"Tsunami-hondakinak" (Residuos de tsunami), pintura acrílica sobre madera de Txaro Arrazola

Las guerras son parte de una normalidad capitalista que se enfrenta a sus límites estructurales prefigurando un futuro de control elitista de la escasez.

Un economista neoliberal, a preguntas de una periodista sobre las conexiones entre las tres grandes crisis del siglo XXI (la financiera, la pandemia y la guerra de Ucrania) contestó -sin despeinarse- que él no era supersticioso y que obviamente esas crisis no tienen nada que ver unas con otras. Se trataría entonces de una suma acumulada de mala suerte, una mala racha mundial y nada más. Una sucesión de cisnes negros, como llamó el libanés Nassim Taleb a casos atípicos fuera de las expectativas regulares, pero con un impacto extremo, como podían ser -según este autor- el atentado de las torres gemelas en Nueva York, o el asesinato del Archiduque de Austria en Sarajevo, que precipitó la primera guerra mundial.

Podría discutirse si la pandemia fue un suceso de este tipo, aunque ya había numerosos científicos del ramo que venían avisando; puede que la jugada de tahúr mafioso de Putin fuera poco predecible; incluso, podría decirse, que la explosión de la burbuja especulativa inmobiliaria en EEUU no fue prevista por la mayoría de economistas; aunque -seguramente- todo ello habla más bien de la ceguera e incompetencia de los economistas, las autoridades sanitarias o los líderes políticos que de la imprevisibilidad de estos acontecimientos. En todo caso, el hecho de que hayan sucedido de forma tan seguida, sin darnos respiro, ya debería hacernos sospechar de que algo no anda del todo bien en el mundo y que seguramente alguna relación habrá entre tanta catástrofe junta.

Dicho de otro modo, cuando en un estanque todos los nuevos cisnes nacen negros, son los blancos quienes se van convirtiendo en rara avis. En ese sentido, parece bastante obvio, que aun siendo acontecimientos muy diferentes, lo que los hace similares es el marco en el que se producen: un mundo envuelto en profundas crisis, donde la resiliencia del sistema es tan baja que permite -cuando no provoca- situaciones agudas de inestabilidad de distinto tipo cada vez más frecuentes. Hay que ser muy miope para no ver esto, o bien ser un teólogo de la economía de mercado y la globalización neoliberal, que no ve más allá de sus números y cuentas (sólo sumas y multiplicaciones por cierto) confundido por su fe ciega en el poder mágico de la mano invisible y el crecimiento económico infinito.

En todo caso, a pesar de lo que podría parecer, la pregunta sobre cisnes blancos o negros, lejos de ser baladí es clave; yo diría incluso que es “la pregunta”. Si estamos ante ocasionales cisnes negros bastará con actuar de la manera habitual en estos casos: cambios de los tipos de interés, vacunas y misiles stinger. Si por el contrario el problema es un estanque contaminado, casi seco, y superpoblado de cisnes tiznados y furiosos luchando por las escasas migajas de pan, las soluciones tendrán que ser otras. Si es así -y todo parece indicar que lo es- no habrá más remedio que drenar y sanear el estanque, pues en nuestro caso la posibilidad de volar a lugares menos inhóspitos no existe más allá de locas fantasías delirantes de multimillonarios dementes.

Planteando la pregunta de otra manera ¿Estamos ante acontecimientos que preceden y aceleran el colapso global que anuncian cada vez más expertos e intelectuales críticos? ¿Vivimos en momentos pre y pro colapso? Carlos Taibo (y no es el único) intuye que estamos ya en las primeras fases del derrumbe global y relativamente rápido del sistema neoliberal globalizado, o Incluso del sistema capitalista tal y como lo conocemos.

La disyuntiva entre decadencia o colapso, que plantea Taibo, podría estar dilucidándose ahora mismo a favor del segundo. Aunque, seguramente, la caída no será en todas partes igual, ni necesariamente al mismo tiempo en todas partes. Además, en la realidad, las dicotomías nunca son tan absolutas como sobre el papel, y una decadencia rápida o un colapso paulatino no se distinguen tanto al fin y al cabo. Esto se entiende mejor si estudiamos otros colapsos anteriores, como el ineludible del Imperio Romano, donde vemos -como ahora- estas diferencias de tiempos y lugares (oriente y occidente), pero también descubrimos que las nuevas relaciones sociales-económicas-políticas del futuro ya se prefiguraban durante los tiempos del colapso/decadencia.

Es difícil diagnosticar el huracán desde su ojo, pero cada vez más voces autorizadas avisan de que las fuerzas desatadas del colapso en marcha prefiguran un nuevo sistema, que sin saber muy bien cómo será, llamamos de forma preventiva ecofascismo, o gestión autoritaria de la escasez en beneficio de las élites, y esto tiene mucho que ver con las guerras que vivimos, también la de Ucrania.

Para empezar, debemos entender que el estado-guerra es el estado natural del ecofascismo. Es decir, las guerras son funcionales a este sistema, que no podría existir sin ellas: sin un enemigo (externo o interno) contra el que combatir y al que culpar de todos los males. Sería entonces la forma política dominante de un capitalismo oligopólico, que algunos llaman neo-feudal, basado en el Estado-empresa, altamente financiarizado y digitalizado, que se alimenta del expolio de personas, pueblos y bienes comunes para continuar creciendo. Un sistema que está llegando a sus límites estructurales.

Las nuevas guerras del siglo XXI: periféricas, continuas, latentes, digitalizadas, interpuestas, privatizadas, hibridas… buscan el posicionamiento de las potencias globales y regionales -incluidas transnacionales y poderes corporativos- con alianzas a menudo cambiantes y agendas propias. Con el objetivo del control de los recursos escasos en sus zonas de producción y distribución, estableciendo para ello contratos y alianzas con agentes locales armados. Tal vez las guerras de hoy no sean más que el estado natural de las cosas en esta fase del capitalismo.

Algunos analistas han dicho que la guerra de Ucrania es una rara avis (un cisne negro) que nos retrotrae a las guerras del siglo XX, pero ese análisis no deja de ser muy superficial, basado en estudios de estrategia militar sin profundizar en su contexto. No hay más que ver sus características, como guerra interpuesta para dirimir conflictos de intereses de las grandes potencias globales, su fase de “latencia” desde 2014 hasta ahora, la utilización de milicias, mercenarios y nuevas armas robóticas…, la guerra financiera, estados policía sancionando a nacionales extranjeros, sanciones o sobornos a países implicados, la utilización de flujos migratorios como arma, el papel activo de grandes multinacionales en el conflicto, la exhibición comercial armamentística en el mercado mundial… para darse cuenta de que estamos en una guerra del siglo XXI.

Sin embargo, tal vez sea la visión del gas y el petróleo ruso, surcando con normalidad el campo de batalla hasta llegar a los consumidores europeos, la imagen más gráfica de la esencia de la guerra de Ucrania; es decir, entendida como parte de la economía-guerra posmoderna y no como economía de guerra, en la acepción tradicional del concepto, que supone siempre una cierta excepcionalidad frente a una normalidad de relativa paz. Desde luego, en el capitalismo se ha utilizado siempre la guerra como elemento regenerador de la economía, pero en esta fase de su desarrollo, la guerra: permanente, periférica y privatizada… tiende a constituirse como su estado natural, en un ecosistema propicio de estados fallidos y explosión del desorden social.

Obviamente, todo ello no descarta la posibilidad de una gran conflagración mundial, incluso nuclear, pues como bien dice el refrán quien juega con fuego al final se quema, y desde luego -como apunta Noam Chomsky- evitarlo debería ser ahora mismo nuestra máxima prioridad. Deberíamos hacerlo sin dejar de lado la construcción de las bases de una alternativa democrática, equitativa e igualitaria -es decir ecofeminista- frente al ecofascismo que viene, que debe ser combatido en todos los frentes: político, ideológico, cultural, económico…

Todo ello no puede obviar, sin embargo, la necesidad urgente de crear una corriente mundial antibelicista transversal, que se deje pelos en la gatera si es necesario, pero que consiga acumular la fuerza y la unidad de acción necesaria para oponernos a la deriva suicida de la humanidad, pues, como dijo Rosa Luxemburgo: la paz es la revolución del proletariado mundial.

Por Juan Ibarrondo

Escritor

13 abr 2022

Publicado enEconomía
EE.UU: Récord inflacionario y peligro de estanflación en la mayor economía del mundo

Con el nuevo récord inflacionario registrado por Estados Unidos, podría generarse una estanflación, definida como una mezcla de recesión económica, inflación elevada y creciente desempleo, afirmó hoy un analista.

Los precios al consumidor en la norteña nación reportaron en marzo su mayor aumento en 16 años y provocaron un avance de la inflación anual, informó el Departamento de Trabajo.

Ese indicador subió un 1,2 por ciento durante el tercer mes de 2022, marcado por la subida en los costos en los alimentos y la gasolina, que representó más de la mitad del incremento.

Sobre el tema el economista mexicano y experto en temas energéticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas, Rodrigo Benedith recordó que hasta febrero, los precios al consumidor habían aumentado un 7,9 por ciento, también un máximo de 40 años, luego de un récord de cuatro décadas de 7,5 por ciento en enero.

Al respecto señaló que la alta inflación que experimenta actualmente Estados Unidos, su tasa de crecimiento negativa, así como los bonos del Tesoro que traen tendencia negativa son indicadores de que el país podría experimentar una crisis económica.

En una entrevista publicada por Sputnik, Bendith puntualizó que si bien hubo una recesión por la pandemia, a diferencia de ésta, la mayor economía mundial muestra una inflación elevada lo cual conllevaría a una estanflación.

Aclaró que la alta inflación estadounidense se compone de tres elementos básicos: el aumento en el precio de los alimentos, de la vivienda y de los combustibles, este último ligado a las sanciones económicas que Washington impuso a Moscú, específicamente en el sector energético.

Con esas penalidades está considerablemente reducida la importación de petróleo, gas y energía, procedentes de Rusia, precisó el experto.

La medida fue parcialmente aplicada, pues si Estados Unidos saca completamente del mercado al petróleo ruso, las consecuencias económicas podrían ser aún más catastróficas, explicó Benedith.

Si el bloqueo al crudo ruso se aplica como se hizo con Venezuela e Irán, el precio del barril podría elevarse a más de 200 dólares, y si se les ocurre sancionar el gas va a ser peor, sentenció el economista.

Entre las medidas de Washington contra Moscú también están la prohibición de nuevas inversiones en el sector energético de Rusia, y la financiación o habilitación de empresas extranjeras con negocios para producir energía en el país euroasiático.

Senador demócrata culpa a Biden por cifra récord de inflación en EEUU

El senador demócrata Joe Manchin culpó hoy a la administración de Joe Biden y a la Reserva Federal por el aumento de la inflación.

De acuerdo con la publicación The Hill, el anuncio ocurrió después de que los datos del Departamento de Trabajo revelaran que dicho parámetro aumentó un 8,5 por ciento en los últimos 12 meses, una cifra récord.

La Reserva Federal y la Administración no actuaron con la suficiente rapidez, y los datos de hoy son prueba de las consecuencias que se están sintiendo en todo el país, dijo Manchin en un comunicado.

En lugar de actuar con valentía, nuestros líderes electos y la Reserva Federal respondieron con medias tintas y fracasos retóricos, mientras buscaban a quien echarle la culpa. El pueblo estadounidense merece la verdad sobre la crisis y qué debe hacerse para controlarla, añadió.

Manchin calificó los datos como una historia escalofriante sobre cómo los impuestos están fuera de control, mientras los bolsillos de los estadounidenses se vacían en las compras de productos básicos y combustibles, y pago de impuestos.

Cifras oficiales muestran que los precios de los alimentos aumentaron un 8,8 por ciento en los últimos 12 meses y en uno por ciento solo en marzo, mientras que el valor de la gasolina creció en un 48 por ciento.

Para The Hill, los números son una mala noticia para los demócratas y Biden de cara a las elecciones de mitad de mandato de este otoño, ya que los republicanos se aprovechan de la inflación para abogar por un cambio de liderazgo.

La Casa Blanca culpa del aumento de los costes, especialmente de los precios de la gasolina y la energía, al presidente ruso Vladimir Putin por la crisis bélica en Europa del Este, pero algunos políticos estadounidenses opinan lo contrario.

Estos dramáticos aumentos de la inflación no han sido causados por Putin, sino son resultado de las malas decisiones del presidente y los demócratas que controlan el Congreso, comentó el senador Lindsey Graham (R. Carolina del Sur).

Si quieren que los precios bajen, los estadounidenses tendrán que cambiar de liderazgo, apuntó el principal republicano de la Comisión de Presupuestos del Senado.

12 abril 2022

(Información de Prensa Latina)

Publicado enEconomía
Franco 'Bifo' Berardi. Cedida por la editorial

El autor conversa con Franco Berardi ‘Bifo’ sobre la pandemia y la guerra. El escritor y filósofo italiano concluye que la única vacuna eficaz contra el

pánico es el pensamiento colectivo

¿Qué ha pasado con el deseo –íntimo y social– durante la pandemia? La mirada política tradicional de la izquierda, que relega todo lo relativo a la subjetividad al ámbito privado, no se hace la pregunta. Es entonces la extrema derecha quien canaliza los malestares que recorren hoy los cuerpos.

La pandemia ha provocado un fenómeno generalizado de apagón libidinal, una retirada del deseo de los lugares, los objetos, las actividades en las que estaba cargado. Esa retirada es ambivalente: por un lado, falta de ganas, abatimiento, depresión. Pero también fuga de la competitividad, de la búsqueda de éxito, del consumo. Esa ambivalencia atraviesa hechos como la “gran dimisión”, el éxodo de las grandes ciudades o lo que se oculta bajo la etiqueta mediática del “síndrome de la cabaña”.

No estamos ante movimientos políticos evidentes, como podía ser la fuga del trabajo alienado durante los años sesenta y setenta. ¿Seremos capaces de escuchar estos fenómenos impuros y ambivalentes? Es la apuesta del pensador italiano Franco Berardi (Bifo) en su último libro, El tercer inconsciente; la psicoesfera en la época viral (Caja negra editores).

Ello nos requiere un cambio de mirada: desplazarse desde los saberes dominantes de la sociología o la geopolítica hacia una psicopatología o psicopolítica, es decir, construir una nueva razón sensible capaz de sintonizar con las corrientes de deseo que atraviesan la sociedad.

Apocalipsis, pandemia y guerra

Bifo: Quería decir dos palabras sobre el libro y su contexto, para empezar. En septiembre de 2020, leí una declaración de la directora de la Agencia de Salud de Cánada que decía: “Skip kisses” (evitad los besos), “in any case you have sexual relations don´t forget to wear sanitary masks” (en el caso de tener relaciones sexuales, no olvidar usar la máscara sanitaria), “anyway in the present condition the best is going solo” (en las condiciones presentes lo mejor es ir solo), una expresión que nunca había escuchado antes.

Cuando leí estas palabras, me dí cuenta de que estaba aconteciendo una mutación que iba a afectar la vida social comunitaria a un nivel muy profundo, que va a modificar la percepción del cuerpo del otro, de la piel del otro, de los labios del otro; los labios no son sólo un lugar de acceso al placer, sino también donde el sentido, el significado, se produce y se comunica.

El viejo hippie que soy tuvo primero una reacción de preocupación y pesimismo. Pero después me dije: intentemos no juzgar, no sacar conclusiones apresuradas, sino vivir este proceso, este pasaje, lo que yo he vislumbrado como un umbral, un largo umbral de transformación, intentemos verlo como el pasaje hacia un terreno desconocido.

Durante los dos años de pandemia, mi actividad principal ha sido tratar de entender las mutaciones psíquicas, las mutaciones de la subjetividad social; sobre todo de la generación que está creciendo ahora, que está descubriendo el mundo, que está descubriendo el cuerpo del otro. En esta investigación me he sentido acompañado por un grupo que se reúne dos veces a la semana desde primeros de abril de 2020, el Grupo de Investigación Intercontinental sobre la Pandemia, un colectivo de amigos y amigas, la mayoría de ellos psiquiatras y psicoanalistas, pero también trabajadores sanitarios y psicoterapeutas.

He intentado responder a esta cuestión con la imagen del “tercer inconsciente”, la idea de que estamos entrando en la era del tercer inconsciente. Quien se ocupa seriamente de estas cosas puede reírse de mis palabras, porque el tercer inconsciente no significa nada. No hay un primer inconsciente, un segundo inconsciente, el inconsciente no tiene historia. Pero sí hay diferentes psicoesferas, campos de cruce entre lo social y la psique. Una primera psicoesfera es el inconsciente del que habla Freud, cuando dice que el inconsciente es efecto de una represión y que se manifiesta a través de un malestar de tipo neurótico. Una segunda psicoesfera sería el inconsciente neoliberal producto de la aceleración extrema del universo económico, social, lingüístico, comunicativo y, especialmente, el universo de los estímulos informativos y psíquicos. Ahí pasamos de la neurosis a la psicosis como manifestación privilegiada del malestar.

El libro se plantea si hay una tercera psicoesfera, el inconsciente de la pandemia. En estos años la aceleración se ha detenido y ha ocurrido una “psicodeflación”: una disminución de la energía de aceleración que ha caracterizado los últimos cuarenta años. ¿Cuáles serán los efectos de esta psicodeflación? Es la pregunta sobre la que indago en el libro.

Pero ahora, con permiso del editor, me parece que este libro nace ya viejo, porque hemos superado el umbral en una nueva dirección: la guerra. ¿Qué relación hay entre pandemia y guerra? Entiendo la guerra actual como una reacción agresiva a la psicodeflación pandémica, una respuesta a la depresión global.

Amador: Quería traer a colación, para empezar, un texto que leí recientemente de un autor que no frecuento mucho y es el pensador judío Emmanuel Lévinas. Es un artículo de 1946 donde reflexiona sobre la experiencia de los campos de concentración en los que estuvo internado durante la guerra. En un momento dice: “En los campos conocimos la expectativa del fin del mundo”. No se refiere al fin del mundo físico, sino al estallido de las categorías que organizan el sentido de nuestra experiencia del mundo. Y citando al profeta Isaías afirma: “Esperábamos, para después de la guerra, un cielo nuevo y una tierra desconocida”. Lo llama una “sensibilidad apocalíptica”. La palabra apocalipsis tiene dos sentidos: fin del mundo y desvelamiento o revelación. La sensibilidad apocalíptica es la sensación de que lo que hay no se sostiene más y es preciso “un cielo nuevo y una tierra desconocida”.

Pero lo sorprendente, dice Lévinas, es que después de la guerra volvió la normalidad, el mundo se rehizo como si nada. No sólo en la banalidad cotidiana, sino en la repetición de lo peor: en 1946 tiene lugar el progromo anti-judío de Kielce. Lévinas se pregunta entonces: “¿Todo fue vanidad?” (es el título del texto).

Y su respuesta es que no, que hay que trabajar para recoger los efectos del desvelamiento, para que no se desvanezcan y todo sea vanidad de vanidades. Es necesaria una “ingenuidad superior” para no dar por cancelada la experiencia y que los muertos engrosen simplemente la estadística. Es el trabajo de toda una vida registrar y pensar los efectos de revelación.

Este libro nace también de una sensibilidad apocalíptica. Bifo tiene visiones en el confinamiento de la pandemia. Ve el fin de un mundo, la posibilidad de otro. Es un libro lleno de signos de interrogación. ¿Será la crisis del coronavirus la ocasión perfecta para un perfeccionamiento del sistema o el punto de arranque de una deriva existencial, cultural, política?

El libro de Bifo es un libro ingenuo en el mejor de los sentidos posibles. Hemos visto a los pensadores más conocidos estos últimos años simplemente reconfirmando sus posiciones previas, sin dejarse interrogar por lo que pasaba. El caso de Giorgio Agamben es el más conocido, pero no el único. Los pensadores no se animan por lo general a esta ingenuidad de no saberlo todo de antemano.

La experiencia que hemos atravesado está aún por contar y pensar. No ha pasado ya porque, aunque no vuelva a haber ninguna mutación del virus, ha dejado marcas profundas en nuestros cuerpos. Marcas de terror, de distancia social, de obediencia, pero también de desvelamiento. Todo eso es lo que está pensando Bifo.

¿Cómo no va entonces a tener actualidad? No hay que ceder al tiempo de la coyuntura, hay que resistir a la vanidad de vanidades, registrar los destellos de revelación, y el libro de Bifo es una herramienta estupenda para ello. 

 ¿Geopolítica o psicopatología?

La primera cuestión que quería plantearte es una pregunta de método o de mirada. En un texto reciente sobre la guerra en Ucrania dices algo que me interesó mucho: “No necesitamos una geopolítica, sino una psicopatología o una psicopolítica”. No necesitamos tanto un pensamiento de las determinaciones macro que nos definen, determinaciones sociológicas, determinaciones políticas, determinaciones históricas, sino también un pensamiento, una sensibilidad, capaz de aprehender las fluctuaciones de deseo, los estados de ánimo, la producción de subjetividad. Otra manera de pensar. Entonces, la primera pregunta sería esta: ¿qué sería una mirada psicopolítica o psicopatológica?

Bifo: ¿Geopolítica o psicopatología? Por supuesto que la geopolítica tiene un papel para entender el mundo contemporáneo, pero el problema es que se limita a describir efectos de superficie. Tenemos que entender qué está pasando a un nivel mucho más profundo: el nivel de las inversiones de deseo, el nivel de la mutación psíquica frente a una aceleración caótica de los procesos sociales.

Para entender la genealogía del nazismo hitleriano hay que captar el sentimiento de humillación que se difundió en Alemania tras el Tratado de Versalles. El miedo y la depresión fueron compensados por una sobre-reacción agresiva. Hay una película de Ingmar Bergman llamada El huevo de la serpiente que narra justamente la genealogía del nazismo, desde el punto de vista de una situación psicótica cotidiana. Al comienzo de la película vemos una muchedumbre en blanco y negro que parece como adormecida, al final esta muchedumbre se transforma en una masa agresiva y lista para la guerra.

Creo que estamos en una situación de depresión epidémica similar. En Italia, entre los quince y los treinta años, hay una multiplicación de los suicidios. Hay una predisposición a la depresión de la que tenemos que hablar si queremos entender lo que pasa. No quiero decir que la guerra en Ucrania pueda ser reducida a un asunto de psicoanalistas. Pero la psique de los rusos, de los ucranianos, de todo el mundo, se encuentra hoy en una situación de depresión y de posible reacción guerrera compensatoria. La geopolítica no explica nada de esto.

El retorno de la Tierra

Amador: Me gustaría preguntarte sobre la distinción que haces entre Tierra y Mundo. El Mundo sería ese “objeto” que la política clásica creyó dominar desde descartes hasta Maquiavelo. Pero la Tierra es algo muy diferente, lo indomesticable. El virus sería una manifestación de la Tierra. ¿Lo podrías desarrollar?

Bifo: Tomo esa distinción de un pensador japonés que se llama Sabu Kosho. Sabu escribió un libro titulado Radiation and Revolution. Es el relato de la experiencia de un activista, y filósofo a la vez, que vivió la catástrofe de Fukushima trabajando entre las personas golpeadas por el tsunami. Sabu analiza la reacción después de un acontecimiento tan horroroso y destructivo. Somos en esos momentos, dice, como extraños en un planeta ajeno que no conocemos y donde intentamos sobrevivir.

Propone distinguir entre Mundo y Tierra. ¿Qué es el Mundo? Es el producto de nuestra actividad lingüística, política, económica, productiva, la evolución de la civilización y de lo que podríamos llamar cultura en un sentido filosófico, antropológico. El mundo se encuentra cada vez más desafiado por la Tierra, por el retorno de fuerzas que no podemos dominar: los incendios que destrozan áreas enormes del planeta, las aguas del océano y todo lo que conocemos como catástrofe ecológica, un proceso acelerado hoy por la guerra. Eso es la Tierra, la naturaleza que hoy retorna, incluyendo la naturaleza humana.

El neoliberalismo se afirma desde el principio como darwinismo social, según este pensamiento esencialmente falso, ideológico, de que en la naturaleza sólo sobrevive el más fuerte y hay que aceptar la economía como naturaleza donde los más fuertes ganan. Pero aquí hay una mistificación. Si nos definimos como humanos es porque ha habido una ruptura cultural que nos permite considerar la naturaleza como algo muy hermoso y amable, pero también violento y peligroso. Por eso hemos inventado cosas como el lenguaje, la solidaridad social o el Estado, que odiamos con razón pero que nace ante el problema de la naturaleza como peligro mortal.

La agresividad de la naturaleza volvió porque el neoliberalismo nos dijo que el más fuerte debe ganar. Y el más fuerte es el ganador neoliberal, el más fuerte es Vladimir Putin, la fuerza de los fuertes es la guerra.

Psicodeflación

Amador: Me recuerda todo lo que habla Isabelle Stengers sobre la “intrusión de Gaia”. Me gustaría pasar al tema del tercer inconsciente, el que provoca –¿acelera, radicaliza, manifiesta?– la crisis del coronavirus: un apagón libidinal en toda regla, la psicodeflación. ¿Qué nos puedes contar sobre ese tercer inconsciente? Aunque sea aún un territorio desconocido, magmático, en ebullición, ¿qué tendencias detectas? ¿Qué nos puedes compartir de ese trabajo junto a psicoanalistas y terapeutas que llevas desarrollando durante dos años?

Bifo: El tercer inconsciente se define con respecto a la inflación psíquica de la época neoliberal: una aceleración extrema del cuerpo y de la mente colectiva con el objetivo de un aumento continuo de la productividad, sobre todo de la productividad intelectual, del trabajo cognitivo, una exaltación de la energía como fuerza productiva y capacidad de dominio sobre la realidad. Evidentemente el virus rompe con esta carrera, con esta aceleración.

¿Qué es el virus? El virus es una concreción matérica invisible, un retorno de la materia que la abstracción del capitalismo financiero ha intentado olvidar, suprimir, cancelar. La materia vuelve y rompe la continuidad de las cadenas productivas, de las cadenas de distribución, provocando el great supply chain disruption que dicen los americanos, pero también de las cadenas afectivas.

El efecto de esta desaceleración o psicodeflación es un efecto que se presenta como depresivo desde el punto de vista psíquico, es la sensación de haber perdido algo. Hemos perdido, en primer lugar, la fuerza política de gobierno de la realidad. El virus es un caotizador universal, diría Félix Guattari, un productor masivo de caos. ¿Y qué es el caos? El caos no es una realidad acotada, sino una relación entre la mente humana y el ambiente, el ambiente físico, comunicativo, lingüístico. Hay caos cuando el cerebro no logra elaborar una realidad que se vuelve más rápida y compleja de lo que podemos procesar.

Pero cuando entramos en una dimensión caótica siempre hay estúpidos que dicen “guerra al caos”: guerra al virus, a las drogas, al terrorismo. ¿Y qué pasa entonces? El caos se multiplica por cien. El narco, las mafias, el terrorismo, las catástrofes. El caos se alimenta de la guerra. Guattari nos sugiere aprender a escuchar el caos, a escuchar la voz del caos, aprender un ritmo nuevo, porque eso es el caos, un ritmo nuevo. La psicodeflación ha sido una reacción sana, entre comillas, al caos. Ralentizamos, desaceleramos.

El mundo blanco, el mundo cristiano, lo que llamamos Occidente es muy extenso e incluye a Rusia. Rusia es Occidente desde un punto de vista cultural. La fuerza que mueve la historia y la cultura rusa es la misma fuerza que mueve a los EE.UU. y Europa: la fuerza de la dominación agresiva, la fuerza de la expansión, la fuerza del futuro. La palabra futuro es central para comprender lo que estoy intentando decir. Futuro significa expansión en el pensamiento occidental y el problema es que la expansión se agotó, hoy se ha vuelto imposible, solo podemos expandirnos a través de la masacre, en primer lugar de la naturaleza. El crecimiento económico, este mito total, central, del pensamiento económico, compartido por todos los políticos de derecha e izquierda, hoy significa sólo catástrofe, destrucción, muerte.

El futuro se acabó y estamos envejeciendo. El envejecimiento es un hecho absolutamente central en Occidente (también en China ciertamente). ¿Qué es el envejecimiento? Una pérdida de energía, de potencia, de futuro, obviamente. Pero el cerebro occidental no puede tolerar la idea del fin de la expansión. Nuestra civilización siempre ha reprimido el envejecimiento y la muerte como experiencia esencial de la vida humana, lo que en el libro llamo el “devenir nada”. Tenemos que hablar de este devenir nada si queremos salir de la locura de la guerra, de la destrucción total, de la bomba nuclear; porque los viejos prefieren llevarse el mundo entero con ellos al infierno antes que aceptar la muerte y el devenir nada.

¿Qué he aprendido de la experiencia del Grupo de Investigación Internacional sobre la pandemia? Una cosa esencial: contra el pánico solo hay una vacuna y esta vacuna es pensar juntos. Pensar y más aún pensar juntos tiene una potencialidad terapéutica y política enorme. Lo único que podemos hacer en este mundo en el que se confunde el Mundo con la Tierra, en el que no entendemos dónde estamos ni cómo sobrevivir, lo único que podemos hacer para escapar del pánico y la depresión es pensar juntos.

Amador: Qué difícil hacerlo cuando se prohibe el encuentro entre los cuerpos. Lo más duro de llevar en este tiempo ha sido para mí esta dificultad para inventar los modos de pensar juntos. El terror atomiza; y contra Descartes hay que decir que no hay un yo que piense sin un tú que responda. El campo del pensamiento crítico se ha estrechado muchísimo, cualquier duda con respecto al discurso oficial es inmediatamente tachada de delirio negacionista. Y ahora, en la situación de guerra, también impera esta especie de obligación de tomar posición en un tablero previo, de tener que escoger entre Putin o la idea occidental de libertad, que son fundamentalmente lo mismo, como has explicado.

Resignación contra la abstracción

Quería volver a la experiencia del primer confinamiento. Una experiencia ambivalente. Por un lado, el terror y la distancia social; por otro lado los aplausos, la solidaridad y la sensación de que lo que hay no se sostiene más. La consigna que circuló entonces, de balcón a balcón, fue que no había que volver a la normalidad porque la normalidad era el problema. En el silencio, en la ralentización, tuvimos destellos de otra vida posible.

Pero mi impresión es que no hemos sabido prolongar ese momento, abrir esa bifurcación. A la salida de ese primer confinamiento, nos quedamos sin voz. Hay un momento en el libro donde dices que si no emerge una nueva subjetividad, lo posible se pierde, se desvanece. Es vanidad de vanidades. Pero, ¿de qué tipo es esa nueva subjetividad? ¿Qué tipo de fuerza puede empujar un pasaje de umbral diferente, prolongar el acontecimiento, impedir que sus marcas se desvanezcan, abrir una bifurcación existencial, otra deriva civilizatoria?

Bifo: Para mí, el primer confinamiento fue una experiencia bastante alegre, pero para muchos jóvenes no lo fue para nada. Los medios atacaron a los jóvenes, les dijeron de todo, les descalificaron y criminalizaron por querer tomarse una cerveza. Pero eran los jóvenes los que pagaban el precio más alto por salvar a los viejos. Como abuelo se lo agradezco mucho, pero no puedo reprocharles que se tomen una cerveza.

De golpe el pensamiento de un cambio de paradigma social se diseminó. En Italia es evidente para todos que la catástrofe sanitaria ha sido sobre todo un efecto de la destrucción neoliberal del sistema sanitario público. Todos pensamos que íbamos a asistir a una vuelta a un keynesianismo, a un pensamiento social de la economía, pero no ha ocurrido así. La idea de que el capitalismo puede ser racional y humano es una ilusión. Lo que ha ocurrido es la radicalización del empobrecimiento y el enriquecimiento privado de los súper-ricos.

¿Por qué ha pasado esto? ¿Cómo podemos evitar las consecuencias catastróficas que ya se están desarrollando? Mi respuesta está contenida en la palabra psicodeflación, pero con una evolución lingüística muy interesante: la palabra “resignación”. Cuando pensé en ella por primera vez me pareció una blasfemia. Mi formación materialista y marxista se rebelaba contra ella. Pero luego leí en un periódico norteamericano la expresión great resignation” (gran dimisión). Como sabemos, cuatro millones y medio de norteamericanos decidieron no volver al trabajo después de la pandemia y lo mismo sucede en China, cada vez hay más personas jóvenes y no tan jóvenes que se preguntan: ¿por qué tengo que tengo que trabajar por un salario de mierda, en condiciones humillantes, inaceptables, idiotas?

La palabra resignation tiene dos sentidos. El primero es aceptar lo inaceptable. Pero el otro es dimitir, abandonar el campo social, el campo productivo, irse para siempre. Este segundo significado me hizo pensar en un tercero: re-signation, la resignificación. Hay que resignificar nuestra relación con la necesidad, con la naturaleza, con nuestras formas de vida cotidiana, resignificar la relación entre lo concreto, lo útil y la productividad.

La primera página de El Capital explica que el corazón del capitalismo es la abstracción, el capitalismo es un proceso de acumulación de valor abstracto, que significa ex-tracto, extraído, el valor que el capital extrae de la vida concreta, de las necesidades concretas, de las potencias concretas de la humanidad. El retorno de lo útil y lo concreto es lo que más me interesa hoy.

La muerte como condición de libertad

Amador: Una última pregunta. Hay una frase famosa de Spinoza que dice: “En nada piensa menos un hombre libre que en la muerte”. Sin embargo, tú dices que hoy, para recuperar la libertad, tenemos precisamente que amistarnos con la muerte, volver a pensarla y hacernos amigos del devenir nada.

Bifo: Puede que Spinoza se equivoque, ¿no? Un hombre libre no piensa en la muerte, bien, pero ¿acaso somos hombres libres? Y además, ¿qué significa libertad? La asociación entre libertad y potencia acaba en formas histéricas del pensamiento de la política.

La histeria de toda la modernidad es la identificación entre libertad y potencia, la idea de que la potencia se manifiesta en el interior de la dimensión de libertad y esta es ilimitada. Pues no, queridos míos, tienes la libertad de lanzarte desde el quinto piso pero te matas. No es verdad que la potencia se manifieste al interior de la libertad, sino al revés: la libertad se manifiesta al interior de la potencia y esta no es ilimitada. La muerte se plantea entonces como un problema que tiene una dimensión filosófica, psicoanalítica y política muy importante.

La modernidad blanca e imperialista ha rechazado el pensamiento de la muerte porque ha pensado la potencia en la dimensión de libertad ilimitada. Esta libertad ilimitada ha sido la máscara de la esclavización de la mayoría de la humanidad, la libertad neoliberal, la libertad norteamericana, la libertad de la constitución americana, una constitución escrita por negreros, por esclavistas. Cuando en la convención que escribió la declaración constitucional americana se planteó el problema de la esclavitud se decidió posponer la discusión. ¿Resultado? Hoy el neoliberalismo reproduce un efecto de esclavitud masiva y generalizada.

Ahora estamos al borde de la muerte de la civilización blanca. Eso nos parece un abismo espantoso y catastrófico, ¡pero no lo es! Porque la muerte es una experiencia de vida. Hay que pensar la muerte como límite, como condición de libertad, la libre muerte, la libertad de morir. Pero estamos fascinados por una pretensión histérica de ilimitación de nuestra potencia, romántica y fascista. Pensar la muerte, ironizar sobre ella, como hace Salman Rushdie en su última novela Quijote, es la única posibilidad de salir de la historia de Occidente, de la histeria asesina y suicida de Occidente, de la idea de la ilimitación de la potencia.

La base de este texto es la conversación que tuvo lugar entre Franco Berardi (Bifo) y Amador Fernández-Savater en La Maliciosa (Madrid) el 24 de marzo de 2022.

Amador Fernández-Savater 10/04/2022

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Posiciones de defensa ucranianas en Lugansk, frenando operaciones rusas.. Imagen: AFP

La ciudad portuaria ya estaría ocupada según los separatistas prorrusos

Rusia lleva semanas asediando Mariupol, cuya captura les permitiría consolidar sus conquistas territoriales en la franja costera a lo largo del mar de Azov, conectando así las dos provincias que forman el Donbass (Lugansk y Donetsk) con la península de Crimea, anexionada por Moscú en 2014.

Las fuerzas ucranianas aseguraron el lunes que temen la caída inminente de Mariupol, una ciudad estratégica en el sudeste del país asediada desde hace más de 40 días por el Ejército ruso, y cuyo puerto estaría ya ocupado según los separatistas prorrusos. Autoridades de Ucrania dicen que hasta diez mil personas podrían haber muerto luego de más de 40 días de asedio y bombardeos rusos a esta ciudad situada a orillas del mar de Azov, y que varios cuerpos siguen tirados en las calles. Mientras tanto el canciller ruso, Serguei Lavrov, aseguró que la operación especial de Rusia en Ucrania está destinada a poner fin a "la expansión temeraria y al curso imprudente de la dominación total de Estados Unidos y el resto de los países occidentales".

"Las tropas rusas pasarán a una ofensiva aún más grande en el este de nuestro país. Pueden utilizar contra nosotros más misiles y más bombas aéreas, pero nosotros nos estamos preparando para esas acciones y vamos a responder", señaló el presidente ucraniano Volodimir Zelenski. "Vemos la concentración de tropas y de equipos en el este y el sur de nuestro país. Sabemos qué es lo que quieren hacer y entendemos que de la velocidad del envío de ayuda, sobre todo la de Estados Unidos, dependerá si podremos resistir o no", dijo el mandatario en una entrevista a la cadena CNN.

El líder de la autoproclamada república popular de Donetsk, Denis Pushilin, confirmó las palabras de Zelenski sobre un recrudecimiento próximo en el campo de batalla en el este de Ucrania. "Respecto al puerto de Mariupol, está ahora bajo nuestro control", declaró Pushilin a la televisión pública rusa. Rusia lleva semanas asediando Mariupol, cuya captura les permitiría consolidar sus conquistas territoriales en la franja costera a lo largo del mar de Azov, conectando así las dos provincias que forman el Donbass (Lugansk y Donetsk) con la península de Crimea, anexionada por Moscú en 2014.

Analistas especulan con que Putin se quiere asegurar una victoria en el Donbass antes del desfile militar del nueve de mayo en la Plaza Roja, que marca la victoria soviética sobre los nazis. "La batalla por el Donbass durará varios días", alertó en Facebook Serguei Gaidai, gobernador de Lugansk, llamando nuevamente a los civiles a abandonar la zona. Según Gaidai, "el escenario de Mariupol se puede repetir en Lugansk".

En tanto la región de Jarkov, una de las más castigadas en el este del país por las hostilidades de la campaña militar rusa, habría sido bombardeada en 66 ocasiones en las últimas 24 horas en unos ataques que causaron al menos 11 muertos y 14 heridos. Así lo anunció el jefe de la Administración Militar Regional, Oleg Siniegubov, quien agregó que los ataques incluyeron bombardeos con artillería, morteros y sistemas lanzacohetes múltiples rusos.

En Rusia, el ministerio de Defensa dijo que había destruido varios sistemas de defensa antiaéreos en provincias del este y sur de Ucrania vecinas o cercanas al Donbass que, según el gobierno ucraniano, son clave para resistir la operación militar rusa. En uno de los ataques, Moscú dijo que alcanzó cuatro lanzaderas de misiles S-300 cerca de la ciudad de Dnipro que habían sido suministardas a Ucrania por un país europeo al que no mencionó.

Lavrov contra la "dominación total" de EEUU

Este lunes el ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, aseguró que su país no detendrá la operación militar en Ucrania para las siguientes rondas de conversaciones de paz. "Nuestra operación militar especial está destinada a poner fin a la expansión temeraria y al curso imprudente de la dominación total de Estados Unidos y, bajo ella, del resto de los países occidentales. Una dominación que se construye en flagrante violación del derecho internacional, según unas reglas que solo ahora repiten y que desarrollan de forma puntual", dijo Lavrov en una entrevista con Russia 24.

El canciller ruso, además, condenó las declaraciones del jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, de que no existe alternativa a una solución militar del conflicto en Ucrania. "Se trata de una reacción personal acumulada, o bien de un lapsus o bien que hizo pública una cosa que nadie le encomendó divulgar. Pero se trata de una declaración inaudita, por supuesto", planteó Lavrov.

En el plano diplomático Zelenski llamó a los países occidentales a "seguir el ejemplo del Reino Unido", cuyo primer ministro Boris Johnson realizó una visita sorpresa a Ucrania el sábado, y les pidió que impongan "un embargo total a los hidrocarburos rusos". Reunidos en Luxemburgo, los cancilleres de la Unión Europea estudiaron este lunes un sexto paquete de sanciones contra Moscú, que sin embargo no afectará las compras de petróleo y gas. 

Mientras tanto, el éxodo de empresas occidentales de Rusia continúa. Este lunes, el banco francés Societé Générale se sumó a la lista de compañías que anunciaron el cese de sus actividades en el país desde la invasión de Ucrania. Pocas horas después, el fabricante sueco de equipamiento para telecomunicaciones Ericsson anunció que suspendía sus actividades en Rusia, donde abastece a dos de los principales operadores de telefonía móvil.

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El secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, posan en una foto de familia con los ministros de Exteriores en Bruselas. — Evelyn Hockstein / Reuters

Los dos países bálticos podrían recibir su invitación en la cumbre que la Alianza celebra en junio en Madrid. El Kremlin, que lo ve una provocación, advierte de consecuencias graves.

 

La guerra en Ucrania constituye un "cambio tectónico" en la historia de Europa. En un mes y medio de invasión rusa, muchas cosas ya han cambiado para siempre en el orden global. Dentro de la UE se han roto numerosos tabúes. Dos hechos en dos países son especialmente notables: el fin a la política no armamentística en Alemania y el posible adiós a la neutralidad no alineada de Finlandia y Suecia.

Una de las consecuencias directas de la contienda en Ucrania podría ser la adhesión a la Alianza Atlántica de los dos países bálticos, que tradicionalmente se han mantenido alejados del foro militar. En Estocolmo, el apoyo a formar parte del mayor foro de defensivo del mundo ha pasado del 35% al 46%; en Helsinki supera ya el 60%. Por primera vez desde la Guerra Fría, los dos países debaten seriamente la unión a la OTAN.

¿Cuándo?

La última reunión que los ministros celebraron esta semana en los cuarteles generales ya debatió este paso. Fuentes aliadas afirman que la cita de junio en Madrid, a la que se refieren como la cumbre de la OTAN "del siglo", podría representar la invitación oficial. Eso sí, solo se hará si los dos países expresan previamente a Jens Stoltenberg su voluntad y su deseo de dar este paso. No se darán pasos de ciego. Finlandia prevé tomar una decisión al respecto antes de verano y lo que hagan los suecos estará muy influenciado por su vecino.

¿Cómo es el proceso?

Mucho más rápido que, por ejemplo, la incorporación a la UE, cuyo procedimiento se prolonga de medio una década en medio de reuniones maratonianas, incontables reformas y miles de páginas de análisis. La incorporación a la OTAN podría formalizarse en poco más de cuatro meses. Se necesita unanimidad de los Treinta, pero en la Alianza confían en que todos apoyarían la decisión. El mayor impedimento vendría de la necesidad de ratificarlo en los 30 Parlamentos nacionales.

¿Por qué?

Ucrania es un país socio y en 2008 la OTAN le abrió la puerta. Pero su entrada no se prevé como un escenario realista en el corto plazo. Tampoco lo era en la antesala de la guerra. Ser miembro de la Alianza Atlántica implica estar bajo el paraguas del Artículo 5, la cláusula de defensa colectiva (solo activada tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York). Si Ucrania hubiese sido parte del foro defensivo, el resto de países habrían estado obligados a intervenir de manera directa en el conflicto y en el cuerpo a cuerpo bélico con Rusia. Esta situación de inestabilidad global y de vecino cada vez más amenazante e imprevisible ha impulsado un cambio de paradigma en la sociedad y en la política finlandesa y suecas. El miedo a un ataque futuro ha derribado la tradicional postura no alineada de los dos países.

¿Cuál es la situación actual?

Finlandia y Suecia son países de la UE, pero no de la OTAN. Una coyuntura que comparten con Austria, Malta, Chipre e Irlanda. Finlandia es el único caso que, además, comparte frontera con Rusia: más de 1.300 kilómetros. El bloque comunitario cuenta con su propia cláusula de defensa: el Artículo 42.7 de los Tratados. Pero es mucho más limitado. Establece que ante el ataque a un Estado miembro, el resto de países europeos deben proporcionarle ayuda. Pero este instrumento es más débil que el de la Alianza, principalmente por la ausencia de los ejércitos estadounidense, británico o turco.

Tras la Guerra Fría, los países adoptaron una postura no alineada, que le permitió consagrar su independencia a cambio de mantener un estatus de neutralidad. De hecho, poco antes de que comenzase la invasión rusa, el propio Emmanuel Macron, presidente francés, planteó la vía de la "finlandización" (un término peyorativo en el país) para Ucrania como vía para apaciguar a Moscú.

Pero lo cierto es que desde la agresión a Crimea y al Donbás de 2015 los dos países han estrechado sus lazos con el foro militar participando en entrenamientos conjuntos.

Posibles consecuencias

Rusia ya ha avisado de graves consecuencias si este movimiento se consuma. El Kremlin ha advertido recientemente de que la entrada de Finlandia y Suecia supondría un "reequilibrio de la situación", aunque ha rebajado la tensión asegurando que no sería una "amenaza existencial" para el país. Una de las razones que Vladimir Putin alegó para invadir Ucrania fue su rechazo a la entrada de este país a la OTAN y a la expansión de esta organización cerca de sus fronteras. Desde la desintegración de la Unión Soviética, cada vez más países del Este se han unido al foro.

La gran incógnita es cómo reaccionará Rusia a este hecho, cada vez más próximo e inimaginable hace unos meses. Es difícil imaginar que a Putin, con una guerra que parece no estar saliendo todo lo bien que preveía y esperaba, le interese atacar uno de estos países y propiciar una guerra abierta y frontal con la OTAN.

De momento, en la Alianza se jactan de que el presidente ruso está consiguiendo lo contrario de lo que anhelaba: acercar a Ucrania a Occidente; empujar a Suecia y Finlandia hacia la OTAN; y rearmar las fronteras del flanco oriental y un despliegue militar a niveles no vistos desde la Guerra Fría.

Bruselas

11/04/2022 07:20

Por María G. Zornoza@MariaGZornoza

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Lunes, 11 Abril 2022 05:26

Noticias perdidas

Nunca en 31 años una guerra había recibido tanta atención de los noticieros estadunidenses como la invasión rusa a Ucrania. Los informes sobre la emergencia ecológica que enfrenta el planeta, apenas y aparecen como nota principal. El pasado día 6 más de mil científicos participaron en un acto de desobediencia civil (en la imagen) ante la gravedad de la crisis ecológica del planeta. Foto Scientist Rebellion (Facebook)

American curios

 

 

Con una guerra muy bienvenida por Estados Unidos –por fin una en que Washington puede jugar el papel de defensor de la ley internacional, campeón antintervencionista, promotor de los derechos humanos, denunciante de oligarcas y guardián del "mundo libre"– muchas noticias importantes –tal vez las más– son desplazadas a segundo lugar o perdidas por completo. Por ejemplo:

Detrás de esa palabra abstracta de "inflación" que está de moda otra vez, se oculta el hecho de que las empresas estadunidenses están gozando de las ganancias más elevadas en 70 años, al cobrar cada vez más a los consumidores, todo mientras la mayoría de trabajadores no han tenido un incremento en sus sueldos en términos reales en cuatro décadas.

Junto con ello, los 704 multimillonarios estadunidenses (con fortunas mayores a mil millones de dólares, aumentaron 1.7 billones de dólares su fortuna colectiva desde el inicio de la pandemia en marzo de 2020 –incremento de 57 por ciento– para llegar a un total de 4.6 billones de dólares, según el informe más reciente del Institute for Policy Studies y Americans for Tax Fairness. Eso supera por un tercio el valor neto de la mitad de la sociedad estadunidense, unos 65 millones de hogares. A pesar de tanta retórica oficial sobre los "nefastos oligarcas" rusos, en Washington se prefiere no hablar tanto de sus contrapartes estadunidenses.

Mientras, un nuevo informe y el primero en responsabilizar a 160 países por los daños ecológicos provocados con su uso excesivo de recursos naturales durante el último medio siglo, concluyó que Estados Unidos es el mayor culpable, seguido de la Unión Europea y otros países de altos ingresos que colectivamente son responsables por 74 por ciento del uso excesivo de recursos, mientras los países del sur global, incluida América Latina, son responsables de sólo 8 por ciento (https://www.thelancet.com/journals/lanplh/article/PIIS2542-5196(22)00044-4/fulltext).

Ésta, como otras noticias recientes sobre la emergencia ecológica que enfrenta el planeta, sólo aparecen brevemente como principales, antes de que una cachetada en los Óscar, o algo parecido, las relega a la sección de ciencias.

Ante ello, el 6 de abril, en la acción de desobediencia civil de científicos más grande jamás efectuada, más de mil científicos participaron en una "rebelión" arriesgando arresto en más de 25 países, incluido Estados Unidos, contra instituciones bancarias, gubernamentales y científicas para resaltar la urgencia e injusticia de la crisis ecológica (https://scientistrebellion.com/press/)

Por otro lado, el nivel de censura contra libros impulsada por la derecha no tiene precedente en este país según nuevos datos: en 2021 hubo 729 intentos por prohibir unos mil 597 libros en el país, según la Asociación Americana de Bibliotecarios, con la mayoría de los intentos enfocados sobre libros que abordan o que son escritos por afroestadunidenses o la comunidad LGBT. Según PEN America, en otra investigación, se ha logrado imponer mil 586 prohibiciones contra libros en 86 distritos escolares de 26 estados durante los últimos nueve meses (https://pen.org/press-release/report-1586-school-book-bans-and-restrictions-in-86-school-districts-across-26-states/).

En otra noticia, más de 200 tiendas de Starbucks han solicitado su sindicalización, el doble del número de hace apenas seis semanas; 13 ya lo han logrado recientemente derrotando por primera vez en su historia el intenso esfuerzo antisindical de la empresa. Mientras, el festejo por el triunfo de la sindicalización de la primera planta de Amazon en la historia hace unos días se vuelve un impulsor de campañas similares en otras partes del país.

Nunca en 31 años una guerra había recibido tanta atención de los principales noticieros estadunidenses como la invasión rusa a Ucrania, incluidas las invasiones de éste a otros países en ese periodo (https://responsiblestatecraft.org/2022/04/08/networks-covered-the-war-in-ukraine-more-than-the-us-invasion-of-iraq/).

A veces las guerras pueden servir también para distraer y dejar perdidas otras noticias.

The Beatles. A Day in the Life. https://open.spotify.com/track/0hKRSZhUGEhKU6aNSPBACZ?si=4c30815fc7e34427

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Lunes, 11 Abril 2022 05:09

El silencio sobre las bajas rusas

El silencio sobre las bajas rusas

¿Podía Putin desconocer que los reclutas rusos estaban siendo enviados a Ucrania sin entrenamiento?

A Ivan le faltaba un día para cumplir 22 años. Cayó el primer día de la guerra. Su madre, Irina, recibió el comunicado de su muerte a través de Internet, del comandante, informándola que su hijo había caído durante los combates. No respondió a sus llamadas, no le explicó nada, pero Irina no podía creerlo. Porque su hijo nunca ha peleado, y solo ha empuñado un arma dos veces en su vida: para una foto de recuerdo del ejército, que pensó le mostraría a sus nietos más tarde.

El Ministerio de Defensa, la fiscalía militar e incluso el comandante de la unidad donde Iván hacía el servicio militar obligatorio desde octubre de 2021, no tenían nada que decirle a Irina. “En la oficina de reclutamiento militar nos dijeron que nos enviaron la noticia de su muerte demasiado rápido, y que tuvimos suerte, porque otros todavía no saben qué está pasando con sus hijos”, dijo la madre de Iván a “Novaya Gazeta” a principios de marzo, todavía con su nombre real.

¿Por qué crear confusión?

Dado que las autoridades rusas, por temor a "la difusión de noticias falsas", obligaron a la redacción de "Novaya Gazeta" a retirar los textos sobre las bajas del ejército ruso, Irina teme que hablar con los medios incomoda a las autoridades. Pero no piensa en esos 15 o 20 años de prisión por criticar o decir la verdad sobre el "operativo militar especial" no reconocido por las autoridades, o por traición a la patria, de la que cualquiera podría ser acusado por cuestionar la eficacia o la idoneidad de las operaciones militares rusas. Tiene miedo de no volver a ver a su hijo. Porque el cuerpo de Vania no ha sido devuelto y no sabe dónde está. La oficina de reclutamiento militar informó de inmediato a Irina que "el cuerpo no será devuelto hasta que finalice la operación militar, para no crear pánico".

Los funcionarios de las regiones rusas e incluso los periodistas reciben instrucciones similares. Un amigo reportero, que trabaja para un periódico en Siberia, me dijo: "Nosotros y muchas otras salas de redacción hemos recibido la orden de no publicar información sobre soldados muertos en nuestra región. Nos dicen que no debemos crear confusión y que los entierros se realizarán más tarde. Muchas editoriales han tenido que retirar estas noticias de sus publicaciones".

La familia de Iván se despide de él sobre una tumba vacía. La fosa, de varios metros de profundidad, está ahora protegida por una lona.

Perros salvajes

El presidente de Ucrania, Volodymir Zelensky, alertado de la situación, ha pedido ayuda a la Cruz Roja para evacuar los cuerpos de los soldados rusos. Sus palabras son confirmadas por Valentina Mielnikova, fundadora del Comité de Madres de Soldados de toda Rusia: "Los nuestros nunca han tenido la costumbre de recoger los cuerpos de los muertos. Y no siempre recogen a los heridos. Es más barato escribir que el soldado desapareció sin dejar rastro. Las autoridades se ahorran el transporte de los restos a las familias de los fallecidos. En caso de "desaparición", estos últimos no tienen derecho a las prestaciones estatales".

En su libro "Ataúdes de zinc", Svetlana Alexievitch describió cómo, hace 40 años, las madres y esposas rusas recibían ataúdes de zinc, atornillados y sellados, lastrados con tierra para que pesaran como restos humanos.

En sus informes del Donbass en 2014, Elena Kostyuchenko reveló que las autoridades, para ocultar el alcance de las pérdidas a la sociedad y los medios, no devolvieron los cuerpos de sus seres queridos a las familias durante semanas, a menudo permitiendo que se descompusieran. Dmytro Tymchuk, bloguero y soldado ucraniano, afirmó que los rusos estaban lanzando los cuerpos de los soldados muertos a pozos de minas en desuso en Donbass.

Hoy, la redacción de "The Telegraph" informa que el ejército ruso utiliza masivamente los llamados crematorios móviles, en realidad instalaciones diseñadas para destruir desechos biológicos peligrosos, producidos por una empresa en San Petersburgo. Los cuerpos de los soldados, a los que no pueden evacuar ni incinerar, son despojados de sus documentos y cédulas militares para impedir su identificación.

Por su parte, la senadora rusa Loudmila Naroussova ha declarado que en Ucrania “los perros callejeros salvajes olfatean los cuerpos de los soldados rusos que no han sido devueltos al suelo”.

Vania, el genial manitas

En sus entrevistas con "The Telegraph", medios locales e internacionales, activistas y defensores de los derechos humanos han informado que los soldados rusos están enterrados en tumbas sin marcar para ocultar que habían luchado en Ucrania. Por su parte, "The Washington Post" publicó que una de las secciones del Comité de Madres de Soldados acusó a Vladimir Putin de violar el derecho internacional. El editorial cita la declaración del Comité: "Los comandantes rusos obligaron a los soldados a luchar ilegalmente en Ucrania. Y ahora nosotras, las madres, recibimos anónimamente los ataúdes con nuestros hijos".

“Esto es lo que necesitas saber sobre la actitud del enemigo hacia sus propios soldados. Mientras tanto, los soldados ucranianos muertos son acompañados en su último viaje como héroes”, comentó el Comando Operativo “Pivnitch”.

Pero Irina aún no es consciente de estas prácticas. Todavía tiene la esperanza de poder despedirse de su hijo. Cuanto más hablamos, más se ahoga en lágrimas. "¿Dónde está mi hijo? Dijo que iría a Bielorrusia para entrenarse. ¿Cómo pueden enviar a un recluta a la guerra? No sabe pelear. No quería. ¡Lo engañaron!".

Conozco algo más de este chico en las redes sociales, y en algunos textos raros de publicaciones independientes rusas -borrados de la web bajo la presión de las autoridades- que lo describían como un manitas capaz de hacer de todo, graduado de una escuela secundaria vocacional, Vania es decrito como trabajador, que hacía horas extras en obras y talleres en los pueblos de los alrededores. No era raro -como contó su abuela a "Novaya Gazeta"- que para llegar al trabajo tuviera que caminar de 10 a 20 kilómetros. Estaba ahorrando para su boda, pues un año antes le había declarado su amor a Katia, de la misma edad. Se conocían desde la infancia. En otoño, antes de partir para el ejército, le pidió a la familia que le enviara la foto del cachorro que había recogido unas semanas antes. "Quería ver cómo estaba creciendo", dijo la abuela del chico. En la foto, en su perfil en el sitio VK, un chico de cabello oscuro sonríe, con ojos grandes y rasgos faciales aún tiernos, algo infantiles.

Los muchachos que hacen el servicio militar obligatorio inmediatamente después de la escuela secundaria, o entre el primer y segundo nivel de estudios, a menudo terminan en el ejército, porque no tienen medios ni posibilidades de escapar. En internet, guías como "¿Cómo evitar ir al ejército de forma legal?" gozan de enorme popularidad, y los médicos, por sumas que van desde varias decenas hasta varios cientos de miles de rublos, emiten certificados de incapacidad para los chicos de buenas familias.

"Hace unos años, a mis padres les costó alrededor de 5.000 euros", dice Pavel, de 29 años, de Volgogrado, que tiene miedo al ejército, consciente de la violencia, la persecución y las torturas a las que son sometidos los reclutas, lo que se conoce como 'dédovchtchina' (novatadas crueles). Pero solo pueden escapar al servicio militar un puñado de privilegiados que no solo tienen dinero sino también contactos.

Reclutas, por lo tanto profesionales

Todos los días, las familias de los conscriptos se presentan ante el Comité de Madres de Soldados, una organización que se ocupa de la protección de los derechos de los soldados. El número de llamadas telefónicas aumentó hacia fines de febrero. Sus hijos fueron obligados a firmar urgentemente un acuerdo contractual que preveía un cambio de estatus de "reclutas" a "profesionales", o fueron enviados a los campamentos de las unidades militares ubicadas cerca de la frontera con Ucrania. El Comité ha comenzado a recopilar pruebas para presentar denuncias ante la fiscalía militar. Las autoridades tradicionalmente no dicen nada, solo aseguran que "en la operación militar especial sólo participan soldados profesionales".

Los periodistas de las publicaciones rusas independientes han hablado repetidamente con las madres de conscriptos desde el primer día de la guerra. Alona, ​​​​entrevistada por Meduza, dice a los editores que, en este momento: "Estoy en pánico. ¿Dónde está mi hijo? Me llamó por última vez el 22 de febrero, dijo que no podía hablar, que las conversaciones estaban siendo grabadas".

Los comentarios de padres y madres, publicados por los sitios independientes Meduza, "Novaia Gazeta", Mediazona y Zerkao.io, entre otros, muestran que las autoridades utilizaron el mismo esquema con los soldados recién reclutados. Primero, con el pretexto de participar en ejercicios organizados a mediados de febrero de forma conjunta por Rusia y Bielorrusia, fueron transportados desde varias unidades, incluso de las más alejadas de Rusia, hasta la frontera con Ucrania. Luego se les daban órdenes, cuya complejidad algunos soldados empezaron a percibir sólo a posteriori, porque los ejercicios eran demasiado reales y hacían pensar en la ejecución de un plan de invasión. Les confiscaron los teléfonos y les entregaron armas.

A los que tenían dudas, como escribe el escrito de Zerkalo.io, se les recordó las penas previstas para la "deserción" y la "traición a la patria".

¡Mamá, es la guerra!

No todos los padres creyeron a sus hijos, quienes los llamaron a escondidas y hablaron de sus temores de que "algo se estaba gestando", mientras los ejercicios de entrenamiento se prolongaban y el mando los acercaba cada vez más a la frontera. Léna, la madre de Pavel, de 18 años, le dijo a la redacción de Svoboda: "Vi las noticias y me reí de ese estúpido y falso Occidente que anunciaba la guerra. Después de todo, sabía por mi hijo que eran unos meros ejercicios", exigentes tal vez, pero es tan joven, sin entrenamiento y enfermizo. Pensé que estaba exagerando. Le expliqué que Occidente estaba mintiendo, y que no se preocupara, que no habría guerra. Solo me preguntaba por qué estaban durmiendo en camiones. Cuando me llamó la noche del 24 de febrero, gritó: "¡Mamá, nos traicionaron! ¡Nos engañaron! Esto es la guerra !"

Durante los "entrenamientos", los comandantes alentaron u obligaron a muchos reclutas a firmar contratos de alistamiento de 20 a 30.000 rublos [aprox. 200 € - NdT], prometiendo que podrían rescindirlos fácilmente. Olga Larkina, presidenta del Comité de Madres de Soldados, comentó a fines de febrero: "Las madres dicen que sus hijos las llaman diciendo que les obligan a firmar contratos. No sabemos cómo. Las que han logrado contactar a sus familias han dicho que les habían quitado las libretas militares, les habían puesto sellos, y los recalificaban como soldados profesionales”.

"Novaya Gazeta" reveló que si los comandantes no convencian a los reclutas, firmaban los contratos ellos mismos en lugar de los soldados que tenían bajo su mando. Los maltrataban física o psicológicamente, enviándolos a los campos de entrenamiento y ordenando ejercicios más allá de las fuerzas de los jóvenes, para quebrarlos.

También utilizaban provocaciones. "Mamá, nos rodearon y dijeron que eramos enviados voluntariamente a Bielorrusia. El comandante dijo que teníamos que estar estacionados en Bryansk, aunque fueron ellos quienes nos trajeron aquí a toda prisa. Dijo que somos desertores, y que o atacabamos a los ucranianos o seríamos transferidos a un batallón disciplinario de criminales. Yo firmé”. Así contó a "Novaya Gazeta" la madre de un militar de 23 años la conversación con su hijo.
La última vez que tuvo contacto con su hijo fue el 24 de febrero a las 4:30 am. Detrás, escuchabamos disparos y el sonido de aviones. "Mamá, nos subimos a los camiones y nos vamos. Te amo. Si recibes un comunicado de muerte, no lo creas de inmediato" – le había dicho.

A los jóvenes soldados, que muchas veces no sabían en qué había consistido "la reconquista de Crimea", ya que entonces eran niños, los comandantes les explicaron que su objetivo era "la liberación del pueblo ucraniano de manos de los nazis" y "la protección de la población ucraniana de habla rusa víctima de un genocidio". "Estamos por la paz. Estableceremos la paz en Ucrania. Hay que salvarla", declararon unos soldados rusos de 19 años reunidos en Crimea en enero por periodistas de "Novaya Gazeta". La transcripción de las entrevistas muestra que ninguno de estos soldados se daba cuenta de las verdaderas intenciones de las autoridades.

Esto lo confirma la parte ucraniana, que ha pedido repetidamente a las autoridades rusas que perdonen a "sus hijos". También Serhiy Kyslytsya, embajador de Ucrania ante la ONU, informó sobre el grado de conocimiento que tienen los soldados rusos de las operaciones que realizan sus ejércitos. Durante la sesión especial de la ONU, leyó los mensajes de texto que un soldado ruso fallecido envió a su madre antes de morir: "Mamá, estoy en Ucrania. Es la guerra de verdad. Tengo miedo. Estamos disparando a todo, incluso a los civiles. Dijeron que seríamos bienvenidos, pero se tiran debajo de nuestros vehículos. Nos llaman fascistas. Mamá, me siento fatal”.

Putin asombrado

Durante días, las autoridades rusas cuestionaron estas informaciones. Informaron de los soldados muertos dos veces: el 2 de marzo, el Ministerio de Defensa declaró que 498 soldados murieron durante la "operación militar especial", y el viernes siguiente 1.351. A su vez, el portavoz del Kremlin destacó que el presidente de Rusia, como " comandante en jefe", conoce las cifras precisas, pero "no puede divulgarlas".

Los activistas rusos son irónicos y llaman la atención sobre el hecho de que uno puede tener algunas dudas sobre el grado de conciencia de Vladimir Putin.

En su tradicional discurso a las mujeres pronunciado el 8 de marzo, Putin, el presidente de Rusia, dijo claramente: "Los soldados que hacen su servicio militar no participan en el combate... Tales obligaciones las llevan a cabo soldados profesionales". Al hacerlo, ignoró por completo la intervención de la senadora Ludmila Naroussova quien, cuatro días antes, durante la sesión del Consejo de la Federación de Rusia -con base en datos obtenidos del departamento militar- informó de las importantes pérdidas entre los soldados reclutados que cumplían su servicio militar obligatorio. "Los obligaron a firmar un compromiso, o se firmó por ellos. De una compañía de 100 soldados solo sobrevivieron cuatro", explicó.

El 9 de marzo, en reacción al comunicado de prensa del Ministerio de Defensa -que reconocía que "se ha descubierto la presencia de conscriptos en el territorio de Ucrania"-, Vladimir Putin exigió a la Fiscalía Militar Superior que explicara por qué un ejército no profesional se encuentra en una zona de combate, y que se impongan sanciones a los responsables de enviar reclutas a Ucrania. Aunque han pasado más de dos semanas desde entonces, el portavoz del Kremlin informó que el presidente de Rusia aún no ha recibido una explicación sobre los motivos de la presencia de conscriptos en el frente.
La mayoría de las veces, es a través de Internet como los padres se enteran de que sus hijos se encuentran prisioneros en Ucrania, por ejemplo, en el sitio 200rf.com creado por las autoridades ucranianas, donde publican fotos y videos de los prisioneros. El hermano de Danilo Vorobyov, uno de estos militares, dijo durante una entrevista a Radio Svoboda que la familia, tras alertar a las autoridades, fue objeto de burlas. "Se rieron de nosotros. Nos dijeron que nos equivocábamos. Sin embargo, lo vemos claramente en el video. Por cierto, los ucranianos le permitieron llamar a  casa de su madre y hablar un rato. Ni siquiera sabía a dónde lo habían enviado, o con qué propósito. Debe haber sido un ejercicio con las tropas bielorrusas".

Por las grabaciones publicadas por las autoridades ucranianas, nos enteramos de que los chicos no entienden "por qué los enviamos allí". Muchos de ellos repiten que fueron enviados a ejercicios, y pocas horas antes del inicio de la guerra les dijeron que iban al frente. "Mamá, papá, no quería ir a Ucrania. Nos dijeron que íbamos a hacer ejercicios con la Brigada 25. Luego, en la noche del 25 de febrero, dijeron que íbamos a Ucrania y cruzamos la frontera, dijo uno de los prisioneros.

Las palabras de los prisioneros son confirmadas por Albert Sachibgarieyev, un soldado profesional de 25 años, el primer desertor conocido con nombre y apellido, que se negó a participar en los combates contra Ucrania y regresó a casa desde el frente. En una entrevista con el portal Meduza, dice: "No nos explicaron nada. Nos ordenaron cargar la munición en los camiones. Dijeron que íbamos a cambiar de posición. Dedujimos que era la guerra, cuando comenzaron a dispararnos y nosotros devolvimos el fuego. Antes pensábamos que eran ejercicios. No sabíamos que disparábamos contra los ucranianos. En el ejército no hay lugar para preguntas. Cuando recibes una orden, la ejecutas”.

El muchacho -como explica Meduza a partir de los documentos mostrados a la redacción- tras huir del frente para volver a su ciudad natal de Ufa, escribió una carta exigiendo su exclusión del ejército. "La participación forzada en la operación militar especial es contraria a mis creencias", dijo. En opinión de los abogados, no evitará la cárcel.

Cuando llamo a la sede del Comité de Madres de Soldados sobre este asunto, escucho que desde marzo ya no conceden declaraciones a los medios occidentales. En el Ministerio de Defensa de Rusia, una persona con una voz agradable, después de escuchar mi pregunta, colgó delicadamente.


Al mismo tiempo, la sección rusa de la BBC publicó los resultados de la investigación. Los periodistas lograron confirmar que "cargamentos 200" - así es como en la jerga militar hablamos de los cuerpos de los soldados muertos - llegarán a por lo menos 70 de las 85 regiones rusas. En algunas de estas regiones ya se habían realizado entierros individuales al comienzo de la guerra. Como escribió la redacción de Radio Svoboda, las madres de los soldados muertos habrían recibido cartas de agradecimiento de las autoridades con estas palabras: "Te agradecemos haber criado a tu hijo".

Es imposible estimar el número exacto de muertos, al igual que el número de reclutas obligados a participar en esta guerra. Probablemente nunca sea posible, dada la forma en que las autoridades rusas protegen la información sobre sus bajas. Según estimaciones de la inteligencia estadounidense, basadas en análisis de medios, fotos satelitales, fotos de soldados y equipos expuestos al fuego, perecieron al menos siete mil miembros del ejército ruso.

Generación P

Gimnasio de una escuela en el Óblast de Kamerovo. En la sala, los familiares de los soldados reclutas, que llegaron el 5 de marzo para una reunión con el gobernador Sergei Tsyviliov.

"¡¿Dónde está mi hijo?! Los engañamos a todos. Se suponía que iban a entrenar a Bielorrusia. ¿Por qué enviaron a nuestros muchachos allí? No tienen preparación. ¡Solo tienen 20 años! Y tu hijo, ¿dónde está?" ?! ¡¿Él está estudiando?!" - grita una de las madres. Los demás la siguen: "¡Usaste a nuestros hijos como carne de cañón!" Molesto, el gobernador responde: "Es un operativo militar especial. No hacemos comentarios. Mientras dure este operativo, está prohibido criticar a nadie". Y sale de la habitación.

Sergei Medvediev, politólogo y periodista ruso que escribe sobre la guerra en Ucrania, comenta: "Todos mis pensamientos están ahora con Ucrania, pero no puedo evitar pensar en esos chicos rusos nacidos en los años 2000-2002, que hacían ejercicios militares y de repente se convirtieron en soldados profesionales. De reclutas se convirtieron en carne de cañón. Esta es la generación P, nacida durante el reinado de Putin, y que ni siquiera sabía que había un mundo sin Putin. A menudo escribí sobre ellos y hablé con sociólogos que estudiaron sus preferencias políticas y modelos culturales. Pensamos que eran nativos digitales, nacidos con smartphones en la mano; hablamos de zoomers, tiktokers. Y ahora la Generación P arde dentro de los tanques y permanece enterrada en la tierra virgen ucraniana, sin haber podido darse cuenta de que había un mundo sin Putin".

Se han cambiado algunos nombres por razones de seguridad.

07/04/2022

Wiktoria Bieliaszyn

periodista de "Gazeta Wyborcza". Se especializa en temas relacionados con Europa del Este. También publicado en "Polityka", "Tygodnik Powszechny", OKO.press, Die Welt, La Repubblica y Meduza. Reportaje publicado el 24 de marzo de 2022 en "Gazeta Wyborcza", el principal diario polaco. - Traducido del polaco por Stefan Bekier.

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Putin y el crimen de agresión. Entrevista con Philippe Sands

“La verdad, me gustaría estar en Leópolis”, afirma Philippe Sands desde su oficina de Londres. "Es por mi relación con la gente que conozco y que hoy vive allí. Pero es que también es el lugar en el que nació mi abuelo. Se escapó cuando tenía diez años. La estación de tren de Leópolis es la misma desde la que mi abuelo huyó de los rusos. La historia da muchas vueltas".

Destacado abogado internacional, que ha actuado como asesor de las Islas Salomón, Georgia y Gambia en el Tribunal Internacional de Justicia, Sands es también un autor célebre. En Calle Este-Oeste relata la invención de dos conceptos jurídicos – el de "crímenes contra la humanidad" y el de "genocidio"- y su intersección con la vida de su abuelo. Sands desveló de qué modo dos hombres, Hersch Lauterpacht y Raphael Lemkin, estuvieron en el orígen de esos conceptos enfrentados mientras eran profesores de Derecho en la ciudad que fue primero Lemberg, luego Lwów y ahora es Lviv [Leópolis]. Se trata de una compleja disputa jurídica que cambió el curso de los juicios de Núremberg y el futuro del Derecho internacional.

Poco después de que Rusia invadiera Ucrania, Sands sostuvo en el Financial Times que, si bien apoyaba las recién anunciadas investigaciones del Tribunal Penal Internacional sobre crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, debería haber también una investigación inmediata por el crimen de agresión.

La propuesta de Sands no tardó en cobrar fuerza, y el ex primer ministro británico Gordon Brown se sumó a Sands para proponer la creación de un tribunal especial que pudiera investigar el crimen de agresión. Entre los firmantes del plan se encuentran decenas de personalidades de la política y el Derecho internacionales, así como escritores e intelectuales públicos.

Sam Wolfson, del diario The Guardian, conversó con Sands para entender los orígenes del crimen de agresión y su importancia en la guerra de Ucrania.

¿Podría explicarnos por qué es importante comenzar ahora las investigaciones y hasta iniciar procesos judiciales, mientras las bombas siguen cayendo, la gente sigue muriendo y la guerra no tiene un final evidente a la vista? ¿Cuál es la urgencia de una respuesta legal? Núremberg tuvo lugar después de que terminara la Segunda Guerra Mundial.

Las distintas comunidades hacen lo que pueden. En esos momentos, la comunidad médica proporciona asistencia médica, la comunidad artística proporciona apoyo moral, los escritores redactan peticiones. ¿Y qué pueden hacer los abogados? Somos bastante inútiles, pero tenemos el Derecho.  Eso es lo que conocemos.

Lo que es diferente, por ejemplo, de 1939, es que hay un conjunto de normas, hay tribunales: el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el Tribunal Internacional de Justicia y el Tribunal Penal Internacional. Así que el litigio de los conflictos es algo que ha ido subiendo en la agenda. Pero la cuestión más importante es qué se consigue con ello.

En primer lugar, creo que proporciona esperanzas a las personas que están sufriendo el horror. Sé por los mensajes que estoy recibiendo, desde Kiev, desde Leópolis, que les da esperanzas, porque la gente siente que no está sola.

En segundo lugar, nos ofrece un medio de deslegitimar ciertos comportamientos.

En tercer lugar, en términos muy prácticos, políticos: si toda Ucrania cae, hay procedimientos en marcha, que el gobierno actual, existente y legal de Ucrania podrá llevar adelante.

En cuarto lugar, en algún momento habrá que llegar a un acuerdo, y eso le da a Ucrania mucha más influencia. No puede hacer que el fiscal del TPI deje de investigar o procesar. No puedes decirle al TIJ que deje sus instrumentos a un lado y pare el caso su caso. Así que se convierte en otro factor en el proceso, y eso deslegitima a Putin.

El TPI está investigando crímenes contra la Humanidad y crímenes de guerra, pero ha argumentado usted que es necesario crear un tribunal especial para investigar un tercer crimen, el de agresión. ¿Por qué es tan importante y hay tanta diferencia entre los tres crímenes?

A partir de 1939, hubo básicamente un solo crimen internacional relevante, que eran los crímenes de guerra.

Luego, en 1945, en Londres, los redactores de lo que se convirtió en el estatuto de Núremberg, se sentaron y analizaron por qué iban a procesar y acusar a los nazis. No había delitos, así que básicamente tuvieron que idearlos. Los llamaron crímenes contra la humanidad, genocidio y lo que entonces llamaron crímenes contra la paz, que es hoy el crimen de agresión: librar una guerra manifiestamente ilegal.

Desde 1945, esos han sido los cuatro crímenes que hemos tenido (he pasado gran parte del último año trabajando en un quinto crimen, que es el ecocidio, pero podemos dejarlo de lado por el momento).

En teoría, el TPI tiene jurisdicción sobre los cuatro. Sin embargo, cuando se adoptó la normativa del TPI en 1998 se tomó la decisión de no otorgarle jurisdicción sobre el crimen de agresión, porque algunas grandes potencias se mostraban preocupadas: ¿va a volverse en nuestra contra?

Cinco años después, tuvimos la guerra de Irak. Así que decidieron no otorgar al TPI la competencia sobre el crimen de agresión hasta que definieran el crimen de agresión, y eso llevó casi 20 años. Finalmente, acordaron una definición en 2017 en Kampala y 43 países la han ratificado. Pero la definición reza: no se puede ejercer la jurisdicción del TPI en relación con el crimen de agresión contra una persona que sea nacional de un país que no sea parte de la norma del TPI.

.Así que, para que lo entiendan los legos: Karim Khan, fiscal del TPI, puede investigar crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio en el territorio de Ucrania. Pero no puede investigar el crimen de agresión porque Rusia no ratificó el estatuto [de Roma].

La dificultad de los crímenes contra la humanidad y los crímenes de guerra es que hay que demostrar una conexión directa entre el acto que constituye el crimen y el perpetrador del mismo. Así, por ejemplo, hemos visto algunos vídeos horribles en los que aparentemente se dispara contra unas personas. Como el soldado ruso que le disparó a un hombre que salía de su coche con las manos en alto. Eso parecería un crimen de guerra a primera vista. Entonces, ¿quién entra en ese marco? El soldado ruso, sí. Su oficial al mando probablemente, por autorizar las normas para entablar combate, que permitieron que eso sucediera.

¿Pero llega esto hasta los generales? ¿Alcanza al mando civil? ¿Llega hasta Putin? Son preguntas realmente complejas.

Si nos centramos en los crímenes contra la humanidad y en los crímenes de guerra, acabaremos dentro de siete años con juicios a gente de un nivel medio. Y el gran tema, librar una guerra ilegal, nunca va a llegar a la justicia. Por eso es por lo que he escrito que las investigaciones de crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad por sí solas podrían dejar libre de culpa al principal responsible.

¿Esperaba que el artículo condujera a algo más concreto?

No esperaba las consecuencias que se derivaron del artículo. Pero me alegro de que haya habido consecuencias, porque, francamente, el delito de agresión es cosa hecha. Hemos hecho grandes progresos. Estamos hablando informalmente con un pequeño grupo de países sobre la posibilidad de establecer una oficina provisional para investigar. Estamos hablando con posibles fiscales de amplia experiencia.

La acusación se escribe sola. No hay dificultades con las pruebas. No hay gran dificultad con las evidencias. No se trata sólo de la decisión de librar la guerra, se trata de la decisión de seguir haciéndola incluso ahora, después de que el Tribunal Internacional de Justicia haya declarado en una decisión legal vinculante: detente, retira las tropas. Todo acto, todo ataque, toda bomba en un teatro con mil personas dentro constituye un crimen de agresión. No quiero dejar que esta gente quede libre de culpa.

¿Hay algún obstáculo para la creación de un tribunal de este tipo?

Los dos gobiernos que creo que causarán más problemas al respecto serán el británico y el francés. No tiene nada que ver con los principios. Tiene todo que ver con el miedo a crear un precedente y a lo que pueda ocurrirles. Tenemos que dedicar bastante tiempo a animar a los gobiernos británico y francés a reflexionar sobre si quieren ser los que efectivamente dejen libre de culpa a Putin por su propio miedo a verse ante algún tribunal en el futuro.

El presidente Biden ha llamado a Putin criminal de guerra y Zelenskiy ha invocado la palabra genocidio para describir lo que está ocurriendo en Ucrania. ¿Por qué se siente incómodo con su lenguaje?

Me pregunto hasta qué punto es prudente que los políticos de alto nivel tachen a determinados individuos de criminales de guerra. Creo que se puede decir que el señor Putin ha librado una guerra que es manifiestamente ilegal. No hay ninguna defensa o justificación concebible para ello en la ley. Pero ¿diría yo que el señor Putin es un criminal de guerra? No. No estoy seguro de que el presidente Biden haya elegido sus palabras con especial cuidado. ¿Estaba diciendo que había violado las convenciones de Ginebra? No me siento del todo cómodo con ese tipo de etiquetas adheridas a individuos concretos.

¿Y qué hay de Zelenskiy, que dijo que "se está cometiendo un genocidio con los ucranianos"?

Creo que lo ha utilizado en sentido político. Por lo que he visto, no se está produciendo un genocidio de la población ucraniana en términos de lenguaje jurídico. No veo intención de destruir un grupo en su totalidad o en parte, en el sentido de la convención de 1948.

¿Son los ucranianos conscientes de que estos conceptos tuvieron su origen en su país?

Cuando llegué por vez primera a Lviv en octubre de 2010, la gente de la Facultad de Derecho, con una sola excepción, un profesor muy mayor, no sabía que los creadores de los conceptos de crímenes contra la humanidad y genocidio habían estudiado en su Facultad de Derecho, y que se podían rastrear los orígenes de esos dos delitos hasta llegar a esa ciudad, hasta esa Facultad de Derecho, hasta una sola sala. Cuando volví, un año después, había fotos de Lauterpacht y Lemkin, y hoy hay placas conmemorativas en [los que fueron] sus domicilios, hay bustos de ellos en sus aldeas y en la facultad de Derecho.

Y eso debe haber sido una satisfacción

Ha sido una satisfacción. Lo interesante de esto es que es muy complejo, porque [Lauterpacht y Lemkin] eran judíos polacos, y lo cierto es que en el periodo entre 1941 y 1944, algunos ucranianos se mostraron muy activos apoyando a los alemanes. De esa compleja historia he hablado a menudo estando en Ucrania, y ellos quieren comprometerse con ello. Me preocupa mucho que Putin aproveche eso para afirmar que Ucrania es un país nazi. No lo es.

Pero poco a poco, con el paso de los años, han llegado a asumirse esos datos de Lauterpacht y Lemkin.

¿Hay razones para ser optimistas?

Es una llamada de atención. Creo que nos hemos vuelto increíblemente complacientes en Occidente, imaginándonos que la guerra en Europa había terminado para siempre.

El mundo cambió en 1945. Fue un momento revolucionario. Por primera vez, los estados aceptaron que no eran absolutamente soberanos, que no podían liquidar individuos ni aniquilar grupos.

Quienes verdaderamente atacaron el legado de 1945 fueron Gran Bretaña y los Estados Unidos. Hoy en día, el "Make America Great Again" y el Brexit nos han recordado la singular importancia de ese momento de 1945.

¿Quién podía imaginarse hace un mes que el Senado de los Estados Unidos admitiría una resolución del senador Lindsey Graham en la que se pedía el apoyo total a la investigación del Tribunal Penal Internacional? Y que se aprobaría por unanimidad. Eso supone un cambio radical, y es un cambio radical realmente significativo.

No se puede aprobar una resolución diciendo que el TPI tiene jurisdicción sobre los ciudadanos rusos, mientras se afirma que no tiene jurisdicción sobre los norteamericanos. Así que, no es que sea otro momento como 1945, pero con un poco de suerte, reforzará lo que se enmendó en 1945 y le dará una vida renovada. Y eso es una buena cosa.

 

Philippe Sands, abogado y profesor de Derecho en el University College de Londres, ha intervenido en destacados jui­cios internacionales celebrados en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y el Tribunal Penal Internacional de La Haya, en casos como el de Pi­nochet, la guerra de Yugoslavia, el genocidio de Ruanda, la invasión de Irak o Guantánamo. Algunos de sus libros más conocidos se han publicado en castellano, como “Calle Este-Oeste” (Anagrama, Barcelona, 2017) o “Ruta de escape” (Anagrama, Barcelona, 2021).

Fuente: The Guardian, 30 de marzo de 2022

Traducción: Lucas Antón

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El general Mark Milley consideró que el envío de tropas de Estados Unidos a Ucrania "hubiera iniciado la tercera guerra mundial". La imagen fue captada ayer en Chernígov.Foto Afp

El jefe de las Fuerzas Armadas Conjuntas del Pentágono, general Mark Milley (MM), reveló al Comité de las Fuerzas Armadas de la Cámara (https://spoti.fi/3DVyix5) que "la guerra en Ucrania probablemente duraría muchos años. No sé si sea una década, pero seguro varios años" (https://bit.ly/3DVnsXI): se trata de un "conflicto extendido" en el que la "OTAN, Estados Unidos, Ucrania y todos (sic) nuestros aliados y socios que apoyan a Ucrania estarán implicados en esto (sic) por un buen tiempo".

Agregó que el "potencial de un conflicto internacional significativo está aumentando, no decreciendo, por lo que Estados Unidos probablemente aumentaría la presencia de su ejército en la región en el largo plazo" con "bases permanentes". Confesó que el envío de tropas de Estados Unidos a Ucrania "hubiera iniciado la tercera guerra mundial". Para no dejar dudas, el Pentágono anunció una "ayuda" a Ucrania de 300 millones de dólares en armas para reforzar sus defensas (https://bit.ly/3rAVs75).

El primer conservador de la monarquía globalista neoliberal británica Boris Johnson –con un aterrador rechazo ciudadano de 70 por ciento y a quien le fascina atizar los fuegos bélicos al borde del precipicio nuclear– realizó una temeraria visita a Kiev para reunirse con el presidente jázaro israelí Zelensky, a quien prometió la entrega de 120 vehículos blindados y misiles antitanques y antiaéreos (https://washex.am/37u36sy).

Más que defender a Ucrania "hasta el último soldado ucranio", pareciera que Estados Unidos y Gran Bretaña se percatan de que el sistema unipolar dolarcéntrico puede fenecer en las fértiles planicies de Europa oriental colindantes con el mar Negro.

Las reverberaciones de la confrontación del eje Rusia-China con la anglósfera –que encabeza la OTAN– han alcanzado Pakistán –dotada de 165 ojivas nucleares y con 438 km de frontera con China–, donde han propiciado la defenestración del primer Imran Khan, quien se rebeló por no ser más "esclavo" de Londres y Washington (https://bit.ly/3LMYtZo).

Joe Biden, con un terrorífico rechazo ciudadano hoy de 57 por ciento, y los exégetas del Partido Demócrata –específicamente la tríada de los jázaros israelí-estadunidenses de Jake Sullivan/Antony Blinken/"Vicky" Nuland– buscan repetir hoy en Ucrania el empantanamiento militar de la ex URSS en Afganistán, que resultó una "trampa", con ayuda de la CIA y los yihadistas (¡mega sic!), como confesó el ex asesor de Seguridad Nacional de Carter e íntimo de Obama, el fallecido polaco-canadiense-estadunidense Zbigniew Brzezinski en su indeleble entrevista de 1998 a la revista Le Nouvel Observateur (https://bit.ly/3Kz3FjC). Con el mismo guion, Hillary Clinton alabó a los mujahidines (sic) de haber expulsado a Rusia de Afganistán, por lo que aconsejó otorgar a Ucrania "suficientes armas" (https://bit.ly/34TMr0G).

Sergei Naryshkin (SN), director de los Servicios de Inteligencia Foránea de Rusia (SVR), en un artículo para la revista National Defense, explayó que la "operación especial" en Ucrania constituye el "momento de la verdad para el mundo ruso" (https://bit.ly/3NUHEhf) que está más "determinado" (sic) que nunca a "defender el derecho a su propia identidad" frente al "globalismo agresivo" encarnado por la "hegemonía de Estados Unidos, la expansión de la OTAN" y su política de intervencionismo.

SN postula que Rusia "está creando un genuino mundo multipolar (sic) nunca visto" (https://bit.ly/37xqHbG), cuando un "nuevo estadio de la historia de Europa y el mundo se despliega ante nuestros ojos", lo cual "implica el colapso del mundo unipolar (sic) y el sistema de las relaciones internacionales basado en el derecho del Estado más poderoso, específicamente Estados Unidos, para aplastar a los otros países", como sucedió en "Yugoslavia, Afganistán, Iraq, Siria y Libia". SN concluye que "si Europa y Estados Unidos demuestran una falta de madurez y valentía para moverse en esta vía, otros centros de poder tendrán que diseñar un futuro global sin ellos".

El conflicto en Ucrania rebasa por mucho su singularidad específica cuando está en juego la arquitectura del nuevo orden mundial (https://bit.ly/3rapu12). Ya no hay vuelta atrás.

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Vivienda destruida en Pereira. Falso positivo

Aureliano Buendía era un artesano de pescaditos de oro. García Márquez escribió que "desde que decidió no venderlos, seguía fabricando los pescaditos al día, y cuando completaba 25 volvía a fundirlos en el crisol para empezar a hacerlos de nuevo". Pareciera que la guerra en Colombia es una distorsión distópica del relato: el oro que se forja en la crueldad y la rudeza del calor moldea las manos de campesinos, las piernas de los indígenas y negros, las espaldas de los jóvenes y las cabezas de los ancianos, para en la noche fundirlos otra vez. Esa es la guerra en Colombia.

A nuestros ministros de Defensa les gusta esta alquimia, son ministros alquimistas. En las últimas semanas, el ministro de Defensa colombiano entró diariamente a su taller de fundición. En Pereira le destruyó la casa a una anciana de 93 años que padecía demencia senil y que acababa de ser trasladada a una casa hogar. La policía engañó a la familia y grabó un video con habitantes de la calle en la casa consumiendo drogas, al otro día llegaron con una máquina para demoler la vivienda. El ministro, al frente de los medios, dio una especie de rueda de prensa en la que adujo que su casa se había convertido en "una guarida de atracadores, en un sitio de consumo". El show terminó en la demolición, en aplausos gracias a los "logros de la lucha contra el microtráfico". Contradictoriamente, después la anciana y su familia recibieron amenazas de los microtraficantes de drogas por hacerles competencia.

Diez días después, en el Putumayo, frontera con Ecuador, un comando del ejército disfrazado de uniforme negro atacó una fiesta de la vereda en la que estaban recogiendo fondos los pobladores para mejorar su región. Tres días de celebración prometían los volantes de invitación que habían circulado en redes sociales invitando a la gente al bazar. En ésta participaban personas de los resguardos indígenas y de las juntas campesinas; había niños, jóvenes, mujeres y ancianos. Después del comando armado que asesinó, hirió y retuvo a la población, llegó el ejército maltratando y acusando a la gente de ser actores armados; recogió en sus helicópteros los cuerpos de los asesinados, a los heridos y, paradójicamente, al frente de todos, también al comando armado. Fueron asesinadas 11 personas entre ellas el presidente de la junta campesina, el gobernador del resguardo y un niño de 16 años, y fue herida entre otros una adolescente embarazada que fue acusada de pertenecer a grupos armados. Además, el ejército se robó el dinero recaudado por la gente.

El ministro volvió a aparecer en medios para imponer la "verdad oficial". Eran unos narcococaleros, "criminales", era una "fiesta de actores armados borrachos" que le dispararon al ejército. Desde el primer momento se lograron conocer los relatos de la población que valientemente informó al país lo que había ocurrido; la organización indígena OPIAC y AlaOrillaDelRío mostraron las pruebas de que era un bazar y días después las misiones humanitarias mostraron que había sido un crimen por parte del ejército. El ministro respondió en Twitter con unos videos de hombres armados sin ubicar ni lugar ni momento de la grabación.

Una semana después en el Caquetá, los campesinos habían citado al gobierno para dialogar y tratar de detener la destrucción de casas y hostilidad del ejército en el contexto de la Operación Artemisa, la nueva campaña del gobierno de "lucha contra la deforestación". Habían acordado con la Defensoría del Pueblo encontrarse con el viceministro de manera formal y ese día, la reunión se convirtió en una operación militar. En un show desproporcionado, un helicóptero de-sembarcó y capturó al gobernador del resguardo, Reinaldo Quebrada Quilcué, reconocido como víctima del conflicto armado y poblador de territorios indígenas. Según el ministro, era conocido con el alias de El Indio o Rei, en un acto abierto de racismo, y acusó al gobernador de ser el mayor deforestador de la región. La jueza tampoco reconoció su condición de líder indígena y en este momento está en la cárcel.

Los ministros alquimistas los funde en la noche, en el día los moldea; entra al taller, toma las figuritas del indígena, del campesino, de los ancianos, de los jóvenes, de los niños y moldea al calor con un poco de ejército allá, un comando acá, lleva a la policía a un lado, mueve una brigada al otro, unos polvos de criminalización. En las noches aplica todo al tiempo y deja el oro derretido en el recipiente. El pueblo quiere parar la violencia en Colombia, pero los ministros alquimistas quieren hacer de la guerra en Colombia el eterno retorno.

Por Estefanía Ciro, doctora en sociología, investigadora del Centro de Pensamiento de la Amazonia Colombiana, AlaOrillaDelRío. Su libro más reciente es Levantados de la selva

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