Fuentes: El salto [Imagen: BYRON MAHER, SANCHO R. SOMALO]

La invasión de Ucrania puede acabar dinamitando la única válvula de escape, ante un escenario de recesión global que ya se estaba gestando en los meses previos.

 “Los tambores de guerra son tambores de hambre”, reza un ancestral proverbio africano. Sin duda, tras la invasión de Ucrania, dicha máxima está hoy más vigente que nunca. Desde estas líneas advertíamos de una de las consecuencias ocultas de la invasión rusa, las hambrunas. También expusimos la necesidad de un pacto de riqueza, a costa de los extractores de rentas, y no del factor trabajo o capital productivo. Lo que pretendemos desgranar en este artículo es cómo la invasión de Ucrania puede acabar dinamitando la única válvula de escape, ante un escenario de recesión global que ya se estaba gestando en los meses previos. Nos referimos a cómo la fuerte corrección en los precios de los activos financieros de riesgo –bolsa, bonos corporativos, bonos emergentes,…- suele conllevar un hundimiento del precio de las materias primas que debería suavizar y hacer transitorio los repuntes de inflación. Sin embargo, sin ningún final claro a la vista en Ucrania, los precios globales de los alimentos no elaborados y de la energía probablemente se mantengan altos en cualquier escenario. Por lo tanto, los tambores de guerra serán tambores de recesión global.

La economía global va camino a una tormenta perfecta, en la que Europa, China y Estados Unidos entran en crisis al mismo tiempo conforme avance el año

Los datos de crecimiento económico del primer trimestre publicados en España, Estados Unidos y la Eurozona han sido decepcionantes, mucho peor de lo esperado. La economía global va camino a una tormenta perfecta, en la que Europa, China y Estados Unidos entran en crisis al mismo tiempo conforme avance el año. Los riesgos de una de recesión global aumentan día a día.

Una rápida desaceleración sincronizada, sin válvulas de escape

Las previsiones económicas, tanto de organismos privados como oficiales, recientemente han comenzado a resaltar crecientes riesgos regionales, pero subestiman hasta qué punto estos riesgos se multiplican cada día. Los confinamientos generalizados en China, por ejemplo, están causando estragos en las cadenas de suministro globales en el corto plazo, haciendo subir la inflación en Estados Unidos y reduciendo la demanda en Europa. Si bien, la trayectoria de crecimiento de China ha venido desacelerándose en los últimos años, una gestión macroeconómica muy competente ha impedido hasta ahora una crisis severa. A diferencia de occidente, el Gobierno chino ha sido tajante respecto a la financiarización de las grandes corporaciones no financieras, limitando, manu militari, la extracción de rentas a sus clientes, y poniendo coto al proceso de concentración empresarial, que tanto daño en términos de inversión productiva y de desigualdad ha producido en Europa, y, sobretodo, en los Estados Unidos. Han entendido perfectamente el terrible daño que la financiarización, vía extracción de rentas, y el dilema moral “demasiado grande para quebrar” han ejercido sobre occidente en general, y, en España, en particular.

Sin embargo, China está siendo, hasta ahora, incapaz de llevar a buen puerto la transición desde un modelo de tremendos superávits por cuenta corriente a otro donde la demanda interna sea el principal motor de la actividad económica.

Una recesión en Estados Unidos, especialmente si es generada por un ciclo de alzas de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal, restringirá la demanda global de importaciones y provocará, ya está provocando, un caos en los mercados financieros. Y este riesgo de recesión en los Estados Unidos sin duda se ha disparado. Bajo la visión extendida de que la inflación no bajará significativamente por sí sola, se estima que la FED tendrá que aumentar todavía más los tipos de interés. Pero, además, por otro lado, bajo la creencia de que los ahorros se han disparado durante la pandemia y que el escenario más factible es que la demanda de los consumidores se mantenga fuerte, mientras que los problemas de las cadenas de suministro se agravan, ha inducido al Gobierno de los Estados Unidos a reducir erróneamente sus políticas de estímulo, incrementando la probabilidad de recesión.

Una recesión en Europa es casi inevitable si la guerra en Ucrania se enquista y países como Alemania, que ha venido resistiendo ferozmente los reclamos para dejar de recibir petróleo y gas rusos, finalmente cede

Respecto a Europa, la invasión rusa de Ucrania nos está afectando, en este contexto, mucho más de lo previsto. Si bien las recesiones en Europa normalmente se irradian a nivel global, principalmente a través de una demanda reducida, una desaceleración provocada por la guerra está afectando radicalmente la confianza empresarial y a los mercados financieros. Una recesión en Europa es casi inevitable si la guerra en Ucrania se enquista y países como Alemania, que ha venido resistiendo ferozmente los reclamos para dejar de recibir petróleo y gas rusos, finalmente cede. No hay alternativa al gas ruso.

Un escenario de recesión global acompañado de una fuerte corrección en los precios de los activos financieros de riesgo –bolsa, bonos corporativos, bonos emergentes,…- históricamente solía activar una válvula de escape, el hundimiento del precio de las materias primas, que suavizaba y hacía transitorio los repuntes de inflación. Ello sin duda ayudaría en términos de política monetaria y política fiscal. Sin embargo, si la guerra de Ucrania se enquista, los precios globales de los productos agrícolas y de la energía pueden mantenerse altos en cualquier escenario. Entonces, el coctel de guerra, desregulación de mercados derivados, concentración empresarial, financiarización, extracción de rentas, desigualdad, y austeridad fiscal hará estallar todo por los aires, de manera que los tambores de guerra serán en realidad tambores de recesión global. Y Vladimir Putin, al fondo, entre bambalinas, bajo la tenue luz de una vela, fumándose un puro, y brindando con una copa de coñac, a nuestra salud.

Por Juan Laborda | 13/05/2022

@JuanLabordah

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/analisis/juan-laborda-tambores-de-guerra-seran-tambores-de-recesion-global

Publicado enEconomía
https://diariocriterio.com/hambre-e-inseguridad-alimentaria-colombia/

El hambre, la malnutrición y la inseguridad alimentaria y nutricional son temas de los que hoy se habla en el país con más frecuencia en medios masivos, foros, debates, así como publicaciones alternativas y oficiales, producto de la controversia mediática suscitada por el informe de FAO-PMS “Puntos críticos de hambre. Alertas tempranas sobre la inseguridad alimentaria aguda febrero-mayo de 2022”1, en la que ubica a Colombia como uno de los 20 países donde la inseguridad alimentaria aguda puede llegar a niveles extremos durante el presente año.

Es cierto que en este momento se conjugan múltiples factores que exacerban la crisis en materia alimentaria, pero es, por decir lo menos, irresponsable y deshonesto culpar de tal realidad a la pandemia por covid-19. Como también es deshonesto descargar la responsabilidad de esta crisis social y humana, como detonantes de fenómenos que amenazan la vida, la dignidad y la integridad de millones de personas en el país, a los sucesos que hoy ponen en vilo al mundo: los conflictos bélicos que estallan a las puertas del territorio europeo.

Es una realidad que afecta a cientos de miles. El informe, como debe ser reconocido y valorado para la posteridad, se acerca de manera crítica a la situación que padece un amplio sector de la sociedad colombiana, pese a lo cual, por cuenta de cuidar su imagen internacional, el gobierno lo desatiende. El informe dice: “es una alerta temprana para que se adopten medidas humanitarias urgentes en 20 “focos del hambre”; donde es probable que parte de la población se enfrente a un empeoramiento de la inseguridad alimentaria aguda en los próximos meses, que pondría en riesgo sus vidas y medios de subsistencia”.

Las reacciones desde todas las latitudes y sectores no se han hecho esperar, sin embargo, es también reprochable el oportunismo y amarillismo frente a una situación que convierte en números a los miles de hambrientos que habitan el país, promoviendo soluciones que no tocan los determinantes estructurales del hambre en Colombia, exacerbada por la inestabilidad política y social, efectos económicos desprendidos o potenciados por la pandemia de covid-19, y crisis migratoria; las soluciones en las que se agazaparán los de siempre recuerdan la máxima de X. Montagut: resolviendo el hambre con migajas.

Lo que es urgente entender para actuar

Por el contrario, es imperativo mostrar que las acciones y omisiones de los gobiernos de las últimas décadas han conducido de manera inexorable al debilitamiento de la estructura productiva agroalimentaria nacional, como de las políticas sociales orientadas a la garantía de derechos sociales, económicos, culturales y ambientales.


Ante una realidad que es inaudito ocurra en un país que cuenta con todas las condiciones naturales y humanas para que no tome cuerpo, es preciso mencionar la importancia de la articulación entre la agricultura, la alimentación y la nutrición. Aunque pareciera que la relación es evidente, en términos de política pública y sus acciones de implementación se nota una escisión entre sectores determinado por los enfoques de corte mercantilista y neoliberal adoptados por estas.

Por ejemplo, en cuanto a la agricultura, los recursos destinados para su fortalecimiento han favorecido de manera notable al segmento agroexportador, y no para la producción de alimentos básicos para la población, propiciando una tendencia hacia la dependencia alimentaria.


Como lo señala López Hernández2, en alimentos básicos como el arroz, maíz, trigo, cebada y plátano, sus importaciones vienen en franco aumento desde finales de los 90. En cuanto a la firma y entrada en vigor de los Tratados de Libre Comercio (TLC)3, menciona que no han contribuido al aumento y diversificación de la canasta exportadora de productos agropecuarios y, por el contrario, sí han propiciado un crecimiento en la importación de estos.

Sumado a lo anterior, algunos TLC impulsan la minería, la explotación petrolera y los agrocombustibles. Los campesinos, que siguen resistiendo en un campo abandonado por el Estado, sin contar con bienes y servicios básicos, continúan produciendo alimentos sin garantías de rentabilidad, sin contar con infraestructura pública para transportar, comercializar y almacenar los alimentos, mientras las plataformas de supermercados comienzan a inundar los municipios y los espacios tradicionales –como las plazas de mercado– empiezan a ser reemplazados, lo que también afaecta usos, consumos y calidad de vida.

En cuanto a la situación del empleo, el país se caracteriza según la Ocde4, por el elevado desempleo y la alta presencia de un mercado informal, así como una escasa calidad de los puestos de trabajo, realidad que contribuye ampliamente a perpetuar la desigualdad de ingresos y la pobreza relativa. Al respecto de las políticas de seguridad social, los diseñadores de las políticas públicas las han ajustado a los designios del mercado, mediante la privatización, la reducción del gasto social y el resquebrajamiento de los mecanismos de solidaridad intergeneracional para sustituirlos por un enfoque asistencialista, que ha ocasionado mayor exclusión y empobrecimiento de las poblaciones, especialmente de mujeres, adultos mayores, así como de comunidades rurales y étnicas.


Mas acá del informe Focos del Hambre 2022

Las políticas de alimentación y nutrición en Colombia, que, si bien han sido concebidas con la intención de mejorar la situación en esta materia, suscriben también enfoques como el del manejo social del riesgo, que lejos de reconocer a los ciudadanos como sujetos de derechos, los considera como sujetos de carencia, en gran medida, responsables de su desgracia.


De acuerdo con los datos de las Encuestas de la Situación Nutricional para Colombia, 2005, 2010 y 2015, la inseguridad alimentaria y nutricional de los hogares para dichos años ha presentado prevalencias de 40,85, 57,7 y 54,2 por ciento, respectivamente. La última medición nos indica que, de cada dos hogares en el país, uno sufre de inseguridad alimentaria y nutricional.

Otra de las manifestaciones de los problemas alimentarios en Colombia se refleja en la situación nutricional, cuya tendencia evidencia la malnutrición que se presenta en todos los cursos de vida, por ejemplo, el exceso de peso afecta al 24,4 por ciento de la población entre 5 a 12 años, al 17,9 por ciento entre 13 y 17 años, mientras persiste el retraso en talla. En el caso de los adultos entre 18 y 64 años el 56,5 por ciento presenta exceso de peso.

Pero, ¿cuáles son las implicaciones de la situación descrita? Entre otros factores problemáticos, nos interesa enfatizar en que el predominio de la producción de agroexportables, los TLC, las orientaciones asistencialistas y ultra focalizadoras de las políticas públicas, se traduce, respectivamente, en someter al país a una situación de vulnerabilidad frente a la inestabilidad del mercado globalizado, el incremento de los costos de los insumos agrícolas, la volatilidad de los precios de los alimentos y su financiarización, la profundización de conflictos de tenencia, uso y vocación de la tierra, costes ambientales como el deterioro de los suelos, las fuentes hídricas y la pérdida de biodiversidad, impactos sociales como la precarización laboral, empobrecimiento, dietas poco diversificadas y homogeneizadas, problemas de salud asociados a la malnutrición, desplazamiento de comunidades campesinas y étnicas de sus territorios, minando sus formas de vida, sus conocimientos, cultura y su relación con la naturaleza.

A este complejo escenario de factores preexistentes que configuran los elementos estructurales de la crisis alimentaria actual, es necesario agregarle otro, que nos ha golpeado por más de sesenta años en el país: el conflicto armado interno, cuyas causas están estrechamente vinculadas con la acumulación, acaparamiento de recursos como la tierra y la exclusión de numerosos sectores populares del sistema político, todo esto por parte de las élites económicas y políticas. Por paradójico que parezca para un país como Colombia, es necesario recordarle a la vicepresidenta y canciller que el conflicto armado y la inseguridad alimentaria y nutricional (Insan) están intrínsecamente relacionados en un odioso círculo. El hambre y la Insan pueden ocasionar conflicto y asimismo el conflicto generar hambre e Insan, por lo que no es descabellado tocar temas como la violencia, conflicto e inestabilidad política cuando se habla de hambre.

Asuntos intencionalmente olvidados a retomar urgentemente

El informe sobre los Focos del Hambre en la narrativa por países reporta que “los retrasos en la implementación del acuerdo de paz de 2016 entre el Gobierno y los grupos armados no-estatales han provocado nuevas oleadas de ataques violentos, con 61.000 nuevos desplazados internos entre enero y septiembre de 2021, tres veces más que en 2020”, generando situaciones de conflicto que exacerbaran el hambre, como deuda acumulada.

Con la firma del Acuerdo Final para la terminación del conflicto en 2016, pactado entre el gobierno nacional y la desmovilizada guerrilla de las Farc se consideraron varios puntos que pretenden transformar las condiciones de inequidad e injusticia, especialmente en las zonas más afectadas por el conflicto, la baja presencia del Estado y el auge de las economías ilegales.

El punto 1, de Reforma Rural Integral (RRI) plantea diferentes mecanismos para dirimir los conflictos de tenencia, uso y vocación de la tierra, para el fortalecimiento de las economías campesinas, familiares, comunitarias y étnicas, con especial énfasis en la agricultura para la producción de alimentos, el cierre de brechas urbano-rurales con la provisión de bienes y servicios, entre otros elementos centrales para dignificar y reconocer la vida de los campesinos y campesinas y las comunidades rurales.

No obstante lo acordado, y a pesar de las obligaciones derivadas de este pacto, los datos del Décimo Informe de verificación de la Implementación del Acuerdo Final de Paz –Secretaría Técnica del Componente de Verificación Internacional-Cerac-Cinep– sobre su implementación muestran que el Fondo de Tierras, una de las herramientas para brindar el acceso a ella para los campesinos con muy poca tierra o sin esta, apenas cuenta con el 46,2 por ciento de las hectáreas estipuladas y solo se ha entregado el 7,8 por ciento de lo previsto. Es evidente, de seguir así va a ser muy difícil cumplir con lo acordado en el tiempo que le resta al Fondo.

Sobre la formalización de la tierra, todavía no se adopta el Plan Masivo de Formalización, no se ha creado la Jurisdicción Agraria, ni se han constituido las Zonas de Reserva Campesina. En cuanto al Catastro Multipropósito, solo se ha realizado en cuatro municipios priorizados, lo que representa un avance de solamente el 5,4 por ciento. Los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial (Pdet) tuvieron un adelanto con la formulación participativa de los planes de acción para la transformación regional (Patr) y en la elaboración de las hojas de ruta única (HRU) para la implementación y aprobación de proyectos, sin embargo, la puesta en marcha de estas herramientas todavía no despega en los territorios.


Por justicia social, de género, ambiental y alimentaria

No es de extrañar que, con tal panorama, el advenimiento de la pandemia por covid-19 haya puesto en jaque la precaria estructura que sustenta la garantía de los derechos sociales, económicos, culturales y ambientales en Colombia. El logro pleno del derecho a la alimentación requiere del reconocimiento por parte del Estado de sus obligaciones para crear las condiciones favorables que propendan por una alimentación sana, suficiente, sostenible y culturalmente aceptable para todos y todas, fin para el cual es clave que se fortalezca el quehacer público en torno a estos asuntos, que se propicien los gobiernos horizontales en los distintos niveles territoriales con el firme propósito de incluir las demandas de los movimientos sociales, así como el derecho a la soberanía alimentaria. Lo anterior, en un marco de redistribución de recursos proclive a hacer realidad la justicia social, de género, ambiental y alimentaria.

 

1 WFP and FAO. 2022. Hunger Hotspots. FAO-WFP early warnings on acute food insecurity: February to May 2022 Outlook. Rome. https://doi.org/10.4060/cb8376en
2 López Hernández, D. (2012). Disponibilidad de alimentos básicos en Colombia 2000-2010: ¿producción nacional o importaciones? Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.
3 Ocampo, J. A. (2014). Misión para la Transformación del Campo. Bogotá.
4 OCDE. (2015). Colombia. Políticas prioritarias para un desarrollo inclusivo.
5 En esta versión, para la evaluación de INSAN se empleó la escala de seguridad alimentaria en el hogar que Álvarez et al. Adaptaron y validaron en hogares urbanos y rurales de las nueve subregiones de Antioquia y Medellín.

* Respectivamente: ND. Magister en Seguridad Alimentaria y Nutricional. Investigadora del OBSSAN y Profesora de la Maestría en Seguridad Alimentaria y Nutricional -Universidad Nacional de Colombia.
Lic. Educación. ND. Magister en Desarrollo Social, PhD en Ciencias Sociales. Directora OBSSAN y Coordinadora Maestría en Seguridad Alimentaria y Nutricional -Universidad Nacional de Colombia.

Referencias

Gaston J y Montagut X. Bancos de Alimentos. ¿Resolviendo el Hambre con Sobras?. Icaria Editorial, 2016.

 


Resumen del Informe Focos del Hambre: Alertas tempranas de la FAO y el PMA sobre la inseguridad alimentaria aguda. Panorama febrero – mayo de 2022*

El 28 de enero del 2021 el Programa de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación –FAO– y el Programa Mundial de Alimentos –PMA– hacen pública una alerta temprana para que se adopten medidas humanitarias urgentes en 20 “focos del hambre”; donde es probable que parte de la población se enfrente a un empeoramiento de la inseguridad alimentaria aguda en los próximos meses, que pondría en riesgo sus vidas y medios de subsistencia. Identificados a través de un análisis prospectivo, estos focos tienen el potencial de presentar un aumento de la inseguridad alimentaria aguda dentro del período previsto, como consecuencia de los efectos de múltiples factores, a menudo interrelacionados, o que se refuerzan mutuamente.

En realidad, no es uno, son dos los informes recientes en los que Colombia aparece en el mapa de puntos críticos del hambre en el mundo. Ya en agosto del 2021, tanto la FAO como el PMA habían publicado el mismo informe, para el periodo comprendido entre agosto y noviembre de 2021. La diferencia está en que el anterior no tuvo la difusión alcanzada por el actual –periodo febrero a mayo de 2022.

Es probable que en Colombia la inseguridad alimentaria se deteriore aún más en los próximos meses, debido a una combinación de inestabilidad política, problemas económicos y el impacto actual de la crisis migratoria regional amplificada por los desplazamientos internos. Los retrasos en la implementación del acuerdo de paz de 2016 entre el Gobierno y los grupos armados no-estatales han provocado nuevas oleadas de ataques violentos, con 61.000 desplazados internos entre enero y septiembre de 2021 (ídem.).

La pandemia del covid-19 ha agravado aún más las desigualdades existentes, y sus efectos económicos seguirán afectando a los hogares vulnerables, a pesar de la recuperación económica en 2021 y de un crecimiento previsto del PIB. Por otro lado, Colombia, entre los países de la región, sigue acogiendo el mayor número de migrantes venezolanos. En agosto de 2021 se registraron más de 1,8 millones de migrantes procedentes de Venezuela. Entre enero y septiembre de 2021, más de 91.000 migrantes cruzaron el Paso del Darién (ídem.).

Según el Panorama de Necesidades Humanitarias 2022, 7,3 millones de colombianos sufren inseguridad alimentaria. Existen grandes limitaciones en cuanto al acceso de la asistencia humanitaria en Colombia; el acceso se ha deteriorado en el segundo semestre de 2021 y es probable que empeore considerablemente en las zonas afectadas por el conflicto (ídem.).

* WFP and FAO. 2022. Hunger Hotspots. FAO-WFP early warnings on acute food insecurity: February to May 2022 Outlook. Rome. https://doi.org/10.4060/cb8376 en [Referencia original en inglés]. Traducción RJDuran

Publicado enColombia
https://diariocriterio.com/hambre-e-inseguridad-alimentaria-colombia/

El hambre, la malnutrición y la inseguridad alimentaria y nutricional son temas de los que hoy se habla en el país con más frecuencia en medios masivos, foros, debates, así como publicaciones alternativas y oficiales, producto de la controversia mediática suscitada por el informe de FAO-PMS “Puntos críticos de hambre. Alertas tempranas sobre la inseguridad alimentaria aguda febrero-mayo de 2022”1, en la que ubica a Colombia como uno de los 20 países donde la inseguridad alimentaria aguda puede llegar a niveles extremos durante el presente año.

Es cierto que en este momento se conjugan múltiples factores que exacerban la crisis en materia alimentaria, pero es, por decir lo menos, irresponsable y deshonesto culpar de tal realidad a la pandemia por covid-19. Como también es deshonesto descargar la responsabilidad de esta crisis social y humana, como detonantes de fenómenos que amenazan la vida, la dignidad y la integridad de millones de personas en el país, a los sucesos que hoy ponen en vilo al mundo: los conflictos bélicos que estallan a las puertas del territorio europeo.

Es una realidad que afecta a cientos de miles. El informe, como debe ser reconocido y valorado para la posteridad, se acerca de manera crítica a la situación que padece un amplio sector de la sociedad colombiana, pese a lo cual, por cuenta de cuidar su imagen internacional, el gobierno lo desatiende. El informe dice: “es una alerta temprana para que se adopten medidas humanitarias urgentes en 20 “focos del hambre”; donde es probable que parte de la población se enfrente a un empeoramiento de la inseguridad alimentaria aguda en los próximos meses, que pondría en riesgo sus vidas y medios de subsistencia”.

Las reacciones desde todas las latitudes y sectores no se han hecho esperar, sin embargo, es también reprochable el oportunismo y amarillismo frente a una situación que convierte en números a los miles de hambrientos que habitan el país, promoviendo soluciones que no tocan los determinantes estructurales del hambre en Colombia, exacerbada por la inestabilidad política y social, efectos económicos desprendidos o potenciados por la pandemia de covid-19, y crisis migratoria; las soluciones en las que se agazaparán los de siempre recuerdan la máxima de X. Montagut: resolviendo el hambre con migajas.

Lo que es urgente entender para actuar

Por el contrario, es imperativo mostrar que las acciones y omisiones de los gobiernos de las últimas décadas han conducido de manera inexorable al debilitamiento de la estructura productiva agroalimentaria nacional, como de las políticas sociales orientadas a la garantía de derechos sociales, económicos, culturales y ambientales.


Ante una realidad que es inaudito ocurra en un país que cuenta con todas las condiciones naturales y humanas para que no tome cuerpo, es preciso mencionar la importancia de la articulación entre la agricultura, la alimentación y la nutrición. Aunque pareciera que la relación es evidente, en términos de política pública y sus acciones de implementación se nota una escisión entre sectores determinado por los enfoques de corte mercantilista y neoliberal adoptados por estas.

Por ejemplo, en cuanto a la agricultura, los recursos destinados para su fortalecimiento han favorecido de manera notable al segmento agroexportador, y no para la producción de alimentos básicos para la población, propiciando una tendencia hacia la dependencia alimentaria.


Como lo señala López Hernández2, en alimentos básicos como el arroz, maíz, trigo, cebada y plátano, sus importaciones vienen en franco aumento desde finales de los 90. En cuanto a la firma y entrada en vigor de los Tratados de Libre Comercio (TLC)3, menciona que no han contribuido al aumento y diversificación de la canasta exportadora de productos agropecuarios y, por el contrario, sí han propiciado un crecimiento en la importación de estos.

Sumado a lo anterior, algunos TLC impulsan la minería, la explotación petrolera y los agrocombustibles. Los campesinos, que siguen resistiendo en un campo abandonado por el Estado, sin contar con bienes y servicios básicos, continúan produciendo alimentos sin garantías de rentabilidad, sin contar con infraestructura pública para transportar, comercializar y almacenar los alimentos, mientras las plataformas de supermercados comienzan a inundar los municipios y los espacios tradicionales –como las plazas de mercado– empiezan a ser reemplazados, lo que también afaecta usos, consumos y calidad de vida.

En cuanto a la situación del empleo, el país se caracteriza según la Ocde4, por el elevado desempleo y la alta presencia de un mercado informal, así como una escasa calidad de los puestos de trabajo, realidad que contribuye ampliamente a perpetuar la desigualdad de ingresos y la pobreza relativa. Al respecto de las políticas de seguridad social, los diseñadores de las políticas públicas las han ajustado a los designios del mercado, mediante la privatización, la reducción del gasto social y el resquebrajamiento de los mecanismos de solidaridad intergeneracional para sustituirlos por un enfoque asistencialista, que ha ocasionado mayor exclusión y empobrecimiento de las poblaciones, especialmente de mujeres, adultos mayores, así como de comunidades rurales y étnicas.


Mas acá del informe Focos del Hambre 2022

Las políticas de alimentación y nutrición en Colombia, que, si bien han sido concebidas con la intención de mejorar la situación en esta materia, suscriben también enfoques como el del manejo social del riesgo, que lejos de reconocer a los ciudadanos como sujetos de derechos, los considera como sujetos de carencia, en gran medida, responsables de su desgracia.


De acuerdo con los datos de las Encuestas de la Situación Nutricional para Colombia, 2005, 2010 y 2015, la inseguridad alimentaria y nutricional de los hogares para dichos años ha presentado prevalencias de 40,85, 57,7 y 54,2 por ciento, respectivamente. La última medición nos indica que, de cada dos hogares en el país, uno sufre de inseguridad alimentaria y nutricional.

Otra de las manifestaciones de los problemas alimentarios en Colombia se refleja en la situación nutricional, cuya tendencia evidencia la malnutrición que se presenta en todos los cursos de vida, por ejemplo, el exceso de peso afecta al 24,4 por ciento de la población entre 5 a 12 años, al 17,9 por ciento entre 13 y 17 años, mientras persiste el retraso en talla. En el caso de los adultos entre 18 y 64 años el 56,5 por ciento presenta exceso de peso.

Pero, ¿cuáles son las implicaciones de la situación descrita? Entre otros factores problemáticos, nos interesa enfatizar en que el predominio de la producción de agroexportables, los TLC, las orientaciones asistencialistas y ultra focalizadoras de las políticas públicas, se traduce, respectivamente, en someter al país a una situación de vulnerabilidad frente a la inestabilidad del mercado globalizado, el incremento de los costos de los insumos agrícolas, la volatilidad de los precios de los alimentos y su financiarización, la profundización de conflictos de tenencia, uso y vocación de la tierra, costes ambientales como el deterioro de los suelos, las fuentes hídricas y la pérdida de biodiversidad, impactos sociales como la precarización laboral, empobrecimiento, dietas poco diversificadas y homogeneizadas, problemas de salud asociados a la malnutrición, desplazamiento de comunidades campesinas y étnicas de sus territorios, minando sus formas de vida, sus conocimientos, cultura y su relación con la naturaleza.

A este complejo escenario de factores preexistentes que configuran los elementos estructurales de la crisis alimentaria actual, es necesario agregarle otro, que nos ha golpeado por más de sesenta años en el país: el conflicto armado interno, cuyas causas están estrechamente vinculadas con la acumulación, acaparamiento de recursos como la tierra y la exclusión de numerosos sectores populares del sistema político, todo esto por parte de las élites económicas y políticas. Por paradójico que parezca para un país como Colombia, es necesario recordarle a la vicepresidenta y canciller que el conflicto armado y la inseguridad alimentaria y nutricional (Insan) están intrínsecamente relacionados en un odioso círculo. El hambre y la Insan pueden ocasionar conflicto y asimismo el conflicto generar hambre e Insan, por lo que no es descabellado tocar temas como la violencia, conflicto e inestabilidad política cuando se habla de hambre.

Asuntos intencionalmente olvidados a retomar urgentemente

El informe sobre los Focos del Hambre en la narrativa por países reporta que “los retrasos en la implementación del acuerdo de paz de 2016 entre el Gobierno y los grupos armados no-estatales han provocado nuevas oleadas de ataques violentos, con 61.000 nuevos desplazados internos entre enero y septiembre de 2021, tres veces más que en 2020”, generando situaciones de conflicto que exacerbaran el hambre, como deuda acumulada.

Con la firma del Acuerdo Final para la terminación del conflicto en 2016, pactado entre el gobierno nacional y la desmovilizada guerrilla de las Farc se consideraron varios puntos que pretenden transformar las condiciones de inequidad e injusticia, especialmente en las zonas más afectadas por el conflicto, la baja presencia del Estado y el auge de las economías ilegales.

El punto 1, de Reforma Rural Integral (RRI) plantea diferentes mecanismos para dirimir los conflictos de tenencia, uso y vocación de la tierra, para el fortalecimiento de las economías campesinas, familiares, comunitarias y étnicas, con especial énfasis en la agricultura para la producción de alimentos, el cierre de brechas urbano-rurales con la provisión de bienes y servicios, entre otros elementos centrales para dignificar y reconocer la vida de los campesinos y campesinas y las comunidades rurales.

No obstante lo acordado, y a pesar de las obligaciones derivadas de este pacto, los datos del Décimo Informe de verificación de la Implementación del Acuerdo Final de Paz –Secretaría Técnica del Componente de Verificación Internacional-Cerac-Cinep– sobre su implementación muestran que el Fondo de Tierras, una de las herramientas para brindar el acceso a ella para los campesinos con muy poca tierra o sin esta, apenas cuenta con el 46,2 por ciento de las hectáreas estipuladas y solo se ha entregado el 7,8 por ciento de lo previsto. Es evidente, de seguir así va a ser muy difícil cumplir con lo acordado en el tiempo que le resta al Fondo.

Sobre la formalización de la tierra, todavía no se adopta el Plan Masivo de Formalización, no se ha creado la Jurisdicción Agraria, ni se han constituido las Zonas de Reserva Campesina. En cuanto al Catastro Multipropósito, solo se ha realizado en cuatro municipios priorizados, lo que representa un avance de solamente el 5,4 por ciento. Los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial (Pdet) tuvieron un adelanto con la formulación participativa de los planes de acción para la transformación regional (Patr) y en la elaboración de las hojas de ruta única (HRU) para la implementación y aprobación de proyectos, sin embargo, la puesta en marcha de estas herramientas todavía no despega en los territorios.


Por justicia social, de género, ambiental y alimentaria

No es de extrañar que, con tal panorama, el advenimiento de la pandemia por covid-19 haya puesto en jaque la precaria estructura que sustenta la garantía de los derechos sociales, económicos, culturales y ambientales en Colombia. El logro pleno del derecho a la alimentación requiere del reconocimiento por parte del Estado de sus obligaciones para crear las condiciones favorables que propendan por una alimentación sana, suficiente, sostenible y culturalmente aceptable para todos y todas, fin para el cual es clave que se fortalezca el quehacer público en torno a estos asuntos, que se propicien los gobiernos horizontales en los distintos niveles territoriales con el firme propósito de incluir las demandas de los movimientos sociales, así como el derecho a la soberanía alimentaria. Lo anterior, en un marco de redistribución de recursos proclive a hacer realidad la justicia social, de género, ambiental y alimentaria.

 

1 WFP and FAO. 2022. Hunger Hotspots. FAO-WFP early warnings on acute food insecurity: February to May 2022 Outlook. Rome. https://doi.org/10.4060/cb8376en
2 López Hernández, D. (2012). Disponibilidad de alimentos básicos en Colombia 2000-2010: ¿producción nacional o importaciones? Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.
3 Ocampo, J. A. (2014). Misión para la Transformación del Campo. Bogotá.
4 OCDE. (2015). Colombia. Políticas prioritarias para un desarrollo inclusivo.
5 En esta versión, para la evaluación de INSAN se empleó la escala de seguridad alimentaria en el hogar que Álvarez et al. Adaptaron y validaron en hogares urbanos y rurales de las nueve subregiones de Antioquia y Medellín.

* Respectivamente: ND. Magister en Seguridad Alimentaria y Nutricional. Investigadora del OBSSAN y Profesora de la Maestría en Seguridad Alimentaria y Nutricional -Universidad Nacional de Colombia.
Lic. Educación. ND. Magister en Desarrollo Social, PhD en Ciencias Sociales. Directora OBSSAN y Coordinadora Maestría en Seguridad Alimentaria y Nutricional -Universidad Nacional de Colombia.

Referencias

Gaston J y Montagut X. Bancos de Alimentos. ¿Resolviendo el Hambre con Sobras?. Icaria Editorial, 2016.

 


Resumen del Informe Focos del Hambre: Alertas tempranas de la FAO y el PMA sobre la inseguridad alimentaria aguda. Panorama febrero – mayo de 2022*

El 28 de enero del 2021 el Programa de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación –FAO– y el Programa Mundial de Alimentos –PMA– hacen pública una alerta temprana para que se adopten medidas humanitarias urgentes en 20 “focos del hambre”; donde es probable que parte de la población se enfrente a un empeoramiento de la inseguridad alimentaria aguda en los próximos meses, que pondría en riesgo sus vidas y medios de subsistencia. Identificados a través de un análisis prospectivo, estos focos tienen el potencial de presentar un aumento de la inseguridad alimentaria aguda dentro del período previsto, como consecuencia de los efectos de múltiples factores, a menudo interrelacionados, o que se refuerzan mutuamente.

En realidad, no es uno, son dos los informes recientes en los que Colombia aparece en el mapa de puntos críticos del hambre en el mundo. Ya en agosto del 2021, tanto la FAO como el PMA habían publicado el mismo informe, para el periodo comprendido entre agosto y noviembre de 2021. La diferencia está en que el anterior no tuvo la difusión alcanzada por el actual –periodo febrero a mayo de 2022.

Es probable que en Colombia la inseguridad alimentaria se deteriore aún más en los próximos meses, debido a una combinación de inestabilidad política, problemas económicos y el impacto actual de la crisis migratoria regional amplificada por los desplazamientos internos. Los retrasos en la implementación del acuerdo de paz de 2016 entre el Gobierno y los grupos armados no-estatales han provocado nuevas oleadas de ataques violentos, con 61.000 desplazados internos entre enero y septiembre de 2021 (ídem.).

La pandemia del covid-19 ha agravado aún más las desigualdades existentes, y sus efectos económicos seguirán afectando a los hogares vulnerables, a pesar de la recuperación económica en 2021 y de un crecimiento previsto del PIB. Por otro lado, Colombia, entre los países de la región, sigue acogiendo el mayor número de migrantes venezolanos. En agosto de 2021 se registraron más de 1,8 millones de migrantes procedentes de Venezuela. Entre enero y septiembre de 2021, más de 91.000 migrantes cruzaron el Paso del Darién (ídem.).

Según el Panorama de Necesidades Humanitarias 2022, 7,3 millones de colombianos sufren inseguridad alimentaria. Existen grandes limitaciones en cuanto al acceso de la asistencia humanitaria en Colombia; el acceso se ha deteriorado en el segundo semestre de 2021 y es probable que empeore considerablemente en las zonas afectadas por el conflicto (ídem.).

* WFP and FAO. 2022. Hunger Hotspots. FAO-WFP early warnings on acute food insecurity: February to May 2022 Outlook. Rome. https://doi.org/10.4060/cb8376 en [Referencia original en inglés]. Traducción RJDuran

Publicado enEdición Nº289
Martes, 13 Julio 2021 07:03

Cuba: entre la vacuna y la crisis

Cuba: entre la vacuna y la crisis

 Cuba vive momentos tensos. La situación económica ha empeorado dramáticamente, los alimentos básicos son escasos, la moneda pierde valor y los números de contagios de covid-19 se están disparando. En este marco, Cuba vive inéditas protestas en las calles. Afortunadamente, las vacunas que se producen en el país están funcionando y el proceso de vacunación en marcha podría, con el tiempo, vencer la crisis sanitaria. Pero no son las vacunas las que pueden resolver la crisis económica ni la crisis de confianza política.

Cuba vive momentos tensos. La situación económica ha empeorado dramáticamente, los alimentos básicos son escasos, la moneda pierde valor, la frustración estalla en protestas callejeras, y los números de contagios de covid-19 se están disparando. Los casos diarios se han multiplicado por cuatro en tan solo tres semanas. Con más de 6.700 contagios por día y más de 25.000 hospitalizados confirmados por covid-19, el sistema de salud está llegando a sus límites. Sin embargo, la lucha contra la pandemia también trae la mayor esperanza: las vacunas desarrolladas en la isla muestran un nivel de eficacia muy alto, no solo en los estudios clínicos, sino también en la práctica.

El gobierno de La Habana había arriesgado mucho cuando, en mayo de 2020, decidió no importar ninguna vacuna, ni de Rusia ni de China. Tampoco a través de la participación en la plataforma de vacunas COVAX. En su lugar, apostó en desarrollar vacunas propias. Muchos se mostraron escépticos: ¿por qué esta isla caribeña de 11 millones de habitantes sería exitosa allí donde fracasaron multimillonarios emporios farmacéuticos?

La explicación es el sector biotecnológico que ha ido construyéndose sistemáticamente desde la década de 1980: una isla de eficiencia en medio de la economía socialista del país. Desde el principio, se hizo énfasis en el desarrollo de vacunas, no solo para el consumo interno, sino también para la exportación a países del Sur global. Es esta estructura de investigación y producción la que ha permitido a Cuba crear en muy poco tiempo dos vacunas listas para usar.

Ambas, «Abdala» y «Soberana-2», se basan en una plataforma de proteínas, un método utilizado durante décadas contra la poliomielitis, el tétanos y otras enfermedades. A diferencia de las novedosas vacunas de ARN mensajero de BioNTech y Moderna, se trata de una tecnología de la «vieja escuela». Pero la ventaja es que estas vacunas se pueden producir en las fábricas existentes, la experiencia indica un bajo nivel de efectos secundarios graves y no se necesita un enfriamiento extremo. Y son vacunas eficaces. Ya se han publicado los resultados de los estudios de fase 3, que muestran para Abdala una efectividad contra enfermedad sintomática de 92% después de completar el esquema de tres dosis, y para Soberana-2, una eficacia de 91%.

Los críticos han cuestionado estos números y han señalado falta de transparencia y documentación insuficiente en las revistas científicas. Es posible que con la aplicación práctica haya que hacer ajustes. A pesar de que ambos estudios de fase 3 se hicieron sobre más de 40.000 personas, los números absolutos en los que se basan los cálculos de eficacia no son altos; para Soberana-2 había cinco casos de enfermedad sintomática en el grupo vacunado versus 51 en el grupo placebo.

Pero más allá de los estudios, para ver que las vacunas sí son eficaces, la campaña de vacunación en curso habla por sí sola. Cuando se vacunó al personal médico del país, a principios de marzo, se redujo inmediatamente el número de contagios entre los empleados del sector sanitario. Esto se observa también desde el comienzo de las vacunaciones masivas en La Habana, en el mes de mayo.

Ya se han aplicado más de siete millones de dosis en una campaña que se ha concentrado en la capital del país, originalmente el epicentro del proceso infeccioso. En todas las demás provincias, las incidencias están aumentando fuertemente. En la capital, sin embargo, donde ya la mitad de la población ha sido vacunada, los contagios han caído a la mitad de su valor pico. Como en otros países con altos niveles de vacunación, se ve un repunte con la reciente entrada a Cuba de la agresiva variante Delta. Los estudios de fase 3 de las vacunas cubanas se hicieron todavía con la prevalencia de la cepa Beta. Aun si parecen dar buena inmunidad contra la Delta también, no se puede excluir que –como se ha visto con otras vacunas– la efectividad sea algo menor contra esa variante, sobre todo en caso de vacunación incompleta.

También en Irán se realizó un estudio de fase 3 para la vacuna Soberana-2, con 24.000 participantes, y allí la vacuna cubana ya obtuvo la aprobación de emergencia. En Cuba recientemente se dio la aprobación para Abdala mientras la para Soberana-2 es espera en las próximas semanas. Es de suponer que la autoridad de aprobación cubana espera con la aprobación formal hasta que se tenga disponible todos los datos requeridos por los protocolos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Porque, además de vencer la pandemia en su propio territorio, Cuba también espera exportar sus vacunas. Pero la producción a escala se enfrenta a grandes obstáculos. Los 100 millones de dosis cuya producción se anunció alguna vez para este año quedarán como una posibilidad teórica. Los insumos que se necesitan se han vuelto extremadamente escasos, porque empresas de todo el mundo apuestan al desarrollo de vacunas a base de proteínas, sea Novavax en Estados Unidos, Sanofi/GlaxoSmithKline en Europa o Anhui en China.

Si bien Cuba es «soberana» en el desarrollo de sus propias vacunas, tal como lo sugiere el nombre de una de ellas, esto no es así en cuanto al equipamiento y los componentes, que deben importarse. A los problemas mencionados se suma, como siempre ocurre en Cuba, el lastre del embargo estadounidense, que limita las oportunidades de adquirir maquinaria e insumos. Además, las amenazas de Washington a los bancos internacionales hacen que las transacciones financieras con la isla sean maniobras complejas y costosas. Como resultado, Cuba tendrá que concentrarse inicialmente en producir suficientes vacunas para su propia población. Por cierto, como gesto de solidaridad, hubo una primera entrega de 30.000 dosis de Abdala a su aliada Venezuela, cuyas entregas de petróleo a Cuba han disminuido, pero siguen siendo indispensables para abastecer a la isla. Se han prometido otros 12 millones de dosis, pero sin precisar la fecha de entrega.

También se espera poder negociar opciones de exportación, preferiblemente con prefinanciación. Otra opción es vender licencias a países como Argentina o Vietnam, que tienen sus propias capacidades de producción. En el pasado, la OMS ya ha comprado vacunas cubanas para campañas de vacunación en países del Sur global y podría volver a hacerlo en la actual pandemia. A mediano plazo, las vacunas a base de proteínas, como las cubanas, también son adecuadas como vacunas de refuerzo.

Por importantes que sean estas perspectivas, las vacunas cubanas pueden vencer la crisis sanitaria del país, pero no la económica. Esta sigue siendo tarea de una agenda de reformas que debería apuntar a reanimar toda la economía y no confiar en que el sector biotecnológico se convierta en la gallina de los huevos de oro. Y aún cuando son un logro del sistema de salud, no pueden ser las vacunas las que den respuesta a la largamente acumulada crisis de confianza política que en estos días se hace evidente en las calles. 

La lucha contra la pandemia en Cuba es, como en otros lugares, una carrera contra el tiempo. Entre la velocidad de la vacunación, por un lado, y la propagación del virus y sus variantes, por otro. Si las cosas van bien, la campaña de vacunación puede prevenir el colapso de los hospitales, hacer que gradualmente el país salga de las medidas de confinamiento y permitirle reabrir sus puertas al turismo internacional a tiempo para la importantísima temporada de invierno. El sector turístico era la industria más importante de la isla antes de la pandemia y su reactivación es indispensable como fuente de divisas en la actual crisis.

Pero las vacunas cubanas también deberían ser motivo de reflexión fuera de la isla. En tiempos de cadenas de suministro globales, muchos rápidamente tildaron todas las ideas de «autosuficiencia» de anticuadas. Durante la pandemia, sin embargo, hasta los países ricos tuvieron que aprender que no se puede contar con la globalización en tiempos de emergencia. Ya se trate de mascarillas o vacunas, a la hora de la verdad, no solo es America First, sino que cualquier otro país cuida primero sus propios intereses.

El hecho de que el sector biotecnológico de Cuba haya logrado desarrollar sus propias vacunas con los limitados recursos del país es sencillamente sensacional. Con el avance de la variante Delta y el dramático aumento de infecciones, combinado con la crisis alimentaria y el malestar social, la sociedad cubana está por vivir meses tensos, si no dramáticos. Pero el avance de las vacunaciones hace esperar que, llegando el invierno, Cuba se uno de los primeros países de América Latina en entrar a la «era post-covid».

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Lunes, 23 Noviembre 2020 05:41

Primer mundo

El coach Gary Patterson participó como voluntario en la entrega de alimentos a miles de estadunidenses en Arlington, Texas. La semana pasada había imágenes de interminables filas de autos en Dallas, anteriormente símbolo de riqueza, en espera para recibir asistencia alimenticia para sus familias. Foto Ap

A mí me aseguraron que este era un país de primer mundo. Me engañaron. Recuerdo el viejo chiste de que aquí no había golpes de Estado porque no había una embajada estadunidense. Ahora sólo falta que Luis Almagro llegue con la OEA para anular la elección y rescatar al país de los "comunistas", como alega Trump y su gente.

Aquí en los últimos días hay imágenes y declaraciones que ponen en duda eso de "primer mundo" y más aun, eso de "faro de la democracia". Lo que más asombra es que después de estos cuatro años, y sobre todo después de este proceso electoral, que aún hay en este país aquellos que siguen ofreciendo proclamaciones, juicios y recomendaciones a otros países sobre democracia, elecciones, procesos democráticos, derechos humanos y más. Sería bueno que guardaran un tantito de silencio mientras aplican todo eso a su propio país, para empezar, incluso solicitar unas recomendaciones de otros países que saben de todo esto.

La semana pasada había imágenes de interminables filas de autos en Dallas –anteriormente símbolo de riqueza– en espera para recibir asistencia alimenticia para sus familias. En El Paso, presos fueron reclutados para ayudar a las autoridades a trasladar cuerpos de los hospitales abrumados por casos de Covid. Estas escenas no son exclusivas a Texas, se repiten a lo largo de un país donde hay cada vez más hambre en medio de la devastación económica y social provocada por el manejo político irresponsable y criminal de la peor crisis de salud pública en un siglo.

Millones están al borde de ser lanzados de sus hogares por no poder pagar rentas o hipotecas, millones más se encontraran sin asistencia de desempleo en las próximas semanas –o sea, como regalo de Navidad– si el gobierno no aprueba más fondos y extiende las moratorias de pago de deudas y rentas. Ni hablar de los inmigrantes –entre ellos los llamados "trabajadores esenciales" que están rescatando al país en medio de estas crisis–, quienes no tienen derecho a ninguna asistencia, y más bien sólo derecho a ser explotados y desechados.

La semana pasada, la organización Families Belong Together colocó más de 650 ositos de peluche en una jaula a las afueras del Capitolio para recordar a los legisladores que mas de 650 niños inmigrantes arrancados de los brazos de sus familias por el gobierno de Trump aún no han sido reunificados.

Mientras Trump enviaba saludos a manifestaciones de supremacistas blancos y neonazis que se manifestaban en apoyo del presidente, la FBI reportó que los crímenes de odio en este país han llegado a su nivel más alto en una década (7 mil 314), entre los cuales se registró el número más alto de homicidios motivados por odio desde que la FBI empezó a ofrecer esa cifra. De los 51 homicidios por odio en 2019, 22 fueron cometidos en El Paso por un joven motivado por las palabras de Trump y cuyo objetivo era matar a "mexicanos".

Ni hablar sobre la elección, y lo que parece ser un intento, aunque muy mal hecho hasta ahora, de un autogolpe de Estado por Trump y su equipo. Al declarar la existencia de un magno fraude desde antes de la elección y cumpliendo por ahora su promesa de no reconocer el resultado si no salía ganando, las acusaciones han llegado a niveles espectaculares. En una de las conferencias de prensa más extrañas en la historia del país, Rudy Giuliani y otros abogados encargados de demostrar el fraude, acusaron que Hugo Chávez –quien murió en 2013– era uno de los responsables, junto con George Soros, los cubanos y tal vez los chinos. Más tarde, sugirieron que en el estado de Georgia, el gobernador republicano fue sobornado por venezolanos y la CIA para entregar la elección –con el triunfo del demócrata Joe Biden–- a "comunistas".

Entre golpes de Estado y chavistas tomando por asalto a Georgia, en medio del epicentro mundial de la pandemia, la imagen del fin de semana fue Trump jugando golf, igual que Nerón con su violín.

Y me dicen que estoy en algún lugar del primer mundo.

Cuando los universos chocan, Gogol Bordello https://open.spotify.com/ track/3d090eNCOhcrUde6vZXSiN? si=Hd73vsbCQCS7e788RuKBJw

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Personas hacen fila para recibir comida en el Gran Depósito de Alimentos de Chicago, en el barrio Auburn Gresham.Foto Ap

Los costos del manejo político de la pandemia por el gobierno de Donald Trump continúan manifestándose en el ámbito económico y de salud, con otros casi 3 millones de desempleados en la semana previa y más evidencia de que no sólo se podría haber evitado que Estados Unidos fuera el epicentro mundial de contagio, sino nuevas advertencias de expertos de que una "reapertura" del país antes de tener bajo control la pandemia, tal como desea el presidente, implicará aún más sufrimiento y muerte.

Otros casi 3 millones de trabajadores se registraron para obtener beneficios de desempleo durante la semana anterior, reportó el gobierno federal, con lo cual ahora suman 36.5 millones de desempleados en sólo ocho semanas de esta crisis, que es comparada en algunos rubros con la Gran Depresión.

La Reserva Federal detalló en un informe que los más perjudicados económicamente son los más vulnerables, con casi 40 por ciento de los hogares con ingresos menores a 40 mil dólares al año afectados por el desempleo.

Mientras se divulgaban las cifras más recientes de los costos económicos de la crisis, en la Cámara de Representantes, Rick Bright –quien encabezaba la agencia responsable de vacunas e investigación biomédica y que recientemente fue reasignado como consecuencia de su crítica a propuestas médicas del presidente– alertó que Estados Unidos enfrentará "el invierno más oscuro de su historia moderna" si el gobierno no procede urgentemente con la elaboración de un plan nacional integral para enfrentar el coronavirus, que aún no está bajo control.

Bright argumentó que si desde un inicio el gobierno hubiera actuado siguiendo las recomendaciones de los expertos, incluyéndolo a él, se hubieran salvado muchas vidas. "La ciencia, y no el politiqueo o el amiguismo, debe encabezar el camino para combatir a este virus fatal", sentenció.

Trump lo descalificó aun antes de iniciar su testimonio, señalando en un tuit que nunca había conocido a Bright, "pero para mí es un empleado descontento, quien no es querido ni respetado por gente con quien he hablado y quien, con su actitud, ya no debería estar trabajando para nuestro gobierno".

A principios de esta semana, el doctor Anthony Fauci, el experto oficial de mayor perfil del equipo que coordina la respuesta de la Casa Blanca a la pandemia, advirtió del grave peligro de reabrir el país –o sea, suspender las medidas de mitigación– de manera prematura, ya que aún se está propagando el virus. Eso tendría "consecuencias serias", declaró ante una audiencia en el Senado. Subrayó que reabrir las escuelas podría tener efectos aún desconocidos en los estudiantes.

Pero para Trump la reapertura del país es su prioridad y por lo tanto no tardó en regañar a uno de sus principales expertos médicos. En comentarios con reporteros, Trump expresó que la respuesta de Fauci no sólo lo "sorprendió", sino que "para mí no es una respuesta aceptable, especialmente cuando se trata de las escuelas". Agregó que Estados Unidos "tiene que regresar (al trabajo) lo más pronto posible y no considero que nuestro país haya regresado si las escuelas están cerradas".

En tanto, sindicatos nacionales de maestros, trabajadores de aviación y movimientos sociales de los más vulnerables están llamando a frenar cualquier reapertura hasta que los científicos y expertos médicos –y no los políticos– den luz verde.

Trump viajó este jueves a un centro de distribución de mascarillas médicas N95 en Pensilvania, donde dio un discurso de elogio a la respuesta de su administración. Los trabajadores y su comitiva (con la excepción de su jefe de gabinete) usaban mascarillas, menos él, violando las recomendaciones de su propio gobierno. Ahí celebró a los doctores y enfermeras que están en las trincheras del combate contra el coronavirus: "Están corriendo hacia la muerte al igual que soldados corren hacia las balas. Veo eso con los doctores y las enfermeras y toda esa gente que entra a esos hospitales. Es increíble y es algo hermoso verlo".

Palabras, comentó una observadora, que hubieran hundido a cualquier otro presidente.

Todo mientras el número de muertos por Covid-19 supera 85 mil y el total de contagiados confirmados llega a 1.4 millones en Estados Unidos, el epicentro mundial de la pandemia.

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Médicos y enfermeras aplauden en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital de Paitilla, en Panamá, después de que la última prueba de Covid en paciente contagiado resultó negativa.Foto Afp

Nueva York., La Organización de Naciones Unidas (ONU) triplicó su petición de ayuda, de 2 mil a 6 mil 700 millones de dólares, para combatir la propagación y los efectos desestabilizadores de la pandemia del nuevo coronavirus en 46 países vulnerables, principalmente de África y América Latina.

Si bien Estados Unidos y Europa aún enfrentan el brote, Mark Lowcock, secretario general adjunto para Asuntos Humanitarios, advirtió que el virus alcanzará su punto más álgido en los países pobres entre los próximos tres o seis meses, por lo que podría revivir un nuevo periodo de desestabilización.

"En los países más pobres, ya podemos ver economías contraerse debido a la desaparición de las ganancias por exportaciones, remesas y turismo. A menos que tomemos medidas ahora, deberíamos prepararnos para un aumento significativo de conflictos, hambre y pobreza", afirmó en videoconferencia.

Desde la primera petición, hecha el 25 de marzo, la ONU dijo que se han recaudado 923 millones de dólares de 2 mil millones, para respaldar las medidas contra el Covid-19 en 37 países. El nuevo monto –que deberá cubrir hasta diciembre– incluye a Benín, Yibuti, Liberia, Mozambique, Pakistán, Filipinas, Sierra Leona, Togo y Zimbabue.

David Beasley, director del Programa Mundial de Alimentos, dijo que se ayuda a casi 100 millones de personas en un día y "a menos que no podamos mantener esas operaciones esenciales activas, a la pandemia sanitaria le seguirá pronto una pandemia de hambre".

El número de casos en la mayoría de los países en vías de desarrollo que optan a la ayuda de la ONU "podría parecer pequeño, pero sabemos que la vigilancia, las pruebas de laboratorio y la capacidad de los sistemas de salud de esos países son escasas", dijo Tedros Adhanom Ghebreyesus, titular general de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La pandemia alcanzó ayer un saldo de 262 mil 709 muertos, 3 millones 744 mil 585 contagiados y un millón 238 mil 250 pacientes recuperados en el mundo, según la Universidad Johns Hopkins. El Consejo Internacional de Enfermeros estima que se han infectado al menos 90 mil trabajadores de la salud, y es posible que la cifra sea el doble, mientras los reportes de escasez de equipos sanitarios protectores continúan.

Por otro lado, Antonio Vitorino, director de la Organización Internacional para las Migraciones, alertó en otra videoconferencia que miles de migrantes están atrapados, "extraviados", en todo el mundo, incapaces de moverse por el cierre de fronteras.

Temor por levantar confinamientos

Aseguró que los campamentos donde están forzados a residir algunos de los indocumentados son focos de contagio, pero confirmó que solicitó a los gobiernos el acceso a esos albergues para evaluar cuál es la situación sanitaria.

La pandemia y la limitación de desplazamientos han complicado la producción y el tráfico de drogas a escala mundial, según un informe de la ONU, que constata los efectos que tienen las restricciones para el contrabando por vía aérea.

En tanto, las divisiones políticas y regionales están surgiendo en muchos países en torno a qué tan rápido levantar los confinamientos decretados para combatir la pandemia del coronavirus, mientras las preocupaciones por una devastación económica chocan con los temores de una segunda ola de muertes.

Los alcaldes franceses están resistiéndose al llamado del gobierno central a reabrir las escuelas; mientras, los gobernadores italianos quieren que el gobierno central afloje el encierro a mayor velocidad, cuando las autoridades ya reabrieron la economía en algunas zonas y están dispuestos a reanudar las misas a partir del día 18.

Se espera que el primer ministro británico, Boris Johnson, extienda por seis semanas más las medidas de encierro, pero adelantó que relajará algunas restricciones que afectan a la economía y vida social la semana próxima.

Francia sufrirá un "empobrecimiento general" a causa de la pandemia del nuevo coronavirus, indicó el primer ministro francés, Édouard Philippe, quien detalló que el desconfinamiento en la nación, que se inicia el día 11, será más estricto en París.

Hans Kluge, jefe de la oficina de la OMS para Europa, señaló que esta agencia está "profundamente preocupada" por que los reportes de violencia doméstica se incrementaron 60 por ciento en el continente durante la pandemia, especialmente en Bélgica, Gran Bretaña, Francia, Rusia y España.

El virus podría matar entre 83 mil y 190 mil personas en África en el primer año de la pandemia, alertó la OMS, cuando en el continente se superó la barrera de los 50 mil casos, con más de 2 mil decesos.

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Las banderas rojas: entre la emergencia y la protesta social

A comienzos del mes de abril la alcaldía del municipio de Soacha promovió una particular estrategia para identificar a las familias que necesitan ayuda por la emergencia social del coronavirus: la instalación de banderas rojas en las viviendas. Pronto este símbolo se ha extendido por todos los barrios periféricos de la ciudad de Bogotá. En la última semana, más exactamente a partir del día 14 de abril, los trapos rojos cambiaron su sentido. Han pasado de las fachadas, puertas y ventanas de las viviendas a las manos de desplazados, desempleados y trabajadores informales que se toman las vías de la ciudad exigiendo el apoyo del gobierno durante la cuarentena.

Los manifestantes desobedeciendo el mandato gubernamental de quedarse en casa, han protagonizado una fuerte jornada de bloqueos, cacerolazos y confrontaciones con la Policía en las localidades de Usme, Ciudad Bolívar, San Cristóbal, Suba, Bosa y Santafé. Las causas de este estallido social van más allá de la coyuntura generada por la pandemia de Covid-19, obedeciendo a elementos estructurales de la sociedad colombiana.

Una primera razón, se encuentra en la profunda desigualdad social existente en Colombia. El país ocupa el tercer puesto en el ranking mundial de desigualdad siendo su ingreso distribuido de la siguiente manera: el 1% de sus habitantes es dueño del 20% de los ingresos económicos nacionales mientras el 40% sobrevive con menos de 12.000 pesos al día. Por otra parte, en Colombia perdura una política elitista y colonial que desprecia a su pueblo, ya que en palabras de William Ospina “aquí siempre existió la tendencia a dejar a las muchedumbres en la pobreza y en el abandono, y correr a esconder a los pobres cuando el mundo venía a visitarnos”. Esto ha configurado una forma de gobierno que niega los derechos humanos de los pobres y promueve acciones de control estatal a sus espacios y actividades. Para la política tradicional las clases populares son una amenaza a la seguridad y no ciudadanos que gocen de los beneficios de la democracia.

Aunque desde los primeros días de la cuarentena fue lanzado por la alcaldía el programa Bogotá Solidaria en Casa para atender a las personas más vulnerables de la ciudad, consideramos que persisten elementos elitistas en esta estrategia. Las clases populares han señalado esta contradicción diciendo a las autoridades: “si no nos mata el coronavirus nos mata el hambre”. Este grito cuestiona la existencia de un lenguaje de clase media sintetizado en la frase “quédate en casa” que ignora, por un lado, las condiciones de hacinamiento y pésima infraestructura de las viviendas, el trabajo informal y la configuración de tejidos comunitarios de supervivencia con base en los paisanos, familiares, compadres y vecinos. Todos estos factores motivan la salida de las personas de sus casas, siendo más adecuado decir, como lo propone Raúl Zibechi, quédate en tu barrio.

Por otra parte, evidencia los errores de una estrategia de donación de dinero y alimentos sin intermediarios, ya que con la buena intención de limitar el clientelismo fue desconocido el papel que tienen las organizaciones populares en la priorización de los recursos a los más necesitados. Las demoras en la entrega de los apoyos económicos o mercados obedecen a esta concepción. Se ignora que son los líderes sociales y no los funcionarios del DANE quienes conocen el territorio.

Los gobiernos –nacional, distrital y local– y los ciudadanos en general deben escuchar la movilización de las banderas rojas, extrayendo de allí valiosos aprendizajes sobre la cuarentena y la acción política.

Uno de ellos consiste en comprender que la voluntad de vivir es una fuente vigorosa de poder político. El deseo de vida ha llevado a los habitantes de las periferias a desafiar las adversidades, el dolor y la muerte, enseñándonos que es la vida y no la acumulación de dinero y poder el valor supremo de la humanidad. También, nos recuerdan la posición central que deben tener las clases populares en los planes, programas y acciones de las instituciones estatales. Dicha política desde abajo no debería preocupar a los demás grupos sociales –en espacial a las clases medias–, ya que como señala Enrique Dussel “la mera reproducción de la vida del pobre exige tales cambios que, al mismo tiempo, produce el desarrollo civilizador de todo el sistema. Afirmación de vida de la víctima es crecimiento histórico de la vida toda de la comunidad. Es a través de la solución de las insatisfacciones de los oprimidos, los últimos, que los sistemas históricos han progresado”.

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Una mujer recoge una bolsa con comida en el comedor social de la parroquia San Ramón Nonato en Puente de Vallecas.Alvaro Garcia

Parroquias, Cáritas, comedores sociales y el Banco de Alimentos de Madrid alertan de una nueva crisis en la capital: se disparan en más de un 30% las peticiones de ayuda para comer

El 11 de marzo Yoselin Sarmiento dejó de ir a las clases de segundo de bachillerato en el Instituto de Vallecas I por el coronavirus. Este miércoles se colocó en silencio en una cola para recibir una bolsa de comida para su familia. “Lo llevo como puedo, no es algo que sea fácil de asimilar”. Tiene 18 años. Es la primera vez que acude. Su madre no trabaja, a su padre le han reducido la jornada a la mitad y su hermana tiene siete años. Los cuatro viven de alquiler en un piso de tres habitaciones por 800 euros al mes. “Hemos llamado al casero porque no podemos pagar mayo. Nos ha dicho que al menos paguemos la mitad”. Sueña con estudiar Telecomunicaciones en septiembre.

Si antes de la pandemia repartían comida para 600 personas en la parroquia de San Ramón Nonato del barrio, ahora la cifra llega a 1.300. Más del doble. El voluntario Alberto Vera, de 71, organiza en un despacho el reparto. En una libreta tiene los datos: un 70% son latinos y un 30% españoles. “Cada día vienen más y más”. Y cada día reparten cientos de kilos del banco de alimentos, junto a bocatas, táperes y raciones que la sonriente cocinera hondureña Magali Huanca, de 44, decide a las 8.15 de la mañana. “Hoy he hecho picante de verduras. Me sale muy bien”. A las 13.30 ya tenía preparados 15 kilos de arroz y 40 de pisto para despachar.

El Banco de Alimentos de Madrid también lo ha detectado. Si en marzo atendían a 150.000 personas en la región, hoy son 190.000. “Y subiendo”, dice una portavoz. Las solicitudes se han incrementado en un 30% por la pandemia. El stock que tenían era para tres meses. “Pero a este ritmo nos quedamos sin él”. El Ayuntamiento dice que ha recibido en marzo el mismo número de peticiones de ayuda alimentaria que en todo 2019: más de 34.000. Los comedores sociales han cuadriplicado el número de usuarios que atienden a diario. Cáritas también alerta: “Las peticiones de ayuda se han triplicado y el 40% de estas solicitudes provienen de personas que lo hacen por primera vez”. Madrid afronta ya otra curva pandémica: la social.

La pobreza inicia su escalada en el distrito de Puente de Vallecas, otra vez. Aquí viven 230.000 vecinos repartidos en seis barrios con una renta per cápita media de 24.687 euros al año, la más baja de la capital. De ellos, alrededor de 20.000 estaban en el paro antes de la covid-19. A falta de los datos abril, las colas para pedir comida anuncian que se ha multiplicado. Muchos de ellos han visto cómo sus pocas horas de trabajo al día, aquellas que pasaban limpiando hogares, acompañando a abuelos, o compaginando chapuzas de albañilería, han sido fulminadas de cuajo hace cuatro semanas. No hay paga diaria. Vivir al día se ha traducido en acudir a la parroquia a recoger alimentos. Algunos no han pisado un supermercado desde marzo. Otros se han cansado de llamar a las instituciones para pedir. Las cifras oficiales no recogen las solicitudes que no llegan a presentarse.

La cola de comida es tan larga que los voluntarios de la zona de Entrevías —donde la renta media es de 17.500 euros al año, casi cuatro veces menos que el barrio de Salamanca, con 61.572— se han visto obligados a trazar dos carriles. Uno para los que ya venían de antes de la crisis, o de otra, como el madrileño Juan, de 61, que con una mascarilla sucia y vieja cuenta que todavía no se ha recuperado. “Caí en el paro en 2009 y no he vuelto a levantar cabeza”. Y otro camino para los nuevos, los más silenciosos, los tímidos, los avergonzados.

“A veces no cenamos”. El venezolano Manuel Castillo, de 48, espera sentado a la sombra de un arbusto. “La niña lo lleva regular. Mi mujer y yo como podemos”. Trabajaba como relaciones públicas de una discoteca por comisión. Había meses que sacaba 800 euros, otros 900, pero nunca como marzo: cero.

“Todo apunta a que esta crisis va a ser peor que la de 2008. Al problema del empleo se sumarán los hijos descolgados en las aulas y los problemas intrafamiliares del confinamiento”, cuenta el sociólogo de la Universidad Autónoma Josep Lobera. “Los trabajos precarios no guardan colchón económico”, dice Matilde Masó, socióloga y economista de la Universidad de A Coruña, que ha realizado numerosos trabajos sobre la anterior crisis inmobiliaria. El doctor en Economía por la Complutense Gonzalo López avisa: “A diferencia de pandemias anteriores, esta puede tener efectos sociales y económicos distintos a los que históricamente hemos observado en estas situaciones. Para empezar, el impacto de las medidas de confinamiento está siendo desigual por el nivel de ingresos”.

A diez kilómetros de la plaza donde cientos de familias hacían cola para pedir comida, el padre Gonzalo Ruipérez, que tiene dos móviles, tiene guardados en la parroquia más de 70.000 kilos de alimentos para repartir; 30.000 más que en marzo. O dicho de otra manera: si antes repartía para 1.600 familias, ahora lo hace para 2.400. La iglesia de San Juan de Dios de la UVA de Vallecas se ha convertido en un gigantesco almacén de supermercado para los más necesitados.

“La falta de alimentos es lo primero que sale en estas situaciones. Me he encontrado con casos de padres que me dicen: no me den a mí, pero sí a mis hijos”. Dice que después del hambre vendrán los alquileres que no se pagan, casos de violencia de género, alumnos que dejarán de estudiar. “Aquí se nace ya en crisis y, ahora, más”. Le vuelve a sonar el móvil:

― ¿Padre Gonzalo?

― Sí, soy yo.

― Necesito comida para mis dos niñas pequeñas, por favor.

― Tranquila, ¿dónde vives?

― Al lado del metro de Oporto.

― ¿Puedes venir en coche o en metro?

― En metro.

― Vente mañana con alguien, te daré 50 kilos.

Y así, 300 llamadas al día. Vienen vecinos de Orcasitas, La Fortuna, Carabanchel, San Blas, Usera. El padre Gonzalo tiene una cabeza privilegiada que recuerda a la de El Profesor de la serie La casa de papel. Todo lo tiene controlado. Sabe perfectamente a qué familia entrega cada bolsa y qué se lleva. “Tengo un Excel que ya quisieran algunos organismos oficiales”. Ahora, por la pandemia, le ayuda un ejército de nueve voluntarios: Adrián, Marleny, María José, Paco… Los 10 forman un equipo que, desde primera hora y hasta bien entrada la tarde, organizan bolsas de comida para los distintos tipos de hogares.

Los alimentos que están guardados en bolsas de Mercadona significan que irán a parar a familias de cuatro miembros o menos. Las de Carrefour, para más de cinco, y las de Ahorra Más, para musulmanes. Todo cambia si hay bebés, que este mes se han visto incrementadas las demandas. Si antes había 85 familias con recién nacidos, ahora son 102. Estas familias tendrán otra bolsa adicional con pañales, potitos o leche en polvo. También varía si hay hogares que, como en la Cañada, no tienen luz. Ellos recibirán más latas en conserva y nada de congelados. Eso sí, todas incluyen mascarillas y un botecito de alcohol desinfectante.

― ¿Alguna vez han entrado a robar al almacén?

― Nunca. Una vez se acercó un señor y me dijo: ‘Padre, no se preocupe. Todas las familias que robamos estamos aquí’.

El padre Gonzalo dice que pide a todo el mundo. “No me da vergüenza porque no es para mí”. Los alimentos provienen del banco de alimentos, de donaciones de supermercados, de empresas privadas o de compras que el mismo párroco, que gana 800 euros al mes, realiza. O de voluntarios. El otro día se acercó un señor y le dio 6.000 litros de leche. Este miércoles vino una señora con 600 cebollas. “Amigos que tengo”.

A las 15.30 de la tarde del miércoles una fila de familias hace cola en la puerta de la parroquia. El padre, que ni se acuerda de que él también tiene que comer, coloca dos pupitres en una entrada del templo con la distancia de seguridad de dos metros. Un improvisado despacho. En él se van sentando los nuevos. Los que hasta marzo podían comprar y ahora no. Les entrevista. Les pide el padrón y, por si acaso, dos números de teléfono. “Es muy fácil engañar, pero sé cuando lo hacen”. Argentina Heredia, de 24 años, viene con un antifaz azul que le hace de mascarilla. En un mes será madre por cuarta vez.

― Buenas, padre. Vengo de Aranjuez.

― Hola, hija. ¿Cuántos sois en casa?

― Tres niños y el que viene.

― Toma. Y esto para que cenéis esta noche.

Su marido era vendedor ambulante y ella ama de casa. Ya no hay ingresos. “El mes que viene os lo acercamos nosotros”, le dice. Sí, porque también vienen voluntarios que hacen el reparto a domicilio. Son las 17.00. El padre se levanta y muestra otros dos locales donde guarda más comida. De camino, y en voz baja, cuenta que todos los días recibe 10 pizzas de un restaurante italiano buenísimo de la capital. “Aquí la pizza significa Navidad”. Él las va distribuyendo todas las noches por distintos hogares. Los niños abren la puerta y lo celebran como un juguete nuevo.

“Buenas tardes, padre”, “¿qué tal, padre?”, “¿todo bien, padre?”, le saludan los vecinos mientras cruza un paso de peatones. De repente, una señora se acerca y le dice: “Padre, he visto un pato de estos de los parques por la plaza”. Él, incrédulo, asoma el cuello como una jirafa para vislumbrarlo:

― Pues como no se vaya, alguno come hoy pato a la naranja.

Por Manuel Viejo

Madrid - 23 abr 2020 - 17:30 COT


Trece detenidos tras una nueva noche de disturbios en las barriadas de París

El ministro del Interior califica los incidentes de “tensiones esporádicas”

A pesar de que la venta de cohetes y petardos lleva dos días prohibida por decreto policial, en las banlieues, los suburbios deprimidos de París, decenas de jóvenes volvieron a lanzar la noche del miércoles este tipo de artefactos contra agentes desplegados para controlar los disturbios que se llevan produciendo desde el sábado en varios puntos de los alrededores de la capital francesa. En total, 13 personas fueron detenidas por unos incidentes que, no obstante, están lejos de ser considerados una réplica de las violentas revueltas que vivieron las banlieues en 2005.

“Se trata de pequeños grupos que piensan que sería divertido atacar a las fuerzas de la policía, quemar papeleras. No es divertido, es peligroso, empezando por ellos mismos”, dijo este jueves el ministro del Interior, Christophe Castaner, que atribuyó la situación, en parte, “a la dureza del confinamiento para estos jóvenes”, procedentes en su mayoría de hogares donde “la pobreza en la que viven puede provocar la cólera”. En cualquier caso, continuó en una entrevista con la emisora BFM TV, son “tensiones esporádicas” y, aunque “son inaceptables”, tampoco hay que “politizarlas”.

Aunque no citó a nadie, el mensaje era claro. En los pasados días, conforme continuaban los disturbios cuyo origen está en un controvertido accidente entre un joven y una patrulla de policía en Villeneuve-la-Garenne, al norte de París, políticos como la ultraderechista Marine Le Pen han reclamado mano dura en estas banlieues donde abunda la población de origen inmigrante. “No es momento de buenos sentimientos, de excusas o de políticas catastróficas. Es hora de desarmar a la chusma, de su castigo y su neutralización”, reclamó en Twitter.

Desde el sábado, cuando un joven motorista resultó herido grave cuando un agente abrió —si intencionalmente o no es algo que está investigando la fiscalía y la propia policía— la puerta de la patrulla camuflada que pretendía detenerlo por exceso de velocidad, se han registrado disturbios en varias banlieues, donde grupos de jóvenes han incendiado coches y mobiliario urbano, además de “emboscar” a policías lanzándoles petardos.

Tras una nueva noche de incidentes, incluido el incendio de una escuela en Gennevilliers, que dejaron nueve detenidos, el joven cuyo accidente desató las protestas llamó el miércoles a la calma. “He sabido que habéis destruido coches. Os pido que volváis a casa, que os calméis”, dijo en un vídeo enviado a varios medios desde el hospital donde permanece ingresado por una fractura abierta de fémur. Pese a ello, y pese a que la prefectura de Policía de París ha prohibido la venta y posesión de fuegos artificiales y petardos en la capital y los departamentos vecinos hasta el próximo lunes, volvieron a registrarse incidentes la pasada noche en localidades como Gennevilliers, donde fueron descubiertos una quincena de artefactos incendiarios, y en Clamart, donde cinco personas fueron detenidas por portar cócteles molotov. Por su parte, en Champigny-sur-Marne, desconocidos lanzaron petardos contra la comisaría de policía, según la Agencia France Presse.

A pesar de la espectacularidad de las imágenes de los disturbios, estos no son más graves que los habituales, según el director general de la Policía Nacional, Frédéric Veaux. “Si miramos las estadísticas, nos encontramos ante una cifra inferior en relación con la misma época del año pasado. En cuanto a los hechos, aunque son condenables, no son de una gravedad excepcional”, dijo ante diputados, destaca el diario 20Minutes.

Por Silvia Ayuso

París - 23 abr 2020 - 11:24 COT

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La escena de largas filas para pedir comida se repiten en todo el país.

Los bancos de alimentos temen no poder seguir abasteciendo a la creciente demanda

Sin empleo y sin dinero por la pandemia de coronavirus, millones de personas hacen fila durante horas en Estados Unidos para poder recibir comida gratis.

Los bancos de alimentos, que ya atendían a una población vulnerable, multiplican la distribución, pero temen no poder hacer frente a la creciente demanda.

Las mismas escenas se reproducen por todo el país, de Nueva Orleans a Detroit, pasando por Nueva York, donde el gobierno municipal reparte desayuno, almuerzo y cena gratuitos en varios puntos de la ciudad.

Son imágenes de una población desesperada, que en general ha perdido su empleo y por tanto sus ingresos, a la espera de la llegada de un cheque del gobierno federal, que aprobó a fines de marzo un gran plan de apoyo a la economía.

Pero para algunos, como millones de inmigrantes sin papeles, en su mayoría de origen latinoamericano, no habrá cheque, advirtió el gobierno de Donald Trump.

Sin nada

"Ya tengo dos meses que no trabajo porque casi fui uno de los primeros que el virus agarró, y no tengo trabajo y pues dinero tampoco", dijo a AFP Domingo Jiménez, un inmigrante que hacía una fila de más tres cuadras para recibir comida del gobierno municipal en Corona, Queens, uno de los barrios más afectados por la COVID-19 en Nueva York.

"Vengo aquí que me den un poco de alimento, lo que sea, porque prácticamente estoy sin nada", añadió.

El martes, más de 1.000 vehículos esperaban en fila en una distribución organizada por el banco de alimentos de Pittsburgh, en Pensilvania, cuya demanda aumentó 38% en marzo.

En ocho operaciones excepcionales como esta, unas 227 toneladas de comida fueron repartidos, explicó Brian Gulish, su vicepresidente.

"Muchas personas utilizan nuestros servicios por primera vez", señaló. "Es por eso que las filas son tan largas. No conocen nuestra red" de más de 350 puntos de recolección en el suroeste de Pensilvania, dijo.

En San Antonio, Texas, unos 10.000 vehículos hicieron fila en un banco de alimentos, algunos desde la noche hasta la mañana siguiente.

"Hace meses que no tenemos más trabajo", cuenta Alana, una latina que prefiere no dar su apellido en la ciudad de Chelsea, en la periferia de Boston, la más afectada por la pandemia en el estado de Massachusetts.

"Ayer vi una mujer con un bebé de 15 días y otros dos niños, su marido está desempleado, y no tiene más comida en su casa. Le di lo que tenía", contó durante una distribución de alimentos realizada por soldados de la Guardia Nacional.

En Akron, Ohio, las necesidades de los bancos de alimentación subieron 30%. "Construimos a lo largo de los años una cadena de aprovisionamiento que podía responder a ciertas necesidades", explicó Dan Flowers, director general de Akron-Canton Regional Foodbank. "Aumentarla 30% del día a la mañana es casi imposible".

Los bancos de alimentos, incluidas las 200 filiales locales de la red Feeding America, están recibiendo donaciones excepcionales.

Un contribuyente habitual de los bancos, el gigante J.M. Smucker (que produce el café Folgers) hizo donaciones adicionales en Ohio, y la destilería Ugly Dog, de Michigan, donó un camión entero de alcohol en gel en botellas de licores, dijo Flowers.

Más donaciones

Las donaciones llegan también en efectivo, de hogares anónimos o de Jeff Bezos, dueño de Amazon y de la mayor fortuna mundial, que ofreció 100 millones de dólares a Feeding America.

Sin las donaciones, "estos bancos de alimentos no podrían enfrentar la demanda", dijo Flowers, que está comprando hoy 35% de sus suministros, contra 5% en tiempos normales, ya que el resto proviene de donaciones.

El Food Bank de Nueva York, una de las grandes organizaciones de la ciudad, aumentó el volumen de pedidos. "Si lo volvemos a hacer al cabo de una semana, los precios pueden haber subido y el plazo de entrega se alarga de manera exponencial", explicó Zanita Tisdale, una directora de la organización.

"Nuestros empleados no dan más", dijo Flowers. "Trabajan tan duro. Nos gustaría que todo esto termine".

Como muchas otras, su organización no acepta voluntarios, para evitar el contagio del virus. Para aliviar al personal, la Guardia Nacional ha enviado a soldados a muchas ciudades gravemente afectadas, como Chelsea.

Tras un mes bajo tensión, la red de bancos de alimentos aguanta, pero la preocupación crece. "El aprovisionamiento es aún suficiente, pero en un mes, no lo sabemos", dijo Brian Gulish.

El plan de apoyo a la economía prevé 850 millones de dólares en comida para estos bancos, dijo Flowers, que espera cosechar los primeros beneficios en junio. "Lo que me inquieta son las próximas seis a ocho semanas", señaló. 

Fuente: AFP

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