Fabio Manosalva, Tu lo reflejas todo Ana!, 50 x 50 cm (Cortesía del autor)

A comienzos de noviembre de 2021 tuvo lugar en la ciudad de Glasgow, Escocia, la reunión por el acuerdo climático COP26. Después de dos semanas de deliberaciones y encuentros se produjo un documento que, según trascendió, es un auténtico fracaso en términos de entendimiento, enfrentamiento a la crisis climática y políticas de compromiso para salvar a la humanidad de los límites irreversibles que la condenan a la desaparición. Estudiemos qué significa el fracaso de ese acuerdo.

La de Glasgow fue la primera reunión sobre temas ambientales de gran alcance después de la crisis del covid-19, y en la antesala a un posible mundo post-covid-19. Esta circunstancia es importante para entender el clima, los retos y los alcances del documento final.

Encuentro de rencillas, cobros y problemas menores


Los primeros días de encuentros entre los así llamados líderes fue un escenario de mentes pequeñas, egos y bajos intereses. Unos se aparecieron sencillamente para salir en la foto; otros se encontraron entre sí para recriminarse por cosas pequeñas: la compra de submarinos, acuerdos pesqueros, reproches y sátiras, resquemores y caprichos. Cualquier cosa menos una mentalidad dispuesta a enfrentar el peligro de los límites planetarios (1) y el reloj de los cien segundos de oportunidad que le quedan la humanidad –“para la media noche”– de acuerdo con los científicos (2).

Supuestamente, los líderes mundiales tienen la capacidad de jalonar al mundo hacia su bienestar. Pues bien: un falso supuesto. La política está hecha de sospechas, alianzas de conveniencia, y mucho interés y poder; para nada altruismo, ética, valores universales, paz y vida. Realpolitik.

Las conferencias sobre el cambio climático no son un proceso improvisado. Se realizan sistemáticamente desde 1995 y siempre la agenda de las siguientes conferencias se anuncia con antelación de suerte que los gobiernos, los Estados, las corporaciones y la sociedad civil se prepare suficientemente (3). En este contexto, lo sucedido en los primeros días, lo acontecido durante todos los días que ocupó esta cumbre, y el documento final acordado, es señal de cualquier cosa menos de inteligencia ambiental.

Hay un hecho contundente inocultable: de acuerdo con numerosas fuentes científicas, la información sobre la crisis climática es clara. Los datos son contundentes acerca de la gravedad del asunto. Pero los políticos, los militares y los empresarios, colocando siempre sus intereses mesquinos por sobre los de la humanidad, se caracterizan por un sistemático desprecio de las evidencias científicas. La política no escucha a la ciencia; en la historia de Occidente, casi nunca lo ha hecho (con la muy notable excepción del Proyecto Manhattan, y todo lo que pivota en su entorno, alrededor del planeta). Se trata de dos mundos paralelos que excepcional-mente llegan a tocarse. Ya lo decía Platón hablando del sueño del rey filósofo: un gobernante sabio sucedería sólo epe keine, en griego; que literalmente significa: de milagro.

Nunca como hoy había sido cierto que la grandeza de los gobernantes se reconoce por su capacidad para afrontar los más altos riesgos y peligros.


Existe, manifiestamente, una profunda, sistémica y sistemática crisis alrededor del mundo. No es este el lugar para juzgar sus razones y orígenes (4). Valga resaltar, en todo caso, que de todas sus expresiones, el calentamiento global y todo lo que él significa –desertificación, contaminación del aire y de las aguas duces, deforestación, extractivismo, pobreza y hambre– constituye la expresión más aguda de todas las crisis.


Se habla de prospectiva, de planeación estratégica, de liderazgo de diversos tipos, de innovación, de desarrollo humano, y otros temas próximos y semejantes: pero esa es sólo palabrería –flatus voccis–, a la hora de emprender acciones reales que protejan a la humanidad y a la biosfera. La política está hecha de palabras hueras. Ayer se alimentó de retórica –desde Aristóteles y Cicerón–; hoy se nutre de noticias falsas (fake news). Un panorama desalentador, según todo parece indicarlo.

El documento final de acuerdo


Desde la conferencia anterior, realizada en Madrid en el 2020 –si no antes– la meta propuesta para la de Glasgow 2021 era el compromiso mundial para contener –¡ni siquiera reducir!– el calentamiento global en 1.5 grados. Pues bien, en blanco y negro no se logró nada al respecto. Así: nada. La declaración final de Naciones Unidas es tibia y desabrida (5), por decir lo menos.


La crisis climática debe ser entendida exactamente en el siguiente sentido. Existe una profunda crisis ambiental cuyos primeros diagnósticos se remontan a los primeros documentos del Club de Roma en 1977 y los años siguientes. La metáfora de la Tierra como una nave a la deriva en el espacio en el que no existe un plan B emergió por ese entonces. No hay un plan B para el planeta Tierra. Estamos aquí, vivimos aquí y si no se hacen bien las cosas pereceremos aquí. En blanco y negro.
Pues bien, en orden de complejidad, la crisis consiste en los siguientes niveles:

• Cambio climático
• Calentamiento global
• Crisis climática
• Catástrofe climática

Actualmente nos encontramos en el tercer nivel. La catástrofe climática será literalmente un punto de no retorno. Significará la muerte de la especie humana y de buena parte de la biosfera. En una palabra: la consumación de la sexta extinción –cuyos orígenes comienzan exactamente en 1776 con el desarrollo de la máquina de Watts, y el subsiguiente desarrollo de la primera revolución industrial–. La media noche del reloj de los últimos 100 segundos apuntan exactamente a la tercera fase de esta realidad. Y es allí también donde se encuentran los límites planetarios del Instituto Stockholm, que la humanidad está a punto de cruzar.


Pues bien, el documento de la Cop26 en Glasgow no aporta ningún paso real significativo de cara a evitar el ahondamiento de la crisis, para no cruzar el umbral hacia la catástrofe climática. La pérdida de la biodiversidad tiene ritmos galopantes; la deforestación del Amazonas, permitida por el gobierno de Bolsonaro, es obra del consumo capitalista; la desertificación de África, China y varios otros países no parecen detenerse para nada; hay otros que han entrado ya en una crisis de aguas, nutrición y pobreza que terminan siendo calificados como: países o economías o estados inviables. Es decir, en el actual estado de cosas no importa qué se haga, nada podrá impedir su hundimiento definitivo. Honduras y Haití en América Latina, Madagascar y los países subsaharianos en África. Al mismo tiempo, el agua dulce se agota alrededor del planeta y los océanos sufren una creciente e imparable acidificación. Un diagnóstico que no se agota aquí y que es pesimista por donde se lo mire. Genéricamente hablando, se trata de una crisis de raíces antropogénicas. Occidente nunca supo vivir bien, y se olvidó del saber vivir, del que sí saben otras culturas, pueblos y civilizaciones.

De manera puntual, los países más ricos del planeta rechazaron la propuesta de reunir 100 billones de dólares para ayuda a los países más desafortunados por la crisis climática (6). La realidad es que el documento de Glasgow apenas sí le apunta a la contención de 1.1 grados centígrados. En términos científicos es un fracaso. 0.4 grados puede sonar irrisoria, pero en las dinámicas de complejidad del medio ambiente es demasiado.


En pocas palabras, el documento final, según ha trascendido a través de diversas fuentes, es un enorme retroceso con respecto a las reuniones de Río de Janeiro, Madrid y París.


La política no atiende ni entiende a la ciencia: diálogo de sordos

Existe un consenso claro, indudable: el 97 por ciento de los científicos, incluyendo dieciocho sociedades científicas, diversas agencias gubernamentales y cuerpos intergubernamentales coinciden en señalar que existe una profunda crisis climática como resultado de las actividades productivas (7). Numerosas fuentes pueden aportarse al respecto. Sobre la crisis ambiental, y en el marco de los cuatro niveles mencionados, la ciencia es contundente. Una parte de la sociedad civil mundial así lo ha entendido. Sin embargo, en las esferas más altas del poder lo que impera es negacionismo. (Paradójicamente se escandalizan con el negacionismo sobre el Holocausto, pero son reacios a ver los hechos de la crisis ambiental).


Existe una ciencia del cambio climático (8). Es decir, hay cualquier cosa menos opinión, puntos de vista y pareceres. Hay datos contundentes, estudios de largas series de tiempo, estudios comparativos, estudios sobre los impactos del cambio climático, y existen robustas simulaciones y modelamientos, significativamente, todos comportan enfoques inter, trans y multidisciplinarios.


Los políticos y la política nada saben al respecto; o nada quieren saber sobre esto, lo que para efectos prácticos da lo mismo. Cabe subrayar esto: una política que responde a los criterios, los valores, las estructuras mentales y los intereses de la civilización occidental nada sabe sobre ciencia de la crisis ambiental.

Ciertamente que el reto de la crisis climática es de una envergadura con la que Occidente jamás se enfrentó antes. Numerosas razones explican la situación, entre ellas, desde luego, el impacto de la globalización. En cualquier caso, en toda la historia de Occidente jamás ninguna estructura mental –la religión, los ejércitos, las empresas, los gobiernos, los Estados– ha entendido un planteamiento de corte sistémico como el que plantea la crisis actual. La historia de Occidente ha sido la del fraccionamiento, la división, la especialización; en una palabra: el análisis.

El punto más crítico al respecto consiste en lo siguiente: los centros de poder no creen en la ciencia, y los científicos no tienen la capacidad decisoria sobre empresas, corporaciones, ejércitos, gobiernos y Estados como el que demanda la sexta extinción en marcha. Un desafío fantástico, agónico.
Ante este estado de cosas: o bien la política debe cambiar, o bien el lenguaje y las capacidades de la ciencia deben transformarse. O ambas cosas. Este es el punto crucial de la crisis civilizatoria.

Crisis climática y crisis civilizatoria

Todas las grandes culturas, pueblos, sociedades y civilizaciones que han desaparecido lo hicieron en consonancia –no necesariamente en términos de causalidad– con una profunda crisis ambiental. Numerosos estudios son esclarecedores al respecto (9). En el espectro de la historia de América Latina, el caso más crítico y estudiado fue el de la súbita y rápida desaparición de la civilización maya como resultado de una crisis en la gestión de aguas dulces (10). Análogamente –sin reduccionismos– a como todo gran levantamiento social está acompañado por profundas crisis alimentarias y hambre, asimismo, todo gran imperio, sociedad, cultura o civilización ha desaparecido en relación estrecha con una profunda e irreversible crisis ambiental. La naturaleza se encuentra en la base de las acciones y los procesos humanos, mucho más de lo que las ciencias sociales han estado acostumbradas a reconocerlo.

Sequías, hambrunas, terremotos, huracanes, tifones, incendios de enormes proporciones son algunos de los desastres, con todo y sus consecuencias, que han acompañado la desaparición de numerosas culturas. Pues bien, el caso de Occidente no tiene por qué ser diferente. Sólo que se trata de un reto de envergadura globalizada. La sexta extinción en masa (11) es, dicho de manera gruesa pero sucinta, la obra misma de la civilización occidental, con todo y sus valores, principios, grandezas y miserias.

Los diagnósticos sobre la crisis civilizatoria son cada vez crecientes y numerosos. Y cada vez hay mayor claridad acerca de la inviabilidad del modo de pensar y de vivir occidentales de cara a la naturaleza y al medio ambiente. Occidente se caracteriza por una mentalidad extractivista, cuyos primeros fundamentos se encuentran tanto en el Génesis –escrito hacia 1470 a.e.v–, como en la Política de Aristóteles (en especial, véase el Libro I). La naturaleza es concebida como un medio para los fines e intereses humanos.

Simple y llanamente, toda gran civilización colapsa cuando es incapaz de vivir acorde a la naturaleza debido a que sitúa al ser humano por fuera y por encima suyo. Así las cosas, una gestión de los asuntos humanos es imposible sin una buena gestión de los asuntos de y con la naturaleza (12). Saber vivir, y vivir bien, son una sola y misma cosa con saber entender a la naturaleza y vivir con ella. Sin posturas elegíacas ni románticas. Nuevamente: esto es pura y buena ciencia.

Sólo que la crisis civilizatoria de Occidente no debe, en absoluto, ser identificada con el final de la humanidad como tal. No existe ninguna relación de causalidad. Veamos.

Políticas ambientales desde abajo


Existen numerosas acciones, planes, programas y políticas alrededor del mundo que van en contravía de los modos de vida, estilos y estándares occidentales. Ante nuestros propios ojos, existe una nueva civilización que está emergiendo. Sencillamente, se trata de una civilización que sabe de vida, algo de lo cual Occidente jamás supo. Occidente siempre supo tan sólo de muerte, sufrimiento, enfermedad y violencia; en todas sus formas.


La fenomenología de una nueva civilización en emergencia es creciente y profusa: Un solo hombre siembra 152 millones de árboles para reforestar manglares en Senegal (13); veinte países trabajan en la reforestación de la Gran Muralla Verde para frenar el crecimiento del Sahara (14); China, Filipinas, India, Corea del sur y México emprenden políticas profundas y radicales de reforestación (15). En numerosos países existen comunidades autogestionarias que han abandonado el crecimiento económico, han apostado por el decrecimiento, tomaron distancia fuerte frente al consumo y el hiperconsumo, y han emprendida prácticas de largo alcance de trueque; el abandono de la moneda, por tanto: se trata de sistemas de economía solidaria (16); en Colombia y en la India, en México y en Francia, por ejemplo.

En otras palabras, hay comunidades enteras que le apuestan a la vida, y no a la muerte, al futuro, y no al pasado (17). Sólo que esta información no aparece en los grandes titulares de las multinacionales de la comunicación. Todo lo contrario. Lo que se vende es desasosiego, pesimismo, entrega, alarmismo y mucho milenarismo. Se trata de un miedo estratégicamente diseñado y programado con el cual logran manejar a grandes multitudes, todas mal informadas o desinformadas.


De manera significativa, por ejemplo, en el futuro inmediato el ecocidio será reconocido por la Corte Penal Internacional como un crimen de lesa humanidad, es decir, como un crimen que no prescribe hasta que sea juzgado, acusado el culpable y resuelto el problema. Se tratará, en el futuro inmediato, del juicio a los causantes de la sexta extinción. Todo, mientras otra civilización, pujante y vital, se yergue y teje redes y contactos, todos, por lo pronto, de corte rizomático.


El acuerdo de Glasgow 26 fracasó. Se trata de un paso más en la decadencia de Occidente y el final de esta civilización. De todas las civilizaciones que han existido en la historia de la humanidad, la que menos tiempos habrá vivido. Pero el fracaso del acuerdo de la COP26 también lo es de un modelo en crisis. No el fracaso de la humanidad. Otro tiempo, otra civilización, otras relaciones son posibles, y están emergiendo y consolidándose. n

 

1. Cfr. https://www.stockholmresilience.org/research/planetary-boundaries.html)
2. Cfr. https://thebulletin.org/2020/01/press-release-it-is-now-100-seconds-to-midnight/).
3. Cfr. https://es.wikipedia.org/wiki/Conferencias_de_las_Naciones_Unidas_sobre_el_cambio_clim%C3%A1tico)
4. Cfr. Maldonado, C. E., 2020. Occidente, la civilización que nació enferma. Bogotá: Ed. Desde Abajo.
5. Cfr. https://news.un.org/es/story/2021/11/1499972
6. Cfr. https://www.carbonbrief.org/cop26-key-outcomes-agreed-at-the-un-climate-talks-in-glasgow)
7. Cfr. https://climate.nasa.gov/scientific-consensus/#:~:text=Multiple%20studies%20published%20in%20peer%2Dreviewed%20scientific%20journals1%20show,likely%20due%20to%20human%20activities)
8. Cfr. https://www.science.org.au/education/immunisation-climate-change-genetic-modification/science-climate-change
9. F. Fernández-Armesto, Civilizations. Culture. Ambition, and the Transformation of Nature, New York: A Touchstone Book, 2002; N. Ferguson, Civilización. Occidente y el resto, Madrid: Debate, 2012.
10. R. B. Gill, Las grandes sequías Mayas. Agua, viuda y muerte, México, D.F.: F. C. E., 2008.
11. R. Leakey, La sexta extinción. El futuro de la vida y de la humanidad, Barcelona, Tusquets, 2012; E. Kolbert, La sexta extinción. Una historia nada natural, Barcelona, Crítica, 2019.
12. N. Ferguson, Desastre. Historia y política de las catástrofes, Madrid, Debate, 2021.
13. https://ecoinventos.com/reforestacion-manglares-senegal/
14. https://www.xataka.com/ecologia-y-naturaleza/ibamos-a-construir-muro-verde-8-000-kilometros-largo-15-ancho-que-fue-gran-proyecto-para-reforestar-africa
15. https://magnet.xataka.com/un-mundo-fascinante/los-7-proyectos-de-reforestacion-mas-espectaculares-de-la-historia
16. https://nasaacin.org/trueque-comunitario-realizaron-las-comunidades-indigenas-de-corinto/;https://www.bbc.com/worklife/article/20200821-the-rise-of-bartering-in-a-changed-world
17. “Aprendizajes del distanciamiento para un mundo postpandemia. Las tecnologías y la vida cotidiana”, en: Le Monde diplomatique, octubre, año XIX, Nº 215, pp. 10-11.

 

* Filósofo, integrante del Consejo de redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.

 

 

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Fabio Manosalva, Tu lo reflejas todo Ana!, 50 x 50 cm (Cortesía del autor)

A comienzos de noviembre de 2021 tuvo lugar en la ciudad de Glasgow, Escocia, la reunión por el acuerdo climático COP26. Después de dos semanas de deliberaciones y encuentros se produjo un documento que, según trascendió, es un auténtico fracaso en términos de entendimiento, enfrentamiento a la crisis climática y políticas de compromiso para salvar a la humanidad de los límites irreversibles que la condenan a la desaparición. Estudiemos qué significa el fracaso de ese acuerdo.

La de Glasgow fue la primera reunión sobre temas ambientales de gran alcance después de la crisis del covid-19, y en la antesala a un posible mundo post-covid-19. Esta circunstancia es importante para entender el clima, los retos y los alcances del documento final.

Encuentro de rencillas, cobros y problemas menores


Los primeros días de encuentros entre los así llamados líderes fue un escenario de mentes pequeñas, egos y bajos intereses. Unos se aparecieron sencillamente para salir en la foto; otros se encontraron entre sí para recriminarse por cosas pequeñas: la compra de submarinos, acuerdos pesqueros, reproches y sátiras, resquemores y caprichos. Cualquier cosa menos una mentalidad dispuesta a enfrentar el peligro de los límites planetarios (1) y el reloj de los cien segundos de oportunidad que le quedan la humanidad –“para la media noche”– de acuerdo con los científicos (2).

Supuestamente, los líderes mundiales tienen la capacidad de jalonar al mundo hacia su bienestar. Pues bien: un falso supuesto. La política está hecha de sospechas, alianzas de conveniencia, y mucho interés y poder; para nada altruismo, ética, valores universales, paz y vida. Realpolitik.

Las conferencias sobre el cambio climático no son un proceso improvisado. Se realizan sistemáticamente desde 1995 y siempre la agenda de las siguientes conferencias se anuncia con antelación de suerte que los gobiernos, los Estados, las corporaciones y la sociedad civil se prepare suficientemente (3). En este contexto, lo sucedido en los primeros días, lo acontecido durante todos los días que ocupó esta cumbre, y el documento final acordado, es señal de cualquier cosa menos de inteligencia ambiental.

Hay un hecho contundente inocultable: de acuerdo con numerosas fuentes científicas, la información sobre la crisis climática es clara. Los datos son contundentes acerca de la gravedad del asunto. Pero los políticos, los militares y los empresarios, colocando siempre sus intereses mesquinos por sobre los de la humanidad, se caracterizan por un sistemático desprecio de las evidencias científicas. La política no escucha a la ciencia; en la historia de Occidente, casi nunca lo ha hecho (con la muy notable excepción del Proyecto Manhattan, y todo lo que pivota en su entorno, alrededor del planeta). Se trata de dos mundos paralelos que excepcional-mente llegan a tocarse. Ya lo decía Platón hablando del sueño del rey filósofo: un gobernante sabio sucedería sólo epe keine, en griego; que literalmente significa: de milagro.

Nunca como hoy había sido cierto que la grandeza de los gobernantes se reconoce por su capacidad para afrontar los más altos riesgos y peligros.


Existe, manifiestamente, una profunda, sistémica y sistemática crisis alrededor del mundo. No es este el lugar para juzgar sus razones y orígenes (4). Valga resaltar, en todo caso, que de todas sus expresiones, el calentamiento global y todo lo que él significa –desertificación, contaminación del aire y de las aguas duces, deforestación, extractivismo, pobreza y hambre– constituye la expresión más aguda de todas las crisis.


Se habla de prospectiva, de planeación estratégica, de liderazgo de diversos tipos, de innovación, de desarrollo humano, y otros temas próximos y semejantes: pero esa es sólo palabrería –flatus voccis–, a la hora de emprender acciones reales que protejan a la humanidad y a la biosfera. La política está hecha de palabras hueras. Ayer se alimentó de retórica –desde Aristóteles y Cicerón–; hoy se nutre de noticias falsas (fake news). Un panorama desalentador, según todo parece indicarlo.

El documento final de acuerdo


Desde la conferencia anterior, realizada en Madrid en el 2020 –si no antes– la meta propuesta para la de Glasgow 2021 era el compromiso mundial para contener –¡ni siquiera reducir!– el calentamiento global en 1.5 grados. Pues bien, en blanco y negro no se logró nada al respecto. Así: nada. La declaración final de Naciones Unidas es tibia y desabrida (5), por decir lo menos.


La crisis climática debe ser entendida exactamente en el siguiente sentido. Existe una profunda crisis ambiental cuyos primeros diagnósticos se remontan a los primeros documentos del Club de Roma en 1977 y los años siguientes. La metáfora de la Tierra como una nave a la deriva en el espacio en el que no existe un plan B emergió por ese entonces. No hay un plan B para el planeta Tierra. Estamos aquí, vivimos aquí y si no se hacen bien las cosas pereceremos aquí. En blanco y negro.
Pues bien, en orden de complejidad, la crisis consiste en los siguientes niveles:

• Cambio climático
• Calentamiento global
• Crisis climática
• Catástrofe climática

Actualmente nos encontramos en el tercer nivel. La catástrofe climática será literalmente un punto de no retorno. Significará la muerte de la especie humana y de buena parte de la biosfera. En una palabra: la consumación de la sexta extinción –cuyos orígenes comienzan exactamente en 1776 con el desarrollo de la máquina de Watts, y el subsiguiente desarrollo de la primera revolución industrial–. La media noche del reloj de los últimos 100 segundos apuntan exactamente a la tercera fase de esta realidad. Y es allí también donde se encuentran los límites planetarios del Instituto Stockholm, que la humanidad está a punto de cruzar.


Pues bien, el documento de la Cop26 en Glasgow no aporta ningún paso real significativo de cara a evitar el ahondamiento de la crisis, para no cruzar el umbral hacia la catástrofe climática. La pérdida de la biodiversidad tiene ritmos galopantes; la deforestación del Amazonas, permitida por el gobierno de Bolsonaro, es obra del consumo capitalista; la desertificación de África, China y varios otros países no parecen detenerse para nada; hay otros que han entrado ya en una crisis de aguas, nutrición y pobreza que terminan siendo calificados como: países o economías o estados inviables. Es decir, en el actual estado de cosas no importa qué se haga, nada podrá impedir su hundimiento definitivo. Honduras y Haití en América Latina, Madagascar y los países subsaharianos en África. Al mismo tiempo, el agua dulce se agota alrededor del planeta y los océanos sufren una creciente e imparable acidificación. Un diagnóstico que no se agota aquí y que es pesimista por donde se lo mire. Genéricamente hablando, se trata de una crisis de raíces antropogénicas. Occidente nunca supo vivir bien, y se olvidó del saber vivir, del que sí saben otras culturas, pueblos y civilizaciones.

De manera puntual, los países más ricos del planeta rechazaron la propuesta de reunir 100 billones de dólares para ayuda a los países más desafortunados por la crisis climática (6). La realidad es que el documento de Glasgow apenas sí le apunta a la contención de 1.1 grados centígrados. En términos científicos es un fracaso. 0.4 grados puede sonar irrisoria, pero en las dinámicas de complejidad del medio ambiente es demasiado.


En pocas palabras, el documento final, según ha trascendido a través de diversas fuentes, es un enorme retroceso con respecto a las reuniones de Río de Janeiro, Madrid y París.


La política no atiende ni entiende a la ciencia: diálogo de sordos

Existe un consenso claro, indudable: el 97 por ciento de los científicos, incluyendo dieciocho sociedades científicas, diversas agencias gubernamentales y cuerpos intergubernamentales coinciden en señalar que existe una profunda crisis climática como resultado de las actividades productivas (7). Numerosas fuentes pueden aportarse al respecto. Sobre la crisis ambiental, y en el marco de los cuatro niveles mencionados, la ciencia es contundente. Una parte de la sociedad civil mundial así lo ha entendido. Sin embargo, en las esferas más altas del poder lo que impera es negacionismo. (Paradójicamente se escandalizan con el negacionismo sobre el Holocausto, pero son reacios a ver los hechos de la crisis ambiental).


Existe una ciencia del cambio climático (8). Es decir, hay cualquier cosa menos opinión, puntos de vista y pareceres. Hay datos contundentes, estudios de largas series de tiempo, estudios comparativos, estudios sobre los impactos del cambio climático, y existen robustas simulaciones y modelamientos, significativamente, todos comportan enfoques inter, trans y multidisciplinarios.


Los políticos y la política nada saben al respecto; o nada quieren saber sobre esto, lo que para efectos prácticos da lo mismo. Cabe subrayar esto: una política que responde a los criterios, los valores, las estructuras mentales y los intereses de la civilización occidental nada sabe sobre ciencia de la crisis ambiental.

Ciertamente que el reto de la crisis climática es de una envergadura con la que Occidente jamás se enfrentó antes. Numerosas razones explican la situación, entre ellas, desde luego, el impacto de la globalización. En cualquier caso, en toda la historia de Occidente jamás ninguna estructura mental –la religión, los ejércitos, las empresas, los gobiernos, los Estados– ha entendido un planteamiento de corte sistémico como el que plantea la crisis actual. La historia de Occidente ha sido la del fraccionamiento, la división, la especialización; en una palabra: el análisis.

El punto más crítico al respecto consiste en lo siguiente: los centros de poder no creen en la ciencia, y los científicos no tienen la capacidad decisoria sobre empresas, corporaciones, ejércitos, gobiernos y Estados como el que demanda la sexta extinción en marcha. Un desafío fantástico, agónico.
Ante este estado de cosas: o bien la política debe cambiar, o bien el lenguaje y las capacidades de la ciencia deben transformarse. O ambas cosas. Este es el punto crucial de la crisis civilizatoria.

Crisis climática y crisis civilizatoria

Todas las grandes culturas, pueblos, sociedades y civilizaciones que han desaparecido lo hicieron en consonancia –no necesariamente en términos de causalidad– con una profunda crisis ambiental. Numerosos estudios son esclarecedores al respecto (9). En el espectro de la historia de América Latina, el caso más crítico y estudiado fue el de la súbita y rápida desaparición de la civilización maya como resultado de una crisis en la gestión de aguas dulces (10). Análogamente –sin reduccionismos– a como todo gran levantamiento social está acompañado por profundas crisis alimentarias y hambre, asimismo, todo gran imperio, sociedad, cultura o civilización ha desaparecido en relación estrecha con una profunda e irreversible crisis ambiental. La naturaleza se encuentra en la base de las acciones y los procesos humanos, mucho más de lo que las ciencias sociales han estado acostumbradas a reconocerlo.

Sequías, hambrunas, terremotos, huracanes, tifones, incendios de enormes proporciones son algunos de los desastres, con todo y sus consecuencias, que han acompañado la desaparición de numerosas culturas. Pues bien, el caso de Occidente no tiene por qué ser diferente. Sólo que se trata de un reto de envergadura globalizada. La sexta extinción en masa (11) es, dicho de manera gruesa pero sucinta, la obra misma de la civilización occidental, con todo y sus valores, principios, grandezas y miserias.

Los diagnósticos sobre la crisis civilizatoria son cada vez crecientes y numerosos. Y cada vez hay mayor claridad acerca de la inviabilidad del modo de pensar y de vivir occidentales de cara a la naturaleza y al medio ambiente. Occidente se caracteriza por una mentalidad extractivista, cuyos primeros fundamentos se encuentran tanto en el Génesis –escrito hacia 1470 a.e.v–, como en la Política de Aristóteles (en especial, véase el Libro I). La naturaleza es concebida como un medio para los fines e intereses humanos.

Simple y llanamente, toda gran civilización colapsa cuando es incapaz de vivir acorde a la naturaleza debido a que sitúa al ser humano por fuera y por encima suyo. Así las cosas, una gestión de los asuntos humanos es imposible sin una buena gestión de los asuntos de y con la naturaleza (12). Saber vivir, y vivir bien, son una sola y misma cosa con saber entender a la naturaleza y vivir con ella. Sin posturas elegíacas ni románticas. Nuevamente: esto es pura y buena ciencia.

Sólo que la crisis civilizatoria de Occidente no debe, en absoluto, ser identificada con el final de la humanidad como tal. No existe ninguna relación de causalidad. Veamos.

Políticas ambientales desde abajo


Existen numerosas acciones, planes, programas y políticas alrededor del mundo que van en contravía de los modos de vida, estilos y estándares occidentales. Ante nuestros propios ojos, existe una nueva civilización que está emergiendo. Sencillamente, se trata de una civilización que sabe de vida, algo de lo cual Occidente jamás supo. Occidente siempre supo tan sólo de muerte, sufrimiento, enfermedad y violencia; en todas sus formas.


La fenomenología de una nueva civilización en emergencia es creciente y profusa: Un solo hombre siembra 152 millones de árboles para reforestar manglares en Senegal (13); veinte países trabajan en la reforestación de la Gran Muralla Verde para frenar el crecimiento del Sahara (14); China, Filipinas, India, Corea del sur y México emprenden políticas profundas y radicales de reforestación (15). En numerosos países existen comunidades autogestionarias que han abandonado el crecimiento económico, han apostado por el decrecimiento, tomaron distancia fuerte frente al consumo y el hiperconsumo, y han emprendida prácticas de largo alcance de trueque; el abandono de la moneda, por tanto: se trata de sistemas de economía solidaria (16); en Colombia y en la India, en México y en Francia, por ejemplo.

En otras palabras, hay comunidades enteras que le apuestan a la vida, y no a la muerte, al futuro, y no al pasado (17). Sólo que esta información no aparece en los grandes titulares de las multinacionales de la comunicación. Todo lo contrario. Lo que se vende es desasosiego, pesimismo, entrega, alarmismo y mucho milenarismo. Se trata de un miedo estratégicamente diseñado y programado con el cual logran manejar a grandes multitudes, todas mal informadas o desinformadas.


De manera significativa, por ejemplo, en el futuro inmediato el ecocidio será reconocido por la Corte Penal Internacional como un crimen de lesa humanidad, es decir, como un crimen que no prescribe hasta que sea juzgado, acusado el culpable y resuelto el problema. Se tratará, en el futuro inmediato, del juicio a los causantes de la sexta extinción. Todo, mientras otra civilización, pujante y vital, se yergue y teje redes y contactos, todos, por lo pronto, de corte rizomático.


El acuerdo de Glasgow 26 fracasó. Se trata de un paso más en la decadencia de Occidente y el final de esta civilización. De todas las civilizaciones que han existido en la historia de la humanidad, la que menos tiempos habrá vivido. Pero el fracaso del acuerdo de la COP26 también lo es de un modelo en crisis. No el fracaso de la humanidad. Otro tiempo, otra civilización, otras relaciones son posibles, y están emergiendo y consolidándose. n

 

1. Cfr. https://www.stockholmresilience.org/research/planetary-boundaries.html)
2. Cfr. https://thebulletin.org/2020/01/press-release-it-is-now-100-seconds-to-midnight/).
3. Cfr. https://es.wikipedia.org/wiki/Conferencias_de_las_Naciones_Unidas_sobre_el_cambio_clim%C3%A1tico)
4. Cfr. Maldonado, C. E., 2020. Occidente, la civilización que nació enferma. Bogotá: Ed. Desde Abajo.
5. Cfr. https://news.un.org/es/story/2021/11/1499972
6. Cfr. https://www.carbonbrief.org/cop26-key-outcomes-agreed-at-the-un-climate-talks-in-glasgow)
7. Cfr. https://climate.nasa.gov/scientific-consensus/#:~:text=Multiple%20studies%20published%20in%20peer%2Dreviewed%20scientific%20journals1%20show,likely%20due%20to%20human%20activities)
8. Cfr. https://www.science.org.au/education/immunisation-climate-change-genetic-modification/science-climate-change
9. F. Fernández-Armesto, Civilizations. Culture. Ambition, and the Transformation of Nature, New York: A Touchstone Book, 2002; N. Ferguson, Civilización. Occidente y el resto, Madrid: Debate, 2012.
10. R. B. Gill, Las grandes sequías Mayas. Agua, viuda y muerte, México, D.F.: F. C. E., 2008.
11. R. Leakey, La sexta extinción. El futuro de la vida y de la humanidad, Barcelona, Tusquets, 2012; E. Kolbert, La sexta extinción. Una historia nada natural, Barcelona, Crítica, 2019.
12. N. Ferguson, Desastre. Historia y política de las catástrofes, Madrid, Debate, 2021.
13. https://ecoinventos.com/reforestacion-manglares-senegal/
14. https://www.xataka.com/ecologia-y-naturaleza/ibamos-a-construir-muro-verde-8-000-kilometros-largo-15-ancho-que-fue-gran-proyecto-para-reforestar-africa
15. https://magnet.xataka.com/un-mundo-fascinante/los-7-proyectos-de-reforestacion-mas-espectaculares-de-la-historia
16. https://nasaacin.org/trueque-comunitario-realizaron-las-comunidades-indigenas-de-corinto/;https://www.bbc.com/worklife/article/20200821-the-rise-of-bartering-in-a-changed-world
17. “Aprendizajes del distanciamiento para un mundo postpandemia. Las tecnologías y la vida cotidiana”, en: Le Monde diplomatique, octubre, año XIX, Nº 215, pp. 10-11.

 

* Filósofo, integrante del Consejo de redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.

 

 

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Bill Gates, durante una audiencia en el Senado estadunidense en Washington, DC.Foto Xinhua

Antecedentes: En medio de la guerra de vacunas de tres bloques –el anglosajón, el ruso y el chino– que buscan el liderazgo global (https://bit.ly/2R8Cvpm), perturbó el sabotaje de la OMS y Microsoft a la vacuna rusa, cuando expuse la letanía de anteriores controversias de la OMS (https://bit.ly/3maQaeb). Después de la publicación por The Lancet, que contempla una gran promesa de la vacuna rusa, ahora EU operó una espectacular voltereta cuando se apresta a lanzar su vacuna electorera a tres días antes de su elección presidencial (https://bit.ly/3m1acrl).

Hechos: el pasado 2 de septiembre, Maria Cheng de la agencia estadunidense AP, desde una de sus sedes en Londres (sic), tituló que “la ONU reporta un nuevo brote de polio en Sudán, causado por la vacuna oral (https://bit.ly/3bHVCAm)”. El reporte de AP fue retomado por 21st Century Wire (https://bit.ly/3m55F7l) y por el lapidario Zero Hedge en EU(https://bit.ly/339h90X). 21st Century Wire impugna sin tapujos que la “vacuna oral contra la polio está patrocinada por la Iniciativa de Erradicación Global de la Polio (GPEI, por sus siglas en inglés), consorcio apoyado y financiado por la controvertida Fundación Bill & Melinda Gates (https://gates.ly/337ceO4)”. 21st Century Wire comenta que la OMS ha sido obligada a admitir que una principal iniciativa internacional de vacunas actualmente provoca un brote mortal de la misma enfermedad que supuestamente debía erradicar causando “las muertes de montones (sic) de jóvenes que viven en África (https://bit.ly/3bBuoeC)”. Según 21st Century Wire, la más reciente pandemia inducida por fármacos inició en Chad y Sudán y el culpable es una vacuna derivada del virus de la polio tipo 2, que es una nueva cepa peligrosa que pronto puede saltar continentes causando brotes letales en el mundo. Quizá esta frase suene alarmantemente fatalista, pero de todas maneras debe poner en alerta a la misma OMS, tan permisiva.

Causa estupor que la vacuna Bill Gates haya resultado teleológica y teológicamente nociva en tres países islámicos: Pakistán, Afganistán e Irán, lo cual se puede prestar a conjeturas geopolíticas.

También en 2019 el gobierno de Etiopía –de donde es oriundo Tedros Adhanom, el director de la OMS– ordenó la destrucción de 57 mil ampolletas de la vacuna oral contra la polio tipo 2 (https://bit.ly/3jXiTkp). El mismo incidente sucedió en India (https://bit.ly/2Fj4wb4).

El portal de marras reporta que la debacle del big pharma –el oligopolio farmacéutico anglosajón, que ahora cuenta con la alta competitividad de China– no es nueva y que después de haber gastado 16 mil millones de dólares en 30 años para la erradicación de la polio, ahora la fauna del GPEI/Fundación Bill & Melinda Gates han reintroducido en forma accidental a la poliomielitis, lo cual hizo añicos su exageradamente cacareada “esperanza de erradicar la polio en 2019 (https://bit.ly/2Fdm1K2)”. 21st Century Wire pone en alerta la filantropía para el primer experimento de la vacuna contra el Covid-19 en África mediante la Alianza de Vacunas GAVI, también financiada por la Fundación Bill & Melinda Gates. Lo más irónico es que una semana anterior al brote letal, la OMS había exultado que África estaba libre del salvaje virus de la polio, que calificó como “un día emotivo e increíble (https://bit.ly/3mddgki)”. No comment!

Conclusión: al menos que esté subreportado, o sea deliberadamente ocultado, se antoja pequeño el número de casos del nuevo brote mortal. También perturba que la misma OMS, financiada masivamente por el polémico filántropo Bill Gates, admita que su vacuna haya sido nociva en 12 (sic) países de África –sin contar su afectación islámica en Pakistán, Afganistán e Irán.

Mejor aquí me detengo, porque no deseo emitir una hipótesis de limpieza étnico-farmacológica y geopolítica por medio de cierto tipo de vacunas que promueven los filántropos (sic) globalistas, quienes empujan sin tapujos la agenda de “un gobierno mundial (https://bit.ly/2ZhiQYS)”, desde la plaza financierista de la City en Gran Bretaña.

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Coronavirus en Estados Unidos: El miedo de Kissinger

El ocaso del Imperio americano

Hace muchos años que se pronostica el ocaso inevitable de la supremacía norteamericana. Pero ¿cómo probarlo? Muchos argumentos parecían nacidos más de una expresión de deseos que de una posibilidad real. Hoy, ya no hay dudas. Estrategas como Henry Kissinger, político clave en la construcción del imperio y experto como pocos en los laberintos del poder, reconocen el irremediable fin de la hegemonía estadounidense.

Las postales dramáticas que el Covid-19 está sembrando en distintas partes del territorio norteamericano confirman esa hipótesis. Y no por las altísimas cifras de muertos, ni por la imperdonable falta de insumos básicos en un país de semejante riqueza, ni por la deficiencia y crueldad de su sistema de salud pública. Estas no son más que consecuencias del capitalismo salvaje que tienen muy sin cuidado al establishment mundial, partidario, como se sabe, del darwinismo social y la sobrevivencia de los ricos.

En su último artículo “La pandemia del coronavirus va a alterar para siempre el orden mundial”, publicado el pasado 3 de abril en el diario The Wall Street Journal, Kissinger expresa abiertamente sus dos grandes temores. Después del Covid-19 ¿se podrán “salvaguardar los principios del orden mundial liberal”? “Un país dividido como Estados Unidos ¿será capaz de liderar la transición al orden posterior al coronavirus?”

No por casualidad, el texto comienza añorando aquel “lejano tiempo” del Plan Marshall y el Proyecto Manhattan los programas que, justamente, permitieron a EEUU catapultarse como potencia mundial en la segunda mitad del siglo XX. El primero de auxilio para el crecimiento de Europa Occidental y el segundo para el desarrollo de la bomba atómica.

El contraste con la actualidad se hace patente. A diferencia de entonces hoy EEUU no puede ofrecer, al resto del planeta, ningún ideal civilizatorio salvo la depredación financiera y medioambiental. En plena crisis de coronavirus, carece de líderes capaces de hacer buenos diagnósticos y, por lo tanto, de una voz autorizada que proponga una salida colectiva. Lo que percibe Kissinger es la pérdida, incluso, de esa fuerza simbólica, propia de los liderazgos, que durante décadas hizo creer al mundo que los norteamericanos eran los únicos capaces de resolver el caos.

Ahora, países demonizados (y rivales) como Rusia y China tiene que asistir a EEUU y ¡¡el presidente Donald Trump en persona –no por twitter- tuvo que salir a agradecerlo!!

Kissinger, cómplice de tantos genocidios, apunta al corazón del dilema. El imperio se edificó en “la creencia de que sus instituciones pueden prever calamidades, detener su impacto y restaurar la estabilidad. Cuando termine la pandemia de Covid-19, se percibirá que las instituciones de muchos países han fallado”, escribió. “La prueba final será si se mantiene la confianza pública en la capacidad de los estadounidenses para gobernarse a sí mismos.”

Sin ser explícito, el estratega de 96 años, admite el fin de la supremacía y baraja, como mal menor, un co-gobierno mundial donde EEUU mantenga alguna voz. La “agitación política y económica que ha desatado el virus podría durar generaciones y ni siquiera EEUU puede hacerlo solo. Debe combinarse una visión y un programa de colaboración global”, arriesga. Entretanto existe un enorme peligro.

El intento de ocultar el derrumbe imperial –como parece estar haciéndolo el presidente Donald Trump en estos días- puede adoptar formas criminales. En medio de una catástrofe pandémica sin precedentes, el Pentágono anunció el lanzamiento de una peligrosa operación militar contra Venezuela, que se suma al severo bloqueo que ya sufre ese país por parte de EEUU y sus aliados.

Si el invento de proclamar a Juan Guaidó como presidente trucho fue acompañado por 50 de los 200 países que hay en el mundo, esta aventura, según cifras de EEUU, cuenta con el aval de apenas 20 naciones. Un acto de bravuconería que no hace más que confirmar el ocaso del liderazgo norteamericano y que fue duramente criticada por Rusia el pasado 9 de abril. “Después de estudiar el contenido de la iniciativa de Washington –dice el comunicado de la cancillería rusa- creemos que no merece una respuesta seria”.

El texto de Kissinger es un llamado desesperado a los dueños del mundo por temor a que algo se vaya de las manos. Nos toca al resto, a los países poderosos y no tanto, ser campo de contención al pánico del establishment global. Es hora de defender, hasta las últimas consecuencias, los principios de paz, humanismo y no injerencia. Es la hora de la cordura.

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La emergencia, prueba del fracaso del neoliberalismo: Noam Chomsky

El intelectual estadunidense negó una intención política en la propagación del virus

Sábado 21 de marzo de 2020,

El intelectual estadunidense Noam Chomsky rechazó versiones de que el coronavirus se haya propagado intencionalmente con fines políticos, como se ha especulado en diversas partes del mundo. Sin embargo, sostuvo que el colapso de los sistemas de salud ante la crisis se debe a los gobiernos neoliberales de muchos países y culpó al presidente estadunidense Donald Trump de minimizar la situación y arriesgar la salud de millones de personas.

El diario italiano Il Manifesto contactó a Chomsky, quien permanece aislado en su hogar en Tucson y afirmó: "La situación es muy grave. No hay credibilidad en la afirmación de que el virus se propagó deliberadamente. La reacción de Estados Unidos ha sido terrible. Era casi imposible incluso hacer pruebas a las personas, así que no tenemos idea de cuántos casos hay realmente".

Añadió: "En general, esta crisis es otro ejemplo importante del fracaso del mercado, al igual que lo es la amenaza de una catástrofe medioambiental. El gobierno y las multinacionales farmacéuticas saben desde hace años que existe gran probabilidad de que se produzca una grave pandemia, pero como no es bueno para las ganancias prepararse para ello, no se ha hecho nada".

Agregó que "el huracán Trump" y su gobierno "han minimizado la gravedad de la crisis" en una actitud que ha sido replicada y aumentada por los medios de comunicación, lo que ha ocasionado que "muchas personas han dejado de tomar las precauciones básicas".

En cuanto a las condiciones generales de la pandemia, Chomsky indicó: “El asalto neoliberal ha dejado a los hospitales sin preparación. Un ejemplo son las camas, que han sido suprimidas en nombre de la ‘eficiencia’”.

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Admite Nicolás Maduro fracaso de su modelo productivo

Los modelos productivos que hasta ahora hemos ensayado han fracasado y la responsabilidad es nuestra, mía, tuya, manifestó el presidente Nicolás Maduro en un congreso del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) la noche del lunes. El, se recordará, enfrenta hiperinflación y cuatro años de recesión.

Basta de lloriqueos. Nos toca producir con agresión o sin agresión, con bloqueos y sin bloqueos, hacer de Venezuela una potencia económica. Cero lloriqueo. Quiero soluciones, compañeros, subrayó.
El gobierno socialista estatizó la producción del cemento y el acero, expropió cientos de empresas –entre ellas cadenas de supermercados– y recientemente militarizó mercados municipales en una cruzada contra los precios altos.


Asimismo, fija los precios en varios rubros y monopoliza las divisas.


Calculo unos dos años para lograr un alto nivel de estabilidad y que podamos ver los primeros síntomas de la prosperidad nueva, económica, sin abandonar un segundo la protección y la seguridad social, enfatizó.
Recalcó que sus planes para la recuperación económica incluyen llegar a 6 millones de barriles diarios en 2025 o antes, con una producción petrolera que se desplomó de 3.2 millones de toneles diarios en 2008 a 1.5 millones en 2018.


El Fondo Monetario Internacional estimó que este año la inflación de Venezuela será de casi un millón por ciento y que el producto interno bruto caerá 18 puntos porcentuales, tras desplomarse 14 por ciento el año pasado y 16.5 en 2016.


Maduro llamó a la militancia del PSUV a sumarse a la recuperación de la producción, pese a las agresionesde Estados Unidos.


Washington ha impuesto sanciones financieras a Maduro, funcionarios del gobierno y la estatal Petróleos de Venezuela, que aporta 96 por ciento de ingresos del país por la exportación de crudo.


Las consecuencias de los controles se reflejan, por ejemplo, en el sector agrícola, que apenas abastece 25 por ciento del consumo nacional, tras aportar 75 puntos porcentuales en el pasado, según estimaciones de la Federación Nacional de Agricultores.


La industria, por su parte, funciona a 30 por ciento de su capacidad, según la Conindustria.


Apagón en la capital


En tanto, un apagón afectó este martes 80 por ciento de Caracas debido a una falla técnica en una subestación eléctrica de la localidad de Santa Teresa, informó el gobierno, lo cual ocasionó caos en el transporte y los servicios de comunicación.


Se vieron afectadas zonas de Miranda y las ciudades de Guarenas, Guatire y Vargas, donde se ubica el aeropuerto internacional de Maiquetía, que sirve a la capital.


Tras dos horas, el ministro de Energía tuiteó que el problema se resolvió 90 por ciento.


El Metro de Caracas, que transporta 2 millones de personas al día en sus cinco líneas, comunicó que al menos dos tramos dejaron de prestar servicio. La línea uno, que une la ciudad de este a oeste con 22 estaciones, interrumpió el servicio.


Miles de personas intentaron llegar a pie a sus trabajos y los escasos autobuses pasaban iban llenos, ya que 90 por ciento de la flota está inactiva por falta de refacciones, según transportistas.


Los semáforos dejaron de funcionar, lo cual ocasionó caos vehicular. Además, hubo interrupciones constantes en los servicios de telefonía celular e Internet.


El apagón causó afectaciones en el comercio, dependiente de los pagos electrónicos por la escasez de efectivo, que se ha profundizado por la hiperinflación.


El gobierno atribuye los apagones a sabotajes de sus adversarios para crear descontento, pero el secretario de organización del Sindicato de Trabajadores Electricistas, Domingo González, dijo que el corte obedeció a la falta de líneas de servicio.


No siempre que haya corte eléctrico se puede decir que es sabotaje. Le estamos pidiendo al Ejecutivo que apruebe recursos para activar la empresa, que está en la ruina, porque se ha dejado de invertir, apuntó González.


 Maduro: falló el modelo

No es nada frecuente entre los gobernantes contemporáneos, e incluso podría decirse que es insólito, el señalamiento autocrítico formulado por el presidente venezolano, Nicolás Maduro, en el cuarto congreso de su partido, el Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en el sentido de que “los modelos productivos que hasta ahora hemos ensayado han fracasado”, en lo que constituye una referencia inequívoca a la política económica de su presidencia.

Este crudo mea culpa del mandatario, que contrasta con el empecinamiento con el que otros gobernantes se aferran a recetas fallidas, incluso cuando resultan inocultables las evidencias de la catástrofe social, como ha ocurrido en México y, más recientemente, en el Brasil de Michel Temer y la Argentina de Mauricio Macri, tiene como telón de fondo una hiperinflación de un millón por ciento, una caída de 18 por ciento del producto interno bruto, un severo desabasto de productos básicos y una regresión en las conquistas sociales conseguidas en los primeros lustros del régimen bolivariano. Otros indicadores que contribuyen a hacer insostenible la política económica de Maduro es la depresión del sector agrícola –que pasó de abastecer 75 por ciento del consumo nacional a sólo 25 por ciento–, el colapso industrial –la planta instalada funciona a 30 por ciento de su capacidad– y el desplome de la producción petrolera, principal fuente de divisas del país, que cayó de 3.2 millones de barriles diarios en 2008 a 1.5 millones en el año en curso.


Si bien es cierto que Venezuela enfrenta una agresiva embestida económica, política y diplomática de Estados Unidos y de varios de sus aliados latinoamericanos, es inocultable que una parte central de la responsabilidad por la presente crisis tiene que ver con malas decisiones internas. De ahí el exhorto de Maduro a la militancia del PSUV a “producir con agresión o sin agresión, con bloqueos y sin bloqueos”.


El gobernante chavista delineó una perspectiva de recuperación y reactivación con objetivos tan ambiciosos como lograr que la población recupere su poder adquisitivo “a partir del 20 de agosto”y, a un plazo mayor, llevar la producción de crudo a 6 millones de barriles diarios para 2025 “o antes” y alcanzar “en dos años un alto nivel de estabilidad (…) sin abandonar un segundo la protección y seguridad social”. Para alcanzar tales metas propuso un “cambio total” y una “nueva economía” a fin de realizar “una cura profunda”.


Pero los malos resultados económicos tienen un impacto insoslayable en el desasosiego político por el que atraviesa la nación sudamericana, en el que confluyen además el cerco internacional y la intensa labor de zapa de las formaciones opositoras, por lo que cabe preguntarse si será posible que el régimen bolivariano remedie, en semanas y meses, los efectos catastróficos de años de decisiones equivocadas. Por el bien de los propios venezolanos y de la estabilidad en la región cabe esperar que sí.

 

Tomado de: Opinión. Diario La Jornada

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