamiento, asesinando a dos compañeros. La policía, en lugar de actuar contra los pistoleros y la empresa, comenzó la Operación Castra, que como su burdo nombre indica, tiene la meta de “castrar” al MST, criminalizándolo.

En el marco de esta funesta Operación, Fabiana fue detenida en noviembre 2016, junto a Claudelei Lima, locutor de la radio comunitaria del asentamiento. La operación no se quedó allí, sino se desplegó en varios estados. La Escuela Nacional Florestán Fernández del MST en São Paulo fue invadida sin orden de allanamiento y con armas de fuego, en nombre de la misma operación, supuestamente buscando “acusados”. Fabiana y Claudelei siguen presos, mucho más allá de los límites legales de las medidas de “prisión preventiva” con la que fueron detenidos. Hay una campaña internacional del MST, donde se puede firmar por su liberación: Meucrimeelutar.com.br

Estas operaciones de criminalización han recrudecido en Brasil contra los movimientos sociales, intentando presentarlos como delincuentes, cuando su único “delito” es luchar por sus derechos. La Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), Brasil, informó que en 2016, se cometieron 61 asesinatos por conflictos en el campo, la mayor cifra desde hace 25 años, exceptuando el año 2003. En el mismo año aumentó 185 por ciento el número de personas del medio rural presas por defender sus derechos, tierra, agua y territorio. En 2017, ya han sido asesinadas 20 personas, incluyendo 9 militantes del MST atacados en su propio asentamiento, en Mato Grosso.

La CPT afirma que la criminalización y persecución de los que luchan por sus derechos en el campo ha llegado a límites sin precedentes en Brasil, con el aumento de asesinatos y agresiones impunes comandados por empresas y latifundistas junto a la represión y encarcelamiento legalizado por parte de fuerzas públicas. Un hecho particularmente ignominioso fue el uso de la Ley 12.850/2013, contra el MST en Goiás para detener a varios de sus militantes, porque tipifica al movimiento como organización criminal. Luego de casi un año de prisión ilegal, el MST consiguió que un juez decretara que el MST no es una organización criminal y que debían ser liberados, pero aún sigue preso un compañero: Luiz Borges.

Este método de acusaciones falsas y uso de leyes (anti-terroristas o contra crimen organizado) para criminalizar y reprimir a los movimientos y a quienes luchan por sus legítimos derechos, también se usa contra las comunidades mapuches en Chile y Argentina, contra campesinos e indígenas en Paraguay y en otros países del continente, incluyendo por supuesto, México.

En Argentina, sigue la renovada guerra de extinción contra las comunidades originarias, ahora con la detención en Formosa del líder indígena wichí Agustín Santillán el 14 de abril, que se suma a la anterior de Bautista Macedonio y Roberto Frías. Varias organizaciones argentinas denuncian este proceso de criminalización y estigmatización de la lucha de los pueblos indígenas, pidiendo su inmediata liberación, según informa Darío Aranda.

En México, con el segundo lugar en muertes violentas a nivel mundial, solamente detrás de Siria, las autoridades y bandas criminales -con una difusa línea divisoria entre ambas– se usan todos los métodos anteriores y otros.

La constante en todas partes es que estos procesos de criminalización, represión, muertes y desapariciones forzadas o por bandas criminales, siempre terminan abriendo territorio a transnacionales y megaproyectos, beneficiando a grandes empresas.

En la semana pasada, se sumó al dolor y la rabia, el asesinato de Miriam Rodríguez, madre cuya hija fue desaparecida y que habiendo develado el caso de su hija, se sumó al activismo con otras madres y familiares de desaparecidos en Tamaulipas, México. Como en Argentina, con las Madres de Plaza de Mayo, a varias de las cuales también asesinaron por el delito de buscar a sus hijas e hijos.

Pero como dice la frase surgida de la búsqueda y resistencia de madres, padres y compañeros de los 43 estudiantes desaparecidos (y otros asesinados) de la escuela rural de Ayotzinapa, “querían enterrarnos pero no sabían que éramos semilla”.

Un sentido que como gramínea crece por abajo y vuelve a germinar todo el tiempo y en todas partes, a través de tiempos y espacios diversos. Un ejemplo reciente fue la manifestación masiva con pañuelos blancos , en Argentina el 10 de mayo, con y junto a las Madres de Plaza de Mayo, contra el intento de perdonar a los genocidas en ese país.

A veces surge como enormes manifestaciones, muchas más veces en actos más pequeños, en el trabajo cotidiano de grupos y colectivos barriales y comunitarios en la denuncia, en la defensa de derechos, en la resistencia y también en la construcción permanente, en las muchas formas de seguir construyendo la vida. Siempre vuelve a germinar.

 

Silvia Ribeiro

Periodista y activista uruguaya, directora para América Latina del Grupo ETC, con sede en México.

 

 

 

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