Fotografía EFE/ Johnson Sabin

En Haití las protestas generalizadas no cesan. Si en las últimas semanas las manifestaciones se venían convocando contra el empeoramiento de las condiciones de vida, esta semana entró con fuego momentos después de que se anunciara de cuánto subirán los precios de los carburantes en el país antillano. El miércoles fue el día más álgido con la capital Puerto Príncipe paralizada y escenario de multitudinarias manifestaciones, pero hasta este viernes las protestas no cesaban.

 

El pasado domingo, el Gobierno de Ariel Henry anunció la quita de subsidios para los combustibles, alegando la escasez de fondos para sostenerlos, lo que constituyó la chispa que encendería la mecha para que las protestas se intensificaran. El precio fijado por el gobierno para el galón (3,79 litros) de gasolina se incrementará de 2 dólares a 4,78 dólares; el de diesel subirá de 3 dólares a 5,60 dólares y el de querosén de 3 dólares a 5,57 dólares. Se acusa a las propias autoridades de la importante escasez de combustibles, para con ello encontrar pretextos para aumentar el precio de los carburantes.

Esto constituyó la ira para que las protestas antigubernamentales se multiplican y han sido cada vez más numerosas en Puerto Príncipe y otras grandes localidades, lo que ha llevado a la paralización total de las actividades, con organismos públicos, comercios y bancos cerrados y sin transporte. También se han llevado a cabo manifestaciones en otras localidades como Cayes, Petit-Goave y Jérémie, Tabarre, Delmas, Pétion-Ville, Croix des Bouquets viviéndose jornadas de tensión.

En el día más álgido del miércoles, cuando la furia del pueblo dio un giro violento, en las protestas en Puerto Príncipe los manifestantes levantaron barricadas y les prendían fuego, al tiempo que sectores más desesperados por su situación realizaban saqueos. En Petit-Goave, a pocos kilómetros de Puerto Príncipe, se llevaron adelante fuertes actos de protestas contra sedes de empresas, entre ellas la Banque Nationale de Crédit, Electricité d’Haiti y Sogebank, lugares que ven como símbolos económicos. Se exige que el Gobierno revierta su decisión de aumentar el precio de los derivados del petróleo pero también su demisión.

Este viernes las protestas no cesaban. La salida del poder del primer ministro, Ariel Henry, es la condición que ponen los manifestantes para abandonar las calles, cuando este viernes continuaban envueltas de nuevo en el humo de neumáticos, barricadas y locales ardiendo tanto en Puerto Príncipe como en otras localidades como St. Marc y Gonaïves.

Y aún no se ha anunciado cuánto costará el transporte público tras esta subida de los combustibles, que también hará incrementarse el precio de los productos de primera necesidad, lo que puede llevar a que las protestas se intensifiquen aún más, y Haití entre en estado de rebelión generalizada. Las manifestaciones que se intensifica en todo el país son una expresión de total descontento con la acción del gobierno. A estas horas se calculan alrededor de 10 muertos.

En menos de un año, el Gobierno del primer ministro, Ariel Henry, ha aumentado dos veces el precio de los combustibles en las estaciones de gasolina, lo que ha encarecido aún más el coste de la vida en un país sumido en una de las mayores crisis sociopolítica y económica sin precedentes. Una crisis que se agravó tras el asesinato en julio del año pasado del presidente Jovenel Moïse.

Luego del magnicidio, Estados Unidos y países aliados (Core Group) había impuesto su “solución” a la crisis haitiana al imponer a Ariel Henry como Primer Ministro del país. En 14 meses, el poder de turno no ha hecho más que agravar las miserias de la población haitiana. Las ya precarias condiciones de vida se deterioraron aún más. La crisis del combustible es solo la punta del iceberg. El primer ministro Ariel Henry y su gabinete tienen poder absoluto y no responden ante nadie.

Una explosión mayor se encuentra a la vuelta de la esquina. Y Haití ya viene de protagonizar muchos estallidos sociales, el último y más importante de ellos en febrero del año pasado cuando el entonces presidente Moise se negaba a renunciar al cargo a pesar de que amplios sectores de la oposición consideraban que su mandato había finalizado. El pueblo haitiano necesita tomar su destino en sus propias manos, solo con la masividad de las movilizaciones y las medidas de fuerza de los trabajadores y la protestas en las calles pueden acabar con los ajustes de Ariel Henry, sostenido por Estados Unidos, y derrotar su política de hambre y miseria.

Por Milton D'LeónCaracas / @MiltonDLeon

Viernes 16 de septiembre

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Haití: violentas protestas por la delincuencia y alza en costo de la gasolina

Puerto Príncipe. Los residentes de la capital de Haití se refugiaron ayer en sus casas en una nueva jornada de protestas violentas en la que sonaron disparos, neumáticos ardieron en las calles y manifestantes arrojaron piedras, en una airada respuesta a la delincuencia y los previstos nuevos incrementos en el precio del combustible ante la falta de subsidios gubernamentales.

Un video difundido en redes sociales muestra a decenas de haitianos dispersándose en una calle tras las ráfagas de disparos, y luego cambia a escenas de personas atendidas por aparentes heridas de bala.

Durante la jornada dos personas murieron entre las calles de Delmas 3 y Delmas 17, según la plataforma Vant Bef Info, información que no fue confirmada por las autoridades.

Temprano, en Champs de Mars, la principal plaza pública del país y muy cercana al palacio nacional, instalaron barricadas de neumáticos encendidos, al igual que en Canapé Vert, Tabarre, Delmas, Kenscoff y en la zona del aeropuerto.

Las movilizaciones también se registran en otras ciudades del país, como Les Cayes, Petit Goave y Cabo Haitiano, zonas del sur y este, que desde hace dos semanas crecieron las protestas contra la escasez de hidrocarburos en el mercado oficial, el alto costo de la vida y una inflación que alcanza 30 por ciento, su nivel más alto en una década.

La violencia crónica de las bandas ha dejado gran parte del país fuera del control del gobierno y los brotes de batallas territoriales entre grupos armados han dejado cientos de muertos y miles de desplazados.

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Reuters: Venezuela logró desacelerar la hiperinflación sorpresivamente

Mientras el mundo lucha por contener el aumento de los precios, Venezuela, donde la hiperinflación ha producido un éxodo de millones de personas, está logrando frenarlo, y de manera inesperada.

El gobierno del presidente Nicolás Maduro ha logrado frenar la inflación con una caja de herramientas de políticas económicas ortodoxas, dijeron cinco fuentes familiarizadas con el asunto y analistas. El aumento de los precios del petróleo también ha proporcionado a la nación de la OPEP los ingresos necesarios.

La estrategia del Gobierno venezolano depende de la estabilización del tipo de cambio mediante el aumento de la oferta de divisas en efectivo en los bancos locales, al mismo tiempo que limita la expansión del crédito, reduce el gasto público y aumenta los impuestos, dijeron las fuentes a la agencia de noticias Reuters.

La tasa de inflación anualizada de Venezuela se ubicó en 167% durante el mes de mayo y se mantiene entre las más altas del mundo. Pero los precios han aumentado a tasas de un solo dígito desde septiembre, un alivio bienvenido en un país donde la inflación anual alcanzó un máximo de más del 130,000% en 2018.

De hecho, la vicepresidenta Ejecutiva, Delcy Rodríguez, dijo a un grupo de ejecutivos en mayo que Venezuela había “emergido de la hiperinflación”.

Si bien Venezuela ha tenido dos décadas de políticas económicas estatistas bajo las administraciones de Nicolás Maduro y Hugo Chávez, el enfoque de Rodríguez a la situación ha sido "sorprendentemente ortodoxo". Los analistas lo compararon con la decisión del presidente Maduro en 2019 de marcar el comienzo de una era de dolarización de facto al permitir más transacciones en monedas extranjeras.

A medida que los precios más altos del petróleo impulsaron los flujos de divisas a Venezuela, el banco central duplicó su suministro semanal de dólares a los bancos locales en el primer semestre.

La oferta a los bancos locales alcanzó los $1.300 millones en este período, más que los casi $1.000 millones ofrecidos en todo 2021, según cálculos de la firma local Síntesis Financiera.

Moneda se desaceleró 18%

El enfoque parece estar funcionando. La depreciación de la moneda local, el bolívar, se desaceleró al 18% de su valor en el primer semestre, desde una depreciación del 50% en el mismo período del año pasado.

Algunos siguen siendo escépticos.

El Gobierno “tiene una política de estabilización del tipo de cambio a toda costa, que incluye también la pérdida de reservas internacionales”, dijo José Guerra, economista y director del Observatorio Venezolano de Finanzas.

No obstante, Delcy Rodríguez y sus asesores también han buscado la estabilidad del tipo de cambio controlando el gasto público y el crédito bancario, dijeron las fuentes.

Control de la liquidez

La liquidez, la cantidad de dinero en circulación, ha crecido menos que en otros períodos, y los recortes de gastos se han sentido en los empleados públicos, cuyos salarios aumentaron solo una vez este año, ampliando la brecha salarial entre los trabajadores del sector público y privado.

Mientras tanto, el banco central ha restringido el crédito al establecer requisitos de reserva para los bancos en un 73% de sus depósitos, por lo que hay menos fondos disponibles para prestar a la industria, dijeron dos fuentes.

El ministro de Industria, Hipólito Abreu, calificó la estrategia como “una medida para evitar la presión sobre el dólar, para protegernos” en una reunión este mes en respuesta a las solicitudes de los empresarios sobre la revisión de los límites de los préstamos.

Mientras tanto, el Gobierno busca aumentar los ingresos con nuevos impuestos, como uno sobre las transacciones en moneda extranjera, mientras el jefe de Estado intenta promover el uso del bolívar sobre el dólar.

El impuesto ha tenido un efecto parcial. Una medición realizada por la firma local Ecoanalítica calcula que en marzo el 48% de los pagos de bienes en Caracas se realizaron en moneda extranjera, frente al 59% de octubre pasado.

“Con el impuesto buscamos fortalecer el uso de la moneda local, recuperar la confianza y estabilizar el tipo de cambio”, dijo Ramón Lobo, diputado a la Asamblea Nacional.

Por: Aporrea | Martes, 02/08/2022

 

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Boric presentó un ambicioso proyecto de reforma tributaria.. Imagen: AFP

"Esta reforma es a favor de una mayor equidad y no es en contra de nadie. Es para una mejor distribución de la riqueza que todos generamos", aseguró Boric desde el Palacio de La Moneda.

 

El presidente de Chile, Gabriel Boric, presentó este viernes un proyecto de reforma tributaria que establece impuestos a las grandes mineras, a la riqueza y un aumento del impuesto a la renta de los que más tienen. Con estas medidas Boric buscará recaudar el dinero necesario para implementar las transformaciones sociales de su plan de gobierno. "Esta reforma es a favor de una mayor equidad y no es en contra de nadie. Es para una mejor distribución de la riqueza que todos generamos", señaló el mandatario chileno desde el Palacio de La Moneda en Santiago.

"Un colchón de certidumbre" para Chile

"El objetivo de una reforma tributaria es justamente avanzar en mayor equidad, avanzar en mayor igualdad y avanzar en mayor cohesión social", dijo Boric desde la sede de gobierno. El joven mandatario remarcó que para gastos permanentes se necesitan ingresos permanentes, que puedan financiar los derechos sociales y "darle un colchón de seguridad, tranquilidad y certidumbre a las familias de Chile en educación, salud, desarrollo regional, equidad territorial".

Además pretende generar un reparto más equitativo de los recursos y promover "un desarrollo más sustentable" a nivel económico, social y medioambiental para avanzar hacia "un país más justo" e igualitario, en la línea de las economías modernas y los Estados del entorno de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). "Los principios (de la reforma) van más allá del gobierno de turno, son principios de justicia del pacto tributario que estamos planteando al país", señaló el jefe de Estado chileno.

Boric destacó, además, el "carácter regional" descentralizado del sistema propuesto, apuntando a una "equidad territorial" que en el largo plazo potencie la inversión pública en sectores históricamente postergados y alejados del centro. "El poder tener más recursos para usarlos de manera eficiente y transparente, cuidando el gasto en tiempos de alta inflación, es algo que destaco de esta reforma, así como su simplificación", enfatizó el presidente de izquierda.

El impuesto a los más ricos

Entre las medidas anunciadas este viernes se destacan la reestructuración del impuesto a la renta, elevando el aporte de las personas de mayores recursos; la reducción de las exenciones tributarias, la aplicación de un nuevo royalty minero e impuestos correctivos que apuntan a promover la preservación del medio ambiente. Además reestructura la imposición de las empresas, pero respecto a los inversionistas extranjeros se mantendrá el régimen tributario actual. 

El ministro de Hacienda, Mario Marcel, admitió que en Chile "tenemos una brecha importante" que se expresa en componentes como el impuesto a la renta personal y la propiedad. "En el caso de ingresos personales estamos muy por debajo de la OCDE actual e incluso de los años 70, lo mismo en tributaciones, la propiedad. Es un sistema con capacidad muy limitada para redistribuir la riqueza en nuestro país", explicó el ministro, quien insistió en que la reforma se basa en una investigación sobre las inquietudes expresadas al respecto por los ciudadanos. 

En este sentido, Marcel aseguró que es "progresiva", por lo que los más ricos pagarán más, y se basa en valores como "la equidad, la transferencia y la eficiencia", además de "el compromiso en el cumplimiento", la corresponsabilidad y flexibilidad para adaptarse a la evolución y los cambios que impongan el futuro. Estas subas solo las sufrirán quienes ganen más 4.500 euros mensuales (4,691 dolares).

El royalty minero, es decir, las regalías que se recaudan a las grandes mineras y explotadores de cobre del país, también es uno de los ejes de la propuesta. El objetivo será aumentar la tributación de la gran minería del cobre, definida como aquellos explotadores de cobre con producción mayor a 50 mil toneladas métricas de cobre fino al año.

El ministerio de Hacienda proyecta que el aumento de precio del cobre permitirá tener mayores recaudaciones al fisco. El ministro Marcel declaró que el diseño de royalty minero, a pesar de aumentar la recaudación impositiva, "mantiene los incentivos a la inversión que permitirán seguir desarrollando el sector minero".

Baja recaudación tributaria

La reforma también introduce una vertiente educativa que simplifica el trámite para hacerlo más accesible a los ciudadanos y herramientas de asistencia al contribuyente para que sepa cómo se gestionan sus impuestos. La recaudación tributaria en Chile supuso el 19,3 por ciento del PBI en 2020, según la OCDE, muy por debajo del promedio en Latinoamérica, el 21,9 por ciento, y de este propio organismo, un 33,5 por ciento.

Con la nueva reforma, Chile pretende incrementar la recaudación anual en un 4,3 por ciento del PBI, incluida el 0,7 por ciento de las ayudas a los más necesitados, aseguró el ministro Marcel. Según sus cálculos, la reforma obligará a pagar más impuestos "a un tres por ciento de la población" en un país con los mayores índices de desigualdad de la OCDE. 

El organismo de cooperación internacional compuesto por 38 estados ya venía advirtiendo que la recuperación de la economía chilena no sería sólida sin una reforma fiscal a la que se han resistido desde décadas los partidos políticos y los empresarios, y que fue una de las piedras angulares del programa de gobierno con el que Boric llegó al poder el pasado marzo.

La justicia social fue una de las principales demandas de los cientos de miles de chilenos que salieron a las calles en 2019 en el estallido social que permitió el ascenso de la izquierda y la reforma de la Constitución, que será sometida a plebiscito en septiembre y que también incluye un importante capítulo de derechos sociales. 

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La Red para la Justicia Fiscal denuncia que, vía acuerdos opacos, hay una riqueza oculta de 10 billones de dólares a través de terceros países. Este monto equivale a más de 2.5 veces el valor de todos los billetes y monedas de dólares y euros que hay en circulación actualmente en todo el mundo.Foto Ap

Las siete economías más grandes apoyan el secreto financiero

Estados Unidos es el país que con su sistema financiero, legislación y peso económico más contribuye a que las personas de altos ingresos oculten su riqueza. Las facilidades que da la economía más grande del mundo para el encubrimiento de activos duplica a las de Suiza, de acuerdo con el Índice de Secreto Financiero de la Red para la Justicia Fiscal.

"La provisión de servicios de secreto financiero, como los que utilizan los oligarcas rusos, los evasores de impuestos y los políticos corruptos, va en descenso en todo el mundo debido a las reformas sobre transparencia", pero Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Alemania e Italia son responsables de frenar en más de la mitad estos avances, de acuerdo con el informe. La Red para la Justicia Fiscal denuncia que, vía acuerdos opacos, hay una riqueza oculta de 10 billones de dólares a través de terceros países. Este monto equivale a más de 2.5 veces el valor de todos los billetes y monedas de dólares y euros que hay en circulación actualmente en todo el mundo.

De acuerdo con el informe, los países que encabezan el Índice de Secreto Financiero son Estados Unidos, Suiza, Singapur, Hong Kong, Luxemburgo, Japón, Alemania, Emiratos Árabes Unidos, las Islas Vírgenes Británicas (territorios británicos de ultramar) y Guernsey (dependencia de la Corona británica). México está en la posición 82.

El índice identifica que la negativa de Estados Unidos al intercambio recíproco de información con las autoridades fiscales de otros países es una de sus principales contribuciones a la opacidad en la transparencia de activos; esto, mientras 100 economías comparten datos automáticamente sobre las cuentas financieras que los no residentes en sus jurisdicciones.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos informó en 2020 que ese intercambio automático de información logró aportar transparencia a más de 11 billones de dólares en patrimonio y activos que estaban ocultos, consigna el reporte de la Red para la Justicia Fiscal.

"Resulta hipócrita que Estados Unidos, en virtud de la Ley de cumplimiento tributario de cuentas extranjeras (Fatca, por sus siglas en inglés) y los acuerdos intergubernamentales asociados (IGA, por sus siglas en inglés), sí exija que todos los países compartan información sobre las cuentas financieras en el extranjero de los contribuyentes estadunidenses, mientras que, por su parte, comparte poca o ninguna información", condena el reporte.

Se prevé que los países del G-7 se comprometan esta semana a aplicar sanciones a los activos ocultos de los oligarcas rusos, pero Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Japón e Italia se encuentran entre los países que más contribuyen a la opacidad en la información financiera, 12.7 por ciento en todo el mundo.

Es decir, prácticamente las siete economías más importantes del mundo, con excepción de Francia y Canadá, encabezan los listados de facilitadores para ocultar riqueza. "El G-7 debe aclarar cuál es su posición en la lucha contra el secreto financiero comprometiéndose a un registro mundial de activos", exigió Alex Cobham, director ejecutivo de la Red para la Justicia Fiscal .

El informe agrega que Rusia aumentó su contribución al secreto financiero mundial 5.5 por ciento, y pasó del puesto 44 al 43 de la clasificación, luego de promulgar una ley que permite la creación de fundaciones privadas o "fondos personales" sin que sus titulares deban estar registrados en una autoridad pública y después de que dejara de compartir estadísticas bancarias bilaterales con el Banco de Pagos Internacionales.

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Sábado, 09 Abril 2022 06:02

El asalto de los millonarios

Fuentes: Rebelión - Foto: Bezos, Buffet y Musk, tres de los hombres más ricos de EE.UU. y del mundo.

¿Qué inventó Jeff Bezos? ¿Qué inventó Bill Gates? ¿Qué inventó Steve Jobs? ¿Qué inventó Mark Zuckerberg? Históricamente hablando, nada, aparte de algunos maquillajes a siglos de progreso acumulado.

Los discursos sobre el capital que aportan los millonarios en impuestos y lo mucho que reciben los pobres y la clase media de esta forzada generosidad, son todo un género literario. Es más, este género es cultivado sobre todo por los de abajo, tal como reza el principio del genio de la propaganda Edward Bernays: nunca se debe decir que lo que uno quiere vender es bueno sino hacer que los demás lo digan.

Que los pobres y los trabajadores (disculpen la redundancia) defiendan a los ricos como bondadosos donantes, es el resultado directo de semejante estrategia publicitaria y, como el mismo Bernays sabía, no se trata sólo de una inoculación masiva sino de una explotación de las debilidades del consumidor, como lo es el deseo de distinguirse de sus iguales y, un día, aunque sea un día muy lejano, alcanzar a ser parte de esa inalcanzable elite. 

 En realidad, los millonarios no le dan nada a la sociedad. Solo le devuelven con los impuestos una mínima parte de lo que han tomado de ella gracias a su posición de poder en los negocios (que es prácticamente la única forma de entrar al club del uno por ciento).

A esta devolución convenientemente se la califica “redistribución de la riqueza” como si se tratase de una donación o de un robo que los de abajo, los holgazanes trabajadores, le hacen a los sacrificados e intelectualmente superdotados de arriba. Pero la misma palabra esconde la verdad. No es una “distribución” de la riqueza producida por un pequeño sector de la sociedad, sino una “redistribución” de la riqueza producida por la totalidad de la sociedad, no sólo la existente sino todas las sociedades que nos precedieron y le dejaron a la Humanidad un legado de conocimientos, descubrimientos, invenciones, luchas sociales y progreso. 

En otras palabras, todo sistema económico es un sistema de redistribución de la riqueza, sea de arriba hacia abajo a través de los impuestos o de abajo hacia arriba a través de la producción y el consumo. 

Pero los mitos sociales son funcionales al poder y, como tales, son una máscara semántica, un espejo ideológico que se encarga de reflejar la realidad, pero al revés. Como en realidad son los millonarios quienes le roban a los trabajadores cada día y de forma masiva (les roban no sólo riqueza sino representación política), la narrativa ideológica insiste en que son perversos quienes quieren quitarle a los millonarios para dárselo a los pobres con “impuestos que castigan el éxito”. Este es otro mito profundamente arraigado en la sociedad, producto del mismo proceso de propaganda de quienes tienen un poder social desproporcionado, es decir, quienes dominan la economía y las finanzas, quienes son dueños de los grandes medios o son sus subsidiarios a través del pago de publicidad, quienes están sobrerepresentados en la política.

La misma lógica lleva a que no pocos trabajadores (sobre todo en Estados Unidos y en sus colonias) repitan otro mito: son los ricos quienes crean trabajo. Son los ricos quienes crean prosperidad.

Otro mito indica que los ricos son exitosos porque saben competir. Muchos de ellos pueden ser creativos, pero su creatividad no está invertida en crear algo nuevo sino en apoderarse de lo creado. Las loas a proyectos privados, como Space X de Elon Musk, es presentada como el paradigma de la innovación privada. Lo paradójico es que todo su proyecto espacial está sentado sobre casi un siglo de éxitos y fracasos de agencias espaciales de gobiernos como la NASA, el Programa espacial de la Unión Soviética y, mucho antes, los descubrimientos y progresos del gobierno nazi de la Alemania de Hitler. Space X no sólo usa todo este conocimiento acumulado y por el cual no invirtió ni una moneda, sino, incluso, las mismas instalaciones de la NASA y su dinero, es decir, dinero de los impuestos. 

Los ricos no compiten; destruyen la competencia. Los ricos no crean riqueza; la acumulan. Los ricos no crean conocimiento; los secuestran: los ricos no crean ideas; las demonizan. 

Los pequeños y medianos empresarios compiten cada día por ofrecer un servicio y, de esa forma, obtener ganancias que les permitan sobrevivir y, en lo posible, prosperar. Pero las megaempresas como Amazon o Walmart basan su éxito no en la competencia sino en la progresiva destrucción de esa competencia, la cual comienza siendo la aniquilación de pequeños negocios a través de prácticas como el “dumping” encubierto (venta a pérdida). Luego continúa con la aniquilación de otros monstruos, como en Estados Unidos ocurrió con todo tipo de cadenas como Sears o Radio Shack. Se puede argumentar que el servicio de Amazon es efectivo, pero cualquiera en cualquier momento de la historia con una acumulación superior de capitales será efectivo porque cada nueva innovación estará a su disposición. 

Ahora son adulados como los que “crearon el mundo en el que vivimos”. ¿Qué inventó Jeff Bezos? ¿Qué inventó Bill Gates? ¿Qué inventó Steve Jobs? ¿Qué inventó Mark Zuckerberg? Históricamente hablando, nada, aparte de algunos maquillajes a siglos de progreso acumulado. Todo fue inventado antes o después por otros que no llegaron a millonarios ni sufrían de esa terrible patología psicosocial. Desde los algoritmos inventados por el matemático persa Al-Juarismi (o Algorithmi) en el siglo IX hasta las computadoras, Internet, los softwares, el correo electrónico, las redes sociales y todo tipo de instrumento que, para bien y para mal hacen posible nuestro mundo, todo o casi todo fue creado por inventores e investigadores asalariados y casi todo fue financiado por algún gobierno. En la mayoría de los casos ni existía el capitalismo como etapa histórica y cuando existió sus genios no fueron capitalistas, con una o dos excepciones dudosas.

No nos dejemos confundir por la propaganda mediática ni por la industria cultural. El objetivo de todo gran negocio, de toda gran empresa no es ni aportar un invento a la Humanidad ni beneficiar a nadie más que a sus dueños a través del secuestro y la acumulación de una riqueza producto de una larga historia de progresos tecnológicos y sociales, producto de un vasto esfuerzo del resto de la sociedad con sus instituciones públicas y privadas. Pensar lo contrario es como insistir que el trabajo del pescador que tira sus redes al mar consiste en reproducir peces. Toda megaempresa es eso: una gigantesca red de pescador. Todo lo demás es verso, y no del mejor.

Los millonarios se justifican solo por su poder económico, por la propaganda que transpira este poder y por el poder político que secuestran para beneficiar sus propios negocios. Esta propaganda es tan efectiva que puede falsificar la realidad hasta que un sacrificado vendedor de choripanes con dos asistentes se identifique con alguno de estos héroes posmodernos (ahora divinizados como entrepreneurs o emprendedores) y descargue su frustración y su furia política contra sus compañeros de clase que sólo se distinguen de él porque son empleados, no patrones. Pero los tres son trabajadores; ni entrepreneur ni Jeff Bezos ni Mauricio Macri.

Un millonario puede ser una buena persona, pero su rol histórico y social es el robo legalizado del resto de las sociedades. Un robo sexy, está de más decir, porque una gran parte del pueblo quiere ser millonaria, como en los cuentos de Hadas. Pero, como en los cuentos de hadas, sólo una pobre cenicienta puede casarse con el príncipe; no dos y mucho menos un millón. En el club del uno por ciento no hay lugar para más, sino para menos. 

Por Jorge Majfud | 09/04/2022

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El senador Bernie Sanders exhibió también que un puñado de fondos buitre de Wall Street tienen un enorme control sobre muchas industrias y dominan 50 por ciento de los multimedia de Estados Unidos. Foto Ap

Antecedentes: Desde hace casi cinco años enuncié que los tres "gigabancos" BlackRock/Vanguard/StateStreet controlaban, en ese entonces, la mitad de Wall Street: "Nunca acaba de asombrar el grado de reconcentración de la riqueza propiciada por la desregulada globalización financierista que propende por su naturaleza intrínseca al darwinismo oligopólico o casi monopólico" (https://bit.ly/3oYB8uM).

Hace siete años Russia Today desnudó a los cuatro (sic) gigabancos oligopólicos, incluyendo a Fidelity, que "controlan al mundo financierista" (http://goo.gl/UjlfE3). Hace 10 años, el anterior legislador texano Ron Paul señaló que "los Rothschild poseen acciones de las principales 500 trasnacionales de la revista Fortune" que son controladas por "los cuatro grandes (The Big Four): Black Rock, State Street, FMR (Fidelity) y Vanguard".

Fue cuando comenté que "los banqueros esclavistas Rothschild forman parte de las ocho (sic) familias que controlan los cuatro megabancos que dominan Wall Street". ¡Y todavía la maquinaria propagandística de guerra anglosajona pretende engañar con que su plutocracia ciber-bancocrática –que políticamente es una "anocracia" (https://bit.ly/3oYnEPS)– es una democracia!

Hechos: Nada menos que el admirable "judío progresista" Bernie Sanders (BS), en una audiencia ante el Comité del Presupuesto del Senado que preside, fustigó la "codicia de Wall Street" y la creciente oligarquía en Estados Unidos (https://bit.ly/3gZIHx8), donde sentenció que “hoy, en Estados Unidos, sólo tres firmas de Wall Street –Black Rock, Vanguard y State Street– manejan 22 billones de dólares de activos (que) constituyen los principales accionistas de más de 96 por ciento (sic) de las empresas que cotizan en S&P 500”, lo cual refleja una "influencia significativa en varias centenas de empresas que emplean a millones de trabajadores estadunidenses y, de facto, a la economía entera". ¡Y eso que BS no citó a Fidelity, uno de los cuarto gigabancos de Wall Street!

El gigabanco Fidelity, con sede en Boston, que se le pasó mencionar a BS, ostenta 4.9 billones de dólares de "activos bajo manejo" (Assets Under Management: AUM; https://bit.ly/359JKaN). Si agregamos los "activos bajo manejo (AUM)" de Fidelity por 4.9 billones a los 22 billones de dólares de los otros tres gigabancos, pues prácticamente representan el PIB entero de Estados Unidos, cuando ni cuadran ya a esos niveles las etéreas y deletéreas cifras.

BS acotó que los tres gigabancos BlackRock/StateStreet/Vanguard –¡sin Fidelity!– "controlan 22 billones de dólares en activos", poco menos de los casi 24 billones de dólares del PIB entero de Estados Unidos.

Según el FMI, el "PIB nominal" de Estados Unidos se encuentra en 22.9 billones de dólares. Más que una precisión micrométrica del PIB y de la pantagruélica fortuna de los cuatro gigabancos, que prácticamente degluten todo el PIB de Estados Unidos, lo que vale la pena es su abordaje cualitativo y semicuantitativo.

A juicio de BS, los gigabancos son a su vez los principales accionistas de algunos de los máximos bancos de Estados Unidos –que yo he denominado "megabancos"– como JP Morgan Chase, Wells Fargo y Citibank, y exhibió que, además de los "tres grandes (Big Three)" gigabancos, "un puñado de fondos buitre de Wall Street" –empresas de fondo de capital privado (private equity)–, también tienen un enorme control sobre muchas industrias y dominan 50 por ciento (sic) de los multimedia de Estados Unidos (¡mega-uf!). Los fondos buitre se hicieron famosos gracias a la depredación deliberada del israelí-estadunidense Paul Elliott Singer, de Elliott Management, que ha descuartizado a Argentina (https://bit.ly/33wi5k2).

Conclusión: El senador republicano Mike Braun le replicó a BS que no estaba seguro de que el tópico de la codicia de Wall Street forme parte de la jurisdicción del Comité del Presupuesto (https://bit.ly/33vJSRA).

En efecto, la jurisdicción en el Congreso ha sido, desde hace mucho, rebasada y horadada en cualquiera de sus comités por el infinito poder político de los cuatro gigabancos de Wall Street que tienen secuestrado a un país entero con sus más de 333 millones de habitantes esclavizados ciberfinancieramente.

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Lunes, 31 Enero 2022 05:51

Reseteados

Reseteados

DAVOS Y LOS MILLONARIOS INDIGNADOS POR LA DESIGUALDAD

 

Los diez hombres más ricos del mundo tienen seis veces más que el conjunto de los 3.100 millones de personas más pobres. La distancia crece y sus sombras atemorizan incluso a los más beneficiados.

                       

  • Los informes se suceden y las conclusiones son las mismas: las desigualdades entre ricos y pobres han llegado a niveles desconocidos desde, por lo menos, comienzos del siglo XX. El año pasado se cerró con la difusión de un macroestudio del Laboratorio sobre la Desigualdad Global (véase «Mundo Musk», Brecha, 7-I-22) y 2022 se abrió con uno de Oxfam que reafirma el anterior y aporta datos complementarios. El documento de la ONG británica («Las desigualdades matan») se presenta como un balance de lo sucedido desde el inicio de la pandemia de covid-19. Parte de marzo de 2020 y llega a noviembre último. En ese lapso, dice Oxfam, los diez hombres más ricos del planeta duplicaron sus ya siderales fortunas: ganaron, en promedio, unos 15 mil dólares por segundo, es decir unos 1.300 millones al día, para llegar a acumular una riqueza seis veces mayor a la que tienen, todos juntos, los 3.100 millones de personas más pobres del planeta.

Los milmillonarios siguen siendo una pequeña elite: 2.755 en todo el mundo, hasta donde Oxfam pudo contar, pero son casi unos 700 más que antes de la pandemia. Están, entre ellos, los dueños de las GAFAM (sigla de Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft), el cowboy espacial Elon Musk, el gurú de Wall Street Warren Buffett, pero se les sumaron, entre otros, cinco ejecutivos de las grandes farmacéuticas, como Pfizer, Biontech, Moderna. «En todo este tiempo, en lugar de vacunar a miles de millones de personas en países de renta media y baja, se generaron 1.000 millonarios gracias a esas vacunas, vendidas por empresas que deciden de hecho quién vive y quién muere», denuncia Oxfam. En el marco de este apartheid de las vacunas, las farmacéuticas se embolsaron unos 1.000 dólares por segundo (86,4 millones por día) en beneficios.

Si los riquísimos crecieron en número –y los bienes destinados a ellos se vendieron bastante más que antes de la pandemia–, los pobres de toda solemnidad, esos que viven con menos de 5,5 dólares por día, aumentaron infinitamente más: en 160 millones. Aun si a los milmillonarios se les sacara, por ejemplo, vía impuestos, el 99 por ciento de su fortuna, dice Oxfam, seguirían siendo más ricos que los pobrísimos.

También creció en el año y medio analizado la brecha entre países y la brecha en el interior de los países más ricos. Y la brecha entre hombres y mujeres, y la que separa a los blancos de los negros o los indios u otras «minorías».

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El informe de Oxfam, además de sus datos, tiene otro mérito: destruye el mito de que los ricos y los riquísimos son ricos y riquísimos debido a sus habilidades, su talento, su capacidad de innovación, su creatividad y que, en definitiva, el resto de los mortales deberíamos estarles agradecidos por tanto empeño, trabajo, generosidad, y por tanta generación de empleo. Pues bien, su fortuna de este año y medio provino, esencialmente, de no hacer nada. De sentarse a esperar y dejar que el precio de las acciones de sus empresas aumentara y aumentara.

«La ironía absoluta de este aumento fabuloso de las riquezas de los ricos –dice el diario francés Libération, que poco puede ser confundido en sus recientes versiones con una publicación de izquierda radical– es la consecuencia directa de políticas públicas de respaldo a la economía para hacer frente a la crisis económica provocada por la pandemia de covid-19. El vertido masivo de dinero decidido por los Estados engendró, en un contexto de tasas de interés sumamente bajas y, en consecuencia, no remuneradoras, una corrida hacia los mercados de acciones. Las fortunas de todos los Elon Musk, Jeff Bezos, Bernard Arnault de este mundo están precisamente asentadas en el valor de las participaciones en las empresas que dirigen o poseen. […] Un ejemplo es el de Apple, la empresa más cara de la historia, que superó recientemente los 3 billones de dólares en la bolsa de Wall Street.»

Quentin Parrinello, representante de Oxfam en Francia, fue más claro aún: «Si esta gente se enriqueció, no fue por la mano invisible del mercado ni por sus brillantes opciones estratégicas, sino principalmente por el dinero público que les fue entregado sin condiciones por los gobiernos y los bancos centrales». Es un fenómeno similar al de las farmacéuticas y los laboratorios productores de las vacunas, que se beneficiaron de gigantescas subvenciones públicas que les generaron aún más gigantescas ganancias privadas. El resultado de todo esto es «más riqueza para unos pocos y más deuda pública para todos», dijo el director de Oxfam en España, Franc Cortada. «No vino solo, no cayó del cielo: es consecuencia de políticas.»

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El informe de Oxfam fue presentado ante el Foro Económico Mundial (FEM), ese «intelectual colectivo» de los poderosos del mundo que se reúne desde hace ya décadas en las alturas de la coquetísima ciudad alpina de Davos, en la riquísima Suiza. La paradoja es solo aparente.

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Fue en 1971 que el ingeniero alemán Klaus Schwab tuvo la idea de crear un ámbito para que los grandes empresarios y banqueros europeos «dispusieran de tiempo y espacio para pensar el mundo en el que viven y proyectarlo hacia el futuro». Lo llamó Simposio Europeo del Management y lo instaló en Davos, una pequeña localidad montañosa (hoy no supera los 11 mil habitantes) promocionada en el siglo XIX para el tratamiento de la tuberculosis por su microclima seco y frío. Thomas Mann ambientó allí La montaña mágica.

Hoy Davos es una (cara) estación de esquí. «Es un lugar ideal para que los grandes empresarios, los creadores de riqueza encuentren el reposo que necesitan para pensar más allá de lo que sus obligaciones les imponen cada día», dijo en su momento Schwab. Unos 15 años después, el simposio salió del marco estrictamente corporativo y regional y dio paso al Foro Económico Mundial, incluyendo a gobernantes, dirigentes políticos de variado pelaje (fundamentalmente conservadores y liberales, pero también socialdemócratas), académicos y «analistas».

Rápidamente el FEM se convirtió en un think tank, una usina de pensamiento de quienes comparten, como premisa fundamental, la defensa de la economía de mercado y «su permanente readecuación a los cambiantes contextos mundiales», según definió hace unos años un alto dirigente de la confederación patronal francesa, quien se presenta como «abierto a las evoluciones societales». Desde la crisis económico-financiera de 2007-2008, se hizo evidente que en el FEM las disputas intercapitalistas estaban en vías de saldarse en favor de los representantes de los sectores empresariales «modernos», que comenzaron a pesar decisivamente en el foro con sus propuestas en favor de un capitalismo supuestamente «moralizado». A la George Soros, a la Joseph Stiglitz, a la Warren Buffett.

Pero también a la Kristalina Georgieva, la búlgara que desde 2019 funge como directora gerenta del Fondo Monetario Internacional, una institución que hasta hace poco incluía invariablemente en su famoso recetario desregular la economía, privatizar todo lo que se pueda y reducir impuestos y salarios, y que ahora propone en todos lados (tanto en países ricos como «emergentes») reformas de la fiscalidad para obligar a los riquísimos a soltar algún dinerillo para las arcas de Estados cuyo papel en cierta medida hoy revaloriza. «El inicio de esta década –escribió Georgieva en 2019– trae recuerdos inevitables de los años veinte del siglo XX: elevada desigualdad, rápido desarrollo tecnológico y grandes retornos en el ámbito financiero.»

En un libro publicado al año siguiente, en 2020, Joseph Stiglitz proponía un «capitalismo progresista» que limara, afirmaba, las apabullantes desigualdades que minan la confianza de la población en el sistema, alteran la «calidad de la democracia», afectan el crecimiento y, a la larga, fomentan eventuales rebeliones que, al decir de Warren Buffett, «no convienen a nadie», menos que menos a los ricos que están («estamos», precisó el gurú de las finanzas) «ganando la lucha de clases».

Hoy las palabras clave para esta gente son refundación, regeneración, reinicio, escribió en 2020, cuando el covid-19 estaba recién en sus balbuceos, el economista español Manuel Garí (Viento Sur, 3-II-20). «El gran reseteo» se tituló la propuesta que en junio de 2020 presentó en Davos Klaus Schwab para reconstruir la economía pospandemia «sobre bases sostenibles». El ingeniero alemán recogía en su planteo parte de las discusiones que habían tenido lugar en la ciudad suiza en enero de ese año durante la última, hasta ahora, de las ediciones presenciales del FEM.

Unos 3 mil grandes empresarios, banqueros, gobernantes y dirigentes políticos de todo el planeta, así como representantes de organizaciones internacionales, se dieron cita en esa ocasión, cuidados por más de 5 mil policías que acordonaron la localidad alpina durante casi una semana. Los señores allí reunidos hablaron de responsabilidad social empresarial, de ética, de economía circular y colaborativa, de fomentar un «capitalismo de los partícipes» en el que «accionistas, clientes, asalariados, empresarios, proveedores» se den la mano, de un capitalismo más distributivo e inclusivo, más «conectado con la economía real que lo que lo ha estado en los últimos años», según dijo Schwab.

Para Davos, apuntó Manuel Garí, «la solución a los problemas generados por el capitalismo no se encuentra en una nueva política y un nuevo modelo productivo y de relaciones de producción y de intercambio, que reorganicen la apropiación del plusvalor y la riqueza entre clases y a nivel mundial, respetando los límites de suministro y carga de la biosfera, sino simplemente en una nueva forma de hacer negocio. Forma que no cuestiona la propiedad y, por tanto, quién tiene el botón rojo de la economía. […] El foro apuesta por el capitalismo productivo (en torno a la digitalización y la robótica) frente al especulativo, sin tener en cuenta la realidad: la imbricación de la producción con la especulación, que ha convertido el dinero en la principal mercancía mundial, y la creación de este por el complejo entramado de las finanzas (viejas y nuevas) en la forma mayoritaria de acuñación, al margen del control de los Estados. Hoy la economía financiera mundial representa un monto casi diez veces superior al PBI mundial. Economía real y financiera son las dos caras del mismo modelo. Y los presentes en el foro lo saben. Podríamos decir que en Davos se dicen cosas a medias y se deciden cosas enteras. Por un lado, se detectan los efectos del funcionamiento del sistema y, por otro, se ocultan las causas de fondo».

Muy claro quedó todo eso cuando, en 2020, Schwab creó un grupo de «expertos» para ir pensando las líneas de la futura «economía colaborativa» en el marco del capitalismo decente y remoralizado que preconiza. A la cabeza del grupo designó al entonces presidente del Bank of America, un señor al que, al parecer, la justicia social le debe preocupar mucho. «Recuerda la fábula de la zorra y las gallinas», comentó Garí.

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El informe de Oxfam sobre las desigualdades que matan fue distribuido en instancias virtuales del foro de Davos.En junio, cuando se prevé Que el FEM vuelva a ser presencial, estará entre los «insumos para la discusión de los líderes económicos, políticos e intelectuales», dijo Schwab. «Somos gente comprometida en mejorar el estado del mundo», dijo también, repitiendo un viejo eslogan del foro.

Algunos creen, acaso buenamente, que efectivamente es así, que del magín de la «clase de Davos», como la define la activista estadounidense Susan George, saldrá algo nuevo y bueno. Señal del estado en que se encuentra eso que alguna vez se llamó pensamiento crítico.

Por Daniel Gatti

27 enero, 2022

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Morris Pearl, presidente de Millonarios Patrióticos.

"Cóbrennos más, háganlo ya"

El planteo, hecho ante el Foro de Davos, se basa en la observación del crecimiento de las desigualdades con la pandemia y el consiguiente aumento de las grandes riquezas. Es un argumento ético pero también de preservación del sistema.

"In tax we trust". Haciendo un juego de palabras con la insignia que llevan impresos los dólares estadounidenses - in god we trust o en dios creemos-, un grupo de alrededor de 100 milmillonarios reinstaló el debate para que se les cobren más impuestos. Fue a través de una carta abierta que publicaron en el marco del Foro Económico Mundial Davos 2022, espacio que recibió fuertes críticas por generar debates desde escritorios que luego no se traducen en acciones concretas.

"La confianza -en la política, en la sociedad, en los demás- no se construye en pequeñas habitaciones a las que sólo pueden acceder los más ricos y poderosos. No está construido por viajeros espaciales multimillonarios que hacen una fortuna con una pandemia pero no pagan casi nada en impuestos y proporcionan salarios bajos a sus trabajadores", apunta el escrito impulsado por el grupo Millonarios Patrióticos, en una directa referencia a algunos de los hombres más ricos del mundo, como Elon Musk y Jeff Bezzos, que participan de la carrera espacial y hasta viajan ellos mismos al cosmos, mientras pagan cada vez menos impuestos. 

Millonarios Patrióticos, por José Pablo Feinmann

"Como millonarios, sabemos que el sistema fiscal actual no es justo. La mayoría de nosotros puede decir que, si bien el mundo ha pasado por una inmensa cantidad de sufrimiento en los últimos dos años, en realidad hemos visto aumentar nuestra riqueza durante la pandemia; sin embargo, pocos, si es que alguno de nosotros, puede decir honestamente que pagamos nuestra parte justa en impuestos", continúa el escrito que apunta al sistema fiscal internacional que "ha sido diseñado deliberadamente para enriquecer aun más a los ricos". 

En este contexto, este grupo de millonarios realiza un pedido poco habitual a los gobiernos del mundo: "Cóbrennos impuestos a los ricos y háganlo ahora". La organización se dio a conocer en 2010 en rechazo a la baja de impuestos a los más ricos durante la administración del ex presidente de los Estados Unidos George W. Bush. Se reconocen como gente que tuvo éxito en el sistema capitalista y  quieren salvar al capitalismo de sus propios excesos. Sus demandas giran en general sobre el incremento del impuesto del patrimonio, una revisión de los agujeros fiscales por los cuales se evaden legalmente impuestos, e incluso aumentos del salario mínimo.

Quiénes son los Millonarios Patrióticos

El grupo es liderado por Morris Pearl, un ex ejecutivo de Blackrock. Entre los firmantes, además de Pearl, figuran Abigail y Tim Disney, nietos y herederos del cofundador de la compañía, Roy Disney, y una lista de empresarios, algunos políticos, inversores y filántropos no sólo de EE.UU sino también de Inglaterra, Canadá, Alemania, Austria, Dinamarca y Groenlandia.

En respuesta a esta carta, un vocero del Foro indicó a Reuters que uno de los principios de la organización es el pago de una cuota justa de impuestos y que "un impuesto sobre la riqueza como el que existe en Suiza, donde tiene su sede la organización, podría ser un buen modelo para su desarrollo en otros lugares".

El debate sobre un impuesto a las grandes fortunas

El debate de gravar las grandes riquezas se impuso firmemente durante la crisis de la pandemia, que agravó y visibilizó las desigualdades entre ricos y pobres de todo el mundo. Durante el 2021 se avanzó en una propuesta similar durante el encuentro de ministros de Economía del G20. Con el objetivo de mitigar las guaridas fiscales se propuso implementar un impuesto mundial global del 15 por ciento a las multinacionales. 

El acuerdo contaba con el apoyo de la mayoría de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)  y se empezaría a cobrar a partir de 2023. Argentina acompañó esta propuesta a pesar de proponer elevar el guarismo por encima de 15. El ministro de Economía Martín Guzmán sugirió entre un 21 y un 25 por ciento. 

La pandemia agudizó la desigualdad

La carta se publicó horas después de la presentación del informe “Las desigualdades matan”  que asegura que entre marzo del 2020 y noviembre de 2021 los diez hombres más ricos del mundo duplicaron su fortuna pasando de 700.000 millones de dólares a 1,5 billones de dólares, a un ritmo de 15.000 dólares por segundo o 1.300 millones de dólares por día. Mientras tanto, más de 160 millones de personas en todo el mundo bajaron al nivel de pobreza respecto al período anterior a la pandemia. Es decir, disponen de menos de 5,5 dólares por día. 

De acuerdo a un estudio hecho por Millonarios Patrióticos junto con Oxfam y otras organizaciones sin ánimo de lucro, un impuesto progresivo sobre la riqueza que comenzara en el 2 por ciento para los que tuvieran más de 5 millones de dólares y aumentara hasta el 5 por ciento  para los multimillonarios, podría recaudar u$s 2,52 billones, cifra que alcanzaría para sacar a 2300 millones de personas de la pobreza y garantizar la asistencia sanitaria y la protección social de los individuos que viven en los países con menores ingresos.

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La eterna lucha por la igualdad: a propósito del último libro de Piketty

La lucha por la igualdad es el motor de la historia. Eso se desprende del último ensayo publicado por Thomas Piketty, un interesante trabajo de historia económica, política y social, más relevante si cabe por el momento histórico en el que se inscribe. Un momento en el que los marcos ideológicos que asentaban nuestra concepción de la economía se han resquebrajado después del impacto de la pandemia. Aunque es prematuro hablar del final del neoliberalismo como paradigma económico imperante, sí que es verdad que algunos de sus dogmas empiezan a resquebrajarse después del impacto social, económico y laboral causado por la pandemia de la covid-19. El fetichismo por la austeridad, una política monetaria restrictiva o la negación del intervencionismo estatal parecen estar guardados en un cajón a la espera de que las fuerzas promercado vuelvan a recuperar la hegemonía ideológica. Una hegemonía que obras como Una breve historia de la igualdad intenta combatir.

Si en sus anteriores obras, Piketty se centraba en el análisis de la desigualdad socioeconómica y en las justificaciones ideológicas y culturales que se han asociado a su mantenimiento en el tiempo, en este ensayo el autor invierte el objeto de estudio. Piketty analiza la búsqueda de la igualdad desde el S. XVIII. Para el economista, la lucha por la igualdad ha sido el hilo histórico que ha ligado luchas, revueltas y revoluciones a lo largo y ancho del globo desde hace más de 300 años, consolidando una tendencia que, con sus avances y retrocesos, camina siempre hacía mayores cotas de igualdad. Cuestiones como un reparto más equitativo de la riqueza, de los ingresos o de las propiedades, el acceso al poder político o el reconocimiento de derechos, pasando por la mejora en los indicadores educativos o sanitarios son ejemplos de esa tendencia.

Sin embargo, es necesario hacer hincapié en cómo el economista francés define la desigualdad ya que se aleja de lecturas economicistas de la misma. Para Piketty la desigualdad es un fenómeno multidimensional cuyas derivadas se relacionan con el poder político, el estatus social, los ingresos, el género, la etnia, las propiedades o el acceso a determinados bienes y servicios y afectan directamente al individuo. El autor considera la desigualdad, por lo tanto, como un conjunto de factores construidos políticamente que afectan al pleno desarrollo de las capacidades y a la autonomía de las personas. La desigualdad serían aquellos condicionantes estructurales que no nos permiten ser individuos autónomos y regir nuestros destinos. Unos condicionantes que emanan de decisiones políticas conscientes de determinados grupos que ostenta el poder y que se benefician de la situación.

La desigualdad, por lo tanto, es política y no es un fenómeno natural. Solo una actuación multidimensional contra la desigualdad puede ser efectiva ya que estos elementos se interrelacionan entre ellos dando lugar a múltiples factores de opresión. Estos factores han sido combatidos con la creación de unos mecanismos institucionales que han permitido transformar las sociedades desigualitarias por sociedades en las que instituciones de carácter más justo permitían consolidar unas estructuras políticas, sociales y económicas más igualitarias. Algunas de estos mecanismos institucionales son la igualdad jurídica, el sufragio universal, el seguro social universal, la progresividad fiscal el acceso a una educación gratuita o las leyes que fomentan la igualdad de género son un ejemplo. Todos estos mecanismos nacen de una serie de movilizaciones políticas y se han ido consolidando a lo largo del tiempo, aunque no sin dificultades. Piketty nos muestra como todas las luchas, revueltas y revoluciones sociales y políticas han sido en favor de la redistribución de la riqueza, el reequilibrio de poder o reconocimiento como grupos con acceso a la esfera política y las han llevado a cabo las mayorías oprimidas por las élites.

Ahora bien, la desigualad no se combate solo con movilizaciones. La consecución de la igualdad también se basaría en una batalla cultural e ideológica que asiente la base teórica y práctica de las nuevas estructuras. Este factor es vital porque la conquista del poder político sin un orden alternativo coherente y legítimo lleva al fracaso de estas experiencias y a la falta de consolidación de los mecanismos que deben estructurar una mayor igualdad. Los movimientos emancipadores deben tener la suficiente imaginación política para asentar nuevos consensos que sean aceptados socialmente. Lucha y hegemonía deben ir de la mano.

No obstante, parte del optimismo histórico que transmite Piketty parece topar con la realidad de los últimos 40 años. Si atendemos a los datos que autores como el propio Piketty, Milanovic o Atkinson han analizado, la tendencia hacía la igualdad parece haberse frenado en seco. La desigualdad se ha acelerado en la mayor parte de las sociedades democráticas y en los países en vías de desarrollo se da una creciente polarización de ingresos y de riqueza. Pero no solo ha habido un aumento de la desigualdad socioeconómica. Las consecuencias de la crisis climática además de las luchas por el reconocimiento de grupos minoritarios y oprimidos generan nuevos ejes de desigualdad que serán combustible para futuras luchas. Vivimos un momento además que, a causa del ascenso de fuerzas políticas reaccionarias a lo largo y ancho del planeta, algunos de los compromisos políticos que cimentan una cierta concepción igualitaria de la sociedad están en retroceso: la democracia representativa, los derechos de las mujeres y de las minorías sexuales o la persecución de la disidencia política se dan o se han dado en Europa y en EEUU.

La lucha, por lo tanto, no ha acabado aún. Y es en los momentos de crisis y tensión, en el momento en que los sistemas políticos y económicos muestran sus costuras cuando las movilizaciones políticas pueden alcanzar su objetivo y cuando las nuevas ideas pueden penetrar en la opinión pública con más facilidad. Las crisis, y la del coronavirus es un buen ejemplo, son ventanas de oportunidades políticas y culturales que facilitan la lucha por instituciones más justas y emancipadoras. Es por eso por lo que las consecuencias de la pandemia deben ser aprovechadas por las fuerzas políticas que defienden proyectos igualitarios y emancipadores. Las izquierdas y todas las opciones políticas preocupadas por el aumento de la desigualdad en las últimas décadas deben aprovechar el contexto actual y tener en cuenta que la igualdad no solo se consigue con movilización y luchas, o con victorias electorales, por aplastantes que estas sean. Para combatir la desigualdad hace falta dar la batalla por las ideas. Producir marcos ideológicos coherentes que aúnen ambición política y posibilidades prácticas. El debate, la reflexión, la experimentación, la negociación y el acuerdo alrededor de qué instrumentos o mecanismos son los más justos para combatir la desigualdad son vitales para que estos sean considerados legítimos socialmente y eficaces en su cometido. Sin poder y sin alternativas ideológicas consistentes no hay cambio posible. La izquierda, por lo tanto, no debe olvidar la batalla cultural si quiere realmente reducir la desigualdad que rompe sociedades y deshumaniza al individuo. Una batalla ideológica que deben llevar a cabo las instituciones u organizaciones de intermediación como son los partidos o los sindicatos.

La consecución de la igualdad es constante. Es un proceso de lucha política y elaboración intelectual continuo para garantizar y consolidar los precarios compromisos sociales, políticos y económicos que combaten la desigualdad. Nunca se debe dar por segura: la lucha por la igualdad es eterna. Economistas como Piketty, Milanovic, Atkinson o Mazzucato ya han realizado su parte del trabajo: han generado y difundido el conocimiento suficiente para crear nuevas instituciones más justas. Ahora es el turno de la política. La movilización social, política y electoral en favor de proyectos políticos igualitarios es más necesaria que nunca y cuenta en su favor con un arsenal de propuestas y un contexto favorable. ¿Qué fuerzas políticas y sociales liderarán las nuevas propuestas igualitarias? Solo el futuro nos lo dirá.

Por Mario Ríos Fernández, analista político, doctorando en la Universitat de Girona y profesor asociado en la Universitat de Barcelona y en la UdG.

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