Miércoles, 25 Mayo 2022 05:30

Pero ¿qué es el neoliberalismo?

Pero ¿qué es el neoliberalismo?

“Ya saben: neoliberalismo, ese elemento o ‘ente’ perjudicial y nocivo que ha arruinado a nuestras sociedades, que ha desarticulado el tejido social, que ha puesto en crisis (¡o es la crisis misma!) a nuestro sector público y que nos ha hecho a todos más egoístas e individualistas...”

 

Si hay algo que une a toda la izquierda y que genera un amplio consenso progresista es, sin lugar a duda, la crítica hacia el neoliberalismo. Ya saben: neoliberalismo, ese elemento o “ente” perjudicial y nocivo que ha arruinado a nuestras sociedades, que ha desarticulado el tejido social, que ha puesto en crisis (¡o es la crisis misma!) a nuestro sector público y que nos ha hecho a todos más egoístas e individualistas. Conocen el relato. Pero, detengámonos un instante.

Las declaraciones de Felipe González en el congreso del PSOE del pasado año cargando contra el neoliberalismo causaron cierto revuelo y sorna contra el exmandatario. El expresidente afirmó que: “El neoliberalismo ha sido una deformación que ha generado mucha desigualdad. Necesitamos un nuevo pacto social del siglo XXI, pero mirando al futuro y no al pasado”. Aunque, eso sí, González acabó dejando un revelador: “el neoliberalismo ha acabado con la pobreza”.

Puede parecer contradictorio ser la punta de lanza de la desregularización y a la vez un defensor de un “capitalismo responsable y redistributivo” frente a la perversión especulativa y neoliberal, pero realmente es la naturaleza misma de la socialdemocracia. Es como cuando el PSOE se presenta como el principal impulsor del identitarismo más formal y gestual —incapaz de cuestionar el núcleo de la realidad social— y, al mismo tiempo, defensor del obrerismo más rancio y paladín del “genuino” feminismo frente a la “perversión” “posmo-queer” (sic).

Neoliberalismo y socialdemocracia son dos caras del mismo relato; aunque, no nos adelantemos. Para empezar que quede clara una cosa: es difícil hablar de la existencia de algo así como una doctrina “neoliberal”. “Neoliberalismo” es, sobre todo, un término casi ineludible en todo discurso político progresista; una figura que sirve como elemento cuasi-legitimador; un “algo” a lo que oponerse, un lugar común en el que configurarse en su negación. La cuestión es que es un vocablo tan difuso que es usado en ámbitos muy diversos, algunos cercanos a la derecha liberal (que en ningún caso se suelen reconocer dentro del concepto “neoliberal”, como ahora veremos), con lo que tanto su potencialidad crítico-analítica, como su capacidad de articulación política, están en entredicho. A modo de ejemplo: Lasalle, escritor liberal y exdiputado del Partido Popular, decía en una entrevista en El Salto que “libertarismo y el neoliberalismo que se invocan muchas veces en Madrid no es liberalismo. Es tan evidente como diferenciar a Ayn Rand de Hannah Arendt” y “Se trata de recuperar las bases humanistas del liberalismo y resignificarlas críticamente”.

Como se puede ver diferentes personalidades desde diferentes ambientes políticos e ideológicos acaban compartiendo su oposición al neoliberalismo. Pero, claro, ¿qué es el neoliberalismo?

Tres apuntes iniciales que no entraré a desarrollar:

  1. Se usa “neoliberal” como sinónimo de conceptos muy diferentes (liberal, libertario, laissez faire, desregularización, libre mercado, etc.), lo que manifiesta la imprecisión terminológica detrás de esta expresión.
  2. Se hablaba de “neoliberalismo” mucho antes de que brotase lo actualmente entendido como tal y para referirse a unas coordenadas teóricas y económicas significativamente diferentes a las presentes. L. von Mises, por ejemplo, acusaba de “neoliberales” a los economistas que él consideraba que eran unos “socialistas” haciéndose pasar por liberales.
  3. Es un término suficientemente ambiguo para criticar, por un lado, a la tradición económica liberal, como un todo, y, por otro, a una deriva concreta de la misma, como intentando, en este último caso, evidenciar que el problema es la “degeneración” desreguladora del capitalismo actual y no la misma génesis liberal capitalista.

Una vez hechas estas matizaciones, una aclaración (como siempre). No soy economista, con lo que el enfoque en este artículo será superficial y más cercano a un punto de vista historiográfico, entre comillas, que a la teoría económica. A pesar de esto, lo que se pretende es un acercamiento a su conceptualización y contextualización histórica a modo de esbozo, que busque la problematización de este término tan usado en el discurso político actual.

El objetivo, en definitiva, es proponer una mirada plural al “neoliberalismo” desde diferentes enfoques con el que poder plantear unas breves notas sobre las consecuencias, negativas, tanto de su uso conceptual, como de la consecuente articulación política (en oposición) por parte de la izquierda. 

Las cuatro (+1) caras del neoliberalismo

  1. Neoliberalismo como proceso de desregularización post crisis del petróleo. Ciclo 1973-2008

Neoliberalismo puede, en primer lugar, entenderse como un proceso socioeconómico. Como una respuesta a través de la financiarización a la crisis de acumulación del capital tras las crisis del petróleo de los años setenta. Bajo este enfoque, podemos subsumir categorialmente al periodo histórico-económico entre las dos últimas —sin contar la recesión internacional generada por el Covid-19— grandes depresiones del capital: la coyuntura entre 1973 y 2008; es decir, el ciclo internacional iniciado tras el desplome del modelo económico de posguerra: el modelo keynesiano (o cercano al keynesianismo) de los acuerdos de Breton Woods (1944). 

Sin entrar en detalles, la etapa posterior a la Segunda Guerra Mundial fue de una gran expansión del capital en las economías occidentales, la llamada Golden Age: las décadas de plata (años cincuenta) y de oro (sesenta) del capitalismo. La Crisis del Petróleo en 1973, y la estanflación generada (concurrencia entre inflación y recesión en una misma coyuntura económica), supusieron la descomposición del modelo post-Breton Woods al romperse sus premisas básicas: el doble superávit americano y el fin de la convertibilidad del dólar en oro —aprobada ya por Nixon en 1971— que era la base con la que se sostenía el sistema internacional de cambio hasta entonces.

En este ciclo posterior al Crash de 1973, la financiarización irrumpió, masivamente, ante la enésima crisis de rentabilidad, de esta forma los derivados financieros especulativos acabaron sustituyendo a los valores de intercambio tradicional (tangibles o intangibles) en la centralidad del capital internacional en su proceso de valorización constante. Además, siguiendo a Ekaitz Cancela en su obra Despertar del sueño tecnológico (2019), Estados Unidos acabó desarrollando un amplio proceso de financiación público-privada dirigida a la industria de las telecomunicaciones en un contexto de Guerra Fría, en donde el discurso económico de los hijos de Hayek (en muchos casos bastardos) acabaría imponiéndose como “sentido común de época”.

La irrupción discursiva y fáctica de la desregularización acabó con el consenso en torno al estado social. Las grandes privatizaciones implicaron el desmantelamiento o degradación masiva de lo entramados asistencialistas de los estados liberales (los llamados “estados del bienestar”), pero, frente a la consideración habitual que entiende al neoliberalismo en oposición al estado, este ciclo terminó con el refuerzo del aparato represivo estatal en un contexto tanto de intensificación de la Guerra Fría, como de conflictividad social en términos de clase.

El capital necesita al estado, siempre lo ha necesitado y siempre lo necesitará, por muchas fantasías anarcoliberales que lo nieguen. Tanto el gasto público en países como Estados Unidos, como el papel activo del estado en la economía, no solo no se redujeron durante este periodo, sino que se vieron, cuantitativamente, incrementados, como se puede, por ejemplo, observar tras la Gran Recesión de este siglo (2008), en donde el rescate del sistema bancario y financiero mundial se saldó con una inyección masiva de crédito por parte de los estados occidentales.

  1. Neoliberalismo en clave discursiva, de los austriacos a los Chicago Boys (con matices)

En paralelo, y de forma inmanente a este ciclo —es decir, como parte ideológica del mismo proceso— nos encontramos con el discurso económico que lo posibilita y que es a la vez su correlato legitimador.

Mucho se ha escrito sobre la existencia de algo así como una doctrina o teoría económica “neoliberal”; no obstante, “neoliberal” no corresponde realmente con ninguna escuela económica, ninguna corriente se reconoce bajo esta etiqueta. Tan es así que los herederos de estas tradiciones tampoco se identifican con nuestra sociedad “neoliberal” actual, de hecho, según P. Mirowski, ellos se articulan como oposición intelectual frente a lo que entienden como un mundo en donde el socialismo es hegemónico. Neoliberalismo (económico), por ende, es un “cajón de sastre” que se suele utilizar para hablar de toda una serie de corrientes dispares con rasgos transversales en común (defensa de la desregularización, hegemonía del mercado, etcétera), pero que en ningún caso hay que confundir, tampoco, con una recuperación o continuación, “tal cual”, de los postulados de la economía neoclásica. De nuevo Philip Mirowski señalaba en un brillante artículo en la revista American Affairs unas aclaraciones conceptuales que pueden ser de interés:

“el neoliberalismo y la economía neoclásica son dos escuelas de pensamiento diferentes. Este último data de la década de 1870 y abarca modelos matemáticos de optimización restringida de la utilidad, que todavía existe hoy como el núcleo de la ortodoxia económica. El neoliberalismo, por el contrario, data de la década de 1940, si no antes, y es una filosofía general de la sociedad de mercado, y no un conjunto estrecho de doctrinas restringidas a la economía. Además, los neoliberales son escépticos del “cientificismo”, como la fuerte dependencia de las matemáticas, y tienen una relación conflictiva con la economía neoclásica.”

Sin embargo, lo más cercano a lo que podemos entender bajo la categoría de “neoliberalismo económico” son aquellos postulados que buscaron consolidarse en la marginalidad durante la expansión del modelo de Breton Woods. Configurándose, estos, en clara oposición y hostilidad tanto hacia la relativa hegemonía keynesiana en los países occidentales, como a la propagación internacional del marxismo. Y es aquí donde la Escuela Austriaca, con economistas como Hayek y von Mises, tuvo un papel destacado. Los austriacos intentaron canalizar y propagar sus ideas en un clima internacional aparentemente poco favorable, creando, junto a otros muchos economistas y teóricos (como el escritor Walter Lippman o el filósofo Karl Popper), organizaciones como la Sociedad Mont Pelerin (SMP), antecedente de los think tanks actuales, con el objetivo —ulteriormente exitoso— de generar un verdadero proceso de construcción contrahegemónica de naturaleza netamente reaccionaria y antisocialista; hostil a la economía planificada y a la justicia social hasta en claves socialdemócratas; y con postulados filosóficos que naturalizaban la sociedad de mercado, entendiéndola como consustancial a la humanidad, como parte de su estado de naturaleza.

La consolidación y hegemonía de estos postulados llegaría décadas después, como parte del ciclo económico anteriormente señalado, e irrumpiendo políticamente a través del neoconservadurismo (cuarto punto). Ahora bien, a partir de los setenta es la Escuela Económica de Chicago, con economistas como Friedman o Stigler, la que adquiere un mayor protagonismo. Pese a que estos se consideren continuadores de Hayek, Friedman llevó a cabo una labor de reconciliación con los postulados neoclásicos, así como una simplificación de la tradición austriaca. Le debemos a él la confusión entre libertarismo y liberalismo, así como la dispersión conceptual y la comprensión unitaria de todas estas escuelas como una unidad. (Mirowsky, op. Cit)

Aun así, frente a lo que se puede entender como libertarismo o anarcocapitalismo, que sí promueven directamente la desaparición de toda forma de gobierno, las propuestas políticas de autores como Hayek o Friedman no van dirigidas hacia la abolición del estado como tal, como muchas veces se repite. Al contrario, estos economistas manifestaron ideas muy autoritarias de lo político, dirigidas todas ellas a defender modelos más restrictivos y menos representativos desde el punto de vista democrático, como pueda ser la restricción del acceso a la política en base a la propiedad, mandatos más largos y menos sometidos a los ciclos electorales, o, incluso, la defensa de ideas cercanas a lo dictatorial. No hace falta, siquiera, señalar el conocido papel de Friedman y los Chicago Boys en la dictadura de Pinochet.

Pero si hay algo que tiene en común estas corrientes es, como hemos adelantado más arriba, la comprensión del mercado casi como ente mediador último de la realidad y la verdad metafísica. Claro, cuando se habla de neoliberalismo, se suele confundir estas escuelas económicas del relato hegemónico del que forman parte, lo que nos lleva al siguiente punto:

  1. Neoliberalismo como (re)naturalización de los límites del capital

La mayoría de los artículos que se enfrentan al problema del neoliberalismo remarcan su carácter como “sentido común de época” que atraviesa todas las esferas mediáticas, culturales e intelectuales y cuyas consecuencias implican la comprensión del mercado como mediación última de lo real, como ente que determina lo genuinamente útil y válido, como expresión más nítida de la naturaleza humana y como dotador de verdad ontológica.

Pero, claro, nada de estas características que hemos señalado son nuevas en el pensamiento económico, son estas coordenadas (salvando la distancia histórica) a las que Marx confrontó en su Critica de la Economía Política, entendiendo la Economía Política, como forma en la que la sociedad moderna, como sociedad capitalista, se piensa a sí misma bajo el velo de la ideología (en términos marxianos); es decir, ideología en tanto naturalización de unas relaciones de producción capitalistas que son históricamente constituidas.

Por ello, la clave de este “sentido común de época” es que tanto el discurso neoliberal, como el antineoliberal, comparten el olvido de la Critica a la Economía política y, por ende, la renaturalización del discurso liberal. Esta es la gran victoria “hegemónica” de lo que se puede entender como “neoliberalismo”: la construcción ideológica de la izquierda en torno a la oposición de lo neoliberal, pero una oposición que se establece dentro de sus límites. En otras palabras, el antineoliberalismo se configura bajo las coordenadas mismas de la economía de mercado: fetiche del estado, la comprensión de “lo político” como esfera autónoma separada de lo económico, el anhelo por épocas pasadas de expansión del capital, el énfasis en el problema de la distribución mientras se naturalizan las lógicas productivas mismas, etcétera. Ahora volveremos.

  1. Neoliberalismo como neoconservadurismo

Con “neoconservadurismo” pasa algo similar con “neoliberalismo”, es un término con tanto “uso y desuso” que es difícil precisarlo conceptualmente. No obstante, podemos entenderlo como la expresión política del nuevo ciclo económico, sirviendo como punta de lanza de la desregularización.

El termino neoconservadurismo se originó, inicialmente, como insulto. M. Harrington, socialista estadounidense, llamó “neoconservadores” a un sector intelectual “progresista” (lo que en Estados Unidos se entiende como “liberal”) que, a principios de los setenta, eran críticos tanto con la política exterior del Partido Demócrata, como con el enfoque “cultural” de este en un ambiente posterior al auge de la Nueva Izquierda y los movimientos contraculturales.

Kirston Irving, uno de los padres intelectuales de este movimiento junto a Daniel Bell, lejos de sentirse insultado acabó por identificarse con el término. Claro, esto es más revelador de lo que parece. El “nuevo conservadurismo”, frente al “viejo”, no procede de los círculos conservadores clásicos, sino que nace en ambientes progresistas, como resultado de una reacción a la deriva cultural de la izquierda y sus políticas de la diversidad. No hace falta, siquiera, señalar los paralelismos actuales.

El neoconservadurismo es, por tanto, una reacción a la contracultura progresista de los sesenta y, al mismo tiempo, una defensa acérrima del libre mercado en un contexto de desmantelamiento de los estados de bienestar, como hemos estado reiterando. Su manifestación práctica fue la de un amplio proceso de disciplina de clase y de desmantelamiento de los movimientos sociales contraculturales a través de dos enfoques: una dura represión hacia los movimientos más subversivos y anticapitalistas (como las huelgas mineras en Reino Unido, o el movimiento Black Panther es Estados Unidos), y una institucionalización y aceptación normativa de los derechos civiles desde el punto de vista reformista. Circunscribiendo, así, tales problemas sustanciales a cuestiones normativas del derecho positivo, lo que diferencia al neoconservadurismo del conservadurismo tradicional y de la alt-right actual. El abandono, relativo, del conservadurismo moral, surge como respuesta a la necesidad de una sociedad todavía más normativizada, en donde la diversidad fuese canalizada formalmente por el estado y sustancialmente por el mercado. Esto implicó discursivamente una contraposición conceptual entre “igualdad” y “diversidad” en donde “igualdad” y “homogenización” se ven, falazmente, identificadas; unas coordenadas conceptuales que muchos, desde la izquierda, han acabado aceptando inconscientemente.

Esta política tuvo su eclosión, a modo de ejemplificación, en los gobiernos de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en Reino Unido, y acabarían por ser aceptados, programáticamente, por parte de los partidos socialdemócratas occidentales. Nada que no se haya dicho con anterioridad en infinidad de textos y que no vale la pena profundizar.

Sea como fuere, el neoconservadurismo presenta una génesis diferente a la del neoliberalismo económico, juntos conforman una especie de bloque histórico; aunque, no sin tensión interna. Wendy Brown, filósofa estadounidense, señaló varias antinomias entre el neoliberalismo y el neoconservadurismo: la oposición entre un mundo conservador del deseo versus la explotación del deseo por parte del neoliberalismo, la conservación de las formas de vida tradicional versus su disolución neoliberal, una racionalidad moral y regulatoria versus una racionalidad técnica y “amoral” propia del capitalismo especulativo. No obstante, la autora señala como esta incoherencia en el plano de la “racionalidad política” es superada por una simbiosis en la “subjetividad política”: ambos acaban coincidiendo en su ataque a la esfera pública y a la democracia, generando, en palabras de la autora, un nuevo tipo de ciudadano que busca sus soluciones en las mercancías y no en la política.

El problema es que Brown acaba reproduciendo parte de los vicios categoriales reiterados hasta ahora, ya que acaba desligando la democracia y la política de las propias relaciones de producción que las posibilitan, como anhelando una repolitización de lo real, capaz de democratizar la esfera pública y regenerar el tejido social, lo cual nos lleva a mis notas finales a modo de conclusión.

Notas finales. Neoliberalismo como unión superficial de los cuatro procesos: “Enfermedad degenerativa del capital”

He ido dejando pistas a lo largo del texto. El relato antineoliberal en la izquierda ha derivado en un discurso estéril incapaz de problematizar los límites de nuestra realidad actual. La crítica al “neoliberalismo”, tras las crisis de 2008, es un anhelo hacia épocas expansivas del capital y sus ramificaciones asistencialistas por parte del estado liberal. Se anula, así, la crítica hacia la estructura misma de la sociedad capitalista, entendiéndose el neoliberalismo casi como una “perversión” del capital, como un ente disgregador y “psicópata” que ha sustituido el trabajo productivo por la especulación.

Bajo esta concepción, figuras como Thatcher y Reagan son presentadas como “grandes individuos de la historia”, personalidades que determinan el tiempo historio bajo su voluntad, algo propio de las interpretaciones historicistas del siglo XIX. Resultando esto en un discurso que acaba personificando toda la serie de procesos impersonales y estructurales que hemos ido detallando hasta hora, dependientes de las fases históricas de expansión de capital, y en la que estos individuos se ven, igualmente, envueltos.

El relato antineoliberal supone la reducción de los discursos políticos de izquierda a un enfoque sobre el reparto y la redistribución del crédito en detrimento al cuestionamiento de la naturaleza del propio crédito en relación con las fuerzas productivas, naturalizándolas. Además, la defensa del “asistencialismo y de la búsqueda de una normativa garantista implican el anhelo e identificación hacia formas socialdemócratas y hacia el estado social y el consenso keynesiano, las cuales tienen como condición de existencia las relaciones de producción capitalistas. El asistencialismo de los estados del bienestar, atacado por la desregularización, y añorado por los nostálgicos del keynesianismo, no buscaba la asistencia por la asistencia misma: el objetivo es mantener el crédito y los niveles de consumo para evitar tendencias recesivas en el capital. Su finalidad es salvar al capital. El dilema Keynes vs. Hayek está truncado. 

Asimismo, las alternativas construidas en torno al antineoliberalismo, son incapaces de cuestionar los límites de lo dado y de la política parlamentaria y gubernamental, ya que comprenden tales espacios como “elementos neutrales” a conquistar, y no como una parte integral del modo de producción capitalista, circunscribiendo la praxis a la toma del poder político. Por eso, en palabras de Asad Haider en su genial y recomendable obra Identidades mal entendidas, señalaba:

“No importa qué promesas hagan los políticos en tiempos de prosperidad —mejor sanidad, más trabajo, nuevas infraestructuras— una vez estos políticos entren en el gobierno, estarán obligados a gestionar el modo capitalista de producción y a asegurar las condiciones para el crecimiento. En el contexto de la crisis económica, deben necesariamente proponer soluciones que vayan en interés del capital y puedan obtener su apoyo. […] mientras no se desafía la estructura subyacente del capitalismo, deben usar sus conexiones con los líderes sindicales «no para hacer avanzar, sino para disciplinar a la clase y a las organizaciones que representan».”

Cuanto antes abandonemos el término y lo que implica (aceptar los límites impuestos por aquello que se crítica, la ideología liberal) mejor para todos. Es un concepto impreciso, reformista, complaciente, con poca altura de miras. Supone, en definitiva, ver al mundo dentro de unas coordenadas socialdemócratas, afirmando aquello que debe ser negado.

Publicado enSociedad
El científico David Riaño, durante la entrevista en su casa. Daniel Sánchez

A David Riaño le diagnosticaron este tipo de esclerosis en el otoño de 2009. “Es una sentencia de muerte. Básicamente, decirte que no te queda mucho tiempo”, afirma. Su historia lo refuta y, tras grabar el documental ‘7 lagos, 7 vidas’, su próximo proyecto es casarse. Con su silla de ruedas.

 

David Riaño tenía 33 años cuando en verano de 2008, durante sus vacaciones en España, empezó a notar que algo no iba bien. Se preocupó porque había desaparecido un músculo de la palma de su mano izquierda. Lo comentó con una amiga médica y ahí empezó todo. Mirando hacia atrás comprendió que los síntomas habían empezado antes. Jugando al fútbol había tenido un par de caídas. “Vas al choque y de repente sales disparado. La cabeza va a una velocidad diferente que el cuerpo. Es como una desconexión de la noche a la mañana entre la orden de la mente y los movimientos de los músculos”, recuerda. Aquel mismo verano empezaron las consultas. “En Estados Unidos [donde residía], fui al médico. Me dijeron que sí, que probablemente tenía ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), pero que había que descartar otra posibilidad, la neuropatía multifocal”. Esa enfermedad es autoinmune y con unas infusiones mensuales el enfermo puede recuperarse. “Estuve con esas infusiones un año y vieron que no mejoraba”. Le diagnosticaron como persona con ELA en otoño de 2009. “Es una sentencia de muerte. Básicamente, decirte que no te queda mucho tiempo”.

La conversación con David Riaño tiene lugar una mañana del mes de marzo de 2022. Nos recibe en su casa, en Alcalá de Henares. Lleva catorce años conviviendo con la enfermedad. Cuando le comunicaron que tenía ELA, vivía en Michigan (Estados Unidos) con su mujer y el hijo de esta. Riaño había logrado en 2007 una plaza de científico titular del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y acababa de convertirse en investigador principal de un proyecto de la NASA. “Era competitivo dentro de Estados Unidos y me gustaba lo que hacía”. Pero, poco a poco, a consecuencia de la enfermedad, notó que no podía seguir el ritmo. “Vas desapareciendo”. Recuerda aquella etapa como un proceso de aceptación de la enfermedad: “Una enfermedad de dos a cinco años de esperanza de vida. Hoy puedes andar, mañana no. Y hoy puedes hablar, mañana no. Entonces es difícil que la cabeza se ajuste a los cambios que suceden en tu cuerpo”.

Como en su caso la enfermedad le ha dado más tiempo, Riaño cree que ha tenido la oportunidad de aceptarla. “Ya estoy curado de la ELA”, afirma. Y esta convicción la desarrolla con detalle: “Sigo haciendo lo mismo que hacía antes de la ELA. He vuelto a participar en proyectos de investigación, reinventándome. Ahora igual más dirigidos a resaltar la importancia de la inclusión y aporte de personas con diversidad funcional en la ciencia, no ya solo como científicos, sino también como ciudadanos. He vuelto a bañarme en lagos. No renuncio a jugar al fútbol algún día con mis amigos, cuando tenga una silla un poquito más rápida. Voy a seguir haciendo las mismas cosas que antes. Lo que me hace falta es usar la cabeza para, de una manera diagonal, hacer lo mismo que hacía antes, pero con ayuda o reinventándome”.

Riaño cree que asumir la enfermedad fue incluso más difícil para su familia. De aquellos años en Michigan recuerda cómo estuvo trabajando de asistente de un equipo de fútbol, recuerda la terapia psicológica y “una montaña rusa de cuestiones muy difíciles”.

En 2011 el hijo de su mujer falleció en un accidente de tráfico. Tenía 18 años. “Era una mezcla entre mi hijo y mi amigo. Yo era el que me encargaba de llevarle al colegio, de todo lo que conllevaba la logística con él. Era un tipo muy alegre, con un gran corazón. Claro, para mí es difícil, pero para una madre.... Eso nunca se supera”. Y en algún momento, en esa montaña excesiva, su relación de pareja se fue deteriorando. “Creo que lo que nos pasó es que no nos ayudábamos. No sumábamos el uno al otro. Entonces cada uno tiene que seguir su vida. Yo en Estados Unidos estaba porque estaba ella. No podía mantener una vida independiente”. En 2018 se divorciaron y Riaño regresó a España. Llevaba quince años en Estados Unidos. “Siempre es mucho más difícil que la ida porque no te queda nada por idealizar”, señala.

Nos situamos en septiembre de 2018. Volver significa regresar a la casa de sus padres. Pero Riaño tiene un proyecto que en esa fecha se convierte en una realidad: grabar un documental que cuente su viaje para bañarse en lagos de Europa. El baño es un momento de libertad: su cuerpo se mueve ligero. El resultado se estrenó en 2021 en el Festival de Cine de Málaga. Se titula 7 lagos, 7 vidas. Lo dirigió Víctor Escribano y lo produjo José Luis López-Linares. Cuenta el viaje en furgoneta, el baño en los lagos, las relaciones entre Riaño y quienes le acompañan en la aventura, las dificultades que afronta, las incomprensiones, los momentos de plenitud. “Era una ilusión que tenía y una manera de buscar una excusa para seguir vivo y no darle muchas vueltas a seguir pensando en la enfermedad”.

Junto a Riaño, uno de los protagonistas del documental es uno de sus asistentes, Serigne Mbacke Ndiaye, un joven senegalés que, en ocasiones, parece el único capaz de seguir el ritmo y las necesidades que el viaje y el propio Riaño plantean. El documental muestra la relación entre ambos, los aprendizajes compartidos. Riaño, que se refiere siempre a Mbacke como el Capi —de capitán—, es consciente de que tiene a su lado a alguien que nunca le falla: “La historia del Capi es más interesante que la mía… Todos estos años hasta que consigue su documentación y consigue volver a Senegal, a ver a sus hijos. Su hija pequeña tenía once meses cuando él se vino a vivir a España”. Pero Riaño también sabe que su relación con quien siempre está ahí, con quien le ayuda en todo momento, se mueve en un equilibrio difícil. “Yo estoy muy contento con el Capi y le quiero un montón, pero entiendo que en algún momento de su vida le va a tocar tomar otro rumbo, porque no puedes estar anulándote como persona toda la vida. Tener un ayudante que tenga la capacidad de sufrimiento del Capi, la empatía, el anularse a uno mismo para tus necesidades… está muy bien, pero también es importante tratar de buscar un equilibrio y es muy difícil poder encontrar ese equilibrio”.

El día en que tiene lugar la entrevista, el Capi se encuentra en Senegal. Cuando él se vino a vivir a España su hija menor tenía once meses y acaba de cumplir trece años. Durante la jornada de la entrevista, acompaña a Riaño su ayudante, una mujer sonriente, de movimientos precisos. Es ella quien le ayuda a caminar unos pasos, quien sigue sus indicaciones para encender y apagar la cámara que Riaño lleva instalada en su silla, quien cuida cada detalle. Es ella quien nos acompaña en un paseo por Alcalá de Henares, en el que podemos apreciar los obstáculos que afronta una persona con ELA al tratar de moverse en silla de ruedas por la ciudad.

En el documental y en su vida diaria, Riaño se rebela contra las barreras: “Lo que más me afecta son las barreras mentales de la gente que toma las decisiones y de la gente con la que tengo que relacionarme. Las leyes están ahí, y el problema es que no se aplican y la gente no entiende cómo se tienen que aplicar”. Pone varios ejemplos: un escalón que consideran parte del patrimonio, un coche mal aparcado que le impide acceder a su furgoneta, una piscina de nado en la que le dicen que no puede entrar porque es demasiado lento. Señala que los edificios son seres vivos, que han de cambiar para ser accesibles. Y subraya la incomprensión que encuentra: “Es imposible que la gente entienda, porque no van en silla de ruedas. Somos otro animal. Entonces se buscan excusas para excluirte en vez de encontrar soluciones para quedar incluidos. Y ese es el problema que nadie entiende. Y, cuando reclamas y peleas por tus derechos, al final quedas excluido e incluso criminalizado. Es doloroso porque existen razones de peso para quedar incluidos: artículo 14 de la Constitución Española, la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad del año 2006…”.

Durante el paseo por las calles de Alcalá de Henares, Riaño se detiene para agradecer al propietario de una tienda de fotos y marcos que haya instalado una rampa en su establecimiento. También le paran a él para preguntarle cuándo se podrá ver el documental en Alcalá. Y Riaño agradece la pregunta y explica que muy pronto. 7 lagos, 7 vidas está teniendo un recorrido intenso, con proyecciones acompañadas de debates.

Regresamos a la casa y, durante la comida, nos acompañan además su padre, su hermana y su cuñado. Todo resulta esmerado y cálido. Nos adentramos en una conversación sobre viñedos y viajes por hacer. Si algo queda claro después de un día con David Riaño es que su vida está llena de proyectos y que no piensa detenerse por muchos impedimentos que encuentre.

Tras el estreno del documental en junio de 2021, siguió viajando. “7 lagos, 7 vidas expandió los límites de lo que creíamos que era posible. Y eso es muy potente. Estoy haciendo cosas que nunca pensaba que iba a hacer. Cuando estaba en Estados Unidos fui de San Diego a Detroit en avión, hablo de hace cuatro años, y aquello me pareció el límite, mi límite. Y ahora estamos haciendo cosas increíbles. Acabo de estar en Japón”. En el último trimestre de 2021, gracias a una beca de la Japan Society for Promotion of Science y el apoyo del CSIC, pudo estudiar en Japón cómo evoluciona la humedad de la vegetación en el contexto de los incendios forestales y el cambio climático. Su investigación, que sigue en marcha, analiza el impacto de los incendios a partir de imágenes de satélite, datos meteorológicos y proyecciones de modelos climáticos a futuro.

En enero de este año, Riaño viajó al Festival de Palm Springs, en California, donde se presentaba 7 lagos, 7 vidas. La crisis del coronavirus provocó la suspensión de las proyecciones del festival, pero aun así el protagonista del documental mantuvo su viaje y 7 lagos, 7 vidas fue galardonada con una mención especial en la categoría de cine iberoamericano.

Su próximo proyecto es casarse. “Me caso”, dice. Y sabe que provoca el interés y la sorpresa de su interlocutor. Luego entra en detalles: “Me caso con mi silla de ruedas. Va a ser una historia que quiero grabar”. Explica entonces que piensa ir al registro civil con la factura de la silla y que quiere seguir todos los trámites y ritos que acompañan a una boda. Quiere hablar así del derecho a la vida de las personas con discapacidad, del derecho a una vida digna y del derecho al amor. Confía en poder celebrar la boda este año y en que, en el viaje posterior, cuando quieran separarle de su silla al entrar en un avión, pueda explicar —y grabar— que se acaba de casar con su silla, que no tienen derecho a separarle de ella. “Se va a liar”, pronostica.

También tiene proyectos para el próximo verano: viajar a Cabo Norte, en Noruega. Quería ir a Vladivostok e iniciar la vuelta al mundo, pero reconoce que ahora resulta complicado. Y tal vez el año que viene —“si se abren un poco las fronteras”, matiza— intentará ir a Senegal por carretera para conocer la tierra del Capi.

Dice que no es ningún héroe, que todos los días son muy duros. “Somos personas a las que nos hace falta apoyo social y que se cumpla la ley para poder seguir vivos”, argumenta. Quisiera que las personas con ELA pudieran, si lo desean, continuar siendo lo que eran antes de tener ELA. “A mí me gustaría eso: seguir investigando, seguir bañándome hasta el último día en un lago, seguir estando con mis amigos. Cuando queden para jugar un partido de fútbol, ir con ellos con una silla un poquito más rápida. Seguir siendo yo”.

Miércoles, 18 Mayo 2022 06:11

#ParaQueNoSeRepita

#ParaQueNoSeRepita

 En audiencia pública ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos celebrada en San José, Costa Rica el 12 de y 13 de mayo de 2022, el equipo de la Corporación Colectivo de Abogados “José Alvear Restrepo” –CAJAR–, presentamos los hechos de hostigamiento en contra nuestra labor de defensa de derechos humanos de los que hemos sido víctimas por décadas. Exigimos verdad, justicia y reparación para estos hechos, y que no se repitan.

Los hechos se inician en 1980 cuando en ese entonces el Ministerio de Gobierno, hoy Ministerio del Interior, nos niega la constitución legal basándose en el Estatuto de Seguridad del presidente Julio César Turbay Ayala, por nuestro trabajo de defensa de presos políticos. De ahí en adelante los hechos de hostigamiento, estigmatización y desprestigio pasan por la inclusión de varios integrantes en informes de inteligencia de la Policía, el Ejército y el Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, campañas de desprestigio mediático, amenazas, robos, atentados, desplazamientos y exilios, así como una gigantesca operación de inteligencia cuyo objetivo era silenciarnos. Estas acciones para restringir nuestra labor no han cesado hasta la fecha. La continua persecución a las víctimas en este caso se basa en la noción de “guerra jurídica”, según la cual, quienes hacemos uso del derecho para prevenir y responder a violaciones de derechos humanos somos –bajo la doctrina de seguridad nacional–, parte del enemigo a combatir.

En la audiencia resaltamos el abuso de inteligencia de parte del Estado a la luz de las operaciones denominadas Transmilenio, Intercambio, Imprenta, Europa, Arauca, Encuentro, entre otras, ejecutadas para afectar las diversas dimensiones del trabajo del CAJAR. Estas operaciones nos generan profundos cuestionamientos: ¿Qué efectos tiene la información falsa consignada en informes de inteligencia que relaciona a integrantes de CAJAR con grupos armados?, ¿Cuál es el uso que el Ejército Nacional iba a dar o dio a los perfilamientos ilegales develados en 2020?, ¿Qué ha hecho el Estado con la información de inteligencia ilegal recopilada respecto de la misma Corte Interamericana, la Comisión Interamericana y las ONG’s litigantes CAJAR y CEJIL, en el marco de la operación intercambio del DAS?.

El Estado sostiene que la adopción de la ley 1621 de 2013 de inteligencia y contrainteligencia representó “un avance significativo” en la regulación interna. Sin embargo, según el perito Federico Andreu esta normativa tiene falencias importantes: 1) permite el monitoreo del espectro electromagnético, es decir la captación masiva de metadatos sin autorización judicial; 2) el ejercicio de inteligencia no cuenta con adecuados controles civiles independientes previos, durante o posteriores; 3) no existe un mecanismo de acceso, corrección y depuración de la información recaudada y la ley prevé la reserva de la información recopilada por un espacio de 30 años; y 4) por el tiempo en que fue expedida –hace 10 años– no tuvo en cuenta las nuevas tecnologías que permiten acceder a equipos de manera remota.

Por su parte el perito Rodrigo Uprimny dijo que la ley de inteligencia y contrainteligencia debe ser reformada, avanzando con un control civil autónomo e independiente. Es necesario avanzar hacia la entrega de la información recopilada respecto de las victimas de nuestro caso, sumando los artículos 11, 13 y 25 de la Convención Americana, y cumplir las recomendaciones del órgano político emitidas por la Comisión Asesora de Depuración de Datos y archivos de inteligencia y contrainteligencia, instalada en 2014.

¿Qué esperamos de la Corte?

Primero, que Estado debe reconocer el carácter pluriofensivo, circular, continuado y sistemático de las agresiones, como señaló la perita Ángela María Buitrago. Debe asegurar investigaciones diligentes, que comprendan todos los autores y todas las conductas, que consideren impactos diferenciales en las mujeres, y cuyos resultados sean públicos.

Segundo, que ordene que en la investigación de los hechos del caso, se atienda a estándares internacionales contemplados para otros graves crímenes, que comprenda: el desarrollo de investigaciones en contexto, la construcción de comunidad de prueba e identificación de patrones, la utilización del tipo penal de tortura, desplazamiento y otros, la atención al fin de las agresiones.

Tercero, que disponga la adopción de una política pública integral para la protección y garantía de las personas defensoras, que tome en cuenta lo establecido en el Acuerdo de Paz, las propuestas de las redes de derechos humanos y los lineamientos señalados en la pericia escrita de Lourdes Castro y Leonardo Díaz.

Cuarto, que en línea con las pericias de Federico Andreu y Rodrigo Uprimny, disponga la modificación de la ley de inteligencia y contrainteligencia, que incluya un control civil autónomo e independiente. Se debe disponer la entrega de la información recopilada respecto de las victimas de este caso, y cumplir las recomendaciones de la Comisión Asesora de Depuración de Datos y archivos de inteligencia y contrainteligencia.

Quinto, que la Corte reconozca a todas las víctimas que representamos y ordenar al Estado reconocer y reparar a otras incluidas en archivos e informes de inteligencia que no conocemos dado el secretismo estatal.

Sexto, que ordene un acto de reconocimiento presidido por el Presidente de la República en el que se exalten los aportes de CAJAR a la justicia y al fortalecimiento democrático.

Séptimo, que la Corte ordene el desarrollo de una campaña permanente para legitimar en la opinión pública el ejercicio de defensa de derechos y rechazar los sesgos y prejuicios existentes derivados de doctrinas militares que nos ven como “enemigos”, las cuales deben desmontarse.

Si no se protege a quienes defendemos derechos humanos ¿de qué democracia estamos hablando? #ParaQueNoSeRepita

 

Por Rafael Barrios Mendivil | May 16, 2022 

Publicado originalmente en: Confidencialcolonbia.com

 

 

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Más de 500 niños indígenas murieron en internados de EU, revela pesquisa federal

La cifra podría llegar a decenas de miles // Identifican 408 planteles

Nueva York. La primera investigación federal de escuelas-internados que durante 150 años operaron en Estados Unidos con el objetivo de anular la identidad cultural de miles de niños indígenas –los cuales fueron arrancados de sus familias y comunidades– ha identificado en su etapa inicial más de 500 muertes de alumnos en esas instituciones.

Según el informe emitido ayer por el Departamento del Interior, se han identificado 408 escuelas que operaron en 37 estados y territorios entre 1819 a 1969. Las cifras iniciales de las muertes de alumnos son sólo de 20 de estas instituciones.

El Departamento del Interior, entre cuyas funciones están las relaciones con la población indígena de Estados Unidos y que administró el sistema de internados, informó que al continuar con su investigación se espera que el número de muertes estudiantiles identificadas podría ascender a decenas de miles.

Las políticas federales de las escuelas-internados para indígenas aplicadas durante siglo y medio tenían "el doble objetivo de asimilación cultural y despojo territorial de pueblos indígenas a través de la remoción y reubicación forzada de sus hijos", reportó el Departamento del Interior al presentar el primer volumen de su investigación.

Las muertes de alumnos fueron resultado de abuso, enfermedades y accidentes, según el informe. Algunas de las escuelas fueron administradas directamente por el gobierno federal, y otras por organizaciones religiosas, católicas y protestantes, con financiamiento y supervisión federal.

“Las consecuencias de las políticas federales de los internados para indígenas –incluido el trauma intergeneracional causado por la separación de familias y la erradicación cultural infligida sobre generaciones de niños tan jóvenes hasta de 4 años– son desgarradoras e innegables”, declaró la secretaria del Interior, Deb Haaland, de Laguna Pueblo y primera indígena en un gabinete presidencial en la historia del país, al presentar el informe.

"Muchos estadunidenses podrían alarmarse al enterarse de que Estados Unidos también tiene una historia de arrancar a niños nativos de sus familias en un esfuerzo por erradicar nuestra cultura y borrarnos como pueblo. Es una historia de la cual tenemos que aprender si nuestro país busca curarse de esta era trágica", escribió Haaland en un artículo de opinión publicado ayer en el Washington Post, recordando que sus propios abuelos maternos y su bisabuelo fueron enviados a la fuerza a estos internados.

Informa que durante más de un siglo, decenas de miles de niños fueron arrancados de sus comunidades y colocados en estos internados, y hay cálculos de que para 1926, casi 83 por ciento de indígenas en edad escolar estaban en ese sistema. Muchos fueron castigados físicamente si se atrevían a hablar en su idioma o practicar sus tradiciones. Un fundador de una de estas escuelas resumió así la misión de este sistema: "mata al indígena, salva al hombre".

Nadie ha rendido cuentas

La investigación federal impulsada por Haaland es una respuesta al hecho de que nunca antes el gobierno ha rendido cuentas sobre este sistema para niños indígenas, incluidas las muertes de alumnos. Haaland también anunció que se iniciará una gira de funcionarios de su secretaría durante un año por el país, para que ex estudiantes de estos internados compartan sus memorias como parte de una colección de historia oral permanente.

Deborah Parker, de la Coalición Nacional de Saneamiento de los Internados Indígenas Estadunidenses, organización que ayudó al Departamento del Interior en la identificación de las escuelas, comentó a la agencia Ap que elogia el trabajo inicial, pero que se requiere más del gobierno. "Nuestros niños merecen ser regresados a cada familia. Estamos aquí para hacerles justicia y no vamos a dejar de abogar por ello hasta que Estados Unidos rinda cuentas plenas por el genocidio cometido contra los niños nativos".

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Miércoles, 11 Mayo 2022 05:40

El fulgor de la Literatura

El fulgor de la Literatura

El melancólico poeta César Vallejo

Nada más adecuado para concluir un encuentro sobre literatura latinoamericana que evocar el nombre de César Vallejo. Querido fantasma que nunca se fue y acompañó, desde hace más de cien años, cuando apareció en la ignorada ciudad de Trujillo, en los Andes peruanos, esa maravilla que se tituló Trilce. En la voz trémula de Celina Manzoni se instaló en medio de una atmósfera en la que la emoción que sacudía los bellos rostros de maestros y estudiantes, investigadores y escritores, se disfrazaba en sonrisas que afirmaban la soberanía de la literatura.

Pero no todo, incluso nada, salvo esa aguda inmersión en “maneras de ver” la literatura de Manzoni, versó sobre la obra del melancólico poeta. Que se me hizo presente y tiñó el final de la reunión y, además de algunos versos, sólo pude recordar que me acerqué, en Paris, a la clínica donde murió pero no me animé a entrar y averiguar pero qué habría podido averiguar, me bastaba con recordar su premonición, “Moriré en Paris con aguacero”. Aguacero: esa palabra hacía de tobogán para comprender cómo había sido su vida en esos duros años durante los cuales, no obstante, brotaban poemas que dieron y siguen dando, vicariamente, de comer a generaciones de críticos y profesores de universidades, incluidas, seguramente, las peruanas, su hijo predilecto pero a posteriori, cuando se enorgullecían de él, pero que él había padecido, como siempre ocurre y le ocurrió a él con el país de su infancia y de sus primeros amores: “Qué estará haciendo esta hora /mi andina y dulce Rita de junco y capulí/ ahora que me asfixia Bizancio/ y que dormita la sangre/ como flojo coñac, dentro de mí”.

No se trató, repito, de Vallejo, en los cinco días de la Jornada de Investigación, la 34, que organizó en abril del 22 el Instituto de Literatura Hispanoamericana de la Facultad de Filosofía y Letras. Se trató, en cambio, de múltiples nombres y de incesantes textos: esa jornada es una de las tantas que tienen lugar en la Universidad y que el respetable público y los medios de comunicación ignoran olímpicamente, como es lo que suelen hacer cuando algo se escapa de la cárcel del éxito, que es en donde están cómodos y creen comprender algo. No nos resentimos por eso, no nos importó, el éxito va por otro lado, fue suficientemente exitoso para quienes tenazmente asistimos los cinco felices días que duró, primero virtualmente y al final viéndonos las caras como descubriéndonos después de más de dos años sin vernos, justamente, vernos, sobrevivientes tal vez, era lo que importaba a los 80 que intervinieron y entre los cuales profesores con obra sedimentada y jóvenes que empezaban, brillantes los ojos, ardiente el interés.

Era impresionante: nos escuchábamos y nos mirábamos como quienes regresan de una larga e indeseada ausencia trayendo en nuestras alforjas un título de un texto o un nombre de un escritor, un lejano muerto en la paz de la escritura, y tocándolo, un cercano viviente vibrando en la angustia de la creación. El fulgor de la literatura cubría el espacio, las voces descubrían y en las manos a veces temblorosas palpitaban palabras e ideas: las voces temblaban cuando exponían, una maravilla, una lluvia de retoños que, silenciosamente, alimentaban esa extraordinaria decisión de comprender la literatura.

Era una suerte y un privilegio poder verlo y apreciarlo. Y apreciar el contraste con esa literatura de ferias y presentaciones y elogios vacíos y comentarios triviales. Creo que lo que nos unía era el sentimiento o la intuición de que “estar” en la literatura, o, mejor “estar en literatura” era “vivir” en literatura, aparte de la realidad y dentro de lo más real de la realidad, nada manos que el sentido de la vida.

Sor Juana nos murmuraba, Sarmiento nos gruñía y, de pronto, el delicado Gianuzzi que razonaba junto a un Girondo que miraba la otra poesía, la de la pintura, y de un inquieto Ecuador brotaba la enigmática fuerza de Pablo Palacio mientras Mário de Andrade extraía de las profundidades de Brasil una suerte de alegría vibrante, en tanto que regresaba con su voz acerada Josefina Ludmer y las audaces promesas de libertad de Ana María Shua y muchos otros mientras hacían presencia fantasmal los países, Chile, Bolivia, Uruguay, atrás en el tiempo, acuciantes en el presente.

Juntos, escuchándonos, razonando, recorriendo temas variados de muchos países, el pasado lejano y el más cercano, los clásicos y vivaces todavía, los resplandecientes y provocadores, los nuevos modos de mirar, las relaciones con la cambiante y fluctuante y convulsa realidad, el placer y el goce, la inteligencia y el ingenio. Y todo entre lo virtual y, como se dice actualmente, lo presencial. En suma, la literatura como forma de vida, eso tan difícil de entender por los pragmáticos y utilitarios, por los que no pueden apartarse de lo inmediato y por los que no creen que eso “sirva” para nada.

Mucho para pensar. En un momento, casi religioso, sentí que se trataba de una ceremonia en la que estábamos encerrados, casi una secta, lejos del “Mundo, mundo, vasto mundo/ mais vasto é meu coraçao”, de Drummond de Andrade, justificado o no, en nuestro caso plenamente justificado, olvidando los ecos de lo que se cierne en el planeta; casi una resurrección después de más de dos años sin vernos, temiendo la disolución con que nos amenazó la pandemia. Muchos fueron arrastrados, los que estábamos ahí resistimos pero, entretanto, la literatura palidecía porque la obligada soledad generaba descreimiento o porque el temor y las urgencias coartaban las pasiones. Sofocada, empujada por la incierta y dramática historia, sólo la enfermedad y la política sacaban sus banderas y nos hacían sentir que la literatura, su práctica y su teoría y todo lo que la rodeaba o la producía, hasta el imaginario, importaban poco o importaban lo peor, que pretender vivir en ella ponía en cuestión su sentido, qué vale la literatura y el arte cuando las tormentas sociales tratan de empujarlas a la nada de la insignificancia.

De modo que este encuentro fue como una resurrección y una reparación y mostró que, no obstante, lo esencial sobrevivía porque estuvo sobreviviendo en esa suerte de increíble hibernación, algo que nunca creímos los que estábamos ahí reencontrándonos que nos tocaría vivir, como había sucedido en las diversas pestes que habían caído sobre la tierra. Escuchar, por lo tanto, apreciar pensamiento, jugarse por la literatura, no tiene nombre, un privilegio, masa de la cultura, identidad puesta en juego, un triunfo sobre la muerte. 

11 de mayo de 2022  

Publicado enCultura
Norma McCorvey (izq.), quien fue Jane Roe en el caso Roe v. Wade de 1973, con su abogada, Gloria Allred, en 1989.

El equilibrio de poderes entre Washington y los Estados se ve amenazado en EE.UU., donde la ultraderecha religiosa se ha unido a la élite conservadora para poner límites a unas libertades civiles que tachan de libertinaje

 

De los tres poderes –Ejecutivo, la espada; Legislativo; la cartera; y Judicial, los jueces–, el encargado de administrar justicia nació como el hijo tonto de la joven democracia estadounidense. Alexander Hamilton ya lo advirtió a primera hora: “el [poder] judicial carece de influencia sobre la espada o la cartera. No tiene capacidad de acción sobre la fuerza o sobre la riqueza de la sociedad, por lo que no puede actuar decididamente sobre ningún asunto de importancia”. Es decir: no puede imponer sus decisiones. Corría el año de 1789.

La vista del número uno de la First St NE de Washington D.C. es imponente: primero la escalinata flanqueada por dos estatuas: a la izquierda una mujer, Contemplation of Justice; a la derecha, una figura masculina, The Guardian or the Authority of Law, también llamado The Executor of Law, ambas obras de James Earle Fraser. Después, las dieciséis columnas corintias que sostienen el frontón; y finalmente impresas sobre el arquitrabe, cinco palabras: Equal Justice Under the Law. El Tribunal Supremo de Estados Unidos (SCOTUS en sus siglas en inglés) ocupa este impresionante edificio desde 1935, 146 años después de que fuera establecido como máxima autoridad judicial de la nación mediante la ratificación de la Constitución de los Estados Unidos en 1789. 

Hasta 1935, la historia de SCOTUS es singular y accidentada: desde constituirse en una especie de consejo de sabios nómada, atendiendo casos de ciudad en ciudad en los primeros años de la nueva nación, hasta la oscuridad de los sótanos del Capitolio, pasando por breves periodos en Nueva York o Filadelfia. Su originario papel secundario y sus más de doscientos años de historia son la lucha continuada por consolidar su poder sobre la tierra; esto es: constituirse en the law of the land, el último órgano de decisión, no solo capaz de decir qué es constitucional sino de imponerse sobre sus hermanos. 

Primer acto: SCOTUS 1-mujeres 0. La sede de SCOTUS, también llamada El palacio de mármol, se levanta sobre el solar que ocupaba el Old Brick Capitol, histórico cuartel hasta 1929 del National Woman’s Party –la compró el Gobierno federal a insistencia del expresidente William Howard Taft, en ese momento primer magistrado del Alto Tribunal–, el partido que abogó incansablemente por el sufragio femenino en EE.UU. hasta su consecución en 1920 (Enmienda 19 de la Constitución) y que, desde entonces, se entregó a las luchas por los derechos civiles desde su feminismo militante. Fue una compra, sí. Pero digamos que aquellas primeras feministas fueron invitadas a abandonar su casa. Las ironías de la historia.

Segundo acto: SCOTUS 0-mujeres 1. 1973, Roe v. Wade. La archiconocida sentencia por la que el máximo órgano judicial estadounidense declaraba inconstitucional cualquier restricción al acceso de la mujer a la posibilidad de abortar en condiciones sanitarias adecuadas y de forma legal. La argumentación sobre la que se basaba Roe contra Wade poco tenía que ver con la moral y mucho menos con la biología (ambos pilares que sostienen las posiciones de los autodenominados pro-vida): se trataba única y exclusivamente de salvaguardar el “derecho a la intimidad” de cada persona en relación a una de las cláusulas de la 14º Enmienda de la Constitución. Es decir: el gobierno (ninguno) no es quien para decidir qué puede hacer cada uno con su cuerpo. Ese uno era una mujer, Norma McCorvey, la camarera de Texas que se escondía bajo el pseudónimo de Jane Roe, quien tras quedarse embarazada de su tercer hijo en 1969 quiso abortar. El problema era que en Texas, donde residía, el aborto era ilegal salvo riesgo para la vida de la madre. No era la primera vez, pero sí una de las más importantes en las que SCOTUS volvía a poner de manifiesto la fuente de su poder: la confirmación del concepto de judicial review del que emana su supremacía judicial. En resumen: la decisión sobre un caso específico se aplica y afecta a todos los demás casos semejantes en cualquier lugar del país. Una vez más, SCOTUS marcaba la única distancia posible entre el suelo y el techo de la casa común estadounidense. 

En realidad, Roe contra Wade fue el canto del cisne de una época que en 1969 estaba a punto de cerrarse con la llegada de Nixon a la presidencia: la gran expansión de los Derechos Civiles iniciada una década antes y que había sido consecuencia de la madre de todas las batallas en EE.UU.: el enfrentamiento entre la Casa Blanca (con o sin el Capitolio) y SCOTUS, es decir, la espada contra la toga. Una batalla ganada por los liberales, cuyo punto culminante habían sido las grandes sentencias en favor de los Derechos Civiles auspiciadas bajo un Tribunal (la llamada Warren Court Era) que había empezado a perfilarse bajo la presidencia de Franklin Delano Roosevelt. En la mente del Partido Republicano solo era cuestión de tiempo, de paciencia. Y de colocar en la Casa Blanca al hombre adecuado. La derecha y la ultraderecha estadounidense habían entendido por fin que la política de un país no se cambia tanto en el Capitolio como desde la sala noble del Palacio de Mármol.

Por eso no es casualidad que este tercer acto empiece precisamente por Roe contra Wade. La filtración del borrador publicado en la noche del pasado lunes por el diario Politicoy firmada por el juez Samuel Alito (conservador) reflejaba una opinión predominante de cinco de los nueve magistrados que integran la Corte a favor de la revocación del derecho a la interrupción del embarazo. Hacía meses que había sospechas de que esto ocurriría, no es ningún secreto que el propio tribunal vive tiempos convulsos con acusaciones de corrupción sobre algunos de sus miembros y enemistades personales entre otros. Incluso la pandemia y su politización ha sido motivo de discordia entre el grupo patricios togados: algunos de los jueces más jóvenes y conservadores se han mostrado reticentes a ponerse mascarillas en las reuniones con sus compañeros más veteranos.

La única sorpresa aquí ha sido que la bomba explotara vía filtración, acto sin precedentes en la historia de la institución y que ha desatado una caza de brujas con los ojos puestos en los magistrados liberales y, especialmente, su staff. El martes, el presidente de la Corte Suprema, el conservador –fue nombrado por George W. Bush, y últimamente se posiciona con sus compañeros más progresistas, lo que indica hacia dónde se ha movido el tribunal en los últimos cuatro años– John Roberts confirmó el contenido del documento de 98 páginas conocido el lunes, aunque señaló que se trataba de un “primer borrador”. Hay que indicar que la filtración en sí no es delito, pero si se descubre a su autor supondría el final de su carrera, amén de otro tipo de actos disciplinarios. 

El texto no deja lugar a dudas: según el voto privado emitido el pasado febrero, la mayoría conservadora cree necesario derogar el precedente sentado por la sentencia de 1973 (y confirmado en el caso Planned Parenthood contra Casey, de 1992): “[La sentencia de] Roe estaba terriblemente equivocada desde el principio”, escribe Alito, para el que “su motivación fue excepcionalmente endeble y aquella decisión ha tenido consecuencias perjudiciales. Lejos de lograr un consenso nacional en torno al tema del aborto, Roe y Casey atizaron el debate y profundizaron en la división”. Decenas de personas se han concentrado a las puertas del edificio del Alto Tribunal desde la publicación del borrador para protestar. Según un estudio reciente del Pew Research Center, seis de cada diez estadounidenses creen que el aborto debería ser legal en todas o casi todas las circunstancias, mientras que un 54% se manifiesta contrario a la derogación de Roe contra Wade.

“La Constitución no hace ninguna referencia al aborto, y ningún derecho de este tipo está protegido implícitamente por ninguna disposición constitucional”, argumenta Alito en una posición que secundan los magistrados Clarence Thomas, Brett Kavanaugh, Amy Coney Barrett y Neil Gorsuch, estos tres últimos nombrados durante la presidencia de Donald Trump. El fallo definitivo no se espera hasta finales de junio o principios de julio. La mayoría conservadora, seis contra tres, hace poco probable un cambio en la argumentación de la misma.

Una aclaración: si finalmente Roe contra Wade es revocada, eso no significa que el aborto se vuelva ilegal en EE.UU.. Solo que el poder de decisión tornará a los Estados y, por tanto, los más conservadores ya no tendrán obstáculo federal para prohibirlo en su territorio. La distancia entre las dos Américas, una liberal y otra conservadora, se agrandará todavía más.

El GOP y Trump, historia de un amor de conveniencia

Para entender un poco el origen de lo que está ocurriendo hay que irse al último año de legislatura de Obama. A un año de las elecciones, Obama pretendió llenar la vacante dejada por el fallecimiento del juez Anthony Scalia con el moderado Merrick Garland (hoy Fiscal General de Joe Biden). El entonces líder del GOP en el Senado, Mitch McConnell se negó incluso a reunirse con Garland y bloqueó cualquier intento de nominación durante 293 días. El tiempo justo para que Donald Trump se hiciera con la presidencia de EE.UU..

Con Trump en la Casa Blanca, fue el ultraconservador Neil Gorsuch quien ocuparía la vacante de Scalia en el Alto Tribunal. No sería el único. En solo cuatro años, Trump colocaría dos jueces conservadores más: Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett. Los tres en la cincuentena, para una posición que, recordemos, es vitalicia salvo renuncia voluntaria –es el caso de Stephen Breyer cuyo asiento será ocupado por la jueza Ketanji Brown Jackson (51 años) en algún momento de este verano y confirmada por el Senado a propuesta del presidente Biden el pasado 7 de abril. 

Aquel fue el verdadero legado de Trump, un presidente que para hacerse con el poder en el GOP se alió con el ala más conservadora del movimiento republicano estadounidense, la misma que llevaba décadas esperando la oportunidad para asaltar SCOTUS. Un quid pro quo necesario para iniciar la estrategia de demolición de lo conseguido desde la década de los Derechos Civiles. En definitiva, una partida de póker en la que en Estados Unidos siempre se apuesta en una doble vertiente. Por un lado, a medida que crece el poder de SCOTUS decrece el de la Casa Blanca, y viceversa. Por el otro, a medida que decrece el poder del Gobierno federal, crece el de los Estados; también y viceversa. 

Y aquí estamos otra vez: “Es hora de hacer caso a la norma fundamental y devolver el tema a los representantes elegidos por el pueblo”, sentencia el borrador de Alito, en una clara referencia a los gobiernos estatales. En la práctica, la derogación de Roe contra Wade supondría la libertad de los Estados para decidir sobre los derechos reproductivos de 166 millones de mujeres. Insisto, el GOP lleva décadas fraguando esto, y la derrota de Trump hace dos años simplemente potenció el cambio de paradigma en los estados controlados por los republicanos donde sus gobernadores han preparado leyes restrictivas que entrarán en vigor inmediatamente.

Dos países y una puerta hacia el abismo

Hay un país azul demócrata a punto de convertirse en santuario de los derechos de las mujeres y preparándose para acoger una ola de turismo reproductivo. Hay otro rojo republicano, en el que más de una veintena de estados aguardan la confirmación de lo filtrado esta semana. Estados como Oklahoma, cuya Cámara de Representantes aprobó la semana pasada una estricta norma que prohíbe las intervenciones después de la sexta semana de gestación, antes incluso de que la mayoría de las mujeres sepan de su embarazo. O Texas, siempre a la vanguardia de la reacción y no solo en el ámbito sanitario, cuya nueva legislación, promulgada en septiembre y conocida como la “Ley del latido”, propone la persecución de los ciudadanos particulares que ayuden a una persona a poner fin a un embarazo no deseado. Se trataría de una puerta hacia un abismo: según sea interpretada la norma, un taxista que lleve a una mujer a una clínica abortiva, aunque sea en otro Estado, podría ser perseguido judicialmente con penas de hasta 10 años de prisión. Tras Texas y Oklahoma, Florida, Ohio y otros Estados del sur anuncian su intención de convertirse en “santuarios de la vida”. 

Este abismo no tendría por qué circunscribirse a las cuestiones reproductivas. Por ejemplo: en Lawrence contra Texas (2003), SCOTUS usó el mismo argumento de Roe contra Wade (derecho a la privacidad) para determinar que era inconstitucional castigar a las personas por cometer sodomía. Obergefell contra Hodges (2015), que legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo y utilizó el derecho a la privacidad y la cláusula de igual protección para hacerlo. Esto podría abrir la puerta para que un Estado trate de desafiar las leyes de matrimonio entre personas del mismo sexo y las distintas legislaciones en relación a la comunidad LGTBQ, que ya están en el punto de mira de los legisladores republicanos. De nuevo Texas, donde se ha llegado a plantear la posibilidad de poner a cargo de las autoridades a los niños trans si estos son apoyados por sus padres en su proceso de transición. Pero hay más: Griswold contra Connecticut (1965), que protege la capacidad de los matrimonios para comprar anticonceptivos sin restricciones gubernamentales. No se trata solo del aborto. O Meyer contra Nebraska (1923), que permite que las familias decidan si quieren que sus hijos aprendan un idioma que no sea inglés. Esto podría abrir la puerta para que Estados antinmigración intenten prohibir el aprendizaje de otros idiomas que no sean el inglés en las escuelas públicas. Incluso, la obligación estatal de ofrecer un sistema público de enseñanza (Plyler contra Doe, 1982), como ha anunciado que va a estudiar el gobernador republicano de Texas, Greg Abbott. La educación pública nunca ha dejado de estar en el punto de mira republicano. 

También Skinner contra Oklahoma (1942), el fallo que declaró inconstitucional la esterilización forzosa de personas (se hizo con miles de mujeres afroamericanas). Hay quien ha señalado estos días que la caída de Roe contra Wade podría abrir la puerta para que algunos Estados determinaran la esterilización de delincuentes, personas discapacitadas o minorías de todo tipo. Sin duda, también el derecho al voto en un momento en el que en muchos Estados republicanos están aprobándose legislaciones encaminadas a restringir o dificultar el sufragio y que tienen a minorías raciales como principal objetivo.

En el origen de todo está la condición del juez Alito como ‘originalista’ constitucional. Con ese término se conoce a los magistrados que defienden que la Constitución debe interpretarse tal y como fue pensada por sus creadores hace más de dos siglos. Originalistas son también los jueces Thomas, Barrett, Gorsuch e, incluso, Kavanaugh también son originalistas. Los tres nominados por Trump.

Biden contra la Corte Suprema 

Muchos dicen que los senadores son los patricios del imperio americano. No es del todo cierto. Son los miembros de la Corte Suprema, depositarios de un poder casi omnipotente y sin aparente fecha de caducidad. Una situación sin paralelismo en ninguna otra democracia occidental.

El número de asientos en el Alto Tribunal permanece inalterado desde la presidencia de Ulysses S. Grant (1864-1865), y ante la herencia de Trump, no pocas voces llevan defendiendo la idea de que ha llegado el momento de ir a una nueva guerra contra la máxima institución judicial del país. En política estadounidense esto se conoce como Court Packing: que un presidente trate de incrementar –a veces reducir– el número de jueces del Supremo para lograr un tribunal con cierto equilibrio ideológico. En la práctica lo que se busca es una Corte más alineada con la Casa Blanca o el mismo Capitolio. En 1801, John Adams redujo el número de miembros de seis a cinco para evitar que su sucesor, Thomas Jefferson, pudiera nombrar a su propio magistrado. Poco después, el Congreso incrementó de cinco a siete el número de asientos. Andrew Jackson sumó dos más hasta conformar un Tribunal con nueve sillas. Más tarde, Lincoln añadiría una más; mientras que su sucesor, Andrew Johnson, volvería a reducir la alineación a siete, hasta que el mencionado Grant conformara los nueve actuales. 

La posibilidad de sumar nuevos jueces al actual SCOTUS, es algo que cuenta con la oposición frontal del GOP, muy cómodo con la situación actual, mientras que tampoco se ve claro en los círculos de poder más cercanos al presidente. No tanto por su problemática, es completamente legal y hay precedentes, sino porque supondría que la Administración Biden abriera un nuevo frente de batalla –sin cuartel y a todos los niveles, Partido Demócrata incluido–, y con la cita electoral de las elecciones de medio mandato –legislativas– el próximo noviembre. 

El enfrentamiento más sonado entre SCOTUS y la Casa Blanca data de 1933. EE.UU. vivía inmerso en la Gran Depresión y el entonces presidente, Franklin Delano Roosevelt, puso encima de la mesa su primer New Deal, la mayor expansión del Gobierno Federal de la historia de EE.UU. hasta la fecha. Su agenda populista(como fue calificada entonces, algunos dirían hoy socialista) chocó con la oposición frontal de un Tribunal muy conservador y receloso de un poder de Washington en expansión a costa del de los Estados. Todas las iniciativas contenidas en aquel primer New Deal fueron tumbadas por los togados, una tras otra. SCOTUS acababa de mudarse a su nueva y flamante sede y, en 1935, en un editorial publicado por The New Yorker se podía leer: “el nuevo edificio [de SCOTUS] dispone de unas grandes y maravillosas ventanas desde las que arrojar el New Deal”. 

Franklin Delano Roosevelt decidió cambiar de estrategia y reescribir las reglas del juego: amenazó con nominar un nuevo juez por cada miembro mayor de 70 años que se negara a retirarse. Esto suponía añadir seis nuevos magistrados hasta un total de quince. Todos ellos, claro, receptivos, cuando no directamente favorables, a las políticas del presidente. No fue necesario. El Alto Tribunal aflojó, y para 1937 un segundo paquete del New Deal pasó el dictamen de SCOTUS. Fruto de aquella victoria, los ciudadanos de EE.UU. contaron por vez primera con salario mínimo federal, seguridad social (nada que ver con la española) o el derecho de los trabajadores a formar sindicatos. En los siguientes dos años, la mayor parte de los jueces más conservadores optó por retirarse y Roosevelt fue sustituyéndolos. Un nuevo SCOTUS se centraría desde entonces en el ámbito de los llamados “derechos individuales”, un rincón al que nadie había hecho demasiado caso desde el punto de vista constitucional. Este sería el germen de lo que se consumaría en los años sesenta, y cuyas bases comenzaron a asentarse en 1952 con la sentencia de Brown contra Board of Education, que supuso el inicio del fin de la segregación racial en el sistema educativo y, por extensión, en todo el país. 

El problema hoy es que Biden no es Roosevelt, y sí un presidente mucho más débil, con un partido más dividido y una oposición mucho más escorada hacia la derecha. 

No se trata del aborto, insisto. Se trata, una vez más, de derechos civiles y en último término del equilibrio de poderes entre Washington y los Estados. Un sector de la sociedad estadounidense, la ultraderecha religiosa, ha unido sus fuerzas a la élite más conservadora y libertaria a nivel económico, y ha decidido que ya basta. Que hay que poner orden en unas libertades civiles que tachan de libertinaje, contrarias incluso al modo de vida americano. El derecho al aborto es el primer asalto. 

McCorvey, la Jane Roe original, no pudo beneficiarse de su lucha: fue madre de una niña en junio de 1970 que acabaría dando en adopción. Se convirtió, sin quererlo, en un símbolo de la lucha por los derechos reproductivos de las mujeres en Estados Unidos. Con posterioridad cambió de idea, y se convirtió en una convencida antiabortista. Ello no impidió que su caso garantizase constitucionalmente el derecho a interrumpir un embarazo hasta la semana número 23, en la que se fija la viabilidad del feto, y el derecho de millones de mujeres a decidir sobre su propio cuerpo en condiciones de legalidad y salubridad. 

“En muchas otras ocasiones, este Tribunal ha anulado importantes decisiones constitucionales…”, dice el texto de Alito. “Sin esas decisiones, la ley constitucional estadounidense tal y como la conocemos sería irreconocible, y este sería un país diferente”. Lo que nadie podría sospechar es que el país podría regresar en 2022 a un tiempo en el que una mujer debía cambiar de Estado o jugarse la vida y la libertad en la clandestinidad si decidía no ser madre.

Por Diego E. Barros 8/05/2022

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Alpidio Alonso Grau, ministro de Cultura, editor, poeta e ingeniero en control automático.. Imagen: Guadalupe Lombardo

De visita en la Argentina encabezando la delegación que llegó cuando La Habana es ciudad invitada de la Feria del Libro, Alpidio Alonso Grau analiza el presente que atraviesa su país.  

 

En la semana en que comenzó la Feria del Libro, y con La Habana como ciudad invitada este año, una delegación cubana visitó la Argentina. La encabeza el ministro de Cultura, Alpidio Alonso Grau, editor y poeta, y al mismo tiempo --como suele suceder en este país asombroso por donde se la mire-- ingeniero en control automático. Alonso despliega en la charla con Página/12 una erudición abarcadora de lo local --nada de la literatura argentina parece serle ajeno--, una defensa acérrima y apasionada de la Revolución cubana, una preocupación por el presente volcada en forma de acción. Ubica a la administración de Biden como peor que la de Trump en relación a Cuba, por haber cambiado los modos, pero no las formas en que se intensifica el bloqueo y la asfixia a la isla. Y en ese marco, denuncia como parte de "una campaña montada" a las protestas de artistas, periodistas y activistas cubanos recortadas y amplificadas por los medios de todo el mundo.   

"Las revoluciones son cataclismos, y la cubana se ha tenido que hacer contra todas las adversidades. Eso que ahora se llama robo de cerebros, empezó con Cuba muy temprano. Teníamos 6.000 médicos y se fueron 3.000. Las fábricas quedaron vacías, nos llevaron los ingenieros, los profesionales, y nosotros tuvimos que formarlos. Esa es la gran revolución cultural. Por eso la alfabetización del pueblo ha sido el primer pilar que plantó la Revolución. La Revolución cubana ha sido, sobre todo, una revolución cultural", comienza historizando el ministro. 

"Cuba, de ser un país de unos 6 millones de habitantes con más de 1 millón de analfabetos, hoy es un país de más de 11 millones de habitantes, que tiene más de un millón de universitarios, y que ha generado un capital humano muy preparado", precisa. 

Y define el carácter de esa transformación: "La Revolución cubana es un cambio cultural profundo. Sin la educación y la cultura, no se puede comprender este proceso. Desde el momento mismo de inicio del triunfo de la Revolución hasta hoy, la cultura ha estado en el centro de la transformación. Hablamos de la transformación del ser humano y de la sociedad toda. De la creación de una nueva cultura, una cultura de la solidaridad, del compañerismo, una cultura que se opone al individualismo que genera el capitalismo". 

--En este tiempo asistimos a un avance global de una ola cultural en sentido contrario, las derechas están triunfando en el mundo.

--¡Por eso Cuba molesta tanto! Porque no la han podido anexar jamás a esa ola. Porque Cuba ha propuesto una cultura superadora del ideal burgués, donde se le da espacio a todo el pueblo. Antes de la Revolución, a Cuba la habían convertido en un gran cañaveral, en un país monoproductor, solo de azúcar. Y en un gran garito. Y hoy, gracias al desarrollo de la educación y la cultura, vive fundamentalmente de los servicios que presta un capital humano muy preparado. El desarrollo que tiene hoy Cuba en el campo científico, las vacunas que hemos podido hacer, son el resultado de ese desarrollo de la cultura y la educación.  

El tamaño del desafío

--Seis décadas después del triunfo de la Revolución, ¿cuál es el desafío?

--El desafío es inmenso, porque Cuba sigue siendo un país pequeño y bloqueado de una manera brutal. A finales de la administración Trump el bloqueo recrudeció de una manera feroz, se tomaron 243 medidas que se mantienen intactas. Se mantuvieron intactas durante la pandemia. Es que el imperialismo pensó a la pandemia como una gran oportunidad para destruir a la Revolución. Por la vía del bloqueo crear una situación insostenible en la isla, que ocasionara una desestabilización que fuera inmanejable. Esa situación la potenció con una campaña difamatoria que culpa al gobierno cubano del desabastecimiento y de los problemas que crea el bloqueo. Quieren generar una indignación y después usarla con fines políticos, en contra de la Revolución. Invisibilizar los efectos del bloqueo y culpar al gobierno revolucionario de la situación. 

El desafío es grande porque la campaña es colosal. Creo que nunca antes ha habido en la historia un país tan pequeño, a 90 millas de imperio más poderoso, que tiene una relación cultural como la que han tenido estos dos países de mucho tiempo. Pero donde siempre ha habido una apetencia por tratar de absorber al país. Estados Unidos tiene con Cuba una obsesión histórica, tratar de despojar al pueblo cubano de lo que es legítimamente suyo, y convertir a Cuba en parte de la Unión. Históricamente han fomentado un pensamiento anexionista, que no no ha triunfado. Hoy el reto sigue siendo: Patriotismo frente a anexionismo. Eso no ha cambiado, ese reto sigue ahí. Y sigue siendo: independencia nacional frente a colonialización. 

Y en medio de ese desafío está la cultura. Esta gran campaña ha colocado a la cultura como el blanco fundamental. Hay un intento de utilizar a los artistas para enfrentarlos a la Revolución, enfrentarlos a las instituciones culturales creadas por la Revolución. 

--Silvio Rodríguez, que aún con sus críticas es un gran defensor de la Revolución, tuvo el gesto de llamar a intercambiar ideas públicamente con un joven representante de esas protestas. ¿Desde las instituciones han pensado algún tipo de acercamiento de este tipo?

--El diálogo con los artistas e intelectuales es un principio esencial dentro de la política cultural. En 1961 Fidel se reunió con los intelectuales durante tres fines de semana, al cabo les habló, esas palabras de Fidel pasaron a la historia como Palabras a los intelectuales. Es el pilar fundador de la política de Cuba. Ese discurso que trasciende los enfoques para con la cultura tiene varios ejes, pero uno es ese: el que tiene que ver con la convocatoria más amplia posible. Fidel, desde ese momento, deja dicho que la Revolución sólo podía renunciar a aquello que fuera incorregiblemente contrarrevolucionario y reaccionario. Que dentro de la Revolución había espacio para todo ejercicio de la creación, la más amplia libertad creadora desde el punto de vista formal. Y que incluso había espacio dentro de la Revolución para los que no fueran revolucionarios, y que fueran personas decentes. Es la misma perspectiva de Martí, que llamaba a los "cubanos de bien" a participar de la república. 

El año pasado celebramos los 60 años de Palabras a los intelectuales, y lo ratifico el presidente (Miguel) Díaz-Canel: en Cuba hay espacio para todos, salvo para los que estén contra el proyecto colectivo. Y nosotros tenemos un diálogo permanente. Se quiere presentar a Cuba como el paraíso de la censura, algo que es un imposible. Es imposible ocultar la vitalidad que tiene el arte cubano, ¡y eso no se puede conseguir en un ambiente de censura! El primer mentiz a esa falacia es la obra misma de nuestros creadores. Incluso algunos de lo que hoy encabezan la campaña contra las instituciones culturales, y hoy están boicoteando nuestros principales eventos, como la Bienal de La Habana, son el resultado del trabajo de esas instituciones, se formaron en nuestras escuelas de arte y ganaron notoriedad internacional promovidos por nuestras instituciones.

Están tratando de promover la idea de un sistema político que coarta la libertad, que está en contra de los artistas, cuando ellos han sido protagonistas de toda ese esfuerzo por fomentar la cultura. 

--Le podría poner varios correlatos locales de gente que se benefició mucho con un gobiernos nacionales y populares, salvando todas las distancias. Pero le citaba el ejemplo de Silvio Rodríguez porque trascendió como un intento de acercamiento... 

--El diálogo, la comunicación con los creadores, la participación en las decisiones de las instituciones en materia de política cultural, ha sido permanente. Fidel pasaba días y días en los congresos de las asociaciones de artistas de Cuba, y también con los jóvenes, discutiendo los temas de la agenda cultural y política, poniendo a participar a los escritores y artistas. Y ese ejemplo de Fidel se ha seguido hasta hoy, lo hace el presidente Díaz-Canel que se reúne todos los meses con la dirección de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y con una masa de artistas. 

El presidente Díaz-Canel es un defensor de la cultura, pero hoy ha asumido un compromiso explícito, ha mantenido una sistematicidad ejemplar en el seguimiento a los planteamientos de nuestros artistas. Durante la pandemia, en una situación económica asfixiante, se les mantuvo un salario a los músicos y artistas escénicos durante más de dos años. El país ha invertido 1165 millones de pesos en protección salarial de esos artistas. ¿Un gobierno que está en contra de los artistas hace eso?

"Con Biden es peor"

--¿Qué cambio ha habido en la relación con Estados Unidos al pasar de la administración de Trump a la demócrata?

--Con Biden es peor. Porque ha mantenido unas medidas terribles con un ropaje de paz, con un discurso menos confrontativo, pero las medidas económicas arreciadas a lo más duro en un ambiente de pandemia. ¿Qué añadió? La campaña. Es la asfixia económica, privarte hasta de lo más elemental, y al mismo tiempo, sobre todo en las redes y sobre todo dirigido a la nueva generaciones, difundir que el culpable es el gobierno. Invisibiliza el bloqueo y sus efectos, y culpa al gobierno de todo lo malo que hay. 

--¿En qué medida hoy ha recrudecido ese bloqueo?

--Estados Unidos está con los satélites vigilando, hoy no entra un barco de petroleo a la isla sin sufrir consecuencias. Teniendo a Estados Unidos a 90 millas, tan cerca que las mujeres de los millonarios antes de la Revolución iban a peinarse allí. ¡Imagínate! Si pudiéramos vender la música cubana a Estados unidos, es el mercado natural. 

No es el bloqueo de siempre, es el bloqueo recrudecido de una manera brutal en condiciones de pandemia, el desabastecimiento, el turismo frenado en la pandemia, el boicot a la inversión en Cuba, al turismo cubano. Fíjate lo que han hecho: cerraron el consulado en La Habana, donde se otorgaban las visas de reunificación familiar para que los cubanos visiten a sus familiares en Miami. El cubano es muy familiar. Cierra la embajada y te obligan a ir a México, a Guyana a pedir la visa. Llegas ahí y te la niegan, perdiste el dinero del pasaje, la estadía. Generan un malestar tremendo, entonces están por un lado diciendo: solo queremos paz con Cuba, y por otro lado provocando esto.

Durante la pandemia, Estados Unidos impedía que llegue el oxígeno, hemos tenido que hacer verdaderas proezas, y si Cuba no colapsó como país es porque ha habido un seguimiento, porque lo más importante es la vida de la gente. Y en esa situación se les mantuvo el salario a los artistas

Es tan injusto lo que se hace con Cuba, es criminal. Nosotros no podemos dejar que se caiga la Revolución, nos tiene que ir la vida en eso. Por lo que representa Cuba para los cubanos, para Latinoamérica y el mundo . Y están empeñados en que la Revolución caiga. Están jugando a darnos el puntillazo, pero siempre han subestimado la obra misma de la Revolución, lo que la Revolución ha sembrado.

--¿Cuál es la estrategia que se traza Cuba en este presente?

--El presidente ha dicho que la resistencia tiene que ser creativa, con bloqueo o sin bloqueo tenemos que apostar a nuestro desarrollo, se ha apostado a la participación de la ciencia, la informatización y la comunicación social como eje central en nuestra gestión de gobierno. Todo ese capital se ha puesto en función de la innovación, para desarrollar una alternativa al bloqueo. Cuba desarrollo cinco candidatos vacunales y tres vacunas ya. Y aunque cada vez son más brutales las medidas, aunque han creído que la pandemia era el momento para conseguir lo que no han conseguido en todos estos años, tenemos una estrategia trazada. 

La cultura adocenada

Defensor de "una literatura que no sea mansa ni adocenada", Alonso postula: "nos interesa el arte que inquiete, que nos lleve a la reflexión, a preguntarnos, que contribuya a la transformación". "Hoy la cultura es la gran perdedora en toda la plataforma neoliberal", asegura. 

--¿Cómo lo analiza?

--Cuando se revisan las plataformas de los gobiernos neoliberales, son los de educación y cultura los primeros presupuestos que se rebajan, los ministerios que se cierran. Sencillamente el neoliberalismo convierte todo en mercancía. Hay una crisis de los paradigmas humanistas tradicionales: esa perspectiva progresista que el propio capitalismo promovió en sus inicios, sencillamente ha desaparecido, y lo que no vende no vale, no sirve. Hay en la cultura un fermento humanista con el cual no se puede mercadear, por tanto eso no cuaja en esa perspectiva que todo lo juzga a partir de la ganancia. Es un criterio homogeneizador, una cultura chatarra que trata de adocenar el pensamiento y eliminar cualquier perspectiva crítica del sistema: ¡Disfruta sin pensar tanto, sin complicarte tanto, goza, vive el ahora mismo! Un presentismo a toda costa en el que quieren hacer encajar a la cultura, en esa gran maquinaria que está desplegada exclusivamente para reproducidr la visión del capitalismo..

Pues nosotros sí creemos en el valor profundo de la cultura, en los valores humanistas educativos, eso está en las antípodas de la industria hegemónica. Y nos negamos a que ciertas expresiones queden reducidas a nichos muy pequeños que no tienen visibilidad al lado de los best seller, ya sea en el cine, la literatura, en todo lo que se aparte de la producción en serie del entretenimiento.

Hoy la hegemonía yanqui no es tanto económica y militar, como cultural e informativa. Ese es el tamaño del desafío: convertirnos en una alternativa a esa industria global. Sabemos que el desafío es inmenso, pero de eso se trata. Seguimos creyendo en la utopía, y nos va la vida en eso.

Lograr el hombre nuevo del que hablaba el Che es una pelea durísima, es una hermosa utopía a la cual vale la pena dedicar la vida. Porque, ¿a qué vamos a venir a este mundo? ¿A sencillamente pasar por aqui? ¿O a tratar de mejorar lo que somos? Que ya a esta altura del juego, es tratar de salvarnos como especie, porque este capitalismo lo pone en peligro todo. El consumismo lleva a una fiebre que termina auto destruyendo al ser humano. 

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John P. McCormick, autor de obras como Machiavellian Democracy, sostiene que Nicolás Maquiavelo debe ser entendido como un precursor del actual populismo de izquierdas.(Nickniko / Wikimedia Commons)

UNA ENTREVISTA CON JOHN P. MCCORMICK

Durante siglos, los detractores de Niccolò Machiavelli lo han presentado como el padre fundador del cinismo político. Pero el pensador italiano fue en realidad un idealista republicano cuyo apoyo al gobierno popular puede inspirar las luchas contra las oligarquías de hoy.

 

Casi cinco siglos después de su muerte, el filósofo italiano Nicolás Maquiavelo sigue siendo una de las figuras más influyentes de la historia del pensamiento político. El autor de El Príncipe probablemente se asombraría de ser objeto de libros sobre habilidades de liderazgo dirigidos a directores generales de empresas o de que, en Los Soprano, Paulie Walnuts se refiriera a él erróneamente como «Príncipe Matchabelli».

La visión errónea de Maquiavelo como el padre fundador del cinismo político —o incluso del «mal» político— es casi tan antigua como el propio hombre. Pero John P. McCormick, autor de obras influyentes como Machiavellian Democracy, sostiene que el pensador florentino se entiende mejor como precursor del actual populismo de izquierdas. Lejos de estar desfasados, algunos de los argumentos de Maquiavelo siguen adelantándose a nuestro tiempo. Un enfoque verdaderamente «maquiavélico» de la política puede ayudar a fortalecer la democracia popular.

GP

Probablemente no exista universidad en la que no se enseñen las obras de Maquiavelo, o al menos El Príncipe. Sin embargo, las investigaciones sobre su figura y pensamiento son bastante excepcionales. Usted ha publicado dos libros sobre Maquiavelo y, por lo que sé, está preparando un tercero. ¿Por qué Maquiavelo? ¿Cómo lo descubrió por primera vez?

JM

Por supuesto, me encontré con El Príncipe en la universidad, pero durante los estudios de posgrado en la Universidad de Chicago, en 1992, tuve la suerte de asistir a dos seminarios dedicados íntegramente a los Discursos de Maquiavelo. Esas clases desencadenaron mi fascinación por Maquiavelo para toda la vida. Aunque empecé mi carrera académica trabajando en la línea de la «teoría crítica» de la Escuela de Frankfurt, la orientación de mi trabajo volvió a centrarse en Maquiavelo en la década de 2000.

GP

¿Qué motivó esta reorientación?

JM

Supongo que fue el aumento de la desigualdad y el aventurerismo militar bajo la administración de George W. Bush y Dick Cheney en Estados Unidos. Después de todo, Maquiavelo me había enseñado que los ciudadanos de las antiguas repúblicas castigaban a las élites mucho más severamente por la corrupción y la traición que nosotros en las democracias liberales contemporáneas. Cualquiera que lea a Maquiavelo con seriedad verá que los ciudadanos democráticos modernos dejan que las élites se salgan con la suya precisamente con el tipo de comportamiento que él pensaba que debía ser castigado con severidad.

GP

Usted no es solo un especialista en Maquiavelo. Ha publicado extensamente también sobre el pensamiento de la República de Weimar. Se podría decir que le atraen las crisis políticas más agudas.

JM

Ciertamente no lo planeé así, pero el tema general de mi carrera académica se ha convertido en «repúblicas democráticas en crisis». Llevo más de dos décadas investigando la perpetua susceptibilidad de la democracia a la corrupción plutocrática y oligárquica, corrupción que a menudo desemboca en golpes de Estado autoritarios. He explorado la situación extremadamente precaria de la libertad cívica y el gobierno popular en contextos históricos tan variados como la Florencia renacentista, la Alemania de Weimar, los Estados Unidos contemporáneos y los Estados miembros de la Unión Europea (UE).
 

GP

Todavía hoy, mucha gente piensa que Maquiavelo fue un maestro del mal. Los estudiosos —o al menos la mayoría de ellos— han intentado corregir esta idea errónea centrándose en su lealtad a la tradición republicana de Roma y en sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Sin embargo, su lectura es diferente. Porque tu Maquiavelo no es solo un pensador republicano: es un pensador republicano pro popular, hostil a las degeneraciones oligárquicas de los Estados libres.

JM

Aunque Maquiavelo nunca utilizó la palabra «democracia», y aunque expresó serias (pero no incondicionales) reservas sobre la democracia ateniense, he defendido que Maquiavelo es, de hecho, el primer «teórico democrático» de la historia del pensamiento político occidental. Maquiavelo borra la distinción clásica entre aristócratas y oligarcas, acusando a las élites socioeconómicas de ser siempre agentes de opresión sobre la gente común.

 

Además, Maquiavelo ensancha los pocos momentos del pensamiento político tradicional en los que los autores conceden a regañadientes que el pueblo llano puede ejercer ocasionalmente un buen juicio político, y procede a construir una novedosa teoría democrática sobre esa base. Incluso hoy en día, los famosos estudiosos se fijan en los pocos casos en los que Maquiavelo representa al pueblo tomando malas decisiones e ignoran por completo las decisiones mucho más calamitosas que él demuestra que tomaron las élites (concretamente los senados aristocráticos) en las repúblicas espartana, romana, veneciana y cartaginesa.

GP

Curiosamente, en Italia, Maquiavelo se asocia a menudo con lamentaciones sobre las glorias italianas del pasado. En su libro, por el contrario, usted demuestra claramente cómo su pensamiento ofrece ideas frescas para corregir el impulso oligárquico de las democracias occidentales.

JM

Maquiavelo fue un esperanzador visionario sobre el futuro de Italia que se inspiró en un vibrante pasado mediterráneo. No se dedicó a la nostalgia trágica. Se inspiró en la forma en que los antiguos toscanos, siracusanos, espartanos y aqueos resistieron valientemente y durante mucho tiempo la dominación de hegemonías imperiales como Macedonia, Cartago y Roma. Maquiavelo creía firmemente que un retorno al antiguo orden doméstico y militar permitiría a los italianos modernos rechazar a los hegemones contemporáneos como Francia, España y el emperador alemán.

Después de todo, los hegemones modernos, en su opinión, no eran más que tigres de papel comparados con sus homólogos antiguos. Si las ciudades italianas rearmaran a sus ciudadanos comunes —tanto militar como cívicamente—, podrían superar la dominación extranjera y la opresión interna de los clérigos y los optimates (los que apoyaban el gobierno oligárquico en la República romana tardía). Quizás fue demasiado optimista sobre el futuro. Es posible que Maquiavelo subestimara la obstinación con la que las élites de su época se resistirían a las reformas que él propugnaba: el restablecimiento de los tribunos plebeyos, de las grandes asambleas populares y de las amplias milicias ciudadanas que, en su opinión, habían garantizado las libertades de los pueblos y repúblicas antiguos.

GP

Se le ha acusado de ser un populista o un partidario del populismo. ¿Cuál es la diferencia entre un teórico político pro popular y uno populista, ahora y en la época de Maquiavelo?

JM

Efectivamente, soy partidario del populismo, del populismo de izquierdas. La diferencia entre el populismo de izquierdas y el de derechas es sencilla. El populismo progresista es un movimiento chauvinista mayoritario que desafía las ventajas injustas de las que disfruta una élite minoritaria, rica y poderosa. El populismo de derechas, por el contrario, es un movimiento chauvinista mayoritario que desafía los privilegios imaginarios de los que disfrutan los inmigrantes vulnerables o las minorías religiosas y étnicas. Creo que los escritos de Maquiavelo anticipan el populismo de izquierdas porque anima a los plebeyos a desafiar a las élites y exigirles una cuota de poder económico y político cada vez mayor.

Maquiavelo demuestra de forma bastante convincente que los gobiernos populares son el objetivo constante de (aunque no utilizó el término) «vastas conspiraciones de la derecha», en todo lugar y en todo momento. Desde esta perspectiva, la corrupción sistémica generada por la plutocracia es simplemente una amenaza constante y existencial para cualquier sistema de gobierno cívico que no sea ya una oligarquía desnuda. La única manera de detener o hacer retroceder esta corrupción es que la gente común se movilice y utilice cualquier influencia que tenga —servicio militar o fuerza de trabajo, por ejemplo— para extraer concesiones de las élites que preferirían expandirse antes que renunciar a su desproporcionada autoridad.

Por supuesto, las repúblicas antiguas que Maquiavelo analizó nunca tuvieron que lidiar con el «populismo de derechas». Las élites socioeconómicas de esas repúblicas podían invocar el patriotismo o la «anti tiranía» para frustrar las demandas reformistas del demos o de la plebe; es decir, podían priorizar la necesidad de la guerra contra enemigos extranjeros hostiles o invocar el peligro de que los líderes populistas acumularan poder real mientras defendían la situación de las clases bajas.

El senado romano ejerció con maestría ambas estrategias, desviando con frecuencia a los plebeyos del tumulto en casa a la guerra en el exterior, y a menudo saliéndose con la suya al matar a campeones populares, desde Marco Manlio Capitolino a los hermanos Graco, como «aspirantes a tiranos». Pero tales oligarcas nunca pudieron movilizar plenamente a grandes segmentos del pueblo llano en un movimiento sostenido contra las reformas populares y los reformadores populares. Al final, tuvieron que recurrir a la represión violenta para conseguirlo, como ejemplifica la tiranía de Sula.

Por otra parte, los populistas de derecha contemporáneos tienen un arma poderosa que esgrimir tanto contra los partidos de centroizquierda como contra los movimientos populares: la acusación de deslealtad o traición nacional. Dado que los demócratas y socialistas modernos están motivados por los principios universalistas de la Ilustración, son perpetuamente susceptibles de ser acusados de no estar realmente dedicados al bienestar de «la gente» dentro de sus propios países. Se les acusa con demasiada facilidad de preocuparse en última instancia por la «humanidad» (por la gente de todo el mundo) o por las minorías subalternas nacionales. De ahí la eficacia de los populistas de derecha para desprestigiar a los políticos de centroizquierda y a los populistas de izquierda por igual como «globalistas» traicioneros o como adherentes antimayoritarios de la «política de identidad».

GP

¿Cuál es su actitud hacia el marxismo? Está claro que su enfoque de Maquiavelo es diferente al de los pensadores políticos marxistas.

JM

Hay que reconocer que soy muy duro con los posmarxistas europeos en la nueva introducción a Machiavellian Democracy. Soy bastante impaciente por la medida en que autores como Louis Althusser, Claude Lefort, Étienne Balibar y autores italianos más recientes influenciados por ellos ignoran, minimizan o descartan el papel de las instituciones en el pensamiento político de Maquiavelo. Reconstruyen los escritos de Maquiavelo de forma que el pueblo se limita a impugnar el funcionamiento de las instituciones, es decir, las maquinaciones de un «Estado» monolíticamente concebido.

Pero la concepción de Maquiavelo del governo popolare es precisamente eso: el pueblo participando en el gobierno a través del funcionamiento de instituciones como los tribunos romanos de la plebe (las asambleas en las que el pueblo propone y discute, afirma o rechaza las leyes) y los juicios públicos, en los que el pueblo sirve como juez último de los ciudadanos acusados de delitos políticos. Los posmarxistas temen que el pueblo se ensucie las manos de forma moralmente dudosa al participar en el «gobierno» o que el pueblo sea cooptado en el funcionamiento del «Estado» al participar en su funcionamiento. Pero Maquiavelo insiste en que las reformas exigidas por el pueblo a través del tumulto deben ser instanciadas en «leyes», cuya adjudicación sigue supervisando, incluso mandando, el pueblo (y no un partido privilegiado).

Maquiavelo no quería simplemente que el pueblo, a través de manifestaciones públicas, protestara contra el poder de la oligarquía manifestado por «el Estado» desde el exterior. También quería que impugnaran perpetuamente el poder de la oligarquía desde dentro del funcionamiento del Estado. Solo ensuciándose las manos a través de la práctica política ejercida fuera y dentro de las instituciones podrían combatir eficazmente la oligarquía y ejercer el autogobierno. Aterrados por los ejemplos de la Rusia estalinista y de la China comunista, los intérpretes posmarxistas de Maquiavelo sistemáticamente compensan en exceso, reduciendo la democracia al antigobierno, es decir, al anarquismo.

GP

¿Y cuál es su actitud hacia Karl Marx en general? ¿Qué parte de su pensamiento es más vital para nosotros, en su opinión?

JM

Por supuesto, venero enormemente los escritos de Marx. La lectura de Crítica de la filosofía del derecho de Hegel en la universidad me cambió la vida. Aunque desde entonces lo he abandonado como ideal emancipador, el hecho de que Marx articulara la economía británica, la política francesa y la filosofía alemana me inspiró durante décadas. Sin embargo, la ausencia de una visión política constructiva en Marx acabó resultando muy frustrante: Marx fue un crítico magistral de la política reaccionaria en obras como La guerra civil en Francia y El 18º brumario de Luis Bonaparte, pero su falta de especificidad respecto a la política del socialismo fue decepcionante.

Al principio me dirigí al joven Jürgen Habermas, más hegeliano, como alternativa, pero finalmente su intento de llenar la laguna política de Marx resultó ser demasiado liberal para mi gusto… de ahí mi paso a Maquiavelo. Sin embargo, hoy en día se está llevando a cabo una importante labor de recuperación de los recursos políticos de Marx: Bruno Leipold sobre el republicanismo de Marx, Steven Klein sobre los linajes marxianos para la socialdemocracia, Will Levine sobre los kantianos marxianos y el trabajo de Camila Vergara sobre la tradición del institucionalismo radical, que se remonta a Rosa Luxemburgo.

GP

El otro autor sobre el que ha publicado extensamente es otro pensador antiliberal, esta vez del lado derecho del espectro político: Carl Schmitt. ¿Qué podemos aprender de él?

JM

Schmitt fue, por supuesto, el maestro en denunciar el universalismo de la izquierda política para promover una derecha política supuestamente más auténtica y «democrática» en la República de Weimar. Recientemente, he llegado a ver la carrera de Schmitt como un emblema del papel casi constante desempeñado por la centroderecha en los intentos de usurpación o el éxito de las democracias liberales. Schmitt fue uno de los primeros partidarios de la República de Weimar, pero en menos de una década justificó y participó en su derrocamiento.
 

Muchas democracias modernas siguen precisamente esta trayectoria: las democracias se establecen con un apoyo bastante entusiasta por parte de los partidos de centroderecha pero, una vez en el poder, estos partidos tienden a moverse más a la derecha, eligiendo alinearse con los partidos de extrema derecha para mantener el poder inconstitucionalmente, en lugar de comprometerse formando gobiernos de coalición con los partidos de centroizquierda. Los políticos de centroderecha siempre piensan que pueden controlar a la extrema derecha, pero pronto descubren que tienen un tigre por la cola. Esto fue cierto en Weimar, y ciertamente es una realidad también en los Estados Unidos hoy en día. Las democracias modernas son derrocadas casi exclusivamente desde la derecha, no desde la izquierda.

GP

Existen, por lo general, dos maneras de juzgar la política italiana desde el extranjero. Algunos comentaristas presentan a Italia como una tierra exótica y misteriosa, donde la política sigue reglas enigmáticas. Columnistas más sabios y mejor informados han observado que la política italiana tiende a anticipar la tendencia occidental, generalmente en sus peores aspectos. Benito Mussolini fue Juan el Bautista para Adolf Hitler, al igual que Silvio Berlusconi para Donald Trump. ¿Cuál es su opinión? ¿Y cuánto sigue usted la política italiana?

JM

Suscribo firmemente esta última línea de pensamiento. La política italiana es siempre el «canario en la mina de carbón» de la política occidental. Cuando viví en Italia, a mediados de los años noventa, los paralelismos entre el ascenso de Berlusconi y lo que ocurría con Newt Gingrich y Pat Buchanan eran muy claros, pero pocos en Estados Unidos querían considerar a estos últimos como protofascistas. Hay un enorme vacío en el vocabulario político estadounidense cuando se trata de la palabra fascista: en el discurso público está permitido llamar fascista a Barack Obama, ¡pero no a Trump! Sin embargo, en Italia durante esos años, cada conversación de almuerzo y cena se dedicaba a ubicar dónde se encontraba Berlusconi en el continuo fascista, y cuánto más lejos en una dirección fascista podría llegar.

GP

La parálisis política contemporánea en los Estados Unidos tiene claramente mucho que ver con la crisis del movimiento socialista. Los oligarcas disfrutan de una situación muy favorable ahora que la «izquierda neoliberal» hace avanzar sus intereses no menos que la derecha. Para los ricos es una situación en la que todos ganan: sea cual sea el resultado de las elecciones, se beneficiarán de un gobierno amigo. ¿Cómo podemos arreglar esto?

JM

Así es precisamente como intento explicar la política estadounidense a mi madre: cuando ganan los republicanos, los ricos se hacen más ricos; cuando ganan los demócratas, los ricos siguen siendo ricos. Debido al sistema bipartidista de Estados Unidos, la redistribución económica y la regulación siempre han sido objetivos políticos problemáticos (aunque incluso bajo republicanos como Dwight Eisenhower y Richard Nixon, la América posterior a la Segunda Guerra Mundial era como un Shangri-la socialdemócrata en comparación con la actual).

En Europa, las cosas son más difíciles de explicar. Supongo que la existencia de partidos comunistas creíbles en Europa Occidental durante la Guerra Fría indujo a los partidos de centroderecha a comprometerse con los de centroizquierda de forma que se fomentara una relativa igualdad económica. Ahora, los partidos conservadores son libres de dedicarse a la obstrucción total cuando están fuera del poder. Por supuesto, tienes razón en que los partidos socialdemócratas merecen su parte de culpa. A través de las políticas neoliberales, han participado en el vaciamiento de las bases sociales de la política progresista.

GP

¿Qué opina de la experiencia de los gilets jaunes (chalecos amarillos) en Francia?

JM

Una grata excepción a la regla. Fue ciertamente refrescante ver surgir en una gran democracia un movimiento social más o menos de base que protestaba contra la austeridad. Y es un gran alivio que dicho movimiento no haya adoptado la forma patológica asociada al populismo de derechas; espero que las acusaciones de antisemitismo sean meras calumnias lanzadas contra ellos por los enemigos conservadores del movimiento. Los gilets jaunes son la oposición enérgica y articulada a la austeridad que los políticos centristas como Emmanuel Macron merecían. Dijeron «¡Basta!» a las políticas financieras y económicas que trasladan injustamente la carga de mantener una sociedad moderna sana de los ricos a la gente media.

Estoy harto de que centristas como Macron, e incluso Angela Merkel, hagan reverencias y acepten ramos de flores por rescatar la Ilustración, la civilización y la decencia humana derrotando electoralmente a la derecha xenófoba y luego pivoten para satisfacer las preferencias políticas de los intereses financieros que directa o indirectamente respaldan sus propias campañas, en lugar de los ciudadanos de clase media y trabajadora que realmente votaron por ellos. Se felicitan por haber matado al dragón populista de la derecha y luego promulgan políticas que siguen alimentándolo.

Las políticas de austeridad de Merkel aseguraron que la extrema derecha siga teniendo un electorado en el sur de Europa, y las políticas neoliberales de Macron aseguran que la tentación de Marine Le Pen siga siendo viable en Francia. Los gilets jaunes demuestran que hay una tercera vía viable entre la austeridad neoliberal y el populismo de derechas.

GP

Después de Polonia, Hungría y Turquía, ¿qué Estado europeo cree que es ahora más vulnerable al populismo de derechas?

JM

No creo que Alemania sea «el próximo», pero hay que vigilar de cerca a AfD (Alternative für Deutschland, Alternativa para Alemania) y hacer todos los esfuerzos, nacionales, europeos e internacionales, para que el movimiento sea pequeño. Los costes para Alemania, los Estados miembros de la UE, Europa en su conjunto y la propia democracia serían devastadores si un movimiento de extrema derecha se hiciera más fuerte allí.

GP

Como estudiante de la Alemania de Weimar, ¿ve algún paralelismo con el colapso de la República de Weimar en los Estados Unidos de hoy?

JM

Mucha gente comparó la insurrección del Capitolio del 6 de enero con el incendio del Reichstag que los nazis aprovecharon para consolidar el poder. Yo lo comparo más con los asesinatos de los ministros de Weimar Walther Rathenau y Matthias Erzberger por parte de extremistas de derecha a principios de la década de 1920. Estos asesinatos hicieron que un diputado alemán enfurecido exclamara en el Reichstag: «¡No hay duda de que el enemigo está en la derecha!».

La insurrección del Capitolio, al igual que estos asesinatos, debería obligar a todos los ciudadanos dedicados a la democracia constitucional a repudiar y reprimir el extremismo de extrema derecha. La advertencia no fue escuchada en Weimar, y dudo que lo sea en Estados Unidos. El comportamiento cobarde de la gran mayoría de los políticos republicanos durante y después del segundo juicio de destitución de Trump no es una buena señal en ese sentido.

Notas

 

Por Gabriele Pedullà[1]

Notas

1

Profesor de literatura italiana en la Universidad de Roma Tre. Entre sus obras destacan Machiavelli in Tumult (2018) e In Broad Daylight: Movies and Spectators After the Cinema (2012).

 

JOHN P. MCCORMICK. Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Chicago. Es autor de libros como Reading Machiavelli (2018), Machiavellian Democracy (2011), Weber, Habermas and the Transformations of the European State (2006) y Carl Schmitt's Critique of Liberalism (1997).

Publicado enPolítica
Viernes, 06 Mayo 2022 05:47

Detrás del cartel

Detrás del cartel

Cómo las empresas estadounidenses financian la prohibición del aborto

Estados Unidos está a pocos días de perder su histórica protección federal al derecho al aborto legal. Detrás de la retórica feminista de sus megaempresas se esconde el dinero que estas compañías destinan a los políticos ultraconservadores.

Un borrador interno de la Corte Suprema de Estados Unidos, publicado por Politico el lunes 2, indica que el máximo tribunal anularía la jurisprudencia sentada por el célebre caso Roe versus Wade, lo que eliminará las protecciones constitucionales para el aborto legal, que han estado vigentes en ese país durante 48 años. «La sentencia de Roe versus Wade estaba terriblemente equivocada desde un comienzo», escribe en el borrador filtrado el juez Samuel Alito. Según los informes, la posición de Alito cuenta con el apoyo de otros cuatro jueces conservadores del tribunal. El grupo incluye a tres jueces designados recientemente por el expresidente Donald Trump: Neil Gorsuch, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett.

Es técnicamente posible que uno o más de estos jueces cambien de opinión antes de que se publique oficialmente la decisión. Pero parece muy probable que las protecciones federales para el aborto legal se evaporen en unas semanas. Dieciocho estados estadounidenses ya tienen preparadas leyes que en la práctica prohibirán el aborto en todos los casos tan pronto como Roe sea revocado (aunque algunos de estos estados tienen excepciones por violación, incesto o la vida de la madre). Otros cuatro estados prohibirán el aborto después de las seis semanas: antes, incluso, de que muchas mujeres sepan que están embarazadas.

Las fuerzas contrarias al aborto legal han estado presionando para lograr este resultado desde el momento mismo en que se zanjó el caso Roe versus Wade, en 1973. Pero el esfuerzo ha cobrado un impulso significativo desde 2016, con la elección de Trump. Requirió de la acumulación y el ejercicio de poder tanto a escala federal como estatal, con tres objetivos claros.

  1. EL CONTROL REPUBLICANO DEL SENADO

Después de que el juez de la Corte Suprema Antonin Scalia muriera en febrero de 2016, el líder de la mayoría en la Cámara Alta, Mitch McConnell, republicano por Kentucky, se negó a permitir que el Senado considerara siquiera el candidato a reemplazar a Scalia, elegido por el entonces presidente, Barack Obama, a pesar de que a Obama le quedaba casi un año de mandato. Sin embargo, después de que Trump fuera elegido en 2016, McConnell modificó las reglas obstruccionistas de la cámara para aprobar la nominación de Gorsuch y Kavanaugh, y, aunque la magistrada progresista Ruth Bader Ginsburg murió pocas semanas antes de que Trump perdiera su reelección, McConnell forzó la nominación de la ultraconservadora Coney Barrett como reemplazo de Bader Ginsburg. Lo cierto es que ninguna de estas nominaciones hubiera sido posible sin el control republicano del Senado, y el grupo más importante involucrado en asesorar y financiar la elección de candidatos republicanos para ese órgano es el Comité Senatorial Republicano Nacional (NRSC, por sus siglas en inglés).

  1. EL CONTROL REPUBLICANO DE LAS LEGISLATURAS ESTATALES

Animadas por este nombramiento en la Corte Suprema de magistrados que eran abiertamente hostiles a la jurisprudencia sentada por Roe versus Wade, las legislaturas estatales controladas por políticos contrarios al aborto legal se dedicaron a aprobar prohibiciones a nivel estatal. El grupo más importante involucrado en asesorar y financiar la elección de candidatos republicanos para las legislaturas estatales es el Comité de Liderazgo Estatal Republicano (RSLC, por sus siglas en inglés).

  1. EL CONTROL REPUBLICANO DE LAS GOBERNACIONES

No es suficiente que las legislaturas estatales aprueben la prohibición del aborto. Necesitan un gobernador contrario al aborto legal que convierta esas prohibiciones en ley. El grupo más importante involucrado en asesorar y financiar la elección de candidatos republicanos para las legislaturas estatales es la Asociación de Gobernadores Republicanos (RGA, por sus siglas en inglés).

Acumular tanto poder no es fácil y, en Estados Unidos, es tremendamente caro. Pero las fuerzas contrarias al aborto legal tuvieron un aliado fundamental: las grandes empresas. Un análisis de Popular Information sobre donaciones políticas corporativas encontró que 13 empresas importantes han donado más de 15 millones de dólares al NRSC, el RSLC y la RGA desde 2016.

Esta cifra es apenas una pequeñísima muestra del papel que las grandes empresas estadounidenses han desempeñado para poner fin a las protecciones constitucionales al derecho al aborto. Primero, solo incluye a 13 grandes compañías e, incluso dentro de ese reducido grupo, no incluye las contribuciones PAC (sigla de Comité de Acción Política, en español), que se donan directamente a las campañas individuales de los políticos. No incluye tampoco dinero donado al NRSC, el RSLC y la RGA por cámaras empresariales. También excluye el apoyo empresarial a organizaciones sin fines de lucro contrarias al aborto legal, como la Heritage Foundation y la Federalist Society, porque esas contribuciones no están obligadas por la ley a ser de naturaleza pública.

Pero esta cifra limitada deja en claro el papel central del dinero de las grandes empresas en la reversión inminente de Roe versus Wade, incluido el dinero de muchas corporaciones que dicen ser campeonas de los derechos y la igualdad de las mujeres, como las que aparecen en la siguiente lista.

Amazon: El CEO de Amazon, Andy Jassy, afirma que la compañía promueve «la igualdad de género y el empoderamiento en el lugar de trabajo, el mercado y las comunidades». El lunes, Amazon anunció que «pagará anualmente [a sus empleados] hasta 4 mil dólares en gastos de viaje por tratamientos médicos que no impliquen riesgo de vida, incluidos abortos». La asignación se aplicará «si una operación no está disponible en un radio de 160 quilómetros de la casa de un empleado». Pero desde 2016, Amazon ha donado 974.718 dólares a comités políticos contrarios al aborto legal, incluidos 75 mil al NRSC, 789.718 a la RGA y 110 mil al RSLC.

AT&T: En el Informe de Diversidad, Igualdad e Inclusión 2020 de AT&T, su CEO, John Stankey, dijo que uno de los «valores centrales» de la compañía es «la equidad de género y el empoderamiento de las mujeres». El 26 de agosto, AT&T celebró el Día de la Igualdad de la Mujer, diciendo que era «un día para reflexionar sobre los muchos desafíos que aún enfrentan las mujeres en nuestra sociedad para lograr la equidad». La compañía dijo públicamente que «las mujeres empoderadas son claves para el éxito de sus comunidades». Pero, desde 2016, AT&T ha donado 1.472.827 dólares a comités políticos contrarios al aborto legal, incluidos 330 mil al NRSC, 984.827 a la RGA y 158 mil al RSLC. AT&T también ha sido uno de los principales donantes PAC de políticos estatales individuales que impulsan la prohibición del aborto.

Citi: La compañía financiera dice que «está tomando medidas para promover la equidad de género dentro de sus oficinas y en las comunidades de todo el mundo». En un informe de 2017, Citi dijo que uno de los obstáculos que frenan a las mujeres en la economía son las «restricciones a sus derechos reproductivos». La compañía dice querer crear un mundo donde «los derechos de las mujeres sean reconocidos y las mujeres estén empoderadas para ser participantes libres e iguales en una economía global robusta, sostenible e inclusiva». En marzo, Citi anunció que «cubriría los costos de viaje de los miembros del personal radicado en Estados Unidos que tienen que viajar fuera de su estado de origen para practicarse un aborto». Pero, desde 2016, Citi ha donado 685 mil dólares a comités políticos contrarios al aborto legal, incluidos 90 mil al NRSC y 595 mil al RSLC.

Coca-Cola: La empresa dice que «existe evidencia abrumadora de que lograr la igualdad y el empoderamiento de las mujeres tiene amplios efectos buenos para la sociedad». Pero, desde 2016, Coca-Cola ha donado 2.624.000 dólares a comités políticos contrarios al aborto legal, incluidos 105 mil al NRSC, 2.325.000 a la RGA y 194 mil al RSLC.

Google: «Luchamos por un futuro donde haya equidad en todo el mundo, igualdad de oportunidades para el éxito en todos los campos y donde las mujeres estén seguras tanto online como en el mundo físico», ha dicho la compañía. El 8 de marzo, Google tuiteó que está «trabajando para ayudar a las mujeres a priorizar sus necesidades, poniendo énfasis en su seguridad y salud, creando oportunidades equitativas y celebrando sus logros». Pero, desde 2016, Google ha donado 525.702 dólares a comités políticos contrarios al aborto legal, incluidos 195 mil al RSLC, 225.702 a la RGA y 105 mil al NRSC.

Walmart: La cadena de retail dice estar comprometida «a celebrar, desarrollar y animar a las mujeres de todo el mundo, tanto dentro de la empresa como en las comunidades a las que esta sirve». En 2019, la compañía tuiteó que «empoderar a las mujeres crea valor compartido: es bueno para la sociedad y es bueno para los negocios». Pero, desde 2016, Walmart ha donado 1.140.000 dólares a comités políticos contrarios al aborto legal, incluidos 755 mil a la RGA, 195 mil al NRSC y 190 mil al RSLC.

Otros grandes contribuyentes a comités partidarios contrarios al aborto legal incluyen a General Motors (2.405.900), Comcast (1.869.604), CVS (1.380.000), Verizon (901.150), Walgreens (496.700), Wells Fargo (471.800) y T-Mobile (343.400).

Por Judd LegumRebecca Crosby
6 mayo, 2022

(Publicado originalmente en Popular Information. Traducción de Brecha.)

Publicado enInternacional
Se instaló juicio a la represión en Cali

"EL TRIBUNAL POPULAR DE SILOÉ EMITIRÁ SANCIONES ÉTICAS SOBRE LOS CRÍMENES DEL ESTADO: DÍCTER ZÚÑIGA*


Familiares de los jóvenes asesinados, heridos o detenidos, lo mismo que líderes sociales y comunitarios de Cali y numerosos periodistas de medios alternativos se dieron cita el 3 de mayo en la jornada de instalación del Tribunal Popular de Siloé ‘Operación Zapateiro’.

El acto se cumplió en el Parque de la Horqueta, un punto de encuentro de la comunidad del barrio Siloé, en el que se hizo también una exposición fotográfica y se llevó a cabo un acto cultural en homenaje a las víctimas de la represión ordenada por el régimen de Iván Duque contra los participantes en el Paro Nacional y el Levantamiento Social, cumplidos entre el 28 de abril y finales de junio de 2021.

El Tribunal Popular de Siloé tiene por objeto evitar la impunidad con la que las diversas entidades del Estado colombiano, empezando por la Presidencia de la República, quieren cubrir la brutal represión que costó la vida en el sector de Siloé a entre 12 y 18 personas, en tanto que en todo el país la cifra de homicidios supera los 80.

Madres, padres, hermanas y demás familiares de varios de los jóvenes asesinados en el barrio por la Policía y el Ejército el 3 de mayo de 2021, el 28 del mismo mes y en semanas subsiguientes participaron al lado de los organizadores del Tribunal en la instalación del certamen.

LOS TESTIMONIOS

Dramáticos y dolorosos testimonios se escucharon en la primera jornada.

Crisol y Paula Sánchez denunciaron, en medio del llanto, cómo su hermano, Daniel, de solo 16 años de edad, fue detenido, torturado y asesinado por la Policía, y luego arrojado en un almacén que se incendió.

Ante la inoperancia de los órganos del Estado, han sido ellas y demás familiares quienes se han apersonado de investigar la verdad del caso, pero subrayaron que han encontrado oídos sordos en la Fiscalía y hasta el momento persiste la más increíble desatención.

“Seguimos luchando para que no haya impunidad. Este Tribunal es más transparente que cualquier organismo estatal. A donde tengamos que ir vamos a ir para reclamar justicia. Nos quitaron tanto, que nos quitaron el miedo. Yo ignoraba la realidad de mi país hasta cuando la muerte tocó las puertas de mi casa”, dijo ante los asistentes Crisol Sánchez, al reivindicar la memoria y la vida de su hermano.

También rindieron sus testimonios, entre otros, Jenny Mellizo, madre de Harold Antonio Rodríguez Mellizo, asesinado por la represión estatal el 3 de mayo de 2021 en Siloé, y Abelardo Aranda, padre de Michael Andrés Aranda Pérez, asesinado el 28 de mayo de 2021. Los crímenes de estos jóvenes, como los demás, permanecen en la impunidad.

En el acto de presentación del Tribunal participaron también Ani Diesselmann, Martha Giraldo y Patrick Kane, de los colectivos organizadores del evento, cuya parte cultural se prolongó hasta las horas de la noche del 3 de mayo.

Dícter Zúñiga Pardo, del Colectivo de Abogados N21 Incluyente y Diverso, otro de los promotores del juicio, explicó, en entrevista con PERIODISMO LIBRE, que con esta clase de tribunales “el pueblo mismo asume la justicia que reclama y aporta material investigativo con elementos probatorios contundentes”.

MAGISTRADOS Y GARANTES

Destacó, asimismo, el hecho de que académicos, intelectuales y personalidades internacionales como Boaventura de Sousa Santos, de Portugal; Pablo Pimentel y Juan Grabois, de Argentina, y muchos otros tendrán a cargo el análisis de testimonios y demás pruebas en su calidad de jueces.

“Se le dirá a la justicia colombiana: ‘¿ustedes por qué no han actuado, a pesar de todas las pruebas documentales y testimoniales existentes?’”, destacó Zúñiga Pardo. “El Tribunal emitirá sanciones éticas sobre los crímenes del Estado en Cali”, puntualizó.

Otros de los magistrados internacionales del Tribunal, que sesionará en Cali hasta el 10 de diciembre de 2022, son Joannne Rapapport, de Estado Unidos; Lidia Tupa Zelaya, de Bolivia; Yohanka León del Río, de Cuba; Heike Hänsel, Raul Zelik y Darío Azzellini, de Alemania, lo mismo que Daniel Feierstein, de Argentina, y Édgar Ramos Andrade, de Bolivia.

Los garantes del Tribunal son el profesor Ramón Grosfoguel, de la Universidad de California, EE.UU.; la profesora Kristina Dietz, de la Universidad de Viena, Austria; el padre Javier Giraldo, fundador del Cinep; el exmagistrado colombiano Iván Velásquez Gómez, y monseñor Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali.

SIGUEN LAS DETENCIONES

Por otra parte, el abogado Zúñiga Pardo aseveró que el gobierno continúa criminalizando la protesta social, y denunció que se siguen produciendo detenciones arbitrarias.

En tal sentido recordó que cinco jóvenes fueron capturados por la Policía y la Fiscalía el 28 de abril del presente año, al final de los actos conmemorativos del inicio del Paro Nacional.

De igual manera, alertó sobre lo que denominó como falsos positivos judiciales contra abogados defensores de derechos humanos.

“Hay preocupación entre los defensores de derechos humanos, pues se podrían estar montando procesos contra nosotros”, expresó, y recordó cómo cuando se encontraba en uno de los puntos de la protesta en el norte de Cali, en cumplimiento de su labor de abogado, fue grabado durante más de una hora por un policía.

La entrevista con Zúñiga Pardo se puede ver en el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=jLDqaVChDwk&ab_channel=PeriodismoLibreCali

Cali, miércoles 4 de mayo de 2022.

Publicado enColombia
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