Gobierno de Evo Morales negocia acuerdos con obreros y médicos para desactivar protestas

La Paz, 14 de mayo. El gobierno de Bolivia negocia acuerdos a contrarreloj con sindicatos de obreros, médicos y paramédicos, para desactivar el clima de protestas sociales en el país, que tuvieron su momento más intenso entre miércoles y viernes de la semana pasada con saldo de una veintena de heridos.
 

Los más influyentes ministros del gabinete del goberante Evo Morales, el de la presidencia, Juan Ramón Quintana, y el del Interior, Carlos Romero, abrieron dos mesas de negociación: el primero con la izquierdista Central Obrera Boliviana (COB), el sindicato más grande del país, y el segundo con los universitarios, médicos y paramédicos.
 

La COB rechaza el incremento salarial de 8 por ciento decretado por el gobierno y exige un salario mínimo nacional equivalente a mil 50 dólares, 10 veces más de la cifra actual, aunque el Ejecutivo anticipó que es inalcanzable.
 

A su vez, médicos y paramédicos se resisten al Decreto Supremo 1126, que aumenta la jornada laboral de seis a ocho horas, pues exigen una retribución económica e ingresan a la sexta semana de huelga y bloqueos esporádicos de carreteras interdepartamentales.
 

Sobre el conflicto de salud, el más serio hasta ahora, el Poder Ejecutivo ofreció un decreto de “inaplicabilidad” al aumento a las horas laborales, hasta que se realice, el próximo mes, una reunión de organizaciones sociales que defina una reforma global de salud.
 

Quintana calificó la elaboración del nuevo decreto de “avance significativo” que, a su juicio, a partir de su promulgación permitirá “despejar” el conflicto, informó la agencia boliviana de noticias Abi.
 

Dijo que la oferta a médicos y paramédicos debe desactivar todas las amenazas de protestas sociales. “Creemos que no existen razones suficientes como para que el sector salud esté movilizado”, insistió.
 

Por su parte, Romero destacó que en el acuerdo se garantiza la práctica y docencia simultánea, preocupación de los estudiantes de las carreras de medicina, odontología, enfermería y tecnología médica.
“En el convenio se establece con mucha claridad que por medio de resoluciones expresas a cargo del Ministerio de Salud, que ya están en proceso de elaboración para su consiguiente notificación al sistema de la universidad boliviana, se garantiza plenamente la docencia simultánea, la asistida y las prácticas de los estudiantes tanto en el nivel pregrado como posgrado”, subrayó.
 

Quintana apuntó que en el diálogo con la COB también se abordó el tema de los descuentos y despidos producto del paro de trabajadores de salud y médicos. Además, anunció que el gobierno remitirá un anteproyecto de ley para modificar dos artículos del Código Penal a solicitud de la COB porque son considerados “violatorios” de sus derechos laborales, destacó Abi.
 

El líder de la COB, Juan Carlos Trujillo, informó al término de la reunión que el tema salarial “aún lo vamos a discutir”.
 

El sector salud organizó protestas callejeras entre el miércoles y el viernes, y protagonizó enfrentamientos con la policía que dejaron al menos 20 heridos, principalmente en las ciudades de La Paz y Cochabamba.
 

Varios empleados de la línea aérea Aerosur comenzaron este lunes una huelga de hambre en demanda del pago de salarios atrasados y de que se acepte la oferta de un empresario estadunidense para salvar a la compañía de la bancarrota.
 

El presidente Evo Morales deploró este lunes que sus adversarios lo insulten a través de la red social Facebook y que convoquen a matarlo, aunque restó importancia a esos mensajes y dijo que seguirá adelante con su proceso de cambio que comenzó en 2006.
 

Morales acusó al popular comentarista de radio y televisión Carlos Valverde de consumir drogas; éste dijo que cuando el mandatario era sindicalista, hace una década, protegió a los productores de coca en la colocación de explosivos contra policías.


Afp

 

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Viernes, 27 Abril 2012 08:58

Bolivia: Novena marcha

Bolivia: Novena marcha
La IX Marcha Indígena ha comenzado. ¿Funcionará como el catalizador del descontento social que se viene expresando de múltiples modos? Según la Fundación UNIR, en el año 2011 se contabilizaron alrededor de 1300 conflictos en el país.

A riesgo de simplificar, se puede afirmar que prácticamente todos fueron y son sectoriales y parciales. Sectoriales porque se trata de reivindicaciones de tipo salarial, tarifario, limítrofe, o relacionadas a actividades económicas informales, pago de bonos a sectores vulnerables, etc. Parciales porque son escasísimas las que proponen cambios estructurales.

De acuerdo a la politóloga cruceña Helena Argirakis, el conflicto interhegemónico (sectores subalternos vs. grupos tradicionales de poder) que caracterizó el panorama hasta el año 2009, se trasladó al interior del campo popular (lucha intrahegemónica). Es lo que el Vicepresidente ha calificado con cierto candor como “tensiones creativas”.

Una administración responsable, prudente pero conservadora en lo macroeconómico, excelentes precios de productos primarios como soya, minerales e hidrocarburos, reservas inéditas en la historia del país (más de 12.000.000 de dólares) atizan en el imaginario de algunos sectores la idea de que es hora de reclamar la parte que consideran suya. Ciertas señales públicas del gobierno han operado como aceleradores de demandas. Aunque se trata de un ejemplo extremo, la reciente legalización de 120.000 vehículos introducidos vía contrabando funcionó como guiño cómplice para casi cualquier reclamo.

El ex ministro Alfredo Rada, que suele hacer reflexiones agudas dentro de la apuesta por profundizar el proceso de cambio, indica que una de las fallas del gobierno es el cortoplacismo en la resolución de conflictos, abandonando el análisis estratégico y las grandes pautas planteadas en la Constitución y el Plan Nacional de Desarrollo del 2006. Una muestra de lo anterior es la variedad de posiciones y estrategias gubernamentales contradictorias y erráticas en torno al conflicto por el Tramo II de la carretera por el TIPNIS.

¿Cuál es el escenario?


A diferencia de la VIII Marcha Indígena, la que se inicia ahora encabezada por la CIDOB no cuenta con el respaldo de algunas de sus propias afiliadas. Esa merma se puede explicar, entre otros fenómenos, por su propia situación de crisis interna, y paralelamente por el despliegue de una estrategia más avispada del gobierno, que ha venido estableciendo convenios bilaterales con sectores indígenas de tierras bajas, condicionando su participación activa en la IX Marcha. Otro elemento es el desprestigio de dirigentes de la CIDOB, que han firmado acuerdos con sectores de la derecha del Departamento de Santa Cruz. Incluso una connotada lideresa, ex ejecutiva de la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas (CNAMIB) aceptó un cargo de sub-alcaldesa de manos del burgomaestre de la ciudad de Santa Cruz, personaje conocido por su gestión favorecedora de los grupos de poder, y además por una administración muy poco transparente.

Paradójicamente, la IX Marcha Indígena amenaza incendiar el ámbito urbano, donde se agudiza la movilización de diferentes sectores, con enorme apoyo del empresariado mediático. No parece casual que uno de las corporaciones más activas sea la de la salud. Luego de un decreto que obliga al personal sanitario a trabajar ocho horas en establecimientos públicos, se desató la furia de este poderoso gremio; una verdadera mafia cuya premisa es la mercantilización de la salud y la producción de billetes, que entre otros mecanismos recurre a la derivación de pacientes de hospitales públicos a clínicas o consultas privadas, donde sí se trabaja ocho horas y más sin inconveniente ni queja alguna. En su protesta han logrado arrastrar a grupos de estudiantes de medicina como tropas de choque, cuyas exhibiciones de fuerza incluyeron la quema de una bandera cubana en la UPEA de El Alto, porque sin dudas simboliza otro tipo de política y ética médica, aborrecida y sistemáticamente vilipendiada por la aristocracia de los galenos.

Fracasados los variados intentos para derrocar al gobierno en años anteriores, todo indica que la derecha apuesta ahora al desgaste desde varios frentes. Recurrir a la memoria histórica es arribar necesariamente a los tiempos del gobierno popular de la UPD (1982-85) cuando las constantes presiones y demandas acabaron echando por la borda más de veinticinco años de acumulación política, abriendo paso al neoliberalismo.
El tiempo que el Movimiento al Socialismo (MAS) ha perdido descuidando el fortalecimiento del instrumento político, obviando planes para la formación de la conciencia crítica informada, y confundiendo participación con masividad, pudiera comenzar a pasarle factura.
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Jueves, 22 Marzo 2012 12:01

Conaie: Carta al pueblo ecuatoriano

Conaie: Carta al pueblo ecuatoriano
Estando en la provincia de Chimborazo Territorio de Nación Puruhuá, cuna de Fernando Daquelema. He sentido la necesidad de dirigirme a los Ecuatorianos y a las Ecuatorianas como una forma de entablar un diálogo fraterno, no sólo para explicar nuestras razones de lucha en esta “Marcha  Plurinacional por el Agua, por la Vida y la Dignidad de los Pueblos del Ecuador”, sino también para incentivar la conversación social entre todos los habitantes del país, especialmente entre todos quienes luchan por otro mundo posible, otro mundo mejor, otro mundo más humano y respetuoso de la Vida de la Pacha Mama, más allá de las fronteras, porque destruirla con el extractivismo capitalista es destruirnos a nosotros mismos, y condenar a nuestros hijos a que viven en un planeta destrozado por la codicia de poder y riqueza de políticos insensibles a la vida planetaria.

En diciembre del pasado año, en un acto público y publicado, nada clandestino, como deben ser los actos políticos, la CONAIE debatió y anunció la realización de una movilización nacional, cuyos objetivos, apegados a los mandatos de la Constitución de Montecristi, son: 1) la redistribución del agua mediante la urgente aprobación de una nueva ley de aguas; 2) una revolución agraria para cuyo inicio es urgente la aprobación de la Ley de tierras y la realización de la reforma agraria, tomando como base la soberanía alimentaria; 3) el cambio del modelo minero-extractivista que hoy se impone por un nuevo modelo, el del Buen Vivir-Sumak Kawsay; 4) la no aceptación de nuevos impuestos que afecten a los pequeños propietarios y productores; y, 5) el cese inmediato de la criminalización de la protesta social y la anulación de los juicios por sabotaje y terrorismo a los 194 líderes y lideresas comunitarias.

Con este fin llamamos a la unidad con todos los sectores sociales organizados, y no con afanes golpistas o desestabilizadores como nos acusa maliciosamente el presidente Correa.

La respuesta obtenida superó nuestras expectativas. De esta decisión colectiva surgió la “Marcha Plurinacional”, recogiendo prioritariamente la iniciativa de las comunidades afectadas por la mega minería, alarmadas por la anunciada firma de las concesiones y por el inicio del primer proyecto minero a cielo abierto en Zamora Chinchipe.

Desde entonces venimos realizando reuniones con nuestras organizaciones de base y con aquellas que se plegaban a la movilización. En estas reuniones recogíamos propuestas, sentires, necesidades, adiciones y se planificaba.

Así surge el tipo de movilización y la fecha. Repito nuevamente: una acción política nada clandestina ni oculta; ni en sus objetivos ni en sus acciones a desarrollarse, que reitero nunca tiene como fin propiciar un golpe de estado o desestabilizar al gobierno.

No es solo una movilización o un reclamo indígena. Amplios segmentos de la población urbana y rural, mestiza, indígenas y de afros han coincidido en la elaboración de una plataforma conjunta y en la movilización plurinacional.

Por eso nuestro asombro ante la reacción del gobierno, de la prensa oficial-pública y de sus partidarios, que en lugar de dar respuesta claras sobre los objetivos de la marcha se apresuró a calificarla de “golpista”, de “intento de desestabilización del régimen” y “desestabilizar la democracia”, de estar “aliada y financiada por la vieja derecha”.

Con esos falsos criterios iniciaron una inmensa campaña nacional e internacional, llegando incluso a convocar, a través de las Embajadas ecuatorianas, movilizaciones en respaldo del régimen, supuestamente amenazado. Nuestras primeras reacciones no fueron de enojo, sino de risa: ¿la respuesta del presidente es por incapacidad de comprender las movilizaciones autónomas de los pueblos organizados, o será que la tan publicitada encuesta del 80% de respaldo al gobierno es una mentira propagandística?

Nosotros nos preguntamos: ¿cuándo la crítica, la movilización popular y las propuestas alternativas han desestabilizado la democracia? A los únicos que la crítica, la movilización y las propuestas han desestabilizado, son a los regímenes autoritarios y a las dictaduras. A las democracias, solamente las han fortalecido.

Porfiado y dejando de lado respuestas objetivas y responsables a nuestras propuestas, el presidente Correa se dedicó a la innoble tarea de activar todo el aparato del Estado, y digo del Estado y no de su Movimiento Alianza País porque casi todos sus “militantes” son funcionarios  gubernamentales, para intentar dividir a las organizaciones de base. Al no darle resultado esta estrategia, termina convocando a “contramarchas”, como lo hicieron gobiernos de la oligarquía; recordemos las contramarchas de Lucio Gutiérrez.

Pero la verdad prevalece con la acción. Una vez iniciada la marcha plurinacional el 8 de marzo, la ciudadanía ecuatoriana se ha ido sumando, tanto a la marcha como a las movilizaciones en las ciudades por donde los caminantes cruzan. En Loja, San Lucas, Saraguro, Oña, Nabón, Cuenca, Azogues, Cañar, Guamote, Colta, Riobamba, la movilización y el apoyo están superando todas nuestras expectativas. En todos estos lugares la solidaridad y el respaldo han coincidido con los objetivos de la marcha. En ningún lugar se ha dicho, y menos hecho acciones que tengan como  propósito desestabilizar el gobierno. Ante esta realidad, el gobierno, incapaz de reconocer sus errores y desbordado por sus propias mentiras, responde con insultos y agresiones racistas, así como con permanentes provocaciones por parte de las fuerzas llamadas a asegurar el orden y la democracia, es decir el derecho constitucional que tiene el pueblo ecuatoriano a expresarse y movilizarse.

También es evidente que a lo largo de la marcha ningún acto de violencia ha sido provocado por nosotros; todo lo contrario, conforme avanzamos en nuestro caminar entablamos diálogo con los y las ecuatorianas, les explicamos las razones de nuestra lucha, ellos nos comparten sus situaciones, problemas y necesidades; nos escuchan y les escuchamos, así avanzamos y la marcha crece y se fortalece.

Ya hemos recorrido la mitad del camino; y pese a los ataques, desinformación y descalificación de parte del gobierno y de funcionarios serviles que en otros tiempos se consideraban nuestros compañeros, y ahora por jugosos sueldos y cargos públicos se han convertido en sirvientes de un gobierno capitalista, racista y enemigo de las organizaciones indígenas y populares. Pero la verdad se va imponiendo, nuestra propuesta está siendo escuchada y alimentada. Cuando lleguemos a Quito, la fiesta democrática será multitudinaria, frente a la cual todo el gobierno deberá dar respuestas claras, concretas y urgentes. Y la lucha por la Vida y la justicia continuará, porque es un clamor en todo el mundo.

Ecuatorianas y Ecuatorianos, la marcha iniciada el 8 de marzo, como justo homenaje a las mujeres luchadores, crece gota a gota, ya es un torrentoso rio que sigue aumentando. Nosotros no regalamos equipos deportivos o balones, no compramos los votos con el bono de la miseria, no sobornamos a dirigentes, no utilizamos millones de dólares del pueblo para movilizar gente, no tenemos dinero para confundir al pueblo en cadenas de televisión. Nuestra propaganda es el ejemplo de nuestros taitas y mamas que fueron dignos ante los opresores de turno. El fuego que nos mueve a marchar y luchar por la vida planetaria no son los dólares, sino el fuego de las ideas libres y libertarias. La fuerza que nos lleva a luchar es el latido del corazón de la Pacha Mama que grita: ¡basta de extractivismo¡ ¡Basta de tratarme como a una mercancía! ¡Basta de tratarme con tanta ignorancia y codicia!

Sin embargo, nuestra lucha es insuficiente sin la participación de todos y todas. Hoy, al igual que en las victoriosas luchas contra el TLC, nuestro grito de combate sigue siendo: ¡Para todos todo, nada sólo para los indígenas! Concluyo recordando las palabras de Taita Leonidas Proaño, que también nos alienta en para continuar defendiendo a la Pacha Mama:

“Busco en todas partes luchadores por la Paz y por la Vida. Debemos actuar antes de que sea demasiado tarde, antes de que la ambición y la locura de unos hombres conviertan a nuestro planeta tierra en una luna muerta, en un cementerio del espacio”
Leonidas Proaño.

“Quito Luz de América, cuna del general Rumiñahui, llegaremos el 22 de marzo”

¡Viva la lucha de los pueblos!

HUMBERTO CHOLANGO

Presidente de la CONAIE
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La marcha ha empezado a las 14.00 locales. El clima es más festivo que indignado, y en el metro que lleva hasta Hyde Park se mezclan sin problemas jóvenes que llevan pancartas caseras contra el Papa con peregrinos de diversas nacionalidades, ataviados con las sudaderas oficiales, que se dirigen hacia el mítico parque de Londres para participar en la vigilia que esta noche celebra la beatificación de John Henry Newman. En el principio de la calle Picadilly un cantante anima la cabeza de la manifestación atea interpretando el Stand by me, mientras el científico y pensador ateo Richard Dawkins y el activista por los derechos homosexuales Peter Tatchell dan entrevistas.

Muchos asistentes portan pegatinas que ponen "Pope Nope" (no al Papa), otros llevan tiaras papales de cartulina morada en la cabeza, algunos van disfrazados de monja, otros muestran carteles caseros. La policía ha dicho que hay unas 15.000 personas, y eso convierte a la protesta en la más numerosa sufrida por Benedicto XVI en sus cinco años de papado, aunque no es tan masiva como la que se dedicó en Berlín a Juan Pablo II en la época de Helmut Kohl.

Ateos, agnósticos, laicos...

Las razones que esgrimen los manifestantes son variadas. Muchos, como Amar Karin, de 19 años, londinense e hijo de padres hindúes, están indignados porque, afirma, "el Estado no debe financiar la visita de un hombre que condena el uso de preservativos en África". Karin se declara ateo, y lleva en la mano un palo de madera con un condón inflado en lo alto y unos carteles pintados con rotulador que critican a Benedicto XVI por haber acogido al obispo negacionista Williamson, por discriminar a los gays y a las mujeres y por permitir que un 70% de los abusadores sigan formando parte de la Iglesia.

Los eslóganes que se leen en las pancartas son de variable inspiración, entre lo irónico y lo más hiriente: "La homofobia papal cuesta vidas"; "los valores ateos son tan buenos como los tuyos"; "las mentiras del Papa persiguen a los homosexuales";"la religión es estúpida, un asunto de crímenes y prohibiciones"; "Delitos, no pecados"; El Papa es el jefe de la mayor banda de pedófilos", "Papa dimisión"; "No queremos pagar impuestos por prédicas venenosas".

La marcha ha reunido a militantes por los derechos de los homosexuales, ciudadanos agnósticos y ateos, laicos radicales y algunas víctimas de abusos. El señor Edmonds, de 60 años, director de cine, va disfrazado de Papa de la cabeza a los pies. Cuenta que ha venido desde Gloucestershire para participar en la marcha. Lleva en la mano un gran crucifijo con un cordón y cuando le piden una foto lo coloca imitando el gesto del tirachinas.

Edmonds cuenta que en los años sesenta, cuando era un niño y estaba en el colegio, sufrió abusos a manos de un cura anglicano y que hace unos años hizo una película para la BBC contando su historia. Cree que el Vaticano "ha usado las leyes canónicas para proteger a los canónicos. Si de verdad Benedicto XVI ha cambiado algo, debería abrir los archivos de los curas abusadores para que todo el mundo conozca los nombres de los culpables".

La marcha se ha dirigido por la calle Picadilly hasta desembocar en Downing Street, la residencia del primer ministro (David Cameron ha encontrado al Papa esta mañana). Muchos ciudadanos protestaban contra el Vaticano tanto como contra el Gobierno que decidió invitar al Papa y financiar la visita de Estado, aunque la cursó la Reina en nombre del Ejecutivo de Gordon Brown.

Laura Avery, profesora de moda en la universidad, está contenta rodeada de jóvenes que saltan cantan y protestan. Todavía no sabe que la de hoy será una manifestación histórica: "El corazón ateo me pide abolir las religiones que tanto sufrimiento y muerte han provocado", dice; "mi tolerancia me obliga a tolerarlas todas. Lo único que pido es que mi país no las financie. No con mis impuestos".

MIGUEL MORA - Londres
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Cerca de tres mil indígenas y campesinos se mantienen en los exteriores de la Asamblea Nacional para vigilar que se tomen en cuenta sus observaciones al proyecto de Ley de Recursos Hidrícos, cuyo segundo debate inició hoy el Pleno.

Los protestantes intentaron ingresar a la fuerza a la sede del legislativo e incluso quisieron tomar las barreras metálicas-que se ubicaron en los exteriores con el fin de interrumpir el paso de los manifestantes-, para colocarlas en las entradas principales y bloquearlas. Hubo forcejeos con policías, quienes finalmente controlaron la situación. 



Los indígenas de diferentes provincias del país se concentraron más temprano en el parque El Arbolito y llegaron en marcha hasta la Asamblea. Ellos consideran que no se han incluído sus propuestas en la también llamada Ley de Aguas, a la que insisten en calificar como privatizadora.



Miguel Guatemal, dirigente indígena, expresó que ellos estarán pendientes de todo el proceso y el debate de la normativa. "En este debate si es que sale tal como está (la ley) yo creo que el país se levantará, el país decidirá cuál va a ser el destino de todos aquellos que están haciendo ley", enfatizó.



Por su parte el legislador Ángel Vilema (PAÍS) indicó , más temprano, que se dará cabida a más observaciones de los diferentes sectores. "Creo que el día de hoy vamos a recibir otras observaciones, y estoy seguro que la comisión va a tomar alguna medida para corregir este informe si hay que tomarlo o aprobarlo si hay que aprobarlo", expresó.

Los asambleístas que conforman la Comisión de Soberanía Alimentaria, y en particular su presidente, Jaime Abril, criticó la reacción de los manifestantes. "Yo creo que los compañeros indígenas y campesinos tienen que meditar en función del país. Ellos son muy respetables, nosotros hemos abierto las puertas, hemos dialogado, ellos han querido imponer cierta agenda, pero nosotros hemos dicho que el país necesita consensos", apuntó.



Delfín Tenesaca, dirigente de Ecuarunari, filial de la Conaie, aseguró en radio Sonorama, que los indígenas no han sido escuchados en la Asamblea, lo que tildó de "antidemocrático y anticonstitucional".

Explicó que delegados y representantes provinciales de las comunidades se trasladaron ac Quito para presentar sus propuestas y que "de acuerdo a la actitud (que reciban) tomarán resoluciones" para desarrollar en sus comunidades.

"La ciudadanía está con la inquietud a ver qué va a pasar el día de hoy sabiendo que la lucha por el agua no es cuestión de indígenas, sino de todos los ecuatorianos", señaló el dirigente.

La Ley de Aguas tiene más de 270 artículos por lo que varios asambleístas consideran que hoy no será votada debido a que se prevé que varias intervenciones se producirán a lo largo de esta jornada.

Mientras en la provincia del Azuay, indígenas de al menos siete comunidades bloquearon constantemente la vía Cuenca-Girón-Pasaje, a la altura del sector de Tarqui, también en rechazo de la normativa.



Muchos pobladores tuvieron que trasladarse a pie a sus lugares de destino. La Policía logró reabrir parcialmente la vía, pero los indígenas la volvían a bloquear.

Durante los disturbios, tres dirigentes comuneros fueron detenidos por provocar desmanes y bloquear las carreteras.


Indigenas y policías se enfrentaron en los exteriores de la Asamblea por la 'Ley del Agua'


Ecuavisa.

Duros choques entre integrantes de movimientos indígenas y policías se registraron esta noche a las afueras de la sede de la Asamblea Nacional, en Quito, durante el desarrollo del segundo y definitivo debate sobre el polémico proyecto de ley de Recursos Hídricos.
Miles de indígenas se apostaron en las calles aledañas al edificio parlamentario para intentar ingresar a éste y, según sus dirigentes, impedir que la llamada 'Ley del Agua', incluya disposiciones que permitan la privatización del líquido.

Pese a que la Policía implementó un fuerte cerco de seguridad para contener la manifestación, la aglomeración de indígenas impidió el acceso o salida de personas del edificio.

Los indígenas, con palos, forcejearon con los gendarmes en las puertas de acceso al Parlamento, mientras en el pleno de la Asamblea, más de 30 legisladores tomaron la palabra para debatir sobre el proyecto legal, impulsado por el Ejecutivo.

Los manifestantes, otrora aliados del Gobierno, anunciaron que permanecerán a las afueras del Legislativo los días que sean necesarios para, según ellos, defender el agua.

Luis Andrango, presidente de la Federación Nacional de Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras (Fenocin), aseguró que la resistencia continuará y afirmó que, "si se busca aprobar la ley sin consensos y pactando con la derecha, así no va a cambiar ninguna situación".

Pese a que el Gobierno ha insistido en que la ley prohíbe la privatización del agua, los manifestantes señalaron que la norma privilegia el uso del recurso por parte de empresas, sobre todo mineras y embotelladoras.

"Es necesario un informe de consenso (...), hemos esperado nueve meses por esta ley y estamos dispuestos a esperar unos meses más", dijo Andrango, después de solicitar que se amplíe el plazo del debate.

"Así no se va a cambiar para mejorar la vida de los pueblos" añadió el líder indígena, para quien es imprescindible "solucionar los puntos críticos de este proyecto".

Andrango aseguró también que la movilización de hoy es "un paso más por la defensa, por la guerra a favor del agua. Esta movilización es sólo una batalla".

"Vamos a estar aquí hasta que se resuelvan nuestras inquietudes", apuntó.

De su lado, el presidente de la Asamblea Nacional, el oficialista Fernando Cordero, hizo un llamamiento a los indígenas para que mantengan la calma y comprometió el esfuerzo de todos los grupos parlamentarios para consensuar una Ley de Aguas que responda a los intereses de todos, sin presiones ni imposiciones de ninguna clase.

"Podemos revisar los textos de la ley, eso podemos hacer, pero sin amenazas ni enfrentamientos que nosotros no los propiciamos ni los aceptamos", reiteró, y señaló que el debate podría continuar el próximo jueves debido a la masiva intervención de legisladores en esta jornada.

"No hagamos esfuerzos por encontrar las diferencias, hagamos el esfuerzo por encontrar las cercanías, que son enormes, que son múltiples y, si podemos sistematizarlas, lograremos una ley de gran beneficio para Ecuador", concluyó Cordero.

Las protestas por la 'Ley de Aguas' también se registraron en la provincia de Azuay, donde los indígenas se oponen a la minería y sostienen que las empresas que se dedican a esa actividad son las causantes de la contaminación de vertientes.

Al menos tres dirigentes campesinos fueron detenidos en Azuay, donde los manifestantes cerraron algunas carreteras.


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La fecha establecida fue el 12 de octubre. Memoria de dolor y resistencia. Tal como lo habían acordado, en ese mismo día y en la hora prevista, sus pasos pisaron fuerte, recorriendo el país por todos sus costados. Por todas sus regiones se sentían y se veían cuerpos maltratados por la exclusión y la pobreza.

Cuerpos cargados de decisión y dignidad. Minga indígena. Por el norte, hasta Riohacha, llegaron los Wayuú. Los embera se concentraron en Quibdó. Los Barí avanzaron por Norte de Santander. Emberas-Katíos hicieron presencia en Sincelejo. Emberas-Chamí taponaron carreteras por Risaralda y Caldas. Nasas y Yanaconas coparon carreteras en el Cauca. Los U’wa hicieron sentir su caminar en Boyacá. Cada uno hizo lo que su fuerza le permitía, pero también lo que le aconsejaba su reconstitución como pueblo activo y en resistencia, menguados por el paramilitarismo y la ofensiva capitalista tras inmensos proyectos productivos.

Movilización para demandar justicia. Uno a uno los gritos se escuchaban y las demandas se precisaban. Lo hacían como nunca antes había sucedido: en unidad y coordinación entre el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) y la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC). Por su experiencia y la cantidad de su población, el mayor ritmo lo impuso la movilización indígena, campesina y popular en el Cauca. Allí se hizo nítido que la Minga se iniciaba y mantenía, entre otros, por: liberación de la Madre Tierra, contra el TLC, por el desmonte de las leyes que despojan a las comundiades rurales, por la restitución del buen nombre.

Emboscada para violentar


La Minga retoma calles y autopistas, luego de cuatro años. En 2004, el pueblo Nasa había llevado a cabo el Congreso Itinerante, que no alcanzó a instalar un Congreso de los Pueblos en Cali. Pero el mensaje había sido sembrado. Luego desataron la campaña por la “liberación de la Madre Tierra”, fruto de la cual dos indígenas resultaron asesinados y otros cientos heridos, reabriendo ante el país el debate sobre tierra y territorio.

Una clara vocación de ser gobierno y ser poder. No esperar más dilaciones en los acuerdos de tierras irrespetados por el Gobierno. No morir esperando lo que no habrá de llegar. Luchar. Y así ha sido. Una y otra vez las haciendas La Emperatriz y El Japio, además de muchas otras, han sido epicentro de acciones de copamiento por parte de sus propietarios históricos. Una y otra vez han sido desalojadas por la acción violenta del Esmad y de unidades del Ejército.

La lucha ha sido intensa, pero se requieren otras acciones y otros métodos para concretar esas aspiraciones. Por ello, ahora, con la Minga indígena, con sentido cada vez más popular, el debate se hace de cara a todo el país. El gobierno nacional teme a esta posibilidad, y por ello su decisión de emboscar y destruir.

No diáloga. Ataca. Esa fue la decisión tomada para el 14 de octubre, día definido por los Nasa para emprender la parte correspondiente de la Minga en el Cauca. Ese día, sin medir palabra, centenares de fuerzas combinadas del Esmad de la Policía y el Ejército, atacaron con la decisión de desvertebrar la protesta. Retomaban la enseñanza del ataque ejecutado en 2006 en igual territorio, cuando destruyeron, junto con toda la infraestructura allí levantada, la protesta indígena.

Pero la historia no es lineal. Con una cantidad muy superior de participantes en la nueva protesta, los indígenas resistieron el ataque, impidiendo el desalojo. El cálculo oficial fracasó y la Minga se cualificó, además de multiplicarse en miembros. Los 10 mil iniciales ahora eran muchos más.

Con el paso de los días, se hizo claro que era un movimiento indestructible. Sus pasos se dirigieron hacia Cali, donde ya eran 40 mil, entre nativos, estudiantes, trabajadores en paro en el sector del azúcar, educadores, etcétera.

La voz ganaba tono: “No venimos a pedir. Exigimos”, así, con seguridad, lo expresaban los voceros de la movilización. Y el Gobierno tuvo que ceder. Entre dilaciones y espectáculo, como está acostumbrado, quiso reducir el debate demandado por los indígenas, para que “restituyan nuestro buen nombre, aclaren quién es el violento y terrorista, no pongan en marcha el TLC con los Estados Unidos…”. Sin embargo, las maniobras operativizadas por el Ejecutivo chocaron con la resistencia.

“Uribe tiene que venir a territorio indígena para discutir lo que estamos demandando”. Y lo que no había sucedido hasta entonces, se hizo realidad. El 2 de noviembre llegó el Presidente a La María, para discutir por fuera de un consejo comunitario, ese espacio que él manipula y controla a su antojo. Y ante las denuncias de los pobladores históricos del Cauca, se deshizo en disculpas y respuestas llenas de vaguedades, que evidenciaron los dos países realmente existentes en esta parte del hemisferio: el oligarca, terrateniente y especulador, aliado de los capitales internacionales, sometido al poder del Norte, y el popular, desposeído de tierra, sin trabajo bien remunerado, perseguido por protestar, inculpado de terrorismo cada que reclama dignidad.

Sin acuerdo alguno, la Minga tenía que proseguir. Y el 9 de noviembre, hombres y mujeres provenientes del Cauca y el Valle del Cauca, se reencontraron en la Universidad del Valle. El 10 ya estaban en Palmira, visitaron de manera solidaria a los huelguistas del ingenio Manuelita, intercambiaron con ellos realidades y se brindaron voces de respaldo. El 11 hicieron presencia en Armenia. El 12 brindaron su voz de apoyo a los desplazados por el Volcán Machín, y se impusieron al Esmad y los carabineros que intentaron evitar su ingreso en Ibagué. El 13 recordaron en Chicoral que el problema de tierra en Colombia fue profundizado allí por el acuerdo terrateniente y oligarca de 1972.

Y mientras así se avanza, más delegaciones se suman a esta Minga indígena, cada vez más popular. Las voces solidarias se acrecientan y el cuerpo de la demanda se ensancha. Con cada nueva población visitada; con cada intercambio sostenido con viviendistas, pobladores, campesinos, estudiantes, la agenda se hace más amplia pero también más explicita: requerimos una conjunción de movimientos sociales, una coordinación expedita de luchas pero también un referente de poder que nos permita enrutar todos los esfuerzos hacia un solo propósito: reconstruir el país para todos, con sentido real de justicia, soberanía y dignidad.

Cuando la Minga pise Bogotá, este río humano deberá deliberar y poner un reto muy alto para las direcciones de todos los movimientos sociales, pero también para la de los partidos: conformar un Parlamento de los Pueblos que nos permita deliberar, en perspectiva de una nueva Colombia, con autonomía, y tomar decisiones estratégicas que impliquen un accionar común, como un solo cuerpo, decididos a ser gobierno y ser poder.

Entrevista con la Consejera Mayor Aida Quinqué

Julián Carreño: Ustedes tuvieron reuniones previas a la Minga, evaluaron la fuerte represión y la violencia que sufren desde el Estado. ¿Qué los llevó a tomar la decisión de hacer esta nueva fase de la Minga y marchar masivamente hacia Bogotá?

Aida Quinqué: La movilización de los pueblos indígenas es permanente en el Cauca. Hemos estado en el proceso de liberar a la Madre Tierra, exigiendo puntuales acciones jurídicas y políticas, entre ellas la Minga. ¿Por qué queremos ir con la Minga a Bogotá? Porque vale la pena llegar hasta los colombianos. Muchos no entienden aún el problema de la tierra y, fuera de no entenderlo, tienen una mala imagen del indígena y las comunidades rurales, como la venden la institucionalidad y el gobierno: ladrones, delincuentes, terroristas, salvajes… nunca se sabe en verdad quiénes somos.

Hacemos el ejercicio de llegar precisamente a esos pueblos en los que ve ese miedo al indígena, aclarándoles que somos iguales a todos: con expectativas y derechos que se deben exigir en el marco indígena, campesino, afrocolombiano, urbano y social.

Ese es el caminar de la palabra. Con la política de Estado, nos asesinan; nos matan con las leyes, con la política de ‘seguridad democrática’, con el desplazamiento forzado y con el tema de las víctimas. Entonces, la Minga es eso. Encontrarnos con los otros; que cuenten su historia, su experiencia, y que podamos compartir y de ahí empezar a generar una política incluyente, que nazca desde la propia gente.

JC: En 2004 se realizó un Parlamento de los Pueblos Indígenas y se ha avanzado en lo del gobierno autónomo. Al respecto, ¿cuáles son los objetivos concretos de esta Minga?

AQ: Hemos hecho el Parlamento Indígena y Popular porque nosotros también somos gobierno y como tal podemos legislar. Consideramos que en el marco de la legislación indígena defendemos nuestra autonomía y nuestra autoridad. Por eso hablamos de desobediencia civil. No nos sometemos a normas que nos reprimen y violan los derechos. La idea es que, al hablar de lo popular, todos los colombianos se opongan a las políticas de agresión, muerte, negación, como la contrarreforma agraria. Esas son parte de las propuestas construidas, propuestas, desde nuestro Parlamento.

Por ello, así como los terratenientes y los grandes politiqueros llegaron a Chicoral en 1972 y dijeron: ¡No más reforma agraria, ni para los indígenas ni para nadie!, venimos a decir que sí debe haber reforma agraria popular. Y que no son unos pocos los que deciden; es el pueblo mismo el que decide.

Otro objetivo es seguir el debate, cara a cara, pero ya no sólo como hicimos en La María sino que asimismo debe ser mucho más amplio, y en el que muchos expresen su sentir y le digan al Presidente lo que pasa en Colombia.

JC: En términos de la experiencia, ¿cómo ve el desarrollo de la Minga, qué respuesta encuentran?

AQ: Variadas reacciones. Mucha gente nos espera con buenas expectativas y esperanzas en esta Minga; pero también gente con odio, dolor, mucha gente que aún considera que los indios somos un problema para el país. En términos generales, digo que vamos bien, ganando puntos en cuanto a la desobediencia y la resistencia civiles.

JC: Para el país es claro que los indígenas son una fuerza de resistencia. Aquí hay por lo menos  5.000 personas. ¿Cree usted que más gente seguirá sumándose?

AQ: Se van a sumar más. Vienen compañeros del Cauca y otras regiones. Guardamos la esperanza de que en Bogotá no seamos sólo indígenas. Habrá estudiantes, sindicatos, y eso nos anima mucho porque eso es la Minga, la cual ya no debe ser sólo indígena; debe ser eminentemente social. Creo que vamos a ser muchos los colombianos que, a partir de la Minga, construiremos y mostraremos una cara diferente del país.

JC: En la discusión de Chicoral el 13 de noviembre se planteó retomar los diferentes mandatos, el Mandato Rural Campesino, el Mandato que surgió con el Parlamento Indígena, para un pacto social conducente a una reforma agraria popular. ¿Es viable?

AQ: Es posible. Nuestros mayores nos enseñan que la persistencia es legítima. No es lo que digan la ley o el Estado. La ley y el Estado sí, siempre y cuando defiendan los derechos de todos. El pueblo tiene que levantarse. No es posible que sigamos sometidos a un sistema de esclavitud y de muerte. Creo que los colombianos deben despertar su corazón, y esto implica despertar para denunciar un sistema que nos aniquila. Hay mucho miedo, pero esto hace parte del proceso; también debe darse el de la resistencia.

JC: ¿Cómo ve el ánimo de los delegados de los distintos resguardos indígenas?
AQ: La gente está animada. Veo a los jóvenes y los mayores con mucha, mucha fortaleza.


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Publicado enEdición 140
La Minga llegó a Bogotá y entró a la Universidad Nacional, centro de la reflexión intelectual y la investigación científica del país.

Como estaba previsto, a las 8 a.m. los pies de cerca de 15 mil caminantes empezaron a recorrer las calles, saliendo del coliseo León XIII, que los albergó durante tres días. El ánimo era ostensible. El recorrido, aunque extenso, no amilanaba. Calle a calle los comuneros, campesinos, afrodescendientes, estudiantes, viviendistas y otros sectores sociales que se han integrado a esta gesta, fueron batiendo la distancia. Bogotá apareció. Primero sus cerros occidentales erosionados, colonizados por miles de pobres, desplazados del campo, negados por el poder; luego, barrios cuyas casas otrora debieron estar habitadas por familias pero que ahora alojan talleres y tiendas a granel; más adelante, barrios de clase media que ahora se ven deteriorados por el paso del tiempo pero también por la crisis económica y la falta de empleo que los ha golpeado desde tiempo atrás.

Aunque los pasos se pusieron lentos, a medida que se avanzaba por la carrera 30, los caminantes de la palabra no desfallecieron, estuvieron cantando, proclamando y bailando. La Minga se superpuso a las dificultades de la lluvia, el tránsito y las vicisitudes políticas derivadas de las presiones provenientes del gobierno nacional. Fueron cinco horas de caminar. Cuando el reloj marcaba la 1:00 p.m., se inició el ingreso a la Univesidad Nacional, donde los esperaba como telón de fondo, un caluroso saludo preparado por estudiantes y trabajadores. Saludo afectuoso, en un rito que afirmó y suavizó los largos días de trayectos recorridos, desde el Valle del Cauca, por las distintas culturas indígenas y los campesinos que iniciaron esta gesta de poder social.

En la Universidad, el sitio escogido para que las pancartas se fueran descargando y las piernas se alargaran en señal de relajación, fue la Plaza ‘Che’ Guevara. Los estudiantes prendiero el sonido, brindaron su saludo. Luego hablaron, el Consejero Mayor de la Onic, Luis Evelis Andrade y la Consejera Mayor del Cric, Aida Quinqué, dejando en claro el sentido de la Minga, que: “… ya no le pertenece a los indígenas, la Minga es de todos, por la reivindicación de los derechos de todos, por ello la Minga no termina con el debate público en Bogotá”. Es decir, el primero y más importante resultado que ya se puede concluir de esta inmensa marcha, renacer de la Resistencia social colectiva en Colombia, es que un actor social asume con total decisión, la voluntad de concitar a los demás sectores sociales a coordinarse y actuar de manera mancomunada para transformar el país.

Audiencia pública

El viernes 21 la Minga saldrá de la Universidad Nacional a las 8 a.m. con destino a la Plaza de Bolívar, epicentro simbólico del poder en Colombia. Allí se debiera  desarrollar la programada Audiencia pública, continuidad del debate iniciado en La María – Cauca con el presidente Uribe.

Esto es lo programado. Pero el miércoles 19, en reunión sostenida con voceros del Presidente se informó de su no asistencia al compromiso contraído 20 días atrás. Pese a esta información, Aida Quinqué aseveró “Vamos a trasladarnos a la Plaza Simón Bolívar. Ahí tenemos programada la Audiencia Pública. Hemos dicho que el Presidente debe hacer presencia, pero ayer uno de sus ministros dijo que no podía asistir, tal y como es su costumbre. No va a atender la Minga.
Sin embargo, ésta no termina porque sabemos que el Presidente no va resolver las cosas. Nosotros haremos una Audiencia en el marco de las organizaciones y la comunidad internacional. Por eso hemos convocado a varios países del mundo, para que el Presidente sea serio con esto”.

El viernes 21, como no se recuerda en las acciones recientes de los movimientos sociales colombianos, éstos se encontrarán y reflexionarán en pos de la sociedad deseada. El parlamento o congreso de los pueblos, se avisora como un mecanismo para superar la dispersión que les caracteriza y para proyectar al país un refente de poder, una alternativa social y política ante el modelo social y económico que ha logrado que Colombia sea uno de los países más desiguales del mundo y conserve un conflicto armado sin perspectiva de solución inmediata.

Por, Julián Carreño
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Entrevista con la Consejera Mayor Aida Quinqué

Con tranquilidad asombrosa, sus pasos seguros y un rostro atento y sonriente, Aida Quinqué, del pueblo Nasa, Consejera Mayor de Tierradentro e integrante del Consejo Regional Indígena del Cauca, conversó con desde abajo sobre la Minga indígena, en esta fase, que partió de Cali con un fin claro: buscar unidad con otros sectores sociales para avanzar en una agenda de los pueblos que permita, entre otros objetivos, una reforma agraria popular. Ya se han unido más de 117 cabildos del Cauca y otros tantos del Valle y Risaralda.

Julián Carreño: Ustedes tuvieron reuniones previas a la Minga, evaluaron la fuerte represión y la violencia que sufren desde el Estado. ¿Qué los llevó a tomar la decisión de hacer esta nueva fase de la Minga y marchar masivamente hacia Bogotá?
Aida Quinqué: La movilización de los pueblos indígenas es permanente en el Cauca. Hemos estado en el proceso de liberar a la Madre Tierra, exigiendo puntuales acciones jurídicas y políticas, entre ellas la Minga. ¿Por qué queremos ir con la Minga a Bogotá? Porque vale la pena llegar hasta los colombianos.  Muchos no entienden aún el problema de la tierra y, fuera de no entenderlo, tienen una mala imagen del indígena y las comunidades rurales, como la venden la institucionalidad y el gobierno: ladrones, delincuentes, terroristas, salvajes… nunca se sabe en verdad quiénes somos. Hacemos el ejercicio de llegar precisamente a esos pueblos en los que ve ese miedo al indígena, aclarándoles
que somos iguales a todos: con expectativas y derechos que se deben exigir en el marco indígena, campesino, afrocolombiano, urbano y social.

Ese es el caminar de la palabra. Con la política de Estado, nos asesinan; nos matan con las leyes, con la política de ‘seguridad democrática’, con el desplazamiento forzado y con el tema de las víctimas. Entonces, la Minga es eso.
Encontrarnos con los otros; que cuenten su historia, su experiencia, y que podamos compartir y de ahí empezar a generar una política incluyente, que nazca desde la propia gente.

JC: En 2004 se realizó un Parlamento de los Pueblos Indígenas y se ha avanzado en lo del gobierno autónomo. Al respecto, ¿cuáles son los objetivos concretos de esta Minga?
AQ: Hemos hecho el Parlamento Indígena y Popular porque nosotros también somos gobierno y como tal podemos legislar. Consideramos que en el marco
de la legislación indígena defendemos nuestra autonomía y nuestra autoridad. Por eso hablamos de desobediencia civil. No nos sometemos a normas que nos reprimen y violan los derechos. La idea es que, al hablar de lo popular, todos los colombianos se opongan a las políticas de agresión, muerte, negación, como la contrarreforma agraria. Esas son parte de las propuestas construidas, propuestas,
desde nuestro Parlamento.

Por ello, así como los terratenientes y los grandes politiqueros llegaron a Chicoral en 1972 y dijeron: ¡No más reforma agraria, ni para los indígenas ni para nadie!, venimos a decir que sí debe haber reforma agraria popular. Y que no son unos pocos los que deciden; es el pueblo mismo el que decide.
Otro objetivo es seguir el debate, cara a cara, pero ya no sólo como hicimos en La María sino que asimismo debe ser mucho más amplio, y en el que muchos expresen su sentir y le digan al Presidente lo que pasa en Colombia.

JC: En términos de la experiencia, ¿cómo ve el desarrollo de la Minga, qué respuesta encuentran?
AQ: Variadas reacciones. Mucha gente nos espera con buenas expectativas y esperanzas en esta Minga; pero también gente con odio, dolor, mucha gente
que aún considera que los indios somos un problema para el país. En términos generales, digo que vamos bien, ganando puntos en cuanto a la desobediencia
y la resistencia civiles.

JC: Para el país es claro que los indígenas son una fuerza de resistencia. Aquí hay por lo menos 5.000 personas. ¿Cree usted que más gente seguirá sumándose?
AQ: Se van a sumar más. Vienen compañeros del Cauca y otras regiones. Guardamos la esperanza de que en Bogotá no seamos sólo indígenas. Habrá
estudiantes, sindicatos, y eso nos anima mucho porque eso es la Minga, la cual ya no debe ser sólo indígena; debe ser eminentemente social. Creo que vamos a ser muchos los colombianos que, a partir de la Minga, construiremos y mostraremos una cara diferente del país.

JC: En la discusión de Chicoral el 13 de noviembre se planteó retomar los diferentes mandatos, el Mandato Rural Campesino, el Mandato que surgió
con el Parlamento Indígena, para un pacto social conducente a una reforma agraria popular. ¿Es viable?
AQ: Es posible. Nuestros mayores nos enseñan que la persistencia es legítima. No es lo que digan la ley o el Estado. La ley y el Estado sí, siempre y cuando
defiendan los derechos de todos. El pueblo tiene que levantarse. No es posible que sigamos sometidos a un sistema de esclavitud y de muerte. Creo que los
colombianos deben despertar su corazón, y esto implica despertar para denunciar un sistema que nos aniquila. Hay mucho miedo, pero esto hace parte del proceso; también debe darse el de la resistencia.

JC: ¿Cómo ve el ánimo de los delegados de los distintos resguardos indígenas?
AQ: La gente está animada. Veo a los jóvenes y los mayores con mucha, mucha fortaleza.
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La Minga no se deja batir. Superadas las provocaciones del miércoles 12 en la entrada a Ibagué, donde salió con algunas lesiones la comunera Alba Canas, y donde quedó mucho más claro la existencia de intereses por romper esta acción social contra las políticas económica, social, territorial, agrícola, humana, en boga, la marcha de miles de indígenas se dirigío a la entrada de la ciudad, barrio Picaleña, donde se instalaron los cambuches y cocinas.

La noche, iluminada por una inmensa luna, transcurrió con tranquilidad. Los ánimos estaban bien puestos. Música por doquier. Cada cabildo concentrado en la cocción de los alimentos. Muchos descansaron, otros tantos se sumergieron en conversaciones rutinarias.

El jueves amaneció con nuevos retos, uno de ellos, avanzar hasta el corregimiento Chicoral del municipio de El Espinal, lugar al cual arribó la marcha en horas de la tarde.

Un pacto en contravía

Chicoral es un nombre de ingrata recordación para campesinos e indígenas. Fue allí donde la oligarquía colombiana, como respuesta a la ofensiva de recuperación de tierras que lideró la Asociación de Usuarios Campesinos de Colombia, Anuc, entre 1970/71 pactó un acuerdo de contrarreforma agraria en 1972. Con esa alianza entre terratenientes y ganaderos, se puso en marcha una abierta criminalización a las luchas campesinas en marcha, pero también a las indígenas, lideradas por el Consejo Regional Indígena del Cauca, nacido en 1971, precisamente en momentos en que los pobres del campo se levantaban contra la concentración de la tierra y contra formas de trabajo servil aún vigentes en amplias regiones del país.

“Los terminos del Pacto de Chicoral fueron suficientemente claros en su intención de emprender formalmente la contrareforma agraria. A cambio del pago de impuestos al Estado, fijado de acuerdo a una renta presuntiva cuya referencia principal sería el avalúo catastral de los predios, lo  terratenientes recibían amplias garantías de que se pondría freno a la redistribución de la tierra y se apoyaría la explotación agrícola en gran escala.

Se endurecían los criterios para calificar los predios como susceptibles de afectación a los efectos de la reforma agraria y para aquellos casos en los que hubiera afectación, se modifican los términos de la ley 135 de 1.961 de tal manera que la indemnización debía pagarse teniendo en cuenta el valor comercial, con un alto porcentaje al contado, se reducía a 5 años el plazo para abandonar los saldos que, además, devengan intereses.

De esta manera se trataba doblemente al INCORA, pues no solamente se reducía el marco posible de su acción sino que bastaba con los recortes en el presupuesto para que el INCORA se paralizara casi completamente, como sucedió efectivamente en los años subsiguientes". ("Paz, bienestar social, reforma agraria y soberanía nacional" Alfredo Vázquez Carrizosa, año 2000)

Contra este pacto y contra esta memoria de reacción y contrarreforma agraria avanza la marcha. Se quiere dejar sentado precisamente aquí, en una Agenda de los pueblos, las bases de lo que sería una reforma agraria auténtica, tras la cual, indígenas, campesinos, desplazados, gentes sin tierra para un techo en las ciudades, se reencuentren y movilicen por “tierra para el que la trabaje”, pero también, para “el que la necesite para vivir”.

Con este propósito, durante la mañana del viérnes 14 de noviembre, la Minga hará presencia en la plaza municipal de Chicoral, conocida como plaza del Labriego. Allí se arengará y se intercambiarán ideas sobre los ejes fundamentales para poner en marcha la reforma agraria popular. Y a partir de la 1 p.m. se tomará rumbo hacia Cundinamarca, ingresando en horas de la tarde a la ciudad de Fusagasugá.

Hay que precisar, que durante el jueves 13 el tamaño de la Minga continúo creciendo. En efecto, se sumaron a ella delegaciones indígenas del Consejo Regional Indígena del Risaralda. Se espera que en el transcurso de los próximos días lo hagan indígenas de Tierra Adentro y Huila. Delegaciones indígenas provenientes de la Guajira y la Costa Atlántica en general, así como de Santander, llegarán directamente a Bogotá el próximo 20 de noviembre, cuando el conjunto de la Minga haga su entrada a la ciudad, para concentrarse en los predios de la Universidad Nacional.

Por: Julián Carreño

Se reajusta la agenda


Viernes 14, llegada a Fusagasugá.

Sábado 15 y domingo 16: trabajo en comisiones. Se debatirán temas como: derechos humanos, territorio, leyes, coordinación nacional de la Minga, entre otros.

Lunes 17,  se avanza hacia el municipio de Granada.

Martes 18, se marchará desde Granada hasta Soacha. A partir de las  11 a.m. se realizará una Audiencia Pública, con los sectores sociales, donde pernotaremos ese día.

Miércoles 19, Soacha, realización del Foro de organizaciones y sectores sociales. Además se acompañará la audiencia de Derechos Humanos en Cazucá y Ciudad Bolivar.

Jueves 20, a partir del medio día la caravana partirá desde Soacha hasta el Sena de la 30 con la avenida Primero de Mayo en Bogotá. Desde este punto se marchará, por la carrera 30, hasta la Universidad Nacional. Alli e instalará la Minga..

Viernes 21, realización de marcha  y debate político público en Bogotá. La marcha partirá a las 9 am desde la Universidad y se dirigirá hasta la Plaza de Bolívar, donde a medio día continuaremos con el debate político público con el señor Presidente, de cara al país, sobre los temas de la agenda.

Sábado 22, Universidad Nacional. 9 a.m. Realización del Foro de los Pueblos Indígenas, con presencia de delegados de países hermanos.

Domingo 23: 9 am. Balance y proyecciones de la Minga Nacional de Resistencia Indígena y Popular
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A pesar de las órdenes del presidente Álvaro Uribe Vélez de no permitir el arribo de los indígenas a la capital del departamento del Tolima, Ibagué, éste 12 de noviembre comuneros, mujeres y hombres, jóvenes, niños y adultos, ingresaron hasta su parque principal.

Como estaba previsto, a las 8 a.m., la marcha tomó rumbo hacia el centro de  Armenia, capital del departamento del Quindio, región cafetera de Colombia. Desde el estadio Centenario, lugar donde instalaron sus carpas y cambuches los más de 5.000 indígenas que hasta ahora se han reunido procedentes de los distintos resguardos del Cauca y otras regiones del país, se tomó rumbo hacia la Plaza de Bolívar, principal parque de la ciudad. Allí se llevó a cabo un emotivo recibimiento en el cual consejeros indígenas y representantes de organizaciones sociales locales, hablaron del sentido de la resistencia en un contexto de globalización económica y expropiación de tierras que ocupan estas comunidades milenaria y ancestralmente.

Luego, entre chivas y camiones, los marchantes se dirigieron hacia la ciudad de Ibagué, atravesando las escarpadas montañas que componen el conocido alto de la Línea. Se bordeó el municipio de Cajamarca, donde una comisión de médicos tradicionales se adelantó para realizar una ceremonia de autorización dirigida al volcán cerro Machín, con actividad sísmica durante los últimos días. Con el ritual se le pedía permiso al volcán, para poder proseguir y regresar sin tropiezos.

Aunque los rumores de gresca en Ibagué podrían socavar la valentía, los indígenas siempre estuvieron firmes. Los rostros seguros y un ritmo fuerte y rápido. Una marcha que no vaciló un solo paso durante el día. Para evitar enfrentamientos se logró comunicación directa con el alcalde de la ciudad, así como con su secretario de Gobierno, los cuales autorizaron la entrada a la urbe.

En efecto, al avanzar por el sitio conocido como el Boqueron (a 6 kilómetros de la ciudad) apareció el Ejército, el cual dispuso una operación psicológica dirigida hacia la Minga: brindaron agua y recibieron el equipo humano con una valla de bienvenida. Más adelante estaba apostado el Esmad, los carabineros y la Policía, los cuales, contrario a lo asegurado por las autoridades civiles locales, aplicaron un embudo para impedir que la marcha prosiguiera en pro de su meta. Los roces y las palabras fueron y vinieron pero los comuneros no se contuvieron y con decisión mantuvieron su rumbo. Se rompió el embudo y se corrió para ganar el conjunto de la calle.
Finalmente, las autoridades dejaron la provocación a un lado y permitieron el paso de la marcha. Con alborozo y el sabor de no darle la razón al Gobierno nacional, la Minga entró en la ciudad, dirigiéndose de inmediato al centro de la misma. La recepción corrió por cuenta del Consejo Regional Indígena del Tolima (Crit) quien se sumó con varios cientos de sus miembros a la Minga. Luego de un mitin, los miles de integrantes de esta gesta indígena y popular se dirigieron a descansar a la salida de la ciudad, en el barrio Picaleña. Allí esperan que mañana lleguen las delegaciones indígenas procedentes de los departamentos de Risaralda, Caldas y Chocó. 

Hacia Chicoral

Esta Minga tiene lugar tras los sucesos que se presentaron en días pasados en La María Piendamó, en donde fueron heridas más de 150 indígenas y asesinados otros tres. La Minga demanda autonomía de sus pueblos, la liberación de la Madre Tierra, no aplicación del TLC con los Estados Unidos, y el desmonte de leyes que entreguen los recursos naturales a multinacionales, entre otras exigencias.

Este es un aspecto. Pero el otro, evidente, es que el proceso de levantamiento indígena se va conjugando con las demandas populares postergadas en Colombia por décadas. Se espera que ese conjunto de aspiraciones y necesidades se puedan discutir y revisar en Bogotá, en medio, así reza una valla que portan los indígenas, de un parlamento indígena y popular.

Este jueves 13 de noviembre la Minga partirá hacia el corregimiento de Chicoral, jurisdicción del municipio del Espinal, Tolima, recordado por ser el territorio donde la oligarquía colombiana firmó en los años 70 del siglo XX el pacto de conrarreforma agraria, conocido precisamente como el “pacto de Chicoral”, con el cual se ahogaría en más guerra al país. Luego se tomará rumbo hacia  Gualanday, en donde la comitiva indígena pernoctará.

Por: Julián Carreño


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