Central gasífera en Werne, Alemania,eje de la red gsífera de ese país.. Imagen: AFP

Putin mandó un ultimátum a Europa pero quedó un canal abierto 

Este viernes vence el plazo para pagar en moneda extranjera pero un banco ruso exceptuado de las sanciones podría ser clave para que el gas siga fluyendo hacia Occidente.

 

Desde este primero de abril Europa se adentra en la trampa de la dependencia energética que la mantiene ligada a Rusia. ¿Habrá o no suficiente suministro de hidrocarburos para las próximas semanas o meses? La respuesta al interrogante se plantea de forma negativa si se tienen en cuenta las declaraciones de Francia y de Alemania ante el vencimiento del plazo fijado por el presidente ruso Vladimir Putin para que a partir del primero de abril los compradores europeos de gas ruso paguen sus facturas en rublos y no en euros o en dólares. En caso de que los clientes occidentales “hostiles” no accedan a esa condición, Putin advirtió que Moscú dejará de suministrar gas. 

Y precisamente, los compradores de hidrocarburos del Viejo Continente rehúsan plegarse a una condición que, en gran parte, ellos mismos provocaron al haber sancionado a los bancos y al sistema financiero rusos. Occidente bloqueó los haberes rusos en el extranjero depositados en dólares (300 mil millones) dentro del paquete de sanciones aplicado luego de que, el pasado 24 de febrero, las tropas rusas penetraran en territorio ucraniano. 

En Berlín, el ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, aclaró que Europa rechazaba esa exigencia. En una conferencia de prensa conjunta con el titular alemán de Economía, Robert Habeck, el ministro francés admitió que “puede haber una situación en la cual, mañana y en circunstancias muy particulares, no haya más gas ruso”.

El problema radica en que Europa no tiene un plan B para suplir los hidrocarburos provenientes de Rusia, aun cuando Estados Unidos multiplicó por cuatro sus exportaciones de gas hacia Europa. 

Pese a lo apretado del calendario, París y Berlín insisten en que, como lo recordó este jueves el canciller alemán, Olaf Scholz, ”en los contratos está escrito que los pagos se hacen en euros y, a veces, también en dólares. Le he dicho al presidente ruso que eso seguirá siendo así”.  Le Maire reiteró que “los contratos son los contratos”. Sin dudas, pero el gas lo tiene Rusia y las válvulas del suministro también. 

Putin pareció despejar cualquier ambigüedad este jueves cuando adelantó que había firmado un decreto mediante el cual impondría a los compradores extranjeros el pago del gas en rublos. Por televisión, luego de haber firmado el decreto, Putin dijo que "deberán abrir cuentas en rublos en los bancos rusos. Y desde esas cuentas deberán pagar el gas suministrado desde mañana (….) Si los pagos no se efectúan, consideraremos que se trata de una infracción ante las obligaciones por parte del comprador y ello acarreará todas las consecuencias que se imponen”. 

Esta medida concierne sobre todo a los países que Putin calificó como “hostiles” y que figuran en una lista. Se trata de Estados Unidos, los miembros de la Unión Europea (UE), Reino Unido, Canadá, Japón, Suiza, Taiwán, Corea del Sur, Noruega y Australia. Los países de la UE son los principales clientes de Moscú con porcentajes de subordinación energética ante el gas ruso que van del 55 por ciento para Alemania hasta un total de 43,6 para el conjunto de la Unión Europea. En cuanto al petróleo, el porcentaje global llega al 48,4 por ciento. 

La importancia de Rusia en la entrega de hidrocarburos sigue una suerte de línea Este / Oeste. En unos diez países de Europa Central y Oriental (Finlandia, Estonia, Letonia, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Austria, Hungría, Rumania y Polonia) el gas ruso representa el 75 por ciento de sus importaciones de combustibles. Los porcentajes se mueven luego en un abanico que va del 50 al 75 por ciento en el caso de Alemania, Polonia y Suecia. En países como Francia, Italia, España o Grecia el gas ruso equivale a porcentajes que van del 25 al 50 por ciento de las importaciones de hidrocarburos provenientes desde el exterior de la Unión Europea. Allí donde se mire, que sea el gas o el petróleo, ningún país de la Unión Europea está por debajo del 25 por ciento. Sin los hidrocarburos rusos, las economías no funcionan.

La batalla del gas esconde muchas trampas y en este capítulo también hay una derivada de las mismas sanciones occidentales. En primer lugar, pese a la invasión de Ucrania, la guerra, los más de cuatro millones de refugiados, los muertos y las sanciones, desde el pasado 24 de febrero (día de la invasión) Europa le pagó a Rusia 14 mil millones de euros por el gas recibido y otros 7 mil millones por el petróleo (Center for Research on Energy and Clean Air). 

En segundo, el decreto firmado el jueves por Putin deja una opción astuta. Los 27 países de la UE podrían abonar sus facturas en euros, pero la empresa rusa que los gestiona, Gazprom, recibirá el dinero en rublos. ¿Cómo? Ocurre que Gazprom opera también un banco, Gazprombank, al cual, prudentemente, Occidente dejó fuera de las sanciones masivas decididas después del 24 de febrero. Gazprombank es el único interlocutor autorizado por Moscú para recibir el dinero por los hidrocarburos. En concreto, Europa lo paga en euros o en dólares y Gazprombank los cambia a rublos que luego inyecta en el sistema bancario ruso. 

“Si los países hostiles no pagan en rublos, los contratos vigentes serán suspendidos”, dijo Putin un día antes de que venciera el plazo. Todo parece señalar que entre suministradores necesitados y compradores en la urgencia siempre hay un banco de por medio para entenderse, guerra o no guerra.

Por Eduardo Febbro

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Desde París 

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La UE busca romper la neutralidad china sobre Rusia: "¿Quiere poner en juego su propia prosperidad?"

Bruselas y Pekín celebran una cumbre virtual con Ucrania como asunto central. Los europeos advierten a su contraparte de consecuencias importantes si da apoyo financiero o militar a Putin.

 

La UE y China se reúnen este viernes en la que será su cumbre número 23. Clima, comercio, biodiversidad o situación sanitaria serán algunos de los elementos que tratarán por videoconferencia Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y Josep Borrell, Alto Representante, con Li Keqiang, primer ministro chino, y Xi Jinping, presidente del gigante asiático. Pero sin duda el plato fuerte de la cita será la guerra de Rusia en Ucrania, donde Pekín, aliado de Moscú, juega al gato y al ratón dejándose querer por ambos bandos.

No será un encuentro fácil: no habrá un comunicado o una rueda de prensa conjunta de ambos bloques. Tampoco será la cita del "business as usual" y todo está abierto. La guerra en Ucrania será el núcleo duro. Y centrará la cita desde todos los ángulos: el drama humanitario, el impacto global o el apoyo de la comunidad internacional. "La postura de China sobre la guerra de Rusia en Ucrania es la pregunta del millón de dólares", reconocen fuentes europeas. En la capital comunitaria asumen que China está intentando mantener la balanza para defender sus intereses y no esperan que eso cambie, pero sí buscan garantías de que este alineamiento con Moscú no irá a más. Von der Leyen y Michel pedirán a su homólogo chino que utilice su influencia para ayudar a poner fin a la guerra.

Los europeos tienen una misión clara y definida: dejar claro a Pekín que cualquier apoyo financiero o militar a Vladimir Putin o toda ayuda para sortear las sanciones internacionales le supondrá un coste importante en las relaciones bilaterales. E incluso podría materializarse en forma de medidas restrictivas, como ya le ocurre a la Bielorrusia de Alexander Lukashenko. Aunque los europeos evitan verbalizar esta amenaza para dejar más espacio al diálogo y no tensar demasiado la cuerda.

El objetivo es alinear a China con el grueso de la comunidad internacional en la condena a la invasión de Rusia contra su vecino. La UE cree que Xi Jinping, por sus importantes lazos con Putin, puede jugar un papel crucial en empujar al presidente ruso a la mesa de negociación. Sin embargo, rebajan sus ambiciones sobre su rol mediador debido a su parcialidad decantada hacia Moscú. "Quieren estar al lado de Rusia sin pagar un precio demasiado alto por ello y sin quedar atrapados y castigados como los rusos", resume el eurodiputado de Los Verdes Reinhard Bütikofer, líder de la delegación para las relaciones con China en el Parlamento Europeo.

En los pasillos de Bruselas defienden, además, que no está en interés del país que la guerra continúe. La economía global, la inflación o los problemas en la cadena de suministro también amenazan a la segunda mayor economía del mundo. Reducir sus lazos comerciales con el bloque comunitario sería otro azote que Pekín parece querer evitar. "No creo que China esté muy contenta con lo que está ocurriendo [en Ucrania]", ha señalado recientemente Josep Borrell.

El 40% del comercio chino depende del mercado de la UE. En el caso estadounidense es del 12,5% y en el ruso del 2,4%. "¿Quiere poner en peligro esta fuerte posición económica que tiene China en sus relaciones con sus mercados clave? ¿Quiere poner en peligro la estabilidad y las perspectivas de crecimiento de la economía global y de su propio país?", advierte otra fuente comunitaria. El presidente chino espera ser reelegido en el congreso del Partido Comunista que tendrá lugar el próximo otoño. Los europeos utilizarán esta bala para presionarle para que prime la estabilidad financiera que le ha alzado a la cuna global en los últimos años a la defensa férrea de Rusia.

China en el tablero global

China se ha abstenido en las dos resoluciones del Consejo de Seguridad y de la Asamblea Nacional de la ONU. "Nos acordaremos de todo aquel que no esté con nosotros en este momento de la historia", ha repetido durante estas semanas el jefe de la diplomacia europea. Los de Xi Jinping mantienen una postura complicada y cada vez más difícil de mantener en la partida de ajedrez internacional y en la mediación en torno al conflicto de Ucrania se ponen de perfil.

Mientras evitan hablar de invasión, asumen los argumentos rusos sobre la expansión de la OTAN y denuncian las sanciones internacionales, alegan que están dispuestos a trabajar con la comunidad internacional "para lograr un alto el fuego, promover conversaciones de paz y prevenir una crisis humanitaria" y a redoblar esfuerzos "para una pronta resolución del conflicto" teniendo en cuenta "las preocupaciones legítimas y razonables de todas las partes".

Los europeos ven a China como un competidor económico y un rival sistémico, pero también como un socio necesario para hacer frente a los desafíos del siglo XXI, como son el cambio climático o el regreso de la guerra al Viejo Continente. Y mantener este equilibrio no es fácil. El encuentro llega, además, en un momento complicado para las relaciones Bruselas-Pekín. El año pasado estuvo marcado por importantes fricciones a buena cuenta de la situación del deterioro de represión china en Hong Kong, en Taiwán y en su persecución con la minoría uigur.

El régimen chino impuso sanciones contra el Parlamento Europeo después de que la UE aprobase castigos a China por vulnerar los derechos humanos de la minoría uigur en Xinjiang. El 2021 también fue el año en el que el histórico acuerdo de inversiones UE-China quedó herido de muerte después de que la Eurocámara se negase a darle luz verde. Y la guinda final llegó con la disputa entre China y Lituania después de que este último estrechase los lazos diplomáticos con Taiwán y que concluyó con la denuncia de Bruselas contra China ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) por sancionar las exportaciones procedentes de Vilna. "Todo ello ha creado un ambiente político difícil de gestionar", reconocen en Bruselas.

El 4 de febrero, tres semanas antes de la invasión, Pekín y Moscú firmaron un memorándum que consolidaba su amistad y sus áreas de interés mutuas "sin límites". En los pasillos de Bruselas vieron este movimiento como la certificación hacia sus posturas revisionistas y hacia un eje "autoritario". Así lo refleja también el informe anual de la OTAN, presentado este jueves en los cuarteles generales de la Alianza: "Hemos entrado en una nueva era de seguridad global, donde los poderes autoritarios como Rusia o China están abiertamente confrontando los principios básicos de nuestra seguridad y tratando de reescribir el orden internacional sobre el que depende nuestra paz y seguridad".

Una de las estrategias de los europeos será presionar a los chinos para que defiendan los pilares del Derecho Internacional y de las leyes humanitarias por su responsabilidad y deber moral como sillón del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y como potencia global, económica y nuclear. "China debe darse cuenta de responsabilidad en la economía y la seguridad global", afirman fuentes europeas.

bruselas

31/03/2022

Por María G. Zornoza@MariaGZornoza

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Biden ya había liberado 50 millones de barriles en noviembre.. Imagen: EFE

Un millón por día durante seis meses

El gobierno estadounidense busca de ese modo contener la suba de los combustibles. La decisión provocó una fuerte baja del crudo WTI que retrocedió 7 por ciento y cerró apenas por encima de los 100 dólares. El Brent cayó 4,9 por ciento y cerró a 107,9 dólares.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció este jueves que volcará al mercado un millón de barriles de petróleo por día durante seis meses procedentes de las reservas estratégicas para intentar contener la cotización del barril. La decisión provocó una fuerte baja del crudo WTI que retrocedió 7 por ciento y cerró apenas por encima de los 100 dólares. El Brent cayó 4,9 por ciento y cerró a 107,9 dólares.

“La magnitud de la medida no tiene precedentes: nunca en el mundo se han liberado reservas a ese ritmo durante tanto tiempo. Esta salida récord servirá de puente hasta fin de año, cuando se consolide el aumento de la producción nacional”, informó la Casa Blanca a través de un comunicado.

La liberación de reservas –en este caso 280 millones sobre un total de 600 millones de barriles de petróleo crudo almacenados en cavernas de sal subterráneas en Louisiana y Texas-- generalmente tiene un efecto limitado en los precios debido a la cantidad de petróleo que se puede liberar a la vez, pero Biden busca que como una señal política de que continúa enfrentando el problema.

El presidente de Estados Unidos les reclamó además a las petroleras que no se conformen con sus beneficios record e incrementen la producción. Las compañías tienen previsto elevar la producción de crudo en un millón de barriles por día durante este año, y en otros 700.000 durante el próximo, pero la Casa Blanca considera que hay algunas que no están haciendo su aporte. Por eso a aquellas que obtuvieron licencias de explotación pero no están operando se les advirtió que “tendrán que empezar a producir o pagar por su inactividad”.

No es la primera vez que Biden vuelca al mercado barriles provenientes de las reservas estratégicas. En noviembre del año pasado liberó 50 millones de barriles también para intentar contener los precios. Ahora esa cifra se eleva en total a 280 millones en medio del impacto provocado por la invasión rusa en Ucrania.

A principios de año, el galón (3,8 litros) de combustible en Estados Unidos costaba 3,30 dólares, mientras que en estos días se ubicó en entorno de los 4,20 dólares, un alza de casi un dólar.

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Rosario Miranda’s book; El sexo de los ángeles., https://alvaromateos.artstation.com/projects/dOobPX

¿Sabe el Águila lo que está en el foso
o irás a preguntárselo al Topo?
¿Puede la sabiduría encerrarse en un cetro
y el Amor en un cuenco dorado?
William Blake (Lema de Thel)

 

Cuando estalla un conflicto bélico, los comentaristas no pueden evitar repetir la vieja y reiterada sentencia que señala a la verdad como la primera víctima de la guerra. En esta etapa, con predominio de las llamadas tecnologías de la información, la comunicación y las redes sociales, la segunda víctima parece ser el sentido de la perspectiva. La emocionalidad inevitable de la imagen y de su transmisión en tiempo real, parecen anular y descalificar la necesidad del contexto en la percepción de los hechos humanos. Y dado que lo seleccionado o no censurado es lo único visible, la ponderación pierde su base y la “viralización” como nuevo fenómeno masivo y uniformador impone un único ángulo, ocultando la constitución multifacética de la realidad.

El debate suscitado en la llamada izquierda entre los que invitan a la condena de Rusia, sin atenuantes, como agresor en la guerra contra Ucrania y quienes la matizan o niegan hacer explícita la condena –y que, según los primeros, con esa actitud la justifican–, produce la impresión de estar enmarcado en el desencuentro de los movimientos alternativos con la metamorfosis que vive el capital en su dinámica y en sus lógicas, así como en la asunción, seguramente inconsciente, de la sentencia tatcheriana de “no hay alternativa”.

En este escenario, la dificultad que muestra el pensamiento crítico para una representación adecuada de la actual condición del proceso de acumulación es de vieja data y, paradójicamente, parte de la indefinición sobre el futuro deseado, es decir sobre la utopía –luego de la debacle del socialismo real–, que impide identificar lo que debe ser demolido nublando la interpretación de una actualidad que por su velocidad de cambio parece inasible para quienes aún soñamos con un mundo más equitativo.

La discusión sobre el sexo de los ángeles

Cuando los otomanos asediaron Constantinopla en el siglo XV, los habitantes de la población cercada llevaban desde el siglo IV discutiendo sobre la doble naturaleza de Jesucristo, la jerarquía al interior de la santísima trinidad y, por supuesto, si los ángeles eran asexuados o no. El asunto fue de tales dimensiones qué en el año 648 el emperador Constantino promulgó un decreto que convertía en delito la discusión sobre el tema, y cuya penalización fue tan poco efectiva que casi nueve siglos después, cuando Constantinopla fue bloqueada y sometida, las discusiones bizantinas impidieron dar cabida a las reflexiones que hubieran podido dar lugar a proponer acciones conducentes a la conservación de la independencia. Pese a ese antecedente, el atractivo de las discusiones bizantinas parece no haber perdido su encanto, como lo prueba el debate desatado en la izquierda de la hispano-esfera a raíz de la invasión rusa a Ucrania.

El escritor español Santiago Alba Rico, en la revista digital Ctxt, publicó el 25 de febrero un artículo titulado “¿No a la guerra”?, en el que critica a los manifestantes que protestan contra la incursión militar de Rusia en territorio ucraniano y esgrimen carteles contra la guerra pero también contra la Otan, puesto que “«Guerra» ahí, con ese subtítulo, deja de evocar por eso el caso concreto de Ucrania. ¿O es que nos estamos limitando a yuxtaponer dos de los males de este mundo (la guerra en abstracto y una organización inútil y criminal)?” Alba Rico considera que “una pan-manifestación contra todos los males del mundo es un completo absurdo”, y que en este caso la protesta debe excluir cualquier consideración distinta al hecho violento de la confrontación, sin referencia a motivaciones que puedan parecer justificaciones, pues “A la OTAN se la puede –y debe– incluir en un artículo de análisis o en un ensayo histórico sobre la cronología del conflicto, pero no en una manifestación de protesta contra una guerra cuya responsabilidad señala con el dedo una sola fuente: Putin”. Y, es precisamente la imputación de la causa de la guerra a la personalidad de un dirigente, previamente calificado como egomaníaco, loco o asesino –hecho central y generalizado en la mediatización del actual conflicto–, la primera simplificación que induce a pensar que la necesidad interesada o la incapacidad interpretativa están conduciendo al oscurecimiento del significado y alcance del suceso, limitando la denuncia y reduciendo la posición a una actitud meramente emocional.

Recurrir a la enfermedad mental de líderes o caudillos para explicar sucesos de gran envergadura histórica ha servido para velar la estructura, las complicidades y la génesis de muchos procesos sociales. El surgimiento y consolidación del nazismo como máxima expresión del espíritu colonial y racializado de Occidente es buen ejemplo, pues el supremacismo blanco de los europeos y de los americanos caucásicos, del que el nazismo es tan sólo su máxima expresión, fueron el mecanismo que convirtió al racismo en una expresión cultural corriente en Occidente, que por eso no consideró extraño sino que acunó un movimiento que terminaría en el holocausto.

Hitler fue tan sólo un hijo de su tiempo y de la identidad más profunda del pensar y sentir de Occidente que la academia, el cine y los documentales pretendidamente históricos de hoy niegan, imputando a la “enfermiza y torcida” personalidad de Hitler ser la causa de la matanza de la segunda mitad del siglo XX, conocida como Segunda Guerra Mundial. Por eso, cualquier precaución que tomemos frente a los intentos de convertir en causa de un conflicto de grandes dimensiones la personalidad de un individuo, no debe ser poca, pues la historia hecha por seres excepcionales, “buenos” o “malos”, no deja de ser una distorsión que busca inducir a la impotencia de los pueblos.

Negarse, entonces, a la exposición o la búsqueda de las motivaciones estructurales del ataque ruso tan sólo puede obedecer a necesidad interesada, o a ceguera por incapacidad o prejuicio frente a las contradicciones que encierra el estado del sistema-mundo actual, por lo que bien vale preguntar a los neo-alternativos si es coludir con Putin preguntar por lo que significa actualmente en las correlaciones de poder la federación rusa, y si es lícito interrogarse por las motivaciones de la guerra que vayan más allá del simplismo de adjudicarlas a delirios de su líder.

El historiador argentino Pablo Stefanoni publicó el 6 de marzo en el DiarioAr un artículo titulado Contra la izquierda tanquista, con el mismo espíritu de lo escrito por Alba Rico, a quien cita en su apoyo. En su crítica llama “tanquista” a la izquierda que no ha condenado la invasión rusa pues considera que muestra un excesivo “fetichismo hacia los tanques rusos”. Y luego de adosar a sus criticados el termino de populistas, los clasifica como “campistas” por interpretar todo, incluso lo local, en términos de geopolítica. Para terminar concluyendo que “si en la Guerra Fría el campismo respondía a la defensa de un supuesto sistema alternativo al capitalismo (dejemos de lado ahora el debate sobre el socialismo real) ahora solo sirve para defender a autócratas como Assad o Putin”.

El énfasis sigue en lo individual, pero acá pasa del personaje definido como enajenado a su forma de detentar el poder, y la discusión es llevada a la alternativa entre autocracia y democracia liberal: “[…] los antiliberales terminan desconfiando de la propia democracia y en lugar de bregar por una suerte de ilustración radical y crítica, terminan defendiendo de manera explícita o soft cualquier alternativa a la “democracia liberal” que normalmente es una coartada para el poder de autócratas o camarillas cleptocráticas”.

Entonces, el problema de este mundo convulsionado y amenazado por pandemias, armas de destrucción masiva, abismales asimetrías en los ingresos y extremos climáticos ¿surge de la antinomia entre el “mundo libre” y las autocracias subyugantes? ¿Recurrir a la invocación de la democracia como absoluto y a la ideología liberal como el estado más avanzado de la civilización no tiene acaso cierto tufillo de supremacismo occidental-centrista? ¿Si con el fin de la guerra fría los “campos” desaparecieron, eso vuelve los análisis con mirada geopolítica una visión anacrónica? ¿Preguntar por qué no aparece en la discusión la mención del capital convierte a quien lo pregunta en un “tanquista”?

El supuesto “fetichismo hacia los tanques rusos” del “campismo” latinoamericano queda sin explicación, pues no puede provenir simplemente del cariz asumido por la estructura gubernamental de Rusia, y por tanto de una presunta simpatía por las autocracias. Qué la nación rusa esté nuevamente en la escena de las confrontaciones debe obedecer a algo, que de paso despierta las afinidades de esos militantes. Quizá sea porque ese país es actor en la disputa contra el gran hegemón en la búsqueda del tránsito de un mundo unipolar a uno multipolar como señalan algunos analistas lo que, claro está, no justifica per se la acción militar, pero qué, si esa fuera una de las aristas de la intervención, por ejemplo, daría luces para tomar posición frente a una disputa en la que los pueblos, tanto de las potencias en discordia como de las naciones marginales, que también sufren las consecuencias, han sido hasta el momento simples invitados de piedra.

Una condición de ello es que una panorámica desde la perspectiva del conjunto de los subordinados parece ser lo que hace falta para salir del simplismo con el que estamos enfrentando los conflictos sistémicos, y no porque falte sensibilidad hacia las víctimas de la guerra ni duelan los dramas humanos que involucran a la población, mayoritariamente marginal. Mientras suenan las trompetas de un sismo generalizado, discutir por un subtítulo en unas pancartas y pedir la descontextualización de los hechos, suena a reedición del bizantinismo.


La guerra económica

La guerra económica librada por Occidente contra diferentes pueblos, extendida aceleradamente a partir de los noventa del siglo pasado, es menos espectacular que los enfrentamientos militares y menos cruenta, por lo menos en sus primeras fases, pero no por ello deja de ser guerra. En el imaginario social, el disfraz semántico de llamarlas “sanciones” sitúa al que las aplica por encima del “sancionado” y busca crear la impresión de que el “sancionador” está investido de autoridad legal y moral. El tamaño y alcance de las medidas que la Otan, liderada por Estado Unidos, ha decidido implementar para extender el bloqueo a Rusia, señalan que el objetivo buscado es de gran relevancia, pues los efectos negativos que también asumen los sitiadores, aunque con diferencias marcadas entre ellos, no son de una dimensión despreciable y tienen poco que ver con los efectos reactivos, prácticamente inexistentes, de los bloqueos a Cuba, Irán o Venezuela. Qué la Federación Internacional de Felinos (FIFe) haya prohibido la importación y el registro de pedigrí de gatos criados en Rusia, los atletas paralímpicos hayan sido marginados de las competencias y un seminario sobre Dostoyevski haya sido cancelado en una universidad italiana como represalia por la invasión a Ucrania pueden parecer anécdotas para engrosar el libro voluminoso de la estupidez humana, pero como síntoma de la magnitud del ataque de Occidente son un buen indicador de la búsqueda de una destrucción completa de su antagonista.

La suspensión de los principales bancos rusos del sistema Swift, al impedir las transacciones de ese país también afecta a los acreedores occidentales de la nación eslava, pues impide la cancelación de las deudas a proveedores y prestamistas que tienen como clientes a rusos. Cerca del 62 por ciento del gas que consume Alemania procede de Rusia, mientras que esos porcentajes para Italia, Francia y el Reino Unido son, respectivamente 38, 37 y 23 por ciento. Países más pequeños como Grecia (96%), Serbia (74%), Austria (70%), Polonia y Hungría (64%) son dependientes casi en su totalidad del gas proveniente de ese país. La producción de urea, que tiene al gas como su materia prima fundamental, y que puede considerarse el fertilizante más significativo del sistema agrícola mundial, tiene en Rusia y China los dos exportadores más importantes, cubriendo conjuntamente la cuarta parte de ese mercado externo. La inflación, la crisis energética y la del suministro de productos agropecuarios resultante, que amenaza en primera línea a Europa, no son un asunto de menor tamaño, ¿por qué, entonces, han sido asumidos tantos riesgos?

No puede dudarse que la indignada reacción de escritores como Alba Rico y Stefanoni proviene de su sensibilidad frente al dolor de las víctimas de la Guerra, pero ¿es dable pensar lo mismo de quienes detentan el poder en los países de la Otan? Si el asunto fuera de humanismo, los tomadores de decisiones de esa organización hubieran reaccionado con igual agresividad en respuesta a lo sucedido con la invasión de Arabia Saudita a Yemen que ha dejado al menos 380 mil yemeníes muertos, de los cuales cerca de 20 mil son civiles y hoy, como consecuencia del conflicto, según la ONU, el hambre azota diariamente a 16 millones de personas. La prensa reseñó que el pasado sábado 12 de marzo, en Arabia Saudita fueron ejecutadas 81 individuos, de los cuales siete yemeníes y un sirio fueron condenados como terroristas por su resistencia a la invasión. El caso no ha despertado ninguna manifestación de solidaridad ni ha generado reacciones indignadas, o protestas en las que seguramente lo que menos hubiera importado es que quienes marcharan portaran carteles que además de decir “no a la guerra”, reclamaran simultáneamente por el apoyo de USA a la monarquía saudita.

La censura a los medios rusos Sputnik y RT, bloqueados totalmente en Europa y USA son otro síntoma de la envergadura de lo que está en juego. Llama la atención que el argumento esgrimido sea que son canales de propaganda por tener financiamiento del gobierno de ese país, pero, que de esa misma lógica sean excluidos la BBC, con presupuesto del gobierno británico; la Deutsche Welle, del gobierno federal alemán o Rtve del gobierno español. Estas, por ser de gobiernos occidentales tenemos que aceptar que son, por ese sólo hecho, independientes y objetivas, mientras que las rusas o iraníes, por el sitio desde donde emiten, debemos considerarlas simples generadoras de desinformación, por lo que su prohibición no puede ser llamada censura, en una manifestación prejuiciosa y supremacista que comparten no pocos pensadores alternativos.

Pero, la cereza que corona el pastel es la decisión de Meta, la empresa de Mark Zuckerberg, de autorizar la circulación de los mensajes de odio en Facebook y Instagram, que invitan al asesinato de los líderes de Rusia y Bielorrusia, así como de los nativos de ese país que son considerados apoyo a la invasión. El senador estadounidense Lindsey Graham, siguiendo la lógica de los que explican el estallido del conflicto como resultado de los caprichos de un líder trastornado, en entrevista concedida a la conservadora cadena Fox News, fue el primero en llamar al asesinato de Putin como el único recurso para detener el conflicto. La simpleza del razonar parece no tener sello ideológico.

Michel Hudson, el conocido economista norteamericano, publicó el 8 de marzo un artículo en Counter Punch en el que sostiene que el costo de las oportunidades perdidas por los aliados de E.U debido a los bloqueos, y las recientes confiscaciones del oro y las reservas extranjeras de Venezuela, Afganistán y Rusia, así como de las riquezas de extranjeros adinerados, tendrá como efecto percibir como inseguras las inversiones en dólares lo que marca, según él, el principio del fin de la divisa norteamericana como moneda de curso forzoso en los mercados internacionales.

Como efecto de la inestabilidad creciente, las divisas virtuales parecen haber iniciado su marcha, y si es así ¿cuáles pueden ser los efectos sobre las clases subordinadas? ¿Entramos en una era de búsqueda de nacionalismos autosuficientes? ¿La alta dependencia de Europa de la importación de materias primas y energéticas en un mundo fracturado la condenara a la irrelevancia? ¿Cuál será el efecto de la creciente importancia de China en las balanzas comerciales de los países de América Latina? ¿Estos interrogantes no debieran ocuparnos en un grado mayor que el subtítulo de una pancarta o la discusión sobre las manifestaciones de simpatía o condena de un individuo?

Mientras los cimientos del mundo que hemos vivido en el último medio siglo parecen balancearse y agrietarse, discutir sobre el sexo de los ángeles no parece la ocupación más conveniente.

 

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Serguei Lavrov, canciller de la Federacipon Rusa.. Imagen: AFP

El vocero de la presidencia rusa, Dmitri Peskov, sostuvo que las conversaciones celebradas el martes en Turquía no arrojaron nada "muy prometedor". Por su parte el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, dijo que desconfiaba de que Rusia reduciría su actividad militar en Kiev y Chernigov. 

Rusia descartó un rápido fin de su invasión a Ucrania, luego de que el gobierno ucraniano y algunos países occidentales recibieran con escepticismo un anuncio ruso de reducción de operaciones militares gracias a los avances en las negociaciones de paz. El vocero de la presidencia rusa, Dmitri Peskov, sostuvo que las negociaciones celebradas el martes por Moscú y Kiev en Turquía no arrojaron nada "muy prometedor" y que aún queda "mucho trabajo" por hacer. Por su parte el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, dijo que no veía razones para creer el anuncio de Rusia de que reduciría su actividad militar en torno a Kiev, la capital de Ucrania, y la también norteña Chernigov, dado lo que sigue sucediendo sobre el terreno

Los negociadores de Kiev y Moscú presentaron el martes las propuestas más detalladas hasta ahora de lo que podría ser el marco para poner fin a un conflicto que ha dejado miles de muertos y forzado la huida de Ucrania de más de cuatro millones de personas. En la ronda de diálogo en Estambul, la primera en persona en dos semanas, la delegación ucraniana presentó propuestas para un acuerdo de paz que incluye que Ucrania se declare neutral a cambio de que varios otros países garanticen su seguridad.

Alemania se ofrece como garante

El canciller alemán, Olaf Scholz, expresó en una conversación telefónica con Zelenski la disposición de Berlín a convertirse en garante de la seguridad del país en caso de que se llegue a un acuerdo de paz, ofrecimiento que también ratificó Italia. El jefe de gobierno alemán también habló con el presidente ruso Vladimir Putin, de quien obtuvo la promesa de que la Unión Europea (UE) podrá seguir pagando el gas ruso en euros y no en rublos como lo había anunciado previamente el Kremlin.

Volviendo a las negociaciones, el viceministro de Defensa ruso, Alexander Fomin, presente en Turquía, anunció una reducción "radical" de operaciones militares en torno a Kiev y Chernigov para "aumentar la confianza de cara a más conversaciones". En cuanto a los próximos pasos del diálogo, el jefe negociador ruso, Vladimir Medinski, dijo que su delegación llevaría las propuestas ucranianas al presidente Putin y que luego Moscú iba a dar una respuesta, pero no precisó cuándo.

"Por el momento, no podemos informar de nada muy prometedor o de un avance. Hay mucho trabajo por hacer", declaró a la prensa el vocero de Putin y del Kremlin, Dmitri Peskov. De todos modos, Peskov calificó de "positivo" el hecho de que la delegación ucraniana "haya finalmente empezado a formular de manera concreta sus propuestas y a ponerlas por escrito".

Zelenski llama a "no bajar la guardia"

Rusia invadió Ucrania el 24 de febrero pasado luego de que Estados Unidos rechazara sus exigencias de que la exrepública soviética renunciara a ingresar a la OTAN la alianza militar liderada por Washington, algo que Moscú ve como una seria amenaza. En un video difundido en la noche ucraniana, Zelenski dijo que las negociaciones en Turquía habían arrojado señales que podían calificarse de "positivas", pero matizó que "esas señales no silencian las explosiones de los bombardeos rusos".

El mandatario advirtió al mundo y a la ciudadanía ucraniana que no hay apurarse, dijo que Rusia tuvo que ceder por la fuerza de la resistencia de las tropas nacionales y que Ucrania no debería "bajar la guardia" porque Rusia todavía puede lanzar ataques.  "No nos creemos a nadie, ni una sola frase bonita. No entregaremos nada. Lucharemos por cada metro de nuestro territorio", agregó Zelenski al destacar: "La libertad debe estar tan armada como la tiranía".

Desconfianza de los aliados

Estados Unidos y otros aliados occidentales de Ucrania expresaron sus dudas sobre las intenciones de Rusia. "Veremos si cumplen", declaró el martes el presidente estadounidense, Joe Biden, luego de conversar con los líderes de Reino Unido, Francia, Alemania e Italia, que prometieron mantener las sanciones a Rusia y llamaron a "no bajar la guardia" ante Moscú. 24 horas después Biden prometió 500 millones de dólares más en ayuda a Ucrania al hablar por teléfono con Zelenski, informó la Casa Blanca.

Ucrania usará ese dinero para fortalecer su economía y pagar gastos relacionados con la Administración pública, como salarios y servicios públicos, detalló este miércoles la directora de Comunicación de la Casa Blanca, Kate Bedingfield, en una rueda de prensa. Bedingfield recordó que Estados Unidos ha ofrecido más de dos mil millones de dólares en ayuda a Ucrania desde que Biden llegó al poder en enero de 2021.

El viceprimer ministro británico, Dominic Raab, dijo por su parte que el Reino Unido juzga "a la máquina militar rusa por sus acciones, no por sus palabras". "Obviamente hay algo de escepticismo. La puerta de la diplomacia siempre se dejará entornada, pero no creo que podamos confiar en lo que sale de la boca de la maquinaria bélica de Putin", dijo Raab a la cadena Sky News.

En la misma línea el ministro de Exteriores de Francia, Jean-Yves Le Drian, se mostró escéptico sobre la voluntad de Rusia para terminar con la guerra en Ucrania y constató que no ha habido "un avance sobre ningún asunto" en las negociaciones entre Moscú y Kiev. "Yo creo en los actos, no en las palabras, si mañana por la mañana el presidente Putin determina que renuncia al asedio a Mariupol, permite que la ayuda humanitaria entre y deja a la población civil circular libremente, entonces diré: 'Sí, hay un progreso'", afirmó Le Drian, en una entrevista a France 24.

La semana pasada, Rusia dijo que había culminado la primera etapa de su ofensiva en Ucrania y que ahora iba a reagrupar fuerzas para lograr su "principal objetivo" de conquistar la región del este de Ucrania conocida como Donbass. Más de 14 mil personas han muerto en el Donbass en combates entre el Ejército ucraniano y milicias separatistas alzadas en armas contra Kiev desde 2014, que ahora pelean junto a las tropas invasoras rusas contra las ucranianas.

En este marco, la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, evaluó que los bombardeos y los ataques contra zonas pobladas de Ucrania generan una "inmensa preocupación" y podrían configurar "crímenes de guerra". Bachelet recordó que "las vidas de millones de personas se han visto trastornadas al verse forzadas a huir de sus hogares o a vivir en sótanos y en refugios antiaéreos mientras sus ciudades son hostigadas y destruidas".

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Jueves, 31 Marzo 2022 05:18

Desertad

Totem. La boca del lobo

No está claro cómo saldremos de esta guerra. En el peor de los casos no saldremos de ella del todo. En el mejor, una ola de nacionalismo fragmentará el continente europeo en un mosaico de ejércitos fascistas en guerra entre sí

Leo las palabras de viejos compañeros 

Leo las palabras de viejos compañeros que instan a enviar armas al pueblo ucraniano que lucha contra el invasor. Como dice Gad Lerner en un discurso reciente sobre el tema, “estamos caminando descalzos sobre vidrios rotos”, así que respeto los sentimientos de esos viejos compañeros míos, pero espero no parecer cínico si los invito a reflexionar sobre el contexto y el sentido general del proceso del que la guerra de Ucrania es el catalizador. 

Parece que hoy está prohibido pensar. Hay que tomar posición, hay una guerra de agresión desatada por la Rusia stalino-zarista, y hay una resistencia que involucra a la gran mayoría del pueblo ucraniano. Lo sé y parece innegable.

Sin embargo, antes de pronunciarme, si se me permite, me gustaría conocer el contexto histórico: desde la hambruna que mató millones de ucranianos en los años de Stalin, hasta el apoyo que la mayoría de los ucranianos dieron a Hitler durante la guerra, hasta la eliminación de 1,2 millones de judíos por las SS ucranianas, hasta la política de expansión de la OTAN hacia las fronteras de Rusia.

¿Se me permite estudiar historia, se me permite comprender? O, queridos viejos compañeros que ahora son intervencionistas, ¿sólo es lícito tomar una posición, sin comprender, sin saber?

Conocí a esos compañeros míos en las ocupaciones contra la guerra estadounidense en Vietnam, juntos crecimos en la cultura del internacionalismo, creyendo que estábamos viviendo el amanecer de una época más feliz y no, como sabemos ahora, el ocaso de la civilización humana.

Juntos pensábamos que la nación era un concepto brutal y estúpido, herencia de una era bestial de la que la cultura podía emanciparnos.

Juntos pensamos que la nación era una máscara de depredadores competidores que envían a los niños a morir para obtener ganancias.

Ingenuamente juntos, pensamos que la cultura podía emancipar a mujeres y hombres de esa bestialidad. No sabíamos que la cultura estaba destinada a disolverse a raíz del darwinismo neoliberal que restauró la ley natural de la selva en la que sólo puede vivir quien sabe matar. No sabíamos que la bestia estaba destinada a resurgir como un monstruo de dos cabezas que ahora se muerden entre sí. Las dos cabezas son el globalismo capitalista y el nacionalismo soberano: de sus mordiscos proliferan pequeños monstruos nacionales.

Hace veinte años, las multitudes se unieron bajo el grito patriótico “todos somos estadounidenses”, y agitaron sus pañuelos para saludar a la gran empresa afgana que finalizó el 21 de agosto de 2021, ya sabemos cómo. Ahora, las 24 horas del día en las redes unificadas hay una demostración de heroísmo a través de terceros. La persona interpuesta es el pueblo ucraniano, incitado, instigado, exaltado por una multitud de simpatizantes emocionados que siguen agitando sus pañuelos. Pero esta vez el espectáculo puede extenderse a la audiencia, involucrar al público y aplastar lo poco que queda de la vida civil. 

Vi ‘Invierno de fuego’

Vi Invierno de fuego del director ruso-israelí Afineevsky. Una película que narra, sin dibujar el contexto nacional e internacional, la resistencia del pueblo, la solidaridad ciudadana, el orgullo nacional, la determinación implacable. Aunque me resulta difícil compartir el nacionalismo como se presenta, entiendo esto: si los ucranianos pudieron resistir la violencia brutal de los Berkuts de Yanukovych con sus propias manos, hoy, con las armas que les enviamos, podrán resistir como leones al ejército de Putin. Y morirán por miles. Y matarán a miles de soldados rusos, veinteañeros enviados a morir por la locura criminal de Putin.

Nosotros enviamos a los ucranianos al frente. Les prometimos la OTAN, Europa y la libertad. La libertad de la que goza Julian Assange, de la que disfrutan los estadounidenses negros y los trabajadores precarios de todo el mundo. Les prometimos democracia, la que vivieron los griegos en el verano de 2015.

A cambio de su libertad, les pedimos que mueran por la OTAN, aunque la llamen Unión Europea.

Pero ahora Zelenski nos llama: “Ucrania está dispuesta a morir por Europa. Veamos si Europa está lista para morir por Ucrania".

Europa está dispuesta a enviar armas, no a morir. Tampoco está preparada para encontrarse de la noche a la mañana sin calefacción y sin gasolina.

Animaremos desde las gradas.

Como en los días de los gladiadores.  

Es el momento Anders en la historia del mundo

Es el momento Anders en la historia del mundo. En la década de 1960, cuando la bomba atómica se apoderó de la imaginación, Günther Anders reflexionó sobre los efectos políticos y psíquicos de esa innovación tecno-militar. Judío, filósofo de educación heideggeriana, que emigró a América en los años del exterminio de su pueblo, Anders escribió, en artículos y libros que nunca tuvieron la circulación merecida, que el Tercer Reich era sólo el ensayo general de un espectáculo que (él lo dijo) verán nuestros nietos cuando el nazismo esté en todas partes. Ahora los nietos de Anders son testigos del triunfo del Nuevo Tercer Reich, el monstruo bicéfalo del supremacismo blanco que no acepta su declive.

Anders fue tratado con cierto desapego por parte de los académicos: un pesimista, decían de él los ensalzadores de las glorias de la democracia liberal.

Ahora es evidente: el culto a la nación, a la raza, ha vuelto por todas partes a dominar la escena, y lo que se libra en Ucrania es una guerra de Hitler contra Hitler. Guerra interna de exterminio en Occidente.

No es la primera vez que un poder blanco (por ejemplo los Estados Unidos de América) lanza campañas de exterminio contra poblaciones indefensas.

Gracias a las sanciones contra Irak en la primera guerra del Golfo, la mortalidad infantil pasó del 56 por mil en 1990 al 131 por mil en 1999. En 1996, el programa Sixty Minutes entrevistó a la embajadora estadounidense ante la ONU Madeleine Albright: “Parece que 500.000 niños iraquíes murieron a causa de los embargos. Es más que Hiroshima. ¿Es un precio justo a pagar?”. La respuesta fue digna del Putin que ahora vemos en acción: "Fue una elección muy difícil, pero sí, eso creemos”.

Pero esos muertos eran iraquíes, no pesaban mucho en la conciencia occidental. Los muertos de Mariupol nos impresionan particularmente porque la masacre ocurre dentro del mundo blanco, dentro de Occidente, ya que Rusia es Occidente, en el sentido de que es parte de la raza carnívora.

Lo que es Occidente no está claro. En términos geográficos, Rusia no forma parte de él. En términos políticos, Occidente es el mundo libre opuesto a la autocracia. Y, por supuesto, la geopolítica importa, y la política importa. Pero lo que más importa es la pertenencia cultural al mundo cristiano, blanco e imperialista. Desde este punto de vista, Rusia es Occidente. Occidente es la tierra del declive, la tierra del futuro que ahora está en declive. El futurismo ruso y el futurismo occidental tienen raíces diferentes pero el mismo significado: expansión. Y tienen la misma suerte: el agotamiento en que ni siquiera somos capaces de pensar, ya que el culto a la expansión nos ciega, y nos impide comprender que la expansión ha terminado y que Occidente se está extinguiendo.

Oeste es Rusia, América, Europa, un mundo de viejos que exorcizan la demencia con prótesis cognitivas e inteligencia artificial, de viejos que exorcizan la impotencia con proclamas de exterminio mutuo.

Esta es una guerra dentro de la raza carnívora que no se resigna a desaparecer, y como Sansón quiere llevarse al planeta entero al carajo. Aquí estamos en el último acto de la civilización blanca, rusa, europea americana: la destrucción de la civilización. 

Ilimitado es el poder del estúpido

Ilimitado es el poder del estúpido y se dice que ni los dioses contra él pueden hacer nada.

Macron declaró recientemente que la OTAN está en estado de muerte cerebral. Sin embargo, se ha levantado y como un zombi ha tomado el lugar de Europa, destruyendo definitivamente su misión constitutiva. Polonia es, de hecho, su vanguardia. La Polonia de Kazinski.

Biden ordenó a Alemania que rescindiera el contrato de Nord Stream. No sabemos cómo terminará la guerra en curso, pero sí sabemos que Biden ya ganó en este punto. Después de renunciar a Nord Stream, Alemania accede a armarse. Contra los rusos, de momento, quién sabe mañana.

El poder del estúpido es ilimitado, porque el estúpido está dispuesto a dañarse a sí mismo para dañar al otro.

No está claro cómo saldremos de esta guerra. En el peor de los casos no saldremos de ella del todo: en vez de perder (todo), el Autócrata podría usar toda su fuerza y ​​destruir (todo). En el mejor de los casos, una ola de nacionalismo fragmentará el continente europeo en un mosaico de ejércitos fascistas en guerra entre sí y especialmente contra los inmigrantes no blancos. Las líneas divisorias son borrosas, porque los nacionalistas no conocen la lógica y no saben nada de universalidad.

No está claro cómo saldremos de esta guerra, pero lo cierto es que la miseria se extenderá, ya que la sociedad tendrá que pagar los costos de un rearme general. Y el aire será cada vez más irrespirable: las minas de carbón están reabriendo para satisfacer la creciente necesidad de energía. El Holocausto climático se precipitará.

Los gobiernos europeos incitarán a las mujeres a tener hijos por la patria blanca, pero el cáncer y el asma se extenderán junto con una pandemia de depresión suicida.

Sometida a una violencia ininterrumpida, la naturaleza ha recuperado el dominio: la naturaleza desatada de los mares crecientes y los fuegos devoradores, la naturaleza bélica de los humanos que han convertido la inteligencia en artificio y ahora son presa de la (il) lógica natural de la pasión por la identidad. Pasión asesina.

Pero ahora, también pasión suicida. 

En un pueblo en la frontera

Una docena de desertores llegan cada noche a un pueblo en la frontera con Polonia. No quieren quedar atrapados en una guerra de nación, quizás porque la idea de nación no les convence como no me convence a mí. Miles de jóvenes rusos huyen a Escandinavia y quién sabe dónde. No quieren ser reclutados por Putin para ir a matar a sus pares ucranianos, no quieren vivir en un país donde se persigue la libertad de expresión.

Se llevaron algunas cosas con ellos y se fueron para nunca volver. Son pocos, malditos como traidores a su patria, pero se van: quizás están enamorados y no quieren morir, quizás están asustados por el horror y no quieren matar. En todo caso, mi solidaridad, mi amistad va para ellos. Solo a ellos. Mi amistad va para todos los que desertan.

A los que desertan de la patria y de la guerra, a los que desertan del trabajo asalariado, a los que desertan de la procreación, a los que desertan de la participación política. A aquellos que han entendido que el cáncer ahora ha devorado el cuerpo y están buscando áreas de supervivencia y compartir en los márgenes de un mundo que se desintegra rápidamente.

Por todos los demás, rusos y ucranianos, estadounidenses e italianos, solo siento una compasión desesperada.

 29/03/2022

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Por Franco Bifo Berardi (Bolonia, 1949) es escritor y filósofo. Actualmente es profesor de Historia social de los medios de comunicación en Milán. Autor de numerosas obras, como La fábrica de la infelicidad (Traficantes de sueños, 2003), El sabio, el mercader y el guerrero (Acuarela, 2007) y los recientes El umbral (Tinta Limón, 2021) y Tercer inconsciente (Caja Negra, 2022).

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Erdogan le habla a la delegación rusa (izq.) y la ucraniana (der.) en Estambul.. Imagen: EFE

Kiev está dispuesta a renunciar formalmente a buscar su ingreso a la OTAN

Los anuncios de la negociación fueron recibidos con escepticismo por las potencias occidentales, que tras el inicio de la guerra impusieron un arsenal de sanciones económicas a Moscú. 

 

Rusia se comprometió este martes a reducir la actividad militar en torno a Kiev luego de las "significativas" conversaciones mantenidas con Ucrania en Estambul, aunque Estados Unidos y otras potencias occidentales pusieron en duda la "seriedad" de Moscú en esas negociaciones. Según anunció la delegación ucraniana, Kiev está dispuesta a renunciar formalmente a buscar el ingreso en la OTAN, si a cambio recibe garantías firmes de un grupo de diez países, entre ellos los cinco miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, de protección contra toda agresión militar. 

Los combates en terreno ucraniano ya obligaron a más de diez millones de personas a abandonar sus hogares y, según el presidente Volodimir Zelenski, dejaron al menos 20 mil muertos. Al menos nueve personas murieron y 28 resultaron heridas este martes en un ataque ruso que destruyó parcialmente la sede del gobierno regional en Mikolaiv, una ciudad cercana a Odessa, según un balance de la fiscalía general ucraniana.

Esperanza de desescalada

El jefe de la delegación rusa, Vladimir Medinski, aseguró que las negociaciones fueron "significativas" aunque aclaró que la decisión rusa no significa un alto el fuego. "No es un alto el fuego, sino nuestra intención de alcanzar gradualmente una desescalada del conflicto, al menos en estas zonas", explicó en declaraciones a la cadena rusa de noticias RT.

Sobre los términos de la negociación, Medinski señaló que Kiev renuncia a intentar recuperar Crimea y la región separatista del Donbass por la vía militar, versión que hasta ahora no fue confirmada por fuentes ucranianas. Por su parte, el negociador ucraniano David Arajamia presentó un detallado conjunto de propuestas con vistas a firmar un acuerdo de paz en virtud del cual su país renunciará a ingresar a la OTAN y permanecerá neutral tal como exige Moscú. 

Arajamia reiteró que Ucrania quiere que varios países, entre ellos la propia Rusia, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China, Turquía y Polonia, sean garantes del acuerdo de paz definitivo, que los obligará a prestar ayuda militar a Ucrania en caso de un ataque exterior, luego de un máximo de tres días de consultas.

Las esperadas negociaciones entre la delegación rusa y la ucraniana empezaron el martes temprano en Estambul, con un pedido del presidente turco Recep Tayyip Erdogan a que "pongan fin a la tragedia". Aunque se había anunciado una ronda de dos días de negociaciones, los avances alcanzados este martes permitieron concluir las conversaciones el primer día, por lo que no habrá reunión el miércoles. 

Turquía, que comparte costas en el mar Negro con los dos países beligerantes, viene realizando gestiones desde el inicio de la crisis para mantener vínculos fluidos con las dos partes y se ha esforzado para mediar en el conflicto.

Escepticismo occidental

Los anuncios de la negociación, especialmente los de la parte rusa, fueron recibidos con escepticismo y recelo por las potencias occidentales, que tras la invasión impusieron un arsenal de sanciones económicas a Moscú. En una conversación telefónica, los presidentes y jefes de gobierno de Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Alemania e Italia urgieron a sus aliados a no bajar la guardia.

Boris Johnson, Joe Biden, Emmanuel Macron, Olaf Scholz y Mario Draghi "afirmaron su determinación de continuar elevando los costos para Rusia por sus brutales ataques en Ucrania, así como de continuar brindando a Ucrania asistencia en materia de seguridad para defenderse", indicó un comunicado conjunto de esos países. "Veremos si los rusos cumplen", declaró Biden a periodistas.

El Pentágono indicó que algunos contingentes rusos "parecen estar alejándose de Kiev", sin que eso pueda llamarse "un retroceso o una retirada". "No he visto nada que sugiera que se esté avanzando de manera efectiva, porque no hemos visto señales de una seriedad real" por parte de Rusia, dijo el secretario norteamericano de Estado, Antony Blinken, en una conferencia de prensa en Marruecos.

Desescalada militar en Kiev

Al margen del anuncio de una hoja de ruta hacia un posible acuerdo, el resultado más concreto sobre el campo de batalla fue el anuncio de la delegación rusa de que sus tropas reducirán su presión militar sobre Kiev y otras ciudades en Ucrania. Apenas concluidas las conversaciones, celebradas en un anexo del histórico palacio de Dolmabahçé, a orillas del Bósforo, Moscú anunció que aliviaría drásticamente su acoso sobre la capital ucraniana y la asediada ciudad septentrional de Chernigov.

Sin embargo el camino aún puede ser largo, porque la decena de países mencionada por el ucraniano Arajamia aún deben aceptar formalmente el papel de garantes y Kiev debe someter a un referéndum popular los acuerdos firmados, para que puedan pasar a formar parte de la Constitución. El negociador jefe de Ucrania insistió que esa consulta solo podrá celebrarse tras la retirada completa de las tropas rusas, ya que un acuerdo firmado bajo presión es inválido bajo la legislación internacional.

Nueve muertos en ataque en Mikolaiv

En Ucrania, los combates continúan en muchas regiones. El gobierno anunció que nueve personas murieron por un bombardeo ruso contra un edificio del gobierno regional en Mikolaiv, una ciudad portuaria del sur. "Según la investigación, las fuerzas armadas rusas lanzaron un ataque con misiles" contra este edificio y "actualmente se registran nueve muertos y 28 heridos", anunció el servicio de prensa de la fiscal general Iryna Venediktova. 

No se atacó ningún objetivo militar, "los habitantes de Mikolaiv no representaban ninguna amenaza para Rusia. Y sin embargo, como todos los ucranianos, se convirtieron en objetivo de las tropas rusas", repudió el presidente Volodimir Zelenski durante una intervención ante el Parlamento danés. La Fuerza Aérea de Ucrania, en tanto, aseguró que en las últimas 24 horas derribó 17 objetivos aéreos "enemigos", incluidos ocho aviones y tres helicópteros.

Putin y la operación humanitaria en Mariupol

Las fuerzas ucranianas contraatacan en el norte y luchan por mantener el control de la ciudad portuaria de Mariupol, en el sur. Las fuerzas rusas rodearon esa ciudad y la bombardean de manera constante e indiscriminada, dejando atrapadas a unas 160 mil personas con escasa comida, agua y medicinas.

Al menos cinco mil personas han muerto hasta ahora en Mariupol, según un alto funcionario ucraniano que estimó que el número real de víctimas podría acercarse a las diez mil. El presidente Volodimir Zelenski dijo que el asedio ruso constituía un "crimen contra la humanidad, que está ocurriendo en directo ante los ojos del mundo". 

Su par ruso, Vladimir Putin, subordinó la "solución" de la situación humanitaria en Mariupol al desarme de los grupos "nacionalistas" ucranianos, durante una conversación telefónica con su par francés, Emmanuel Macron, informó el Kremlin. Francia, que la semana pasada anunció su intención de organizar junto a Turquía y Grecia una operación humanitaria para evacuar a los civiles, estimó este martes que las condiciones para realizarla "no están reunidas por el momento".

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Biden propone tener el mayor presupuesto militar de la historia de Estados Unidos

 Ante la proximidad de las elecciones legislativas y el aumento de la inflación, el presidente de EE. UU. Joe Biden, propone una suba de impuestos a los ricos y a las empresas. Pero el aumento masivo del gasto en defensa y Policía, que contará con apoyo bipartidista, es lo que realmente debería llamar la atención del nuevo presupuesto del país.

 

Este lunes el presidente de EE. UU. Joe Biden dio a conocer su proyecto de presupuesto nacional para el año fiscal 2023, diciendo que está diseñado para "reflejar tres valores importantes: la responsabilidad fiscal, la seguridad en casa y en el extranjero y el compromiso de construir un país mejor".

El gobierno de Biden, que enfrenta una economía con poco crecimiento marcada por el aumento de la inflación, los índices de aprobación más bajos de su presidencia hasta ahora, las próximas elecciones de mitad de mandato y a una agenda legislativa interna estancada, está utilizando el proyecto de presupuesto para dar a su administración un impulso político en el contexto de una crisis creciente.

Su enfoque con este presupuesto es ganar apoyo lanzando una mezcla de propuestas para abordar tanto las preocupaciones progresistas como las moderadas, al tiempo que pregona que sus inversiones podrían reducir los costos para las familias que se enfrentan a la inflación, con algunos fondos adicionales para combatir el cambio climático y la atención sanitaria (aunque los detalles son vagos), así como una propuesta de suba de impuestos a los ricos y las empresas. Y para apaciguar al ala más moderada de su partido y de su electorado, financiación adicional para la Policía como parte de la campaña demócrata de mano dura contra la delincuencia que se puso de manifiesto en el reciente discurso del Estado de la Unión.

Pero la guerra en curso en Ucrania ha tenido prioridad sobre algunas de estas cuestiones, ya que ha puesto a la OTAN y a Estados Unidos más cerca de la línea de fuego con un país que es, en muchos sentidos, uno de los aliados más importantes del mayor competidor de Estados Unidos, que es China. Por eso no sorprende que el gobierno de Biden siga el ejemplo de otros gobiernos imperialistas y utilice el pretexto de la invasión reaccionaria de Rusia a Ucrania como una oportunidad para aumentar el presupuesto militar y promover el rearme en el caso de países como Alemania.

En concreto, Biden planea hacer "una de las mayores inversiones en seguridad nacional de nuestra historia, con los fondos necesarios para garantizar que el ejército siga siendo el mejor preparado, mejor entrenado y mejor equipado del mundo". Esto se traduce en un aumento de aproximadamente 31.000 millones de dólares, lo que elevará el gasto total para la “defensa nacional” a 813.000 millones de dólares. De todo esto, 6.900 millones de dólares se destinan a la OTAN, a la defensa europea, a Ucrania y a contrarrestar la agresión rusa, según la Casa Blanca.

Aunque el presupuesto militar ha ido aumentando de forma constante a lo largo de los años y durante las administraciones tanto republicanas como demócratas -lo que subraya la naturaleza bipartidista del imperialismo- la nueva propuesta será el mayor presupuesto militar de la historia de Estados Unidos, superando con creces los de enemigos estratégicos como Rusia y China. Ajustado por PIB, el presupuesto es más de lo que se gastó en el momento álgido de las guerras de Corea o Vietnam y 100.000 millones de dólares más de lo que se gastó en el momento más caliente de la Guerra Fría en el gobierno de Ronald Reagan.

Mientras tanto, la clase política estadounidense dice que no hay dinero para la salud, la educación u otros gastos sociales que beneficiarían a la clase trabajadora, pero siempre tendremos el dinero, cientos de miles de millones de dólares para ser exactos, para mantener violentamente los intereses capitalistas en el extranjero o, como mínimo, hacer una amenaza creíble.

Estos presupuestos, y el apoyo bipartidista que reciben, reflejan cómo el imperialismo no es simplemente una cuestión de "una política" o "de malicia particular", como explicó Lenin: es una parte integral de asegurar que el imperialismo estadounidense pueda apoyarse en métodos violentos para conseguir más beneficios para los capitalistas o mantener su hegemonía en el mundo. En lugar de defender al "pueblo estadounidense", el presupuesto militar de Biden está destinado a tranquilizar a las corporaciones norteamericanas al tiempo que hace disparos de advertencia a China y Rusia.

¿Biden va contra los millonarios?

En un esfuerzo por reducir el déficit presupuestario federal de más de 1 billón de dólares en los próximos 10 años, que sin duda está inflado por el enorme gasto militar, Biden planea introducir medidas fiscales destinadas al segmento más rico y a congraciarse con los votantes progresistas.

Concretamente, propone un nuevo impuesto mínimo del 20% sobre los ingresos y los aumento de patrimonio (pero no de la riqueza en sí) para el 0,01% de los que más ganan y de los hogares que tienen más de 100 millones de dólares. También propone aumentar el impuesto a las sociedades comerciales del 21% al 28%. Antes de que Trump lo llevara al actual 21%, existía un sistema escalonado que oscilaba entre el 15% y hasta el 39% en función de la renta imponible. Así que al final este “aumento” podría incluso ser menor que lo que se pagaba antes del 2016.

En cualquier caso, aunque un aumento de los impuestos a los ricos es bienvenido, los capitalistas y sus representantes en el gobierno probablemente harán todo lo posible para no hacerlo realidad. E incluso si la propuesta se aprueba en el congreso, los capitalistas siempre encuentran una manera de evitar pagar.

Las lagunas legales hacen que empresarios como Donald Trump, por ejemplo, no paguen impuestos, sin siquiera esconder su dinero fuera de Estados Unidos. Y vemos que esto ocurre en todo el mundo, como han puesto de manifiesto los llamados Pandora Papers. Eso es porque los grandes empresarios controlan el Estado y, por tanto, el Estado defiende el dominio del capital. Y es también por eso que al final los trabajadores son los que pagan el costo del funcionamiento del estado y las bombas que se lanzan por todo el mundo para defender sus intereses.

Aunque nosotros los trabajadores creamos toda la riqueza y vale la pena luchar por mayores impuestos a los ricos, al final, la expropiación de los grandes monopolios de la industria y los servicios y una democracia obrera nos acercará a resolver el problema de la desigualdad que invade este sistema.

De la desfinanciación de la policía a la duplicación de la financiación

Otro de los aspectos más alarmantes de este presupuesto es el aumento de los presupuestos policiales tanto estatales como federales. Biden propone más de 32.000 millones de dólares para hacer frente al "aumento de la delincuencia". Después de la explosión del movimiento Black Lives Matter, Biden y el régimen bipartidista trabajaron arduamente para reparar la imagen pública de la policía. Más recientemente, el Senado votó por unanimidad retener los fondos de cualquier gobierno local que intente desfinanciar a la policía, contando con los votos de figuras supuestamente progresistas como Bernie Sanders, Cory Booker y Elizabeth Warren.

Y lejos de abolir el ICE (la odiada patrulla fronteriza, NdelT) o detener la construcción del muro fronterizo de Trump, Biden le asigna 8.100 millones de dólares, con 15.300 millones adicionales para Aduanas y Protección Fronteriza, 309 millones para tecnología de seguridad fronteriza y 19 millones para vallas fronterizas y otras infraestructuras.

Estos fondos, junto con los aumentos en el gasto militar, ponen de manifiesto la necesidad de los capitalistas de reforzar el aparato represivo que ataca a los trabajadores en el extranjero y también en casa. Claramente, Biden no es un mal menor: sostiene el mismo sistema capitalista e imperialista que reprime y explota a los trabajadores en todo el mundo.

El presupuesto refleja la necesidad urgente de la lucha contra el imperialismo estadounidense

Este presupuesto récord es sólo el último ejemplo de las peligrosas realidades de un mundo marcado por las crisis capitalistas, las guerras y conflictos reaccionarios, que los trabajadores acaban pagando con su dinero y sus vidas. Estos presupuestos reflejan los intereses de quienes los redactan, ya sean demócratas o republicanos de todo signo, ambos partidos refuerzan los intereses de la clase dominante.

El obsceno gasto militar no terminará hasta que los trabajadores de Estados Unidos, aquí en el corazón del imperialismo denuncien la financiación bipartidista del Pentágono y lleven la lucha a las calles y a nuestros lugares de trabajo, donde tenemos el poder social y no sólo las urnas.

Ahora más que nunca, con la guerra en Ucrania y una crisis económica que corre el riesgo de convertirse en una crisis más profunda, necesitamos un movimiento militante que conecte la lucha contra el capitalismo con la lucha contra la máquina de guerra que es tan central para las ganancias capitalistas de Estados Unidos. 813 mil millones de dólares no es sólo una cifra abstracta, cada centavo se destinará a empeorar la vida de los miembros de nuestra clase en el extranjero y a mantener la dominación capitalista en casa.

Por eso decimos: ¡Abajo el presupuesto militar de Joe Biden! ¡Ni un solo centavo para sus guerras imperialistas! ¡Ni una persona y ni un centavo para el militarismo!

Martes 29 de marzo

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Martes, 29 Marzo 2022 18:30

Desde la Amazonía llamamos a la paz

Desde la Amazonía llamamos a la paz

La actual guerra en Ucrania es un hecho de dimensión histórica que ya está reconfigurando el sistema internacional a nivel económico, comercial, geopolítico, social y ambiental. En el planeta existen otras guerras y agresiones armadas que también condenamos (Palestina, Somalia, Siria, etc.), sin embargo, ninguna tiene la posibilidad de escalar y desencadenar una catástrofe nuclear de consecuencias impredecibles.

Esta es una guerra que se da en el contexto del resurgimiento de las pugnas inter-imperialistas. Desde la Amazonía hacemos un llamado a la paz, demandamos el inmediato cese del bombardeo y el retiro de las tropas rusas de Ucrania y nos solidarizamos con el pueblo de Ucrania. No tenemos ninguna duda de que la OTAN, con su política expansionista y militarista, contribuyó fuertemente a crear las condiciones para esta guerra, pero quién hoy bombardea, masacra y obliga a un éxodo de millones de ucranianos es Putin. La invasión rusa tiene que parar para que cese la muerte y las negociaciones entre las partes lleven al restablecimiento de la paz posibilitando la reconstrucción de Ucrania.

Nosotros no estamos con ninguna de las potencias imperialistas. Abogamos por el desarme de todas las armas nucleares y de destrucción masiva a nivel de Estados Unidos, Rusia, la OTAN, China y todos los sub-imperialismos regionales. La idea de que se puede garantizar la paz a través de las armas es un absurdo que ha fracasado. Abogamos por el desmantelamiento de la OTAN y de todas las alianzas e iniciativas militares que promueven el armamentismo y la expansión de sus áreas de influencia para supuestamente garantizar la paz. Llamamos a crear un bloque mundial por la paz desde la perspectiva de los pueblos contra todas las guerras y por la distención mundial.

Queremos denunciar a toda la comunidad internacional que la guerra en Ucrania está siendo utilizada para profundizar la agresión a la Amazonía y sus pueblos. La Amazonía está sufriendo la exacerbación de las prácticas más conservadoras: nacionalismos, machismos, racismos, fanatismos religiosos, individualismos y otros que engendran y fortalecen regímenes autoritarios para mejor explotar a los pueblos y la naturaleza.

Recientemente la Cámara de Diputados de Brasil aprobó la Ley N° 191/20 para que sea tratada y votada con carácter de urgencia la autorización para la extracción minera, hidrocarburífera y de otra índole en territorios indígenas. El justificativo de Bolsonaro es que la guerra en Ucrania está poniendo en riesgo el abastecimiento de fertilizantes para el sector agroindustrial a pesar de que es conocido que los actuales stocks de potasio, en su gran mayoría localizados fuera de territorios indígenas, son suficientes para abastecer a Brasil por varias décadas. Lo que en realidad se busca a través de estas leyes es la expansión de la explotación minera, en particular del oro, que se ha extendido por toda la Amazonía.

La Amazonía viene profundamente fragilizada por la crisis sanitaria y climática a la cual los poderes nacionales e internacionales no han sabido dar respuestas de fondo. La pandemia profundizó el extractivismo y ahora la guerra acelera aún más la expansión de la frontera agropecuaria y el agronegocio. Los altos precios de ciertos commodities (petróleo, oro, aluminio, zinc, cereales, soya, carne y otros) están fortaleciendo el autoritarismo y el accionar anti-indígena para despojar a los pueblos amazónicos de sus territorios y apoderarse de los recursos naturales. Nuestra casa común está bajo ataque. Asistimos a una violación a gran escala de los derechos de la Naturaleza en la Amazonía y a nivel mundial. La guerra está exacerbando el ecocidio, el etnocidio y provocando un nuevo genocidio.

La militarización del planeta está fortaleciendo las estructuras patriarcales donde impera la ley del más fuerte y el autoritarismo. La explotación de la naturaleza y los territorios es también la explotación de los cuerpos de las mujeres y comunidades feminizadas. Presenciamos la masculinización patriarcal de la sociedad, a través de la guerra, en lugar de avanzar hacia una ecosociedad de los cuidados en respeto y reciprocidad con todas las vidas.

La guerra en Ucrania está provocando un retroceso de la agenda climática y consumiendo miles de millones de dólares que son necesarios para hacer frente a la crisis climática. Abogamos por el recorte de los presupuestos de guerra y defensa en el mundo para destinar dichos recursos a enfrentar la crisis ecológica y la pobreza que se agrava en el planeta.  El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que es una grave advertencia para la humanidad, ha pasado invisibilizado por la crisis humanitaria que provoca el bombardeo a Ucrania. Países como Alemania discuten ampliar la explotación del carbón para afrontar la crisis energética. El conflicto bélico da aliento a las industrias sucias de los combustibles fósiles y posterga el accionar de todo el planeta contra la crisis climática.

La búsqueda de la paz tiene que darse a todos los niveles. No puede haber paz en la Tierra si no hay paz con la Tierra, si no hay paz con los pueblos indígenas, si no hay paz con las mujeres, si no hay paz con todas las culturas, si no hay paz con la naturaleza. En este camino queremos hacer un llamado a todas las organizaciones sociales del mundo a participar activamente del proceso hacia el X Foro Social Pan amazónico que se realizará del 28 al 31 de Julio en Belem do Pará, Brasil.

La terrible crisis de la guerra debe hacernos reflexionar sobre alternativas estructurales y sistémicas que lleven a una reingeniería del multilateralismo de las Naciones Unidas que se ha demostrado anacrónico para hacer frente a un conflicto entre las potencias que cuentan con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Así como después de la segunda guerra mundial surgió una nueva organización multilateral, después de esta guerra y frente al agravamiento de la crisis climática y ecológica debemos construir un multilateralismo que incorpore no sólo a los estados en condiciones de igualdad, sino también a los pueblos y a la naturaleza. Nuestro llamado a la paz es un llamado a repensar y reconstruir las estructuras internacionales, nacionales y locales que desencadenan y alimentan la guerra y el autoritarismo a todos los niveles.

ASAMBLEA MUNDIAL POR LA AMAZONIA

28 de marzo de 2022

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Publicado porAdmin28 marzo, 2022Publicado en Destacado EspañolEspañol Etiquetas :Llamamiento a la paz

Publicado enInternacional
´Un hombre pasa junto a un incendio después de un bombardeo ruso en la ciudad ucraniana de Járkov. — Oleg Pereverzev / REUTERS

El Kremlin aseguró que centraría sus esfuerzos en "liberar" el Donbás, pero mantiene la batalla por los alrededores de Kiev y los constantes bombardeos a las ciudades que no ha podido tomar por tierra desde el inicio de su ofensiva.

kiev

Ha pasado ya más de un mes desde que Rusia iniciara la primera guerra del siglo XXI en Europa, y también cuatro días desde que los generales de Vladimir Putin dieran por concluida la primera fase de la contienda. Pero el segundo asalto, hasta el momento, se parece demasiado a lo que ha vivido Ucrania en los últimos 34 días.

Los combates no han cesado, continúan los asedios a grandes ciudades, con bombardeos indiscriminados, y los corredores humanitarios para evacuar civiles siguen siendo una lotería en la que muchos perecen presa de los ataques. La ONU ha confirmado más de 1.100 muertos entre la población civil, aunque es evidente, reconoce, que la cifra es muy superior. Hay ya casi 3,9 millones de refugiados y 6,5 millones desplazados de sus hogares hacia otras zonas más seguras del país. Aunque el éxodo, según la ONU, se ha ralentizado en las últimas semanas, casi al mismo tiempo el avance de las tropas rusas. Ucrania ya es un país que ha normalizado la guerra.

Los barrios de las afueras de la capital siguen siendo una diana (errada o no) casi a diario. Aunque ya son pocos los kievitas que se guarecen cuando suenan las sirenas. La ciudad se ha habituado al sorteo de las bombas, han reabierto algunos mercados y bares y los cajeros automáticos vuelven a dar efectivo. La capital ha resistido el primer intento de cerco, pero el Gobierno sigue convencido de que Kiev es una presa que Putin seguirá tratando de cobrarse en el futuro.

Pocos son los que confían en el cambio de estrategia y objetivos que el Kremlin vendió la semana pasada, cuando aseguró que nunca tuvo intención de conquistar Kiev ni otras urbes importantes. En adelante, dijo, se centraría en "liberar" toda la región del Dombás. Es uno de los frentes más oscuros del conflicto, quizás porque allí la guerra ya dura ocho años y porque es el Gobierno de Zelenski quien bombardea las ciudades. Aún así, es el único frente donde los rusos han logrado avanzar de forma constante desde el inicio de la invasión, pero no han sido capaz de doblegar definitivamente la ciudad portuaria de Mariúpol, totalmente devastada por las bombas.

El anuncio de Moscú, esa segunda fase, ha sido interpretado por Kiev como un intento de partir en dos el país, al estilo de Korea. En Occidente quieren verlo como un síntoma de agotamiento. Una rebaja de objetivos tras una eficaz resistencia ucraniana que ha mantenido las principales ciudades, desde Járkov (la segunda ciudad del país, al noreste), hasta Odesa, último puerto en manos de Kiev en el mar Negro.

En el sur, el avance ruso se estancó en Jersón y tuvo que retroceder en Mykolaiv. Mientras que la batalla por Kiev se antoja ahora lejana, después de que el Ejército de Zelenski haya recuperado terreno en localidades del noreste y el oeste. Pequeñas victorias que en Kiev se celebran como grandes gestas, aunque el terreno sigue siendo un confuso frente de batalla en el que los bombardeos siguen arreciando cada día.

Las autoridades ucranianas no ven signos de que las tropas de Putin hayan cejado en su empeño por rodear la capital y creen que está ganando tiempo para reorganizar sus tropas en Bielorrusia para una nueva ofensiva. También lo cree la inteligencia británica, que advierte de Moscú responderá a estos contratiempos con más bombardeos contra ciudades ya cercadas, como Járkov, Chernígov y Mariúpol.

El actual tablero sería adecuado, según varios grupos de expertos, para iniciar de una vez unas rondas de negociaciones creíbles tras dos semanas sin avances. Las delegaciones de ambos países han viajado este lunes a Estambul para mantener de nuevo encuentros presenciales. Sin embargo, este mismo lunes volvían a empañarse antes de empezar. El diario The Wall Street Journal y el portal ruso Bellingcat aseguraban que tres miembros de las delegaciones, entre ellos, el oligarca ruso Román Abramóvich, habrían sido envenenados durante uno de los encuentros a principios de marzo.

Sobre la mesa, una vez más, las mismas posiciones. Moscú quiere Crimea, la independencia de Donetsk y Lugasnk y una Ucrania fuera de la OTAN y sin un Ejército que le haga la más mínima sombra. Kiev está dispuesta a ceder en su neutralidad, pero no firmará nada mientras los soldados rusos sigan en suelo ucraniano.

28/03/2022 22:22

por Jairo Vargas | ENVIADO ESPECIAL

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