Grecia: disturbios contra gobierno y banqueros tras el suicidio de un jubilado

Atenas, 5 de abril. El suicidio de un jubilado griego ocurrido el miércoles se convirtió en símbolo de los costos sociales de la austeridad y fue reprochado por los detractores de los recortes presupuestarios impuestos por los prestamistas internacionales del país.
 

El farmacéutico jubilado Dimitris Christoulas, de 77 años, se disparó un tiro en la cabeza el miércoles en las afueras del Parlamento en Atenas, después de gritar consignas contra los recortes a salarios y pensiones y criticar el alza de impuestos. El hombre aseguró que los problemas financieros lo habían puesto en una situación extrema. En una nota de despedida, afirmó que “prefería morir a tener que rebuscar comida en la basura”.
 

El carácter público y simbólico del suicidio rápidamente desencadenó un torrente de apoyo. Cientos de personas se congregaron desde la noche del miércoles en la céntrica plaza de Syntagma, donde se quitó la vida el hombre, y lugar que ha sido desde hace dos años el principal punto de encuentro de multitudinarias protestas en rechazo a las medidas de austeridad impuestas por el gobierno griego, a cambio de dos rescates internacionales, con el fin de evitar la suspensión de pagos del país más endeudado de la eurozona y que ha desencadenado una crisis de deuda en toda la región.
 

El suicidio del hombre desató violentes disturbios en la noche del miércoles y la madrugada de este jueves, principalmente en la plaza Syntagma.
 

La policía antidisturbios disparó gases lacrimógenos contra unos mil 500 manifestantes para vaciar la plaza, cuando un grupo de unas 50 personas lanzaba piedras y bombas molotov contra los uniformados frente al edificio del Parlamento.
 

En los enfrentamientos al menos dos periodistas fueron apartados violentamente por la policía, la cual reportó que una decena de asistentes fueron detenidos y unas 20 personas resultaron heridas y fueron hospitalizadas.
 

Al continuar este jueves las manifestaciones, los inconformes crearon un altar improvisado con velas, flores y notas escritas a mano en protesta por la crisis. El movimiento de los “indignados” dijo que celebraría un segundo día de protesta, y convocó un acto en la ciudad de Tesalónica, en el norte del país.
 

El anciano que se suicidó bajo un árbol en la plaza Syntagma el miércoles por la mañana, a unos cien metros del Parlamento, señaló que los recortes de austeridad aprobados por el gobierno habían “aniquilado” su pensión y lo habían dejado en la pobreza.
 

La televisión privada Skai señaló que el hombre dejó una nota en su bolsillo, la que atribuía su decisión de quitarse a la vida a la crisis de deuda, alegando que no quería ser un lastre económico para sus hijos.
 

También comparó al actual régimen con el que fue impuesto por los ocupantes nazis en 1941. El gobierno griego está implementando un reajuste económico impopular a cambio de los préstamos de la Unión Europea (UE) y el FMI.
 

“El gobierno de ocupación literalmente ha aniquilado mi capacidad para sobrevivir con una pensión decente para la que he pagado durante 35 años”, indicó el jubilado en un extracto publicado en la prensa griega.
 

“No encuentro otra solución para un final digno, y no quiero tener que buscar en la basura para alimentarme”, escribió, presuntamente con tinta roja, según información difundida por la prensa.
 

El diario conservador Eleftheros Typos calificó a la víctima de “mártir de Grecia” y aseguró que su acto está lleno de “un profundo simbolismo político” que podría “conmocionar a la sociedad griega y al mundo político y despertar su conciencia”, antes de las elecciones parlamentarias del próximo mes.


La ira por el suicidio se dirige sobre todo a los políticos, pero también a las duras medidas de austeridad prescritas por la UE y el FMI a cambio de conceder los fondos del rescate para sacar al país de su peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial.
 

Los ingresos de los griegos han caído en los últimos tres años 20 por ciento, mientras cientos de miles han perdido su trabajo.
 

El desempleo llega a un récord de 21 por ciento, supera el millón de personas, duplica el nivel promedio de la eurozona (de 10.2), y entre los jóvenes alcanza 50 por ciento.
 

Desde el comienzo de la aplicación de planes restrictivos en 2010, las pensiones se han recortado en alrededor de 15 por ciento; ahora los jubilados deben vivir con unos 500 euros. A eso se suma el aumento de los precios en un promedio de 10 por ciento, así como un incremento generalizado de impuestos.
 

Además el número de personas sin casa aumentó 25 por ciento, de acuerdo con un cable de Notimex, el cual señaló que poco más de la cuarta parte de la población enfrenta riesgo de pobreza o exclusión social.
 

En Grecia, los suicidios han aumentado en casi 20 por ciento en los últimos dos años, presuntamente como resultado de los duros recortes que incrementaron el desempleo y la recesión económica. Los siquiatras calculan que desde el inicio de la crisis en 2009 se han quitado la vida unas mil 500 personas.
 

En los tres primeros meses de 2012 la cifra de suicidios es de 149, publicó el diario Ekathimerini en su versión electrónica.

“Es horrible. No deberíamos haber llegado a este punto. Los políticos en el Parlamento que nos han traído hasta aquí deberían ser castigados por esto”, expresó Anastassia Karanika, una jubilada de 60 años.
 

En la semana ha habido cuatro intentos de suicidio por problemas económicos, según la policía. En uno de los casos, el dueño de un café en el centro del país, de 35 años, fue hospitalizado después de intentar matarse tomando pesticida, porque temía que su negocio acabara en manos del banco si no podía pagar la hipoteca.
 

El primer ministro griego, Lucas Papademos, y los líderes de los principales partidos que respaldan el gobierno de coalición lamentaron el incidente, pero destacaron que no debía convertirse en un debate nacional. “En estas horas difíciles para nuestra sociedad, todos, el Estado y los ciudadanos, tenemos que apoyar a nuestros compatriotas desesperados”, señaló.
 

“Las circunstancias exactas que llevaron a este hombre a poner fin a su vida no se conocen y creo que debemos permanecer calmados y mostrar respeto por los sucesos verdaderos”, apuntó el portavoz del gobierno, Pantelis Kapsis.
 

“Aquellos que deberían haberse suicidado hace mucho tiempo son los políticos que sabiéndolo decidieron llevar a este país y a su gente a este estado”, dijo el diputado conservador Panos Kammenos, que creó recientemente el partido antiausteridad Griegos Independientes.
 

En relación con el suicidio del jubilado, el portavoz del FMI, Gerry Rice, declaró en conferencia de prensa: “queremos decir que estamos profundamente entristecidos de saber de cualquier muerte en esas circunstancias, y simplemente expresar nuestro pésame”.
 

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Sábado, 24 Marzo 2012 07:29

La nueva torre de Babel venezolana

La nueva torre de Babel venezolana
Caracas. Venezuela está de cabeza. Plumas, trascabos, revolvedoras de cemento, montacargas y un ejército de miles de trabajadores de la construcción e ingenieros laboran día y noche para levantar centenares de unidades habitacionales por todo el país. Dentro de las grandes viejas ciudades se construyen nuevas ciudades. Fuera de ellas, en medio de la nada, se levantan nuevas urbes.
 
La cruzada constructiva no cesa. En un país de poco menos de 30 millones de habitantes se edificaron, durante los últimos nueve meses del año pasado, 146 mil viviendas, con el objetivo de saldar una deuda social histórica. La meta es construir, en siete años, tres millones. El proyecto, bautizado como Gran Misión Vivienda Venezuela, está dirigido personalmente por el presidente Hugo Chávez, coordinado por el ministro Rafael Ramírez y tiene incorporados ocho ministros, entre ellos el de Ambiente.
 
Gran Misión Vivienda Venezuela surge, en parte, por la necesidad de solucionar la problemática de vivienda de miles de damnificados que sufrieron la catástrofe ambiental de finales de 2010: 35 mil familias, 27 mil de ellas en Caracas, perdieron la vivienda y tuvieron que trasladarse a refugios.
 
La fiebre inmobiliaria ha aparecido de manera recurrente en la historia venezolana. El dos ocasiones presidente Rafael Caldera tuvo el sueño de levantar 100 mil viviendas al año. Pero el sueño nunca se concretó. Más aún, ni siquiera se elaboró un registro de las necesidades de vivienda ni había información de la problemática, ni se sabía qué terrenos estaban disponibles, ni con cuánta maquinaria se contaba.
 
Gran Misión Vivienda Venezuela es una aventura que se semeja a una moderna torre de Babel. Más de una decena de idiomas diferentes al español se hablan en las obras. El frenesí constructor ha llevado al Estado venezolano a asociarse con países y empresas de sitios tan disímbolos como China, Irán, España, Rusia, Turquía, Cuba y Portugal. Todos han traído consigo sus ingenieros, su propia maquinaria y técnicas arquitectónicas, que, lejos de constituir un nuevo Babel han enriquecido la infraestructura del país.
 
La nacionalización de la cementera Cemex, durante años en manos del mexicano Lorenzo Zambrano, fue propiciada, precisamente, por la necesidad del Estado venezolano de destinar todo el cemento posible a este proyecto.
 
Combate a la especulación
 
La misión combate la especulación del suelo urbano, al que considera un lastre. En todo el país los pobres urbanos han protagonizado una ola de invasiones de centenares de terrenos ociosos a los que el gobierno ha respondido con expropiaciones por causa de utilidad pública. Escandalizadas, las clases acomodadas denuncian que se trata de un asalto a los derechos de propiedad.
 
La movilización popular ha sido apoyada desde el gobierno. El presidente Chávez instó a ocupar bodegas, baldíos e instalaciones abandonadas en las zonas industriales, cuyo valor crecía al calor de la especulación. “Si usted ve un galpón lleno de máquinas viejas, abandonado, eso hay que tomarlo, eso es un activo nacional. [...] El partido, las patrullas, vayan, métanse, busquen información, tomen fotos, registren.”
 
Para avanzar en el socialismo –dijo el mandatario– es necesario recuperar esos espacios. "Esas son las deudas que nosotros tenemos; somos timoratos, lentos para tomar decisiones. Eso hay que tomarlo, úsenme a mí, tengo potestades, usen a Chávez mucho más para avanzar más en la construcción del socialismo."
 
El frenesí constructor ha levantado edificios que habitan daminificados, madres solteras, trabajadores, profesionistas y habitantes de los barrios populares en zonas en las que tradicionalmente viven las clases medias y altas. Los más pobres, los habitantes del desamparo, que tradicionalmente vivían en las zonas de más riesgo, comienzan a tener espacios en la ciudad para vivir con dignidad.
 
La nueva zonificación que reconfigura el tejido urbano y busca construir una ciudad igualitaria, sin privilegios, ha provocado gran indignación en los sectores acomodados, que viven la recomposición social de su hábitat como transgresión inadmisible. La llegada del pobrerío a vivir en lo que consideraban sus barrios ha prendido las luces de alarma de las clases medias.
 
Departamentos equipados
 
El Banco Nacional de la Vivienda y Hábitat (Banavih) se encarga de fijar los precios de las soluciones habitacionales que se construyen en el marco de la Gran Misión Vivienda de Venezuela, a partir de los fondos invertidos en la construcción de las viviendas, los ingresos familiares de los beneficiados y otras condiciones. Los departamentos entregados están equipados con estufa, refrigerador, lavadora y, en algunos, aire acondicionado.
 
Se trata del emprendimiento civil más grande del chavismo, el de mayor esfuerzo, el de mayor movilización de la gente. Una inicitiva sustentada, también, en la autorganización popular y en la autoconstrucción.
 
La oposición venezolana ha querido invisibilizar los nuevos desarrollos inmobiliarios. Se niegan a reconocer la existencia de los proyectos. Sus periodistas y comentaristas televisivos han dicho que las viviendas son sólo maquetas.
 
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Viernes, 10 Febrero 2012 06:18

Aniversarios de la “nohistoria”

Aniversarios de la “nohistoria”

George Orwell acuñó el útil término “nopersona” para personas a las que se niega el estatuto de personas  porque no acatan la doctrina estatal. Podemos agregar el término “nohistoria” para referirnos a la suerte de nopersonas, expurgadas de la historia por motivos semejantes.
 

La nohistoria de las nopersonas se recuerda a lo largo de los los aniversarios. Los importantes generalmente se conmemoran con la debida solemnidad cuando resulta apropiado, como por ejemplo Pearl Harbor. Pero otros no se conmemoran y podríamos aprender mucho de nosotros si los sacamos de la nohistoria.
 

Ahora mismo no conmemoramos un evento de gran significación humana: el 50 aniversario de la decisión del presidente Kennedy de lanzar la invasión directa de Vietnam del Sur, que pronto se convirtió en el crimen más extremo de agresión desde la Segunda Guerra Mundial.
 

Kennedy ordenó que la Fuerza Aérea de EE.UU. bombardeara Vietnam del Sur (en febrero de 1952, se habían realizado cientos de misiones); autorizó la guerra química para destruir cultivos con el fin de hambrear hasta la sumisión a la población rebelde; y activó programas que acabaron llevando a millones de aldeanos a tugurios urbanos y a campos virtuales de concentración, o “Aldeas Estratégicas”. Allí los aldeanos serían “protegidos” contra las guerrillas indígenas a las cuales, como sabía el gobierno, apoyaban voluntariamente.
 

Los esfuerzos oficiales para justificar los ataques eran escasos y la mayor parte fantasiosos. Uni típico fue el apasionado discurso del presidente ante la Asociación Estadounidense de Editores de Periódicos el 27 de abril de 1961, cuando señaló que “en todo el mundo se nos opone una conspiración monolítica e implacable que se basa primordialmente en medios clandestinos para expandir su esfera de influencia”. En las Naciones Unidas, el 25 de septiembre de 1961, Kennedy dijo que si esa conspiración lograba sus objetivos en Laos y Vietnam “las puertas quedarán abiertas”.
 

Los efectos a corto plazo fueron mencionados por el altamente respetado especialista en Indochina e historiador militar Bernard Fall, que no era pacifista, pero se preocupaba por la gente de los países atormentados.
 

A principios de 1965 calculó que unos 66.000 sudvietnamitas murieron entre 1957 y 1961; y otros 89.000 entre 1961 y abril de 1965, en su mayoría víctimas del régimen cliente de EE.UU. o “del peso aplastante de los blindados, napalm, bombarderos jet y finalmente gases vomitivos estadounidenses”.
 

Las decisiones se mantuvieron ocultas, así como las espantosas consecuencias que persisten. Para mencionar solo una ilustración: Scorched Earth de Fred Wilcox, el primer estudio serio del horripilante y continuo impacto de la guerra química en los vietnamitas, apareció hace algunos meses –y probablemente se sumará a otras obras de la nohistoria. El núcleo de la historia es lo que sucedió. El núcleo de la nohistoria es “borrar" lo que sucedió.
 

En 1967, la oposición a los crímenes en Vietnam del Sur había llegado a un grado importante. Cientos de miles de soldados de EE.UU. causaban estragos en Vietnam del Sur y se sometían las áreas pobladas a intensos bombardeos. La invasión se había propagado al resto de Indochina.
 

Las consecuencias habían llegado a ser tan horrendas que Bernard Fall predijo que “Vietnam como entidad cultural e histórica… está amenazado de extinción… (mientras)… el campo literalmente muere bajo los golpes de la mayor maquinaria militar jamás desatada contra un área de ese tamaño”.
 

Cuando la guerra terminó ocho devastadores años más tarde, la opinión dominante estaba dividida entre los que la llamaban una “causa noble” que podría haberse ganado con más dedicación y en el otro extremo, los críticos, para quienes había sido “un error” que resultó demasiado costoso.
 

Faltaban todavía los bombardeos de la remota sociedad campesina del norte de Laos, con tal magnitud que las víctimas vivieron en cuevas durante años para tratar de sobrevivir; y poco después el bombardeo de Camboya rural, sobrepasando el nivel de todos los bombardeos aliados en el escenario del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial.
 

En 1970, el consejero nacional de seguridad de EE.UU., Henry Kissinger, ordenó “una masiva campaña de bombardeo en Camboya. Cualquier cosa que vuele sobre cualquier cosa que se mueva” –un llamado al genocidio de un tipo raramente encontrado en los archivos conocidos.
 

Laos y Camboya fueron “guerras secretas”, porque la información fue poca y los hechos todavía son poco conocidos por el público en general o incluso por elites educadas, quienes sin embargo pueden recitar de memoria cada crimen real o supuesto de los enemigos oficiales.
 

Otro capítulo en los anales desbordantes de la nohistoria

Dentro de tres años podremos –o no podremos– conmemorar otro evento de gran relevancia contemporánea: el octavo centenario de la Carta Magna.
 

Ese documento es el fundamento de lo que la historiadora Margaret E. McGuiness, refiriéndose a los Juicios de Núremberg, aclamó como un “tipo particularmente estadounidense de legalismo: castigo solo para quienes se pueda demostrar que son culpables, por medio de un juicio justo, con una panoplia de protecciones de procedimiento”.
 

La Carta Magna declara que “ningún hombre libre” será privado de derechos “excepto por el juicio legal de sus pares y por la ley del país”. Los principios se ampliaron posteriormente para aplicarlos a todas las personas en general. Cruzaron el Atlántico y entraron en la Constitución y en la Declaración de Derechos de EE.UU., señalando que no se puede privar de derechos a ninguna "persona" sin el debido proceso y un juicio rápido.
 

Los fundadores, claro está, no querían que el término “persona” se aplicara a todas las personas. Los americanos nativos no eran personas. Tampoco los esclavos. Las mujeres apenas eran personas. Sin embargo, concentrémonos en la noción central de la presunción de inocencia, que se ha arrojado al olvido de la nohistoria.
 

Otro paso del debilitamiento de los principios de la Carta Magna fue cuando el presidente Obama firmó la Ley de Autorización de la Defensa Nacional, que define la práctica Bush-Obama de detención indefinida sin juicio bajo custodia militar.
 

En la actualidad ese tipo de tratamiento es obligatorio en el caso de los acusados de ayudar a fuerzas enemigas durante la “guerra contra el terror”, u opcional si los acusados son ciudadanos estadounidenses.
 

El alcance es ilustrado por el primer caso de Guantánamo que llegó a proceso bajo el presidente Obama: el de Omar Khadr, un ex niño soldado acusado del horrendo crimen de tratar de defender su aldea afgana cuando fue atacada por fuerzas de EE.UU. Capturado a los 15 años, Khadr fue encarcelado durante ocho años en Bagram y Guantánamo, luego llevado ante un tribunal militar en octubre de 2010, donde se le dio la alternativa de declararse inocente y permanecer en Guantánamo para siempre, o de declararse culpable y permanecer solo 8 años más. Khadr prefirió esto último.
 

Muchos otros casos iluminan el concepto de “terrorista”. Uno es Nelson Mandela, sacado de la lista de terroristas solo en 2008. Otro fue Sadam Hussein. En 1982 Irán salió de la lista de Estados que apoyaban el terrorismo para que el gobierno de Reagan pudiera suministrar ayuda a Hussein después de que invadió Irán.
 

La acusación es caprichosa, sin revisión o recurso, y refleja comúnmente objetivos políticos, en el caso de Mandela para justificar el apoyo del presidente Reagan a los crímenes del Estado del apartheid en su defensa contra uno de los “grupos terroristas más notorios” del mundo: el Congreso Nacional Africano de Mandela.
 

Lo más importante está consignado en la nohistoria.
 

Por Noam Chomsky
NYT/Truthout


Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Distributed by The New York Times Syndicate.

2011 The New York Times Company

 

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Fui a ver a Munib Masri en su hospital de Beirut. Él es parte de la revolución árabe, aunque no lo ve así. Su rostro denotaba el dolor que sentía; le ponían suero, tenía fiebre y unas espantosas heridas causadas por una bala israelí de 5.6mm que le dio en el brazo. Sí, una bala israelí, porque Munib era uno de los miles de jóvenes palestinos y libaneses desarmados que se plantaron frente al fuego abierto por los israelíes hace dos semanas, en la frontera de la tierra que llaman "Palestina".

“Estaba furioso… acababa de ver cómo los israelíes golpeaban a un niño –me dijo Munib–. Me acerqué a la valla fronteriza; los israelíes disparaban a mucha gente. Cuando me dieron, quedé paralizado. Se me doblaron las piernas. Luego me di cuenta de lo que había pasado. Mis amigos me sacaron de allí.”

Le pregunté si forma parte de la Primavera Árabe. No, me dijo, sólo protestaba por la pérdida de su tierra. "Me gustó lo que pasó en Egipto y Túnez. Me alegro de haber ido a la frontera libanesa, pero también lo lamento."

No es sorprendente. Más de 100 manifestantes inermes fueron heridos durante la marcha de palestinos y libaneses para conmemorar la expulsión y el éxodo de 750 mil palestinos de sus hogares, en 1948. Seis murieron, y entre los más jóvenes de los alcanzados por las balas había dos niñas pequeñas, una de seis años y la otra de ocho. Más objetivos de la "guerra al terror" de Tel Aviv, supongo, aunque la bala que mató a Munib, estudiante de geología en la Universidad Americana de Beirut, de 22 años, causó un daño terrible. Le penetró por un costado, le cortó el riñón, le dio en el hígado y luego le quebró la espina dorsal. El día que visité a Munib tuve la bala en la mano: tres pedazos refulgentes de metal color café, que se estrellaron dentro de su cuerpo. Tiene suerte de estar vivo.

Afortunado también de ser ciudadano estadunidense, para mucho que le sirvió. La embajada de su país envió una representante a visitar a sus padres en el hospital, según me contó Mouna, la madre del joven. “Estoy devastada, triste, indignada… y no quisiera que esto le pasara a ninguna madre israelí. Vino la diplomática estadunidense y le expliqué la situación de Munib. Le dije: ‘Quisiera que llevaran un mensaje a su gobierno: que presione a los israelíes para que cambien sus políticas. Si esto ocurriera a una madre israelí, el mundo se había puesto de cabeza’. Pero ella me contestó: ‘No vine a hablar de política. Estamos aquí para darles apoyo social, para desalojarlos si lo desean, para ayudarlos con los pagos’. Le dije que no necesito nada de eso: ‘necesito que expliquen la situación’.”

Cualquier diplomático estadunidense está en libertad de transmitir los puntos de vista de los ciudadanos a su gobierno, pero la respuesta de esa diplomática fue de sobra conocida. Aunque estadunidense, Munib había sido herido por una bala inconveniente. No fue una bala siria o egipcia, sino israelí, inapropiada para hablar de ella, y mucho más para persuadir a una diplomática estadunidense de hacer algo al respecto. Después de todo, cuando Benjamin Netanyahu recibe 55 ovaciones en el Congreso de Estados Unidos –más que el promedio en el parlamento baazista de Damasco–, ¿por qué el gobierno de Munib debe preocuparse por él?

En realidad, ha ido muchas veces a "Palestina": su familia viene de Beit Jala y Belén, y conoce bien Cisjordania, aunque me expresó su preocupación de que pudieran arrestarlo la próxima vez que vuelva allá. Ser palestino no es fácil, en cualquier lado de la frontera en que uno se encuentre. Mouna Masri se indignó cuando su marido fue a tramitar la renovación de la residencia de la hermana de ella en Jerusalén oriental. "Los israelíes insistieron en que debía venir desde Londres, aunque se les informó que estaba recibiendo quimioterapia", relató.

"Yo estuve en Palestina apenas dos días antes de que hirieran a Munib, visitando a mi suegro en Nablus. Vi a toda la familia y estaba contenta, pero extrañaba mucho a Munib, así que regresé a Beirut. Él estaba muy emocionado por la marcha a la frontera. Había dos o tres autobuses para llevar a estudiantes y profesores de la universidad, y el domingo se levantó a las 6:55 de la mañana. A eso de las 4 de la tarde llamó la tía de Munib, Mai, y me preguntó si había alguna noticia; comencé a inquietarme. Luego recibí una llamada de mi marido para decirme que habían herido a Munib en la pierna."

Fue mucho peor. El joven perdió tanta sangre que los doctores del hospital Bent Jbeil temían que falleciera. Los pacificadores de Naciones Unidas en Líbano –dolorosamente ausentes de la sección de Maroun al-Ras en la frontera durante la manifestación de cinco horas– lo trajeron en helicóptero a Beirut. Muchos de quienes viajaron a la frontera con él venían de campos de refugiados y –a diferencia de Munib– jamás habían visitado la tierra de sus padres. De hecho, en muchos casos ni siquiera la habían visto.

La tía Mai describió cuántos de quienes fueron en la marcha o en autobús a la frontera sintieron una brisa que soplaba a lo largo de la frontera desde lo que hoy es Israel. "Todos la aspiraron fuerte, como si fuera una especie de libertad", narró.

Y eso es. Tal vez Munib no cree formar parte de la Primavera Árabe, pero sí pertenece al despertar árabe. Aunque él tiene un hogar en Cisjordania, decidió marchar con los desposeídos cuyos hogares están dentro de lo que es hoy Israel. “No tuvieron miedo –afirmó su tío Munzer–. Esa gente quería dignidad. Y con la dignidad viene el triunfo.”

Eso es lo que gritaba el pueblo de Túnez. Y el de Egipto. Y los de Yemen, de Bahrein, de Siria. Sospecho que Obama, aunque se rebaje ante Netanyahu, también lo entiende. Era eso lo que, a su modo pusilánime, trataba de advertir a los israelíes. El despertar árabe abarca a los palestinos también.

¨Por Robert Fisk
The Independent

Traducción: Jorge Anaya
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Quiero dedicar este homenaje a la memoria viva de dos Carlos: Carlos Lenkersdorf y Carlos Monsiváis, amigos muy queridos que ya no están, pero siguen estando.
***

Y empiezo por decir gracias: Gracias, Marcelo, por este regalo, esta alegría. Te digo gracias en nombre propio y también en nombre de los muchos sureños que jamás olvidarán su gratitud a México, el país de su exilio, refugio de perseguidos en los años de mugre y miedo de nuestras dictaduras militares.

Y quiero subrayar que México merece, por eso y por muchos otros motivos, toda nuestra solidaridad, ahora que esta tierra entrañable está siendo víctima de la hipocresía del narcosistema universal, donde unos ponen la nariz y otros ponen los muertos, y unos declaran la guerra y otros reciben los tiros.

***

Este acto generoso me honra por venir de quien viene. La ciudad de México está a la vanguardia en la lucha por los derechos humanos, en un amplio abanico que va desde la diversidad sexual hasta el derecho a respirar, que ya parecía perdido.

Y mucho me honra recibir esta ofrenda, porque mucho tiene de desafío: en nuestros países la independencia plena es todavía, en gran medida, una tarea por hacer, que nos convoca cada día.

***

En la ciudad de Quito, al día siguiente de la independencia, una mano anónima escribió en una pared: Último día del despotismo y primero de lo mismo.

Y en Bogotá, poco después, Antonio Nariño advertía que el alzamiento patriótico se estaba convirtiendo en baile de máscaras, y que la independencia estaba en manos de caballeros de mucho almidón y mucho botón, y escribía: Hemos mudado de amos.

Y el chileno Santiago Arcos comprobaba, desde la cárcel:

-Los pobres han gozado de la gloriosa independencia tanto como los caballos que en Chacabuco y Maipú cargaron contra las tropas del rey.

***

Todas nuestras naciones nacieron mentidas. La independencia renegó de quienes, peleando por ella, se habían jugado la vida; y las mujeres, los analfabetos, los pobres, los indios y los negros no fueron invitados a la fiesta. Aconsejo echar un vistazo a nuestras primeras Constituciones, que dieron prestigio legal a esa mutilación. Las Cartas Magnas otorgaron el derecho de ciudadanía a los pocos que podían comprarlo. Los demás, y las demás, siguieron siendo invisibles.

***

Simón Rodríguez tenía fama de loco, y así lo llamaban: El loco. Decía locuras, como éstas:

-Somos independientes, pero no somos libres. La sabiduría de Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son, en nuestra América, dos enemigos de la libertad de pensar. Nuestra América no debe imitar servilmente, sino ser original.

Y también:

-Enseñemos a los niños a ser preguntones, para que se acostumbren a obedecer a la razón: no a la autoridad como los limitados, ni a la costumbre como los estúpidos. Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra.

Don Simón decía locuras, y hacía locuras. Allá por mil ochocientos veinte y pico, sus escuelas mezclaban a los niños y a las niñas, a los pobres y a los ricos, a los indios y a los blancos, y también unían la cabeza y las manos, porque enseñaban a leer y a sumar, y también a trabajar la madera y la tierra. En sus aulas no se escuchaban los latines de sacristía y se desafiaba la tradición del desprecio por el trabajo manual. Poco duró la experiencia. Un clamor de indignadas voces exigía la expulsión de este sátiro que ha venido a corromper a la juventud, y el mariscal Sucre, presidente del país que ahora llamamos Bolivia, le exigió la renuncia.

A partir de entonces, anduvo a lomo de mula, peregrinando por las costas del Pacífico y las montañas de los Andes, fundando escuelas y formulando preguntas insoportables a los nuevos dueños del poder:

-Ustedes, que imitan todo lo que viene de Europa y de los Estados Unidos, ¿por qué no les imitan la originalidad, que es lo más importante?

Este viejo vagabundo, calvo, feo y barrigón, el más audaz y el más querible de los pensadores de América, estaba cada día más solo, y solo murió.

A los ochenta años, escribió:

-Yo quise hacer de la tierra un paraíso para todos. La hice un infierno para mí.

***

Simón Rodríguez fue un perdedor. Según la escala de valores de este mundo, que sacraliza el éxito y no perdona el fracaso, los hombres como él no merecen memoria.

Pero, ¿acaso no está vivo don Simón en la energía de dignidad que hoy recorre nuestra América de norte a sur? ¿Cuántos hablan por su boca, aunque no lo sepan, como hablaba en prosa aquel personaje de Molière que no sabía que hablaba en prosa?

¿Acaso don Simón no nos sigue enseñando, un siglo y medio después de su muerte, que la independencia es otro nombre de la dignidad? Es verdad que todavía pesa, y mucho, la herencia colonial, que aplaude la copia y maldice la creación y admira, como denunciaba don Simón, las virtudes del mono y del papagayo. Pero también es verdad que son cada vez más los jóvenes que sienten que el miedo es una cárcel humillante y aburrida, y libremente se atreven a pensar con sus propias cabezas, sentir con sus propios corazones y caminar con sus propias piernas.

***

Yo no creo en Dios, pero sí creo en el humano milagro de la resurrección. Porque quizás se equivocaban aquellos dolientes que se negaban a creer en la muerte de Emiliano Zapata, y creían que se había marchado a Arabia en un caballo blanco, pero sólo se equivocaban en el mapa. Porque a la vista está que Zapata sigue vivo, aunque no tan lejos, no en las arenas de Oriente: él anda cabalgando por aquí, aquí cerquita nomás, queriendo justicia y haciéndola.

Y fíjense ustedes lo que ha ocurrido con otro perdedor, José Artigas, el hombre que hizo la primera reforma agraria de América, antes que Lincoln y antes que Zapata.

Hace casi dos siglos, él fue vencido y condenado a la soledad y al exilio. En años recientes, la dictadura militar del Uruguay le erigió un ampuloso mausoleo, queriendo encerrarlo en cárcel de mármol. Pero cuando la dictadura intentó decorar el monumento con algunas de sus frases, no encontró ninguna que no fuera subversiva. Ahora el mausoleo tiene fechas y nombres de batallas, y ninguna frase. Involuntario homenaje, involuntaria confesión: Artigas no es mudo, Artigas sigue siendo peligroso.

Cosa curiosa: con tantos vivos que hablan sin decir, en nuestras tierras hay muertos que dicen callando.

***

Bienaventurados sean los perdedores, porque ellos cometieron la insolencia de amar a su tierra, y por ella se jugaron la vida. Pero está visto que el patriotismo es el honorable privilegio de los países dominantes: sólo los que mandan tienen el derecho de ser patriotas. En cambio, los países dominados, condenados a obediencia perpetua, no pueden ejercer el patriotismo, so pena de ser llamados populistas, demagogos, delirantes: nuestro patriotismo se considera una peste, peste peligrosa, y los amos del mundo, que nos toman examen de Democracia, tienen la mala costumbre de conjurar esta amenaza a sangre y fuego.

Bienaventurados sean los perdedores, porque ellos se negaron a repetir la historia y quisieron cambiarla.

Bienaventurados sean los perdedores, y malditos sean quienes confunden el mundo con una pista de carreras y lanzados a las cumbres del éxito trepan lamiendo hacia arriba y escupiendo hacia abajo.

Bienaventurados sean los indignados, y malditos sean los indignos.

Maldita sea la exitosa dictadura del miedo, que nos obliga a creer que la realidad es intocable y que la solidaridad es una enfermedad mortal, porque el prójimo es siempre una amenaza y nunca una promesa.

Bienaventurado sea el abrazo, y maldito sea el codazo.

***

Sí, pero… Cuántos perdedores, ¿no?

Cuando algún periodista me pregunta si soy optimista, yo contesto, sinceramente:

-A veces. Depende de la hora.

Siempre me parecieron más bien inhumanos los optimistas full time.

Creo que el desaliento es un derecho humano, y de algún modo es también la prueba de que somos humanos, porque no sufriríamos el desaliento si no tuviéramos aliento.

Hay que reconocer que no es muy alentadora la realidad, que tiene la jodida costumbre de recompensar a los exprimidores del prójimo y a los exterminadores de la tierra, el agua y el aire. Y en cambio, las más apasionantes aventuras de transformación de la realidad suelen quedarse a mitad de camino, o se extravían y se pierden, y muchas veces terminan mal.

Hay que reconocerlo, digo, pero también cabe preguntar: Cuando esas lindas experiencias colectivas terminan mal, ¿de veras terminan? ¿No hay nada que hacer, sólo nos queda resignarnos y aceptar el mundo tal cual es, como si fuera destino? Hace pocos años, se puso de moda la teoría del fin de la historia. Más de uno se tragó ese sapo, a pesar de que el sentido común nos demuestra, con poderosa sencillez, que la historia nace de nuevo cada mañana.

Lo mejor de este asunto de vivir está en la capacidad de sorpresa que la vida tiene. ¿Quién podía presentir que los países árabes iban a vivir este huracán de libertad que están ahora viviendo? ¿Quién iba a creer que la plaza de Tahrir iba a dar al mundo esta lección de democracia? ¿Quién iba a creer lo que ahora puede creer ese muchachito plantado en la plaza durante días y noches, cuando dice: Nadie nos va a mentir nunca más?

Al fin y al cabo, cuando la historia dice adiós, o eso parece decir, ella nos está diciendo, o al menos murmurando: hasta luego, hasta lueguito, nos estamos viendo.

Y yo me despido de ustedes, ahora, que ya es hora, como la historia me enseñó, diciéndoles gracias, diciéndoles: hasta luego, hasta lueguito, nos estamos viendo.

* Palabras pronunciadas el 22 de febrero de 2011, en la ceremonia de entrega de la Medalla 1808, que el jefe de Gobierno de la ciudad de México, Marcelo Ebrard, otorgó al escritor Eduardo Galeano
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Viernes, 10 Septiembre 2010 19:01

invitación. Segunda Cita

Creo que la Revolución Cubana dignificó a nuestro país y a los cubanos. Y que el Gobierno Revolucionario ha sido el mejor gobierno de nuestra Historia.
 
Sí: antes de la Revolución La Habana estaba mucho más pintada, los baches eran raros y uno caminaba calles y calles de tiendas llenas e iluminadas. Pero ¿quiénes compraban en aquellas tiendas? ¿Quiénes podían caminar con verdadera libertad por aquellas calles? Por supuesto, los que “tenían con qué” en sus bolsillos. Los demás, a ver vidrieras y a soñar, como mi madre, como nuestra familia, como la mayoría de las familias cubanas. Por aquellas avenidas fabulosas sólo se paseaban los “ciudadanos respetables”, bien considerados en primer lugar por su aspecto. Los harapientos, los mendigos, casi todos negros, tenían que hacer rodeos, porque cuando un policía los veía en alguna calle “decente”, a palos los sacaban de allí.
 
Esto lo vi con mis propios ojos de niño de 7 u 8 años y lo estuve viendo hasta que cumplí 12, cuando triunfó la Revolución.
 
En la esquina de mi casa había dos bares, en uno de ellos, a veces, en vez de cenar, nos tomábamos un batido. En varias ocasiones pasaron marines, cayéndose de borrachos, buscando prostitutas y metiéndose con las mujeres del barrio. A un joven vecino nuestro, que salió a defender a su hermana, lo tiraron al suelo, y cuando llegó la policía ¿con quién creen que cargaron? ¿Con los abusadores? Pues no. A patadas por los fondillos se llevaron a aquel joven universitario que, lógicamente, después se destacaba en las tánganas estudiantiles.
 
Ahí están las fotos de un marine meando, sentado en la cabeza de la estatua de Martí, en el Parque Central de nuestra Capital.
 
Eso era Cuba, antes del 59. Al menos así eran las calles de la Centrohabana que yo viví a diario, las del barrio de San Leopoldo, colindante con Dragones y Cayo Hueso. Ahora están destruidas, me desgarra pasar por allí porque es como ver las ruinas de mi propia infancia. Lo canto en “Trovador antiguo”. ¿Cómo pudimos llegar a semejante deterioro? Por muchas razones. Mucha culpa nuestra por no haber visto los árboles, embelesados con el bosque, pero culpa también de los que quieren que regresen los marines a vejar la cabeza de Martí.
 
Estoy de acuerdo en revertir los errores, en desterrar el autoritarismo y en construir una democracia socialista sólida, eficiente, con un funcionamiento siempre perfectible, que se garantice a sí misma. Me niego a renunciar a los derechos fundamentales que la Revolución conquistó para el pueblo. Antes que nada, dignidad y soberanía, y asimismo salud, educación, cultura y una vejez honorable para todos. Quisiera no tener que enterarme de lo que pasa en mi país por la prensa de afuera, cuyos enfoques aportan no poca confusión. Quisiera que mejoraran muchas cosas que he dicho y otras que no.
 
Pero, por encima de todo, no quiero que regrese aquella ignominia, aquella miseria, aquella falsedad de partidos políticos que cuando tomaban el poder le entregaban el país al mejor postor. Todo aquello sucedía al tibio amparo de la Declaración de los Derechos Humanos y de la Constitución de 1940. La experiencia pre-revolucionaria cubana y la de muchos otros países demuestra lo que importan los derechos humanos en las democracias representativas.
 
Muchos de los que hoy atacan la Revolución, fueron educados por ella. Profesionales emigrados, que comparan forzadamente las condiciones ideales de “la culta Europa”, con la hostigada Cuba. Otros, más viejos, quizá algúna vez llegaron a “ser algo” gracias a la Revolución y hoy se pavonean como ideólogos pro capitalistas, estudiosos de Leyes e Historia, disfrazados de humildes obreros. Personalmente, no soporto a los “cambiacasacas” fervorosos; esos arrepentidos, con sus cursitos de marxismo y todo, que eran más papistas que el Papa y ahora son su propio reverso. No les deseo mal, a nadie se lo deseo, pero tanta inconsistencia me revuelve.
 
La Revolución, como Prometeo (le debo una canción con ese nombre), iluminó a los olvidados. Porque en vez de decirle al pueblo: cree, le dijo: lee. Por eso, como al héroe mitológico, quieren hacerle pagar su osadía, atándola a una remota cumbre donde un buitre (o un águila imperial) le devore eternamente las entrañas. Yo no niego los errores y los voluntarismos, pero no sé olvidar la vocación de pueblo de la Revolución, frente a agresiones que han usado todas las armas para herir y matar, así como los más poderosos y sofisticados medios de difusión (y distorsión) de ideas.
 
Jamás he dicho que el bloqueo tiene toda la culpa de nuestras desgracias. Pero la existencia del bloqueo no nos ha dado nunca la oportunidad de medirnos a nosotros mismos.
 
A mí me gustaría morir con las responsabilidades de nuestras desdichas bien claritas.
 
Por eso invito a todos los que aman a Cuba y desean la dignidad de los cubanos, a gritar conmigo ahora, mañana, en todas partes: ¡Abajo el bloqueo!
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El llamado de la Resistencia y de las centrales obreras a realizar un primer Paro Cívico Nacional desembocó en una masiva movilización, que volvió a plantear la urgente necesidad de dar respuestas concretas a las demandas del pueblo en resistencia

“En Tegucigalpa la movilización fue un éxito total y en varias partes del país la gente se tomó puentes y carreteras, exigiendo respuestas a nuestras demandas”, dijo a Sirel, el presidente del Sindicato de Trabajadores de la Industria de Bebidas y Similares (STIBYS), Carlos H. Reyes.

El Paro Cívico Nacional forma parte de una amplia agenda de movilizaciones que se desarrollarán a lo largo de los próximos meses, y que se espera puedan desembocar en una huelga general.

Entre las principales demandas de la población organizada destacan el aumento del salario mínimo, el rechazo a las leyes que pretenden legalizar el trabajo temporal y los contratos por horas y de media jornada, y la eliminación de la Ley de Inversión Público-Privada.

Asimismo, los participantes se solidarizaron con el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (SITRAUNAH), cuyos miembros fueron brutalmente desalojados y detenidos por las fuerzas policiales el pasado 5 de septiembre.

La defensa del Decreto 18-2008, que trata de resolver el delicado tema de la mora agraria, y el rechazo a la privatización de los recursos hídricos para una supuesta producción de energía “limpia”, fueron otras de las demandas planteadas durante la movilización nacional.

“Por el momento el gobierno se mantiene cerrado a nuestras demandas. Con respecto al salario mínimo está diciendo que el FMI le impuso no aumentar la masa salarial.

Siguen con el mismo chantaje de siempre –denunció Reyes–. Primero nos endeudaron y nos clavaron una deuda externa impagable, y después nos reventaron con las políticas neoliberales.

Ahora siguen chantajeándonos. Les quitan impuestos a los ricos y los aumentan a los pobres. Y nos dicen que no hay dinero para que los trabajadores y trabajadoras gocen de un salario y un trabajo digno”, sentenció el también miembro del Comité Ejecutivo del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP).

Movilización en todo el país

Además de la capital, donde una impresionante cantidad de personas se movilizó hacia Casa Presidencial, para después finalizar su marcha frente al Congreso Nacional, el Paro Cívico fue un éxito en San Pedro Sula, Choluteca, Copán, El Progreso, La Ceiba, Colón, Comayagua, Catacamas, Tela y Danlí.

Según reportaron varias fuentes, miles de trabajadores de la maquila y de la Resistencia de El Progreso se tomaron por más de seis horas el puente sobre la carretera que conduce hacia el litoral Atlántico.

En San Pedro Sula, miembros del FNRP se movilizaron por las calles de la ciudad y se tomaron el parque central.

Integrantes del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) se movilizaron hacia la capital, “en unidad de acción al paro cívico, como un paso hacia la huelga general para derrumbar este modelo neoliberal, y dar pie a la refundación del país”, se lee en un comunicado de esta organización.

¡MUCA presente!

En la zona del Bajo Aguán, Colón, la Resistencia se tomó el puente sobre el Río Aguán, paralizando el tráfico por varias horas. El Movimiento Unificado Campesino del Aguán (MUCA) participó masivamente a la movilización.

“Nos movilizamos con una gran cantidad de gente y, juntos con la Resistencia, los maestros y otros sectores, nos tomamos el puente por más de cinco horas –dijo Juan Chinchilla, miembro de la comisión negociadora del MUCA y del Comité Ejecutivo del FNRP–.

Fue una acción exitosa y aprovechamos para exigir al gobierno el respeto de los acuerdos, el cese de la represión y la no derogación del Decreto 18-2008”, explicó a Sirel.

Para el 15 de septiembre está prevista una nueva movilización, durante la cual se llevará a cabo el conteo final de las firmas de la Declaración Soberana, para la autoconvocación a una Asamblea Constituyente.

Hasta la fecha son ya más de un millón las firmas recolectadas en todo el país.

Por Giorgio Trucchi


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Asunción, 15 de agosto. “Donde hay bases militares no se garantizan la dignidad, la integración ni el desarrollo”, declaró hoy aquí el presidente de Bolivia, Evo Morales. “El imperialismo busca dominarnos y someternos. Con el pretexto de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico busca adueñarse de nuestros recursos naturales”, afirmó al clausurar el cuarto Foro Social de las Américas.
 
Ante 5 mil participantes extranjeros y delegados de organizaciones sociales locales, que se congregaron en un complejo deportivo de Asunción, Morales exhortó a participar en la vida cotidiana de cada uno de los países para contribuir a la consolidación de estos procesos “por otros 500 años”.
 
Acusó del cambio climático al capitalismo y condenó su “voracidad”. Dijo que “en vez de preocuparse por salvar a la Tierra, se interesa por hacer negocios. Destroza la vida y la humanidad en su conjunto”, agregó.
 
En su segundo día de actividades tras la primer quimioterapia a la que se sometió para tratar un cáncer linfático, el presidente anfitrión, el paraguayo Fernando Lugo, sostuvo que “América Latina está en camino”, y que sus presidentes “tienen un compromiso irrenunciable con los sectores más desprotegidos de la sociedad”.
 
Advirtió que “no se ha llegado a la meta. Falta mucho por recorrer y falta mucho para no perder el horizonte y la luz que nos señala el camino de América Latina”, indicó.
También habló el presidente de Uruguay, José Mujica, quien se expresó en términos similares respecto de la importancia de la integración regional y continental.
Impulsan mandatarios proyectos de integración
 
Previamente, los tres mandatarios se reunieron también en esta capital para impulsar proyectos de integración; especialmente en materia de energía.
 
De buen semblante, como el sábado cuando retornó de Brasil tras su primera sesión de quimioterapia en Sao Paulo, el jefe de Estado paraguayo conversó por espacio de 40 minutos con Morales y Mujica.
 
Los tres gobernantes ratificaron su voluntad de integración energética en su carácter de representantes de los países menores de Sudamérica.
 
“Durante la reunión el presidente Mujica ratificó la voluntad de Uruguay de ceder un puerto de aguas profundas para Paraguay”, señaló en rueda de prensa el ministro paraguayo de Relaciones Exteriores, Héctor Lacognata, como vocero de la cumbre.
“También hablaron del proyecto de construcción del Gasoducto del Sur, que comenzará en Tarija, Bolivia, y atravesará Paraguay hasta conectar con Uruguay” a través de Argentina, dijo el canciller.
 
Tanto Paraguay como Uruguay dependen de las importaciones argentinas, país que a su vez le compra a Bolivia.
 
El cuarto Foro Social de las Américas, al que asistieron unos 10 mil participantes de América Latina y Europa, cerró con un llamado a los movimientos, organizaciones y redes sociales del continente a redoblar la lucha por la soberanía de los pueblos de la región.
En una declaración final, la asamblea de los movimientos sociales reafirmó el compromiso y solidaridad con el pueblo paraguayo ante la urgente necesidad de avanzar en su proceso de cambios profundos y recuperación de la soberanía, bienes comunes, recursos energéticos, la reforma agraria y la democratización de las riquezas.
Alertó sobre la articulación acelerada de la derecha para intentar frenar cualquier proceso de cambio en la región, a lo cual se le agrega una nueva ofensiva militar para desestabilizar las democracias en el continente e intentar contener los procesos emancipadores.
 
Denuncian “la ilegitimidad” de Lobo, presidente de Honduras
 
Denunció la ilegitimidad del presidente de facto de Honduras, Porfirio Lobo, y manifestó su solidaridad con el pueblo de Haití, “que no necesita una intervención militar ni una ocupación económica para su reconstrucción”.
 
Indicó que la crisis sistémica actual muestra el agotamiento del modelo capitalista y sus centros de poder, y son más visibles que nunca sus intentos de arrastrar al mundo entero a un límite, llegando incluso a la amenaza de una guerra nuclear por parte de Estados Unidos, al recoger advertencias fornuladas en los últimos meses por el ex presidente cubano Fidel Castro.
 
Y se comprometió a reforzar la lucha por la soberanía de los pueblos latinoamericanos y caribeños en los ámbitos de los alimentos, la energía y el reconocimiento de la igualdad de las mujeres.
 
Al finalizar el acto, Morales retornó a Bolivia mientras que Mujica permanece en Paraguay para completar una agenda oficial.
 
En el encuentro con jóvenes latinoamericanos, Mujica, ex guerrillero de 75 años, los instó a aprender a convivir. “La verdadera lucha es aprender a convivir sin agredir”, dijo Mujica.
Morales, en tanto, exhortó a la unidad de los pueblos para buscar la liberación de América del “yugo imperialista”.
 
“Las fuerzas sociales deben estar unidas para liberar a América”, precisó el jefe de Estado.
 
Ovacionado por los participantes, Morales dijo: “Los pueblos unidos y organizados son mucho más fuertes que cualquier Estado del mundo, y eso ya se demostró en varios países de la región.
 
“La liberación de nuestros pueblos se está dando democráticamente”, remarcó, para sentenciar que “donde haya bases militares (estadunidenses) no se garantizan la integración ni el desarrollo de los pueblos”, en referencia indirecta a Colombia.
 
Mujica participará mañana aquí de una serie de actividades que incluyen nueva reunión con Lugo, con el Congreso y con intergrantes de la Suprema Corte de Justicia.
 
Será condecorado con el Gran Collar del Mariscal Francisco Solano López, Orden Nacional al Mérito, en un acto a llevarse a cabo en el Salón Independencia del Palacio de Gobierno, mientras los cancilleres de Paraguay, Héctor Lacognata, y de Uruguay, Luis Almagro, firmarán acuerdos sobre cooperación en materia de atención a las comunidades nacionales en el extranjero.
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Martes, 20 Julio 2010 08:36

La memoria nos saca de la humillación

Hay palabras –decía Cortázar– que como los caballos, a fuerza de ser usados, terminan cansándose, y fallecen en el agotamiento de la misma palabra.

Una de las funciones del intelectual es la de clarificar de manera crítica la palabra en su contexto políticosocial, denunciando de modo responsable cualquier hipocresía que legitime la injusticia y la represión.

Walter Benjamin, el ejemplo del intelectual, hizo honor a esa misión tan poco sumisa y tan altamente provocativa de querer, como decía él, pasarle el contrapelo a la historia para desafiar al pensamiento, a la actitud y a la acción que se acomoda y se adapta, lamentablemente, mucho más rápido de lo que imaginamos.

Entre su materia de escritura se encuentra una sección dedicada al concepto de la moda. Benjamin la denomina “Madame Moda”, dama mítica que acompaña a su camarada “Madame Morte”, ambas hermanadas en un diálogo que concluye con la aceptación de buena manera de estar juntas y arrastrarse al mismo destino. Dicho de otro modo, la moda es colega de la muerte y parodia del mismo cadáver. La moda cambia rápido, tan rápido que provoca la muerte. ¿Cómo se le encuentra una vuelta a la palabra, para que la palabra no sea moda y muerte, sino un objeto que enriquezca la vida y el entorno, de modo tal que retorne a ser significativa, y no agotada y no extinguida, y no perecida y no fenecida?

El 18 de julio de 1994 hizo que la palabra ciudadanía cambiara de rumbo para los que estamos aquí, para los que habitamos nuestra ciudad, esta ciudad, sus casas, sus calles y sus plazas.

Hasta esa fecha la palabra ciudadanía, el concepto de ciudadanía dominante, insistía en la idea de que “ser un ciudadano es algo que se otorga, ya que implica el explícito reconocimiento de un cuerpo de derechos civiles, políticos y sociales”. En este sentido, la concepción de ciudadanía era como una “simple moda” al decir de Benjamin, ya que si es algo que se otorga es pasiva. Y cuando la ciudadanía es pasiva se asocia a lo excluyente, a lo restrictivo, a lo sesgante, a lo discriminatorio.

Ahora, visto de otra manera, desde ese lugar de moda, muerte e incompletud, recuerdo a Max Kadushin, un profesor de Talmud, uno de los textos fundantes de la tradición judía, quien desarrolló una idea para analizar los procesos culturales al que él llamó de “concepto valor”. Kadushin, militante opositor a cualquier definición, dice algo así como que la idea de “concepto valor” se desarrolla a partir de que una enunciación puede tener cabida únicamente si se comprende su contrario, es decir su disvalor. Pero encontrar el disvalor no es una función simple, ya que debemos conceptuarla con una precisión tal que el disvalor funciona de manera disruptiva, que corta el ritmo, que no se da a partir de una lógica simple, de la lógica directa.

Ejemplo: lo opuesto a la paz no es la guerra. Lo opuesto a la paz es el exilio.

¿Y que significa exilio? Exilio significa estar en el lugar donde uno no debe estar para lo que fue creado.

Un padre que no puede mantener a su familia está en el exilio.

Un chico que vive en la calle y no tiene lo básico y lo mínimo está en el exilio.

Una mujer golpeada está en el exilio.

Y una víctima y un familiar de la víctima que no están amparados por el sistema de justicia están en el exilio.

La ciudadanía que simplemente se otorga, se arroja, es la ciudadanía pasiva que se despoja.

A partir del 18 de julio de 1994 una ciudadanía pasiva es una ciudadanía en el exilio.

En este mismo sentido, y adentrándonos un poco más, para pensar en ciudadanía deberíamos ver su disvalor. Si Ser ciudadano significa habitar la ciudad, es decir tenerla como hábito, poseerla como morada, como espacio concreto que me compromete en mi identidad, y que me permite tener una visión de ser y estar en esta ciudad, en esta sociedad, en este país, con acción y palabra, ese “ser ciudadano” se construye y se reconstruye en el territorio de la “memoria”. Por lo tanto, lo opuesto a la ciudadanía es el olvido, o sea la ausencia de memoria.

Desde el 18 de julio de 1994 lo opuesto a la ciudadanía es el olvido.

La célebre Rita Hayworth solía decir: “Qué afortunada que soy de poseer los dos atributos que marcan la felicidad: Una buena salud y una mala memoria”. Si esa es la fórmula de la felicidad, entonces no hay razón para que una parte de la ciudadanía, la que asume la ciudadanía de manera pasiva, no sea feliz. Obvio que la frivolidad no tiene pensamiento. Usa frases prefabricadas y silogismos falsos de ciudadanía barata. La falsedad es una enfermedad social. Y la enfermedad social siempre está vinculada con la amnesia, mientras que la ciudadanía es una actividad trazada por la línea de la memoria activa.

La literatura judía destaca que cuando en términos teológicos uno dice “yo creo”, en realidad está diciendo “yo recuerdo”.

Alegóricamente desde el 18 de julio de 1994 “Creer es recordar”.

Una interpretación exegética del texto bíblico del libro de Exodo, el libro que relata acerca de la esclavitud vivida por los antepasados en Egipto, se pregunta de manera profunda: qué es lo que produce el trabajo forzado, o sea ¿qué hace que el esclavo sea esclavo?

Primero. El esclavo no tiene nombre: nosotros recordamos en el texto bíblico los nombres de los abuelos de los esclavos, Abraham, Isaac y Jacob, pero ignoramos el nombre del esclavo; es decir, el esclavo no tiene identidad. Desde el lugar de la no identidad, cualquiera es reemplazable en la cadena de producción, porque la persona es un medio y no un fin en sí mismo. La ausencia de nombre es anonimato. Recordemos que los nazis en los campos de concentración borraban el nombre y colocaban un número tatuado en el brazo. La identidad se transformaba en cantidad, en objeto apilable.

El día 18 de julio nos recuerda que no son 85 víctimas, sino que cada víctima tiene un nombre.

Dice la poeta Zilda, “lejol ish iesh shem”, “cada persona tiene un nombre”. El nombre de una vida truncada, una saga que penetra en nuestra conciencia.

Segundo. El esclavo no tiene historia. Y perder la categoría de ser histórico es perder la vitalidad. La categoría ahistórica es antiintelectual, oscurantista y reaccionaria. Porque el hombre libre, el que habita la ciudad, como el primer hombre que ha probado del árbol del conocimiento ha sido arrojado a la historia, a su océano, al agua que es eco de sus propias preguntas.

El 18 de julio de 1994 nos enseñó que perder la historia es perder la mejor arma contra cualquier abuso autoritario.

Tercero. El esclavo, sumido en la ignorancia, considera que la categoría de la esclavitud es la libertad y, por lo tanto, carece de capacidad de resistencia. El esclavo no resiste ni se rebela. El esclavo es pasivo y está quebrado, está partido, está cortado al medio. Es a partir de ahí que ser ciudadano es esencialmente ser un individuo con identidad resistente y patrocinante de una memoria activa.

A partir del 18 de julio de 1994, ser ciudadano es ser verbo puesto en la memoria.

La dinámica ciudadana es una dinámica de la memoria creativa y es por lo tanto un valor organizado. Ser ciudadano es un acto saludable, es ser partícipe de la salud de la sociedad, y la memoria es la topografía de la ciudadanía. El silencio no es salud, como nos hacían creer. La memoria cuando se la activa es palabra que da fortaleza, vigor y creatividad.

Y vale la pena ahondar un poco más en este ejercicio de la memoria. ¿Por qué debo recordar?

Toda memoria se construye desde un presente hacia un futuro. Y la memoria es un deber militante que nos interpela. La memoria me interpela, me inquiere, me demanda, es una necesidad que me debe incomodar. La memoria me pregunta qué hago “ahora” con mi vida y con qué valores me comprometo, qué es lo que me resulta trascendente, qué es lo importante y qué debo dejar de lado.

La memoria frena la muerte y afirma la vida, y me compromete con la humanidad.

La memoria detiene cualquier abuso de poder, otorga espíritu de resistencia y dignifica.

Lo más importante: la memoria me saca de la humillación.

El 18 de julio de 1994 nos indica que lo opuesto a ciudadanía es la humillación.

Flaubert solía decir que veía humillaciones que se tornarían hábitos, veía defectos que se tornarían vicios, veía prejuicios que se tornarían crímenes. En 16 años hemos creado una generación de niños que se tornarían hombres sin saber lo que significa justicia ante los crímenes.

El cambio exige de una ciudadanía activa basada en la memoria activa.

El filósofo Avishai Margalit, en su libro Las sociedades decentes, dice que el objetivo del sometedor es eliminar todo rasgo de humanidad al sometido, porque el ser en el ser humano es ser consciente de uno mismo y del mundo en el que vivimos. La inclusión de la situación de la persona, de su condición social y del medio ambiente es de suma importancia para la dignidad del hombre. Los seres humanos son valiosos porque otros los valoran, y no en virtud de cualquier característica anterior que justifique tal valoración. Una sociedad puede ser humillante en el trato que dispensa a las personas que se encuentran en ellas y, al mismo tiempo, tener un claro concepto del respeto que debería otorgar a todas las personas como seres humanos. Cuando una sociedad no ve a una persona como un ser humano poseedor de una memoria, ésa es una sociedad que humilla. Esto significa tener actitudes como las de los explotadores, los que tratan a las personas como máquinas, las de los individuos que estigmatizan por tener ciertas enfermedades, por el color de la piel, por la raza, por las preferencias sexuales.

Una sociedad que humilla es una sociedad que no es decente. Existe la sociedad democrática y existe algo superador, que es la sociedad decente. Sociedad democrática es aquella en la que la gente puede llegar a tratarse entre ellos con dignidad. Sociedades decentes son aquellas en las que no solamente los individuos se tratan con dignidad, sino aquellas en las que las instituciones, como la Justicia, tratan con dignidad a la gente. Una sociedad que no logre este objetivo es una sociedad que desconoce la dignidad de las personas porque simple y sencillamente las humilla.

Para que las palabras no mueran en el abuso sepamos que desde el 18 de julio de 1994, una sociedad decente demuestra su salud ciudadana cuando posee una memoria activa; que por la memoria de esa lucha se debe arribar a la justicia, y que a través de esa memoria esta ciudadanía no debe disponer a cambiar su historia por ninguna forma de histeria.

Por Por Daniel Goldman. Discurso pronunciado por el rabino en el acto de Memoria Activa el 18 de julio de 2010.
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Haciendo abstracción de los problemas que hoy angustian a la especie humana, nuestra Patria tuvo el privilegio de ser cuna de uno de los más extraordinarios pensadores que han nacido en este hemisferio: José Martí.

Mañana, 19 de mayo, se cumplirá el 115 Aniversario de su gloriosa muerte.

La magnitud de su grandeza no sería posible valorarla sin tener en cuenta que aquellos con los cuales escribió el drama de su vida fueron también figuras tan extraordinarias como Antonio Maceo, símbolo perenne de la firmeza revolucionaria que protagonizó la Protesta de Baraguá, y Máximo Gómez, internacionalista dominicano, maestro de los combatientes cubanos en las dos guerras por la independencia en las que participaron. La Revolución Cubana, que a lo largo de más de medio siglo ha resistido los embates del imperio más poderoso que ha existido, fue fruto de las enseñanzas de aquellos predecesores.

A pesar de que cuatro páginas del diario de Martí han estado ausentes de los materiales al alcance de los historiadores, lo que en el resto de aquel diario personal minuciosamente escrito y otros documentos suyos de aquellos días consta, es más que suficiente para conocer los detalles de lo ocurrido. Como en las tragedias griegas, fue una discrepancia entre gigantes.

La víspera de su muerte en combate escribió a su íntimo amigo Manuel Mercado: “…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber -puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin.”

Cuando Martí escribió esas palabras lapidarias, Marx ya había escrito El Manifiesto Comunista en 1848, es decir, 47 años antes de la muerte de Martí, y Darwin había publicado El origen de las especies en 1859, para citar sólo las dos obras que, a mi juicio, más han influido en la historia de la humanidad.

Marx era un hombre tan extraordinariamente desinteresado, que su trabajo científico más importante,      El Capital, tal vez no se habría publicado nunca si Federico Engels no se hubiese ocupado de reunir y ordenar los materiales a los que su autor consagró toda su vida. Engels no sólo se ocupó de esa tarea, sino que fue autor de una obra titulada Introducción a la dialéctica de la naturaleza, en la que habló ya del momento en que la energía de nuestro sol se agotaría.

El hombre no conocía todavía cómo liberar la energía contenida en la materia, descrita por Einstein en su famosa fórmula, ni disponía de computadoras que pueden realizar miles de millones de operaciones por segundo, capaces de recoger y transmitir, a su vez, los miles de millones de reacciones por segundo que tienen lugar en las células de las decenas de pares de cromosomas que aportan la madre y el padre a partes iguales, un fenómeno genético y reproductivo del que tuve noción después del triunfo de la Revolución, buscando las mejores características para la producción de alimentos de origen  animal en las condiciones de nuestro clima, que se extiende a través de sus propias leyes hereditarias a las plantas.

Con la educación incompleta que los ciudadanos de más recursos recibíamos en las escuelas, por lo general privadas, que eran consideradas como los mejores centros de enseñanza, nos convertíamos en analfabetos, con un poco de más nivel que los que no sabían leer y escribir o asistían a las escuelas públicas.

Por otro lado, el primer país del mundo donde se intentó aplicar las ideas de Marx fue Rusia, que era el menos industrializado de los países de Europa.

Lenin, creador de la Tercera Internacional, consideraba que no había en el mundo organización más leal a las ideas de Marx que la fracción Bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Aunque buena parte de aquel inmenso país vivía en condiciones semifeudales, su clase obrera era muy activa y sumamente combativa.

En los libros que escribió Lenin después de 1915, fue incansable crítico del chovinismo. En su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo, escrita en abril de 1917, meses antes de la toma del poder como líder de la fracción Bolchevique de aquel Partido frente a la fracción Menchevique, demostró igualmente que fue el primero en comprender el papel que estaban llamados a jugar los países sometidos al colonialismo, como China y otros de gran peso en diversas regiones del mundo.

A su vez, la valentía y audacia de que Lenin era capaz se demostró en su aceptación del tren blindado que el ejército alemán, por conveniencia táctica, le proporcionó para trasladarse desde Suiza hasta los accesos de Petrogrado, por lo cual los enemigos dentro y fuera de la fracción Menchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia no tardaron en acusarlo de espía alemán. De no haber utilizado el famoso tren, el final de la guerra lo habría sorprendido en la distante y neutral Suiza, con lo cual el minuto óptimo y adecuado se habría perdido.

De alguna forma, por puro azar, dos hijos de España, gracias a sus cualidades personales, pasaron a jugar un papel relevante en la Guerra Hispano-Norteamericana: el jefe de las tropas españolas en la fortificación de El Viso, que defendía el acceso a Santiago desde la altura de El Caney, un oficial  que combatió hasta ser mortalmente herido, causándoles a los famosos Rough Riders -jinetes duros, norteamericanos organizados por el entonces Teniente Coronel Theodore Roosevelt, que el precipitado desembarco lo tuvieron que hacer sin sus fogosos caballos-  más de trescientas bajas, y el Almirante que, cumpliendo la estúpida orden del Gobierno español, zarpó de la bahía de Santiago de Cuba con la infantería de marina a bordo, una fuerza selecta, y salió con la escuadra de la única forma posible, que fue desfilar con cada barco, uno por uno, saliendo por el estrecho acceso frente a la poderosa flota yanki, que con sus acorazados en línea disparaban sus potentes cañones sobre los barcos españoles de mucho menor velocidad y blindaje. Como era lógico, los buques españoles, sus dotaciones de combate y la infantería de marina fueron hundidos en las profundas aguas de la fosa de Bartlett. Sólo uno llegó a pocos metros de la orilla del abismo. Los sobrevivientes de aquella fuerza fueron hechos prisioneros por la escuadra de Estados Unidos.

La conducta de Martínez Campos fue arrogante y vengativa. Lleno de rencor por su fracaso en el intento de pacificar la Isla como en 1871, apoyó la política ruin y rencorosa del Gobierno español. Valeriano Weyler lo sustituyó en el mando de Cuba; éste, con la cooperación de los que enviaron el acorazado Maine a buscar justificaciones para la intervención en Cuba, decretó la concentración de la población, que ocasionó enormes sufrimientos al pueblo de Cuba y sirvió de pretexto a Estados Unidos para establecer su primer bloqueo económico, lo cual dio lugar a una enorme escasez de alimentos y provocó la muerte de incontables personas.

Así se viabilizaron las negociaciones de París, en la que España renunció a todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba, después de más de 400 años de su ocupación en nombre del Rey de España a mediados de octubre de 1492, tras afirmar Cristóbal Colón: “esta es la tierra más hermosa que ojos humanos vieron.”

La versión española de la batalla que decidió la suerte de Santiago de Cuba es la más conocida, y sin duda hubo heroísmo  si se analiza el número y los grados de los oficiales y soldados, que en la más desventajosa de las situaciones defendieron la ciudad, haciendo honor a la tradición de lucha de los españoles, que defendieron su país contra los aguerridos soldados de Napoleón Bonaparte en 1808, o la República española contra la embestida nazifascista en 1936.

Una ignominia adicional cayó sobre el comité noruego que otorga los premios Nóbel, al buscar ridículos pretextos para conceder ese honor en el año 1906  a Theodore Roosevelt, que fue electo dos veces Presidente de Estados Unidos en 1901 y 1905. Ni siquiera había quedado clara su verdadera participación en los combates de Santiago de Cuba al frente de los Rough Riders, y pudo haber mucho de leyenda en la publicidad que recibió con posterioridad.

Yo sólo puedo dar testimonio de la forma en que la heroica ciudad cayó en manos de las fuerzas del Ejército Rebelde el Primero de Enero de 1959.

¡Entonces las ideas de Martí triunfaron en nuestra Patria!

Fidel Castro Ruz
Mayo 18 de 2010
6 y 12 p.m.
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