Experto augura que el iPhone se volverá obsoleto y revela qué lo sustituirá y cuándo

El reconocido analista plantea la condición necesaria para que el nuevo dispositivo iguale las ventas del popular 'smartphone' de Apple.

Apple se está preparando para sustituir su móvil inteligente iPhone por otro dispositivo, que proporcionará las capacidades computacionales necesarias para satisfacer todas las exigencias del usuario del futuro.

El analista Ming-Chi Kuo, reconocido experto en la industria tecnológica, ha pronosticado la fecha en que aparecerá ese sustituto, e incluso prevé sus características.

En una carta a los inversores, a la que tuvo acceso el portal 9to5mac, Kuo señala que esto sucederá exactamente dentro de 10 años: en 2032 saldrá al mercado este dispositivo, y con mucha probabilidad consistirá en un casco o gafas de realidad aumentada, tecnología que superpone imágenes digitales en la visualización de la vida real.

Kuo subraya que el futuro dispositivo desplazará al 'smartphone' y contará, además, con capacidades de computación independiente comparables con la potencia del Mac, la legendaria computadora de Apple. En caso contrario, simplemente no podría igualar las ventas del iPhone.

"Actualmente hay más de 1.000 millones de usuarios activos de iPhone. Si el objetivo de Apple es sustituirlo en 10 años por una forma de realidad aumentada, esto significa que deberá vender al menos 1.000 millones de esos dispositivos en la siguiente década", explica el experto.

En caso de que el casco se posicione únicamente como un accesorio para el Mac o el iPhone, no se estaría favoreciendo el crecimiento del producto.

"Un casco de realidad aumentada que funcione de forma independiente significa que tendrá su propio ecosistema y proporcionará una experiencia de usuario más completa y flexible", detalla el experto.

En la misma carta, Kuo señala que una versión temprana de ese casco, que Apple prevé presentar ya el próximo año, contará con dos pantallas micro OLED 4K de Sony, lo que significa que soportará realidad virtual, tecnología de inmersión completa en el mundo digital.

Publicado: 27 nov 2021

 Nayib Bukele anuncia la construcción de la primera 'ciudad del bitcóin' en el mundo durante la conferencia de la 'semana del bitcóin', Teotepeque (El Salvador), el 20 de noviembre de 2021.JOSE CABEZAS / Reuters

Será construida en el este del país en forma de círculo, emulando una moneda, y sus residentes estarán exentos de impuestos, excepto del IVA.

El Salvador planea construir "Bitcoin City", la primera 'ciudad del bitcóin' del mundo, que será financiada con bonos, respaldados con la criptomoneda, reveló este sábado el presidente del país, Nayib Bukele, al final de la conferencia dedicada a la promoción de la divisa digital. 

"Pensé que teníamos que dar un anuncio grande en esta 'Semana del bitcóin'. Así que hoy quiero anunciar que vamos a construir la primera 'Bitcoin City'", declaró el mandatario. 

Será construida entre la ciudad de La Unión y Conchagua en forma de círculo, emulando una moneda. El proyecto incluye una "gran plaza central" que "celebrará la creación del bitcóin", precisaron desde la Casa Presidencial de El Salvador. "Habrá una plaza con la 'B' del bitcóin tallada en ella, lo que permitirá que la luz ingrese a las salas de exhibición del museo del bitcóin. Aquí es donde la gente aprenderá sobre la evolución del dinero: desde las piedras hasta la perfección de blockchain", señaló el organismo.

Según Bukele, será una nueva metrópolis con zonas residenciales, centros comerciales, restaurantes, un puerto, un aeropuerto, un tren, "de todo en torno al bitcóin".

Sus residentes estarán exentos de impuestos, excepto del IVA. "La mitad se usará para pagar los bonos de la municipalidad y lo demás para la infraestructura pública y el mantenimiento de la ciudad", dijo el presidente.

La energía la obtendrá de una central geotérmica local en el volcán de Conchagua, en el departamento de La Unión.

Samson Mow, director de estrategia de Blockstream, proveedor de tecnología 'blockchain', informó que inicialmente las autoridades salvadoreñas emitirán bonos de 1.000 millones de dólares respaldados por bitcoines a fin de comenzar a recaudar fondos para levantar la planificada ciudad.

Bukele anunció que en el 2022 iniciará la emisión de bonos dentro del "ecosistema bitcóin", mientras que el proyecto iniciará 60 días después del financiamiento.

"Bitcoin City será la ciudad más avanzada de su tipo, más famosa que las ciudades y metrópolis más grandes de todo el mundo. Es el comienzo de lo que se llamará 'Área Metropolitana de la Ciudad de Bitcoin'", comunicaron desde la Casa Presidencial.

En septiembre del 2021 El Salvador se convirtió en el primer país del mundo en adoptar el bitcóin como moneda de curso legal. Esta semana, el país latinoamericano ha sido sede de la 'Semana del bitcóin', conferencia anual que se celebra desde el 2013, organizada por los interesados en la expansión de la criptodivisa. Con la decisión de la construcción de la citada ciudad, las autoridades avanzan en su apuesta por las innovaciones financieras. 

Publicado: 21 nov 2021

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Jueves, 18 Noviembre 2021 06:15

La triple estafa de Glasgow

La triple estafa de Glasgow

Estados Unidos y la Unión Europea han anunciado su intención de despojar a 1.500 millones de personas, de otras regiones del mundo, de sus correspondientes cupos de emisiones 2021 – 2100. Una estafa cuyo valor comercial, a precios actuales, supera los 4 billones de dólares, 4 millones de millones.

Su anuncio es también una burla a lo acordado en Glasgow. Es un sabotaje anunciado a toda posibilidad de limitar el aumento de temperatura a 1,5°C.

Biden se presentó en Glasgow después de coordinar posiciones con el G7 y con el G20. Cuando reclamó su liderazgo mundial ante el reto del calentamiento global, ya la estrategia había sido acordada. Anunció entonces su compromiso con limitar el aumento de temperatura a 1,5°C. Para dar ejemplo, se compromete con emisiones netas cero para el 2050.

Uno a uno, los jefes de Estado y de Gobierno de Europa, incluyendo sus  reyes, reinas y príncipes, repitieron en coro: emisiones netas cero para el 2050.

China y Rusia asumieron el mismo compromiso, para el 2060. India para el 2070. Todos los medios de comunicación, al unísono, se lanzaron contra China y Rusia, por su irresponsabilidad. A India la insultaron. La misma acusación se difundió rápidamente por las redes. Son los malos.

En el caso de Estados Unidos, emisiones netas cero para el 2050 es un anuncio de su intención de emitir al menos 75 giga-toneladas netas de CO2 durante el período 2021-2050.

Biden y Kerry repitieron reiteradamente en Glasgow: follow the science, hagamos las cosas de acuerdo con la ciencia. Lo predican, pero no lo practican.

Una de las conclusiones más resaltantes del reciente informe del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático, IPCC AR6 2021, es que para limitar el aumento de temperatura a 1,5°C, con al menos un 67% de probabilidad, es necesario limitar las emisiones globales a 400 giga-toneladas durante el período 2021-2100.

Si todas las personas tienen el mismo derecho, como tanto se pregona, el presupuesto de emisiones debe distribuirse entre la humanidad en partes iguales, todos iguales en derechos sobre un bien común: la capacidad de la atmósfera de albergar moléculas de CO2. El presupuesto de emisiones debe distribuirse entre los países en proporción con su población.

A Estados Unidos le corresponden así 17 gigatoneladas. Implica emisiones netas cero para el 2027 a más tardar.

El escenario que proponen Biden y Kerry, emisiones netas cero para el 2050, es una muestra de  irresponsabilidad internacional. Estados Unidos pretende auto adjudicarse 75 giga-toneladas, 58 giga-toneladas por encima del presupuesto que le corresponde, despojando a 1.116 millones de personas, de otras regiones del mundo, de sus correspondientes cupos de emisiones. Una estafa valorada en 3 billones de dólares a precios actuales, utilizando como precio de referencia el de la Unión Europea (US$ 50/ton CO2).

Es además una burla a la COP 26. Estados Unidos reclama para sí 75 giga-toneladas del presupuesto disponible de emisiones, el 19% del total. Pero su población es de apenas el 4% de la población mundial. Sólo le corresponden 17 giga-toneladas.

Estados Unidos reclama para sí 4,4 veces lo que efectivamente le corresponde. Si todos seguimos su iluminado ejemplo, llegaríamos a finales de siglo con un aumento de temperatura de al menos 3°C. Demuestra, una vez más, su desprecio por la preocupación internacional por la amenaza del calentamiento global y sus consecuencias, tal y como lo hizo Bush cuando se retiró arbitrariamente del Protocolo de Kioto en el 2001, y como lo hizo Trump cuando se retiró del Acuerdo de París en el 2017.

La Unión Europea de los 27 y el Reino Unido compiten con Estados Unidos en hipocresía. Pomposamente anuncian su objetivo: emisiones netas cero para el 2050. Reclaman para sí 50 giga-toneladas del presupuesto disponible de emisiones, el 12,5% del total, aunque su población es de apenas el 6,7% del total mundial. De esta manera, y siguiendo fielmente a Estados Unidos, la Unión Europea 28 pretende despojar a 447 millones de personas, de otras partes del mundo, de sus correspondientes cupos de emisiones. Una estafa valorada en 1,15 billones de dólares a precios actuales.

Biden y sus cómplices europeos también acordaron evadir cualquier referencia a las responsabilidades acumuladas en la gestación de la crisis climática actual.

Los países industrializados, con el 17% de la población mundial, son responsables por el 70% del calentamiento global acumulado entre 1900 y el 2020. Es entonces razonable que también contribuyan con el 70% de los costos para superar esta amenaza planetaria.

En su obsesión con China, los medios norteamericanos y europeos no cesan de señalarla como el gran irresponsable, el que emite más CO2, el que más contribuye al calentamiento global. Cuando en realidad, la contribución al calentamiento global acumulada hasta la fecha sólo por Estados Unidos supera la de China, India, África y América Latina juntos. Lo mismo ocurre con la contribución de la Unión Europea. Cuando se toma en consideración la población de cada pais, la comparación es vergonzosa.

Janet Yellen voló sobre Glasgow y develó la tercera estafa. Yellen tiene un doctorado en economía de la Universidad de Yale. Presidió la Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos, durante la administración Trump. Ahora es secretaria del tesoro,  equivalente a un ministro de economía. Declaró que el costo de la reconstrucción energética mundial, necesaria para alcanzar el objetivo de 1,5°C, se estima en 150 billones de dólares en los próximos 30 años, un promedio de 5 billones por año, 50 billones en los primeros 10 años. 

Más de la mitad de esta inversión corresponde a países en desarrollo, unos 3 billones por año durante 30 años consecutivos.

Sin embargo, mientras Yellen hacía su anuncio, en la COP 26 los países industrializados continuaban resistiéndose a cumplir con su compromiso, de hace 12 años, de aportar una limosna: 0,1 billón. Mientras los países en desarrollo competían por alguna parte de esa limosna.

Entretanto, continuamos en la senda del suicidio, hacia un aumento de temperatura de 2°C para el 2050 y 4°C para el 2100. La última vez que el promedio global estaba 2°C sobre el de la época preindustrial, fue en el período interglaciar Emiense, hace 125.000 años. El nivel del mar se encontraba entonces siete (7) metros sobre el que conocemos.

La última vez que la temperatura promedio se encontraba 4°C sobre el de la época preindustrial, el nivel del mar se encontraba 24 metros sobre el actual.

2°C es el límite entre lo peligroso y lo catastrófico. Hacia allá vamos, en apenas 30 años. Lo demás son promesas, todas incumplidas.

Glasgow ha sido una farsa. Una peligrosa decepción, especialmente para la juventud. Una explosiva traición a sus intereses. Una burla a toda la humanidad.

Ha servido también como escenario para perpetrar una gigantesca estafa.

No podemos, no debemos seguir permitiendo que políticos ineptos sigan fracasando, poniendo en creciente riesgo a toda la humanidad. Han fracasado durante 50 años, desde que en 1972 se acordó por primera vez atender esta emergencia en el seno de la ONU. Han transcurrido 30 años desde que se firmó el Acuerdo Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático,  en la Conferencia de Naciones Unidas para Ambiente y Desarrollo (UNCED) de 1992. Entre tanto, la amenaza se ha agigantado, alcanzando proporciones devastadoras.

La humanidad entera espera resultados creíbles, consistentes, verificables. Ahora. No farsas y estafas como las señaladas. Ni más promesas falsas.

Por Julio César Centeno | 18/11/2021

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Jueves, 18 Noviembre 2021 05:55

Desabastecimiento

Desabastecimiento

La esencia de la carestía de bienes es el choque de un sistema que necesita expandirse constantemente con la imposibilidad física y ecosistémica de sostener esta expansión

El otoño de 2021 está atravesado por una palabra: desabastecimiento. Por ejemplo, faltan chips (lo que afecta a industrias como la de los móviles o la automoción) y materiales de construcción (madera, pinturas, acero). Por faltar, empieza a haber carencia hasta de bebidas alcohólicas. De manera acoplada, aumenta el precio de distintas mercancías, como la electricidad. Esta situación tiene detrás un incremento de la demanda fruto de una cierta reactivación económica, pero la clave está en analizar por qué esa demanda no se está pudiendo cubrir.

Para escudriñar respuestas necesitamos una mirada no unidimensional, pues lo que estamos viviendo es el resultado de múltiples factores entrelazados. Uno de los elementos detrás del desabastecimiento es el logístico: después del parón impulsado por la covid-19, las cadenas de producción y distribución globales no son capaces de ponerse en marcha de manera automática. Necesitan tiempo para restablecer el ritmo de transporte marítimo o el funcionamiento de los puertos.

Se suma el modelo económico. Una producción just in time, sin almacenamiento, y en la que la especialización productiva territorial es muy alta (por ejemplo, la mayoría de los chips del mundo se fabrican en Taiwán) hace que el sistema sea muy vulnerable. Ante el fallo de un nodo de producción mundial, como está sucediendo con el de chips en Taiwán, no hay stock que pueda sostener durante un tiempo la demanda hasta que la producción se recupere. También forma parte del modelo económico imperante un control oligopólico de muchos sectores, como el del transporte marítimo global o el de la producción eléctrica en España, que permite a estos actores usar su posición de fuerza. Y una fijación de precios que depende en buena parte de los mercados financieros, que suelen ser amplificadores de los precios altos, por ejemplo de materias primas, pues fomentan procesos especulativos.

Al modelo económico se añade la crisis económica que se arrastra desde, al menos, 2007, que impulsa una desinversión en diferentes sectores. Sin expectativa clara de beneficios, los capitalistas no invierten en la economía productiva y desvían sus búsquedas de lucro hacia la financiera. El sector petrolero ilustra bien este hecho. A pesar de que cada vez cuesta más extraer petróleo, pues está situado en lugares más inaccesibles (en aguas ultraprofundas, en regiones árticas o embebido en rocas duras), las empresas, en lugar de estar aumentando su inversión, la están reduciendo. La causa detrás de esto es sencilla: simplemente no les sale rentable, como muestra la quiebra en cadena de corporaciones especializadas en fracking desde 2020 o el anuncio de petroleras de tamaño medio como Repsol de que van a abandonar el sector. Esto redunda en una menor disponibilidad de bienes incluso cuando sube la demanda, pues un campo petrolero requiere años para ser puesto en funcionamiento.

Las decisiones políticas también desempeñan un papel en el proceso de desabastecimiento. De este modo, el brexit, combinado con las medidas de restricción migratoria, han impulsado la falta de camioneros en Reino Unido, lo que contribuye al desabastecimiento. Otro ejemplo es cómo Rusia usa su posición de fuerza con Europa (es uno de nuestros principales suministradores de gas) para ganar terreno en la geopolítica global.

Tanto empresas como gobiernos han precarizado hasta lo intolerable la vida de muchas personas que, simplemente, abandonan los sectores donde las condiciones de trabajo son inadmisibles

Hay políticas de más largo aliento que también es necesario destacar, como las laborales. Tanto empresas como gobiernos han precarizado hasta lo intolerable la vida de muchas personas que, simplemente, abandonan los sectores donde las condiciones de trabajo son inadmisibles. Nuevamente, el sector de los camioneros es un buen ejemplo. Y esta precarización no es consecuencia de la avaricia de unas pocas personas (o, al menos, no solo), sino que está relacionada con los procesos de desinversión y, en definitiva, con la crisis estructural del capitalismo. Como nuestro sistema socioeconómico no consigue recuperar altas tasas de reproducción del capital, presiona a los eslabones más débiles para intentarlo. Dicho de otro modo, la precariedad laboral es una política hasta cierto punto inevitable en una coyuntura de debilidad de las fuerzas populares en un sistema altamente competitivo y en crisis que es ciego a cualquier otro imperativo que no sea reproducir el capital.

Pero todo esto es insuficiente para comprender lo que sucede si no sumamos la mirada ambiental. Vivimos en un planeta de recursos finitos y estamos alcanzando los límites de disponibilidad de distintos materiales. Por ejemplo, la extracción de plata, necesaria junto a otros 40 elementos para la producción de móviles, pues es uno de los que integran los chips, está estancada desde hace años como consecuencia de los límites de disponibilidad geológica. El problema no se restringe a la plata, sino que abarca el cadmio, el cobalto, el cromo, el cobre, el indio, el litio, el manganeso, el níquel, el plomo, el platino, el teluro o el zinc. Los impactos se extienden por el conjunto de la economía, pues sin una disponibilidad creciente de estos elementos no se pueden fabricar cada vez más molinos eólicos, ordenadores, acero o coches.

No solo faltan materiales, sino también energía. El aumento del precio del gas es el principal vector que está haciendo crecer los precios de la electricidad en España y en otros lugares de Europa. Los principales suministradores de gas a la Unión Europea son Rusia y Argelia y ambos países están atravesando una situación similar: su capacidad extractiva de este combustible fósil está estancada desde hace años. Es más, su consumo interno aumenta, lo que hace que su posibilidad exportadora se resienta más, lo que tensiona los precios al alza. Y, sin cambiar de modelo, hay pocas opciones, pues el gas se transporta mal por mar (es caro y podemos moverlo en cantidades pequeñas si las comparamos con el consumo), lo que excluye como alternativa el gas estadounidense o catarí.

La situación del gas no es única dentro del panorama energético. La extracción de petróleo parece que llegó a su máximo en 2018 y esto es fundamental en la articulación de la economía global, pues alrededor del 95% del transporte quema derivados del petróleo. Es más, este transporte depende sobre todo del diésel, que está en caída por lo menos desde ese 2018. Y podemos añadir el carbón, pues detrás de los apagones en la red eléctrica china está su dificultad para encontrar este combustible en cantidades suficiente en sus propias minas y en las internacionales. Por ejemplo, ha levantado el veto que tenía a la importación de carbón australiano, pero ni con esas consigue garantizar una producción eléctrica que evite cortes recurrentes.

El cambio climático también está contribuyendo a la situación. Volviendo a Taiwán, principal productor mundial de chips, allí el cambio climático está siendo un factor determinante en la sequía que sufre el país. Esto está afectando a la producción de chips, pues Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), líder mundial de esta industria, utiliza 156.000 toneladas de agua al día en la producción de sus chips. Y si no hay agua…

Incluso la crisis ecosistémica ha empujado al desabastecimiento. Los problemas logísticos como consecuencia de la pandemia de covid-19 se relacionan con la pérdida de biodiversidad, pues hay una amplia bibliografía científica que señala que la ruptura de los equilibrios ecosistémicos es determinante en la expansión de enfermedades zoonóticas (que provienen de otros animales) que estamos viviendo en los últimos años. Una de estas enfermedades, como sabemos, es la covid-19 que, combinada con unos insuficientes servicios sanitarios y una fuerte interconexión global, ha provocado una pandemia que ha obligado a ralentizar la economía entre invierno de 2019 y verano de 2021.

Varias de las causas del desabastecimiento son coyunturales, pero otras, como las ambientales, son estructurales e irresolubles. Por más dinero que se invierta, no conseguiremos crear plata o gas nuevo en la Tierra. La esencia del desabastecimiento es el choque de un sistema que necesita expandirse constantemente con la imposibilidad física y ecosistémica de sostener esta expansión.

Por ello, en el siglo XXI tenemos una gran disyuntiva: mantener un sistema que nos aboca a un desabastecimiento, que será cada vez más profundo y generador de desigualdades, o transformar radicalmente nuestra forma de relacionarnos con el resto de la vida y entre las personas. Esta segunda opción obliga a poner en marcha políticas de decrecimiento, localización e integración del metabolismo humano en el funcionamiento del metabolismo de la vida (o, dicho de otro modo, economías basadas en la agroecología y no en la industria o los servicios). También a trascender el capitalismo a través de una desmercantilización y desalarización de nuestras vidas. Y todo ello debe realizarse con fuertes medidas de redistribución de la riqueza que nos permitan vivir a toda la población mundial dignamente de manera austera. En definitiva, tener vidas plenas en armonía con el conjunto de la vida sin intentar, enfermiza y continuamente, traspasar los límites de nuestro bello planeta. En Escenarios de trabajo en la transición ecosocial 2020-2030 proponemos ideas más concretas de cómo hacer esta gran transición para nuestro territorio.

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Por Luis González Reyes, miembro de Ecologistas en Acción. 17/11/2021

Este artículo ha sido redactado para Entrepobles.

 

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Reunión cumbre entre Joe Biden y Xi Jinping termina sin acuerdos concretos

Los líderes de las dos principales potencias mundiales se limitaron a declaraciones demagógicas sobre desacelerar la guerra comercial con foco en la tecnología 5G, y la carrera armamentista que protagonizan.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y su homólogo chino, Xi Jinping, realizaron su primera cumbre virtual. La reunión más de tres horas y fue "respetuosa y directa", según la Casa Blanca, pero ninguno de los dos dio el brazo a torcer sobre las líneas rojas de sus respectivos países, particularmente en lo que atañe a Taiwán, isla sobre la que China reclama su soberanía.

Biden habló sobre las prácticas chinas en el Tíbet, Hong Kong y también Xinjiang, así como otros temas en los que el gobierno chino está acusado de crímenes contra los derechos humanos.

Xi, por su parte, no apaciguó la disputa geopolítica y dijo que tendría que tomar "medidas decisivas" si las fuerzas "independentistas" de Taiwán cruzaban la "línea roja", según afirmó la agencia informativa estatal china. Además de un conflicto político de larga data en el que ambas potencias miden fuerzas, Taiwán es estratégico para la producción de semiconductores, necesarios para la tecnología de quinta generación y otras tecnologías de vanguardia.

Biden "defiende" interesadamente la independencia de Taiwán para influir sobre la Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, la principal fábrica de microchips del planeta, y otros gigantes como Foxcon. La isla está fuertemente militarizada por Estados Unidos, China y el propio Taiwán, y Beijing ha prometido que, si es necesario, pondrá la isla bajo control chino por la fuerza.

Por otro lado, según dijo este martes el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, los mandatarios acordaron impulsar un diálogo bilateral sobre control de armas.

"Los dos líderes acordaron que buscaríamos impulsar conversaciones sobre estabilidad estratégica", apuntó Sullivan, utilizando un término común en los círculos diplomáticos para describir el control de armas. En realidad, palabras vacías sobre que la competencia no se convierta en un conflicto o que se necesita incrementar la comunicación y la cooperación, porque ambos saben que las enormes tensiones van en aumento.

El asesor de Biden respondió así durante una conferencia este martes en el centro de estudios Brookings a una pregunta sobre el potencial de China de ampliar notablemente su arsenal nuclear y sobre el reciente lanzamiento por parte de Pekín de un misil hipersónico, con capacidad para rodear la tierra.

Biden indicó que esas conversaciones deberían estar "guiadas por los líderes y lideradas por equipos de alto nivel", que tengan poder para tomar decisiones y sean expertos en "seguridad, tecnología y diplomacia", explicó Sullivan.

"Ahora nos corresponde a nosotros (los asesores de Biden y Xi) pensar en la forma más productiva de llevar esto a cabo", añadió.

El asesor reconoció que ese posible diálogo no será probablemente tan "maduro" como el que comparte desde hace años Estados Unidos con Rusia, la otra gran potencia nuclear, porque las conversaciones con Moscú están más "arraigadas".

Lo cierto es que Estados Unidos se encuentra enfrascado en una carrera armamentística con China y Rusia en el campo de las armas hipersónicas, que por su velocidad son más difíciles de detectar por los sistemas de defensa de misiles.

A finales de octubre, el Pentágono confirmó que está en busca de tecnología hipersónica para contrarrestar los avances de China en esta materia, y aseguró que al mismo tiempo quiere mejorar sus "capacidades defensivas".

Washington ha reconocido su inquietud ante los avances castrenses de China, que, según el Pentágono, van emparejados con una política exterior y de defensa que "intimida y ejerce coerción sobre sus naciones vecinas". Un tono que no prevé justamente un futuro armónico y pacífico.

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Martes, 16 Noviembre 2021 05:32

China, el nuevo imperialismo emergente

Konstantinos Lambrianidis / Flickr

La formación de un nuevo imperialismo [1] es un acontecimiento muy raro. Requiere múltiples condiciones previas relacionadas con la situación internacional y las características específicas del país en cuestión. Desde este doble punto de vista, la emergencia de China ha planteado cuestiones insólitas.

El surgimiento de un nuevo imperialismo fuera de la esfera occidental, no es en sí mismo novedoso. Tenemos el caso de Japón, si bien el surgimiento de ese imperialismo estaba dentro de un marco de análisis bastante clásico: la creación de los imperios occidentales aún no se había completado en el noreste de Asia, las grandes potencias luchaban por el control de China y el gobierno japonés podía reaccionar de forma preventiva. En cuanto a la estructura social del país, en lo fundamental parecía similar a la de los países europeos, con el advenimiento del Imperio Meiji (1868-1912) que aseguró la transición del feudalismo tardío al capitalismo moderno, la industrialización acelerada y la constitución de un poderoso Ejército que demostró su valía de forma magistral contra Rusia: por primera vez, una potencia europea fue derrotada por un país asiático, un acontecimiento importante que provocó un terremoto geopolítico[2]... Así pues, Japón fue el último Estado imperialista que se formó en los albores del siglo XX.

La transformación del inmenso Imperio Ruso en un Estado imperialista moderno fracasó, principalmente por las consecuencias de su derrota ante Japón en la Guerra ruso-japonesa (1904-1905). Su capacidad militar se vino abajo, y su flota naval fue destruída en dos tiempos: primero fue la flota basada en Siberia; después, la estacionada en el Mar Báltico, que había sido enviada como refuerzo. En el plano político interno, la debacle tuvo como secuela la revolución de 1905 que marcó el inició de la crisis del régimen zarista. Derrotada en el Este por el nuevo imperialismo japonés y, después, en el Oeste por Alemania durante la Primera Guerra Mundial, Rusia estuvo a punto de convertirse en un Estado dependiente o escindido, destino del que escapó gracias a la revolución de 1917.

Con la formación de los imperios coloniales, casi llegó a completarse una primera división del mundo; a partir de entonces, la cuestión en juego en los conflictos interimperialistas sería poner en cuestión esa partición del mundo.

China en el centro de la globalización capitalista y de las tensiones geopolíticas

A principios del siglo XXI, la China de Xi Jingping se ha consolidado como segunda potencia mundial en el corazón de la globalización capitalista. Se proyecta en todos los continentes y en todos los océanos. Para Xi, "en la era de la globalización económica, la apertura y la integración son una tendencia histórica irreprimible. La construcción de muros o la ruptura de lazos va en contra de las leyes económicas y los principios del mercado". Philip S. Golub señala que "el partido-estado se hace pasar por el campeón del libre comercio y de las finanzas globales", flexibilizando el acceso de los grandes grupos estadounidenses a "ciertos segmentos del mercado de capital nacional (...) y otorgando licencias para operar con filiales 100% en su poder o con participación mayoritaria (...)" para. Para The Economist (5/09/2021), "China está creando oportunidades [que el capital extranjero no esperaba, al menos no tan rápidamente]". La magnitud de laa entradas de capital estadounidense en China es difícil de estimar porque "muchas empresas chinas que emiten acciones tienen filiales en paraísos fiscales". Según un informe publicado por Investment Monitor el 13 de julio de 2021, China tiene más filiales en las Islas Caimán que cualquier otro país ”tras Estados Unidos, Reino Unido y Taiwán"[3].

"Capaz de dictar sus condiciones en las industrias clave", el Estado chino pilota el avión de China, alimentando una vasta red de patrocinio reforzada por la capacidad del partido para imponer una amplia vigilancia de la sociedad. No estamos ante un "socialismo de mercado con características chinas", sino ante un capitalismo de Estado que sí tiene "características chinas"[4]. Desde la India hasta Corea del Sur, en Asia no es nada nuevo que el Estado impulse el desarrollo económico. Bajo diversas formas, muchas oligarquías dominantes combinan el capital privado, el capital militar y el capital estatal. A menudo, el vínculo se realiza a través de las grandes familias propietarias.

La formación social china es el resultado de una larga historia, particularmente compleja y muy heterogénea. Como taller del mundo, su economía sigue dependiendo en parte del capital extranjero y de la importación de componentes o piezas de recambio. Por otro lado, proporciona la base para un desarrollo internacional independiente. En algunos sectores produce tecnologías avanzadas, en otros es incapaz de ponerse al día, como en el caso de los semiconductores. Atraviesa una crisis de sobreproducción (y de la deuda) al estilo capitalista, que está golpeando con fuerza al sector inmobiliario, simbolizado por la casi quiebra del gigante Evergrande[5]. Hasta ahora, todas las predicciones sobre el estallido de la burbuja inmobiliaria han sido desmentidas[6], pero eso no significa que vaya a seguir siendo así. Como señala Romaric Godin, "la suerte aún no está echada para una posible crisis china, pero las contradicciones del capitalismo de Estado en la República Popular parecen ser cada vez más profundas".

A partir de los años 80, los dirigentes chinos prepararon su expansión internacional. De forma discreta con Deng Xiaoping, agresivamente con Xi Jinping. Esta expansión tiene razones económicos internas (encontrar salida a sectores con baja rentabilidad y sobreproducción, como el acero, el cemento o la mano de obra). Tiene profundas raíces culturales: restaurar la centralidad del Imperio Medio, borrar la humillación de la dominación colonial y ofrecer una alternativa global al modelo de civilización occidental. Alimenta un nacionalismo de Gran Potencia que legitima el régimen y su ambición de desafiar la supremacía estadounidense.

Nos encontramos en una situación clásica en la que un gran potencia consolidada (Estados Unidos) se enfrenta a la emergencia de una potencia creciente (China).

Las precondiciones internacionales

¿Cómo se puede conseguir en el umbral del siglo XXI lo que era imposible a principios del siglo XX (la aparición de un nuevo imperialismo)? A riesgo de simplificar, veamos dos períodos.

Tras las revoluciones rusa (1917) y china (1949), la mayor parte de Eurasia escapó de la dominación directa de los imperialismos japonés y occidental, ganando una posición de independencia sin la cual nada de lo que ocurrió después habría sido posible.

Por un lado, tras la derrota internacional de los movimientos revolucionarios en los años 80 y, por otro, tras la desintegración de la URSS, el ala dominante de la burguesía internacional pecó de triunfalismo, pensando que estaba asegurado su dominio indiviso sobre el planeta. Al parecer, no previó que el orden mundial neoliberal que estaba imponiendo podría ser utilizado por Pekín en beneficio propio y con el éxito que conocemos.

Los cambios de China

Los análisis que afirman que la actual política internacional de China no es imperialista se basan en la continuidad del régimen desde 1949 hasta la actualidad, pero esta continuidad es sólo nominal: República Popular (RPC), Partido Comunista (PCC), gran sector económico estatal. Cierto que hay continuidades, sobre todo culturales, entre ellas la larga tradición burocrática del Imperio que embellece los regímenes contemporáneos con una normalidad histórica. Sin embargo, las discontinuidades son mucho mayores, con creces. En efecto, como atestiguan las sucesivas convulsiones de las clases sociales, hubo revolución y contrarrevolución.

La posición del proletariado industrial. Cuando se proclamó la República Popular, el PCC tuvo que reconstruir su base social en los centros urbanos. Para ello, se vinculó a la clase obrera, en un doble sentido: subordinándola y proporcionándole considerables beneficios sociales.

Políticamente, la clase obrera se mantiene bajo el control del partido; no dirige ni la empresa ni el país. Los trabajadores y trabajadoras están asignados a unidades de trabajo, como los funcionarios territoriales en la tradición francesa. No obstante, la clase trabajadora de las nuevas empresas estatales goza de considerables beneficios sociales (empleo de por vida, etc.). Ningún otro estrato social tiene una posición social tan ventajosa, excepto, por supuesto, la burocracia en los órganos de poder político-estatal.

La situación de las mujeres populares. Las dos leyes emblemáticas adoptadas tras la conquista del poder benefician a las mujeres populares: la igualdad de derechos en el matrimonio y una reforma agraria que las incluye[7].

Las antiguas clases dirigentes. Una vez consolidada la República Popular[8] y fuera cual fuera el destino individual de cualquier miembro de las élites chinas, las antiguas clases dominantes (burguesía urbana y alta burguesía rural) se desintegraron.

El régimen maoísta se consolidó mediante una revolución social, nacionalista, antiimperialista y anticapitalista, un proceso de revolución permanente[9]. Tuvo profundas raíces populares, pero no por ello dejó de ser autoritario, moldeado por décadas de guerra. La herencia democrática de las movilizaciones sociales propia de la estrategia de guerra popular siguía viva, pero el partido-estado era el marco en el que se desarrolló el proceso de burocratización. No se trataba del socialismo, sino de una sociedad de transición cuyo resultado no estaba claro[10].

La crisis del régimen maoísta. Todas las contradicciones inherentes al régimen maoísta estallaron durante la mal llamada Revolución Cultural (1966-1969)[11]: una crisis global muy compleja que no es posible resumir aquí, durante la cual la administración y el partido se desmoronaron: sólo el Ejército siguió siendo capaz de intervenir coherentemente a escala nacional. Finalmente, Mao le pidió al Ejército que impusiera una vuelta al orden mediante la represóin, volviéndose contra los Guardias Rojos y los grupos obreros que le apoyaban. En los años 70 preparó el terreno para la dictadura oscurantista de la Banda de los Cuatro, la victoria definitiva de la contrarrevolución burocrática. El resultado catastrófico de la Gran Revolución Cultural Proletaria sancionó la crisis terminal del régimen maoísta y la muerte política de Mao Zedong, diez años antes de su muerte física[12].

La contrarrevolución burocrática creó el caldo de cultivo para la contrarrevolución burguesa, desarticulando las movilizaciones populares y haciendo que la rehabilitación de Deng Xiaoping, superviviente de las purgas de la Revolucion Cultural, apareciera como una vuelta a la cordura. Unos años más tarde, quedó claro que lo que había sido una justificación calumniosa de las purgas en los años 60 se había convertido en una realidad en los 80: Deng encarnó entonces la opción capitalista dentro de la nueva dirección del PCCh.

La contrarrevolución de los años 80. Bajo el impulso de Deng Xiaoping, el ala más clarividente de la burocracia preparó su mutación, su aburguesamiento y la reinserción del país en el mercado mundial capitalista. Para ello, se benefició de unas ventajas excepcionales:

  • En relación a la herencia del régimen maoísta: un país, una industria y una tecnología independientes, una población educada y cualificada...
  • En cuanto a la herencia del periodo colonial: Hong Kong (colonia británica), Macao (colonia portuguesa) y Taiwán (protectorado estadounidense) eran puertas abiertas de par en par al mercado mundial y a las finanzas internacionales, ofreciéndole una pericia en la gestión que no existía en el continente y facilitando las transferencias de tecnologías (siendo Macao un canal ideal para saltarse las legislaciones y regulaciones)...
  • La posibilidad de colaborar con el poderoso capital transnacional chino sobre la base de un sólido compromiso: este último recibe un trato privilegiado en China, mientras que sabe que sólo el gobierno y el PCC pueden garantizar el mantenimiento de la unidad del país-continente.
  • El peso intrínseco de China (su tamaño geográfico y demográfico): un país como Vietnam puede seguir la misma evolución que su vecino, pero no puede reclamar el rango de gran potencia por ello.

La acelerada transformación capitalista de China no se llevó a cabo sin infligir una derrota histórica a las clases trabajadoras durante la represión masiva conocida como Tiananmen en abril de 1989 (afectando a todo el país, no sólo a Pekín)[13]. Una derrota que forma parte de la nueva disposición de las clases sociales.

  • El proletariado. La clase obrera de las empresas estatales se resistió obstinadamente a la intensificación del trabajo exigida por las autoridades, hasta el punto de que, como último recurso, éstas decidieron retirar a una gran parte de ella de la producción, sin dejar de pagarle mediante diversos dispositivos. El éxodo rural permitió la creación de un nuevo proletariado, especialmente en las zonas francas. En aquella época, el 70% eran mujeres y trabajadores chinos indocumentados (en China está prohibido cambiar de residencia sin autorización oficial). Una fuerza de trabajo perfecta para la sobreexplotación que caracterizó el período de acumulación de capital primitivo. La primera generación de la inmigración interior sufrió a la espera de volver al pueblo. La segunda generación luchó por su regularización con el apoyo de numerosas asociaciones.
  • Se invirtió el orden social e ideológico. Las élites intelectuales, hasta entonces en lo más bajo de la jerarquía social, volvieron a ser aduladas. Las mujeres de la clase trabajadora se hicieron invisibles. Deng Xiaoping defendió las virtudes de lq teoría goteo (que supone que el enriquecimiento de unos pocos anuncia el enriquecimiento de todos). El sector económico estatal comenzó a funcionar en simbiosis con el capital privado. China tiene un número récord de multimillonarios, que se encuentran en los órganos de gobierno del PCC.

 Gran potencia, imperialismo e interdependencia

No hay ninguna gran potencia capitalista que no sea imperialista. China no es una excepción. Algunos ejemplos.

  • Poner en marcha a su periferia. Gracias al desarrollo de una red de transporte de alta velocidad, el Tíbet se ha convertido en objeto de colonización. En el Turquestán Oriental (Xinjiang), la población uigur de mayoría musulmana está sometida a una serie de medidas que van desde la asimilación forzosa hasta el internamiento masivo, con el objetivo, como mínimo, de un genocidio cultural[14]. El tratado que garantizaba el respeto de los derechos democráticos de la población de Hong Kong cuando se devolviera la colonia ("un país, dos sistemas") fue denunciado unilateralmente por Xi Jinping. Tras años de resistencia popular, Pekín ha impuesto su orden represivo, criminalizando a las organizaciones independientes (obligándolas a disolverse) y condenando cualquier disidencia a fuertes penas[15]. El derecho a la autodeterminación, la libertad de los pueblos a la autodeterminación, ya no es una cuestión en el orden del Imperio.
  • Para proteger sus inversiones en la era de las nuevas rutas de la seda y asegurar el acceso al océano Índico (corredores)[16], Pekín no duda en apoyar las peores dictaduras (como en Birmania) y en interferir en los asuntos internos de un país (como en Pakistán).
  • La parálisis temporal de Estados Unidos (empantanado en Oriente Medio) ha permitido a Xi Jinping militarizar todo el Mar de la China Meridional, haciéndose con el control de territorios marítimos pertenecientes a los países limítrofes, desde Filipinas hasta Vietnam. Pekín denuncia (con razón) la política de gran potencia de Estados Unidos en la región, pero no duda en utilizar la abrumadora superioridad de sus fuerzas navales contra sus vecinos.
  • Para asegurar sus vías marítimas (mercantiles o militares), Pekín se apodera de los puertos de muchos países, desde Sri Lanka hasta Grecia, utilizando el arma de la deuda cuando es necesario. Un impago puede permitirle exigir que un territorio portuario se convierta en una concesión china por un periodo de hasta 99 años (¡que era el estatus colonial de Hong Kong!).
  • Al proyectarse internacionalmente, China participa ahora en la creación de zonas de influencia en el Océano Pacífico Sur, reclamando un importante espacio marítimo[17].
  • Estados Unidos fue y sigue siendo la principal potencia imperialista, la principal fuente de militarización, guerras e inestabilidad mundial. Es importante tenerlo en cuenta. No voy a tratar este tema aquí, salvo para señalar que Joseph Biden ha conseguido reorientar la estrategia estadounidense en el gran teatro de operaciones del Indo-Pacífico. Obama quiso hacerlo, pero no lo consiguió[18] al empantanado en Oriente Medio[19]. Hay una continuidad entre la política de Donald Trump y la de Joe Biden[20]. Sin embargo, la política de este último parece ser más coherente que la de Donald Trump[21].

Ante la amenaza estadounidense, el régimen maoísta desarrolló una estrategia defensiva basada en el ejército, la movilización popular y el tamaño del país: un invasor llevaría las de perder. Por otra parte, una gran potencia debe imponerse en los océanos (al igual que, hoy en día, en el espacio y en la inteligencia artificial). La fuerza aeronaval ha sido el primer pivote militar de la política de Xi Jingping, que moviliza los recursos del país para avanzar rápidamente en esos ámbitos.

Con ello, el actual régimen chino participa en la dinámica de militarización del mundo (y, por tanto, en el agravamiento de la crisis climática). En la izquierda, alguna gente habla del derecho de China a exigir su lugar bajo el sol, pero ¿desde cuándo hay que defender los derechos de una potencia y no los de los pueblos?

La tensión entre Washington y Pekín sobre la cuestión de Taiwán está ahora en su punto álgido[22]. Se oponen dos lógicas. La propia de los Estados que se enfrentan en una competencia severa y duradera, y la de la globalización capitalista en la que la interdependencia en términos de tecnologías, cadenas de producción -la cadena de valor-, comercio o finanzas es primordial. La competencia se produce en todos los ámbitos y surgen campos en un mercado y unas finanzas globalizados. Independientemente de las contradicciones a las que se enfrenta actualmente la globalización, la desglobalización capitalista de la economía parece ser un reto. La interdependencia es tal que una guerra no interesa a las clases burguesas ni en China ni en Estados Unidos, pero la tensión es tal que no se puede excluir un deslizamiento con consecuencias explosivas.

La situación es aún más inestable porque tanto el presidente Biden como Xi se enfrentan a una frágil situación interna.

¿Hacia dónde va China? No intentaré responder a esta pregunta, lo dejo para quien esté  más informado que yo. Si todavía fuera el PCCh el que dirigiera el país…, pero ya no es así. Es la camarilla de Xi Jinping. Xi Jinping ha impuesto un cambio de régimen político[23]. Antes, una dirección colegiada permitía preparar el relevo generacional al frente del partido, un factor de estabilidad. Hoy, la facción de Xi Jinping tiene el control exclusivo del poder. Tras las sangrientas purgas y la modificación de la Constitución, puede pretender gobernar de por vida.

También en China, la selección del personal político se está volviendo irracional en relación con los intereses colectivos de las clases dirigentes.

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article60088

Versión larga del artículo publicado en la revista l'Anticapitaliste n° 130, noviembre de 2021.

 

16 noviembre 2021

Traducción: viento sur

 

Notas:

[1] El término imperialismo puede utilizarse en varios contextos históricos. En este caso, se trata de una gran potencia capitalista.

[2] Pierre Rousset, 4 de junio de 2017, " La crise coréenne et la géopolitique en Asie du Nord-Est : du passé au présent http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article41214

[3] Philip S. Golub, "Contre Washington, Pékin mise sur la finance", Le Monde diplomatique, noviembre de 2021, p.13.

[4] Au Loongyu, mai 2014, « What is the nature of capitalism in China ? – On the rise of China and its inherent contradictions », Europe solidaire sans frontieres (ESSF, article 35764) :
http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article35764

[5] Véase Romaric Godin, 9 de septiembre de 2021, "Les contradictions du modèle chinois", Mediapart.

[6] Así lo reconoce Paul Krugman en sus propias previsiones en el New York Times del 22 de octubre de 2021.

[7] Por supuesto, el techo de cristal y el patriarcado no desaparecen de la sociedad.

[8] A pesar del calvario de la Guerra de Corea, que comenzó en 1953 y fue un verdadero escenario de desastre para Pekín, cuya prioridad era la reconstrucción del país.

[9] Pierre Rousset, « L’expérience chinoise et la théorie de la révolution permanente », revue L’Anticapitaliste n°126 (mai 2021). Disponible sur ESSF (article 58489), « L’expérience chinoise et la théorie de la révolution permanente » :
http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article58489

[10] Por eso es mejor no utilizar la fórmula de sociedad de transición al socialismo.

[11] Se ha generalizado la denominación de todo el periodo 1966-1976 como Revolución Cultural. Esto es confundir en la misma periodización los años de tumulto que precedieron a la represión de 1968-1969, y los de una inestable normalización burocrática.

[12] Pierre Rousset, « La Chine du XXe siècle en révolutions – II – 1949-1969 : crises et transformations sociales en République populaire », ESSF (article 13546) :
http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article13546

[13] Véanse, en particular, los dos artículos de Jean-Philippe Béja recogidos en:

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article46572

[14] Daniel Tanuro, "Xinjiang (China) - Una mirada a la historia del Turquestán Oriental y la geopolítica de Asia Central":http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article57947

[15] Alain Baron, Le mouvement de 2019 à Hong Kong, et son écrasementhttp://www.europe-solidaire.org/spip.php?article59294

[16] Para una visión general de esta cuestión, véase Globalization Monitor, China's overseas investments in the Belt and Road Era. Una perspectiva popular y medioambiental, agosto de 2021.

[17] Véase, en particular, el mapa que acompaña al artículo de Nathalie Guibert en Le Monde del 10 y 11 de octubre de 2021.

[18] Simon Tisdall, 25 de septiembre de 2016, The Guardian:

https://www.theguardian.com/commentisfree/2016/sep/25/obama-failed-asian-pivot-china-ascendan

[19] Biden se apoya especialmente en Israel, Arabia Saudí y Egipto para "vigilar" esta región del mundo.

[20] Dianne Feeley, "The foreign policy of the Biden administration", The Anticapitalist:

https://lanticapitaliste.org/actualite/international/la-politique-etrangere-de-ladministration-biden

[21] Dan La Botz, 13 de octubre de 2021, "Biden focuses foreign policy on China", The Anticapitalist:

https://lanticapitaliste.org/actualite/international/aux-usa-biden-concentre-sa-politique-etrangere-sur-la-chine

[22] Brian Hioe, 4 de noviembre de 2021 "Caught Between the Two Superpowers. Taiwán en medio de la rivalidad de grandes potencias entre Estados Unidos y China", Spectrum:

https://spectrejournal.com/caught-between-the-two-superpowers/

[23] Au Loongyu, Pierre Rousset, 22 octobre 2017 , « Le 19e congrès du Parti communiste chinois – La modernisation par une bureaucratie prémoderne », ESSF (article 42298) :
http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article42298
Pierre Rousset, 3 décembre 2017, ESSF (article 42569), « Le 19e congrès du Parti communiste chinois et les ambitions mondiales de la direction Xi Jinping » :
http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article42569

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Criptomonedas: solo especulación que acelera el desastre climático

Las llamadas criptomonedas se están convirtiendo en una de las expresiones más fieles de la lógica y la ética que dominan el capitalismo de nuestros días.

El número de todas las que existen en el mundo es ya impresionante. A última hora del 10 de este mes de noviembre la web coinmarketcap.com registraba 13.969. Veinticuatro horas más tarde, ya registraba 14.055, 86 más.

El valor de todas ellas en los mercados tampoco para de crecer. En ese mismo periodo de un día, ha pasado de 2,79 billones de dólares a 2,84 billones, según los datos de la misma web. Y hace justo un año el valor total era de 440.000 millones, lo que quiere decir que en estos últimos doce meses se ha multiplicado por 6,4.

Pero si es grande el número y el valor de las criptomonedas que se han creado y circulan por todo el mundo, mayor aún es la confusión que existe sobre su auténtica naturaleza.

Dicho de la forma más elemental posible, las criptomonedas son anotaciones digitales obtenidas por diferentes procedimientos, todos los cuales se basan en la utilización de cifras o códigos muy complejos para crearlas y controlar su circulación de modo descentralizado.

Se dice que esas anotaciones digitales son dinero, lo mismo que lo es la anotación que los bancos hacen en las cuentas de sus clientes, y por eso se denominan criptomonedas. Pero esta es una idea errónea porque no es verdad que las criptomonedas estén desempeñando las funciones que siempre desempeña cualquier cosa que sea utilizada como dinero: ser medio de pago de aceptación generalizada, unidad de cuenta y depósito de valor.

El dinero es cualquier cosa que es generalizadamente aceptada como medio de pago, para saldar las deudas. Y, al contrario, se puede decir que no es dinero lo que no haya sido aceptado generalizadamente para esa función.

Si yo le debo a mi vecina 500 euros, puedo saldarle la deuda con una moneda del reinado de Isabel II de mi propiedad que para ella tenga el valor de esos 500 euros. Sin embargo, aunque haya saldado una deuda con ella, esa moneda no se puede considerar como dinero si no es aceptada como tal por todas las personas. Ahora bien, si al día siguiente el Estado declarase que esas antiguas monedas de Isabel II pasan a ser de curso legal, es decir, de obligada aceptación para saldar deudas, la moneda que le di a mi vecina sería ya dinero. Por tanto, para que algo se convierta en dinero no basta que alguien lo acepte como pago de una deuda. Es necesario que la aceptación sea generalizada, bien por imposición del Estado o por decisión colectiva (eso es lo que ocurría en los campos de concentración, donde se aceptaban cigarrillos como medio de pago, convirtiéndose así en dinero en ese espacio).

Las criptomonedas que se han creado hasta la fecha no son dinero por la sencilla razón de que su aceptación no es generalizada para saldar deudas y, además, porque eso no ocurre debido a otras circunstancias quizá todavía más relevantes.

Hoy día, la inmensa mayoría de la gente o de las empresas que necesitan disponer de medios de pago para intervenir en los intercambios normales y corrientes de la vida económica no aceptaría como pago un axie infinity, un quant, un ardor o un prometeus, por poner algunos ejemplos. Sencillamente, porque saben que no es seguro que otras personas o empresas acepten esas criptomonedas como pago en otro momento o intercambio; entre otras cosas, porque no sabrían ni a qué se refieren esos términos.

La segunda razón de por qué las criptomonedas actuales no se pueden considerar dinero es todavía más decisiva: no se usan como medio de pago generalizado sencillamente porque no conviene usarlas para ello. Su valor es tan volátil, incierto e inseguro que resultan materialmente inútiles como dinero. Nadie en su sano juicio utilizaría hoy para pagar sus deudas una "moneda" que mañana puede tener mucho más valor, ni sabiendo que es posible que, en unas horas, puede perder gran parte de él. Nadie firmaría hoy un contrato suscrito en alguna de esas criptomonedas porque sería como hacerlo a precio indeterminado.

Sea lo que sea que se utilice como medio de pago, para que pueda cumplir esa función debe tener un valor con cierta estabilidad.

La realidad es que el precio de las criptomonedas es muy volátil y esto también impide que puedan desempeñar la otras dos funciones del dinero que he mencionado antes, la de depósito de valor y unidad de cuenta. Usar cualquier de ellas para esto último sería como establecer como unidad de medida un metro de extensión variable que cada vez que se usara tuviese una longitud diferente.

Además, hay que tener en cuenta que la oferta de criptomonedas es fija (de bitcoin se emitirán 21 millones de unidades y ya se han creado 18,6 millones) y, su precio, además, fácilmente manipulable por pocos poseedores (a finales de 2020 los 100 mayores poseedores de bitcoins disponían del 13% de los que circulan). Eso hace que no se pueda garantizar ni su disponibilidad en un momento dado, ni su estabilidad, ni su posible utilización para corregir los desequilibrios de la economía, como puede hacer y es necesario que haga la política monetaria.

Por último, el procedimiento tecnológico y algorítmico que ha de seguirse para producirlas y controlar su circulación hace que sea prácticamente imposible que alcancen la capacidad que sería necesaria para hacer frente a las transacciones que se realizan en la economía mundial.

El sistema de funcionamiento del bitcoin, por ejemplo, impide que pueda llevar a cabo más de 7 transacciones por segundo, lo que supone un máximo de 220 millones al año. Una cifra ínfima comparada con los 700.000 millones de pagos digitales que se efectúan en el sistema financiero global anualmente. O con las 65.000 operaciones por segundo que puede realizar VISA.

Las criptomonedas son hoy día registros digitales de los que solo conviene o interesa disponer para obtener beneficios gracias a las variaciones de su precio, es decir, para especular con ellas. Pero no porque convenga utilizarlos como medios de pago habituales o unidades de cuenta, es decir, no porque sean dinero.

Esta es la primera razón por la que dije al principio que las criptomonedas se han convertido en una de las expresiones más fieles de la naturaleza del capitalismo de nuestros días, basado preferentemente en la obtención de ganancias a través de la especulación financiera y no del desarrollo de la actividad productiva que crea bienes y servicios para satisfacer nuestras necesidades.

Las criptomonedas no sirven hoy día nada más que para especular con ellas, para ganar dinero comprándolas y vendiéndolas sin realizar ninguna de las actividades productivas que satisfacen necesidades humanas.

Es posible que dentro de un tiempo alguna de las criptomonedas actualmente existentes se haya ganado la confianza de los sujetos económicos, que se utilice generalizadamente porque su valor se haya estabilizado y que las limitaciones técnicas actuales que he señalado hayan desaparecido. No niego que, entonces, pudieran ser consideradas como dinero. Aunque, en todo caso y si llegaran a serlo, sería a costa de un gasto de energía tan desorbitado que cuesta mucho creer que fuese posible asumirlo.

Es así porque la creación y control de todas estas criptomonedas necesita que haya miles de ordenadores dedicados a realizar continuamente operaciones muy complejas que requieren mucha electricidad y ser renovados, como media, en unos 18 meses. Los datos que lo demuestran producen escalofrío.

Se estima que la huella anual de carbono que genera la producción de bitcoin (más o menos la mitad del valor de todas las criptomonedas) equivale a la de un país como Chile; su consumo de electricidad anual (116,7 TWh, según el Indice de Cambridge) está entre el de Países Bajos (111 TWh) y el de Argentina (121,1 TWh) y es la mitad del que realiza España (233 TWh); y los residuos electrónicos que genera equivalen a los producidos por Países Bajos.

La ineficiencia de las criptomonedas y el despilfarro que conllevan se perciben todavía más claramente si se considera el gasto de energía que lleva consigo realizar una sola transacción con el bitcoin: produce una huella de carbono equivalente a la de 2 millones de transacciones con tarjetas VISA y requiere la misma cantidad de electricidad que 1,2 millones de esas transacciones. Y el desecho de material electrónico que lleva consigo una sola transacción de bitcoin es el mismo que producen 1,69 iPhones de últimaa generación o 0,56 iPads (datos aquí)

Hasta ahora y según el cálculo que realiza la Universidad de Cambridge, el 61% de la energía que consume la producción y control de las criptomonedas procede de energías no renovables es decir, de las más costosas y contaminantes.

Es cierto que hay un acuerdo internacional para lograr en 2025 que el 100% de la energía que consuman sea renovable, pero se trata de una previsión que ni es realista ni positiva. No es realista porque las energías renovables son de provisión normalmente intermitente mientras que las criptomonedas necesitan un suministro constante. Y, por otra parte, es inevitable que su demanda de electricidad siga creciendo exponencialmente para poder suministrar criptomonedas (de 2015 a marzo de 2021, el consumo de energía de Bitcoin aumentó casi 62 veces). Por tanto, aunque toda esa nueva demanda procediera de energías renovables, lo cierto es que supondría un gasto en producción de energía despilfarrador, sobre todo, si se tiene en cuenta que solo sirve para multiplicar la especulación que debilita la actividad económica productiva y destroza los incentivos que puede hacer que los sujetos se dediquen a crear empleo y riqueza.

En resumen, las criptomonedas solo son una pieza más del "gran casino" financiero, como lo llamaba el gran economista liberal francés Maurice Allais, en que se ha convertido el capitalismo de nuestros días.

Son pura especulación financiera, despilfarro que impulsa el incremento de la deuda y destruye la economía productiva y unas de las principales responsables del desastre climático de nuestros días. Además de servir, para colmo, como una una vía por la que pueden transitar los grandes criminales del planeta para ocultar su dinero y sacar mucha más rentabilidad de lo que roban.

En los años sesenta, viendo venir el desastre que iba a provocar la especulación financiera que se abría paso, James Tobin propuso "echar arena en las ruedas de las finanzas internacionales" para, al menos, frenarla. No se le hizo caso y hemos pagado las consecuencias: casi seis décadas de menos actividad económica, más desempleo, más deuda y crisis económicas y financieras recurrentes. Si no se quiere seguir por ese camino, se debería desinflar cuanto antes la burbuja financiera de las criptomonedas y evitar el gigantesco daño ambiental que están provocando.

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Tutus Mobio, sin título (Cortesía del autor)

“[…] aquí nunca se acercaron unos médicos, nunca se acercó nadie a hacer unas estadísticas de cuál era la prioridad de esta UPZ, y en todo el Distrito se dio así y ya cuando empezaron a acercarse empezaron a dividir por UPZ y empezaron a ejercer unas restricciones […] esa no era la forma de haber manejado al pueblo, es más, los pobres tienen que salir a comer, necesitan” (1).


La voz segura de la lideresa no deja duda alguna sobre el tipo de enfoque que marcó la dinámica oficial a lo largo del país a la hora de atender la pandemia por covid-19. Una orientación que dejó en claro que quienes gobiernan ven el país a través del lente de los sectores más pudientes, como de los que tienen trabajo estable e ingresos fijos. De ahí las medidas de encierro generalizado.

Esta realidad se extendió por todo el país, llevando a muchas familias al dilema: morir por contagio por covid-19 o por efectos del hambre. Y el hambre no da espera.

Fue esta dinámica de pandemia la que marcó el tercer de año de gobierno de Iván Duque, quien en marzo de 2020 decretó el confinamiento generalizado, medida que no logró contener el avance del virus.

Este fenómeno sanitario como social, conllevó implicaciones muy severas para la vida de la población colombiana, de manera inocultable para los sectores sociales de bajos niveles económicos, que además de ser los que más han sufrido esta pandemia en sus bolsillos también son quienes más la han padecido en sus cuerpos, registrando el mayor número de muertes, todo lo cual ha empeorado sus condiciones de vida. Medidas de salud pública, sin relación profunda con políticas de protección económica y social a la altura de las necesidades de la mayoría no funcionan, mucho menos para enfrentar una situación extrema de salud como la de una epidemia-pandemia.

Un manejo errado de la crisis en que entró el país que explica, en gran medida, el estallido y levantamiento social vivido en este tercer año de gobierno, dado que, frente a una de las peores crisis sanitarias y sociales de la historia del país, que sumó al acumulado traído de años atrás de precariedad social y económica y de falta de garantía del derecho a la salud, el gobierno legisló principalmente para la protección de los sectores con mayor poder económico e hizo un abordaje focalizado con subsidios económicos totalmente insuficientes para ayudar a superar las penurias padecidas por la población más pobre, y adicionalmente, buscó imponer una reforma fiscal enfocada principalmente sobre los bolsillos de los sectores sociales precisamente más afectados por este contexto.


Igualmente, este año de gobierno, evidencia deudas de asuntos que el gobierno nacional debió haber impulsado en el terreno de la salud y no lo ha hecho, como el Plan Nacional de Salud Rural; al mismo tiempo que la revela la falta de atención sobre otros problemas importantes de la salud de la población que quedaron marginados frente a la prioridad dada a la atención al covid-19 (2).


Las cifras del impacto de la pandemia

La cifra global de contagios por covid-19 se acerca a doscientos cuarenta y tres millones de personas y la de muertas por su causa a cinco millones (3). En Colombia el contagio bordea los cinco millones de personas y las muertes alcanzan a ciento treinta mil (4).
De acuerdo a lo indicado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), la distribución de la mortalidad por covid-19 ha impactado en el 61,5 por ciento de los casos en los estratos socioeconómicos 1 y 2, mientras que para el 6 y 5 ha sido solo del 3,4 por ciento del total nacional, evidencia que desestima la supuesta distribución democrática de la pandemia (5).


Impacto registrado a pesar de la inicial y difundida pretensión del gobierno nacional, en cabeza del Ministerio de Salud, de lograr un “achatamiento” o “aplanamiento” de la curva epidemiológica de los casos por covid-19, asunto que nunca ocurrió, y sí tomaron forma hasta octubre de 2021 tres picos de casos, siendo cada uno más intenso que el anterior.


Desde el comienzo del 2021 se llegó al escenario no deseado, que condujo a cifras diarias de más de quince mil personas contagiadas y más de doscientas muertos y para finales de junio la situación llegó a ser el doble de peor, con cifras diarias de más de treinta mil personas contagiadas y más de seiscientas muertes, lo que también llevó al colapso del sistema de salud por no tener la capacidad de atención para el conjunto de la población que lo demandaba, tanto por situaciones propias de la covid-19, como por otras patologías y por la insuficiencia de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) para atender todos los casos críticos que las demandaban.


Una dinámica de morbi-mortalidad de la pandemia que llevó a que Colombia ostentara el vergonzoso noveno puesto en el mundo, tanto por mayor número de casos de contagio como por mayor número de muertes por covid-19, revelando de esta manera el desastre epidemiológico que ha significado la pandemia para la población, en especial la más empobrecida, producto del inadecuado manejo brindado por que el gobierno de Duque de esta crisis de salud pública.


Manejo centrado en lo hospitalario


La creciente que registra el paso de un pico al otro, y sus funestos resultados, no es casual, toda vez que la orientación política del gobierno nacional para el manejo de la pandemia se concentró en el denominado Programa de Pruebas, Rastreo y Aislamiento Selectivo Sostenible (Prass) para el seguimiento de casos y contactos del Coronavirus Sars-CoV-2, establecido por medio del Decreto 1109 del 10 de agosto de 2020.


Este tipo de programas, clave en términos de control de una epidemia, contó en el país con un problema de base para su implementación: el modelo de atención, que no es territorializado. Es decir, la afiliación al sistema procede sobre la base de un aseguramiento, sin interés por el lugar dónde viven las personas que afilia, sin conocimiento de su entorno y condiciones de vida, que son las que determinan el proceso salud-enfermedad.


Una dificultad para la atención oportuna y efectiva a la que se suma el insuficiente número de pruebas de detección del Sars-CoV-2 y no entrega a tiempo, producto de una indolente inacción de las EPS.


Dificultad a la que se suma el insostenible aislamiento decretado desde la cúpula gubernamental, insostenible para un sector amplio de la población que no tiene protecciones económicas y está obligado a salir de sus casas para el rebusque diario, precisamente la gente de estratos 1, 2 y 3 que vive en lo fundamental de la informalidad; y por otro lado, a que algunos sectores de la población, sin duda asumen un comportamiento de riesgo, desestiman el peligro, se exponen y exponen a otros, asunto que se puede leer en parte por el individualismo que este modelo de sociedad consumista ha impuesto.


Todo esto explica por qué, a pesar del esfuerzo en algunos territorios por establecer una estrecha vigilancia en salud, realizar los denominados cercos epidemiológicos para identificar y aislar las personas positivas y sus contactos, ha sido tan débil la puesta en escena del Prass, y por qué la atención se concentró en las personas con enfermedad moderada y severa por el covid-19 que han requerido manejo hospitalario y un porcentaje de ellos de manejo en UCI.


Implementar una real estrategia de pruebas, rastreos, cercos y aislamientos, demanda necesariamente la constitución de equipos básicos de salud en cada uno de los territorios del país, asunto ni implementado por las EPS, ni por los entes territoriales de salud, producto de la lógica impuesta por el sistema de salud del país y la orientación nacional dada por el Gobierno al manejo de la pandemia. Sin duda, al revisar las experiencias de países que han logrado un manejo y control de la pandemia, su acierto radica en esto, como lo muestran diversos países asiáticos, donde también domina una valoración diferente de la vida y la salud, con sistemas sanitarios territorializados y en los que la salud no esta sometida a la dinámica de la economía.


Igualmente, y a pesar de colocar el énfasis en lo hospitalario, el mejoramiento de la atención para los casos moderados y graves de covid-19 tampoco fue la constante, porque ni se dotaron las suficientes camas de UCI, ni se formó el personal especializado necesario que requieren estos servicios, ni se establecieron los suficientes acopios de insumos, medicamentos, oxígeno y elementos de bioseguridad que demandan estas atenciones de alta complejidad.


Esta ha sido lo norma. Realidad agravada con el decreto 580 del 31 de mayo de 2021, con el que el gobierno nacional declaró la reactivación económica y trasladó la responsabilidad del cuidado a cada individuo a través del denominado aislamiento selectivo y distanciamiento individual responsable, decisión que se tomó en el momento en que había las peores cifras de morbilidad y mortalidad por covid-19 y que luego irían a empeorar reflejado en que la tasa de mortalidad pasaría de 1.762 muertos por millón de habitantes a finales de mayo a 2.339 por millón de habitantes a finales de julio (6), lo que sitúo al país en la vergonzosa novena posición de mortalidad en el mundo, producto precisamente de dejar de realizar los aislamientos selectivos de grupos poblacionales, medida importante en el manejo de las epidemias, quedando de esta manera al desnudo la prioridad del ente nacional por la economía por sobre la salud y la vida de millones de connacionales.


La vacunación no es varita mágica


A mediados de febrero del año en curso sonaron sirenas alrededor de un desfile de carros oficiales que recibían, como el mayor de los triunfos, el arribo al país del primer lote de vacunas, dejando claramente establecido que el afán era más por el espectáculo y los réditos políticos que por la transparencia y efectividad en el manejo de la pandemia.


Transcurridos ocho meses de su implementación el plan solo ha cubierto a cerca de 21 millones de personas con esquema completo (7), es decir más o menos el 40 por ciento de la población total, porcentaje muy lejano para alcanzar lo que se denomina inmunidad de rebaño (8), con lo cual se está muy distante de lograr un control de la pandemia con esta medida tecnológica de salud pública.


Entonces, aunque el gobierno propagandea estos niveles de vacunación como un logro, la realidad dista mucho de ello. Situación agravada por: la disponibilidad de las vacunas ha sido reducida por el control que de ellas tienen las multinacionales farmacéuticas que las han producido, el acaparamiento impuesto de ellas que han hecho los países centrales y el fallo del mecanismo Covax que creó la OMS para su distribución equitativa; y para varias de las vacunas deberá aplicarse una tercera a los seis meses, lo que demandará acceder a más dosis; la aparición de variantes genómicas del virus Sars-CoV-2, de las cuales aún a ciencia cierta no se sabe si son contenidas por las vacunas producidas, y en particular la denominada variante Delta, que ya se sabe tiene una alta capacidad de transmisibilidad, virulencia y de reducción de la eficacia de las vacunas.


Un avance parcial que no permite asegurar que con el desarrollo del plan nacional de vacunación contra covid-19 el país superará esta pandemia, dado que se continúa en un escenario de mucha incertidumbre, común denominador en este tiempo pandémico, desconociendo aspectos relevantes en lo que tiene que ver con la efectividad de la vacuna, sus efectos adversos, los costos y la capacidad de vacunar al conjunto de la población, más aún en un escenario en el que es claro que tal desarrollo tecnológico lucra a las multinacionales farmacéuticas, convertida por tanto en un bien de consumo particular y no, como debiera ser, un bien común de la humanidad.


Otra reforma de salud: ¿para qué y para quiénes?


El gobierno nacional, en cabeza del Ministro de Salud Fernando Ruiz, sobre la base de lo vivido por el sistema de salud en el contexto de la pandemia, justificó la iniciativa de presentar un proyecto de Ley para una nueva reforma al sistema de salud. La iniciativa tomó cuerpo y en el segundo semestre de 2020 quedó radicada como el proyecto 010 en Senado y 425 en Cámara, y finalmente archivado producto de una de las derrotas políticas sufridas por el gobierno en el marco del paro nacional iniciado el 28 de abril de 2021.


Pese a su entierro, valga resaltar que el mismo no tocaba los problemas estructurales base de la crisis crónica del sector salud, relacionados con la intermediación financiera del aseguramiento privado, la organización de los servicios de salud en la lógica de costos-beneficios del mercado y la flexibilización laboral del personal de salud.


Aunque el proyecto enunciaba aspectos importantes por implementar en un sistema de salud garante de esta como derecho, como es la territorialización (9) de su intervención, el establecimiento de redes integradas e integrales de servicios, la puesta en escena de la atención primaria, formas de contratación estables del personal que la garantiza, realmente su apuesta apuntaba al afinamiento del aseguramiento en salud establecido claramente como un proceso empresarial (por eso incorporaba el concepto de conglomerados empresariales en salud), al que había que reconocerlo, darle garantías y protecciones financieras (por eso la creación de un fondo de garantías del sector salud) y avanzar en su depuración a partir de procesos de inspección, vigilancia y control, para dar otro paso central en el proyecto privatizador originario de la Ley 100: depurar el mercado del aseguramiento en salud para dejar solo un oligopolio (10).


Movilización y estallido social: no más privatización de la salud


Este tercer año se caracterizó por la reactivación de la movilización social, obligada a un paréntesis por el confinamiento impuesto como medida para controlar la pandemia, sin desconocer que las expresiones de protesta social no se detuvieron aun en medio del confinamiento, bien de forma virtual o de manera directa con las protestas, principalmente en sectores populares demandando apoyos económicos para sobrevivir en el contexto de la pandemia.
Es así como tomaron forma en este periodo protestas y movilizaciones por demandas sociales y de salud derivadas de la situación de la pandemia, así como por demandas no resueltas desde años anteriores, todo ello en un contexto continuo de represión y violencia socio-política que no ha cesado (11).


Sin duda, el manejo dado a los asuntos sanitarios, sociales y económicos de la pandemia por parte del gobierno Duque ahondaron los problemas sociales y económicos de la población, que sumados a las problemáticas sanitarias por un sistema de salud ineficiente, desencadenaron las movilizaciones y protestas sociales más sostenidas en las últimas décadas que recuerde el país, junto a un estallido y levantamiento social como hecho inédito, que obligó al gobierno a renunciar a pretensiones en los campos tributario, educativo, salud e inversión social.

La economía debe estar en función de la vida y la salud

Lo evidenciado hasta ahora por la pandemia y las formas que asume es que su control no es posible lograrlo solo con medidas de higiene individual, ni con aislamientos selectivos o con la vacunación. Se requiere mejorar la calidad de vida de toda la población, en especial las condiciones de saneamiento básico y de alimentación; establecer protecciones sociales universales; desarrollar un sistema de salud público de base territorial que genere potentes procesos de promoción y prevención, de atención primaria y de solida vigilancia en salud; configurar una cultura de cuidado, conteniendo las posiciones altamente individualistas que ha desarrollado el actual tipo de sociedad.


Una perspectiva y unas acciones que no encuadran con la visión del gobierno de Duque que considera como lo prioritario para superar la actual situación retornar a la “normalidad” de la dinámica económica de mercado. Una visión que refuerza la que por décadas ha primado en el país y el mundo, con la que la lógica de la economía, centrada en la acumulación de capital, subordina a la salud y desprecia la vida.


Una visión opuesta a las enseñanzas y retos desprendidas de esta inédita experiencia de salud pública, en la que realza el valor y cuidado de la vida, la misma que debe ser el objetivo de toda política económica. Obrar por vía contraria, como ha sido lo actuado en este tercer año de gobierno de Duque es desoír a la naturaleza, decisión que no dejará de producir funestas consecuencias en los meses y años por venir.

** Una versión más amplia de este análisis apareció en: Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo (2021). Lecciones del aprendiz. Autoritarismo y desigualdad. Balance del tercer año de gobierno de Iván Duque Márquez. Bogotá: Ediciones Ántropos Ltda.
1. Entrevista hecha a una lideresa social de la Localidad de Usme de Bogotá, en el marco de un proyecto de investigación sobre participación social en la pandemia, desarrollado por un equipo de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá.
2. Torres-Tovar, Mauricio. (2020). Limitada respuesta a la pandemia y a los otros problemas sanitarios. En Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo (PCDHDD), El Desgobierno del Aprendiz. Autoritarismo, guerra y pandemia. Balance del segundo año de gobierno de Iván Duque (pp. 81-89). Bogotá: Ediciones Antropos.
3. https://covid19.who.int/
4. http://www.ins.gov.co/Noticias/Paginas/Coronavirus.aspx
5. Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane). (2021). Estadísticas Vitales – EEVV. Defunciones por COVID-19 2 de marzo de 2020pr al 9 de mayo de 2021pr. Bogotá.
6. Datos tomados de https://datosmacro.expansion.com/otros/coronavirus/colombia
7. https://www.minsalud.gov.co/salud/publica/Vacunacion/Paginas/Vacunacion-covid-19.aspx
8. Es un fenómeno que se observa cuando entre un 80 a 90% de la población total de un territorio ha sido vacunada, que lleva a que se interrumpa la cadena epidemiológica de trasmisión del agente infecciosos entre los miembros de dicha comunidad, lo que previene que personas no inmunizadas se contagien.
9. Aunque luego le hicieron una variante para referirse a regionalización.
10. Torres-Tovar, Mauricio. (2021a, 26 de marzo). Otra reforma más en salud ¿al servicio de quién? Momento Médico. ASMEDAS Antioquia. Recuperado de https://asmedasantioquia.org/2021/03/26/otra-reforma-mas-en-salud-al-servicio-de-quien/
11. Torres-Tovar, Mauricio. (2021b). La movilización social no cesa en tiempos de pandemia. En: Cuidados Intensivos. Derecho a la salud y pandemia en Colombia. Bogotá: Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo.

 

**Profesor Asociado, Facultad de Medicina, Universidad Nacional de Colombia

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Publicado enColombia
Tutus Mobio, sin título (Cortesía del autor)

“[…] aquí nunca se acercaron unos médicos, nunca se acercó nadie a hacer unas estadísticas de cuál era la prioridad de esta UPZ, y en todo el Distrito se dio así y ya cuando empezaron a acercarse empezaron a dividir por UPZ y empezaron a ejercer unas restricciones […] esa no era la forma de haber manejado al pueblo, es más, los pobres tienen que salir a comer, necesitan” (1).


La voz segura de la lideresa no deja duda alguna sobre el tipo de enfoque que marcó la dinámica oficial a lo largo del país a la hora de atender la pandemia por covid-19. Una orientación que dejó en claro que quienes gobiernan ven el país a través del lente de los sectores más pudientes, como de los que tienen trabajo estable e ingresos fijos. De ahí las medidas de encierro generalizado.

Esta realidad se extendió por todo el país, llevando a muchas familias al dilema: morir por contagio por covid-19 o por efectos del hambre. Y el hambre no da espera.

Fue esta dinámica de pandemia la que marcó el tercer de año de gobierno de Iván Duque, quien en marzo de 2020 decretó el confinamiento generalizado, medida que no logró contener el avance del virus.

Este fenómeno sanitario como social, conllevó implicaciones muy severas para la vida de la población colombiana, de manera inocultable para los sectores sociales de bajos niveles económicos, que además de ser los que más han sufrido esta pandemia en sus bolsillos también son quienes más la han padecido en sus cuerpos, registrando el mayor número de muertes, todo lo cual ha empeorado sus condiciones de vida. Medidas de salud pública, sin relación profunda con políticas de protección económica y social a la altura de las necesidades de la mayoría no funcionan, mucho menos para enfrentar una situación extrema de salud como la de una epidemia-pandemia.

Un manejo errado de la crisis en que entró el país que explica, en gran medida, el estallido y levantamiento social vivido en este tercer año de gobierno, dado que, frente a una de las peores crisis sanitarias y sociales de la historia del país, que sumó al acumulado traído de años atrás de precariedad social y económica y de falta de garantía del derecho a la salud, el gobierno legisló principalmente para la protección de los sectores con mayor poder económico e hizo un abordaje focalizado con subsidios económicos totalmente insuficientes para ayudar a superar las penurias padecidas por la población más pobre, y adicionalmente, buscó imponer una reforma fiscal enfocada principalmente sobre los bolsillos de los sectores sociales precisamente más afectados por este contexto.


Igualmente, este año de gobierno, evidencia deudas de asuntos que el gobierno nacional debió haber impulsado en el terreno de la salud y no lo ha hecho, como el Plan Nacional de Salud Rural; al mismo tiempo que la revela la falta de atención sobre otros problemas importantes de la salud de la población que quedaron marginados frente a la prioridad dada a la atención al covid-19 (2).


Las cifras del impacto de la pandemia

La cifra global de contagios por covid-19 se acerca a doscientos cuarenta y tres millones de personas y la de muertas por su causa a cinco millones (3). En Colombia el contagio bordea los cinco millones de personas y las muertes alcanzan a ciento treinta mil (4).
De acuerdo a lo indicado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), la distribución de la mortalidad por covid-19 ha impactado en el 61,5 por ciento de los casos en los estratos socioeconómicos 1 y 2, mientras que para el 6 y 5 ha sido solo del 3,4 por ciento del total nacional, evidencia que desestima la supuesta distribución democrática de la pandemia (5).


Impacto registrado a pesar de la inicial y difundida pretensión del gobierno nacional, en cabeza del Ministerio de Salud, de lograr un “achatamiento” o “aplanamiento” de la curva epidemiológica de los casos por covid-19, asunto que nunca ocurrió, y sí tomaron forma hasta octubre de 2021 tres picos de casos, siendo cada uno más intenso que el anterior.


Desde el comienzo del 2021 se llegó al escenario no deseado, que condujo a cifras diarias de más de quince mil personas contagiadas y más de doscientas muertos y para finales de junio la situación llegó a ser el doble de peor, con cifras diarias de más de treinta mil personas contagiadas y más de seiscientas muertes, lo que también llevó al colapso del sistema de salud por no tener la capacidad de atención para el conjunto de la población que lo demandaba, tanto por situaciones propias de la covid-19, como por otras patologías y por la insuficiencia de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) para atender todos los casos críticos que las demandaban.


Una dinámica de morbi-mortalidad de la pandemia que llevó a que Colombia ostentara el vergonzoso noveno puesto en el mundo, tanto por mayor número de casos de contagio como por mayor número de muertes por covid-19, revelando de esta manera el desastre epidemiológico que ha significado la pandemia para la población, en especial la más empobrecida, producto del inadecuado manejo brindado por que el gobierno de Duque de esta crisis de salud pública.


Manejo centrado en lo hospitalario


La creciente que registra el paso de un pico al otro, y sus funestos resultados, no es casual, toda vez que la orientación política del gobierno nacional para el manejo de la pandemia se concentró en el denominado Programa de Pruebas, Rastreo y Aislamiento Selectivo Sostenible (Prass) para el seguimiento de casos y contactos del Coronavirus Sars-CoV-2, establecido por medio del Decreto 1109 del 10 de agosto de 2020.


Este tipo de programas, clave en términos de control de una epidemia, contó en el país con un problema de base para su implementación: el modelo de atención, que no es territorializado. Es decir, la afiliación al sistema procede sobre la base de un aseguramiento, sin interés por el lugar dónde viven las personas que afilia, sin conocimiento de su entorno y condiciones de vida, que son las que determinan el proceso salud-enfermedad.


Una dificultad para la atención oportuna y efectiva a la que se suma el insuficiente número de pruebas de detección del Sars-CoV-2 y no entrega a tiempo, producto de una indolente inacción de las EPS.


Dificultad a la que se suma el insostenible aislamiento decretado desde la cúpula gubernamental, insostenible para un sector amplio de la población que no tiene protecciones económicas y está obligado a salir de sus casas para el rebusque diario, precisamente la gente de estratos 1, 2 y 3 que vive en lo fundamental de la informalidad; y por otro lado, a que algunos sectores de la población, sin duda asumen un comportamiento de riesgo, desestiman el peligro, se exponen y exponen a otros, asunto que se puede leer en parte por el individualismo que este modelo de sociedad consumista ha impuesto.


Todo esto explica por qué, a pesar del esfuerzo en algunos territorios por establecer una estrecha vigilancia en salud, realizar los denominados cercos epidemiológicos para identificar y aislar las personas positivas y sus contactos, ha sido tan débil la puesta en escena del Prass, y por qué la atención se concentró en las personas con enfermedad moderada y severa por el covid-19 que han requerido manejo hospitalario y un porcentaje de ellos de manejo en UCI.


Implementar una real estrategia de pruebas, rastreos, cercos y aislamientos, demanda necesariamente la constitución de equipos básicos de salud en cada uno de los territorios del país, asunto ni implementado por las EPS, ni por los entes territoriales de salud, producto de la lógica impuesta por el sistema de salud del país y la orientación nacional dada por el Gobierno al manejo de la pandemia. Sin duda, al revisar las experiencias de países que han logrado un manejo y control de la pandemia, su acierto radica en esto, como lo muestran diversos países asiáticos, donde también domina una valoración diferente de la vida y la salud, con sistemas sanitarios territorializados y en los que la salud no esta sometida a la dinámica de la economía.


Igualmente, y a pesar de colocar el énfasis en lo hospitalario, el mejoramiento de la atención para los casos moderados y graves de covid-19 tampoco fue la constante, porque ni se dotaron las suficientes camas de UCI, ni se formó el personal especializado necesario que requieren estos servicios, ni se establecieron los suficientes acopios de insumos, medicamentos, oxígeno y elementos de bioseguridad que demandan estas atenciones de alta complejidad.


Esta ha sido lo norma. Realidad agravada con el decreto 580 del 31 de mayo de 2021, con el que el gobierno nacional declaró la reactivación económica y trasladó la responsabilidad del cuidado a cada individuo a través del denominado aislamiento selectivo y distanciamiento individual responsable, decisión que se tomó en el momento en que había las peores cifras de morbilidad y mortalidad por covid-19 y que luego irían a empeorar reflejado en que la tasa de mortalidad pasaría de 1.762 muertos por millón de habitantes a finales de mayo a 2.339 por millón de habitantes a finales de julio (6), lo que sitúo al país en la vergonzosa novena posición de mortalidad en el mundo, producto precisamente de dejar de realizar los aislamientos selectivos de grupos poblacionales, medida importante en el manejo de las epidemias, quedando de esta manera al desnudo la prioridad del ente nacional por la economía por sobre la salud y la vida de millones de connacionales.


La vacunación no es varita mágica


A mediados de febrero del año en curso sonaron sirenas alrededor de un desfile de carros oficiales que recibían, como el mayor de los triunfos, el arribo al país del primer lote de vacunas, dejando claramente establecido que el afán era más por el espectáculo y los réditos políticos que por la transparencia y efectividad en el manejo de la pandemia.


Transcurridos ocho meses de su implementación el plan solo ha cubierto a cerca de 21 millones de personas con esquema completo (7), es decir más o menos el 40 por ciento de la población total, porcentaje muy lejano para alcanzar lo que se denomina inmunidad de rebaño (8), con lo cual se está muy distante de lograr un control de la pandemia con esta medida tecnológica de salud pública.


Entonces, aunque el gobierno propagandea estos niveles de vacunación como un logro, la realidad dista mucho de ello. Situación agravada por: la disponibilidad de las vacunas ha sido reducida por el control que de ellas tienen las multinacionales farmacéuticas que las han producido, el acaparamiento impuesto de ellas que han hecho los países centrales y el fallo del mecanismo Covax que creó la OMS para su distribución equitativa; y para varias de las vacunas deberá aplicarse una tercera a los seis meses, lo que demandará acceder a más dosis; la aparición de variantes genómicas del virus Sars-CoV-2, de las cuales aún a ciencia cierta no se sabe si son contenidas por las vacunas producidas, y en particular la denominada variante Delta, que ya se sabe tiene una alta capacidad de transmisibilidad, virulencia y de reducción de la eficacia de las vacunas.


Un avance parcial que no permite asegurar que con el desarrollo del plan nacional de vacunación contra covid-19 el país superará esta pandemia, dado que se continúa en un escenario de mucha incertidumbre, común denominador en este tiempo pandémico, desconociendo aspectos relevantes en lo que tiene que ver con la efectividad de la vacuna, sus efectos adversos, los costos y la capacidad de vacunar al conjunto de la población, más aún en un escenario en el que es claro que tal desarrollo tecnológico lucra a las multinacionales farmacéuticas, convertida por tanto en un bien de consumo particular y no, como debiera ser, un bien común de la humanidad.


Otra reforma de salud: ¿para qué y para quiénes?


El gobierno nacional, en cabeza del Ministro de Salud Fernando Ruiz, sobre la base de lo vivido por el sistema de salud en el contexto de la pandemia, justificó la iniciativa de presentar un proyecto de Ley para una nueva reforma al sistema de salud. La iniciativa tomó cuerpo y en el segundo semestre de 2020 quedó radicada como el proyecto 010 en Senado y 425 en Cámara, y finalmente archivado producto de una de las derrotas políticas sufridas por el gobierno en el marco del paro nacional iniciado el 28 de abril de 2021.


Pese a su entierro, valga resaltar que el mismo no tocaba los problemas estructurales base de la crisis crónica del sector salud, relacionados con la intermediación financiera del aseguramiento privado, la organización de los servicios de salud en la lógica de costos-beneficios del mercado y la flexibilización laboral del personal de salud.


Aunque el proyecto enunciaba aspectos importantes por implementar en un sistema de salud garante de esta como derecho, como es la territorialización (9) de su intervención, el establecimiento de redes integradas e integrales de servicios, la puesta en escena de la atención primaria, formas de contratación estables del personal que la garantiza, realmente su apuesta apuntaba al afinamiento del aseguramiento en salud establecido claramente como un proceso empresarial (por eso incorporaba el concepto de conglomerados empresariales en salud), al que había que reconocerlo, darle garantías y protecciones financieras (por eso la creación de un fondo de garantías del sector salud) y avanzar en su depuración a partir de procesos de inspección, vigilancia y control, para dar otro paso central en el proyecto privatizador originario de la Ley 100: depurar el mercado del aseguramiento en salud para dejar solo un oligopolio (10).


Movilización y estallido social: no más privatización de la salud


Este tercer año se caracterizó por la reactivación de la movilización social, obligada a un paréntesis por el confinamiento impuesto como medida para controlar la pandemia, sin desconocer que las expresiones de protesta social no se detuvieron aun en medio del confinamiento, bien de forma virtual o de manera directa con las protestas, principalmente en sectores populares demandando apoyos económicos para sobrevivir en el contexto de la pandemia.
Es así como tomaron forma en este periodo protestas y movilizaciones por demandas sociales y de salud derivadas de la situación de la pandemia, así como por demandas no resueltas desde años anteriores, todo ello en un contexto continuo de represión y violencia socio-política que no ha cesado (11).


Sin duda, el manejo dado a los asuntos sanitarios, sociales y económicos de la pandemia por parte del gobierno Duque ahondaron los problemas sociales y económicos de la población, que sumados a las problemáticas sanitarias por un sistema de salud ineficiente, desencadenaron las movilizaciones y protestas sociales más sostenidas en las últimas décadas que recuerde el país, junto a un estallido y levantamiento social como hecho inédito, que obligó al gobierno a renunciar a pretensiones en los campos tributario, educativo, salud e inversión social.

La economía debe estar en función de la vida y la salud

Lo evidenciado hasta ahora por la pandemia y las formas que asume es que su control no es posible lograrlo solo con medidas de higiene individual, ni con aislamientos selectivos o con la vacunación. Se requiere mejorar la calidad de vida de toda la población, en especial las condiciones de saneamiento básico y de alimentación; establecer protecciones sociales universales; desarrollar un sistema de salud público de base territorial que genere potentes procesos de promoción y prevención, de atención primaria y de solida vigilancia en salud; configurar una cultura de cuidado, conteniendo las posiciones altamente individualistas que ha desarrollado el actual tipo de sociedad.


Una perspectiva y unas acciones que no encuadran con la visión del gobierno de Duque que considera como lo prioritario para superar la actual situación retornar a la “normalidad” de la dinámica económica de mercado. Una visión que refuerza la que por décadas ha primado en el país y el mundo, con la que la lógica de la economía, centrada en la acumulación de capital, subordina a la salud y desprecia la vida.


Una visión opuesta a las enseñanzas y retos desprendidas de esta inédita experiencia de salud pública, en la que realza el valor y cuidado de la vida, la misma que debe ser el objetivo de toda política económica. Obrar por vía contraria, como ha sido lo actuado en este tercer año de gobierno de Duque es desoír a la naturaleza, decisión que no dejará de producir funestas consecuencias en los meses y años por venir.

** Una versión más amplia de este análisis apareció en: Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo (2021). Lecciones del aprendiz. Autoritarismo y desigualdad. Balance del tercer año de gobierno de Iván Duque Márquez. Bogotá: Ediciones Ántropos Ltda.
1. Entrevista hecha a una lideresa social de la Localidad de Usme de Bogotá, en el marco de un proyecto de investigación sobre participación social en la pandemia, desarrollado por un equipo de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá.
2. Torres-Tovar, Mauricio. (2020). Limitada respuesta a la pandemia y a los otros problemas sanitarios. En Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo (PCDHDD), El Desgobierno del Aprendiz. Autoritarismo, guerra y pandemia. Balance del segundo año de gobierno de Iván Duque (pp. 81-89). Bogotá: Ediciones Antropos.
3. https://covid19.who.int/
4. http://www.ins.gov.co/Noticias/Paginas/Coronavirus.aspx
5. Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane). (2021). Estadísticas Vitales – EEVV. Defunciones por COVID-19 2 de marzo de 2020pr al 9 de mayo de 2021pr. Bogotá.
6. Datos tomados de https://datosmacro.expansion.com/otros/coronavirus/colombia
7. https://www.minsalud.gov.co/salud/publica/Vacunacion/Paginas/Vacunacion-covid-19.aspx
8. Es un fenómeno que se observa cuando entre un 80 a 90% de la población total de un territorio ha sido vacunada, que lleva a que se interrumpa la cadena epidemiológica de trasmisión del agente infecciosos entre los miembros de dicha comunidad, lo que previene que personas no inmunizadas se contagien.
9. Aunque luego le hicieron una variante para referirse a regionalización.
10. Torres-Tovar, Mauricio. (2021a, 26 de marzo). Otra reforma más en salud ¿al servicio de quién? Momento Médico. ASMEDAS Antioquia. Recuperado de https://asmedasantioquia.org/2021/03/26/otra-reforma-mas-en-salud-al-servicio-de-quien/
11. Torres-Tovar, Mauricio. (2021b). La movilización social no cesa en tiempos de pandemia. En: Cuidados Intensivos. Derecho a la salud y pandemia en Colombia. Bogotá: Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo.

 

**Profesor Asociado, Facultad de Medicina, Universidad Nacional de Colombia

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"La escasa agua potable es el recurso que define este siglo": estos son los inversores que empiezan a comprar el 'nuevo crudo'

Estados Unidos y Australia son los países del mundo donde la venta de agua es más activa.

Para el año 2050 se pronostica que, debido a la incidencia del calentamiento global, la mitad de la población humana vivirá en regiones concentradas en torno a las reservas de agua.

La carencia de reservas de agua ya es palpable incluso en algunas zonas del los países desarrollados, donde el mercado financiero ha llegado a reaccionar enviando señales de aviso para que la gente deje de dar por sentado el acceso al agua.

La oleada de calor y los incendios forestales en Estados Unidos del verano de 2020 fueron vistos como una oportunidad en Wall Street: en diciembre, CME Group y Nasdaq lanzaron un nuevo contrato de futuros —Nasdaq Veles California Water Index Futures—, que permite a los granjeros, fondos de cobertura y municipalidades protegerse contra los potenciales futuros saltos de precios del agua en California.

Mientras se barajan las mejores opciones para asegurar la conservación de un recurso indispensable para la vida en el planeta, dos posiciones encontradas gobiernan las discusiones: la de aquellos que insisten que el acceso al agua potable es un derecho esencial de los humanos y debe ser pagado por el Estado, y la de quienes optan por modelos de gestión y propiedad privada.

Matthew Diserio, presidente y cofundador de Watter Asset Management, que invierte tanto en activos físicos de agua como en valores temáticos, asegura que "la escasa agua potable es el recurso que define este siglo, al igual que el petróleo y el gas definían el previo", informa The Financial Times.

La venta de agua tiene sus limitaciones y el peso y la ubicación son algunas. "Poseer un iceberg en Groenlandia no les hará rico, pero tenerlo en Reno, Nevada [EE.UU.] sí lo hará", explica Christopher Gasson, director ejecutivo de la revista Water Intelligence.

A la vanguardia del mercado 

EE.UU. y Australia son los países donde la venta de agua es más activa. En la cuenca del Murray-Darling, en Australia, se ha formado un mercado valorado en 2.000 millones de dólares al año (1.460 millones de dólares estadounidenses). A los granjeros se le asigna un volumen de agua fluvial que pueden usar o vender. El precio de agua depende de los precios de productos agrícolas y de las condiciones climáticas.

Publicado: 12 nov 2021

Publicado enInternacional
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