Domingo, 26 Abril 2009 12:06

Amores caribeños

Hay gente que se conforma con poco. Acostumbrados a ser tratados por Washington con latigazos y palazos, se alegran muchísimo cuando les dicen que no son pequeños sino compañeros, cuando les dan la mano y les sonríen, cuando el presidente estadunidense de turno, modestamente, se mete para la foto entre quienes, sin embargo, sigue considerando sus subordinados. Las buenas maneras y la cortesía inteligente les ocultan que todo sigue igual, porque hay uno que es más igual que los otros.

Como dijo Cristina Fernández: Barack Obama es producto de un proceso, no sujeto del mismo. El desastre político, moral y económico de las clases dominantes en Estados Unidos, en particular desde las presidencias de Clinton y Bush, produjo un deslizamiento social y político que no acaba aún de dar sus frutos. El presidente afroestadunidense nuevo en política fue una expresión de eso. Pero no hay que olvidar el día sin inmigrantes (una especie de huelga general masiva, sin precedentes desde hacía más de medio siglo), ni el hecho de que uno de cada tres negros esté preso o haya sido apenas liberado, ni que 500 mil estadunidenses estén entre rejas por narcotráfico ni que en Estados Unidos se construyan más cárceles que escuelas y sea el país del mundo con mayor número de presos. Recordemos que Franklin D. Roosevelt, empujado por la crisis (y por el grave y amenazante descontento social), tuvo que hacer, a la vez, el New Deal en lo interno y la Política del Buen Vecino, en América Latina, llegando a viajar a Argentina en los años 30 para tratar de apaciguar la oposición de gobiernos ni siquiera nacionalistas y progresistas que, ante los movimientos sociales y las rebeliones políticas, no podían seguir aceptando la política yanqui del Gran Garrote.

El misterio de por qué está Obama en el cargo del enano Bush y de por qué todos los gobiernos, hasta el de Calderón y el de Perú, tienen que pedir el fin del bloqueo a Cuba sólo existe para quienes sólo ven las personalidades y las instituciones, y no el movimiento profundo de la sociedad real. Si una fábrica de ventanas es ocupada en Chicago por sus trabajadores (inmigrados), con el apoyo de los sindicatos y hasta de Obama, es porque hay una ola de fondo que presiona sobre la costra institucional y que podría estallar el año próximo, si antes el gobierno de Obama (el del establishment capitalista) no consigue estabilizar mínimamente la economía y frenar la desocupación creciente. El problema entonces no es Obama, a pesar de su inteligencia, habilidad y simpatía. Él es representante de un sistema que hace y hará de todo para sobrevivir, y si arroja lastre por sobre la borda para no irse a pique no es porque haya cambiado su esencia sino porque se ve obligado a hacerlo por la desfavorable relación de fuerzas sociales. Ni los intereses estadunidenes, ni el imperialismo, ni el capitalismo dejaron de existir. Además, salvo los gobiernos de Bolivia y de Venezuela (y en parte de Ecuador) ninguno de los demás del ALBA, ni mucho menos de UNASUR, son anticapitalistas. Cristina Fernández y Lula dan dinero público a los bancos y a las grandes empresas, tal como hace Obama. O sea, tratan de salvar a los capitalistas, no de construir una alternativa, y de conciliar con el capital financiero y con las trasnacionales, es decir, con los culpables de la crisis, y mantienen las políticas neoliberales con algún maquillaje social mínimo. En Trinidad y Tobago se reunieron en realidad los representantes de un pasado en crisis (Obama y quienes concilian con Washington) con los de un futuro que todavía no toma formas claras, y eso no es poco y es lo nuevo.
La crisis continuará y afectará duramente la economía de Venezuela, Bolivia, Ecuador, países capitalistas con gobiernos antimperialistas y movimientos sociales objetivamente anticapitalistas. Si los cambios políticos no se profundizasen y afianzasen, entre las clases dominantes locales y el imperialismo podrían tratar de estrangular los procesos de cambio social. La derecha se está organizando y apoyando en vastos sectores de clase media, atemorizados y deseosos de orden, en Uruguay, Chile, Argentina, incluso Brasil, y los gobiernos capitalistas y neoneoliberales progresistas, que no son ni chicha ni limonada, no ofrecen garantía de continuidad. O los trabajadores, unidos a los sectores pobres y más avanzados de las clases medias, van más allá de esos gobiernos y ofrecen su alternativa antiimperialista y de cambio social, o la derecha puede intentar una revolución conservadora y reaccionaria construyendo un bloque social con las clases medias más acomodadas, como intenta hacer en Chile y en Argentina.

La idealización de Obama, el enamoramiento tropical, son algo peligroso. Porque incluso si Obama levantase el bloqueo a Cuba, la entrada en la isla de grandes capitales estadunidenses y de cientos de miles de extranjeros fortalecería a los sectores cubanos burocráticos partidarios de la vía china (mercado y gobierno duro) y una profunda división social del pueblo cubano, con la consiguiente despolitización, si junto con el levantamiento del bloqueo no se diese un salto en Cuba hacia la autogestión y la democratización de la vida política y del control popular sobre la burocracia y los privilegiados de todo tipo. Y en los demás países, mientras se siga pagando al capital financiero una deuda insoportable y financiando a las trasnacionales que mandan sus ganancias al exterior ¿cómo se puede hablar de independencia y soberanía?

Por, Guillermo Almeyra

 

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Jueves, 19 Marzo 2009 06:06

Muerte digna en Uruguay

El Congreso uruguayo sancionó la ley “de voluntad anticipada”, por la cual toda persona puede disponer por escrito su decisión de que su vida no sea prolongada artificialmente en una situación terminal, designando un representante para que haga cumplir esa voluntad. La misma ley autoriza a que, si el moribundo no manifestó su voluntad y se encuentra inconsciente, sean sus familiares quienes decidan discontinuar el tratamiento. Se anticipó que el presidente Tabaré Vázquez no vetará la ley. En la Argentina, sólo la provincia de Río Negro dispone de una legislación similar. Una normativa como ésta hubiera impedido, en Italia, el escándalo que suscitó el retiro de soportes artificiales al cuerpo de Eluana Englaro, que llevaba 17 años en coma irreversible.
 
La “voluntad anticipada” se otorga ante dos testigos; “también podrá manifestarse ante escribano público”, y “deberá ser incorporada a la historia clínica del paciente”, según la flamante ley. Esta voluntad “puede ser revocada en forma oral o escrita en cualquier momento”. En el documento que la exprese, “se deberá incluir el nombramiento de una persona denominada representante, mayor de edad, para que vele por el cumplimiento de esa voluntad, en caso de que el titular se vuelva incapaz de tomar decisiones por sí mismo”.
 
Además, “en el caso de que el paciente, en estado terminal de una patología incurable e irreversible, no haya expresado su voluntad y se encuentre incapacitado de expresarla, la suspensión de los tratamientos o procedimientos será una decisión del cónyuge, concubino estable o familiares en primer grado de consanguinidad, a propuesta y con el aval del médico tratante”, precisa la ley.
 
En todos los casos, “el médico deberá comunicarlo a la comisión de bioética de la institución”. La ley admite una posible “objeción de conciencia por parte del médico tratante”, en cuyo caso dispone “su subrogación por el profesional que corresponda”.
 
La norma advierte que “las instituciones públicas y privadas de salud deberán garantizar el cumplimiento y proveer programas educativos para su personal y usuarios sobre los derechos del paciente que estipula la presente ley”. Fuentes del Ejecutivo uruguayo anticiparon que –a diferencia de lo que sucedió con la que autorizaba el aborto– el presidente Tabaré Vázquez promulgará esta ley, que fue cuestionada por sectores católicos como la Mesa Coordinadora Nacional Provida.
 
Para Carlos Gherardi, director del Comité de Etica del Hospital de Clínicas de la UBA, “lo más importante de esta ley es que otorga poder a la familia para decidir. Es frecuente que estos pacientes no estén en condiciones de hacerlo, por hallarse en coma u obnubilados por las drogas que suelen usarse en terapia intensiva. Entonces, el que debe decidir es, primero, quien cuida y atiende al paciente, que es habitualmente el cónyuge o compañero; si no, los hijos; después los padres o los hermanos”.
 
“Ese orden de prioridad es el que establece, por ejemplo, la ley de trasplantes argentina, cuando se trata de decidir sobre la donación de órganos de un fallecido. Importa porque, en estos temas, la unanimidad familiar puede no lograrse”, observó Gherardi, autor del libro Vida y muerte en terapia intensiva, y aclaró que, en cuanto a la ley uruguaya, “no corresponde el término ‘eutanasia’, ya que no se trata de matar ni de dejar morir, sino de permitir morir”.
 
En nuestro país no existe todavía una ley nacional como la que acaba de sancionarse en Uruguay. La única ley provincial comparable rige en la provincia de Río Negro. En la provincia de Buenos Aires, el Colegio de Escribanos formalizó su disposición a dar fe de un “testamento vital” similar al planteado por la ley uruguaya. Por lo demás, desde luego, todo ciudadano tiene derecho a dejar formulada su voluntad ante escribano público.
 
De haber existido en Italia una ley similar a la uruguaya, no se habría generado ningún conflicto público tras la decisión del padre de Eluana Englaro –en coma irreversible desde hacía 17 años– de retirarle los soportes artificiales.

Por Pedro Lipcovich
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Miércoles, 04 Febrero 2009 05:28

Muerte digna, último capítulo

La italiana Eluana Englaro tiene 38 años y desde hace 17 está en estado de coma vegetativo. Su padre, Giuseppe, ha luchado una década entera para que reciba una muerte digna y consiguió una sentencia favorable del Tribunal Supremo de Italia a fines de 2008. Ayer, la mujer llegó en una ambulancia a la clínica La Quiete, en Udine, donde en los próximos días será desconectada de la sonda alimenticia. Eltraslado fue el principio del fin de un debate en el que se enfrentaron sectores conservadores y la Iglesia Católica con quienes piden que se respete la decisión de la familia de la joven de aplicar la eutanasia.

 

El viaje de ida comenzó en la clínica Lecco, cerca de Milán, donde Englaro pasó los últimos días atendida por monjas mientras se decidía en qué lugar iba a ser desconectada. En las puertas de ese sanatorio se reunió un grupo de manifestantes del Movimiento a favor de la Vida que protestó contra el traslado e incluso intentó detener la ambulancia. El centro médico La Quiete decidió atender el caso hace algunas semanas: explicaron que Englaro no será desconectada de inmediato, sino que esperarán tres días hasta que un equipo de voluntarios le retire, de manera progresiva, la alimentación e hidratación asistida. Según los médicos, Eluana puede tardar quince días en morir.

 

La Quiete es una casa de cuidados para ancianos financiada por el Ayuntamiento de Udine, que se animó a cumplir con la sentencia del Tribunal Supremo, pese a la circular del Ministerio de Sanidad del pasado 17 de diciembre, en la que se prohibía a cualquier centro médico público o privado interrumpir la alimentación a pacientes en estado vegetativo. Los voluntarios depositaron en los juzgados de Udine un protocolo médico detallado en el que se explica cómo se procederá para evitar posibles denuncias. Eluana fue alojada en el departamento de los enfermos de Alzheimer y diez hombres vigilan su “privacidad”.

 

La primera sentencia favorable para la familia de la joven llegó en julio de 2008, cuando el Tribunal de Apelación de Milán dictaminó que se podía retirar la sonda que mantiene con vida a Eluana y en noviembre el Tribunal Supremo ratificó este fallo, el primero en Italia, que sentó importante precedente jurídico. Entre las adhesiones que recibieron los voluntarios figuran la de Anna Finocchiaro, líder opositora al frente del Partido Demócrata (PD), quien pidió “silencio y respeto ante el dolor inmenso” de los familiares de Eluana. También el presidente de la Cámara de los Diputados, Gianfranco Fini, pidió respetar la decisión de los padres.

 

El responsable del equipo de voluntarios, Amato De Monte, admitió en una entrevista televisiva que se encuentra “devastado como hombre, como padre, como médico y como ciudadano”, pero sus sentimientos, afirmó, “pasan a un segundo plano ante el dolor de la familia Englaro”. De Monte, que dirige el departamento de anestesia del hospital Santa María de la Misericordia de Udine, también declaró que “Eluana no sufrirá porque está muerta desde hace 17 años”. Esta frase dio pie a una contrapropuesta de quienes se oponen a la eutanasia.

 

El presidente de la sociedad médica interdisciplinaria Prometeo Galileo, Luca Puccetti, pidió en “nombre de la ciencia” que se “monitoree la actividad cerebral de Eluana Englaro en el momento en que se le interrumpa la alimentación y la hidratación mediante una resonancia magnética funcional”. Puccetti estimó que ésta es la única forma de “saber si sufre cuando le desconecten la sonda”. Mientras tanto en el Vaticano, el cardenal mexicano Javier Lozano Barragán, cuyo cargo es un equivalente al “ministro de Sanidad”, exigió detener “la mano asesina” que desconectará a Eluana. En Roma, simpatizantes de la asociación Pueblo de la Vida consideraron que ésta es la primera ejecución capital de la historia de Italia y pidieron a los romanos que enciendan una vela y la coloquen en sus ventanas para evitar que “se apague la esperanza de la vida”.

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Domingo, 04 Enero 2009 10:36

La digna rabia y la otra política

Para algunos, el levantamiento del EZLN en 1994 se inscribe dentro de los proyectos fracasados. El adormecimiento de las conciencias y creer vivir en el mejor de los mundos posibles arranca este perfil de crítica fácil, llena de resentimiento. No había motivo para la insurrección y si los hubo se perdieron en el camino. En quince años han cometido muchos errores, han perdido apoyo y mueren de éxito. El mayor, el enfrentamiento entre su dirigencia y el candidato Andrés Manuel López Obrador en las pasadas elecciones presidenciales. No prestaron su colaboración, su militancia no hizo campaña y además utilizó un lenguaje soez. Por ello, son responsables de su derrota. ¿Pero había que apoyarlo? El PRD, junto al PAN y el PRI, traicionó los acuerdos de San Andrés, pero tal acontecimiento pasa desapercibido.

Sin embargo, al EZLN se le acusa de todos los males existentes en México. Desde el narcotráfico hasta la violencia terrorista. Para sus detractores, el EZLN ya gozó de sus quince minutos de gloria. Hoy se ha convertido en un tour político para ONG europeas. En esta dirección la ristra de exabruptos es variada y confluyen en un tópico: la obligada disolución. Sólo intelectuales desfasados creen en el colonialismo interno. La lucha de clases está en la mente calenturienta de subversivos, nostálgicos del comunismo o terroristas. Las esperanzas de un mundo sin explotación no forman parte del horizonte histórico de los mensajeros de la derrota.

Entre quienes defienden esta postura se afianza la idea mayoritaria de vivir en un mundo tolerante. Nada impide dialogar. Hoy, todo es negociable. Póngale precio a la dignidad, se dice. Los sicarios y las meretrices de la política se especializan en buscar acuerdos. En caso de no hacerlo se bombardea y se aniquila el problema. Gaza, sin ir más lejos. La tolerancia es cero con el diferente.

Mientras tanto, la vía para encauzar la paz, son los partidos políticos atrápalo todo, y el espacio reconocido, las instituciones dependientes de la división de poderes. Así, los regímenes liberal-representativos se enorgullecen de poseer un Legislativo que legisla, un Judicial que administra la ley y un Ejecutivo con poder de mando. Por ello, cuando hay conflictos se articulan consensos. Para eso están los entresijos del sistema. No hace falta recurrir a la fuerza bruta; está reservado para los insumisos, los inconformistas. Es de mal gusto, de indios incivilizados, no aceptar acuerdos, aunque después no se cumplan. Por ese motivo se les pueden ningunear sus derechos durante más de quinientos años. Son ariscos, broncos, no atienden a razones; en definitiva, necesitan látigo. Así se justifican matanzas como Acteal, el acoso militar, y se puede imputarles ser indignos de considerarse mexicanos.

Es más, son autonomistas, y por ello pueden ser objeto de legítima persecución. Es cuestión de miras. Estos argumentos se utilizan en muchos países. En Chile se aplica la ley antiterrorista impuesta por la dictadura de Pinochet en 1984. Hay doscientos cincuenta mapuches presos en 2008, víctimas de esta ignominia por defender su territorio de la esquilma de las papeleras y las empresas hidroeléctricas. En Colombia, bajo el concepto de la democracia preventiva, el presidente Álvaro Uribe utiliza a las fuerzas armadas para disolver una gran marcha de protesta en diciembre de 2008; la muerte de una decena de dirigentes indígenas del Valle del Cauca es su resultado. En Perú, desde el gobierno de Fujimori, pasando por Toledo y ahora con Alan García, un tercio del territorio amazónico, 25 millones 456 mil 843 de hectáreas son cedidas a Shell, Repsol, Elf, Mobil, para la prospección de hidrocarburos, afectando a los pueblos indios hasta condiciones de hambruna e migración. En Guatemala, los pueblos mayas siguen siendo víctimas de la represión militar y de los ganaderos oligarcas coadyuvados por los partidos, y los sindicatos blanco-mestizos. En Honduras se les desconocen derechos y en Panamá se les considera un reducto para el turismo, no menos que en Costa Rica. En Brasil, la colonización los expulsa y los arrincona. La exportación de los agrocombustibles es la moneda de cambio. En Argentina los mapuches son perseguidos como en la guerra de la pampa a mediados del siglo XIX. Todo en nombre del progreso técnico. Se reproduce el lema: civilizar es poblar y no hay mejor poblador que el hombre blanco y su tecnología. La soya, el gas, el petróleo, el agua. El etnocidio no escandaliza si hay una razón de peso. Y la acumulación de capital es suficiente. Lo fue la explotación de plata en Potosí y Zacatecas introduciendo la mita y la encomienda, y lo es hoy el saqueo y la expoliación de sus riquezas, sus reservas y la destrucción de su hábitat. Ello forma parte del control ejercido por las transnacionales de la agroalimentación y los fertilizantes, los bancos que monopolizan los créditos y las grandes empresas distribuidoras de supermercados en las ciudades. Un circuito donde se observa con claridad la consolidación de la flexibilidad laboral, el despido libre y la semi-esclavitud inherente a la economía de mercado.

La lucha es desigual. Las promesas realizadas desde el poder central, o regional, caciquil o terrateniente han terminado siempre en traición. Nunca se han respetado los acuerdos. Siempre han existido inconvenientes para ponerlos en práctica. Demasiado pronto o demasiado tarde. Es la ley de los conquistadores. Pero hay que seguir peleando, de ahí nace la digna rabia. No es un berrinche, un enfado, no es envidia. Es coraje, es pundonor. No se confundan. La rabia emerge como una opción, una oportunidad, en una acción que reivindica el fin del colonialismo. Primero se manifestó contra los españoles y hoy se enfrenta a los criollos oligarcas y terratenientes apoyados en sus aliados, las empresas trasnacionales farmacológicas, de comestibles, de agroquímica, de biotecnología. Hoy 10 de las cien primeras controlan entre 35 y 40 por ciento de las ventas de alimentos.

Marcos Roitman Rosenmann / I

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La fecha establecida fue el 12 de octubre. Memoria de dolor y resistencia. Tal como lo habían acordado, en ese mismo día y en la hora prevista, sus pasos pisaron fuerte, recorriendo el país por todos sus costados. Por todas sus regiones se sentían y se veían cuerpos maltratados por la exclusión y la pobreza.

Cuerpos cargados de decisión y dignidad. Minga indígena. Por el norte, hasta Riohacha, llegaron los Wayuú. Los embera se concentraron en Quibdó. Los Barí avanzaron por Norte de Santander. Emberas-Katíos hicieron presencia en Sincelejo. Emberas-Chamí taponaron carreteras por Risaralda y Caldas. Nasas y Yanaconas coparon carreteras en el Cauca. Los U’wa hicieron sentir su caminar en Boyacá. Cada uno hizo lo que su fuerza le permitía, pero también lo que le aconsejaba su reconstitución como pueblo activo y en resistencia, menguados por el paramilitarismo y la ofensiva capitalista tras inmensos proyectos productivos.

Movilización para demandar justicia. Uno a uno los gritos se escuchaban y las demandas se precisaban. Lo hacían como nunca antes había sucedido: en unidad y coordinación entre el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) y la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC). Por su experiencia y la cantidad de su población, el mayor ritmo lo impuso la movilización indígena, campesina y popular en el Cauca. Allí se hizo nítido que la Minga se iniciaba y mantenía, entre otros, por: liberación de la Madre Tierra, contra el TLC, por el desmonte de las leyes que despojan a las comundiades rurales, por la restitución del buen nombre.

Emboscada para violentar


La Minga retoma calles y autopistas, luego de cuatro años. En 2004, el pueblo Nasa había llevado a cabo el Congreso Itinerante, que no alcanzó a instalar un Congreso de los Pueblos en Cali. Pero el mensaje había sido sembrado. Luego desataron la campaña por la “liberación de la Madre Tierra”, fruto de la cual dos indígenas resultaron asesinados y otros cientos heridos, reabriendo ante el país el debate sobre tierra y territorio.

Una clara vocación de ser gobierno y ser poder. No esperar más dilaciones en los acuerdos de tierras irrespetados por el Gobierno. No morir esperando lo que no habrá de llegar. Luchar. Y así ha sido. Una y otra vez las haciendas La Emperatriz y El Japio, además de muchas otras, han sido epicentro de acciones de copamiento por parte de sus propietarios históricos. Una y otra vez han sido desalojadas por la acción violenta del Esmad y de unidades del Ejército.

La lucha ha sido intensa, pero se requieren otras acciones y otros métodos para concretar esas aspiraciones. Por ello, ahora, con la Minga indígena, con sentido cada vez más popular, el debate se hace de cara a todo el país. El gobierno nacional teme a esta posibilidad, y por ello su decisión de emboscar y destruir.

No diáloga. Ataca. Esa fue la decisión tomada para el 14 de octubre, día definido por los Nasa para emprender la parte correspondiente de la Minga en el Cauca. Ese día, sin medir palabra, centenares de fuerzas combinadas del Esmad de la Policía y el Ejército, atacaron con la decisión de desvertebrar la protesta. Retomaban la enseñanza del ataque ejecutado en 2006 en igual territorio, cuando destruyeron, junto con toda la infraestructura allí levantada, la protesta indígena.

Pero la historia no es lineal. Con una cantidad muy superior de participantes en la nueva protesta, los indígenas resistieron el ataque, impidiendo el desalojo. El cálculo oficial fracasó y la Minga se cualificó, además de multiplicarse en miembros. Los 10 mil iniciales ahora eran muchos más.

Con el paso de los días, se hizo claro que era un movimiento indestructible. Sus pasos se dirigieron hacia Cali, donde ya eran 40 mil, entre nativos, estudiantes, trabajadores en paro en el sector del azúcar, educadores, etcétera.

La voz ganaba tono: “No venimos a pedir. Exigimos”, así, con seguridad, lo expresaban los voceros de la movilización. Y el Gobierno tuvo que ceder. Entre dilaciones y espectáculo, como está acostumbrado, quiso reducir el debate demandado por los indígenas, para que “restituyan nuestro buen nombre, aclaren quién es el violento y terrorista, no pongan en marcha el TLC con los Estados Unidos…”. Sin embargo, las maniobras operativizadas por el Ejecutivo chocaron con la resistencia.

“Uribe tiene que venir a territorio indígena para discutir lo que estamos demandando”. Y lo que no había sucedido hasta entonces, se hizo realidad. El 2 de noviembre llegó el Presidente a La María, para discutir por fuera de un consejo comunitario, ese espacio que él manipula y controla a su antojo. Y ante las denuncias de los pobladores históricos del Cauca, se deshizo en disculpas y respuestas llenas de vaguedades, que evidenciaron los dos países realmente existentes en esta parte del hemisferio: el oligarca, terrateniente y especulador, aliado de los capitales internacionales, sometido al poder del Norte, y el popular, desposeído de tierra, sin trabajo bien remunerado, perseguido por protestar, inculpado de terrorismo cada que reclama dignidad.

Sin acuerdo alguno, la Minga tenía que proseguir. Y el 9 de noviembre, hombres y mujeres provenientes del Cauca y el Valle del Cauca, se reencontraron en la Universidad del Valle. El 10 ya estaban en Palmira, visitaron de manera solidaria a los huelguistas del ingenio Manuelita, intercambiaron con ellos realidades y se brindaron voces de respaldo. El 11 hicieron presencia en Armenia. El 12 brindaron su voz de apoyo a los desplazados por el Volcán Machín, y se impusieron al Esmad y los carabineros que intentaron evitar su ingreso en Ibagué. El 13 recordaron en Chicoral que el problema de tierra en Colombia fue profundizado allí por el acuerdo terrateniente y oligarca de 1972.

Y mientras así se avanza, más delegaciones se suman a esta Minga indígena, cada vez más popular. Las voces solidarias se acrecientan y el cuerpo de la demanda se ensancha. Con cada nueva población visitada; con cada intercambio sostenido con viviendistas, pobladores, campesinos, estudiantes, la agenda se hace más amplia pero también más explicita: requerimos una conjunción de movimientos sociales, una coordinación expedita de luchas pero también un referente de poder que nos permita enrutar todos los esfuerzos hacia un solo propósito: reconstruir el país para todos, con sentido real de justicia, soberanía y dignidad.

Cuando la Minga pise Bogotá, este río humano deberá deliberar y poner un reto muy alto para las direcciones de todos los movimientos sociales, pero también para la de los partidos: conformar un Parlamento de los Pueblos que nos permita deliberar, en perspectiva de una nueva Colombia, con autonomía, y tomar decisiones estratégicas que impliquen un accionar común, como un solo cuerpo, decididos a ser gobierno y ser poder.

Entrevista con la Consejera Mayor Aida Quinqué

Julián Carreño: Ustedes tuvieron reuniones previas a la Minga, evaluaron la fuerte represión y la violencia que sufren desde el Estado. ¿Qué los llevó a tomar la decisión de hacer esta nueva fase de la Minga y marchar masivamente hacia Bogotá?

Aida Quinqué: La movilización de los pueblos indígenas es permanente en el Cauca. Hemos estado en el proceso de liberar a la Madre Tierra, exigiendo puntuales acciones jurídicas y políticas, entre ellas la Minga. ¿Por qué queremos ir con la Minga a Bogotá? Porque vale la pena llegar hasta los colombianos. Muchos no entienden aún el problema de la tierra y, fuera de no entenderlo, tienen una mala imagen del indígena y las comunidades rurales, como la venden la institucionalidad y el gobierno: ladrones, delincuentes, terroristas, salvajes… nunca se sabe en verdad quiénes somos.

Hacemos el ejercicio de llegar precisamente a esos pueblos en los que ve ese miedo al indígena, aclarándoles que somos iguales a todos: con expectativas y derechos que se deben exigir en el marco indígena, campesino, afrocolombiano, urbano y social.

Ese es el caminar de la palabra. Con la política de Estado, nos asesinan; nos matan con las leyes, con la política de ‘seguridad democrática’, con el desplazamiento forzado y con el tema de las víctimas. Entonces, la Minga es eso. Encontrarnos con los otros; que cuenten su historia, su experiencia, y que podamos compartir y de ahí empezar a generar una política incluyente, que nazca desde la propia gente.

JC: En 2004 se realizó un Parlamento de los Pueblos Indígenas y se ha avanzado en lo del gobierno autónomo. Al respecto, ¿cuáles son los objetivos concretos de esta Minga?

AQ: Hemos hecho el Parlamento Indígena y Popular porque nosotros también somos gobierno y como tal podemos legislar. Consideramos que en el marco de la legislación indígena defendemos nuestra autonomía y nuestra autoridad. Por eso hablamos de desobediencia civil. No nos sometemos a normas que nos reprimen y violan los derechos. La idea es que, al hablar de lo popular, todos los colombianos se opongan a las políticas de agresión, muerte, negación, como la contrarreforma agraria. Esas son parte de las propuestas construidas, propuestas, desde nuestro Parlamento.

Por ello, así como los terratenientes y los grandes politiqueros llegaron a Chicoral en 1972 y dijeron: ¡No más reforma agraria, ni para los indígenas ni para nadie!, venimos a decir que sí debe haber reforma agraria popular. Y que no son unos pocos los que deciden; es el pueblo mismo el que decide.

Otro objetivo es seguir el debate, cara a cara, pero ya no sólo como hicimos en La María sino que asimismo debe ser mucho más amplio, y en el que muchos expresen su sentir y le digan al Presidente lo que pasa en Colombia.

JC: En términos de la experiencia, ¿cómo ve el desarrollo de la Minga, qué respuesta encuentran?

AQ: Variadas reacciones. Mucha gente nos espera con buenas expectativas y esperanzas en esta Minga; pero también gente con odio, dolor, mucha gente que aún considera que los indios somos un problema para el país. En términos generales, digo que vamos bien, ganando puntos en cuanto a la desobediencia y la resistencia civiles.

JC: Para el país es claro que los indígenas son una fuerza de resistencia. Aquí hay por lo menos  5.000 personas. ¿Cree usted que más gente seguirá sumándose?

AQ: Se van a sumar más. Vienen compañeros del Cauca y otras regiones. Guardamos la esperanza de que en Bogotá no seamos sólo indígenas. Habrá estudiantes, sindicatos, y eso nos anima mucho porque eso es la Minga, la cual ya no debe ser sólo indígena; debe ser eminentemente social. Creo que vamos a ser muchos los colombianos que, a partir de la Minga, construiremos y mostraremos una cara diferente del país.

JC: En la discusión de Chicoral el 13 de noviembre se planteó retomar los diferentes mandatos, el Mandato Rural Campesino, el Mandato que surgió con el Parlamento Indígena, para un pacto social conducente a una reforma agraria popular. ¿Es viable?

AQ: Es posible. Nuestros mayores nos enseñan que la persistencia es legítima. No es lo que digan la ley o el Estado. La ley y el Estado sí, siempre y cuando defiendan los derechos de todos. El pueblo tiene que levantarse. No es posible que sigamos sometidos a un sistema de esclavitud y de muerte. Creo que los colombianos deben despertar su corazón, y esto implica despertar para denunciar un sistema que nos aniquila. Hay mucho miedo, pero esto hace parte del proceso; también debe darse el de la resistencia.

JC: ¿Cómo ve el ánimo de los delegados de los distintos resguardos indígenas?
AQ: La gente está animada. Veo a los jóvenes y los mayores con mucha, mucha fortaleza.


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Publicado enEdición 140
Martes, 11 Noviembre 2008 11:08

La Minga indígena y popular llega a Palmira

La Minga retoma sus pasos. Tras 15 días de consultas con las comunidades y del fracasado debate con el presidente Uribe. El domingo 9 de noviembre en horas de la tarde, comuneros provenientes de todos los Cabildos indígenas del Cauca, cargados con maletas y ollas de todo tamaño, comenzaron a llegar a la sede de la Universidad del Valle. Hombres y mujeres, jóvenes y niños, pelo liso y rostro cobrizo quemado por el sol. El arribo de las delegaciones, se extendió hasta el lunes 10, cuando en horas de la tarde se alistaron para salir hacia la ciudad de Palmira.

Recibidos por los estudiantes, los cuales mostraron en todo momento su entusiasmo por la presencia de la Minga en sus instalaciones, marcharon por la avenida primera y quinta, hasta arribar a los alrededores de la terminal de transporte, donde se abordaron chivas y camiones que los llevarían a su destino en esta primera jornada que terminará en Bogotá entre el 20 – 22 de este mismo mes.

Distante de Cali 55 kilómetros en línea recta, sembrados casi en su totalidad de caña de azúcar, Palmira vive en la actualidad la cotidianidad de la lucha de miles de obreros de la caña, levantados contra la opresión y la explotación. Respirando ese aire de resistencia, la Minga arribó en las primeras horas de la noche al coliseo municipal, donde se instalaron cocinas y carpas. Mientras unos alistaban los alimentos, otros integrantes de la Minga marcharon hasta el parque principal de la municipalidad, para dejar testimonio de su presencia y el propósito de la misma.

La noche transcurrió con la frescura de noviembre. El martes, luego de los arreglos básicos, y marcando el reloj las ocho de la mañana, los cientos de indígenas y estudiantes empezaron la marcha hasta el ingenio Manuelita, para evidenciar su solidaridad con el paro y para intercambiar experiencias con los obreros agrícolas.
Mientras se avanzaba se conocía de combates entre la guerrilla y el ejército en el departamento del Cauca, Municipio de Caloto, en la orilla de la carretera que cruza por la hacienda La Emperatriz, en los cuales, según las informaciones oficiales, perdieron la vida dos soldados y otro salío mal herido. La preocupación recorre los rostros de los indígenas que saben por propia experiencia de la sindicación oficial que se les hace de “terroristas”, y como un suceso como éstos sirve para justificar señalamientos, persecución y violencia contra su integridad.
Ahora esperan, que al dialogar con los trabajadores, la confianza se multiplique. No es para menos, 55 días de paro soportando amenazas y presiones es un ejemplo digno de retomar. Con las palabras de los obreros agrícolas, la inquietud por los combates alrededor de sus territorios se disipara y se acrecentará la confianza en la justeza de la lucha por la libertad de la madre tierra, contra el tlc, por el desmonte de las leyes que entregan los recursos naturales a las multinacionales, y otros propósitos que animan el paso a paso hacia Bogotá.


Agenda: Recorrido hacia Bogotá


1 
Cali – Palmira
2  Palmira – Armenia
Armenia – Ibagué
4  Ibagué –  Chicoral – Gualanday
4  Gualanday – Fusagasugá
Fusagasugá – Silvania
6 Silvania – Subia
8  Subia – Granada
8  Granada – Soacha
9  Soacha – Bogotá

Nota: en cada estación la Minga Indígena y popular se movilizará por la cabecera de las municipalidades y llevará a cabo intercambio de experiencias con los movimientos sociales locales. Al llegar a Bogotá, se deberá realizar un gran encuentro social y popular que podría tomar las veces de un Parlamento de los Pueblos.

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