Familiars de detenidos se abrazan después del motín en la entrada a la cárcel de Guayaquil. . Imagen: AFP

La nueva masacre deja al descubierto la crisis penitenciaria que atraviesa el país

Más allá de los supuestos vínculos con el narcótrafico de las bandas enfrentadas, subyace el desmantelamiento de las políticas implementadas por el gobierno de Rafael Correa que habían logrado reducir los daños.

 

Un feroz enfrentamiento entre bandas por el control de una cárcel en Guayaquil dejó al menos 116 muertos, 80 heridos y el sistema penitenciario de todo el país en estado de excepción, según lo establecido por el presidente Guillermo Lasso. La masacre, producto de un enfrentamiento entre bandas criminales en el Centro de Privación de Libertad Nº 1 de Guayaquil, pone de manifiesto la crisis carcelaria que atraviesa el país desde hace al menos tres años. 

Más allá de los supuestos vínculos de estas bandas con poderosos carteles del narcotráfico subyace el desmantelamiento, primero bajo el mando de Lenin Moreno y ahora en la continuidad de Lasso, de políticas implementadas por el gobierno de Rafael Correa que habían logrado reducir los daños. "Si el Estado no tiene el control y la administración de las cárceles, definitivamente no hay Estado de derecho en Ecuador", asegura Jorge Vicente Paladines, profesor de la Universidad Central del Ecuador, en diálogo con Página/12.

Un imponente contingente militar llegó el miércoles a la Penitenciaría de Guayaquil, dando cuenta de que la situación estaba lejos de resolverse. El propio Lasso confirmó cerca de la noche del miércoles que había al menos 116 muertos y 80 heridos, y que todas las víctimas eran detenidos. Horas antes el flamante director del sistema carcelario de Ecuador (SNAI), Bolívar Garzón, calculó que habría más de 100 fallecidos y que, junto a la policía, las autoridades penitenciarias continuaban "entrando a los pabellones del conflicto y descubriendo más cadáveres".

El motín, según el SNAI, se originó en una pelea entre bandas por el control del penal, una situación que se viene repitiendo en los últimos tiempos. "Lo que está pasando en el Ecuador es que el Estado no tiene el control ni la administración penitenciaria. Las cárceles están en manos de organizaciones criminales", advierte en ese sentido Paladines. "Hay una masacre sistemática. Las cifras de personas asesinadas, descuartizadas, decapitadas en las cárceles ascienden bajo esos componentes que son claros signos del narcotráfico que los carteles mexicanos aprendieron de los grupos paramilitares y del narco colombiano", agrega el jurista. 

Una crisis sostenida en el tiempo

El incidente más grave hasta el momento se había dado en febrero de este año con un amotinamiento en cuatro cárceles a la vez, que dejó un saldo de 79 muertos. El pasado 22 de septiembre durante un registro en una cárcel de Guayaquil, la policía encontró tres armas de fuego, 150 municiones, una granada, 12 tacos de dinamita y más de 200 municiones de distinto calibre. "La Fiscalía de Ecuador debe investigar si ese armamento militar ingresa a los penales como consecuencia de haber corrompido a funcionarios del Estado", sostiene Paladines al respecto.

La crisis carcelaria en Ecuador viene por lo menos desde 2018, cuando empezaron a producirse asesinatos en el interior de los centros penitenciarios y también otros vinculados fuera de ellos. Mario Ramos, director del Centro Andino de Estudios Estratégicos (CENAE), asegura a este diario que antes de esta última masacre Ecuador ya tenía un índice per cápita de muertes muy alto sobre las cárceles de América latina. "Brasil tenía la punta pero es un país con un población mucho mayor. Ahora seguramente el Ecuador ya lleve la delantera", plantea Ramos, considerando que en lo que va del año ya son más de 200 los muertos en motines.

El desmantelamiento de las políticas del correísmo

Ecuador había desarrollado, bajo el gobierno de Correa, una política pública que intentaba atender los problemas urgentes en las cárceles. Con ese fin se creó el ministerio del Interior, que se dedicó a las cuestiones de seguridad y le dio conducción política a la policía. También se instaló el ministerio de Derechos Humanos, abocado a las cárceles, y se estaba creando una escuela de guías penitenciarios. "Todas estas cuestiones desaparecieron en el gobierno de Moreno. Todas esta políticas públicas que se llegaron a implementar no hay que verlas como de izquierda o derecha, eran cosas de sentido común", enfatiza Ramos.

Debido a la crisis penitenciaria, alimentada por la sobrepoblación, la corrupción, la insuficiencia de guardias y la violencia, los militares se dedican desde hace meses al control exterior de las cárceles. Paladines explica que "las cárceles están militarizadas y policializadas", pero la estrategia de la mano dura tuvo consecuencias adversas. "A más policías en las cárceles, a más militares en las cárceles, más violencia y esto va íntimamente de la mano de la cooperación militar con los Estados Unidos en nombre de la guerra contra las drogas", explica el criminólogo.

Las promesas de Lasso

Las cárceles de Ecuador albergan a más de 39 mil presos, una cifra que se triplicó en los últimos tres lustros. Además el índice de hacinamiento llegó al 36 por ciento en los últimos años y actualmente ronda el 30 por ciento. Paladines remarca que aproximadamente 1500 personas hacen seguridad penitenciaria en las cárceles ecuatorianas, mientras que no hay más de 62 trabajadores sociales. "Hay más cárceles que trabajadores sociales en Ecuador", enfatiza. Para mejorar el estado crítico del sistema penitenciario, el presidente Lasso anunció que destinará 75 millones de dólares en los próximos cuatro años.

Más allá de lo prometido, que iría principalmente a reparar los daños materiales producidos por los motines de este año, Paladines cree que es importante que se apliquen instrumentos internacionales como el denominado Protocolo de Minnesota para investigar el rol del Estado en las masacres. "Si el Estado incumplió con el deber de cuidado de los bienes jurídicos, por ejemplo la vida, la seguridad, la salud de las personas privadas de la libertad, entonces el Estado tiene que ser sancionado", explica el jurista y sostiene: "No podemos asistir a una película de terror cada vez que hay una noticia sobre las cárceles en Ecuador".

30 de septiembre de 2021

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La matanza de 79 presos en Ecuador expone el fracaso de Lenin Moreno en materia de seguridad

El motín más sangriento de la historia se desencadenó en cuatro penales hacinados

 

Los sangrientos motines del martes en cuatro cárceles de Ecuador dejaron hasta el momento un saldo de 79 presos muertos y escenas de un espanto pocas veces visto. También pusieron de manifiesto la errática gestión del presidente Lenin Moreno en materia de seguridad. Si bien las autoridades salieron rápidamente a declarar que la masacre se debió a un enfrentamiento feroz entre bandas que se disputaban el control de los pabellones, el supuesto hecho desencadenante (el asesinato de un exconvicto) tuvo lugar en diciembre pasado. ¿Fue una tragedia anunciada?

"En 2019 Ecuador ya padeció una situación parecida a la actual, me refiero a la toma de justicia por mano propia por parte de las personas privadas de libertad. La única respuesta de Lenin Moreno fue la militarizacion y policialización de las cárceles. Eso sin duda no funcionó porque se repitieron las mismas catástrofes en 2020 y 2021", aseguró Jorge Vicente Paladines, profesor de la Universidad Central del Ecuador, en diálogo con Página/12.

Del total de víctimas fatales, 31 se registraron en la cárcel nº 4 de Guayas y 6 en la nº1, ambas ubicadas en Guayaquil. En tanto, 34 personas murieron en el penal Azuay de Cuenca y las 8 restantes en el Cotopaxi de la ciudad de Latacunga. Estos recintos concentran el 70 por ciento de la población intramuros. El país enfrenta una crisis carcelaria sin precedentes. Varias políticas desarrolladas durante el gobierno de Rafael Correa fueron desmanteladas por Moreno como parte de su "plan de austeridad" para congraciarse con el FMI.

La mayor masacre en la historia del país llegó en medio de una frenética carrera hacia la segunda vuelta presidencial. Mientras Lenin Moreno sugirió que el correísmo podía estar detrás de los desmanes, el candidato de UNES, Andrés Arauz, fulminó al presidente asegurando que el país "no aguanta más la ausencia de liderazgo y toma de decisiones". Por último, el banquero Guillermo Lasso manifestó su "total respaldo" al cuerpo policial.

Sistema desmantelado

Decenas de familiares de los 79 muertos se concentraron desde la mañana del miércoles frente a la cárcel nº 4 y la morgue de Guayaquil para pedir los restos de los reclusos que murieron en los enfrentamientos. Al igual que en la capital ecuatoriana, militares y policías seguían apostados en el resto de las cárceles para prevenir nuevos motines. 

El candidato con más votos en la primera vuelta presidencial, Andrés Arauz, responsabilizó a Lenin Moreno por los "lamentables episodios de amotinamientos, violencia y muerte" y recordó que durante el gobierno de Rafael Correa existía un comité que se reunía cada semana para analizar la situación carcelaria. "Ahí intervenían policías, ministerios, militares y otros cuerpos de seguridad del Ecuador y todo el mundo se enteraba lo que sucedía", manifestó el joven economista. 

"El gobierno de Moreno es neoliberal y ha actuado en consecuencia. El desmantelamiento del Estado ha sido muy fuerte en el área específica de seguridad, así que el problema va más allá de la desaparición de los Comités de Seguridad Ciudadana", advirtió a este diario Mario Ramos, director del Centro Andino de Estudios Estratégicos. Ramos enumeró la desaparición del ministerio de Justicia o el de Interior, por lo que en suma "se desmanteló toda la institucionalidad que se estaba creando para fortalecer el cuerpo de guías penitenciarios".

La versión oficial

En conferencia de prensa desde Quito, el director de cárceles Edmundo Moncayo atribuyó los motines a riñas entre, al menos, dos bandas criminales que se disputan el poder. La situación obedecería al vacío que se generó tras el asesinato en diciembre pasado de un detenido que había sido liberado, José Luis Zambrano, alias "Rasquiña" y presunto cabecilla de una organización conocida como "Los Choneros".

"La versión del gobierno es una cortina de humo. No se puede negar que en las cárceles de todo el mundo hay peleas entre bandas, pero eso no necesariamente lleva a una barbarie de esta magnitud", expresó Ramos, experto en temas de seguridad. En la misma línea, la Alianza por los Derechos Humanos consideró que "atribuir la violencia exclusivamente a disputas entre bandas invisibiliza otras causas", entre las que destacan "el punitivismo del Estado y la criminalización del empobrecimiento".

Con motosierras y otras herramientas los presos del Centro de Rehabilitación de Turi, en Cuenca, abrieron el martes las puertas de la sección de máxima seguridad especial y masacraron a más de 30 detenidos. Las mismas escenas se vieron en otros tres penales. La información oficial tardó en llegar y arrojó cifras dispares, pero fluyó a través de videos e imagenes que se viralizaron rápidamente. 

El registro de esas filmaciones de celulares eran dignas del mejor cine de terror: se podían apreciar cadáveres de reclusos e incluso algunos cuerpos desmembrados. "¿Cómo puede ingresar una motosierra a una cárcel? Esto habla de la descomposición y el fracaso del sistema carcelario", sostuvo Paladines al respecto. 

La historia se repite

Los motines en las prisiones de Ecuador no son un fenómeno novedoso. En agosto pasado el presidente Lenin Moreno declaró el estado de excepción en el sistema carcelario del país ante lo que definió como un "caos" generado por "mafias" en el interior de los centros penitenciarios. 

El tres de agosto se reportaron nueve fallecidos, dos de ellos incinerados, seis policías con lesiones y otros 20 presos heridos por un ajuste de cuentas entre bandas de la cárcel de Guayaquil. En diciembre, varios amotinamientos en penales ecuatorianos atribuidos a disputas de poder entre organizaciones delictivas y del narcotráfico dejaron un saldo de 11 presos muertos y otros siete heridos.

"Para variar, como ha sido el discurso de estos cuatro años, Moreno responsabiliza por estos hechos a Correa y al correísmo. Es increíble. Estamos frente un caso de cinismo patológico inconmensurable", explicó Ramos. 

Pensando en las soluciones a futuro, Paladines cree que no es tan cierto que en Ecuador haya que recobrar la autoridad carcelaria, "porque la policía ya administra las cárceles". Para el jurista ecuatoriano lo que existe en realidad es una falla estructural en el sistema: "Debemos emprender una sagaz reforma. La policía ecuatoriana está excedida de atribuciones".

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Vista de la cárcel del El Turi este martes, en la ciudad de Cuenca (Ecuador).ROBERT PUGLLA / EFE

El gobierno consideró que se trató de una acción "concertada" por organizaciones criminales con el objetivo de "generar violencia". El presidente Lenin Moreno fue más allá al acusar al correísmo de estar detrás de los desmanes sin presentar una sola evidencia.

 

Al menos 67 presos murieron este martes en un serie de motines desatados en tres cárceles del hacinado sistema penitenciario de Ecuador. El gobierno consideró que se trató de una acción "concertada" por organizaciones criminales con el objetivo de "generar violencia". Cuando aún las fuerzas de seguridad no habían recuperado el control total de los penales de Guayaquil, Cuenca y Latacunga, el presidente Lenin Moreno salió a acusar al correísmo de estar detrás de los desmanes sin presentar evidencias, en medio de una carrera presidencial caliente que tendrá una segunda vuelta el 11 de abril

"Este pobre hombre está realmente fuera de sus cabales", fue la contundente respuesta del expresidente Rafael Correa. Por su parte el candidato de Unión por la Esperanza (UNES), Andrés Arauz, le exigió a Moreno que "se responsabilice y precautele la vida de policías, personas privadas de su libertad y de todos los ciudadanos".

Al cierre de esta edición unos 1.500 efectivos permanecían desplegados en distintos puntos de la capital ecuatoriana para controlar posibles desmanes, según destacó el diario El Comercio. La fuerza de seguridad dijo que "se encuentra gestionando el control" de las cárceles, mientras militares custodian los exteriores de cada centro pentitenciario. En algunas fotos que la Policía y la Fiscalía hicieron circular se ven decenas de machetes, cuchillos, pistolas y celulares en las celdas de presos del penal de Guayaquil.

El director del Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Adultas Privadas de Libertad (SNAI), Edmundo Moncayo, confirmó que entre las bajas no hay policías. Moncayo explicó en rueda de prensa que el sistema penitenciario del país cuenta con unos 38 mil encarcelados que pertenecen a diferentes bandas delictivas, entre las cuales estarían algunas de las responsables de los motines de este martes.

Siempre según el relato oficial, una de estas organizaciones criminales se habría adelantado a los intentos de una de las bandas rivales en sus planes de atentar contra ellos golpeando primero, lo que habría desencadenado una reacción en cadena en varios centros penitenciarios.

En su habitual programa "De frente con el Presidente", Lenin Moreno volvió a la idea de que las revueltas tuvieron en "una pelea de mafias organizadas". El mandatario fue más allá y advirtió que le parecía "raro" que ocurrieran motines en los centros penitenciarios y hasta especuló con la chance de que militantes y seguidores de su antecesor Rafael Correa tuvieran que ver con las revueltas.

"En octubre de 2019, el correísmo contrató a criminales que estaban fuera de las cárceles para provocar los desmanes y distorsionar la legítima aspiración de los indígenas; no nos asombraría que ahora la mano de ellos esté presente, total, son bastante conocidos", sostuvo el mandatario sin ninguna prueba.

El candidato presidencial del correísmo, Andrés Arauz, manifestó que "nunca antes el país había conocido un descalabro tan grande del sistema penitenciario". En otro de sus tuits exclamó: "¡Pronto terminará esta pesadilla!". Muy distinta fue la reacción de su rival en segunda vuelta, el banquero Guillermo Lasso, quien se limitó a expresar su "total respaldo" a la policía de Ecuador "ante la nueva crisis que se está sufriendo en la cárceles del país".

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Violencia del control y liberación colectiva en tiempos de encierro y miedo al otro

Al encierro para prevenir la propagación del coronavirus causante del covid-19 entramos de golpe y porrazo, sin ninguna preparación, cuando los cuerpos y las emociones de las mujeres estaban aún atravesados por el entusiasmo feminista, autoconvocado para exigir libertad corporal y colectiva y el surgimiento de otra historia. Cuatro meses después, la emergencia sanitaria se quiebra con un estallido callejero mundial contra el racismo de los estados y sus órganos represivos. En un caso y en el otro, se cuestionan los símbolos del sistema: grafitear los monumentos del patriarcado que se otorga el derecho a no visibilizar siquiera la presencia femenina y derribar las estatuas de los padres de la patria racistas y esclavistas son características de la potencialidad transformadora de estas manifestaciones. La violencia contra los cuerpos concretos de la discriminación sexista y racista ha detonado respuestas masivas que permiten vislumbrar cambios en las relaciones económico-sociales, mediante un accionar contra las jerarquías políticas.

La ciudadanía estadounidense, las mujeres del mundo, los migrantes subsaharianos en Europa, les activistas antirracistas, la disidencia sexual, les ecologistas que insisten en la imposibilidad de un crecimiento ilimitado no puede tolerar más la violencia de los agentes de Estado, como la policía que en Minneapolis asesinó a George Floyd en un alarde de prepotencia de grupo, ni la impunidad que otorgan a quien comete violación, acoso, maltrato y feminicidio.

Crece el malestar de las mayorías contra un sistema que va colapsando desde sus organizaciones político-financieras más complejas hasta las más sencillas, como la pareja. Y contra el individualismo, cuya finalidad última es el aislamiento social de las personas que no tienen con quien resolver la disyuntiva ética que les causa el conflicto entre la acumulación capitalista y la vulnerabilidad de la vida. El modo de producción capitalista es devastador y el manejo que se ha hecho de la epidemia de coronavirus ha buscado ocultar sus vínculos con ciudades hacinadas y una destrucción ambiental que favorece las zoonosis.

En 2020, hemos atravesado meses de incertidumbre, de promoción del miedo al otro como vehículo de transmisión de una enfermedad potencialmente mortal y de informaciones titubeantes y contradictorias sobre las características del virus, la prevención del contagio y la cura de la enfermedad. Para evitar que se impusiera un debate abierto sobre el gasto público y el pago de impuestos justos en favor de la resolución de todos los servicios y la consiguiente despatriarcalización de las relaciones de cuidado, el sistema ha desviado la atención de la ciudadanía hacia la obtención de una vacuna como única esperanza de volver a la “normalidad”.

Las mujeres, las personas negras, las y los migrantes y muches disidentes sexuales se cuestionan fuertemente si la normalidad de un sistema competitivo es donde quieren volver. ¿Acaso no implica picos de calentamiento global, ríos contaminados, multimillonarios que controlan la Organización Mundial de la Salud a través de sus financiamientos, otros que fantasean con invadir Marte, privatización de la salud, vulnerabilidad de los barrios populares, desigualdades, desempleo, deforestación, falta de empatía, feminicidios, racismo? Su interés político y vital no aspira a un regreso a esa normalidad, sino a una alternativa ecológica, solidaria e igualitaria a la norma ecocida y explotadora del capitalismo

De marzo a junio de 2020, el mundo ha sido testigo de la disminución del 25 por ciento de las emisiones de efecto invernadero por la suspensión de la actividad industrial china, a su incremento por la vuelta a la producción utilizando el más sucio y barato de los combustibles fósiles, el carbón. La esperanza de que, una vez confinada, las personas reflexionaran sobre la urgencia del cambio en sus patrones de consumo para dejar de producir desperdicios se vio frustrada por el incremento de las compras por internet. El posicionamiento de una cultura del control de los cuerpos de las personas mediante mecanismos de vigilancia cibernética se ha aprovechado del miedo a la libertad de las personas, convertidas todas en posibles agentes de contaminación.

Paralelamente se han fortalecido algunas tendencias al crecimiento de la extrema derecha en el mundo. Del represor Juan Orlando Hernández en Honduras al Centro Democrático colombiano, de Trump en Estados Unidos al populismo lepenista en Francia, de la Liga en Italia a Vox en España, de Jair Bolsonaro en Brasil a Rodrigo Duterte y su mano dura en Filipinas, del fundamentalismo hinduista de Narenda Modi al gobierno autoritario de Vicktor Orbán en Hungría, del dictador turco Tayyip Erdogan al gobierno golpista ucraniano, la aparente heterogeneidad de la nueva derecha revela características comunes: algunos casos de rupturas autoritarias con la institucionalidad (Honduras, Turquía y Hungría, Bolivia), políticas de exclusión social, apelaciones al militarismo y la persecución policiaca, criminalización de las minorías, nacionalismo exacerbado, xenofobia, aporafobia. Sobre todas las actitudes de la nueva derecha, la que destaca con una vehemencia brutal es el odio a la liberación de las mujeres, el cambio en las relaciones sociales que ellas promueven, la articulación que han logrado entre la historia colonial y la violencia sexual y racista. Para reconocer la deriva derechista de un gobierno hoy es suficiente ver cómo atiende las demandas de las mujeres.

Ahora bien, las mujeres que han tenido que convivir obligatoriamente con hombres potencialmente violentos han denunciado el incremento de la violencia doméstica en un porcentaje del 51 en Colombia, 50 en Brasil, 39 en Argentina, 80 en México (según el número de llamadas realizadas a los números especiales de atención a víctimas). Podría decirse que han visto cómo se agravaban los síntomas de la pandemia continental: la violencia de género. El confinamiento ha provocado un regreso al lugar de donde las mujeres intentan salir: una casa que aprisiona, por lo general reducida y con pocos servicios, donde hay incertidumbre por el trabajo, la comida, miedo a contraer el virus y donde la mayoría de las tareas les corresponden según usos y costumbres que es peligroso cuestionar cuando no se tiene dónde huir. El trabajo invisible de la jornada doméstica no tiene una regulación que delimita espacios de privacidad y tiempos de descanso, pero el trabajo remunerado desde la casa padece de los mismos defectos. La intensificación de las tareas de cuidado ante el cierre de escuelas y centros de atención se ha sumado al teletrabajo, la atención a las emociones de pánico y ansiedad de amigas, amigos, familiares ancianos y dependientes y la necesidad de prevenir el incremento de los brote de violencia de los hombres con los que se comparte obligatoriamente el espacio. El resultado es cansancio que en cuatro meses se ha vuelto crónico, afectándoles la salud.

Sin embargo, no se han detenido los cacerolazos, los foros virtuales, las denuncias de corrupción contra los responsables del saqueo y pauperización de la medicina pública, las redes de apoyo no institucionales a mujeres y niñas víctimas de violencia doméstica. Y se han acompañado de una increíble intransigencia femenina a los controles que, con la excusa de informar sobre el covid-19, se han inyectado en el 99 por ciento de los teléfonos celulares del mundo por las empresas Google y Apple, a través de una “actualización”. Las mujeres informadas de la treta han desactivado en masa ese sistema de control social individualizado.

Las consecuencias sociales del virus a largo plazo nos son todavía desconocidas. Hay mujeres encerradas en sus casas que denuncian a los vecinos y los transeúntes y mujeres que han organizado comedores populares y redes de distribución de alimentos entre la población más necesitada. Brigadas de preparadoras de alimentos en casa, por lo general mujeres mayores o con enfermedades que deprimen sus defensas, se trenzaron con brigadas de distribuidoras en los alrededores de los mercados donde, en México y América Central, se congregan las personas deportadas de Estados Unidos que no pueden volver a sus comunidades, cerradas para protegerse del contagio.

Los debates sobre qué son y qué importancia tienen los trabajos indispensables para la vida de una comunidad se han multiplicado entre las feministas, destacando las reflexiones de las economistas y las ecofeministas sobre el éxito social y no económico de la agricultura local de producción de alimentos, de los talleres de interés general, de las labores de cuidado de personas y redes sociales. La agricultura local implica el trabajo de cuidado de la tierra y de la alimentación popular realizado por mujeres que, sin embargo, no tienen más del 18 por ciento de los títulos de propiedad de la tierra en el continente. Los trabajos de cuidado producen riqueza en vínculos y desbaratan la soledad individualista y las sociopatías que la acompañan y que son el caldo de cultivo de la extrema derecha.

 

 

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Publicado enEdición Nº269
Las mujeres pagan el precio más alto por el coronavirus

Aumentan el desempleo, las tareas no remuneradas y la violencia de género 

La desocupación femenina es alta en Italia. "La búsqueda de trabajo pasó a un segundo plano" señala la experta Iva Maggi, a la vez que analiza la violencia doméstica en tiempos de pandemia.

 

Las mujeres serán las que pagarán el precio más alto por la crisis económica y social desencadenada por el coronavirus, especialmente a nivel de desocupación pero también a nivel de la violencia doméstica que ha aumentado drásticamente. En esta situación particular, las mujeres son las “más vulnerables a nivel económico y social además de agravarse enormemente las desigualdades entre los sexos”, según un documento de la ONU difundido la semana pasada y comentado ampliamente por el secretario general de la ONU, el portugués Antonio Guterres. En Italia, la organización denominada “Estados Generales de las Mujeres” nacida en 2014 y que defiende los derechos femeninos, confirma estos peligros. Y para afrontarlos ha presentado una serie de propuestas al gobierno de Giuseppe Conte pidiendo que se elabore un plan específico para aumentar el empleo femenino y la protección de la mujer en general.

 “La pandemia de la covid-19 afectará a todo el mundo en todas partes. Pero los efectos serán diferentes según los diferentes grupos sociales y profundizará ampliamente las desigualdades ya existentes”, dijo Guterres. Según la ONU, el 60 por ciento de las mujeres de todo el mundo trabaja en la economía informal, ganando menos, ahorrando menos y con un gran riesgo de caer en la pobreza. El trabajo no pagado de las mujeres, por lo demás, ha aumentado exponencialmente durante la pandemia como resultado de las escuelas cerradas y el aumento de los cuidados necesarios para los ancianos de la familia. 

“Si se pierden los progresos conseguidos hasta ahora, se requerirán años para conseguirlos de nuevo”, subrayó. El documento bregó además porque el trabajo cotidiano en casa sea reconocido y evaluado como una contribución vital para la economía.

La pandemia también ha “horriblemente aumentado la violencia contra las mujeres”. La igualdad de género y los derechos de la mujer son esenciales para poder salir de la pandemia y construir un futuro mejor, subrayó el texto, que pidió además una equitativa representación femenina en todos los órganos que se encarguen de dar soluciones para el post covid -19.

 

Las mujeres italianas y el coronavirus

 

Con una larga trayectoria de sus madres y abuelas en los movimientos feministas de la década del 1970, las mujeres italianas de hoy, a través de los “Estados Generales de las Mujeres”, uno de los primeros laboratorios que expresan los pedidos femeninos nacido en 2014, han presentado al jefe del gobierno un detallado plan en favor de las mujeres, según la región de la que se trate, porque cada una tiene características diferentes, explicó a PáginaI12 la coordinadora nacional de esa organización, Iva Maggi. Entre sus propuestas, un plan para ayudar a las empresas femeninas, dándoles contribuciones importantes y sin pagar impuestos por un cierto tiempo. Pero también hay otra reivindicación que las integrantes del organismo consideran fundamental para la democracia: que en las elecciones exista la posibilidad de votar tanto un hombre como una mujer para un cierto cargo, cosa que no sucede en algunas regiones como la Apulia.

“Uno de los problemas que será grave luego de la pandemia es la ocupación - explicó Maggi -. Por eso pedimos al gobierno un plan específico para la ocupación femenina. La desocupación femenina es alta en Italia comparada con otros países de Europa, en torno al 42 por ciento. Y la pandemia ha agravado este problema porque las mujeres se han sentido desanimadas y ni siquiera buscan nuevos trabajos cuando en realidad se ha demostrado que son óptimas para trabajar en el turismo, la hostelería, la agricultura de proximidad, la manufactura. La búsqueda activa del trabajo ha pasado a segundo plano”. Y agregó: “Por otra parte, si estamos en casa trabajando en smart working (a distancia), lo debemos transformar en un nuevo recurso para nosotras. Es decir, debemos saber dividir el tiempo con nuestro compañero o marido y los hijos, compartiendo las reponsabilidades hogareñas. No tenemos que hacer todo siempre nosotras. Smart working es una ventaja, el futuro, pero tenemos que aprender a manejarlo para que no se transforme en una celda ni nos transforme en esclavas”.

En cuanto a la violencia de género que tanto ha aumentado en tiempos del coronavirus, Maggi precisó que no se puede hablar de zonas en particular porque “la violencia de género es un fenómeno que se produce en todos lados. Durante el coronavirus hemos visto casos en las ciudades y en los pueblos pequeños”. Lo que ha aumentado son las llamadas a los centros antiviolencia. En efecto, del 2 de marzo al 5 de abril, 2.867 mujeres mujeres han llamado a 111 centros antiviolencia distribuidos en todo el país, con un aumento del 74,5% respecto al último periodo registrado, que fue en 2018, según público el diario La Repubblica de Roma.

Maggi contó que “Los estados Generales de las mujeres” han abierto por eso una plataforma que se llama “Adopto una trabajadora.it” donde reciben on line respuestas a todo tipo de consultas a las que responden expertos, psicólogos, abogados. “Y lo hemos hecho porque el problema era que en las casas, si una era maltratada, no podía ponerse al teléfono porque el abusador estaba allí. Todo ha quedado muy escondido al trabajar todos en casa”, dijo.

A la ministra para la Igualdad de Oportunidades y la Familia, Elena Bonetti, con la que han tenido oportunidad de encontrarse, le han planteado la necesidad de “cambiar el paradigma”. “La violencia no tiene necesidad de planes extraordinarios para ser combatida. -explicó-. Es un problema estructural y como tal debe ser afrontado de modo definitivo. Las mujeres deben poder tener lugares donde puedan ser acogidas, puedan regenerarse, aprender un nuevo trabajo, incluso con sus hijos. La independencia económica es la clave. Si pudieran ganar su propio dinero sería más fácil para que ellas decidieran irse de la casa donde sufren violencias”.

Maggi indicó además como un ejemplo la decisión del Tribunal de Trento (norte de Italia) que por primera vez en el país, ha determinado que los hombres responsables de violencias son los que deben ser alejados de sus casas. “Hasta ahora, en general eran las mujeres las que eran alejadas y colocadas en las llamadas Casa Refugio. Pero si bien son necesarias en ciertos casos, los refugios pueden ser un problema, porque se tienen que llevar los hijos y a veces la escuela les queda lejos, etc. Por eso nosotras apoyamos la medida de que sean los hombres los alejados y enviados a centros especiales donde empiecen su conversión. Y que las mujeres se queden tranquilas en casa con el apoyo de asistentes sociales, psicólogos, etc”, añadió.

Las mujeres extranjeras residentes en Italia son otro problema. Pese a que muchas han logrado regularizar su situación, otras que trabajaban como empleadas domésticas o cuidadoras de ancianos en negro, durante la cuarentena han quedado en la calle. Es el caso de ecuatorianas y peruanas pero también de rumanas. Algunas organizaciones solidarias tratan de ayudarlas, como la latinoamericana “Uniendo Raíces”. Pero existen casos más tremendos, como el de las mujeres nigerianas explotadas como prostitutas. “El mercado de la trata siguió existiendo pese a la cuarentena” dijo Maggi, y concluyó: “Las mujeres inmigrantes no son tenidas en cuenta para nada ”. 

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Personal sanitario en Bingzhou (China) se abraza durante un turno en un hospital con pacientes de coronavirus TPG via ZUMA Press/dpa

Naciones Unidas solicita a los países aumentar su inversión en salud mental puesto que las consecuencias del coronavirus en este sentido serán "a largo plazo"

 

La pérdida de seres queridos por la enfermedad, las consecuencias del aislamiento físico, el miedo a contagiarse, el efecto de semanas sin ver a la familia y los amigos, la angustia por los problemas económicos, la preocupación debido a la incertidumbre y la desinformación. Naciones Unidas ha alertado este jueves de que, si no se toman medidas, los países pueden asistir a una crisis de salud mental a causa de la pandemia de coronavirus. "La salud mental debe estar al frente y en el centro de la respuesta y la recuperación de todos los países. El bienestar de sociedades enteras se ha visto severamente impactado por esta crisis y son una prioridad que tiene que abordarse con urgencia", insiste la ONU.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha pedido a los Gobiernos que incrementen "urgentemente la inversión en servicios de salud mental" o de lo contrario, aseguran, pueden arriesgarse a un "aumento masivo de las condiciones de salud mental en los próximos meses". "El impacto de la pandemia en la salud mental de las personas ya es extremadamente preocupante", ha dicho Tedros Adhanom Ghebreyesus, su director general. "El aislamiento social, el miedo al contagio y la pérdida de miembros de la familia se agrava por la angustia que causa la pérdida de ingresos y, a menudo, del empleo", afirma en un comunicado.

Como recuerda el organismo, ya hay informes que apuntan a un aumento de los síntomas de depresión y ansiedad en varios países. Un estudio elaborado en Etiopía el pasado abril concluyó que la prevalencia de los síntomas de depresión se había triplicado en comparación con las estimaciones antes de la epidemia, cita la OMS. Pero no todos corren el mismo riesgo: los trabajadores sanitarios se están enfrentando a una gran carga de trabajo, al riesgo de contagio y a decisiones de vida o muerte. En Canadá y China ya se ha informado del impacto psicológico de la crisis del coronavirus en el personal sanitario. Un 47% de los sanitarios canadienses han solicitado ayuda psicológica y la mitad de los trabajadores de la sanidad en China padecen depresión y ansiedad.

Además, la ONU apunta a un riesgo específico para el desarrollo cognitivo de niños y adolescentes. "Los efectos del confinamiento y de guardar las distancias de seguridad preocupan" entre estos sectores de la población. Un estudio realizado en Reino Unido concluye que un 32% de los adolescentes británicos consideran que su salud mental ha empeorado durante esta crisis. Entre los factores que han contribuido estas también el cierre de centros educativos, la preocupación por la salud familiar, la pérdida de una rutina o la falta de contacto social. La incertidumbre sobre su futuro y cuánto tiempo van a permanecer estas circunstancias extraordinarias provocan también cuadros de ansiedad y estrés en los jóvenes

En España e Italia, un 77% de los padres asegura que a sus hijos han perdido capacidad de concentración y más de un 30% dice que sus hijos tienen un sentimiento de soledad debido a las medidas de confinamiento.

Asimismo, los expertos se muestran preocupados por el aumento del consumo de alcohol. En Canadá, un estudio ha cuantificado que un 20% de las personas de entre 15 y 49 años han incrementado su consumo de alcohol durante la epidemia. 

Naciones Unidas explica en su informe que las mujeres sufren también un especial impacto en su salud mental. En India, un 66% de las mujeres dice estar estresada, frente al 34% de los hombres, principalmente por un incremento en las tareas domésticas y de responsabilidad familiar. Según estimaciones del propio organismo, 31 millones de mujeres en todo el mundo pueden sufrir violencia machista si las medidas restrictivas continúan seis meses más. 

 

El miedo a contagiarse reduce las visitas al médico

 

La ONU detalla también que las personas mayores, que son el grupo poblacional más vulnerable frente al coronavirus, "están extremadamente preocupadas por infectarse y no poder acceder a unos cuidados apropiados". Algunos de ellos, especialmente aquellos con problemas cognitivos podrían presentar también problemas de acceso a medidas de prevención y tienen un mayor riesgo de quedar aislados socialmente, lo que supone un "gran riesgo" de mortalidad entre los mayores. 

Otro de los problemas del coronavirus es la atención médica a personas con enfermedades mentales. El cierre de algunos centros de salud mental para reconvertirlos en centros de atención a pacientes de COVID-19 y la reducción de las consultas presenciales a pacientes con este tipo de patologías han generado un impacto en la salud de la población. Uno de los ejemplos que pone el organismo es la ciudad de Madrid, donde "más del 60% de las camas para pacientes con enfermedades mentales se utilizan para pacientes con coronavirus" lo que ha provocado una caída de las personas que acuden a los de los servicios de salud mental de emergencia "del 75%", y tuvieron que ser trasladados a centros privados.

Además explica Naciones Unidas, se crean desigualdades entre la población: la reconversión de terapias a consultas online imposibilita que las personas que no tienen conocimientos tecnológicos, carezcan de conexión a internet y, especialmente, las personas mayores, tengan que renunciar a esos servicios.

 

Salud mental incluida en la respuesta a la COVID-19

 

La ONU ha elaborado una serie de recomendaciones para minimizar las consecuencias que la pandemia pueda tener en la salud mental de la población. Entre ellas se encuentran la inclusión de la salud mental dentro de los programas nacionales de respuesta al coronavirus. En la aplicación medidas de confinamiento y desescalada se debe tener en cuenta el bienestar mental de la ciudadanía para reducir los efectos negativos que puedan tener, así como medidas de protección económica y social que puedan acarrear desigualdades que posteriormente ocasionen este tipo de problemas.

Asimismo, ha pedido que los gobiernos implanten medidas para proteger la violencia machista, así como la violencia hacia niños y la estigmatización a los mayores, y se evite por todos los medios la discriminación a los sanitarios por tratar a pacientes con coronavirus.

"La salud mental requiere una mayor inversión", explican en su informe, por ello, han solicitado que se aumenten las partidas presupuestarias dirigidas a estos fines –actualmente se invierte de media un 2%– porque la pandemia provocará "necesidades a largo plazo". "Es hora de abordar las desigualdades y organizar unos servicios comunitarios básicos efectivos y que protejan los derechos humanos como parte de la respuesta al coronavirus", concluye la ONU.

Por Álvaro García Hernández

14/05/2020 - 23:12h

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Las Uris y estaciones de Policía en Bogotá colonizadas por el covid-19

La expansión el virus no se detiene, como tampoco la incapacidad del gobierno de Iván Duque para frenar el contagio entre la población carcelaria del país. Las cárceles de Colombia ya reportan, a la fecha, alrededor de 866 casos positivos por covid-19 entre presos, funcionarios y guardias de seguridad. Ahora, 14 de mayo, el virus se expandió y contagió a 19 personas detenidas en la Unidad de Reacción Inmediata (Uri) de la localidad de Kennedy en Bogotá. Pero no solo esto. sin parar, el virus salto entre garrotes, varillas y llaves contaminando a 7 uniformados de la estación de policía de Kennedy y otros 6 más reportaron positivo al virus en la estación de policía de Fontibón.

Medidas urgentes para salvar vidas

A raíz de esto, el Secretario de Seguridad, Convivencia y Justicia de Bogotá, Hugo Acero Velásquez, le solicitó nuevamente al Inpec, y a los Ministerios de Justicia, Defensa y Salud medidas urgentes para enfrentar la grave crisis que se presenta hoy en esos centros de detención. Anota el comunicado del Secretario que estos centros tienen un hacinamiento cercano al 200 por ciento, lo que multiplica el riesgo de propagación del coronavirus.

El Espectador, en cifras al 18 de marzo, reportó 1.053 detenidos en veinte Estaciones de Policía de Bogotá, las que tienen capacidad para 462 reclusos, es decir, tienen un hacinamiento del 127 por ciento. Por ejemplo, la estación de Kennedy para esa fecha, reportó un 100 por ciento de hacinamiento y la Uri de Kennedy, con capacidad para 70 personas concentraba 142 personas. Estos centro de encierro y castigo ahora son un foco de alto contagio, es una realidad que el Gobierno conoce y desconoce a la vez. ¿Qué tipo de intereses lo determinan?

Los hechos demuestran que días después del reporte hecho por el diario mencionado, el 6 de abril, el director general del Inpec, general Norberto Mujica, autorizó que personas con “alto perfil delincuencial” que estaba en Uris y estaciones de policía fueran enviadas a las cárceles. Y ahora en la carta que el secretario Acero le envía a Norberto Mujica, le solicitó información sobre los protocolos que va a utilizar esa institución en el traslado y custodia de las 19 personas privadas de la libertad que están en la Uri de Kennedy y que resultaron positivas en la prueba de covid-19. ¿El general aprovechará de nuevo, como lo hizo con los presos de la Cárcel de Villavicencio, para trasladar a estos detenidos y/o sindicados contagiados a otros penales del país?

Inpec realice “el traslado y la custodia de los detenidos contagiados con Covid- 19”

También solicita el funcionario Acero a la Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios (Uspec), que con cargo al Fondo de Atención en Salud a las Personas Privadas de la Libertad, que “asuma la prestación de los servicios de salud que se deben proveer a los contagiados con Covid-19”. Agregó que las solicitudes están encaminadas a que la Ministra de Justicia y el Derecho, Margarita Cabello Blanco, dé la orden para que el Inpec realice “el traslado y la custodia de los detenidos contagiados con Covid- 19”.

 

El Secretario ahora se suma a las peticiones de académicos, profesores, juristas, familiares y población carcelaria que exige el derecho a la vida y salud de la población detenida en los distintos centros de reclusión.

Pero lo único rápido que existe en medio de la pandemia es el virus, porque el decreto 546 de 2020 que supuestamente pretendía “agilizar” las excarcelaciones de presos a nivel nacional solo ha otorgado libertad transitoria, a un mes de su promulgación, a cerca de 408 personas. Ahora se le suma, dado al contagio reportado desde las estaciones de policía y Uris de Bogotá, estas necesarias solicitudes de excarcelación, además de todas aquellas para deshacinar y hacer justicia con quienes concentran sus cuerpos en las decenas de estaciones de policía existentes a lo largo y ancho del territorio nacional.

Multiplicación del contagio o deshacinamiento, ¿quién mostrará mayor agilidad y eficacia, el virus en su crecimiento exponencial o el gobierno en su proceder administrativo y judicial? Parece ser que la suerte está echada.

Vea en el siguiente enlace el especial de desdeabajo sobre lo sucedido en torno a la población carcelaria desde que empezó la pandemia del coronavirus:


https://www.desdeabajo.info/component/k2/item/39331-para-toda-la-poblacion-carcelaria-prision-domiciliaria-transitoria-ya.html

 

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Martes, 21 Abril 2020 06:16

Releyendo La peste de Albert Camus

Releyendo La peste de Albert Camus

Algunos fragmentos a propósito de la pandemia actual

 ´´Todo lo que el hombre puede ganar al juego de la peste y de la vida es el conocimiento y el recuerdo´´. La frase del libro La Peste de Albert Camus, publicada en 1947, nos revela que la novela, en un gran porcentaje, es una radiografía de lo que estamos viviendo con la pandemia global actual, claro, guardando las proporciones, ya que la peste descrita por Camus transcurre solo en la ciudad de Orán, pero los sucesos que día a día y mes tras mes van ocurriendo, se asemejan en buena parte a ciertas situaciones que hoy por hoy estamos viviendo, tales como el encierro, el miedo, el pánico, el alejamiento de familias, de amigos, conocidos; la soledad citadina, el terror al contagio, el desbordamiento de los hospitales, la suspensión de los rituales funerarios, la injusticia, el desabastecimiento, la desidia administrativa, la soledad, el individualismo, y junto a todo esto, la solidaridad y el compromiso ético.

La gran novela de Camus, publicada a dos años de finalizada la Segunda Guerra Mundial, es una reflexión sobre el absurdo de la existencia, el encierro y el exilio, la soledad, lo individual y lo colectivo, la muerte, la cotidianidad, la solidaridad, la amistad, el amor, cuando todos estos aspectos están bajo la amenaza de ser liquidados, destruidos.

Veamos algunos parajes de la novela que dan cuenta de ello:**

-- ´´Esta separación brutal, sin límites, sin futuro previsible, nos dejaba desconcertados´´.

-- ´´Así, pues, lo primero que la peste trajo a nuestros conciudadanos fue el exilio. Y el cronista está persuadido de que puede escribir aquí en nombre de todo lo que él mismo experimentó entonces, puesto que lo experimentó al mismo tiempo que otros muchos de nuestros conciudadanos. Pues era ciertamente un sentimiento de exilio aquel vacío que llevábamos dentro de nosotros, aquella emoción precisa; el deseo irrazonado de volver hacia atrás o, al contrario, de apresurar la marcha del tiempo, eran dos flechas abrasadoras en la memoria´´.

-- ´´Esta separación brutal, sin límites, sin futuro previsible, nos dejaba desconcertados, incapaces de reaccionar contra el recuerdo de esta presencia todavía tan próxima y ya tan lejana que ocupaba ahora nuestros días. De hecho sufríamos doblemente, primero por nuestro sufrimiento y además por el que imaginábamos en los ausentes, hijo, esposa o amante´´.

-- ´´En tales momentos de soledad, nadie podía esperar la ayuda de su vecino; cada uno seguía solo con su preocupación. Si alguien por casualidad intentaba hacer confidencias o decir algo de sus sufrimientos, la respuesta que recibía le hería casi siempre. Entonces se daba cuenta de que él y su interlocutor hablaban cada uno cosas distintas´´.

-- ´´Pues bien, lo que caracterizaba al principio nuestras ceremonias ¡era la rapidez! Todas las formalidades se habían simplificado y en general las pompas fúnebres se habían suprimido. Los enfermos morían separados de sus familias y estaban prohibidos los rituales velatorios; los que morían por la tarde pasaban la noche solos y los que morían por la mañana eran enterrados sin pérdida de momento. Se avisaba a la familia, por supuesto, pero, en la mayoría de los casos, ésta no podía desplazarse porque estaba en cuarentena si había tenido con ella al enfermo´´.

-- ´´Un cura recibía el cuerpo, pues los servicios fúnebres habían sido suprimidos en la iglesia. Se sacaba el féretro entre rezos, se le ponían las cuerdas, se le arrastraba y se le hacía deslizar: daba contra el fondo, el cura agitaba el hisopo y la primera tierra retumbaba en la tapa. La ambulancia había ya partido para someterse a la desinfección y, mientras las paletadas de tierra iban sonando cada vez más sordamente, la familia se amontonaba en el taxi. Un cuarto de hora después estaban en su casa.

Así, todo pasaba con el máximo de rapidez y el mínimo de peligro. Y, sin duda, por lo menos al principio, es evidente que el sentimiento natural de las familias quedaba lastimado. Pero, en tiempo de peste, esas son consideraciones que no es posible tener en cuenta: se había sacrificado todo a la eficacia´´.

- ´´El Doctor Rieux… sabía también que si las estadísticas seguían subiendo, ninguna organización, por excelente que fuese, podría resistir; sabía que los hombres acabarían por morir amontonados y por pudrirse en las calles, a pesar de la prefectura; y que la ciudad vería en las plazas públicas a los agonizantes agarrándose a los vivos con una mezcla de odio legítimo y de estúpida esperanza. Este era el género de evidencia y de aprensiones que mantenía en nuestros conciudadanos´´.

 

Al ir desapareciendo la peste, las percepciones en Orán son ambiguas. Por un lado, la idea de que la plaga había liquidado toda noción de esperanza y de porvenir, dejando una sensación de derrota, cierta atmósfera apocalíptica y de escepticismo. Veamos algunas de ellas:

-- ´´Sin memoria y sin esperanza, vivían instalados en el presente. A decir verdad, todo se volvía presente. La peste había quitado a todos la posibilidad de amor e incluso de amistad. Pues el amor exige un poco de porvenir y para nosotros no había ya más que instantes´´.

-- ´´Podemos decir, para terminar, que los separados ya no tenían aquel curioso privilegio que al principio los preservaba. Habían perdido el egoísmo del amor y el beneficio que conforta. Ahora, al menos, la situación estaba clara: la plaga alcanzaba a todo el mundo´´.

-- ´´Después de todo... -repitió el doctor y titubeó nuevamente mirando a Tarrou con atención-, esta es una cosa que un hombre como usted puede comprender. ¿No es cierto, puesto que el orden del mundo está regido por la muerte, que acaso es mejor para Dios que no crea uno en él y que luche con todas sus fuerzas contra la muerte, sin levantar los ojos al cielo donde Él está callado?

-Sí -asintió Tarrou-, puedo comprenderlo. Pero las victorias de usted serán siempre provisionales, eso es todo.

Rieux pareció ponerse sombrío.

-Siempre, ya lo sé. Pero eso no es una razón para dejar de luchar.

-No, no es una razón. Pero me imagino, entonces, lo que debe de ser esta peste para usted.

-Sí -dijo Rieux-, una interminable derrota´´.

-- ´´En verdad, era difícil saber si se trataba de una victoria, únicamente estaba uno obligado a comprobar que la enfermedad parecía irse por donde había venido. La estrategia que se le había opuesto no había cambiado: ayer ineficaz, hoy aparentemente afortunada. Se tenía la impresión de que la enfermedad se había agotado por sí misma o de que acaso había alcanzado todos sus objetivos. Fuese lo que fuese, su papel había terminado´´.

-- ´´En unos, la peste había hecho arraigar un escepticismo profundo del que ya no podían deshacerse. La esperanza no podía prender en ellos. Y aunque el tiempo de la peste había pasado, ellos continuaban viviendo según sus normas. Estaban atrasados con respecto a los acontecimientos. En otros, y éstos se contaban principalmente entre los que habían vivido separados de los seres que querían, después de tanto tiempo de reclusión y abatimiento, el viento de la esperanza que se levantaba había encendido una fiebre y una impaciencia que les privaban del dominio de sí mismos. Les entraba una especie de pánico al pensar que podían morir, ya tan cerca del final, sin ver al ser que querían y sin que su largo sufrimiento fuese recompensado´´.

-- ´´ Ya en aquella época había pensado en ese silencio que se cierne sobre los lechos donde mueren los hombres. En todas partes la misma pausa, el mismo intervalo solemne, siempre el mismo aplacamiento que sigue a los combates: era el silencio de la derrota´´.

 

Por otro lado, la idea de haberle ganado la batalla a la peste hace que sus habitantes salgan a festejarlo a las calles, retornando lentamente a las condiciones de una cotidianidad no avasallada, libre al fin del miedo y de la muerte:

-- ´´ Las puertas de la ciudad se abrieron por fin al amanecer de una hermosa mañana de febrero, saludadas por el pueblo, los periódicos, la radio y los comunicados de la prefectura. Le queda aún al cronista por relatar las horas de alegría que siguieron a la apertura de las puertas, aunque él fuese de los que no podían mezclarse enteramente a ella.

Se habían organizado grandes festejos para el día y para la noche. Al mismo tiempo, los trenes empezaron a humear en la estación, los barcos ponían ya la proa a nuestro puerto, demostrando así que ese día era, para los que gemían por la separación, el día del gran encuentro.

Se imaginará fácilmente lo que pudo llegar a ser el sentimiento de la separación que había dominado a tantos de nuestros conciudadanos´´.

-- ´´Al mediodía, el sol, triunfando de las ráfagas frías que pugnaban en el aire desde la mañana, vertía sobre la ciudad las ondas ininterrumpidas de una luz inmóvil. El día estaba en suspenso. Los cañones de los fuertes, en lo alto de las colinas, tronaban sin interrupción contra el cielo fijo. Toda la ciudad se echó a la calle para festejar ese minuto en el que el tiempo del sufrimiento tenía fin y el del olvido no había empezado.

Se bailaba en todas las plazas. De la noche a la mañana el tránsito había aumentado considerablemente y los automóviles, multiplicados de pronto, circulaban por las calles invadidas. Todas las campanas de la ciudad, echadas a vuelo, sonaron durante la tarde, llenando con sus vibraciones un cielo azul y dorado. En las iglesias había oficios en acción de gracias. Y al mismo tiempo, todos los lugares de placer estaban llenos hasta reventar, y los cafés, sin preocuparse del porvenir, distribuían el último alcohol. Ante sus mostradores se estrujaba una multitud de gentes, todas igualmente excitadas, y entre ellas numerosas parejas enlazadas que no temían ofrecerse en espectáculo. Todos gritaban o reían. Las provisiones de vida que habían hecho durante esos meses en que cada uno había tenido su alma en vela, las gastaban en este día que era como el día de su supervivencia. Al día siguiente empezaría la vida tal como es, con sus preocupaciones. Por el momento, las gentes de orígenes más diversos se codeaban y fraternizaban.

La igualdad que la presencia de la muerte no había realizado de hecho, la alegría de la liberación la establecía, al menos por unas horas´´.

Todo esto da a los habitantes de Orán conciencia de que la peste había pasado dejando a su paso luto, encierros, punzantes recuerdos, muerte, dolor, soledades, y con ello también la idea de renacer de las cenizas, como un ave Fénix de los escombros:

-- ´´Entre la luz suave y límpida que descendía sobre la ciudad se elevaban los antiguos olores a carne asada y a anís. A su alrededor, caras radiantes se volvían hacia el cielo. Hombres y mujeres se estrechaban unos a otros, con el rostro encendido, con todo el arrebato y el grito del deseo. Sí, la peste y el terror habían terminado y aquellos brazos que se anudaban estaban demostrando que la peste había sido exilio y separación en el más profundo sentido de la palabra´´.

-- ´´Sí, todos habían sufrido juntos, tanto en la carne como en el alma, de una ociosidad difícil, de un exilio sin remedio y de una sed jamás satisfecha. Entre los amontonamientos de cadáveres, los timbres de las ambulancias, las advertencias de eso que se ha dado en llamar destino, el pataleo inútil y obstinado del miedo y la rebeldía del corazón, un profundo rumor había recorrido a esos seres consternados, manteniéndolos alerta, persuadiéndolos de que tenían que encontrar su verdadera patria. Para todos ellos la verdadera patria se encontraba más allá de los muros de esta ciudad ahogada. Estaba en las malezas olorosas de las colinas, en el mar, en los países libres y en el peso vital del amor. Y hacia aquella patria, hacia la felicidad era hacia donde querían volver, apartándose con asco de todo lo demás´´.

El doctor Rieux, cronista y narrador, da cuenta de lo que la peste ha generado en Orán. Sabe que muchas emociones contradictorias han surgido de esta tragedia, como fatales individualismos y egoísmos, pero también una desinteresada solidaridad y entrega:

-- ´´Del puerto oscuro subieron los primeros cohetes de los festejos oficiales. La ciudad los saludó con una sorda y larga exclamación. Cottard, Tarrou, aquellos y aquella que Rieux había amado y perdido, todos, muertos o culpables, estaban olvidados. El viejo tenía razón, los hombres eran siempre los mismos. Pero esa era su fuerza y su inocencia y era en eso en lo que, por encima de todo su dolor, Rieux sentía que se unía a ellos´´.

-- ´´En medio de los gritos que redoblaban su fuerza y su duración, que repercutían hasta el pie de la terraza, a medida que los ramilletes multicolores se elevaban en el cielo, el doctor Rieux decidió redactar la narración que aquí termina, por no ser de los que se callan, para testimoniar en favor de los apestados, para dejar por lo menos un recuerdo de la injusticia y de la violencia que les había sido hecha y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio.

Pero sabía que, sin embargo, esta crónica no puede ser el relato de la victoria definitiva´´.

Y sin embargo, con la lucidez que poseen los escépticos, aquellos que siempre sospechan y dudan, el doctor Rieux entendía que esa alegría, que se manifestaba en la ciudad por el fin de la peste, estaba siempre amenazada, por lo que el último párrafo de la novela nos lanza a la incertidumbre, rasga el velo de una ficticia alegría y de una vana esperanza, nos da conciencia del absurdo, de la fatalidad que tras nuestros gozos se oculta, y que nunca desaparece. Entonces leemos:

-- ´´Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que estamuchedumbre esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa´´.

 

Por Carlos Fajardo Fajardo, poeta y ensayista colombiano.

** Todos los fragmentos han sido tomados de la traducción de Franky Richard.

Publicado enCultura
Martes, 07 Abril 2020 06:31

Confinamiento: efectos colaterales

Confinamiento: efectos colaterales

Nada nos hace pensar que saldremos de ésta fortalecidos y solidarios. Más bien será el aturdimiento el que se imponga, y los impulsos más oscuros del “sálvese quien pueda”. Por supuesto que habrá excepciones: las redes comunitarias se reforzarán como una necesidad vital, la amistad se habrá puesto a prueba y, para algunos, saldrá fortalecida.

Álvaro Minguito

Juan Gorostidi

7 abr 2020 06:38

Tras tres semanas de confinamiento —en Italia cinco, en Wuhan once—, comienza a cristalizar en muchos la impresión de que esta experiencia compartida —pero no común; cada uno la vive en condiciones y desde bagajes bien diferentes—– marcará época. Quiero decir que, al haberla vivido en pandemia —todos afectados— y haber sido la primera experiencia socialmente traumática para los que ahora tienen entre 20 y 40 años —una franja de edad demasiado amplia, comparada con lo que eran las generaciones en el siglo XX—, en adelante se referirán a ella como un antes y un después; una prueba impuesta —no elegida, este es el dato determinante— que cambió las implícitas reglas de juego, que desbarató alianzas y “contratos sociales”, complicidades aparentemente sólidas; que deslindó territorios que quedarán como surcos indelebles; arrugas y muecas que costará interpretar a los que vengan después.

Cada generación ha vivido pasajes así: las verdaderas pruebas de realidad para ideales e ilusiones que se llevan por delante a muchos. Y los sobrevivientes no pueden evitar cierta sensación de supervivientes de naufragio con pérdidas irreparables. Para nuestros padres fue la guerra; para nosotros los años del fin del franquismo y la “transición”; para los que tenían cinco o seis años menos, la pandemia de la heroína… Después vino la caída del muro —¿qué fue aquello para los habitantes de Berlín Oriental, para los chechenos, para los habitantes de la antigua Yugoslavia…?—, la entrada en el nuevo siglo con el 11S y el 11M, etc. Algunos de los que ahora tienen alrededor de 40 pretenden que el 15M del 2011 fue su experiencia iniciática, pero esa insistencia me ha parecido a menudo sospechosa, forzada por quienes querían reivindicar su propio ‘mayo francés, checo, mexicano…’. No, me temo que éste es su verdadero mayo… y no tiene nada de glorioso —tampoco aquellos lo fueron tanto como muchos han pretendido a posteriori—.

En el confinamiento se produce un parón: “La economía entra en hibernación”, dicen los titulares. Pero, en realidad, es el espacio el que realmente se achica, como para los que tienen la experiencia del presidio, quienes vivieron impuestos confinamientos cuarteleros: experiencias que marcan un antes y un después, y que permiten cierto reconocimiento para los que las compartieron. Nadie las eligió —insisto en que esta característica es fundamental—. Dicen que el tiempo se detiene pero, en realidad, es el espacio el que se restringe y, por su efecto, el tiempo se dilata. He ahí la clave: esa vivencia del tiempo extenso que nos saca de la corriente de la vida cotidiana. Es una experiencia fundamental para los monjes, o para los que realizan retiros intensivos de meditación, por ejemplo: las actividades —los estímulos— se reducen ahí de forma drástica (no se habla, se renuncia a las conexiones audiovisuales o digitales, se sigue una rígida disciplina en horarios y “aburrimiento” de interminables sentadas sin hacer nada más que cultivar una atención que choca contra el muro de una mente-cuerpo indignados, sublevados ante semejante atropello…). Claro que uno puede adaptarse a ese ritmo hasta convertirlo en la nueva rutina —la rutina de la cárcel, la rutina del convento, más alienante aún que la de la calle— neutralizando así los potenciales de distorsión o de transformación de dichas disciplinas… pero ése es otro asunto.

Si no nos es posible vivir el confinamiento como “el tigre que cabalgamos”, puede resultar una experiencia muy amarga. Comentamos ya entre nosotros de los ataque de ansiedad, de las depresiones explícitas o latentes, de la caída de algunas máscaras en una convivencia demasiado intensa… asuntos que dejarán heridas indelebles. Las consultas psiquiátricas se colapsarán, los psicólogos no darán abasto, el consumo de drogas legales e ilegales se disparará… Aunque dicen que la violencia machista ha disminuido en datos de agresiones —hay una presión para la contención a cualquier precio—, todos contenemos la respiración ante la subida de la presión y el peligro de explosión. Y esto en los países ricos. ¿Qué rastro dejará en lugares donde los cadáveres se abandonan en las calles, donde la policía o el ejército intervendrán para tratar de evitar saqueos de una población acosada por el hambre, donde la guerra social será explícita con declaraciones de “estado de sitio” —“¡disparad contra los que no acaten las órdenes!, brama Durerte”—?

En el mejor de los casos, una sensación de irrealidad se irá apoderando de la gente y, cuando las autoridades permitan aflojar el confinamiento, una impresión de tierra quemada nos atravesará. Saldremos a la calle como zombis, obligados quizá a usar guantes y mascarillas, mirándonos como de vuelta de experiencias inconfesables, quizá porque no hubo ninguna experiencia, solo un aturdimiento tan vacío como amargo.

Una de las noticias para mí más significativas e inquietantes de estas semanas se produjo cuando los medios de comunicación de Euskadi hicieron públicos los datos de su encuesta focus, realizada en medio de la primera semana de confinamiento. En ella, como es habitual, se preguntaba a la gente sobre cómo vivían su presente y como preveían el futuro; sobre sus temores y expectativas. Y he ahí el dato: la franja de edad que más temía el contagio por el virus era la de los jóvenes: hasta un 93% estaba muy asustada, más que la de cualquier otro grupo de edad, aunque ellos fueran los menos vulnerables. No estaban tan asustados por el futuro, por la economía, etc. sino por la posible infección vírica —por supuesto, esta encuesta no se hizo a franjas sociales invisibles: emigrantes sin papeles o en situación precaria, etc.—. La gente que, por primera vez en su vida, se sentía abocada a un encierro no deseado frente a un “enemigo invisible” comenzaba a entrar en pánico —y era la primera semana de confinamiento—. La pregunta me resultó inevitable: “¿Estaría esta población —no solamente los jóvenes— dispuesta a renunciar a diversos grados de libertad si ése fuera el precio a pagar para conjurar la amenaza vírica —control estatal de variables vitales; de movimientos, de contactos, etc.—, siguiendo los modelos asiáticos como en parte el chino o el coreano del sur?”. La respuesta no me deja lugar a dudas, y por eso las autoridades ya hacen ajustes legales —aquí, a diferencia de los países asiáticos, hay leyes de privacidad de datos— para que cada vez más medidas de control social se impongan en nombre de la seguridad. “Los datos son el nuevo capital”, escuchábamos, y los gigantes de la recopilación y control de datos —Google, Facebook, Microsoft…— hace mucho que cotizaban al alza. La paradoja macabra es que hoy se reivindica a Bill Gates como al profeta que ya hace cinco años predijo la pandemia y denunció la falta de previsión de los gobiernos para predecirla; y creó la mayor fundación privada para la investigación sobre la vacuna. Huelga decir que las principales farmacéuticas se han apresurado a hacer donaciones a las “fundaciones altruistas” de Gates. Los siguientes capítulos de esta historia no son difíciles de predecir.

Estamos aturdidos por este golpe de realidad pandémica. A pesar de las declaraciones piadosas de intelectuales, clérigos o políticos bajo sospecha, nada nos hace pensar que saldremos de ésta fortalecidos y solidarios. Más bien será el aturdimiento el que se imponga, y los impulsos más oscuros del “sálvese quien pueda”. Por supuesto que habrá excepciones. Las pequeñas redes comunitarias se reforzarán como una necesidad vital; la amistad se habrá puesto a prueba y, para algunos, saldrá fortalecida. Caerán antiguos frentes y surgirán nuevas vinculaciones. El pasaje a la madurez de muchos jóvenes resultará ya insoslayable.

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Cuarentena por la vida: ¿y la vida de las mujeres?

Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos donde el agua de nuestros ojos se hace lodo; arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos, de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir (Gioconda Belli)

El aislamiento preventivo obligatorio es una necesidad sanitaria incuestionable: es alta la capacidad de contagio del nuevo covid19 y, la necesidad de disminuir la curva de contagios para no colapsar al sistema de salud. Sin embargo, la obligatoriedad del confinamiento en los hogares, revela que, paradójicamente a la urgencia sanitaria, hay una inviabilidad social para realizar tal medida, aun más, si se espera que ese periodo sea esencial para la protección de la propia vida.   De ahí, dos cuestiones emergen frente a la problemática del proceso de aislamiento en los hogares: las necesidades materiales de existencia que no pueden ser solventadas por quienes viven de lo que reciben diariamente en el trabajo informal o precariamente en el “rebusque” y, la violencia de género que ocurre en el ámbito intrafamiliar. Ambas, vivenciadas por la mayor parte de la población colombiana, luego, no estamos hablando de problemas marginales.

En el marco del Área de Estudios en Familia de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Externado de Colombia - línea de Conflicto, dinámicas sociopolíticas y violencia - ese breve texto se detiene en el segundo problema, sufrido por las mujeres en las familias.

 Cuando se anunció en Bogotá el simulacro de aislamiento y, luego, la cuarentena obligatoria en todo el país, los movimientos de mujeres denunciaron unviejo conocido: el hogar y la familia, en la Modernidad Occidental identificados como un espacio de afecto y cuidado, son para las niñas y para las mujeres, un espacio de sufrimiento de múltiples violencias que pasan por el trabajo ininterrumpido, las humillaciones, la renuncia o el aplazamiento de sus proyectos personales, hasta las agresiones físicas, las violaciones sexuales y el feminicidio.

Es por eso que llama la atención el discurso oficial reiterado por la prensa de que todos deben utilizar ese periodo para convivir y disfrutar de la compañía de quienes en la cotidianidad de la vida se ven alejados por las dinámicas intensas de trabajo y estudio. Es emblemático porque, son completamente ignorados, de un lado, el conflicto y las tensiones inherentes a las relaciones humanas, que pueden agudizarse en un contexto de encierro y, de otro, la violencia vivida a diario por las niñas y las mujeres en el país.

El referente paradigmático toma la familia como un espacio armónico y equilibrado (muy distante de la realidad de los hogares) y, la violencia de género en ese ámbito, cuando evocada, es vista como una disfunción de determinadas familias o como un problema aislado.

Sin embargo, el Instituto de Medicina Legal, en 2018, reveló lo que sigue invisible: de los más de 22 mil casos de presunto delito sexual registrados, un 75% fue de niñas entre 0 y 14 años siendo 87% practicado por un familiar. Más de 42 mil mujeres realizaronvaloraciones médico legales por la violencia de pareja sufrida. 67% de los casos fueronpoli traumáticos, y uno de cada cuatro, con trauma facial o de miembros. Lo que se revela, por lo tanto, es la intensa barbarie que ocurre en los hogares. Sumase que, para cada mujer que realiza una denuncia formal, otras tres no la hicieron.

En el marco de las investigaciones realizadas en la línea de violencia de nuestra área de Estudios de Familia, la investigación “Mujeres en condición de desplazamiento forzado y (no) violencias” encontró que muchas mujeres víctimas del conflicto armado se desplazaron forzosamente por la primera vez en sus vidas, no para huir de la guerra sino para huir de sus parejas que las amenazaban la vida (Solyszko, Beltrán, 2019). Otra investigación, realizada con mujeres profesionales en Bogotá, encontró que son múltiples los escenarios de violencia psicológica vivenciados por las mujeres en el ámbito de las relaciones de pareja, que puede ir desde el control y humillación, hasta el chantaje, la manipulación, el terror y la tortura (Alonso, 2020). En un tercero ejercicio investigativo sobre esas violencias, ahora sobre las mujeres embarazadas, se identificó que ese periodo de la vida puede estar marcado (y lo estuvo en las mujeres entrevistadas) por vivencias de violencia conyugal que en ningún momento se pueden catalogar como leves o invisibles, lo que hizo en la mayoría de los casos la construcción de una maternidad dolorosa y sacrificante(Hernández, 2019).

Eses problemas que vienen siendo analizados por nuestra línea de investigación nos llevan a cuestionar las formas de enfrentamiento a la violencia, el protagonismo de los sujetos, el lugar de los hombres y las masculinidades para superar esas dinámicas, pero sin duda, pensarnos cómo podemos cambiar las prácticas sociales, construirnos otras formas de vida, afectivas, amorosas, que no transforma las diferencias en desigualdades, ni los conflictos en violencia.

El aislamiento preventivo no es un tiempo seguro para las niñas y para las mujeres. Pero seguramente es una demanda a las respuestas del Estado en las rutas de atención a la violencia y en las sanciones necesarias, pero principalmente, una invitación a replantear nuestras relaciones sociales de género, la humanización de las mujeres como agentes de su historia, y no como vidas y cuerpos a disposición de los demás. Así como es urgenteimpedir la propagación del covid19, lo es detener las violencias contra las mujeres. Un “virus” más antiguo y más peligroso que aún no fuimos capaces de controlar.

 

Referencias:

Alonso, Karen (2020). Mi identidad en reconstrucción: Mujeres en situación de violencia psicológica. Trabajo de grado. Hernandez, Angye Tatiana (2019). Trabajo de campo. Representación de sí misma en la maternidad de mujeres jóvenes con vivencias de violencia. Trabajo de grado en curso. Solyszko, Izabel; Beltrán, Betky Juliana (2019) Mujeres en condición de desplazamiento forzado y (no) violencias (publicación en curso). Instituto de Medicina Legal (2018). Revista Forensis. Bogotá-DC.

Izabel Solyszko, trabajadora Social. Doctora en Trabajo Social. Post Doctora en Género y Desarrollo. Docente investigadora em la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Externado de Colombia. Integrante del Área de Estudios de Familia.

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