Biden es más trumpista que Trump en Oriente Próximo

Los ocho meses transcurridos con el demócrata en la Casa Blanca no solo no han servido para resolver ninguno de los innumerables problemas que afectan a la región, sino que han agravado los ya existentes. 

 

Tanto antes como después de entrar en la Casa Blanca el 20 de enero, el presidente Joe Biden y su equipo lanzaron al aire prometedoras declaraciones en las que la nueva administración americana anunciaba grandes cambios en la política exterior de Estados Unidos, suscitando un sentimiento de alivio entre la mayoría de sus socios.

Pero en los ocho meses transcurridos se observa que Washington no solo no ha realizado ninguno de los cambios de rumbo que prometió, sino que está reafirmando las políticas de Donald Trump en prácticamente todos los frentes, y en particular en Oriente Próximo, hasta el punto de que es imposible discernir diferencias notables entre el penúltimo y el último presidente.

xiste un margen para considerar que Biden está aplicando una política exterior práctica y pragmática, pero hay un margen más amplio para pensar que el equipo del que se ha rodeado, dirigido por el secretario de Estado Antony Blinken, no está a la altura de lo que se esperaba de él y anda perdido en un mar de dudas y contradicciones, y sin capacidad para tomar decisiones trascendentes.

Se aprecia en todos los frentes. En abril la administración aprobó casi en secreto una venta masiva de armas a los Emiratos Árabes Unidos por valor de 23.000 millones de dólares, y que incluye aviones F-35 y drones muy avanzados. Este negocio lo cocinó Trump durante los últimos días de su mandato, y entonces los demócratas levantaron el grito al cielo y prometieron revisarlo.

Biden no solo no lo ha revisado, sino que lo ha confirmado. Aunque es un negocio redondo para la industria armamentista y creará decenas de miles de empleos en EEUU, moralmente es un negocio siniestro dado que incrementa las tensiones, algo que no parece preocuparles a Biden y a Blinken, especialmente si se considera que los EAU están metidos en absolutamente todos los saraos más oscuros de la región, saraos que crean inestabilidad y merman la seguridad.

Aunque Biden dijo en su momento que el centro de su política exterior serían los derechos humanos, y desde entonces él y su equipo lo han venido repitiendo, la realidad es que es imposible distinguir entre las políticas de Biden y Trump, ni en el caso de los EAU, ni en el caso de Egipto, ni en otros casos similares, hasta el punto de que Biden parece más trumpista que Trump.

Los llamados Acuerdos de Abraham, mediante los que Trump forzó una normalización de relaciones entre algunos países árabes e Israel, han tenido como primera consecuencia crear una "feria de armamento" en Oriente Próximo, como señala The Washington Post, y esto también afecta a Marruecos, país que con el respaldo de Israel se está convirtiendo en un foco de desestabilización en el Mediterráneo occidental.

El peligro de Marruecos, a los que los americanos tienen previsto vender armas avanzadas y misiles por valor de 1.000 millones de dólares, incide en particular en Argelia y España. Argel ha suspendido sus relaciones con Marruecos y ha prohibido que sobrevuelen su territorio aviones comerciales y militares marroquíes. Sus dirigentes ya han acusado a Israel desestabilizar la región, mientras que España ve con preocupación las maniobras extranjeras a sus puertas.

Cuando el primer ministro Naftalí Bennett visitó Washington este mes de septiembre, lo primero que hizo fue pedir a Biden armamento sofisticado adicional por valor de 8 mil millones de dólares, y lo más correcto es pensar que a Biden no le quedará más remedio que asentir debido a la enorme influencia del lobby judío en EEUU, otro dato que refuerza la opinión de que entre las políticas de Trump y Biden no hay diferencias apreciables y que ambos han alimentado y siguen alimentando la carrera armamentista en Oriente Próximo.

The Washington Post ha publicado un artículo de Fareed Zakaria en el que se sostiene que Biden está "normalizando" las políticas de Trump. El discurso que el actual presidente pronunció ante la Asamblea General de la ONU el 21 de septiembre corrobora que Biden no está preparado para modificar las políticas de Trump.

Diplomáticos europeos han señalado que incluso Trump realizaba más consultas con Europa que Biden, como ha quedado de manifiesto con la retirada de Afganistán o con el fiasco de los submarinos franceses vendidos a Australia, donde Washington ha ido a su bola y ha presentado hechos consumados a pesar de que Biden proclamó que tras Trump EEUU volvería a ser un socio fiable de sus aliados.

Siendo como es el problema palestino el corazón de la inestabilidad en Oriente Próximo, Biden y Blinken han mostrado que no tienen el menor interés en resolverlo, lo que ha envalentonado más a Israel, que está multiplicando sus planes de construcción en los territorios ocupados sin que nadie se atreva a intervenir.

Otro caso que ilustra que no puede distinguirse entre Trump y Biden es el de Irán. Si el primero abandonó unilateralmente el acuerdo nuclear, el segundo ha roto su promesa de restaurarlo e incluso ha añadido nuevas sanciones a los iraníes en una política claramente sintonizada con Israel y su afán desestabilizador, que sobre todo están pagando los civiles.

Si prescindimos de las declaraciones de Biden y Blinken, puesto que no guardan ninguna relación con la realidad, se observa sin dificultad que la política de la administración demócrata está siendo más trumpista que la de Trump, y que no hay indicios de que vaya a cambiar, lo que significa que los grandes problemas se están ocultando debajo de la alfombra.

26/09/2021 09:18

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Modi, Biden, Morrison y Suga deliberan en la Casa Blanca.. Imagen: AFP

Cumbre de potencias del Indopacífico menos China

La cumbre se realizó en medio de la creciente preocupación por el auge militar y político de China en la región.

 

El presidente estadounidense, Joe Biden, remarcó este viernes los "excelentes progresos" para lograr un Indopacífico "libre y abierto", en medio de la creciente preocupación por el auge militar y político de China en la región.

Así se expresó Biden en el arranque de la primera cumbre presencial en la Casa Blanca junto a los otros líderes del llamado grupo Quad: el primer ministro de Australia, Scott Morrison; el primer ministro de Japón, Yoshihide Suga, y el primer ministro de India, Narendra Modi.

"Libre y abierto"

"Cuando nos reunimos virtualmente hace seis meses, adoptamos compromisos para avanzar en nuestra agenda compartida y positiva para un Indopacífico libre y abierto. Hoy estoy orgulloso de decir que estamos haciendo excelentes progresos", afirmó el mandatario estadounidense.

Se trata de la reunión de mayor perfil celebrada desde la creación del "Quad" en 2007, y en un momento en el que la región atrae el interés de las grandes potencias mundiales.

Desde la Casa Blanca, Morrison, Modi y Suga saludaron este encuentro que, según ellos, tiene como objetivo promover "una región del Indo-Pacífico libre y abierta", una formulación usada para criticar, sin nombrarla, a China y sus ambiciones en la zona.

Morrison explicó que el grupo se basa en la necesidad de demostrar que las "democracias pueden encarar los grandes desafíos" globales , y aseguró que "no hay una parte del mundo más dinámica que el Indopacífico".

Por su parte, Suga recalcó que el grupo es "una iniciativa extremadamente significativa" que muestra la "fuerte solidaridad" entre los cuatro países. A su turno Modi insistió en los "valores democráticos compartidos" de los cuatro socios.

Democracias

El anfitrión Biden, en tanto, señaló: "somos cuatro democracias de primer nivel, con una larga historia de cooperación, sabemos cómo hacer avanzar las cosas", dijo.

La cita del Quad se produce una semana después de que EE.UU. presentara la nueva alianza en Defensa para el Indopacífico con Australia y el Reino Unido, y muestra cómo ha puesto el foco estratégico en el Indopacífico, en su afán de reconfigurar el equilibrio de poderes en una región que domina China.

El anuncio de esa nueva alianza, que implicó la cancelación por parte de Australia de un multimillonario contrato con Francia para que ese país le suministrara submarinos, en favor de un nuevo pedido de sumergibles nucleares a EE.UU. y el Reino Unido, ha provocado una crisis entre Washington y los socios europeos. 

Tsunami

El llamado "Quad" fue esbozado después del devastador tsunami de 2004 y formalizado en 2007, pero ha estado inactivo durante mucho tiempo. Después de una cumbre virtual en marzo, Biden lo reúne de nuevo, en persona y a alto nivel.

Al reactivar el "Quad", Biden está de alguna manera buscando el "giro hacia Asia" de la política exterior estadounidense, un objetivo que ya había tenido el expresidente Barack Obama (2009-2017).

AUKUS

Pero después del anuncio del AUKUS, como se conoce el acuerdo con Reino Unido y Australia - y de su contrato de submarinos de propulsión nuclear que encolerizó a Francia-, Washington quiere presentar el "Quad" bajo una luz de consenso.

Es un cenáculo "informal" e "íntimo" destinado a "desarrollar mejores canales de comunicación", dijeron altos funcionarios de la Casa Blanca a periodistas. Según altos funcionarios, el "Quad" se concentrará sobre todo en proyectos económicos, ambientales y de lucha contra la pandemia.

ASEAN

No hay un objetivo "militar", insistieron, asegurando que el "Quad" sería "complementario" a otras iniciativas regionales, en respuesta a una pregunta sobre su articulación con la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN).

Algunos miembros de esta organización, que integran Malasia, Indonesia, Brunéi, Vietnam, Camboya, Laos, Birmania, Singapur, Tailandia y Filipinas, temen que la ofensiva estadounidense en la región lleve a una escalada con China.

25 de septiembre de 2021

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Guerra y caos arriba; resistencia y dignidad abajo

Desde la distancia no se pueden aportar análisis tan precisos y ajustados como los que aparecen en el comunicado del EZLN, del 19 de setiembre, "Chiapas al borde de la guerra civil" (https://bit.ly/3krmlH6). Tampoco un bordado de datos como los que integran el artículo de Luis Hernández Navarro, "El infierno chiapaneco" (https://bit.ly/3ksil9l).

Sólo quisiera enmarcar la agresión a las bases de apoyo zapatistas, en particular, y a los pueblos originarios de Chiapas y de otras geografías, en general, en la estrategia de "guerra perpetua" definida por el Pentágono, que se despliega en estos momentos con una tremenda capacidad destructiva.

La contrainsurgencia ha mutado tanto como la guerra. En Vietnam, el Pentágono creó las "aldeas estratégicas", donde encarceló a 8.5 millones de campesinos, 55 por ciento de la población total de Vietnam del Sur (https://bit.ly/3kwjmxm). Era la forma de aislar a la guerrilla para evitar que se moviera como "pez en el agua", según el aserto de Mao.

En las guerras actuales no se trata de "quitarle el agua al pez", como se hizo hasta la derrota de Estados Unidos en el sudeste asiático, sino de enturbiar y envenenar el agua, para que nadie pueda vivir en paz, y así el capital sigue destruyendo "creativamente", territorios y pueblos, para seguir acumulando.

Lo primero a tener en cuenta es que la guerra dejó de ser un medio para convertirse en un fin. Antes las guerras pretendían derrotar enemigos para instalar una paz que permitiera la continuidad y fluidez de la acumulación de capital. Ahora la guerra es el fin, porque el capital acumula despojando, robando, destruyendo.

Los ingenieros de la guerra, los que tienen una visión más clara y descarnada de las necesidades del capital y del imperio, para seguir siendo el poder dominante, no andan con vueltas. El teniente coronel Ralph Peters, en un texto diáfano como "Constant conflict" (Conflicto constante), publicado en la revista militar Parameters en 1997, enseña la brutalidad conceptual del Pentágono (https://bit.ly/39pEHBY).

La democracia es apenas "esa hábil forma liberal de imperialismo". Peters recomienda la guerra sucia para mantener la dominación, y destaca que "no habrá paz", ya que "durante el resto de nuestras vidas habrá múltiples conflictos en formas mutantes en todo el mundo".

La "guerra perpetua" del Pentágono busca "mantener el mundo seguro para nuestra economía y abierto a nuestro asalto cultural", con un ejército bien informado capaz de "negar ventajas militares a nuestros oponentes". Es evidente que cuando el capitalismo se convirtió en sinónimo de guerra, el pensamiento militar es el que define los modos de actuar y los pasos a seguir.

No se le puede negar precisión y lucidez a estos análisis, por más que resulten repugnantes. La "guerra perpetua" busca eliminar porciones enteras de la población, a la que consideran sobrante, como ha sido analizado por el subcomandante Marcos, en el texto "¿Cuáles son las características fundamentales de la IV Guerra Mundial?", hace ya más de dos décadas (https://bit.ly/3hSKwfS).

Que la guerra se haya convertido en el fin del sistema, cambia las cosas de raíz. El mejor escenario para comprender la "guerra perpetua" es Siria, donde no hay potencias mejores ni peores, ni regímenes o gobiernos aceptables; donde las milicias kurdas defienden a su pueblo de un amplio espectro de enemigos: desde los ejércitos de Turquía y Siria hasta las bandas del Estado Islámico y otros grupos terroristas.

Como en Chiapas, estos grupos no surgieron espontáneamente, sino arropados por el Estado, sostenidos por los más diversos gobiernos, incluso por los que se denominan progresistas. Sencillamente, porque son formas sistémicas de dominación, o sea los modos de mantener a los capitalistas en el lugar de mandones.

Asumir que la guerra será para un largo periodo histórico, plagado de tormentas sistémicas, supone decidir el tipo de organización y las formas de lucha adecuadas a esta nueva situación. Si la guerra busca instalar el caos, debemos ser principio de orden y claridad en nuestros territorios. Si quieren instalar la muerte de pueblos y de geografías, defendamos la vida en todo tiempo y lugar.

Por supuesto que los gobiernos progresistas no comprenden el peligro, porque sueñan con poder gobernar a las mafias narcoparamilitares. No perciben que esas mafias están dispuestas a enfilar sus armas contra esos mismos gobiernos que miran para otro lado, mientras disparan contra los pueblos. Cuando adviertan el error, será demasiado tarde.

Entre los de abajo, lo primero es la cohesión comunitaria y el apego a los territorios en resistencia. Aunque elegimos transitar el camino de la lucha pacífica, no somos pacifistas, no renunciamos a defendernos. En cierto momento hace falta un "tatequieto", un ya basta colectivo que ponga las cosas en su sitio.

El potente comunicado del EZLN nos alerta de la cercanía de esos momentos. Cada quien, en su geografía, estamos alertados.

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Raúl Arias las ilustraciones del Cuaderno sobre Tecnoética del número 109 de TELOS

La política que podemos calificar de contemporánea, consolidó una tradición a propósito de la experiencia de la revolución. Hubo un momento en el que ocuparse de la revolución era pensar en dirigentes políticos de izquierda y en el que mencionar a la derecha era pensar en un proyecto político fuertemente jerarquizado y sin imaginación para promover transformaciones en la sociedad.

Esta tradición político-cultural alcanzó su modo pleno de existencia a principios del siglo XX. La revolución que liquidó el imperio zarista fue el arquetipo de esa tradición. Octubre de 1917 se reconoció como un acontecimiento histórico universal, el cierre de un proceso, pero también como un nuevo punto de partida, una aurora para la política de derecha.

En los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial, la revolución también se asumió como proyecto político por la derecha. La idea de una revolución conservadora se convirtió en algo posible y el fascismo y el nacionalsocialismo la volvieron realidad. La revolución conservadora tuvo filósofos eminentes como Heidegger y políticos tenebrosos como Hitler y Mussolini, y teóricos de la política como Karl Schmidt, quien redefinió la política como la capacidad de distinguir entre el amigo y el enemigo. Y la guerra como la quinta esencia de la experiencia política: “Es en la guerra donde se contiene el meollo de las cosas. El tipo de la guerra total determina el tipo y la estructura de la totalidad del Estado. Y la guerra total deriva su sentido del enemigo total”.

La Segunda Guerra Mundial fue el escenario en el que el vínculo entre guerra total y revolución tanto de derecha como de izquierda quedó disuelto. El horror de esa confrontación (y especialmente de su rúbrica norteamericana en Hiroshima y Nagasaki) colocó la idea de la revolución y la guerra total en el congelador. La expectativa de una guerra nuclear aplazó cualquier aventura bélica total y mantuvo suspendida durante casi cuatro décadas las iniciativas tendientes a desencadenar revoluciones planetarias de derecha o de izquierda.

Pero mientras fue perdiendo vigor el concepto y la práctica de la guerra total y la revolución, se volvió permanente y planetaria otro tipo de revolución: la tecnológica-científica. Las premisas administrativas, tecnológicas y teóricas que la primera bomba atómica evidenciaron, se convirtieron en núcleo catalizador de una revolución que trastornó todos los modos de pensar e imaginar dominantes en las actividades creativas propias de las comunidades científicas. En esas condiciones, aunque hubo revoluciones y guerras de izquierda como de derecha, estas se dieron siempre en escenarios locales. Tanto los Estados Unidos como la desaparecida URSS, usaban esas revoluciones y guerras locales para dirimir las crisis políticas y económicas en sus zonas de influencia. Esto cambió radicalmente entre los diciembres de 1989 y de 1991.

En el trascurso de esos meses el sistema del llamado socialismo real y la URSS, se vino estrepitosa y pacíficamente al suelo gracias a una serie de revoluciones locales sin guerra. Esta doble experiencia de revolución pacífica: la que dio al traste con la Unión Soviética y el llamado campo socialista, y la científico-tecnológica, crea premisas culturales decisivas para plantear la tarea de pasar de la guerra a las vías de la paz y superar la idea de la violencia como partera de la historia.

Estas nuevas premisas son especialmente evidentes en el caso de las revoluciones científicas y tecnológicas. Ninguna de estas revoluciones es el resultado de una guerra a muerte entre quienes están comprometidos en la empresa. En el esfuerzo por alcanzar una revolución en el conocimiento o en el diseño de un innovador dispositivo tecnológico, hay pasiones e injusticias de todo tipo pero lo dominante es el espíritu de cooperación. El éxito de una empresa científico-tecnológica es imposible si sus integrantes operan con la lógica de la eliminación de quienes manifiestan su desacuerdo. Hoy se puede formular la tesis de la posibilidad de realizar revoluciones pacíficas, tecno-científicas, para superar situaciones de crisis de orden planetario.

En el periodo de la llamada Guerra Fría, las revoluciones y las guerras locales estuvieron asociadas a grandes crisis económicas. En el caso de la que echó abajo el llamado sistema socialista mundial y a la URSS, el punto de partida fue una gran crisis cultural y psicológica. La actual crisis planetaria desencadenada por el Covid-19 es del mismo tipo. La ausencia de una cultura del cuidado de la Tierra y de todas las especies que la habitan, y el precario desarrollo de políticas públicas de salud orientadas por las ciencias de la vida, está en la base de la actual pandemia.

Cuando colapsó el experimento de la URSS se puso al orden del día la retórica del fin de la historia, ahora está emergiendo la intuición de la necesidad de asumir conscientemente la experiencia de un cambio de época.

También está la propuesta de la élite global que se reúne anualmente en Davos de un Gran Reinicio (Reset) del capitalismo. Es evidente que el futuro será distinto según la propuesta que se vuelva dominante. El compromiso con las vías de la paz y las revoluciones tecno-científicas permitirá avanzar en la solución de los problemas asociados al cambio de época. No así la propuesta del reinicio de un capitalismo cuyo carácter depredador amenaza la existencia misma de la vida en la Tierra y alienta posiciones racistas y xenófobas como las asumidas por Trump y sus seguidores en Estados Unidos y grupúsculos Nazis en la Unión Europea.

 

 

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Publicado enEdición Nº284
Raúl Arias las ilustraciones del Cuaderno sobre Tecnoética del número 109 de TELOS

La política que podemos calificar de contemporánea, consolidó una tradición a propósito de la experiencia de la revolución. Hubo un momento en el que ocuparse de la revolución era pensar en dirigentes políticos de izquierda y en el que mencionar a la derecha era pensar en un proyecto político fuertemente jerarquizado y sin imaginación para promover transformaciones en la sociedad.

Esta tradición político-cultural alcanzó su modo pleno de existencia a principios del siglo XX. La revolución que liquidó el imperio zarista fue el arquetipo de esa tradición. Octubre de 1917 se reconoció como un acontecimiento histórico universal, el cierre de un proceso, pero también como un nuevo punto de partida, una aurora para la política de derecha.

En los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial, la revolución también se asumió como proyecto político por la derecha. La idea de una revolución conservadora se convirtió en algo posible y el fascismo y el nacionalsocialismo la volvieron realidad. La revolución conservadora tuvo filósofos eminentes como Heidegger y políticos tenebrosos como Hitler y Mussolini, y teóricos de la política como Karl Schmidt, quien redefinió la política como la capacidad de distinguir entre el amigo y el enemigo. Y la guerra como la quinta esencia de la experiencia política: “Es en la guerra donde se contiene el meollo de las cosas. El tipo de la guerra total determina el tipo y la estructura de la totalidad del Estado. Y la guerra total deriva su sentido del enemigo total”.

La Segunda Guerra Mundial fue el escenario en el que el vínculo entre guerra total y revolución tanto de derecha como de izquierda quedó disuelto. El horror de esa confrontación (y especialmente de su rúbrica norteamericana en Hiroshima y Nagasaki) colocó la idea de la revolución y la guerra total en el congelador. La expectativa de una guerra nuclear aplazó cualquier aventura bélica total y mantuvo suspendida durante casi cuatro décadas las iniciativas tendientes a desencadenar revoluciones planetarias de derecha o de izquierda.

Pero mientras fue perdiendo vigor el concepto y la práctica de la guerra total y la revolución, se volvió permanente y planetaria otro tipo de revolución: la tecnológica-científica. Las premisas administrativas, tecnológicas y teóricas que la primera bomba atómica evidenciaron, se convirtieron en núcleo catalizador de una revolución que trastornó todos los modos de pensar e imaginar dominantes en las actividades creativas propias de las comunidades científicas. En esas condiciones, aunque hubo revoluciones y guerras de izquierda como de derecha, estas se dieron siempre en escenarios locales. Tanto los Estados Unidos como la desaparecida URSS, usaban esas revoluciones y guerras locales para dirimir las crisis políticas y económicas en sus zonas de influencia. Esto cambió radicalmente entre los diciembres de 1989 y de 1991.

En el trascurso de esos meses el sistema del llamado socialismo real y la URSS, se vino estrepitosa y pacíficamente al suelo gracias a una serie de revoluciones locales sin guerra. Esta doble experiencia de revolución pacífica: la que dio al traste con la Unión Soviética y el llamado campo socialista, y la científico-tecnológica, crea premisas culturales decisivas para plantear la tarea de pasar de la guerra a las vías de la paz y superar la idea de la violencia como partera de la historia.

Estas nuevas premisas son especialmente evidentes en el caso de las revoluciones científicas y tecnológicas. Ninguna de estas revoluciones es el resultado de una guerra a muerte entre quienes están comprometidos en la empresa. En el esfuerzo por alcanzar una revolución en el conocimiento o en el diseño de un innovador dispositivo tecnológico, hay pasiones e injusticias de todo tipo pero lo dominante es el espíritu de cooperación. El éxito de una empresa científico-tecnológica es imposible si sus integrantes operan con la lógica de la eliminación de quienes manifiestan su desacuerdo. Hoy se puede formular la tesis de la posibilidad de realizar revoluciones pacíficas, tecno-científicas, para superar situaciones de crisis de orden planetario.

En el periodo de la llamada Guerra Fría, las revoluciones y las guerras locales estuvieron asociadas a grandes crisis económicas. En el caso de la que echó abajo el llamado sistema socialista mundial y a la URSS, el punto de partida fue una gran crisis cultural y psicológica. La actual crisis planetaria desencadenada por el Covid-19 es del mismo tipo. La ausencia de una cultura del cuidado de la Tierra y de todas las especies que la habitan, y el precario desarrollo de políticas públicas de salud orientadas por las ciencias de la vida, está en la base de la actual pandemia.

Cuando colapsó el experimento de la URSS se puso al orden del día la retórica del fin de la historia, ahora está emergiendo la intuición de la necesidad de asumir conscientemente la experiencia de un cambio de época.

También está la propuesta de la élite global que se reúne anualmente en Davos de un Gran Reinicio (Reset) del capitalismo. Es evidente que el futuro será distinto según la propuesta que se vuelva dominante. El compromiso con las vías de la paz y las revoluciones tecno-científicas permitirá avanzar en la solución de los problemas asociados al cambio de época. No así la propuesta del reinicio de un capitalismo cuyo carácter depredador amenaza la existencia misma de la vida en la Tierra y alienta posiciones racistas y xenófobas como las asumidas por Trump y sus seguidores en Estados Unidos y grupúsculos Nazis en la Unión Europea.

 

 

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Publicado enColombia
La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó mil millones de dólares para financiar la Cúpula de Hierro de Israel

El sistema de defensa requiere del reabastecimiento de misiles interceptores, que se agotaron tras la escalada de violencia registrada en la frontera con Gaza durante el mes de mayo

 

La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó este jueves un proyecto de ley para apoyar con mil millones de dólares el sistema de defensa antimisiles israelí, conocido como la ‘Cúpula de Hierro’.

La propuesta salió adelante con el voto favorable de 420 representantes y con el rechazo de otros nueve, entre los que se encuentran ocho demócratas y un integrante del Partido Republicano.

Ahora esta propuesta será trasladada al Senado donde, si se aprueba, se ratificará que Estados Unidos subvencionará el reabastecimiento de misiles interceptores para su la ‘Cúpula de Hierro’ en Israel, después de que se agotaron durante la escalada de tensiones a comienzos de mayo entre las fuerzas militares del país y las fuerzas del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás)en Gaza.

“La aprobación de este proyecto de ley refleja la gran unidad en el Congreso (...) para la seguridad de Israel”, aseguró Nancy Pelosi, líder de los demócratas de la Cámara, en un discurso en los pasillos del recinto.

“La asistencia a Israel es vital, porque la seguridad de Israel es un imperativo para la seguridad de Estados Unidos”, aseveró.

Antes de la votación, el ministro de Defensa de Israel, Benny Gantz, mantuvo una conversación con su homólogo estadounidense, Lloyd Austin, en la que le agradeció “los procesos para dotar a Israel de los medios necesarios para defenderse a sí mismo ya sus ciudadanos”, según informó el gabinete del ministro, recoge el diario local ‘The Times of Israel’.

“Gracias a los miembros de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, demócratas y republicanos por igual, por el apoyo abrumador a Israel y por el compromiso con su seguridad”, dijo el primer ministro israelí, Naftali Bennett.

Finalmente, la Administración estadounidense emitió un comunicado al respecto en el que remarcó que esta financiación es “coherente” con el Memorando de Entendimiento firmado por ambas naciones en 2016 en el que Estados Unidos se compromete a proporcionar asistencia adicional para reponer la ‘Cúpula de Hierro’ tras periodos de enfrentamientos para “permitir a Israel continuar defendiéndose de los ataques”.

El escudo está en servicio desde hace casi una década y forma parte de los instrumentos que permiten a Israel mantener un predominio militar sobre sus vecinos. Durante la escala de violencia del pasado mes de mayo, el Ministerio de Defensa divulgó las imágenes sobre cómo el sistema interceptó uno de los misiles de Hamas sobre Ashkelon.

Si bien esta batería antimisiles no puede bloquear los globos incendiarios y otros proyectiles lanzados a muy baja altura, ahora puede contrarrestar tanto los misiles como los drones. “La Cúpula de Hierro ha sido probada en una variedad de escenarios complejos (...) y ha interceptado drones, cohetes y salvas de misiles simultáneamente”, dijo el ministro de Defensa israelí, Benny Gantz, en un comunicado.

Los principales focos de amenaza que sufre Israel provienen de los terroristas de Hamas y Hezbollah, pero también está en alerta permanente ante los misiles balísticos de largo alcance de Irán.

Desplegado hace más de una década, el sistema suscitó de antemano el escepticismo sobre su eficacia. Luego interceptó miles de cohetes palestinos provenientes de la franja de Gaza, generando honores a su creador y cambiando el panorama militar de la región.

24 de Septiembre de 2021

(Con información de Europa Press y AFP)

Publicado enInternacional
Israel asesinó al científico iraní utilizando un francotirador por control remoto

Según New York Times

 

Israel asesinó al principal científico nuclear iraní, Mohsen Fakhrizadeh, el pasado mes de noviembre utilizando una ametralladora por control remoto e inteligencia artificial, según un informe del New York Times. Los israelíes han matado a varios científicos iraníes a lo largo de los años.

Se dice que llevaban años queriendo asesinar a Fakhrizadeh, pero, por diversas razones, no fue posible. Sin embargo, una vez que quedó claro que el ex presidente estadounidense Donald Trump iba a ser sustituido por Joe Biden, los israelíes decidieron seguir adelante y matar al hombre de 63 años.

La retirada unilateral de Trump del acuerdo nuclear con Irán en 2018 tranquilizó a los israelíes, pero esto no duró mucho. Antes de su elección, Biden prometió revertir las políticas de su predecesor y volver al Plan de Acción Integral Conjunto de 2015 al que Israel se había opuesto enérgicamente.

Sabiendo que era poco probable que obtuvieran la aprobación de Biden, los israelíes actuaron antes de que el nuevo presidente pudiera tomar posesión. Si Israel iba a matar a un alto funcionario iraní, un acto que tenía el potencial de iniciar una guerra, necesitaba el asentimiento y la protección de Washington.

El informe del NYT dice que el éxito de la operación fue el resultado de muchos factores: graves fallos de seguridad del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán, una amplia planificación y vigilancia por parte de la agencia de espionaje Mossad y la indiferencia de Fakhrizadeh. Al parecer, al haber vivido durante décadas bajo la amenaza de ser asesinado, se había acostumbrado a las nuevas amenazas y, en consecuencia, no tomó las precauciones necesarias.

Al parecer, fue asesinado con un arma computarizada de alta tecnología, dotada de inteligencia artificial y múltiples cámaras, operada vía satélite, y capaz de disparar 600 balas por minuto. Se informa de que la ametralladora por control remoto puede situarse en cualquier lugar y manejarse a miles de kilómetros de distancia, cualidades que, según el NYT, es muy probable que reconfiguren el mundo de la seguridad y el espionaje de un modo nunca visto.

Se teme que esta nueva tecnología pueda suponer una grave amenaza para los activistas, los disidentes políticos y las figuras de la oposición en los estados autoritarios que compran armas de fabricación israelí. El Estado ocupante ya está en el centro de un escándalo mundial por la forma en que su tecnología de software espía «mercenario» se ha utilizado para hackear los teléfonos de unas 50.000 personas, incluidos jefes de Estado.

Al parecer, tanto Israel como EE.UU. se sintieron alentados por la respuesta relativamente tibia de Irán al asesinato del general Qasem Soleimani, el comandante militar iraní muerto en un ataque de un avión no tripulado estadounidense con la ayuda de la inteligencia israelí en enero de 2020. El razonamiento en ese momento fue que si podían matar al máximo líder militar iraní con poca repercusión, eso indicaba que Irán era incapaz o reacio a responder con más fuerza.

Por | 23/09/2021

Fuente: https://www.monitordeoriente.com/20210921-nyt-israel-asesino-al-cientifico-irani-utilizando-un-francotirador-por-control-remoto/

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Lunes, 20 Septiembre 2021 04:57

La letra escarlata del senderismo

La letra escarlata del senderismo

No hay un solo periódico peruano –independientemente de la tendencia política– que no haya festejado la muerte de Abimael Guzmán, fundador y líder máximo de Sendero Luminoso, subrayando que murió derrotado después de tres décadas de encierro.

La postura de los medios, que coincide en esto con la opinión pública mayoritaria, no contiene ni un atisbo de compasión por un anciano de 86 años aquejado por múltiples enfermedades. Una conocida conductora televisiva ha llegado a indignarse con la BBC por haber definido a Guzmán "líder guerrillero" en vez de "cabecilla terrorista", como parece obligatorio.

No ha de sorprender un rechazo tan profundo y unánime hacia Sendero Luminoso y su fundador: la cadena de atrocidades cometidas en sus 12 años de actividad (1980-92) pertenecen a la categoría de lo deshumano y no podrán jamás ser olvidadas. Un eficaz botón de muestra es la matanza de Lucanamarca (1983), en la provincia de Ayacucho, donde 69 comuneros fueron masacrados con hachas, palos, piedras y armas de fuego porque en la zona se había matado a un mando senderista. Esta cruel matanza, donde perdieron la vida 18 niños, les valió una sentencia de cadena perpetua a Guzmán y a su compañera, Elena Iparraguirre, todavía detenida.

El hecho de que Abimael Guzmán –el Presidente Gonzalo en la nomenclatura senderista–, un profesor de filosofía muy politizado, se reclamara partidario de una ideología tan respetable como el maoísmo, no lo exime de los crímenes cometidos. Su concepción política es una trágica caricatura del maoísmo, su pensamiento "Gonzalo" es una burda imitación de El libro rojo de Mao, una estrategia más genocida que comunista.

De hecho, el senderismo –y en esto colinda con el polpotismo de los khmer rojos– es al comunismo como el Ku Klux Klan es al cristianismo. Más que desviaciones, parecen ser gusanos de la manzana, desafortunadamente aprovechados por las derechas para embarrar todo lo que huela a izquierda y progresismo.

En estos días, se ven con más claridad que nunca los efectos de la demonización excesiva –y en parte instrumental– de que ha sido objeto el senderismo: el debate central parece ocuparlo la cuestión de qué hacer con el cadáver de Abimael Guzmán: ni que fuera un vampiro a quien plantar una estaca. Una gran parte de la opinión pública piensa que sus restos deberían ser incinerados y lanzados al mar para evitar que se le rinda culto, pero el presidente Pedro Castillo ha delegado la decisión a la Fiscalía de la nación.

La Comisión de la Verdad y Reconciliación, que trató de reconstruir el cuadro más verosímil de la guerra entre Sendero y el Estado, afirma en su informe final de 2003 que 46 por ciento de los 69 mil 280 muertos y desaparecidos, víctimas del conflicto armado, han sido producidos por el Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso; 30 por ciento provocados por agentes del Estado y 24 por ciento por otros agentes o circunstancias.

Ya así, el número de personas muertas por el Estado supera las 20 mil. Y hay que preguntarse cuántos de ellos habrán sido efectivamente senderistas, porque la represión, especialmente en la sierra, ha sido ciega y feroz.

Hay aquí una evidente disparidad en la apreciación de los dos bandos por parte de la sociedad peruana: a los senderistas –pero también a los simplemente sospechosos o acusados de simpatizar– se le sigue execrando y discriminando aún a 30 años de distancia, sin considerar mínimamente si se han arrepentido, han cambiado de opinión o quieran reconciliarse con la sociedad. A diferencia de Italia y Alemania, donde a los brigadistas rojos y a los ex RAF se les ha dado una oportunidad de retomar una vida social y laboral, en Perú se les sigue discriminando y acosando a vida, como a las adúlteras en la famosa novela de Hawthorne.

Al MOVADEF –Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales–, que aboga por la libertad de los presos políticos y es considerado por la derecha el brazo político de Sendero, se le niega obstinadamente el ingreso en política y se le acusa de injerencia y participación en el gobierno de Pedro Castillo.

Por el contrario, para quien hay perdón y olvido es para el Estado y sus fuerzas armadas, que han cometido crímenes y atrocidades de la misma gravedad e inhumanidad. Un ejemplo iluminante es ofrecido por la reciente sustitución, a pocos días de su nombramiento, del secretario de Relaciones Exteriores, Héctor Béjar, un escritor, sociólogo y catedrático que fue guerrillero del Ejército de Liberación Nacional en la década de los 60. La "culpa" de Béjar, sagaz intelectual y hombre intachable, ganador de un premio Casa de las Américas, consiste en haber declarado meses atrás que la CIA estadunidense y la Marina peruana tenían que ver con la aparición del terrorismo en Perú.

¡Ábrete cielo! La Marina de Guerra de Perú –como orgullosamente se autodenomina– se ha rasgado las vestimentas y denunciado a gritos el insulto, olvidando que, si no ha participado en la génesis del terrorismo, ciertamente lo ha practicado, junto al genocidio, y hay constancia histórica de ello. Un sólo episodio basta para demostrarlo, se llama la matanza de El Frontón, Lurigancho y Santa Bárbara y es uno de los episodios de cobardía y crueldad más relevantes de la década de los 80.

A un motín en las tres cárceles, el 18 de junio de 1986, que aprovechaba la apertura de la Internacional Socialista en Lima para atraer la atención hacia los presos senderistas, la respuesta del Estado fue el bombardeo y exterminio de cerca de 300 presos bajo su custodia. Una vez rendidos, los revoltosos sobrevivientes fueron exterminados con armas de fuego y bayonetas. Quien ordenó esta atrocidad fue el entonces presidente Alan García, quien nunca pagó por este crimen, y el ejecutor, la Marina de Guerra de Perú.

Por Gianni Proietti, periodista italiano

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Submarinos australianos: un golpe de Biden a Francia

Por primera vez, EEUU acepta exportar submarinos nucleares, infligiendo un golpe a Francia que pierde un enorme contrato firmado en 2016.

 

El gobierno australiano anunció ayer la firma de un acuerdo con Estados Unidos y el Reino Unido para la producción de submarinos de propulsión nuclear, anulando el anterior acuerdo firmado con Francia, que preveía vehículos diésel y eléctricos. Éste último atribuido al constructor naval francés Naval Group (ex-DCNS) para Australia en 2016 era presentada como el « contrato del siglo ».París reaccionó con firmeza, calificando la medida de Canberra, la capital australiana, como "deplorable". Pekín por su parte condenó el "clima de guerra fría".

Cerco marítimo contra la China

Más allá de cualquier desavenencia entre Francia y Australia sobre los lugares de producción, el cambio de decisión muestra la preferencia de Washington de dotar a Canberra de submarinos no convencionales -que Francia no podía garantizar-, capaces de convertir a la nación oceánica en un pilar de la contención marítima de la República Popular. Para el especialista en defensa, Jean-Dominique Merchet: "Por primera vez, Estados Unidos ha aceptado vender una tecnología de este tipo, que supone un cambio de juego (« game changer ») en materia naval. Estos submarinos tienen la capacidad de permanecer sumergidos durante mucho tiempo, evitando ser detectados. No estarán armados con cabezas nucleares, pero pueden disparar misiles de crucero de largo alcance como el Tomahawk, además de su armamento marítimo (torpedos y misiles marinos). Sólo el Reino Unido, en 1958, se benefició de esta transferencia de tecnología estadounidense.

Este avance militar está programado para producirse en 2040, a pesar de que Australia no dispone de las instalaciones necesarias para producir el combustible nuclear, vulnerando a su vez en cierta medida el tratado de no proliferación nuclear. Éste paso aumenta considerablemente la presión sobre la China en un escenario de conflicto a lo largo de los principales puntos de estrangulamiento marítimo en el sur y el sudeste de Asia, que ya es intensa (por ejemplo, en el estrecho de Malaca, el estrecho de Taiwan o los mares de China Meridional y Oriental).

A su vez, el momento de este anuncio -dos semanas después de la retirada de la catastrófica retirada militar de Afganistán- permite a Washington confirmar su prioridad geopolítica: la gran rivalidad con Pekín dándole garantías a sus aliados en esta importante región. Como parte de esto, el diario Le Monde anuncia que "…el 24 de septiembre, el presidente estadounidense recibirá por primera vez físicamente, en la Casa Blanca, a los tres colíderes de la Quad [nombre de la alianza para frenar a China en el Indo-Pacífico]: el primer ministro australiano y los de India y Japón, Narendra Modi y Yoshihide Suga”.

Un fuerte golpe a la imagen y las ambiciones imperiales desmedidas de Francia

Para la diplomacia francesa el golpe es fuerte. No tanto por el daño económico (aunque no es menor), sino fundamentalmente por la pérdida de credibilidad: desde hace años Francia se presenta como una potencia permanente del Indo-Pacífico, ligado a las posesiones coloniales de sus territorios de ultramar, buscando aparecer como una tercera vía entre EEUU y China en los mares de la región, negándose a ser encorsetado en la contención naval antichina de los estadounidenses.

Una vez más, irritado por el fin de un lucrativo contrato, el gobierno francés ha sacado a relucir su antinorteamericanismo como máscara. Algunos analistas se remontan a la guerra en Irak (2003), lanzada por la administración Bush, para encontrar un precedente de similar magnitud. Para otros más aduladores del poder, esto prueba la justeza estratégica de Macron y su invocación de la (imposible) autonomía estratégica de Europa. Pero la realidad es que más allá de sus pretensiones imperiales desmedidas en relación a su verdadera fuerza, Francia necesita del Pentágono (ya sea a nivel de inteligencia, presencia militar en los mismos teatros de conflicto, armamento) - como en las guerras que lleva adelante, tanto en el Sahel o el norte de África. Ni hablar de las otras potencias europeas que son enanos militares en comparación con París.

La realidad es que detrás de las palabras benévolas de la administración Biden hacia los aliados europeos hay decisiones unilaterales a la mejor manera de Trump. En este asunto, Estados Unidos confirma, una vez más, que su prioridad es la rivalidad con China, en todos los niveles -económica, tecnológica y militar -. Washington no tiene problema en privilegiar a sus aliados más esenciales en esta confrontación que a los tradicionales aliados europeos, que están en una línea más moderada respecto a Pekín, buscando puntos de “entendimiento mutuo”. Un primer antecedente de este trato de la nueva administración norteamericana se dio hace poco, cuando Suiza decidió adquirir los aviones estadounidenses F-35, en competencia con los Rafale franceses, justo después de la visita de Joe Biden a la Confederación Helvética a finales de junio.

Digamos también, que ni el gobierno francés ni el responsable de Asuntos Exteriores de la Unión Europea (UE) fueron informados del nuevo acuerdo antes de su anuncio. Y de manera aún más vergonzosa, el acuerdo se produjo un día antes del lanzamiento por parte de la UE de su propia nueva estrategia Indo-Pacífica… para confortar a los Estados Unidos. Una muestra de que a pesar de la retórica, las complicaciones estructurales para que la UE adquiera una verdadera autonomía estratégica están lejos de ser saldadas y mismo se revelan imposibles por el rol tutelar que aun juegan los Estados Unidos.

Jueves 16 de septiembre


China condena como "extremadamente irresponsable" el plan trilateral que armará a Australia con submarinos nucleares

Publicado: 16 sep 2021

Rusia today

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El nuevo plan internacional que, entre otros acuerdos, armará a Australia con submarinos nucleares está "socavando a la estabilidad regional e intensificando la carrera armamentista", según han reaccionado desde el Ministerio de Exteriores chino.

El nuevo pacto entre Estados Unidos, el Reino Unido y Australia, bautizado AUKUS, es "extremadamente irresponsable", afirmó este jueves en rueda de prensa Zhao Lijian, portavoz de la Cancillería del gigante asiático.

La Embajada china en Washington, a su vez, insistió en que los países "no deben formar bloques excluyentes que apuntan o perjudican los intereses de terceros" y aconsejó que Washington, Londres y Canberra "se quiten la mentalidad y prejuicio ideológico de Guerra Fría".

"El imperativo de garantizar la paz y la estabilidad"

El miércoles, el presidente de EE.UU., Joe Biden, el primer ministro británico Boris Johnson y el primer ministro de Australia, Scott Morrison, anunciaron la formación de una nueva alianza de seguridad y cooperación en materia de defensa para el Indo-Pacífico, denominada AUKUS. Parte del acuerdo prevé que EE.UU. proporcione a Australia tecnologías necesarias para dotarse de submarinos de propulsión nuclear, argumentando la "estabilidad" en la región donde China va aumentando su influencia y capacidades militares.

"Todos reconocemos el imperativo de garantizar la paz y la estabilidad en el Indo-Pacífico a largo plazo", declaró Biden desde la Casa Blanca en una reunión virtual con sus homólogos.

Por su parte, Morrison aseguró que Australia seguirá cumpliendo con todas sus obligaciones de no proliferación nuclear y no va a poseer armas nucleares. Los submarinos en cuestión se construirán en la ciudad australiana Adelaida, en estrecha colaboración con EE.UU. y el Reino Unido.

"Invitación abierta"

El Gobierno de Australia ha anunciado este jueves que el país espera recibir al menos ocho submarinos con propulsión nuclear en el marco de la nueva alianza.

El primer ministro mencionó tras la reunión que Pekín no debe tratar AUKUS como un acto provocador. "No hay nada descomunal en que algunos países tomen decisiones en sus propios intereses estratégicos y desarrollen sus capacidades de defensa", señaló, para agregar que "China toma decisiones semejantes, igual que otros países de la región".

Morrison se mostró dispuesto a ajustar diferencias entre Canberra y Pekín en una mesa de negociaciones: "Hay una invitación abierta para discutir este y otros asuntos y siempre ha habido".

Otro país afectado por AUKUS es Francia, dado que Canberra ha decidido anular su contrato con la empresa francesa Naval Group que preveía la construcción de una flota de 12 sumergibles convencionales por un valor de 66.000 millones de dólares.

París ha calificado la decisión de "lamentable" y contraria "a la letra y espíritu" de la cooperación bilateral.

Al respecto, Morrison espera que Francia "entienda a fin de cuentas" su decisión ya que "Francia haría lo mismo" en sus intereses nacionales.

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Entrevista a Noam Chomsky: Qué futuro tiene la paz en el mundo

Los acontecimientos se suceden a un ritmo cada vez más acelerado. Ante una alarmante escalada de las tensiones en todo el mundo, nos dirigimos a nuestros pensadores y pensadoras más respetadas y conocidas para pedirles una evaluación honesta de la política exterior y militar de EE UU y que nos expliquen qué piensan y qué datos manejan en a actualidad. Sabemos que tienen algunas ideas para mejorar las perspectivas de paz.

Noam Chomsky no precisa ninguna presentación. Ha dedicado toda su vida a denunciar los abusos de poder y excesos del imperio estadounidense. A sus 92 años de edad, sigue implicándose activamente en el debate nacional. Por supuesto que nos sentimos honrados por el hecho de que se haya avenido a hablar con nosotros y compartir sus puntos de vista.

Las cuestiones planteadas en esta entrevista no son de naturaleza filosófica o abstracta. Se centran en las vicisitudes de la lucha por el poder a escala internacional que podemos contemplar en tiempo real. Abordan directamente el papel de EE UU en la escalada de tensiones y su capacidad para mitigarlas. Preguntamos también por la influencia que puede ejercer la ciudadanía común en las relaciones que tiene y tendrá EE UU con el resto del mundo.

Esto es lo que nos dijo Noam Chomsky.

El Bulletin of Atomic Scientists (BAS) ha puesto recientemente las manillas del reloj del fin del mundo en los 100 segundos antes de medianoche. La medianoche representa la guerra total, el probable holocausto nuclear. Nunca han estado tan cerca. ¿Estás de acuerdo con este funesto augurio?

Un augurio certero, por desgracia. Los analistas del BAS mencionan tres grandes amenazas crecientes: la guerra nuclear, la destrucción medioambiental y lo que algunas personas han llamado una infodemia, el fuerte declive del discurso racional, que es la única esperanza para afrontar las crisis existenciales.

Cada año de la presidencia de [Donald] Trump, el minutero se fue acercando a la medianoche. Hace dos años, los analistas dejaron los minutos y optaron por el segundero. Trump fue potenciando constantemente las tres amenazas. Vale la pena reflexionar sobre lo cerca que estuvo el mundo de una catástrofe indescriptible el pasado noviembre. Otros cuatro años de carrera de Trump hacia el abismo podría haber tenido consecuencias incalculables. Claro que sus acólitos no lo ven de esta manera, pero curiosamente cabe decir lo mismo de ciertos segmentos de la izquierda. De hecho, las letanías liberales sobre sus abusos también eluden en gran parte sus principales crímenes. Conviene tenerlo en cuenta cuando creemos que él mismo o algún clon suyo puede recuperar pronto las riendas del poder. También conviene tener en cuenta las advertencias de miles de científicos de que estamos acercándonos a puntos de no retorno en la destrucción ambiental. Podemos leer sobre todo esto en Aljazeera.

EE UU siempre se presenta como la principal fuerza del planeta que promueve la paz, la justicia, los derechos humanos, la igualdad racial, etc. Las encuestas nos indican que la mayoría de los demás países consideran en realidad que EE UU representa la mayor amenaza para la estabilidad. ¿Dónde piensas que está la verdad?

Incluso durante los años de Obama, los sondeos internacionales mostraron que la opinión mundial contemplaba a EE UU como la principal amenaza para la paz mundial, muy lejos de cualquier otro país. Esto no trascendió a la población estadounidense, aunque cualquiera podía acceder a estos datos a través de los medios extranjeros o de fuentes disidentes. Ocasionalmente de difunden ejemplos ilustrativos. Así, hubo alguna mención del reciente voto de Naciones Unidas por el que se condenaba las salvajes sanciones contra Cuba, que prácticamente constituyen un bloqueo: 180 contra 2 (EE UU e Israel). El New York Times descalificó el dato diciendo que los críticos de EE UU habían aprovechado para abrir la válvula de escape. Muy normal. Cuando aparecen artículos sobre lo desatinado que está el mundo, suele prevalecer la curiosidad por las enfermedades mentales que provocan esa incapacidad patológica de reconocer nuestra nobleza.

No hay nada nuevo con respecto a este posicionamiento. Es muy propio de las culturas imperiales. Incluso una figura tan extraordinaria como John Stuart Mill se extrañaba de que el mundo no entendiera que Gran Bretaña era una potencia angelical que se sacrificaba por el bien del mundo… en un momento en que su país estaba cometiendo uno de sus crímenes más horribles, como él sabía muy bien.

Una pregunta que nos lleva al dilema del huevo o la gallina: EE UU acusa a Rusia y a China de reforzar rápidamente su potencial militar y afirma que su propio posicionamiento y el incremento de su armamento son una respuesta a sus adversarios hostiles, Rusia y China. Tanto Rusia como China dicen que no hacen más que responder a la intimidación y las amenazas militares por parte de EE UU. ¿Qué opinas? ¿Tienen Rusia y China ambiciones imperiales o no hacen más que defenderse frente a lo que consideran un militarismo estadounidense cada vez más agresivo?

Pueden sernos útiles algunos datos básicos. De acuerdo con la principal organización de seguimiento internacional, el SIPRI, “el crecimiento del gasto [militar] total en 2020 estuvo muy influido por los patrones de gasto en EE UU y China. EE UU aumentó su gasto por tercer año consecutivo hasta alcanzar los 778.000 millones de dólares en 2020”, frente a China, que lo ha incrementado a 252.000 millones de dólares (y mucho menos si contemplamos el gasto per capita, claro). En cuarto lugar, detrás de India, viene Rusia: 61.700 millones.

EE UU es el único país que no se enfrenta a amenazas creíbles a su seguridad, aparte de las supuestas amenazas junto a las fronteras de sus adversarios, que están rodeados de misiles nucleares apostados en algunas de los 800 bases militares estadounidenses esparcidas por el mundo (China tiene una, en Yibuti). Ha habito intentos internacionales de evitar la militarización del espacio exterior, que constituiría una grave amenaza para la supervivencia. La iniciativa al respecto vino principalmente de China y Rusia, pero Washington la bloqueó durante muchos años.

El número de misiones de espionaje, vuelos de bombarderos nucleares y juegos de guerra cerca de las fronteras de Rusia ha aumentado enormemente a lo largo del año pasado. Lo mismo ha ocurrido en China. ¿Acaso todo esto no es más que un mero postureo geopolítico normal y corriente? ¿O se trata de una escalada peligrosa y de un nuevo rumbo ominoso del plan estratégico de EE UU? ¿Cuál es la justificación de lo que Rusia y China consideran provocaciones y actos agresivos, o incluso preparativos para una guerra?

Esto es muy peligroso. La planificación estratégica se ha reorientado para centrarse en la guerra con China y Rusia. Se han producido actos provocativos junto a sus fronteras, que ya están plagadas de armas ofensivas estadounidenses. China viola el derecho internacional en el mar de China Meridional, aunque EE UU, la única potencia marítima que no ha ratificado la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, no está legitimado para objetar. La respuesta correcta a las violaciones por parte de China no pasa por una peligrosa demostración de fuerza, sino por la diplomacia y la negociación, encabezadas por los países de la región afectados directamente. La mayor amenaza tiene que ver con Taiwán. También en este caso, una diplomacia sensata, en vez de provocaciones, puede evitar lo que sería un desastre.

En una democracia, la ciudadanía tiene, al menos en teoría, la posibilidad de influir en todos los asuntos políticos. Sin embargo, al final ninguna de las recientes campañas militares y guerras no declaradas parecen contar con el favor o apoyo popular. ¿Cuál es y cual debería ser el papel de la ciudadanía común a la hora de decidir la política exterior y las prioridades militares del país? ¿O habría que dejar estos asuntos en manos de los expertos?

De acuerdo con el artículo I de la Constitución [estadounidense], el Congreso es el único legitimado para declarar la guerra. Sin embargo, hace tiempo que esta disposición se encuentra en el fondo de la papelera, junto con las demás disposiciones molestas del documento que nos enseñan a reverenciar.

En una democracia plena, la ciudadanía debería tener la última palabra en los asuntos del Estado. No es nuestro caso. Y debería se una ciudadanía informada. No es nuestro caso. La primera guerra mundial es un ejemplo clásico. En 1916, [Woodrow] Wilson ganó las elecciones esgrimiendo el lema de “paz sin victoria”. Después lanzó una impresionante campaña de propaganda para inflamar a una población pacifista e infundirle el odio a todo lo alemán, acompañada de falsas noticias sobre atrocidades cometidas por los germanos, fabricadas por el Ministerio de Información británico; la visión orwelliana estaba viva y coleando mucho antes de Orwell. Fue todo un éxito. No fue el primer ejemplo, ni el último. La propaganda estatal sigue siendo sumamente eficaz, dondequiera que miremos, reforzada por los medios de comunicación leales y la clase intelectual.

Un ejemplo sorprendente, con importantes connotaciones, se ha conocido justo unas horas antes de que me sentara a escribir: “Más estadounidenses creen que Irán posee armas nucleares que los que piensan que las tiene Israel. Se sabe que Israel posee armas nucleares desde hace decenios (aunque no lo reconozca oficialmente) y no está demostrado que Irán las haya tenido jamás, pero la percepción del público estadounidense presume una realidad diferente: el 60,5 %, incluido el 70,6 % de los Republicanos y el 52,6 % de los Demócratas, dicen que Irán posee armas nucleares, frente al  51,7 % que dice que Israel las tiene, incluido el 51,7 % de los Republicanos y el 51,9 % de los Demócratas.”

Los logros de la propaganda incesante pueden ser pasmosos.

Una vez más, los medios ayudan de diversas maneras. Para citar un caso muy relevante, hace poco los editores del New York Times unieron virtualmente al mundo entero, incluido Irán, con el llamamiento a la creación de una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio. Esto pondría fin a la supuesta amenaza del armamento nuclear iraní y reduciría radicalmente las graves tensiones regionales, que encierran un gran peligro. En la propuesta de los editores se omitió un detalle: Israel, la única potencia de la región que tiene armas nucleares. También se omitió el motivo por el que esta propuesta sumamente importante no se haya implementado: EE UU la bloquea, para asegurar que los copiosos armamentos israelíes no vayan a ser inspeccionados. De hecho, EE UU se niega a reconocer oficialmente que Israel cuenta con armas nucleares, pese a que no cabe ninguna duda de ello. Si lo hiciera, podría tener que aplicar la ley estadounidense y bloquear previsiblemente toda ayuda a Israel.

A la multitud no le conviene saber que sus vidas están amenazadas por mor de proteger las fechorías de Israel y la participación de EE UU en las mismas.

En relación con esto, a la ciudadanía y a la mayoría del Congreso se les oculta la verdad en relación con misiones especiales, operaciones cibernéticas, intervenciones para cambiar regímenes, todo ello realizado en nombre de la ciudadanía estadounidense. Los fondos que financian esta metástasis del mundo oscuro de sabotaje y terror en el resto del mundo también son un secreto. Actualmente se espía a fondo a ciudadanos y ciudadanas de EE UU, aquí mismo, en casa. ¿Cómo encaja cualquiera de estas cosas en “el país de los libres”? ¿Significa que aquello del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no es más que una farsa?

Si dejamos que sea un timo. En el pasaje inicial de una de las primeras obras modernas importantes de ciencia política, un hombre sabio –David Hume– señaló que “el poder está en manos de los gobernados”. Siempre que opten por ejercerlo. Si se proponen tomar las riendas del Estados en sus propias manos dentro de una comunidad cooperativa, como pretendían la clase trabajadora y el campesinado de EE UU a finales del siglo XIX. Pero fueron aplastados por la violencia del Estado y del capital.

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15 septiembre 2021 |

 

Traducción: viento sur

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