Gustavo Petro: “No traicionaremos…”

El festejo fue, es y será intenso. Una multitud de gentes, mujeres y hombres de todas las edades pero en su mayoría jóvenes, coparon las calles, avenidas y parques de sus ciudades y barrios de residencia. El alborozo no era –es– para menos: con 11’281 mil dos votos –50.44 por ciento– Gustavo Petro, cabeza del Pacto Histórico venció a Rodolfo Hernández que alcanzó el apoyo de 10 millones 580 mil 399 sufragantes –47.34 por ciento. La radiografía del país quedó refrendada, placa también tomada el pasado 29 de mayo, y el reto de una línea de gobierno que logre unir sus partes queda como uno de los mayores quehaceres de quienes fueron favorecidos por la voluntad popular. (Ver editorial desdeabajo Nº292, "Zurcir con la totalidad que somos")

Un triunfo alcanzado en segundo vuelta, con la movilización decidida de la juventud factor determinante en el resultado final, y el crecimiento de más de 2 millones quinientos mil votos a favor del Pacto Histórico entre esta ronda y la primera, rompiendo de esta manera el mito sobre el techo de la izquierda (enlace artículo ¿Momento o techo de la izquierda?. El aumento experimentado por Rodolfo Hernández también fue mayúsculo –4.641.514 votos– pero no suficiente para ser elegido, pero sí para que los movimientos sociales no pierdan de vista el país que dibujó esa campaña y se pregunten por cómo concitar esos millones de personas, y lograr su participación en la agenda de cambio que Colombia requiere.

Una ruptura del techo histórico lograda por la acción decidida de quienes podemos denominar como fuerza sociopolítica del cambio. Conmovida por el triunfo logrado mucha de ella, para el caso de Bogotá, pasadas las 4 de la tarde, vitoreaba al interior de los buses de Transmilenio cada que escuchaba el reporte del Consejo Nacional Electoral, al tiempo que desde el interior de las estaciones de los buses formaba con sus manos corazones y se estrechaba en viva voz con el “tenemos Presidente” que salía por las ventanas de los buses.

Una marea humana, como si de un evento deportivo se tratara, también transportada en vehículos particulares y con destino hacia el sitio contratado para recibir el resultado final de la jornada electoral. Cientos, miles de personas, con rostros alegres, con ojos vivaces, gozosos, radiantes por que por primera vez el país, ellos y ellas, tienen un presidente –pero también una vicepresidenta– del pueblo y que los reivindica.

A ellos y a ellas, a lo largo del país, se refirió Gustavo Petro en la primera parte de su intervención para celebrar lo que también él valoró como un logro histórico, para unos segundos después asegurar: “No traicionaremos a este electorado…”.

Un electorado que también está integrado por decenas de activistas que han acompañado al ex M-19 en más de cuatro décadas de lucha: “Vencimos […] son más de 40 años de lucha”, dijo a las afueras del Movistar, coliseo donde se congregó la multitud para celebrar, Gloria Carreño, profesora y activista que no ha dado el brazo a torcer en todos estos años de resistencia y construcción por el cambio y que esta vez, como lo hizo hace cuatro cuando el triunfo se escabulló, portaba la bandera del M-19.

Cientos, miles de personas, unas lograban ingresar a la celebración y otras, al no poder ingresar tomaban rumbo hacia la Plaza de Bolívar, con la esperanza de que la fórmula Gustavo Petro–Francia Márquez finalmente llegaran allí para festejar. Con seguridad, en su alborozo no escuchaban lo que decían desde seguridad: “La celebración no puede darse allí pues no hay despliegue para eliminar los riesgos de seguridad”.

Mientras unas y otros seguían bregando por ingresar, o retomaban rumbo por la Avenida 30 hacia el centro de la ciudad, Francia Márquez empezaba a celebrar el suceso, acompañada con total fuerza y convicción por una juventud feminista que ve en ella la posibilidad de profundizar la lucha contra el patriarcado, contra la desigualdad salarial, contra la violencia de género, pero también contra el racismo y la exclusión social. “Acabaremos con el patriarcado…”, aseguró la hoy vicepresidenta y futura Ministra de la Igualdad.

Sus palabras fueron breves pero suficientes para que las 14 mil personas que abarrotaban el coliseo la ovacionaran, en un reconocimiento a lo que su liderazgo significó para este triunfo, y a la inmensa responsabilidad que llevará sobre sí en los cuatro años que siguen, una carga que seguramente reposará en gran medida en su comunicación, conexión y coordinación con los movimientos sociales para que el gobierno no quede secuestrado por las redes clientelistas que también integran y están en el interior del Pacto Histórico.

Con sensibilidad de lidereza y agilidad política, al ver que Petro llegaba al recinto, junto con su familia, saludó al nuevo Presidente, “[…] a nuestro Presidente…” y le cedió la palabra, destacando éste desde un primer instante el propósito que fue uno de los ejes programáticos de la campaña: “[… ] Colombia, potencia mundial de la vida…”, con sus tres soportes: paz, justicia social, justicia ambiental.

La seguridad de sus palabra es recibida con entusiasmo por la concurrencia, a cuyos vítores debe imponerse con voz pausada: “(y para hacer realidad este propósito vamos a sellar) un acuerdo nacional, construido desde las regiones, con poder de mandato” […]. Un acuerdo nacional para construir la paz. Desde el 7 de agosto, paz integral para Colombia…”. Un propósito inmenso y que desde ya le abre un reto a los actores sociales.

¿Cómo recibirán las fuerzas alzadas en armas, entre ellas el Eln, este mensaje? El lunes 20 esta organización alzada en armas se expresó en un corto mensaje al país que titula “Vamos con los cambios y la paz” y en el cual, luego de algunos planteamientos de línea programática y retos estructurales que deberá encarar y resolver el nuevo gobierno, asegura:

“Si el Presidente elegido se posesiona el 7 de agosto para hacer los cambios que nos encaminen a superar el clientelismo y sacar la violencia de la política, avanzar en planes de inclusión social que contemplen empleo y emprendimientos para las mayorías, un plan de Reforma Agraria, un nuevo modelo de lucha contra las drogas y le da continuidad al Proceso de paz, Colombia tendrá un Gobierno respaldado por el movimiento popular, pero si se instala para hacer ‘más de lo mismo’ tendrá al pueblo en las calles reclamando cambios con más vehemencia que en 2019 y 2021”.

Comunicado que cierra llamando a retomar la agenda de diálogo iniciada en el 2017: “El ELN mantiene activo su sistema de lucha y resistencia política y militar, pero también su plena disposición para avanzar en un Proceso de Paz que dé continuidad a la Mesa de Conversaciones iniciada en Quito en febrero de 2017”.

Es una agenda y un modelo de negociación que, como es público, tiene diferencias notables con la seguida por las Farc, y que las llevó a su desmovilización. ¿Qué deberá esperar el país con respecto a nuevas agendas de negociación? ¿Cómo serán incluidas en ello las llamadas “disidencias” de las Farc? ¿Cómo los actores paramilitares.

Paz, justicia social, acuerdo nacional, acuerdos regionales, una agenda que permite deducir que hay un reconocimiento desde el próximo mandatario que sin movilización social no será posible gobernar, no será factible vencer las fuerzas del poder profundo que controlan economía, burocracia, fuerzas armadas, justicia, y mucho más. Según Petro, en lo caso de lo regional, se trata de “[…] diálogos regionales, que den pie para las reformas que necesita Colombia para construir la paz”. Reformas para tener “[…] derechos constitucionales vivos; derechos constitucionales vivos; una Constitución viva que pueda realizarse cada día”.

Un propósito imposible de concretar si los actores sociales pierden su autonomía frente al poder e iniciativa –así ese poder hoy esté en manos de dos de los suyos–. En este sentido, tal vez le faltó decir al hoy ungido jefe de Estado: “A esa marea juvenil que decidió hoy tomarse las urnas […] si nos equivocamos confróntenos, si dudamos, empújennos…”, recordándoles que un gobierno de real talante democrático debe ser del pueblo, con el pueblo y para el pueblo.

Retos inmensos todos estos, pero que pueden hacerse realidad toda vez que Colombia cuenta hoy con un ascendente social, en creciente desde hace varios años, que con fuerza y constancia paralizó al país en el 2021 durante varias semanas. Fuerza social juvenil, en su mayoría, que como lo anunció con estadísticas el mensuario Le Monde diplomatique edición Colombia en la edición en circulación, un importante porcentaje de esa juventud que en primera vuelta había votado por Rodolfo Hernández, al ver que había recibido el apoyo de la derecha uribista, le quitó de inmediato su apoyo y giró hacia la campaña del Pacto Histórico.

Esa reacción la marcaron las encuestas. Como también marcaron, y lo aseguró Libardo Sarmiento en ese artículo, la abstención se reduciría y ese quiebre favorecería a quien venció en las urnas. Además de recordar que el ascendente juvenil era el sector social en Bogotá, lo cual también fue ratificado por los resultados alcanzados en la capital del país.

Bien, sin el control y movilización constante de esa inmensa marea, como de otros sectores sociales que están por un cambio real en el país, profundo, no es posible concretar un gobierno del cambio, un gobierno que logre prolongarse más allá de un periodo electoral, y hacerse fuerza autónoma, cooperativa, solidaria, interrelacionada entre experiencias a lo largo de todo el país, conformando órganos paralelos de gobierno en los territorios, etcétera, para así gobernar más allá del centro político y más allá de un periodo de tiempo dado, consciente que en otra campaña electoral el Ejecutivo puede ser retomado por los poderes tradicionales.

Acción crítica, constante. Mandar obedeciendo. El realismo político, tratar de equilibrar por ‘arriba’ puede tender un distanciamiento entre gobierno y actores sociales, por eso es importante que la sociedad no deje de criticar, de exigir, de presionar, que no abandone las calles, pero tampoco los auditorios donde se discutirán los acuerdos regionales, “vinculantes” en subrayado, que como savia recorrerán el cuerpo gubernamental y, en forma de proyectos de ley llegarán al Congreso, en donde las fuerzas opuestas seguramente los obstruirá. ¿Podrán hacerse realidad estos sin confrontar ese Congreso, sin generar una acción ejecutora y en cadena con raíz en los distintos territorios? Pero también, ¿podrán hacerse realidad parte de esos proyectos, ojalá la mayoría, de manera directa por parte de los mismos actores sociales, en sus territorios, sin depender para ello del visto bueno de los legisladores?

Esta debería ser una vía expedita para no perder de vista que las autonomías sociales son fundamentales para llevar a cabo en el largo y el mediano plazo cambios de fuerte impacto para reducir la injusticia social que prima en el país, así como las exclusiones de todo tipo, entre ellas las que deberá liderar Francia Márquez al coger el timón del novísimo ministerio con que contará el país.

Una autonomía y un potencial social que muestra caminos en el sur del país, con especial relieve en Nariño, departamento en el cual la fortaleza de los movimientos sociales ha sido reafirmada en estas elecciones; una fortaleza que deja en claro que un logro tal se construye en años de acción y se acelera con experiencias de gestión y acción de diverso tipo, en todo lo cual autonomía y liderazgo social, colectivo, es deteminante.

 


Recuadro

¡Actuar ya!

“Queremos que Colombia, y será la prioridad de la política diplomática, se coloque al frente en el mundo de la lucha contra el cambio climático. La ciencia nos ha dicho que como especie humana podemos perecer en el corto plazo, que la vida en esta Tierra hermosa puede perecer en el corto plazo, que las dinámicas de acumulación que un mercado desaforado, que unos deseos de codicia y ganancia desaforados, que un proceso de consumo desaforado, está a punto de acabar con las bases mismas de la existencias […]


Si la ciencia nos lo dice toca actuar ya. No somos uno de estos países que emiten enormes cantidades de Co2 y de gases de efecto invernadero, pero estamos aquí, al lado de una de las mayores esponjas que consumen los gases de efecto invernadero que otros países arrojan: la selva amazónica, las selvas de América Latina. Hoy se impone que Colombia trate de salvar la selva amazónica en función de salvar la humanidad.


Nos han criticado porque proponemos una transición energética, quizás rauda dicen los críticos, hacia las energías limpias en las que Colombia tendría enormes ventajas, pues bien, se trata de establecer ahora el diálogo en las Américas.


Proponemos un diálogo en las Américas sin exclusiones de ningún pueblo, de ninguna nación en toda la diversidad que es América. Creo que llegó el momento de sentarnos con el gobierno de los Estados Unidos y hablar, dialogar sobre lo que significa que en todo este continente americano que compartimos, allá se emita, como casi ningún otro país gases de efecto invernadero y aquí los asumimos, los absorbemos a partir de nuestra selva Amazónica.


Si allá se emite y acá absorbemos ¿por qué no dialogamos? ¿por qué no establecemos otra manera de entendernos? ¿Por qué no dejar de emitir más allá y por qué no ayudarnos aquí a que las esponjas de la absorción de los gases de la muerte de la humanidad, puedan ser más eficaces.


Le propongo al gobierno de los Estados Unidos y a todos los gobiernos de América, sentarnos a dialogar para acelerar los pasos de la transición energética, los pasos de la construcción de una economía descarbonizada, los pasos de la construcción de una economía de la vida en toda América.
¿Cómo un gobierno pretende ser el gobierno de la vida no podía proponer la construcción de una economía de la vida?

Publicado enColombia
Democracia y ciudadanía (foto: Iñaki Chaves)

La victoria del Pacto Histórico en las elecciones presidenciales de Colombia inaugura una nueva era llena de esperanza

¡Enhorabuena a Colombia y a lxs colombianxs! Un inapelable triunfo de la ciudadanía y de la democracia que han hecho posible el tan ansiado cambio. Gustavo Petro presidente y Francia Márquez vicepresidenta. Una dupla novedosa por muchos motivos: primera vez que la política tradicional no gobernará el país del sagrado corazón; primer presidente a la izquierda de la sempiterna derecha y primer exguerrillero en ocupar la casa de Nariño; primera mujer afro, ambientalista y lideresa social en la vicepresidencia; primera vez que lxs de abajo están más cerca de lxs de arriba y primera vez que las movilizaciones sociales han provocado un verdadero cambio.

Dicho esto, toca detener un momento el tiempo y reflexionar sobre lo que supone y cómo abordarlo. Comienza lo más difícil: gobernar para todo el país y todas sus gentes en un territorio históricamente dividido y socialmente fraccionado. No será fácil. Habrá que tener mucho tacto para introducir los cambios necesarios y habrá que tener mucha paciencia para lograrlos.

No sólo en las calles para cumplirle a la gente, que deberá armarse de estoicismo y mantener la ilusión, sino en la Cámara de Representantes y en el Senado en donde el Pacto Histórico tendrá que saber navegar con firmeza pero con flexibilidad para mantener la nave del cambio a flote y en su rumbo.

La metamorfosis social no se verá de la noche a la mañana. No nos acostaremos como un complejo y cabizbajo G. Samsa y nos levantaremos como una bella y alegre mariposa amarilla. El camino será tortuoso y largo, y las piedras dificultarán su recorrido; aunque caminar nos acercará al sueño, a la utopía del cambio. No valdrá con cuatro años, se necesitarán más, tal vez toda una generación para lograrlo. Pero es un primer, trascendental y necesario paso adelante.

Con todas las dificultades, con todos los enemigos de siempre y con los amigos repentinos e interesados, con las violencias estructurales y con las desigualdades e inequidades, que no desaparecerán de repente; pero el momento, por fin, ha llegado. Coraje y fuerza, hasta que la dignidad se haga costumbre, hasta que vivir sabroso sea lo natural y hasta que Colombia se convierta en una potencia de vida.

Publicado enColombia
Lunes, 20 Junio 2022 09:19

Zurcir con la totalidad que somos

Zurcir con la totalidad que somos

El mapa lo dice todo. La cartografía electoral que arroja el mapa de Colombia, producto de las elecciones del 29 de mayo es una nítida fotografía de la realidad social y política que padecemos: en el centro del país, con pocas extensiones sobre departamentos de los denominados periféricos, se congrega el país que votó por Rodolfo Hernández. Es casi un círculo ampliado de los departamentos que cuentan con mayor desarrollo económico y en los que habitan –si no lo hacen en Estados Unidos u otros países de sus ensueños– los sectores más pudientes de nuestra sociedad, una minoría que se ha beneficiado de las políticas de Estado que protegen, financian, apadrinan, acolitan, a quienes “crean la riqueza nacional”.

Bordeando este círculo, en forma de óvalo, con extensiones hacia el norte, el occidente, el sur y el oriente del país, en un porcentaje superior a favor del Pacto Histórico, y con apoyo mayoritario en los departamentos que más han padecido los efectos negativos de las políticas económicas y sociales de Estado que marcan nuestro ser nacional, los sectores marginados, una mayoría de connacionales que sufren la exclusión, el desconocimiento y los efectos, además, de la política militar que prevalece como recurso para resolver la conflictividad social.

En estas dos Colombias, con presencia significativa pero no detallada en su configuración por la cartografía electoral, habita otro país, constituido por más de una tercera parte de quienes están en edad de votar pero no lo hacen y cuyos motivos pueden ser diversos, como lo son los millones que allí están sumados. Aquellos no tienen confianza en la clase política, no los convoca el canto de un prometido cambio institucional que entona la izquierda, tienen rabia con el establecimiento, pues lo único que reciben del mismo es palo y promesas incumplidas; no se sienten recogidos en los programas que abanderan las campañas electorales… Tenemos, por tanto, no uno ni dos sino por lo menos tres países, cada uno motivado por circunstancias disímiles y opuestas entre sí.

La lógica política, económica, social, militar, en boga, indica que –de salir electo el candidato que promete ahondar las políticas neoliberales, achicando el Estado como principal empleador, por ejemplo– esto continuará, y la sociedad que resumimos no estará convocada a reencontrarse y permanecerá dividida entre polarizaciones y tensiones.

De salir elegida la candidatura que ofrece la superación de lo construido hasta hoy, en tanto en el eje de su programa está la inversión social acrecentada, mayores impuestos para los más pudientes, reconocimiento de grupos excluidos, y similares, encontrará sintonía y empezará a bordar un país para las mayorías pero no para la totalidad.

En su ejercicio de cambio, de ponerse en boga un amplio proyecto cultural y educativo, además de económico y no militar para contener la inconformidad social, alimentará energías para que muchas de las personas que no sienten sintonía alguna con el establecimiento se acerquen, al menos, para ver qué está pasando y “metan el dedo en la llaga” y así comprueben su veracidad.

Tenemos aquí un zurcido que empieza a unir pedazos de país. Tal vez el secreto para que eso permanezca y no se descosa al primer jalón sea hilar en Z, quizás en M. Las opciones son varias pero encontrar cuál es la que une con más fortaleza es labor de quienes estarán en los años que vienen como funcionarios de lo público.

Lo cierto es que esas puntadas tienen que pasar con su hilo por la concreción efectiva de una reforma agraria que sea integral, acompañada por una política de protección a la producción y el mercado nacionales, con una red para acercar los productos del campo a las barriadas, en clara disputa con las redes de mercadeo que ahora intentan monopolizar este sector de la economía del país. Es un esfuerzo en el cual se deberá citar y lograr la concurrencia de pequeños y medianos tenderos, como de micro, pequeños y medianos productores urbanos de bienes destinados al consumo diario, para que se asocien y faciliten este proceso y se beneficien del mismo –en calidad de trabajo, en precios favorables, en líneas de crédito para operativizar su labor, en proceso de capacitación, etcétera.

Aquel es un hilar que deberá cruzar y tensar el cumplimiento de los acuerdos de paz, a fin de crear así un ambiente regional para la participación y el liderazgo social sin correr riesgo de muerte; a la par de otras muchas hiladas que recojan, por ejemplo, la creación de una industria nacional con ejes en diversos segmentos estratégicos de una economía de punta y en sintonía con la revolución industrial en curso, pero también que haga sentir sus puntadas en la política educativa, garantizando el soñado anhelo de educación superior para toda aquella persona que lo anhele y cumpla con los mínimos académicos que exijan en uno u otro centro de estudios.

El recorrido de las agujas es mucho más amplio y diverso, pues el tamaño de lo aplazado en el país es mayúsculo para que se pueda hablar de reducción sustancial de la pobreza y eliminación de la miseria. ¿Qué decir de una política de paz para el diálogo y la apertura política con quienes estén dispuestos a aunar esfuerzos, de modo que el país viva una oportunidad de reencuentro? ¿Qué de una política ambiental en realidad consecuente con todo lo que implica no aportar al incremento del cambio climático? ¿Qué de una política urbana que vaya al fondo de la crisis que sobrelleva la ciudad del mercadeo y el consumo?

En ese zurcir con delicadeza, y con la alegría de quienes están construyendo una pieza por vestir engalanados, hay quienes desde un principio se sentirán excluidos, pero en esta ocasión no son los de siempre sino quienes desde décadas atrás no han dejado de beneficiarse de las políticas de Estado que priman en el país.

Con el solo hecho de cobrarles más impuestos, de llamarlos a pagar mejor a sus trabajadores y empleados, con el efecto de que el chorro de beneficios estatales dirigidos hacia ellos se corte o reduzca, estas y otras realidades los llevarán a conspirar contra el nuevo gobierno y atizar asimismo el descontento social, incrementado, seguramente, por la fuga de capitales que propicien, por el bloqueo de la agenda legislativa y –esto no es extraño– por el estímulo al ahondamiento del conflicto armado que hoy padece el país. El factor Estados Unidos calentando el ambiente político podrá estar en el trasfondo de algunas de esas reacciones.

Se podría decir, entonces, que en este punto, ante un cuero duro, la aguja se partirá y el país seguirá roto, tal vez en menos pedazos pero roto. La pregunta que corresponde hacerse a quienes diseñen las políticas de Estado, ojalá en diálogo dinámico con toda la sociedad, es: ¿Qué se debe hacer para neutralizar esta realidad de fractura, entre minorías y mayorías, entre ricos y pobres, entre quienes desean el cambio y quienes aspiran a prolongar al status quo?

La tarea no es sencilla de resolver pero, seguramente, revisando nuestro profundo ser nacional, sus valores y mejores tradiciones, así como las experiencias vividas en otras coordenadas, se encontrarán luces y material para reforzar las agujas y el hilo necesarios para reencontrar al país como una sola pieza. Con detalles, con bolsillos y ojales que significan clases e intereses dispares pero que integran una sola pieza que, bien tejida, debe ser cómoda en su uso, de manera que a la vuelta de algunas décadas la realidad de vida digna y democracia participativa, directa, radical, plebiscitaria, haya echado raíces en todo el territorio nacional y en lo más profundo de nuestro ser cultural. Tremendo reto. ¡Ojalá no se frustre nuestro destino posible! n atizar nuevas protestas sociales.

 

 

Para adquirir suscripción

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

 

Publicado enColombia
Abril 2021, vía Twitter

En la campaña electoral para elegir quien encabece el país en el periodo 2022-2026, y contrario a lo anunciado por las grandes cadenas de comunicación, se presenta un giro en la intención de voto a favor de la coalición sociopolítica Pacto Histórico, en el trasfondo de lo cual está la juventud. Un acercamiento a la exclusión y negaciones que la afectan, y las políticas oficiales diseñadas, supuestamente, para superarlas, permite comprender este cambio.

 

El domingo 19 de junio, fecha de la segunda vuelta para elegir Presidente para el cuatrienio 2022-2026, tendrá lugar una confrontación intergeneracional, clasista y de cosmovisiones. Los más jóvenes, entre 18 y 34 años de edad (cerca del 40 por ciento del censo electoral) son afines políticamente y partidarios de la coalición sociopolítica “Pacto Histórico”, con su fórmula presidencial Petro-Márquez y el lema “Cambio por la vida”. Un amplio segmento de la juventud está por los cambios sociales y políticos que requiere el país, confirmando un principio de la democracia representativa: la posibilidad de las transformaciones pacíficas mediante el sistema electoral.

Es una actuación viva, de alguna manera una prolongación de su copamiento de calles y confrontación directa con el Esmad y las fuerzas de choque que actuaron a su alrededor y que duró varias semanas tanto en 2019 como en 2021, agitando sus banderas de cambio, evidenció las históricas exclusiones que los afectan, y los antagonismos intergeneracionales entre estilos de vida, cosmovisiones y modelos de desarrollo.

Estamos ante un suceso fundamental. En mayo 19, en la primera vuelta, un porcentaje de jóvenes cercano al 50 por ciento votó por Rodolfo Hernández. Algo sorprendente pero explicable: vieron este candidato al sujeto anti establecimiento que podría romper con una tradición de negaciones y exclusiones, con gobiernos de ricos y para ricos. Pero en unas semanas, tal identidad cambió. ¿Qué lo propició?

En política es frecuente que sumar implique restar. Todo indica que lo fundamental fue la llegada de la extrema derecha y la lumpenoligarquía para asociarse o aliarse a la campaña de quien decía, no de manera explícita pero sí como consecuencia de su discurso antipolítico y anticorrupción, estar contra ella. La juventud vio el verdadero rostro de Rodolfo Hernández tras la máscara construida por sus asesores de estrategia y decidió quitarle su apoyo y acompañar a su contendiente de izquierda democrática. Entre los meses de mayo y junio de 2022, el empresario constructor y prestamista perdió 17,1 puntos porcentuales del apoyo de la población entre 18 y 34 años de edad; cantidad relativa que aumentó las preferencias en este rango etario por el tándem Petro-Márquez (gráfico 1).


Su silencio, su insistencia en que no acepta acuerdos con el uribismo, que “está picho” no convenció a la juventud que, según encuestas de reciente realización, giraron hacia el Pacto Histórico. Es un segmento social que va desde los 18 y hasta los 34 años de edad. Luego de esa edad, la mayoría de la población, defensora del “statu quo” y temerosa del cambio, opta por el llamado Ingeniero. De igual manera, los estratos socio-económicos altos se inclinan por el candidato de la centro-derecha y menos por el de la izquierda democrática1.

Las mismas encuestadoras indican que el 19 de junio la votación será mayor. En la primera vuelta, el 29 de mayo, el 54,91 por ciento de los colombianos aptos para sufragar se acercó a las urnas, según la Registraduría; para la segunda vuelta el 62,5 de las personas afirma que “definitivamente sí votara”. Con una novedad que no debe pasar desapercibida: del total de las 39.002.239 personas aptas para concurrir a las urnas 8.986.997 son jóvenes de entre 18 y 28 años, 50 por ciento son mujeres (4’526.801) y la otra mitad hombres (4’460.196); es decir, 1 de cada 5 del gran total de quienes pueden votar hacen parte de la juventud. Bogotá es la ciudad donde hay mayor cantidad de menores de 28 años que pueden ejercer su derecho al sufragio: 1’192.036. Que son, como en el porcentaje nacional, el 23 por ciento del total del censo electoral en la capital. Por lo anterior, no es simple coincidencia que en 10 de las 12 Unidades de Planeamiento Zonal (UPZ), de la subdivisión urbana de Bogotá, el “Pacto Histórico sea hegemónico en los resultados de la primera vuelta y en la intención de voto para la segunda (el candidato empresario Hernández ganó, en la primera vuelta, en las dos UPZ donde viven los más ricos, al norte de la ciudad).

Además, según los resultados de la primera vuelta, tres de cada cuatro electores demanda un cambio en el destino del país. Un cambio fundamental es garantizar la vida digna, el goce de los derechos humanos, la justicia, la paz y la democracia sustantiva para que la juventud pueda florecer plenamente de acuerdo con sus necesidades y capacidades. Un pacto histórico con la juventud es la demanda y la necesidad actual de la sociedad colombiana.

Una historia de organización y participación juvenil por la democracia y la vida digna en Colombia. El concepto de juventud es producto de la modernidad. La puesta en escena del sujeto juvenil en el país es referente existencial en las biografías de las cuatro últimas generaciones. Dos acontecimientos actúan disruptivamente durante esta época: la violencia de mediados del siglo XX y la Constitución Política de 1991.

La primera actuó, una vez más, como partera de la historia –las identidades juveniles nacieron en medio de la guerra–. Adolescentes y jóvenes fueron estigmatizados y considerados problema y “objeto” de políticas públicas y represión. Transcurridos 43 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Constitución Política de 1991 (CP) reconoció las juventudes como sujetos de derechos y protagonistas del desarrollo de la nación desde el ejercicio de la diferencia y la autonomía. Desde entonces las juventudes del país han luchado de manera organizada por tener una vida digna, con garantías en el ejercicio de los derechos humanos y la construcción de una sociedad democrática, justa e inclusiva. La historia no ha sido fácil, veamos2:

  • • Años 1960-1970. Confrontación a la exclusión del régimen del Frente Nacional impuesto arbitrariamente por los partidos del establecimiento (liberal y conservador). Lucha por las reivindicaciones políticas de la ciudadanía juvenil. Influencia del movimiento contracultural y político europeo y norteamericano.
  • • 1980-1991. Lógica del “No futuro”; la sociedad se mostró incapaz de atender e integrar las dinámicas y necesidades que presentaba la juventud, siendo expulsada hacia los límites sociales, aplicando una visión estigmatizada y peligrosa, justificando ideológicamente la respuesta represiva del Estado ante sus demandas. Incorporación de los jóvenes a grupos armados y a la delincuencia organizada.
  • • 1991-1997. La Constitución Política (CP) incorpora las políticas poblacionales y de identidad, pero sin cambiar su estructura sectorial; también abre espacios de participación y toma de decisiones. Reconocimiento explícito de la ciudadanía juvenil, creación de la democracia escolar y formulación de políticas públicas de juventud.
  • • 1998-2003. reevaluación crítica de los preceptos establecidos en la CP en medio de un conflicto interno armado, donde el mayor porcentaje de víctimas –en todos los escenarios de la crisis– corresponde a esta población. Incapacidad del sistema político nacional para abrir nuevos espacios democráticos y de posibilidades de acción y transformación social incluyente.
  • • 2004-2015. la relación entre criminalidad y población adolescente y joven es multicausal y está ligada a los ciclos de violencia del país y a las complejas, injustas, excluyentes y profundas causas que los generan. No puede pensarse de manera unilateral que el aumento de las muertes de los jóvenes fue causa únicamente del conflicto interno, hay otras igual de importantes como la lucha contra y entre los carteles de la droga, el uso de los jóvenes por bandas delincuenciales que se aprovechan de sus vulnerabilidades, la cultura de resolver los problemas mediante la violencia, la intolerancia en la convivencia cotidiana, y, de últimas, pero no menos importante, los crímenes cometidos por el Estado en el contexto de las ejecuciones extrajudiciales, que según la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) por lo menos suman 6.402, cuyas víctimas correspondían a jóvenes empobrecidos, campesinos y urbanos.
  • • 2016. Las negociaciones de paz entre el Estado colombiano y la guerrilla de las Farc para poner fin al conflicto armado interno desembocaron en la firma del Acuerdo para la Terminación Definitiva del Conflicto en Bogotá el 24 de noviembre de 2016.
  • • 2017-2022. Pasadas tres décadas de aprobación de la CP se exacerba la contradicción entre una juventud cada vez más ilustrada y empoderada vs. la negación de derechos por parte del Estado y un modelo de desarrollo que los excluye. La creciente de protestas en demanda de educación, cese a la impunidad y otras reivindicaciones ganaron cuerpo entre los años 2013 - 2021. Las medidas del Gobierno se caracterizaron por la represión, la falta de diálogo y por una calificación generalizada que definía a los manifestantes como “vándalos”.
  • • Como cierre de estas constantes, el gobierno de Duque, pretendiendo cooptar y manipular el creciente descontento juvenil, encubrir la persecución, criminalización y asesinato del liderazgo de este sector social, y deslegitimar los alzamientos sociales de 2019 y 2021, organizó y citó precipitadamente a la juventud a participar en la elección de los Consejos municipales y locales de juventud el pasado diciembre de 2021. El rechazo fue la respuesta, dejando en claro la profunda fractura que existe entre este grupo poblacional y la institucionalidad pública; y, de otra, el escepticismo imperante o la poca credibilidad que ofrece la manoseada democracia formal para la participación activa y decisiva de este sector social en los asuntos estratégicos del país.

Un pacto histórico con la Juventud. Es necesario recordar la diferencia entre la condición juvenil (dato biológico y límite social y políticamente establecido) y la situación juvenil (pertenencia a una clase social, estrato socio-económico o ethos territorial). Teniendo esto claro, Pierre Bourdieu pudo afirmar que “el hecho de hablar de los jóvenes como de una unidad social, de un grupo constituido, que posee intereses comunes, y de referir estos intereses a una edad definida biológicamente, constituye en sí una manipulación evidente”.

En efecto, en Colombia los adolescentes y jóvenes según la “situación de vida” se encuentran sobrerrepresentados en los niveles más bajos de la estratificación socioeconómica: los estratos uno y dos concentran el 76,3 por ciento de este segmento poblacional. Registran, además, graves carencias. El valor promedio del índice multidimensional de pobreza –IMP– es 37,8 por ciento en la población de 12 a 28 años; en contraste, a nivel general la pobreza multidimensional se ubicó en 18,1 por ciento en 2020. Además, teniendo en cuenta que la desigualdad del desarrollo es desigual en sí misma, estos adolescentes y jóvenes crecen en realidades muy diferentes dependiendo de los contextos y pares de contrarios antagónicos: riqueza/pobreza; urbano/rural; guerra/paz; jóvenes/viejos, entre muchos más. En general, el horizonte de posibilidades es reducido y cerrado para tres de cada cuatro adolescentes y jóvenes.

Una realidad que permite comprender por qué se levantaron, protestaron y resistieron con tanta vehemencia en 2019 y 2021, ya no solo estudiantes universitarios sino también, y sobre todo, hombres y mujeres que en la flor de sus vidas padecen un No futuro. Lo saben, lo sienten, y por ello tratan de conseguir por propia mano el peso diario para salir adelante, junto a sus familias, actuando para ello por medio de bandas y otro tipo de estructuras que los socializan, cohesionan y les hace sentir fuertes.

Ahora, como no se ha registrado en otras elecciones, están llegando a las urnas. De las múltiples encuestas que circularon al día último en que podían publicarse (11 de junio), una afirma que hay un cambio sustancial en la tendencia del voto y ella favorece al Pacto Histórico por efecto del giro optado por el sector juvenil; las restantes persisten en registrar la delantera de Hernández por un escaso punto, o un poco menos, es decir, un empate técnico, y una decisión que puede girar a favor de uno u otro, en lo cual el factor juvenil marcará la pauta.
En caso de confirmarse el triunfo de la coalición sociopolítica “Pacto Histórico”, lo más probable según las tendencias, el nuevo Gobierno y la sociedad colombiana deben concertar una política pública de juventud (ver recuadro) y materializarla a través de un Plan de Juventud que materialice el “espíritu” de la Constitución Política y esté integrado orgánicamente al Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026. Existe una deuda histórica con ellas y ellos, y es hora de pagarla.

 


¿Qué es una política pública de juventud?

Es el conjunto coherente de principios, objetivos, metas y estrategias que identifica, comprende y aborda las realidades de las juventudes (construcción sociocultural que alude a unas prácticas, relaciones, estéticas y características que se construyen y son atribuidas socialmente), da vigencia y garantía al disfrute de sus derechos humanos y responsabilidades, reconoce y reafirma sus identidades y afianza sus potencialidades, resultado de consensos y acuerdos entre las juventudes, el Estado, la Sociedad, la cooperación internacional y el sector empresarial, privado, cooperativo y comunitario. Esta política y plan deben fundamentarse en la Ley 1622 de 2013, que establece las competencias de la Nación, los departamentos, los municipios y el Distrito Capital.
Definición de Juventud: Toda persona entre 14 y 28 años cumplidos en proceso de consolidación de su autonomía intelectual, física, moral, económica y social y cultural que hace parte de una comunidad política y en ese sentido ejerce su ciudadanía (Ley 1622 de 2013, Estatuto de ciudadanía juvenil).


 

 

En la década de 1990 los adolescentes y los jóvenes pasaron a ser sujetos de la política pública nacional. El núcleo articulador y el mecanismo de gestión de esas políticas es el Sistema Nacional de Juventudes (SNJ). La Ley de Juventud 1622 de 2013 define ese Sistema como el conjunto de actores, procesos, instancias, orientaciones, herramientas jurídicas, agendas, planes, programas, y proyectos, que operativiza la ley y las políticas relacionadas con juventud, mediante la creación y fortalecimiento de relaciones entre el Estado, la sociedad civil, la familia, las entidades públicas, privadas, mixtas y las y los jóvenes y sus procesos y prácticas organizativas (ECJ, artículo 22). Una revisión a la política e institucionalidad formal que prevalece en el país para atender a este sector social nos permite una radiografía de lo existente y unas conclusiones sobre el particular1. La línea de tiempo adjunta describe la evolución de las instituciones, políticas y estrategias de juventud.

Nueve conclusiones pueden extraerse del análisis de la evolución del marco jurídico, institucional y de políticas públicas:

• El desarrollo jurídico es prolífico y ha animado la creación de instituciones especializadas en políticas poblacionales en el nivel nacional y en las entidades territoriales (si bien son una mezcla abigarrada de enfoques poblacionales y sectoriales: infancia, adolescencia, jóvenes, adultos mayores, etnias, género, salud, educación, empleo, emprendimiento, etc.). No obstante, no existen espacios reales y permanentes de participación democrática (excepto los recién electos Consejos de Juventud) y los recursos financieros son marginales e insuficientes.
• Los documentos Conpes son reiterativos y repetitivos en el diseño de estrategias y políticas que buscan la inclusión de los jóvenes como ciudadanos plenos, y su inserción, junto a los adolescentes, en el ámbito socioeconómico, y la titularidad de los derechos reconocidos en la CP. No existe una evaluación integral de los alcances, limitaciones, desarrollos y fallas de los Conpes de juventud. La ley de juventud de 1997, el código de la infancia y la adolescencia de 2006 y la Ley Estatutaria de Juventud de 2013 tampoco han sido evaluadas ni se sabe de su apropiación por parte de los actores y agentes del SNJ.
• La estrategia e instrumento principal de las políticas públicas es el SNJ sin embargo, su diseño, operación, gestión y coordinación es confuso y, desde su propuesta inicial –Ley 375 de 1997– no ha funcionado como han operado otros sistemas más robustos (educación o salud, por ejemplo).
• Junto al retroceso, en la década de los noventa, del modelo que consideraba, de manera épica, a los adolescentes y jóvenes como protagonistas del cambio necesario de la sociedad, a un anacrónico modelo preconstitucional que los califica de nuevo como grupos poblacionales “de riesgo y en riesgo” y como objetos de políticas asistenciales, se presenta también un recular de dos décadas en la institucionalidad de juventud.
• En el nivel nacional se registra, tanto una duplicación de funciones y roles en relación con la adolescencia y la juventud, como una falta de coordinación y ausencia de comunicación entre las políticas poblacionales de juventud (Colombia Joven o ICBF, por ejemplo) y las sectoriales (educación, salud, formación para el trabajo, entre otras).
• Pasadas tres décadas de promulgada la Constitución de 1991 y 24 años de haber sido aprobada la primera Ley de la Juventud (375 de 1997), el desarrollo del Sistema Nacional de Juventudes es débil, precario o inexistente, según se observa en al ámbito nacional o en la diversidad territorial.
• En general, el subsistema institucional en el nivel nacional y territorial es poco especializado y carece de fortalezas técnicas, políticas y financieras. La organización y el funcionamiento del subsistema de participación igualmente son desiguales, descoordinados, aislados, poco representativos y sin logros evidentes.
• A partir de la década de los años 1990, la mayoría de los planes de desarrollo nacional incluyen la formulación de la Política Pública de la Juventud, pero sin llegar a materializarla. El Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 no es la excepción, una de sus metas contempla la formulación de la Política Pública Nacional de Juventud y sus estrategias de seguimiento y evaluación, pero el Gobierno Duque incumplió esta promesa; a manera de compensación precaria y apresurada, en agosto de 2021, el Gobierno aprobó el Documento Conpes 4040 “Pacto Colombia con las Juventudes: Estrategia para fortalecer el desarrollo integral de la Juventud”; al igual que los Conpes precedentes, reitera una y otra vez lo ya escrito, no contiene contenidos sustanciales, estructurados y sostenibles, no aporta mayores recursos financieros o presupuestales, ni avanza en resolver el conflicto institucional entre una organización sectorial y el desarrollo de políticas poblacionales y de identidad.
• En Colombia las acciones orientadas a mejorar la calidad de vida y promover la participación de la juventud registran un comportamiento cíclico con sus fases diferenciadas de promoción, auge, declive y crisis. Entre 1990 y 1993 el país vivió un entusiasmo y promoción de las temáticas de juventud; entre 1994-1998 se registró un auge legislativo y de construcción de políticas públicas de juventud; entre 1999-2012 se registra un declive en la evolución de la institucionalidad, la legislación, las políticas y los recursos financieros orientados a favorecer a las juventudes del país; en 2013 se expide el estatuto de ciudadanía juvenil que pretende generar las condiciones para que la juventud pueda ejercer su ciudadanía y sus proyectos de vida individuales y colectivos; el entusiasmo que despertó esta Ley Estatutaria 1622 alcanza hasta el año 2017; entre 2018 y 2022 el Estado desanda o recula frente a lo construido y vuelve a la vieja sociedad tradicional, cerrada al pensamiento crítico y reluctante al cambio; los jóvenes son estigmatizados y se aplica una política deshumanizante, excluyente, represiva y violenta frente al movimiento juvenil.

Las políticas de juventud, una fachada sin contenidos estructurados y sostenibles. Las personas jóvenes viven hoy con mayor dramatismo, que el resto de la población, una serie de tensiones y paradojas2:
• Una de las principales es que la juventud goza de más acceso a la educación y menos a un empleo digno. En los análisis de su inserción laboral, resalta el alto nivel de desempleo y subempleo y la alta precariedad de quienes logran ocuparse (expresada en inestabilidad laboral, bajas remuneraciones y escasa cobertura de la seguridad social).
• También gozan de más acceso a información y menos al poder. Al referirse al problema de los jóvenes, el sociólogo Pierre Bourdieu era categórico al afirmar que “En la división lógica entre jóvenes y viejos está la cuestión de poder”. Esto es, cuando aparecen los conflictos sobre los límites entre las edades está en juego la trasmisión del poder y de los privilegios entre las generaciones.
• Desean más autonomía, pero tienen menos opciones para materializar su emancipación.
• Se hallan más previstos de salud pero menos reconocidos en su morbimortalidad específica.
• Son más móviles pero al mismo tiempo están más afectados por trayectorias migratorias inciertas y los desplazamientos forzosos.
• Son más cohesionados hacia adentro pero con mayor impermeabilidad hacia afuera. La inclusión hacia adentro va tensionada, en términos de valores e identidad, con exclusión hacia afuera.
• Más aptos para el cambio productivo pero más excluidos de este.
• Ostentan un lugar ambiguo entre receptores de políticas y protagonistas del cambio.
• Viven una tensión entre la expansión del consumo simbólico y la restricción en el consumo material.
• Son actores de una doble dualidad: autodeterminación y protagonismo, por una parte, y precariedad y desmovilización por otra.

1 Sarmiento Anzola, Libardo. (2022). Diagnóstico de la garantía de los derechos humanos en adolescentes y jóvenes en enfoque diferencial, estructural e histórico, según censos de 1993, 2005 y 2018. Fondo de Población de las Naciones Unidas-DANE; Colombia; pp. 35-38.
2 Organización Iberoamericana de Juventud-CEPAL. (2004). La juventud en Iberoamérica. Tendencias y urgencias. Chile, pp. 17-20.

 


1 Cifras basadas en la encuesta INVAMER S.A.S. de junio de 2022. Fuente de financiamiento: Noticias Caracol, Blu Radio y El Espectador. Objetivo: Conocer la intención de voto de cara a las elecciones presidenciales de 2022. Universo: hombres y mujeres de 18 años en adelante, de todos los niveles socioeconómicos a nivel nacional, con cubrimiento urbano y rural. Margen de error: los márgenes de error dentro de unos límites de confianza de un 95%, se encuentran entre el 2 y el 5 por ciento dependiendo de la región geográfica. Fecha de recolección de los datos: del 3 al 7 de junio de 2022.
2 Sarmiento Anzola, Libardo. (2004). Política pública de juventud en Colombia: logros, dificultades y perspectivas; en Construcción de políticas de juventud. Programa Presidencial Colombia Joven, Organización Iberoamericana de Juventud, Unicef, GIZ, et alt; Colombia, p. 118.
* Economista y filósofo. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde diplomatique, edición Colombia y desdeabajo.

Para adquirir suscripción

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

Publicado enColombia
Domingo, 19 Junio 2022 06:28

Colombia en una disyuntiva

https://actualidad.rt.com/actualidad/431314-gustavo-petro-rodolfo-hernandez-pasan

Contiene este artículo reflexiones alrededor de la coyuntura electoral, a partir del análisis de algunos resultados de las elecciones a Congreso, con el propósito de establecer líneas de continuidad y tensión con la primera vuelta presidencial, y como referente para analizar lo que está en juego en la segunda vuelta.

El pasado 13 de marzo, en las elecciones al Congreso, y el 29 de mayo en la primera vuelta para la elección presidencial, presenciamos un cambio político electoral, notable, pero que no representa el fin de los partidos políticos tradicionales ni de sus prácticas políticas, ni tampoco es el fin de la derecha o el comienzo de un giro a la izquierda en el país. Una realidad, en pugna, fotografiada en el intento de fraude electoral sintetizado en la diferencia de más de un millón de votos entre el preconteo (el día de las elecciones) y el escrutinio, una cantidad de sufragios tal que niega que responde a errores puntuales.

Contrario a lo deseado, lo acontecido en estas dos votaciones parece más bien una reconfiguración del espectro en el que el centro político pierde apoyo, la extrema derecha –ante el fracaso de sus candidatos propios– se camufla detrás de un político regional que se presenta como antipolítico y antisistema, y gana cuerpo un proyecto político más cercano a la izquierda, debiendo aceptar alianzas incómodas para sumar votos pero que además enfrenta la tradicional guerra sucia electoral.
Elecciones a Congreso

Si se pueden establecer algunas características generales de los resultados electorales estas tienen que ver con los altos niveles de abstención. Las movilizaciones sociales de 2019 y 2021 se constituyeron en escenarios de repolitización de una ciudadanía popular encarnada en sectores como las juventudes, los grupos étnicos, las mujeres de sectores empobrecidas, las víctimas del conflicto armado y los sectores afines al proceso de paz, quienes de múltiples maneras manifestaron la necesidad de tomar el poder político y pasar de la resistencia en las calles a las curules del Congreso de modo que se reemplazara a los actores de la política tradicional.

Se esperaba entonces, con este antecedente, una masiva participación, pero la abstención una vez más fue cercana al 55 por ciento y los votos en blanco superaron el millón en el caso del Senado. Esto da cuenta de que persiste la incredulidad sobre los mecanismos de la democracia como vía para alcanzar los cambios estructurales que la movilización social reclamó. Quienes si acudieron a las urnas y escogieron permitieron la configuración del Senado que se presenta en la siguiente tabla:

xxSenado Nacional        
  Partido xx Votos xx % xx Escañosxx
  Pacto Histórico  2.800.730   17,3   20 
 Partido Conservador 2.223.061  14,1  15 
 Partido Liberal  2.100.083  13,3  14 
 Verde y CE 1.954.792 10,7  13 
 Cambio Radical  1.610.651  8,8  11 
 Partido de la U 1.508.031 8,4  10 
 Mira-Justas 578.195 3,1  4 
 Comunes      5 

En síntesis, las 17 fuerzas agregadas en el Pacto Histórico lograron 20 de las 105 curules disponibles lo que implica que es la coalición política más votada, pero que quedó bastante lejos de una mayoría que le permita actuar con independencia de otras fuerzas o, en otras palabras, que tendrá que buscar alianzas con otros movimientos que le permitan tener una actuación protagónica en la legislatura. En todo caso, es un Senado fragmentado en donde las negociaciones deberán ser permanentes, aunque su funcionamiento dependerá mucho de quien sea electo como Presidente ya que las relaciones entre Ejecutivo y Legislativo en Colombia están tradicionalmente marcadas por el intercambio de favores y prebendas que terminan por primar a la hora de conformar mayorías para la aprobación de iniciativas.

En el particular de la Cámara el comportamiento de la abstención y del voto en blanco fue prácticamente idéntica al Senado. Una diferencia importante está en el número de votos nulos que en este caso fue cercano a los 850 mil, lo que sin duda cuestiona acerca del diseño del tarjetón que puede inducir al error a los votantes. Los resultados pueden observarse de manera general en la siguiente tabla:

 

  Cámara de representantes   
xx Partido o movimientoxxEscaños xx
  Pacto Histórico  34 
  Partido Liberal  32 
  Partido Conservador  25 
  Centro Democrático  16 
  Cambio Radical  16 
  Partido de la U  15 
 Alianza Verde  11 
 Coalición Centro Esperanza  2 
 Liga de Gobernantes Anticorrupción  2 
 Alternativos (Alianza Verde-Polo Democrático Alternativo)  1 
 Coalición MIRA – Colombia Justa L.  1 
 Nuevo Liberalismo  1 
 Coalición CR-Colombia JL-MIRA  1 
 Coalición Conservador-Partido de la U  1 
 Coalición Conservador-Centro Demo.  1 
 Coalición Pacto Histórico-Alianza Verde  2 
 Coalición Liberal-Colombia JL  1 
 Coalición Partido de la U-Colombia JL  1 
 Juntos por Caldas  1 
 Fuerza Ciudadana  1 
 Colombia Renaciente  1 
 Gente en Movimiento  1 

 

La situación es la misma para el Pacto Histórico, que a pesar de ser la fuerza más votada y alcanzar 34 escaños de los 167 disponibles apenas tiene un peso del 20 por ciento por lo que de nuevo las alianzas serán necesarias para impulsar cualquier iniciativa.

Tanto en el caso de Senado como de Cámara hay que destacar que los tradicionales partidos Liberal y Conservador siguen siendo fuertes electoralmente entre los votantes que los situaron entre las fuerzas más votadas. Finalmente, cabe destacar que el gobernante partido Centro Democrático perdió la preponderancia que alcanzó en los comicios de 2018, producto de la pésima gestión de la presidencia de la República que, entre denuncias de masivas violaciones de derechos humanos, represión y atentados permanentes a la democracia, dilapidó el capital electoral acumulado por años alrededor de la imagen de Álvaro Uribe Vélez.

Cabe destacar que a pesar de los numerosos obstáculos que debió sortear se llevaron a cabo las elecciones de las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz, que a partir de los Acuerdo de Paz de 2016 tienen como propósito garantizar la representación política de las víctimas en los territorios más afectados por la guerra en el país. Aunque las denuncias acerca de que no todas las personas que resultaron electas proceden de procesos organizativos o comunitarios de víctimas, no deja de ser una señal favorable para un país que funciona de espaldas a estos territorios.

Elecciones presidenciales: primera vuelta


Si hay una línea de continuidad entre las elecciones legislativas y la primera vuelta corresponde precisamente el descrédito de la autoridad electoral y el establecimiento de rápidas alianzas para intentar frenar el impulso del Pacto Histórico. El primer paso lo dio el Centro Democrático cuyo candidato Óscar Iván Zuluaga renunció muy rápido para adherir a Federico Gutiérrez, de la Coalición Equipo por Colombia, que resultó ganador de esa consulta y en principio pareció recibir el apoyo de los sectores de la derecha, sin embargo, la apuesta fue arriesgada y perdieron con una figura que no se posicionó frente a su electorado.

Quienes sí se posicionaron fueron Gustavo Petro y Rodolfo Hernández. El primero gracias a su aplastante victoria en la consulta interna, pero también por la acertada decisión de escoger como su fórmula presidencial a quien quedó en segundo lugar de dicha consulta, la lideresa Francia Márquez, que renovó los apoyos hacia esta candidatura y aseguró el soporte de múltiples sectores que vieron cómo el racismo estructural se expresó de formas violentas contra la candidata a vicepresidenta. Esta fórmula obtuvo, el pasado 29 de mayo 8.542.020 votos, que equivalen al 40,3 por ciento de la votación.

Por otro lado, Rodolfo Hernández quien en dos semanas dio vuelta a las encuestas y se ubicó en segundo lugar, mantuvo una campaña con un discurso antipolítico, con las banderas de la anticorrupción y antipartidos, pero que, sin embargo, termina siendo muy cercano a las ideas políticas de la derecha, lo que fue suficiente para obtener 5.965.531 votos, equivalentes al 28,17 por ciento de la votación. Con estos resultados no hubo un ganador con más del 50 por ciento que exige la norma, así que estos dos candidatos pasaron a segunda vuelta, con escena el 19 de junio.

Hasta el momento ha sido una campaña difícil para la fórmula Petro-Márquez. Al siguiente día de las elecciones los medios hegemónicos intentaron mostrar su victoria como una derrota e incluso algunos dieron por seguro ganador a Hernández. La guerra sucia, la construcción de escándalos y la generación de miedo hacia este proyecto político han marcado unas semanas convulsas en las que se disputan uno a uno los votos. Las encuestas, en constante empate técnico, dan cuenta del rigor de la disputa.

Como hace 4 años, candidatos perdedores como Sergio Fajardo, que se posiciona en el centro político, prefirió promover el voto en blanco, aunque después de que intentara acercamientos a Hernández lo que puede ser tomado como una confirmación de que el centro en realidad en el espectro ideológico es más cercano a la derecha, incluso a una peligrosa que defiende un proyecto político autoritario y personalista como el que encarna Hernández.

Cada día los anuncios de adhesiones parecen ratificar la hipótesis de un campo político dividido entre quienes privilegian a la fórmula que sustenta su candidatura en un programa político estructurado y quienes simplemente se ubican del otro lado, aunque todo dependa de una figura voluble y con poco conocimiento del país o sus realidades.


Hacia la segunda vuelta

Es imposible hacer un vaticinio sobre los resultados de la segunda vuelta y, sin embargo es posible caracterizar el panorama que enfrentará quien resulte ganador. El balance de los últimos cuatro años es adverso: democracia aún más debilitada, concentración de poder en la figura presidencial del saliente Duque, toma de las instituciones por una élite cleptocrática que odia a quienes ven como inferiores, es decir, al país empobrecido, al país indígena, al país negro, al país que lucha por la paz y la justicia social. Además, un paramilitarismo fortalecido y presente en el territorio nacional con alianzas con trasnacionales criminales del narcotráfico que fortalecieron su filtración incluso en los altos mandos militares. El nuevo gobernante enfrentará una grave falta de legitimidad porque el país quedará dividido y la animadversión entre ganadores y perdedores se mantendrá.

Así mismo, enfrentamos un escalamiento del conflicto que revictimiza a las gentes en el Pacífico, el Caribe y en el sur del país: asesinatos selectivos, masacres, confinamientos, paros armados y desplazamientos forzados de nuevo nos llevarán a profundizar la crisis humanitaria que parece no tener fin. La crisis económica no entendida ni atendida por Duque y que ya llevó a millones a la pobreza seguirá avanzando dado que la crisis del capitalismo es global y, por ello, sus defensores atizan la guerra en Europa en un intento de detener su caída.

En un contexto de disputa y cambio, la derecha intentará realinearse y recuperar fuerzas en las elecciones locales de 2023 y por ello atacarán sin ninguna consideración a quien salga electo. Esta idea, sin embargo, no debe llevar al equívoco de creer que es igual quien resulte ganador en segunda vuelta. De ganar Hernández todas estas situaciones se verán magnificadas dado que hemos sido testigos de lo que pasa cuando alguien sin capacidad ni inteligencia llega a la presidencia: otros cuatro años como los del gobierno de Duque condena a millones de personas en Colombia a más hambre y más guerra. Rodolfo Hernández no es un cambio en ningún sentido, representa por el contrario la continuidad del proyecto de unas élites que apuestan por los títeres que pueden manejar a su antojo para materializar sus reformas aporofóbicas y guerreristas.

Esperanza

Votar por Gustavo Petro es intentar detener el espiral de muerte, es una cuestión de sobrevivencia. No porque sea un alquimista con la fórmula perfecta, o porque no vaya a tener una oposición feroz y sucia sino porque volver sobre el Acuerdo de paz, volver a plantear la necesidad de poner fin a la guerra, respaldar el llamado de verdad, justicia y reparación para las víctimas, hablar de derechos y libertades, poner en debate el modelo económico y tener a la cabeza del país dos personas conectados con lo que le sucede a la gente es fundamental para abrir espacios para un cambio sustantivo frente al elitismo de la tecnocracia que nos ha gobernado.

Hoy las diferentes encuestas muestran un empate técnico entre los candidatos. Muchas de estas encuestas contratadas para mostrar a Hernández como un candidato viable o serio, ante la indiferencia de muchos que prefieren quedarse en su peldaño de superioridad moral y buenas formas, porque al final tienen cómo librarse de los males del hambre y el miedo, pueden huir o simplemente quedarse en la comodidad de sus privilegios. Estamos, por tanto, ante cambios necesarios. Es por ello que puede decirse que en estas elecciones se juegan muchas cosas, pero tal vez las más importantes sean detener el bombardeo de campesinos inermes, la represión de la juventud que protesta, la desaparición y el asesinato de jóvenes para hacerlos pasar por caídos en combate. Aunque parezca un cliché, para muchas personas, en particular las que se encuentran en condiciones más vulnerables, estas serán unas elecciones de vida o muerte.

 

 

Para adquirir suscripción

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

Publicado enColombia
Sábado, 18 Junio 2022 09:48

Una fórmula infalible

https://www.cooperativa.cl/noticias/mundo/colombia/elecciones/elecciones-en-colombia-ni-petro-ni-hernandez-participaron-en-el-cierre/2022-06-12/181624.html

En cuestión de pocos meses el candidato Rodolfo Hernández, un personaje que la víspera era absolutamente desconocido para el 99 por ciento de los colombianos, se convirtió en el probable presidente de la República. Y no por mérito alguno pues, en todos los campos, es menos que mediocre, sino en virtud de una fórmula propagandística harto conocida pero siempre eficaz. Cosas de las campañas electorales que suelen acabar por convertirse en simple tribuna de demagogia. Detrás se esconden, desde luego, intereses muy concretos, o mejor dicho, factores de poder. Habían descubierto, en primer lugar, que, después de Duque, pese a la popularidad persistente del uribismo, la imagen de continuidad se había convertido en un obstáculo, así que decidieron ofrecer otra supuesta opción de “cambio”. Y en la trampa han caído hasta las organizaciones y personas que menos se pensaba. Se trataba, en segundo lugar, de encontrar una consigna atractiva.

El tema escogido fue la lucha contra la corrupción, tema en el cual todo el mundo parece estar de acuerdo, comenzando por los corruptos; durante años llevado y traído, se asocia fácilmente con la mundialmente conocida tendencia “antipolítica”, expresión primaria, aunque equivocada, del descontento frente a la democracia representativa. Bastaba entonces con fabricar no solamente un “outsider” sino un “guerrero” que nos llevara a la victoria pues, en este caso, a diferencia de temas como el hambre o la desigualdad, que también se utilizan, da la impresión de que, siendo un asunto de moral, lo que se necesita es una “mano fuerte”. No gratuitamente ha formado parte siempre de los discursos justificativos de las propuestas autoritarias, desde el ascenso del nazifascismo hasta los golpes militares latinoamericanos.


No es la primera vez que en Colombia la corrupción se coloca en primera plana; ya había agitado la opinión pública desde enero del 2017 hasta 2018 cuando, ante el fracaso de la “consulta” anticorrupción (no logró el mínimo de votos), fue el recién posesionado Duque quien supo convertirse en su adalid hasta el hundimiento de sus proyectos de ley en el Congreso. También entonces hasta El Tiempo celebró el intento como un “mandato” que de todas maneras era necesario tener en cuenta, y como un gran paso en el “cambio” político del país*. Tal vez la novedad sea ahora que el llamamiento ya no se dirige solamente a los jóvenes de la clase media escolarizada sino también a las amplias capas del pueblo empobrecido, capitalizando su innegable ira.

Sobra decir que, en esta forma, el mal a combatir se queda en su abstracción. Un recurso tan eficaz como cómodo. Es cierto que se ofrece un diagnóstico y se ubica un enemigo pero se elude precisarlo e identificarlo; no es necesario explicar cómo se va a curar la enfermedad, basta con dejar la tarea en manos del líder; confiar en que él, macho como el que más, sabrá castigar los “ladrones” y salvarnos de ellos. –Tal es el atractivo que la consigna ha tenido para los hombres y mujeres de este pueblo desesperado y hastiado de la politiquería, que se suman a los millares de nostálgicos de Uribe–. Sin embargo, fácil es prever que, una vez en el gobierno, si bien nos va, solamente nos entregará las cabezas de un par de chivos expiatorios, preferiblemente de la oposición, y nada más. Es el moralismo, obviamente hipócrita, al que nos ha llevado el “centrismo” que, en nombre de la paz, terminó imponiéndose como cultura política en el país.

El fenómeno de la corrupción es ciertamente, tan extenso, tan fuerte y tan profundo, que da la impresión de ser la fuente de todos los males incluida la miseria. La causa incausada. Una cuestión de mal comportamiento que algunos identifican como de naturaleza “cultural” –No olvidemos que hubo aquí un político “antipolítico”, un intelectual “outsider”, que, en el colmo del rebuscamiento ilustrado, decidió llamar “cultura ciudadana” a las normas de urbanidad–. Pero la cultura es también un tejido material que remite en última instancia a la configuración del poder. Es necesario indagar en las condiciones sociales de la producción y sobre todo de la reproducción de la corrupción. De lo contrario permaneceríamos en el campo de la prédica que algunos intelectuales, para darse buen tono, llamarían ejercicios “performativos”.

El habilidoso recurso de campaña que estamos padeciendo se apoya de manera interesada en la idea de que la corrupción tiene que ver ante todo con el funcionamiento del Estado. De ahí que, en el imaginario que promueven, baste con la “depuración” de la planta de empleados públicos, los elegidos pero también los nombrados. Muy coherente con la cantinela neoliberal de lo conveniente que sería “menos Estado y más Mercado”; cantinela que por fortuna ha venido perdiendo fuerza con las luchas sociales.

Sin embargo, es, por cierto, en el mercado, que supone un conjunto de instituciones, jurídicas y consuetudinarias, donde se incuban las prácticas del abuso, del ventajismo, del fraude, de la estafa o del robo. Justamente porque, en favor del interés privado individual, desaparece la noción de lo público, entendida no como lo estatal, sino como lo atinente al interés general, de todos, de la sociedad. Como se dice ahora: “el común”. El neoliberalismo, como sustento cultural, acabó difuminando las fronteras entre lo público y lo privado. Eso en un país como Colombia donde se liquidó el aparato productivo, permitiendo el avasallamiento del narcotráfico, es de suma gravedad.

La corrupción se ha vuelto parte del engranaje. No de otra forma puede funcionar este sistema económico que, anclado en un precario “extractivismo”, nos ha dejado solamente, en un polo, el de los pobres, el rebusque comercial y en el otro, el de los ricos, la especulación inescrupulosa. Un sistema donde el “buen comportamiento” se convierte en un obstáculo. Es por eso que aquí la corrupción va estrechamente ligada con la violencia. El cumplimiento de los contratos, cuando los hay, no se asegura mediante la institución judicial sino bajo la amenaza de la fuerza. He ahí la fuente de la descomposición del Estado. Aunque parezca una absurda paradoja, la verdad es que aquí hasta la violencia se ha corrompido. La definición weberiana del Estado como monopolio legítimo de la fuerza es apenas una broma macabra.

Si se quisiera enfrentar de manera genuina la corrupción habría entonces que empezar por sus fundamentos materiales. Pero no es eso lo que está ahora en juego en esta campaña electoral. Por el contrario, son los mismos corruptos de las altas esferas del poder, o por lo menos una parte de ellos, los que concibieron esta fórmula y fabricaron este candidato. Es parte del ejercicio del poder y no como creen algunos, producto de la genialidad de algún publicista venal. Es el triunfo del mundo patas arriba: Rodolfo, que se presenta como adalid de la lucha contra la corrupción, recibe el apoyo de los politiqueros tradicionales. No debería sorprendernos: no se trata de un cambio. Pero si nos toca en suerte este mundo los que tendrán la palabra serán los movimientos sociales y sólo ellos. Por fortuna, ya es posible aprender de las experiencias que están viviendo otros pueblos en América Latina.

 

* Ver Moncayo S, Héctor-León, “De la anticorrupción a la gobernabilidad”, Periódico desdeabajo, Nº 250, septiembre de 2018.

Para adquirir suscripción

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

 

Publicado enColombia
Sábado, 18 Junio 2022 09:41

¿El momento o el techo de la izquierda?

https://www.flickr.com/photos/manel/2404265920/

La elección del 19 de junio presenta por primera vez la oportunidad para el país de experimentar una efectiva alternancia política. El presente artículo explora los significados de las dos candidaturas y las reacciones que de cara a la segunda vuelta tienen parte de las fuerzas vivas del país.

A 30 años de la firma de la Constitución, el país experimenta por primera vez una segunda vuelta sin la presencia de un candidato cuya carrera política provenga de los partidos tradicionales y que sin un claro ganador, somete a la sociedad a experimentar la incertidumbre sobre el resultado, principio básico de la democracia electoral. Pero más importante aún, por primera vez existe una posibilidad real de que la izquierda alcance la victoria electoral y que se materialice otro gran principio de la democracia, la alternancia, esta vez de la mano de un ex integrante de una de las fuerzas vivas firmantes de dicha carta.

A su modo, las dos candidaturas representan partes del espíritu de la Constitución: Rodolfo Hernández, es el producto de la apertura democrática subnacional, componente fundamental de la descentralización y en la ciudad de Bucaramanga fue el causante de la derrota de las estructuras locales de los partidos tradicionales y ejemplo de la apertura de la competencia política a grupos alternativos.

Gustavo Petro representa con su trayectoria política los esfuerzos y transformaciones de una parte de la izquierda electoral por ampliar su base social y acceder por vía democrática al poder político. En su tercer intento por la presidencia ha logrado construir un frente amplio al que se han sumado una combinación de liderazgos nacionales tradicionales, especialmente provenientes del partido Liberal y del gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018), la izquierda electoral excluido el MOIR ahora devenido en Dignidad, y una amplia expresión de movimientos sociales, incluidas organizaciones feministas, fuerzas afrocolombianas e indígenas.

Los resultados, imprevistos tanto por la llegada de un real outsider (Hernández) como por la efectiva victoria en primera vuelta de la izquierda electoral (Petro) nos han abocado a unos días intensos de campaña de cara a la segunda vuelta, en donde los sectores tradicionales buscan su reacomodo en un escenario en el que ya no son protagonistas y a la sociedad en una discusión profunda sobre si lo que se espera es el cambio o el castigo. En este artículo espero plasmar mis lecturas personales de lo que ocurrió en primera vuelta y lo que podemos esperar tras la segunda vuelta.

Los candidatos y sus campañas

Las candidaturas a segunda vuelta representan antípodas en términos organizativos y un golpe profundo a las formas electorales que han regido al país desde la Constitución. El Gustavo Petro de 2022 es un candidato maduro que ha entendido a la fuerza la necesidad de construir una organización partidista competitiva para el legislativo, no solo para el distrito nacional del Senado, tradicional espacio de la izquierda, sino también en la Cámara de Representantes, expresión de un intento por construir arraigo en el nivel territorial.

Más allá de la discusión sobre las capacidades, merecimientos o coherencia ideológica de quienes integran la lista elegida, la misma, así como la configuración de la organización denominada “Pacto Histórico” revelan dos cosas. Por un lado la generación de una organización amplia construida con integrantes de partidos políticos que respaldaron el acuerdo de paz así como, el intento por reconfigurar las bases del otrora mayoritario Partido Liberal, agrupación política que por momentos logró agrupar las mayorías políticas del país y hacer convivir con base en milimétricos acuerdos de distribución del poder a facciones que iban desde la centro derecha hasta la centro izquierda.

Ese esfuerzo pragmático trae problemas. Para una parte de la sociedad personas como Roy Barreras, Armando Benedetti o Alfonso Prada son cuestionables por ser políticos profesionales y pertenecer a las estructuras que han gobernado este país en los últimos 20 años. No obstante, justamente el cambio constante de gobernantes es una señal de lo indispensables que son para la construcción de gobernabilidad de los mandatarios y que a falta de partidos las carreras políticas se convierten en una sumatoria de individuos más que de proyectos políticos.

Para otro sector, resulta problemático el que personas como Piedad Córdoba, quien para esta elección ha sido el centro de actuaciones tan polémicas que han terminado con el llamado de Petro para retirarse de la campaña, hayan pertenecido a la lista del Pacto. Pero justamente, una coalición amplia por la paz incluye a esas figuras que desgastaron todo su capital político en momentos en los que la lucha por la paz implicaba el odio generalizado ante un estado de opinión guerrerista. Por lo que a pesar del sentido estratégico electoral, resulta complejo el que “Comunes” siga siendo una fuerza denostada.

Retomando el hilo del carácter “liberal” de Petro, su campaña estuvo hasta la primera vuelta centrada justamente en emular el discurso del liberalismo de masas. La confianza excesiva en “la plaza” de las capitales y grandes centros poblados como espacio público político, no es más que una reminiscencia de lo que ya no existe: del partido de Gaitán y de los partidos de masas.

De ahí que la cara al otro país y de la política identitaria moderna haya recaído en Francia Márquez. A pesar de que por años Petro habló una y otra vez de las “ciudadanías libres” como forma de organización, es en el liderazgo de la candidata a la vicepresidencia donde recaen ahora parte de las fuerzas sociales post materialistas contemporáneas: movimientos afro comunitarios,comunidades rurales periféricas, movimiento indígena, ambientalistas, feministas, barrismo social y organizaciones de jóvenes.

Liderazgo que en su praxis intenta solventar a nivel colombiano parte de la crisis de la izquierda global: la desconexión entre los partidos de izquierda y los reclamos de sus bases sociales. No obstante, los resultados electorales muestran que una parte del movimiento social, especialmente el conectado a los oficios y profesiones más tradicionales: pequeños productores agrícolas, pequeños mineros y trabajadores de la industria energética, pequeños transportistas y trabajadores informales, grupos sociales componentes de la población centro andina, se sienten ajenos a este proyecto.

Por el otro lado, Rodolfo Hernández, ha hecho campaña solo, apoyado en una constante difusión de mensajes a través de redes sociales, visible para los medios tradicionales gracias a su popularidad en la red de videos cortos “Tik Tok”, pero cimentada en un sólido y constante ejercicio de transmisión de en vivos a través de Facebook desde su ejercicio como alcalde de Bucaramanga y la construcción de una red de apoyo y difusión por vía de la red social Whatsapp. Resalto estas dos redes porque ellas están a disposición de cualquier usuario de telefonía móvil, con un bajo consumo de datos y precargadas en sus equipos celulares, por eso no es de extrañar que el candidato haya acumulado una buena votación justamente en las regiones centrales. Años de acumulación de redes de difusión menospreciadas por analistas y la academia.

El de Hernández es el primer proyecto personalista capaz de disputar de forma efectiva la presidencia. Figuras como la de él sí han existido antes a nivel local, por ejemplo el proyecto de Mockus e incluso el diseño inicial de la candidatura de Petro en la ‘Bogotá Humana’ eran también carreras personalistas en las que la estructura era o indeseable o innecesaria, pues el eje de la campaña descansaba no en un proyecto de ciudad sino en la crítica radical a las viejas prácticas políticas.

La alcaldía de Hernández logró romper el control tradicional de la política bumanguesa de manos de miembros del Partido Liberal y de la estructura corrupta que Iván Moreno diseñó y luego su hermano replicó en la ciudad de Bogotá. Expresó a nivel local el hastío frente a esos grupos y una resistencia local ante el dominio departamental del “clan de los Aguilar” y la descolorida figura de Horacio Serpa, quien a nivel local preservó la red de clientelas partidistas.

Para el 2022 Hernández no logró consolidar una estructura política propia, por una parte por su abierta disputa con su sucesor, Juan Carlos Cárdenas, a quien acusa de traición, aunque las investigaciones periodísticas locales señalan que el fondo de la discusión se centra en la disputa por el uso o no de recursos públicos en favor de los intereses que como desarrollador inmobiliario tiene Hernández. Por otra parte, la accidentada construcción de su lista al Congreso pasó por el escándalo en torno al cobro de elevadas cuotas para ocupar el escaño, lo que demoró la conformación de la lista cerrada que presentó para Cámara y que, aunque la más votada, logró dos escaños en el competido distrito de Santander.

Como candidato personalista, su campaña no se ha centrado en propuestas sino en su imagen personal como figura anticorrupción. Apoyado inicialmente por equipos cercanos a la candidatura de Nayib Bukele en El Salvador, cedió el espacio a Ángel Becassino, gran conocedor de la cultura política colombiana y responsable de importantes victorias de la izquierda y los alternativos en Bogotá.

Mérito también merece su equipo de comunicaciones, logrando construir una máquina de difusión en redes capaz de segmentar eficientemente los mensajes para distintos públicos, lo que a la larga ha construido un candidato atractivo tanto para sectores identificados con la izquierda como con la derecha.

Pero también merece el mérito la actitud que mantuvo Hernández durante el paro nacional. A contramano de otras figuras políticas que por prudencia u oposición se abstuvieron de ser retratadas con la movilización, él salió en varias oportunidades a fotografiarse con los marchantes. En sus en vivo se refirió en respaldo a las críticas al gobierno central hechas por las calles y para magnificar su alcance mantuvo un contacto directo con influenciadores de redes sociales, los cuales fueron fundamentales con sus transmisiones en vivo para difundir las movilizaciones.

La reacción de la clase política ante el nuevo escenario

Los resultados electorales han obligado a las diversas fuerzas vivas del país a reaccionar cada una a su tiempo y a su manera. En primer lugar, las candidaturas derrotadas han buscado mantener su relevancia tras las elecciones. Federico Gutiérrez, un candidato del que nada se esperaba pero que tras su inscripción como independiente aglutina el respaldo formal de los partidos tradicionales, incluido el Centro Democrático, rápidamente adhirió sin compromisos visibles a la candidatura de Hernández.

Y es que para el uribismo Hernández no resulta una figura incómoda. Si bien, a nivel territorial se enfrentan por el control del departamento, ambos proyectos tienen la facilidad de converger por la identidad personal entre sus líderes. Estas cercanías entre sí no deben buscarse en el proyecto de país ni en una lógica principal-agente que tan ramplonamente se usan para caracterizar al uribismo.

Más bien en el intenso y persistente trabajo de creación de redes con liderazgos locales que ha desempeñado Uribe a lo largo de su extensa carrera profesional, lo que le permite conocer a profundidad la política subnacional, pero también por pertenecer al grupo de élites políticas periféricas, por tiempo excluidas del poder nacional concentrado en las mismas familias bogotanas.

Esas coincidencias personales, en conjunto con el miedo a que la izquierda llegue a la presidencia, arrojaron de plano al uribismo en esta candidatura. Y no es para menos el miedo, más allá de las diferencias ideológicas con la izquierda el uribismo se enfrentará a partir del 20 de julio a un Congreso en el que la comisión de acusaciones puede estar en control de los sectores alternativos.

También el que un gobierno sin el interés de protegerlos con un manto de impunidad permita el ojo que el gobierno de EE.UU tiene sobre ese partido después de su indebida intromisión en las elecciones presidenciales de ese país con los resultados de La Florida, los que estuvieron a punto de favorecer la reelección de Donald Trump. El malestar de la Casa Blanca es tan notable que solo fue la crisis Ucrania-Rusia la que permitió la anhelada reunión Biden-Duque.


Algunas casas políticas se la habían jugado ya por Hernández. Es claro que la estructura de los Ramírez en Boyacá había desertado ya para engrosar esta campaña, al igual que lo habían hecho las estructuras de Amaya, líder del Verde. Seguramente en reconocimiento del avance que por la región tenía esta candidatura debido a las fuertes conexiones culturales y económicas que atan al departamento de Boyacá con Santander.

Los patriarcas de la costa al parecer estuvieron en pausa, quizás esperando a segunda vuelta o quizás imposibilitados de mover “la maquinaria” ante el ojo avizor de los observadores electorales del Petrismo. De cara a la segunda vuelta, por declaraciones a La Silla Vacía, parecen manifestar su adhesión a Hernández bajo la confianza de que “el ingeniero” no aspira a construir un movimiento nacional y los deje acumular su poder regional sin competencia en las regionales de 2023.

Por su parte, las casas de Bogotá y la tecnocracia está dividida en su aproximación. Por un lado la presencia de sectores tradicionales en la campaña de Petro es símbolo de tranquilidad para unos sectores que en el fondo saben que la alternancia de partidos no es equiparable al desastre político que ocurrió en Venezuela. Además, la firma de Petro puede ser clave en las ambiciones por el poder local de Bogotá y para ocupar los cargos técnicos del Estado. Otras, en cambio, avizoran más cómodo darle legitimidad a Hernández, quizás con el prejuicio centralista de creer que como técnicos pueden controlarlo y también de saber que por más equipo cercano con que cuente el volumen de cargos nacionales a proveer es tan amplio como para caber allí.

Una realidad aún más compleja. La coalición Centro Esperanza implosionó. Luis Murillo y Mabel Lara abandonaron a sus colectividades, conscientes de que a futuro el oponerse a Francia Márquez sería costoso para sus carreras políticas. Sergio Fajardo replicó la lógica tecnocrática centralista ofreciendo a Hernández gobernar bajo su nombre, mientras que Amaya fingió meditar su decisión de voto aunque desde la primera vuelta estaba con él. Por su parte, Dignidad por primera vez optó por la libertad para sus militantes, señal de que la disputa interna es intensa.

Un último sector jugará por el blanco, posicionándose como tercería para relanzar a futuro sus carreras y por sobre todo, llegado el momento intentar ocupar los lugares que hoy Petro y Hernández ocupan como líderes de la izquierda y la derecha respectivamente.

Los escenarios de la segunda vuelta

De cara a la segunda vuelta Gustavo Petro abandona por fin la tarima y se está acercando a las fuerzas vivas que han sido cooptadas por otros movimientos: campesinos, mineros, transportistas e informales en ciudades intermedias. Una tarea compleja que en pocos días queda corto para lo que debió ser un trabajo de años, pero que marca un camino para que la izquierda recupere los sectores sociales del interior del país.

Rodolfo Hernández en cambio, opta por mantenerse refugiado en las redes, escenario que conoce bien y que le sirve para contrarrestar los temores que la exhibición pública de su figura puede generar. Aunque partió con la ventaja, de por sí regalada por Petro al señalar que ganaría en primera, ahora se enfrenta a ser una figura sujeta al escrutinio de las redes sociales.

Por ahora, a pesar de sí mismo, Hernández mantiene una ventaja alimentada en el odio engendrado hacia la izquierda, así como en las múltiples redes de desinformación que desde la época de la negociación de paz inundan el debate político y crean sospecha frente a todo lo que se relacione con la transformación del país. Ese temor social lo convierte en una figura presidenciable, a pesar de los desplantes públicos a la clase política y las citas secretas con las casas políticas, pero el escenario sigue abierto y la izquierda puede lograr llegar por fin al gobierno y empezar a aruñar el poder.

* Docente investigador, Instituto de Estudios Políticos, Universidad Autónoma de Bucaramanga. IEP-UNAB. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

Para adquirir suscripción

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

Publicado enColombia
Rodolfo Hernández: la última carta de los de siempre

Rodolfo Hernández no es un empresario con vocación por el servicio público sino, por el contrario, la última carta que se juega el establecimiento para no perder la Presidencia de la República, institución angular de nuestro sistema político y expresión máxima del poder del Estado.

Las elecciones en curso nos enseñan muchas cosas, por ejemplo, que Rodolfo Hernández no es un outsider de la politiquería colombiana. No es simplemente un irreverente que a punta de tik tok llegó a la segunda vuelta presidencial por encima de Federico Gutiérrez o Sergio Fajardo y menos una persona que se haya dedicado a hacer empresa de manera juiciosa y transparente y que en el ocaso de su vida decidió con independencia dedicarse al servicio público por vocación.

Más allá de lo aparente, hay que resaltar que Rodolfo Hernández es producto de una época de transición en Colombia en la que Álvaro Uribe Vélez no tiene la legitimidad para prolongarse como el político más poderoso del país, pero donde sus ideas y los intereses que ha representado –y que la opinión pública denomina uribismo– siguen aferrándose al sistema político colombiano, sin entender muy bien cómo hacerle frente a lo que el liderazgo de Gustavo Petro ha significado en los últimos 4 años para su dominio y como esperanza de los nadie en Colombia.

Entre luces

La primera escena fue declarar desde los medios corporativos a través de sus mesas de analistas desde los primeros reportes de resultados del preconteo publicados por la Registraduría la derrota del Pacto Histórico en la primera vuelta, a pesar de que ninguna otra candidatura presidencial –desde que existe segunda vuelta en Colombia– ha sacado los más de 8 millones de votos que lograron Gustavo Petro y Francia Márquez. Ni siquiera el mismísimo Álvaro Uribe Vélez ha conseguido tal hazaña electoral. Más de 8 millones de votantes no le creyeron al supuesto miedo que debían tenerle a Petro, decretado desde los medios corporativos. La derrota de Petro y la segura presidencia de Hernández fue la narrativa que intentaron construir al minuto uno del primer informe de resultados de la Registraduría los poderes mediáticos que siempre han orientado la opinión pública en Colombia.


La segunda escena fueron las adhesiones inmediatas, públicas y sin condiciones conocidas –porque seguramente debajo de la mesa se habló rápidamente de cuotas de poder– de Federico Gutiérrez y de figuras clave dentro del partido Centro Democrático como lo son Paloma Valencia –como representante de las oligarquías regionales tradicionales– y María Fernanda Cabal –como la voz del paramilitarismo y el narcotráfico en el Congreso de la Republica–. Adhesiones en días siguientes de la tecnocracia tradicional que siempre ha apoyado a gobiernos criminales –Juan Carlos Echeverry, por ejemplo– y bajo la misma clave la de personajes como los hermanos Galán quienes con su discurso moralizante de la política perdieron las elecciones a pesar de haber hecho carrera en el Partido Liberal y en Cambio Radical, de la mano de César Gaviria y Germán Vargas Lleras.

La salida del closet facho de quienes siempre se han dicho defensores de la institucionalidad es una victoria de los demócratas, que están empujando el avance del Pacto Histórico, a pesar de Rodolfo Hernández.

La tercera escena es el silencio mediático de Álvaro Uribe Vélez. El patriarca. que no es ningún idiota, sabe que su figura es tóxica para cualquiera que quiera ser presidente en la Colombia del 2022 y que él es responsable de eso por impulsar a un incompetente como Ivan Duque para continuar el legado de un régimen decadente, con signos de ello desde hace varios años.

En los días siguientes a la primera vuelta, todo se empezó a organizar en función de la preservación del régimen. Desde lo mediático se ignora que Rodolfo Hernández declaró públicamente su admiración a Adolfo Hitler y en vez de llamarlo abiertamente nazi, como le dirían a Gustavo Petro comunista si declara su admiración a Lenin, se limitan a calificarlo de “populista” e “irreverente” y hasta “de centro” calificación equivocada porque lo que usa constantemente y de manera hábil es la demagogia; además, sus constantes expresiones ideológicas no dejan duda sobre su conservadurismo y ubicación en la extrema derecha. El candidato Hernández tiene grabaciones en donde abiertamente amenaza con matar a otras personas o que “se limpia el culo con la ley”, pero eso no merece la atención mediática en estos días previos al 19 de junio del 2022.

Como continuidad del poder prolongado por tantas décadas, desde los gremios se empezó a aplaudir que mágicamente por el toque de Rodolfo los mercados y el precio del dólar se estabilizaron, y sectores beneficiados tradicionalmente de la desigualdad, el racismo estructural, el patriarcado y el régimen de corrupción que resalta en estas tierras, como la Sociedad de Agricultores, Fenalco o la Andi, se pronunciaron favorablemente por Hernández como posible presidente del país.

Desde otros sectores se continúa repitiendo que el llamado ingeniero es garantía de democracia, a pesar de estar imputado en un caso grave de corrupción cuando era alcalde de Bucaramanga y claramente se han usado instituciones como la Fiscalía General de la Nación para favorecerlo aplazando sus audiencias y dándole margen de maniobra para ser absuelto por la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, en caso de que llegara a la Presidencia de la República.

Por otro lado, desde sectores de la opinión pública se repite que está realmente no es una elección trascendental, contrario a la valoración que sobre ella tienen los sectores progresistas que rodean al Pacto Histórico, Francia Márquez y Gustavo Petro. Para esa opinión pública, aparentemente, la institucionalidad sobrevivirá a la figura de Rodolfo Hernández, reduciéndolo a un simple chabacano y hasta endulzando su discurso abiertamente neoliberal de reducción del Estado social y su lenguaje de empresario que aparentemente todo lo entiende a través de los números, reeditando el “trabajar, trabajar y trabajar” de hace 20 años.

Lo cierto es que muchos de quienes seleccionaron a Hernández procedieron así cautivados por su demagogia, endulzada por una campaña hábil, asesorada por gente que ha ganado presidencias, como la de Nayib Bukele en El Salvador y que entiende cómo ‘vender’ candidatos en una época de crisis de la democracia liberal, y de ruptura de la conversación democrática gracias al monopolio de corporaciones como Facebook, Twitter o Tik tok.

En este escenario, Rodolfo Hernández le habló a esos votantes que no quieren sufragar por el uribismo, pero tampoco por los partidos tradicionales, pero que seguramente creyeron en las mentiras que impunemente esos poderes mediáticos han difundido con poco éxito sobre el Pacto Histórico, Gustavo Petro y Francia Márquez, como que nos vamos a volver Venezuela. Rodolfo Hernández es un producto del marketing, pero no es material para Presidente de la República.

Y como producto de este marketing, y a pesar de las benevolencias de los medios dominantes, no han podido esconder que no es un candidato inteligente ni discursivamente hábil. Tanto así que al momento de escribir este artículo anunció que no volverá a presentarse públicamente en ningún evento sea este debate, entrevista o manifestación. Sus asesores decidieron controlar así el daño que su misma personalidad le hace a sus posibilidades de ganar. Es decir, de llegar a ser electo lo será a pesar de él mismo, más por la confabulación de todo el establecimiento que como resultado de sus capacidades, tradición, visión de país, propuestas.

Propuestas y manejo mediático que anuncian lo que no es: “el cambio”, anhelo por el cual un 28 por ciento de connacionales escogieron esa papeleta. Es ese anhelo de cambio, unido a la realidad de lo que sería un gobierno a su cargo, realzado sin vergüenza en varias de sus propuestas, el que podría llevar a muchas de esas personas a votar en segunda vuelta por el Pacto Histórico el próximo 19 de junio. Es una disputa en curso, y en ella el establecimiento descarga en Hernández su última carta para no perder la Presidencia de la República.

* Docente universitario. Politólogo y Magister en Estudios Politicos Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Colombia. Estudiante del doctorado en Estudios Politicos de la Universidad Externado.

Para adquirir suscripción

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

Publicado enColombia
https://www.flickr.com/photos/bellmon/29434540422/

 

 

Las elecciones presidenciales en Colombia del pasado 29 de mayo y sus resultados, son el punto culmen de diversas transformaciones de larga duración, gestadas y desarrolladas no únicamente en el ámbito de la política colombiana, también por la forma acelerada en que ha cambiado el juego electoral de las democracias a nivel mundial en las dos primeras décadas del siglo XXI.

 Son cambios que invitan a que el análisis de estos comicios integre algunas de estas transformaciones de la política subnacional y nacional, vistas de forma interactiva y en permanente comunicación con algunas de las dinámicas globales. Tomando en cuenta estos particulares procedemos a continuación con algunas pistas de análisis que puntualizarán lo novedoso y las continuidades presentadas en estas elecciones.

La jornada electoral terminó con dos hechos políticos sobresalientes: 1) Gustavo Petro dobló la votación de cuatro millones de votos que había obtenido en la primera vuelta presidencial de 2018 contra Iván Duque, con ello un candidato de izquierda, por primera vez en la historia del país, ganaba la primera vuelta presidencial. 2) Rodolfo Hernández superó en votación a Federico Gutiérrez, el candidato que aglutinaba a todos los partidos del establecimiento y que representaba, implícitamente, al oficialismo del gobierno de Duque.

Estos hechos cambiaron el panorama que varios analistas y organizadores de las campañas políticas habían previsto para la segunda vuelta. En lugar de ser una reedición del 2018, en la cual el Centro Democrático y la Colombia Humana de Gustavo Petro se disputaron la presidencia, los resultados recientes auguran una segunda vuelta inédita con dos candidatos que reivindican una idea de cambio del país y que representan una ruptura contra el establecimiento, puesto que no recibieron el apoyo del expresidente Álvaro Uribe ni de los partidos políticos tradicionales.

Si bien, la configuración políticamente disruptiva de la segunda vuelta es relevante para el futuro del país, la atención mediática ha tendido a soslayar e invisibilizar varios procesos que pueden permitir comprender ciertas características. De hecho, es posible trazar algunos escenarios prospectivos frente a los resultados del próximo 19 de junio, en que se conocerá el nombre del nuevo presidente.


¿Estamos ante el fin del división político de la guerra y la paz?

Estas elecciones marcan el final de procesos en los que el recrudecimiento del conflicto armado y la negociación con los actores armados tuvieron un papel decisivo en las elecciones presidenciales, por lo menos en las últimas tres décadas.

La importancia de la paz y la guerra se remonta a la campaña de Belisario Betancur y su propuesta de negociaciones de paz con las guerrillas en los años ochenta, así como a la campaña de comienzos de los noventa que estuvo caracterizada siniestramente por la irrupción sanguinaria del narcotráfico y su influencia en las elecciones de 1994. La paz seguiría en vigencia con la disputa por quién realizaría la negociación entre las campañas de Andrés Pastrana y Horacio Serpa en 1998, pasando por las elecciones de 2002 y 2006, cuya victoria fue de Álvaro Uribe, quien abanderó el discurso de la Seguridad Democrática en un contexto álgido del conflicto armado y tras los fracasos en las negociaciones con las Farc de la administración de Pastrana.

Este discurso de la seguridad democrática alcanzó tal popularidad que, incluso, propició la llegada de Juan Manuel Santos a la presidencia en 2010, aunque este gobierno terminó por distanciarse de su padrino político y del uribismo, y logró conducir al país hacia los Acuerdos de Paz con las Farc en La Habana (Cuba) en 2016. Santos defendió la bandera de la paz en las elecciones de 2014 frente al candidato del uribismo –Óscar Iván Zuluaga– para alcanzar su segundo mandato. Ya en 2018 el uribismo estaba nuevamente fortalecido y con la principal bancada en el Congreso conquistó la presidencia con Iván Duque, toda vez que promovía un discurso de ‘paz con legalidad’ que no era otra cosa que la de hacer trizas los Acuerdos de Paz. Paradójicamente, estas fueron las elecciones más pacíficas de las últimas décadas.

Las elecciones de 2022 rompen con la continuidad de la agenda en campañas orientadas hacia la paz y la guerra, dos asuntos recurrentes en la agenda electoral. Aunque estos temas fueron discutidos, en general en los debates y en las propuestas de las campañas que fueron a urnas el 29 de mayo existieron posturas similares y con algunos matices respecto de respetar el tratado de paz con las Farc y asegurar su cumplimiento, así como en buscar las posibilidades de conseguir una salida negociada con el Ejército de Liberación Nacional (Eln).

En este sentido, estas elecciones mostraron un acuerdo sobre la necesidad respetar lo acordado, a diferencia de las elecciones de 2018, en las que el Centro Democrático tenía una postura crítica respecto al Acuerdo y privilegiaba la salida militar al conflicto armado. En la campaña en curso, el único que continúo con la tesis de desconocer el conflicto armado y verlo como una amenaza terrorista fue Enrique Gómez, un candidato que, como su partido Salvación Nacional, se quedó anclado en el pasado. Lo anterior muestra, al menos en el marco de esta elección, unos compromisos básicos pero fundamentales respecto al cumplimiento del Acuerdo y a futuras negociaciones de paz. Esto no es un hecho menor, ya que el gobierno del presidente Duque en sus cuatro años hizo varios intentos por sabotear e incumplió los acuerdos y priorizó la respuesta armada estatal, más que propiciar espacios de diálogo con los grupos armados.

 

 

Izquierdas y derechas: las múltiples caras del discurso anti-establecimiento

Históricamente, el discurso anti-establecimiento y contra los partidos tradicionales fue bandera de la izquierda, por estar marginada del poder nacional, pese a ganar elecciones en ciudades como Pasto, Bogotá y Cali. En este orden, la creciente impopularidad y descontento frente al gobierno Duque se hizo cada vez más visible y fueron los grupos de oposición los que potenciaron esa opinión, principalmente, el senador de la Colombia Humana Gustavo Petro, así como integrantes de la Alianza Verde y el Polo Democrático Alternativo.

Si bien el discurso anti-establecimiento también había sido propiedad de sectores de izquierda y centro izquierda, esto también reflejaba una asimetría de poder electoral reflejada en que estos movimientos, a lo largo de la historia, habían tenido una representación política minoritaria en el Congreso de la República.

Ahora bien, la correlación de fuerzas con estas diferencias se ha expresado en lo que se conoce con las populares expresiones de la aplanadora de gobierno o el pupitrazo para aprobar proyectos de ley o rechazar mociones de censura sin consultar o incluso, en algunas ocasiones, dejando en el ostracismo a los partidos de oposición. Esta correlación de fuerzas estuvo dominada por los partidos tradicionales Liberal y Conservador, así como los que habían surgido de estos como el Partido de Unidad Social, Cambio Radical y luego, el Centro Democrático, quienes al ganar las elecciones de 2018 tenían mayorías para aprobar leyes en el legislativo.

En las elecciones legislativas de 2022 se dio un cambio incipiente de correlación de fuerzas en el Senado y en la Cámara de Representantes. El Pacto Histórico consiguió en Senado ser la mayor fuerza política y la segunda en la Cámara de Representantes, mientras que la Alianza Verde también creció en las dos Cámaras. Respecto a los partidos del establecimiento, el único que tuvo un crecimiento fue el Conservador, mientras que los otros mantuvieron o vieron reducida su representación política. Entre estos el Centro Democrático fue quien asumió el mayor castigo político por ser el partido oficialista de un gobierno claramente impopular. Estos resultados, si bien no implican que los partidos por fuera del establecimiento puedan construir mayorías sin necesidad de alianzas, sí muestran un relativo fortalecimiento y, por ende, un mayor juego de los partidos de centro izquierda e izquierda.

Ahora bien, en este escenario de fortalecimiento de estos partidos también resalta que la izquierda pierde la exclusividad sobre la bandera anti-establecimiento, ahora disputada por Rodolfo Hernández, quien desde un discurso centrado en el rechazo a la corrupción ha podido posicionarse como un político contrario a la clase política tradicional. De modo que las elecciones revelaron claramente que el descontento social contra la clase política no se viabilizó única y exclusivamente por la izquierda. Como se observa en los siguientes mapas, en los que la mayor intensidad del color indica el porcentaje que obtuvieron Rodolfo Hernández, Federico Gutiérrez y Gustavo Petro, quien será presentando más adelante, en los municipios colombianos.

La distribución de los votos muestra resultados similares a las votaciones de Zuluaga y Santos en 2014, así como las del plebiscito de los acuerdos de paz, donde es relativamente fácil identificar a los electores de izquierda y derecha, así como la división entre patrones de votación del centro y la periferia que se ha producido en anteriores elecciones.

Una realidad que no cambia de forma radical en las presidenciales de 2022, pero sí es posible observar que la derecha se divide en dos grupos identificables. En este sentido, uno de los cambios relevantes en el panorama electoral puede ser una derecha que no viabilice su expresión política identificándose con el Centro Democrático como principal proyecto político y que, insatisfecha con el gobierno de Duque, estuviera latente esperando un candidato en las áreas del país donde históricamente ha sido mayoritaria.

Este posible cambio gravitacional ha dejado al Centro Democrático con Antioquia como su único baluarte territorial, al tiempo que el resto de los votos que pueden hacer decisivo el apoyo de este sector se reparten entre los distintos partidos del establecimiento. A pesar de que todavía tienen una preponderancia electoral, cuando están en coalición muestran una creciente erosión de su capacidad para movilizar votantes en las elecciones presidenciales. Por consiguiente, el interrogante es si esta división en primera vuelta se puede tramitar para que estos partidos apoyen al ingeniero Rodolfo Hernández con lo que se haría patente la división política subnacional de las últimas elecciones.

Aunque la respuesta inmediata es que el anti petrismo puede servir como el engranaje clave para lograr esta “reunificación”, hay dos aspectos para tener en cuenta. En primer lugar, una alianza o recibimiento irrestricto del uribismo y de otros partidos del establecimiento por parte de la campaña de Hernández puede conducir a que sus votantes se sientan traicionados y prefieran votar en blanco, esto en el caso que sean de derecha y que estén desencantados con el uribismo, o incluso pueden migrar al petrismo, si eran únicamente inconformes. La paradoja entonces radicará en cómo este candidato puede crecer con estos apoyos sin perder más de lo que gana en el proceso.

En segundo lugar, la liberalización de la campaña (respeto de derechos Lgtbq, o el uso de marihuana recreativa), y el apoyo al proceso de paz para acercarse al centro pueda hacerle perder apoyo de votantes creyentes-religiosos y de la derecha más radical, aunque es probable que en estos últimos su decisión de votar se vea más influida por su antipetrismo que por las diferencias ideológicas que tenga frente a la campaña de Hernández.

Si esto es difícil, por el lado de la campaña del Pacto Histórico la consecución de votos para mantener el primer lugar y superar el posible crecimiento del ingeniero no se revela más fácil, incluso las jugadas son más complejas. Por una parte, hay un interrogante en el aire, ya que Gustavo Petro dobló sus resultados en comparación con la anterior primera vuelta. No obstante, todavía hay diferentes interpretaciones: si esto marca su techo o hay un espacio de crecimiento que le permita buscar votos.

En primera instancia y como se ve en el mapa, a pesar de mantener sus baluartes en las dos costas del país y en Bogotá, también se observa un crecimiento en el área andina, región que en las anteriores elecciones había sido más de derecha. La pregunta es si le alcanzarán las tres semanas para fortalecerse en esta región sin descuidar el crecimiento en las costas. En comparación con el sur de Colombia, la votación por el Pacto Histórico es muy fuerte, e indica que hay consolidación de las bases electorales, por lo que puede ser que su techo ya esté a tope, y esto le dificultaría crecer. En segunda instancia, hay una carta de juego en la creciente juntanza (movimiento) de mujeres que defienden sus derechos. Hasta ahora las declaraciones del ingeniero han reafirmado los roles clásicos asignados a las mujeres desde la postura conservadora y puede ser el momento de potencializar la apuesta que realizó el Pacto en las listas paritarias al Congreso, porque amplía la participación de la mujer en cargos de poder.

Finalmente, al estar en disputa la bandera anti-establecimiento esta ya no es de propiedad exclusiva de una de las dos campañas. Al contrario, desde la consulta, la campaña del Pacto Histórico fue aceptando figuras ligadas a partidos tradicionales, como Roy Barreras y Armando Benedetti. Por lo que de cara a las elecciones el anti-establecimiento se vuelve un as que puede ser jugado en la disputa sobre cuál de los dos candidatos representa más fielmente el hartazgo de la población colombiana frente a la clase política tradicional.

Esto crea un reto en la necesidad que va a tener el Pacto Histórico para reorientar su campaña, ya que esta bandera hubiera funcionado muy bien contra Federico Gutiérrez al concentrar este el descrédito del gobierno, así como aglutinar los partidos identificados como pertenecientes al establecimiento. Por el otro lado, el Pacto tiene una disyuntiva complicada, si bien la estrategia de señalar a Rodolfo Hernández puede espantar algunos de los votantes del ingeniero, también es cierto que puede hacer que los votantes uribistas simplifiquen su decisión de apoyar masivamente la campaña de la Liga.

El leviatán despierto

Con la estruendosa derrota de Antanas Mockus frente a Juan Manuel Santos en 2010, varios analistas dijeron que este suceso mostraba la insignificancia de las plataformas digitales en elecciones como Twitter y Facebook –en esa época, aunque con desparpajó, también habrían incluido Tik-Tok– y confundieron un leviatán dormido que apenas estaba comenzando a crecer.


Las elecciones de 2022 han mostrado que ya se puede ver a este animal mítico completamente despierto y todos los indicios parecen indicar que no ha terminado de crecer. Esta dinámica global cada vez más ha repercutido no solo en la forma de hacer política, sino en las redes que se forman para relacionarse entre los seguidores de una campaña y la forma en que obtienen su información política.

En este orden de ideas, la barrera entre lo analógico y lo digital es más difusa, tal vez debilitada por el impacto de la pandemia en el proceso de las interacciones remotas. De tal forma que, si bien los candidatos del Pacto Histórico y del Equipo por Colombia tuvieron en su repertorio formas de movilización tradicional –como los mítines en plaza pública–, ahora WhatsApp y su función de crear grupos y geolocalizarlos estratégicamente jugó un rol fundamental para permitir la interacción entre partidarios.

El uso de esta herramienta pudo ser observado con particular fuerza en la campaña de Rodolfo Hernández. A diferencia de sus contradictores él no tenía una estructura partidista detrás y pudo superar con facilidad a candidatos como John Milton Rodríguez, quien estaba apoyado logísticamente por varias iglesias y organizaciones partidistas. Distanciándose de enfoques más tradicionales, la campaña de Hernández creó la página rodolfistas.wappid.com, la cual permite articular nodos regionales de sus seguidores sin necesidad de tener sedes de campaña o una estructura política en el territorio para movilizar los votos.

A su vez, y paradójicamente del carácter localista del ingeniero, el estilo de campaña y liderazgo parece reflejar que hay arquetipos de campaña trasnacionales que cada vez son más exitosos. En este sentido, la campaña política de Hernández instrumentalizó la figura del empresario sencillo y pragmático. Esta figura parece entender de forma sencilla y expedita, más cercana a la gente, a sus problemas, al mismo tiempo que rechaza a una élite política. Con ello, el candidato obtiene réditos políticos. Estas pautas de campañas cada vez son más frecuentes y se consolidan en un mundo de creciente desigualdad e inestabilidad.

Perspectivas de cambio en distintas direcciones


Las elecciones de 2022 representan, por sí mismas, un cambio histórico en la política colombiana. Ni mucho menos son la caída del establecimiento y los partidos que se asocian con la política tradicional. Estas agrupaciones políticas estarán a la espera en el Congreso para observar el nuevo presidente va a negociar para conformar mayorías legislativas. Es necesario tener en cuenta que las últimas elecciones muestran una creciente diferencia entre el comportamiento electoral para Congreso y Presidente, por lo que si los partidos tradicionales se han debilitado en las elecciones presidenciales continúan teniendo gran fuerza y un poder decisivo para construir mayorías en el Congreso.

A pesar de esta inercia, no deja de ser histórico que por primera vez en la historia política del siglo XX y XXI dos candidatos presidenciales pasan a segunda vuelta sin recibir el apoyo de estos partidos. Aunque las cartas parecen favorecer a la campaña del ingeniero y es muy probable que gane, todavía hay muchas incógnitas que pueden cambiar los resultados. La segunda vuelta es una nueva campaña y sus resultados son más complejos que la suma de las votaciones de los candidatos que participaron en la primera vuelta.

En el juego electoral tres semanas son eternas y sorpresivas, más aún en Colombia, país que no se caracteriza por lo predecible de sus dinámicas políticas.

*Profesor de Flacso, Ecuador.

Para adquirir suscripción

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

Publicado enColombia
Viernes, 17 Junio 2022 06:30

El giro inesperado de la segunda vuelta

https://www.kienyke.com/radar-k/gustavo-petro-y-rodolfo-hernandez-satelite-y-propuestas-de-conectividad

¿Por qué la derecha se ha alineado en la figura de Rodolfo Hernández? ¿Cuáles son los retos y los riesgos a los que estamos enfrentados? ¿Es cierto que Hernández es un político anti-sistema que representa una forma de cambio en la sociedad colombiana? ¿Cuáles son los retos de la izquierda si triunfa o si fracasa?

A pesar de que la coyuntura impida hacer un análisis político cuidadoso de izquierda, los hechos son estos: la derecha y los sectores dominantes de la sociedad colombiana han dado giro inesperado. Han decidido apoyar, en bloque, a un presunto candidato anti-sistema, outsider y firme defensor de las causas del pueblo para acorralar y debilitar a la izquierda. Es un cambio de estrategia que está lleno –repleto– de ideología porque buscan invertir el orden del antagonismo político. La derecha hoy busca llegar al gobierno con casusas que son propias de una comprensión del mundo de la izquierda y, de acuerdo con esto, han hecho ver al Pacto Histórico como una alianza de politiqueros y corruptos.

Esta inversión ideológica no es un episodio anecdótico, en realidad representa un giro que nos expone a riesgos muy evidentes. Como lo demuestra la historia, allí donde políticos de derecha capturan las reivindicaciones de los sectores dominados de la sociedad, emergen escenarios muy enrarecidos: se ocultan los verdaderos antagonismos sociales, se fabrican clases dominantes inexistentes y se garantiza la reproducción de las relaciones de opresión. Vamos por partes.


El factor Becassino y el ocultamiento del antagonismo social

Ángel Becassino, el especialista en publicidad y marketing político que asesoró a Petro en el 2018 hoy está trabajando para Rodolfo Hernández, según él, hasta el fin de la campaña. Hay una matriz de opinión, un poco grandilocuente1, que lo señala como fundamental para el triunfo del exalcalde de Bucaramanga. Sin embargo, este diagnóstico descuida el hecho de que los casi seis millones de votos que obtuvo Hernández provienen también de la derecha y de las élites de las que él señala estar en contra.

Ahora bien, esto no quiere decir que el factor Becassino sea marginal. Su reciente estrategia de hacer marketing político –que es también una manera de hacer política– permitió catapultar a Hernández como el candidato de la derecha. Y lo hizo precisamente porque Becassino lo ha hecho aparecer en la opinión pública como un político de centro. Pero no solo de centro, sino también anti-sistema y outsider que podría recoger el descontento de las personas frente a la clase política colombiana. Este último factor no estaba presente en la coalición de centro, liderada por Sergio Fajardo, con su idea de una cambio gradual y responsable.

En estas arenas movedizas ideológicas creadas por Becassino, han caído muchas personas que quieren un cambio en el país, pero también el mismo centro político e intelectuales que consideran factible un cambio con Hernández como William Ospina –es cierto, Ospina siempre admiró la figura de Hernández, pero Becassino permitió catapultar esa admiración a nivel nacional que recogería presuntamente la indignación del pueblo colombiano–.

Su estrategia terminó funcionando por el encuentro de varios factores, sin embargo, el factor principal, a mi juicio, es la necesidad urgente de los sectores dominantes de ocultar el antagonismo social. Recordemos que este antagonismo floreció durante el 2019, 2020 y 2021 en jornadas del Paro Nacional, en los estallidos de indignación y rabia contra la desigualdad y la violencia estatal, como también en la emergencia de formas de organización de la protesta inéditas, como las emergentes en Cali y Bogotá.


Este antagonismo, que es la manifestación explícita y directa de cierta forma de los conflictos de clase, hace relucir las formas de resistencia que inevitablemente emergen en el corazón de las formas extremas de violencia del neoliberalismo contemporáneo. Sin embargo, el contraataque de la ideología es la de descartar las razones, los argumentos y la justa indignación de los jóvenes empobrecidos y marginados y expone sus voces como ruidos excesivos y formas de vandalismo que no se pueden tolerar.

A partir de esta presunta mudez de la indignación de la gente, aparece ese extraño concepto que es el centro. Una noción en donde todo cabe, pero que cumple una función clave: la de creer que la indignación debe requerir una interpretación, la que debe estar a cargo de un conjunto de personas que son capaces de llevar a cabo las transformaciones que el pueblo pide a gritos. Pero en ese proceso de transformación de la sublevación democrática y popular queda borrado el antagonismo constitutivo de todo orden social.


En el caso de la apuesta de Becassino, ya no hay clases sociales, ni géneros en disputa sino la simple sumatoria de individuos indiferenciados que reclaman eliminar a una presunta élite política que ha ocupado los cargos públicos. Ahora bien, no estoy diciendo que esa clase política no exista, sino que el discurso que ha posicionado Becassino consiste en reducir el antagonismo de clase, que fractura constitutivamente a toda sociedad, en una lucha de la sociedad contra la corrupción.

Esto quiere decir que los antagonismos y las contradicciones que irreductiblemente habitan toda coexistencia desaparecen en el discurso que ha posicionado Hernández. Ahora bien, este ocultamiento no es una forma de negación, porque la estrategia de Becassino aprovecha la ideología del capitalismo contemporáneo: la mejor manera de ocultar el antagonismo no es negando la opresión y la violencia, sino haciéndolas brutalmente evidentes por sí misma. En su campaña, Rodolfo Hernández ha aparecido como un hombre violento cuyo patrimonio ha emergido de la explotación, a juicio de él, de hombrecitos que emplean su vida pagando intereses hipotecarios.


Tenemos entonces que el antagonismo de clase, que es por cierto el fundamento de la práctica política de las sociedades occidentales desde la antigüedad, desaparece en la campaña de Hernández. Y lo hace no solo prometiendo naturalizar la opresión social, sino también ofreciéndoles a los subalternos de la sociedad la posibilidad de conocer el mar.

Todos contra Petro, el drama de la izquierda

Hay algo muy cierto. Desde el devenir el totalitario del bolchevismo, la caída del muro de Berlín y el predominio de un capitalismo que se ha mostrado como una forma de producción de sentido necesaria e incontrovertible, a la izquierda le ha correspondido una tarea muy dura y difícil de reinvención.

Gustavo Petro es un político muy polémico. A pesar de las enemistades y reparos provenientes no solo de sectores de la derecha colombiana, sino también del interior de la izquierda y la centroizquierda misma, Petro ha logrado recoger las múltiples formas de la izquierda criolla en un proceso, desde mi punto de vista, muy constante y perseverante. Ha caído también en el drama contemporáneo de la izquierda de dejar a un lado toda idea radical de la emancipación humana, para dar lugar a promesas que para hace algunos años eran de propiedad de la centroderecha y de la agenda del capitalismo de la posguerra.

Sin embargo, considero que, a pesar de los múltiples reparos que provienen de posturas muy cómodas en la academia y en la opinión pública, Petro hace parte de unos procesos históricos muy complejos e incluso impersonales que lo han ubicado en el liderazgo de la izquierda en Colombia. No quisiera dejar de mencionar que, para ver la singularidad de este liderazgo, tengamos que seguir la hipótesis según la cual la “historia es un proceso sin sujeto”. Esta tesis, muy mal interpretada por ciertos círculos marxistas, simplemente quiere decir que la historia no le pertenece a nadie, ni siquiera a un líder de un gran movimiento político.

La historia es, más bien, un tejido de múltiples perspectivas del mundo que van formando un suelo más o menos firme para que vivamos y tengamos certidumbres sobre la verdad, la mentira, la justicia y la injusticia. Si no analizamos la figura de Gustavo Petro desde ese punto de vista, vamos a caer en callejones sin salida. No vamos a entender que lo que la prensa llama “antipetrismo” o “petrofobia” es en realidad una fobia a las causas vulnerables que él mismo representa y de las que también hace parte.

Y precisamente por las anteriores razones, el líder del Pacto Histórico no es un maquinador y manipulador político que ha llegado a liderar nuestra izquierda, sino el resultado de la pura y llana contingencia. Es cierto que para aprovechar la contingencia se requiere de la virtud, como dice Maquiavelo, pero cualquier análisis que fetichiza la figura de Petro parte de premisas equivocadas, porque de lo que se trata es de comprender el proceso histórico que lo atraviesa.

Es ese proceso histórico, impulsado por múltiples historias de clases subalternas, el que lo tiene exactamente con las mismas posibilidades de Rodolfo Hernández para lograr la presidencia de la República. Un proceso histórico que solo cuenta con cuerpos muy rebeldes, resistentes e inteligentes que se enfrentan a su vez no a otros cuerpos, sino al poder infinito del capital, de la propaganda y de la violencia, en sus múltiples formas.

Lo imprevisible y la seguridad


La derecha ha apostado todo su empeño por un verdadero salto al vacío. A través de un plan de gobierno sin contenido, Hernández representa la simple y desnuda injusticia del mundo. Sus propuestas no cuentan con argumentos, ni con promesas, sino simplemente con la idea de no dejar que florezca una forma de vida diferente. Como lo podemos deducir de los planteamientos de Becassino2, su candidato es una figura vacía porque, presuntamente, integra una falsa sensibilidad por las causas populares, prometiéndoles el mar y una austeridad fiscal muy peligrosa, y una verdadera mano firme, que ha sido emblema de la derecha en los últimos tiempos.

Con esa extraña e incompatible combinación de presuntos elementos de la derecha y de la izquierda, a juicio de su estratega, Rodolfo Hernández busca poner en orden las cosas. Sin embargo, es un orden sin sentido y sin referentes. La fabricación imaginaria de la idea de que la injusticia proviene de una élite corrupta acompaña un horizonte vacío de orden y progreso. Las clases sociales, los conflictos, la violencia patriarcal, el racismo y todas las capas que atraviesan la dialecticidad del mundo –acá estoy parafraseando de cierto modo a Merleau-Ponty– es reemplazada por una sumatoria irreal de individuos indiferenciados que componen una totalidad que es la sociedad colombiana.

Ocultamiento, negaciones, distorsiones que permiten ver en esta comprensión del mundo hay rasgos totalitarios muy peligrosos. La historia reciente nos ha demostrado que allí donde las clases sociales se convierten en masas e individuos indiferenciados y se reemplaza la reflexión cuidadosa sobre el sentido de la justicia por formulas vacías, emergen las condiciones para el desencadenamiento de violencias imprevisibles.

Todo esto quiere decir que la izquierda en Colombia tiene dos frentes de batalla. Por un lado, se encuentran los retos ante un eventual triunfo del Pacto Histórico. Allí nos encontramos con serias dificultades, porque de lo que se trata es de hacer durable una forma de comprender la política sin caer en la idea de que la izquierda, por ser tal, trae consigo las verdaderas soluciones a los dramas e injusticias de nuestra existencia. La izquierda no está más cercana a la verdad, ella es más bien una forma de comprender el mundo y la práctica política que pretende la actualización de la conflictividad y la contingencia del mundo. Y actualizar la contingencia y el conflicto es abrir el horizonte a nuevas formas de oposición, de participación y de expansión de la vida política de los seres humanos.

Lastimosamente muchas izquierdas le han temido a todo esto porque una vez instaladas en el poder, en muchas ocasiones, se han sentido cómodas con el juego del sistema de partidos, de la violencia estatal y de acallamiento de otras formas de comprender la coexistencia humana. En resumen: a la izquierda le corresponde elaborar una alternativa a la idea de que las revoluciones son verdaderas como movimiento, pero falsas como regímenes3.

Finalmente, como una derrota del Pacto Histórico es igual de probable, la izquierda tiene que prepararse para lidiar con los rasgos autoritarios que muy seguramente van a emergen en el gobierno del electo. Del mismo modo que fue sorpresivo el uso indiscriminado de la violencia estatal en las jornadas de protesta social durante el 2020 y 2021 de parte del gobierno de Duque, es muy probable que nos enfrentemos a escenarios de este tipo.

El profundo rechazo de Hernández a la autoridad del Congreso de la República –bajo la idea de que allí solamente hay corruptos– y el rotundo rechazo a comprender la dimensión conflictiva de toda formación social nos expone a riesgos muy graves con los que debemos aprender a lidiar. Las leyes que aseguran la estabilidad de los asuntos humanos que hacen parte de nuestra Constitución y la invención y la imaginación de los sectores populares nos protegerán del eventual devenir autoritario de una derecha que se quiere ocultar no solo con el concepto de centro político, sino también con las reivindicaciones transformadoras de la izquierda.

1 Ver: https://cambiocolombia.com/articulo/poder/gustavo-petro-es-muy-tragico-angel-becassino-asesor-de-rodolfo-hernandez
2 https://www.eltiempo.com/elecciones-2022/actualidad-electoral/habla-angel-beccassino-el-estratega-de-rodolfo-hernandez-677516
https://open.spotify.com/episode/1U95SLwRXL
cCBKTgBamPrf
3 M. Merleau-Ponty, “Les Aventures de La Dialectique”. En Oeuvres (Paris: Gallimard, 2010), 599.

* Profesor de la Universidad Javeriana.

 

Para adquirir suscripción

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=179&search=suscri

Publicado enColombia
Página 1 de 8