Sábado, 02 Septiembre 2017 09:43

Entepola

Entepola

“Yo llegué acá por casualidad, soy vecino del sector y viendo este Entepola me parece muy bueno que hayan hecho este tipo de eventos en estos barrios porque por acá hacen falta muchas cosas así... Lástima que la gente no sepa o no valore estas actividades porque le hace un beneficio a toda la comunidad”.

 

Con estas palabras, uno de los habitantes del barrio Lourdes, en el centro-oriente de Bogotá, da su opinión en el “Foro Resistencias Latinoamericanas desde el Arte y la Cultura Popular” donde diferentes agrupaciones artísticas, pedagógicas y culturales de Bogotá, Colombia y de América Latina se dieron cita para reconocerse y realizar un intercambio de aprendizajes entre artistas y comunidad.

 

Este foro fue, en palabras de uno de los organizadores, “una semilla para posibilitar un espacio donde se permita reflexionar alrededor del quehacer del arte y la cultura popular en resistencia que hay en todo el continente”.

 

La primera vez que conocí y participé en el Entepola fue en agosto de 2015, el festival se llevó a cabo durante una semana en el barrio Juan Rey y sus alrededores de la localidad de San Cristóbal, al suroriente de la ciudad. Hoy, creo que la magia de este festival es el encuentro que va caminando año tras año por las periferias urbanas de Bogotá.

 

Un evento para reactivar la solidaridad de los pueblos

 

El Encuentro de Arte y Cultura Popular Latinoamericano nace a finales de la dictadura militar en chile hacia 1987. Por esta época en Latinoamérica irradiaba la idea del arte popular como elemento para transformar la realidad; el despliegue de esto fue tal que hoy en día se encuentra en Perú, Venezuela, México, Ecuador y otros países; es necesario decir que no todos los encuentros son autogestionados e itinerantes como el de Colombia.

 

En 2017, Entepola cumple 15 años de itinerancia en Colombia, aniversario celebrado “Desde el corazón de Bakatá” en la localidad tercera de Santa Fe. El festival se realizó en la semana del 6 al 13 de agosto, en los históricos barrios de Girardot, Las Cruces, Lourdes, Egipto y Belén, que configuraron a principios de 1900, las periferias urbanas del sur que las élites cachacas optaron por dejar a la deriva de las gentes que llegaban víctimas de la violencia económica del campo, mientras organizaban Chapinero y Teusaquillo al estilo inglés y francés.

 

Décadas más adelante, el alcalde bogotano Jorge Eliécer Gaitán nacido en Las Cruces, construiría teatros, centros comunitarios, acueductos y lavaderos colectivos en Lourdes y los territorios donde habitaban las muchedumbres que vengarían su muerte, ebrios de históricos olvidos e irrumpiendo en la ciudad formal para cambiar el rumbo de la historia nacional.

 

Este festival se toma territorios construidos por la gente obrera, desplazada, despojada y marginada del orden urbano rolo, también construye historias desde el 2002, siglo que es atravesado por la globalización cultural, la gentrificación urbana, los POT, el plan centro, las ollas de microtráfico y ONGs que se han ido enquistando en las periferias de nuestra Bakatá.

 

Por este motivo, y como homenaje al trabajo autogestionado de colectivos, artistas y comunidades articulados por la solidaridad, fui a entrevistar a algunas de las personas que han realizado durante cada año más de 9 asambleas preparatorias, en las cuales deciden adelantar por una semana, todo un festival de arte y cultura con invitados de toda América Latina en algún sector popular de la ciudad como Bosa, Engativá, Fontibón, Suba, San Cristóbal, Usme, Ciudad Bolívar, Codito, Danubio, Nuevo Chile, Lourdes, Juan Rey, etc. Y lo más importante “Sin dinero, ni politiquería. Sólo la solidaridad, el trueque y el apoyo de los vecinos”.

 

Todo el festival es organizado sin apoyos económicos de instituciones de ningún tipo. Diez comisiones hacen realidad este encuentro internacional que trabajan desde meses antes con las comunidades que deciden hospedar el evento. No es una tarea fácil. Toca ir puerta a puerta, abriendo puertas tejiendo redes de apoyo con los vecinos para suplir no sólo aspectos técnicos como sonidos, carpas, consolas, micrófonos, transporte, etc., sino garantizar la salud, el alimento, la dormida y demás aspectos comunitarios que van más allá del arte.

 

¿Cómo poder hacer un evento de esta magnitud donde en vez de dinero existen trueques, donaciones y solidaridad pura y dura de los mismos barrios populares? ¿Cómo construir escenarios para que habiten el teatro, la danza, el circo, la música, además de talleres, foros, murales y demás formas de intercambiar culturas a nivel latinoamericano con compañías, artistas, habitantes, colegios, universidades y gestores populares?

 

El trabajo por comisiones

 

Organización horizontal que gestiona todo lo necesario para este festival “Porque la gente es muy escéptica. No cree. Piensa que uno tiene unos intereses políticos. Pero ya cuando ven a los chicos tres meses antes construyendo el festival con la comunidad, no solo pidiendo por ejemplo donaciones, préstamos, en fin; sino adecuando los espacios, para el festival, con presentaciones artísticas mucho antes de que inicie, entonces la gente sí comienza a integrarse y a decir: bueno estos chinos sí están haciendo algo por lo menos por el barrio”.

 

Estas 10 comisiones contaron cómo realizan su trabajo siendo ‘Entepoleros’, donde se organizan en tres ejes principales: Autogestión, Comunidad y Arte. Forjando así un sujeto colectivo, que evita personalismos innecesarios e invita a escuchar la unión de las voces que hace este encuentro posible.

 

“Nos organizamos con los principios ‘Entepoleros’ que se basan sobre todo en [...] la construcción de afectos y lazos, el reconocimiento de la comunidad. Así se llega al territorio con Entepola, para darle voz al que no se le ha dado voz, y ¿qué se trae? Pues ya toda una memoria y una historia de un evento internacional que logra movilizar a mucha gente y generar muchas redes de intercambios y de rupturas del tiempo ¿no?, de vivir otra temporalidad. Romper la cotidianidad, porque en la gente esto no hace parte de su día a día”.

 

“Hay comisiones que tienen un perfil y una labor específica en función de las necesidades de la semana del encuentro. Pero que también atienden a necesidades propias de la comunidad como lo son el transporte, la vivienda, la alimentación y la economía. Eso tiene que ver con el eje de Autonomía [...]. Responde a elementos de identidad también del territorio. Aquí (entre el barrio Lourdes y el Girardot) descubrimos el Carnaval de la Alegría que unió muchos actores del territorio y que la comparsa inaugural de estos 15 años vino a revivir este elemento de unión”. De eso se trata el Entepola, de diseñar estrategias según los territorios para no necesitar más que la unidad de la vecindad para traer espectáculos de calidad para la gente, además de ir sembrando posibilidades reales al modelo económico y cultural que diseñan en países totalmente ajenos a la realidad de los barrios populares de Latinoamérica.

 

Eje de autogestión para garantizar el evento

 

La primera comisión, y una de las más importantes para el desarrollo del evento es Alimentación encargada de “Suplir el alimento durante los días de festival para todos los artistas. En promedio estamos sirviendo de 100 a 150 platos de desayuno, almuerzo y comida durante los 8 días, ahí se hace el cálculo de cuántos platos servimos en todo el festival”.

 

La comida la consiguen principalmente en la central de Abastos junto a la comisión de Donaciones que también va puerta a puerta del mismo barrio contando acerca del Entepola y acudiendo a colegios, familias, Juntas de Acción Comunal y demás espacios claves del territorio solicitando alimentos no perecederos para los artistas invitados. “La comunidad se involucra con su fuerza de trabajo, vienen las abuelitas a picar, los abuelos, las mamás [...] este es un espacio que recuperamos, era un garaje lleno de cosas y entonces hicimos una minga, lo recuperamos y lo volvimos cocina, esa relación con la comunidad es mucho más chévere que con una institución que le toca a uno pedir cartas y hacer una mano de permisos y una mano de trabas, en cambio la comunidad colabora sin necesidad de tantas trabas [...] otra de las cosas bonitas del Entepola es eso, que se hagan esos lazos comunitarios, que realmente permiten que las cosas funcionen mucho mejor que con las instituciones. Y bueno es una comisión muy bonita, muy ardua, de mucho trabajo pero muy bacana”.

 

La mayoría de artistas que vienen de América Latina y de otras ciudades de Colombia tienen garantizado el hospedaje gracias a la comisión de Vivienda encargada de conseguir cuartos, casas, colchonetas y cobijas, para la acogida de artistas y organizadores. “En la comisión de vivienda estamos alojando cerca de 200 personas en este festival [...] Este año hay 3 casas. Una es el salón comunal de Lourdes, otro es una casa que una vecina nos prestó que estaba desocupada y la otra es un apartamento que nos prestó otra vecina en un edificio donde también tenemos el comedor [...] Las cobijas y las colchonetas las conseguimos comunitariamente haciendo puerta a puerta. Son ellos, la misma comunidad la que nos brinda día tras día los elementos que podamos necesitar, son los plomeros de la comunidad los que nos ayudan a instalar las duchas, los obreros nos ayudan a gestionar los arreglos de las casas, electricidad, bombillos, etc.”.

 

Algunos de los vecinos del barrio Girardot se ofrecieron con su tiempo y recursos para llevar, dejar y traer todo lo necesario para el festival. Estas labores hacen parte de la comisión de Transporte que es la única que recurre al dinero (igualmente a través de la autogestión como rifas, eventos y ventas) para pagar la gasolina que es lo único que nadie truequea.

 

Eje comunidad para consolidar el evento

 

Una de las comisiones que conforma este eje es la de Comunicaciones “que tiene que ver con esos canales rotos impresionantes”. También “[...] se encarga de la difusión del festival [...], para que la comunidad lo conozca se apropie y participe de las obras y de las diferentes comisiones. [...] también es traer lo popular a ese tipo de experiencias comunicativas, no sólo se usan las redes sociales, sino también el ‘voz a voz’, el perifoneo en las Juntas de Acción Comunal, las radios comunitarias, se pasa ‘saloniando’ por los colegios para contarle a los chicos qué es el Entepola, cuáles son sus principios: la autogestión, la no politiquería. Para rescatar esas otras formas comunicativas desde lo barrial, desde lo popular y hacer crecer el festival, que las cosas fluyan y que la gente nos conozca”. Se encarga de tener una estrecha relación con el territorio, con sus gestores locales, con sus dinámicas y canales de comunicación con el festival.

 

Para que el festival sea saludable, seguro y cobijado por la misma comunidad, existe la comisión de Cuidado que “[...] Se encarga de velar por el bienestar colectivo e individual. Temas como la salud (cambios de altura, tratamos de contar tanto con medicamentos como con plantas ancestrales), tener planes de contingencia, rutas seguras, botiquines y reacción ante cualquier emergencia, son organizados por un método de ‘apadrinar’ los artistas invitados por parte de la comunidad. En este festival tenemos de 100 a 150 padrinos que van desde niños hasta los adultos mayores” .


“La estrategia del apadrinamiento ha funcionado buscando personas de la localidad, comunidades de adultos mayores, de los niños, también de los colegios que puedan colaborarnos [...] buscamos otras estrategias de cuidado como por ejemplo el autocuidado, les brindamos unas recomendaciones a los artistas que vienen de otros países para que tengan rutas seguras y puedan hacer sus diligencias sin exponerse”.

 

Todos los temas que se trataron en el foro fueron programados por la comisión Académica que se encarga de pensarse pedagógicamente los principios y horizontes del arte y la cultura en el contexto del barrio popular. “[...] es esta apuesta política donde el poder no está en el discurso, en la mente y en las ideas [...], sino está es en las manos, en el quehacer [...] y el Entepola es la suma de esas manos que hacen. Entonces, claro: Empodera la comunidad [...] pensarse ese proceso de empoderamiento es lo que hace esta la comisión”.

 

Arte como eje fundamental

 

El fundamento de todo este festival y el centro en torno al cual gira todo este despliegue organizativo es el arte popular. Este eje se encarga de programar, montar y garantizar todo el escenario para los artistas y sus funciones. Por ejemplo, la comisión Técnica y logística es la encargada “de atender las necesidades de los artistas en el mismo escenario, nosotros tenemos que estar muy pendientes de esa parte, como del sonido, las puestas en escena, saber qué necesitan, cuidar el lugar, los equipos. Además de gestionar con la comunidad previamente los equipos y escenarios necesarios para el festival”.

 

En trabajo mancomunado, la comisión de Programación se encarga de la comunicación con los artistas, la convocatoria, organización de las presentaciones y también abrir espacios para los artistas locales; además preparan con las otras comisiones la cantidad de invitados con bases de datos que van creciendo con los años por el ‘voz a voz’ a nivel latinoamericano.

 

“El festival es autogestionado y realizado por jóvenes universitarios que le apuestan a una forma diferente de mundo que se da por medio de la autogestión y el trueque. No tiene nada que ver con las instituciones ni politiquería, ni nada de eso [...] Los artistas no llegan al hotel cinco estrellas ni nada, ellos están aquí con la comunidad. Es importante generar esa conciencia en los artistas cuando vienen, aunque la mayoría hace parte de procesos populares y ya conocen”.

 

La comisión de Sub-Sedes es una apuesta para que el festival logre tejer redes artísticas en los territorios de Bakatá, además de la itinerancia anual. Es la que realiza articulación con otros barrios aledaños, con universidades (generalmente públicas), para llevar el festival a otro nivel de acción.

 

En este sentido, el Entepola es una apuesta real de un nuevo mundo, un trabajo de mucho pueblo movilizándose por el arte y la cultura desde los barrios. Sin temer a la escasez cuando se tiene el tejido social. Una construcción de nuevas lógicas, de diálogos, de entender a las comunidades y vivir las dificultades que configuran su día a día.

 

* Gestor barrial -Colectivo Olla Artística Tiguaque.

Publicado enEdición Nº238
Viernes, 28 Abril 2017 15:05

La cabeza en alto

La cabeza en alto

En su edición 2015, el Festival de Cannes, precisamente, abrió proyecciones con la película: “La tête haute”, dirigida por la francesa Emmanuelle Bercot, quien también es protagonista en la reciente cinta estrenada en Colombia: “Mon roi”, junto al multipremiado Vincent Cassel. Era la oportunidad para de nuevo ver a Bercot, esta vez dirigiendo un filme que llegó a Cannes como un drama psico-social que parecía estar inspirado en algunas de las películas de los hermanos Dardenne.

 

El filme nos sitúa ante el marco de una realidad social, teniendo como protagonista a un adolescente con un entorno familiar poco favorecedor, donde el desenfreno y las relaciones violentas, hacen de Malony un joven abatido por la brutalidad y el desespero.

 

Ante la proyección, los espectadores nos moveremos en los espacios recurrentes en los que entra y sale el personaje: un ambiente burocrático que resulta agobiante y repetitivo; visitas judiciales, sesiones de orientación, reformatorios, centros de reinserción. Este es el cuadro en el que transcurrirá la adolescencia del protagonista, acompañado de varios bien intencionados funcionarios del gobierno francés, que además de asistirlo hasta que cumpla la mayoría de edad, terminan involucrando sus vidas personales, tratando de suplir también las necesidades afectivas de las que es carente el joven.

 

Una notable actuación de la gran Catherine Deneuve (que me permitió recordarla en su actuación en “Belle de Jour” dirigida por Luis Buñuel, un filme inolvidable) tomando el papel de la juez de familia que acompaña a Malony desde los 6 años y con quien el chico toma una relación muy cercana, de un sentimiento de seguridad y confianza y hasta la posible sensación de maternidad que su propia madre no supo llevar, viéndose abatida por un hijo que no pudo controlar y que le es difícil entender, consecuencia de una vida familiar entorpecida por la violencia y el caos que generan ambientes destructivos.

 

Los mismos que quedan en quien ve “La cabeza en alto” e invitan a reflexionar sobre esas construcciones sociales que en la película son evidentes sin ser necesariamente literales: familias carentes de educación, de recursos económicos, con el factor violencia que desencadena en drogas y delincuencia; alterando así, la vida de un adolescente, en este caso Malony, que se ve desesperado y alterado por un futuro previsible que parece no tener cambio.

 

Es interesante ver la dualidad y el contraste del protagonista. Partiendo de que existe disposición para la autodestrucción, el personaje, a pesar de tener miedo y estar enojado con el mundo, carga la fuerza que le permite visualizar y querer lograr cambios en su vida; tal vez de ahí, el título de la película.

 

El cambio que puede parecer más trascendental en Malony, que nos brinda un nuevo perfil sobre éste, proviene de las decisiones que toma a partir de la relación que establece con Tess, una chica que conoció en su paso por el reformatorio de menores; es en esta parte de la narración visual, donde existe un giro interesante en la argumentación. Dejando ver así, el lado tal vez más amoroso e íntimo de un adolescente con miedo, que usa el disfraz de chico malo para enfrentar un entorno hostil, carente de valores y agresivo con quienes tienen menos oportunidades.

 

* La película “La cabeza en alto” estará disponible en el marco del festival Eurocine en las siguientes fechas:

 

Bogotá
- Abril 20, Cine Colombia Avenida Chile, 3:15 p.m.
- Abril 26, Cine Colombia Calle 100, 9:30 p.m.
- Abril 21, Cinemania, 7:00pm
- Abril 30, Cinemania, 9:00pm


Medellín
- Mayo 10, Centro Colombo Americano,
8:00 p.m.

Pereira
- Mayo 5, Cinema con Alma, Cámara de Comercio, 6:45 p.m.

 

Título original: La tête haute

Año: 2015

País: Francia

Director: Emmanuelle Bercot

Guión: Emmanuelle Bercot

Reparto: Rod Paradot, Catherine Deneuve, Sara Forestier, Benoît Magimel

Duración: 120 min

Premios y nominaciones: Premios César en el 2015: mejor actor secundario y actor revelación; Festival de Cannes 2015: Sección oficial película inaugural

Sinopsis: “La cabeza en alto” sigue la vida de Malony, un joven que fue abandonado por su madre cuando tenía seis años y ahora no deja de entrar y salir de la corte juvenil. Una familia adoptiva se desarrolla alrededor del problemático adolescente: Florence, una magistrada que está cerca al retiro, y Yann, un asistente social que también es un sobreviviente de una niñez muy difícil. Todos siguen a Malony, intentando salvarlo a toda costa, por lo cual es enviado a un centro educativo estricto, donde conoce a Tess, una joven muy especial que le ofrecerá razones para cambiar.

Publicado enEdición Nº234
Viernes, 15 Enero 2016 06:07

Enero de teatro en el Matacandelas

Enero de teatro en el Matacandelas

Comienza este año 2016 con teatro. Lo que hace algunos años va consolidando el colectivo teatral Matacandelas en la ciudad de Medellín, el Encuentro de Monólogos, hoy es ya tradición. Una cita teatral entre el 13 al 31 de enero, con más de 19 obras, nacionales e internacionales.


Entre los países invitados están Argentina, Ecuador y Republica Dominicana. Del primero viene el Teatro Galpón Diablo Mundo con la obra Yo Clown, de Ecuador los teatros Trisceral Arte Escénico, con la obra Ruinas, y el teatro Pekyn Andino, con la adaptación del clásico griego Medea llama por cobrar. De República Dominicana con el grupo Casa Teatro presentan las obras A veces grito y Él canta, yo cuento. De los teatros nacionales se presentan el Pequeño Teatro, Teatro Frastricida, Barricada Teatro, Proyección Estada, La Rueda Flotante, X2 Teatro, Teatro Casa Taller, Delirio Teatro, Doctora Apetito, Cicuta Teatro y Teatro el Trueque. Entre las obras presentadas están: El atravesado, adaptación de la obra del escritor Andrés Caicedo, La vida y obra de la poeta Emili Dickinson, Días de ayuno del cuento de Franz Kafka, Simplemente José una obra acerca de los desplazados; la danza contemporánea para niños: El baúl de los atuendos ¡o el extraño baile de la princesa!, entre otras obras.


Este encuentro es iniciativa de Edwin García "El Molo" y del esfuerzo y trabajo de las diversas agrupaciones teatrales antes mencionadas. Por su parte, según nos cuenta El Molo, la propuesta nace, entre otras cosas, producto de la escasa oferta teatral que hay en Medellín para este comienzo de año. Y es que como afirma él mismo, "El arte y la cultura no tienen vacaciones".

Publicado enCultura
Miércoles, 23 Abril 2014 08:28

Entre remembranzas y realidades

Entre remembranzas y realidades

¡Una semana llena de música! Esto fue lo que gozó la ciudad de Ibagué a propósito del 28 Festival Nacional de Música Colombiana, realizado entre el 17-24 de marzo.

 

Bajo los sonidos de guitarras, tiples, bandolas y otros instrumentos musicales, los habitantes de la capital del departamento del Tolima, además de numerosas delegaciones provenientes de departamentos como Antioquia y Eje cafetero, gozaron de lo lindo, de mañana a noche, en un Festival que además contó con expresiones musicales de la mayoría de las regiones del país, entre ellas las costas norte y pacífica, los llanos, los santanderes y la zona centro del país. Además de agrupaciones internacionales invitadas, como Quimera (Ecuador), Raíces y Mestizaje (México, estado de Yucatán, donde también tienen el bambuco Yucateno).

 

La 28 versión de este certamen estuvo dedicada, en merecido homenaje, al maestro César Augusto Zambrano, por su trabajo en pro de la música andina colombiana.

 

La variedad de espectáculos fue una de las notas destacadas de este evento. Así, con tarimas en gran parte de la ciudad, la concurrencia gozó del Primer encuentro universitario de música colombiana, del Concurso departamental de interpretación Cantalicio Rojas, del XX Concurso nacional de duetos "Príncipes de la canción", del XVII Concurso nacional de composición Leonor Buenaventura, y del homenaje a los compositores Lucho Vergara y Eduardo Cabas.

 

El agua, como elemento vital, fue parte del eslogan tomado por el evento: Agua rocío de paz, que define la importancia del precioso líquido dentro del contexto nacional, dados los problemas que en la actualidad enfrenta el departamento del Tolima, en más de un 70% de su territorio, a partir de la entrega de títulos mineros por parte del gobierno nacional a multinacionales mega–extractoras, muchos de ellos en zonas de páramo o tierras aptas para cultivos, el más importante de estos en la mina La Colosa para la extracción del oro a gran escala, mostrando de esta manera que también en la cultura la defensa del territorio y del agua está presente como elemento vital.

 

Tal vez el aspecto más relevante del XX Concurso nacional de duetos "Príncipes de la canción", radicó en la inclusión obligatoria de canciones de Garzón y Collazos, que hizo añorar a los más adultos dentro de la concurrencia su época de infancia en que cantaban con sus docentes de escuela las melodías de este histórico dueto colombino. Canciones como Canoíta de mi río, Pueblito Viejo, Copito de yerbabuena, Rosa linda y otras tantas, fueron cantadas por quienes gozaron de este espectáculo.

 

Para resaltar, también, los llenos de varios escenarios, y dentro de estos, la semifinal en el Teatro Tolima y el de la concha acústica en el cierre del evento. Asimismo la calidad de los artistas invitados, tanto nacionales como extranjeros, en especial los mexicanos, los peruanos y la orquesta de Lucho Bermúdez, así como la organización del evento.

 

Al recordar, en merecido homenaje, al maestro Eduaro Cavas, también se rememoró la época en que la música "protesta" o "testimonio" tuvo resonancia en el género de la música andina con canciones como campesino de ciudad, Ayer me echaron del pueblo, Ricardo semillas, A desalambrar y otras tantas; trayendo también a la memoria las serenatas brindadas en las fincas bajo la luz de la luna, con tiples de clavijera de palo, interpretando canciones como Rumor de serenata, Uri, Campesina santandereana, Así era que te quería, y muchas más.

 

Es necesario insistir en la necesaria divulgación del género de la música andina colombiana (bambuco, guabina, pasillo, torbellino, vals, raja leña, rumba criolla), actualmente con poca recepción en las emisoras comerciales. Hay que recordar que para las personas del centro del país, este género musical tradicionalmente fue el más importante a la hora de expresar sus sentimientos musicalmente.

 

Premiación

 

En esta ocasión los duetos ganadores fueron –de primero a sexto y en su orden: "Óscar y Julio" (Risaralda), "Cafecito y Caña" (Valle), "Fernando y José" (Tolima), Pentagrama (Quindío), Tradición (Boyacá), Aura y Heidi, por la ciudad de Ibagué.

 

En la modalidad de mejor canción inédita Leonor Buenaventura, el primer puesto fue para la canción Manantial de amor, de la compositora María Victoria Romero V. (Medellín); segundo puesto para la canción Agua de roció de paz, de la compositora Silvia Zapata (Itagüí, Antioquia), y el tercero para la canción Hilito de agua, del compositor Jorge Ríos Toro de la ciudad de Ibagué.


Al final del evento, entre aplausos y sonrisas, los miles de asistentes despidieron este Festival, con el deseo que no haya que esperar hasta el próximo mes de marzo para gozar de la música de sus ensueños ni de artistas tan dedicados.

 

Publicado enEdición Nº201
Con la peor asistencia en sus 19 años de historia

La poca asistencia de público al reciente Festival de Rock al Parque en Bogotá, por la carencia de grupos que representen y sintonicen el actual ambiente roquero de la ciudad, el país y la región, fueron los elementos que se destacaron en el cierre de la XIX versión del festival.


Las jornadas

 

El primer día fue a cargo del metal. La mitad del espacio destinado para el festival, al interior del parque Simón Bolívar, sobresalió por una mancha negra. En ese escenario, grupos como Symphony X, Havok, Ikarus falling, Vitaimana, Masacre y el gran cierre de Cannibal Corpse, dieron un gran muestra de lo que es este género musical. Se vivió y se sintió el pogo con sonidos eufóricos de guitarras y baterías que retumbaron la noche en la ciudad bogotana. Los amantes del metal salieron satisfechos.

 

Para el segundo día, la falta de información y la poca publicidad sobre las bandas que participaron propiciaron la poca asistencia. Varios grupos capitalinos –como la Real Academia del Sonido, Alto Grado, Banbarabanda, La Mercosur–, hicieron saltar y cantar a los espectadores. Los grupos internacionales debieron cerrar el festival, el rock and roll de Rebel Cats, que entonó la noche con temas clásicos de Chuck Berry, el excelente show de Dubioza Kolektiv, que estremeció a todo el público con su energía y variedad de instrumentos, y el gran cierre de la legendaria banda neoyorquina Living Colour, con sus sonidos de guitarra heavy metal que lamentablemente no tuvo el favor del gran público que no los conocía.

 

Para el tercer día, los espectadores demostraron su opinión con la ausencia. Para los asistentes se convirtió en consigna la frase "Los grupos no dan la talla para estar en el gran día del cierre", así que la banda bogotana Pornomotora se echó a la espalda la tarea de aglutinar a las pocas personas que asistieron, creando la ilusión de llenar la plaza, pero no había público para hacerlo.

 

El turno después fue para Illya Kuryaki & The Valderrama, su gran show emocionó a los asistentes con sus canciones más reconocidas como "Ula ula", "Abarajame", "Coolo", pero el poco público sentenciaba el final de esta presentación.

 

La deuda es grande. Para el próximo año, cuando se cumplan la versión XX del festival gratuito de rock más grande de Latinoamérica, los organizadores tienen el reto de disculparse luciéndose, ante los amantes de este género musical, presentando artistas de reconocimiento mundial.

 

Publicado enEdición N°193
No hemos sido más que los intérpretes
de un planeta herido.
Pero para lograr identificarnos
con sus clamores,
hemos tenido que reconocer que
somos parte de la Tierra.
Esa ha sido nuestra aventura
y el sentido de nuestra lucha.
No se trata de luchar por algo
que está por fuera de
nosotros sino por un sistema vivo
del que somos parte solidaria.
Augusto Ángel Maya1

La invitación fue desde Bucaramanga, para todo el que quisiera llegar de cualquier rincón del país, a participar de una convivencia de tres días que nos dijera algo sobre el Buen Vivir. Buen Vivir puede ser muchas cosas, pero aquí el significado se refería a tener un lugar para expresar nuestro ser a nuestras anchas; a festejar nuestras distintas maneras de ser y hacer en la ciudad y el campo; a alimentarnos de las experiencias de otras personas en el reconocimiento de la identidad cultural y la protección del territorio; a disfrutar juntos en un mismo comedor de la comida limpia, cultivada y preparada por quienes estaban allí; a salir con más amigos y con el alma cargada de confianza y fortaleza.

*****

Hablar en Colombia del Buen Vivir suena por lo menos extraño. Estamos en un país en guerra, con gente expulsada de sus territorios, de su hogar, y obligada a llegar sin nada a lugares sin dónde sembrar su raíz; mucha de la comida que consumimos es extranjera, como si careciéramos de todo para alimentarnos a nosotros mismos, porque grandes extensiones de tierra sólo se han dedicado a producir combustibles. Los proyectos mineros están amenazando con acabar las fuentes de agua para la agricultura, y se ha llegado a un punto en el que la sociedad, como en una suerte de involución, elige y vuelve a elegir a los que promueven ese sistema de vida. ¿En esas condiciones, se puede concebir el Buen Vivir?

El Primer Festival de Expresiones Rurales y Urbanas dio una respuesta clara. ¿Cómo se expresó el Buen Vivir en el Festival? ¿Qué hubo de rural y qué de urbano? ¿Cuánta diversidad llegó a estas fiestas y de qué manera se dio el diálogo? ¿Cambió algo en nuestras vidas después de este festival?

Una joya de barrio

Algunas personas lo captaron en su esencia cuando dijeron: “El barrio que acogió el Festival fue un escenario estratégico para conocernos y repensarnos en colectivo y en paz”. El tradicional barrio La Joya, de la ciudad de Bucaramanga, abrió las puertas sobre cómo se quería hacer en el trueque de conocimientos entre campo y ciudad. Desde el principio, allí se expresaron valores de lo popular: alegría, fiesta, colores, sabores, calidez, amabilidad, generosidad: “Pueden ir a la Junta de Acción Comunal que allá les reciben las maletas y luego se instalan en las carpas que hay adecuadas para nuestros visitantes. Están en el centro recreativo que hay en el barrio. Hay desayuno también, para comenzar animadamente nuestra jornada con los niños y las niñas”.

Fueron sus habitantes quienes organizaron los escenarios del encuentro, en todos los puntos cardinales: el comedor comunitario, para consumir juntos alimentos orgánicos; la cancha de fútbol, para el concierto de cierre; la oficina de la Junta de Acción Comunal, para centralizar todo; otra cancha cercana al templo, para el mercado ecológico; el colegio, para adelantar los talleres; las calles, para los recorridos de la chiva viajera, hogares para acoger a las personas que no se quedaron en el centro recreacional.

Los comienzos son demasiado importantes: llegar cansados del viaje, con hambre, con sudor, pero de inmediato encontrar acogida y soluciones para el descanso. El Buen Vivir se nutre de estos gestos. Por momentos, hubo lo contrario, como cuando llegó Aurelio, un agricultor del Cauca, y se cerraron para él las puertas luego de un largo viaje. Equivocadamente, alguien le impidió ingresar a uno de los lugares del encuentro, pero el ambiente mismo hizo posible que él contara lo ocurrido, mostrando lo frágil del vínculo humano en las ciudades: “Nunca cambiaré el campo, porque allá esto no sucede; uno siempre es bien recibido”. Son cosas que necesitamos aprender en estos diálogos entre lo rural y lo urbano, y también el Festival permitió sacarlo a la luz.

Amar y festejar la diversidad: metáfora de las semillas

Si se quiere, el Buen Vivir es un concepto de vida que se refleja en la manera de pensar, de mirar las cosas, de estar con la naturaleza y con las demás personas; una filosofía de nuestra existencia que conduce a organizar nuestra vida en una forma más armónica y de respeto hacia el patrimonio ambiental y cultural. Por ejemplo, alguien dijo durante el Festival que lo primero que necesitamos para proteger nuestro territorio es amarlo y desear con el corazón su integridad y su equilibrio, que es también el nuestro. Es todo un eco de muchas voces de los pueblos ecuatorianos y bolivianos que han logrado que en sus países mucha gente concentre su atención en desear eso, en querer su paisaje con todo el corazón. Algo inédito en el mundo.

El Buen Vivir propone una comunión con la diversidad. De ese contacto abierto con lo otro y los otros, surgen inspiraciones dentro de cada quién que sólo es posible conseguir si salimos a reconocerlos:

Para nosotros fue un encuentro de inspiración multicultural en hermandad…, con sentires y pensares en torno al respeto por todos los seres de la vida, con movimiento de las ideas entre las gentes campesinas y de las ciudades, la construcción de pensamiento para afianzarnos como comunidad que ama y respeta la naturaleza de la que somos parte, mediante la producción sagrada del alimento, la conservación de las semillas propias, el respeto a las plantas sagradas, las redes de intercambio solidario, las expresiones diversas del arte, no como mercancías sino como la materialización de la espiritualidad inmersa en cada cultura… con alegría para el bien hacer.

En especial, las semillas dieron el sentido y fueron la metáfora del Festival. Allá se llegó con semillas originarias, tantas variedades como climas, alturas, grados de humedad, intensidades de luz, cargas de sol que hay en nuestros lugares: semillas de maíz, de papa, de fríjol, de haba, de calabaza, de tomate y muchas más. Cada cual a intercambiar y no cualquier cosa sino aquello que significa el germen, el origen, la potencialidad, la causa, lo que alberga el milagro que surgirá después. Intercambio de tantísimas formas de vida en gestación para llevarlas consigo mismo.

El sentido de este trueque es muy amplio: en lo más práctico, es multiplicar en muchas partes el crecimiento de alimentos sanos y propios; es, además, brindar y recibir el conocimiento adquirido con años de intimidad con la Tierra, de investigación, de recuperación de lo propio, de secretos para sembrar, cultivar y cosechar. Y es sobre todo confiar en un comienzo que a la vez es historia y es novedad.

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Alguien, en un rato de descanso, repetía la idea de otro alguien: la vida nos ha reunido en torno a una lucha común. Es la lucha de la madre Tierra, ante la cual las diferencias se desvanecen. Era cierto. Estamos tan acostumbrados a los debates intransigentes y asimismo a considerarnos sospechosos por sólo pensar diferente, que el Festival fue un viento deliberadamente refrescante.

1    Palabras pronunciadas durante el homenaje que les rindió el ambientalismo colombiano a los maestros Augusto Ángel Maya, Aníbal Patiño y Mario Mejía, en marzo de 2001, en la ciudad de Cali. Se encuentran en un artículo completo titulado “Una vida de utopías”, en el libro Una exigencia del Sur: reconocer la deuda ecológica, de Censat Agua Viva (2002).

Por Luisa María Navas Camacho*, Claudia Roa y Adam Rankin**
*    Censat Agua Viva, Bogotá
**    Fundaexpresion, Bucaramanga

Recuadro
Convocatoria y ejes temáticos

El evento se estructuró en cuatro grandes ejes de trabajo:

•    Artístico-cultural. Diferentes expresiones culturales producidas por personas y comunidades relacionadas con el diálogo campo-ciudad, y un Encuentro Infantil y Juvenil por el Arte y la Ecología.
•    Hábitat sostenible. Espacio para compartir saberes y experiencias en torno a formas de habitar el territorio de manera más armónica, con experiencias en construcción en tierra, manejo de energías alternativas, construcción en guadua e iniciativas de agricultura urbana.
•    Patrimonio ambiental y cultural. Iniciativas de comunidades locales interesadas en la preservación del territorio y del agua como elementos esenciales de la vida. Se generó una reflexión compartida sobre temáticas como la crisis climática, la defensa de la biodiversidad, la creación de reservas campesinas y comunitarias, y el rescate de semillas.
•    Soberanía alimentaria y mercados locales. Espacio para el encuentro y la difusión de prácticas de producción agroecológica, e intercambio de experiencias rurales y urbanas en torno a la seguridad, la autonomía y la soberanía alimentaria desde una perspectiva regional.

Señales de variedad

La convocatoria fue impulsada ampliamente por 26 asociaciones y organizaciones: agroecológicas, culturales, de mujeres, de reservas campesinas, de emisoras comunitarias, de madres comunitarias, de cine... Llegaron también agroecólogos de Venezuela, músicos de Colombia y Holanda, un artista cubano y un fotógrafo mexicano.

Igualmente, el evento fue realizado en el contexto de varias redes y campañas nacionales e internacionales: Campaña Soberanía, Seguridad y Autonomía Alimentaria (SALSA), Campaña “Semillas de Identidad”, la Semana Verde realizada por la Sociedad Sueca para la Conservación de la Naturaleza, Amigos de la Tierra Colombia, la Coalición Mundial por los Bosques y redes de Mujeres por la Diversidad y la Justicia Climática. El comité organizador del Primer Festival estuvo a cargo del Consejo Comunal del Barrio La Joya, Fundaexpresión y la Casa Cultural El Solar.*

Artistas y gestores culturales:

•    Grupo musical de chirimía - Resguardo Indígena de Cañamomo y Lomaprieta (Caldas)
•    Música campesina - Al Son de la Loma y Tigres del 22 (Floridablanca)
•    Cantora Martina Camargo, San Martín de Loba (río Magdalena)
•    Velandia y La Tigra (Piedecuesta)
•    Grupo de rock “Ignorantes” (Bogotá)
•    Rafael Álvarez Doménech “Felo” - video-arte y performance (Cuba)
•    Roberto Carlos Parra Ramírez - fotógrafo (México)
•    Trío internacional de guitarra - Proyecto Mezcla (Holanda)
•     Exposición fotográfica: “Nuestras voces, nuestras miradas: Semillas de identidad” - Colombia
•    Cine+Arte Konsciente (Bucaramanga)
•    Obra de títeres “Territorio y Vida” - Resguardo Indígena de Cañamomo y Lomaprieta (Caldas)
•    Grupo de teatro “5 pa’ las 12” (Bucaramanga)
•    Banda musical escolar - Colegio Andrés Páez de Sotomayor
•    Grupo de danza folclórica de la tercera edad (Lebrija)
•     Asociación de Artesanos (Málaga y San José de Miranda)
•    El Callejón de los Artesanos (Bucaramanga)
•     Trabajo en artesanías - pueblos indígenas de la Sierra Nevada
•     Grupo de artesanos - Escuela Campesina del Valle de Tenza (Boyacá)
•    Comité Cultural de Zapamanga - Cocuza (Floridablanca).

*.    Mayor información: www.fundaexpresion.org / video-clips: http://www.youtube.com/user/fundaexpresion.


Publicado enEdición 163