Martes, 13 Julio 2021 07:03

Cuba: entre la vacuna y la crisis

Cuba: entre la vacuna y la crisis

 Cuba vive momentos tensos. La situación económica ha empeorado dramáticamente, los alimentos básicos son escasos, la moneda pierde valor y los números de contagios de covid-19 se están disparando. En este marco, Cuba vive inéditas protestas en las calles. Afortunadamente, las vacunas que se producen en el país están funcionando y el proceso de vacunación en marcha podría, con el tiempo, vencer la crisis sanitaria. Pero no son las vacunas las que pueden resolver la crisis económica ni la crisis de confianza política.

Cuba vive momentos tensos. La situación económica ha empeorado dramáticamente, los alimentos básicos son escasos, la moneda pierde valor, la frustración estalla en protestas callejeras, y los números de contagios de covid-19 se están disparando. Los casos diarios se han multiplicado por cuatro en tan solo tres semanas. Con más de 6.700 contagios por día y más de 25.000 hospitalizados confirmados por covid-19, el sistema de salud está llegando a sus límites. Sin embargo, la lucha contra la pandemia también trae la mayor esperanza: las vacunas desarrolladas en la isla muestran un nivel de eficacia muy alto, no solo en los estudios clínicos, sino también en la práctica.

El gobierno de La Habana había arriesgado mucho cuando, en mayo de 2020, decidió no importar ninguna vacuna, ni de Rusia ni de China. Tampoco a través de la participación en la plataforma de vacunas COVAX. En su lugar, apostó en desarrollar vacunas propias. Muchos se mostraron escépticos: ¿por qué esta isla caribeña de 11 millones de habitantes sería exitosa allí donde fracasaron multimillonarios emporios farmacéuticos?

La explicación es el sector biotecnológico que ha ido construyéndose sistemáticamente desde la década de 1980: una isla de eficiencia en medio de la economía socialista del país. Desde el principio, se hizo énfasis en el desarrollo de vacunas, no solo para el consumo interno, sino también para la exportación a países del Sur global. Es esta estructura de investigación y producción la que ha permitido a Cuba crear en muy poco tiempo dos vacunas listas para usar.

Ambas, «Abdala» y «Soberana-2», se basan en una plataforma de proteínas, un método utilizado durante décadas contra la poliomielitis, el tétanos y otras enfermedades. A diferencia de las novedosas vacunas de ARN mensajero de BioNTech y Moderna, se trata de una tecnología de la «vieja escuela». Pero la ventaja es que estas vacunas se pueden producir en las fábricas existentes, la experiencia indica un bajo nivel de efectos secundarios graves y no se necesita un enfriamiento extremo. Y son vacunas eficaces. Ya se han publicado los resultados de los estudios de fase 3, que muestran para Abdala una efectividad contra enfermedad sintomática de 92% después de completar el esquema de tres dosis, y para Soberana-2, una eficacia de 91%.

Los críticos han cuestionado estos números y han señalado falta de transparencia y documentación insuficiente en las revistas científicas. Es posible que con la aplicación práctica haya que hacer ajustes. A pesar de que ambos estudios de fase 3 se hicieron sobre más de 40.000 personas, los números absolutos en los que se basan los cálculos de eficacia no son altos; para Soberana-2 había cinco casos de enfermedad sintomática en el grupo vacunado versus 51 en el grupo placebo.

Pero más allá de los estudios, para ver que las vacunas sí son eficaces, la campaña de vacunación en curso habla por sí sola. Cuando se vacunó al personal médico del país, a principios de marzo, se redujo inmediatamente el número de contagios entre los empleados del sector sanitario. Esto se observa también desde el comienzo de las vacunaciones masivas en La Habana, en el mes de mayo.

Ya se han aplicado más de siete millones de dosis en una campaña que se ha concentrado en la capital del país, originalmente el epicentro del proceso infeccioso. En todas las demás provincias, las incidencias están aumentando fuertemente. En la capital, sin embargo, donde ya la mitad de la población ha sido vacunada, los contagios han caído a la mitad de su valor pico. Como en otros países con altos niveles de vacunación, se ve un repunte con la reciente entrada a Cuba de la agresiva variante Delta. Los estudios de fase 3 de las vacunas cubanas se hicieron todavía con la prevalencia de la cepa Beta. Aun si parecen dar buena inmunidad contra la Delta también, no se puede excluir que –como se ha visto con otras vacunas– la efectividad sea algo menor contra esa variante, sobre todo en caso de vacunación incompleta.

También en Irán se realizó un estudio de fase 3 para la vacuna Soberana-2, con 24.000 participantes, y allí la vacuna cubana ya obtuvo la aprobación de emergencia. En Cuba recientemente se dio la aprobación para Abdala mientras la para Soberana-2 es espera en las próximas semanas. Es de suponer que la autoridad de aprobación cubana espera con la aprobación formal hasta que se tenga disponible todos los datos requeridos por los protocolos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Porque, además de vencer la pandemia en su propio territorio, Cuba también espera exportar sus vacunas. Pero la producción a escala se enfrenta a grandes obstáculos. Los 100 millones de dosis cuya producción se anunció alguna vez para este año quedarán como una posibilidad teórica. Los insumos que se necesitan se han vuelto extremadamente escasos, porque empresas de todo el mundo apuestan al desarrollo de vacunas a base de proteínas, sea Novavax en Estados Unidos, Sanofi/GlaxoSmithKline en Europa o Anhui en China.

Si bien Cuba es «soberana» en el desarrollo de sus propias vacunas, tal como lo sugiere el nombre de una de ellas, esto no es así en cuanto al equipamiento y los componentes, que deben importarse. A los problemas mencionados se suma, como siempre ocurre en Cuba, el lastre del embargo estadounidense, que limita las oportunidades de adquirir maquinaria e insumos. Además, las amenazas de Washington a los bancos internacionales hacen que las transacciones financieras con la isla sean maniobras complejas y costosas. Como resultado, Cuba tendrá que concentrarse inicialmente en producir suficientes vacunas para su propia población. Por cierto, como gesto de solidaridad, hubo una primera entrega de 30.000 dosis de Abdala a su aliada Venezuela, cuyas entregas de petróleo a Cuba han disminuido, pero siguen siendo indispensables para abastecer a la isla. Se han prometido otros 12 millones de dosis, pero sin precisar la fecha de entrega.

También se espera poder negociar opciones de exportación, preferiblemente con prefinanciación. Otra opción es vender licencias a países como Argentina o Vietnam, que tienen sus propias capacidades de producción. En el pasado, la OMS ya ha comprado vacunas cubanas para campañas de vacunación en países del Sur global y podría volver a hacerlo en la actual pandemia. A mediano plazo, las vacunas a base de proteínas, como las cubanas, también son adecuadas como vacunas de refuerzo.

Por importantes que sean estas perspectivas, las vacunas cubanas pueden vencer la crisis sanitaria del país, pero no la económica. Esta sigue siendo tarea de una agenda de reformas que debería apuntar a reanimar toda la economía y no confiar en que el sector biotecnológico se convierta en la gallina de los huevos de oro. Y aún cuando son un logro del sistema de salud, no pueden ser las vacunas las que den respuesta a la largamente acumulada crisis de confianza política que en estos días se hace evidente en las calles. 

La lucha contra la pandemia en Cuba es, como en otros lugares, una carrera contra el tiempo. Entre la velocidad de la vacunación, por un lado, y la propagación del virus y sus variantes, por otro. Si las cosas van bien, la campaña de vacunación puede prevenir el colapso de los hospitales, hacer que gradualmente el país salga de las medidas de confinamiento y permitirle reabrir sus puertas al turismo internacional a tiempo para la importantísima temporada de invierno. El sector turístico era la industria más importante de la isla antes de la pandemia y su reactivación es indispensable como fuente de divisas en la actual crisis.

Pero las vacunas cubanas también deberían ser motivo de reflexión fuera de la isla. En tiempos de cadenas de suministro globales, muchos rápidamente tildaron todas las ideas de «autosuficiencia» de anticuadas. Durante la pandemia, sin embargo, hasta los países ricos tuvieron que aprender que no se puede contar con la globalización en tiempos de emergencia. Ya se trate de mascarillas o vacunas, a la hora de la verdad, no solo es America First, sino que cualquier otro país cuida primero sus propios intereses.

El hecho de que el sector biotecnológico de Cuba haya logrado desarrollar sus propias vacunas con los limitados recursos del país es sencillamente sensacional. Con el avance de la variante Delta y el dramático aumento de infecciones, combinado con la crisis alimentaria y el malestar social, la sociedad cubana está por vivir meses tensos, si no dramáticos. Pero el avance de las vacunaciones hace esperar que, llegando el invierno, Cuba se uno de los primeros países de América Latina en entrar a la «era post-covid».

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Lunes, 23 Noviembre 2020 05:41

Primer mundo

El coach Gary Patterson participó como voluntario en la entrega de alimentos a miles de estadunidenses en Arlington, Texas. La semana pasada había imágenes de interminables filas de autos en Dallas, anteriormente símbolo de riqueza, en espera para recibir asistencia alimenticia para sus familias. Foto Ap

A mí me aseguraron que este era un país de primer mundo. Me engañaron. Recuerdo el viejo chiste de que aquí no había golpes de Estado porque no había una embajada estadunidense. Ahora sólo falta que Luis Almagro llegue con la OEA para anular la elección y rescatar al país de los "comunistas", como alega Trump y su gente.

Aquí en los últimos días hay imágenes y declaraciones que ponen en duda eso de "primer mundo" y más aun, eso de "faro de la democracia". Lo que más asombra es que después de estos cuatro años, y sobre todo después de este proceso electoral, que aún hay en este país aquellos que siguen ofreciendo proclamaciones, juicios y recomendaciones a otros países sobre democracia, elecciones, procesos democráticos, derechos humanos y más. Sería bueno que guardaran un tantito de silencio mientras aplican todo eso a su propio país, para empezar, incluso solicitar unas recomendaciones de otros países que saben de todo esto.

La semana pasada había imágenes de interminables filas de autos en Dallas –anteriormente símbolo de riqueza– en espera para recibir asistencia alimenticia para sus familias. En El Paso, presos fueron reclutados para ayudar a las autoridades a trasladar cuerpos de los hospitales abrumados por casos de Covid. Estas escenas no son exclusivas a Texas, se repiten a lo largo de un país donde hay cada vez más hambre en medio de la devastación económica y social provocada por el manejo político irresponsable y criminal de la peor crisis de salud pública en un siglo.

Millones están al borde de ser lanzados de sus hogares por no poder pagar rentas o hipotecas, millones más se encontraran sin asistencia de desempleo en las próximas semanas –o sea, como regalo de Navidad– si el gobierno no aprueba más fondos y extiende las moratorias de pago de deudas y rentas. Ni hablar de los inmigrantes –entre ellos los llamados "trabajadores esenciales" que están rescatando al país en medio de estas crisis–, quienes no tienen derecho a ninguna asistencia, y más bien sólo derecho a ser explotados y desechados.

La semana pasada, la organización Families Belong Together colocó más de 650 ositos de peluche en una jaula a las afueras del Capitolio para recordar a los legisladores que mas de 650 niños inmigrantes arrancados de los brazos de sus familias por el gobierno de Trump aún no han sido reunificados.

Mientras Trump enviaba saludos a manifestaciones de supremacistas blancos y neonazis que se manifestaban en apoyo del presidente, la FBI reportó que los crímenes de odio en este país han llegado a su nivel más alto en una década (7 mil 314), entre los cuales se registró el número más alto de homicidios motivados por odio desde que la FBI empezó a ofrecer esa cifra. De los 51 homicidios por odio en 2019, 22 fueron cometidos en El Paso por un joven motivado por las palabras de Trump y cuyo objetivo era matar a "mexicanos".

Ni hablar sobre la elección, y lo que parece ser un intento, aunque muy mal hecho hasta ahora, de un autogolpe de Estado por Trump y su equipo. Al declarar la existencia de un magno fraude desde antes de la elección y cumpliendo por ahora su promesa de no reconocer el resultado si no salía ganando, las acusaciones han llegado a niveles espectaculares. En una de las conferencias de prensa más extrañas en la historia del país, Rudy Giuliani y otros abogados encargados de demostrar el fraude, acusaron que Hugo Chávez –quien murió en 2013– era uno de los responsables, junto con George Soros, los cubanos y tal vez los chinos. Más tarde, sugirieron que en el estado de Georgia, el gobernador republicano fue sobornado por venezolanos y la CIA para entregar la elección –con el triunfo del demócrata Joe Biden–- a "comunistas".

Entre golpes de Estado y chavistas tomando por asalto a Georgia, en medio del epicentro mundial de la pandemia, la imagen del fin de semana fue Trump jugando golf, igual que Nerón con su violín.

Y me dicen que estoy en algún lugar del primer mundo.

Cuando los universos chocan, Gogol Bordello https://open.spotify.com/ track/3d090eNCOhcrUde6vZXSiN? si=Hd73vsbCQCS7e788RuKBJw

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Personas hacen fila para recibir comida en el Gran Depósito de Alimentos de Chicago, en el barrio Auburn Gresham.Foto Ap

Los costos del manejo político de la pandemia por el gobierno de Donald Trump continúan manifestándose en el ámbito económico y de salud, con otros casi 3 millones de desempleados en la semana previa y más evidencia de que no sólo se podría haber evitado que Estados Unidos fuera el epicentro mundial de contagio, sino nuevas advertencias de expertos de que una "reapertura" del país antes de tener bajo control la pandemia, tal como desea el presidente, implicará aún más sufrimiento y muerte.

Otros casi 3 millones de trabajadores se registraron para obtener beneficios de desempleo durante la semana anterior, reportó el gobierno federal, con lo cual ahora suman 36.5 millones de desempleados en sólo ocho semanas de esta crisis, que es comparada en algunos rubros con la Gran Depresión.

La Reserva Federal detalló en un informe que los más perjudicados económicamente son los más vulnerables, con casi 40 por ciento de los hogares con ingresos menores a 40 mil dólares al año afectados por el desempleo.

Mientras se divulgaban las cifras más recientes de los costos económicos de la crisis, en la Cámara de Representantes, Rick Bright –quien encabezaba la agencia responsable de vacunas e investigación biomédica y que recientemente fue reasignado como consecuencia de su crítica a propuestas médicas del presidente– alertó que Estados Unidos enfrentará "el invierno más oscuro de su historia moderna" si el gobierno no procede urgentemente con la elaboración de un plan nacional integral para enfrentar el coronavirus, que aún no está bajo control.

Bright argumentó que si desde un inicio el gobierno hubiera actuado siguiendo las recomendaciones de los expertos, incluyéndolo a él, se hubieran salvado muchas vidas. "La ciencia, y no el politiqueo o el amiguismo, debe encabezar el camino para combatir a este virus fatal", sentenció.

Trump lo descalificó aun antes de iniciar su testimonio, señalando en un tuit que nunca había conocido a Bright, "pero para mí es un empleado descontento, quien no es querido ni respetado por gente con quien he hablado y quien, con su actitud, ya no debería estar trabajando para nuestro gobierno".

A principios de esta semana, el doctor Anthony Fauci, el experto oficial de mayor perfil del equipo que coordina la respuesta de la Casa Blanca a la pandemia, advirtió del grave peligro de reabrir el país –o sea, suspender las medidas de mitigación– de manera prematura, ya que aún se está propagando el virus. Eso tendría "consecuencias serias", declaró ante una audiencia en el Senado. Subrayó que reabrir las escuelas podría tener efectos aún desconocidos en los estudiantes.

Pero para Trump la reapertura del país es su prioridad y por lo tanto no tardó en regañar a uno de sus principales expertos médicos. En comentarios con reporteros, Trump expresó que la respuesta de Fauci no sólo lo "sorprendió", sino que "para mí no es una respuesta aceptable, especialmente cuando se trata de las escuelas". Agregó que Estados Unidos "tiene que regresar (al trabajo) lo más pronto posible y no considero que nuestro país haya regresado si las escuelas están cerradas".

En tanto, sindicatos nacionales de maestros, trabajadores de aviación y movimientos sociales de los más vulnerables están llamando a frenar cualquier reapertura hasta que los científicos y expertos médicos –y no los políticos– den luz verde.

Trump viajó este jueves a un centro de distribución de mascarillas médicas N95 en Pensilvania, donde dio un discurso de elogio a la respuesta de su administración. Los trabajadores y su comitiva (con la excepción de su jefe de gabinete) usaban mascarillas, menos él, violando las recomendaciones de su propio gobierno. Ahí celebró a los doctores y enfermeras que están en las trincheras del combate contra el coronavirus: "Están corriendo hacia la muerte al igual que soldados corren hacia las balas. Veo eso con los doctores y las enfermeras y toda esa gente que entra a esos hospitales. Es increíble y es algo hermoso verlo".

Palabras, comentó una observadora, que hubieran hundido a cualquier otro presidente.

Todo mientras el número de muertos por Covid-19 supera 85 mil y el total de contagiados confirmados llega a 1.4 millones en Estados Unidos, el epicentro mundial de la pandemia.

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Médicos y enfermeras aplauden en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital de Paitilla, en Panamá, después de que la última prueba de Covid en paciente contagiado resultó negativa.Foto Afp

Nueva York., La Organización de Naciones Unidas (ONU) triplicó su petición de ayuda, de 2 mil a 6 mil 700 millones de dólares, para combatir la propagación y los efectos desestabilizadores de la pandemia del nuevo coronavirus en 46 países vulnerables, principalmente de África y América Latina.

Si bien Estados Unidos y Europa aún enfrentan el brote, Mark Lowcock, secretario general adjunto para Asuntos Humanitarios, advirtió que el virus alcanzará su punto más álgido en los países pobres entre los próximos tres o seis meses, por lo que podría revivir un nuevo periodo de desestabilización.

"En los países más pobres, ya podemos ver economías contraerse debido a la desaparición de las ganancias por exportaciones, remesas y turismo. A menos que tomemos medidas ahora, deberíamos prepararnos para un aumento significativo de conflictos, hambre y pobreza", afirmó en videoconferencia.

Desde la primera petición, hecha el 25 de marzo, la ONU dijo que se han recaudado 923 millones de dólares de 2 mil millones, para respaldar las medidas contra el Covid-19 en 37 países. El nuevo monto –que deberá cubrir hasta diciembre– incluye a Benín, Yibuti, Liberia, Mozambique, Pakistán, Filipinas, Sierra Leona, Togo y Zimbabue.

David Beasley, director del Programa Mundial de Alimentos, dijo que se ayuda a casi 100 millones de personas en un día y "a menos que no podamos mantener esas operaciones esenciales activas, a la pandemia sanitaria le seguirá pronto una pandemia de hambre".

El número de casos en la mayoría de los países en vías de desarrollo que optan a la ayuda de la ONU "podría parecer pequeño, pero sabemos que la vigilancia, las pruebas de laboratorio y la capacidad de los sistemas de salud de esos países son escasas", dijo Tedros Adhanom Ghebreyesus, titular general de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La pandemia alcanzó ayer un saldo de 262 mil 709 muertos, 3 millones 744 mil 585 contagiados y un millón 238 mil 250 pacientes recuperados en el mundo, según la Universidad Johns Hopkins. El Consejo Internacional de Enfermeros estima que se han infectado al menos 90 mil trabajadores de la salud, y es posible que la cifra sea el doble, mientras los reportes de escasez de equipos sanitarios protectores continúan.

Por otro lado, Antonio Vitorino, director de la Organización Internacional para las Migraciones, alertó en otra videoconferencia que miles de migrantes están atrapados, "extraviados", en todo el mundo, incapaces de moverse por el cierre de fronteras.

Temor por levantar confinamientos

Aseguró que los campamentos donde están forzados a residir algunos de los indocumentados son focos de contagio, pero confirmó que solicitó a los gobiernos el acceso a esos albergues para evaluar cuál es la situación sanitaria.

La pandemia y la limitación de desplazamientos han complicado la producción y el tráfico de drogas a escala mundial, según un informe de la ONU, que constata los efectos que tienen las restricciones para el contrabando por vía aérea.

En tanto, las divisiones políticas y regionales están surgiendo en muchos países en torno a qué tan rápido levantar los confinamientos decretados para combatir la pandemia del coronavirus, mientras las preocupaciones por una devastación económica chocan con los temores de una segunda ola de muertes.

Los alcaldes franceses están resistiéndose al llamado del gobierno central a reabrir las escuelas; mientras, los gobernadores italianos quieren que el gobierno central afloje el encierro a mayor velocidad, cuando las autoridades ya reabrieron la economía en algunas zonas y están dispuestos a reanudar las misas a partir del día 18.

Se espera que el primer ministro británico, Boris Johnson, extienda por seis semanas más las medidas de encierro, pero adelantó que relajará algunas restricciones que afectan a la economía y vida social la semana próxima.

Francia sufrirá un "empobrecimiento general" a causa de la pandemia del nuevo coronavirus, indicó el primer ministro francés, Édouard Philippe, quien detalló que el desconfinamiento en la nación, que se inicia el día 11, será más estricto en París.

Hans Kluge, jefe de la oficina de la OMS para Europa, señaló que esta agencia está "profundamente preocupada" por que los reportes de violencia doméstica se incrementaron 60 por ciento en el continente durante la pandemia, especialmente en Bélgica, Gran Bretaña, Francia, Rusia y España.

El virus podría matar entre 83 mil y 190 mil personas en África en el primer año de la pandemia, alertó la OMS, cuando en el continente se superó la barrera de los 50 mil casos, con más de 2 mil decesos.

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Las banderas rojas: entre la emergencia y la protesta social

A comienzos del mes de abril la alcaldía del municipio de Soacha promovió una particular estrategia para identificar a las familias que necesitan ayuda por la emergencia social del coronavirus: la instalación de banderas rojas en las viviendas. Pronto este símbolo se ha extendido por todos los barrios periféricos de la ciudad de Bogotá. En la última semana, más exactamente a partir del día 14 de abril, los trapos rojos cambiaron su sentido. Han pasado de las fachadas, puertas y ventanas de las viviendas a las manos de desplazados, desempleados y trabajadores informales que se toman las vías de la ciudad exigiendo el apoyo del gobierno durante la cuarentena.

Los manifestantes desobedeciendo el mandato gubernamental de quedarse en casa, han protagonizado una fuerte jornada de bloqueos, cacerolazos y confrontaciones con la Policía en las localidades de Usme, Ciudad Bolívar, San Cristóbal, Suba, Bosa y Santafé. Las causas de este estallido social van más allá de la coyuntura generada por la pandemia de Covid-19, obedeciendo a elementos estructurales de la sociedad colombiana.

Una primera razón, se encuentra en la profunda desigualdad social existente en Colombia. El país ocupa el tercer puesto en el ranking mundial de desigualdad siendo su ingreso distribuido de la siguiente manera: el 1% de sus habitantes es dueño del 20% de los ingresos económicos nacionales mientras el 40% sobrevive con menos de 12.000 pesos al día. Por otra parte, en Colombia perdura una política elitista y colonial que desprecia a su pueblo, ya que en palabras de William Ospina “aquí siempre existió la tendencia a dejar a las muchedumbres en la pobreza y en el abandono, y correr a esconder a los pobres cuando el mundo venía a visitarnos”. Esto ha configurado una forma de gobierno que niega los derechos humanos de los pobres y promueve acciones de control estatal a sus espacios y actividades. Para la política tradicional las clases populares son una amenaza a la seguridad y no ciudadanos que gocen de los beneficios de la democracia.

Aunque desde los primeros días de la cuarentena fue lanzado por la alcaldía el programa Bogotá Solidaria en Casa para atender a las personas más vulnerables de la ciudad, consideramos que persisten elementos elitistas en esta estrategia. Las clases populares han señalado esta contradicción diciendo a las autoridades: “si no nos mata el coronavirus nos mata el hambre”. Este grito cuestiona la existencia de un lenguaje de clase media sintetizado en la frase “quédate en casa” que ignora, por un lado, las condiciones de hacinamiento y pésima infraestructura de las viviendas, el trabajo informal y la configuración de tejidos comunitarios de supervivencia con base en los paisanos, familiares, compadres y vecinos. Todos estos factores motivan la salida de las personas de sus casas, siendo más adecuado decir, como lo propone Raúl Zibechi, quédate en tu barrio.

Por otra parte, evidencia los errores de una estrategia de donación de dinero y alimentos sin intermediarios, ya que con la buena intención de limitar el clientelismo fue desconocido el papel que tienen las organizaciones populares en la priorización de los recursos a los más necesitados. Las demoras en la entrega de los apoyos económicos o mercados obedecen a esta concepción. Se ignora que son los líderes sociales y no los funcionarios del DANE quienes conocen el territorio.

Los gobiernos –nacional, distrital y local– y los ciudadanos en general deben escuchar la movilización de las banderas rojas, extrayendo de allí valiosos aprendizajes sobre la cuarentena y la acción política.

Uno de ellos consiste en comprender que la voluntad de vivir es una fuente vigorosa de poder político. El deseo de vida ha llevado a los habitantes de las periferias a desafiar las adversidades, el dolor y la muerte, enseñándonos que es la vida y no la acumulación de dinero y poder el valor supremo de la humanidad. También, nos recuerdan la posición central que deben tener las clases populares en los planes, programas y acciones de las instituciones estatales. Dicha política desde abajo no debería preocupar a los demás grupos sociales –en espacial a las clases medias–, ya que como señala Enrique Dussel “la mera reproducción de la vida del pobre exige tales cambios que, al mismo tiempo, produce el desarrollo civilizador de todo el sistema. Afirmación de vida de la víctima es crecimiento histórico de la vida toda de la comunidad. Es a través de la solución de las insatisfacciones de los oprimidos, los últimos, que los sistemas históricos han progresado”.

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Una mujer recoge una bolsa con comida en el comedor social de la parroquia San Ramón Nonato en Puente de Vallecas.Alvaro Garcia

Parroquias, Cáritas, comedores sociales y el Banco de Alimentos de Madrid alertan de una nueva crisis en la capital: se disparan en más de un 30% las peticiones de ayuda para comer

El 11 de marzo Yoselin Sarmiento dejó de ir a las clases de segundo de bachillerato en el Instituto de Vallecas I por el coronavirus. Este miércoles se colocó en silencio en una cola para recibir una bolsa de comida para su familia. “Lo llevo como puedo, no es algo que sea fácil de asimilar”. Tiene 18 años. Es la primera vez que acude. Su madre no trabaja, a su padre le han reducido la jornada a la mitad y su hermana tiene siete años. Los cuatro viven de alquiler en un piso de tres habitaciones por 800 euros al mes. “Hemos llamado al casero porque no podemos pagar mayo. Nos ha dicho que al menos paguemos la mitad”. Sueña con estudiar Telecomunicaciones en septiembre.

Si antes de la pandemia repartían comida para 600 personas en la parroquia de San Ramón Nonato del barrio, ahora la cifra llega a 1.300. Más del doble. El voluntario Alberto Vera, de 71, organiza en un despacho el reparto. En una libreta tiene los datos: un 70% son latinos y un 30% españoles. “Cada día vienen más y más”. Y cada día reparten cientos de kilos del banco de alimentos, junto a bocatas, táperes y raciones que la sonriente cocinera hondureña Magali Huanca, de 44, decide a las 8.15 de la mañana. “Hoy he hecho picante de verduras. Me sale muy bien”. A las 13.30 ya tenía preparados 15 kilos de arroz y 40 de pisto para despachar.

El Banco de Alimentos de Madrid también lo ha detectado. Si en marzo atendían a 150.000 personas en la región, hoy son 190.000. “Y subiendo”, dice una portavoz. Las solicitudes se han incrementado en un 30% por la pandemia. El stock que tenían era para tres meses. “Pero a este ritmo nos quedamos sin él”. El Ayuntamiento dice que ha recibido en marzo el mismo número de peticiones de ayuda alimentaria que en todo 2019: más de 34.000. Los comedores sociales han cuadriplicado el número de usuarios que atienden a diario. Cáritas también alerta: “Las peticiones de ayuda se han triplicado y el 40% de estas solicitudes provienen de personas que lo hacen por primera vez”. Madrid afronta ya otra curva pandémica: la social.

La pobreza inicia su escalada en el distrito de Puente de Vallecas, otra vez. Aquí viven 230.000 vecinos repartidos en seis barrios con una renta per cápita media de 24.687 euros al año, la más baja de la capital. De ellos, alrededor de 20.000 estaban en el paro antes de la covid-19. A falta de los datos abril, las colas para pedir comida anuncian que se ha multiplicado. Muchos de ellos han visto cómo sus pocas horas de trabajo al día, aquellas que pasaban limpiando hogares, acompañando a abuelos, o compaginando chapuzas de albañilería, han sido fulminadas de cuajo hace cuatro semanas. No hay paga diaria. Vivir al día se ha traducido en acudir a la parroquia a recoger alimentos. Algunos no han pisado un supermercado desde marzo. Otros se han cansado de llamar a las instituciones para pedir. Las cifras oficiales no recogen las solicitudes que no llegan a presentarse.

La cola de comida es tan larga que los voluntarios de la zona de Entrevías —donde la renta media es de 17.500 euros al año, casi cuatro veces menos que el barrio de Salamanca, con 61.572— se han visto obligados a trazar dos carriles. Uno para los que ya venían de antes de la crisis, o de otra, como el madrileño Juan, de 61, que con una mascarilla sucia y vieja cuenta que todavía no se ha recuperado. “Caí en el paro en 2009 y no he vuelto a levantar cabeza”. Y otro camino para los nuevos, los más silenciosos, los tímidos, los avergonzados.

“A veces no cenamos”. El venezolano Manuel Castillo, de 48, espera sentado a la sombra de un arbusto. “La niña lo lleva regular. Mi mujer y yo como podemos”. Trabajaba como relaciones públicas de una discoteca por comisión. Había meses que sacaba 800 euros, otros 900, pero nunca como marzo: cero.

“Todo apunta a que esta crisis va a ser peor que la de 2008. Al problema del empleo se sumarán los hijos descolgados en las aulas y los problemas intrafamiliares del confinamiento”, cuenta el sociólogo de la Universidad Autónoma Josep Lobera. “Los trabajos precarios no guardan colchón económico”, dice Matilde Masó, socióloga y economista de la Universidad de A Coruña, que ha realizado numerosos trabajos sobre la anterior crisis inmobiliaria. El doctor en Economía por la Complutense Gonzalo López avisa: “A diferencia de pandemias anteriores, esta puede tener efectos sociales y económicos distintos a los que históricamente hemos observado en estas situaciones. Para empezar, el impacto de las medidas de confinamiento está siendo desigual por el nivel de ingresos”.

A diez kilómetros de la plaza donde cientos de familias hacían cola para pedir comida, el padre Gonzalo Ruipérez, que tiene dos móviles, tiene guardados en la parroquia más de 70.000 kilos de alimentos para repartir; 30.000 más que en marzo. O dicho de otra manera: si antes repartía para 1.600 familias, ahora lo hace para 2.400. La iglesia de San Juan de Dios de la UVA de Vallecas se ha convertido en un gigantesco almacén de supermercado para los más necesitados.

“La falta de alimentos es lo primero que sale en estas situaciones. Me he encontrado con casos de padres que me dicen: no me den a mí, pero sí a mis hijos”. Dice que después del hambre vendrán los alquileres que no se pagan, casos de violencia de género, alumnos que dejarán de estudiar. “Aquí se nace ya en crisis y, ahora, más”. Le vuelve a sonar el móvil:

― ¿Padre Gonzalo?

― Sí, soy yo.

― Necesito comida para mis dos niñas pequeñas, por favor.

― Tranquila, ¿dónde vives?

― Al lado del metro de Oporto.

― ¿Puedes venir en coche o en metro?

― En metro.

― Vente mañana con alguien, te daré 50 kilos.

Y así, 300 llamadas al día. Vienen vecinos de Orcasitas, La Fortuna, Carabanchel, San Blas, Usera. El padre Gonzalo tiene una cabeza privilegiada que recuerda a la de El Profesor de la serie La casa de papel. Todo lo tiene controlado. Sabe perfectamente a qué familia entrega cada bolsa y qué se lleva. “Tengo un Excel que ya quisieran algunos organismos oficiales”. Ahora, por la pandemia, le ayuda un ejército de nueve voluntarios: Adrián, Marleny, María José, Paco… Los 10 forman un equipo que, desde primera hora y hasta bien entrada la tarde, organizan bolsas de comida para los distintos tipos de hogares.

Los alimentos que están guardados en bolsas de Mercadona significan que irán a parar a familias de cuatro miembros o menos. Las de Carrefour, para más de cinco, y las de Ahorra Más, para musulmanes. Todo cambia si hay bebés, que este mes se han visto incrementadas las demandas. Si antes había 85 familias con recién nacidos, ahora son 102. Estas familias tendrán otra bolsa adicional con pañales, potitos o leche en polvo. También varía si hay hogares que, como en la Cañada, no tienen luz. Ellos recibirán más latas en conserva y nada de congelados. Eso sí, todas incluyen mascarillas y un botecito de alcohol desinfectante.

― ¿Alguna vez han entrado a robar al almacén?

― Nunca. Una vez se acercó un señor y me dijo: ‘Padre, no se preocupe. Todas las familias que robamos estamos aquí’.

El padre Gonzalo dice que pide a todo el mundo. “No me da vergüenza porque no es para mí”. Los alimentos provienen del banco de alimentos, de donaciones de supermercados, de empresas privadas o de compras que el mismo párroco, que gana 800 euros al mes, realiza. O de voluntarios. El otro día se acercó un señor y le dio 6.000 litros de leche. Este miércoles vino una señora con 600 cebollas. “Amigos que tengo”.

A las 15.30 de la tarde del miércoles una fila de familias hace cola en la puerta de la parroquia. El padre, que ni se acuerda de que él también tiene que comer, coloca dos pupitres en una entrada del templo con la distancia de seguridad de dos metros. Un improvisado despacho. En él se van sentando los nuevos. Los que hasta marzo podían comprar y ahora no. Les entrevista. Les pide el padrón y, por si acaso, dos números de teléfono. “Es muy fácil engañar, pero sé cuando lo hacen”. Argentina Heredia, de 24 años, viene con un antifaz azul que le hace de mascarilla. En un mes será madre por cuarta vez.

― Buenas, padre. Vengo de Aranjuez.

― Hola, hija. ¿Cuántos sois en casa?

― Tres niños y el que viene.

― Toma. Y esto para que cenéis esta noche.

Su marido era vendedor ambulante y ella ama de casa. Ya no hay ingresos. “El mes que viene os lo acercamos nosotros”, le dice. Sí, porque también vienen voluntarios que hacen el reparto a domicilio. Son las 17.00. El padre se levanta y muestra otros dos locales donde guarda más comida. De camino, y en voz baja, cuenta que todos los días recibe 10 pizzas de un restaurante italiano buenísimo de la capital. “Aquí la pizza significa Navidad”. Él las va distribuyendo todas las noches por distintos hogares. Los niños abren la puerta y lo celebran como un juguete nuevo.

“Buenas tardes, padre”, “¿qué tal, padre?”, “¿todo bien, padre?”, le saludan los vecinos mientras cruza un paso de peatones. De repente, una señora se acerca y le dice: “Padre, he visto un pato de estos de los parques por la plaza”. Él, incrédulo, asoma el cuello como una jirafa para vislumbrarlo:

― Pues como no se vaya, alguno come hoy pato a la naranja.

Por Manuel Viejo

Madrid - 23 abr 2020 - 17:30 COT


Trece detenidos tras una nueva noche de disturbios en las barriadas de París

El ministro del Interior califica los incidentes de “tensiones esporádicas”

A pesar de que la venta de cohetes y petardos lleva dos días prohibida por decreto policial, en las banlieues, los suburbios deprimidos de París, decenas de jóvenes volvieron a lanzar la noche del miércoles este tipo de artefactos contra agentes desplegados para controlar los disturbios que se llevan produciendo desde el sábado en varios puntos de los alrededores de la capital francesa. En total, 13 personas fueron detenidas por unos incidentes que, no obstante, están lejos de ser considerados una réplica de las violentas revueltas que vivieron las banlieues en 2005.

“Se trata de pequeños grupos que piensan que sería divertido atacar a las fuerzas de la policía, quemar papeleras. No es divertido, es peligroso, empezando por ellos mismos”, dijo este jueves el ministro del Interior, Christophe Castaner, que atribuyó la situación, en parte, “a la dureza del confinamiento para estos jóvenes”, procedentes en su mayoría de hogares donde “la pobreza en la que viven puede provocar la cólera”. En cualquier caso, continuó en una entrevista con la emisora BFM TV, son “tensiones esporádicas” y, aunque “son inaceptables”, tampoco hay que “politizarlas”.

Aunque no citó a nadie, el mensaje era claro. En los pasados días, conforme continuaban los disturbios cuyo origen está en un controvertido accidente entre un joven y una patrulla de policía en Villeneuve-la-Garenne, al norte de París, políticos como la ultraderechista Marine Le Pen han reclamado mano dura en estas banlieues donde abunda la población de origen inmigrante. “No es momento de buenos sentimientos, de excusas o de políticas catastróficas. Es hora de desarmar a la chusma, de su castigo y su neutralización”, reclamó en Twitter.

Desde el sábado, cuando un joven motorista resultó herido grave cuando un agente abrió —si intencionalmente o no es algo que está investigando la fiscalía y la propia policía— la puerta de la patrulla camuflada que pretendía detenerlo por exceso de velocidad, se han registrado disturbios en varias banlieues, donde grupos de jóvenes han incendiado coches y mobiliario urbano, además de “emboscar” a policías lanzándoles petardos.

Tras una nueva noche de incidentes, incluido el incendio de una escuela en Gennevilliers, que dejaron nueve detenidos, el joven cuyo accidente desató las protestas llamó el miércoles a la calma. “He sabido que habéis destruido coches. Os pido que volváis a casa, que os calméis”, dijo en un vídeo enviado a varios medios desde el hospital donde permanece ingresado por una fractura abierta de fémur. Pese a ello, y pese a que la prefectura de Policía de París ha prohibido la venta y posesión de fuegos artificiales y petardos en la capital y los departamentos vecinos hasta el próximo lunes, volvieron a registrarse incidentes la pasada noche en localidades como Gennevilliers, donde fueron descubiertos una quincena de artefactos incendiarios, y en Clamart, donde cinco personas fueron detenidas por portar cócteles molotov. Por su parte, en Champigny-sur-Marne, desconocidos lanzaron petardos contra la comisaría de policía, según la Agencia France Presse.

A pesar de la espectacularidad de las imágenes de los disturbios, estos no son más graves que los habituales, según el director general de la Policía Nacional, Frédéric Veaux. “Si miramos las estadísticas, nos encontramos ante una cifra inferior en relación con la misma época del año pasado. En cuanto a los hechos, aunque son condenables, no son de una gravedad excepcional”, dijo ante diputados, destaca el diario 20Minutes.

Por Silvia Ayuso

París - 23 abr 2020 - 11:24 COT

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La escena de largas filas para pedir comida se repiten en todo el país.

Los bancos de alimentos temen no poder seguir abasteciendo a la creciente demanda

Sin empleo y sin dinero por la pandemia de coronavirus, millones de personas hacen fila durante horas en Estados Unidos para poder recibir comida gratis.

Los bancos de alimentos, que ya atendían a una población vulnerable, multiplican la distribución, pero temen no poder hacer frente a la creciente demanda.

Las mismas escenas se reproducen por todo el país, de Nueva Orleans a Detroit, pasando por Nueva York, donde el gobierno municipal reparte desayuno, almuerzo y cena gratuitos en varios puntos de la ciudad.

Son imágenes de una población desesperada, que en general ha perdido su empleo y por tanto sus ingresos, a la espera de la llegada de un cheque del gobierno federal, que aprobó a fines de marzo un gran plan de apoyo a la economía.

Pero para algunos, como millones de inmigrantes sin papeles, en su mayoría de origen latinoamericano, no habrá cheque, advirtió el gobierno de Donald Trump.

Sin nada

"Ya tengo dos meses que no trabajo porque casi fui uno de los primeros que el virus agarró, y no tengo trabajo y pues dinero tampoco", dijo a AFP Domingo Jiménez, un inmigrante que hacía una fila de más tres cuadras para recibir comida del gobierno municipal en Corona, Queens, uno de los barrios más afectados por la COVID-19 en Nueva York.

"Vengo aquí que me den un poco de alimento, lo que sea, porque prácticamente estoy sin nada", añadió.

El martes, más de 1.000 vehículos esperaban en fila en una distribución organizada por el banco de alimentos de Pittsburgh, en Pensilvania, cuya demanda aumentó 38% en marzo.

En ocho operaciones excepcionales como esta, unas 227 toneladas de comida fueron repartidos, explicó Brian Gulish, su vicepresidente.

"Muchas personas utilizan nuestros servicios por primera vez", señaló. "Es por eso que las filas son tan largas. No conocen nuestra red" de más de 350 puntos de recolección en el suroeste de Pensilvania, dijo.

En San Antonio, Texas, unos 10.000 vehículos hicieron fila en un banco de alimentos, algunos desde la noche hasta la mañana siguiente.

"Hace meses que no tenemos más trabajo", cuenta Alana, una latina que prefiere no dar su apellido en la ciudad de Chelsea, en la periferia de Boston, la más afectada por la pandemia en el estado de Massachusetts.

"Ayer vi una mujer con un bebé de 15 días y otros dos niños, su marido está desempleado, y no tiene más comida en su casa. Le di lo que tenía", contó durante una distribución de alimentos realizada por soldados de la Guardia Nacional.

En Akron, Ohio, las necesidades de los bancos de alimentación subieron 30%. "Construimos a lo largo de los años una cadena de aprovisionamiento que podía responder a ciertas necesidades", explicó Dan Flowers, director general de Akron-Canton Regional Foodbank. "Aumentarla 30% del día a la mañana es casi imposible".

Los bancos de alimentos, incluidas las 200 filiales locales de la red Feeding America, están recibiendo donaciones excepcionales.

Un contribuyente habitual de los bancos, el gigante J.M. Smucker (que produce el café Folgers) hizo donaciones adicionales en Ohio, y la destilería Ugly Dog, de Michigan, donó un camión entero de alcohol en gel en botellas de licores, dijo Flowers.

Más donaciones

Las donaciones llegan también en efectivo, de hogares anónimos o de Jeff Bezos, dueño de Amazon y de la mayor fortuna mundial, que ofreció 100 millones de dólares a Feeding America.

Sin las donaciones, "estos bancos de alimentos no podrían enfrentar la demanda", dijo Flowers, que está comprando hoy 35% de sus suministros, contra 5% en tiempos normales, ya que el resto proviene de donaciones.

El Food Bank de Nueva York, una de las grandes organizaciones de la ciudad, aumentó el volumen de pedidos. "Si lo volvemos a hacer al cabo de una semana, los precios pueden haber subido y el plazo de entrega se alarga de manera exponencial", explicó Zanita Tisdale, una directora de la organización.

"Nuestros empleados no dan más", dijo Flowers. "Trabajan tan duro. Nos gustaría que todo esto termine".

Como muchas otras, su organización no acepta voluntarios, para evitar el contagio del virus. Para aliviar al personal, la Guardia Nacional ha enviado a soldados a muchas ciudades gravemente afectadas, como Chelsea.

Tras un mes bajo tensión, la red de bancos de alimentos aguanta, pero la preocupación crece. "El aprovisionamiento es aún suficiente, pero en un mes, no lo sabemos", dijo Brian Gulish.

El plan de apoyo a la economía prevé 850 millones de dólares en comida para estos bancos, dijo Flowers, que espera cosechar los primeros beneficios en junio. "Lo que me inquieta son las próximas seis a ocho semanas", señaló. 

Fuente: AFP

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Imagen de un establecimiento de Washington D.C en el que se aceptan cupones ELVERT BARNES / WIKIMEDIA COMMONS

El gobierno de Trump está recortando las ayudas de los cupones de alimentos; millones de estadounidenses con pocos recursos perderán su derecho a recibirlos

Muchos estadounidenses con discapacidad o enfermos ya tienen problemas para acceder al sistema o para mantenerlos, aún con las normativas actuales

La nueva normativa excluirá a uno de cada tres beneficiarios, e impiden el acceso a las becas alimentarias que dan las escuelas públicas a 500.000 niños

 

Cuando James Fauntleroy perdió este verano su trabajo en una tienda, rápidamente se dio cuenta de que las ayudas de la seguridad social para personas con discapacidad no eran suficientes para vivir. Entonces recurrió a un sustento del que dependen muchos estadounidenses que están pasando momentos difíciles: los cupones de alimentos, también conocidos como Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP, por sus siglas en inglés).

Al principio, Fauntleroy, de 35 años recibió una carta de aprobación que detallaba que contaría con 197 dólares al mes (177 euros) en cupones. Con eso le bastaba para alimentarse. Pero luego llegaron las malas noticias.

"A principios de septiembre recibí otra carta del Departamento de Infancia y Familias de Florida en la que me comunicaban que el monto se reduciría de 197 a 16 dólares (de 177 a 14 euros)", relata Fauntleroy, residente en Orlando, Florida.

Fauntleroy es uno de los 40 millones de estadounidenses con pocos recursos que reciben algún tipo de beneficio del Snap, un programa que el Gobierno de Trump está reformando, recortándolo y excluyendo a millones de estadounidenses. A algunas personas, especialmente aquellas con algún tipo de discapacidad, ya les costaba trabajo arreglárselas con los beneficios que tenían o estaban por caer entre las rendijas del sistema. Ahora, la normativa nueva y más estricta empeorará su situación aún más.

Para Fauntleroy –que tiene una enfermedad en el riñón–, el recorte en los cupones de alimentos es un desastre. "He tenido que abrir una cuenta [de crowdfunding] para que la gente me ayude a pagar mis gastos hasta que pueda encontrar un trabajo de media jornada. Mientras tanto, la comida es cara y además tengo que elegir ciertos alimentos que sean aptos para pacientes con diálisis en el riñón. Es muy difícil y me afecta a nivel mental y emocional", afirma.

Actualmente, depende de un servicio de transporte para personas con discapacitad que lo lleva a un centro de diálisis tres veces a la semana, y aún así tiene que cubrir unos 65 dólares al mes en copagos (58 euros), más los 135 dólares mensuales (121 euros) que le descuentan de su ayuda por discapacidad para pagar el seguro de salud. Actualmente, está buscando otro trabajo de media jornada, porque si gana más del límite de 1.200 dólares al mes (1.076 euros) le quitarían por completo esta prestación.

Sin embargo, el Gobierno de Trump está decidido a recortar los cupones de alimentos. El 5 de diciembre, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos anunció una nueva normativa que restringirá la posibilidad de los estados de ofrecer exenciones a los requisitos de trabajo a personas "físicamente capaces" de entre 18 y 49 años, sin dependientes a su cargo.

Actualmente, sin una exención, estas personas no pueden recibir ayudas del Snap por más de tres meses en un período de tres años. Los estados podían ofrecer exenciones a estos requisitos en regiones con alta tasa de paro o insuficiente oferta laboral. Se calcula que la nueva normativa le revocará los beneficios de Snap a 668.000 personas en todo el país. Además, el término "físicamente capaz" es confuso y se presta a la interpretación de quién debe cumplir con los requisitos que determinan las agencias del estado.

La nueva medida del Gobierno de Trump excluiría a uno de cada tres beneficiarios. También se busca limitar los niveles de ingresos permitidos para ingresar al Snap al doble de la línea de pobreza, que representarían unos 50.000 dólares (45.000 euros) al año para una familia de cuatro miembros. La nueva norma también impediría que hogares con más de (2.250 dólares) 2.018 euros en activos, o (3.500 dólares) 3.140 euros para un hogar en el que viva un adulto discapacitado, reciban beneficios de ayuda alimentaria. Como resultado, se calcula que casi tres millones de estadounidenses perderán sus beneficios del Snap.

Una tercera norma recortaría más de 4.500 millones de dólares (4.000 millones de euros) del presupuesto del Snap en los próximos cinco años, afectando a una de cada cinco familias beneficiarias.

Estas nuevas normativas han recibido críticas por excluir de los beneficios a millones de estadounidenses que viven en la pobreza y por impedir el acceso a las becas alimentarias que dan las escuelas públicas a 500.000 niños.

Las dificultades de enfermos y discapacitados

Sin embargo, muchos estadounidenses con discapacidad o enfermos ya tienen problemas para acceder a los beneficios del SnapSnap o para mantenerlos, aún con las normativas actuales. Su situación, que ya es difícil, empeorará aún más.

Son personas como Virgil Garwood (37), de Woodville, Ohio, que recibía solamente 50 dólares al mes (45 euros) de beneficios del Snap mientras luchaba contra un cáncer de tiroides. Garwood recibe una ayuda por discapacidad y no puede trabajar por las convulsiones y el deterioro óseo que le generaron los tratamientos médicos y las numerosas cirugías. Con el Gobierno de Trump, los beneficios se le redujeron a solo 15 dólares (13,5 euros) al mes, aunque su situación económica no ha cambiado en nada.

"El estado donde vivo exige que los beneficiarios del Snap vayan a clases sobre nutrición adecuada, otra clase sobre economía familiar, y luego una clase que explica el programa y cómo buscar empleo. Se supone que todo el tiempo que recibes prestaciones del programa tienes que estar buscando trabajo y debes presentar pruebas de ello", explica Garwood. "Tuve que salirme del programa porque ir a las clases para mantener las prestaciones me costaba más que los 15 dólares (13,5 euros) que recibía".

Jennifer Pracht, de Winston-Salem, Carolina del Norte, cuenta con el SnapSnap para alimentar a su hija de 14 años y a sí misma desde 2012, año en que quedó discapacitada y sin poder trabajar a causa de una lesión en la columna vertebral.

"Por alguna razón, este año me recortaron los cupones a 105 dólares mensuales (94 euros). Mi situación no ha cambiado en nada como para que me reduzcan la ayuda. Pero de todas formas lo han hecho", afirma Pracht. Ahora le preocupa que haya más recortes en el futuro.

"No tengo idea de cómo haré para comprar alimentos durante todo el mes, mucho menos si pretendo que la comida sea sana. Ya no podré comprar comida sana porque es mucho más cara".

Varias personas que hablaron con The Guardian sobre su experiencia con los beneficios del Snap pidieron que no se revele su nombre o que no se publique su apellido.

Lisa, de 40 años de Michigan, comenzó a recibir beneficios del Snap en abril de 2018, mientras esperaba que se apruebe su solicitud de una ayuda por discapacidad. En octubre de 2018, fue excluida del Snap por los requisitos laborales.

"La inseguridad alimentaria ha sido una constante. Llevaba un cálculo mental de la comida que tenía en casa y para cuántos días me alcanzaba, teniendo en cuenta cuántos días faltaban para que volviera a recibir la ayuda", dice Lisa. "No es mucho dinero. Esto no se trata de gente que vive a cuerpo de rey a costa del dinero de los contribuyentes. Somos personas que intentamos sobrevivir, y ese pequeño monto de dinero es un regalo del cielo".

Una mujer de 40 años en Berwick del Sur, Maine, actualmente recibe 130 dólares al mes (117 euros) del Snap y una ayuda por discapacidad, ya que sufre el síndrome de Ehler-Danlos, una enfermedad vascular genética, además de otras enfermedades discapacitantes.

Gran parte de su ayuda por discapacidad es destinada a pagar el alquiler, ya que hace poco logró acceder a una vivienda estable tras años de luchar por salir de la indigencia. No cuenta con transporte para ir a comprar alimentos y tiene que seguir una dieta especial a causa de su discapacidad.

"Siempre tengo que separar una parte de mi ayuda por discapacidad –que es de unos 684 euros al mes– para pagar comida y transporte", dice. "Creo que 130 dólares al mes no le alcanzarían a nadie para vivir, y yo recibo el beneficio máximo, teniendo en cuenta que tengo varias discapacidades y no puedo encontrar trabajo".

Por, Michael Sainato

23/12/2019 - 21:06h

Traducido por Lucía Balducci

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 En 2015 aumentó el flujo de migrantes a la isla griega de Samos y sus vecinas Lesbos y Quíos, principales puertos de entrada a Europa. En lo que va del año suman 9 mil.Foto Afp

Ginebra. Más de 32 mil migrantes y refugiados han muerto o desaparecido en rutas migratorias de todo el mundo entre los años 2014 y 2018, según un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) que eleva a casi mil 600 la cifra aproximada de niños fallecidos, el más joven de ellos de apenas 40 días de vida.

 

El Proyecto de Migrantes Desaparecidos de la OIM analiza desde 2014 los datos de víctimas en las principales rutas migratorias del planeta, aunque la organización admite las dificultades de realizar una evaluación precisa. Así, sospechan que la cifra oficial podría ser "mucho menor" a la real, pues "muchos cuerpos nunca aparecen o no son identificados".

 

La OIM pusoo el foco en esta ocasión en los niños, a los que sitúa como protagonistas de un informe que admiten impreciso, ya que en el caso de los menores se suma no sólo la dificultad de confirmar su fallecimiento, sino también la ausencia de estadísticas precisas en materia de edad. Aún así, estiman que mil 593 han muerto entre 2014 y 2018.

 

El Mediterráneo ha sido la región mas mortífera para los menores, con 678 víctimas mortales durante estos años, lo que sitúa a esta zona por delante del sudeste asiático (363 niños fallecidos), África subsahariana (149) y el norte de África (144).

 

La OIM estima que, desde 2014, más de 17 mil 900 personas han fallecido en el Mediterráneo, de las cuales hay "casi 12 mil" cadáveres sin recuperar. Sin embargo, también admite que en esta zona hay un cambio de tendencia generalizado, al margen de repuntes como en el caso de España.

 

De esta forma, la organización internacional atribuye el descenso global en el número de migrantes fallecidos o desaparecidos entre 2017 y 2018 –que pasó de 6 mil 279 a 4 mil 734– a la menor afluencia migratoria en la zona mediterránea central, la que conecta Libia con el sur de Italia.

 

El número de migrantes que han intentado llegar a las costas italianas ha pasado en un año de 144 mil 301 a 45 mil 648, según la OIM, que alerta, no obstante, del aumento en la tasa de mortalidad en esta zona. Si en 2017 perdieron la vida 2 por ciento de quienes utilizaron esta ruta, en 2018 incluso la cifra más conservadora sitúa la proporción en el entorno de 3 por ciento.

 

En Asia, la OIM destaca la creciente mortalidad en la ruta que conecta el Cuerno de África con Yemen, aparentemente por el persistente conflicto militar de este último país. De las 53 muertes registradas en 2017 se ha pasado a las 125 de 2018.

 

En el sudeste asiático, la cifra de fallecimientos entre 2014 y 2018 se acerca a los 2 mil 200, entre ellos mil 723 rohinyas que han huido de la pobreza, la violencia y la persecución en el estado birmano de Rajine. Casi un millón de rohinyas están refugiados en Bangladesh, entre ellos más de 700 mil que llegaron tras la ola represiva de agosto de 2017.

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Hambre y muerte en cientos de millones de personas por el cambio climático: ONU

Nos encaminamos a un apartheid ambiental

 

 

Cientos de millones de personas alrededor del mundo sufren de hambre, desplazamiento, enfermedad y muerte a causa del cambio climático, se señala en un informe presentado ayer en el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas por su ponente especial sobre la extrema pobreza, Philip Alston.

 

El experto independiente en pobreza extrema y derechos humanos advirtió que el mundo va camino del “apartheid climático”, en el que los ricos compran su vía de escape de los peores efectos del calentamiento global, mientras los pobres son los más perjudicados.

 

Alston, un jurista australiano, mencionó a los neoyorquinos vulnerables que quedaron atrapados sin electricidad ni atención sanitaria cuando el huracán Sandy azotó la ciudad en 2012, mientras que "la sede de Goldman Sachs estaba protegida por decenas de miles de sacos de arena y contaba con electricidad de su generador".

 

Confiar exclusivamente en el sector privado para protegerse de las condiciones meteorológicas extremas y de la subida del nivel del mar "casi garantizaría violaciones masivas de los derechos humanos, con los ricos atendidos y los más pobres abandonados", escribió.

 

"Incluso en el mejor de los casos, cientos de millones se enfrentarán a la inseguridad alimentaria, la migración forzada, las enfermedades y la muerte". Precisó que la economía mundial necesita un "giro fundamental" y distanciarse de los combustibles fósiles, a los que responsabiliza de gran parte de las emisiones de efecto invernadero provocados por el hombre.

 

Su informe critica a los gobiernos por hacer poco más que enviar funcionarios a conferencias para hacer "discursos", a pesar de que los científicos y los activistas del clima han estado dando la voz de alarma desde la década de 1970.

 

Por lo pronto, el mercurio seguía subiendo ayer en Europa, especialmente en el oeste del continente, con temperaturas inéditas para un mes de junio que podrían intensificarse en los próximos días.

 

En Francia, donde la ola de calor proveniente del desierto del Sahara se instaló desde inicios de semana, las autoridades emitieron una alerta naranja en 65 departamentos del país y pidieron a los residentes tomar precauciones.

 

El país sigue traumatizado por la ola de calor de agosto de 2003, a la que se le atribuye la muerte de 15 mil personas, principalmente ancianos, los más vulnerables al calor.

 

En París, que como todas las grandes ciudades se convierten durante episodios caniculares en burbujas de calor debido al cemento, a las actividades humanas y a la falta de árboles, los residentes tomaban por asalto las piscinas municipales de la ciudad.

 

El termómetro marcaba ayer por la tarde en la capital francesa 32 °C.

 

Según el organismo nacional de previsión meteorológica, Météo France, esta racha de calor no tiene precedente, para un mes de junio, desde 1947 por su intensidad.

 

Los expertos prevén que el termómetro siga subiendo hoy, hasta superar los 40 °C en varias localidades del este y del centro de Francia, como Besanzón, Clermont-Ferrand o Lyon, y se extenderá hasta finales de semana, al menos en el sureste del país.

 

En España, esta ola de calor durará al menos hasta el primero de julio. Las temperaturas podrían alcanzar el viernes 45 °C en Gerona y 44 °C el fin de semana en Zaragoza, ambas en el noreste del país.

 

“El infierno is coming”, tuiteó la meteoróloga Silvia Laplana, del canal público RTVE, junto a un mapa prácticamente teñido de rojo por las zonas de calor intenso.

 

En Alemania, donde los meteorólogos han advertido que se podría romper un récord de 38.5 °C para un mes de junio, las autoridades impusieron restricciones de velocidad en algunos tramos de las autopistas hasta nuevo aviso, debido al riesgo de que el asfalto caliente se rompa por las temperaturas inusualmente altas.

 

Stefan Rahmstorf, investigador del Potsdam Institute for Climate Impact Research, señaló que "este aumento de los extremos de calor se está produciendo como la ciencia había previsto, como resultado directo de un calentamiento inducido por los gases de efecto invernadero de la combustión de carbón, petróleo y gas", añade.

 

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