Una persona sostiene una pancarta en apoyo a Julian Assange frente a la Corte de Westminster, en una imagen de archivo tomada en Londres en abril de 2022. — Tom Nicholson / REUTERS

La ministra británica de Interior, Priti Patel, ha firmado la orden necesaria para extraditar al fundador de WikiLeaks. Aún cabe la posibilidad de un nuevo recurso a esta decisión.

 

Llegó el día. El Gobierno británico ha dado el paso que faltaba en el caso Julian Assange. La ministra de Interior, Priti Patel, ha firmado la orden necesaria para extraditar al fundador de WikiLeaks a Estados Unidos.

Assange está requerido por cargos de espionaje por la filtración de documentos secretos, según informó este viernes la cartera de Interior. No obstante, cabe la posibilidad de un nuevo recurso a esta decisión.

Fue el pasado 20 de abril cuando un juez de un tribunal británico emitió una orden de entrega del periodista australiano a EEUU para ser considerada por el Gobierno del Reino Unido.

"En virtud de la Ley de Extradición de 2003, el ministro del Interior debe firmar una orden de extradición si no encuentra argumentos para prohibir que se emita la orden", indicó un portavoz del ministerio en un comunicado divulgado este viernes.

En dicho escrito se añade que "las solicitudes de extradición solo se envían a la ministra del Interior una vez un juez ha decidido que se puede proceder tras haber valorado varios aspectos del caso".

"El 17 de junio, tras la valoración de los jueces de la Corte de Magistrados de Westminster y del Tribunal Superior, se ordenó la extradición de Julian Assange a Estados Unidos. Assange mantiene el derecho de apelación en un plazo de 14 días", continúa el comunicado.

"Las cortes británicas no han encontrado que el proceso de extraditar a Assange sea opresivo, injusto o suponga un abuso de proceso", ha asegurado el portavoz de Interior.

Asimismo, puntualiza que "tampoco han hallado que la extradición sea incompatible con sus derechos humanos, como el derecho a un juicio justo y a la libertad de expresión, y que mientras esté en Estados Unidos vaya a ser tratado de manera apropiada, como en lo referido a su salud".

A su vez, en relación con las alegaciones del acusado, Reino Unido espera que Assange reciba un trato "adecuado" por parte de EEUU también "en lo referente a la salud".

"Esto es solo el inicio de una nueva batalla legal"

Wikileaks ha reaccionado a esta decisión del Gobierno británico en un comunicado difundido en sus redes sociales. "Es un día oscuro para la libertad de prensa y para la democracia británica", arranca un texto que deja claro: "Hoy no es el final de la lucha, es solo el inicio de una nueva batalla legal". 

"Apelaremos a través del sistema legal, la próxima apelación será ante el Tribunal Superior. Lucharemos más fuerte y gritaremos más fuerte en las calles, nos organizaremos y haremos que la historia de Julian sea conocida por todos", anuncian.

"Julian no hizo nada mal. Él no ha cometido ningún crimen y no es un criminal. Es un periodista y un informador y es castigado por hacer su trabajo. Estaba en el poder de Priti Patel hacer lo correcto. En cambio, siempre será recordada como cómplice de Estados Unidos en su plan para convertir el periodismo de investigación en una empresa criminal", añaden. 

"Cualquiera en este país que se preocupe por la libertad de expresión debería estar profundamente avergonzado de que la ministra del Interior haya aprobado la extradición de Julian Assange a EEUU, el país que planeó su asesinato", apuntan.

El pasado mes de abril, el abogado Aitor Martínez, del bufete Iload que dirige Baltasar Garzón que ejerce la defensa de Assange, ya apuntaba a que en la "fase gubernativa pueden esgrimirse diversas causales que bloqueen la entrega, como es, por ejemplo, el principio de especialidad, es decir, el temor de que una vez fuese entregado a Estados Unidos pudiera proceder por otras causas penales que no hayan sido sometidas a extradición, algo que parece evidente".

Asimismo, señalaba que hay más elementos objeto de apelación, como "lo relativo al principio de proporcionalidad, atendiendo a que se dilucidan potenciales penas de 175 años de cárcel bajo la Ley de Espionaje contra un periodista que simplemente desplegó su labor o el abuso de la extraterritorialidad penal, ya que la jurisdicción norteamericana persigue a un ciudadano extranjero, por publicar en el extranjero; o diversos aspectos relacionados con el despliegue de herramientas brutales de espionaje contra Julian Assange en la Embajada de Ecuador en Londres".

Amnistía alerta del "gran riesgo" para Assange

En el mismo sentido que Wikileaks y su letrado se ha pronunciado la secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard. "Permitir que Julian Assange sea extraditado a Estados Unidos lo colocaría ante un gran riesgo", ha asegurado en un comunicado.

Asegura además que esta decisión "envía un mensaje escalofriante a los periodistas de todo el mundo".

Callamard ha apuntado que "si la extradición procede, Amnistía Internacional está extremadamente preocupada porque Assange afronte un alto riesgo de confinamiento en solitario prolongado, que violaría la prohibición de ejercer tortura u otro tratamiento vejatorio".

Remarca además que "las garantías diplomáticas proporcionadas por Estados Unidos de que Assange no será puesto en confinamiento en solitario no pueden tomarse en serio dado su historial previo".

"Pedimos al Reino Unido que se abstenga de extraditar a Julian Assange, que Estados Unidos abandone los cargos, y que Assange sea liberado", ha zanjado


La tortura de Assange y la defunción del periodismo; sin ir más lejos, en Ucrania

por Víctor Sampedro Blanco, catedrático de Comunicación Política en la URJC

 

Un boceto de la artista Elizabeth Cook muestra al fundador de Wikileaks, Julian Assange (derecha), asistiendo a su juicio de extradición en el Tribunal Penal Central. Un juez dictaminó que Assange no puede ser extraditado a Estados Unidos. Foto: Elizabeth Cook/PA Wire/dpa

Por enésima vez los medios publicitan lo que la ONU calificó de tortura: el trato que recibe Julian Assange en el Guantánamo británico en el que está recluido. Debemos haber leído ya una decena de veces que el Reino Unido lo extraditará a EE.UU. Y que, una vez allí, le condenarían a 175 años de cárcel. Eso después de más de una década de confinamiento domiciliario y aislamiento carcelario. Las "noticias" sobre Assange apenas son notas judiciales. Dan cuenta del destrozo que le han provocado. Es un paria enajenado, un asperger deprimido al borde del suicidio.

A Assange lo ajustician en bucle. Los medios que se lucraron con sus filtraciones publicitan su castigo y encubren su gesta. Apenas ejercen de notarios correveidiles y perros falderos de los torturadores. Assange sería libre si tan siquiera uno de los directores que publicaron sus filtraciones – pongamos en El País,Le Monde, The New York Times o The Guardian – se hubiera auto-inculpado de los cargos que pesan sobre el hacker australiano. Asumir como propio el delito de investigar y revelar verdades habilita para ejercer el periodismo. Autoincúlpándose las feministas lograron el derecho al aborto y los insumisos acabaron con el servicio militar.

No abundan los periodistas activistas de la transparencia (algo que les va en el oficio), sino los relaciones públicas del poder. Las redacciones ya no hacen periodismo, sino publicidad corporativa y propaganda política disfrazada de noticias. Solo así se explica tanto silencio cobarde: la aquiescencia del cómplice. Y así también se entiende que la cobertura que recibieron las filtraciones de Wikileaks desactivase su carga crítica. Tras conocerlas, el periodismo y el mundo debieran ser otros: información fundamentada en bases de datos incontestables y una globalización de los derechos humanos defendidos desde un Cuarto Poder en Red.

Eso es lo que el castigo a Assange invisibiliza: la alianza entre filtradores anónimos y medios que colaboran entre sí. Se trata de blindar la privacidad de la ciudadanía con la encriptación. Y de aplicar la transparencia a los poderosos. El último libro de Assange fue la transcripción de su entrevista con Eric Schmidt, el CEO de Google. Una llamada a que la ciudadanía asumiese el control de sus comunicaciones y a que filtrásemos los bancos de datos que desnudan el poder.

La represión de Assange es proporcional a la grandeza de su gesta. No resulta sencillo enterrar la denuncia incontestable, sin réplica posible, de los crímenes de guerra del Pentágono. Tampoco el neo-imperialismo de la red diplomática más poderosa del mundo. Ese era el significado último de los cables de Irak y Afganistán y del Cable Gate. Y hacerlo desde Internet, desde una comunidad libre como es Wikileaks que crea una zona de autonomía insobornable e imparable. ¿Se los imaginan informando sobre Ucrania? ¿Creen que estaríamos en guerra? Ya les digo que no.

Wikileaks practica un periodismo que supera todo ejemplo previo o posterior: se erige en contrapoder mancomunado. Llevamos diez años postulando ese periodismo de código libre. Y Assange, purgando el haberlo hecho realidad.

No ladran, sino que le muerden la yugular, porque aún cabalgan. ¿Quiénes? Los criptopunks que han hackeado decenas de empresas y organismos gubernamentales rusos en represalia por la invasión de Ucrania. Y quienes denuncian la campaña prebélica de Putin y de la OTAN, los crímenes de guerra de ambos bandos, el negocio que generan para los traficantes de armas, los monopolios energéticos y de materias primas... la muerte y el hambre que todo ello provoca. Pero lo hacen sin poder aportar datos.

Las pantallas rusas ensalzan al carnicero Putin. Y las europeas y estadounidenses, al comediante Zelensky. Si es que esos roles no son ya intercambiables. Tampoco es casualidad que el mandato de Donald Trump sentara las bases para masacrar jurídicamente a Assange. Y que sea el gobierno de Boris Johnson (quizás el líder más belicista junto con Putin), el que dé luz verde a su extradición. Reivindicar a Assange es desnudarlos. Solo cabe retomar, ahora con Ucrania, el testigo que el australiano-ecuatoriano recogió. El asumió que el Vietnam de su generación eran Irak y Afganistán. Quien no siga su ejemplo, que entregue el carnet de periodista.

17/06/2022

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Biden resetea el hemisferio occidental

La nueva "misión civilizadora" de Estados Unidos en el espacio que sucesivos presidentes en la Casa Blanca han denominado su "patio trasero", se tornó anticlimática la semana pasada en Los Ángeles, California, cuando "el silencio de los ausentes" (Cuba, Venezuela y Nicaragua, excluidos unilateralmente por Washington por razones político-ideológicas) interpeló al presidente Joe Biden en el marco de la novena Cumbre de las Américas.

Asimismo, la Organización de Estados Americanos (OEA), instrumento político intervencionista de inicios de la guerra fría para la "contención" del comunismo, también fue cuestionada por haber sido utilizada como un "gendarme" que facilitó el golpe de Estado contra Evo Morales en Bolivia en 2019, y su secretario general Luis Almagro repudiado como "asesino", "mentiroso" y "títere" de Washington.

Recalendarizada detrás del recién finalizado Foro Económico Mundial −organización privada que funciona como "politburó del capitalismo" (Paul Schreyer) y la plutocracia internacional (BlackRock, Vanguard et al.) y sus palafreneros, los líderes políticos de los países y organismos internacionales que el Foro de Davos ha "penetrado", según su maestro de ceremonias, Klaus Schwab−, la Cumbre de las Américas buscaba recauchutar la erosionada hegemonía de EU en su tradicional "zona de influencia", "amenazada" hoy, según los jefes militares de los comandos Norte y Sur del Pentágono, por dos potencias extracontinentales: China y Rusia.

A escala mundial la otrora omnipotente dictadura del pensamiento único neoliberal cruje debido a la crisis sistémica del capitalismo emanado de los acuerdos de Breton Woods de 1944, mientras EU pugna por mantenerse como hegemón unipolar vía sanciones coercitivas y distintas modalidades bélicas −guerras de agresión neocoloniales, guerra no convencional, económica, encubierta, de contrainsurgencia, de cuarta generación, híbrida, subrogada ( proxy war), cognitiva y amagos de guerra termonuclear− y se resiste, cueste lo que cueste, a ceder terreno ante lo que se avizora como un nuevo orden bipolar: "Occidente" (EU/OTAN/UE) versus Eurasia.

Además de sus afanes geopolíticos –en un mundo complejo que podría derivar en la instauración de un totalitarismo tecnocrático sanitario de vigilancia ubicua bajo el mando del complejo financiero-digital−, la desangelada cumbre estaba programada por el equipo anfitrión para "resetear" al actual sistema de dominación subregional en clave globalista y rusófoba según el libreto de Davos.

Cuando el cliché del globalismo interconectado se desintegra tras la guerra comercial de Donald Trump contra China, el confinamiento ( lockdown) impuesto por los regímenes corona de excepción y terror sicológico urbi et orbi y las sanciones coercitivas, extraterritoriales e ilegales de "Occidente" contra Rusia, recrudecidas tras la guerra híbrida por delegación de la OTAN en Ucrania –utilizadas como chivos expiatorios para distraer, manipular y encubrir mediante el miedo la bancarrota de una economía mundial superendeudada e introducir una "nueva normalidad" capitalista neofeudal−, Biden, como mascarón de proa del búnker plutocrático y el Deep State, lanzó en Los Ángeles la Asociación de las Américas para la Prosperidad Económica, un ALCA remozado para contrarrestar las rutas de la seda de China.

Rotas las cadenas globales de suministros de materias primas básicas y secundarias (petróleo, gas, trigo, semiconductores, etcétera) tras los confinamientos de marzo de 2020 y sus consecuencias: escasez, aumento de precios, inflación galopante, reducción de la producción industrial, menor crecimiento y mayor desempleo, y bajo el manto imperial del neomonroísmo mercantilista ("América para los americanos", 1823) y el decimonónico panamericanismo, Biden busca relanzar el viejo proyecto de asociación estratégica al servicio del capital financiero y las corporaciones con casa matriz en EU: el Área de Libre Comercio de las Américas, que dio origen a las cumbres en Miami (1994) y fue enterrado en Mar del Plata, Argentina (2005), en una subregión latinoamericana y caribeña rica en recursos energéticos y biodiversos ("reserva estratégica" la llamó Juan González, encargado de Asuntos Hemisféricos), con Biden como "enganchador" de nuevas inversiones condicionadas del FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.

Con los señuelos de siempre: democra­cia, seguridad hemisférica, libre mercado, inversión privada, derechos humanos, otro "logro" de la cumbre fue −en lenguaje orwelliano de "responsabilidad compartida"−, la tácita militarización de las políticas migratorias en los países expulsores de personas [producto del capitalismo depredador: megaproyectos extractivistas, agroindustriales y turísticos, economía criminal, violencia estatal/civil, desplazamiento forzoso de población, como instrumentos para la "acumulación por desposesión" o despojo (David Harvey)].

Urgido de "victorias" de cara a las elecciones de mitad de periodo de noviembre en EU, rehén de la industria de la contrarrevolución cubano-venezolana de Miami, Florida, y con el ruido mediático de las corporaciones afines, Biden utilizó el socorrido estereotipo de las "dictaduras" del área, mensaje que cuenta con el consenso ideológico bipartidista (republicano/demócrata).

El mismo cebo (o carnada distractiva) utilizado por los generales Glen VanHerck y Laura Richardson, jefes de los comandos Norte y Sur del Pentágono, para justificar la "otanización" de países bioceánicos como Colombia y México, bajo el argumento falaz de que China y Rusia utilizan a Cuba, Venezuela y Nicaragua para aprovechar las "vulnerabilidades de seguridad" de EU al ofrecerles "punto de apoyo en nuestro hemisferio", facilitándole al "competidor estratégico a largo plazo" (Pekín) la expansión de "su influencia económica, diplomática, tecnológica, informativa y militar en América Latina y el Caribe", desafiando "la influencia de EU en esos dominios".

En ese contexto, la Secretaría de Marina de México fue "coanfitriona" de los ejercicios militares Tradewinds 2022, organizados por el Pentágono en la zona marítima de Quintana Roo (el mar Caribe es considerado la "tercera frontera" de EU) y Biden oficializó la admisión de Colombia como "aliado importante" de la OTAN.

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El presidente de EEUU, Joe Biden, con el primer ministro de Israel, Naftali Bennett, en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en una reunión celebrada en agosto de 2021. — Nicholas Kamm / AFP

Mientras la Agencia Internacional para la Energía Atómica asegura que solo hay un margen de tres o cuatro semanas para restablecer el acuerdo nuclear con Irán, Estados Unidos e Israel apuestan por continuar por la vía dura. En los últimos días las dos partes se han cruzado acusaciones que parecen formar parte de un juego sin ningún objetivo y no de una negociación seria.

 

Las negociaciones sobre el programa nuclear iraní vuelven a caer bajo el influjo de fuertes tensiones propiciadas por Estados Unidos e Israel, sin que esté claro si estas dos potencias tienen en realidad interés en llegar a un acuerdo similar al que en 2015 firmó el presidente Barack Obama con la república islámica.

El acuerdo, del que los americanos se salieron en 2017 por orden de Donald Trump bajo el influjo del entonces primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, fue escrupulosamente observado durante su vigencia por los iraníes, quienes ahora consideran que es preciso actuar más agresivamente para forzar una renovación que les permita eludir las sanciones occidentales.

La posición de Israel es que en lugar de firmar, lo que hay que hacer es incrementar las sanciones hasta acabar con el régimen. Numerosos exaltos cargos israelíes, incluidos algunos de los más influyentes ministros y exjefes de los servicios secretos han reconocido públicamente que el acuerdo de Obama era muy positivo para Israel y convendría resucitarlo cuanto antes.

Sin embargo, la posición del tambaleante primer ministro Naftalí Bennett es la misma que la de Netanyahu y consiste en oponerse a cualquier clase de acuerdo. Para ello Bennett está entorpeciendo los esfuerzos de EEUU y de una Europa totalmente inoperante. El no acuerdo da a Israel claras ventajas políticas y militares, incluida la venta de su caro sistema antimisiles a países del golfo Pérsico que se han puesto bajo su protección y su tutela.

La posición de Washington es cada día más dudosa. El presidente Joe Biden prometió durante la campaña que renovaría el acuerdo de Obama, pero han transcurrido 17 meses desde que entró en la Casa Blanca y la actitud del departamento de Estado, cuando menos sospechosa, da a entender que solo está interesado en negociar por negociar, sin alcanzar un compromiso.

En este contexto, en las últimas horas Teherán ha decidido adoptar medidas de presión retirando parte del material instalado por la Agencia Internacional para la Energía Atómica para supervisar lo que ocurre dentro de las centrales nucleares. Al mismo tiempo exige a la Casa Blanca garantías decisivas de que EEUU no volverá a abandonar el acuerdo como hizo Donald Trump en 2017, unas garantías que no está claro que Biden las pueda dar.

Teherán argumenta que las potencias occidentales, incluida Israel, no deben usar la AIEA como una herramienta política que vaya más allá de sus competencias reconocidas en materia nuclear. En este sentido, es obvio que Israel y los EEUU pretenden justamente obtener réditos políticos de la agencia, mientras los europeos se sienten a gusto relegados y al margen.

Bajo la inoperante tutela de Alemania y Francia, Europa es un ente caduco y problemático, sin iniciativas en lo tocante a política exterior, algo que se ve en casi todos los frentes abiertos, como Marruecos, la ocupación de los territorios palestinos, Argelia o el caso del programa nuclear iraní. Los europeos se comportan con una actitud autista que les ha hecho perder toda credibilidad en materia de política exterior.

En el juego de declaraciones y réplicas de cara a la galería que se está desarrollando a varias bandas, el director de la AIEA, el argentino Rafal Mariano Grossi ha metido la cuchara para señalar que solo quedan tres o cuatro semanas de margen para restablecer el pacto nuclear. No obstante, esto simplemente son palabras insustanciales en un juego que se dirige por control remoto desde Estados Unidos e Israel.

Por su parte, Mohammad Eslami, director de la Agencia Iraní de Energía Atómica, ha confirmado que Teherán ha decidido retirar material instalado en 2015 por la AIEA, y que adoptará medidas adicionales en un futuro próximo, aparentemente con el fin de presionar al equipo teledirigido por EEUU e Israel, aunque no necesariamente en ese orden.

Los iraníes han recordado que "la entidad sionista" no está obligada por ningún tratado internacional, ni permite que la AIEA supervise sus instalaciones nucleares. Mientras por un lado Israel está por encima de la ley, por el otro aprovecha la debilidad de Irán para echar más carbón al fuego, lo que últimamente ha hecho varias veces matando a responsables iraníes en Teherán.

En este sentido, en declaraciones a The Economist, el primer ministro Bennett ha explicado que la política israelí con respecto a Irán ha cambiado. "Estamos aplicando la política del pulpo. Ya no jugamos con los tentáculos sino que hemos creado una nueva ecuación para golpear la cabeza". Así hace referencia a los últimos ataques contra responsables de la Guardia Republicana dentro de Irán.

Las explícitas declaraciones de Bennett han suscitado un debate interno en Israel en el que varios responsables han criticado que se hable de una manera tan "arrogante". Altos responsables de seguridad consideran que este tipo de ataques puede volverse contra el estado judío si Teherán decide actuar contra intereses o individuos israelíes por todo el mundo. Sin embargo, en opinión de Bennett, los iraníes "son más cobardes de lo que se piensa" cuando se trata de responder a las continuas provocaciones israelíes.

 

11/06/2022 21:02

Por Eugenio García Gascón

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En el últimodia de la cumbre se firmó una declaración sobre migración.. Imagen: AFP

Última jornada de la Cumbre de las Américas en Los Angeles, Estados Unidos

También se presentaron los cinco documentos finales sobre salud, transformación tecnológica, gobernabilidad democrática, energías renovables y futuro sostenible.

 

En la última jornada de la IX Cumbre de las Américas, más de la mitad de los países asistentes firmaron la Declaración de Los Ángeles para la Migración y la Protección, una de las principales iniciativas del encuentro regional promovida por el anfitrión Estados Unidos. También se presentaron los cinco documentos finales enfocados en las cinco áreas que se discutieron esta semana: salud, transformación tecnológica, gobernabilidad democrática, energías renovables y futuro sostenible.

Necesidad

“Abrazamos la necesidad de promover las condiciones políticas, económicas, de seguridad, sociales y ambientales para que la gente lleve vidas pacíficas, productivas y dignas en sus países de origen. La migración debería ser una elección voluntaria, informada, y no una necesidad”, dice la declaración que firman 20 países de los más de 30 que asistieron a la cumbre en Los Ángeles.

Al presentar el documento, el presidente estadounidense, Joe Biden, dijo que la crisis económica mundial, generada por la pandemia de Covid-19 y empeorada por la guerra en Ucrania, ha llevado a niveles récord de migración. “No solo en Estados Unidos -dijo el mandatario.- Colombia ha alojado a millones de refugiados de Venezuela. Ahora mismo, los migrantes representan hasta el 10 por ciento de la población de Costa Rica. Y ninguna nación debería soportar esta responsabilidad sola”.

Pilares

La declaración establece tres pilares. El primero, la estabilidad y asistencia para las comunidades, considera que atender la crisis de migración en la región requiere “repensar cómo vemos las finanzas de desarrollo multilateral”, debido a que a nivel mundial, este tipo de asistencia “ha estado dirigida a países pobres y de bajos ingresos, designaciones que ya no aplican a la mayoría de Latinoamérica y el Caribe”, según explicó la Casa Blanca. Los otros pilares serán los caminos legales y de protección, para “cambiar la forma en la que migra la gente”, y el manejo humanizado de fronteras. En este punto, Estados Unidos prometió “mejorar la eficiencia y justicia” del sistema de asilo en sus fronteras, en un momento en el que los cruces de personas en las fronteras están en niveles récord y tras años de imágenes que mostraron la dureza de la crisis migratoria en la frontera sur del país norteamericano.

“La declaración de Los Ángeles sobre migración es posiblemente el mayor logro de una Cumbre de las Américas sobre la cual había expectativas ínfimas”, dijo en Twitter la directora en funciones para las Américas de la organización Human Rights Watch, Tamara Taraciuk. Consideró que la iniciativa difundida es “positiva porque responde indudablemente a la urgente necesidad de atender los desafíos y abusos que enfrentan millones de migrantes en las Américas”. Esta semana, en el inicio de la cumbre, HRW dio a conocer un informe centrado en los abusos y las dificultades que sufren los migrantes cuando cruzan la frontera sur de México buscando llegar al límite con Estados Unidos.

Estados Unidos buscó mostrarse “realmente complacido” con las firmas de la declaración, aunque durante la planificación de la cumbre la Casa Blanca había adelantado que quería enviar un “mensaje de unidad” con el documento. Se conformó en cambio con “empezar a construir un consenso” y esperar que más países lo firmen “pronto”, ya que lo consideran “el primer enfoque verdaderamente regional” ante esta problemática. “Desde el comienzo buscamos que esto fuese muy ambicioso, algo visionario que realmente tenga impacto. Así que quisimos asegurarnos que los países que firmaron estuvieran realmente comprometidos con esto”, agregaron desde la Administración de Biden.

Cinco compromisos finales

En el último día de la cumbre se conocieron también los cinco documentos que marcan los compromisos alcanzados en la reunión regional. ​​Uno destinado a un “futuro sostenible y verde”. Otro para acelerar la “transición justa hacia la energía limpia, sostenible y renovable”. Dos planes de acción para la gobernabilidad democrática y para la salud y resiliencia en el continente. Y, finalmente, un programa regional para la transformación digital.

Con la presentación de estos documentos como marco, los jefes de Estado y de gobierno de la región intercambiaron algunas palabras en referencia a la guerra en Ucrania. Fuentes de la Presidencia argentina indicaron que, en ese contexto, Alberto Fernández planteó que los países de Sudamérica no habían “decidido la guerra” pero la “están sufriendo”.

Cuba, Nicaragua y Venezuela

Horas antes del final del encuentro, el secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken, fue consultado sobre la opinión de varios países que asistieron a la cumbre y que expresaron su descontento con la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Ese fue uno de los puntos centrales del presidente Alberto Fernández en su discurso, pero el mandatario argentino no fue el único en mencionarlo. El jueves, el primer ministro de Belice también había considerado la exclusión como “incomprensible”. Este viernes, lo retomó el secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard.

El funcionario de Biden, en cambio, consideró este viernes que los países sí estuvieron representados en la cumbre con la presencia de integrantes de organizaciones civiles que asistieron a los distintos foros. “Son más representativos de la gente de esos países que los actuales regímenes”, respondió.


Opinión

Cumbre de las Américas: la marca de la agenda local

Por Daniel Kersffeld

Sería falso asumir que esta nueva Cumbre de las Américas guarda la misma significación para todos los mandatarios que participan en ella. Esto incluye, obviamente, a aquellos mandatarios que no fueron invitados, quienes por distinto motivo decidieron no acudir y quién, como en el caso del presidente de México, asumió una medida de solidaridad frente a las exclusiones de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

¿Dónde está Biden?

Ahora bien, ¿en qué lugar se sitúa el gobierno de Joe Biden? Más allá de su línea ideológica, diversos análisis insisten en que esta Cumbre se produce en su peor momento, una afirmación en gran medida cierta si se toma en cuenta que, en términos concretos y en año y medio de administración, ha ofrecido muy poco a sus contrapartes latinoamericanas.

Problemas graves de nuestra región como los altos índices de pobreza y de miseria, las recurrentes crisis económicas, y una inseguridad sin fin, junto a desafíos correctamente ubicados dentro de esta “era Biden” como la lucha contra el cambio climático, o que afectan directamente a los Estados Unidos como es el caso de la migración, están en principio supeditados a la crisis que actualmente se desarrolla entre Rusia y Ucrania, y que tiene implicaciones para toda Europa.

Rusia y China

Es verdad también que además de Rusia, otro tipo de preocupación para el gobierno de Biden tiene relación con la mayor presencia de China en América Latina, sobre todo, en términos comerciales. Sin embargo, no es por ahora un problema insoluble, sino en todo caso, ligado a su propia competitividad y a diferencias comerciales entre ambas potencias. Finalmente, y como lo revela la última reunión de la alianza Quad realizada pocas semanas atrás, el verdadero problema para Estados Unidos, como para sus socios de Japón, Australia e India, es el avance de Beijing en Extremo Oriente y en el Pacífico Sur.

Así, la “gran geopolítica” se impone sobre una “pequeña geopolítica”, sin anularla completamente, pero sin darle mayor margen de acción más allá de un encuentro presidencial que será recordado por su importante número de ausencias, y no tanto por aquella impronta que Washington pretende imponer en el mundo a partir de su propia política exterior, únicamente respetuosa de los regímenes “realmente” considerados como democráticos.

El "eje del mal"

Por ende, la determinación de excluir de la Cumbre a esta versión latinoamericana del “Eje del Mal” es una iniciativa que va más allá de los debates de la teoría política y que, en cambio, contiene profundas implicaciones prácticas dentro de la política local de los Estados Unidos. Más ahora, cuando la comunidad latina del estado de la Florida ha pasado a ser uno de los principales bastiones republicanos, y un enorme factor de presión en las relaciones con los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

En este sentido, los estrategas en Washington seguramente asumieron que una foto de Joe Biden con Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel y Daniel Ortega en la ciudad de Los Ángeles habría provocado mínimos resultados positivos y, en cambio, habría aumentado fuertemente las críticas internas sobre un gobierno cada vez más debilitado, sobre todo, frente a las próximas elecciones de medio término en noviembre.

De igual modo, y además del importante costo político para el gobierno de Biden, le habría otorgado una excesiva visibilidad a los principales referentes opositores, como Donald Trump, quien no esconde sus sueños de volver a la Casa Blanca, y, sobre todo, a los dirigentes de la Florida, empezando por su gobernador, Ron deSantis, a quien muchos ya ven como el representante de la futura era “post Trump” y como el próximo candidato presidencial del Partido Republicano.    

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Sábado, 11 Junio 2022 06:14

Ciudad mártir

Soldado ruso en un teatro bombardeado en la ciudad de Mariúpol, 12 de abril. AFP, ALEXANDER NEMENOV

TRAS LA CAPTURA DE MARIÚPOL

La caída de la estratégica localidad ucraniana sobre el mar de Azov ha dejado un tendal de acusaciones cruzadas de crímenes de guerra. Más de 2.400 soldados han sido aprisionados y la ciudad está en gran parte arrasada tras tres meses de bombardeos.

A menos que se tome el mar –lo que parece lógico cuando se trata de un puerto–, solo hay tres rutas para salir de Mariúpol: la que sigue la costa hacia el este, en dirección a Rusia, donde los separatistas apoyados por Moscú ya habían construido puestos de control en 2014; la que discurre hacia el norte, desde donde solía llegar el carbón del Dombás, pero en la que los desplazamientos se volvieron difíciles desde la proclamación de la República Popular de Donetsk (RPD), y, por último, la occidental, que discurre junto a los balnearios de la época soviética, donde se entrenaban los batallones ucranianos que se turnaban en las trincheras.

En la mañana del 24 de febrero, cuando partieron los tanques rusos, en Mariúpol vivían 500 mil personas, entre marineros y estibadores, y decenas de miles de trabajadores de las gigantescas acerías Azovstal e Ilitch y de la fábrica Azovmash, que producía vagones cisterna y máquinas herramienta. También había refugiados de los territorios ya perdidos por Kyiv (‘Kiev’, en ruso), pero que habían dado lugar a una nueva vida artística y cultural en esta ciudad, donde por fin se vivía bien. Todos tenían experiencia en la guerra y en la línea del frente, que pasaba a menos de diez quilómetros de la ciudad, y muchos pensaban que Mariúpol volvería a resistir.

Sin embargo, para el 3 de marzo, el Kremlin había confirmado el cerco y ninguna ayuda podía llegar desde alta mar, ya que el mar de Azov está bajo el control ruso desde la anexión de Crimea, el 18 de marzo de 2014. Con el paso de los años, era cada vez más complicado cargar acero y grano desde la llanura ucraniana, y el 20 por ciento de las exportaciones del país pasaban, teóricamente, por el estrecho de Kerch, sobre el que el 15 de mayo de 2018 el presidente de Rusia, Vladimir Putin, inauguró un enorme puente para conectar la península con Rusia.

Los barcos que se dirigían a Mariúpol o al cercano puerto de Berdiansk eran objeto de constantes controles, a veces bloqueados durante días por la Marina rusa. Pero el hombre más rico de Ucrania, el oligarca Rinat Akhmetov, parecía mantener sus fábricas en funcionamiento, y el carbón, cuya importación desde los territorios separatistas era a veces bloqueada por los «patriotas» ucranianos, seguía alimentando los hornos de las gigantescas acerías. De hecho, estas últimas solo se detuvieron en la Segunda Guerra Mundial, durante la ocupación alemana.

UNA CIUDAD MULTICULTURAL

Enclavada en una colina que domina el mar, Mariúpol es una ciudad multicultural desde que fue fundada, a finales del siglo XVIII, por los griegos de Crimea, asentados por la emperatriz Catalina II en esta tierra vacía de hombres, donde solo se encontraban algunos cosacos errantes. Durante siglos, los ejércitos habían ido y venido, pero los rusos finalmente establecieron su dominio en Crimea en 1774 y las armas eran necesarias para controlar «esta llanura salvaje», como a la zarina le gustaba describir la región. También llegaron armenios y georgianos, alemanes y judíos, comerciantes franceses e ingleses que empezaron a invertir en las minas del Dombás a finales del siglo XIX, y algunos italianos que intentaban reescribir la historia perdida de los puestos comerciales genoveses del mar Negro.

Tras la caída de la Unión Soviética, en 1991, la bandera azul y amarilla sustituyó finalmente a la estrella roja. En los bares comunistas y en los elegantes edificios construidos a principios del siglo pasado, la gente hablaba ruso y cada vez más ucraniano, mostraba su lealtad al gobierno de Kiev o esperaba discretamente el regreso del Kremlin. Pero todos decían estar orgullosos de ser de este puerto industrial que mantenía viva a Ucrania e ignoraban las bromas de la gente del oeste del país, a menudo dispuesta a burlarse de los proletarios del Dombás. A pesar de las guerras, los exilios y las deportaciones del siglo XX, Mariúpol ha conservado su singularidad, sobre todo la presencia de una fuerte comunidad griega, cuyos últimos representantes fueron repatriados en marzo a una «madre patria» en la que muchos nunca habían puesto un pie.

FOSAS COMUNES Y «CAMPOS DE FILTRACIÓN»

Es esta sociedad la que ha sido aplastada por las bombas. Según el alcalde de Mariúpol, Vadym Boïtchenko, solo 100 mil habitantes viven entre los escombros de la ciudad, mientras que el 90 por ciento de las viviendas han sido afectadas por los combates. Se cree que más de 20 mil personas murieron durante el asedio, aunque todavía no es posible confirmar este número de víctimas. Sin duda, cientos de cuerpos siguen enterrados bajo los escombros, otros han sido enterrados apresuradamente en los patios de los edificios y otros han permanecido en las calles durante días, cubiertos de cal para evitar que se los coman los perros.

Ya el 30 de marzo, las imágenes por satélite revelaron que las tropas rusas habían abierto una fosa común en el cementerio de la aldea de Manush, al este de Mariúpol, donde podrían haber sido enterrados varios miles de cadáveres. El 22 de abril se identificó un segundo lugar, que contenía hasta 1.000 cadáveres en el pueblo de Vynohradne, y, según los informes, se abrió una tercera zanja en el pueblo de Staryi Krym, a pocos quilómetros al norte de la ciudad.

Será imposible recoger todos los recuerdos de aquellas trágicas semanas, en las que faltaron agua, alimentos y medicinas, y se cortaron todas las comunicaciones con el mundo exterior. Más de 600 personas murieron el 16 de marzo, cuando las fuerzas rusas bombardearon el teatro donde se habían refugiado 1.000 mujeres y niños.

Pocos días antes, el 9 de marzo, el hospital infantil de la ciudad quedó completamente destruido en un bombardeo calificado por Moscú como un «ataque organizado» por los «nacionalistas» ucranianos. Sin embargo, decenas de miles de habitantes lograron huir a los territorios controlados por Kiev cuando se abrieron frágiles corredores humanitarios hacia la ciudad de Zaporizhia. Otros fueron evacuados a Rusia a través de «campos de filtración» establecidos en los pueblos de Bezimenne, Kozats’ke, Nikolske, Novoazovsk y Sjedove, donde los soldados rusos comprueban las identidades y los teléfonos, así como los cuerpos de los refugiados en busca de tatuajes «sospechosos». Desde finales de febrero, las autoridades de Kiev calculan que 1,2 millones de ciudadanos ucranianos fueron deportados contra su voluntad por las tropas rusas, entre ellos 200 mil niños.

Estas estadísticas son sorprendentemente cercanas a las proporcionadas por el Ministerio de Defensa ruso, que a principios de mayo informó que más de 1 millón de ucranianos habían sido evacuados de «regiones peligrosas» durante los dos primeros meses de la invasión rusa, «sin la participación de las autoridades ucranianas». Ya se han identificado unos 60 campos de acogida de ucranianos en el territorio de la Federación Rusa, en Siberia y en el Cáucaso, en la ciudad de Murmansk y en la península de Kamchatka.

Sin duda, las autoridades rusas esperaban tomar rápidamente la costa del mar de Azov, para asegurar la continuidad territorial entre Crimea y las zonas controladas por los separatistas respaldados por Moscú, como primer paso hacia la reunificación de las tierras de la Nueva Rusia, la división administrativa de la Rusia zarista que llegaba hasta Odessa y la entidad secesionista de Transnistria, en Moldavia. Desgraciadamente, los soldados ucranianos opusieron una feroz resistencia a las tropas del Kremlin y mantuvieron a raya a 12 batallones tácticos del Ejército ruso, la Guardia Nacional de Chechenia y los milicianos de la RPD durante siete semanas.

No fue hasta el 20 de mayo que el portavoz del Ministerio de Defensa ruso confirmó finalmente que el complejo siderúrgico de Azovstal, en el que se habían refugiado las últimas tropas de Kiev, había «pasado a estar bajo el control total de las Fuerzas Armadas rusas», lo que supone la primera victoria de Putin desde la retirada de sus soldados de las afueras de la capital ucraniana, a finales de marzo. Los medios de comunicación rusos no dejaron de difundir imágenes de los soldados ucranianos saliendo de los túneles subterráneos de la fábrica, con los rasgos desdibujados y fardos en la mano, algunos con vendas y muletas.

EL DESTINO DE LOS PRISIONEROS UCRANIANOS

¿Qué pasará con los 2.439 soldados ucranianos que los rusos dicen haber capturado? Los defensores de Mariúpol pertenecían al regimiento Azov –que forma parte de la Guardia Nacional ucraniana, pero que el Kremlin considera una formación neonazi–, a la 36.a Brigada de Infantería Naval y a la 12.a Brigada de la Guardia Nacional. Estas unidades se complementaron con guardias fronterizos, policías y voluntarios dedicados a defender el territorio poco antes de la invasión del 24 de febrero.

«Estos prisioneros serán tratados de acuerdo con el derecho internacional», dijo Dmitry Peskov, el portavoz presidencial ruso, mientras que algunos funcionarios y medios de comunicación rusos exigen que estos soldados sean juzgados por crímenes de guerra. El destino de los defensores de Azovstal es, en cualquier caso, una cuestión política de primer orden para Volodímir Zelenski, mientras las familias de los soldados se manifiestan en Kiev y estos se han convertido en el símbolo de la resistencia ucraniana.

Por el momento, y a la espera de un hipotético intercambio de prisioneros, algunos de los heridos fueron trasladados a hospitales situados en territorio ucraniano pero controlados por las fuerzas rusas, y otros a Rusia. También han salido autobuses hacia la colonia penitenciaria 52, situada en la localidad de Olenivka, cerca de la ciudad de Yenakiieve, que está bajo el control separatista desde 2014. En un mensaje fechado el 12 de mayo, Lyudmila Denisova, comisionada del Parlamento ucraniano para los derechos humanos, haciéndose eco de la información publicada en Telegram por el asesor del alcalde de Mariúpol, Petro Andriushchenko, aseguró que la prisión de Olenivka ya albergaba a 3 mil personas antes de las rendiciones de los últimos días, cuando tiene una capacidad teórica de 850 personas.

Según las autoridades ucranianas, en Olenivka están retenidas las personas que no han superado el proceso de «filtración» establecido por las fuerzas rusas, los familiares de los soldados ucranianos, los antiguos miembros de las fuerzas del orden, los periodistas o los civiles que han despertado sospechas. Los prisioneros eran «obligados a permanecer de pie», la comida era escasa, el agua estaba racionada y los militares rusos hacían largos interrogatorios salpicados de torturas.

Así, pues, el Ejército ruso ha tomado Mariúpol, pero reina sobre un campo de ruinas. El 9 de mayo, con motivo de las celebraciones de la victoria de 1945 sobre la Alemania nazi, una cinta de san Jorge de 300 metros de largo fue conducida a través de la ciudad por los separatistas prorrusos. La procesión estaba encabezada por Denis Pushilin, presidente de la autoproclamada RPD. El 18 de mayo dijo que tenía un plan para el futuro de la ciudad: «La ecología de la ciudad y sus alrededores se ha visto dañada por las obras de la siderúrgica Azovstal, por lo que queremos convertir Mariúpol en un balneario».

(Publicado originalmente en Mediapart.)

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El duro discurso de Alberto Fernández en la Cumbre de las Américas

"Ser el país anfitrión no otorga la capacidad del derecho de admisión"

El presidente criticó fuertemente la exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua, así como la política de bloqueos implementada históricamente. Mencionó la necesidad de un gravamen a la renta inesperada, criticó "el endeudamiento insostenible" que otorgó el FMI al Gobierno de Mauricio Macri, ratificó el reclamo por la soberanía sobre las islas Malvinas. Y denunció: "Se ha utilizado a la OEA como un gendarme que facilitó un golpe de estado en Bolivia". Invitó a Biden a participar de la próxima reunión de la Celac. "Espero ansioso su invitación", le respondió Biden.

 

Desde Los Angeles

"Lamento que no hayamos podido estar presentes todos los que debíamos estar, en este ámbito tan propicio para el debate". Ya en el inicio de su discurso en la reunión plenaria de la Cumbre de las Américas, el presidente Alberto Fernández habló sin rodeos. Criticó fuertemente la exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua --aunque sin nombrar a este último país--, así como la política de bloqueos implementada históricamente. Mencionó la necesidad de que los países de la región implementen un gravamen a la renta inesperada. Criticó "el endeudamiento insostenible" que otorgó el FMI al Gobierno de Mauricio Macri. Y denunció: "Se ha utilizado a la OEA como un gendarme que facilitó un golpe de estado en Bolivia", reclamando que el organismo sea reestructurado, "removiendo por completo a quienes lo conducen".

Lo hizo, como aclaró también en esa introducción, en su carácter de presidente de la Celac. Desde esa misma representación, sobre el final su fuerte y contundente mensaje, invitó al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a participar de la próxima reunión plenaria de la Celac, que se planea en Buenos Aires, en diciembre próximo. 

Retomó así el guante que había lanzado Nicolás Maduro el lunes pasado, al realizar públicamente el mismo pedido.  

"Espero ansioso su invitación", le respondió Joe Biden cuando, al finalizar el discurso, se acercó a saludarlo. 

“Creo que empezamos fuerte”, dijo luego el presidente anfitrión, como un modo de descontracturar el momento, en sus palabras de cierre (ver nota aparte). "A pesar de algunos desacuerdos relacionados con la participación, en los temas sustanciales lo que escuché fue unidad y uniformidad”, concluyó.

"Más allá de las palabras, la relación con Estados Unidos es excelente. Nunca una relación bilateral se va a ver afectada si sus interlocutores hablan con claridad", definió el embajador Jorge Argüello al finalizar el discurso, consultado sobre el impacto de sus palabras en el tablero geopolítico actual. Y confirmó la realización de la reunión bilateral que el presidente mantendrá a fin de julio con Biden en Washington, tal como acordaron en la conversación telefónica que mantuvieron recientemente. 

"Hubiésemos querido otra cumbre"

Tal como anticipó Página/12, el discurso de Alberto Fernández adoptó un fuerte tono crítico, que abarcó no sólo la geopolítica, sino cuestiones que hacen a la política interna como la renta inesperada --a nivel local, el gobierno acaba de enviar el proyecto de gravamen al Congreso, definido por el ministro de Economía como "un estricto acto de justicia social"-- y la denuncia por el "endeudamiento insostenible" que tomó el gobierno de Mauricio Macri. 

Tal vez los ocho minutos que el discurso tuvo como límite --como el de todos los mandatarios que participaron, Biden en la apertura, y luego los presidentes de Bélice, Panamá, Paraguay-- contribuyeron a que cada idea fuese expresada con contundencia. Aun cuando el discurso abarcó una cantidad de temas, que incluyeron hasta la defensa de los derechos humanos como símbolo de la democracia argentina y el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas. 

"Definitivamente hubiésemos querido otra Cumbre de las Américas. El silencio de los ausentes nos interpela. Para que esto no vuelva a suceder, quisiera dejar sentado para el futuro que el hecho de ser país anfitrión de la Cumbre no otorga la capacidad de imponer un 'derecho de admisión' sobre los países miembros del continente", enfatizó Fernández en un tramo de su discurso.

Lo desigual

"El mundo central ha fijado reglas financieras evidentemente inequitativas", denunció también. "Desde la periferia en la que nos colocan, la América Latina y el Caribe miran con dolor el padecimiento que sobrellevan pueblos hermanos".

En este tramo recordó que "Cuba soporta un bloqueo de más de seis décadas impuesto en los años de la Guerra Fría y Venezuela tolera otro, mientras que una pandemia que asola a la humanidad arrastra consigo millones de vidas". "Con medidas de ese tipo se busca condicionar a gobiernos, pero en los hechos solo se lastima a los pueblos", concluyó.

Además de denunciar el rol de OEA en Bolivia, criticó puntualmente, dirigiéndose a Biden: "Se han apropiado de la conducción del Banco Interamericano de Desarrollo que históricamente estuvo en manos latinoamericanas. Fueron desbaratadas las acciones de acercamiento a Cuba, en las que el Papa Francisco medió, que habían significado avances logrados por la administración de Barack Obama, mientras usted era vicepresidente". 

"La OEA, si quiere ser respetada y volver a ser la plataforma política regional para la cual fue creada, debe ser reestructurada removiendo de inmediato a quienes la conducen", reclamó. "La Banca de Desarrollo Regional, sin más demoras, tiene que volver en su gobernanza a América Latina y el Caribe. El BID requiere un proceso de capitalización para tener más y mejores medios de financiamiento", pidió también.

La deuda y la renta inesperada

"La intervención del gobierno de Donald Trump ante el Fondo Monetario Internacional, fue decisiva para facilitar un endeudamiento insostenible en favor de un gobierno argentino en decadencia. Lo hizo con el solo propósito de impedir lo que acabó siendo el triunfo electoral de nuestra fuerza política. Por tamaña indecencia sufre hoy todo el pueblo argentino", denunció también. Aunque en este punto el cuestionamiento apuntó a la responsabilidad del gobierno argentino que tomó la deuda, la co-responsabilidad del organismo que otorgó el préstamo quedó flotando, implícita, en la enunciación.

En el último tramo del discurso, introdujo el tema de la renta inesperada. "Ante tanta desigualdad, debemos plantear la necesidad de políticas impositivas progresivas, aun cuando las élites domésticas nos presenten como un peligro para la calidad democrática", evaluó, poniendo en escena lo amplio y diverso que puede ser el concepto de 'democracia', como se ha visto en esta cumbre. "La renta inesperada que la guerra entregó como un regalo a grandes corporaciones alimenticias, petroleras y armamentísticas, debe ser gravada para mejorar la distribución del ingreso", afirmó. 

Cambio climático, Malvinas, Derechos Humanos

Sobre el cambio climático, un tema que atraviesa uno de los ejes de esta cumbre, habló en términos de "injusticia ambiental": "Somos acreedores ambientales", definió a América Latina y el Caribe. "Aportamos oxígeno al planeta y no somos responsables de emitir los gases que provocan el efecto invernadero", ubicó.

Sobre el final, dejó sentado que "seguimos reclamando por las vías diplomáticas los legítimos derechos que nos caben sobre nuestras Islas Malvinas". Y definió: "Vengo de un país humanista donde consagramos el valor de los derechos humanos como el corazón de nuestra identidad y siempre defenderemos su vigencia en todos los ámbitos".

Fue en ese momento que Alberto Fernández frenó su discurso, dio media vuelta y señaló la omisión geográfica del logo de la Cumbre de las Américas: las Islas Malvinas no estaban incluídas en el mapa que simboliza el continente americano. 

Para el cierre, eligió citar la frase de Perón: Unidos o dominados. "Unidos por la 'casa común' o dominados por la codicia económica. Unidos por el multilateralismo o dominados por la polarización. Unidos por la democracia con inclusión social o dominados por el individualismo y la miseria colectiva", fue el nuevo llamado de la hora.

El discurso completo

Señor Presidente de los Estados Unidos,

Señoras y Señores Jefes de Estado y de Gobierno

Señoras y Señores

Quiero empezar estas palabras estimando los esfuerzos realizados en la organización de esta Novena Cumbre de las Américas. Lamento que no hayamos podido estar presentes todos los que debíamos estar, en este ámbito tan propicio para el debate.

Hoy me toca hablar en mi condición de presidente pro tempore de la Celac. Somos la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe. Allí convivimos en la diversidad y nos respetamos. Tenemos miradas distintas, pero compartimos preocupaciones semejantes en este presente tan complejo.

Nos preocupa que América Latina y el Caribe hayan emergido de la pandemia como la región más endeudada del mundo en desarrollo. El peso promedio de la deuda externa supera el 77 % del producto bruto regional. Nos preocupa la informalidad laboral que hoy supera el 50 %. Nos duele esta suerte de “lotería del nacimiento” que hace que quienes nacen en humildes pueblos de nuestra región, vean reducir casi 15 años sus expectativas de vida respecto de quienes nacen en barrios acomodados.

¿Por qué padecemos semejantes penurias si nuestra tierra nos ha dotado para producir alimentos y energía como a muy pocas regiones del mundo? La respuesta se encuentra en el orden global. El mundo central ha fijado reglas financieras evidentemente inequitativas. Unos pocos concentran el ingreso mientras millones de seres humanos quedan atrapados en el pozo de la pobreza.

Desde la periferia en la que nos colocan, la América Latina y el Caribe miran con dolor el padecimiento que sobrellevan pueblos hermanos. Cuba soporta un bloqueo de más de seis décadas impuesto en los años de la “Guerra Fría” y Venezuela tolera otro mientras que una pandemia que asola a la humanidad arrastra consigo millones de vidas.

Con medidas de ese tipo se busca condicionar a gobiernos, pero en los hechos solo se lastima a los pueblos.

Definitivamente hubiésemos querido otra Cumbre de las Américas. El silencio de los ausentes nos interpela. Para que esto no vuelva a suceder, quisiera dejar sentado para el futuro que el hecho de ser país anfitrión de la Cumbre no otorga la capacidad de imponer un “derecho de admisión” sobre los países miembros del continente. El diálogo en la diversidad es el mejor instrumento para promover la democracia, la modernización y la lucha contra la desigualdad.

Presidente Biden. Estoy seguro de que es momento de abrirse de modo fraterno en pos de favorecer intereses comunes. Los años previos a su llegada al Gobierno de los Estados Unidos de América, estuvieron signados por una política inmensamente dañina para nuestra región desplegada por la administración que lo precedió. Es hora de que esas políticas cambien y los daños se reparen.

Se ha utilizado a la OEA como un gendarme que facilitó un golpe de estado en Bolivia. Se han apropiado de la conducción del Banco Interamericano de Desarrollo que históricamente estuvo en manos latinoamericanas. Fueron desbaratadas las acciones de acercamiento a Cuba, en las que el Papa Francisco medió, que habían significado avances logrados por la administración de Barack Obama, mientras usted era vicepresidente. La intervención del gobierno de Donald Trump ante el Fondo Monetario Internacional, fue decisiva para facilitar un endeudamiento insostenible en favor de un gobierno argentino en decadencia. Lo hizo con el solo propósito de impedir lo que acabó siendo el triunfo electoral de nuestra fuerza política. Por tamaña indecencia sufre hoy todo el pueblo argentino.

En esta Cumbre debemos analizar el presente y proyectar el mañana en pos de una reconstrucción creativa del multilateralismo. No se puede imponer un pensamiento único en un mundo que exige la armonía sinfónica frente a los dramas comunes.

Aquí permítanme señalar la urgente necesidad de reconstruir las instituciones que fueron pensadas precisamente para integrarnos.

La OEA, si quiere ser respetada y volver a ser la plataforma política regional para la cual fue creada, debe ser reestructurada removiendo de inmediato a quienes la conducen.

La Banca de Desarrollo Regional, sin más demoras, tiene que volver en su gobernanza a América Latina y el Caribe. El BID requiere un proceso de capitalización para tener más y mejores medios de financiamiento.

En la América en la que vivimos, tampoco son admisibles las exclusiones al bienestar, al financiamiento sostenible, a la diversificación productiva, a la tecnología para el progreso social y a la equidad de género. Asumamos el desafío de atender las causas profundas que ponen en tensión nuestra convivencia democrática.

El mundo está siendo amenazado por oportunistas del odio que siembran desánimo en pueblos muy golpeados por la pandemia. Es hora de enfrentarlos.

América Latina y el Caribe saben de la necesidad de la integración como una condición básica para lograr el desarrollo.

La invasión de Rusia sobre Ucrania impacta de lleno sobre nosotros. Es urgente construir escenarios de negociación que le pongan fin a la catástrofe bélica. Sin humillaciones ni deseos de dominación. Sin geopolítica deshumanizada ni privilegios de violencia.

Que la tragedia humanitaria que vivimos no nos ciegue. Estoy convencido de que estamos frente a la oportunidad de plantearnos el desarrollo de una verdadera Asociación Estratégica Común. Les propongo dos grandes objetivos: organicemos continentalmente la producción de alimentos y proteínas y desarrollemos nuestro enorme potencial energético y de minerales críticos para la transición ecológica.

Vengo de un país humanista donde consagramos el valor de los derechos humanos como el corazón de nuestra identidad y siempre defenderemos su vigencia en todos los ámbitos.

Precisamente por eso nos resulta natural pensar en la construcción de un futuro sostenible, resiliente y equitativo, como reza el lema de esta cumbre. No he venido a Los Ángeles a discutir cuándo hacerlo. El momento es hoy. El hambre ataca. Solo debemos debatir cómo hacerlo.

Ante tanta desigualdad, debemos plantear la necesidad de políticas impositivas progresivas, aun cuando las élites domésticas nos presenten como un peligro para la calidad democrática. La renta inesperada que la guerra entregó como un regalo a grandes corporaciones alimenticias, petroleras y armamentísticas debe ser gravada para mejorar la distribución del ingreso.

¿Para qué nos eligieron si no es para llevar adelante medidas en beneficio del conjunto de la población y no de unos pocos? No hay teoría del derrame de riqueza que haya funcionado. Ya es hora de que tomemos nota y actuemos en consecuencia.

El cambio climático también nos enfrenta a nuevos desafíos. El Caribe lo padece de modo dramático y no hay tiempo para esperar respuestas. Somos acreedores ambientales. Aportamos oxígeno al planeta y no somos responsables de emitir los gases que provocan el efecto invernadero. La injusticia ambiental que vivimos destruye nuestro continente. Debemos enfrentar la transición ecológica contando con auxilios financieros suficientes que movilicen la innovación con justicia social.

Argentina es un país pacífico. Seguimos reclamando por las vías diplomáticas los legítimos derechos que nos caben sobre nuestras Islas Malvinas. Seguimos confiando en el diálogo. Tras la tragedia de la pandemia, observamos a las guerras como el triunfo de la insensibilidad humana.

Debemos construir juntos, en unidad, un renovado humanismo, que, como enseña el Papa Francisco, comience por los últimos, para llegar a todos y todas.

Unidos o dominados.

Unidos por la “casa común” o dominados por la codicia económica.

Unidos por el multilateralismo o dominados por la polarización.

Unidos por la democracia con inclusión social o dominados por el individualismo y la miseria colectiva.

Presidente Biden. Estoy aquí tratando de construir puentes y derribar muros. Como presidente de la Celac quiero invitarlo a participar de nuestra próxima reunión plenaria. Sueño que en una América fraternalmente unida, nos comprometamos a que todos los seres humanos que habitan nuestro continente tengan derecho al pan, a la tierra, al techo y a un trabajo digno.  

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En el primer día de encuentro en Los Angeles, López Obrador se ausentó por "la falta de respeto a la soberanía".. Imagen: AFP

La Casa Blanca amagó que iba a invitar a los "autoritarios" Nicaragua, Cuba y Venezuela, pero al final no sucedió y México bajó el nivel de su representación.

Desde Los Ángeles

La IX Cumbre de las Américas comenzó este lunes en Los Ángeles con el primer día de reuniones de organizaciones de la sociedad civil y una confirmación: el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, no viaja al encuentro. El mandatario ya había anticipado que no asistiría si Estados Unidos, el anfitrión, no invitaba a todos los gobiernos del continente. Horas antes de que comenzaran las primeras actividades del encuentro regional en California, se conoció que el país norteamericano había descartado una convocatoria que incluyera a Cuba, Nicaragua y Venezuela.

"No voy a la cumbre porque no se invita a todos los países de América y yo creo en la necesidad de cambiar la política que se ha venido imponiendo desde hace siglos", dijo López Obrador. Aunque la Casa Blanca había adelantado que estaba trabajando en “consideraciones finales” en torno a la lista de invitados, no hubo muchos cambios. El domingo por la noche, la agencia Bloomberg reportó que había quedado descartada la posibilidad de invitar a los tres países excluidos, a pesar de que era una condición de López Obrador para asistir y que la presencia del presidente mexicano era importante para su par norteamericano Joe Biden.

El número de jefes de Estado de América que llegarán a Los Ángeles continúa achicándose. Xiomara Castro de Honduras no estará presente. El lunes se supo que tampoco viajará el presidente uruguayo Luis Lacalle Pou, pero en su caso será por dar positivo en un test de covid-19.

La lista final de asistentes, ya iniciada la cumbre, no se conocía hasta la noche de este lunes. Para Steve Liston, director senior de la organización Consejo de las Américas, la discusión en torno a las invitaciones “es una distracción”, el resultado de una “planificación tardía”. Para él, la ausencia de López Obrador no significa de ningún modo que se termine el valor de la cumbre, dado que México igualmente estará representado.

Sin embargo, la demora en esos aspectos de la planificación, dijo Liston, es “desafortunada”, porque lleva a la región a preguntarse “si Estados Unidos se preocupa” por ella. “Esa es una señal que ha sido enviada”, dijo en diálogo con Página|12.

Para Benjamin Gedan, director interino del Programa Latinoamericano del Wilson Center y exdirector para América del Sur del Consejo de Seguridad Nacional de Barack Obama, la ausencia de López Obrador es “una decepción”. “México es un líder regional y debería ayudar a promover la coordinación durante este período desafiante para Latinoamérica y el Caribe”, dijo a Página|12.

Gedan sostuvo que la ausencia no es tan significativa para la relación entre México y su vecino del norte. “Los dos países han establecido una serie de diálogos bilaterales de alto nivel, lo que refleja su interdependencia económica y la cooperación en temas como migración y antinarcóticos”, agregó. A pesar de su negativa a ir a la cumbre, López Obrador anunció que visitará Washington en julio para reunirse con Biden.

Este lunes, la portavoz de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, fue consultada por la decisión de no invitar a los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela bajo el fundamento de que “los dictadores no deberían ser invitados”, aunque a la vez se esté planificando un viaje de Biden a Arabia Saudita, un país al que en su campaña prometió convertir en un paria. “El presidente está enfocado en hacer cosas para el pueblo estadounidense. Si él determina que es del interés de los Estados Unidos tratar con un líder extranjero, y que ese trato puede dar resultados, entonces lo hará”, justificó la vocera.

Biden llegará a Los Ángeles el miércoles para dar inicio a las reuniones de líderes. Ese día, la agenda estará centrada en temas económicos. El jueves, se enfocará en la recuperación de la pandemia y tocará temas de salud y seguridad alimentaria. El viernes, último día de la cumbre, el principal tema será migración, una cuestión sobre la que Estados Unidos espera lograr una declaración de los asistentes.

La Casa Blanca también fue consultada este lunes sobre cómo hará para que ese debate sobre inmigración sea realmente efectivo cuando los líderes de México y Honduras no asistirán y todavía no había confirmación de parte de los de El Salvador y Guatemala, las principales zonas de interés sobre esta cuestión para Estados Unidos. “Somos capaces de tener una serie de conversaciones y realmente enfocarnos en nuestra agenda”, se limitó a decir la portavoz.

Durante lunes y martes, la cumbre está sobre todo enfocada en el diálogo entre representantes de organizaciones de la sociedad civil, encuentros del sector privado y un foro en formato híbrido para la juventud.

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Fantasmas de Miami ponen en riesgo la Cumbre de las Américas

El problema no está en los invitados, sino en que EU no entiende los cambios en AL y ya no tiene la misma influencia, señalan analistas

 

Nueva York., El anfitrión de la Cumbre de las Américas se encuentra atrapado entre América Latina y Miami, y en vísperas del inicio del encuentro programado a partir hoy y hasta el día 10 en Los Ángeles, lo que se presentaba por el gobierno de Joe Biden como un festejo de su "nueva relación" con el hemisferio ahora está en riesgo de ser un posible fracaso vergonzante para un presidente en urgente necesidad de triunfos.

Cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció el 10 de mayo que no participaría personalmente en la cumbre si se excluía de la lista de invitados a países del hemisferio, en particular referencia a Cuba, Venezuela y Nicaragua –posición después endosada por Bolivia, Honduras y varios de los 15 países de la Comunidad del Caribe (Caricom)–, obligó al gobierno de Joe Biden a hacer explícito lo que buscaba dejar medio borroso: optar entre las Américas o Miami.

Esta primera cumbre realizada en Estados Unidos desde el acto inaugural en Miami, en 1994, seguía ante la incertidumbre a 24 horas de su inicio y son precisamente los fantasmas de Miami los que podrían descarrilar la reunión; los sectores conservadores poderosos de ese epicentro de fuerzas contra-rrevolucionarias latinoamericanas y sus aliados estadunidenses que se oponen a la inclusión de Cuba y Venezuela en estas cumbres.

Por ahora, Biden y sus estrategas están optando por privilegiar la relación con la capital de la derecha latinoamericana inexplicablemente ignorando lo que el presidente Barack Obama –con Biden como vicepresidente– finalmente entendió hace unos pocos años: la política estadunidense hacia Cuba dañaba la relación de Washington con casi todo el hemisferio.

El senador Marco Rubio, una de las principales voces del poder de Miami, rechazó que López Obrador dictara lo que Estados Unidos debería de hacer en su fiesta hemisférica. En una audiencia en el Senado el 26 de mayo, declaró: “no creo que Estados Unidos de América debería de ser buleado o presionado sobre a quién invitar a una cumbre de la cual somos anfitrión. Si no quiere venir, que no venga… Y si gente que desea que dictadores vengan deciden boicotear, entonces sabremos quiénes son los verdaderos amigos en la región…”

Según expertos, diplomáticos y algunos políticos, el problema mayor no está en La Habana, Caracas o Managua, sino en un Washington que aparentemente no ha entendido los cambios en América Latina y que a pesar de la proclamación de Biden de que “America is back”, ya no tiene la misma influencia ni poder que en el siglo pasado.

De hecho, la Casa Blanca afirma que el objetivo de la política estadunidense en esta cumbre es promover "la visión de una región segura, de clase media y democrática como algo que está fundamentalmente en el interés de seguridad nacional de Estados Unidos". Más aún, se afirmó que la agenda económica que promoverá es una que "se construye sobre los acuerdos de libre comercio en el hemisferio" y "abordar temas de equidad". O sea, el mismo guion, aunque diluido, que se estrenó en la primera cumbre en Miami en 1994.

Christopher Sabatini, experto en la relación interamericana y por mucho tiempo promotor de la importancia de estas cumbres, escribió en Foreign Policy que sin un cambio en la postura de Washington, esta cumbre podría ser percibida como "la tumba de la influencia estadunidense en la región".

Dan Restrepo, quien fue asistente del presidente Barack Obama para asuntos del hemisferio occidental y encargado de su participación en dos cumbres, escribió en un artículo en Los Angeles Times, que la Cumbre de las Américas ha fracasado en ofrecer resultados desde sus inicios, y aunque fue originalmente pensado como "un vehículo para promover los intereses de Estados Unidos en América" ahora es “un foro con un fallo mortal que no sirve a su propósito…”, y aconseja que ésta debería de ser su última sesión.

El historiador Miguel Tinker Salas, profesor en Pomona College, y colaborador de La Jornada, señaló en entrevista con Los Angeles Times que la posición de López Obrador mostró una fractura en la hegemonía estadunidense, que Washington gozaba cuando inauguró las cumbres en 1994, pero que "ahora es otra América Latina, y no entiende eso. Estados Unidos ya no es el imperio que hace o deshace" las cosas en el hemisferio.

Vale recordar que la Cumbre de las Américas nació del llamado "consenso de Washington" que planteaba un hemisferio de "democracias de libre mercado" vinculadas por acuerdos de libre comercio que culminaría en un Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). México fue el modelo a seguir con el TLCAN.

Una década después se escuchó "ALCA, ALCA, Al carajo", la consigna famosa lanzada por el entonces presidente Hugo Chávez en el foro social alternativo a la cumbre en Mar de la Plata en 2005. Con pala en mano, declaró que llegó a la cumbre junto a organizaciones sociales hemisféricas y los gobiernos sudamericanos progresistas "para enterrar el ALCA". Eso marcó el fin de ese sueño neoliberal expresado en el consenso de Washington. (Ver Manuel Pérez Rocha: https://www.jornada.com.mx/notas/2022/05/23/politica/cumbre-de-las-americas-nunca-mas-un-alca/ ).

Desde entonces, los cambios en varios países del hemisferio –incluyendo atentados de golpe de Estado y conquistas derechistas tanto en sur, centro e incluso en Estados Unidos– a nuevas dinámicas políticas progresistas antineoliberales siguen transformando el continente.

Mucho de esto se manifestará en los próximos días en Los Ángeles.

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Cumbre de las Américas: una semana clave para la política exterior de Biden

El encuentro en Los Ángeles empieza este lunes con el foro de organizaciones de la sociedad civil

 Ante la exclusión de Venezuela, Cuba y Nicaragua a la cita, la principal ausencia podría ser la del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. La cumbre viene a mostrarle al presidente de EEUU. cómo está su relación América latina y el Caribe.

 

Desde Washington, DC

Empieza una semana clave para el Gobierno de Joe Biden en materia de política exterior. Este lunes, en la ciudad de Los Ángeles, California, representantes de la sociedad civil, el sector privado y de los gobiernos del continente se reunirán en el marco de la IX Cumbre de las Américas. No todos: no hay invitación de Estados Unidos para los presidentes de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Luis Arce de Bolivia dijo que no irá. La lista final de asistentes no se conoce, aunque falten horas para que los mandatarios de la región empiecen a aterrizar en la soleada costa oeste del país norteamericano.

La principal ausencia podría ser la del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, quien adelantó que no asistirá si no se convoca a todos los países de la región. Estados Unidos excluye del encuentro a Daniel Ortega, Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel, líderes de Nicaragua, Venezuela y Cuba respectivamente, por considerarlos no democráticos. Durante la última semana, la Casa Blanca dejó entrever que estaba teniendo “consideraciones finales” sobre la lista de invitados y dijo que la anunciaría “pronto”, pero a horas del inicio, todavía no hubo novedades.

Un conteo del Consejo de las Américas también tiene escrito en lápiz la asistencia de los jefes de Estado del llamado Triángulo Norte: El Salvador, Guatemala y Honduras. Los tres países son señalados en la política de migración de Washington como los emisores de personas que atraviesan México y llegan a la frontera con Estados Unidos. Una eventual ausencia de los líderes de estos países, sumada a la de López Obrador, sería directamente perjudicial para los objetivos de la Casa Blanca sobre esta cumbre, en la que pretende alcanzar un nuevo acuerdo de migración para la región.

La semana pasada, el principal asesor de Biden para América Latina, Juan González, dijo en una llamada con periodistas que el mandatario estadounidense “quiere personalmente” que López Obrador esté en la cumbre.

Inmigración, diversidad y DD.HH.

Esta nueva edición del foro regional, la segunda que Estados Unidos organiza desde la cumbre de 1994 en Miami, contará con tres espacios de discusión paralelos. El primero será el foro de organizaciones de la sociedad civil, que comienza este lunes y estará enfocado en temas de inmigración, diversidad y derechos humanos. También habrá un encuentro del sector privado, en el que el debate pasará por la recuperación económica después de la crisis causada por la pandemia de covid y la transformación tecnológica de la región. Para el tercer foro está convocada la juventud en un formato híbrido para discutir sobre cambio climático, corrupción y conectividad.

Las miradas estarán puestas, sobre todo, en la reunión de líderes. La cumbre, para el país anfitrión, será sobre todo un termómetro que le permitirá estimar qué influencia real tiene actualmente en el continente. En ninguna parte de la agenda que se conoce hay mención a China, el elefante en la región. Sin embargo, la competencia con el gigante asiático es una de las principales preocupaciones de la Casa Blanca.

Para los jefes de Estado de América Latina y el Caribe será más bien una evaluación. En los cuatro años de presidencia de Donald Trump, la política exterior de Washington hacia América se limitó sobre todo a la oposición contra Cuba y Venezuela y a promover un muro en la frontera con México. El exmandatario incluso faltó a la anterior Cumbre de las Américas, que se llevó a cabo en Perú en 2018. Envío en cambio a su vice, Mike Pence.

La llegada de Biden al gobierno en enero de 2021 generó expectativas en una región que se había sentido ignorada durante los cuatro años anteriores. El demócrata, con una larga trayectoria en la política estadounidense, podría generar una nueva relación. Pero ahora, un año y medio de mandato después, tiene pocos resultados para mostrar en ese frente. Bajo su administración, el foco de Estados Unidos estuvo puesto principalmente en recuperarse de la pandemia, que causó más de un millón de muertes en el país norteamericano. Está, a nivel exterior, concentrado en Europa del Este, en Ucrania, en ver qué hace Rusia.

Esta nueva edición de la Cumbre de las Américas que comienza este lunes viene a mostrarle a Biden el verdadero estado de la relación con América Latina y el Caribe. Al resto, le permitirá ver cuánto está dispuesto a hacer Washington si quiere competir con China en la región.

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Volodimir Zelenski confirmó que Rusia controla un 20 por ciento de Ucrania

Moscú ya tiene el control del 20 por ciento del territorio ucraniano.. Imagen: AFP

El conflicto bélico llega al día 100 con las tropas rusas avanzando en el este de Ucrania. Mientras Kiev espera la llegada del armamento prometido por Estados Unidos

 

A 100 días del inicio de la invasión de Rusia a Ucrania, la exrepública soviética confirmó que Moscú ya tiene el control del 20 por ciento del territorio ucraniano. Mientras que el Kremlin advirtió que continuará la ofensiva pese a las promesas de Washington de dotar a Ucrania con armas de última tecnología. El ejército ruso redobló su ofensiva en la región del Donbass y atacó la ciudad occidental de Lviv. El jefe de la OTAN, Jens Stoltenberg se reunió con el presidente estadounidense Joe Biden y advirtió que occidente debe preparse para una larga guerra de desgaste.

100 días de guerra

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, reconoció que las tropas rusas controlan un 20 por ciento del país. "Hoy, alrededor del 20% de nuestro territorio está controlado por los ocupantes, es decir, cerca de 125.000 kilómetros cuadrados", dijo el jefe del gobierno ucraniano en un discurso telemático ante el parlamento de Luxemburgo. Por otra parte, alertó que aunque el ejército ruso se retiró de un tercio de los lugares ocupados cerca de 30.000 kilómetros cuadrados están minados. Aseguró que diariamente mueren 100 personas en el este de Ucrania y entre 450 y 500 resultan heridas.

El mandatario precisó que antes de la invasión iniciada el 24 de febrero las fuerzas del Kremlin controlaban unos 43.000 kilómetros cuadrados. Rusia controla la península de Crimea desde 2014 cuando la región declaró su independencia y un año después fue incorporada por Moscú a la federación rusa. Además, afirmó que el territorio ucraniano bajo control ruso es mucho mayor que la superficie de países como Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo.

Según Zelenski, las tropas rusas entraron a 3.620 localidades del país, de las cuales 1.017 fueron liberadas por el ejército de Ucrania. Una gran parte de la región de Lugansk está bajo control ruso mientras las tropas del Kremlin avanzan sobre la última ciudad de esa región: Severodonetsk.  Moscú también controla una buena parte del sur y del este de Donetsk, incluyendo el puerto de Mariupol con salida al mar de Azov. La ciudad de Sloviansk en Donetsk donde el ejército ruso mantuvo bombardeos intensos esta semana.

Hacia el sur el ejército ruso tiene el control de ciudades como Melitopol en la región de Zaporiyia y Jersón ubicada en la región homónima. En el noreste del país, las tropas rusas tienen el control de zonas en el oriente de la región de Jarkov.

Más armas

El presidente ucraniano aprovechó la ocasión para reiterar el pedido de ayuda internacional para la defensa de la exrepública soviética. En este sentido recordó que sin el suministro de armas pesadas su país no está capacitado para enfrentar el avance de “los invasores”. Esta semana Estados Unidos le prometió a Ucrania el envío de misiles de largo alcance. Washington aseguró que Kiev le dio garantías de que no utilizará las armas para atacar territorio ruso y que sólo será usado con fines defensivos.

Más tarde en otra intervención por videoconferencia en el foro GLOBSEC, un think tank eslovaco sobre seguridad global en Europa y que tiene sede en Bratislava, Zelenski aseguró que el suministro de armas a Ucrania puede marcar un antes y un después en el conflicto bélico. Según el mandatario hay “potencial para un punto de inflexión”.

A su turno, el asesor presidencial Oleksiy Arestovych aseguró que los misiles de largo alcance de Washington son capaces de alterar completamente el rumbo de los combates "Puede cambiar de forma radical las reglas de juego en los principales frentes", indicó citado por medios ucranianos. Añadió que con ese armamento Kiev podrá disparar contra sistemas de lanzacohetes rusos. "Así no podrán acumular recursos para enviarlos luego a combate", señaló.

Avance del Kremlin

Mientras que Rusia aseguró que cumplirá con los objetivos de su llamada campaña militar en Ucrania sin importar el envío de armamento confirmado por Estados Unidos. "El semejante suministro de armamento cada vez más moderno a Ucrania no cambia los parámetros de la operación militar especial. En cualquier caso, sus objetivos serán alcanzados", declaró el portavoz de la presidencia rusa, Dmitri Peskov, en la rueda de prensa telefónica que realiza a diario.

El gobierno ruso advirtió que los envíos de armas que “hipotéticamente pueden ser usados contra Rusia” pueden hacer que la situación tome un rumbo muy desfavorable. "Eso provocará más sufrimiento a Ucrania que simplemente es un instrumento en manos de los países que le envían armamento", aseguró Peskov.

El ejército intensificó los ataques en el este de Lugansk, según confirmaron las autoridades ucranianas que aseguran que el objetivo principal es la ciudad de Severodonetsk. Según el gobernador de esa región, Sergi Gaidai, el 80 por ciento de la ciudad está ocupada por las tropas rusas. En la región de Lviv, al oeste de Ucrania, un misil ruso impactó contra la vías de un tren. La zona es clave para el envío de armas y otros suministros que llegan a Kiev.

El jefe de la OTAN, Jens Stoltenberg, aseguró que occidente se tiene que preparar para una larga "guerra de desgaste" en Ucrania. Stoltenberg habló tras reunirse con el mandatario estadounidense Joe Biden en la Casa Blanca para preparar la cumbre de la alianza militar de occidente que está prevista para fines de junio en Madrid.

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