¿Qué le está pasando a la conciencia rusa?

Las encuestas realizadas por el gobierno de Putin se obstinan en demostrar que la mayoría de los rusos defienden la invasión a Ucrania. Sin embargo, los resultados muestran que los encuestados no comprenden con claridad los objetivos de la «operación rusa». Lo que las encuestas no dicen es lo que solo la izquierda puede decir: que las clases trabajadoras deben cambiar el país para detener esta guerra.

El comienzo del conflicto militar en Ucrania causó conmoción en la sociedad rusa. Ya antes de que la gente pudiera recuperarse se le informó que apoyaba la guerra casi unilateralmente. Por ejemplo, al cuarto día de la guerra, el Centro de Investigación de la Opinión Pública de Rusia, controlado por el gobierno, publicó un informe según el cual el 68 % de los rusos «apoya de alguna manera la decisión de llevar a cabo la operación militar especial». Solo el 22% no la respaldaba. Resultados similares fueron publicados por otro gran centro sociológico, la fundación Public Opinion, cuyos contratos provienen mayoritariamente y de manera sistemática del gobierno de Putin.

Los resultados de la encuesta muestran que los encuestados no comprenden con claridad los objetivos de la «operación rusa». Una cuarta parte suponía que los militares estaban «protegiendo a la población de habla rusa de Donbass». Otro 20% piensa que el objetivo de la operación es no permitir bases de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en el territorio de Ucrania. El 20% cree que la operación se lleva a cabo para desmilitarizar Ucrania. El 7% piensa que Rusia quiere «desnazificar»Ucrania y cambiar su orientación política. El 6% cree que el objetivo es cambiar el antipático régimen político que tiene actualmente el país. Finalmente, el 4% piensa que la idea es partir Ucrania y controlar el sudeste del país.

Estos datos sobre el abrumador apoyo de los ciudadanos rusos a la guerra desmoralizan a quienes se oponen a ella. Sin embargo, se debe hacer una corrección esencial: los datos no reflejan la experiencia cotidiana. De hecho, si bien hay personas que apoyan la invasión a Ucrania, dos tercios es una proporción que asombra. Si son tantas, ¿por qué no las vemos en ningún lado?

Sociología en tiempos de guerra

Las encuestas de opinión pública en Rusia suelen ser herramientas utilizadas para manipular la conciencia del público. Muchos sociólogos sugieren que el número de «respuestas socialmente aprobadas» ha crecido en los últimos años: son los casos en los que las personas le dicen al entrevistador no lo que realmente piensan, sino lo que suponen que se espera de ellas. Es probable que este efecto haya aumentado significativamente desde el comienzo de la campaña bélica. Además, el gobierno ruso está creando, a conciencia, una atmósfera de miedo en el país. La Duma ha aprobado una ley que prevé serias consecuencias para quien difunda «falsificaciones» sobre las acciones del ejército ruso. Incluso está oficialmente prohibido usar la palabra «guerra» en el contexto de lo que está sucediendo en Ucrania: la pena por hacerlo va de los 3 a los 20 años de cárcel. Los participantes de manifestaciones contra la guerra son arrestados en masa. La Policía revisa los teléfonos de los peatones en Moscú y San Petersburgo en busca de intercambios «difamatorios» e indicios de haber visto canales opositores en Telegram. Las escuelas llevan a cabo clases de información política y se les está «hablando» a los padres para que no permitan a sus hijos leer fuentes de información «destructivas». Todo eso, por supuesto, influye en el nivel de sinceridad con el que las personas dicen lo que piensan.

Y eso no es solamente la astucia consciente de los encuestados. Incluso, según los sociólogos leales al gobierno, ha crecido la cantidad de personas que se niegan a responder las preguntas de los entrevistadores o no pueden encontrar una respuesta. Esto podría afectar la calidad de la selección. Además, los opositores a la guerra probablemente estén menos inclinados a responder que aquellos que la apoyan o que aún no han tomado una postura.

Finalmente, son las preguntas utilizadas por las agencias encuestadoras las que importan. Se derivan directamente de la retórica oficial del gobierno ruso. No se pregunta a la gente sobre la guerra o la intervención militar en Ucrania, sino simplemente sobre su actitud hacia la «operación militar especial». Esto crea una situación psicológica ambigua que permite a la gente cambiar los eventos que se desarrollan en la realidad por una situación imaginaria menos traumática, incluso en su pensamiento interno. Y esto parece ser un acontecimiento socio-psicológico masivo.

 Razonamiento contradictorio

Entre los interminables vídeos dedicados a los acontecimientos en Ucrania, está este: un hombre de los suburbios de Kiev llama a sus familiares que viven en la ciudad rusa de Vologda. Les cuenta su experiencia. «Nos están bombardeando; ciudadanos pacíficos y niños están muriendo», dice. Pero sus parientes en Rusia, que viven a mil kilómetros del frente de batalla, se niegan a creerle. «No hay guerra. Solo disparan a los nacionalistas», responde la voz de una anciana. El hombre se enoja. «¿Cómo lo sabes? ¡Estoy aquí!», grita él. «Tenemos un televisor», se escucha como respuesta.

No es casualidad que el gobierno ruso prohíba usar la palabra «guerra». Indica una situación que no puede percibirse de manera neutral, a diferencia de una «operación militar especial», que es percibida como la continuación de una política gubernamental compleja y no requiere una actitud personal hacia ella por parte de un ciudadano. La propaganda del gobierno otorga a la gente una suerte de gracia salvadora al permitirles no aceptar la realidad. 

En un país donde la memoria colectiva se basa en la victoria sobre el fascismo en la sangrienta pero justa guerra defensiva, este es un mecanismo bastante efectivo. Aceptar que Rusia ha cometido una agresión militar contra las personas más cercanas a ella en términos históricos y culturales es prácticamente imposible desde un punto de vista psicológico. Sabotea las percepciones básicas que los rusos tienen sobre la justicia, sus valores fundamentales. Muchas personas no son lo suficientemente fuertes para ello. Así que están haciendo todo lo posible para evitar ver la realidad, repitiendo los clichés de la propaganda: «no hay guerra».

Esta ruptura psicológica explica la evidente contradicción entre la experiencia cotidiana y los resultados de los sociólogos. Mucha gente que piensa que la guerra es moral y políticamente inaceptable puede al mismo tiempo hablar de apoyo a la «operación especial del gobierno ruso» no solo por miedo sino por la vana esperanza de que la versión oficial de los hechos resulte ser, de alguna manera, milagrosamente cierta (al menos en parte). Porque eso la libraría de la horrible perspectiva de un fracaso moral y de la terrible necesidad de hablar en contra de los hechos.

El gobierno se está esforzando mucho en utilizar este dilema moral, chantajeando de hecho a la gente por el sentimiento de miedo. «Un verdadero ruso no se avergüenza de ser ruso, y si se avergüenza, no es ruso y no está con nosotros», anunció el secretario de prensa del presidente, Dmitry Peskov.

Pero hay un punto vulnerable en este tenue razonamiento contradictorio: no se puede mantener por mucho tiempo. Ninguna medida draconiana de control de la información puede proteger a los ciudadanos de la monstruosa realidad. En primer lugar, alrededor de un tercio de los rusos tienen familiares en Ucrania. Ninguna censura puede impedir millones de llamadas telefónicas y mensajes entre ellos. Mi teléfono está lleno del dolor más desesperado. «Llevamos cuatro días sentados en el sótano». «Están bombardeando. Estamos sufriendo un bloqueo. Nadie puede entrar ni salir». «Hoy hice fila durante 5 horas para comprar pan. No trajeron nada». Puedo citar esos mensajes por cientos. Y hay millones como yo en Rusia. Este testimonio de la catástrofe es mucho más persuasivo que los debates políticos. Incluso el partidario más leal de Putin tendrá dificultades para explicarse a sí mismo por qué un ciudadano común debe morir de hambre y congelarse mientras las bombas aéreas explotan a su alrededor.

Es peligroso para nosotros discutir la cantidad de bajas sufridas por el ejército ruso en Ucrania. Es el tema más delicado para el gobierno, que vigila atentamente esas discusiones. El gobierno ha reconocido oficialmente que más de 500 militares han muerto durante la «operación». Incluso este número es monstruosamente elevado. En diez años de guerra en Afganistán, la URSS perdió poco más de 14.000 soldados y oficiales. Hoy, la muerte disfruta de una mayor cosecha. El veto a esta información hace que la gente busque números anunciados por la parte ucraniana (muy probablemente exagerados). El 8 de marzo, el Ministerio de Defensa ruso admitió que hay algunos soldados reclutados en Ucrania, lo que significa muchachos de 18 años mal entrenados. Las palabras «carne de cañón» aparecen con más frecuencia en mensajes y conversaciones. Las mujeres tienen miedo de dejar que sus hijos hagan el servicio militar obligatorio, y el 1 de abril comenzará el nuevo servicio militar obligatorio. Incluso en las encuestas sociológicas oficiales, vemos que las mujeres de mediana edad tienen entre un 15 y un 20 % menos de probabilidades de aprobar la «operación especial» que los hombres. Y son precisamente las mujeres de mediana edad las que habían sido consideradas el electorado central leal a Putin. Pero otra categoría de ciudadanos importante para el gobierno está significativamente influenciada por las bajas. Es el personal militar.

Un error revelador ocurrió en una transmisión en vivo del canal de televisión Zvezda, que pertenece al Ministerio de Defensa. Un militar anciano entre los invitados en un programa de entrevistas patriótico se puso de pie y ofreció guardar un minuto de silencio por los soldados rusos que murieron mientras cumplían las órdenes de sus comandantes. «Nuestros muchachos se están muriendo ahí fuera…», comenzó a decir. Pero el presentador del programa de entrevistas salió disparado de su asiento y comenzó a gritarle al veterano que lucía condecoraciones militares en el pecho: «¡No, no, no! ¡No quiero escuchar nada de eso! ¡Cállese! ¿No entiende? Deténgase. Nuestros muchachos están allá aplastando a la víbora fascista; ¡es un triunfo de las armas rusas!». El impulso de los burócratas y los vendedores ambulantes de propaganda por ocultar tímidamente los acontecimientos que se dan en Ucrania ya ha comenzado a alejar a la audiencia más leal y fiel del gobierno: los militares y los patriotas.

Finalmente, un tercer factor socava el razonamiento contradictorio de muchos rusos que es «redentor» en el frente interno. A medida que el gobierno bloqueaba los canales mediáticos convencionales de la oposición, surgieron en su lugar medios innovadores: fotos de etiquetas de precios en las tiendas y anuncios de despidos. La catástrofe económica que se está desatando se ha convertido en una máquina de agitación colectiva contra la guerra. Sobre el tema de los acontecimientos en Ucrania y Rusia, solo se pueden citar los canales oficiales, como los servicios de relaciones públicas militares y del gobierno. Pero si usted echa un vistazo a cualquier medio regional (100% dependiente de la administración local), inmediatamente sabrá lo que está pasando. «El precio de excavar tumbas en Yaroslavl está aumentando rápidamente», se lee en un sitio web local. La oficina antimonopolio sospecha de una conspiración de carteles e informa a la gente que «el análisis preliminar ha demostrado que es caro morir en Yaroslavl». En Volgodonsk, las lectoras del periódico local están indignadas por el aumento del 100% en los precios de los alimentos para bebés y los pañales. La fabricación rusa estaba completamente integrada a las cadenas globales de valor agregado y resultó no estar preparada para las sanciones occidentales. Diez de los 14 más grandes fabricantes de automóviles ya han detenido la producción, mientras que los restantes están preparándose para hacer lo mismo dentro de poco tiempo. Por lo menos 150.000 personas perderán sus empleos; eso sin contar las industrias adyacentes, las empresas de logística y los concesionarios. McDonald's se convirtió en una de las decenas de grandes empresas extranjeras que anunciaron la suspensión de su actividad en Rusia. Esta sola cadena de comida rápida emplea a 64.000 personas. Los expertos del gobierno creen que la inminente ola de desempleo masivo afectará a entre 7 y 10 millones de personas.

Incluso para los defensores más acérrimos del gobierno ruso, la conexión entre la guerra y la crisis socioeconómica es bastante evidente.

La dinámica 

Es difícil describir objetivamente la velocidad con la que están ocurriendo los cambios en la percepción de las masas Los partidarios del líder de la oposición liberal Alexei Navalny han llevado a cabo un experimento. Realizaron una serie de cuatro encuestas online. Esta investigación no pretende ser representativa porque el público politizado de Internet es muy diferente a la selección nacional. Sin embargo, indica un rápido cambio de actitud.

Si el 25 de febrero, solo el 29% de los participantes de la encuesta llamaron agresora a Rusia, apenas una semana después, el 3 de marzo, dio esa misma respuesta el 53% de los encuestados. En cambio, el número de quienes consideran «liberadora» la misión de Rusia en Ucrania bajó del 28% al 12%. El 14% culpó a Rusia del conflicto el 25 de febrero, pero el 3 de marzo ese porcentaje ascendía al 36%. Mientras tanto, la cantidad de quienes condenaban a Occidente o a «todas las partes» había disminuido de manera insignificante, y la opinión de que la culpa era de Ucrania era marginal. Por otro lado, la cantidad de quienes piensan que las consecuencias económicas de los acontecimientos actuales serán «catastróficas» para Rusia ha crecido 1,5 veces, del 40% al 60%.

«Nunca antes en la historia de nuestro servicio sociológico habíamos visto tal dinámica de opinión popular. En tan solo unos días de esta guerra, las actitudes de los rusos han cambiado drásticamente», escribieron los organizadores de la encuesta. Son frecuentes los casos de personas que han cambiado de opinión en las últimas dos semanas.

El diputado comunista de la Duma Mikhail Matveyev, que votó en reconocimiento de la soberanía de la República Popular de Donetsk y la República Popular de Luhansk, se convirtió en uno de los símbolos de este doloroso despertar. «Yo voté por la paz, no por la guerra. Voté para que Donbass dejase de ser bombardeada, no para que las bombas caigan sobre Kiev», escribió en Twitter el 26 de febrero. Algunos políticos hicieron lo mismo. Pero hoy, la mayoría de estas transformaciones ocurre a nivel de las bases. Alguien que había apoyado la «operación especial» desde el principio cambia de opinión una vez que comienzan los despidos masivos en su ciudad, o alguien que conocen está siendo reclutado y obligado a firmar un contrato que permite que los militares los envíen a una zona caliente.

Táctica

A lo largo de las dos semanas de la guerra, casi todos los días, se produjeron protestas contra la guerra en las calles. Pero el régimen represivo policial no tuvo inconvenientes para controlarlas. Para el 11 de marzo, la Policía había arrestado a una cantidad sin precedentes de gente que participó en manifestaciones: 13.913 personas. En las circunstancias nunca antes vistas de alarmismo, brutalidad policial y bloqueo de la mayoría de los medios independientes, nadie ha podido reunir una masa crítica en una protesta callejera que el gobierno no pueda reprimir.

Los líderes de la oposición liberal que han emigrado siguen llamando a realizar mítines de protesta todos los días «en la plaza principal de tu ciudad». Es fácil de entender desde un punto de vista emocional: no se debe pasar ningún día aceptando la guerra. Sin embargo, la razón gélida nos dice que en este momento lo más importante no es una postura ética sino un trabajo cuidadoso para movilizar esos estratos que los políticos liberales habían ignorado durante mucho tiempo. Solo la antigua «mayoría de Putin» puede cambiar el equilibrio de poder y poner fin a la guerra. Aquí es donde la izquierda rusa ve actualmente su propósito: trabajar con estas masas.

De todos los informes sociológicos dedicados a la percepción de la «operación especial» rusa en Ucrania, solo uno permite ver la conexión entre la desigualdad social y la actitud hacia la guerra. A pesar de la percepción común en Rusia (principalmente derivada del dominio de la narrativa liberal en los medios de oposición) de que solo la minoría bien educada y adinerada se opone a Putin, mientras que la mayoría pobre sigue siendo leal consumidora de propaganda, las encuestas muestran que son los pobres quienes perciben la guerra de forma más crítica. «Las personas de bajos ingresos están más preocupadas por la operación militar porque esperan un mayor empeoramiento de sus condiciones materiales en este sentido», observan los investigadores. Entre los encuestados de altos ingresos, el 69 % dijo que apoya la decisión de Putin (y solo el 17 % no la apoya). Entre los encuestados de bajos ingresos, solo el 49% la apoya (y el 31% fue lo suficientemente valiente como para decir que no apoya la invasión). Sin dudas, el nivel real de descontento con la agresión es mucho mayor y aumentará.

La izquierda pretende demostrarle a la sociedad, incluidos sus estratos obreros y pobres, que no son solo los liberales pro Occidente encabezados por la «oposición de clase media» los que están en contra de la guerra. Una imagen tan distorsionada solo es beneficiosa para el Kremlin, que trata de presentar el conflicto actual como una colisión de «civilizaciones» entre Rusia y Occidente (el constante adversario) con su «quinta columna». Es esencial mostrar que los trabajadores rusos tienen sus propias razones para luchar por la paz, que son independientes de Occidente. Y que esta paz no significará una derrota militar, una nueva humillación nacional y un reparto territorial de Rusia, sino que devolverá nuestro país a su verdadero dueño: la mayoría trabajadora del pueblo. La izquierda debe luchar contra el complejo de culpa colectiva que algunos críticos liberales de Putin imponen al pueblo. En manos de la propaganda oficialista, esta se convierte en una herramienta muy eficaz de unión «en torno a la bandera nacional».

La trágica verdad es que la guerra iniciada por Putin no es una aventura al azar. Los 30 años de historia postsoviética nos han llevado a esta catástrofe. La tremenda desigualdad social se convirtió en la base de la dictadura porque, junto con su control sobre la propiedad, la mayoría pobre había perdido su voz política. Un vergonzoso parloteo nacionalista y xenófobo ha sido utilizado a lo largo de estos años por la mayoría de los regímenes que han llegado al poder sobre las ruinas de la URSS. Enfrentando a las naciones entre sí, los oligarcas fortalecieron su poder antes de llevarnos finalmente a la guerra. En última instancia, en los cimientos mismos de la Rusia actual se encuentra el golpe militar de 1993 llevado a cabo por el predecesor de Vladimir Putin, Boris Yeltsin, con el pleno apoyo de los gobiernos occidentales. En ese entonces, el gobierno disparó al Parlamento desde tanques en nombre de la «democracia» e hizo callar a la clase trabajadora durante décadas, olvidándose de su fuerza colectiva. Hoy simplemente estamos cosechando los resultados de esta sociedad de desigualdad y explotación.

La clase trabajadora rusa tendrá que cambiar su país por completo para detener esta guerra. Es una verdad simple. Y, sin embargo, solo la izquierda rusa puede decirla. No hay nadie más.

Fuente: No War Left

Traducción: Carlos Díaz Rocca

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Biden, su Nuevo Orden Mundial, la realidad, Haití y los amos del petróleo

Lo cierto es que la frase del presidente estadounidense Joe Biden, “va a haber un Nuevo Orden Mundial, tenemos que liderarlo y debemos unir al resto del mundo libre para hacerlo”. causó malestar en las capitales europeas, donde siguen siendo recelosos de los ataques de caudillismo supremacista de sus socios de este lado del Atlántico.

La frase sobre el Nuevo Orden la viralizó de inmediato el aparato propagandístico de los medios hegemónicos. Sin embargo, el mismo aparato escondió la información sobre los conflictivos preliminares, que desembocaron en la humillación de Biden y del primer ministro del Reino Unido Boris Johnson, empeñados en obtener el apoyo de los principales productores de petróleo en su cruzada contra la economía rusa.

Aunque el mandatario no precisó en qué consistirá ese orden, mencionó durante su discurso a la OTAN y a los aliados de EE.UU. en el Pacífico, afirmando que presentan «un frente unido». Ahora es un momento en que las cosas están cambiando. Va a haber un nuevo orden mundial y tenemos que liderarlo, continuó Biden.

Resaltó que «la OTAN nunca ha estado más fuerte o más unida en toda su historia de lo que lo está hoy, en gran parte debido a Vladimir Putin» y mencionó al grupo del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (Quad), formado por EE.UU., Japón, India y Australia y criticado por Pekín como una herramienta antichina en el Pacífico. «Japón ha sido extremadamente fuerte, al igual que Australia, en términos de lidiar con la agresión de Putin. Presentamos un frente unido en toda la OTAN y el Pacífico», declaró Biden.

Seguramente quien escribió su discurso, ya fue despedido. La frase comenzó rápidamente a ser tendencia en Twitter, y los comentaristas no perdieron tiempo en regodearse con lo que consideraron una invocación (¿accidental?) de una teoría de conspiración que afirma que una élite globalista que opera desde las sombras está conspirando para dividir el mundo e imponer un régimen totalitario.

Socializar el terror

En su alocución, Biden socializó el terror entre los empresarios presentes, al advertir de que Rusia podría tomar represalias con nuevos ciberataques contra Occidente y utilizar armas químicas contra la población civil ucraniana, ya que el conflicto se está convirtiendo en una prolongada guerra de desgaste, en lugar de la rápida conquista.

La frase “Nuevo Orden Mundial” se ha utilizado, de forma muy parecida a la de Biden, por Woodrow Wilson y Winston Churchill tras la Primera y la Segunda Guerra Mundial respectivamente y, más recientemente, por George H. W. Bush en respuesta al colapso de la Unión Soviética. De todas formas, pocos en el mundo comprendieron cuál era el mensaje, más allá de su futura proclamación como hegemón.

La frase también se ha utilizado en un sentido mucho menos optimista, al promover los temores del “miedo rojo” por la propagación de la “conspiración comunista internacional” en la década de 1950, que culminó con las vergonzosas persecuciones del senador republicano Joseph McCarthy en ese periodo. Pero el libreto es similar y también se basa en otro “eje del mal”.

Es cierto que los europeos prefieren evitar las situaciones irreversibles, como los bombardeos a Belgrado o ahora a Kiev. Y las palabras del casi octogenario Biden en el primer día de la primavera del hemisferio norte, ante el mundo empresarial. Hubo algún analista europeo que se preguntó si se trataba de un conjura masónica o , quizá, de los Illuminati. 

Adrian Mac Liman señala que en un país como Estados Unidos, donde las sociedades supuestamente secretas proliferan, las tesis conspiracionistas se difunden a velocidades supersónicas. “El Emperator Biden lanza su cruzada globalista, insinúan los círculos ultraconservadores de su país. Los europeos – algunos europeos – les siguen”, indicó. 

Pero pareciera que hay algunas fallas en el sistema de comunicaciones, porque no dejó de llamar la atención que las dinastías de países tan “democráticos” como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes ni siquiera respondieron a los llamados de Biden ni le dieron importancia a las gestiones que llevaba adelante Johnson, quien debió admitir que en el mundo del petróleo y el gas el fantasma de Rusia es omnipresente.

Washington se había comprometido a suplir las exportaciones de gas y petróleo ruso destinadas a Occidente con productos estadounidenses o procedentes de países amigos, pero sauditas y los emiratíes prefirieron respetar sus compromisos con los demás miembros de la OPEP que habían acordado no incrementar la producción de crudo hasta la primavera próxima. No olvidar que Rusia es miembro de la OPEP.

Es más, les prometió eliminar algunas sanciones y bloqueos a Irán y Venezuela…pero nones: ninguno de los dos cedió al chantaje, mientras entre los eruditos estadounidenses de la energía trataban de adivinar qué iban a hacer con sus excedentes los sauditas y los emiratíes. Y en el horizonte apareció China, que hacía seis años que insistía en abastecerse allí, pero pagando en yuanes. 

Según el Wall Street Journal, la medida amenazaría seriamente el dominio global de los estadounidenses en el mercado petrolero y afectaría la supremacía del dólar. Los sauditas ya tenían el apoyo chino para la producción de misiles, el desarrollo del programa nuclear, y otras inversiones en la modernización del reino.

Es cierto: los Estados Unidos se habían comprometido a dar apoyo estratégico a Arabia Saudita, pero la monarquía está descontenta con la falta de ayuda en la guerra del Yemen, el interés de Washington en resucitar el acuerdo nuclear con Teherán o la caótica y mal explicada retirada de Afganistán. Y aunque nadie se pregunta abiertamente qué hacer con amigos así, el interrogante queda en el aire.

Haití ¿protectorado?

El viernes, el presidente Joe Biden confirmó la implementación de la ‘Ley de Fragilidad Global’, que si bien fue aprobada en 2019 empezará a aplicarse en al menos cuatro países: Haití, Libia, Mozambique y Papúa, y también la costa occidental de África, que incluye a Benin, Costa de Marfil, Ghana, Guinea y Togo,

Biden argumentó que como el mundo se encuentra en «una década decisiva», EE.UU. «debe liderar» este punto de inflexión. Prometió que la aplicación de la ley será la hoja de ruta de la nueva estrategia de Washington de ser “un socio confiable” para prevenir conflictos y promover la estabilidad mundial.

Se trata de una estrategia de diez años que pretende limar los conflictos en esas zonas y, al mismo tiempo, «mejorar la forma» en que el gobierno de Estados Unidos opera «en una variedad de contextos». Traducido significa que se abroga el derecho de intervenir en asuntos de otros países, pobres pero estratégicos. «Es una inversión en la paz y la seguridad mundiales, una inversión que generará beneficios críticos, no solo en las naciones con las que trabajaremos, sino, sobre todo, aquí en Estados Unidos», dijo.

En la práctica, la nueva estrategia de «enfoque multifacético» reeditará el viejo tutelaje institucional de EU en un contexto internacional volátil que deja a esos países sin mucho margen de maniobra. Para ello, el Congreso destinará hasta 200 millones de dólares al año. 

No es la primera vez que Washington intenta intervenir en Haití. Las invasiones en Puerto Príncipe en 1915, 1994 y 2004 fueron las más escandalosas, pero desarrolló también otras formas más veladas de injerencia, como el otorgamiento de préstamos impagables a esa nación para que le resultara imposible zafarse de sus acreedores o la quiebra inducida a su industria de arroz a finales del siglo pasado, inundando el mercado con productos estadounidenses.

El diario inglés The Guardian reveló cifras oficiales estadounidenses, que mostraron que de los 2.300 millones previstos para ayudar a Haití hasta 2019, más de la mitad acabó de vuelta en EE.UU.

El Center for Economic and Policy Research (CEPR) aseveró que solo 0,6 % de los fondos se destinaron a organizaciones haitianas y 0,9 % finalmente se entregó al Gobierno de la isla, antes del magnicidio del presidente Jovenel Moïse en julio (en el que están implicados dos estadounidenses) y el impacto del terremoto que se produjo un mes después. Ambos acontecimientos consolidaron el liderazgo de bandas criminales que controlan desde el flujo de gasolina hasta la entrada de ayuda humanitaria.

El secretario de Estado, Antony Blinken, dijo que el nuevo enfoque tendrá en cuenta «las difíciles lecciones aprendidas» en décadas anteriores. La meta es «mitigar la propagación de ideologías extremistas, cultivar una mayor confianza entre las fuerzas de seguridad y los ciudadanos, y protegerse contra la amenaza desestabilizadora del cambio climático». En ese «esfuerzo» de salvaguarda de sus intereses, el país más pobre de América Latina fue elegido para que el viejo hegemón pruebe su nueva estrategia.

Las teorías conspirativas

Las teorías de conspiración se han convertido en una forma de entretenimiento de masas en las redes sociales, alimentadas por todo tipo de contenidos, culminando en las fantasías marginales de QAnon, una de las principales teorías de la conspiración de la extrema derecha estadounidense que detalla una supuesta trama secreta organizada por un supuesto «Estado profundo» contra el expresidente Donald Trump.

Las aparentes metidas de pata como la de Biden sólo sirven para alimentar el molino de aquellos que eligen creer que en las tinieblas se reúnen conspiradores empeñados en la dominación global. ¿Y si no es un desliz presidencial y se trata de la imposición de un imaginario colectivo que posibilite, realmente, un Nuevo Orden Internacional? ¿Eh?

Por Álvaro Renzi Rangel* | 07/04/2022

*Sociólogo, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

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Las "sanciones catastróficas" de Biden han fracasado, ya que el rublo se ha recuperado de manera espectacular al pasar de 150 a 85 por dólar. El presidente de Estados Unidos convivió con tropas de su país, en Jasionka, Polonia, el 25 de marzo pasado.Foto Ap

Más allá del desenlace bélico en Ucrania, lo que está en juego es el nuevo orden mundial (NOM). En eso concuerdan, con cosmogonías antagónicas, el ex presidente de Rusia Dmitry Medvedev (DM) y el presidente de Estados Unidos Joe Biden. DM delinea cómo Rusia, China e India configuran el NOM: "Acabó el mundo unipolar. Estados Unidos no es más el dueño del planeta" (https://bit.ly/3NMv6s2).

Ante la secta globalista de Business Roundtable (https://bit.ly/3j6lFFJ), en vísperas de su malograda visita a Polonia, Biden sentenció que su país "deberá liderar un NOM de países libres" (sic), que el monetarista Steve Forbes arguye deberá ser un "sistema monetario del tipo Bretton Woods" (https://bit.ly/36QJsXW), mientras el israelí-estadunidense Larry Fink, mandamás de BlackRock, oficiaba las exequias de la globalización (https://bit.ly/37j71Iq). Llega a su fin el "bono hegemónico" de Estados Unidos (https://bit.ly/3LH0czs), que descuelga en forma parasitaria alrededor del 10 por ciento del PIB global (95 billones de dólares), lo que constituye un poco menos de ¡la mitad del PIB de Estados Unidos (de casi 25 billones de dólares)!

Hace nueve años comenté, citando el libro clásico Caos y orden en el sistema mundo moderno, de Giovanni Arrighi y Beverly Silver (https://bit.ly/35J2v5R), que "los cambios del orden financiero del momento se han definido, desgraciadamente, por la vía militar". En un reciente video, aduje que la principal fortaleza de Estados Unidos todavía lo constituye el sistema financierista global que domina –al unísono de la anglósfera con La City en Londres– mediante sus tres pilares financieros (https://bit.ly/3LK7rql) todavía infranqueables: 1) el dólar, 2) el Swift y 3) Chips (no confundir con los semiconductores), el mayor sistema de compensación del dólar del mundo con casi 2 billones de dólares en pagos domésticos e internacionales al día (https://bit.ly/3KcbAm6).

Resulta y resalta que han fracasado las "sanciones catastróficas" de Biden, ya que el rublo se ha recuperado de manera espectacular al pasar de 150 a 85 por dólar, mientras India intercambia sus rupias por el petro-rublo y, Arabia Saudita ---cuyo rey Salmán no le contestó inverosímilmente el teléfono a Joe Biden, lo que de facto aniquiló al petrodólar después de 75 años–, mediante transacciones de su divisa el rial con el petro-yuan (https://bit.ly/35HCPq4).

El "nombre del juego" no es solamente el control monetarista, sino –hoy más que nunca– el dominio de los energéticos, alimentos y otras materias primas estratégicas, cuando Biden anunció la liberación de un millón de barriles diarios en un lapso de seis meses del petróleo de sus "reservas estratégicas" (https://on.ft.com/3LIR79d). Las "sanciones catastróficas" de Biden, más oleo-selectivas de parte de Alemania –principal superpotencia geoeconómica de la Unión Europea–, ostentan ya un "efecto bumerán" cuando amenazan ya a "erosionar el dominio del dólar estadunidense", según Gita Gopinath, primera vicedirectora ejecutiva del FMI, quien considera la "emergencia de pequeños (sic) bloques de divisas con base al comercio entre grupos separados (sic) de países" (https://on.ft.com/3jfpvfD).

El economista contestatario Michael Hudson asevera que "se acabó la hegemonía del dólar estadunidense" cuando la "economía mundial se fracturó en dos (sic) partes, una dolarizada y la otra en países que no siguen las políticas neoliberales que Estados Unidos insiste a sus aliados deben seguir. Asistimos al nacimiento (sic) de una nueva economía mundial dual" (https://bit.ly/3Kj2O6j).

Martin Wolf (MW), editor en jefe del Financial Times, portavoz del globalismo neoliberal, advierte la inminencia de "un nuevo mundo de desorden de divisas" cuando el "renminbi chino puede ser un adversario del dólar estadunidense, sin sustituirlo" (https://on.ft.com/3DIKbpS). MW admite a regañadientes que "pueden emerger dos (sic) sistemas monetarios, uno occidental y otro chino, operando en formas diferentes y con traslapes inconfortables".

Asistimos a una nueva bipolaridad geoestratégica regional: Estados Unidos/OTAN/Unión Europea frente al eje euroasiático de Rusia y China, cada uno con sus respectivos aliados (https://bit.ly/3uc9Cgt).

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Martes, 05 Abril 2022 05:45

Sobre el nuevo desorden mundial

Las estaciones de tren de Lviv se han convertido en el lugar desde el que escapar del país. Edu León

La guerra en Ucrania ha sacado todos los demonios que llevamos dentro y está mostrando, además de la propia dureza de la misma, las contradicciones de un modelo que revienta ya por demasiadas de sus costuras.

 

Hablar del orden mundial suele llevar a pensar en la situación de las grandes potencias y sus intereses en la globalidad del planeta. Sin embargo, en este texto hablaremos del Nuevo Desorden Mundial. Hablaremos de esos grandes estados, pero sin olvidar a aquellos otros que, siempre invisibilizados, siguen jugando un mero papel de subalternos en este desorden, proveedores de recursos y sede de oscuros negocios. Empecemos. 

La mayoría de los analistas políticos coinciden en señalar, no vamos a entrar en la discusión sobre sus capacidades o intereses, que vivimos los tiempos más turbulentos, los más peligrosos, desde la famosa crisis de los misiles en 1962. En aquellas semanas, en plena “guerra fría”, el mundo se calentó al máximo y se acercó al abismo nuclear; 60 años después, los grandes dirigentes del mundo vuelven a llevarnos a un vertiginoso tobogán sin fondo. Dejan de lado los discursos sobre la paz cueste lo que cueste, sobre el dialogo siempre antes que echar más leña al fuego, sobre el valor intrínseco de la diplomacia para solucionar los conflictos, y abocan al planeta a una renovada crisis de los misiles. 

Mientras esto ocurre, fijas nuestras miradas solo en Ucrania, Rusia, Europa y Estados Unidos, el resto del mundo queda desenfocado, casi invisibilizado. Por ejemplo, los medios nos cuentan machaconamente que todo el mundo está inmerso en esta guerra y que hay un boicot mundial hacia Rusia; luego, buceando en informaciones semiocultas, encontramos que las sanciones son de los países arriba citados, salvo la propia Rusia claro, más Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur y Japón. El mundo de nuevo se asemeja a uno de esos viejos mapas en los que este quedaba reducido a las potencias coloniales; el resto era “terra nullius”, que es lo mismo que decir tierra vacía, inexistente, que no cuenta. 

Ya no hay pandemia, ya no hay crisis climática y tampoco hay otros conflictos bélicos. Que el pueblo palestino, el saharaui o el yemení, así como muchos otros, sumen décadas inmersos en guerras injustas, alimentadas convenientemente por intereses ajenos (léase comercio de armas, apropiación y explotación de recursos naturales…) nunca ocupó las portadas de la prensa ni abrió las noticias en nuestras televisiones. Y hoy, esas mismas y crueles realidades se vuelven a esconder pues podrían evidenciar las hipócritas contradicciones de muchos gobiernos. Sobre todo, de aquellos que dicen defender al precio que sea la libertad y los derechos del pueblo ucraniano, mientras nunca moverán un solo dedo ante las atrocidades de regímenes como el israelí, el saudí o el marroquí. Por cierto, a este último, además se le premia respaldando sus políticas genocidas contra el pueblo saharaui. Ya saben, Europa necesita nuevos policías que alejen a migrantes indeseables de sus fronteras, mientras, una vez más de forma hipócrita, abre sus brazos a quienes, si son blancos, cristianos y de ojos azules. Y conste, aquí y ahora, que este escrito rechaza la invasión rusa e insta a la acogida de la población refugiada. Sin embargo, un matiz en este último caso, de toda la población migrante.

En la misma Ucrania hay infinidad de denuncias de personas asiáticas y africanas a las que se está discriminando en sus posibilidades de salida; por otra parte, Europa debe acoger también a aquella otra población refugiada de diferentes partes del planeta, resultado de guerras invisibles o procesos de empobrecimientos tangibles, generalmente causados, unas y otros por los intereses inconfesables de las élites económicas del llamado mundo desarrollado, el enriquecido. 

Pero no solo se esconden conflictos olvidados que suponen todos los días miles de víctimas. También se aprovecha el momento de cierta confusión o miradas desviadas para seguir haciendo negocios, y no nos referimos solo a eléctricas o empresas energéticas. Hablamos de ese negocio que aprovecha cualquier situación, aunque esta sea en países en permanente situación de violación sistemática a los derechos humanos. 

Pongamos un ejemplo que ilustra esta otra realidad. Hablemos un poco de Guatemala. ¿De qué?, ¿de quién? Si, de ese país centroamericano que, aunque catalogado como democrático, tiene un régimen pleno de represión contra su población, además de corrupción y narcotráfico. Un país en el que se violan tanto los derechos que incluso la justicia tiene que huir del mismo. Hasta la fecha se contabilizan más de 20 operadores de justicia —jueces, juezas y abogados— que han tenido que exilarse de Guatemala. Y todo por el hecho de que se les ocurrió ejercer la justicia e investigar casos de corrupción que alcanzan a las máximas autoridades y estamentos del Estado. En paralelo, cientos de comunidades y defensores y defensoras son criminalizados por defender los derechos humanos y del territorio frente a la voracidad de oligarquías y transnacionales, ávidas por explotar los recursos naturales de este país. 

Ejemplos de esto último hay cientos. Como la mina de níquel de El Estor, de propiedad de una empresa ruso-suiza, donde las investigaciones independientes llevadas a cabo, entre otras, por Prensa Comunitaria, acaban de sacar a la luz todo tipo de feas implicaciones. El proyecto extractivo de El Estor es centro de acciones que van desde la explotación y destrucción del territorio, pasando por su contaminación, hasta la cooptación de las estructuras judiciales, policiales y ministeriales a su servicio y la represión contra toda aquella persona u organización comunitaria que, simplemente, se atreva a expresar que el pueblo q’eqchi’ y su territorio tienen derechos y se están violando. 

Otro ejemplo es la reciente salida de la cárcel del defensor Bernardo Caal después de más de cuatro años injustamente encerrado que llevó a Amnistía Internacional a declararle preso de conciencia. Su delito fue defender el recurso vital que es el agua y su acceso libre para toda la población; el problema es que para ello se enfrentó a grandes intereses económicos que construían represas hidroeléctricas para privatizar ese derecho básico, estrechamente relacionado con la vida. Entre esas empresas la conocida ACS, cuyo presidente es Florentino Pérez, quizá más conocido por esa otra faceta que ejerce, la de presidente del Real Madrid. En algún momento fue a Guatemala, y repartió alguna camiseta del equipo de futbol, mientras movía hilos para que su negocio siguiera adelante, sin oposición social, que siempre es engorrosa y puede enturbiar la “buena imagen”, vendida por su propia propaganda, de gran empresario y mejor persona. 

Así, dando cobertura a estas y otras muchas actuaciones similares, el conocido en Guatemala como “pacto de corruptos”, que reúne a la clase política tradicional más oligarcas y otros oscuros grupos de poder, se hace con el control absoluto de las estructuras estatales, políticas, judiciales y económicas de uno de los países más empobrecidos del continente americano. Un país que por ello bien podría calificarse como república bananera, pero que, seguramente, es más apropiado citar como república extractivista regalada al servicio de las élites económicas locales y transnacionales. O, directamente, como estado fallido, si pensamos en los servicios que, teniendo que ver con la mejora de las condiciones de vida de la población, todo estado está obligado a procurar y que en el caso de Guatemala han desaparecido. 

De esta forma, mientras asistimos desconcertados en el mundo televisado a la carrera loca de una guerra europea que nadie quiso, conocemos que en este país centroamericano, se lleva a cabo una reunión que pasa ciertamente desapercibida: las Jornadas de Partenariado Multilateral para el Desarrollo en Guatemala 2022. Según la revista Forbes, “más de 20 inversionistas y funcionarios, principalmente españoles, se encuentran en Guatemala para explorar oportunidades de negocios”. Loable reunión y bendito objetivo ese de aportar al desarrollo de un país que, como hemos dicho, ocupa uno de los primeros puestos del continente respecto a los índices de pobreza y en cuanto a la corrupción de su clase política y económica tradicional. Entiéndase la ironía, pues lo que en realidad se pretende es solo aumentar los beneficios de las empresas transnacionales que hoy copan este país. 

Solo dos preguntas para finalizar este texto. La primera sobre cuándo despertaremos los pueblos y nos daremos cuenta de que estamos en manos de descerebrados militaristas que nos arrastran ciegamente hacia un pozo sin fondo a través de guerras televisadas y de otras invisibilizadas. La segunda, más sencilla, aunque quizá, más improbable en cuanto a su respuesta: para cuándo esas urgentes Jornadas de Partenariado Multilateral para la Paz y los Derechos Humanos en Guatemala y el Mundo. 

Mientras tanto, unos y otros, en Ucrania, en Guatemala o en tantos otros territorios de este planeta, seguirán poniéndonos la vida en juego y ese es un mal plan para la humanidad. 

Por Jesús González Pazos / Mugarik Gabe

5 abr 2022

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Tanques rusos destruidos por las Fuerzas Armadas de Ucrania a principios de marzo en Bucha. Foto By Mvs.gov.ua, CC BY 4.0, https://commons.wikimedia.org

Occidente condena sin paliativos las imágenes de la retirada del ejército ruso en Bucha, donde testigos independientes refieren asesinatos indiscriminados de civiles. Human Rights Watch emite un informe en el que recoge otros posibles crímenes de guerra.

 

Las evidencias de la masacre en Bucha, una localidad a menos de 30 kilómetros de la capital, Kyiv, tienen consecuencias en el curso de la guerra en toda Europa. El sábado 2 de abril, la agencia AFP verificó que sus corresponsales habían encontrado “al menos 20 muertos” en las calles de esta localidad, uno de ellos con las manos atadas. 

El alcalde de la ciudad ha declarado que hay 300 cuerpos, de civiles, en su mayoría, en fosas comunes improvisadas excavadas en la ciudad. Algunos de los cuerpos están “a medio quemar” y también se han encontrado cadáveres con signos de tortura, según testimonios directos. Según declaró a Reuters el alcalde, Anatoliy Fedoruk, los muertos fueron ejecutados con disparos en la cabeza y no es seguro levantarlos por la sospecha de que los soldados rusos, en su retirada de la ciudad, hayan escondido minas en los cuerpos de los cadáveres. Ucrania refiere haber encontrado 410 cadáveres en las ciudades alrededor del perímetro de Kyiv, incluida Bucha, tras la retirada de las fuerzas armadas rusas.

Igor Konashenkov portavoz ruso del Ministerio de Defensa ha confirmado que las tropas han evacuado la ciudad pero el Kremlin niega los asesinatos indiscriminados de civiles y se limita a decir que se trata de “noticias falsas”, un montaje y una provocación.

Rusia ha mantenido su propia versión a lo largo de la mañana de hoy, 4 de abril, y otro de sus portavoces ha calificado como una “atroz provocación de los radicales ucranianos” lo sucedido en Bucha antes de anunciar que Rusia ha solicitado “una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU el lunes 4 de abril“.

El Gobierno ucraniano ha reaccionado acusando al ejército ruso de crímenes de guerra. Volodimir Zelensky se ha dirigido a la población con un mensaje en el que asegura que el Consejo de Seguridad de la ONU examinará el martes “los crímenes de guerra cometidos en Bucha y otras ciudades durante la ocupación rusa”.

Los líderes de Occidente han mostrado su consternación con las imágenes que han llegado de Bucha. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ha emitido un mensaje en el que dice que los responsables del “indecible horror” deben pagar por ello. Anthony Blinken, secretario de Estado de Estados Unidos, ha calificado las imágenes como un “puñetazo en el intestino” y ha declarado que su administración “investigará” si Rusia ha cometido genocidio durante el mes largo de guerra. Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, calificó las imágenes como “una brutalidad contra los civiles que no hemos visto en Europa desde hace décadas”.

En España, Pedro Sánchez ha abundado en la posibilidad de que los crímenes de Bucha sean considerados crímenes de guerra y “por qué no decirlo, genocidio”. Se trata de uno de los primeros líderes que menciona la palabra genocidio en el contexto de la guerra de Ucrania.

Al margen de las condenas, la consecuencia de las imágenes publicadas esta semana parece orientarse a una nueva batería de sanciones. Emmanuel Macron, presidente francés, ha sido uno de los que han propuesto nuevas sanciones y ha dicho que se deben orientar a las importaciones de carbón y petróleo. La ministra alemana de Defensa, Christine Lambrecht, ha ido un paso más allá y ha pedido que la UE se plantee renunciar a las importaciones de gas ruso como represalia, algo que hasta ahora no se ha barajado por la dependencia que tienen Alemania, Polonia y otros países del Este del combustible ruso.

Entre las personas que han dado testimonio de la masacre en Bucha está el periodista independiente Santi Palacios, quien ha publicado en la revista 5W algunas de las fotografías que han dado la vuelta al mundo en las últimas 48 horas. En ellas se puede observar el horror perpetrado en la localidad, que se corresponde con la descripción dada por el alcalde de Bucha: cadáveres desperdigados por la calle, algunos de ellos maniatados, muertos enterrados en los patios traseros de algunas casas: “Vimos 22 muertos en esta misma calle. Son los que vimos. Pero eran más”, termina el relato de Palacios.

Informe humanitario

Antes de que se conocieran los hechos de Bucha, una serie de ONG encabezadas por Human Rights Watch publicaron un informe sobre posibles crímenes de guerra cometidos en Chernihiv, Kharkiv y Kyiv y confirmaron la veracidad de testimonios en “un caso de violación reiterada; dos casos de ejecución sumaria, uno de seis hombres y el otro de un hombre; y otros casos de violencia ilegal y amenazas contra civiles entre el 27 de febrero y el 14 de marzo de 2022”.

Uno de los casos documentados por HRW sí tuvo lugar en Bucha. El 4 de marzo, las fuerzas rusas en esa localidad “acorralaron a cinco hombres y ejecutaron sumariamente a uno de ellos. Un testigo dijo a Human Rights Watch que los soldados obligaron a los cinco hombres a arrodillarse a un lado de la carretera, les taparon la cabeza con sus camisetas y dispararon a uno de ellos en la nuca”.

Otro de los casos documentados por HRW se refiere a una mujer que denunció que un soldado ruso la violó repetidamente en una escuela de la región de Járkiv donde ella y su familia se habían refugiado el 13 de marzo. Dijo que la golpeó y le cortó la cara, el cuello y el pelo con un cuchillo. Human Rights Watch revisó dos fotografías, que la mujer compartió, en las que se muestran sus lesiones faciales.

“Las leyes de la guerra prohíben el asesinato intencionado, la violación y otros actos de violencia sexual, la tortura y el trato inhumano de los combatientes capturados y de los civiles detenidos”, recuerda Human Rights Watch. “También están prohibidos el pillaje y el saqueo. Cualquiera que ordene o cometa deliberadamente estos actos, o que los ayude o instigue, es responsable de crímenes de guerra”.

“Rusia tiene la obligación jurídica internacional de investigar imparcialmente los presuntos crímenes de guerra cometidos por sus soldados”, declaró Hugh Williamson, director de la organización en Europa y Asia Central.

Redacción El Salto

4 abr 2022

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Patrullaje militar, ayer en Bu¬cha, en las orillas de Kiev. Foto Ap

El renombrado intelectual y disidente Noam Chomsky habló con la organización Truthout sobre los recientes hechos en Ucrania y dio su visión sobre la cultura política en Estados Unidos, el universo ideológico del Partido Republicano, el fervor político y la prohibición de libros.

J. Polychroniou: Noam, los últimos reportes sobre la guerra en Ucrania indican que Rusia ha cambiado su estrategia con la intención de partir el país como Corea del Norte y del Sur, de acuerdo con funcionarios ucranios. Mientras, la OTAN refuerza el frente oriental, como si Rusia planeara invadir Bulgaria, Rumania y Eslovenia. Washington calla sobre la paz en Ucrania. Escuchamos a Biden pronunciar un discurso de masculinidad tóxica contra Putin en su reciente visita a Polonia que hizo que el presidente francés, Emmanuel Macron, le advirtiera no usar lenguaje incendiario, pues él trata de lograr un cese el fuego. ¿Alguna vez Estados Unidos ha creído que los conflictos pueden resolverse de otra manera que no sea la intimidación y el uso de la fuerza?

Noam Chomsky: En cuanto a la situación militar actual, existen dos versiones radicalmente distintas: la que nos es más familiar es la del jefe de la inteligencia militar de Ucrania, el general Kyrylo Budanov: el intento de Rusia de derrocar al gobierno ucranio fracasó, así que Rusia se repliega hacia el sur y este del país. Tiene ocupada la región del Donbás, al este de la costa del mar Azov, y planea un escenario coreano para dividir al país.

“El jefe de la Dirección Principal Operativa del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa, Sergey Rudskov, cuenta una historia diferente: una interpretación del misión cumplida en Irak, sin los elementos dramáticos. Dos historias con el mismo final que, sospecho, es el correcto.

“Occidente, de manera plausible, adopta la primera narrativa. Es decir, la historia de que Rusia es incapaz de conquistar ciudades a unos cuantos kilómetros de su frontera, defendidas por fuerzas militares muy limitadas, apoyadas por milicias.

“¿En verdad Occidente adopta esta historia? Sus acciones indican que prefieren la versión de Rudskov: una maquinaria militar rusa increíblemente poderosa y eficiente que, tras lograr sus objetivos en Ucrania, ahora se prepara para invadir Europa, y probablemente someterá a la OTAN. De ser así, es necesario reforzar el frente occidental de la alianza para prevenir una inminente invasión de esta fuerza monstruosa.

“Otra idea se sugiere sola: ¿será posible que Washington desee sacar provecho del gran regalo que Putin le dio, al dividir a Europa para justificar la necesidad de reforzar al frente oriental que, como bien se sabe, no está en peligro de invasión?

“Hasta ahora, Washington no se ha alejado de lo que planteó en aquel pronunciamiento político crucial de septiembre pasado, en que alentó a Ucrania a unirse a la OTAN y ‘concretar la estructura de defensa estratégica Estados Unidos-Ucrania y cooperación en materia de seguridad’, al proveer a esta nación con avanzados sistemas antitanque y otras armas, así como un ‘robusto programa de entrenamiento y ensayos que mantenga el estatus de Ucrania como socio de Oportunidades Óptimas para la OTAN’.

“Hay muchas discusiones rebuscadas sobre los profundos recovecos en el alma retorcida de Putin que lo llevaron a invadir Ucrania. Al recurrir a la agresión criminal, llevó sus ejercicios militares anuales más cerca de la frontera en un esfuerzo por llamar la atención para que se tomaran en serio las preocupaciones sobre seguridad de Rusia, mismas que sí son consideradas importantes por diplomáticos estadunidenses; directores de la CIA y muchos funcionarios de alto rango que advirtieron a Washington de lo insensato que era ignorar dichas preocupaciones.

“Quizá explorar el alma de Putin es el enfoque correcto para comprender la decisión que tomó en febrero de 2022. Hay otra posibilidad: tal vez quiso decir lo que él y otros líderes rusos desde Boris Yeltsin han repetido los últimos 25 años sobre la neutralización de Ucrania. Pese a que el dicho provocador de Biden fue silenciado en Estados Unidos, Putin bien pudo haberlo escuchado y por eso decidió escalar sus ejercicios anuales y llevarlos a la agresión.

“La prensa reporta que ‘Ucrania está lista para declararse neutral, abandonar su intento de unirse a la OTAN y promete no desarrollar armas nucleares si Rusia retira a sus tropas y Kiev recibe garantías de seguridad’.

“De ahí que, ¿desistirá Estados Unidos y hará esfuerzos para salvar a Ucrania de más miseria en vez de interferir con estos esfuerzos al rehusarse a participar en las negociaciones y mantener la postura expresada en septiembre pasado?

“La pregunta lleva al improvisado llamado de Biden a Putin de replegarse, sin ofrecerle vía de escape, que es reconocida como una virtual declaración de guerra y podía tener aterradoras consecuencias. Ésta causó considerable consternación en todo el mundo, aun en su equipo, que se apresuró a asegurar que sus palabras no significaban lo que él dijo.

“Biden explicó que su comentario fue un exabrupto espontáneo de ‘indignación moral’, repulsión ante los crímenes del ‘carnicero’ que gobierna Rusia. ¿Existen otras situaciones actuales que puedan inspirarle indignación moral?

Sí, hay casos en que Estados Unidos, como cualquier otra potencia hegemónica imperial, ha buscado resolver conflictos por vías pacíficas.

–En casa, los republicanos respaldan severas políticas contra Rusia, pese a que su gran líder continuamente cambia su cantaleta sobre Putin según los acontecimientos. ¿Por qué sigue habiendo apoyo entre los republicanos hacia Rusia y Putin, especialmente en el extremo derecho del espectro político? ¿Qué motiva a la extrema derecha a romper filas con el Partido Republicano en favor de Rusia, cuando una imponente mayoría de la opinión pública en el país apoya a Ucrania?

–No es sólo Rusia y Ucrania. Mientras Europa condena la política intransigente del premier Viktor Orban en Hungría, éste se ha vuelto muy querido por gran parte de la derecha estadunidense. Fox News y su principal presentador, Tucker Carlson, están a la cabeza, pero otros prominentes conservadores se unen en las odas al régimen protofascista cristiano nacionalista que Orban ha impuesto al destruir la libertad y la democracia en Hungría.

“Esto refleja el conflicto en el Partido Republicano o, para ser más exactos, lo que queda de lo que fue una formación política legítima y que ahora está a la par de facciones europeas con orígenes neofascistas.

“Trump aceleró la tendencia que comenzó cuando Newt Gingrich tomó el control del Partido Republicano hace 30 años. Y Trump ahora está siendo rebasado en su derechismo, algo inimaginable hasta hace poco. Mucho del liderazgo se enfila hacia el modelo de Orban y más allá, trayendo consigo a masas idólatras. Creo que el debate del partido sobre Rusia y Ucrania se debe analizar con esto como telón de fondo.

–Los abogados de los republicanos intensifican sus esfuerzos por prohibir libros sobre raza, como si la esclavitud y la opresión racial en Estados Unidos fueran imaginarias y no hechos históricos. ¿Existe nexo entre prohibir libros y limitar el derecho al voto? ¿Estos actos representan otra indicación de que en Estados Unidos se gesta una guerra civil?

–La prohibición de libros no es nada nuevo en Estados Unidos, y eliminar los votos de la gente equivocada es tan tradicional como el pay de manzana, por usar una frase hecha. Ahora regresan con más fuerza a medida de que la organización republicana, al sentir que volverá al poder, parece migrar hacia una especie de protofascismo.

Algunos cautelosos analistas predicen una guerra civil. Al menos, una crisis interna muy seria está tomando forma. Se ha hablado mucho del declive de Estados Unidos y hasta cierto punto es real, y su factor principal es intrínseco. Si lo vemos profundamente, mucho del deterioro social interno es resultado del impacto brutal de los programas neoliberales de los pasados 40 años. Es suficientemente malo que Hungría vaya a la deriva hacia un nacionalismo protofascista cristiano, pero cuando le pasa al Estado más poderoso en la historia del mundo, las implicaciones son ominosas.

–Imponer severas sanciones a países que se niegan a obedecer las órdenes de Washington es una táctica establecida en Estados Unidos. Incluso los académicos que viven en países bajo sanciones son tratados como indeseables. En general la cultura política de Estados Unidos no tolera que las voces disidentes sean escuchadas en la arena pública. ¿Quisiera comentar sobre las características fundacionales de la cultura política de Estados Unidos?

–Vale recordar que no es nada nuevo. Todos recordamos cuando el augusto Senado cambió el nombre de las papas a la francesa por el de papas de la libertad, en una furiosa reacción a la imprudente negativa de Francia a unirse al asalto criminal de Wa­shington contra Irak. Podríamos ver algo similar pronto si el presidente Macron de Francia, una de las pocas voces razonables en el círculo occidental, sigue llamando a la moderación de palabra y acción para explorar opciones diplomáticas. El caer fácilmente en el alarmismo viene de muy atrás, y ya había alcanzado profundidades ridículas cuando Estados Unidos entró a la Primera Guerra Mundial y todo lo alemán se convirtió en anatema.

“Europa se opone firmemente a las sanciones, pero como de costumbre, sigue a su amo, incluso al extremo de censurar el artículo de un filósofo iraní. El gran regalo de Putin a Washington fue intensificar esta subordinación a su poder.

“Puedo agregar aquí muchos ejemplos de mi experiencia personal, pero no debe pasarse por alto cómo lo maligno se extiende a distancias insospechadas.

“Vivimos tiempos peligrosos. Recordamos bien cómo el reloj hacia el apocalipsis pasó de marcar minutos a marcar segundos bajo Trump, y ahora está a 100 segundos de llegar a la medianoche, o el final. Los analistas que ponen a tiempo ese reloj dan tres razones: guerra nuclear, destrucción ambiental y el colapso de la democracia y de la libertad en la esfera pública, lo cual socava la esperanza de que ciudadanos informados y entusiastas impulsen a sus gobiernos a resistir la carrera hacia el desastre.

“Esta guerra en Ucrania ha exacerbado las tres tendencias desastrosas. La amenaza nuclear se incrementó claramente. La imperiosa necesidad de reducir considerablemente el uso de combustibles fósiles ha sido revertida por la adulación de los destructores de la vida en la Tierra que proclaman su compromiso con salvar la civilización de los rusos. La democracia y la libertad están en ominoso declive.

“Esto evoca lo que pasó hace 90 años, pero ahora hay mucho más qué perder. Entonces, Estados Unidos respondió a una crisis y sirvió de guía hacia la democracia social, en gran medida revitalizada por el ímpetu del movimiento laborista, mientras Europa se hundió en la oscuridad fascista.

Lo que ocurrirá ahora es incierto. La única certeza es que depende de nosotros.

Entrevista publicada en Truthout en: https://bit.ly/37bYaIu

Versión completa en: https://www.jornada.com.mx/notas/2022/04/03/politica/chomsky-la-guerra-de-rusia-contra-ucrania-acelero-el-reloj-del-juicio-final/

*Politólogo, economista y periodista.

Traducción: Gabriela Fonseca

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. Imagen: AFP

Denuncian el hallazgo de los cadáveres de 410 civiles

Frente a una serie de condenas de la comunidad internacional, el Kremlin respondió que se trata de "otra producción del régimen de Kiev para los medios occidentales" y pidió una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU.

Ucrania denunció este domingo una "masacre deliberada" de civiles por parte del Ejército ruso en las zonas que ocupó cerca de Kiev, en particular en la localidad de Bucha. El ministerio de Defensa ruso rechazó las acusaciones y aseguró que las imágenes de cientos de cadáveres en las calles de Bucha, que desencadenaron una serie de condenas a nivel internacional, eran "otra producción del régimen de Kiev para los medios occidentales". Por ese motivo, Moscú pidió para este lunes una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU.

En la devastada localidad de Bucha, en los alrededores de la capital ucraniana, las autoridades ucranianas denunciaron haber hallado los cadáveres de 410 civiles después de que las tropas rusas se retiraran de la zona. El presidente Volodimir Zelenski, calificó la situación de "genocidio". En contacto con la televisión estadounidense, el mandatario expresó: "Es la eliminación de una nación entera y de su gente. Somos ciudadanos de Ucrania y tenemos más de 100 nacionalidades viviendo aquí. Esto es la destrucción y exterminio de todas estas nacionalidades".

Periodistas de la agencia francesa de noticias AFP vieron el sábado al menos 20 cuerpos, todos con ropa civil, tendidos en una calle. Tres de los cuerpos estaban enredados en bicicletas, mientras que otros cayeron cerca de vehículos aplastados o con agujeros de bala. Uno tenía las manos atadas a la espalda y su pasaporte ucraniano estaba abierto junto a su cuerpo. "A toda esa gente le dispararon", dijo el alcalde de Bucha, Anatoli Fedoruk. "Estas son las consecuencias de la ocupación rusa", lamentó.

"Estoy profundamente impactado por las imágenes de civiles asesinados en Bucha", dijo por su parte el secretario general de la ONU, Antonio Guterres. Según la organización internacional, que reclama una investigación independiente y preservar las pruebas, el descubrimiento de fosas comunes plantea serias dudas sobre posibles crímenes de guerra.

Sin embargo, la ONU también dijo que no se podía descartar que entre los cuerpos estuvieran los de "soldados ucranianos o rusos que murieron durante las hostilidades". Reino Unido, Francia, Alemania, España, Italia y la Unión Europea (UE) expresaron su horror y pidieron que los responsables sean llevados ante el tribunal internacional de La Haya.

La respuesta de Rusia

Rusia, en cambio, rechazó las acusaciones y aseguró que las imágenes de civiles asesinados eran una fabricación de Ucrania. "Todas las fotos y todos los videos publicados por el régimen de Kiev, que supuestamente dan testimonio de algún tipo de crimen por parte del personal militar ruso en la ciudad de Bucha son otra provocación", indicó el ministerio de Defensa de Rusia.

"Mientras la ciudad estuvo bajo el control de las tropas rusas, y más aún después, hasta hoy en Bucha los residentes locales se movían libremente por la ciudad y usaban comunicaciones de telefonía móvil", señala el Kremlin, que también asegura que no bloqueó la salida desde la ciudad y que "todos los residentes locales tuvieron la oportunidad de abandonar libremente la localidad en dirección norte, incluso a la República de Bielorrusia".

La cartera que dirige Serguei Shoigu señaló que las tropas ucranianas dispararon "las 24 horas con artillería de gran calibre, tanques y sistemas de cohetes de lanzamiento múltiple" contra las afueras del sur de la ciudad, incluidas áreas residenciales. "Queremos señalar especialmente que todas las unidades rusas abandonaron por completo Bucha el 30 de marzo, el día después de la ronda de conversaciones presenciales entre Rusia y Ucrania en Turquía", dijo Defensa.

Rusia sostiene que fue el 31 de marzo cuando el alcalde de Bucha festejó en un mensaje de video que no había ya soldados rusos en la ciudad, "pero no mencionó en ningún momento que había residentes locales baleados en las calles con las manos atadas". Por lo tanto "no es de extrañar que todas las llamadas pruebas de delito en Bucha aparecieran solo el cuarto día, cuando llegaron a la ciudad oficiales de la Servicio Estatal de Seguridad y representantes de la televisión ucraniana", alega Moscú.

Odessa bombardeada

Mientras tanto en Odessa, el principal puerto de Ucrania en el mar Negro, se escucharon explosiones a primera hora de la mañana del domingo y Rusia dijo haber destruido una refinería y depósitos de combustible. Las instalaciones suministraban combustible a las fuerzas ucranianas en dirección a la ciudad de Mikolaiv, más al este, explicó el ministerio de Defensa ruso.

Luego de esas explosiones, que se sintieron hacia las seis de la mañana locales, se vieron columnas de humo negro en una zona industrial de esta ciudad portuaria. Fue un ataque con cohetes que no dejó víctimas, afirmó en un comunicado un oficial del mando regional Sur, Vladislav Nazarov. Esta ciudad histórica del sur es considerada estratégica por su puerto de gran tamaño que permite acceso al mar Negro y al resto de Ucrania.

Rusia acusa a Ucrania de bloquear Mariupol

Los esfuerzos rusos por consolidar su control en el sur y este de Ucrania se ven socavados hasta ahora por la resistencia en Mariupol. Al menos cinco mil personas murieron en el asedio de esa otra ciudad portuaria del sur del país, según las autoridades locales, mientras que las 160 mil que siguen allí sufren la falta de alimentos, agua y electricidad.

El ministerio de Defensa ruso acusó este domingo a las autoridades ucranianas de "frustrar" la operación de evacuación de civiles de la ciudad. Según el el jefe del Centro de Control de Defensa Nacional de Rusia, Mijail Mizintsev, el tramo de la ruta adyacente a Mariupol "fue objeto de ataques reiterados por parte de las unidades del Ejército ucraniano y los batallones nacionalistas con morteros y armas de alto calibre".

"A consecuencia de esto, la columna humanitaria acompañada por representantes del Comité Internacional de la Cruz Roja se mantuvo durante dos jornadas a la espera del cese el fuego de los nacionalistas y la confirmación de las autoridades de Kiev del 'régimen de silencio', que finalmente no tuvo lugar", argumentó Mizintsev.

Siguen las negociaciones

En una posible señal de avance para poner fin a los combates, el jefe de los negociadores rusos en las conversaciones de paz con Ucrania, Vladimir Medinski, elogió el domingo una posición "más realista" de Kiev, dispuesto bajo condiciones a aceptar un estatuto de neutralidad, tal como pide Moscú. Medinski precisó sin embargo que un proyecto de acuerdo adecuado no está aún listo para ser sometido a los presidentes de los dos países. 

Moscú debe responder a una serie de propuestas ucranianas con vistas a un acuerdo. Kiev propone la neutralidad de Ucrania y renunciar a adherir a la OTAN, pero bajo la condición de que su seguridad esté garantizada por otros países frente a Rusia. También propone negociaciones para resolver el estatuto del Donbass ucraniano y de Crimea. 

Esas propuestas fueron hechas durante conversaciones en directo en Estambul, a principios de semana. Esas negociaciones prosiguieron el viernes por videoconferencia, y una nueva ronda está prevista para este lunes, según Medinski.

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Sábado, 02 Abril 2022 05:56

Cambios de régimen

Vladimir Putin responde a las preguntas de los medios, durante la rueda de prensa del pasado 22 de febrero. Oficina Ejecutiva Presidencial de Rusia

Un mes de guerra en Ucrania (y III)

 La economía europea, desde Lisboa a Vladivostok, sufrirá un serio colapso como consecuencia de la invasión rusa a Ucrania. Eso va a tener, está teniendo ya, consecuencias en los diferentes regímenes políticos de los países implicados

 

Llama mucho la atención estos días el tono de la música que nos llega de Moscú. Por ejemplo, la última alocución del presidente Putin advirtiendo contra el “enemigo interior”, la “quinta columna” y los “traidores”.  

“Occidente quiere convertirnos en un país débil y dependiente, violar nuestra integridad territorial, fragmentar el país”, dijo Putin. Con ese objetivo se apoyan en la “quinta columna”, esos “traidores nacionales que ganan dinero aquí pero viven allí, no en el sentido geográfico, sino en el mental, de acuerdo con su conciencia de esclavos”. “Esa gente está dispuesta a vender a su madre (…), pero el pueblo ruso sabrá distinguir a los verdaderos patriotas de la escoria y los traidores”. “Tal depuración solo reforzará a nuestro país, nuestra solidaridad, cohesión y disposición a cualquier desafío”.  

Nunca hasta el día de hoy se había oído al presidente ruso manifestarse en público en tales términos. A la luz de la historia rusa del siglo XX, la cruzada contra el enemigo interno que se sugiere –y que ya tiene algunas manifestaciones concretas en forma de pintadas en los domicilios de personajes del ámbito occidentalista liberal de Moscú y San Petersburgo– es algo manifiestamente inquietante.  

Vienen tiempos duros, augura el politólogo moscovita Dmitri Trenin, que augura un reset, un reinicio, del sistema ruso. “El Estado ruso es prácticamente invencible desde fuera, pero se desmorona hasta en sus fundamentos cuando una masa considerable de rusos se desencanta de sus dirigentes, de las injusticias o de un sistema ineficaz”, dice.  

“Los intentos de provocar el conflicto civil dentro de Rusia son nuestro peor escenario y los enemigos de nuestro país apuestan precisamente por ello”, asegura Konstantin Zatulin, vicepresidente de la comisión de la Duma para asuntos del entorno postsoviético. “Lo que ocurre en Ucrania es la guerra civil que en su día se aplazó y no tuvo lugar, cuando la traición de nuestra élite disolvió la Unión Soviética”, añade.  

Este inequívoco discurso debe considerarse al lado de las nuevas realidades económicas que las sanciones occidentales determinan. Los oligarcas rusos ya no pueden continuar funcionando como hasta ahora, extrayendo riqueza de Rusia, insertándola en la economía global controlada por Occidente y guardando sus beneficios en paraísos fiscales. El riesgo de confiscación y la imposibilidad de mover el dinero en y hacia Occidente lo cambia todo para ellos.

 “El pueblo ruso sigue con interés la devolución al país de los capitales exportados por los oligarcas que temen ser confiscados y detenidos en los países de la OTAN”, dice Sergei Glaziev, un raro consejero de Putin con concepciones económicas que enfatizan el reparto social. ¿Invertiran ahora los oligarcas sus beneficios en Rusia en asuntos productivos? ¿Abandonará Putin el sui géneris neoliberalismo burocrático/oligárquico ruso para abrazar una fórmula de capitalismo más parecida a la china, es decir, menos orientada al beneficio rentista de una minoría de super ricos a la americana y más productiva, con inversiones en infraestructuras, en el bienestar general de la sociedad y con cierta capacidad de reparto? No lo sabemos, pero todo le empuja a ello. La suma de esos dos aspectos, lo que el discurso augura y lo que la economía determina, arroja un resultado inequívoco: un régimen más social y más represivo. La URSS era algo así. Y algo así supondría un “cambio de régimen” en Rusia. Pero, ¿qué pasa con Europa? 

Fedor Lukianov, otro politólogo moscovita, también tiene claro que vienen tiempos duros. “Serán malos para nosotros pero también para ellos”, dice, refiriéndose al efecto de las sanciones. “La diferencia es que el pueblo ruso sabe sobrevivir (en condiciones extremas), mientras que los europeos no saben”. “Y ahora estamos realmente en esta situación”, continúa, “veremos qué pasa”. “Para aumentar la presión, tendrán que aplicarnos más castigos, y nosotros responderemos con medidas muy duras hasta cerrar la válvula del gas y del petróleo. Es un juego de eliminatorias, cuya posibilidad hasta hace poco era difícil de imaginar”, concluye.   

Las sanciones contra Rusia ya están transformando Europa. Para compensar los 55.000 millones de metros cúbicos de gas que Alemania recibe anualmente de Rusia vía gasoductos, deberían llegar diariamente al país mil barcos con gas licuado, estima Markus Jerger, de la asociación económica de empresas medianas. “Las sanciones no deben perjudicar a los Estados europeos de forma más dura que a los dirigentes rusos”, advierte alarmado el canciller alemán Olaf Scholz. “Casi un 40% de los consumidores alemanes alegan deterioro de su situación económica y las medidas comerciales ya les están perjudicando”, dice. No es solo una cuestión de gas y petróleo.  

La Federación Agraria Alemana (DBV) augura “aumentos de precios para los productos alimentarios de una escala desconocida”. Rusia tiene importantes posiciones en el mercado de cereales, pero también en el de potasio, paladio, neón, titanio, aluminio... “Al pedir sanciones aun más agresivas, Biden está pidiendo a Europa que se suicide”, dice el diario ruso Kommersant.       

El cambio en Alemania

En medio de este shock bélico, Alemania ha llevado a cabo su remilitarización. En el país en el que en una fecha tan cercana como abril de 2018 un 94% de la ciudadanía valoraba en las encuestas de la agencia Forsa como “importante” el mantenimiento de unas buenas relaciones entre Berlín y Moscú, la conmoción de la guerra de Ucrania ya ha hecho posible un giro cardinal. Los 100.000 millones de incremento del presupuesto militar alemán van a convertir al Bundeswehr, actualmente el séptimo ejército del mundo, en el tercero, solo por detrás de los americanos y de los chinos, y claramente por delante de Francia, algo que necesariamente preocupa en París. En un abrir y cerrar de ojos, la opinión pública más antimilitarista del continente ha sido burlada de un día para otro. El cambio será consagrado en la Constitución.

El acuerdo 2+4 de la reunificación alemana de septiembre de 1990 estableció que “de suelo alemán solo salgan impulsos de paz” y prometía que “Alemania nunca utilizará ninguna de sus armas, salvo de conformidad con su Constitución y la Carta de las Naciones Unidas”. El artículo 26 de la Constitución Federal establece claramente que “las acciones dirigidas y que tienen por objeto perturbar la vida pacífica de los pueblos, en particular la preparación de una guerra ofensiva, son anticonstitucionales y punibles por la ley”. Todo eso que la guerra de Kósovo, primera participación militar alemana en una guerra desde Hitler, ya apuntó, ahora va a ser consagrado e institucionalizado. El experto chino Zheng Yongnian se pregunta si el rearme alemán no tendrá consecuencias en Japón, donde desde hace años se quiere revisar el artículo antimilitarista de la Constitución.

Oficialmente, Estados Unidos mantiene en Europa unas cien bombas nucleares en  Bélgica, Alemania, Holanda, Italia y Turquía, como parte de su sistema de “disuasión nuclear”. De ese total, Alemania alberga una veintena (el número exacto lo desconocen hasta los propios parlamentarios) en la base aérea de Büchel, las llamadas B61. El 82% de los encuestados se pronuncia a favor de la retirada de esas bombas de Alemania. La opinión mayoritaria de la ciudadanía contradice frontalmente otro compromiso del acuerdo de coalición del actual gobierno: mantener la “obligación” de compartir con Estados Unidos el rearme nuclear de la OTAN, con el estacionamiento de nuevas bombas en Alemania para el año 2025, así como sufragar los 45 aviones bombarderos F-18 encargados de transportarlas, con un coste total de 8.000 millones de euros. El 72% de los alemanes se declara específicamente en contra de esa participación, que por otra parte viola el compromiso del acuerdo de reunificación de 1990 (2+4) de renunciar a poseer armas nucleares. Oficialmente esas armas no son alemanas, pero en la práctica los aviones alemanes las llevan –y las llevarán aún más– en maniobras nucleares ofensivas como “Steadfast Noon” (2021) encaminadas, según la propia definición de la Alianza, a “garantizar que la disuasión nuclear de la OTAN sea segura y efectiva”. 

¿Más disciplina nuclear?

Ya antes de la guerra de Ucrania, el desagrado de la opinión pública alemana hacia el militarismo, su mayoritario rechazo a la presencia de armas nucleares en su país, y el peligro que representaba la posibilidad de que las fuerzas políticas respondieran activamente a todo ello (es decir, el remoto peligro de que se ejerciera la democracia), llevó a la OTAN a incrementar su presión sobre los políticos alemanes. Meses antes de la formación del nuevo gobierno de coalición en Berlín en diciembre de 2021, Estados Unidos, Francia y la OTAN criticaron a Alemania por su estatus de “observador” en la conferencia del Acuerdo para la prohibición de armas nucleares (TPNW, en sus siglas en inglés). Todos los países de la OTAN votaron en contra del TPNW y 122 lo hicieron a favor en la ONU. Solo cuatro Estados europeos –Austria, Irlanda, San Marino y Malta– ya han ratificado el TPNW. Noruega y Alemania son “observadores”, y desde Francia, Emmanuel Macron exigía más independencia militar europea y menos dependencia de la OTAN. El temor a una reacción en cadena  con pasos similares en Bélgica y Holanda, llevó entonces a la OTAN a ejercer presión sobre Berlín. 

Todos los miembros del bloque militar atlantista, “deben hablar con una sola voz en cuestiones nucleares”, “espero que Alemania gaste más en su ejército”, dijo en noviembre el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Ante el peligro de que el acuerdo de coalición concluyera en un consenso por retirar de Alemania las bombas, Stoltenberg chantajeó con la posibilidad de que “la consecuencia podría ser fácilmente que esas armas nucleares se albergaran en otros países de Europa, al Este de Alemania”, lo que resultaría aún más provocador para Rusia. 

Todo esto ha saltado por los aires como consecuencia de la invasión rusa de Ucrania. Alemania, como el resto de Europa, ya está firmemente alineada en la disciplina de bloque. Esto también es un “cambio de régimen”.

La inflación y la carestía van a provocar otros cambios en Europa. El ulterior deterioro de las condiciones de vida de la mayoría social que se sumará a las consecuencias de la crisis del 2008 y de la pandemia, ¿a quién beneficiará electoralmente? En España tenemos un escenario bastante claro a ese respecto, en el resto de la UE cada país tiene el suyo. ¿Qué regímenes administrarán el general deterioro del bienestar en los distintos países de Europa? Parece que no solo Rusia, y por supuesto Ucrania, sino todos vamos a salir perdiendo con los “cambios de régimen” que la guerra determina. 

P.S. Estos días volvemos a escuchar en boca del presidente de Estados Unidos amenazas sobre esas “líneas rojas” que Rusia no puede cruzar sin arriesgarse a una intervención militar de Estados Unidos y la OTAN. Como en Siria, se menciona en ese contexto un fantasmagórico uso de “armas químicas”. Rusia no tiene ninguna razón ni motivo para algo así, de la misma forma en que El Assad no los tenía y menos aún el día en que una misión de la ONU visitaba Damasco. Pero no hay duda de que en Estados Unidos hay fuerzas que desean propiciar tal escenario en busca de un “casus belli”, y en Ucrania no faltarán voluntarios para escenificar algo de ese género, como hicieron en Siria los amigos yihadistas de Occidente. Este escenario forma parte de El gran peligro, evocado hace unos días en estas páginas, y debe ser observado con suma atención.

Por Rafael Poch 30/03/2022

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¿Cuáles son los "progresos" que anuncia Rusia en el diálogo con Ucrania?

El Canciller ruso Sergei Lavrov anunció desde su visita a la India que se habían logrado progresos en el diálogo con Ucrania, aunque aún son limitados. Sobre la mesa está el compromiso de Ucrania de no ingresar a la OTAN, el diálogo sobre la región de Donbass y el retiro de las tropas rusas.

 

Se cumplieron dos semanas desde que el diario Financial Times publicó una lista de 15 puntos, supuestamente filtrada por altas fuentes intervinientes en el conflicto, que permitirían arribar a un diálogo para poner fin a la guerra. Desde ese momento las negociaciones avanzan a cuentagotas, pero ya se conocen algunos elementos que podrían incluir un primer preacuerdo.

Mientras el Gobierno de Zelenski denuncia que Rusia aprovecha el tiempo para reagrupar sus tropas en el este del país y comenzar una nueva ofensiva en la región del Donbass, algo muy probable por cierto, el Canciller ruso Sergei Lavrorv anunció desde un viaje a la India que se están llevando adelante "progresos" en el diálogo.

Algunos puntos del preacuerdo serían la renuncia de Ucrania a pedir el ingreso a la OTAN, la apertura de una mesa de diálogo sobre Crimea y el Donbass (la primera anexionada por Rusia en 2014 pero no reconocida internacionalmente ni por Ucrania, y la segunda en juego en la actual ofensiva). Esto no implicaría que Ucrania reconozca que esas regiones sean autónomas o que estén bajo control Ruso, pero sí se comprometerían a no atacan militarmente esas posiciones durante un diálogo que deberá ser bilateral (sin intervención de otros países). A cambio de esto Rusia replegaría sus sus tropas, sobre todo de Kiev. Ayer comenzó a hacerlo de a poco y también retiró sus tropas de la central nuclear de Chernobyl. Sin embargo, Ucrania advierte que puede ser una distracción para reagruparse y reabastecerse.

En ese marco, Lavrov aseguró este viernes durante su visita oficial a la India que se han producido ciertos progresos en las negociaciones sobre el estatus neutral de Ucrania, incluyendo un acercamiento de posturas con respecto a la situación de las regiones del Donbass.

"Estos acuerdos deben ser completados (...), hay cierto progreso admitiendo la imposibilidad de que Ucrania forme parte de cualquier bloque", aseguró el jefe de la diplomacia rusa, agregando que han encontrado "un entendimiento" sobre la situación en la disputada región de Donbass.

India se ha mantenido con un perfil de neutralidad desde el comienzo de la invasión rusa de Ucrania, absteniéndose de condenar la agresión en la Asamblea General de la ONU.

El ministro de Exteriores ruso se reunió este viernes con su homólogo indio, Subrahmanyam Jaishankar, al que agradeció su postura neutral en el conflicto por contemplar el asunto "en su totalidad, no solo desde una de las partes".

Hacer frente a las sanciones

Además de discutir la situación en Ucrania, la reunión entre Lavrov y Jaishankar también debía servir para que ambos países desarrollasen mecanismos efectivos de pago para continuar con sus transacciones comerciales pese a las sanciones internacionales que pesan sobre la economía rusa.

La mayor de estas dificultades versa sobre la imposibilidad de gran parte de los bancos rusos de acceder al sistema de comunicación interbancario internacional SWIFT, así como el bloqueo de la reserva de divisas del Banco Central de Rusia, lo que limita ampliamente su actividad financiera.

Ante la devaluación abrupta del rublo y las restricciones sobre el sistema SWIFT, Putin había amenazado con exigir el pago en rublos a los países a los que les vende gas. Sin embargo, ante la negativa de muchos de esos países a pagar en la moneda local rusa el Kremlin tuvo que salir a aclarar este viernes que "el gas ya exportado está fuera del nuevo esquema de pagos en rublos".

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, señaló que "El decreto no es retroactivo" y que "el desembolso por los envíos que se hacen ahora, no se realiza hoy mismo. El pago debe hacerse a finales, en la segunda mitad del mes, en abril o incluso a principios de mayo", buscando ganar tiempo para lo que serían las nuevas condiciones.

Al mismo tiempo Estados Unidos anunció abrirá su reserva estratégica de petróleo y por qué libera un millón de barriles por día. Esto tiene el doble objetivo de intentar frenar la creciente inflación sobre los hidrocarburos al interior del propio país, pero también de avanzar en lo que espera sea un negocio multimillonario: el de suministrar estos commodities a Europa, buscando reemplazar lo que hoy se importa desde Rusia.

El sábado pasado, Biden estuvo en la cumbre de la Unión Europea y cerró un acuerdo para que Estados Unidos se convierta en el principal proveedor de gas hacia Europa -exportando solo este año 15 mil millones de metros cúbicos de Gas Natural Licuado (GNL)- como parte del plan para cortar la dependencia energética de Rusia.

Rearme imperialista

A la reestructuración de la exportación de hidrocarburos, se suma una mucho más peligrosa. Tiene que ver con el rearme histórico que están aprobando uno tras otro los países imperialistas que forman parte de la OTAN y que significan un incremento en el militarismo y el guerrerismo no vistos desde la segunda guerra mundial. Esta tendencia que la comenzó Alemania a poco de iniciada la guerra en Ucrania, fue seguida por varios países europeos y coronada esta semana por Estados Unidos con el anuncio de Biden de presentar un aumento histórico del gasto militar.

De esta manera, la reaccionaria invasión de Rusia a Ucrania ya tuvo repercusiones desastrosas no solo entre las poblaciones de ambos países, sino que ayudó a consolidar el bloque imperialista de la OTAN comandado por Estados Unidos y junto a ello un incremento del gasto militar y de guerra sin precedentes en décadas, que no puede significar nada bueno para la población mundial.

 Viernes 1ro de abril


 

Rusia prueba en Ucrania los misiles más rápidos del mundo

Moscú utiliza por primera vez los misiles hipersónicos Kinzhal desde aviones, una avanzada tecnología que solo poseen Rusia y China, y en la que EEUU anda entre cinco y diez años por detrás. La velocidad de estos misiles multiplica por diez la velocidad del sonido, pueden transportar ojivas nucleares y todavía no existe tecnología para interceptarlos.

29/03/2022 01:07 Actualizado: 01/04/2022 21:10

Eugenio García Gascón

Diario Público

En cada guerra, especialmente cuando anda por medio una gran potencia, los países punteros examinan con minuciosidad el uso que se hace de las armas con el fin de saber hasta dónde ha llegado la tecnología del enemigo y mejorar su propia producción de armas. Como no podía ser de otra manera, eso también está ocurriendo en el conflicto de Ucrania.

Hasta ahora el arma estrella de la guerra, aunque apenas se ha usado, es un misil hipersónico que puede alcanzar los 150 kilómetros de altitud con un radio de más de 2.000 kilómetros, que es hasta diez veces más veloz que la propagación del sonido y que es capaz de llevar ojivas nucleares. Aunque se ha usado con anterioridad, en la guerra de Ucrania se ha disparado en dos ocasiones y por primera vez desde aviones de combate y no desde tierra.

Se trata de un misil de unas capacidades exclusivas que solamente poseen Rusia y China, pero no los Estados Unidos, que andan a la zaga en esta materia. Cazas MIG-31 dispararon recientemente dos de estos misiles hipersónicos Kinzhal, que están considerados los más rápidos del mundo, contra sendos objetivos en el sur de Ucrania: un depósito de combustible y un almacén de armas subterráneo.

El hecho más destacable es que hasta ahora solo se habían usado en su versión terrestre, que es más fácil de detectar, y no en su versión aérea. Expertos israelíes citados por el Yediot Ahronot señalan que es posible detectar esos misiles hipersónicos, especialmente en su versión terrestre, pero en cambio no es posible interceptarlos cuando se disparan desde un avión MIG.

Los expertos califican estos misiles Kinzhal (que en ruso significa "daga" o "puñal") de "estratégicos", es decir les atribuyen unas características que están por encima de los tanques avanzados T-80, que también se han usado en Ucrania pero tendrían unas características meramente "tácticas" y no "estratégicas". Los carros T-80 disponen de capacidades de defensa activa contra misiles antitanque.

Expertos occidentales consideran que el uso de misiles hipersónicos no solo es importante desde el punto de vista militar, sino que conlleva aparejado e implícito un mensaje de disuasión para Ucrania y para Occidente en general. En la práctica el mensaje va dirigido especialmente a la OTAN, que no posee un misil equivalente en su arsenal.

En la jerga militar se conoce como hipersónico al misil que es capaz de alcanzar una velocidad por lo menos cinco veces superior a la del sonido. Un misil subsónico sería el que vuela a una velocidad inferior a la del sonido mientras que un misil supersónico viaja a una velocidad de entre una y cinco veces la velocidad de propagación del sonido.

A diferencia de los balísticos, los misiles hipersónicos pueden maniobrar en el aire, es decir no tienen una trayectoria lineal prevista desde el principio. Se estima que la fabricación de cada unidad cuesta "varios millones de dólares", lo que explica que Moscú los haya usado en solo dos ocasiones puntuales y probablemente solo vuelva a utilizarlos cuando haya un objetivo que compense su elevado coste.

A diferencia de los balísticos, para los que se han desarrollado sistemas antimisiles, la tecnología occidental todavía no ha logrado la capacidad de hacer frente a los misiles hipersónicos. EEUU no posee misiles hipersónicos y no fue hasta 2021 cuando Washington dio instrucciones para fabricar esta clase de misiles. Los expertos estiman que EEUU va entre cinco y diez años por detrás de Rusia y China en esta innovadora tecnología.

Expertos occidentales cuestionan algunos datos facilitados por Moscú en relación con el Kinzhal. Según los rusos, el misil puede alcanzar en ciertas condiciones una velocidad de hasta 15.000 kilómetros por hora, es decir diez veces la del sonido. Por el contrario, los occidentales estiman que su velocidad máxima es en realidad de solo siete u ocho veces la velocidad del sonido. En cualquier caso, esta velocidad reducida constituye un récord mundial para este tipo de proyectiles.

Según un experto israelí citado por el Yediot Ahronot, "en los dos últimos lanzamientos el Kinzhal alcanzó la velocidad de siete u ocho veces el sonido durante entre 40 y 50 segundos a una altitud de entre 100 y 150 kilómetros, y a partir de ese momento el misil empezó a descender, perdió velocidad, e iba a tres o cuatro veces la velocidad del sonido antes de alcanzar su objetivo".

El experto cuestiona el radio de 2.000 kilómetros que le atribuye Moscú. "Se trata de un misil relativamente pesado que ya se ha lanzado desde una plataforma en tierra, especialmente en la guerra de hace un año y medio entre Armenia y Azerbaiyán. En su versión terrestre el alcance es de unos 500 kilómetros, de manera que hay que tomar con precaución la estimación rusa de un radio de 2.000 kilómetros".

Otros expertos indican que la ojiva del misil hipersónico se guía por GPS, pero que los rusos pueden guiarlo también mediante una ojiva electro-óptica en función de la imagen del objetivo, evitando de esta manera que el enemigo interfiera con medios electrónicos el GPS.

"Las fuerzas occidentales podrían ser capaces de detectar el vuelo de este misil, pero en un estadio relativamente tardío, y de ninguna manera podrían interceptarlo pues es un misil muy veloz que tiene capacidad de realizar maniobras violentas" en el aire, a diferencia de un misil normal, recalca el experto israelí.

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Viernes, 01 Abril 2022 05:59

El interruptor principal

El interruptor principal

Fred Friendly, ex presidente de CBS News, dejó en claro que, antes de pontificar sobre la libertad de expresión, habría que responder una pregunta simple: "¿Quién controla el interruptor principal?"

En la guerra entre Rusia y Ucrania la respuesta es bastante obvia y ha dejado la sensación terrible de lo que pueden lograr los poderes de la manipulación política, la estupidez humana y la venganza cuando se disfrazan de causa mayor. De cómo pueden, incluso, condicionar la justicia y, más aún, la verdad.

Cuando hablo de interruptor principal no aludo a una metáfora. En la era de Internet, con megacorporaciones dueñas de las rutas y de los datos, existe literalmente un dispositivo que deja pasar o no la información, y que se usa a discreción contra millones de personas.

Pocos han reparado en que las prohibiciones y bloqueos que las grandes tecnológicas han aplicado a Rusia ya tuvieron un polígono de pruebas: Cuba. Aquí no funcionan Twitter, ni Facebook (ahora Meta), ni Google como en el resto del planeta, y ni por casualidad las publicaciones más populares de la isla aparecen en las primeras páginas referenciadas por los buscadores. Algoritmos diseñados para reducir u omitir los alcances de medios, palabras e informaciones, mientras Apple, Spotify, Amazon y la mayoría de las más de 450 compañías estadunidenses que han sancionado a Rusia, no pueden comerciar con Cuba por las leyes del bloqueo estadunidense. Las fake news, los ciberataques y la guerra por el conocimiento y la información, tan cara en estos días a la OTAN, han sido moneda corriente de Estados Unidos para triturar a la isla del Caribe y esto ha ocurrido sin causar demasiada alarma.

El telón de acero digital e informativo no es un invento nuevo. Sin embargo, no tiene precedentes que proveedores de la llamada espina dorsal de Internet desconecten a sus clientes en un país de 144 millones de habitantes como Rusia. Lo hicieron Lumen y Cogent, dos gigantes de la red troncal ( backbone) más grande del mundo. Estas empresas integran la exclusiva Zona de Tránsito Libre (TFZ, por sus siglas en inglés), un pequeño grupo de compañías de telecomunicaciones globales tan grandes que no pagan a nadie más por el tránsito (ancho de banda internacional).

Que el interruptor haya entrado en escena demuestra que Internet no es el fantasma infinitamente elástico y virtual que la gente imagina, sino una entidad física que puede deformarse o romperse a conveniencia de los intereses de un grupo, un gobierno o un conglomerado militar como la OTAN. De hecho, la intervención de Occidente en el conflicto ha acelerado la remodelación de Internet, de un sistema global al que se ha conectado todo el mundo, a un universo fracturado.

Los expertos tiemblan porque la guerra en Ucrania parece instaurar definitivamente la splinternet, como se conoce la fragmentación del ciberespacio en reinos dispares intervenidos por bloques políticos autónomos. O configurados por cualquier otro poder, como los oligopolios de la tecnología y el comercio electrónico, o por países que intentan mantener distancia del control estadunidense.

El ostracismo que castiga a Rusia en realidad amenaza seriamente la arquitectura de Internet, red de redes mundial con poder distribuido que no hay manera de romper en una esquina sin destruir rutas de información y sin congestionar las autopistas que quedan en pie.

La gran paradoja de todo esto es que, tras haber dedicado tanto tiempo y esfuerzo supuestamente a intentar romper el telón de acero de los rusos y los chinos en nombre de la libertad, los diseñadores de políticas occidentales y los halcones militares se están aislando del mundo a marcha forzada, mientras desmantelan la red que ellos mismos crearon. Es más barato destruir que construir muros. La metáfora del cibermuro para Rusia sugiere falsamente que, una vez eliminadas las barreras digitales, se erigirán en su lugar otras nuevas más convenientes a la alianza atlántica y que la reacción de Vladimir Putin de blindar RusNet, la red nacional, es alocada y torpe. Nada más lejos de la realidad.

Independientemente de lo que surja después de este conflicto, ya murió el Internet que conocimos. Los que tienen en sus manos el interruptor principal deberían admitir que están jugando con fuego y que, mientras enseñan su verdadero talante autoritario, revelan quizás la forma más costosa e ineficaz de ejercer el poder.

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